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jueves, 30 de julio de 2026

ANTONIO PUENTE MAYOR: ❝Cuando estudiaba filología, veía la novela como algo inalcanzable❞

Conozco a Antonio Puente Mayor hace muchos años, casi desde el momento en el que se abrieron las puertas este espacio. Conocidísimo en el mundo literario sevillano, Antonio es alma inquieta. Decir que es guía turístico de profesión es quedarse verdaderamente corto porque, cada una de sus pasiones las convierte en su modo de vida. Periodista, locutor de radio, dramaturgo, escritor. Antonio Puente Mayor es un compendio de muchas cosas y todas ellas vinculadas con el mundo de la comunicación, de la cultura, de la literatura y de la divulgación de la lectura. No en balde ha impartido diversos cursos y talleres, ha organizado jornadas literarias, o ha dirigido varios clubes de lectura.

A lo largo de los años ha publicado un significativo número de libros, que van desde la literatura infantil, pasando por los ensayos, las guías turísticas y las novelas. Recientemente ha visto la luz La abadía de hielo, que publica con Roca Editorial, una novela en la que aúna todas esas pasiones que os comento.  La abadía de hielo hará viajar al lector por tierras riojanas. Su protagonista, Alba Villén, es guía turística, encargada de acompañar a un singular grupo hasta la abadía de Valvanera, donde se cometerá un crimen. Aislados entre los muros de la abadía, con motivo de un temporal de nieve, los integrantes del grupo tendrán que averiguar quién es el asesino, un juego del que disfrutará el lector.

La semana pasada tuve la oportunidad de conversar con Antonio Puente Mayor. Más allá de los consabidos treinta minutos de interviú, dedicamos casi toda la tarde a charlar de un sinfín de cosas interesantes y curiosas. Pero, ahí va sólo la charla en relación con esta nueva novela.

Marisa G,- Antonio, un placer charlar contigo. Tengo la suerte de poder hablar contigo con frecuencia.

Como sabes, he leído tu novela. La he disfrutado. He intentado averiguar quién es el malo de esta historia y la verdad es que no lo he conseguido. Pero para empezar, te conocemos literariamente, principalmente por tus ensayos y tus novelas históricas. Sin embargo, con La abadía de hielo cambias de género, te adentras en el misterio, al más puro estilo de Agatha Christie. ¿Por qué este cambio y cómo te has sentido moviéndote en estas aguas? 

Antonio P.M.- Bueno, pues porque yo quería hacer una novela que combinara muchas de mis pasiones. Por un lado, el mundo del turismo, que es de lo que parte la novela. La guía turística, Alba Villén, me representa a mí, a mis compañeros, a aquella generación que vivimos el turismo de grupos, de turismo de los tour operadores, de los circuitos nacionales. Ella representa a todos los que vivimos en una época dorada del turismo.  Quería rememorar una novela sobre aquella época. Le debía un libro a mis compañeros de trabajo y a muchos amigos que he hecho durante más de 23 años de guía. No quería combinar todo eso a través de un ensayo o un libro de anécdotas. No lo veía claro, y se me ocurrió la idea de la novela, que la tenía en la cabeza desde hace muchos años. 

Soy un entusiasta de los libros de Agatha Christie desde que era un chaval. Tenía 13 años cuando leí Diez negritos, luego leí a Arthur Conan Doyle, y con ellos me inicié y me enamoré de la lectura. 

M.G.- Pero ¿te ha sentido cómodo en este género o te has encontrado con muchas trabas? 

A.P.M.- No, me he encontrado comodísimo. De hecho, podría decirte que ha sido de los libros me ha resultado más fácil de escribir, que me ha salido más rápido. Lleva una estructura que he tenido que trabajar durante bastante tiempo para que todas las piezas encajen y, sobre todo, para que todos los personajes tengan un móvil para poder cometer el crimen. Esa ha sido la mayor dificultad y dosificar la información a lo largo de la novela. Que el lector fuera conociendo a los personajes, fuera haciendo el viaje con ellos y, al mismo tiempo, tratara de averiguar quién es el asesino. Pero luego, el viaje que hacen, para mí ha sido muy fácil porque me lo sé de memoria. Lo he realizado infinidad de veces, durante más de veinte años. Los lugares que describo en la novela los tengo en mi cabeza, no me hace falta ni ver fotos. Me conozco los aromas, las comidas, y todos los sitios que describo 

Además, ha sido muy bonito hacer un homenaje a amigos de allí. En la novela aparecen recepcionistas de hotel, camareros, párrocos de los pueblos de allí, la gente del monasterio. Todas esas personas son, como digo, casi parte de mi familia. Los he visto crecer, casarse, tener hijos,... Ha sido muy emocionante poder volcar todo eso en la novela. 

M.G.- La abadía de hielo narra un crimen cometido en el interior de una abadía, de la que luego hablaremos, y de donde es imposible escapar porque hay un temporal de nieve. Esta novela se clasifica en lo que se llama el whodunit, quién ha cometido el crimen, pero también se le aplica la etiqueta de travel mistery, algo de lo que jamás había oído hablar. 

A.P.M.- Sí, que a mí me conste, es un género que no se ha trabajado nunca en España, o si se ha trabajado, ha sido de manera más circunstancial o transversal. El travel mistery es un género que se desarrolla en el mundo anglosajón. Agatha Christie ya lo usaba en varias de sus novelas, como Muerte en el Nilo o Asesinato en el Oriente Express. Pero yo he querido traerme este género a España porque veía que no había nada parecido en nuestro país, un crimen dentro de un circuito turístico, en el que todos fueran viajeros. Creo que el resultado ha sido muy positivo. A la gente le ha gustado muchísimo y todos los mensajes que estoy recibiendo de la gente me dicen que han disfrutado, no solo con la resolución del crimen, sino con el viaje en sí.

Uno de los mensajes que más me ha emocionado es el de una persona de La Rioja, a la que no conozco de nada y que me dijo que había disfrutado mucho no sólo porque la trama ocurriera en su tierra, sino porque había aprendido muchas cosas de la propia Rioja. Como guía turístico, he investigado mucho para contarles a mis turistas, como leyendas, curiosidades históricas, detalles de los paisajes por donde vamos, datos que la propia gente de La Rioja no conoce. Creo que el travel mistery es un género que tiene bastante recorrido en España, siendo como es nuestro país, tan turístico. Pienso que he abierto un camino, y me gustaría que hubiera una continuación. Estoy trabajando en una posible saga, basada en los viajes de Alba Villén. Esperamos que a la gente le siga gustando.


[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Es verdad lo que comentas. Cuando leemos una novela que transcurre en nuestra propia ciudad, aprendemos mucho. Creo que sabemos menos de nuestra propia ciudad que la gente que viene de fuera.

A.P.M.- Totalmente. Lo ampliaría a España en general porque, de nuestra localidad, pues conocemos menos los monumentos que de otros lugares a los que has ido de vacaciones o de viaje. En líneas generales, España es una gran desconocida para los propios españoles.

He publicado tres guías de viaje de España. Por ejemplo, en un libro que publiqué con Planeta, hablo de lugares de Cataluña que los propios editores de Barcelona no conocían. Me quedé muy sorprendido cuando me dijeron que de los 100 lugares que se recogían en el libro, no conocían ni la tercera parte. Es algo que me sorprende mucho, porque tenemos un país maravilloso. No hace falta salir de nuestras fronteras para poder disfrutar. En mi libro, La vuelta al mundo sin salir de España, donde comparo cincuenta y dos lugares con cincuenta y dos países, aparecen playas maravillosas, cuevas, yacimientos arqueológicos,... Muchas veces vamos al Caribe buscando playas exóticas o buscamos castillos impresionantes con fantasmas y, sin embargo, tenemos la provincia de Guadalajara, lugares subterráneos, o lugares submarinos en Las Canarias,... Tenemos absolutamente de todo y es una pena que no conozcamos más y disfrutemos más de nuestro propio país. Pongo en valor viajar fuera, al extranjero, pero pienso que hay que descubrir más nuestras ciudades y nuestros pueblos, en los que hay muchos tesoros.

M.G.- Total. Hemos hablado de Agatha Christie, pero, ¿qué le debe la literatura de misterio a Agatha Christie? ¿Podríamos decir que Agatha Christie es la pionera en literatura de misterio? 

A.P.M.- No fue la primera que hizo novela policíaca, pero sí fue la que la popularizó. De eso no tengo ninguna duda. Hubo intentos anteriores, pero está claro que la edad dorada de la novela policíaca clásica llega a partir de los años 30, de los años 40, que es cuando ella empieza a publicar estas novelas. Ella triunfa con El asesinato de Roger Acroy, que es una novela que rompe los esquemas de la literatura policíaca. A partir de ahí, va a crear un género con el que consigue que mucha gente que no leía, se acerque a la lectura o al mundo de la literatura, y eso tiene muchísimo valor. 

Hay escritores, como Agatha Christie, a los que admiro, porque tienen la capacidad de hacer que, gente que tiene otras aficiones y no se acercan a los libros, empiecen a leer. A mí eso me parece increíble. Ella tuvo ese poder de convocatoria como en España puede tenerla Arturo Pérez-Reverte, al que siempre he respetado. Su capitán Alatriste podría tener un equivalente a Hercules Poirot, en la literatura inglesa.

Agatha Christie tuvo una vida apasionante, una mujer adelantada a su tiempo que siempre me ha fascinado. He seguido sus pasos. He estado en Inglaterra, he estado en Tenerife, en Puerto de la Cruz, donde se alojó después de divorciarse. Allí hay una escalinata dedicada a ella, con los nombres de sus novelas. La ratonera y Diez negritos las he montado en teatro, y tenía muchas ganas de escribir una novela que siguiera las pautas de sus libros, pero adaptada al siglo XXI.

M.G.- La novela transcurre en 2003 y de eso hablaremos más tarde. Pero centrándonos en una de las protagonistas, en Alba Villén, la guía turística. Teniendo en cuenta que esta novela está muy vinculada con tu carrera profesional, que llevas ejerciendo durante más de veinte años, imagino que esta novela tendrá muchos puntos autobiográficos. Y luego, me surge la duda de, si tiene estos elementos autobiográficos, por qué optar por una protagonista mujer y no hombre. Meterte en la voz de una persona de otro género será más complicado.

A.P.M.- Sí, la novela tiene tintes autobiográficos, aunque no todo lo que hace Alba Villén lo he hecho yo. De todos modos, sí que muchas de mis experiencias las vive ella, como esos nervios de la primeriza, el hecho de que sea su primer trabajo, sus veinticinco años, y que la acción transcurriera en 2003, cuando España era tan distinta a como es hoy. Eran años de turismo analógico. No había GPS sino que usábamos mapas de carretera y los teléfonos móviles eran muy primarios. El año 2003 es importante porque fue el año en el que yo empecé como guía turístico. 

Alba bebe de mí. Elegí que fuese una mujer porque es una profesión muy femenina, en la que hay muchísimas mujeres. En mi grupo de guías, con una plantilla de veinte personas, la mayoría eran mujeres y he aprendido mucho de ellas. Ser mujer en esta profesión suponía todavía más dificultad que ser hombre. Es una profesión muy solitaria, en la que tienes que estar muchos días fuera de casa, y que te dificulta mucho conciliar. He visto cómo muchas de mis compañeras, cuando decidieron formar una familia, tuvieron que abandonar la profesión y las que no lo hicieron, tuvieron dificultades graves, dejando a sus bebés en casa con sus maridos, lo que implicaba que las criticaran o que tuvieran problemas. Quería ponerme en la piel de una chica que empieza su carrera, con esos primeros miedos y esas primeras dificultades, a las que se suma el hecho de ser mujer. Además, Alba tiene una relación amorosa complicada y ahí lo dejamos.

M.G.- Sí. Bueno, me lo he pasado muy bien leyendo esta novela, y no sólo por el misterio sino porque ocurren muchas cosas insólitas entre el grupo de viajeros. Hay muchas trifulcas entre ellos. ¿Esto suele ser así? ¿Qué es lo más rocambolesco que te ha ocurrido como guía turístico?

A.P.M.- He intentado condensar en un único viaje anécdotas de diez o doce viajes. Evidentemente, no todo esto ocurre en un solo viaje, sino que he cogido algo de aquí, otra cosa de allá, pero todo, todo, salvo el crimen, es real. Todo nos ha pasado. El que lea la novela sabrá que tuvimos un choque con el autobús en una calle de Logroño, o que el autobús se quedará aislado, sin nevada y sin crimen, claro. Todos los detalles, todas las anécdotas, todo lo que ocurre entre los pasajeros, con escenas un poco subidas de tono,... Todo eso ha ocurrido. Siempre digo que es una profesión que despierta muchas pasiones porque estás de vacaciones, desconectas durante una semana y en esas circunstancias, la gente hace cosas que no se plantea hacer en su día a día. Trabajo en algo donde la gente es feliz pero los roces son inevitables o hay gente que no cuadra con el tono del grupo. Todo esto, para una novela, era un material muy potente.

M.G.- Algunos de los personajes están basados en personas reales pero, ¿fácilmente identificables? ¿Ellos se pueden llegar a reconocer?

A.P.M.- Creo que, en algunas facetas, sí. Hay personajes que están calcados de la realidad. Algunos de mis compañeros tienen hasta miedo. En la presentación me preguntaban si aparecían en la novela, si eran el asesino,... (Ríe). Me han escrito muchos conductores de autobús y eso me ha emocionado mucho porque me han dicho que la novela les ha tocado la fibra, que se les han saltado las lágrimas, porque hemos hecho juntos ese viaje y saben que todo lo que cuento es real. Es bonito que los compañeros se vean pero no es un reflejo directo. He cogido una pieza de una persona, otra de otro compañero,... Por ejemplo, el físico de Alba, con esa cicatriz en el brazo, corresponde a una compañera que conocí en aquella época. Hay una serie de detalles que, cuando mis compañeros los lean, les va a gustar y a emocionar. Es algo que estoy viviendo todos los días porque estoy recibiendo mensajes de toda España.

Y otra cosa muy especial es que me han escrito los caballeros de Valvanera, una de las instituciones más antiguas que hay en La Rioja. Grandes personalidades de La Rioja están vinculadas a la virgen de Valvanera, la patrona. La abadía donde ocurren los hechos en la novela, la abadía de Valvanera, está a mil metros de altura y estos caballeros me escribieron, contándome que habían leído la novela con cierto recelo, por si contaba algo que no debía contar pero están muy contentos porque había dejado en muy buen lugar a la abadía, a la virgen de Valvanera y a todo lo que ella representa. La virgen de Valvanera va mucho más allá de lo religioso.

Este es un lugar que, paradójicamente, no es muy conocido fuera de allí. Para mí, Valvanera es muy especial. He visitado lugares religiosos en muchos puntos del mundo pero el misterio gira alrededor de Valvanera y su virgen, me parece una cosa muy bonita.

M.G.- Entre los personajes tenemos a una enfermera, a un empresario, a un profesor, a una telefonista. ¿Qué criterios sigues a la hora de elegir a uno u otro?

A.P.M.- Sobre todo que hubiera variedad. Quería que hubiera diferentes profesiones, diferentes estratos sociales y también diferentes procedencias. Creo que esto le aportaba riqueza al libro y también reflejaba la realidad. He tenido la suerte de que, en estos veintitrés años de carrera he llevado a gente de todos los lugares de España, incluso de Hispanoamérica. El hecho de elegir diferentes profesionales te aportaba juego a la hora de recelar de los personajes. Tenemos un profesor universitario, como has dicho, a una enfermera, a una señora mayor de Cádiz, que viaja con su nieto..., que me recuerda al primer viaje que hice con mi abuela. Rosario se inspira en mi abuela, en esa gracia que tenía, echada para delante, de edad pero de espíritu joven. Mi abuela está presente en esta novela.

Y luego hay un locutor de radio, otra de mis pasiones y el mundo del teatro, soy dramaturgo, director de teatro y fui actor durante muchos años. En la novela están recogidos todos los ambientes en los que me he movido.

Por supuesto, está el monasterio y sus monjes, personajes que existieron. 

M.G.- A mí me han entrado muchas ganas de visitar la abadía, después de leerte. Entiendo que es un lugar visitable. Pero te escuché decir en la presentación que ya no hay monjes benedictinos como sí vemos en la novela.

A.P.M.- En la abadía, durante más de mil años, ha habido monjes benedictinos. Estaban ligados a Montserrat. Cuando yo empecé a ir, conocí a una comunidad que cada vez se iba mermando más. Eran personas muy mayores. Hubo un momento en el que la orden se reforzó con monjes venidos de Hispanoamérica, especialmente de Panamá, pero llegó un día en que el número era tan insuficiente que tomaron la decisión de abandonar Valvanera. Eso supuso un shock en La Rioja. No se conocía la abadía sin los monjes benedictinos. Entonces, el arzobispado se puso manos a la obra y consiguió que otra orden, el Verbo Encarnado, se interesara, procedente de Argentina. Es una orden joven, de los años 80 y han hecho una labor excepcional porque son muy jóvenes y tienen muchas ganas de trabajar. 

La abadía está abierta, casi todo el día, fundamentalmente las puertas de la iglesia, y se puede visitar el camarín de la virgen, se puede subir y verla. También hay un museo dedicado a la historia del monasterio, un claustro que en la novela lo vamos a ver en obras porque así estaba en 2003.

M.G.- Lo hemos comentado antes. Que la novela transcurra en 2003 es algo necesario porque no existían móviles, no había tanta posibilidad de comunicación como hoy día y eso provoca que el aislamiento sea aún mayor. 

A.P.M.- Se trataba de eso. Me tenía que ir a un año así porque contribuía a construir atmósferas que son totalmente reales. No he llegado a visitar la abadía con nieve pero sí días antes de importantes nevadas, y me informé de cómo vivían cuando las carreteras quedaban cortadas. Me hablaron de las máquinas quitanieves de Logroño y del punto de meteorología de La Rioja que está situado en el propio monasterio. Diariamente, un monje avisa a la Agencia Estatal de Meteorología para darle información sobre la temperatura exacta.

M.G.- Durante la presentación dijiste una cosa con la que estoy totalmente de acuerdo. Las novelas, si son entretenidas, bien pero si además de entretenidas te enseñan algo, muchísimo mejor, entonces. Y eso se cumple en esta novela. Ya te digo que me han entrado muchas ganas de visitar Valvanera. Conozco parte de La Rioja pero la abadía no. Y esta novela permite viajar al lector sin levantarse de su asiento y esa es una forma de viajar, preciosa.

A.P.M.- Sin duda. Siempre intento que mis libros entretengan pero también enseñan algo. En este sentido, estoy recibiendo comentarios maravillosos de gente de todos los niveles culturales, desde estudiantes universitarios, amas de casa,... Hace poco recibí un mensaje de una catedrática de la Universidad de Sevilla en el que me comentaba que, aunque conocía parte de La Rioja, como tú, le he descubierto rincones que desconocía.

Fíjate que Valvanera, curiosamente, es un punto que no suele estar en los itinerarios turísticos. Todo el mundo visita San Millán de la Cogolla, con el monasterio de Yuso, patrimonio de la humanidad por la Unesco. Los monjes de Valvanera siempre me decían que todo el dinero y todas las ayudas iban a parar a Yuso y a Valvanera nunca les tocaba nada, que allí sólo iban los romeros pero no los turistas. Por eso, cuando llegábamos nosotros con un grupo de viajeros nos daban las gracias. Tuve la suerte que una empresa sevillana, de mi barrio de Triana, Triana Viajes y Puente Club Tour Operador, apostara por Valvanera, desde el principio, cuando nadie lo hacía. Gracias a esta apuesta, hemos ido una y otra vez, hemos abierto camino y ahora son muchas las empresas turísticas las que visitan Valvanera.

M.G.- ¿Tú aprendes algo nuevo cada vez que visitas La Rioja?

A.P.M.- Siempre, Marisa, porque, no solamente voy a los monumentos, sino que tengo conversaciones maravillosas con los riojanos.

Hace dos semanas, me escribió la hija de David Moreno, una institución en La Rioja. Es uno de los bodegueros más famosos y más importantes. Creó la primera bodega enoturística de La Rioja, la primera bodega que se abrió al turismo. El mundo bodeguero es antiquísimo. En La Rioja se hace vino desde el siglo XIX y se creó la denominación de origen. Pero no fue hasta el siglo XX, cuando David Moreno pensó en hacer una bodega abierta al turismo, para hacer catas. Tuve la suerte de conocerlo, de conocer a sus hijas, y que ellas me escribieran y me dijeran que les había emocionado mucho que mencionara a su padre en la novela, y que hablara de todo ese mundo o de Badarán, un pueblo muy pequeñito, que tiene un lema maravilloso: "Badarán, vino, chorizo y pan". Esa es la triada del pueblo, las tres cosas que disfrutan mis clientes cuando los llevo.

La gente de La Rioja es maravillosa. Si no viviera en Andalucía, sin lugar a dudas, elegiría La Rioja. La gente es cálida, acogedora y, sobre todo, sencilla. Son gente muy humilde, gente que pueden haber hecho grandísimas fortunas en los años 80 con el tema del vino, que poseen varias bodegas, pero siguen viviendo en sus pisos, junto a gente obrera. A mí es algo que me sorprende y que no he visto en ningún rincón del mundo. 

M.G.- Hablemos de la estructura de la novela. No es una narración lineal en la que juegas con el presente y con un pasado reciente. Vas contando lo que ocurre en el presente de la novela pero, alternativamente, nos retrotraemos a los dos o tres días previos a la llegada a la abadía. ¿Por qué?

A.P.M.- La aplicación es muy sencilla. Si hubiera escrito el libro de manera lineal, hubiera sido un viaje aburrido. Si no planteo el crimen hasta el penúltimo día, todo lo demás no dejaría de ser nada más que un tour turístico, atractivo desde el punto de vista pedagógico, pero sin tensión. Lo ideal era mostrar el crimen en las primeras páginas del libro e ir luego reconstruyendo las horas previas al crimen.

Esta novela bebe mucho del mundo de la televisión y de las películas. Ahora mismo, el mundo de la literatura vive un momento muy complejo, de mucha evolución. Todos los thrillers, todas las novelas de misterio y suspense beben mucho del ritmo cinematográfico y de las series. Por eso yo he planteado la novela con capítulos cortos, con ese cliffhanger típico, que te deja con ganas de seguir leyendo un capítulo más. Si coloco el crimen al final, hubiera sido muy tedioso para el lector y se hubieran encontrado con una resolución muy rápida.

M.G.- Tienes razón. Y antes has comentado de pasada que probablemente veamos a Alba Villén en más aventuras. ¿Esto se puede confirmar?

A.P.M.- Sí. Hay  una segunda novela en preparación. Me queda todavía el ok del editor y del comité de Penguin Random House, una gente que trabaja de manera excepcional. He tenido la suerte de empezar desde abajo y conocer todas las facetas de la creación de un libro. Empecé con un sello casi familiar, con mi mujer, tuvimos un libro que llevó a ser finalista del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, que para nosotros fue una sorpresa alucinante. Mis libros están en los cinco continentes, sobre todo los infantiles, algo dificilísimo. El hecho de ir poco a poco, conociendo el mundo del libro, pasar de una editorial más pequeña, a una andaluza, luego a La esfera de los libros, a Planeta, y ahora estar en Penguin Random House, que era el sueño de mi vida, la verdad es que ha superado todas mis expectativas.

Cuando estudiaba filología, escribía poesía, teatro, pero me decía que jamás escribiría novela porque era algo muy difícil Veía la novela como algo inalcanzable y los novelistas me parecían gente muy consagrada a la novela durante años. Pero he tenido la suerte de ir poco a poco, seguí los consejos de mis profesores, empecé con el relato corto, gané varios premios que me dieron confianza y autoestima, de ahí pasé a la novela juvenil, y cuando vas creciendo poquito a poco te vas asentando. Llegar ahora a Penguin Random House es como jugar de juvenil en un equipo regional a pasar a jugar en la Champions League. Creo que, ahora mismo, estoy un momento que, por edad, por profesionalidad y por preparación, es el más adecuado. 

M.G.- Como última pregunta. Sabemos lo que tiene que tener una novela y un escritor para complacer al lector pero, ¿qué tiene que tener un guía turístico para no aburrir a los viajeros?

A.P.M.- Sobre todo, seguridad. Puedes ser muy simpático, ser muy culto, tener mucho conocimiento, pero la persona que va a un viaje, y te lo digo por mi experiencia de tantísimos años, va nerviosa, con la tensión de no saber qué va a pasar o por dónde los vas a llevar. A pesar de los móviles, todo es incertidumbre por eso es importante que cuando el viajero llegue al punto de encuentro vea que el guía tiene seguridad y confianza en sí mismo. 

Recientemente he dado un curso en la Universidad Pablo de Olavide, sobre guías turísticos, y a mis alumnos les he dicho que los primeros diez minutos son claves. Tienes que ser simpático, mostrar seguridad, no tener dudas, responder a todo y estar concentrado. 

M.G.- Antonio, un placer hablar contigo. He disfrutado mucho leyendo la novela, me lo he pasado muy bien. Me apunto volver a La Rioja y te agradezco mucho que me hayas atendido.

A.P.M.- A ti, muchas gracias.


Sinopsis: Alba Villén, una joven guía turística, se enfrenta a su primer viaje en grupo por La Rioja. Tras recorrer Logroño y otros enclaves llenos de encanto, una tormenta inesperada los obliga a refugiarse en el monasterio de Valvanera, en plena sierra de la Demanda. Aislados, incomunicados y rodeados de silencio, lo que parecía un lugar seguro pronto se convierte en una pesadilla cuando uno de los turistas aparece muerto.

¿Será capaz Alba de descubrir la verdad antes de que la nieve lo cubra todo?

La abadía de hielo es un travel mistery adictivo, lleno de giros y atmósferas inquietantes, donde el placer del viaje se mezcla con el lado más oscuro del ser humano.

jueves, 2 de julio de 2026

ÁLVARO PAVÓN: ❝Somos hijos de Roma, Atenas y Jerusalén❞

A Álvaro Pavón lo conocí a mediados de mayo. El joven sevillano vive en Bruselas, y trabaja en el Parlamento europeo. Cuando me llegó su libro, y leí su breve (dada su juventud) biografía, me impresionó. No era un nombre conocido pero firmaba Sila, el origen del dictador. Empecé a leer. ¿Quién era este joven? ¿Y quién era Sila? A medida que indagaba más en el autor y en el protagonista de la novela, más impactada me sentía. Aquella novela parecía escrita porque alguien curtido en estas lides, no solo en lo que a narrativa se refiere, sino en el manejo del contexto histórico. Mis sospechas se confirmaron cuando me senté a hablar con él. Abajo tienes la sinopsis de la novela y aquí va nuestra conversación.  

Marisa G.-  Álvaro, un placer tenerte en Sevilla, conocerte, y leer Sila, el origen del dictador. Es tu primera novela, pero no sé si la primera novela que escribes.

Álvaro P.- Tengo un manuscrito de una novela ambientada en el antiguo Egipto, que algún día verá la luz, pero mi editor tenía muy claro que quería a alguien que contara historias ambientadas en la antigua Roma. Creo que hay una atracción, una fascinación por esa época entre los lectores, y a mí Roma, me encanta. 

M.G.- En tu biografía se explica que estudiaste filosofía, has indagado en la filosofía griega y latina. Imagino que, a raíz de ahí, de esa incursión en la filosofía griega y latina, empiezas a interesarte por todo lo que es la antigüedad clásica.

A.P.- Sí, claro. Empiezas a estudiar lo que piensan los filósofos, Sócrates, Platón, pero también te interesa saber por qué piensan lo que piensan. Te interesas por la ciudad donde se han criado, donde han filosofado, y eso te lleva al momento histórico, al contexto, y al final acabas absorto en todo eso.

M.G.- Has comentado que Roma tiene algo que fascina a los lectores, pero ¿qué es ese algo que acapara tantas novelas históricas?

A.P.- Siempre digo que en Roma nos reconocemos nosotros mismos, reconocemos nuestras inquietudes, nuestros problemas como sociedad, e incluso a nivel individual. Con el antiguo Egipto no ocurre eso. También son seres humanos pero en Egipto prima lo exótico, lo diferente a nosotros. Con Roma, no. En la historia de Roma nos leemos a nosotros mismos.

M.G.- De ellos hemos heredado muchas cosas, que usamos incluso hoy día. 

A.P.- Somos hijos de Roma, Atenas y Jerusalén. La fuerza de atracción de Roma es incomparable.

M.G.- Centrándonos en la novela, tengo que confesarte que jamás había oído hablar de Sila. No sabía nada de él, ni he leído nada sobre su figura en ninguna otra novela histórica, que yo recuerde. Ni siquiera en cine. Mi primera pregunta con respecto al protagonista es: ¿cómo llegas a Sila?, ¿y por qué decides escribir una novela centrada en su figura?

A.P.- Creo que la primera vez que leí sobre Sila fue en Plutarco. Él escribió biografías sobre personajes que ya eran personajes históricos para él. Plutarco escribe en época de Trajano y Sila es de la época republicana. Para Plutarco, Sila es un personaje del pasado, de cuya vida se pueden extraer enseñanzas. Sus biografías me marcaron mucho. Y a los romanos les apasionaba leer estas biografías sobre sus antepasados, biografías que nosotros seguimos leyendo. Cuando leí sobre Sila en Plutarco, llama mucho la atención la cantidad de contradicciones del personaje, su complejidad. Fue un joven patricio pero su familia se arruina, así que parte de una situación muy desventajosa. Pasa unos años de vida muy desenfrenada que dañará su reputación pero, por vicisitudes del destino, reconstruye su fortuna y eso le permite iniciar su carrera política que, al final, le conducirá a una dictadura. Todos estos elementos llamaron mucho mi atención. He pasado muchos años interesándome por su figura, aprendiendo, documentándome. Y producto de todos esos años es esta trilogía. 

M.G.- Después hablaremos de esa trilogía pero ¿Sila es tan sólo un gran desconocido para mí o también lo es para todos esos lectores que solamente leen novela histórica?

A.P.- Bueno, el lector de novela histórica romana, creo que es un lector especializado, es un tipo de lector nicho, que conoce las convenciones del género, tiene expectativas, está muy bien informado y quiere aprender. Al mismo tiempo, quiere saber si el autor está a la altura, si tiene los conocimientos que el lector ya tiene. No es un lector que parta de cero. A este tipo de lector probablemente sí le suena el nombre de Sila. De hecho, Posteguillo lo ha sacado en el primer libro de esta saga dedicada a Julio César, en Roma soy yo. Ahí ya aparece el nombre de Sila, y eso probablemente contribuye a que al lector le suene más. 

Pero en cine sólo aparece en una miniserie que hicieron sobre Julio César, y te estoy hablando del año 2002. Ahí aparece un Sila maravilloso, en el primer capítulo, interpretado por Richard Harris, que también haría de Marco Aurelio en Gladiator, y luego hizo de Dumbledore en la primera película de Harry Potter. Fue un actor maravilloso.

[Clic, si quieres oír nuestra conversación]

M.G.- Y la imagen que se dio de Sila en esa miniserie, ¿concuerda mucho con lo que tú has leído sobre él?

A.P.- Creo que lo adaptaron bien. Se ve esa faceta de Sila, que puede ser cruel pero, a la vez, tiene su retranca. Resulta gracioso en el sentido que, por las circunstancias, puede resultar macabro. Creo que supieron conjugar muy bien sus dos facetas. Ya lo mencionaba Plutarco, que era un dictador, pero luego se iba de fiesta con sus amigos, de clase social muy inferior, reía, bebía, y se dejaba persuadir y convencer por estos amigos. Digamos que se dejaba influenciar. Pero era un dictador temido, con su punto de crueldad.

M.G.- Dictador y cruel, pero en la faja de la novela se dice que era enemigo y amigo, aunque a mí lo de amigo y dictador, no sé yo hasta dónde me cuadra.

A.P.- Claro, eso es lo que me fascina de Sila. Es fácil decir que era un dictador y que mandó matar a mucha gente, que era un psicópata, pero el psicópata concibe a las personas como instrumentos. Sin embargo, Sila, en su época de marginalidad, durante su juventud, hizo una serie de amistades y mantuvo relaciones sentimentales que lo acompañarán toda su vida, incluso cuando ha prosperado, ha recuperado su fortuna y se abre camino en política. Lo fácil hubiera sido deshacerse de esos personajes, olvidarse de sus amigos de farándula, de clase social inferior, pero no lo hace. Durante toda su carrera política los mantiene a su lado y en plena dictadura reconocerá que tiene tal amante, o tal relación homosexual, que sus amigos son actores. A la élite política eso le sienta fatal, pero él mantiene a sus amigos a su lado. Así que también tiene ese punto de lealtad, de humanidad. Todas esas complejidades, todas esas luces y sombras, me parecen muy atractivas.

M.G.- Y cambió el destino de Roma. ¿Cómo era la Roma, antes de Sila, y cómo fue después?

A.P.- Cuando Sila se proclama dictador, él concibe su dictadura como un periodo necesario para hacer las reformas de calado que necesita la República para sobrevivir. Antes de Sila, la República había entrado en una fase de decadencia. La violencia política se había vuelto el pan nuestro de cada día. Había muchísimos problemas sociales que ya se habían cronificado. Al ganar guerras civiles, Sila ve la oportunidad de cambiar Roma, puede hacer lo que quiere hacer, sin que nadie le chiste, para salvar la República y así lo hace. Cuando considera que su labor ha terminado, abdica y se marcha al campo. Fue algo que me impactó. A Sila no lo tuvieron que asesinar como ocurrió con Julio César, que pretendía perpetuarse en el poder. Sila cumple dos años de dictadura sangrienta y a los dos años, cumplida su misión, se retira. Ni siquiera se quedó en Roma. Creo que trató de imitar a Solon, uno de los grandes legisladores griegos. Solon redactó las leyes de los atenienses y luego se va de viaje por el Mediterráneo. Deja las leyes para que el pueblo las ponga en práctica y él se va para no ser un elemento distorsionador al que pudieran recurrir para impugnar tales leyes. Esto es algo que denota mucha inteligencia política. Morirá poco después, pero muere con la convicción de que su sistema político perdurará. El problema con Sila es que él introduce al ejército en la ecuación política. Siendo general, coge a sus legiones, los mete en la ciudad, y zanja de ese modo la discusión política, por la fuerza de las armas. Ese ejemplo es lo que condena la República y es con lo que Julio César se va a quedar. 

M.G.- A los escritores de novela histórica os ocurre que, a veces, tenéis que rellenar muchas lagunas. ¿Hay muchas partes ficcionadas en esta novela?

A.P.- En esta primera novela hay más porque relato sus primeros treinta años de vida, de los que hay menos información. Son los años de marginalidad, de vida alegre,... De esa época sólo tenemos pinceladas y supuso un desafío para mí. Entiendo que los ensayistas e historiadores no pueden inventarse cosas. Pueden especular pero sus especulaciones están muy restringidas, pero los novelistas es otra cosa. No soy historiador y puedo ir más allá, sugerir lo que pudo haber pasado en esos años. Ahí está la gracia. Sabes que Sila vivió su juventud en ese periodo histórico y, a la vez, conoces los principales hechos históricos que sucedieron en esos años y entonces, te preguntas cómo le impactaron, de qué manera participó, qué impresión tenía,... Todo eso es lo atractivo, ver cómo todo lo que ocurre a su alrededor va forjando su carácter y se convierte en dictador. Lo que ocurrió durante esos primeros treinta años de vida tiene un peso enorme en su carrera. De ahí, el título, el origen del dictador.

M.G.- Hay un montón de personajes en la novela, hasta el punto de que has tenido que poner un dramatis personae al inicio. ¿Cómo ha sido manejar a tanto personajes, además, personajes históricos?

A.P.- Ha sido un desafío. Con la novela quería mostrar que Roma no era una arcadia feliz y que fue llegar el dictador y, de repente, todo cambió. No fue así. Hubo una decadencia previa, una República que se va corrompiendo, degenerando y todo eso ocurre, no por la decisión de una persona, sino que hay muchos actores que van a ir contribuyendo a la degeneración del sistema. A veces, ocurre de forma maquiavélica porque hay personajes maquiavélicos, de estos hay bastantes en la novela, o porque, aun teniendo buenas intenciones, saben que, para triunfar en Roma, tienen que hacer cosas cuestionables desde un punto de vista ético. Todos ellos contribuyen a que la República se vaya por el sumidero, por eso era tan importante que la novela fuera coral. 

M.G.- Y siendo una novela coral, quería preguntarte por otros personajes, como Mario. Pero a mí me interesan mucho los personajes femeninos. ¿Hay algún personaje femenino que quisieras resaltar?

A.P.- Bueno, no son exactamente protagonistas. La sociedad romana era una sociedad masculina, patriarcal, en el sentido más correcto de la palabra. La voz cantante la tenía el pater familia y la mujer queda en una posición más subordinada pero, incluso en esa situación, la mujer romana ejerce algún tipo de influencia y eso se ve en esta novela. Hay personajes femeninos muy potentes, aunque más discretos que los masculinos. Por ejemplo, señalaría a Nicópolis, personaje histórico real, amante de Sila durante varios años. Por el nombre griego, parece una mujer de origen extranjero. No era romana propiamente pero sí fue una mujer independizada económicamente, una mujer que incluso mantuvo económicamente a Sila durante varios años, una mujer mayor que él. Sobre ella recae la sospecha de haber ejercido la prostitución, porque se cree que su independencia económica procede precisamente de eso, de haber ejercido la prostitución de alto standig. Aunque, todo esto no es más que una especulación de los historiadores. A mí me interesaba explorar esa relación entre la mujer independizada económicamente en el mundo antiguo y su voracidad sexual. En el imaginario de la antigua Roma, una cosa estaba relacionada con la otra.

Luego, otro personaje que me gusta mucho es Fulcinia, la madre de Mario. Es un personaje histórico y sobre ella sólo conocemos su nombre. He tenido que inventar su personalidad y también su longevidad, porque no sabemos cuándo falleció, hasta cuándo estuvo presente en la vida de Mario, o si murió antes o después de su marido. Este personaje me ha servido para representar a ese arquetipo de mujer ambiciosa, que vive su ambición a través de su hijo. Es algo que se ve también en Yo, Claudio, con Libia, la esposa de Augusto, que quiere que Tiberio sea emperador a toda costa. Fulcinia es un personaje secundario pero en todas sus escenas ella tiene el control y su figura es muy determinante en la construcción psicológica del personaje de Mario.

Y, por último, está Lusia, la esposa de Mario. Es un personaje inventado pero igualmente me ha servido para representar una serie de cosas. Era importante introducir a este personaje, pero no quiero contar mucho más porque sería hacer spoilers.

M.G.- De acuerdo. Y a ver, Sila, el origen del dictador es la primera entrega de una trilogía. Luego vendrán Sila, soldado de Roma y Sila, dictador de Roma. ¿Pero estas novelas están ya escritas o estás en ello?

A.P.- Estoy en ello.

M.G.- Es que llama mucho la atención que, si abrimos la solapa trasera del libro, aparezcan ya las cubiertas de las próximas novelas.

A.P.- Sí, es una apuesta de mi editor y, hasta cierto punto, un salto de fe, que creo que se verá recompensado con creces. Estoy escribiendo el segundo libro. Estoy muy contento con lo que llevo escrito. Creo que si estoy contento con el primero, el segundo va a ser mejor. Voy a contar más cosas de un Sila más maduro. Si en esta primera novela, los personajes se encauzan, en la segunda se van a desplegar, con todo lo que eso conlleva. Estoy disfrutando mucho de la escritura de este segundo libro. Y en cuanto al tercero, tengo hecho el esquema. En cierto modo, será el más fácil porque es el momento histórico del que tengo más documentación, así que será cuestión de decidir qué primo y qué no primo, qué muestro y qué no muestro. No es necesario enseñar todo lo que ocurrió sino aquello que tenga moraleja detrás, que me sirva para el drama. Va a ser más una labor de selección.

Lo que yo le dije a mi editor es que quería hacer una historia sobre Sila. Se la vendí y él me la compró. Estaba encantando, desde el primer momento, pero le comenté que no podía hacerlo en un solo libro porque no podía abarcar toda su vida en un solo volumen y él me dijo que lo hiciera en dos más.

M.G.- Así, sin presión alguna.

A.P.- Bueno, creo que el primero ha sido más complicado porque no tenía oficio. Además, nunca había trabajado con un plazo de entrega, nunca había hecho una escaleta. Al principio, mi editor me decía que le ofreciera una escaleta de todos los capítulos y le contestaba que no sabía cuántos capítulos iba a tener el libro, ni cuáles iban a ser,... Para mí todo esto era un hobby, pero ahora ya lo hago con oficio. Ahora tengo la experiencia del primero, que ha sido más complicado, tenía que inventar más. Pero los personajes ya tienen su personalidad y ruedan solos. Lo único que espero que no se me vaya mucho de páginas.

M.G.- Última pregunta, Álvaro. Entiendo que eres lector de novela histórica.

A.P.- Sí, me gusta mucho. Evidentemente me he inspirado en Santiago Posteguillo. Me ha ayudado mucho en el apartado técnico. En cuestión de contenido, me he inspirado en Colleen McCullogh, una autora australiana que ya falleció. Tiene una saga de novelas históricas. Desde el primer libro, ella mostraba esa sordidez de la República, que me parecía muy importante ilustrar. Ella peca mucho más que yo de erudición, hace digresiones demasiado pesadas. Hoy en día, un editor le diría que tiene que replantear la historia porque puede resultar pesado. Su libro, El primer hombre de Roma, lo he tenido casi de consulta, de referencia. 

M.G.- Álvaro no tengo más preguntas, no te quiero robar más tiempo. Ha sido un placer tenerte por aquí. Tienes tarea por delante y espero verte con la siguiente.

A.P.- Eso espero cuando publique Sila, soldado de Roma. Gracias.

Sinopsis: Roma, 121 a. C. La República se tambalea en medio de una grave convulsión política marcada por la violencia en las calles y los asesinatos de senadores. Lucio Cornelio Sila, un joven patricio, es desheredado por su padre, pues este lo considera indigno del legado familiar por su vida disoluta. Despreciado por la alta sociedad romana y obligado a valerse por sí mismo, deberá aprender a manejarse con astucia y sin escrúpulos para recobrar la buena fortuna en un mundo donde reinan la lucha por el poder, la traición y la supervivencia del más fuerte, lo que pondrá a prueba su lealtad, integridad y ambición. Pero este solo será comienzo de su épico viaje desde la irrelevancia social hasta lo más alto del gobierno, donde Sila transformará la faz de Roma para siempre.

En su primera novela, Álvaro Pavón captura la esencia de la antigua Roma antes del Imperio, mostrando el lado más sórdido de su sociedad, su política y sus personajes, e inicia una épica trilogía sobre la historia del hombre que, antes de Julio César, dinamitó la República y marchó sobre Roma para instaurar una cruel dictadura.

jueves, 25 de junio de 2026

ELVIRA MÍNGUEZ: ❝Escribo sobre mujeres porque soy mujer❞

La pasada primavera, Elvira Mínguez se alzó con el Premio Primavera de Novela con su libro La educación del monstruo. A Mínguez la conocíamos principalmente como actriz de cine y televisión. Recientemente ha participado en el rodaje de Sira, continuación de El tiempo entre costuras, cuyo estreno está previsto para finales de este año, o para principios del 2027. Pero también la conocemos por otros muchos trabajos, dada su larguísima trayectoria en el mundo audiovisual. Recientemente la hemos podido ver interpretando a una cocinera en la película La cena o en las series Marbella, expediente judicial o Vida perraSin embargo, desde que en 2023 publicara La sombra de la tierra, llevada a la televisión, compagina su faceta de actriz con la escritura. 

La educación del monstruo nos habla de tres mujeres, Águeda, Olvido y Matilde, y de tres épocas conectadas. Con una estructura compleja, que entrelaza los tres hilos temporales, esta nueva novela de Elvira Mínguez hace una incursión en el pasado, en la memoria y los recuerdos y en la inmigración española en los años 60, pero también aborda una cuestión más intensa, como es la verdadera naturaleza del ser humano. 

A su paso por Sevilla, tuve la oportunidad de sentarme a hablar con Elvira Mínguez y me contó todo esto.

Marisa G.- Elvira, un placer tenerte otra vez en Sevilla. Qué alegría verte de nuevo.

Elvira M.- Gracias.

M.G.- Bueno, me estoy leyendo tu libro. Voy por la página 200 y vaya…

E.M.- Alguna escena que duele, ¿no?

M.G.- Sí, duele, duele. Pero, en primer lugar, muchas felicidades por tu premio, por el Premio Primavera de Novela. Con la anterior ya te dieron el premio de la crítica en Castilla y León.

E.M.- No, no, quedé finalista.

M.G.- Ah, pues había leído que habías ganado.

E.M.- No, me enteré hace poco porque me lo dijo mi editora pero fui finalista. A mí no me dieron ningún premio.

M.G.- Bueno, pues finalista. Pero ahora sí, con La educación del monstruo te llevas un premio. Ha sido como llegar a la literatura y besar el santo porque la anterior funciono muy bien, hasta el punto de llevarla a televisión, con una serie en la que fuiste guionista.

E.M.- Y directora.

M.G.- Y directora, exactamente.

E.M.- La verdad es que para mí ha sido una sorpresa. Lo del premio pues, qué quieres que te diga, que ha sido algo muy bonito. No me lo podía ni imaginar, te lo aseguro. A pesar de las nominaciones en cine y de los premios pues, no sé, este premio me ha hecho una ilusión que no me ha hecho ningún otro.

M.G.- Llegados a este punto, en el que estás viendo que tus historias y tu forma de escribir gusta a los lectores, ¿has llegado a pensar que, de saberlo, te hubieras puesto a escribir mucho antes?

E.M.- No, no. Estoy convencida de que la escritura ha llegado cuando tenía que llegar. En el fondo, esto no es más que otra forma de contar una historia. Es una manera de narrarme a mí misma. Me parece que es algo que ya hablamos con la novela anterior. Creo que todos necesitamos narrarnos. A la hora de concebir personajes, a la hora de escribir, lo hago de esta manera gracias a todos los años que llevo en lo otro, en el cine. Mi cabeza es visual. Me levanto y paso mucho tiempo visualizando, imaginando, tratando de transcribir al papel lo que veo. Y la manera de concebir a los personajes es la misma que uso cuando interpreto. Los voy creando a base de ir creando atmósferas.

De un modo u otro, voy aplicando lo que he ido aprendiendo durante estos treinta años de interpretación.

M.G.- La primera novela la has llevado al cine, con Carmelo Gómez, además. ¿Cómo es ver tu historia escrita en formato audiovisual? 

E.M.- Cuando escribo no pongo caras, salvo con el personaje que interpreta Carmelo en La sombra de la tierra. Es verdad que, cuando creé a ese personaje, tenía a Carmelo en la mente. Pero en La educación me ha pasado igual. No pongo caras. Cuando los escribo, me imagino cómo se rascan, cómo se mueven, cómo se giran o cómo cogen algo. Y yo hago los mismos movimientos, práctico para ver cómo se extienden los dedos, o cómo hacen esto otro. Puedo tener una idea vaga en cuanto a las descripciones pero no tengo un rosto.

O sea, supongo porque de alguna manera como yo los interpreto, a la hora de escribir, os admiro a ver cómo se rascan, cómo se mueven, cómo se giran, cómo cogen algo, cómo se agachan y lo voy haciendo, ¿sabes? Muchas veces práctico para ver si es entonces extiendo los dedos, no sé qué, no sé cuál. Creo que no sé si será eso, pero no tengo ninguna cara.


[Para escuchar nuestra conversación, clic en el vídeo]

M.G.- La educación del monstruo tiene tres hilos temporales, muy conectados unos con otros. Vamos a ver a los mismos personajes en tres etapas distintas de su vida. A los lectores que se acerquen a este Premio Primavera, ¿qué le contarías sobre esta historia?

E.M.- La educación del monstruo es una novela negra, es un thriller. Es una investigación que va a llevar a cabo Matilde, uno de los personajes. En el año 2014, vamos a ver a Matilde en Madrid y en Valladolid. Ella tiene un niño de cinco años. El niño está jugando, tira la pelota fuera de casa y sale corriendo tras ella. Matilde se va a asustar mucho. Sale detrás del niño. Es un acto reflejo. De repente, conecta con su memoria, con algo que le ocurrió, pero que no acaba de entender muy bien. Es lo que los especialistas llaman un recuerdo involuntario. Se rompe la linealidad del tiempo y lo que pasó hace tiempo se vuelve presente. Riñe al niño, lo manipula con el miedo para que no vuelva a hacer lo que ha hecho. Mira al niño de un modo distinto. Ella se ve como si fuera un monstruo. Matilde no sabe lo que le ocurre, por qué ha reaccionado así, y trata de averiguar qué demonios le ha pasado. De ahí, la veremos en su infancia, en los años 76 y 77. La vamos a ver en el colegio donde estudiaba, un centro dirigido por una monja, la hermana Olvido. Por esos años, en Valladolid rondaba un violador que atacaba a las niñas. Toda la ciudad vive envuelta en ese clima de miedo. 

Por otro lado, también vamos a conocer a los personajes en el año 63. Águeda, la madre de Matilde, y su hermana Teresa, emigran a Alemania, a la ciudad de Düsseldorf.

Poco a poco, con cada hilo temporal, y mucho antes que Matilde, el lector irá uniendo las piezas. De alguna forma, he tejido un tapiz. De hecho, Matilde es vestuarista y se expresa usando términos relacionados con los tejidos, y las texturas.

M.G.- Es un estructura más compleja con la anterior. ¿Cómo te has desenvuelto a la hora de manejar tres tiempos?

E.M.- En un momento determinado pensé en hacerlo por etapas. Por un lado, la parte de Alemania, luego los años 70 y, al final, la de 2014. Pero así no me funcionó. Es lo que te decía, la historia es un tapiz y he ido tejiendo al mismo tiempo que se iba desarrollando la historia. Ha sido más difícil o más pesado hacerlo así porque, cualquier hilo que moviera en una época, modificaba absolutamente todo. Tenía que hacer como encajes de bolillos para un lado y para el otro. 

M.G.- La novela aborda muchos temas pero, de todos ellos, destaca o sobresale esa emigración de españoles a Alemania durante los años 60. Cuentas en la novela que esos españoles, que dejaron este país para buscar una vida mejor, cuando llegan allí se encuentran miseria igualmente, mucha soledad y mucha nostalgia. Se ve muy bien en el personaje de Teresa, de Águeda, o de su marido.

E.M.- Me encanta que me comentes esto. Supongo que a todos los escritores les pasará igual pero, en mi caso, a la hora de documentarme, sufro del síndrome del impostor. Yo no hago un proceso de documentación previo sino que me voy documentando a medida que voy escribiendo, que se me van ocurriendo cosas. En este sentido, cuando me documenté sobre la emigración a Alemania, me topé con algo que me pareció alucinante. Y es que no solo había emigración legal, sino también ilegal. Ellos se marchaban a un país en el que se habla un idioma que no conocen, con un clima durísimo. Y hay algo muy importante que les pasa a todos los emigrados. Tienen que poner buena cara ante sus familias, hacerlos creer que todo va muy bien y que van a ganar mucho dinero. Todos ellos sufren una decepción muy grande porque no se cumplen sus expectativas. Todo esto me pareció muy interesante, como hablar también de la emigración ilegal. Los que emigraban de manera ilegal tenían mucha más libertad para dejar un trabajo y buscar otro que aquellos otros que fueron de manera regular, a través del Instituto de la Emigración. 

M.G.- Pero, ¿en qué consistía esa emigración ilegal? ¿No llevaban permiso de trabajo o cómo era?

E.M.- Te daban un permiso de turista. Algunos entraban y salían, pues depende, algunos lo hacían por Holanda. El visado duraba sólo tres meses. A los tres meses tenían que salir y volvían a entrar con un nuevo visado. Claro, entraban sin un contrato firme pero, al mismo tiempo, eso le daba mucho margen para dejar un trabajo e irse a otro, si se cometían muchas injusticias en el trabajo o si no se les pagaba bien.

M.G.- Y tocas otros muchos temas de mucha importancia. Vamos a ver escenas muy machistas, abordas el tema de la religión a través de esa monja, que se llama Olvido, o el maltrato, la culpa, el pasado que siempre vuelve, ese pasado que tanto trabajo cuesta dejar atrás.

E.M.- Sí, por eso las dos frases de inicio de la novela, la de Virginia Woolf y la de Elias Canetti. Mira me he dado cuenta que hay dos temas que son muy importantes para mí y que, imagino, serán recurrentes. Uno es la memoria y el otro, el tiempo. 

La memoria la necesitamos para construir nuestra identidad. La construimos en base a lo que hemos vivido. Está siempre ahí, permanece, por mucho que le queramos dar vueltas. Sobre la memoria hay muchos estudios pero, realmente, todavía no se sabe tanto como se debería saber. Cuando Matilde tiene ese recuerdo involuntario, ¿cómo se construye un recuerdo? ¿Cuáles son los mecanismos? Creo que la memoria es un tema clave para el ser humano.

M.G.- Los españoles que emigraban de forma legal a Alemania, lo hacían a través del Instituto de Emigración. Luego, cuando ya estaban allí, acudían a esos centros culturales españoles, que eran como un reducto de España en el extranjero. En la novela vamos a verlos en esos centros, donde se sentían, un poco como en casa, y son escenas muy entrañables.

E.M.- Eran centros donde no solamente se reunían los españoles que vivían en el extranjero sino que también eran lugares que permitían al régimen franquista controlar lo que había allí. Incluso Cáritas ejercía también este tipo de labor. De alguna forma, el régimen vigilaba de qué forma calaban las ideas democráticas. El régimen quería seguir controlando, incluso a la gente que vivía fuera de España. En el caso de los personajes de la novela, vamos a ver a Matilde, a Olvido y a Águeda, las tres mujeres protagonistas, que son auténticas heroínas y que se posicionan en contra del sistema. Águeda llega a denunciar en Alemania los malos tratos que ella ve en su casa y se dirige al centro español para denunciarlo allí pero no, no servía. Ellos sabían lo que ocurría en todas las casas, y funcionaban como centros informativos.

M.G.- Águeda, Olvido y Matilde van a ser los tres pilares de la novela. Águeda me roba el corazón. Matilde me recuerda mucho a las madres de hoy, que sobreprotegen a sus cachorros. Y Olvido es esa religiosa que se cuestiona incluso la existencia de Dios. Me parecen tres personajes con una identidad muy rotunda.

E.M.- Sí. En el caso de Matilde, su monstruo es la sobreprotección.  

Algo muy importante en la novela, y de ahí el título, es la existencia de un monstruo real. Hablo de Javier. Como es una novela negra, no estoy haciendo ningún tipo de spoiler. Pero luego, lo que más me interesa es lo que me pasó escribiendo la novela. Quise colocar al lector en un sitio en el que él fuera capaz de reflexionar sobre cuál es el monstruo. ¿O cuáles son los monstruos que no quiero ver? ¿Cuáles son los que desconozco? ¿Cuáles son los que voy a dejar en herencia a mis hijos? Esa era la reflexión que a mí me interesaba.

Cada una de estas mujeres lucha contra el sistema de una manera determinada. Águeda y Olvido denuncian, pero Matilde, lo que hace, de alguna manera, es denunciarse a sí misma. Pone en tela de juicio todo lo que sabe hasta esa conversación final que mantiene con su tía Teresa.

Con respecto a Olvido, te diré que yo soy atea por convicción y por voluntad propia pero he estudiado en un colegio religioso.

M.G.- Has estado en un colegio de monjas.

E.M.- Sí, cuya directora era Olvido pero no la Olvido de la novela.

M.G.- Es que se nota un montón.

E.M.- Todo lo que tiene que ver con el mal me ha interesado siempre muchísimo. Olvido no se cuestiona si existe Dios o no, sino que lo que se cuestiona es si Dios es bueno. 

M.G.- Que exista maldad en Dios.

E.M.- Exactamente. ¿Dios es malo? Esa es la pregunta a la que Olvido intenta dar respuesta. Ese es su monstruo, cómo ella puede sentir, en un momento determinado, que las bases del catolicismo se pongan en tela de juicio. ¿Qué ocurre si insertamos, como variable de la ecuación, la maldad de Dios?

Y en el caso de Águeda, su monstruo es la culpa. Cuando ella se encuentra con un Javier que está despertando a la sexualidad, ella empezará a culparse.

M.G.- Pero Elvira, independientemente de nuestros monstruos internos, hay otros monstruos que surgen a raíz del entorno en el que se crían, o eso pensamos. Es el caso de Javier, un personaje que sufre mucho, pero ¿ese monstruo es víctima de su entorno o el monstruo existe por naturaleza?

E.M.- Esa es una de las cuestiones que el lector tiene que responder. El monstruo, ¿nace o se hace? En el caso de Javier, es un niño abandonado, un niño que ha sufrido maltrato por parte del padre y, por tanto, sus circunstancias pueden llegar a ser un detonante para la construcción de una psicología y una personalidad monstruosa. Pero, además, hay que sumarle otros ingredientes al puchero de Javier, como es ese despertar sexual, o cómo Águeda se va transformando para él en un icono virginal. Todos esos ingredientes son los que acaban configurando al monstruo. Pero monstruosa es también la actitud de Águeda hacia su hija, la educación que le da, la responsabilidad que le echa encima. Y monstruosa es también la superprotección que ejerce Matilde sobre su hijo. O monstruoso es el silencio de las familias de todas esas niñas violadas.

M.G.- Uno de los hilos argumentales transcurre en Valladolid, en tu Valladolid natal, en los años 70.  ¿Vamos a ver la Valladolid de tu infancia?

E.M.- Sí, absolutamente. En los años 70, había un famoso violador en Valladolid, el violador del ascensor, pero indagando en hemerotecas, leí que, en España, en un sólo día, atrapaban hasta a dos violadores. Hubo momentos en lo que había hasta cuatro. En esos años, Franco ya había muerto pero cuando vivía, eran delitos de los que ni se hablaba. Denunciar que eso ocurría en un régimen dictatorial era algo imposible. Los policías no tenían ni preparación psicológica para enfrentarse a eso. Por eso a Olvido le gusta la psicología y ella, junto al comisario Gutiérrez, se encargará de empezar o de intentar aclarar lo que ocurre.

Por entonces, había mucho miedo en Valladolid. Recuerdo que, para ir a jugar a casa de una amiga, te tenía que llevar un hermano mayor. No te dejaban estar sola en la calle, y todo ese miedo fue calando, poco a poco. 

M.G.- Elvira, y hablando de la documentación, he leído que has hecho uso de una novela gráfica, un género que me encanta, pero al que los lectores se acercan poco. Me ha resultado un dato llamativo.

E.M.- Las novelas gráficas me encantan. De regalo de Reyes siempre pido una novela gráfica. Carlos Sanz me habló de esa novela que me ha servido de inspiración, en la que se habla de una emigración ilegal. Me fue muy útil porque, a partir de ahí, empiezas a buscar información por otro lado.

M.G.- Sí, una cosa te lleva a otra. 

Elvira, tus novelas son siempre de mujeres fuertes y potentes. Y me voy a meter en un jardín porque, ya que escribes tanto sobre mujeres, quisiera preguntarte si, el concepto que tenemos hoy de feminismo está bien entendido o, por el contrario, estamos metiendo en el mismo saco cosas que nos perjudican.

E.M.- Creo que, en un momento de crisis, la mujer pierde cualquier avance que se haya conseguido. Si hay que recuperar ciertas posiciones, las posiciones que se van a vender son las de las mujeres. En ese sentido, vivimos en un momento terrible. Debemos ser conscientes que todas tenemos una responsabilidad de guarda y cuidado de unas con otras. Pero no estoy hablando de feminismo, sino de sentido común. Escribo de mujeres porque soy mujer. Creo en la igualdad de derechos porque soy mujer. Creo en mi libertad y en mi individualidad, porque soy mujer. En los momentos en los que estamos, hay que estar por encima de ciertas cosas, y no perdernos con cosas que sólo nos puede colocar al borde del precipicio.

M.G.- Sí. Bueno, actriz, escritora, madre. ¿Cómo se compagina todo?

E.M.- Duermo poco, lo digo siempre. 

M.G.- Poco, ¿cuánto es?

E.M.- Pues, normalmente unas seis horas. Soy muy inquieta y tengo mucha energía. Luego, es verdad que no tengo el talento de la gestión del tiempo, pero con los años he aprendido a tener la capacidad de priorizar. Tengo muy claro cuál es mi prioridad número uno, mi familia. Si tengo que dejar cualquier cosa por ellos, lo dejo. Tengo también muy claro que la interpretación, el cine o la dirección de la serie es un oficio, como la escritura. Y la vida es otra cosa. Cuando tengo la fecha de entrega muy cerca, me llevo el ordenador a todos lados, pero cuando me apetece estar tirada, también me tiro. 

M.G.- Pues Elvira, muchas gracias por atenderme. Un placer hablar contigo.

E.M.- Muchas gracias a ti.

Sinopsis: Una historia inquietante y profundamente humana que explora cómo el miedo y la memoria pueden marcar una vida para siempre.

Pensamos que el monstruo siempre es el otro: un desconocido que se lleva a una niña en un coche blanco, un hombre que ataca en una calle desierta... ¿Qué pasa cuando descubrimos al monstruo que todos llevamos dentro?

Matilde es la madre entregada y sobreprotectora de un niño de cinco años. Un recuerdo involuntario será el detonante que la lleve a buscar el motivo de esta sobreprotección, que entiende cada día más dañina para su hijo y para ella misma.

Esta es también la historia de la madre de Matilde, Águeda, una joven que en 1963 emigró a Alemania con su familia y convivió bajo el mismo techo con un hombre y su hijo adolescente, un muchacho silencioso que aprendió demasiado pronto el lenguaje de la humillación.

En esta búsqueda Matilde regresará a su infancia, al Valladolid de los años setenta, y a su colegio, dirigido por la hermana Olvido. La ciudad vive sobrecogida por una serie de secuestros y violaciones a niñas que siembran el pánico mientras un silencio ominoso se instala en las familias.

La educación del monstruo es una novela sobre cómo se fabrica la violencia, cómo el miedo se transmite de generación en generación y cómo todos participamos, a veces sin saberlo, en la construcción del depredador.

Porque el monstruo no aparece de la nada.

Se forma en los márgenes.

Se alimenta del silencio.

Y alguien, en algún momento, le enseñó a serlo.


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