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miércoles, 16 de marzo de 2022

JOSEFINA (DRAMA - 2021)

Año: 2021

Nacionalidad: España

Director: Javier Marco

Reparto: Roberto Álamo, Emma Suárez, Miguel Bernardeau, Manolo Solo, Pedro Casablanc, Simón Andreu, Olivia Delcán, Belén Ponce de León, Maria Algora, Alfonso Desentre

Género: Drama

Sinopsis: Juan, funcionario de prisiones, observa en silencio cada domingo la visita de Berta, la madre de uno de los presos. El día que por fin logra acercarse a ella, se sorprende a sí mismo haciéndose pasar por otro padre e inventándose a una hija dentro de la cárcel: Josefina. La necesidad de llenar el vacío en el que viven Juan y Berta les llevará a seguir encontrándose más allá de la realidad que les rodea.

[Fuente: Filmaffinity]


Recalo de nuevo en el cine español, después de hablaros la semana pasada sobre Belfast. Tenía ganas de ver Josefina, simplemente por reencontrarme con Roberto Álamo y Emma Suárez en esa parada de autobús, que nos muestra la cartelera de esta película. Sin embargo, el viaje me ha llevado a un destino bastante insulso. Prometía mucho Josefina y a mi juicio se ha quedado en un mero intento. No tanto por la historia en sí sino, más bien, por la forma de contarla. Os doy detalles.

Juan (Roberto Álamo) es un funcionario de prisiones. Berta (Emma Suárez) una madre asidua en las visitas a la penitenciaria. La vida de él es tan anodina como la de ella. Juan se levanta, desayuna, pone lavadoras, tiende la ropa, trabaja, regresa a casa, cena y se acuesta. Lo más divertido que hace es sacar al perro de su vecino Pascual. Por su parte, Berta cuida de su marido encamado. Le dio una parálisis hace año y medio y desde entonces está conectado a un respirador. Trabaja como costurera haciendo casullas para la iglesia. Los domingos acude a la cárcel a visitar a su hijo Sergio, mientras una amiga se queda cuidando al marido. Ni él ni ella parecen tener amigos, ni vida social, ni nada que se le parezca. 

Un día, a Juan no le arranca el coche y toma el autobús, donde coincide con Berta. Él se fija en ella, aunque no cruzan palabra. Ambos se bajan en la misma parada, la de la cárcel. A partir de ese momento, él querrá saber más de ella. Desde la garita de vigilancia donde trabaja, rodeado de decenas de pantallas que muestran las grabaciones de las cámaras de seguridad, Juan se pasará los días oteando las imágenes en busca de Berta. La verá cada domingo en la sala de comunicaciones, conversando con su hijo. Él intuye que hay tristeza en esos encuentros, que el rostro de Berta solo refleja desánimo. La reconoce como una igual.

La reparación del coche de Juan llevará su tiempo, así que él pasa una temporada tomando el autobús para ir a trabajar. La primera conversación entre ellos ocurrirá otro día, en el interior del medio de transporte. Por puro azar, intercambian números de teléfono y eso da pie a que se conozcan mejor. ¿Qué le cuenta ella de su vida? ¿Qué le cuenta él? En un lado o en otro -no te lo desvelo- no habrá sinceridad. Escondidos tras la mentira irán acercándose, conectando. Sin embargo, como se suele decir, las mentiras tienen las patitas muy cortas. ¿Qué ocurrirá entre ellos? Bueno, eso dejo que lo descubras por ti mismo si te animas a ver este largometraje.

¿Qué no me ha gustado de esta película?

Empiezo por lo negativo. Imaginaos que esta película es un mosaico que, en su conjunto, cuenta una historia. Cada tesela sería una pequeña escena de corte doméstico. Juan desayunando. (Salto). Juan tendiendo la ropa. (Salto). Juan tratando de arrancar el coche. (Salto). Juan cambiándose de ropa en los vestuarios de la cárcel. (Salto). Pla. Pla. Pla. Pla. Pla. Y con la vida de Berta, más de lo mismo. La narración de Josefina está muy fragmentada, compuesta por minúsculas escenas de la rutina diaria. No es un estilo narrativo que me guste. El salto de una escena breve a otra supone para mí una interrupción que me escupe constantemente de la historia, me impide amoldarme, encontrar mi hueco dentro del relato.

Por otra parte, hay algunas situaciones a las que, bajo mi punto de vista, les falta credibilidad. Juan, con tal de coincidir con Berta, hace cosas que no son convincentes. No quiero dar más detalles pero un trabajo, por muy funcionario que seas, es un trabajo con un jefe, unas normas y unos horarios. Y luego está el asunto de la tortilla. ¿Que Berta quiere llevar una tortilla a su hijo pero no se lo permiten? No hay problema, (perdonad por el pequeño spoiler) la tortilla llega a destino pero le falta un trozo. Por no hablar de unas cartas con destinatario desconocido. Bueno, lo mismo, no tan desconocido. 

No sé, la verdad. Yo creo que a Josefina hay que echarle mucha imaginación. Hay cosas que no quedan debidamente explicadas. Por ejemplo, una conversación en el despacho del jefe de Juan sobre un personaje misterioso; la relación que Berta tenía con su marido; p mejor aún, la que tenía Sergio con su padre. Pero lo más definitivo es que no se explica por qué el chaval está en la cárcel. ¿Qué ha hecho para acabar con sus huesos en semejante lugar? Por un comentario que le hace a la madre podemos intuirlo, peeeero... Y sí, me podrán decir que Josefina es como algunas novelas, en las que el lector tiene que poner de su parte y leer entre líneas. Y diré que sí, que efectivamente a veces es así. Pero también me resulta algo tramposo dejar asuntos de grosor en manos del espectador-lector, sin que se dé una somera explicación de los hechos. En cualquier caso, yo diría que esta película tiene un cierto toque mágico y que el guion se sustenta en una de esas frases que encontramos en los azucarillos, con cierta relevancia en la película y que dice algo así como que todo lo que puedes imaginar es real.

¿Qué me ha gustado?

Algo hay. Josefina es pobre en diálogo. No es ningún inconveniente. El silencio, aquel que lo dice todo, es el que sustenta todo el desarrollo de la historia. Estamos ante una película donde los sentidos juegan un papel predominante frente a la expresión oral. Las miradas, a veces huidizas, están cargadas de significado. Una mano, que acaricia el tejido suave de un traje, transmite deseo. Incluso el final, abierto pero enfocado hacia una dirección concreta y clara, se resuelve con un cruce de miradas y una leve sonrisa

No cabe duda que la historia está escrita y rodada con ternura. Josefina tiene el propósito de mostrarnos el nacimiento de una relación entre dos personas que buscan a un igual. La soledad es muy triste y hay que encontrar aquello con lo que volvamos a recuperar la ilusión. Para transmitir este mensaje tenemos a los dos personajes principales, de los que os hablo a continuación.

Personajes e interpretaciones

Juan y Berta son dos almas solitarias que se necesitan y se encuentran. Son personas que han perdido la ilusión. No se incide mucho en el tema pero, al parecer, Juan vivía con su madre, la cual falleció no hace mucho. Ahora queda solo. Y a Berta, entre el marido enfermo y el hijo en la cárcel, la vida se le hace cuesta arriba. Los días de ambos están tan teñidos de gris como lo están las imágenes en blanco y negro que Juan contempla cada día en su trabajo. Vidas anodinas, mustias, simples y solitarias, llenas de resignación y amargura. Poner a Juan frente a Berta, y a Berta frente a Juan, hacer que se conozcan y se hagan compañía, es la recreación de una batalla ganada a la soledad.

Roberto Álamo y Emma Suárez están correctos.  Son buenos actores y sus interpretaciones están en la justa línea de lo satisfactorio. Quizá el guion no les dejó más margen.

Por otra parte, entre el reparto también contamos con Manuel Sollo, tan magnífico siempre. En esta ocasión tiene un papel minúsculo, tan secundario que me parece mentira que lo interprete él. Sollo encarna a Rafael, el compañero de turno de Juan, que simplemente se limita a contar anécdotas familiares, tomar café y leer los mensajes de los azucarillos. 


En definitiva, esperaba más de Josefina. Para mí, tiene un guion muy desmadejado, con enormes lagunas que el espectador debe rellenar no sin gran esfuerzo. Y ojo, porque es un largometraje con notazas, pero a mí no me ha enganchado. Partía de un buen inicio, pero en esta tierna historia de dos almas solitarias me ha faltado la chicha y la limoná. Es decir, me ha faltado chispa y más profundidad en la narración para poder empatizar con los personajes. 

La podéis ver en Movistar+ el próximo 20 de marzo.


Tráiler:





miércoles, 12 de enero de 2022

EL BUEN PATRÓN (COMEDIA - 2021)

Año: 2021

Nacionalidad: España 

Director: Fernando León de Aranoa

Reparto: Javier Bardem, Manolo Solo, Almudena Amor, Óscar de la Fuente, Sonia Almarcha, Fernando Albizu, Tarik Rmili, Rafa Castejón, Celso Bugallo, Yaël Belicha, Martín Páez, Daniel Chamorro, María de Nati, Mara Guil, Pilar Matas

Género: Comedia

Sinopsis: Julio Blanco, el carismático propietario de una empresa que fabrica balanzas industriales en una ciudad española de provincias, espera la inminente visita de una comisión que decidirá la obtención de un premio local a la excelencia empresarial. Todo tiene que estar perfecto para la visita. Sin embargo, todo parece conspirar contra él. Trabajando a contrarreloj, Blanco intenta resolver los problemas de sus empleados, cruzando para ello todas las líneas imaginables, y dando lugar a una inesperada y explosiva sucesión de acontecimientos de imprevisibles consecuencias.

[Fuente: Filmaffinity]


Arranco las reseñas de este 2022 con una película de la que tenía muchas ganas de hablaros. Antes que nada, tengo que confesar (o re-confesar, porque seguro que lo he dicho más de una vez) que no me gusta Javier Bardem. En realidad, no me gustan los Bardem. Así, en general. Ni la fallecida matriarca (Pilar), ni el hijo mayor (Carlos) -al menos en lo cinematográfico, porque en lo literario no lo he catado-, ni el pequeño Javier. Jamás he podido conectar con ninguno de ellos. No obstante, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. En esta película, Javier Bardem brilla intensamente. Lo hace todo el reparto, desde el primero hasta el último. 

El buen patrón nos mete en las entrañas de una fábrica de básculas. Se trata de una empresa familiar, de las que pasan de padres a hijos, cuyo actual director es Julio Blanco (Javier Bardem). No parece una empresa de gran envergadura, en la que los empleados son simples números o nombres. No. En Básculas Blanco son una gran familia. Al menos, así lo ve Julio, un hombre justo, ecuánime, tolerante y con gran capacidad de empatía. Para Julio, sus empleados son como sus hijos y, por tanto, hace suyos los problemas que aquellos puedan tener, tratando de ayudarles en todo lo posible. 

La empresa, que ya ha recibido numerosos galardones, está a punto de conseguir uno más. Básculas Blanco es finalista al premio a la excelencia que convoca el gobierno local y andan a la espera de recibir la visita de la comisión evaluadora del premio. Todo tiene que estar impecable. Todo tiene que funcionar a la perfección. Y, por supuesto, la plantilla debe exudar felicidad por todos los poros de su piel, y mostrar una gran sonrisa. Pero la obtención del premio peligra. Julio tiene que enfrentarse a unos cuantos frentes que pueden echar por tierra sus planes. Por un lado, tenemos a José (Óscar de la Fuente), un empleado que se ha visto afectado por un ERE y ha sido despedido. Por otro, Miralles (Manolo Sollo), -uno de los brazos ejecutores de Julio-, pasa por un momento personal complicado. Tiene un lío de narices y no está centrado en el trabajo. Cada dos por tres mete la pata pero bueno, hay que comprenderlo. A todo ello, hay que unir la presencia de una becaria que, si parece tonta, no lo es en absoluto. Pero tranquilidad, Julio es el dueño de una fábrica de básculas. Aquí el equilibrio es fundamental y él tratará de manejar todos los problemas con calma. Y si la cosa no funciona, no problem. La trampa consiste en trucar la balanza para que la medida sea exacta. 

¿Qué me ha gustado de esta película?

Grosso modo, me ha gustado en toda su amplitud. No creo que sea una película memorable pero tiene algo, no sabría muy bien decir el qué, -el ritmo narrativo, la personalidad del personaje,... - que consiguen que el espectador se mantenga atento a la historia. Por resumirlo de algún modo, diría que una de las cuestiones que más me ha gustado de la película es su evolución. Es decir, la narración va conduciendo al espectador por un camino de paso tranquilo. La trama parte de una situación idílica, el paraíso de todo contexto laboral, la idea de familia que se instaura en la empresa, la fidelidad como valor en alza, el «si tú estás bien, yo estoy bien y, por tanto, la empresa funciona». Pero nosotros, los espectadores, intuimos desde el primer momento que toda esa puesta en escena no es más que una utopía. Aquí hay gato encerrado y de los gordos. Tendremos esta sospecha desde las primeras escenas cuando, en una hipotética fiesta de despedida, tres jóvenes dejan la empresa para seguir su camino en otro lugar. Las palabras de Julio Blanco conmueven. Están llenas de buenos deseos y grandes esperanzas. Es el padre que ve partir al hijo en busca de su propio futuro. ¿Todo es tan de color de rosa? Obviamente, no. De otro modo, no tendríamos drama, y si no hay drama, no hay película.

Personajes e interpretaciones

Me han gustado varios. El personaje de Julio Blanco es magnífico. Definitivamente podría representar al jefe perfecto. Un tipo que antepone sus trabajadores a los beneficios de la empresa, que trata a sus empleados con absoluta consideración, que se involucra en sus vidas, tratando de ayudarlos en cualquier situación. Julio no tiene hijos porque sus hijos son sus trabajadores, a los que protege y ampara. Pero insisto, todos sabemos que la perfección no existe. Julio Blanco es un personaje con claroscuros y su verdadera naturaleza terminará por emerger desde lo más profundo de su ser. Ese es el momento que el espectador estará esperando con anhelo.

Y decía antes que Javier Bardem brilla. Se mete al espectador en el bolsillo y aunque sepamos que no es oro todo lo que reluce, el tipo cae bien. Con su carisma, su don de gentes, su labia,... sabe llevarnos a su terreno. A nosotros y a todos los que se le pongan por delante. Bajo mi punto de vista, el actor ata en corto a su personaje. Sabe lo que bulle en su interior pero calma, mucha tranquilidad, mucho equilibrio porque él de eso sabe muchísimo. Lo que ocurre es que resulta del todo imposible mantenerse sobre la tensa cuerda durante mucho tiempo y ¡boom! A Bardem, al que hemos visto con un gesto de aplomo, sereno, contenido, le cambiará el rostro. Se permitirá un momento de descontrol. Es un desahogo antes de volver a jugar sus cartas. Eso sí, en ocasiones, hombres como él, poderosos, con contactos y muy influyentes, a los que otros hombres de poder le deben favores, encuentran la horma de su zapato. Ahí lo dejo.

En cuestión de interpretación no podía dejar atrás a Manolo Sollo. Para mí es un personaje camaleónico, un actor que se adapta perfectamente a las peculiaridades de su personaje. En El buen patrón tiene escenas memorables, de esas que conmueven, pero a la vez provocan risa. Él, junto a Fernando Albizu, que interpreta al vigilante jurado de la empresa, aportarán la parte más cómica, y también más tierna a esta historia que, aunque parece sencilla, esconde mucho. 

Me fijo ahora en el papel de la esposa de Julio. Adela (Sonia Almacha) juega el papel estereotipado de la compañera perfecta. ¿Sabéis de esas mujeres, casadas con hombres ricos que, aunque no tienen necesidad, se buscan una ocupación? No se trata de sentirse útil, de realizarse, de aportar algo a la sociedad. Simplemente es una cuestión de ocupar horas y, por tanto, lo mismo da que sea un establecimiento u otro. Es un mero entretenimiento, un negocio que Julio le monta a su mujer, una tienda de ropa en cuyo interior, curiosamente, jamás veremos ni un solo cliente, y eso que la tienda sale con frecuencia en la película. Bueno, miento, sí entra una cliente pero la menos indicada, ¿quizá? El negocio tiene tan poca importancia que la caja registradora parece más un objeto de decoración al que se le presta poca atención y al que se mira con escaso interés.

Celso Bugallo tiene un papel breve pero qué actor más espléndido. Encarnará a Fortuna (un nombre no elegido al azar) en el papel de hombre para todo. Probablemente él sea el mejor exponente de esa fidelidad de la que Julio habla en sus discursos, -una fidelidad mal entendida, claro-, y seguramente también sea el hombre que mejor conoce a su patrón.  Es un hombre sin futuro, un hombre que no tiene otro lugar, por eso estará para las duras y las maduras, aunque las cartas le vengan tan mal dadas. 

¿Qué no me ha gustado de la película?

Un par de cosas. La primera, la vocalización de Javier Bardem. En ocasiones me ha costado entender lo que decía. O yo no oigo bien o este hombre habla como si tuviera la boca llena. La sala de cine estaba en absoluto silencio y de vez en cuando se escuchaba un ¿qué? (alguien preguntaba a su acompañante por lo que el actor acababa de decir).

Y dos. La historia tiene una pequeña-mediana laguna. Al menos, a mí me lo parece porque no se explica cómo se forja una relación personal entre dos personas que, de un modo u otro, están vinculadas a Básculas Blanco. Y no es una relación cualquiera, sino una que tiene peso.

¿Comedia o drama?

Ambas. Hay escenas divertidas, sí, pero no es una película de humor. No es desternillante, ni hilarante. Viendo El buen patrón te vas a sonreír (o reír si eres de risa fácil) pero en esta película predomina el suspense, con un aporte dramático que equilibra la trama. 

El tempo

La forma de narrar la historia es un acierto. La acción se iniciará un domingo, cuando Julio está plácidamente en su magnífica y carísima casa con piscina, disfrutando de un desayuno junto a su esposa mientras alguien (ya sabremos quién) se dedica a arreglar la depuradora de la piscina. En domingo. Los días irán pasando y la situación se irá complicando cada vez más. Cada día será peor que el anterior  aunque Julio,  en esa fingida imagen de tranquilidad y control, tratará de mantener el tipo. La tensión irá subiendo y con ella nuestro interés por ver cuándo explotará la bomba que se lleve a todos por delante.  Cada uno de los días a lo largo de los cuales se van desarrollando los hechos es como una gota malaya que va horadando el ánimo de Julio.

El desenlace

El final me ha gustado bastante. Cuando pensamos que la cosa no podía salir de otro modo, teniendo en cuenta la situación de poder de Julio, los hechos giran en otra dirección. En este caso, no es más sabio el diablo por viejo que por diablo. A eso se añade una escena final que cuenta más por el silencio sostenido que por las palabras que cruzan los personajes que la interpretan. Ahí lo dejo.

De la mano de Fernando León de Aranoa (Los lunes al sol, 2002), volviendo a posar su mirada en el mundo laboral, con una banda sonora que para mí tiene toques operísticos, interesante e intensa por momentos, un guion inteligente y una interpretación soberbia, El buen patrón nos habla de las relaciones de poder, la falta de escrúpulos, la hipocresía y la manipulación en el contexto laboral, y también en el que contexto social, si extrapolamos un tanto la historia.

De cara a los Goya, cuya gala tendrá lugar el próximo 12 de febrero, parte con veinte nominaciones, entre ellas, los premios gordos: Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actor Protagonista (Javier Bardem), Mejor Actor de Reparto (Celso Bugallo y Manolo Sollo), Mejor Actriz de Reparto (Sonia Almarcha), Mejor Actriz Revelación (Almudena Amor), Mejor Guión Original,...


En definitiva, El buen patrón es aparentemente una historia sencilla, mundana, el relato de un jefe que se porta bien con sus trabajadores, pero no quedará ahí la cosa. A lo largo de todo el metraje la línea narrativa será horizontal e irá en ascenso, lenta pero segura, poco a poco, a fuego medio, pero más y más arriba, manteniendo en todo momento el interés del espectador que sabe que no todo es de color de rosa, que aquí hay algo más, algo que está a punto de ocurrir. Y ocurre. Como dije al principio, no será de esas películas que recordaré para siempre. Sin embargo, sí será de esas que no me importará volver a ver.




Tráiler:




miércoles, 20 de octubre de 2021

SEVILLANAS DE BROOKLYN (COMEDIA - 2021)

Año: 2021

Nacionalidad: España

Director: Vicente Villanueva

Reparto: Carolina Yuste, Sergio Momo, Estefanía de los Santos, Manolo Solo, Canco Rodríguez, María Alfonsa Rosso, Adelfa Calvo, Andrea Haro, Asier Gago, José Ramón Rodríguez, Neizan Fernández, Clare Durant

Género: Comedia

Sinopsis: Ana es una joven sevillana harta de su familia y del conflictivo barrio en el que viven. Todo irá a peor cuando su madre, para evitar el desahucio, decide engañar a una agencia para acoger en su casa a Ariel Brooklyn, un estudiante afroamericano de familia adinerada, a cambio de 700 euros. A pesar de sus diferencias y de las situaciones esperpénticas que provoca el fraude, Ana y Ariel se verán obligados a convivir bajo el mismo techo. Y ya se sabe que el roce hace cariño.

[Fuente: Filmaffinity]


Vamos a echarle un poquito de sal al día, que ya estamos a mitad de semana. De un tiempo a esta parte, mi entorno no ha dejado de repetirme: «Tienes que verla, tienes que verla». Y por fin la he visto. Hoy vengo a hablaros de Sevillanas de Brooklyn, del cineasta Vicente Villanueva, director de otra comedia que pasó por este espacio hace muy poco tiempo, Toc Toc, y cuya reseña puedes leer aquí.

Pero, antes de empezar a comentaros mis impresiones sobre esta película, os cuento que yo tenía una amiga que cantaba sevillanas en inglés. No es que dominara el idioma de la reina madre pero tenía mucha gracia cuando, con un par de rebujitos en el cuerpo, entonaba el Dreams the daisy flower with be rosemary, es decir, Sueña la margarita con ser romero. A los guiris que conocíamos en feria les encantaba escucharla. Y así, chispa más o menos, comienza Sevillanas de Brooklyn, con la joven Ana dando clases de sevillanas a los niños del barrio, mientras le enseña algunas palabras y expresiones en la lengua de Shakespeare.

Ana es una joven de familia humilde, humildísima, de esas que viven en barrios periféricos, en edificios de protección oficial, de escasos metros cuadrados, en los que casi se amontonan unos sobre otros, el padre, la madre, el hijo pequeño, la hija mayor, la abuela, y algún que otro vecino o vecina que siempre termina siendo uno más a la mesa. Lo de Ana no es vocacional. No es que sienta pasión por la enseñanza de este baile andaluz sino que se trata de pura necesidad. Sus clases son un intento de arrimar el hombro y contribuir a la precaria economía familiar, aunque solo sea por 2€ por alumno y hora. Lo malo es que la familia de los niños es tan pobre como ella y no siempre pueden pagar las clases. No importa, Ana es comprensiva y se resigna. Pero lo que ella necesita es un trabajo de verdad, de esos de ocho horas diarias y mileurista, o incluso menos, un empleo que permita tapar algunos agujeros, aunque eso implique tener que abandonar sus estudios de Filología Inglesa. Pero Carmen, su madre, no está dispuesta a eso. Ya inventará ella lo que tenga que inventar para traer más dinero a casa. Y sí que inventa, sí. Como dice la sinopsis, Carmen decide inscribirse en una agencia de acogida para americanos. Lo que, a simple vista, puede resultar un negocio redondo, -700 €/mes a cambio de dar cobijo y comida a una risueña y rubia americana-, se convertirá en un auténtico caos. A casa de esta familia sevillana llegará Ariel Brooklyn, un joven afroamericano, algo «tiznao», de la mano de Jesús Martínez, empleado de la agencia de acogida. Lo que ocurre una vez que el muchacho cruza el umbral de la puerta dejo que lo descubras por ti mismo, pero te garantizo que a este pobre le va a pasar de todo. 

¿Qué me ha gustado? ¿Qué no me ha gustado?

Admito que, al principio, no entendía muy bien qué se traía Carmen entre manos para sacar a la familia del atolladero, pero basta con darle unos minutos de margen a la trama para entender cuál es el plan.

La película tiene golpes buenísimos que no solo afectan a la trama principal sino también a los hilos más colaterales. Hay una escena divertidísima que tiene lugar en una peletería, en la que se desarrolla un diálogo no falto de razón. ¿Os imagináis una peletería en Sevilla cuando hoy, 20 de octubre, hemos alcanzado los 31 grados? Pero también habrá escenas memorables, como las que tienen lugar en la recepción de los americanos, organizada por la agencia de acogida, o cuando reciben la visita de la directora de dicha agencia en casa de la familia. Diálogos y situaciones tronchantes

Y aunque este largometraje juega un poco a los clichés, lo cierto es que tiene su sentido para exponer sobre la mesa una crítica social. Ariel, ese tipo alto, fuerte y de piel oscura, venido de uno de las grandes potencias del mundo, patria de la cultura y la modernidad, cree que ha retrocedido en el tiempo cuando entra en casa de Carmen.  El joven no sabe dónde se ha metido y se cree rodeado de paletos. La vida le dará una gran lección.

Pero, por otro lado, la familia también caerá en prejuicios. ¡Un negro! Les ha tocado un negro e inmediatamente saldrán a la luz los tiempos de la esclavitud. Esto dará pie a un debate que no tiene desperdicio.

En cuanto a lo que menos me ha gustado, os diría que es la historia de amor y no desvelo nada nuevo porque, primero ya se deja caer en la sinopsis, y segundo, porque es tan evidente que el espectador la intuye desde el mismo momento en el que Ana y Ariel cruzan la mirada. Esto de las historias de amor es un problema para mí, tanto en cine como en literatura. Salvo que esté inmersa en un relato romántico per se, cualquier historia amorosa me sobra, algunas más que otras, pero bueno, entiendo que es un aderezo válido en cualquier narración. Sin embargo, hay otra trama amorosa, más secundaria, que me ha parecido maravillosa. Precisamente, la menos principal es la que, a mi juicio, funciona mejor como complemento de la historia.

Personajes

Ana una joven sencilla y de gran corazón. Está cansada de la vida que lleva, precaria, sin trabajo, en un barrio como el suyo. No tiene grandes sueños. Ni siquiera siente interés por terminar sus estudios. Lo único que busca es salir de la situación asfixiante por la que pasa la familia. Tanto es su hastío que incluso no tiene ni interés por los hombres. 

Ana no soporta los tejemanejes que se trae su madre. Critica todo lo que hace porque cree que solo mete a la familia en problemas, pero es que Ana está ciega, en todos los sentidos. Le falta perspectiva y no comprende lo que supone ser madre. Interpretada por Carolina Yuste, extremeña de nacimiento, la actriz lo hace bien, sin candilejas.

Carmen es esa madre todoterreno que se busca la vida y consigue pan hasta debajo de las piedras. Trabaja limpiando en un hospital y hace la compra siguiendo un plan de economía que ni el ministro de Hacienda. Sabe que tiene que mirar por cada peseta pero no le importa gastar en lo que haga falta para que sus hijos tengan estudios. Su gran orgullo es su hija universitaria, de la que presume cada vez que puede. Carmen es una auténtica madre andaluza, esa madre de «almóndigas» y «almorroides», que no se amilana frente a nadie por mucha alcurnia que se gaste el que sea. Es espontánea, natural y defiende lo suyo. Es una madre guerrera, de raza, con carácter, capaz de hacer cualquier cosa por su prole, pero también por el prójimo, al que le tiende su mano aunque ella esté en peor situación que el contrario. Carmen es bondadosa y noble. Decente, porque la decencia no tiene nada que ver con el deseo de dar de comer a su gente, aunque se utilice malas artes. Es una buena esposa, una buena madre, y sobre todo una buena hija que cuida de su anciana madre con todo el cariño del mundo. Esa es Carmen. Nuestra Carmen.

Interpretada por Estefanía de los Santos, hay que reconocer que la actriz borda su papel. Para mí, su personaje es el que más relumbra y el mejor interpretado. Ella es para mí, la auténtica protagonista principal de esta película. De los Santos encaja perfectamente en la piel de Carmen, como la propia Carmen encaja en ese vestido de fiesta rojo que se coloca cuando tiene que hacer «sus negocios»

En cuanto a Antonio, el patriarca, está en paro. No se le conoce profesión y se pasa el día sentado en casa, viendo la vida pasar, mientras las mujeres de su casa se afanan en sus quehaceres diarios. Él no se mete en nada. Hace lo que le dice su mujer, que es la que lleva las riendas de la casa, y punto. Eso sí, con ella hasta el fin del mundo si hace falta. Será Manuel Sollo el que dé vida al personaje. No tiene mucho terreno para moverse porque su papel queda un tanto eclipsado por el de Carmen pero es un gran actor, al que me encanta ver en diferentes roles. Divierte muchísimo su particular filosofía, no exenta de profundidad, sobre la libertad y la esclavitud. 

Otro personaje fabuloso es Jesús Martínez, el empleado de la agencia de acogimiento. Su trayectoria laboral es tan precaria que, a su edad, este es su primer trabajo. ¡Cómo para fastidiarla!  Pero Jesusito, sin quererlo ni beberlo, se va a ver metido en un lío de los gordos. Interpretado por Canco Rodríguez que, para mí, será siempre el Barajas de Aída, hay que reconocer que el actor tiene una vis cómica prodigiosa. Su lenguaje gestual es casi tan divertido como esos diálogos que interpreta.

Del resto de personajes me quedo también con Andrea Haro y su papel como Auxi, la amiga hortera de Ana. Ella es la que va a encarrilar esa segunda historia de amor de la que os hablaba antes. Con un look que no pasaría el filtro de las influencers menos remilgadas y oliendo a una peculiar versión del perfume de Shakira, Auxi y Andrea, Andrea y Auxi, suponen un soplo de aire fresco muy agradecido. 

Y nuevamente, a María Alfonsa Rosso (la abuela) la veo muy poco aprovechada. Ya me pasó con otra película que pasó por este blog no hace mucho. Y también poco aprovechada veo a Adelfa Calvo (la directora de la agencia), una actriz con gran potencial.


En definitiva, Sevillanas de Brooklyn es una comedia entretenida y con buenos gags, que trata de poner a cada cual en su sitio. Con valores por la parte española y un revés en la parte americana, esta película nos acerca a la idiosincrasia de una familia sevillana, -muy al estilo de otros largometrajes en los que norte y sur se enamoran-, que se mueve entre la comprensión y la picaresca para salvar el cuello, pero es generosa a manos llenas. Salvo la historia de amor, que me ha aportado poco, la película me ha gustado. Me he reído y lo he pasado bien. ¿Es para verla en el cine? Bueno, es para verla en el cine si sabes que lo puedes esperar de ella. 

La tenéis en cartelera.

Tráiler:




miércoles, 15 de julio de 2020

LA FLAQUEZA DEL BOLCHEVIQUE (DRAMA - 2003)

Año: 2003

Nacionalidad: España

Director: Manuel Martín Cuenca

Reparto: Luis Tosar, María Valverde, Mar Regueras, Nathalie Poza, Manolo Solo, Jordi Dauder, Yolanda Serrano, Enriqueta Carballeira, Ángela Herrera, Rubén Ochandiano, Roberto Gago, Daniel Grao, José Antonio Izaguirre.

Género: Drama

Sinopsis: Madrid, otoño del 2002. Pablo López es un tipo normal. Tiene treinta y tantos años, trabaja en un banco de inversiones y está harto de todo. Un lunes, a las 9 de la mañana, en un atasco en pleno centro de la capital, su coche se empotra contra el descapotable Sonsoles, la chica más excéntrica de Madrid, que lo mete en un lío monumental con la policía y el seguro. Así que Pablo, para hacer más llevadero un otoño tan tedioso, decide dedicarse a putearla. Pero el día que conoce a María, la hermana de Sonsoles, su vida da un giro espectacular. Él, que nunca pensó que su existencia pudiera volver a tener sentido, ahora siente que no debe enamorarse de una chica de quince años. 

[Fuente: Filmaffinity]



En estos momentos ando leyendo El mal de Corcira de Lorenzo Silva, una nueva aventura de Bevilacqua y Chamorro, que el autor madrileño presentará hoy en Sevilla. Un poco antes, tendré la oportunidad de conversar con él y, mientras andaba preparando la entrevista estos días, recordé todas las adaptaciones que se han hecho de sus novelas. Sin duda, mi preferida es La flaqueza del bolchevique, basada en la novela homónima, publicada en 1997, y con la que Silva quedó finalista del Premio Nadal. 

La flaqueza del bolchevique narra la historia de Pablo López, un ejecutivo madrileño que soporta cada día los atascos de Madrid para llegar a su empresa, donde se le exprime como si fuera una naranja. Una mañana, despistado mientras manipula la radio de su coche para poner música,  tiene un accidente y embiste el vehículo de Sonsoles, una mujer de mediana edad, a la que se le adivina un nivel económico alto. Mientras rellenan el parte amistoso, ella se dedica a increparlo, a desafiarlo, a provocarlo, a la vez que Pablo se va poniendo cada vez más malhumorado. Alterado por el accidente y la actitud déspota de la mujer, Pablo localiza el teléfono de Sonsoles, a la que empezará a llamar a altas horas de la noche. Lo que se inicia como una broma pesada para bajarle los humos a la ejecutiva, se transforma en venganza cuando Pablo recibe una llamada de su compañía de seguros, diciendo que Sonsoles ha reclamado daños por lesiones. Es entonces cuando la obsesión por la mujer se acentúa y comienza a seguirla, descubriendo que tiene una hermana menor, María, cuya visión hipnotiza a Pablo. Será en ese momento cuando su interés se desvíe hacia la joven adolescente pero, ¿con qué intención?

La flaqueza del bolchevique es un título que resume perfectamente la esencia de esta película. Bolchevique es el apodo que María le pone a Pablo, cuando él le hable de sus creencias, de su forma de pensar. Por su parte, la palabra flaqueza hace referencia a la relación que mantiene Pablo con la joven, así que os podéis imaginar por dónde van los tiros. Aunque en algún momento esta película os puede recordar a Lolita, lo cierto es que la percepción que el hombre tiene de la joven es totalmente distinta. En aquella, Humbert se derrite por saborear a la joven, mientras que en esta, Pablo cae en una fascinación casi poética. Para él, María se convierte en la razón de su existencia. Sabe que sus emociones, aunque nobles, quedan fuera de lo políticamente correcto, alcanzando lo delictivo si traspasa levemente la línea. Así que, veremos al personaje luchar hasta un final que me ha parecido algo precipitado y desdibujado.   

Entre los personajes principales veremos a Pablo como un hombre hastiado, cansado de la rutina, sin ningún tipo de aliciente y exprimido al máximo en su empresa. De origen humilde, alcanzó buena altura, pero su vida es gris como el asfalto sobre el que circula su coche cada día. No le conocemos más vida que el trabajo y su afición por la música rock, con la que combate ese río de pensamientos mustios que siempre le rondan por la cabeza. Sin embargo, la vida a veces concede algún premio, una nueva ilusión que nos carga de energía y nos hace ver que el mundo no es tan anodino. El regalo de Pablo será María, la joven de un buen barrio madrileño, con personalidad propia, que no parece tenerle miedo a nadie, ni siquiera a esos desconocidos que en ocasiones se acercan a las niñas con intenciones deshonestas. María es luz, es inocencia, es fulgor. Sabe cómo manejar a ese adulto que se la mira como cordero degollado.

Del resto de personajes, destaca Eva, una auditora que recala en la empresa llegada de Londres. Ella verá en Pablo a otro lobo solitario, como ella, que va de ciudad en ciudad sin llegar a establecerse en ningún sitio, sin tener amistades afianzadas, sin más casa que las cuatro paredes de su habitación de hotel. Eva verá en Pablo a un igual, y a él se arrima, buscando un calor que se le vuelve esquivo, sin saber que a él le quita el sueño una adolescente, veinticinco años más joven. 

María y Eva muestran los dos lados de Pablo. Con una, él se sincera, le abre su corazón, le cuenta las miserias más tristes de su vida, y se entrega sumiso (nunca mejor dicho a la vista del desenlace). Con la otra, Pablo será el borde que siempre ha sido, el amargado que no quiere saber nada de la humanidad. 

Las interpretaciones no pueden ser más brillantes. Como no podía ser de otro modo, Luis Tosar en el papel de Pablo luce como solo él sabe hacerlo. Su trabajo es impecable, convincente, cargado de realismo. En esta ocasión, tiene a su lado a una jovencísima actriz que despuntaba y que ya hoy está más que consagrada. Aquel trabajo le valió a María Valverde, el Goya a la Mejor Actriz Revelación. El casting hizo un buen trabajo eligiendo a esta actriz de piel de porcelana, y labios gruesos y rosados. 

Completan el reparto Manuel Solo y Nathalie Poza, ambos no muy aprovechados, para lo buenos actores que son. 

La música juega un papel muy importante, y trasmite mucho más de lo que a priori podríamos pensar. El contraste entre el rock que escucha Pablo en los inicios, cuando vive la vida desde la amargura, se transforma en algo mucho más melódico y dulce, cuando camina al lado de María. Es el mismo contraste que experimentará el personaje.

La flaqueza del bolchevique tiene un toque nostálgico, pues la historia se cuenta con retrospectiva, desde un lugar que mejor no desvelo.  Narrada de manera pausada, que no lenta, se va cociendo a fuego lento, sin que el espectador pierda de vista el devenir entre Pablo y María. 

Me gusta esta película. Siempre me ha gustado. Cierto es que, como dije, el desenlace hubiera merecido algo más de atención, pero me resulta un largometraje interesante, por el retrato que se hace de una relación entre un adulto y una joven, por los papeles de los dos protagonistas principales y, por supuesto, por la magnífica interpretación de ambos. 







Tráiler:  


Puedes adquirirla aquí:

                                    


miércoles, 8 de abril de 2020

EL SILENCIO DE LA CIUDAD BLANCA (THRILLER - 2019)


Año: 2019

Nacionalidad: España

Director: Daniel Carpalsoro

Reparto: Belén Rueda, Javier Rey, Aura Garrido, Manolo Solo, Àlex Brendemühl, Sergio Donado, Ramón Barea, Itziar Ituño, Pedro Casablanc, Rubén Ochandiano, Richard Sahagún, Ramón Agirre, Josean Bengoetxea, Itziar Aizpuru, Joseba Apaolaza

Género: Thriller

Sinopsis: Vitoria, 2016. Los cadáveres de un chico y una chica de veinte años aparecen desnudos en la cripta de la Catedral Vieja. Unai López de Ayala, un inspector experto en perfiles criminales, debe cazar al asesino ritual que lleva aterrorizando a la ciudad desde hace dos décadas. La sucesión imparable de crímenes y una investigación policial contaminada por las redes sociales llevarán al límite a Unai, enfrentándolo a un asesino camaleónico y despiadado que podría estar más cerca de lo que creía.

[Fuente: Filmaffinity]


A Eva García Sáenz de Urturi la conocimos cuando publicó La saga de los longevos (bilogía) y Pasaje a Tahití. Poco después quiso rendir homenaje a su ciudad natal y publicó una trilogía cuyos acontecimientos ocurrían en Vitoria. La saga, compuesta por El silencio de la ciudad blanca (2016), Los ritos del agua (2017) y Los señores del tiempo (2018), tuvo muy buena acogida entre los lectores, consiguiendo que fueran muchos los que se engancharan a las investigaciones de Kraken, un ertzaintza marcado por una desgracia familiar. Admito que las buenísimas opiniones de esta trilogía me tentaron poderosamente pero, muchos sabéis que rehúyo de las series. Aún así me lo planteé. Sin embargo, al descubrir que iban a llevar el primer título a la pantalla grande, me frené en seco. Prefería ver la película en primer lugar, y aquí estoy, con más pena que gloria porque, me temo que Daniel Carpalsoro, director de esta cinta y que tiene, bajo mi punto de vista, un único peliculón a sus espaldas -Cien años de perdón-, le ha hecho chico favor a la autora vitoriana.

Extrañada por lo que la película me ofrecía y lo que yo había leído sobre la novela, me puse a indagar en Internet, y encontré estas declaraciones del director y de la autora:

"La película es una interpretación de la novela", explica Calparsoro. "La novela son 500 páginas y esto es una hora y media de película y hay que elegir, no puedes meter absolutamente todo. Y luego el lenguaje cinematográfico es distinto al literario. Podríamos decir, como comenta muchas veces Eva [García Sáenz de Urturi], que la película forma parte del universo de la trilogía de El silencio de la ciudad blanca, pero no es una traducción de la novela". [Fuente: Tráveler

Vale, no es una adaptación propiamente pero aún así, me ha parecido una película muy mediocre, cuando tenía unos buenos mimbres. Os cuento.

El silencio de la ciudad blanca comienza en créditos con el repaso a una serie de crímenes que sucedieron en Vitoria por el año 1999. En los lugares más emblemáticos y llenos de historia de la ciudad, se fueron cometiendo asesinatos que seguían un patrón muy concreto. El asesino, al que apodaron el asesino de los durmientes, elegía a una pareja de niños -un niño y una niña-, que no se conocían. Después de arrebatarles la vida, los colocaba en un lugar significativo, dispuestos en una posición exacta, desnudos y con un eguzkilore, es decir, una flor del sol, colocado sobre sus genitales. En el primer asesinato los niños tenían cinco años, en el segundo tenían diez, en el tercero tenían quince años. Por aquellos crímenes inculparon al joven Tasio, un joven vitoriano de buena familia, y conductor de un programa de la televisión local llamado Telúrico, en el que se analizaban las leyendas más antiguas de Vitoria. Tasio lleva desde entonces en la cárcel, desde donde ha escrito varios libros. Sin embargo, veinte años después de aquellos crímenes, vuelven a cometerse una serie de asesinatos en la ciudad, justo cuando se están celebrando las fiestas de la patrona, la Virgen Blanca. De nuevo, en el interior de la Catedral Vieja, aparece una pareja sin vida, un joven y una joven de veinte años, desnudos, con un eguzkilore sobre sus genitales, y de cuyas bocas salen abejas vivas. Este parece el modus operandi del asesino, narcotizarlos primero y luego, cuando están totalmente conscientes, introducirles abejas en los pulmones, lo que les provocará una muerte muy dolorosa.

Los encargados de investigar los nuevos crímenes son el inspector Unai (Javier Rey), al que llaman Kraken en su círculo más íntimo, junto a su compañera Estíbaliz (Aura Garrido). Ambos tendrán que rendir cuentas a la subinspectora Alba (Belén Rueda), recién llegada de Francia. Los tres tendrán que averiguar quién es el asesino, si Tasio fue condenado siendo inocente, o si se trata de un imitador. Al mismo tiempo, a Unai le irán enviando fotos en las que aparece él, en distintos momentos de la investigación.

En cuanto al asesino, a mitad de película sabremos quién es. Esto no supone ningún problema, más bien al contrario, alienta la curiosidad del espectador porque, de lo que se trata de es averiguar por qué comete esos asesinatos, cuál es su móvil, y por qué emplea tal ritual. 

La película parte de una buena premisa. Los crímenes rituales, relacionados con viejas leyendas o la mitología, suelen ser bastante interesantes. Sin embargo, el gran problema de esta película es el guion. Desconozco la trama de la novela. Ya os he comentado antes que no la he leído, pero me parece que se ha obviado lo esencial de la historia creada por García Sáenz de Urturi. Da la impresión de que han tomado de aquí y de allá lo que les ha parecido, sin importar la coherencia, la lógica, la verosimilitud. De ahí que se sucedan escenas y situaciones que no tienen fundamento ni se sostienen, que no se terminan de explicar. Por poner unos cuantos ejemplos que no os van a destripar la historia. En esta película hay mucha gente que huye en cuanto ven aparecer a la policía. Eso nos hace pensar que están implicados en los asesinatos pero luego, no hay una explicación a tales huidas, ni siquiera se puede achacar al temor que una persona puede sentir frente a la autoridad, sin haber cometido un delito.

Luego, Unai tiene una hermana que padece una enfermedad. Poco se dice al respecto, de hecho se menciona de pasada. Para mí, todo detalle en una película o un libro debe tener una justificación. ¿No era Chéjov el que decía que si en un cuento hay un clavo en una pared, el protagonista tiene que acabar colgándose de él? Pues eso. Nada debe quedar al azar o aparecer por capricho. Sin embargo, en esta película, la enfermedad de Martina, la hermana de Unai, no aporta absolutamente nada a la trama.

Otra incongruencia más. Hay un personaje que hizo desaparecer unos informes policiales, un detalle que a mí como espectadora me dejó fuera de combate. Y es que resulta que ese personaje fue policía en su día, pero este detalle te lo dicen al final de la película.

A todo esto, la gente entra y sale de los monumentos y museos de la ciudad, en plena noche, como Pedro por su casa. Hasta donde yo entiendo, los monumentos, iglesias, museos, tienen un horario de apertura y cierre, y siempre hay algún tipo de vigilancia. En esta película, no. 

Y esto sí que me da rabia. ¿Es necesario introducir siempre un rollete amoroso para darle jugo a una trama? Las relaciones amorosas, clandestinas o no, deben aportar tensión al argumento o, al menos, tensión entre los personajes. Aquí es un aderezo más que se podía haber eliminado y el sustento del thriller no se hubiera visto afectado.

Por último, el abuelo de Unai, apicultor, hace una serie de rituales con manzanas que me dejaron perpleja. ¿Qué finalidad tienen? Es que no se explica absolutamente nada. Vale que el espectador se lo puede imaginar, y ojo que soy de las que opinan que no nos lo tienen que dar todo hecho, pero hombre, un poquito de seriedad. 

En fin, ya veis que la película me ha dejado bastante decepcionada. Lo mejor, sin duda, las escenas de la persecución sobre las cubiertas de la Catedral Nueva, un proceso que se explica en el enlace que os he dejado más arriba.

En cuanto a las interpretaciones, Belén Rueda, en el papel de la subcomisaria Alba, no está a la altura de otros trabajos. Juan Rey y Aura Garrido, me dicen poco. El único que brilla algo más es Manolo Solo pero, como el guion es un despropósito tras otro, enturbia muchísimo el trabajo de este actor. 

En definitiva, me esperaba otra cosa de esta película. Está entretenida y poco más, especialmente si haces la vista gorda a ciertas cuestiones que se tendrían que haber tratado con más cuidado y profesionalidad. Mira que defiendo el cine español pero en este caso no lo tengo nada claro.






Tráiler:   

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