miércoles, 18 de septiembre de 2019

AN EDUCATION (DRAMA - 2009)


Año: 2009

Nacionalidad: Reino Unido

Director: Lone Scherfig

Reparto: Carey Mulligan, Peter Sarsgaard, Alfred Molina, Dominic Cooper, Rosamund Pike, Olivia Williams, Emma Thompson, Matthew Beard, Cara Seymour, Sally Hawkins, Amanda Fairbank-Hynes, Ellie Kendrick.

Género: Drama

Sinopsis: Jenny, una atractiva y brillante estudiante de 16 años que vive en un tranquilo barrio londinense, sólo piensa en estudiar para poder ir a Oxford. Pero un día conoce a Britt, un tipo seductor de 35 años, que la corteja con cenas elegantes, clubs y viajes con sus divertidos amigos Danny y Helen. Así las cosas, las convicciones de Jenny se tambalean y se verá obligada a elegir entre seguir con Britt y su ajetreada vida o bien ir a la Universidad.

[Fuente: Filmaffinity]

Qué gusto ver cine británico.
Cuánta delicadeza a la hora de contar historias de otro tiempo.

An education (en esta ocasión prefiero el título original en vez de su obvia traducción al castellano) tiene ya una década y sin embargo yo la descubro ahora. Al terminar de visionarla (en AXN, para más señas) me invadió una sensación de alivio, como si me hubiera librado del horrible castigo que hubiera supuesto perdérmela. Y sé que mi opinión se contrapone en forma y fondo con la de otros espectadores que la tachan de cursilada, ñoña, sin corazón y plana). A mí, sin embargo, me gustó mucho.

1961. En Twickenham (Londres) los colegios enseñan a las jóvenes a ser auténticas damiselas. Deben andar rectas, bailar con elegancia, cocinar deliciosas recetas y mantener la figura. Pero en el colegio al que acude Jenny Mellor, también hay espacio para la poesía, la literatura y el latín. Y es que la directora del centro y la señorita Stubbs saben que, con formación y un diploma bajo el brazo, las jóvenes pueden llegar a ser alguien, al menos, a ser ellas mismas. Sin embargo, todas esas asignaturas son un auténtico latazo para unas muchachas que tienen sueños llenos de color. La vida entre las paredes del colegio es aburrida y en sus casas tampoco encuentran aliciente ni felicidad. En el caso de Jenny, quizá lo único que la saca de la monotonía es el chelo y precisamente será ese instrumento el que le dé la oportunidad de conocer a David (sí, David y no Britt como apunta la sinopsis facilitada por Filmaffinity). Pero David es un hombre y Jenny una colegiala. Inevitablemente esta frase te hará pensar en Nabokov aunque Lolita dista mucho de esta Jenny que a veces se expresa en francés, fuma y que tiene una desmesurada ansia de vivir. Y eso es lo que precisamente le ofrece David, que a sus treinta y cinco años, cena en lujosos restaurantes, viaja a ciudades románticas y acude a conciertos de música clásica y jazz. Ante la joven el camino se bifurca en dos senderos. ¿Debe seguir estudiando para intentar que la admitan en Oxford o por el contrario debe dejarse caer en los brazos de David? El dilema está servido. Y por todo ese caos mental también se arrastra la seducción. Sería lógico pensar que David, con su porte elegante y su vida sofisticada seduce a Jenny pero a mi parecer, quien verdaderamente cae rendido a los pies del otro es el propio David, que queda prendado por una joven que lo seduce con su inteligencia más que con su cuerpo, con su pasión más que con sus labios, con sus sueños más que con su mirada.  No hay mejor seducción que la que procede de la mente y el espíritu de un hombre o de una mujer. Pero un corazón enamorado también tiene que ser valiente. 

El argumento de An education quizá no sea especialmente original. Jóvenes estudiantes que se enamoran de hombres maduros, hechos y derechos, y que dicen haberse licenciado en la universidad de la vida. Esta película nos muestra una atípica relación de amor pero no por ello poco explotada, con moraleja final y en la que también se analiza la reacción de los padres de la joven porque claro, que tu hija mantenga una relación con un hombre veinte años mayor es para tener una opinión al respecto.  ¿Qué  pensarán Jack y Marjorie de todo esto? Dejo que lo descubráis vosotros mismos porque, en cierta manera, en el desarrollo de la historia incide la actitud de los padres. Pero más allá del guion, en An education, también hay que tener muy en cuenta las interpretaciones que son absolutamente fabulosas. Me ha fascinado el trabajo de Carey Mulligan - para mí prácticamente desconocida-, en el papel de la joven adolescente que quiere crecer demasiado deprisa para convertirse en una mujer de mundo. La actriz se adapta perfectamente a los vaivenes de su personaje, a ese girar en una noria emocional en la que la actriz tendrá que emplearse a fondo para transmitir todo un abanico de sentimientos. Es fácil conectar con ella, es fácil entender que tenga ganas de beberse la vida a grandes sorbos porque traducir a Virgilio es un aburrimiento total. Y también será sencillo comprenderla en los compases finales cuando tenga que enfrentarse a lo que la vida le tiene reservado.

En cuanto a David, será Peter Sarsgaard quien se encargue de darle vida. Con sus ojos azules y su sonrisa pícara sabrá manejar los hilos de cualquier situación a su favor. Bajo su rostro de hombre encantador, ¿reside un manipulador? ¿Acaso David solo pretende comerse la guinda de un dulce pastel? Su personaje puede llegar a desorientarnos. En alguna ocasión pensaremos que simplemente es un hombre enamorado y en otras advertiremos algún toque de pervertido. En cualquier caso, reducir su personaje al de simple seductor que salta de flor en flor me parece excesivo. Creo que, como comenté antes, él también acaba hechizado por una joven y, al igual que Jenny tiene que decidir, David deberá hacerlo igualmente y para ello Sarsgaard  hace suya la diatriba de su personaje, retratándose en una escena que supone un clímax tardío en la cinta. Tras ese momento culmen, ya solo queda recoger velas.  

En cuanto a los padres de Jenny, Alfred Molina en el papel de Jack resulta tan creíble como siempre que se coloca ante una cámara. Ejercer de padre de una joven en los años 60, una época en la que la mujer tenía tan pocos caminos que elegir lo obliga a desdecirse en más de una ocasión. A Jack no le gustan los tarambanas y Molina sabe cómo hacérselo entender a los pretendientes de su hijita. Pero a este padre gruñón al que todo le parece mal se le verá pronto el plumero. Su figura como progenitor quedará en entredicho cuando soplen vientos menos favorables y eso le causará un profundo dolor.

Más en un segundo plano, los amigos de David, Danny (Dominic Cooper) y Helen (Rosamunde Pike) suponen el atrezo perfecto para una puesta en escena que guarda más de un secreto. Si bien el primero me ha dicho poco, Pike me ha convencido del todo. En su papel de belleza rubia y tonta, la actriz sabe contagiar ese sopor que le produce la música de Ravel mientras lanza al aire preguntas sinsentido, denotando una absoluta carencia de cultura pero derrochando un exceso de belleza, sofisticación y encanto. ¿Quién necesita leer libros si se es guapa?

No puedo dejar de lado a Emma Thompson interpretando a una amenazante directora del centro escolar que deja claro como el agua su postura ante el romance de la joven. Salvo por un exceso de cardado en el cabello, la caracterización de la actriz es impecable. Y tampoco me voy a olvidar de Olivia Williams, cuyo personaje pone el punto de cordura y sensatez a la trama. Me encanta esta actriz con esa calma inquietante a la que nos tiene acostumbrados. 

En An Education todo encaja. La hermosa fotografía de las calles de París mientras los amantes entrelazan sus manos o toman una copa de vino al atardecer. La preciosa banda sonora con temas de Juliette Greco ('Sous le ciel de Paris'cuya voz enfatiza los sueños de Jenny, canciones de amor en francés para aburridas tardes lluviosas británicas. Y la atmósfera, tan cálida y envolvente aunque diluvie 

La película está basada en las memorias de Lynn Barber, una periodista que escribió un ensayo sobre sus amores de juventud y sobre el que Nick Hornby (Alta fidelidad, Juliet desnuda,...) escribió el guion para la película.

An Education es un largometraje digno de ver. La avala la crítica profesional, las numerosísimas nominaciones y diversos premios en distintos galardones y la opinión de buena parte del público. Así que, desde aquí, yo también me uno a esa recomendación y os invito a ver este largometraje si aún no lo habéis hecho. Su directora, la danesa Lone Scherfig -de la que hasta ahora no había visto nada-, no nos ofrece un drama rosa sino una historia con sus luces y sus sombras, construida con delicadeza y mimo. Aunque, el núcleo de la historia no sea muy original, te pediría que no te la pierdas





Tráiler:

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martes, 17 de septiembre de 2019

ALEJANDRA PAREJO: 'Escribir es mi forma de encontrar alivio'

Una familia normal ha sido una de las primeras novelas que han caído en mis manos tras el parón vacacional, la primera que leí nada más iniciarse septiembre, una novela que habla de emociones, de decisiones, de alianzas que se rompen mientras otras se forjan, de sueños, de independencia. En Una familia normal conoceremos a Olivia, una directora de fotografía que mantiene una relación con Mario, también director en el mismo ámbito. El día que le ofrecen el proyector profesional más importante de su carrera, descubre que está embarazada y justo la unión de estos dos elementos origina su Big Bang personal. ¿Qué decisión tomar? ¿Qué es lo que más le conviene? Mientras se devana los sesos, sus relaciones con el resto de los personajes se afianzan o se deterioran, peligra su trabajo pero, ¿por qué a Olivia le ocurre esto? ¿Tiene algo que ver su pasado? Lo sabremos porque en Una familia normal también tiene cabida la infancia y adolescencia de la protagonista.

Para hablar de todo esto nos sentamos hace unos días con Alejandra Parejo, una joven con la mirada más limpia que he visto nunca y que debuta con esta primera novela, Una familia normal

Marisa G.- Alejandra, ya que esta es tu primera novela, me gustaría saber cómo ha sido el camino hasta llegar aquí.

Alejandra P.- Mi madre dice que siempre me he comunicado escribiendo pero hasta ahora escribía para mí, ya fuera en los momentos de mucha felicidad o tristeza, para desahogarme yo. Estudié Publicidad y Comunicación Audiovisual y empecé a trabajar en distintas agencias de publicidad, pero no me sentía llena, así que me apunté a cursos de escritura. En Madrid asistí a la Escuela de Escritores, donde hice un curso de narrativa de dos años y, aunque iempre tuve en mente escribir, fue allí donde se hizo más tangible la idea de una novela. Así que, cuando terminé el curso, me puse a escribir. Al tiempo me crucé con Pablo Álvarez, mi actual agente literario y me puso una fecha para terminarla. Todo ha sido pasito a pasito y muy natural.

M.G.- En tu web dices 'Escribo para mí, para los demás, para conectarme y liberarme. Escribo para contar historias: tuyas, mías, inventadas. Escribo para que cierres los ojos y puedas oler, saborear, escuchar y disfrutar'. Se da a entender que escribir es tu vía de escape, es tu necesidad. 

A.P.- Sí. Escribir es mi forma de encontrar alivio. Me alivia escribir lo bueno y lo malo. Ahora estoy escribiendo un diario, como cuando era pequeña, aunque lo hago en digital. Escribir me ayuda a ordenar las cosas, a apreciar todo lo que pasa rápido y no nos paramos a pensar. Creo que no sabría sobrevivir sin escribir. En algunos momentos es como una catarsis.

M.G.- De las que se sale más purificada.

A.P.- Sí, así es. Y a lo mejor son tonterías. Por ejemplo, en el AVE me he fijado en un grupo de compañeros de trabajo. Los hombres se saludan dándose la mano y las mujeres se dan dos besos. Pues escribo eso que observo, esa reflexión, que no es nada importante pero me ha llamado la atención. Ahí queda escrito. Quién sabe si de eso que anoto, algún día no sale algo. 

M.G.- ¿Y cómo surge la idea de escribir esta historia?

A.P.- Pues se me ocurrió una noche que no podía dormir. Y empecé a pensar en dos amigos, que eran pareja, y que se dedicaban a lo mismo, trabajando en el mundo del cine. Me planteé que si esos amigos querían tener un hijo, ¿cómo iban a conciliar? Ahí nació la idea de esta novela. Por entonces yo vivía con Marta, una de mis mejores amigas, y recuerdo que me levanté, entré en el salón y le conté que acababa de tener una idea para una novela. Por supuesto, ella se rió pero lo cuento y me parece como mágico. Surgió así, sin más.

M.G.- La novela se titula 'Una familia normal' pero ¿existen esas familias?

A.P.- En el título hay mucha ironía porque creo que lo normal no existe. Lo normal es lo que nos han enseñado en el colegio, lo que nos han impuesto en política, en religión,... y no es así. Lo normal no existe y menos aplicado a las familias porque, incluso las que aparentan ser normales son las que generalmente tienen muchas más cosas que ocultar. Lo importante no es la normalidad sino tener una familia buena, que sea capaz de escucharte, de comprenderte, que sea un lugar en el que te sientas seguro y en el que puedas ser tú mismo. Eso es lo que comprende Olivia en este viaje interior, que su familia es como es, que los errores y los aciertos de todos nos llevan a un lugar y no pasa nada. Nos han cargado con mucha culpa y eso hace que todos pretendamos tener una familia modélica pero y si no la tienes, ¿pasa algo? Pues no. 

M.G.- La historia se va a desarrollar a lo largo de dos hilos temporales, uno en 1998 y el otro en 2018. ¿Por qué esas dos fechas concretas?

A.P.- Hay varias cosas muy importantes. Empecé a escribir la trama del presente sin el pasado y sentía que me faltaba algo. Me di cuenta que tenía la necesidad de explicar por qué Olivia estaba en ese punto y qué le había llevado hasta ahí. 

También quería remarcar que, entre finales de los años 90 y 2018, cambió nuestra manera de comunicarnos. Nacen generaciones impacientes que necesitan saber de manera inmediata. Era algo que me daba mucho juego a la hora de comparar a la Olivia pequeña con la Olivia mayor. La Olivia del pasado deja la isla en la que vive y se muda a una ciudad. Su padre es marino, vive lejos de ella y le produce mucha frustración saber que Madrid no tiene mar y que los barcos no pueden llegar hasta allí. ¿Cómo va a llegar su padre hasta ella? Lo único que puede hacer es llamarlo por teléfono, o dejarle un mensaje en el contestador, una máquina que guarda tus mensajes pero que no te asegura que llegue a su destinatario. Para mí era muy importante marcar esa diferencia entre lo que significaban antes las ausencias y lo que significan ahora porque doler duele igual pero no es lo mismo. Si la Olivia pequeña viviera en 2018 podría pedirle a su padre que llamara por FaceTime, o podría darle cada mañana los buenos días a través de Whatsapp. 

Por último, me interesaba también ver cómo funciona la voz de un narrador infantil. Pensamos que los niños no se enteran de nada pero saben mucho de lo que está pasando a su alrededor. Lo peor es que sacan conclusiones erróneas de lo que se les oculta. Y encima, no son capaces de poner nombre a sus sentimientos. 

M.G.- Abordas temas como la maternidad, la independencia, la familia, los miedos,... Te metes en un jardín profundo.

A.P.- Es una novela generacional porque trata temas que a la gente de mi generación le preocupa pero creo que también la generación de mis padres puede verse reflejada. Las dudas son muy parecidas aunque tengan otra edad. Es verdad que la sociedad ha evolucionado y con el feminismo se han conseguido muchas cosas pero creo que hay muchos miedos que comparten varias generaciones. Olivia termina entendiendo que se parece a su madre, que se espera de ella lo mismo que se esperaba de su madre a su edad, que ambas tienen y tenían los mismos miedos, las mismas inseguridades. Percatarse de eso supone una forma de perdonar porque la Olivia de once años solo ve a su madre como tal y es ahora, cuando ya es mayor, cuando se da cuenta que su madre, además de ser madre, era una mujer con sus deseos, miedos e inseguridades. 

M.G.- Alrededor de Olivia hay muchos más personajes, como su hermana Lu, su pareja Mario, su jefa Amanda. Me resulta interesante analizar las relaciones de Olivia con los restantes personajes. 

A.P.- Me gusta que me digas eso porque me he esforzado mucho en esas relaciones. Me fui haciendo como fichas en las que anotaba cómo era la relación de Olivia con Lu, o con Mario, o con Amanda. ¿Me preguntaba quién estaba a favor o en contra de una decisión de Olivia? ¿Quién hacía cosas para que ella pudiera avanzar o frenar? Cada uno de los personajes tiene su propia historia y están muy pensados para apoyar o no apoyar a Olivia. Por ejemplo, en la relación con su jefa era muy importante que el lector se pusiera en la piel de Amanda, una mujer que sufre un momento muy dramático en el pasado y que no puede evitar que ese trauma la ponga en contra de Olivia durante un tiempo. En ese punto quería explicar que a las mujeres nos han educado para hacernos la competencia y eso es una realidad. 

En cuando a Lu, Olivia mantiene una relación llena de amor con su hermana que me servía para destacar las carencias de Olivia y las virtudes de Lu. Ellas se complementan y se dan lo que necesitan la una a la otra. Olivia es muy responsable mientras que Lu es más alocada y se deja llevar. Entre las dos consiguen un equilibrio. 

Quería que los personajes me ayudaran a crear una atmósfera que empujara a Olivia a tomar una decisión concreta.

M.G.- Me gusta mucho la relación que mantiene Olivia con Carlota, la madre de Mario. Me parece mágica y es una relación que me ha llenado mucho. Carlota no es su madre, sino su suegra, y de algún modo rompes un mito.

A.P.- El tema de las suegras es muy injusto. Me parece fatal que se piense que todas las suegras son unas brujas, que quieren retener a sus hijos a toda costa. Carlota me ha servido para poner a una mujer en un formato tradicional, una mujer que une a la familia y que hace todo por y para ellos. Pero también una mujer que empatiza con su nuera y que la apoya en uno de los momentos más decisivos de su vida. Para Carlota, Olivia es importante y ella prefiere anteponer la felicidad de la pareja de su hijo a sus propias convicciones. 

M.G.- Con Lu hay un cierto misterio, ¿cierto? Dejas que sea el lector el que idee lo que le está pasando.

A.P.- En la trama de Lu, uno de los problemas del personaje es un momento con su hermanastro en el que no se sabe muy bien qué pasa. Ahí dejé que cada uno imaginara lo que quisiera. Podría haberlo contado pero me pareció más interesante dejar que cada uno pensara. Sobre todo, lo que quería demostrar es que, cuando los adultos no quieren profundizar en algunas cosas pueden pasar otras que son peores. A veces es mucho más fácil sentar a tus hijos y preguntarles qué les pasa, o contarles la verdad, y poner las cosas en su sitio. Si intentas aparentar que no pasa nada, a lo mejor hay otras cosas que pasan alrededor que no las estás viendo. 

Lu pasa por muchas cosas porque no es capaz de verbalizar lo que le duele y prefiere hacerse la loca antes de aceptar que está triste.

M.G.- ¿Te reconoces en alguno de los personajes?

A.P.- Toda la historia es ficción pero es verdad que en Olivia he plasmado muchos de mis miedos y de las preguntas que me hago. Tengo en común con Olivia esa sensación de mudarme de ciudad, de echar de menos, de necesitar el mar: también comparto con ella el miedo a la oscuridad. La oscuridad me parece una metáfora del miedo a la incertidumbre, a no saber,...

M.G.- En 1998, Olivia no entiende que su madre sea tan servicial con Roberto, su segunda pareja tras separarse del padre de las niñas. Pero en 2018 Olivia tiene problemas para conciliar trabajo y familia. Muchas veces me pregunto, ¿dónde se supone que está esa liberación de la mujer? Llevamos una familia, trabajamos, compatibilizamos las dos cosas, y nos ponen trabas,... ¿Realmente estamos mejor?

A.P.- Es que la magia que existe entre Olivia y su madre es darse cuenta de que no están tan lejos la una de la otra. Olivia se acerca mucho a lo que era su madre en muchos ámbitos de su vida. Hoy en día hemos avanzado en muchas cosas pero desde luego no en conciliar. La realidad es que puedes pedirte una jornada reducida, lo que implica que cobres menos y que no puedas evolucionar en tu puesto de trabajo. Por lo tanto, implica perder cosas y eso no es conciliar. Así que la mujer se está liberando pero a la vez se nos están echando encima muchas responsabilidades. ¿Dónde está el equilibrio? Se nos exige ser buenas en todo, de ahí las preguntas que figuran en la contra del libro.

M.G.- Alejandra, hay muchísimas referencias musicales en la novela. ¿Son tus referentes? 

A.P.- Algunos sí. Billy Joel es un cantante que tiene mucho recorrido pero yo lo descubrí hace unos años gracias a un amigo. Lo vi en Nueva York, en un concierto, me fascinó y conecté muchísimo con su música. Zahara sí es un referente y en cuanto a Iván Ferrero, bueno no lo escucho mucho pero justo la canción que aparece en la novela era perfecta para una escena por lo mucho que transmite. Me interesaba toda la música de los 90, con Alejandro Sanz y su disco 'Más'. 

M.G.- Pues no te robo más tiempo. Gracias por compartir este momento con nosotros y espero que la novela funcione muy bien.

A.P.- Gracias a ti por leerla. 

Sinopsis:

El mismo día en que le ofrecen uno de los proyectos más importantes de su carrera, Olivia se da cuenta de que está embarazada. Tiene 31 años, una relación aparentemente sólida con Mario y una economía estable, pero nada de eso la convence de que ha llegado su hora de ser madre. ¿En qué consiste ser una mujer independiente? ¿Qué significa ser una buena pareja, buena hija, buena amiga, buena profesional?


Mediante saltos temporales que llevan al lector a la infancia de Olivia, conoceremos a una niña que se vio obligada a luchar por el amor de sus padres divorciados, a crecer antes de tiempo y a proteger la fragilidad de su hermana. Una hija que aborrecía la sumisión de su madre y que luego se hace adulta para arropar las mismas inseguridades que tanto criticaba en el pasado. 

Esta es una novela sobre las tensiones íntimas de una generación marcada tanto por la sociedad desigual en la que creció, como por las exigencias morales del presente. Una historia sensible y difícil, tierna y dolorosa, que basa toda su fuerza narrativa en demostrar que a veces no hay decisiones erradas, solo formas de vivir.

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lunes, 16 de septiembre de 2019

ANTES DE LOS AÑOS TERRIBLES de Víctor del Árbol


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Editorial: Destino.
Fecha publicación: mayo, 2019. 
Precio: 20,90 € 
Género: Narrativa. 
Nº Páginas: 464 
Encuadernación: Rústica con solapas. 
ISBN: 9788423355716 
[Disponible en eBook; 
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Autor

Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) fue mosso de'esquadra desde 1992 hasta 2012 y cursó estudios de Historia. Es autor de las novelas El peso de los muertos (Premio Tiflos de Novela 2006), El abismo de los sueños (finalista del XIII Premio Fernando Lara 2008) y La tristeza del samurái (Prix du Polar Européen 2012), traducida a una decena de idiomas y bestseller en Francia. Sus últimas obras son Respirar por la herida (finalista en el Festival de Beaune 2014 a la mejor novela extranjera), Un millón de gotas (ganadora en 2015 del Gran Prix de Litterature Policiére), La víspera de casi todo (Premio Nadal de  Novela 2016) y Por encima de la lluvia (2017). En 2018 fue nombrado caballero de las artes y las letras de la República Francesa.

Sinopsis

La vida de Isaías volvió a empezar el día que llegó a Barcelona siendo un muchacho y dejó atrás su mundo. Después de mucho tiempo ha construido una nueva vida junto a su pareja, mientras intenta abrirse camino con un negocio de restauración de bicicletas. Todo cambia el día que recibe la visita de Enmanuel, un antiguo conocido que lo convence para que regrese a Uganda y participe en un encuentro sobre la reconciliación histórica de su país. Aceptar esa propuesta hará resurgir un pasado que Isaías creía haber dejado atrás. Se verá forzado a enfrentarse al niño que fue, mirarlo a los ojos sin concesiones y perdonarse a sí mismo, si quiere seguir adelante con su vida y no perder a su mujer, que pronto, y de la peor manera, descubrirá una terrible verdad: no siempre lo conocemos todo de aquellos a quienes amamos.

Cuando se ha llegado demasiado lejos, huir no es una opción.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Nunca había leído nada de Víctor del Árbol. Estaba al tanto de sus publicaciones, de las buenas opiniones que cada uno de sus libros iba cosechando, lo que me empujaba a comprar sus novelas con la esperanza de encontrar el momento de leerlas, así que las he ido coleccionando una detrás de otra. No fue hasta esta pasada primavera cuando por fin me sumergí en una de sus historias. Antes de los años terribles ha sido una lectura dura, quizá no las más idónea para estrenarme con el autor pero aborda un tema del que no había leído nada y debo reconocer que he aprendido mucho. 

Tras un capítulo introductorio, Antes de los años terribles sitúa al lector en 2016. En la ciudad de Barcelona, Isaías Yoweri es un joven ugandés de treinta y seis años que ha rehecho su vida, después de abandonar su país. Allí regenta un taller de bicicletas y mantiene una relación con Lucía, desde hace cuatro años y con la que tendrá un hijo en breve. La vida es tranquila hasta que reaparece un antiguo conocido, Enmanuel K, al que no ve hace veintiún años. La aparición de este compatriota trastoca toda su vida. Enmanuel es un heraldo de su pasado, un tiempo remoto del que Isaías ha estado huyendo y del que ni siquiera Lucía sabe nada. Desde este momento, el lector tendrá claro que algo esconde Isaías, algo horrible de lo que se arrepiente y se siente culpable. Enmanuel le hablará de Uganda, de la obligación de reconstruir un país, de su compromiso con su patria y por tal motivo se ha organizado un congreso en Kampala, en el que quiere que Isaías participe para contar su historia. 'El mundo necesita saber lo que hicieron', dirá el emisario pero, ¿qué pasa con lo que hicieron ellos? Los recuerdos y la culpa le muerden por dentro. ¡Éramos solo unos niños!, argumentará Enmanuel y con esta justificación convence a Isaías para que regrese, no sin antes contarle parte de la verdad a Lucia, quién emocionada por conocer el país de su pareja, lo acompañará en el viaje. Pero el regreso a Kampala solo trae terribles consecuencias. Para empezar, se tendrá que enfrentar al niño que fue y se topará de bruces con una de sus peores pesadillas. Nada es lo que parece. Todo se complica.

Con este telón de fondo, Antes de los años terribles nos hablará de los niños soldados que, secuestrados y apartados de sus familias, son convertidos en guerrilleros, en monstruos de tortura y destrucción. La novela ahonda en el LRA, el Ejército de Resistencia del Señor, liderado por Joseph Kony, uno de los asesinos y sanguinarios más perseguidos de la historia y que hoy en día se encuentra en paradero desconocido. Conoceremos cómo se forjó este comando, quiénes eran sus miembros, cuáles eran sus pretensiones y contra quiénes luchaban. Verdaderamente, toda esta parte me ha parecido tremendamente interesante y confieso que ha despertado tanto mi curiosidad que he hecho mis propias indagaciones, buscando información en Internet y preguntándome qué habrá sido de Kony. 



No obstante, debo decir que me sorprendió que Víctor del Árbol urdiera una novela con esta temática y que trasladara al lector hasta Uganda. Al ser la primera que leía del autor catalán, me había imaginado historias de otro tipo, ni mejores ni peores, sino distintas. Antes de los años terribles me ha parecido una novela dura y compleja, por la que el lector debe transitar sin prisas, asimilando los hechos que se suceden, forjando su opinión y reflexionando sobre las cuestiones que se plantean en la novela. ¿Siguen ocurriendo estas cosas? ¿Existen muchos Isaías Yoweri? Buena parte de las incógnitas que me fueron surgiendo a lo largo de la lectura fueron resueltas en la entrevista que pude hacer a Víctor allá por el mes de mayo y cuyo resultado puedes leer aquí

La novela cuenta con un abanico importante de personajes. Momentáneamente muchos de ellos eclipsarán a otros en el protagonismo pues todos tienen un peso específico en la trama y constituyen piezas claves en el desarrollo de la historia. Sin embargo, Isaías Yoweri encabezará siempre la lista de personajes. De niño lo pasó realmente mal, pues de un segundo a otro le arrebataron la infancia y lo que más quería, su familia. Con el tiempo aprendió a sobrevivir y a hacerse imprescindible pero nunca se dejó manipular totalmente. Ahora es un hombre desconfiado, con la autoestima minada y con una pésima opinión de sí mismo, lo que lo convierte en un ser vulnerable.

Junto a él estará Lucía, una mujer algo mayor que Isaías, lógica, pragmática, resolutiva y de buena familia, cuya relación con el joven ugandés ha despertado el rechazo de su familia. Lucía es una mujer europea que sabe lo justo de lo que ocurre más allá de las fronteras de su país y por eso, acompañar a Isaías a Uganda, le parece una aventura más que una terrible pesadilla. 





En cuanto a Kony, sus 'arcángeles' y el resto de personajes iremos sabiendo detalles a medida que se va desarrollando la historia. Todo lo que leas de Kony te va a llamar la atención y vas a querer saber más sobre este criminal de guerra, buscado por los servicios de inteligencia de medio centenar de países y actualmente en paradero desconocido. Aprovecho para aclarar que esta es una historia de ficción, y que todos los personajes, a excepción de Joseph Kony, han salido de la imaginación del autor. Pero, a pesar una historia inventada, hay que tener claro que Víctor del Árbol se ha inspirado en la vida de otro joven, tal y como explica en la entrevista.

Al margen de la temática, uno de las aspectos que destacaría de la novela es la ambientación. Se nota que Víctor del Árbol ha realizado una labor de documentación intensa. El autor no solo se centra en narrar los hechos sino en retratar un continente, un país, un pueblo. Diversas referencias a las distintas tribus, con sus costumbres, rituales y rivalidades trasladan al lector al continente africano. Me ha resultado también muy llamativo la correlación que se muestra en la novela entre religión y lucha armada, cómo el adiestramiento, la persecución, las matanzas,... se justifican en loor a Dios.

Y para narrar todo este entramado, el autor recurre a una estructura bífida. Por un lado, el presente de la novela abordará desde el encuentro de Isaías con Enmanuel hasta su viaje a Kampala y todo lo que allí sucede. Sin embargo, para entender los hechos que se producen en el presente, hay que conocer el pasado y para ello, Víctor del Árbol construye una historia paralela que transita por el año 1992, justo cuando el joven protagonista tenía doce años. Ese hilo argumental, al igual que el anterior, está narrado en primera persona, lo que supone un acierto porque, dado el carácter de los hechos que se relatan, se apelará al corazón del lector y el vínculo que forjemos con Isaías será intenso. Será en este bloque donde se presente la vida de Isaías y sus orígenes, describiendo a los miembros de su familia, dibujando la relación que el niño tenía con todos ellos -destacando principalmente la unión con su abuela-, la llegada de los mercenarios y todo lo que ocurrió después, de lo que mejor no desvelo nada. Diría que, para mí, ese pasado es el grueso de la novela, la parte que más me ha interesado, donde he aprendido sobre sublevaciones, milicias, raptos y secuestros. 

Sobre el estilo de Víctor del Árbol, y al ser la primera novela que leo de él, desconozco sus principales características, pero en esta ocasión, me he topado con una narración en la que abundan los pasajes descriptivos, especialmente en lo relativo a los miembros de la familia de Isaías y de Lucía. Esto, unido a que en el texto predomina la narración frente al diálogo, otorga a la novela cierta densidad por lo que considero que Antes de los años terribles hay que leerla con calma, porque algunas escenas no son fáciles de digerir y hay que asimilar ese carácter de denuncia que tiene la novela.

Tras esta lectura me apetece enfrentarme a otra novela de Víctor del Árbol. Quiero comprobar si todas tienen siempre este calado pues yo me había imaginado historias encaminadas al puro entretenimiento, sin tanta carga reflexiva y sin unos personajes tan potentes. Antes de los años terribles es una novela difícil de olvidar, por su temática, por su complejidad, en la que cuestiones como el dinero, el misticismo, la religión, los intereses, la brujería,... se mezclan con el deseo de olvidar, con el anhelo de reconstruir lo que otros han roto y con el sueño de superar un terrible pasado. 




[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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viernes, 13 de septiembre de 2019

LA ISLA DE LAS ÚLTIMAS VOCES de Mikel Santiago

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Editorial: Ediciones B.
Fecha publicación: septiembre, 2018. 
Precio: 20,90 € 
Género: Thriller. 
Nº Páginas: 560 
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubiertas. 
ISBN: 9788466664080 
[Disponible en eBook; 
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Autor

Mikel Santiago nació en Portugalete (Vizcaya) en 1975. Comenzó escribiendo relatos y novelas cortas, y publicando sus propios e-books en internet, con lo que consiguió llegar a la lista de best sellers de iTunes, Amazon y Barnes & Noble. Ha vivido en Irlanda y en Ámsterdam. Actualmente reside en Bilbao.

Ha publicado las novelas La última noche de Tremore Beach (2014), El mal camino (2015) y El extraño verano de Tom Harvey (2017) en Ediciones B. Todas ellas han escalado hasta los primeros puestos en las listas de best sellers en España y han sido publicadas en una veintena de países. Sus obras han conquistado tanto a los lectores como a la crítica internacional. 

Sinopsis

Una isla perdida en el Mar del Norte.

El temporal se cierne sobre St. Kilda y casi todos han huido en el último ferry. No quedan en la isla más de cincuenta personas, entre ellos Carmen, una mujer española que trabaja en el pequeño hotel local, y un puñado de pescadores. Serán ellos quienes encuentren un misterioso contenedor metálico junto a los acantilados.

Una extraña caja traía por las olas.

A través de unos personajes llenos de matices y secretos, atrapados en el corazón de la tormenta, Mikel Santiago nos plantea la pregunta que sobrevuela cada página de la novela...

¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para sobrevivir?

Mikel Santiago vuelve a las librerías para atrapar al lector como solo consiguen los grandes maestros del thriller.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Me declaré fan de Mikel Santiago nada más terminar de leer La última noche de Tremore Beach. Luego llegó El mal camino con la que también disfruté muchísimo y para cuando publicó El extraño verano de Tom Harvey ni se me pasó por la cabeza no leerla. Así que, podéis imaginar que celebré con mucho júbilo la publicación de su última novela, La isla de las últimas voces, publicada hace un año pero que no he podido leer hasta ahora. Ahí van mis impresiones.

Las primeras páginas de esta novela colocan al lector en el interior de un avión. No es un vuelo comercial sino más bien parece una aeronave militar. En plena tormenta, soldados, científicos y tipos trajeados se dirigen a un destino desconocido, transportando un extraño contenedor, una caja de la que pocos pasajeros saben qué contiene en su interior ni para qué sirve pero que parece totalmente hermética y con un sistema de seguridad inquebrantable. Se trata de una misión secreta pero el mal tiempo se recrudece y el avión cae empicado a las gélidas aguas del Mar del Norte. Solamente habrá un superviviente, Dave Dupree, protagonista y narrador en primera persona de unos de los dos hilos narrativos. El soldado consigue llegar a duras penas a la isla escocesa de St. Kilda, un recóndito lugar del Atlántico Norte, la parte más aislada de las Islas británicas, donde se iniciará su calvario. Pero no será el único superviviente. La caja también será rescatada del naufragio.

Y precisamente en St. Kilda arranca el segundo hilo narrativo de la novela, protagonizado principalmente por Carmen, una mujer española que llegó a ese apartado lugar huyendo de un pasado que la atormenta. Alrededor de su personaje flota una nube de intriga pues en ningún momento se nos desvela de manera directa lo que le ha sucedido aunque intuimos que es algo tan doloroso que le impedirá abrirse de nuevo al amor y la arrastrará hasta un lugar remoto para poder olvidarlo todo. Allí encontrará trabajo en un pequeño hotel, bajo las órdenes de su propietaria, Amelia Doyle, una mujer septuagenaria, encantadora que la cuidará y la protegerá. 

La isla de las últimas voces cuenta con una variado elenco de personajes. Al margen de los mencionados hasta ahora, también conoceremos a Charlie Lomax, un empleado gubernamental encargado de analizar las devastadoras consecuencias que los temporales producen en la isla y de gestionar las reclamaciones por los daños en la flota pesquera; Didi, encargada del café del pueblo e íntima amiga de Carmen; Keith Nolan, el alguacil del pueblo; Gareth Lowry, jefe del consejo local; Lorna Lusk, Theresa Sheeran y otros aldeanos que conforman una congregación religiosa y fanática; y un grupo de vecinos problemáticos como Tom McGrady y el senegalés Ngar.

Y casi otro personaje más sería la propia caja que ejerce una influencia poderosa en todos los habitantes de la isla, sacando a la luz los secretos de cada uno y también la parte más oscura de todos ellos. La caja es el vehículo que permite analizar la ambición humana y plantearnos una pregunta: ¿somos capaces de jugar con nuestras propias vidas con tal de conseguir un hipotético tesoro? ¿Hasta dónde somos capaces de llegar por avaricia? Esta pregunta divide a los escasos habitantes de la isla en dos grupos claramente diferenciados. Los que apuestan por abrir la caja con la esperanza de encontrar en su interior algo de valor que los saque de la ruina y los que creen que es mejor devolver la caja a sus verdaderos propietarios y allá ellos con lo que el contenedor albergue en su interior. Y así se origina una batalla entre un grupo y otro. 

Como suele ser habitual en las novelas de Santiago, los personajes están bien perfilados y a todos ellos se les atribuye una serie de motivaciones que afectan en gran medida al desarrollo de los hechos. Dave y Carmen, como los protagonistas indiscutibles son a los que más atención se presta pero el autor también se detiene en describir a otros como Lomax, Didi o Amelia, especialmente cuando caen bajo el embrujo de la caja. El lector podrá de este modo empatizar con algunos de ellos y entender su comportamiento.

Así pues, toda la trama gira alrededor de esa misteriosa caja y lo que alberga en su interior, sobre las disputas que se originan entre los que quieren abrirla y los que quieren devolverla a sus propietarios y como apéndice, también se desarrollará una pequeña historia de amor que equilibra la tensión, la intriga y el suspense del hilo principal. Ahora bien, debo admitir que La isla de las últimas voces me ha resultado algo más floja que las anteriores del autor. Me ha parecido una lectura entretenida pero en ningún momento en sentido ese nivel de adicción que esperaba o que me asaltó en sus publicaciones previas. Creo que el problema radica en la repetición de ciertos recursos, el hecho de que se desate una tormenta de dimensiones colosales que aísle a los habitantes de la isla, que muchos personajes se vean acosados por terribles pesadillas y alucinaciones, los hechos sobrenaturales,... son elementos que ya vimos en La última noche de Tremore Beach  y en ese sentido a mí me ha parecido que volvía a leer lo mismo. Añado también que el desenlace no me ha resultado convincente. Alrededor de la caja me han seguido quedando incógnitas y hubiera deseado una resolución más elaborada.

Otra cosa distinta es la ambientación. En este punto creo que Mikel Santiago juega su mejor baza. Suele ser muy habilidoso a la hora de recrear escenarios y describirlos con la precisión justa para que el lector se sienta dentro de la historia. Verdaderamente uno puede verse asomándose a los acantilados de la isla o transitando por las calles de la localidad. La narrativa de Santiago suele ser muy visual y eso es siempre un punto a favor. 

Como digo La isla de las últimas voces cuenta con dos hilos narrativos y también con dos voces. Será el propio Dave el que nos cuente de primera mano todo lo que le acontece, frente a un narrador en tercera persona encargado de relatarnos las vivencias de Carmen y el resto de habitantes de St. Kilda. Tanto en una parte como en la otra, el estilo narrativo me ha parecido natural, muy desenfadado, concediendo mucha libertad a los personajes para mostrarse tal y como son y para expresarse a sus anchas.

Estructurada en nueve partes, los capítulos son de corta extensión y cuentan con tanta acción -en algunos capítulos tan bien narrada- que esto, unido a los diálogos, consigue que la lectura fluya a gran velocidad. 

En definitiva, La isla de las últimas voces me ha parecido una lectura entretenida aunque esperaba algo más de la lectura porque no terminado de conectar totalmente con la historia ni me ha parecido tan adictiva. Reconozco que sus anteriores trabajos me engancharon más pero aún así, y teniendo en cuenta que hay opiniones mucho más positivas y más entusiastas que la mía, considero que el lector debería darle una oportunidad.

Dejo por aquí el booktrailer.











 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 12 de septiembre de 2019

MANUEL JABOIS: 'En esta novela no se habla en términos sexuales sino en términos afectivos, muy parecidos al amor'

Hoy regreso a los encuentros, a las charlas con escritores, a esos momentos en los que yo, indudablemente, siempre salgo ganando porque hay gente apasionante y apasionada por el mundo, hombres y mujeres que plasman en lo que escriben lo mejor de sí mismos, esencias de la que siempre extraigo grandes lecciones. 

Hoy vengo a hablaros de Manuel Jabois. Gallego y periodista casi desde el destete, Jabois se lanza de nuevo al mundo literario tras muchos años de aquella A estación violenta, que publicó en gallego en 2008. Y en esta ocasión, nos presenta una historia vista por los ojos de un niño, un relato de descubrimientos. Tambu, su protagonista de tan solo diez años, llevará al lector de la mano para experimentar con él ese paso hacia delante, para cruzar hacia la adolescencia dejando atrás una etapa iniciática. Con múltiples personajes, nuestro protagonista analizará con sus ojos de niño todo lo que ocurra a su alrededor, todo el totum revolutum emocional que bulle en su interior. Hoy hablamos de Malaherba, una novela impregnada de ternura. 


Marisa G.- Manuel, todo el mundo habla de 'Malaherba' como tu primera novela y no es así. Hay otra anterior, 'A estación violenta', que incluso se llevó al cine con buena crítica.

Manuel J.- Sí, la película tuvo un recorrido muy interesante en el cine independiente. Para mí, la novela cuenta con un contratiempo muy grande y es que la escribí hace mucho tiempo, cuando escribía de una forma muy distinta a como escribo ahora. No es que ahora escriba mejor que entonces pero sí lo hago con otro estilo.

M.G.- Has madurado desde entonces, ¿no?

M.J.- Bueno,  hay gente que cambia de ideología. Yo he cambiado de estilo y de creencias estilísticas, por así decirlo. Hoy me gusta llamar a las cosas por su nombre y entonces no era así. Pero claro, es mi primera novela y evidentemente, aunque fuera escrita en otra época, le tengo mucho cariño. La escribí originalmente en gallego y creo que quedó mejor que luego su traducción al castellano.

M.G.- De todos modos, cuando un periodista se enfrenta a la novela tiene que cambiar el chip, adoptar técnicas y recursos diferentes. En tu caso, ¿cómo ha sido esa transición de un género a otro?

M.J.- Soy periodista local y a veces he tenido que cambiar de registro cada quince minutos. De escribir una adjudicación de un alcantarillado, a cubrir una boda de alta sociedad o a meterme luego en un suceso. Eso es lo que se hace en el periodismo local y estoy muy acostumbrado a cambiar de tono, a saber a qué lector me tengo que dirigir. Ahora bien, a lo que no estaba acostumbrado es a que se me ocurrieran cosas. En periodismo no se te tiene que ocurrir nada, basta con recurrir a tus notas. En las columnas de opinión hay que conectar ideas pero nunca puedes mentir ni fabular. Eso solo se hace en novela y en este sentido sí ha sido muy diferente, pero me ha dado una libertad muy grande. He sido muy feliz escribiendo este libro. Solo tenía que recordar un poco mi infancia, recordar el ambiente de entonces y a partir de ahí, levantar de la nada a dos familias, ponerlas en acción. Ha sido muy divertido.

M.G.- ¿Podríamos decir entonces que en esta novela hay parte de tu infancia?

M.J.- Hay muchos recuerdos de infancia pero muy manipulados, muy tergiversados. La idea de la novela surge cuando me planteo la atracción que puede sentir un niño por otra persona, ya sea de su mismo sexo o no. No me refiero a atracción sexual, sino amorosa o pseudo-amorosa. Se da por hecho que, hasta que no tienes dieciséis años, no puedes ser gay. No creo que sea así y tampoco hay que alarmarse por ello. El amor es maravilloso, siempre lo es, y lo que se debe inculcar es que esos sentimientos existen y son normales, que los niños no se encuentren en el páramo en el que se encontraron los niños en los 80 o los 90.

M.G.- Hablas de la homosexualidad pero también abordas otros muchos temas de peso como la muerte, la enfermedad, la violencia,... 

M.J.- Hablo de un montón de cosas sin nombrarlas. Estos dos niños no tienen por qué ser homosexuales, sino pueden ser dos niños que estén probando y experimentando, sin más. Se gustan pero puede ocurrir que dentro de unos años descubran que su sexualidad es otra. Desde luego este es el enfoque desde el que partí, un enfoque que cambia a la mitad del libro porque Tambu lo decide así. 

En la novela pasan muchas cosas pero el niño no les pone nombre porque, ni siquiera conoce qué nombre tiene lo que le pasa, lo que siente. En esta novela no se habla en términos sexuales sino en términos afectivos, muy parecidos al amor.

M.G.- También la amistad es una cuestión muy potente. Esa unión que surge entre Tambu y su amigo Elvis es muy fuerte. Parece que las amistades en esas edades perduran mucho en el tiempo aunque se distancien, son muy sólidas. No sé si te ha ocurrido algo así.

M.J.- Sí, me ha pasado. Soy de Pontevedra, una ciudad pequeña, y la mayoría de mis amigos son del colegio y del instituto. Este libro seguramente nace también porque hay una gran memoria histórica entre nosotros. Es muy interesante lo que mencionas porque el primer amigo es algo inolvidable. Es la primera vez que un tío te defiende, hace cosas por ti, quiere que le pase el mal a él en vez de a ti. Es como el amor, y al igual que en el primer amor, la traición es muy dolorosa. En general, esas amistades de infancia son tremendamente valiosas. 



M.G.- Cuando hablamos de niños, un asunto que me parece interesante es la maldad. Creo que, en muchas ocasiones, camuflamos la crueldad con la inocencia porque no queremos reconocer que los niños pueden ser malvados.

M.J.- Crueldad hay mucha. Una cosa es hacer una trastada, una gamberrada, gastar una broma pesada a un niño en clase, que está mal, y otra cosa es repetir la misma broma hasta la saciedad. A ojos de un adulto esto es crueldad pero a ojos del otro niño, de la víctima, es un maltrato psíquico y físico que te puede acarrear muchas más cosas. Claro que eso es crueldad, crueldad en niños que tienen que ser tratados por un psiquiatra. Pero pienso que un niño muchas veces no sabe dónde está la frontera entre travesura y crueldad. El propio Tambu lo dice, ¿no? Una cosa es ser malo y otra es ser cruel. Es imposible no ser malo alguna vez, no por joder a alguien sino por las risas en general. Pero otra cosa muy distinta es ser cruel. Como también dice Tambu, hay personas que no pueden irse a la cama sin saber que hay alguien que está llorando por su culpa. Hay gente que hace cosas horribles  sin motivos.

M.G.- Me ha gustado mucho cómo recreas el mundo infantil. Creo que es complicado, desde nuestra posición de adultos, meterse en la piel de un niño. ¿Cómo lo has trabajado?

M.J.- Poco, desgraciadamente. Mis padres han mostrado mucha preocupación al comprobar mi capacidad insólita para meterme en la piel de un niño pero me lo he pasado muy bien, realmente bien. Y no es una historia llena de muchas luces. Como sabes, tú que lo has leído, hay luces y sombras pero está relatada con sentido del humor y con la suficiente ternura como para que se note que el autor ha disfrutado escribiéndola. No me ha costado mucho. Ha sido una primera persona muy cómoda.

M.G.- ¿Quizá el hecho de tener un hijo pequeño te ha ayudado?

M.J.- No, no porque es muy pequeño. Lo pensé pero cuando yo escribí esta historia mi hijo tenía seis años, demasiado pequeño. Además, un niño de seis años o de diez, del año 2019 no es igual que uno del año 1991. Hay mucha diferencia en el tiempo. 

M.G.- 'Malaherba', vocablo gallego, es un título muy interesante. Bajo mi punto de vista, es muy metafórico porque te haces una idea inicial sobre qué o quién hay detrás y terminas con una idea totalmente diferente.

M.J.- Sí, es un poco el objetivo. Es un personaje pero al fin y al cabo, termina siendo como una atmósfera casi familiar, no del todo negativa. Hay momentos en los que el precario equilibrio de la familia de Tambu se tambalea pero, como se dice en la novela, 'mala herba nunca morre' y el niño se adhiere a ese dicho. 

M.G.- Antes has comentado que cuentas muchas cosas sin mencionarlas explícitamente. Quizá lo más evidente, en este sentido, es el lugar en el que se encuentra Tambu, el lugar desde el que se escribe la historia. Propones al lector un juego de elucubraciones.

M.J.- Sí, tengo mucha confianza en mis lectores. Los trato como adultos muy inteligentes. También tengo mucha confianza en todas las pistas que el niño va dando a lo largo de la novela. Creo que la mirada del niño es muy interesante porque relata un mundo perdido, un mundo que se ha extinguido y no por la desaparición de los personajes sino por la desaparición de su propio tiempo. Cuando hablo de mis veinte años, tengo a toda la gente de aquella época a mi lado, pero esos veinte años ya no están, no existen, se han perdido. Ya no tenemos veinte, tenemos cuarenta. Creo que Tambu contaría la misma historia aunque estuviera en otro lugar.

M.G.- Manuel quiero terminar esta entrevista hablando del principio de la novela, con esa frase tan poderosa. ¿Este arranque responde a la concepción que tienes de cómo debería ser una buena novela, atrapando al lector desde el minuto cero en vez de ganárselo poco a poco?

M.J.- Supongo que es fruto de mi inseguridad. Soy periodista y de repente publico una novela. Tengo una sensación, quizá falsa, de que la paciencia se puede acabar rápido. Bueno, la paciencia siempre se acaba muy rápido, en los artículos, en los reportajes, en las crónicas, en las entrevistas y en las novelas de quien sea, salvo que tengas un crédito ilimitado. Si abres una novela de Philip Roth,  pues es que es Roth. Pero si hablas de la novela de un desconocido, y yo como novelista lo soy, el lector lo mismo no tiene tanta paciencia, y menos si dedico veinte páginas a descripciones. Preferí atrapar la atención del lector desde el primer momento porque además eleva el grado de exigencia. Lo que venga después de ese inicio fuerte, tiene que estar a la altura y los tres últimos capítulos tienen que ser una traca aún más poderosa.

La primera frase apareció antes que el título, antes que la novela, antes que el propio Tambu. La primera frase fue el inicio de todo. 

M.G.- Manuel, no te robo más tiempo. Me ha gustado mucho conocer a Tambu, a Elvis, a Rebe y a todos los personajes de 'Malaherba'. Te deseo mucha suerte.

M.J.- Muchas gracias. 



Sinopsis: 

La primera vez que papá murió todos pensamos que estaba fingiendo". Así empieza Malaherba, la nueva novela de Manuel Jabois. Un día Mr. Tamburino, Tambu, un niño de diez años, se encuentra a su padre tirado en la habitación y conoce a Elvis, un nuevo compañero de su clase. Descubrirá por primera vez el amor y la muerte, pero no de la forma que él cree. Y los dos, Tambu y Elvis, vivirán juntos los últimos días de la niñez, esos en los que te pueden prohibir saber, pero no te pueden prohibir intuir.

Dos niños viven una extraña y solitaria historia de amor. Un libro sobre las cosas terribles que se hacen con cariño, escrito con humor y una prosa rápida que avanza llevando a Tambu y a su hermana Rebe, a Claudia y su hermano Elvis, a la frontera de un mundo nuevo.

[Puedes empezar a leer aquí]



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