jueves, 2 de julio de 2026

ÁLVARO PAVÓN: ❝Somos hijos de Roma, Atenas y Jerusalén❞

A Álvaro Pavón lo conocí a mediados de mayo. El joven sevillano vive en Bruselas, y trabaja en el Parlamento europeo. Cuando me llegó su libro, y leí su breve (dada su juventud) biografía, me impresionó. No era un nombre conocido pero firmaba Sila, el origen del dictador. Empecé a leer. ¿Quién era este joven? ¿Y quién era Sila? A medida que indagaba más en el autor y en el protagonista de la novela, más impactada me sentía. Aquella novela parecía escrita porque alguien curtido en estas lides, no solo en lo que a narrativa se refiere, sino en el manejo del contexto histórico. Mis sospechas se confirmaron cuando me senté a hablar con él. Abajo tienes la sinopsis de la novela y aquí va nuestra conversación.  

Marisa G.-  Álvaro, un placer tenerte en Sevilla, conocerte, y leer Sila, el origen del dictador. Es tu primera novela, pero no sé si la primera novela que escribes.

Álvaro P.- Tengo un manuscrito de una novela ambientada en el antiguo Egipto, que algún día verá la luz, pero mi editor tenía muy claro que quería a alguien que contara historias ambientadas en la antigua Roma. Creo que hay una atracción, una fascinación por esa época entre los lectores, y a mí Roma, me encanta. 

M.G.- En tu biografía se explica que estudiaste filosofía, has indagado en la filosofía griega y latina. Imagino que, a raíz de ahí, de esa incursión en la filosofía griega y latina, empiezas a interesarte por todo lo que es la antigüedad clásica.

A.P.- Sí, claro. Empiezas a estudiar lo que piensan los filósofos, Sócrates, Platón, pero también te interesa saber por qué piensan lo que piensan. Te interesas por la ciudad donde se han criado, donde han filosofado, y eso te lleva al momento histórico, al contexto, y al final acabas absorto en todo eso.

M.G.- Has comentado que Roma tiene algo que fascina a los lectores, pero ¿qué es ese algo que acapara tantas novelas históricas?

A.P.- Siempre digo que en Roma nos reconocemos nosotros mismos, reconocemos nuestras inquietudes, nuestros problemas como sociedad, e incluso a nivel individual. Con el antiguo Egipto no ocurre eso. También son seres humanos pero en Egipto prima lo exótico, lo diferente a nosotros. Con Roma, no. En la historia de Roma nos leemos a nosotros mismos.

M.G.- De ellos hemos heredado muchas cosas, que usamos incluso hoy día. 

A.P.- Somos hijos de Roma, Atenas y Jerusalén. La fuerza de atracción de Roma es incomparable.

M.G.- Centrándonos en la novela, tengo que confesarte que jamás había oído hablar de Sila. No sabía nada de él, ni he leído nada sobre su figura en ninguna otra novela histórica, que yo recuerde. Ni siquiera en cine. Mi primera pregunta con respecto al protagonista es: ¿cómo llegas a Sila?, ¿y por qué decides escribir una novela centrada en su figura?

A.P.- Creo que la primera vez que leí sobre Sila fue en Plutarco. Él escribió biografías sobre personajes que ya eran personajes históricos para él. Plutarco escribe en época de Trajano y Sila es de la época republicana. Para Plutarco, Sila es un personaje del pasado, de cuya vida se pueden extraer enseñanzas. Sus biografías me marcaron mucho. Y a los romanos les apasionaba leer estas biografías sobre sus antepasados, biografías que nosotros seguimos leyendo. Cuando leí sobre Sila en Plutarco, llama mucho la atención la cantidad de contradicciones del personaje, su complejidad. Fue un joven patricio pero su familia se arruina, así que parte de una situación muy desventajosa. Pasa unos años de vida muy desenfrenada que dañará su reputación pero, por vicisitudes del destino, reconstruye su fortuna y eso le permite iniciar su carrera política que, al final, le conducirá a una dictadura. Todos estos elementos llamaron mucho mi atención. He pasado muchos años interesándome por su figura, aprendiendo, documentándome. Y producto de todos esos años es esta trilogía. 

M.G.- Después hablaremos de esa trilogía pero ¿Sila es tan sólo un gran desconocido para mí o también lo es para todos esos lectores que solamente leen novela histórica?

A.P.- Bueno, el lector de novela histórica romana, creo que es un lector especializado, es un tipo de lector nicho, que conoce las convenciones del género, tiene expectativas, está muy bien informado y quiere aprender. Al mismo tiempo, quiere saber si el autor está a la altura, si tiene los conocimientos que el lector ya tiene. No es un lector que parta de cero. A este tipo de lector probablemente sí le suena el nombre de Sila. De hecho, Posteguillo lo ha sacado en el primer libro de esta saga dedicada a Julio César, en Roma soy yo. Ahí ya aparece el nombre de Sila, y eso probablemente contribuye a que al lector le suene más. 

Pero en cine sólo aparece en una miniserie que hicieron sobre Julio César, y te estoy hablando del año 2002. Ahí aparece un Sila maravilloso, en el primer capítulo, interpretado por Richard Harris, que también haría de Marco Aurelio en Gladiator, y luego hizo de Dumbledore en la primera película de Harry Potter. Fue un actor maravilloso.

[Clic, si quieres oír nuestra conversación]

M.G.- Y la imagen que se dio de Sila en esa miniserie, ¿concuerda mucho con lo que tú has leído sobre él?

A.P.- Creo que lo adaptaron bien. Se ve esa faceta de Sila, que puede ser cruel pero, a la vez, tiene su retranca. Resulta gracioso en el sentido que, por las circunstancias, puede resultar macabro. Creo que supieron conjugar muy bien sus dos facetas. Ya lo mencionaba Plutarco, que era un dictador, pero luego se iba de fiesta con sus amigos, de clase social muy inferior, reía, bebía, y se dejaba persuadir y convencer por estos amigos. Digamos que se dejaba influenciar. Pero era un dictador temido, con su punto de crueldad.

M.G.- Dictador y cruel, pero en la faja de la novela se dice que era enemigo y amigo, aunque a mí lo de amigo y dictador, no sé yo hasta dónde me cuadra.

A.P.- Claro, eso es lo que me fascina de Sila. Es fácil decir que era un dictador y que mandó matar a mucha gente, que era un psicópata, pero el psicópata concibe a las personas como instrumentos. Sin embargo, Sila, en su época de marginalidad, durante su juventud, hizo una serie de amistades y mantuvo relaciones sentimentales que lo acompañarán toda su vida, incluso cuando ha prosperado, ha recuperado su fortuna y se abre camino en política. Lo fácil hubiera sido deshacerse de esos personajes, olvidarse de sus amigos de farándula, de clase social inferior, pero no lo hace. Durante toda su carrera política los mantiene a su lado y en plena dictadura reconocerá que tiene tal amante, o tal relación homosexual, que sus amigos son actores. A la élite política eso le sienta fatal, pero él mantiene a sus amigos a su lado. Así que también tiene ese punto de lealtad, de humanidad. Todas esas complejidades, todas esas luces y sombras, me parecen muy atractivas.

M.G.- Y cambió el destino de Roma. ¿Cómo era la Roma, antes de Sila, y cómo fue después?

A.P.- Cuando Sila se proclama dictador, él concibe su dictadura como un periodo necesario para hacer las reformas de calado que necesita la República para sobrevivir. Antes de Sila, la República había entrado en una fase de decadencia. La violencia política se había vuelto el pan nuestro de cada día. Había muchísimos problemas sociales que ya se habían cronificado. Al ganar guerras civiles, Sila ve la oportunidad de cambiar Roma, puede hacer lo que quiere hacer, sin que nadie le chiste, para salvar la República y así lo hace. Cuando considera que su labor ha terminado, abdica y se marcha al campo. Fue algo que me impactó. A Sila no lo tuvieron que asesinar como ocurrió con Julio César, que pretendía perpetuarse en el poder. Sila cumple dos años de dictadura sangrienta y a los dos años, cumplida su misión, se retira. Ni siquiera se quedó en Roma. Creo que trató de imitar a Solon, uno de los grandes legisladores griegos. Solon redactó las leyes de los atenienses y luego se va de viaje por el Mediterráneo. Deja las leyes para que el pueblo las ponga en práctica y él se va para no ser un elemento distorsionador al que pudieran recurrir para impugnar tales leyes. Esto es algo que denota mucha inteligencia política. Morirá poco después, pero muere con la convicción de que su sistema político perdurará. El problema con Sila es que él introduce al ejército en la ecuación política. Siendo general, coge a sus legiones, los mete en la ciudad, y zanja de ese modo la discusión política, por la fuerza de las armas. Ese ejemplo es lo que condena la República y es con lo que Julio César se va a quedar. 

M.G.- A los escritores de novela histórica os ocurre que, a veces, tenéis que rellenar muchas lagunas. ¿Hay muchas partes ficcionadas en esta novela?

A.P.- En esta primera novela hay más porque relato sus primeros treinta años de vida, de los que hay menos información. Son los años de marginalidad, de vida alegre,... De esa época sólo tenemos pinceladas y supuso un desafío para mí. Entiendo que los ensayistas e historiadores no pueden inventarse cosas. Pueden especular pero sus especulaciones están muy restringidas, pero los novelistas es otra cosa. No soy historiador y puedo ir más allá, sugerir lo que pudo haber pasado en esos años. Ahí está la gracia. Sabes que Sila vivió su juventud en ese periodo histórico y, a la vez, conoces los principales hechos históricos que sucedieron en esos años y entonces, te preguntas cómo le impactaron, de qué manera participó, qué impresión tenía,... Todo eso es lo atractivo, ver cómo todo lo que ocurre a su alrededor va forjando su carácter y se convierte en dictador. Lo que ocurrió durante esos primeros treinta años de vida tiene un peso enorme en su carrera. De ahí, el título, el origen del dictador.

M.G.- Hay un montón de personajes en la novela, hasta el punto de que has tenido que poner un dramatis personae al inicio. ¿Cómo ha sido manejar a tanto personajes, además, personajes históricos?

A.P.- Ha sido un desafío. Con la novela quería mostrar que Roma no era una arcadia feliz y que fue llegar el dictador y, de repente, todo cambió. No fue así. Hubo una decadencia previa, una República que se va corrompiendo, degenerando y todo eso ocurre, no por la decisión de una persona, sino que hay muchos actores que van a ir contribuyendo a la degeneración del sistema. A veces, ocurre de forma maquiavélica porque hay personajes maquiavélicos, de estos hay bastantes en la novela, o porque, aun teniendo buenas intenciones, saben que, para triunfar en Roma, tienen que hacer cosas cuestionables desde un punto de vista ético. Todos ellos contribuyen a que la República se vaya por el sumidero, por eso era tan importante que la novela fuera coral. 

M.G.- Y siendo una novela coral, quería preguntarte por otros personajes, como Mario. Pero a mí me interesan mucho los personajes femeninos. ¿Hay algún personaje femenino que quisieras resaltar?

A.P.- Bueno, no son exactamente protagonistas. La sociedad romana era una sociedad masculina, patriarcal, en el sentido más correcto de la palabra. La voz cantante la tenía el pater familia y la mujer queda en una posición más subordinada pero, incluso en esa situación, la mujer romana ejerce algún tipo de influencia y eso se ve en esta novela. Hay personajes femeninos muy potentes, aunque más discretos que los masculinos. Por ejemplo, señalaría a Nicópolis, personaje histórico real, amante de Sila durante varios años. Por el nombre griego, parece una mujer de origen extranjero. No era romana propiamente pero sí fue una mujer independizada económicamente, una mujer que incluso mantuvo económicamente a Sila durante varios años, una mujer mayor que él. Sobre ella recae la sospecha de haber ejercido la prostitución, porque se cree que su independencia económica procede precisamente de eso, de haber ejercido la prostitución de alto standig. Aunque, todo esto no es más que una especulación de los historiadores. A mí me interesaba explorar esa relación entre la mujer independizada económicamente en el mundo antiguo y su voracidad sexual. En el imaginario de la antigua Roma, una cosa estaba relacionada con la otra.

Luego, otro personaje que me gusta mucho es Fulcinia, la madre de Mario. Es un personaje histórico y sobre ella sólo conocemos su nombre. He tenido que inventar su personalidad y también su longevidad, porque no sabemos cuándo falleció, hasta cuándo estuvo presente en la vida de Mario, o si murió antes o después de su marido. Este personaje me ha servido para representar a ese arquetipo de mujer ambiciosa, que vive su ambición a través de su hijo. Es algo que se ve también en Yo, Claudio, con Libia, la esposa de Augusto, que quiere que Tiberio sea emperador a toda costa. Fulcinia es un personaje secundario pero en todas sus escenas ella tiene el control y su figura es muy determinante en la construcción psicológica del personaje de Mario.

Y, por último, está Lusia, la esposa de Mario. Es un personaje inventado pero igualmente me ha servido para representar una serie de cosas. Era importante introducir a este personaje, pero no quiero contar mucho más porque sería hacer spoilers.

M.G.- De acuerdo. Y a ver, Sila, el origen del dictador es la primera entrega de una trilogía. Luego vendrán Sila, soldado de Roma y Sila, dictador de Roma. ¿Pero estas novelas están ya escritas o estás en ello?

A.P.- Estoy en ello.

M.G.- Es que llama mucho la atención que, si abrimos la solapa trasera del libro, aparezcan ya las cubiertas de las próximas novelas.

A.P.- Sí, es una apuesta de mi editor y, hasta cierto punto, un salto de fe, que creo que se verá recompensado con creces. Estoy escribiendo el segundo libro. Estoy muy contento con lo que llevo escrito. Creo que si estoy contento con el primero, el segundo va a ser mejor. Voy a contar más cosas de un Sila más maduro. Si en esta primera novela, los personajes se encauzan, en la segunda se van a desplegar, con todo lo que eso conlleva. Estoy disfrutando mucho de la escritura de este segundo libro. Y en cuanto al tercero, tengo hecho el esquema. En cierto modo, será el más fácil porque es el momento histórico del que tengo más documentación, así que será cuestión de decidir qué primo y qué no primo, qué muestro y qué no muestro. No es necesario enseñar todo lo que ocurrió sino aquello que tenga moraleja detrás, que me sirva para el drama. Va a ser más una labor de selección.

Lo que yo le dije a mi editor es que quería hacer una historia sobre Sila. Se la vendí y él me la compró. Estaba encantando, desde el primer momento, pero le comenté que no podía hacerlo en un solo libro porque no podía abarcar toda su vida en un solo volumen y él me dijo que lo hiciera en dos más.

M.G.- Así, sin presión alguna.

A.P.- Bueno, creo que el primero ha sido más complicado porque no tenía oficio. Además, nunca había trabajado con un plazo de entrega, nunca había hecho una escaleta. Al principio, mi editor me decía que le ofreciera una escaleta de todos los capítulos y le contestaba que no sabía cuántos capítulos iba a tener el libro, ni cuáles iban a ser,... Para mí todo esto era un hobby, pero ahora ya lo hago con oficio. Ahora tengo la experiencia del primero, que ha sido más complicado, tenía que inventar más. Pero los personajes ya tienen su personalidad y ruedan solos. Lo único que espero que no se me vaya mucho de páginas.

M.G.- Última pregunta, Álvaro. Entiendo que eres lector de novela histórica.

A.P.- Sí, me gusta mucho. Evidentemente me he inspirado en Santiago Posteguillo. Me ha ayudado mucho en el apartado técnico. En cuestión de contenido, me he inspirado en Colleen McCullogh, una autora australiana que ya falleció. Tiene una saga de novelas históricas. Desde el primer libro, ella mostraba esa sordidez de la República, que me parecía muy importante ilustrar. Ella peca mucho más que yo de erudición, hace digresiones demasiado pesadas. Hoy en día, un editor le diría que tiene que replantear la historia porque puede resultar pesado. Su libro, El primer hombre de Roma, lo he tenido casi de consulta, de referencia. 

M.G.- Álvaro no tengo más preguntas, no te quiero robar más tiempo. Ha sido un placer tenerte por aquí. Tienes tarea por delante y espero verte con la siguiente.

A.P.- Eso espero cuando publique Sila, soldado de Roma. Gracias.

Sinopsis: Roma, 121 a. C. La República se tambalea en medio de una grave convulsión política marcada por la violencia en las calles y los asesinatos de senadores. Lucio Cornelio Sila, un joven patricio, es desheredado por su padre, pues este lo considera indigno del legado familiar por su vida disoluta. Despreciado por la alta sociedad romana y obligado a valerse por sí mismo, deberá aprender a manejarse con astucia y sin escrúpulos para recobrar la buena fortuna en un mundo donde reinan la lucha por el poder, la traición y la supervivencia del más fuerte, lo que pondrá a prueba su lealtad, integridad y ambición. Pero este solo será comienzo de su épico viaje desde la irrelevancia social hasta lo más alto del gobierno, donde Sila transformará la faz de Roma para siempre.

En su primera novela, Álvaro Pavón captura la esencia de la antigua Roma antes del Imperio, mostrando el lado más sórdido de su sociedad, su política y sus personajes, e inicia una épica trilogía sobre la historia del hombre que, antes de Julio César, dinamitó la República y marchó sobre Roma para instaurar una cruel dictadura.

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