miércoles, 31 de enero de 2024

LA DESCONOCIDA (THRILLER - 2023)

Año: 2023

Nacionalidad: España

Director: Pablo Maqueda

Reparto: Laia Manzanares, Manolo Solo, Eva Llorach, Blanca Parés,...

Género: Thriller

Sinopsis:  Carolina (Laia Manzanares) es una joven ingenua y encantadora que conoce a Leo (Manolo Solo) a través de un chat. Él es un hombre adulto que se ha hecho pasar por un chico de 16 años y, engañándola, ha conseguido quedar con ella en un apartado parque de la ciudad. Pero a medida que Leo conoce a Carolina empieza a sospechar que quizá ella no es tan inocente e inofensiva como aparenta.

[Fuente: Filmaffinity]


La desconocida, basada en la obra teatral «Grooming» de Paco Bezerra, no es una película para corazones sensibles porque, a veces, da mucho asco. Pero antes de meternos de lleno en esta historia, su director nos advierte lo siguiente:


«Este es el ruego de "no spoilers" que habéis leído cientos de veces. Y si debía de hacerse pensé que al menos debería venir de mí. Como descubriréis cuando veáis La desconocida, hay algunas grandes sorpresa más allá de la trama inicial y cuya conservación realmente afecta a las experiencias de un primer visionado. Gracias de antemano por ayudar a preservarlas para el público».


Teniendo en cuenta esta petición del director Pablo Maqueda, voy a tratar de contar lo justo, aunque en algún charco me voy a tener que meter. Voy a ello. 

La desconocida se inicia con tono alegre. En los créditos iniciales veremos a un hombre feliz, padre de familia, acicalándose con esmero, mientras entona la canción La vida sigue igual de Julio Iglesias. Nuestro primer contacto con la historia vendrá precedido por una sucesión de imágenes de lo que parece un hombre sencillo con una vida sencilla. Pero tanta acicaladura tiene un motivo muy concreto. Leonardo (que así dice llamarse) tiene una cita muy importante. En un parque madrileño ha quedado con Carolina, una chica de dieciséis años. De entrada, la cosa pinta mal. Esa secuencia, que dura unos cuantos minutos, nos mete de lleno en el meollo de la película. Y es que Leonardo es un pedófilo y Carolina, su víctima. Están rodeados de personas y, sin embargo, la chica, advirtiendo el engaño y el peligro, no sale huyendo. No puede. Está paralizada. Es incapaz de mover un solo músculo. Quizá, al principio, no entandamos qué es lo que le impide salir corriendo si está a plena luz del día y rodeada de gente. Bueno, muchas de las preguntas que nos haremos vendrán respondidas por diversos flashbacks, que nos ayudarán a comprender cómo se conocieron, por qué Carolina muestra esa actitud de sumisión, y otros muchas cuestiones de las que no os pienso hablar. 

Pero si piensas que La desconocida va sobre pedofilia te equivocas. Bueno, no exactamente, aunque sí te quedas corto. El grueso de la acción ocurrirá a lo largo de un único día en ese parque, unos hechos que, como digo, vendrán acompañados de diversos flashbacks. Ahora bien, la película nos tiene preparada más de una sorpresa, un brusco cambio de rumbo que tira por tierra todo lo que te habías imaginado. Cuando creías dominar la situación, llega Maqueda y compañía, y te da un sopapo. Todo eso hasta llegar a un desenlace en el que te quedarás ojiplático. ¿Este final cierra la historia? Digamos que pone fin a una jornada que ha estado llena de repugnancia y de estupefacción. Pero ese cierre supuestamente trae unas consecuencias que quedarán en el aire y de las que no se da cuenta. 

Qué me ha gustado de la película

De entrada, me gusta la temática, aunque sea de lo más repulsiva. La desconocida nos va a mostrar los peligros que se esconden en Internet y cómo se mueven los pedófilos, cómo atraen a sus víctimas, haciéndose pasar por jovencitos en chats de Internet, cómo programan sus citas, y qué hacen para conseguir la sumisión de las jóvenes. Pero también veremos qué pasa con esos tipos. ¿Acaso salen indemnes de sus actos? Y como te comenté antes, el largometraje también nos va a mostrar un par de giros de guion. El primero me encantó. Me pareció una manera interesante de darle la vuelta a la tortilla. ¿Es posible que el cazador se convierta en presa? Y el segundo, me dejó atónita. Pero como de todo hay en la viña del señor, no deja de resultar verosímil hasta donde pueden llegar las «neuras» del personal. 

Por otro lado, me gusta el juego que nos plantea la cámara. Maqueda opta por romper con el enfoque tradicional y centrar nuestra atención en partes del cuerpo, en gestos de los personajes que, sin hablar, nos transmiten todo. Creo que si la cámara hubiera funcionado de forma estática, el resultado en nuestras sensaciones hubiera sido totalmente distinto. No me hace falta ver para saber lo que ocurre. La imaginación es un arma poderosa.

Y, por último, me ha gustado que Maqueda considere al espectador inteligente. Porque no todo queda explicado pero se intuye. Es decir, habrá alguna escena que nos descoloque un poco. ¿Qué está haciendo el personaje en cuestión? Por lanzar una pista, ¿por qué cuando se ducha, sus pies están llenos de tierra? Cosas así, ¿no? Pero tienes que abrir bien las orejas, escuchar lo que los personajes cuentan sin perderte una palabra y, sobre todo, tienes que ir avanzando en el visionado, y llegar hasta los últimos quince o veinte minutos para encajar las piezas.

Qué no me ha convencido

No puedo hablar exactamente de que haya algo que no me haya convencido. Veréis el último giro te pillará por sorpresa. Es imposible que te lo imagines pero ¿quizá sea rizar demasiado el rizo? No sé explicarlo mejor si quiero evitar dar demasiado detalles. Hay que entender que los personajes tiene un pasado, que también tendrá su importancia, y te harán entender, al igual que hay lobos con piel de cordero, los corderitos no son inocentes. Y mucho estoy hablando ya.

Y con respecto al final, no puedo decir que no me haya gustado. Cierto es que, como dije antes, los sucesos que cierran esta historia inevitablemente traerán consecuencias pero sinceramente, me quedé tan pillada con el desenlace, que ni me planteé lo que podría venir después. Probablemente a otros les parezca un mal cierre pero a mí no me disgustó.

Reparto e intérpretes

A pesar de que hay otros personajes, el peso de toda la acción se sustenta en los hombros de Leonardo y de Carolina, sobre los que se centra toda la trama de la película. Él es un tipo que va de sobrado. Se ve como un hombre maduro, inteligente, con grandes conocimientos sobre el cine y sobre la vida, en general, con los que pretende impresionar a la jovencita. Esa es la visión que tiene de sí mismo pero de lo que no cabe duda es que es un manipulador nato, un embaucador, un ser asqueroso que incomoda mucho.  También es un completo gilipollas. Su auténtica naturaleza asoma cuando le ve las orejas al lobo. Así que irá pasando de un estado emocional a otro. 

Manolo Solo está que se sale en este papel. El tipo es capaz de revolverte las tripas con solo un gesto, un humedecerse los labios, una mirada,... Me gusta muchísimo este actor, tan camaleónico, capaz de meterse en un papel tan complicado como este sin despeinarse.

En cuanto a Carolina, la joven ha caído en la telaraña de su depredador. Es una jovencita, una estudiante que, como muchas, chatean con desconocidos por Internet. La inocencia, la inmadurez, la confianza serán sus características iniciales. Y recalco lo de iniciales. Ahí lo dejo. 

Laia Manzanares está a la altura de la interpretación de Manolo Solo. El rosario de emociones que transmitirá su personaje -desde la debilidad, la incredulidad, el miedo, el agobio, hasta otros que se posicionan en el extremo opuesto- llega al espectador a través de la pantalla.

Atmósfera

Aunque este largometraje cuente con un ritmo sostenido, lo cierto es que la tensión se dispara brutalmente en momentos puntuales. Debo confesar que el asco y el agobio me acompañaron en el primer tercio de la película, justo hasta el momento en el que se produce el primer giro. A partir de ahí, pasé a un estado de asombro absoluto. El guion juega con las emociones del espectador, lo lleva de aquí para allá, envolviéndolo en un ambiente oscuro y tenebroso, consiguiendo que nos mantengamos a la espera de averiguar qué ocurre realmente y quiénes son Leonardo y Carolina.


En definitiva, La desconocida me ha gustado. He leído muchas opiniones muy dispares. Unos la ensalzan moderadamente y otros la hunden en el barro. Particularmente, creo que  no será una película extraordinaria pero tampoco deja indiferente. Es que solo por la temática es imposible que no te afecte. Lo curioso es que no ha pasado la criba de las nominaciones en los Goya, y eso que el trabajo interpretativo de Manzanares y Solo es muy brillante. Perturbadora, incómoda y asquerosa a ratos, La desconocida puede ser una buena propuesta si no te importa enfrentarte a los instintos más bajos del ser humano.  

La tenéis en Filmin.




Tráiler:




martes, 30 de enero de 2024

FERMINA CAÑAVERAS: ❝Quedarte embarazada en un campo de concentración era tu sentencia de muerte❞

El 27 de enero se celebra el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. No es casual que últimamente hayamos visto novelas relacionadas con Auschwitz, Ana Frank, o cualquier otro lugar, persona o suceso relacionado con la Segunda Guerra Mundial y los campos de concentración. A pesar de la dureza del tema, es una temática que me gusta y aunque parezca paradójico, he disfrutado muchísimo con la lectura de El barracón de las mujeres de Fermina Cañaveras. A todos nos suenan los nombres de algunos campos de concentración. Mauthausen, Bergen-Belsen, Dachau, o el mismo Auschwitz. ¿Pero qué pasó en Ravensbrück? Este campo de trabajo, cuyo nombre significa literalmente el puente de los cuervos, fue construido para albergar allí a las mujeres. Al horror de la brutal represión y trato vejatorio que sufrieron los presos de estos campos, hay que añadir que en Ravensbrück muchas mujeres fueron destinadas únicamente a ejercer la prostitución. Según se sabe, un total de veintiséis mujeres españolas pasaron por el prostíbulo de Ravensbrück. Una de ellas fue Isadora Ramírez García.

La primera novela de Fermina Cañaveras, titulada El barracón de las mujeres, cuenta su historia, su espeluznante testimonio, que te mantendrá pegado a las páginas de esta novela. Mientras llega el momento de hablaros con detalle del libro, de momento os dejo con la entrevista a la autora.


Marisa G.- Fermina, qué placer tenerte en Sevilla y conocerte. Y hacerlo, además, con tu primera novela, El barracón de las mujeres. Es una novela que nos habla de mujeres, de violencia contra la mujer, de campos de concentración y protagonizada por personajes reales. Tu trabajo tiene mucho que ver con las mujeres que han sufrido represión en el siglo XX pero, ¿cómo te topas con esta historia?

Fermina C.- Me topo con ella de casualidad. Estaba haciendo un trabajo también sobre mujeres y el Partido Comunista. No había terminado la carrera cuando un profe me dice que me iba a poner en contacto con tres mujeres que fueron muy guerreras en aquella época, con las que empezar a hacer mi trabajo, porque la historia la tenía todavía viva. Una tarde, donde estaba la sede del PCE en Lavapiés, y hablando de todo esto, sale a relucir el nombre de Isadora Ramírez García. Me comentaron que estuvo viviendo en la calle Atocha, que pasó por un campo de concentración, y que tenía el tatuaje en el pecho que la designada como Feld-Hure, lo que eran las putas de campo. Tras escuchar eso, yo seguí con mi trabajo porque no me quedaba otra más que terminarlo. Pero imagínate cómo me quedé cuando ellas me soltaron con tanta tranquilidad esa bomba. Pasmosa. Empecé a tirar del hilo pero únicamente por el hecho de querer saber más, fundamentalmente por conocer lo que le pasó a esa mujer, que había fallecido hacía pocos meses. Quería saber lo que le había ocurrido en ese campo.

Yo conocía que los nazis tenían planes para las mujeres en Ravensbrück, donde crearon una red de trata, unos prostíbulos, y movían mujeres a otros campos de concentración. Pero claro, cuando me meto en el meollo, me doy cuenta de los niveles de horror y de bestialidad. Perder la condición de ser humano en este campo no tenía que ver con los otros campos de concentración.

Después empezó la locura de intentar contactar con las mujeres que quedaban vivas, que en España solo quedaba una, de intentar sacar testimonios de las que habían estado en el campo de concentración ejerciendo la prostitución y, a partir de ahí, fraguar todo lo que le podría haber pasado a esta mujer. Ella ya estaba muerta y no tenía su testimonio de primera mano. He querido hacer de Isadora la representante de todas las mujeres que pasaron por los prostíbulos y por el barracón de las mujeres, que era así como se llamaba el prostíbulo.

M.G.- Pero tú optas por escribir una novela en vez de escribir un ensayo, por ejemplo, o una biografía.

F.C.- Para biografía, me faltaba mucha documentación. Y para ensayo, aún más. ¿Por qué? Porque este campo es el gran desconocido. Este campo era de mujeres y por eso, no éramos tan importantes como los hombres. 

Las que llegaban a Ravensbrück, si eran mayores de 50-55 años, menor de 8, o iban embarazada y se le notaba, ni te registraban. Directamente te borraban de la historia y te mandaban a la cámara de gas. Por eso, no se sabe exactamente cuántas mujeres pasaron por allí. 

Luego, pasó otra cosa. Los nazis, antes de que terminar la guerra y de que se liberara el campo, seguían con la idea de aniquilar más mujeres. Se desmontaron las cámaras de gas de Auschwitz y se las llevaron a Ravensbrück para seguir matando.  Ya no las quemaban sino que, ya fallecidas, las metían en vagones. Las trasladaban a bastantes kilómetros de distancia y las enterraban en fosas comunes. O también en fosas dentro del propio campo. A la vez que iban eliminando la documentación que tenían de ellas. Así, se perdieron archivos, documentos del campo, las fichas de matrículas, las fotos,... Se perdió mucho. Se cree que por allí pasaron 130.000 mujeres pero no se sabe exactamente el número. Fueron muchas más. Por eso, con toda esa información que me faltaba, no podía armar ni una biografía ni un ensayo. Había cosas que me bailaban, pero sí tenía información para prever sucesos, imaginarlos, y escribirlos en formato novela. 

M.G.- Ya te entiendo. 

La novela se estructura en dos hilos temporales. En 2008, conocemos a María, una periodista venida a menos. Tiene problemas. Digamos que está perdiendo el norte, tanto en el terreno profesional como en el personal. Su abuela Sole, con la que tenía una vinculación muy especial, fallece. A través de su abuela, María sabrá de la existencia de Isadora que, como tú dices, será un personaje que sirve como homenaje a todas esas mujeres que pasaron por los campos. Isadora es un vehículo contra la desmemoria.

F.C.- Totalmente. Creo que es un ejercicio de memoria necesario para poner a las mujeres olvidadas en su sitio, un ejercicio de humanizar las vidas «no vidas» de estas mujeres que llevan tanto tiempo deshumanizadas. 

Siempre digo que esta novela está hecha de retales de las historias de muchas mujeres. Sirve para poner encima de la mesa que nosotras también tuvimos voz y jugamos un papel muy importante en este conflicto. Es necesario que se sepa y se conozca.

También me parecía interesante enseñar, a través del papel de María, ese proceso de documentación que hago hasta llegar a Isadora. Me apetecía mostrar un poco todo lo que es pasar por los archivos, por los Amical, ver lo que consigo y lo que no.

Hay mucha gente que me pregunta por qué las protagonistas tienen una relación lesbiana, que si tenía que pasar por el cliché de que todo pareciera una novela. Pero no es así. Normalmente, las mujeres que eran lesbianas en la Segunda Guerra Mundial y, más concretamente en este campo, lo pasaron muy mal. Les tatuaban un triángulo negro porque, o eran putas, o lesbianas, o asociales. A las lesbianas se las sometió a una persecución bestial. Como yo digo, esta novela hay que leerla entre líneas y, aunque hay muchas cosas que no se dicen, sí se cuentan y sí se muestran. Ha sido como un guiño a todas esas mujeres lesbianas. No me he centrado en ellas pero sí quería que estuvieran para hacerles también su homenaje.


[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]



M.G.- Cuando Isadora comienza a contarle su vida a María, la periodista de investigación, comienza a narrar su historia desde que tenía diecisiete años. Acaba de terminar la guerra civil y ella está contentísima pero su propia familia le abre los ojos porque han salido de un calvario pero se meten en otro. Isadora vive en Madrid y llegará a Ravensbrück. ¿Cómo es ese camino hasta llegar al campo de concentración?

F.C.- El lector se puede preguntar que si le voy a hablar del barracón de las mujeres, si voy a denunciar lo que era la violencia sistemática de género en este campo de concentración, ¿por qué empiezo en el año 39, en España, y con Isadora tan joven? Bueno, creo que esta novela es también una historia de amor y de valores muy importantes que, a lo mejor el día de hoy, como estamos acostumbrados a ir tan rápidos, los hemos ido dejando a un lado o los hemos perdido. El amor por la familia, por un hermano, por un hijo,... es fundamental. Es lo único que tenemos, lo más importante. Son ellos los que siempre van a estar ahí. Por eso, creo que se hace necesario contar dónde se desencadena la historia y por qué. Lo que Isadora quiere es buscar a su hermano que está desaparecido desde 1937. Pero luego tendrá la mala suerte de estar en un sitio equivocado y terminar en un campo de concentración.

Es importante poner en valor a la familia y por la familia Isadora se cruza todo un país, con un exilio a la carta, gracias a una documentación falsa, y pudieron salir mucho más cómodamente que otra gente que tuvo que cruzar los Pirineos, algo que fue muy duro porque muchos acabaron en Argelès-sur-Mer. Pero ella no, ella tuvo, entre comillas, una suerte relativa, aunque con sus consecuencias. 

Isadora era muy joven cuando se exilia para buscar a su hermano. No tenía las ideas políticas muy definidas pero su familia, sí. Su tía Teresa era una persona muy conocida en Madrid, que pertenecía a la Asociación Libre de Mujeres. Era una mujer muy activa y de las que pensaban que había que formar parte de la guerra y pelearla. Ellas pensaban que si su bando hubiera ganado, igualmente el reparto hubiera sido para los hombres y a ellas las hubieran dejado al margen. Lo tenían clarísimo y sabían que tenían que jugar un papel fundamental. Además, quería mostrar que los patrones se repiten. Cuando el partido nazi empieza a hacer limpia, empieza primero con los judíos, después con los testigos de Jehová, después con los gitanos, y luego llegarían las mujeres. Quería que se viera que, por desgracia, todos los patrones se repiten en todos los conflictos.

M.G.- Bueno, Ravensbrück será el campo de concentración en el que acaba Isadora. Fue un campo de mujeres. Y dentro de este campo, había un prostíbulo. Pero no todas las mujeres ejercían en él porque, por ejemplo, las judías no ejercían la prostitución.

F.C.- No, no. Además, si violabas o te acostabas con una judía y te pillaban, te condenaban a la horca. Ravensbrück era un campo de exterminio, un campo de trabajo, un campo en el que ver cómo se gestionaba la trata de mujeres, y un campo para adiestrar guardianas. Hasta 1941, no empezaron a llegar hombres a este campo para convertirse en un campo mixto. Pero antes de esa fecha, si tú llegabas a Ravensbrück, las guardianas elegían lo que ibas a hacer dentro del campo. Si eras más bien joven y estabas aparentemente sana, ellas decidían que ibas a formar parte de las Feld-Hure. Pero hubo mujeres, por ejemplo, las españolas Neus Catalá o Elisa Garrido, que estuvieron en ese campo, y no fueron prostitutas, ni nunca se les propuso tampoco. Una vez que las que tenían la mala suerte de ser elegida como Feld-Hure, pasaban un primer control, y ahí comenzaba el horror más inmenso y más duro. Te cosían el triángulo al pijama y pasabas por una revisión ginecológica. De ahí se les hacía el despioje, porque a ellas no se les cortaba el pelo. Posteriormente pasaban una cuarentena, una desinfección y, a partir de ahí, comienza la iniciación, como les llamaban ellos.

Es decir que, después de pasar por todo ese trance, de tatuarte el libro de matrícula en el antebrazo, perder tu nombre, tatuarte el triángulo y las palabras Feld-Hure en el pecho, les daban un jabón que olía muy bien pero que tenía unas consecuencias terribles. Y de ahí, les facilitaban un camisón muy transparente, con un algodón muy finito, muy finito y las pasaban a otro barracón en el que normalmente los altos mandos decidían si podían servir para los burdeles o no. A lo mejor, como prueba, les pedían que les hicieran una felación. Si lo hacías mal, te pegaban un tiro. Así que, después de pasar por todo eso, no sabías si ibas a vivir, siendo violada hasta veinte veces al día, o iba a terminar tu vida. Vivir esa tensión tenía que ser durísimo. 

M.G.- ¿Y se sabe cuántas españolas pasaron por este campo y cuántas de ellas fueron seleccionadas para el prostíbulo?

F.C.- Que se tenga constancia, por allí pasaron unas cuatrocientas mujeres españolas. Y que yo sepa, de ellas, veintiséis ejercieron la prostitución en Ravensbrück, pero probablemente hubo muchas más. 

Elisa Garrido contaba que muchos soldados y militares ni siquiera pasaban por el prostíbulo sino que directamente iban a los barracones y si les gustaba alguna, la sacaban y la violaban. Ya daba igual. Así que, lo mismo muchas mujeres españolas no pasaron por el prostíbulo pero sí fueron violadas.

M.G.- He estado mirando un plano de Ravensbrück. Había una zona que se llamaba Uckermark. ¿Qué es eso?

F.C.- Es un campo muy pequeño con barracones, que se anexionó. Allí, las reclusas más jóvenes, a las que llamaban las reinas de las trincheras, se dedicaban supuestamente a curar a los homosexuales arios. Eran niñas de quince o dieciséis años, que no entraban en los prostíbulos. No estaban tatuadas pero las usaban para eso. Lo que pasa es que más adelante, empiezan a usarlas también para fiestas y orgías. Y allí comprobaban si ellas habían sido capaces de curar a los homosexuales. En 1942, 1943, a esas fiestas también llevan a algunas mujeres que no pasaban por el prostíbulo ni eran tatuadas. Eran como concubinas, como las preferidas. A esas mujeres se las llamaban las perras. 

Aquellas orgías eran una bestialidad. Y esto no sólo se hacía en Ravensbrück, sino también en otros campos.

M.G.- Terrible. E imagino que muchas de esas mujeres quedarían embarazadas. ¿Qué pasaba con ellas?

F.C.- Si te quedabas embarazada pasabas directamente al pabellón de la experimentación. A las mujeres embarazadas las llamaban las conejas. Experimentaban con ellas y con sus hijos. Si no conseguían terminar el embarazo, ni te sacaban al niño. Te dejaban ahí hasta que te murieses. 

Las que sí conseguían llevar su embarazo adelante, no dejaban que se produjera el parto de forma natural sino que las abrían, les hacían una cesárea y luego, las dejaban abiertas, con el feto colgando para ver cuánto duraban. A otras les inyectaban gérmenes de sífilis, o semen de chimpancé en las vaginas para ver qué pasaba. O les metían ratas en las vaginas. Quedarte embarazada en un campo de concentración era tu sentencia de muerte. Y más en este donde hicieron experimentos muy bestias.

Con otras mujeres que no estaban embarazadas pero sí muy machacadas de llevar tanto tiempo en el prostíbulo, pues también experimentaban con ellas. Les rajaban las piernas, les metían tierra, cristales, y las volvían a coser, para ver cuánto tardaba en sufrir una infección y cuánto tiempo podían seguir vivas.

M.G.- Matar por matar, vamos.

Has mencionado a Neus Catalá pero también a Elisa Garrido. He leído que esta última hizo explotar una fábrica.

F.C.- Sí, un barracón lleno de obuses.

M.G.- Claro, y piensas en ellas, en la situación que vivían, y hacían lo posible por boicotear lo que fuera. Imagino que entre ellas se ayudarían de alguna manera.

F.C.- La mayoría de las mujeres que consiguieron salir vivas de ese campo lo consiguieron por las familias que crearon. Se llamaban hermanas y cuidaban las unas de las otras. Y luego también es que había mujeres muy peleonas. Como te he dicho antes, Isadora era una cría y no tenía conciencia política, pero otras mujeres como su tía Teresa habían peleado mucho. Y aunque perdieron, seguían con ganas de seguir luchando. Así que, aparte de crear familias, ellas crean también pequeños grupos de resistencia, muy bien gestionados, y consiguieron muchas cosas en ese campo. Me llegó a contar Neus que Elisa iba diciendo que ella había volado el barracón. No le importaba. Si la llevaban por delante, ella ya había se encargado de hacer volar los obuses para que no mataran a más de los suyos. Es decir, con todo lo que está sufriendo en el campo, y las ganas que tiene de vivir y de seguir luchando. 

Las españolas que trabajaban en las fábricas de armamento buscaron la forma de boicotear las balas. Lo consiguen machacando moscas y metiéndolas en el percutor. Las balas que salían de allí no funcionan. Imagínate las ganas que tenían estas mujeres, a las que los nazi llamaban las gandulas, de decir que ahí estaban ellas. Querían poner en valor lo que eran y seguir peleando para ganar. Y sobre todo, para contarle al mundo lo que estaban haciendo con ellas.

M.G.- El libro cuenta con personajes reales entre las mujeres que estaban recluidas en Ravensbrück, pero también hay personajes reales en el bando de los alemanes. Por ahí aparece la figura de María Mandel.

F.C.- Sí, la bestia.

M.G.- Guardianas que eran peor que los hombres.

F.C.- Eran peores que los hombres, porque siempre tenían que estar compitiendo con ellos.

María era como la jefa del adiestramiento de guardianas, y las hacía a su imagen y semejanza. María se ganó el cargo y terminó en Auschwitz como la gran jefaza y la gran gobernanta. La que mejor gestionó los campos. Pero, a veces, cuando te pones a investigar, te planteas si aquellas mujeres no eran tan víctimas como las que estaban presas. ¿Por qué? Porque vienen de todo lo que fue el partido nazi, de toda la propaganda, de los discursos de odio que llevaban escuchando durante muchos años, y terminan por normalizarlos. Ellas creen que lo que les están contando es algo bueno y que el resto de la gente que no son como ellas, no tienen derecho a vivir. Llegaban con la cabeza hecha polvo. Y no sé, es complicado, y muy difícil de gestionar. Pero eran verdaderas bestias.

M.G.- Has comentado que has hablado con muchas mujeres. Con Neus, que es de las últimas que quedaban vivas. ¿Con quién más?

F.C.- Empecé a tirar de testimonios de mujeres polacas.

M.G.- ¿Y cómo fue esa comunicación?

F.C.- Pues aparte de tener que coger un traductor, lo que me llama la atención es que ellas lo cuentan más abiertamente que las mujeres de aquí. No sé si se debe al miedo, y a que veníamos de otra guerra. Pero estas mujeres polacas tienen clarísimo que quieren contarlo. Querían contar lo que les tocó ser y que ellas no eligieron. Y lo hablan de una forma más abierta. Es más, hay hijas de mujeres que estuvieron en el campo y que te dicen abiertamente que sus madres tuvieron la mala suerte de estar en un prostíbulo, pero no quieren que se les recuerde por eso. Y claro, todo eso es respetable. Pero creo que la memoria, como yo digo, hay que contarla tal y como sucedió. No podemos hacerla como a nosotros nos interese más porque, si no, creo que no estás dignificando ni contando realmente lo que pasó. Pero bueno, hay que respetarlo todo.

M.G.- Y al margen de la historia de Isadora, el presente de la novela transcurre en 2008, con María, la periodista que investiga la vida de Isadora. Esa parte de la novela tiene mucho misterio porque vamos a ver a personajes que no tragan a Isadora, sin que sepamos por qué. Es decir, que el lector también estará enredado en misterios.

F.C.-  Sí, misterios que tienen mucho que ver con la historia principal. Al final, todo queda cerrado y bien atado. Ahí se verá que hay una historia familiar muy oscura y muy potente, que nadie se atreve a contar. Intuiremos que ahí pasa algo y no sabemos la fuerza que puede tener una foto para que incluso llegue a hundir los cimientos de una familia. Así que, ahí hay dos historias paralelas, muy fuertes, muy potentes, que tienen que ver con la memoria pero que también cuentan con una unión entre sí. 

M.G.- Imagino que, tanto a María como a Carla, como a ti Fermina, esta historia les afectará, las cambiará. 

F.C.- Siempre digo que cuando termino esta investigación ya no soy la misma. Hoy sé cosas de este campo que no sabía cuando estaba escribiendo la novela. Cuando la estaba escribiendo, lo que tenía en la cabeza era algo tan bestia, que aunque me pusiera a imaginar, no podía llegar a pensar lo que había sucedido realmente, y cómo eran las vidas de estas mujeres. Con todo lo que leí y lo que me contaron, no sabía cómo podía gestionar toda esa información para ser completamente respetuosa, para no caer en el morbo, y para que el lector las entendiera y las acompañara en todo el proceso que es esta novela. Porque eso es lo que es, un acompañamiento en sus penas, en sus alegría, que también las tuvieron, en sus duelos,... En todo ese proceso. Y no eres la misma persona. No puedes seguir siendo la misma persona.

M.G.- Como última pregunta, ¿Isadora tuvo descendientes?

F.C.- No. Sí que tenía buenos amigos, que son los que me muestran fotos que, por respeto se quedan ahí, y se acabó. Ese es el problema de estas historias y de esta memoria, que el tiempo no juega a favor nuestro porque nos estamos quedando sin ella. Habrá muchos más nombres que se pierdan y que nunca se puedan recuperar porque Isadoras hubo muchísimas.

M.G.- Entiendo. Bueno, Fermina, muchas gracias por atenderme. La novela la estoy disfrutando muchísimo. A pesar de que es todo una tragedia, me gusta mucho leer sobre ese contexto. Te agradezco mucho que hayas venido a Sevilla, y que tengas mucha suerte con esta primera novela.

F.C.- Gracias a ti.

Sinopsis: Yo, Isadora Ramírez García, que perdí mi nombre cuando abandoné España junto a mi madre, Carmen, y a mi tía Teresa en 1939 en busca de mi hermano Ignacio, voy a contarte mi historia, María. Para que sepas quién soy y quién era tu abuela, y todo aquello que reunió a nuestras familias durante la Guerra Civil para separarlas después. Sabrás de sus pérdidas, que fueron las mías, del dolor inhumano y las lágrimas constantes… Y lo que pasó cuando nuestros destinos se separaron y yo me convertí en una de las prostitutas del campo de concentración de Ravensbrück, un lugar lleno de puentes y palomas blancas, cuyas plumas se ensuciaron de sangre y semen por dos razones: la simple y llana supervivencia y la lucha incesante, con armas escasas, contra el fascismo.

Quieres saber del campo de concentración infame que atentó contra la vida de miles de mujeres; ahí está la historiadora que eres, María, y que nunca ejerció como tal, pero la periodista en la que te has convertido, entre vasos de whisky, demasiados, y que aún busca una identidad que le niegan los secretos de familia, lo que quiere saber realmente es qué esconde la caja de los dolores feos.

Tres días, María, tres días y podrás abrir esa caja en la que, al contrario que en el mito clásico, la esperanza no ha buscado refugio, sino que voló de rama en rama para posarse a las puertas del puerto de Vigo, de una calle de París; se quedó enredada en las alambradas de Ravensbrück, regresó malherida a las puertas de la pensión Soledad y allí cantó de nuevo por la libertad, las mujeres, los oprimidos y la revolución.

Personajes reales y ficticios, un horror inimaginable, pero también amistad, resistencia y fraternidad componen esta novela de la que no se sale inmune sobre los perdedores de la guerra de España y su exilio a infiernos donde la crueldad es incomprensible incluso desde la más profunda de las infamias.

lunes, 29 de enero de 2024

EL OLOR DEL MIEDO de Manuel Ríos San Martín

 

Editorial: Planeta
Fecha publicación: agosto, 2023
Precio: 21,90 €
Género: thriller
Nº Páginas: 552
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubiertas
ISBN: 9788408276593
[Disponible en eBook y Audiolibro]


Autor

Manuel Ríos San Martín (1965) es licenciado en Ciencias de la Información y ha trabajado como productor ejecutivo, director o guionista en distintas series de televisión, como Colegio mayor, Médico de familia, Compañeros, Raphael o Sin identidad. Actualmente es director argumental de Operación Barrio Inglés (TVE). Ha dirigido un largometraje, No te fallaré, y ha colaborado en la escritura de los guiones de Amigos... y Maradona, la mano de Dios. Ha coordinado y coescrito el libro El guion para series de televisión, publicado por el Instituto de RTVE. También es autor de las novelas Círculos, La huella del mal y Donde haya tinieblas; las dos últimas se están adaptando a la televisión.

Sinopsis

No hay animal más peligroso que el ser humano.

Elena es un animal de la especie humana, una veterinaria apasionada que se deja la vida en el parque zoológico de Valencia para proteger a los seres que ama: elefantes, chimpancés, leones… Ella los cuida con mimo y los salva del peligro hasta que un tirador comienza a sembrar el pánico.

¿Quién es ese criminal oculto que pretende aniquilar los ejemplares más bellos de otras especies? La peculiar investigación, llevada a cabo por un veterano de la UDEV y una joven inspectora, parece un laberinto sin salida. Según el código penal, matar a un animal no se considera «asesinato». ¿Entonces? ¿Vale más la vida de un ser humano?

Elena se apoyará en Cristina, su pareja, y en Sidy, su amante y compañero en el parque, para desenmascarar al culpable sin importar que tenga que romper la ley. Entre triángulos amorosos e insólitas sospechas, todo está servido para que corra la sangre. ¿Podría ser ella la siguiente víctima?

[Información tomada de la web de la editorial]

Me gustan las novelas de Manuel Ríos San Martín. Creo que, más allá de plantear una trama encuadrada en el género del thriller, con su toque de suspense e intriga, que permita unos días de lectura entretenida, procura abordar temas que nos invitan a reflexionar. Es lo que hizo en las anteriores, donde se metía de lleno en la prehistoria, el arte, o la religión. En su última novela, El olor del miedo, se centra en el mundo animal, en los zoológicos, y abre, a través de una trama de dolor y muerte, un amplio espacio para el debate. Os cuento.

Elena es una joven veterinaria de veintisiete años que trabaja en un parque de animales de Valencia. Es la encargada de velar por el bienestar de los elefantes, a los que conoce mejor que a muchas personas. Con el paso del tiempo, se ha forjado una unión muy especial entre ella y sus paquidermos. Su manada está formada principalmente por elefantes hembras, y Elena conoce perfectamente el carácter de cada una y qué papel desempeñan en su círculo. Ella los adora y los elefantes la corresponden con «un amor primitivo». De entre todos los animales del parque, destaca principalmente Blanca, una elefanta de dieciocho años, que constituye la imagen del establecimiento.


«Era la imagen del parque; un ejemplar albino que los niños adoraban y que se había adaptado de maravilla al clima mediterráneo». [pág. 18]

 

Elena no solo cuida de la salud de la manada, sino que también lleva a cabo labores de reproducción. Llevan un año intentando que Blanca quede embarazada, por aquello de preservar la especie, pero no está resultando tarea fácil. Para este propósito cuenta con varios trabajadores del parque. Entre ellos, Sidy un biólogo de etnia fulani, procedente de Senegal, de la misma edad que Elena y de carácter callado, con el que la joven mantiene una estrecha relación.

Los días en el parque transcurren con normalidad. La joven veterinaria desarrolla su trabajo cada día, muy implicada en la tarea de cuidar y amar a sus elefantes. Sin embargo, todo se ve alterado cuando una mañana, algo terrible ocurre en el parque. De repente, un zumbido surcó el aire y acto seguido:


«Elena miró hacia el exterior: Blanca se tambaleaba. Estaba intentando entender qué había ocurrido cuando algo impactó en la frente de la elefanta, a la que se le doblaron las extremidades delanteras y se desplomó. Las patas habían dejado de sustentar a su querida elefanta». [pág. 22]

 


Alguien ha disparado a la elefanta desde la distancia y el animal muere. Tras el suceso, la policía se persona en las instalaciones del parque. La muerte de Blanca conmueve a la sociedad y las redes sociales se vuelven un hervidero. Al cargo de la investigación estará Juan Pedro (JP) Casillas, inspector de la UDEV (Unidad de Delitos Violentos), al que no le hace mucha gracia lo que se le viene encima. Para él, Blanca no es más que un bicho.  Esa será su carta de presentación. Pero no tendrá más remedio que enfrentarse a este peculiar caso porque la muerte de Blanca se ha convertido en un asunto muy mediático. Para hacer frente a la investigación, contará con la ayuda de Violeta Palacios, una jovencísima inspectora, a la que JP ve como la típica chica que, impulsada por las series televisivas, estudia criminología sin saber realmente dónde se está metiendo.

En cualquier caso, y más allá de las peculiaridades del mismo, el inspector no puede obviar que el caso resulta interesante. ¿Quién puede tener motivos para matar a un animal de un parque y para qué? Para sí mismo, confiesa que cree estar ante un asesino diferente, un perfil de criminal al que nunca se había enfrentado.

La investigación se iniciará por el primer paso, por interrogar a las personas relacionadas con el parque. De todos ellos, destacarán dos nombres: Marcos Abalde (director técnico del zoo) y  Adolfo, un empleado de seguridad, al que Elena no duda en señalar abiertamente como el responsable de la muerte del elefante. Los diversos interrogatorios, el visionado de las cámaras de seguridad, y las informaciones que van obteniendo ponen en el punto de mira a los grupos animalistas. Paradójicamente, ¿es posible que ellos estén detrás de este asunto? No sabemos. La cuestión es que a la muerte de Blanca le seguirán otras más, además de producirse otros hechos violentos contra empleados del zoo, que arrojarán unos cuantos sospechosos. Con todos estos elementos sobre la mesa, la misma Elena iniciará su propia investigación criminal, tras la pista del asesino de su querida Blanca. 

Pero el esclarecimiento de los hechos no será el único foco de atención de esta trama. Por otro lado, también conoceremos la vida personal de Elena y la de JP, un ámbito personal que también parece estar revuelto.

Y todo ello hasta llegar a un desenlace que a mí me ha parecido satisfactorio.
 

Qué me ha gustado de esta novela

Hay que reconocer que Ríos San Martín nos presenta una trama negra que brilla por su originalidad. En un thriller, las víctimas suelen ser seres humanos. Sin embargo, en El olor del miedo, el autor opta por poner sobre la mesa la muerte violenta de un animal. En este caso, ¿la muerte de Blanca se podría considerar un asesinato? ¿Tendría la elefanta el carácter de víctima? ¿Qué ocurre a partir del funesto suceso? Porque, según se recoge en el Código Penal, a los animales no se les asesina, solo a las personas. Está claro que, tras el asesinato de un ser humano, inmediatamente se pone en marcha toda una maquinaria policial y judicial, con el objetivo de esclarecer los hechos, pero ¿sería viable hacer uso de los recursos públicos para investigar la muerte del elefante? A partir de este punto al lector se le abre un camino hacia la reflexión, en la que ni él ni los protagonistas, dejarán de hacerse preguntas. ¿Cuántas veces no se ha ridiculizado a esas personas que tratan a sus animales domésticos como si fueran miembros de su familia? Todos conocemos a amigos y familiares que aseguran que muestran un amor inconmensurable por sus gatos, sus perros, sus tortugas o sus peces. Son personas que lloran la muerte de sus mascotas más que la muerte de un familiar cercano. ¿Cómo se interpreta esta actitud desde un punto de vista social y psicológico? 

Por otra parte, otra cuestión que me ha gustado de esta novela es la humanidad, o la falta de ella, que destilan sus personajes. Elena y JP no son solo una veterinaria y un inspector de policía. También tienen una vida propia y asomarme al trasfondo de esa esfera íntima personal, que igualmente repercutirá en el desarrollo de los hechos, resulta interesante porque nos permite conocer a los personajes con mayor profundidad, al despojarse de todo aquello que ocultan de sí mismos en un entorno laboral. 

Añado que la acción se inicia muy rápidamente. Basta que pasemos una decena de páginas para que el lector se encuentre de lleno en medio del conflicto y eso, siempre es de agradecer porque, esos arranques en los que las presentaciones y las composiciones de lugar se dilatan página tras página, me restan interés.  

Y admito que, hacia la mitad de la lectura me planteé si la resolución del caso iba a estar a la altura del desarrollo. La verdad es que tenía mis dudas porque odio encontrarme con un desenlace en el que queden flecos sueltos y que no resulte creíble. Por suerte, y como dije antes, todo se resuelve de forma positiva. Pero eso no quita que el lector se haya pasado las últimas setenta o cincuenta páginas haciendo cábalas sobre la identidad del asesino para luego, tras tremendo patinazo, darse cuenta de que sus sospechas son sólo humo.

De todos modos, y en honor a la verdad, debo decir que hay un único dato que no termino de ver claro, pero tampoco sé si es que se me ha pasado algún detalle por alto, circunstancia que perfectamente podría ser. Para averiguarlo tendría que leer la novela de nuevo. En cualquier caso, eso no ha repercutido en el disfrute de la lectura. 

Personajes

Aunque El olor del miedo es una novela que pivota sobre dos personajes principales, Elena y JP, esta historia es bastante coral. Entre estas páginas habrá espacio para los compañeros del inspector, para los trabajadores del parque de animales, así como para todos aquellos que conforman la esfera personal de la veterinaria y el policía. De este modo, nos acercaremos también a Rosa (la mujer de JP). Pero, centrándonos en los más principales, tenemos a:

Elena: Una joven decidida, muy impulsiva y muy comprometida con su trabajo. Ella encarna ese tipo de persona del que hablaba antes, porque para ella, la muerte de Blanca supone tanto o más que la muerte de un familiar querido. Necesita saber quién ha cometido semejante atrocidad y, de carácter imparable, no cejará en su empeño hasta conocer la verdad. Por eso iniciará una investigación por su cuenta porque cree que la policía no está haciendo bien su trabajo.

Para ella, sus elefantas son lo primero. Incluso están antes que las personas que conforman su vida, como su madre, con la que no mantiene una relación muy fluida, o como Cristina, con la que empieza a tener diversos encontronazos. Y es que los sentimientos de Elena navegan entre dos puertos. Pero eso ya lo descubriréis

Sidy: Es el personaje que nos permite conocer a otras personas, ajenas a nuestra cultura, que han soñado con una vida mejor. Para ello, no solo ha sacrificado buena parte de su vida sino que también ha tenido que pasar calamidades y peligros hasta alcanzar su objetivo. 

Sidy trabaja mano a mano con Elena. Ambos comparten un desmesurado amor por los animales, unas emociones que, a veces, se desbordan.

JP: Este personaje representa al prototipo de inspector de policía, de la vieja escuela, con una dilatada trayectoria, que ya no se sorprende de nada ni de nadie. Ha visto tantas cosas en sus años de profesión que es incapaz de conmoverse por nada. ¿Qué importa la muerte de una elefanta? No es más que un animal. A su juicio, hay asuntos más importantes en los que invertir tiempo y dinero. 

Casado con Rosa, cuyos besos le incomodan, JP es arisco y cuenta con un sentido del humor más ácido que un limón. Su punto débil es su nieta Coral, una niña que le tiene robado el corazón y a la que le encantan los animales. JP será un personaje en el que apreciaremos una evolución. No solo en lo que se refiere a su labor profesional, entendiendo que los animales merecen respeto y atención, sino también en lo referente a su ámbito personal. Algo le ocurre a JP que le obliga a replantearse toda su vida.

Y paro porque es mejor no desvelar más sobre el resto de personajes.

Temas

Como comenté antes, lo interesante de las novelas de Manuel Ríos San Martín es que no se quedan únicamente en plantear un crimen y su resolución. Es habitual que el género ahonde también en otros asuntos pero, en el caso de este autor, hace una profunda labor de inmersión en ciertos temas, entre los que destacarían el amor, el duelo, y los siguientes:

El mundo animal

Al igual que me pasó con las novelas anteriores, en este caso he disfrutado mucho aprendiendo sobre el mundo animal. Más concretamente, sobre los elefantes. Entre otros datos y curiosidades, he aprendido que los paquidermos pueden percibir cualquier vibración que se produzca en la tierra, incluso si ésta se produce a más de treinta kilómetros del lugar en el que están. O que son los únicos animales que, en las migraciones, visitan el lugar donde reposan los huesos de sus antepasados, permaneciendo en ese entorno un par de días. Y no sólo conoceremos cosas sobre los elefantes, sino que también se nos facilitarán datos interesantes sobre otras especies. Sin embargo, no todo es bonito en el mundo animal, tal y como nos explica el autor en la entrevista (que puedes leer aquí). Hay ciertas especies que hacen cosas que nos pueden sorprender, pero es que la naturaleza es así. 

Por otra parte, también se indaga mucho en el nexo que une a los hombres con los animales. Se explica cómo tenemos comportamientos similares o cómo hemos perdido algunos hábitos que nos acercaban a otras especies, pero que hemos perdido con la evolución. En este punto, tendrá especial protagonismo un personaje - María Santaolla, profesora universitaria-, a través de la cual Ríos San Martín nos explicará la necesidad de transmitir genes, cómo funciona la ley del más fuerte o la selección natural.

Cerrando el apartado del mundo animal, se aborda también el tema de las cacerías o las prácticas de los que se llaman cazadores blancos, gente que mata animales por diversión, para conseguir un trofeo que mostrar a sus amigos. Por no hablar de lo barato que sale matar a un animal, con sanciones que resultan irrisorias.
 

«La caza, desde los años setenta, cada vez tiene menos que ver con la época que les cuento. La gente no va de safaris por placer, sino para ganar puntos y hacer récords. Nosotros hacíamos batidas de cuarenta y cinco días, en tiendas de campaña de mala muerte. La caza es un duelo entre caballeros, no un asesinato. El animal debe tener la oportunidad de escapar. Ahora, se trata de fusilar cuantas más piezas mejor en poco más de una semana». [pág. 167]


Zoológicos

Otro tema interesante sería la existencia de los zoológicos. Desde siempre, estos recintos han despertado mucha polémica. ¿Tenemos derecho a mantener a otros seres vivos encerrados para el disfrute del hombre? Sobre este asunto han corrido ríos de tinta. Lo interesante es informarse, pero informarse bien. Yo, particularmente, no estoy a favor de enjaular animales pero, igual que digo una cosa, digo otra. He visitado zoológicos y parques de animales, donde he podido ver de cerca a especies que, de otro modo, no podría ver. ¿Entonces? Si os digo la verdad, al respecto, me dejó muy tranquila las palabras de Manuel Ríos San Martín, en la conversación que mantuvimos el septiembre pasado. Y es que el autor, después de hacer una importante labor de documentación y hablar con quienes saben de este tema, me aclaró lo siguiente: «...los animales que están allí no son animales capturados en la naturaleza y destinados al zoológico, sino que son animales que vienen de otros zoológicos peores, de circos, de tráfico ilegal. No llegan al zoo porque los traigan de África». Y, además, añade: «En plena naturaleza, las jirafas siempre duermen de pie porque tienen mucho miedo a los depredadores. Sin embargo, en el parque, cuando se hace de noche, se acercan a la puerta del cobijo en el que duermen bajo techo. Se acercan a la puerta como pidiendo que les abran. Entran y allí se tumban para dormir. Es decir, el parque es un sitio sin miedo».

Dicho lo cual, ¿estos animales están más seguros en su hábitat natural o en un recinto donde, precisamente, recrean ese hábitat, están al resguardo de depredadores, se atienden sus necesidades alimenticias y se les cuida cuando están enfermos? 

Vosotros, ¿qué decís?

Maternidad

La maternidad es uno de esos grandes temas que suelen asomar en literatura y, tan versátil, que encaja en cualquier género. En El olor del miedo también habrá espacio para debatir al respecto. Por una parte, la maternidad se enfoca desde un punto de vista profesional. Para preservar ciertas especies, se hace necesaria su procreación. Y a ello se dedica Elena, con la ayuda de Sidy. Están tratando de que Blanca, la elefanta, se quede embarazada. ¿Lo conseguirá? ¿Será demasiado tarde?

Pero, por otra parte, y como comenté antes, Cristina y Elena mantienen una relación desequilibrada en intereses. Una quiere más. La otra está bien como está. Y la cuestión de la maternidad se interpone entre ellas. Cristina es demasiado mayor para engendrar un bebé en su interior. ¿Elena estará dispuesta a ser la portadora de una nueva criatura por el bien de la pareja? Eso ya lo veréis si os internáis en esta lectura. Lo que está claro es que será un punto de inflexión. Y es curioso porque en la novela veremos esas contradicciones de la vida, esas situaciones en las que nos vemos inmersos, y que contrastan con nuestra manera de pensar. Elena, en cierto modo, tendrá que experimentar la maternidad. No os cuento más. 

Estructura y estilo

Escrito en tercera persona, El olor del miedo se estructura en seis bloques, a lo largo de los cuales se distribuyen un total de ciento treinta y seis capítulos de corta extensión, más un epílogo que cierra la novela. La narración, ágil y dinámica, consigue que el lector sienta deseo de continuar con la lectura.

Manuel Ríos San Martín no se va por las ramas. No opta por aturdir al lector con una presentación de hechos y personajes que solo consiguen demorar la entrada del conflicto. Aporta los datos precisos, -ni más ni menos-, para que el lector se haga una composición de los protagonistas, de sus vidas y de su entorno. Y tras unas cuantas páginas, los hechos se precipitan.

La acción se desarrolla a un ritmo constante que irá en aumento a medida que los sucesos van teniendo lugar. El autor sabe crear, gestionar y dosificar el suspense, de tal manera que, una vez que ha atrapado al lector ya no soltará a su presa.



Poco más quiero y debo contaros sobre El olor del miedo, una novela que, por cierto, está dedicada a Félix Rodríguez de la Fuente. En mi caso particular, me ha gustado leer esta novela, me ha mantenido enganchada, al tiempo que me ha hecho reflexionar y aprender sobre el mundo animal. Por lo tanto, y en lo que a mí respecta, a esta novela le doy un SÍ

Cierro mi opinión con un párrafo que me ha parecido más que significativo:

«"Recordó un concepto que le había escuchado a Arsuaga en una conferencia: los humanos y el resto de las especies somos similares no porque ellas se parezcan a nosotros, sino porque nosotros nos parecemos a ellas. Esa era la clave». [pág. 272]

 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí (tapa dura), aquí (Kindle) y aquí (Audiolibro)



jueves, 25 de enero de 2024

TXANI RODRÍGUEZ: ❝No cambio mi infancia por la de ninguna urbanización❞

Conozco a Txani Rodríguez de seguirla en redes sociales. Hasta el momento de producirse esta entrevista, sabía que residía en el norte de España, que había publicado varias novelas y que su penúltima publicación, Los últimos románticos, había cosechado tan buenas opiniones que se estaba preparando su adaptación al cine. Y digo penúltima porque la autora, afincada en Llodio (Álava), está en plena promoción de su última novela La seca (Seix Barral). Nunca había leído a Txani Rodríguez, así que me he estrenado con esta novela que, en parte, tiene mucho que ver con mi infancia. En esta historia, Nuria regresa al pueblo para pasar el verano, junto a su madre. Allí se rodeará de naturaleza y se involucrará en la defensa del espacio natural, mientras se nos habla de un oficio centenario, la saca del corcho, la extracción de la corteza de los alcornocales que en la zona donde se ubica la acción, ha dado mucho de comer a las familias. 

En esta historia, y en este pueblo, pasarán muchas cosas y a través de todos esos sucesos se nos hablará del amor y de la amistad. Esto que os cuento sería resumir mucho la novela, de la que os daré detalles en la pertinente reseña. Mientras tanto, os dejo con la entrevista a la autora, que pasó por Sevilla hace unos días.

Marisa G.- Txani, un placer tenerte en Sevilla. Nos conocemos por redes sociales pero nunca te había leído hasta ahora. La seca la terminé ayer noche y me ha gustado mucho. 

Txani R.- Pues te lo agradezco mucho. Ya sabes que salió ayer [la entrevista se realizó el pasado día 18 de enero] y no tengo mucho feedback todavía. Así que te lo agradezco muchísimo.

M.G.- Antes de entrar de lleno en la novela, sí me gustaría hacerte un par de preguntas sobre ti y tu trayectoria. Sabemos que tu anterior novela, Los últimos románticos, se está adaptando al cine. ¿En qué punto está el proceso?

T.R.- Pues la respuesta es fácil. Empiezan a rodar el día 5 de febrero. Así que queda todo el rodaje y la posproducción.

M.G.- ¿Tienes algún tipo de implicación en este proyecto?

T.R.- Nada, ninguna implicación profesional, aunque tengo mucha comunicación con ellos. Hemos hablado para aclarar alguna duda, pero poco más.

M.G.- Eres autora de narrativa pero también haces cómics. Generalmente, me encuentro con autores que escriben novelas, poemarios, ensayos, y van alternando estos géneros. Pero creo que es la primera vez que hablo con un novelista que, además, hace cómics. Es un género que me encanta. Me gustaría saber qué has hecho.

T.R.- De los cómics, escribo sólo el guion. El dibujo no, porque soy muy mala dibujante. Es una experiencia que me ha gustado porque, en mi caso, y al trabajar con otra persona, tiene que ser algo muy técnico. Para otros autores como, no sé, Paco Roca, que tiene la extraordinaria habilidad de dibujar y escribir, será distinto. Sin embargo, para nosotros, los guionistas, tenemos que ser cuidadosos y pasarle al dibujante todo muy bien indicado para que él pueda plasmar el texto en el dibujo. 

M.G.- Hablando ya de la novela, he leído que La seca nace a raíz de un artículo que escribes para una revista. Te documentaste sobre la industria del corcho y así nace este libro. ¿O era algo que tú ya tenías dentro?

T.R.- Bueno, era algo que también tenía dentro, aunque es cierto que el artículo ayudó. El Parque Natural de los Alcornocales es un lugar que conozco y que me resulta familiar. Lo tengo asociado a la infancia, a algo muy pacífico. Como tú bien sabrás, lo pacífico no suele atraer a los escritores. Pero, al escribir el artículo, estuve hablando con corcheros, con la Junta de Andalucía, con el Patronato del parque y con el Centro de Interpretación que está en Alcalá de los Gazules (Cádiz). Entonces me di cuenta de que ahí había un conflicto, una amenaza tremenda que tenía que ver con la enfermedad que afecta a estos árboles. Se hacían reivindicaciones laborales y también se estaba produciendo la incorporación progresiva de la mujer a un oficio que siempre había sido de hombres. Yo tenía todo este lugar y este oficio del corcho como muy mitificado pero, tras el artículo, entendí que había material para una novela.

M.G.- De todos modos, esta novela está muy vinculada a ti personalmente, a tu infancia, a tu familia. De hecho, el libro está dedicado a tu familia paterna porque, como has comentado en otras entrevistas, eres hija, nieta, prima, sobrina de corcheros. 

T.R.- Así es. Todos ellos son de Jimena de la Frontera y el sobrenombre por el que se les conoce es Corchas, por el trabajo que han desarrollado allí, en los bosques de alcornocales. En el pueblo, yo sería Txani Corchas. A todos mis primos se les conoce como José Mari Corchas, o a mis tíos, Paco Corchas. Así te ubican y saben de qué familia procedes.

Marisa G.- Bueno, La seca narra un verano que Nuria, la protagonista, pasa con su madre Matilde en el pueblo, un pueblo que linda con el Parque de los Alcornocales, en el límite entre Cádiz y Málaga.  Ese es el pueblo de la infancia de Nuria, de la protagonista. 

Antes de iniciar la entrevista hablábamos que un libro como este tenía que tener promoción en Andalucía, sí o sí. Yo he vivido esta historia de manera muy particular porque también he pasado los veranos en un pueblo. Así que, todas esas sensaciones que tiene Nuria, cuando viaja desde el norte de España hasta el sur, me han resultado muy familiares. Hay un momento en el libro que se dice que ir al pueblo no es viajar. Es otra cosa.

T.R.Sí, también dice que los emigrantes no viajan, que van al pueblo. Y es verdad, porque todos esos emigrantes que salieron de Andalucía, Extremadura, Galicia, Castilla,... cuando cogían vacaciones en agosto, volvían a su pueblo para ver a sus padres, a sus tíos. Eso no era hacer turismo. No era viajar, era simplemente volver. 

M.G.- Es volver a las raíces.

T.R.- Y no había hoteles, ni piscinas. Era otra cosa. Pero te aseguro que no cambio mi infancia por la de ninguna urbanización en ninguna otra parte. 

M.G.- Yo tampoco. Yo pasaba los veranos entre olivos y era toda una experiencia.

Bueno, en este pueblo van a pasar muchas cosas. Centrándonos en Nuria, vamos a ver a un personaje con muchas aristas y muchas sombras. En algún momento nos puede parecer una persona impertinente y desagradable. A ella le molesta absolutamente todo. Incluso busca motivos sin haberlos para poder protestar. ¿Qué le pasa a Nuria? ¿Cómo es? Cuéntanos un poco.

T.R.- Es verdad que busca motivos para protestar por todo. De eso no había hablado todavía. Ella sabe que va directa a discutir. No le parece bien pero tampoco lo puede evitar. Cuando estás de mala leche, te entran ganas de discutir. Es así, llanamente. 

Bueno, a Nuria le van a pasar muchas cosas. Por un lado, está cansada cuando empieza el verano. Aparte de su trabajo, se ha echado a la espalda los cuidados de su madre. No es que a la madre le pase algo grave pero sí requiere de atención. Por otro lado, estamos en pandemia. Es el verano de 2020, justo en la desescalada. Nuria es una persona que está frustrada porque tiene unos cuarenta años y cree que debería haber tenido otra vida. De alguna forma, culpa a los demás de la vida que tiene. Esto es algo que solemos hacer. Acostumbramos a pensar que hubiéramos sido tal si no fuera por tal persona o por esto otro. Buscamos excusas. Es muy injusto reprochar cosas a los demás, especialmente cuando ha pasado tanto tiempo. 

También tiene otros nudos emocionales que no ha resuelto bien, tanto con la madre como con lo que respecta a un amor de verano sostenido en el tiempo. Y sobre su carácter, es que ella esconde su parte buena. No sabe sacarla ni gestionarla. Nuria es una mujer que está educada en la frustración y en la confrontación.

M.G.- Txani, hay detalles que le prestas al personaje.

T.R.- Sí, es que el punto de partida de la novela es autobiográfico. Pero sólo el punto de partida porque luego me voy a la ficción. He elaborado una trama que no tiene nada que ver conmigo, ni con mi madre. ¿Y qué compartimos? Pues el origen. Yo también soy de Llodio, soy hija única, y he hecho ese viaje del norte al sur.  

M.G.- La seca es el título de la novela que hace alusión a la enfermedad que sufren los alcornocales sobre lo que te has documentado mucho. Nos das mucha información sobre el oficio de la extracción del corcho, de lo que se conoce como la saca. Pero también podríamos pensar que el título hace referencia al carácter de Nuria. Aquí, a alguien como ella, le solemos decir que es una persona muy seca.

T.X.- Como bien dices, es tanto por la enfermedad como por el carácter de ella. Y con respecto al oficio del corcho, es todo un mundo. Es un paisaje, un entorno y un sistema socio-económico concreto del que vive mucha gente. También conforma un pequeño universo léxico porque hay una terminología específica ligada a este oficio centenario, un trabajo muy bonito. Ojalá se pueda revertir lo de esta enfermedad y sus efectos porque, si desapareciera el oficio, deberíamos, al menos, preservar las palabras y toda la riqueza cultural que emana del mundo del corcho.

M.G.- Nuria y Matilde mantienen una relación típica entre hija y madre. La madre tiene esa edad en la que quiere seguir ejerciendo como madre, pero la hija también tiene una edad en la que quiere usurpar el lugar de la madre, se interpone en su vida,... Terminan chocando mucho, ¿no?

T.X.- Sí, se rozan tanto que, al final, lo que hacen es estorbarse la una a la otra. Hay como un atosigamiento mutuo y un intercambio de papeles. Es lo que pasa cuando la hija se convierte en madre de su propia madre. Es algo que nos pasa a todas. Hay un momento en la vida en el que, de un día para otro, te conviertes en la madre de tu madre, te vuelves muy pesada, te sobrepreocupas. A eso se suma que Nuria no está bien. Y encima ha previsto la novela de la vida de la madre y cree que su madre va a depender siempre de ella. Todo esto la agobia. Pero en este verano, la madre tomará unas decisiones que van a descolocar a Nuria totalmente. Nuria tendrá que repensar un poco dónde está.

M.G.- Hablamos de ese cuidado de hija a madre. El rol del cuidador me interesa muchísimo. Lo he vivido y se pasa realmente mal. Sin embargo, es algo de lo que no se habla mucho. Apenas se habla de ese momento en el que tienes que atender a tus padres, con el agravante de que ellos, a veces, no se dejan ayudar porque se siguen creyendo autosuficientes.

T.X.- Sí. Además, cuando cumplimos una edad, nos volvemos más tozudos. Esto de los cuidados 24/7, como dicen los jóvenes, es agotador. Y tal y como va la sociedad y el envejecimiento, creo que habrá que pensar muy bien de qué manera vamos a tener que organizarnos para el tema de los cuidados. 

Yo no soy madre y, a veces, me pregunto: ¿Y quién cuidará de mí? Yo ya sé que voy a cuidar de mi madre y espero estar bien para poder hacerlo. Pero es algo muy agotador y muy atorrante para la gente que cuida. Que ames mucho a una persona no quita el cansancio que puede suponer su cuidado, aunque lo hagas de mil amores.

M.G.- Es duro psicológicamente. 

Bueno, Matilde es también un personaje que me gusta mucho. Me gusta el retrato que haces de esta mujer. La vejez nos convierte en personas tozudas, como tú apuntaste antes, y así la vamos a ver, un tanto egoísta, porque realmente somos así cuando nos hacemos mayores.

T.X.- Las dos tienen su punto egoísta. Por eso la frase que aparece al principio de la novela, esa que dice que hay un tipo de generosidad que consiste en regalar tu ausencia. También hay que aprender a querer dando espacio a los demás. Nuria no lo hace, no le da espacio a su madre. Matilde llega al pueblo alicaída pero encuentra una nueva ilusión, y tiene todo el derecho del mundo a vivir esa ilusión.

M.G.- Fíjate que me ha llamado la atención lo ausente que está la figura del padre. Hablamos de la madre y de la hija, constantemente. El padre sale a relucir un momento hacia el final de la historia. ¿Este padre es una ausencia sólida o, por el contrario, es una ausencia que sigue con nosotros pero que mantenemos escondida en un cajón?

T.X.- Es una ausencia que, en cierto modo, también está presente. La figura del padre condiciona todo lo que pasa. Pero no sé cómo contarlo para no desvelar demasiado.

M.G.- Será algo que entenderá el lector cuando avance en la lectura, y vaya llegando al final. 

T.X.- Sí. No lo puedo explicar de otro modo.

M.G.- Vale. En cualquier caso, y a pesar de todos esos sentimientos encontrados que nos va a generar Nuria, llega un momento en que nos vamos a reconciliar con ella. Ocurrirá al final, cuando está regresando de esas vacaciones en el pueblo. Ese regreso no solo implica volver a casa, sino que funciona de otro modo. Es como volver a tu lugar, a encontrarte contigo misma. Me pareció un final bellísimo.

T.X.- Nuria aprende a dejar espacio, a encontrar serenidad, a no estar siempre tan apretada. Ella quiere intentar hacer las cosas de otra manera, eliminar esa tensión tan rara que flota entre madre e hija. 

A medida que vamos leyendo, Nuria se va mostrando, va enseñando ese poquito de nobleza que tenía pero que no deja que nadie vea. Fíjate que con el gato, ella protestará mucho, pero luego resulta que tiene una foto del gato como salvapantallas del móvil. Es un personaje peculiar pero hay gente así.

M.G.- Sí que la hay. Y luego vamos a ver a otros personajes en la novela. Por ejemplo, está Montero, un corchero con el que Nuria ha tenido cierta vinculación. Y también conoceremos a Milo, un amigo que va al pueblo con su padre Xavier, para hacerle una visita a Nuria. Tanto Montero como Milo te van a permitir hablar de los dos temas principales de la novela: el amor y la amistad.

T.X.- Sí, y de su cuadrilla de amigos. Nuria tenía una cuadrilla vasca. Yo no soy mucho de cuadrillas. Es muy difícil tener una amistad profunda en una cuadrilla porque, al final, la cuadrilla es como una estructura. Yo suelo decir que es una institución civil como la Hacienda Foral, que cumple la función de ir de aquí para allá, pero siempre hay un líder. Hay una opinión dominante. Habrá excepciones, pero me parece que en una cuadrilla hay poca autenticidad. 

Nuria ha sufrido una gran decepción con su cuadrilla. Me gustaría que esto se entendiera en el contexto de Nuria. La migración está flotando todo el rato y ella lo dice, que está muy sola, que en el norte no tiene primos, ni hermanos, ni nada. Está todo muy descompensando. Por eso ha puesto demasiado amor en un grupo de amigos que, al final, la decepciona. 

Los tres personajes son fundamentales en la novela. Montero porque mantiene una compleja relación amorosa con Nuria. Milo porque es su amigo y le canta a Nuria las verdades del barquero. Y Xavier porque es el detonante de otra parte importante de la trama.

M.G.- Txani, también vamos a ver la degradación del mundo rural en esta historia. Nuria defiende mucho el espacio natural de su pueblo, ese espacio que quieren transformar. En la novela aparece la deforestación, la industria hidroeléctrica,  un río en peligro que para ella funciona a modo de refugio, y una plantación de aguacates que no es lo más idóneo en tiempos de sequía, porque es un fruto que requiere mucha agua. Todo eso me llevó a una reflexión que hago mucho últimamente. Antes cogías el coche y en los márgenes de la carretera veías campos de cultivo. Ahora lo que ves son plantaciones de placas solares.

T.R.- Es un poco distópico, ¿verdad? Pero, por otro lado, es que estamos en la transición energética. En este escenario, que representa a otros muchos, lo que veo es mucho dinamismo. Hay un conflicto muy dinámico. Con dinámico quiero decir que hay mucho movimiento y mucha contradicción. 

La saca del corcho es algo sostenible. De hecho, el parque es un bien natural protegido. Con respecto a la plantación de aguacates que mencionas, a ver, si eres regante y tienes tu tierra, haz lo que quieras. Lo que pasa es que coger agua de los ríos no está bien. ¿Y qué pasa? Que en España se eleva mucho el tono. Creo que habría que rebajarlo y dialogar con más serenidad porque, si se plantan aguacates es porque hay demanda. En las ciudades, nos comemos las tostadas y las ensaladas con aguacate sin plantearnos si es un cultivo sostenible o no. Eso sí, luego vamos a decirle a los demás lo que tienen que hacer. Y entiendo que la gente del campo se enfade a veces y con muchas cosas, pero es un enfado que se canaliza mal. Muchas veces escucho que la culpa de todo la tienen los ecologistas pero, en realidad, ahora mismo el ecologismo no tiene tanto peso. 

Lo que veo es que nos estamos atrincherando en un asunto muy serio, que nos compete a todos y, en realidad, todos estamos interesados en lo mismo. Por eso, me da mucha rabia que no se llegue a un entendimiento con mayor serenidad. Es difícil porque todo el mundo tiene su parte de razón. 

M.G.- La historia está ubicada en tiempos de pandemia, en el verano del año 2020. Se hace mención al uso de las mascarillas, al límite de diez personas reunidas,... ¿Por qué sitúas la historia precisamente en ese contexto?

T.R.- Creo que fue porque empecé a gestionar esta historia en esa época. Empecé a levantar la novela y fui cogiendo detalles. Para mí, el detalle en literatura es fundamental. Empecé a escribir y, sin querer, me fui a ese momento. Pero también me vino muy bien para acusar el cansancio de Nuria. La pandemia cansó a todo el mundo pero es que encima, los cuidados en pandemia eran aún peor.  Nuria se preocupa porque teme contagiar a su madre. Está constantemente sobrepreocupada. Además, las relaciones sociales se condicionaron mucho y fue una época en la que se vio afectada la amistad. Me pareció que la pandemia cuadraba muy bien en esta historia. 

M.G.- Y ya, como última pregunta, no podemos obviar que en el pueblo que tú creas, como en otros muchos pueblos, hay una misterio, una leyenda negra.

T.R.- Sí, esa leyenda es una invención. Es muy interesante esa historia de los niños. En el pueblo, los niños no pueden ir de dos en dos. Pueden ir de tres, de cuatro, de cinco, pero nunca de dos en dos porque la leyenda habla de dos niños que van juntos y, si se aparecen, va a tener lugar una tragedia en el pueblo. En cierto modo, esta leyenda es un homenaje a mis veranos de infancia. Cuando pensaba en el pueblo en el que quería ubicar esta historia, se me venía a la mente el olor local, el río, la sensualidad de la noche, la naturaleza,... de mi pueblo, y también las historias de miedo. Siempre me han contado muy bien las historias de miedo en mi pueblo. En Andalucía, hay mucho arte para contar historias. Se cuentan muy bien. Y este es mi homenaje.

Por otro lado, he querido usar a esos niños para materializar la sustanciación de nuestra maldad, nuestro deseo de venganza y de hacer el mal. En todo caso, es un elemento que me ha encantado introducir porque genera inquietud. Le da textura a la trama, sin cambiarla porque sigue siendo coherente. 

M.G.- Esos niños mantienen esa pizquita de suspense en el lector.

T.R.- Me gusta que me hayas preguntado por los niños.

M.G.- Está bien esa parte. Bueno, Txani, lo dejamos aquí. Te agradezco muchísimo que me hayas atendido y un placer conocerte.

T.R.- Igualmente. 

SinopsisNuria regresa al pueblo en el que ha pasado los veranos desde su infancia, un  rincón dedicado a la extracción del corcho en un espacio natural protegido del sur de España. Durante su estancia, asistirá al conflicto entre dos formas de en tender el futuro, representadas por la población local, que busca nuevas formas de ganar se la vida ante el avance de la seca, una enfermedad que acaba con los alcornoques, y los veraneantes procedentes de la ciudad, que quieren preservar el entorno.

Después de convertirse en una de las sorpresas literarias de 2020 con Los últimos románticos, ganadora del Premio Euskadi de Literatura, Txani Rodríguez regresa con una novela de tensión creciente protagonizada por una joven inconformista, presa del mal augurio, marcada por la relación con su madre y un antiguo amor de verano, en un medio rural en crisis debido al cambio climático.

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