Mostrando entradas con la etiqueta Txani Rodríguez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Txani Rodríguez. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de febrero de 2024

LA SECA de Txani Rodríguez

 

Editorial: Seix Barral
Fecha publicación: enero, 2024
Precio:19,00 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 272
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-322-4280-9
[Disponible en ePub;
puedes empezar a leer aquí]


Autora

Txani Rodríguez nació en Llodio, en 1977. Es periodista, guionista y escritora. Ha publicado las novelas Lo que será de nosotros (2008), Agosto (2013) y Si quieres, puedes quedarte aquí (2016). Ha publicado el libro de relatos El corazón de los aviones (2006) y varios cómics, entre los que destaca La carrera del sol (2008), traducido a varios idiomas. Forma parte del equipo del programa de Radio Euskadi Pompas de papel, y colabora en varios medios, entre ellos, el suplemento cultural Territorios del diario El Correo. Es profesora de escritura creativa en la Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès y en la Asociación Literaria ALEA.

Sinopsis

Nuria regresa al pueblo en el que ha pasado los veranos desde su infancia, un  rincón dedicado a la extracción del corcho en un espacio natural protegido del sur de España. Durante su estancia, asistirá al conflicto entre dos formas de en tender el futuro, representadas por la población local, que busca nuevas formas de ganar se la vida ante el avance de la seca, una enfermedad que acaba con los alcornoques, y los veraneantes procedentes de la ciudad, que quieren preservar el entorno.

Después de convertirse en una de las sorpresas literarias de 2020 con Los últimos románticos, ganadora del Premio Euskadi de Literatura, Txani Rodríguez regresa con una novela de tensión creciente protagonizada por una joven inconformista, presa del mal augurio, marcada por la relación con su madre y un antiguo amor de verano, en un medio rural en crisis debido al cambio climático.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Te han hecho alguna vez la siguiente pregunta: ¿Tú tienes pueblo? A mí, sí. Lo de tener pueblo no alude a la acción de poseer sino a la de ser. Es decir, con esa pregunta lo que quieren saber es si eres nacido o criado en un entorno rural. Lo he contado miles de veces aquí y en redes sociales. Yo no nací en un pueblo, ni tampoco me crié en uno, pero sí pasé los veranos de mi infancia rodeada de olivos, nadando en las aguas turbias de una alberca, andando el campo, casi de sol a sol. La distracción de mis primos, mis hermanos mayores y la mía misma consistía en investigar lo que se ponía a nuestro alcance. Aquel insecto aquí, aquella flor allá. Experimentábamos, y no siempre desde la inocencia, porque todo niño también tiene un lado cruel. Pero creo que aquella necesidad de conocer los efectos de nuestros actos en plena naturaleza desarrolló en mí esa curiosidad que me caracteriza y ese amor por la tierra, de tal modo que acostumbro a quedarme embobada en mis pensamientos, cuando mis ojos se adentran en una gran arboleda. Hay personas que llevan la tierra en las venas, aunque la mayor parte de su vida sólo hayan pisado asfalto. Bien, os largo todo este rollo para empezar a hablaros de una novela que consiguió transportarme a aquella infancia de casas encaladas y jornadas al aire libre. Pero no penséis que La seca de Txani Rodríguez es una novela eminentemente de corte nostálgico, que ahonda en las emociones rescatadas del pasado, sin más intención que conectarnos con nuestros orígenes. En realidad, La seca tiene algo de eso pero hay mucho más donde escarbar. Os cuento.

Nuria y Matilde, hija y madre, cruzan España de norte a sur para pasar el verano en el pueblo. Se dirigen a una localidad de Andalucía. Su intención es descansar allí durante un mes, pues Matilde está convaleciente tras una operación. Atrás queda Llodio, el lugar de residencia de Nuria, y su cuadrilla, un grupo de amigos con los que las cosas no han salido demasiado bien. Algo le ocurrió a Nuria con esas amistades, algo que ni siquiera ella entiende, y que ha dado pie a fisuras en las relaciones. Así que Nuria llega al pueblo arrastrando un lastre que se añadirá a otros más. Porque regresar al pueblo implica para Nuria reencontrarse con otras personas, algo que para ella no resulta demasiado grato. ¿Por qué? Ya lo irás viendo. Allí vive Montero, un hombre con el que ella mantuvo/mantiene una cierta vinculación. Y en el mismo pueblo también vive Alba, la mujer de Montero, con quien ella jugaba en los veranos de su infancia, y compartía meriendas de tortas fritas y pasteles de manzanas. Ya las cosas no son como eran antes. El tiempo y la vida se han encargado de empujar a cada uno por su camino y aquellas relaciones que parecían solidas han terminado licuadas.

En el tiempo que Nuria y Matilde pasen en el pueblo irán ocurriendo cosas, a través de las cuales iremos conociendo mejor el abismo interior de los personajes, al tiempo que Txani Rodríguez explora en los universos rurales, en los que no faltan nunca chismes, envidias, recelos y también leyendas, como la que en este caso tiene que ver con unos niños.


«Dos niños que habían terminado de cenar se levantaron para ir a jugar a la plaza. Entonces, el camarero y los ocupantes locales se las otras mesas se acercaron a los padre, que parecían estupefactos, y, tras rodearlos, comenzaron a hablarles con seriedad, como si fueran a dar comienzo a unas delicadas negociaciones diplomáticas. La pareja intercambiaba miradas de incredulidad, se encogía de hombros, negaba con la cabeza. Al poco pidieron a los niños que regresaran a sus asientos, y las personas que los habían abordado se marcharon». [pág. 90 -91]


Qué me ha gustado de esta novela

Es agradable e interesante leer a un autor por primera vez. Esa primera toma de contacto condiciona. Y mucho. Aunque yo no soy de tirar la toalla a la primera de cambio. Si un autor no me gusta en mi primer acercamiento, acostumbro a darle otra oportunidad. No es el caso de Txani Rodríguez. Me ha gustado mucho leer La seca. No sé, de entrada, me he visto mecida por un montón de emociones y evocaciones. Un arroyo de recuerdos ha cruzado mi mente. Ver a Matilde y a Nuria en el viaje de ida al pueblo ha sido como verme a mí misma, montada de niña en el coche de mi padre, con las maletas y las ilusiones por estrenar. Ya se lo comenté a Txani aquella tarde que conversé con ella (puedes leer la entrevista aquí), que en un momento del relato se dice que ir al pueblo no es viajar. Uno no viaja al pueblo cuando está de vacaciones. Uno, simplemente, regresa al pueblo en vacaciones, al lugar al que perteneces realmente. Parecerá una tontería, pero la importancia está en los matices.

Txani describe muy bien las sensaciones que se perciben en los pueblos, el olor de los guisos o los sonidos de las jornadas veraniegas, como esa sensación etérea que se respira en las sobremesas, como si el tiempo se detuviera, y los ruidos se atenuaran, dando paso a un silencio amortiguado. No sé muy bien cómo describir esa sensación que se acentúa por el calor en el campo andaluz.


«En la calle, la vida parecía ralentizarse: algún perro descansaba a la sombra de un árbol en el paseo, las terrazas de los bares se quedaban medio vacías, en una esquina se deshacían los restos de un helado; la laboriosidad de los pájaros carpinteros contra los pinos resultaba audible, las chicharras intensificaban su canto, las ráfagas de viento agitaban las hojas de los árboles y, sin embargo, se diría que todos aquellos sonidos quedaban envueltos en un silencio espeso». [pág. 84]


En La seca, el mundo rural es otro protagonista más. Con esta novela, quiere Txani Rodríguez rendir homenaje a un oficio, y a través del mismo, a los suyos. Por eso, nada más abrir las páginas del libro, leemos: A mi familia paterna, los «corchas». ¿Qué es eso de los corchas? La acción de la novela se desarrolla en un pueblo cercano a Jimena de la Frontera. Es un espacio ficticio pero que, por la ubicación, podría ser cualquier municipio que rodea el Parque Natural de los Alcornocales. Un pueblo en el que la saca, es decir, la extracción del corcho, ha dado de comer a muchas familias durante generaciones. A la familia paterna de la autora, también. De ahí, el apodo que reciben, de ahí lo de los corchas, porque han sido y son corcheros, gente de campo que se encarga de ir de aquí allá, extrayendo el corcho a los alcornoques. Es muy interesante todo lo que cuenta la autora sobre este oficio, cómo se lleva a cabo, los riesgos laborales que acarrea, qué peculiaridades tiene, qué futuro le espera a la profesión. Máxime cuando la enfermedad amenaza a los árboles. La seca como llaman a ese mal, no puede tener un nombre más preciso porque seca todo lo que se encuentra a su paso. ¿Pero cómo es esa enfermedad?


«Nuria había oído hablar de la enfermedad de los alcornocales: la seca, como la llamaban. Estaba en boca de todo el mundo desde hacía años. Algunos la atribuyen a la sequía; otros, a la contaminación atmosférica, o a los incendios o a las plagas o a las inundaciones o a la gestión inadecuada del suelo; hay quien habla de cambio climático, y hay quien solo nombra la seca entre dientes, como si fuera un mal fario. No terminan de precisar el origen último de la enfermedad de esos árboles recios, pero saben que la causa —que tiene mucho de consecuencia es un hongo». [pág. 103]


Alcornoques, corcho, enfermedades, corcheros,... Lo mismo, lector, que llevas pisando asfalto toda tu vida, esta temática te resulte lejana, pero Txani Rodríguez consigue atraparnos, no solo a través de datos interesantes que afectan a la industria, sino por el cariño con el que se adentra en este oficio. 

Por otra parte, La seca nos invita a la reflexión. ¿Qué estamos haciendo con el planeta? En un entorno pequeño como es el pueblo de la novela, también vamos a ver las consecuencias de la sequía, la degradación del campo, el cambio climático. Nuria encuentra en el río que vadea el pueblo ese refugio donde se siente más en paz consigo misma, pero es un espacio que también está en peligro, y la veremos luchar para mantener ese entorno natural. Igualmente descubrirá las alteraciones que está sufriendo la agricultura, con esos campos sembrados ahora de cultivos que generarán más ingresos, pero que también producirán más estragos en la naturaleza.

Al margen de estos asuntos, en La seca también se ahonda en las distintas percepciones que se pueden tener de un entorno rural. ¿Qué significa el pueblo para los que viven en él día tras día, o qué significa para los que van a ellos a pasar una temporada? O escarba en las relaciones personales y en la amistad. 

Como veis, esta novela no es solo un viaje nostálgico. La seca tiene mucho más enjundia que un mero retroceso al pasado.

Personajes

Txani Rodríguez construye personajes con muchas aristas y filos que cortan. Me centraré en aquellos que, a mi juicio, soportan bajo sus hombros el peso de la novela.

Nuria es una mujer que no está bien. No llega al pueblo en su mejor momento. Lo que le ocurrió en Llodio la ha marcado, pero además es que se debate entre la obligación impuesta socialmente de cuidar a su madre y el deseo propio de hacerlo como hija. A Nuria la vamos a ver constantemente preocupada por el bienestar de Matilde. Le agobia mucho vivir el momento que le ha tocado, con el Covid, los contagios, y las muertes. ¿Y si su madre se contagia? O peor, ¿y si es ella la que contagia a su madre? ¿Cómo se puede uno perdonar eso? Adopta esa actitud tremendista que la empuja a temer siempre lo peor. Vivir bajo ese yugo la asfixia, no solo a ella, sino también al lector, que la percibirá como una mujer hermética, malhumorada, impertinente, desagradable. Ni ella misma se soporta. A Nuria le molesta todo. Los que hacen porque hacen. Los que no hacen porque no hacen. Los que dicen porque dicen. Y los que no dicen porque no dicen. Da igual. Es que si no tiene motivos para quejarse, los va a buscar. Y eso provoca en el lector un desgaste, unas ganas de trazar una línea entre ella y nosotros, de mantener las distancias (no vaya a ser que nos contagie, pero no el Covid, sino su malestar constante). Está tan amargada que hasta ella misma se sorprende de sus pensamientos. En el siguiente pasaje se refiere a Alba, la mujer de Montero:


«Durante el invierno, Nuria entraba en las redes sociales para espiar las páginas de los contactos en común con el deseo de verla en alguna fotografía y descubrirla más gorda, más fea, más vieja. Después se arrepentía de sus malos deseos». [pág. 46]

 

Nuria es el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. Pero quiero decirte algo. Dale tiempo y espacio. Es que está perdida y saturada. Necesita reordenarse por dentro. El pueblo la transforma y, al final, saldrá la verdadera Nuria y esa no te la puedes perder, porque el lector terminará por entenderla, y por reconciliarse con ella. Al menos, es lo que me ha ocurrido a mí que, de no soportarla he pasado a cogerle cariño, entendiendo que únicamente tomaba malas decisiones y que obraba de manera equivocada. 

A Matilde también la transformará el pueblo. Desde que se cayó, se partió la los huesos de una pierna y la tuvieron que operar, parece que se ha cansado de vivir. Al mudarse a casa de Nuria durante la convalecencia, solo tenía ganas de estar en cama. Se volvió irritante, no agradecía nada de lo que la hija hacía por ella, protestaba por todo, rozando ese egoísmo propio de la vejez.


«De un tiempo a esta parte no se entretenía con nada: no hacía punto, no cocinaba, no leía». [pág. 76]


Pero en el pueblo, tendrá la oportunidad de relacionarse con otras personas, más allá de su hija. Hará nuevas amistades y se alejará un tanto del control de Nuria. Ojito a la reacción de la hija. Matilde es un personaje que me ha gustado mucho. Verla sentirse viva otra vez me ha parecido algo de una belleza excepcional. 

Pero la relación entre ambas no va a ser fácil. Antes comentaba que La seca profundiza en las relaciones personales y la amistad, a través de la cuadrilla de amigos de Nuria, pero la relación materno-filial tendrá mucho peso en esta novela. A poco que tú y tus padres tengáis una edad similar que la que tienen los personajes de esta novela, lo vas a entender todo perfectamente. En La seca se va a establecer ese tira y afloja que inevitablemente y, en circunstancias normales, se produce entre las madres y las hijas, cuando una está en ese límite en el que todavía es autónoma pero no, y la otra ya empieza a desempeñar el papel de madre de su propia madre. En la relación entre Nuria y Matilde he visto la misma relación que yo tenía con mi madre, cuando ella no quería que yo la ayudara porque decía valerse por sí misma pero, a la vez, ya no llegaba a todo. En esta novela vamos a ver algo así. La madre quiere seguir ejerciendo como tal, mientras la hija se mete en un terreno que, a lo mejor, todavía no le corresponde. A mí me ha parecido brillante cómo Txani Rodríguez dibuja ese momento en la vida de madre e hija. Me he visto muy reflejada.

Y habrá otros tantos personajes, como el propio Montero y su mujer; Ezequiel, el padre de Montero, del que dicen que está loco pero a mí me parece el más cuerdo de todos; y, por supuesto, Milo y su padre Xavier, que llegan al pueblo de visita y, a priori, parece que solo van a ser meros espectadores pero nada más lejos de la realidad. 

Estructura

Escrita en tercera persona, La seca cuenta con una estructura circular. Un primer capítulo introductorio, donde veremos a Nuria siendo una niña pequeña, conectará en cierto modo con el final, cerrando la historia con un desenlace que implica más un reencuentro con uno mismo, que un regreso físico al hogar.

Compuesta por capítulos de corta extensión, en los que se observa un equilibrio entre narración y diálogos, la autora nos ofrece una prosa evocadora con la que se hace hincapié en los sentidos.


Poco más os puedo y os debo contar. Ha sido una lectura agradable, llena de recuerdos que reconfortan. Y qué bonito me ha parecido esa invitación a la reconciliación que Txani nos propone en el final.


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí (Tapa blanda) y aquí (Kindle)


jueves, 25 de enero de 2024

TXANI RODRÍGUEZ: ❝No cambio mi infancia por la de ninguna urbanización❞

Conozco a Txani Rodríguez de seguirla en redes sociales. Hasta el momento de producirse esta entrevista, sabía que residía en el norte de España, que había publicado varias novelas y que su penúltima publicación, Los últimos románticos, había cosechado tan buenas opiniones que se estaba preparando su adaptación al cine. Y digo penúltima porque la autora, afincada en Llodio (Álava), está en plena promoción de su última novela La seca (Seix Barral). Nunca había leído a Txani Rodríguez, así que me he estrenado con esta novela que, en parte, tiene mucho que ver con mi infancia. En esta historia, Nuria regresa al pueblo para pasar el verano, junto a su madre. Allí se rodeará de naturaleza y se involucrará en la defensa del espacio natural, mientras se nos habla de un oficio centenario, la saca del corcho, la extracción de la corteza de los alcornocales que en la zona donde se ubica la acción, ha dado mucho de comer a las familias. 

En esta historia, y en este pueblo, pasarán muchas cosas y a través de todos esos sucesos se nos hablará del amor y de la amistad. Esto que os cuento sería resumir mucho la novela, de la que os daré detalles en la pertinente reseña. Mientras tanto, os dejo con la entrevista a la autora, que pasó por Sevilla hace unos días.

Marisa G.- Txani, un placer tenerte en Sevilla. Nos conocemos por redes sociales pero nunca te había leído hasta ahora. La seca la terminé ayer noche y me ha gustado mucho. 

Txani R.- Pues te lo agradezco mucho. Ya sabes que salió ayer [la entrevista se realizó el pasado día 18 de enero] y no tengo mucho feedback todavía. Así que te lo agradezco muchísimo.

M.G.- Antes de entrar de lleno en la novela, sí me gustaría hacerte un par de preguntas sobre ti y tu trayectoria. Sabemos que tu anterior novela, Los últimos románticos, se está adaptando al cine. ¿En qué punto está el proceso?

T.R.- Pues la respuesta es fácil. Empiezan a rodar el día 5 de febrero. Así que queda todo el rodaje y la posproducción.

M.G.- ¿Tienes algún tipo de implicación en este proyecto?

T.R.- Nada, ninguna implicación profesional, aunque tengo mucha comunicación con ellos. Hemos hablado para aclarar alguna duda, pero poco más.

M.G.- Eres autora de narrativa pero también haces cómics. Generalmente, me encuentro con autores que escriben novelas, poemarios, ensayos, y van alternando estos géneros. Pero creo que es la primera vez que hablo con un novelista que, además, hace cómics. Es un género que me encanta. Me gustaría saber qué has hecho.

T.R.- De los cómics, escribo sólo el guion. El dibujo no, porque soy muy mala dibujante. Es una experiencia que me ha gustado porque, en mi caso, y al trabajar con otra persona, tiene que ser algo muy técnico. Para otros autores como, no sé, Paco Roca, que tiene la extraordinaria habilidad de dibujar y escribir, será distinto. Sin embargo, para nosotros, los guionistas, tenemos que ser cuidadosos y pasarle al dibujante todo muy bien indicado para que él pueda plasmar el texto en el dibujo. 

M.G.- Hablando ya de la novela, he leído que La seca nace a raíz de un artículo que escribes para una revista. Te documentaste sobre la industria del corcho y así nace este libro. ¿O era algo que tú ya tenías dentro?

T.R.- Bueno, era algo que también tenía dentro, aunque es cierto que el artículo ayudó. El Parque Natural de los Alcornocales es un lugar que conozco y que me resulta familiar. Lo tengo asociado a la infancia, a algo muy pacífico. Como tú bien sabrás, lo pacífico no suele atraer a los escritores. Pero, al escribir el artículo, estuve hablando con corcheros, con la Junta de Andalucía, con el Patronato del parque y con el Centro de Interpretación que está en Alcalá de los Gazules (Cádiz). Entonces me di cuenta de que ahí había un conflicto, una amenaza tremenda que tenía que ver con la enfermedad que afecta a estos árboles. Se hacían reivindicaciones laborales y también se estaba produciendo la incorporación progresiva de la mujer a un oficio que siempre había sido de hombres. Yo tenía todo este lugar y este oficio del corcho como muy mitificado pero, tras el artículo, entendí que había material para una novela.

M.G.- De todos modos, esta novela está muy vinculada a ti personalmente, a tu infancia, a tu familia. De hecho, el libro está dedicado a tu familia paterna porque, como has comentado en otras entrevistas, eres hija, nieta, prima, sobrina de corcheros. 

T.R.- Así es. Todos ellos son de Jimena de la Frontera y el sobrenombre por el que se les conoce es Corchas, por el trabajo que han desarrollado allí, en los bosques de alcornocales. En el pueblo, yo sería Txani Corchas. A todos mis primos se les conoce como José Mari Corchas, o a mis tíos, Paco Corchas. Así te ubican y saben de qué familia procedes.

Marisa G.- Bueno, La seca narra un verano que Nuria, la protagonista, pasa con su madre Matilde en el pueblo, un pueblo que linda con el Parque de los Alcornocales, en el límite entre Cádiz y Málaga.  Ese es el pueblo de la infancia de Nuria, de la protagonista. 

Antes de iniciar la entrevista hablábamos que un libro como este tenía que tener promoción en Andalucía, sí o sí. Yo he vivido esta historia de manera muy particular porque también he pasado los veranos en un pueblo. Así que, todas esas sensaciones que tiene Nuria, cuando viaja desde el norte de España hasta el sur, me han resultado muy familiares. Hay un momento en el libro que se dice que ir al pueblo no es viajar. Es otra cosa.

T.R.Sí, también dice que los emigrantes no viajan, que van al pueblo. Y es verdad, porque todos esos emigrantes que salieron de Andalucía, Extremadura, Galicia, Castilla,... cuando cogían vacaciones en agosto, volvían a su pueblo para ver a sus padres, a sus tíos. Eso no era hacer turismo. No era viajar, era simplemente volver. 

M.G.- Es volver a las raíces.

T.R.- Y no había hoteles, ni piscinas. Era otra cosa. Pero te aseguro que no cambio mi infancia por la de ninguna urbanización en ninguna otra parte. 

M.G.- Yo tampoco. Yo pasaba los veranos entre olivos y era toda una experiencia.

Bueno, en este pueblo van a pasar muchas cosas. Centrándonos en Nuria, vamos a ver a un personaje con muchas aristas y muchas sombras. En algún momento nos puede parecer una persona impertinente y desagradable. A ella le molesta absolutamente todo. Incluso busca motivos sin haberlos para poder protestar. ¿Qué le pasa a Nuria? ¿Cómo es? Cuéntanos un poco.

T.R.- Es verdad que busca motivos para protestar por todo. De eso no había hablado todavía. Ella sabe que va directa a discutir. No le parece bien pero tampoco lo puede evitar. Cuando estás de mala leche, te entran ganas de discutir. Es así, llanamente. 

Bueno, a Nuria le van a pasar muchas cosas. Por un lado, está cansada cuando empieza el verano. Aparte de su trabajo, se ha echado a la espalda los cuidados de su madre. No es que a la madre le pase algo grave pero sí requiere de atención. Por otro lado, estamos en pandemia. Es el verano de 2020, justo en la desescalada. Nuria es una persona que está frustrada porque tiene unos cuarenta años y cree que debería haber tenido otra vida. De alguna forma, culpa a los demás de la vida que tiene. Esto es algo que solemos hacer. Acostumbramos a pensar que hubiéramos sido tal si no fuera por tal persona o por esto otro. Buscamos excusas. Es muy injusto reprochar cosas a los demás, especialmente cuando ha pasado tanto tiempo. 

También tiene otros nudos emocionales que no ha resuelto bien, tanto con la madre como con lo que respecta a un amor de verano sostenido en el tiempo. Y sobre su carácter, es que ella esconde su parte buena. No sabe sacarla ni gestionarla. Nuria es una mujer que está educada en la frustración y en la confrontación.

M.G.- Txani, hay detalles que le prestas al personaje.

T.R.- Sí, es que el punto de partida de la novela es autobiográfico. Pero sólo el punto de partida porque luego me voy a la ficción. He elaborado una trama que no tiene nada que ver conmigo, ni con mi madre. ¿Y qué compartimos? Pues el origen. Yo también soy de Llodio, soy hija única, y he hecho ese viaje del norte al sur.  

M.G.- La seca es el título de la novela que hace alusión a la enfermedad que sufren los alcornocales sobre lo que te has documentado mucho. Nos das mucha información sobre el oficio de la extracción del corcho, de lo que se conoce como la saca. Pero también podríamos pensar que el título hace referencia al carácter de Nuria. Aquí, a alguien como ella, le solemos decir que es una persona muy seca.

T.X.- Como bien dices, es tanto por la enfermedad como por el carácter de ella. Y con respecto al oficio del corcho, es todo un mundo. Es un paisaje, un entorno y un sistema socio-económico concreto del que vive mucha gente. También conforma un pequeño universo léxico porque hay una terminología específica ligada a este oficio centenario, un trabajo muy bonito. Ojalá se pueda revertir lo de esta enfermedad y sus efectos porque, si desapareciera el oficio, deberíamos, al menos, preservar las palabras y toda la riqueza cultural que emana del mundo del corcho.

M.G.- Nuria y Matilde mantienen una relación típica entre hija y madre. La madre tiene esa edad en la que quiere seguir ejerciendo como madre, pero la hija también tiene una edad en la que quiere usurpar el lugar de la madre, se interpone en su vida,... Terminan chocando mucho, ¿no?

T.X.- Sí, se rozan tanto que, al final, lo que hacen es estorbarse la una a la otra. Hay como un atosigamiento mutuo y un intercambio de papeles. Es lo que pasa cuando la hija se convierte en madre de su propia madre. Es algo que nos pasa a todas. Hay un momento en la vida en el que, de un día para otro, te conviertes en la madre de tu madre, te vuelves muy pesada, te sobrepreocupas. A eso se suma que Nuria no está bien. Y encima ha previsto la novela de la vida de la madre y cree que su madre va a depender siempre de ella. Todo esto la agobia. Pero en este verano, la madre tomará unas decisiones que van a descolocar a Nuria totalmente. Nuria tendrá que repensar un poco dónde está.

M.G.- Hablamos de ese cuidado de hija a madre. El rol del cuidador me interesa muchísimo. Lo he vivido y se pasa realmente mal. Sin embargo, es algo de lo que no se habla mucho. Apenas se habla de ese momento en el que tienes que atender a tus padres, con el agravante de que ellos, a veces, no se dejan ayudar porque se siguen creyendo autosuficientes.

T.X.- Sí. Además, cuando cumplimos una edad, nos volvemos más tozudos. Esto de los cuidados 24/7, como dicen los jóvenes, es agotador. Y tal y como va la sociedad y el envejecimiento, creo que habrá que pensar muy bien de qué manera vamos a tener que organizarnos para el tema de los cuidados. 

Yo no soy madre y, a veces, me pregunto: ¿Y quién cuidará de mí? Yo ya sé que voy a cuidar de mi madre y espero estar bien para poder hacerlo. Pero es algo muy agotador y muy atorrante para la gente que cuida. Que ames mucho a una persona no quita el cansancio que puede suponer su cuidado, aunque lo hagas de mil amores.

M.G.- Es duro psicológicamente. 

Bueno, Matilde es también un personaje que me gusta mucho. Me gusta el retrato que haces de esta mujer. La vejez nos convierte en personas tozudas, como tú apuntaste antes, y así la vamos a ver, un tanto egoísta, porque realmente somos así cuando nos hacemos mayores.

T.X.- Las dos tienen su punto egoísta. Por eso la frase que aparece al principio de la novela, esa que dice que hay un tipo de generosidad que consiste en regalar tu ausencia. También hay que aprender a querer dando espacio a los demás. Nuria no lo hace, no le da espacio a su madre. Matilde llega al pueblo alicaída pero encuentra una nueva ilusión, y tiene todo el derecho del mundo a vivir esa ilusión.

M.G.- Fíjate que me ha llamado la atención lo ausente que está la figura del padre. Hablamos de la madre y de la hija, constantemente. El padre sale a relucir un momento hacia el final de la historia. ¿Este padre es una ausencia sólida o, por el contrario, es una ausencia que sigue con nosotros pero que mantenemos escondida en un cajón?

T.X.- Es una ausencia que, en cierto modo, también está presente. La figura del padre condiciona todo lo que pasa. Pero no sé cómo contarlo para no desvelar demasiado.

M.G.- Será algo que entenderá el lector cuando avance en la lectura, y vaya llegando al final. 

T.X.- Sí. No lo puedo explicar de otro modo.

M.G.- Vale. En cualquier caso, y a pesar de todos esos sentimientos encontrados que nos va a generar Nuria, llega un momento en que nos vamos a reconciliar con ella. Ocurrirá al final, cuando está regresando de esas vacaciones en el pueblo. Ese regreso no solo implica volver a casa, sino que funciona de otro modo. Es como volver a tu lugar, a encontrarte contigo misma. Me pareció un final bellísimo.

T.X.- Nuria aprende a dejar espacio, a encontrar serenidad, a no estar siempre tan apretada. Ella quiere intentar hacer las cosas de otra manera, eliminar esa tensión tan rara que flota entre madre e hija. 

A medida que vamos leyendo, Nuria se va mostrando, va enseñando ese poquito de nobleza que tenía pero que no deja que nadie vea. Fíjate que con el gato, ella protestará mucho, pero luego resulta que tiene una foto del gato como salvapantallas del móvil. Es un personaje peculiar pero hay gente así.

M.G.- Sí que la hay. Y luego vamos a ver a otros personajes en la novela. Por ejemplo, está Montero, un corchero con el que Nuria ha tenido cierta vinculación. Y también conoceremos a Milo, un amigo que va al pueblo con su padre Xavier, para hacerle una visita a Nuria. Tanto Montero como Milo te van a permitir hablar de los dos temas principales de la novela: el amor y la amistad.

T.X.- Sí, y de su cuadrilla de amigos. Nuria tenía una cuadrilla vasca. Yo no soy mucho de cuadrillas. Es muy difícil tener una amistad profunda en una cuadrilla porque, al final, la cuadrilla es como una estructura. Yo suelo decir que es una institución civil como la Hacienda Foral, que cumple la función de ir de aquí para allá, pero siempre hay un líder. Hay una opinión dominante. Habrá excepciones, pero me parece que en una cuadrilla hay poca autenticidad. 

Nuria ha sufrido una gran decepción con su cuadrilla. Me gustaría que esto se entendiera en el contexto de Nuria. La migración está flotando todo el rato y ella lo dice, que está muy sola, que en el norte no tiene primos, ni hermanos, ni nada. Está todo muy descompensando. Por eso ha puesto demasiado amor en un grupo de amigos que, al final, la decepciona. 

Los tres personajes son fundamentales en la novela. Montero porque mantiene una compleja relación amorosa con Nuria. Milo porque es su amigo y le canta a Nuria las verdades del barquero. Y Xavier porque es el detonante de otra parte importante de la trama.

M.G.- Txani, también vamos a ver la degradación del mundo rural en esta historia. Nuria defiende mucho el espacio natural de su pueblo, ese espacio que quieren transformar. En la novela aparece la deforestación, la industria hidroeléctrica,  un río en peligro que para ella funciona a modo de refugio, y una plantación de aguacates que no es lo más idóneo en tiempos de sequía, porque es un fruto que requiere mucha agua. Todo eso me llevó a una reflexión que hago mucho últimamente. Antes cogías el coche y en los márgenes de la carretera veías campos de cultivo. Ahora lo que ves son plantaciones de placas solares.

T.R.- Es un poco distópico, ¿verdad? Pero, por otro lado, es que estamos en la transición energética. En este escenario, que representa a otros muchos, lo que veo es mucho dinamismo. Hay un conflicto muy dinámico. Con dinámico quiero decir que hay mucho movimiento y mucha contradicción. 

La saca del corcho es algo sostenible. De hecho, el parque es un bien natural protegido. Con respecto a la plantación de aguacates que mencionas, a ver, si eres regante y tienes tu tierra, haz lo que quieras. Lo que pasa es que coger agua de los ríos no está bien. ¿Y qué pasa? Que en España se eleva mucho el tono. Creo que habría que rebajarlo y dialogar con más serenidad porque, si se plantan aguacates es porque hay demanda. En las ciudades, nos comemos las tostadas y las ensaladas con aguacate sin plantearnos si es un cultivo sostenible o no. Eso sí, luego vamos a decirle a los demás lo que tienen que hacer. Y entiendo que la gente del campo se enfade a veces y con muchas cosas, pero es un enfado que se canaliza mal. Muchas veces escucho que la culpa de todo la tienen los ecologistas pero, en realidad, ahora mismo el ecologismo no tiene tanto peso. 

Lo que veo es que nos estamos atrincherando en un asunto muy serio, que nos compete a todos y, en realidad, todos estamos interesados en lo mismo. Por eso, me da mucha rabia que no se llegue a un entendimiento con mayor serenidad. Es difícil porque todo el mundo tiene su parte de razón. 

M.G.- La historia está ubicada en tiempos de pandemia, en el verano del año 2020. Se hace mención al uso de las mascarillas, al límite de diez personas reunidas,... ¿Por qué sitúas la historia precisamente en ese contexto?

T.R.- Creo que fue porque empecé a gestionar esta historia en esa época. Empecé a levantar la novela y fui cogiendo detalles. Para mí, el detalle en literatura es fundamental. Empecé a escribir y, sin querer, me fui a ese momento. Pero también me vino muy bien para acusar el cansancio de Nuria. La pandemia cansó a todo el mundo pero es que encima, los cuidados en pandemia eran aún peor.  Nuria se preocupa porque teme contagiar a su madre. Está constantemente sobrepreocupada. Además, las relaciones sociales se condicionaron mucho y fue una época en la que se vio afectada la amistad. Me pareció que la pandemia cuadraba muy bien en esta historia. 

M.G.- Y ya, como última pregunta, no podemos obviar que en el pueblo que tú creas, como en otros muchos pueblos, hay una misterio, una leyenda negra.

T.R.- Sí, esa leyenda es una invención. Es muy interesante esa historia de los niños. En el pueblo, los niños no pueden ir de dos en dos. Pueden ir de tres, de cuatro, de cinco, pero nunca de dos en dos porque la leyenda habla de dos niños que van juntos y, si se aparecen, va a tener lugar una tragedia en el pueblo. En cierto modo, esta leyenda es un homenaje a mis veranos de infancia. Cuando pensaba en el pueblo en el que quería ubicar esta historia, se me venía a la mente el olor local, el río, la sensualidad de la noche, la naturaleza,... de mi pueblo, y también las historias de miedo. Siempre me han contado muy bien las historias de miedo en mi pueblo. En Andalucía, hay mucho arte para contar historias. Se cuentan muy bien. Y este es mi homenaje.

Por otro lado, he querido usar a esos niños para materializar la sustanciación de nuestra maldad, nuestro deseo de venganza y de hacer el mal. En todo caso, es un elemento que me ha encantado introducir porque genera inquietud. Le da textura a la trama, sin cambiarla porque sigue siendo coherente. 

M.G.- Esos niños mantienen esa pizquita de suspense en el lector.

T.R.- Me gusta que me hayas preguntado por los niños.

M.G.- Está bien esa parte. Bueno, Txani, lo dejamos aquí. Te agradezco muchísimo que me hayas atendido y un placer conocerte.

T.R.- Igualmente. 

SinopsisNuria regresa al pueblo en el que ha pasado los veranos desde su infancia, un  rincón dedicado a la extracción del corcho en un espacio natural protegido del sur de España. Durante su estancia, asistirá al conflicto entre dos formas de en tender el futuro, representadas por la población local, que busca nuevas formas de ganar se la vida ante el avance de la seca, una enfermedad que acaba con los alcornoques, y los veraneantes procedentes de la ciudad, que quieren preservar el entorno.

Después de convertirse en una de las sorpresas literarias de 2020 con Los últimos románticos, ganadora del Premio Euskadi de Literatura, Txani Rodríguez regresa con una novela de tensión creciente protagonizada por una joven inconformista, presa del mal augurio, marcada por la relación con su madre y un antiguo amor de verano, en un medio rural en crisis debido al cambio climático.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...