miércoles, 24 de febrero de 2021

EL VERANO QUE VIVIMOS (ROMANCE - 2020)

Año: 2020

Nacionalidad: España

Director: Carlos Sedes

Reparto: Javier Rey, Blanca Suárez, Pablo Molinero, Guiomar Puerta, Carlos Cuevas, Adelfa Calvo, Manuel Morón, María Pedraza, Moreno Borja, Mercedes Sampietro, Joaquín Núñez, Pedro Rudolphi, Paloma Reynaud, Antonio Durán, Alfonso Agra

Género: Romance. Drama.

Sinopsis: Año 1998. Isabel, estudiante de periodismo, se ve obligada a realizar sus prácticas en el diario de un pequeño pueblo costero gallego para terminar la carrera. Al llegar, quiere empezar cuanto antes a investigar, a demostrar todo lo que ha aprendido para convertirse en una auténtica periodista. Pero el puesto que le asignan es el último que ella esperaba: la escritura y gestión de las esquelas que llegan a la redacción. Pero esto, que podría parecer en principio algo aburrido, se convierte en la puerta a una investigación que la llevará por diferentes puntos de la geografía española en busca de una historia de amor imposible.

[Fuente: Filmaffinity]


Un poco de dulce de vez en cuando no viene mal. Eso es lo primero que pienso cuando termino de ver El verano que vivimos, del director Carlos Cedes, un nombre que está detrás de series televisivas, tan conocidas como Alta mar (2019), Fariña (2018), Las chicas del cable (2017) o Velvet (2013), por mencionar algunas. 

El verano que vivimos es otro de los largometrajes nominados para los Goya. De dieciocho candidaturas solo ha pasado a dos nominaciones, ambas relaciones con el apartado musical: Mejor Música Original y Mejor Canción Original. Hablaremos luego de esto. 

Estamos ante una película que narra la historia de amor entre Lucía y Gonzalo. La trama se divide en dos hilos temporales. En el presente (año 1998), una joven periodista de nombre Isabel Guirao es enviada a Galicia, concretamente a Cantaloa, localidad ficticia, y a su periódico El Faro de Cantaloa, para realizar las prácticas. La redacción es un lugar mustio y desangelado, donde difícilmente se podrá encontrar el frenético ritmo de un periódico. Nada más llegar le encargan hacerse cargo de los obituarios, de la redacción de esquelas. Al principio, la tarea le resulta tediosa, poco provechosa para justificar con las prácticas la obtención del título. Sin embargo, a la redacción llegará una carta sin remite, una esquela en forma de diario, dirigida a una tal Lucía. Por lo que la joven puede averiguar del redactor jefe, esas cartas llevan llegando desde hace diez años, siempre sin remite, siempre con palabras dulces dirigidas a Lucía y firmadas con las iniciales G.M. El personal del periódico piensa que se trata de un chiflado y, hasta ahora, únicamente se han limitado a publicar esas palabras cada quince de septiembre. Sin embargo, Isabel se siente intrigada. Cree que esa historia merece la pena ser investigada, y averiguar quién es G.M. y quién es Lucía. Así, empezará estudiando minuciosamente cada carta, los detalles, las referencias. Conseguirá descubrir dónde podía vivir el emisor de aquellas palabras tan románticas y, por un golpe de suerte, consigue localizar a Carlos. ¿Quién es este personaje? ¿Y qué aventura vivirá con él? Ahí lo dejo. 

Por otro lado, el segundo hilo temporal lo proporciona la lectura de las propias cartas que llegan a la redacción. A modo de flashbacks y a través de esas palabras anónimas, el espectador viajará en el tiempo y en el espacio. Concretamente, la trama se traslada al año 1958 y se sitúa en Jerez de la Frontera (Cádiz). Hasta allí llega Gonzalo Medina (Javier Rey), un joven arquitecto que ha sido reclamado por su amigo Hernán Ibáñez (Pablo Molinero) para la construcción de una bodega. Los Ibañez son una familia viticultora muy importante de la zona. Llevan elaborando vinos desde hace varias décadas y sus caldos tienen mucha fama. Hernán es la tercera generación de bodegueros, que sueña con llevar su producto a cualquier lugar del planeta. En su empeño por prosperar, el amor se cruza en su camino. Las dos grandes familias viticultoras de Jerez deciden unir sus lazos, a través del enlace matrimonial entre Hernán Ibáñez y Lucía Vega (Blanca Suárez), una bellísima muchacha de la que Gonzalo queda absolutamente enamorado, a la vez que Lucía siente un deseo irrefrenable por un hombre que ha vivido y viajado tanto. Pero se trata de un amor que solo traerá desgracias. ¿Qué pasará entre ellos? ¿Romperá Lucía su compromiso con Hernán?

Los dos hilos temporales se van alternando en una narración que, por un lado, nos descubre la tórrida relación amorosa que vivieron Gonzalo y Lucía. Por otro, el viaje que emprende Isabel junto a Carlos, tras la pista del tal G.M. y su amada Lucía. El verano que vivimos es una historia amable, en la que el amor lo invade todo. Si te quedas únicamente con la parte romántica, la película es bonita, entrañable, emotiva, muy al estilo de El diario de Noa de Nicholas Spark. Pero, si te paras a pensar un poco, enseguida descubres que el guion tiene lagunas. Por ejemplo, toda publicación en un periódico implica una contraprestación. En el caso de esas cartas que llevan diez años llegando a El Faro de Cantaloa, ¿quién paga las publicaciones? Es muy difícil que se realice un pago sin conocer el nombre del emisor del mismo, por lo tanto, el supuesto anonimato queda al descubierto. 

A eso hay que añadir que, en el pasado ocurre un par de tragedias y muertes. A ver cómo lo explico para no hacer mucho spoiler. Cuando alguien muere de manera trágica, lo normal es encontrar el cadáver o restos del mismo, y hacer un funeral. Bueno pues, en la película se da por hecho que alguien muere y ya está. No hay cadáver, ni funeral ni entierro, no hay nada de nada. Siempre lo digo cuando critico cuestiones como estas en películas o novelas, llamadme puntillosa pero este punto del guion no me cuadra. 

Por otro lado, el hilo que se desarrolla en el presente tiene poco sustento. Isabel es una periodista en prácticas pero, no ha puesto un pie en la redacción, cuando de repente decide emprender un viaje en busca de la noticia. Y no viajará sola, sino que la acompañará Carlos, un joven que tiene mucha vinculación con los sucesos del pasado. No se conocen absolutamente de nada y Carlos lo deja todo, de la noche a la mañana, para irse de viaje con Isabel. No sé, esta parte no me ha convencido mucho. Especialmente en su desenlace, que se me queda muy descafeinado. En cuanto al cierre de la historia amorosa, sí me ha parecido bonito, con la pega que comentaba antes, el hecho de que alguien muera sin consecuencias posteriores.

Y un detalle curioso. La película está basada en hechos reales. En un principio, pensé que se trataba de un filme inspirado en una novela. Tenía toda la pinta. Sin embargo, leo que la historia surge cuando el director encuentra unas esquelas en un periódico. En sensacine dicen: «Durante más de 20 años y cada 21 de marzo, José Luis Casaus enviaba a El País una esquela. Estas estaban dirigidas a su mujer Elena Lupiañez Salanova, quien falleció en 1994 de un cáncer de pulmón. En ellas, Casaus contaba a “Elenita” cómo le iba la vida y la de sus hijos. En 2019, como publicó Verne, decidió dejar de hacerlo». Puedes leer el artículo completo aquí.

¿Cómo son los personajes? Gonzalo es un hombre de mundo. Arquitecto de profesión, dejó su casa siendo muy joven para viajar a los lugares donde la arquitectura muestra su grandiosidad. Su deseo es dejar su impronta en este mundo, dejar su huella a través de sus edificaciones, que estarán en pie durante siglos. Ha visto cosas maravillosas en sus estancias en París y Roma, pero nada es comparable a lo que ve, vive y siente en Jerez. Esa tierra, ese estilo de vida, el aire, los aromas, y los sabores junto a Lucía, terminan por seducirlo. 

En cuanto a Lucía, es una joven andaluza, hija única de la familia Vega. Pero no es la típica señorita andaluza de familia bien. Hernán tampoco lo es. Ambos son hijos de la tierra, saben que lo que hoy tienen es fruto del esfuerzo y del trabajo, y son los primeros en arremangarse para echar una mano. Por eso, veremos siempre a Lucía en ropa de trabajo, con el pelo recogido y las manos manchadas. Y cuando se case con Hernán, su vida seguirá siendo la misma, trabajo y esfuerzo, por lo menos hasta que lleguen los hijos. Aunque parece muy enamorada y feliz con Hernán, terminará entendiendo que su matrimonio no es más que una transacción comercial, en lugar de un amor nacido de forma natural entre los jóvenes.

En el reparto, nombres andaluces como Adelfa Calvo, Joaquín Núñez, María Espejo y Manuel Morón. Pero lo difícil es que una madrileña como Blanca Suárez, o un valenciano como Pablo Molinero suenen a gaditanos. Me temía lo peor. Es muy habitual que cuando un actor que no es andaluz tiene que imitar nuestro acento, el resultado sea un auténtico desastre lleno de exageraciones y expresiones que no calzan. Y no sé cómo lo habrán hecho pero me ha gustado Blanca Suárez. Le aplaudo la suavidad con la que se desliza por nuestro sibilante acento. Sin embargo, resulta paradójico que otros actores de esta tierra sobrecarguen su acento cuando no habría necesidad de ello. 

No me extraña que, entre sus nominaciones figure el apartado musical. Su banda sonora recuerda a la de las grandes producciones, nostálgica y melódica. El responsable de estas melodías llenas de emoción es Federico Jusid. Me parecen un complemento perfecto para ver a los personajes paseando entre viñedos, o sumergidos en su amor, sobre las arenas de Trafalgar.  Cierra la película en créditos el tema El verano que vivimos, cantado por el mismísimo Alejandro Sanz, nominada a Mejor Canción Original. 




Las localizaciones nos llevan a Ferrol y a algunas ciudades más, aunque la parte principal, la historia de amor entre Gonzalo y Lucía, se sitúa principalmente en Jerez de la Frontera, con esas amplias extensiones de viñedos, sus casas señoriales, sus bodegas y esas playas gaditanas en las que cada año tienen lugar las famosas carreras de caballo. Impresiona las secuencias rodadas en el Faro de Trafalgar, hierático y solitario. Ahora bien, no todo en esta película es Cádiz, con esa luz tan maravillosa que queda atrapada en cada fotograma. El verano que vivimos también traslada la historia de amor de los jóvenes a un entorno de marismas que, si conoces bien Andalucía, adivinarás que corresponde a la zona de Huelva. En cualquier caso, la fotografía de esta película es preciosa, espectacular. He comentado la luz tan bella que tienen algunas secuencias, esos atardeceres infinitos en el los que todo se tiñe de una pátina dorada, como el mejor fino de Jerez. Incluso podemos llegar a percibir el olor a mar o de la uva Palomino, o el sabor del palo cortao.

En definitiva, El verano que vivimos es una preciosa historia de amor y venganza, un amor desbordado, incontrolable y eterno, que se mantiene vivo a lo largo de 40 años, a través de unos obituarios en forma de cartas de amor. Si te gusta el género romántico, vas a disfrutar mucho la historia. A mí me hizo pasar un par de horas muy entretenida, y disfruté no solo de la trama, sino también de los escenarios, la fotografía y la música. Ah, y me reí mucho con un guiño que se le hace a las rencillas entre los residentes de El cuervo y Trebujena, dos localidades de Cádiz. Cosillas que solo los de aquí vamos a llegar a entender. 

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Tráiler:





martes, 23 de febrero de 2021

JOSÉ ANTONIO LUCERO: ❝La vida en un minuto es la historia de varios viajes❞

Cuánto juego da la guerra civil española y la posguerra en literatura. Qué entrañable e interesante es leer sobre familias, secretos y amores. Un poquito de todo esto es lo que tiene La vida en un minuto de José Antonio Lucero, primera novela del autor roteño, bajo sello editorial, una novela que parte de un suceso trágico, ocurrido el 4 de enero de 1944. En tierras leonesas, a la altura de Torre del Bierzo, aquel día tuvo lugar un accidente ferroviario que involucró a tres máquinas, y donde fallecieron más de cincuenta personas. Partiendo de este suceso, Lucero se adentra en una época de la historia de España, llena de hambre y miseria. A través de estas páginas, conoceremos a una familia sefardí afincada en León, nos asomaremos a los tiempos de guerrilla en los montes, viviremos en el Parque Oeste de Madrid, donde la gente se refugia en antiguas construcciones de guerra, y conoceremos a una joven de familia bien y con inquietudes que, bajo ningún concepto, quiere convertirse únicamente en esposa y madre.

La vida en un minuto ha sido una lectura bonita y emotiva, pero antes de hablaros con detalle de esta historia, os dejo con la entrevista a su autor. 

Marisa G.- José Antonio, La vida en un minuto supone tu debut literario pero, según cuentas en las páginas finales, llevas escribiendo desde bien pequeño.

José A. L.- Sí, soy gran aficionado a la escritura desde niño. La gran pretensión de mi vida siempre ha sido publicar con un gran grupo, tener una novela en el mercado literario, verla en las estanterías de las librerías. Es cierto que auto-publiqué una novela en 2012, que se vendió a nivel local y que no traspasó fronteras. Pero con esta novela es con la que he conseguido mi sueño.

M.G.- De todos modos, lo intentaste al presentar la novela al Premio Ateneo Joven de Sevilla, en 2018, bajo el título La llave de Navit. Te quedaste muy cerquita porque la quedó entre los tres finalistas.

J.A.L.- Eso es. La novela fue finalista y eso me ayudó a la alcanzar las metas que tenía en mente. Fue entonces cuando firmé un contrato de representación con Sandra Bruna y luego, el contrato con Ediciones B llegó a los pocos meses. Después de haber dado muchas vueltas, lo que aceleró todo el proceso fue quedar finalista en aquel premio.

M.G.- ¿Y hay mucha diferencia entre aquella novela que presentaste al premio y la que vemos hoy publicada bajo el sello de Ediciones B?

J.A.L.- Bueno, el manuscrito se revisó pero, en esencia, no ha cambiado prácticamente nada. Sí hay escenas que han ganado más peso o personajes a los que se le ha dado otro toque, pero poco más. Es verdad que, cuando la presenté al Premio Ateneo de Sevilla, ya tenía un bagaje previo importante, porque incluso la había trabajado con un corrector editorial, Daniel Heredia. Él hizo un trabajo exquisito.

M.G.- La vida en un minuto arranca con la noticia de un accidente ferroviario en la línea Madrid-La Coruña, en enero de 1944. Se trata de un accidente real.

J.A.L.- Exacto. He jugado con la historia de este accidente de tren, un hecho que es la primera vez que se cuenta en literatura. Cuando conocí la historia de este accidente, descubrí que se había publicado muy poco sobre este suceso. Me propuse hacer un exhaustivo desarrollo, casi periodístico, centrándome en lo que sucedió realmente, y en los personajes que intervinieron. Esto lo he combinado con la historia de amor entre los personajes principales, Daniel y Julita.

M.G.- Es verdad que retratas el accidente con muchísimo detalle y enseguida nos damos cuenta que te has tenido que empapar, no solo de lo que ocurrió, sino también de cómo funcionaban los trenes de la época, los trayectos, los requisitos para trabajar, por ejemplo, como fogonero,... Es decir, que te has aprendido el Reglamento de la Compañía Ferroviaria.

J.A.L.- Soy historiador y siempre me ha parecido precioso el proceso de documentación de una novela histórica. Hay que leer mucho, hablar con muchas personas, consultar documentos en hemerotecas,... Lo normal en estos casos.

M.G.- ¿Y cómo te enteras de la noticia de este accidente?

J.A.L.- Fue pura casualidad. En el año 2013, estaba estudiando el último año de la carrera en la Complutense de Madrid. Recuerdo que estaba estudiando sobre la posguerra en España, cuando leí sobre este accidente. Como me llamó tanto la atención, empecé a indagar algo más y pensé que estaría bien construir una historia de ficción, alrededor de este accidente. Empecé a escribir y el primer borrador lo tuve terminado en 2017.

M.G.- La trama se construye sobre dos o tres líneas argumentales, que luego confluyen y se entremezclan. Para los que no la hayan leído, cuéntanos un poco qué vamos a encontrar.

J.A.L.- La vida en un minuto es la historia de varios viajes. Primero ese viaje del correo-expreso que parte de Madrid el día 2 de enero de 1944 y que termina accidentado en los montes del Bierzo, en León. Como he dicho antes, intento contar ese suceso histórico no tratado en literatura, hasta ahora. Pero en esta novela, he intentado reflejar también el viaje de dos personajes anónimos -Daniel y Julia-, que viven en una España compleja, llena de aristas, de posguerra con mucha hambre y represión. Estos dos personajes son muy distintos entre sí. Ambos tomarán ese tren para iniciar un viaje de transformación en sus propias vidas. Daniel hace un viaje de vuelta a su pasado, mientras que Julita hace un viaje de trasgresión. Ellos serán los dos grandes personajes con los que intento articular esta historia y contar cómo la vida puede cambiar en cuestión de segundos. De ahí el guiño del título.

M.G.- Es una novela histórica pero con un componente amoroso importante. Para los que les guste lo romántico, también van a disfrutar con esta lectura.

J.A.L.- Sí, porque aquí tienen cabida muchos géneros. Incluso hay un poco de thriller con el misterio del pasado de Daniel. Pero sí, hay una historia romántica, pero muy sutil, porque el amor se va construyendo a medida que ese tren se va acercando al desastre.  He tratado de escribir una historia muy emocional.

M.G.- Centrándonos en los personajes principales, tenemos a Daniel, un joven sefardí cuya familia huyó de Grecia y se asentó en León. Allí se hicieron pastores. ¿Por qué sefardíes y pastores?

J.A.L.- Debido a un edicto que se firmó en la dictadura de Primo de Rivera, muchos serfardíes volvieron a España, así que no era tan raro que en los años 20 del siglo XX, hubiera muchas familias serfardíes en nuestro país, que compraron tierras, propiedades y se dedicaron al pastoreo. Este es un tema que a mí siempre me llamó la atención, y por eso decidí que la familia de Daniel fuera una de aquellas que regresaron a nuestro país. Mi pretensión ha sido hacer ver que, tanto Daniel como su familia, se sentían extraños en una España que, de pronto, se parte en dos con la guerra civil, y ellos se quedan en medio. 

M.G.- Julita es el personaje femenino por excelencia. Es una mujer que no está hecha para ese tiempo, es decir, ella no se quiere amoldar a lo que se espera de ella. De hecho, estudia en la universidad, cosa que no está muy bien vista, ni siquiera por su familia.

J.A.L.- Con Julita he querido retratar aquellas mujeres con personalidad, que en los años 40 quieren romper los grilletes de la sociedad. Lo que se esperaba de las mujeres era que desempeñaran el papel de esposa, de madre, pero Julita tiene otros planes. He querido que este personaje sea sincero, heroico, que rompiera el corsé que la tiene aprisionada. Para ella, la universidad es el único camino de escapar de su destino, es su gran punto de inflexión. En la universidad empieza a leer poesía, que tanta presencia tiene en la novela.

M.G.- Ahora que mencionas la poesía, es cierto que el amor por la literatura está muy presente en esta historia, a través de Julita, pero también a través de Daniel porque él es un gran lector.

J.A.L.- Yo también soy amante de la literatura y por eso quería que los dos personajes tuvieran ese alma literaria. De hecho, más allá del encuentro casual, lo que hace que los dos personajes conecten es la literatura, a través de esas conversaciones donde hablan de poesía, de libros. Daniel se sorprende mucho porque no espera que ella le hable de María Zambrano o de Lorca. 

La poesía también es una manera de romper grilletes porque estaba vista como una cuestión opositora al régimen. Hay que entender que, en aquellos pasillos universitarios y de forma clandestina, se leía a los autores prohibidos, como Machado o Lorca.

M.G.- Casi toda la acción transcurre en Madrid, en los años de posguerra. Es un Madrid que está despertando de la pesadilla de la guerra. He leído mucha novela que transcurre en esta época, pero nunca me habían enseñado el Madrid de los parques, donde vivían gente en bunkers, en casamatas,...

J.A.L.- Cuando termina la guerra, mucha gente va a Madrid a buscar nuevas oportunidades, y muchos han perdido sus viviendas. En esos primeros años de posguerra, se hacinaron muchísimas personas en lugares insospechados, como los túneles de metro, o las construcciones de guerra tales como los bunkers, las casamatas, las trincheras, o los blocaos. Aquellas estructuras se convirtieron en viviendas alquiladas, con direcciones postales. Y en tiempos navideños, hasta se decoraban.

M.G.- Otro tema curioso. Daniel es sefardí y habla ladino. En la novela vamos a ver algunas frases en esa lengua.  A lo mejor te parece increíble que esto me sorprenda pero, no me podía imaginar que el ladino fuera tan entendible para los que hablamos castellano.

J.A.L.- Sí. Es como si el castellano antiguo se hubiera parado en el tiempo. El castellano que nosotros hablamos hoy es una derivación de aquel castellano que se hablaba en la Edad media. El ladino es un idioma muy apegado a aquel castellano. Es cierto que se parece muchísimo al castellano y se puede leer.

M.G.- Sobre tu manera de escribir, creo que eres muy proclive a los detalles, que te gusta contar  los hechos y las escenas de manera muy minuciosa.

J.A.L.- Me gusta contar historias pequeñas, de personajes anónimos, llenas de emociones humanas, y el quid para esto es contar los detalles de los ambientes, de las escenas, de los personajes,... Me gusta darle verosimilitud a todo lo que narro, a través de esos pequeños detalles que hacen un poco especial la escena o el momento que se está narrando. 

M.G.- Para ir finalizando, en las páginas finales mencionas dos nombres grandes de la literatura, que todo el mundo conoce. Me refiero a Felipe Benítez Reyes y a Almudena Grandes. ¿Qué conexión tienen contigo?

J.A.L.- Vivo en Rota. Felipe es del pueblo y Almudena tiene una casa de veraneo aquí. Con Felipe, he coincidido en varios encuentros y me viene ayudando desde hace unos cuantos años, a la hora de perfilar mi carrera como escritor. La primera novela que auto-publiqué la leyó, le gustó, y desde entonces, quedo con él varias veces al año. Ha sido la persona que me ha enseñado a ser paciente, a esperar el momento adecuado. Yo quería publicar mucho antes pero él me decía que esperara a la buena oportunidad. De hecho, esta novela la  podía haber publicado con editoriales más modestas, sin desmerecer ninguna, pero claro no hubiera tenido ni la distribución ni la visibilidad que tengo ahora. 

Y, a través de Felipe, también conocí a Almudena Grandes, a Luis García Montero, a Benjamín Prado, a esa camarilla que se junta en Rota. Disfruto mucho conversando con ellos. Con Almudena tengo encuentros en verano y para mí es como hacer un máster en literatura. Es uno de mis referentes. Ella me ha ayudado a encontrar alguna documentación histórica que necesitaba, sobre todo en lo referente a las guerrillas en los montes de León. 

M.G.- Ahora que ya te has estrenado y has conseguido tu sueño. Imagino que seguirás escribiendo.

J.A.L.- Tengo la suerte de que Ediciones B sigue apostando por mi carrera y, de hecho, hemos firmado para la siguiente. Me encuentro trabajando ya en su documentación, pero no es una segunda parte de esta. La vida en un minuto termina donde termina, aunque hay lectores que me han preguntado que qué pasa con los dos personajes protagonistas. Esa historia posterior la tiene que componer cada lector en su cabeza.

M.G.- José Antonio, gracias por atenderme. La novela es preciosa, me ha gustado muchísimo. Y nada, te seguiremos leyendo.

J.A.L.- Muchas gracias.


Sinopsis: 

Cualquier vida puede cambiar en un minuto

En el invierno de 1943, Madrid se despereza entre las ruinas de la guerra. En los suburbios de la ciudad, Daniel esconde su verdadera identidad y, con ella, su pasado en el conflicto. En el otro Madrid, el de los cafés de tertulia y los escaparates de la calle Serrano, Julita empieza estudiar letras en la universidad y siente la necesidad de separarse del futuro que su familia siempre había prefijado para ella.

El minuto que tardan dos trenes en chocar

Unidos por la fuerza del destino, los dos jóvenes coincidirán en un largo viaje en el expreso desde Madrid hasta La Coruña, huyendo de lo que otros han planeado para ellos. Allí se conocerán y verán nacer su complicidad, sin saber que el tren está abocado a una catástrofe que cambiará sus vidas para siempre.

El minuto que tardan dos miradas en cruzarse

La vida en un minuto rescata un episodio tristemente desconocido de la posguerra, la tragedia de un choque ferroviario que se saldó con cientos de víctimas y que fue silenciado por la prensa del régimen franquista. Lo hace para mostrarnos que el amor y la vida, a veces, pueden nacer entre los escombros.

lunes, 22 de febrero de 2021

CALIENTE de Luna Miguel

Editorial: Lumen
Fecha publicación: enero, 2021
Precio: 17,90 €
Género: ensayo
Nº Páginas: 192
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788426408358
[Disponible en eBook;
puedes leer aquí]


Autora

Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1990) vive en Barcelona, donde trabaja como periodista y editora. Desde los dieciocho años ha publicado los libros de poesía Estar enfermo, Poetry is not dead, Pensamientos estériles, La tumba del marinero, Los estómagos, El arrecife de las sirenas y Poesía masculina, y sus poemas se han traducido a una docena de lenguas. Es autora de los ensayos feministas El coloquio de las perras (2019) y Caliente (Lumen, 2021). Tras su primera novela, El funeral de Lolita (Lumen, 2018), que se ha traducido al italiano, Lumen publicará próximamente Conejitos.

Sinopsis

Luna Miguel brinda en Caliente su narración más íntima sobre el deseo, el amor plural y la creación literaria; iluminadoras entrevistas en torno al placer y el autoplacer, y una lúcida lectura de una larga estirpe de escritoras que lo arriesgaron todo en su literatura, como Louise Glück, Cristina Morales, Annie Ernaux, Marina Tsvietáieva, H. D., Renée Vivien o Chris Kraus. Con «inteligencia y provocación» (Zenda), la autora «se impone "decir con rabia todo lo que no debo"» (El Cultural de El Mundo), y así, por medio de confesiones, reflexiones y citas, sin respiro, audaz y reveladora, vuelve a tocarnos con su mejor obra hasta la fecha.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Buscando en Internet, la cubierta de este libro y la información sobre la publicación para ponerla en este post, me topo con la siguiente declaración de Luisgé Martín, en la web de la editorial:

«Pues me he leído este libro casi del tirón, a pesar de que mi cishomosexualidad no me convertía en target predilecto. Me ha encantado la frialdad distante de la autora. He aprendido mucho. Y he sacado un par de conclusiones importantes que no voy a desvelar aquí.»

No puedo estar más de acuerdo. En mi caso, no me leí Caliente del tirón, más por falta de tiempo que por interés porque, lo cierto es que la lectura de este libro me ha conducido por derroteros inesperados y sorprendentes. Y como Martín, yo tampoco pensaba que podía ser un objetivo predilecto, pues el ensayo es un género en el que me prodigo poco. Sin embargo, Caliente no es un ensayo al uso, no es de esas lecturas soporíferas, sesudas, académicas, llenas de densas reflexiones y datos empíricos, que terminan por embotarnos la cabeza. Caliente es una suerte de memoria. De este modo la definió la propia Luna Miguel, en la entrevista que le hicimos hace un par de semanas (puedes leerla aquí).

Caliente habla de la mujer y por ende, de lo femenino. No quiero emplear el término feminismo. En su lugar, y espero que con el beneplácito de Luna Miguel, preferiría utilizar la palabra feminidad, que engloba todo lo que a la mujer se refiere. Y en ese todo, figura su placer, su deseo, su sexo, o sus genitales.


Partiendo de su experiencia personal, Luna Miguel hace un recorrido memorístico a lo largo de su deseo.  El punto de inicio de este trayecto tiene lugar cuando su pareja le confiesa que se ha enamorado de otra persona. A partir de ahí, la autora emprende un ejercicio reflexivo sobre sí misma, sobre su forma de encarar el placer, las relaciones sexuales o la masturbación. Para ello, se sustenta en un gigantesco compendio de lecturas, documentales y entrevistas, para llegar a unas conclusiones alucinantes. Porque, ¿qué ocurre con la sexualidad femenina? ¿Qué valor se le da / le damos a nuestro deseo? ¿De qué forma la sociedad, o nosotras mismas, abordamos el sexo? ¿Qué opinión nos merece nuestros genitales?

En Caliente, un título tan sugerente como acertado, Luna Miguel se desnuda casi de manera literal y nos habla con suma naturalidad y entrega de todo lo que supone, conlleva e implica su placer. Se pretende exponer a la luz lo que siempre ha estado oculto o en semipenumbra. Y como decía Betty Dodson, educadora sexual estadounidense, hay que liberar el cuerpo femenino de su silencio porque, «si no conocemos nuestro cuerpo, si tenemos miedo a tocarlo  y si no sabemos cómo funciona, nunca podremos decidir cómo, ni con quién ni para qué queremos utilizarlo». Explica Luna Miguel que las declaraciones de esta educadora, no solo resultaron polémicas en los años 82, sino que hoy día, en determinados círculos, siguen levantando ampollas. ¿Por qué? 

Alega Miguel que «es igualmente urgente derribar la vergüenza que todavía nos produce la libre exposición de nuestro cuerpo». ¿A qué tantos remilgos? Rompamos esa idea preconcebida de que el relato del deseo femenino, el deseo en sí, es un ejercicio de exhibición. Hay que derrocar la vergüenza porque «la vergüenza es la enemiga del placer».

Caliente habla de cuestiones tan importantes como la ablación, la cirugía íntima o labioplastia, como resultado de una idea mal entendida de nuestros genitales, la masturbación (por cierto, increíble la explicación etimológica de la palabra «masturbar»), el onanismo, el coitocentrismo, el orgasmo, el amor plural,....   Y para exponer todos estos temas, Luna Miguel no solo recurre a su experiencia personal, o a sus lecturas, sino que también lanzó por redes un cuestionario básico, al que respondió un aluvión de mujeres de todas las edades, y que arrojó mucha más luz de la que la autora esperaba.




Me resulta complicado ser más concreta a la hora de hablar de este libro. Hay mucho donde detener la mirada. Caliente vale tanto por las reflexiones que contiene como por lo mucho que te va a permitir explorar.  Admito que, en algún momento, me perdí con ciertas teorías pero, el grueso de la exposición me ha parecido muy enriquecedora e ilustrativa. Este no es un libro para leer de manera pasiva, pasando nuestra vista por las líneas que componen sus páginas. Con Caliente hay que adoptar una actitud activa, leerlo mientras tenemos a nuestro alcance cualquier dispositivo que nos abra una ventana al mundo porque, estoy convencida de que, una vez que te pongas a leer este libro, vas a sentir la necesidad de indagar más, de buscar más información. Y así descubrirás la historia de Hans Bellmer y Unica Zürn, con esas muñecas de trapo que Bellmer fabricaba, las Poupée, con «cuerpos hipersexualizados, troceados, horrendos, siendo los genitales de ella y las formas de la carne de ella su mayor inspiración» (puedes ver una muestra aquí aquí). Me ha sorprendido muchísimo que ya se hablara de la masturbación femenina en el siglo XVIII, aunque la consideraran un pecado atroz o una autocontaminación. Y me ha resultado interesante el enfoque desde el que, como sociedad, analizamos la infidelidad femenina frente a la masculina. 

El libro se construye sobre una estructura de párrafos independientes, que sustentan las reflexiones de la autora. No hay capítulos. No son necesarios. En cambio, se hacen imprescindibles las inmensa cantidad de referencias literarias, tantísimas que, lo que muestro en el recuadro inferior es solo una pequeña muestra. A través de este libro he descubierto miradas diferentes, hacia películas o series de televisión, y he descubierto libros que me gustaría leer. 

Siento que Caliente es un libro para regalar. Es un obsequio, una ofrenda que debemos hacernos las unas a las otras, una puerta abierta a nuestra naturaleza, a través de la cual deberían asomarse nuestras hijas, nuestras sobrinas, nuestras nietas, nuestras amigas. He aprendido mucho en este libro. He aprendido mucho de este libro. Sinceramente, lo he disfrutado mucho más de lo que esperaba. Así que, si te gusta el tema, estoy convencida de que no te decepcionará.


Algunos libros mencionados en Caliente:

- El corazón de la fiesta de Gonzalo Torné
- Primavera sombría de Unica Zürn
- Testo yonqui de Paul B. Preciado
- El libro de Monelle de Marcel Schwob
- Amo a Dick de Chris Kraus
- Expuesta de Olivia Sudjic
- Voy a hablar de Sarah de Pauline Delabroy-Allard  
- Cambiar de idea de Aixa de la Cruz
- Somos luces abismales de Carolina Sanín
- Sexo para uno de Betty Dodson
- El libro de la vagina de Nina Brochmann y Ellen Stokken
- El placer de María Hesse
- Buscando Mercy Street de Linda Gray Sexton
- La belleza del marido de Anne Carson
- Pura pasión de Annie Ernaux 
- Putita golosa de Luciana Peker
- Ser mujer de Anaïs Nin
- Delta de Venus de Anaïs Nin
- Diarios amorosos de Anaïs Nin


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


viernes, 19 de febrero de 2021

LOS AUSENTES de Juana Cortés Amunarriz

Editorial: Espasa
Fecha publicación: enero, 2021
Precio: 19,90 €
Género: thriller
Nº Páginas: 320
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788467061277
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes leer aquí]

Autora

Juana Cortés Amunarriz (Hondarribia, 1966) es licenciada en Filosofía y escritora de relato, novela y literatura infantil y juvenil. Reside en Madrid, donde inicia su trayectoria literaria en 2004. Ha obtenido diversos premios de relato, entre los que destacan el Segundo Premio Hucha de Oro, el Gaceta de Salamanca, el Premio de Relato Tomás Fermín de Arteta, el Leopoldo Alas Clarín o el Ignacio Aldecoa. Ha publicado los libros de relatos Queridos niños (Premio Ciudad Alcalá de Narrativa 2009) y Las batallas silenciosas (Baile del Sol). Entre sus novelas está Las sombras (Premio Tiflos 2015). En literatura infantil y juvenil ha publicado Esmeralda y yo (Premio Ciudad de Málaga 2016), Corazón, mano, corazón (Premio Avelino Hernández 2012), Maimón, Ojos azules y la serie Superpaco.

Sinopsis

País Vasco, 2007. Tras el fracaso de la última tregua, ETA prepara un nuevo golpe para demostrar su cuestionada fortaleza. Dos encapuchados secuestran a punta de pistola a Bixen Alzola, profesor de universidad y defensor de la vía pacífica como única alternativa para solucionar el conflicto vasco. Cuando su mujer, Leire, recibe la llamada de la organización terrorista reivindicando la acción, siente que su mundo se resquebraja. Sabe que las posibilidades de que su marido salga indemne son mínimas. Durante esa larga noche, Leire toma una decisión: hará todo lo que esté en su mano para salvar la vida de su marido.

¿De qué será capaz? ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar? Y ¿qué precio va a pagar por ello? Porque ya nada será igual. No hay vuelta atrás. Nunca la hay cuando se traspasan  ciertos límites.

Los ausentes es una novela sobre la violencia, violencia que paulatinamente irá arrastrando a todos los personajes, sin que nadie, ni nada, logre detenerla.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Lo comentaba cuando publiqué la entrevista a Juana Cortés Amunarriz (puedes leerla aquí). Me encantan las novelas que giran alrededor de la banda terrorista ETA. Soy consciente de que el verbo «encantar» quizá no sea el más apropiado pero, lo que quiero decir, es que me gusta mucho leer sobre esos años, conocer testimonios, adentrarme en las distintas operaciones antiterroristas que se llevaron a cabo durante aquellos años de plomo. Probablemente, mi interés se base en la necesidad de comprender, de llegar entender el porqué de unas acciones que derramaron tanta sangre y dolor. ¿En nombre de qué? ¿En nombre de quién? Por eso, no me resisto a leer novelas que me acerquen, desde una perspectiva u otra, a aquella época negra de nuestra Historia. Muchos dicen que hay que pasar página, dejar atrás ese pasado sangriento. No creo que las víctimas merezcan el olvido. Así que, cuando supe de la publicación de Los ausentes, la nueva obra de la autora de Hondarribia, pero afincada en Madrid, ni me lo pensé.

Los ausentes traslada al lector al País Vasco. En Irún residen Bixen Alzola y Leire. Son una pareja feliz, normal, cada uno con su trabajo. Él es profesor de Derecho de la Universidad del País Vasco, al que su presencia en un programa de Euskal Telebista, lo pone en el punto de mira de la banda terrorista. Ciertas declaraciones, en defensa de la «vía pacífica como única alternativa para solucionar el conflicto vasco», tienen mucha repercusión y calan hondo. De ahí las pintadas en las paredes de la facultad -Alzola, hurrengoa izango zara zu (Alzola, serás el siguiente)-, de ahí el recelo de sus vecinos, que lo evitan a toda costa. Bixen es un hombre marcado, y no solo por su dolencia cardiaca, que lo obliga a medicarse. La misma Ertzaintza se lo advierte. Necesita protección pero Bixen rehúsa la posibilidad de un escolta. 

Por su parte, Leire vive ajena a esas amenazas. Cree que su marido tiene una vida tranquila, como profesor universitario, lo mismo que ella. La suya se reduce a su trabajo en la biblioteca de Irún, al yoga de los miércoles, a la compra en el supermercado, y al marido. Así, un día y otro, hasta que la paz se rompe. Una tarde, al llegar a casa, suena el teléfono. Una voz dice:




Han secuestrado a Bixen. ¿Por qué? ¿Es todo un sueño? La banda terrorista captura al profesor universitario como medida de presión, para conseguir el acercamiento de los presos etarras al País Vasco. Frente a una situación así, y después del shock inicial, lo más habitual es que Leire siguiera a rajatabla todas las instrucciones dictadas por el secuestrador. ¿Lo hará? Eso lo averiguarás al leer la novela.

Pero las acciones de Leire constituirán uno de los hilos narrativos de Los ausentes. Por otro lado, la novela también nos muestra el lado oscuro, el de los terroristas.  En ese bando figuran Tor y Chus, los brazos ejecutores del secuestro de Bixen; Roque, Azeri y Maider, las cabezas pensantes; y muy vinculado con ETA, Kuti y su familia. El desarrollo de estos personajes nos van a permitir conocer, en cierto modo, las entrañas de la banda terrorista, que ya tenía un pie en el desarme. Son los años en los que ETA se tambalea, de ahí que la novela nos muestre las desavenencias entre sus miembros, la diversidad de pareceres y los roces entre los más veteranos, como Roque, que lleva en la lucha armada toda su vida, y aquellos que forman parte de las nuevas generaciones, con la sangre a punto de hervir, como es el caso de Azeri.



En la entrevista, reconoce Juana Cortés Amunarriz que el dibujo que ha hecho de los terroristas es, en cierto modo, humano. Que sus manos están manchadas de sangre, que emplearon la violencia como medio de comunicación, que perpetraron infinidad de barbaridades y dejaron un reguero de muerte lo sabemos todos. Son monstruos, sí. Pero también son personas, conformadas por las emociones que se atribuyen al ser humano, solo que carecen de aquellas que afectan al prójimo. Por eso, en Los ausentes vamos a ver a etarras vulnerables, cuando les tocan a los suyos, porque no es lo mismo dar que recibir; veremos a etarras cuyo corazón palpita por el otro, enredados en relaciones sentimentales, con ganas de estabilidad; y también veremos a algunos de ellos, cansados de una lucha que ya no conduce a ningún sitio. Más allá de las atrocidades que cometen, o que se les presupone que cometieron antes del arranque de la novela, a mí me ha parecido un retrato interesante. 

Y otra de las cuestiones que más me ha gustado en esta novela, ha sido esa sensación de fatalidad que acecha a sus personajes en todo momento. El narrador omnisciente hace partícipe al lector de los aciertos y errores de los personajes. Desde nuestra posición privilegiada, vamos a sufrir casi más que los propios protagonistas porque, al tener más información que ellos, los veremos equivocarse y cada decisión errónea aumentará la tensión arterial del lector.  

Bajo mi punto de vista, Los ausentes es una historia bien trenzada. Juana Cortés aprovecha los momentos más nostálgicos de los personajes para construir su background, y permitir al lector conocerlos más allá del presente de la novela. Así, y a través de los recuerdos de Bixen y Leire, tras el secuestro, sabremos cómo se conocieron y cómo ha sido su vida hasta este momento tan complicado. De igual modo, veremos el matrimonio formado por Kuti y Mertxe, nos asomaremos levemente al momento de su boda, o al nacimiento de sus hijos. Pero también es interesante señalar que la autora apuesta por mostrar la realidad desde distintos ángulos. Los hechos son de una naturaleza u otra dependiendo de quién los viva, por eso no es extraño que, en algún momento puntual, asistamos a la misma escena pero vista de dos perspectivas distintas.

Estamos ante una novela que plantea preguntas. Si fueras Bixen, ¿te arrepentirías de tus declaraciones? Si estuvieras en el lugar de Leire, ¿actuarías como lo hace ella? Y si la vida te pone en el lugar de Roque, ¿reaccionarías como él? Los personajes están psicológicamente muy bien perfilados, mostrando un abanico de personalidades muy diferentes. Me gustaría incidir en el papel de Leire, porque ella es la piedra angular de la novela. Algunos lectores no aprobarán su comportamiento. Y es que, Los ausentes se sustenta sobre la ley del Talión. Ojo por ojo y diente por diente, que decía la Biblia. La violencia como medio de luchar contra la violencia. Por eso, es posible que algunos consideren que la reacción de Leire es desmedida, excesiva, una manera de colocarse a la misma altura que los etarras. En mi caso, Leire no me ha provocado repulsa en ningún momento. He entendido que una persona es capaz de cualquier cosa, con tal de salvar la vida de sus seres queridos. ¿Quién puede recriminar la actitud de esos padres/madres/maridos/esposas-coraje? A mí me parece que la actitud de Leire da un vuelco brutal a la trama, que aumenta nuestro interés por la novela. 

Ander es también un personaje interesante. Desde el principio el lector intuye que algo le pasa, su actitud y su comportamiento no son propios de su edad. Es un niño especial que reclama atención. A sus once años, tan solo tendría que estar pensando en jugar, pero por su mente cruzan negros nubarrones. ¿Qué le ocurre? De todos modos, como niño que es, su mundo estará muy vinculado a los cómics y los superhéroes serán su referente. Este personaje permite a la autora ahondar una de las lacras sociales más aberrantes.

Y más personajes, como Roque y sus disquisiciones morales; o Maider y su reloj biológico; o Kuti como objeto de venganza. Todos los personajes tienen un algo que despierta la curiosidad del lector. 

Con referencia a atentados reales, como la Casa Cuartel de Zaragoza, el atentando en Hipercor, el secuestro de Ortega Lara (entrevistado por Sánchez Dragó aquíaquí y aquí), o el caso Laza y Zabala, la acción se sitúa a finales de 2007, coincidiendo la cercana declaración del desarme de la banda, y se desarrolla prácticamente en día y medio, casi como si se tratara de una cuenta atrás. Sin embargo, no he tenido sensación de ritmo frenético, salvo en los capítulos finales, asunto que abordo más adelante.

En cuanto a los escenarios, lugares del País Vasco se entremezclan con localidades de Navarra, -Irún, Errentería, Hondarribia, Usún, Ezcabarte, Zorroaga,... destacando la foz de Arbayún, donde tiene lugar el desarrollo de unos de los hilos más impactantes de la novela-. Sobre la foz, Cortés ahonda en su orografía, señalando lo agreste y solitario del entorno, un ambiente idóneo para los hechos que suceden en aquel lugar. Y es que la autora crea una buena atmósfera, húmeda, oscura, fría, desangelada, que encaja perfectamente con la naturaleza de los  sucesos descritos. 

Estructurada en cuatro grandes bloques, a lo largo de los cuales se distribuyen capítulos de muy corta extensión, dedicados a los diversos personajes de la trama, saltando de unos a otros, Los ausentes está narrado con mucha fluidez, de tal modo que la lectura avanza a un ritmo constante. Todo ello, potenciado por algunos giros interesantes, -unos con desarrollo y otros como meros conatos-, que animan al lector a continuar adentrándose en esta lectura. Admito que, teniendo en cuenta la temática, me esperaba una historia mucho más cruenta, a lo largo de todo su desarrollo. No es que le falte brusquedad al argumento y tampoco es nada desdeñable lo que Leire hace, pero suponía que me iba a encontrar con mucha más violencia en el lado terrorista, desde el minuto uno del secuestro. Eso andaba pensando mientras me acercaba al final de la historia. Y fue entonces cuando esa «amabilidad» desaparece en los capítulos finales, donde los sucesos se tornan algo mucho más tortuosos y el ritmo se acelera. Hay escenas duras, que me han encogido el corazón.  

Y ya que menciono el desenlace, tengo que reconocer que se me quedó algo cojo. Es la única pega que le pongo a la novela. Pero como esto de la lectura es muy subjetivo, quise comentarlo con otros lectores y leí otras opiniones. Pocas son las que mencionan este punto. Por eso quise preguntar a Juana sobre ese desenlace, en el que yo sentía que algo quedaba en el aire. La autora me comentó lo siguiente: «...creo que está todo atado. Los pocos personajes que saben realmente qué ha pasado en esta historia no van a actuar. Para ellos, no tiene sentido emprender alguna acción. Ya han visto el dolor que los acontecimientos ha provocado en unos y otros. Así que, todas las personas que podían actuar no lo van a hacer. Por primera vez, han optado por la vida y la familia. Superar lo que les ha ocurrido es muy complicado, tanto para unos como para otros». Entiendo su argumentación, pero aún así, creo que hubiera estado bien ahondar algo más en el final, dar más detalles, profundizar en las explicaciones. Pero bueno, esta no es más que mi opinión. En cualquier caso, el desarrollo previo es impecable, y resulta una lectura que engancha desde la primera línea. 

Con un título que hace una clara alusión a todos esos secuestrados de los que no se tienen noticias durante mucho tiempo (a modo de ejemplo, el caso de Ortega Lara, secuestrado durante 532 días), Los ausentes es una novela con un punto de partida original. No estamos ante una historia sobre una acción terrorista que conlleva una investigación policial. En este relato no tienen cabida los Cuerpos de Seguridad del Estado ni la Ertzaintza. No se propuso Juana hacer una novela policíaca, sino echar un pulso entre Leire y los terroristas y, en este sentido, el planteamiento me ha parecido muy novedoso.

Dicho lo cual, Los ausentes ha sido una lectura grata, amena, interesante, con personajes muy bien perfilados, a través de los cuales el lector se hace preguntas. A pesar de ese detalle del desenlace que menciono, admito que he disfrutado y devorado esta novela, en apenas un par de tardes. 

Si te gusta la temática, no dejes de leerla.


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 18 de febrero de 2021

ZAPATA TENOR: ❝La música nos regala esperanza❞

La música nos rodea. No hace falta darle a ningún play para que empiecen a sonar acordes. Basta con prestar algo de atención para descubrir cómo las melodías se van tejiendo, poco a poco. El latido del corazón, el viento soplando entre las ramas de los árboles, el rugido del mar, nuestros pasos al caminar, o incluso el teclear sobre mi portátil, mientras escribo estas líneas. ¿Qué sería de nosotros sin la música? Dicen que amansa a las fieras, especialmente a esa que dormita en nuestro interior. La música nos hace reír y llorar. Nos emociona, nos une, nos levanta el ánimo. La música nos hace feliz.

Y de música, de buena música, sabe mucho José Manuel Zapata, o lo que es lo mismo, Tenor Zapata, tenor granadino y director de orquesta, que acaba de publicar Música para la vida. From Bach to Radiohead. Con él hablamos hace unos días. Aquí os lo cuento.

© Luis Malibrán

Marisa G.- José Manuel, para los que no te conozcan, háblame un poco de ti. ¿Quién es José Manuel Zapata?

Zapata T.- Pues José Manuel Zapata es un chaval de Granada, lo que pasa es que el chaval tiene ya 47 años, al que siempre le ha gustado mucho la música. Durante su adolescencia, no tenía muy claro qué camino coger, hasta que descubrió el canto. A los 17 o 18 años, se enamoró del canto, y empezó a soñar con convertirse en tenor y con cantar en grandes teatros. Resulta que el sueño se le cumple. Sin embargo, aquello no terminó de llenarle del todo, y pensó en dirigir su vida hacia otro lado, hacia crear espectáculos con la música que le gustaba, y a hablar de la música para que la gente se enamorara de ella. A pesar de todo esto, José Manuel Zapata sigue siendo un chaval de Granada. Ese podría ser el resumen de mi vida.

M.G.- Un buen resumen. De todos modos, en tu canal de YouTube también podemos encontrar un vídeo en el que te presentas de viva voz (puedes verlo aquí), y donde también podemos ver fragmentos de esos espectáculos que comentas.

Z.T.- Es verdad. Ahí hay un poco de todo.

M.G.- Imagino que no te consideras un tenor o un director de orquesta típico, ¿no? Lo que tú haces es muy distinto a lo que estamos habituados.

Z.T.- Yo estoy siempre sacando los pies del tiesto. Me gusta hacer cosas diferentes porque me aburre muchísimo hacer siempre lo mismo. Es una obsesión que tengo. 

M.G.- A mí me ha parecido muy original tu forma de dirigir orquestas. Resulta muy divertido ver a todos los miembros de la orquesta, a los que solemos ver muy serios, tan participativos en tus conciertos.




Z.T.- Ellos son mucho más protagonistas que yo. Se lo pasan fenomenal.

M.G.- Seguro que sí. José Manuel, de la música a los libros, a este Música para la vida. ¿Cómo se produce ese paso?

Z.T.- Ha sido un proceso natural. Llevo casi tres años haciendo secciones de radio con Juan Ramón Lucas, primero, y con Pepa Fernández, ahora. En ellas hablo de la música que a mí me gusta, a la que se llama clásica o culta, algo que me pone los vellos de punta. Y esto mismo es lo que he pretendido hacer en este libro, poner negro sobre blanco, hablar de la música que yo amo, de un modo algo más desarrollado.

M.G.- ¿Pero tenías la idea de hace tiempo o es algo que surge hace poco?

Z.T.- La idea surgió hará un año y medio, aproximadamente. Un amigo, que luego se ha convertido en mi agente literario, me propuso escribir este libro. Al principio no lo tenía del todo claro, pero terminó por convencerme. Empecé a escarbar un poco en mí, me puse delante del ordenador y, poco a poco, fuimos tirando del hilo. Y resulta que sí, que había para un libro.

M.G.- ¿Y de qué nos hablas exactamente en Música para la vida? Sé que no todo en este libro es ópera o música clásica. Hay mucho más.

Z.T.- En el libro he volcado mi vida entera, lo que ha sido mi relación con la música, mi carrera como primer tenor, donde ha habido éxitos y fracasos, hablo de enseñanzas para la vida. De hecho, el equipo de Planeta me propuso encajar el libro como auto-ayuda. Bueno, si a la gente le sirve, a mí me parece fenomenal. En el fondo, lo que pretendo es dar herramientas, apoyada en la música, para que la gente intente vivir una vida mejor, de ahí el título. Para mí la música es para la vida y la vida es para la música. Hay una retroalimentación y no concibo una cosa sin la otra. Y, efectivamente, hay mucho más que ópera y música clásica. Hablo de la buena música, o de como cantar juntos une muchísimo, de cómo gestionar equipos con el humor, a través de mi experiencia con las orquestas,... En definitiva, hablo de mí, pero también de un montón de cosas que he ido aprendiendo.

M.G.- En la sinopsis leo: «La música es el único arte que nos acompaña siempre: desde el primer latido en el vientre materno hasta que nos vamos de este». Esto quiere decir que estamos constantemente rodeados de música sin darnos cuenta.

Z.T.- Sí, y es una pena que no nos demos cuenta. Los seres humanos tenemos muy mala memoria y no somos conscientes de las cosas hasta que las perdemos. Si la música desapareciera de la faz de la tierra durante una semana, ¿qué pasaría? Imagínate si, durante este confinamiento tan duro que hemos vivido, no hubiéramos tenido canciones, o no hubiéramos tenido sintonías, ¿qué hubiera pasado? Ese es el valor de la música, que siempre está sonando. La música siempre está ahí, en tu comunión, en tu boda, o en esas navidades en las que tu abuelo te canta villancicos. Pero no somos conscientes de eso. Si nos faltara la música, entenderíamos su importancia.

M.G.- Has mencionado el confinamiento, donde se demostró ese valor terapéutico de la música, del que hablas en el libro. La música ha tenido un protagonismo muy importante durante los meses que hemos estado encerrados.

Z.T.- La música nos regala esperanza. Es lo que separa a la gente feliz de la que no lo es. En los meses de confinamiento, la gente salía a los balcones a regalar su arte. En esos momentos lo que se creaba era esperanza, algo muy potente. Y pocas cosas más que la música, pueden crear algo así.

M.G.- Hablas en el libro que la música te ayudó a vencer incluso el acoso escolar. Cuéntame cómo fue esto.

Z.T.- De niño era el típico gordito con gafas, el diferente. Me di cuenta que, cuando cogía la guitarra y cantaba, todas las pequeñas bestias se callaban y se ponían a escucharme. Descubrí que aquello era un filón, porque así no se reían de mí. Una guitarra, un violín, un chelo o un saxofón te convierten en una especie de superhéroe. Animo a los niños que se sienten distintos, a que hagan música, a que canten, porque la música se convierte en el escudo del Capitán América.

M.G.- Abrimos el libro y lo primero que encontramos es un código QR. Hay una lista de Spotify. Teniendo en cuenta que eres tenor, podemos pensar que en esa lista habrá mucha lírica, pero también hay otro tipo de música. ¿Qué hay exactamente?

Z.T.- Hay música buena. Es lo que intento explicar en el libro. No hay música clásica ni culta, solo hay música buena o mala. En esa lista hay de todo. Aparece Mercedes Sosa, Chavela Vargas, José Luis Perales o Joan Manuel Serrat. Aparece la música que ha marcado mi vida y que considero que es buena música. Como no había una forma tecnológica para que el libro sonara, se nos ocurrió poner ese código QR, para que la gente fuera escuchando la música de la que se habla en el libro, esa música que voy describiendo.

M.G.- Roberto Leal te escribe el prólogo. A él ya lo convenciste de que no hay música clásica, tal y como la entendemos hoy. ¿Cómo ha sido esa colaboración?

Z.T.- Roberto es más majo que las pesetas. Lo conocí cuando conducía el programa Escala Sur, de Canal Sur Televisión. Me hizo una entrevista y vimos que teníamos muchos puntos en común. Tenemos una conexión de pensamiento muy fuerte, y estamos intentando hacer un formato juntos, basado en la buena música.

M.G.- ¿Qué le dirías a la gente que piensa que la lírica es un rollo, que esa música no va con ellos?

Z.T.- Pues que no tengan prejuicios. Seguramente se habrán encontrado con algún alimento que, al principio, les haya costado probarlo, y después han descubierto que les encanta. Yo les diría que vayan a conciertos de lírica, que abran el corazón, que no hace falta entender, sino simplemente dejarse inundar por algo maravilloso. Que no se lo pierdan, que se den la oportunidad porque su vida va a ser mucho más completa.

M.G.- Yo te confieso que a mí la ópera me cuesta. Sin embargo, un día acudí a un cine para ver una proyección en directo, y salí de allí maravillada. ¿Tú qué piensas de esta forma de acercar la ópera al público? ¿Surte el mismo efecto?

Z.T.- Yo lo veo fenomenal. Además, hoy en día se hacen unas proyecciones de alta definición que son maravillosas, y con un sonido espectacular. Todo lo que sea teneros cerca de nosotros, bendito sea.

M.G.- Oye, José Manuel, ¿y tú te acuerdas de aquel primer momento de tu vida en el que te enamoraste de la música?

Z.T.- Me acuerdo perfectamente. Una amiga me llevó a escuchar a un coro en Granada. Cuando yo escuché aquel Aleluya de Händel, me quedé impresionado. En ese momento, me dije que aquello era para mí, que yo quería formar parte de eso. Fue amor a primera escucha.

M.G.- ¿Y quiénes son esos cantantes o esas personas de tu entorno más personal que te han influenciado musicalmente?

Z.T.- En el libro explico que, al principio, es muy importante que alguien te coja de la mano y te presente a Chopin, a Rossini,... He tenido personas así en mi vida, como esa amiga que me lleva a escuchar ese coro que te digo, y luego también tengo un amigo, un gran trompista, que me ayudó a amar la música sinfónica. Me lo explicó de tal manera que yo no veía la hora de ponerme a escuchar a Mahler. Y puede sonar muy cursi, pero es que me lo contaba de tal modo... Tenemos un gran qué y tenemos que buscar un gran cómo para todo.

M.G.- Sabemos que has cantando en los mejores escenarios del mundo. Y es normal que la gente hable principalmente de lo bueno pero, en tu caso, también hablas de tus fracasos. Eso me ha gustado mucho. Me ha parecido un ejercicio de honestidad muy importante.

Z.T.- A mí siempre me ha ayudado mucho hablar de las cosas que no me han salido bien. He tropezado un montón de veces, pero siempre he sacado mucho partido de mis fracasos. Tenía que hablar de eso también. No me avergüenza hablar de esos momentos de mi vida pero en esta sociedad, hablar de tropiezos es algo que está prohibido. Yo prefiero contar mis malas experiencias, por si le sirven a alguien. No me duele en prenda.




M.G.- En un libro sobre música y escrito por un tenor, no podían faltar las letras de canciones.

Z.T.- Sí, he incluido canciones que son muy especiales para mí, que tienen unas letras espectaculares, como por ejemplo, la canción Las simples cosas o Te quiero, o algunas arias de óperas. Son canciones que muestran diferentes e importantes sentimientos humanos. Me gusta poner las letras porque, saber lo que dicen esas canciones, mola un montón.

M.G.- Y ¿qué opinión te merece la música de hoy en día, como reguetón, o esa que hace Maluma, por ejemplo, o Bad Bunny?

Z.T.- Me parece una auténtica mierda.

M.G.- (Risas)

Z.T.- Y lo puedes poner así, que no hay problema. Me parece una mierda. Es que siempre es lo mismo, siempre la misma letra, siempre el mismo ritmo. Si estuvieras todo el día comiendo hamburguesas, te morirías del asco. Pues eso, yo me muero de asco con esa música. Estoy de reguetón hasta el pirri. 

M.G.- Pero fíjate que con las canciones de Maluna siempre salta la polémica del machismo, asunto del que tú también hablas en el libro, pero dentro del mundo de la lírica.

Z.T.- Hay machismo en todo el universo. Cada vez hay más instrumentistas que son chicas. Sin embargo, hay muy pocas directoras de orquesta, y eso no puede ser. No tiene ningún sentido, y ya está bien. Esto hay que cambiarlo porque hay que evolucionar.

M.G.- Tienes toda la razón. 

Para ir terminando. Si no te hubieras dedicado a la música, ¿qué hubieras hecho en tu vida? ¿Qué serías o te hubiera gustado ser?

Z.T.- Pues me hubiera gustado ser piloto del ejército pero no daba la talla, así que lo descarté yo mismo. Es que no hubiera cabido dentro del caza. (Risas) 

M.G.- Bueno, con la música te ha ido genial. Has actuado en los escenarios más importantes del mundo.

Z.T.- Sí, me siento un afortunado y un privilegiado. 

M.G.- Penúltima pregunta. En los agradecimientos, has hecho algo fascinante que me ha enamorado. Has conectado a todas esas personas a las que le das las gracias con una melodía. ¿Cómo has hecho para establecer esas conexiones?

Z.T.- Me daba mucha pena no poder presentaros a todas esas personas que menciono, que son tan importantes para mí y han cambiado mi vida. Se me ocurrió describirlas, presentarlas, a través de la música, mostrar cómo me suenan a mí. ¿A qué mi ex mujer, mi pareja, mi amigo,...? Es lo que he tratado de explicar en los agradecimientos, y creo que no ha quedado mal. Ellos dicen que se sienten reconocidos. Así que, guay.

M.G.- Es muy bonito, sí.

Para finalizar, ¿piensas seguir escribiendo?

Z.T.- Ojalá, porque me ha gustado mucho. Ya tengo alguna idea por ahí, siempre relacionada con la música, y con mucho humor, como este libro. Pero a ver si este sale bien y podemos hacer un segundo.

M.G.- Bueno, este te ha quedado muy bien. Es muy interesante asomarse a tu vida, ver toda tu trayectoria y aprender con todo lo que nos cuentas sobre la música. José Manuel, muchas gracias por atenderme. Y suerte.

Z.T.- Muchas gracias a ti. 


Sinopsis: Mira el segundero de tu reloj. Repite siguiendo su avance: «Pan. Pan. Pan…». Acelera hasta meter tres golpes en cada segundo. ¿Lo tienes? Estás emulando un allegro vivace. Es el ritmo al que late el corazón de un feto de ocho semanas de gestación. Y el ritmo al que suena una parte del Réquiem de Verdi. En este libro, Zapata hermana música y vida hasta hacer de ellas una misma realidad.

LA MÚSICA ES EL ÚNICO ARTE QUE NOS ACOMPAÑA SIEMPRE: DESDE EL PRIMER LATIDO EN VIENTRE MATERNO HASTA QUE NOS VAMOS DE ESTE MUNDO.



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