lunes, 17 de junio de 2024

LA MAESTRA de José Antonio Lucero.


Editorial: Ediciones B
Fecha publicación: mayo de 2024
Precio: 21,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 432
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-66678513
[Disponible en eBook]



Autor

José Antonio Lucero (Rota, 1988) es profesor de Ciencias Sociales y Lengua y Literatura en Educación Secundaria. Licenciado en Historia y Máster en Escritura por la Universidad de Sevilla, colabora con varios medios digitales como blogger y youtuber desde su canal La cuna de Halicarnaso, donde combina historia, cultura y docencia, sin perder de vista las referencias a la cultura pop y a los fenómenos de masas. 

En 2018 fue finalista del XXIII Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla.

Además es autor de las novelas La vida en un minuto y La madrina de guerra (Ediciones B), así como de Por qué los primeros emojis se escribían en arcilla (B de Block, 2021), y ¿De dónde ha salido todo esto? (B de Block, 2022)


Sinopsis

Una historia de vocación, pasión y guerra que nos traslada a 1936 para que vivamos la magia de una de las profesiones más importantes del mundo: la de quienes nos abren las puertas del conocimiento y nos ayudan a cruzarlas por nosotros mismos.

Mayo, 1936. Una joven viaja a un pequeño pueblo de la sierra gaditana donde desempeñará, por primera vez, su vocación y profesión: la de maestra. Eulalia —o Lali, como la llaman sus alumnos— se prepara para dar clase a un grupo de niños y niñas. Nerviosa, repasa los modernos principios pedagógicos que le han inculcado durante la República y que, poco después cuando estalle la Guerra Civil, la condenarán. Acusada de adoctrinamiento, es arrestada y no podrá volver al aula durante la dictadura, convirtiéndose en una de las víctimas de un proceso que afectó a un tercio del cuerpo docente de España. Hasta que treinta años después, una visita inesperada lo cambiará todo para Lali.

Este es el relato de una profesora sin alumnos que luchó durante toda una vida por volver a enseñar. Con esta novela, José Antonio Lucero, renombrado autor de La vida en un minuto y La madrina de guerra, rinde homenaje a su profesión y vocación, y nos demuestra que un buen maestro siempre lo será.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Hay profesiones especialmente sensibles, cuya ejecución repercute de forma más incisiva en la vida de una persona. Son oficios que tienen una vinculación más intensa con el ciudadano, con el que interactúa en algún momento delicado, como puede ser el caso de los médicos, o con quien comparten un buen puñado de horas al día, en un reducido espacio. Hablamos de los maestros y de las maestras, de los profesores y de las profesoras. ¿Cuántos has tenido a lo largo de tu vida estudiantil? ¿Acaso no recuerdas con especial cariño a uno o una en concreto que te marcó para siempre? Tener un buen maestro es lo mejor que le puede pasar a un niño, a un joven, e incluso a un adulto. Pero no todo el mundo está capacitado para la enseñanza. Un futuro maestro o maestra podrá adquirir la formación académica necesaria para la posterior obtención de un título que le permita dar clases, pero necesitará además tener vocación, entusiasmo e ilusión. Creo no equivocarme si digo que a José Antonio Lucero no le falta nada de eso para ejercer como enseñante. El joven novelista de Rota (Cádiz) es profesor dentro y fuera de las aulas. Actualmente ejerce como profesor de secundaria, y sigue desarrollando la labor de transmisor de conocimiento a través de su canal de Youtube, La cuna del Halicarnaso

José Antonio Lucero acaba de publicar su tercera novela. Inició andadura literaria cuando en 2021 publicó La vida en un minuto (puedes leer la reseña aquí) y un año más tarde vio la luz La madrina de guerra, novela que presentó en Sevilla, donde tuve el placer de acompañarlo. La maestra, que salió a la venta el pasado 23 de mayo, también se presentó en Sevilla y, nuevamente, tuve la ocasión de acompañar al autor. 




Estamos ante una novela que rinde homenaje a la profesión de su autor, al mundo de la enseñanza, a los maestros y maestras, a los profesores y profesoras, un gesto que a mí me parece más que necesario. Pero, ¿qué nos cuenta José Antonio Lucero en La maestra? Os cuento un poco.

La acción se inicia en Sevilla, en el año 1972. En el barrio de la Macarena reside Eulalia Morales Román. Lali, como así la conoceremos, es  una mujer de sesenta años, esposa y madre. Lali da clases particulares a la pequeña Reyes, una niña de nueve años, al precio de 200 pesetas por hora. No es que sea mucho pero a Lali le basta con eso, con pasar unas horas a la semana con Reyita, ayudándola con los deberes que le ponen en su colegio privado. 

La vida transcurre a su paso cadencioso, cada uno centrado en sus obligaciones diarias. Lali, con sus clases. Y su marido Clemente, con su tarea como celador en el Hospital de las Cinco Llagas, donde hoy tiene su sede el Parlamento Andaluz. Y cuando parece que la vida no le tiene deparada ninguna sorpresa al matrimonio, aparecerá una joven a la puerta de su casa. 

«Es una mujer joven, pelo largo y moreno, pantalón vaquero. Debe de tener la edad de Ana, la mayor de los tres hijos que el matrimonio tuvo tan de seguido, como si la paternidad fuese la carrera de los cien metros lisos». [pág. 32]

La joven que llama a la puerta de Lali se llama Alba y busca a otra mujer, a Juana Ochoa, una maestra que ejerció a finales de los años 30. Porque esta novela no sólo nos va a narrar cómo es la vida de Lali en los años 70, sino que va a invitar al lector a hacer un viaje en el tiempo, hasta el año 1936. En ese año, el mismo en el que tendrá lugar el alzamiento un 18 de julio, Lucero nos hará viajar hasta Alcalá del Valle, un pequeño pueblo de la provincia de Cádiz donde Lali ejerció, siendo casi una niña, como maestra rural. Y así,  alternándose los dos hilos temporales, el lector asistirá como testigo a una búsqueda que emprenderán Alba y Lali, a la vez que podremos pasear por Alcalá del Valle, el pequeño municipio donde ocurrirán tantas cosas con la llegada de las tropas nacionales. Serán tiempos de denuncias, de venganzas, de vejaciones, y Lali contemplará de cerca el lado más amargo de la vida.

¿Quién es Alba? ¿Por qué la joven busca a Juana Ochoa? ¿Qué vinculación existe entre Lali y Juana? Todas estas preguntas tendrán su respuesta en la novela.

¿Qué me ha gustado de este libro?

La lista es larga. De entrada, y por ser lo primero que se percibe nada más iniciar la lectura, me ha conquistado el amor tan intenso con el que La maestra está escrito. Ya lo comentaba durante la presentación. Supuestamente todo escritor se vuelca en la construcción de su historia pero, y no sé qué pensaréis vosotros, hay historias e historias. Uno pondrá lo mejor de sí mismo a la hora de sentarse frente a una página en blanco pero escribir con un inmenso amor es otra cosa y eso se nota. A mí me parece que José Antonio Lucero se ha dejado el corazón en esta novela, que ha puesto todo el cariño que siente por su profesión en estas páginas, al hablar del ejercicio de su oficio, a través de unos personajes que te enamorarán. Ese sentimiento puro traspasa las páginas del libro y llega al lector, de tal modo que me enganché al relato de Lali, Juana y Alba, riendo con ellas, pero también llorando. 

He aprendido muchísimo leyendo esta novela y eso me gusta. Para mí la Literatura no es únicamente un mero entretenimiento, un sumergirte momentáneamente en la vida de unos personajes durante unos días para luego pasar a otra cosa y olvidarte de ellos. Para mí leer es aprender, es viajar en el tiempo, es entender la vida en otros momentos de la Historia de la Humanidad, distinto al mío. Y, en este sentido, La maestra ha cumplido sobradamente mis expectativas. 

José Antonio Lucero me ha enseñado cómo se ejercía la profesión durante el final de la Segunda República y cómo todo se trastocó con la llegada de un nuevo régimen. Tras el alzamiento, muchos ciudadanos de este país pasaron a estar en el punto de mira, entre ellos, los maestros y las maestras que impartieron clase durante los tiempos republicanos. ¿Es que todo lo que aquellos educadores enseñaron a los niños estaba mal? Al parecer, sí. Y por eso se formó lo que se llamó la Comisión Depuradora del Magisterio, una especie de tribunal que juzgaba la labor de los docentes y les retiraba el título de Magisterio. Aquellos profesores y profesoras tuvieron que renunciar a su oficio, abandonaron las aulas, dejando atrás a aquellos alumnos que eran como hijos propios, les hicieron sentir culpables, y los condenaron casi al ostracismo. Muchos acabaron encarcelados. Y ejecutados.

La maestra nos mostrará cómo actuaba aquella comisión depurativa y qué efectos tenía sobre los docentes, pero también nos descubrirá los principios pedagógicos que servían de base durante la República. La Institución Libre de Enseñanza o lo que se llamaba la Escuela Normal serán el telón de fondo del ejercicio de la profesión. Los maestros y las maestras abogaban por una participación activa del alumnado, animaban a los niños y niñas a involucrarse en su propio proceso de aprendizaje, experimentando dentro del aula, y poniendo a su alcance los medios para descubrir el mundo. ¿Os acordáis de esa escena de La lengua de las mariposas en la que el maestro (interpretado por Fernando Fernán Gómez) lleva a los niños al bosque para aprender sobre los insectos y la naturaleza? Era enseñar sin que los niños se dieran cuenta, espoleando la curiosidad, incitándolos a descubrir. Lo de la letra con sangre entra vendría después.

Ahora bien, algo que también me ha resultado muy llamativo es que aquellos profesores y profesoras no se centraban únicamente en enseñar a los niños. También había que enseñar a los padres, a los adultos, -ya fueran hombres o mujeres-. Por ejemplo, la novela nos muestra una escena en la que las maestras explican a las mujeres del pueblo cómo deben tratar su cuerpo durante el embarazo, erradicando mitos y falsas creencias. Al respecto, José Antonio Lucero nos contó durante la presentación que las únicas personas letradas que existía en los pueblos eran los maestros y las maestras. «Me pareció muy interesante introducir en la novela un pasaje donde vemos a las maestras enseñando a las mujeres adultas. Entendían que, para que España saliera del atraso, no sólo había que educar a las generaciones futuras sino también a la actual».

Durante la República, las aulas eran mixtas y se les inculcaba a los alumnos el respecto por la igualdad de sexos. Nadie era mejor que nadie. Se abogaba por la coeducación laica, sin influencias religiosas que interfirieran de algún modo en el desarrollo de la personalidad del alumno. El aula era el terreno del maestro y de la maestra, y nadie más que ellos podían tomar decisiones entre esas cuatro paredes. Ellos eran la autoridad máxima, Ni el alcalde, ni el cura del pueblo tenían nada que opinar. 

«Debéis respetar al sexo opuesto; las chicas aprenderéis que los chicos no son todos unos brutos e insensibles, y los chicos aprenderéis que podéis compartir mucho con ellas. Incluso partidos de fútbol». [pág. 150]

Bueno, esto es una parte de lo mucho que podréis aprender en este libro. Dejo que vosotros mismos descubráis aquellos famosos experimentos, llevados a cabo por un más famoso médico, para extirpar el desconocidísimo gen rojo.

Y, como broche final, un desenlace que, si bien es ligeramente algo predecible, te deja con el corazón lleno de ternura, a lo que se une un giro precioso que demuestra, una vez más, lo mucho que puede marcarnos un docente.

Los personajes

Aunque la novela cuenta con un buen puñado de personajes, con mayor o menor trascendencia, tres mujeres serán las protagonistas principales. En primer lugar, tenemos a Lali, a la que vamos a conocer en dos momentos puntuales de su vida. Por un lado, cuando es casi una chiquilla y deja atrás a su familia, para marcharse a Alcalá del Valle como maestra rural. Por otro lado, cuando es una mujer madura, con sesenta años. En cada uno de esos dos momento percibo a Lali de forma distinta. Aunque en los años 70 es una mujer felizmente casada, con una vida tranquila y serena, yo la intuyo algo triste y apagada. Pareciera que arrastra un peso, que le impide sentirse plena, como si le faltara algo y, efectivamente, lo que le pasa es que le arrebataron algo muy importante para ella, algo  que ya descubrirá el lector. 

En cuando a su juventud, vamos a ver a una joven decidida, que sabe lo que quiere y lucha por ello. A pesar de tener que dejar la ciudad de Sevilla atrás, y separarse de sus padres y de su hermana, para marcharse ella sola a Alcalá del Valle, Lali no se amilana. Le gusta ser maestra y sueña con tener un aula llena de alumnos y alumnas, a los que guiar por la senda del conocimiento. A mí me ha gustado muchísimo verla compartir espacio y tiempo con los niños y niñas del pueblo, preocuparse por ellos, mediar entre sus padres, ganárselos. También me parece preciosa la estampa que Lucero dibuja, cuando vemos a Lali adecentando y limpiando «su reino» tras las horas de clase. 

La Lali del pasado es una joven con criterio, que se hace preguntas y cuestiona todo aquello con lo que no está de acuerdo. Es un personaje algo paradójico porque, si bien es maestra en tiempos republicanos, lo cierto es que ella estudió en un colegio de monjas, y algo le pasó en su colegio que no quiero desvelaros. 

Lali, como también lo es Juana, otra maestra pero mucho más curtida en las aulas y en la vida, de lo que lo es la joven sevillana, representan a todos aquellos maestros y maestras que pasaron por una comisión depurativa y, de un día para otro, se vieron privadas de su vocación. Juana va a tener un papel muy importante en la novela, pero prefiero no contaros mucho más.

Y sobre Alba, os diré que es una joven abogada madrileña, de buena familia que, en un momento delicado de su vida, se entera de una verdad que le habían mantenido oculta desde que era niña. La reacción inicial de Alba es el desconcierto, para pasar inmediatamente a la acción, en busca de todas las respuestas a las preguntas que le surgen. Alba es un personaje que me ha gustado muchísimo porque rompe moldes y, al final de la novela, entenderemos por qué resulta tan distinta a los demás. 

La enseñanza. ¿Una profesión denostada?

Conozco a muchos profesores, de primera y de secundaria, que tienen auténtica vocación por la enseñanza. Ellos me hablan de sus horas de clase, de su alumnado, de los padres de sus alumnos, y también de las directrices impuestas por la dirección de su centro. Yo comparo estos tiempos con los que me tocó vivir a mí, cuando el aula era una extensión de mi casa, y en ambos lugares debía imperar el respeto -a mis padres y a mis maestros-. A riesgo de parecer una abuelita contando batallitas, os diré que en aquellos años -hablo de los 70 y 80-, lo que decía el maestro o la maestra iba a misa. Ni a los alumnos ni a sus padres se les ocurría cuestionar las decisiones del profesorado. Que te castigaban, pues era que te lo merecías y punto. También es verdad que, por entonces, algunos tenían la mano muy floja y hoy, por supuesto, no se consienten ciertos comportamientos dentro del aula. No obstante, sí creo que un cachete a tiempo, o un coscorrón, -no hace falta dar una paliza-, evita muchos problemas posteriores. Y por supuesto, el niño y la niña tienen que venir ya educado de casa, que muchos padres creen que la labor del docente llega a unos límites que ni por asomo son ciertos. Pero bueno, a lo que voy, que yo siento que las cosas han cambiado y no siempre para mejor. Me interesaba saber la opinión de José Antonio Lucero al respecto y por eso se lo pregunté durante la presentación. Él me contestó que es verdad que la vida ha cambiado mucho. «Las figuras de referencia que existían antes, como el maestro, el médico, el abogado y el cura se han ido diluyendo en la sociedad pero creo que los profesores de hoy en día seguimos teniendo influencia y seguimos teniendo capacidad de motivación y capacidad para llegar a los alumnos». Lucero asegura que eso es lo que intenta cada día porque si no fuera optimista con su profesión y con la generación actual se dedicaría a otra cosa. Aunque es consciente de que el discurso actual asegura que la juventud está fatal, afirma que «la juventud ha estado fatal siempre», que se trata de un mensaje que todos hemos oído alguna vez, incluso refiriéndose a nosotros mismos. En cualquier caso, piensa que el profesor sí debería recuperar esa figura de autoridad que tenía antes pero, igualmente, «hoy también hay profesores muy buenos, que transforman a los chicos, y familias muy respetuosas».

Sea como fuera, el homenaje que el autor rinde a esta profesión en esta novela me parece más que necesaria. Yo no sería yo si no fuera, en parte, por los profesores que tuve. De hecho, si me apasiona tanto leer es por Carmen Calderón, aquella profesora de Literatura que tuve durante el Bachillerato. Ella me enseñó a leer y no a pasar simplemente la vista por lo escrito. Así que, donde quieras que estés, Carmen, espero que te llegue este pequeño homenaje que te rindo. 

Estructura y estilo

Con abundante diálogo, La maestra se estructura en cuatro partes, a lo largo de las cuales se distribuyen un total de cuarenta y dos capítulos. El volumen cuenta también con un Nota de Autor donde se nos hacen algunas aclaraciones y se nombra a algunas maestras que fueron víctimas -sí, víctimas-, de la Comisión Depurativa de Magisterio.

José Antonio Lucero es meticuloso en su labor de documentación. Quizá tú no lo sepas pero yo, que vivo en Sevilla, advierto que Lucero ha cuidado mucho los detalles en esta novela. Que la niña a la que Lali le da clases se llame Reyes me arrancó una sonrisa. La patrona de esta ciudad es la Virgen de los Reyes y no es raro que muchas niñas -aunque también sea nombre masculino-, se llamen así en Sevilla, como mi propia hermana mayor. No será el único detalle que el autor tenga en cuenta porque, en ese viaje en el tiempo que hacemos a esta ciudad hispalense, vamos a ver a los típicos autobuses de línea de color azul que prestaban servicio en la ciudad en los años 70, o podremos ver, junto a Lali y su marido Clemente, esos programas que por entonces se emitían en televisión, al frente de los cuales estaban presentadores cuyo nombres recordamos todavía hoy. Son pequeños detalles que denotan el mimo con el que el autor ha tratado la historia.



En definitiva, La maestra es una novela preciosa, cuya lectura he disfrutado muchísimo. Lo último de José Antonio Lucero no sólo te entretiene, sino que te instruye, para dejarte un regusto final tremendamente dulce. Más que recomendable. Y para completar esta lectura, os dejo dos recomendaciones más: el documental Las maestras de la República y la película El maestro que prometió el mar, largometraje del que os hablaré muy pronto. 

«Enseñar es, en esencia, como encender un fuego». [pág. 19]


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí (tapa blanda) y aquí (Kindle):


domingo, 16 de junio de 2024

MAYO... ¡DE UN VISTAZO! (#05/2024)

De locura. Absolutamente, de locura. Así me siento en los últimos días. Y es que lo tengo todo manga por hombro. Llevarte diecisiete años en un trabajo y cambiar a otro conlleva un totum revolutum para el que no estoy preparada. Siempre he tenido mis horarios muy estipulados. En eso soy muy germana, muy cuadriculada. Es la única forma que conozco para mantener el equilibrio y llevarlo todo adelante pero ahora, con el nuevo trabajo, tengo que aprender a organizarme de otro modo y voy como pollo sin cabeza. ¡¡No leo!! Es que no encuentro el hueco. Imagino que me llevará un tiempo volver a encontrar un orden y quiero creer que aprenderé a gestionar mi tiempo de otra manera. Eso, o termino por tirar la toalla definitivamente y abandono el blog, cosa que no quisiera que sucediera. Pero mientras decido qué hacer, y antes de que avance más el mes, vengo con el resumen de mayo. 

Mayo trajo consigo un aluvión de publicaciones que no he sido casi ni capaz de echar un vistazo pero entre los títulos que llegaron a mis manos hay novelas muy, muy interesantes. Paso a contaros




Los comprados


El mes pasado (¿o fue el anterior? Ya no lo recuerdo) comenté que tenía en mi punto de mira un par de títulos. Entre ellos, lo último de Fernando Aramburu. Iba a decir que ni siquiera he tenido tiempo de ir a una librería pero, ahora que caigo, eso no es cierto. La verdad es que he pisado suelo librero en más de una ocasión durante el mes de mayo, pero fue para acompañar a dos autores en la presentación de sus novelas. Como iba con la cabeza en modo «presentación», en vez de en modo «compra», ni me paré a mirar estanterías. Bueno, ¡¡miento otra vez!! Sí que he comprado un libro pero no fue para mí, sino para hacer un regalo. Os cuento más abajo.

Los recibidos


La editorial Algaida publica Bajo la cascada gris de José Piqueras. La novela nos presenta una historia que se desarrolla en Granada, -ciudad poco usada en literatura, en los últimos tiempos-, al frente de la cual se encuentra Velázquez, un inspector de policía que no pasa por su mejor momento. Velázquez se verá inmerso en una investigación para descubrir quién se esconde tras diversos escándalos sexuales en el interior de iglesias, al tiempo que vivirá angustiado, pues recibe mensajes enigmáticos, supuestamente enviados por su padre. ¿Cuál es el problema? Resulta que el hombre falleció hace quince años. Mola esta novela para meterla en la maleta, ¿verdad?





Por su parte, Alianza Editorial nos ofrece una nueva novela de uno de mis autores favoritos. Juan Madrid firma Cuando llegue la mañana, una nueva aventura de Toni Romano, el mítico y carismático policía que lleva acompañando a Madrid desde que en 1980 publicara Un beso de amigo. Alianza edita esta novela en formato de pequeño tamaño, de manera que supone una opción fabulosa para llevarte lectura fuera de casa. Esta caerá seguro este verano.


Duomo Ediciones
, en su colección Los Imperdibles, publica Lebab. El efecto luciérnaga, novela escrita a cuatro manos por Luis Amavisca y Juana Cortés. A Cortés la leí cuando publicó Los ausentes, una novela que me gustó, aunque hubo algún pequeño detalle que no me convenció, como ya expliqué en la reseña que puedes leer aquí. En este thriller, los autores nos presentan una historia futurista 
que aborda el tema de la reencarnación, pero no desde el punto de vista espiritual, sino científico. ¿No os pica la curiosidad?


Pero, como siempre, la mayoría de los libros llegaron a casa para entrevistar a sus autores, o para acompañarlos en la presentación de sus novelas. Este fue el caso de dos títulos cuya lectura me ha resultado apasionante, estimulante y muy gratificante. Me refiero a las que Ediciones B puso en la calle el día 23 de mayo. Por un lado, La maestra de José Antonio Lucero. Hasta la fecha, he leído las tres novelas que este escritor de Rota (Cádiz) ha firmado y debo decir que las tres me han parecido fascinantes y muy emotivas. La reseña de La maestra saldrá publicada mañana.





La otra novela que también edita Ediciones B es La dama de la Cartuja de Inma Aguilera. A Inma la conocí hace unos cuantos años cuando ganó el Premio Joven de Novela Ateneo de Sevilla, en 2016, con El aleteo de la mariposa. Aquella novela tenía un componente de fantasía, género que a la autora e ilustradora le apasiona. Sin embargo, La dama de la Cartuja es una novela histórica y costumbrista, con Sevilla como protagonista y, más concretamente, con la fábrica de cerámica y loza La Cartuja de Sevilla. Es una novela preciosa, tanto, tanto que, el día de la presentación, compré otro ejemplar para regalar. También os hablaré con detalle sobre esta novela en los próximos días.



N de Novela publicó en mayo Sin latido de Yolanda Cruz Ayala. La autora, que fue finalista del Premio Planeta en 2013, acudió a Sevilla para promocionar este nuevo libro. La idea era sentarme a conversar con ella pero su cita con esta ciudad fue el día 14 de mayo, el mismo día que yo regresaba de un viaje a Londres. Espero poder sentarme con esta autora, miembro del Centro Andaluz de las Letras, en otra ocasión. De todos modos, no descarto echarle un ojo a la novela en las vacaciones.





Por su parte, Newton Compton Editores publicó Nosotros somos infinitos de María Sotelo. Una de las cosas que más me gustan de esta editorial son los precios de sus libros. Por tan sólo 9,90 € puedes leer una novela de intriga o histórica. Aunque en este caso, Sotelo apuesta por una historia romántica con el que te lo pasarás muy bien. Ya tenéis la entrevista publicada en el blog. También nos podéis escuchar en Youtube. Ya veréis lo simpática y divertida que es.



Centrándonos ahora en la editorial Planeta, os tengo que hablar del nuevo Premio Azorín que este año ha recaído en una autora conocida y querida por la comunidad lectora. Me refiero a Cristina López Barrio que firma La tierra bajo tus pies. López Barrio acudió a Sevilla justo cuando yo estaba en  Londres, así que no me pude sentar con ella. Rabia que me dio porque es una autora con la que me gusta conversar. 





Algo similar me ocurrió con Rosario Raro, autora a la que sigo por redes sociales y a cuyas novelas les tengo muchas ganas. Raro visitó Sevilla un día que a mí me era imposible acudir a la cita. Y digo que le tengo muchas ganas a sus novelas porque no hago más que ver comentarios positivos. La última que acaba de publicar es Prohibida en Normadía, que se desarrolla en ese contexto histórico que tanto nos gusta a muchos lectores. Nazis, personajes reales, momento convulso de la Historia y mujeres que no quieren quedar a la sombra con el telón de fondo del desembarco de Normandía. Para seros sincera, la novela tiene una pinta tan buena, que creo que esta también viajará a la playa conmigo.


Carmen Romero es una mujer poliédrica. Ha hecho muchas cosas en su vida pero el humor ha sido siempre una constante, incluso en los momentos más complicados. Duelo y humor se unen en Esto no está pasando, un libro que parte de un hecho muy trágico en su vida pero al que ella quiere acercarse en clave de humor, porque sin humor no somos nada. Romero visita Sevilla mañana y me sentaré a conversar con ella. Si os digo la verdad, no sé muy bien qué preguntarle, al tratar la novela un tema tan doloroso. Ya os contaré...



Espasa puso en la calle un montón de libros interesantes durante el mes de mayo. En primer lugar, nos llegó lo último de Juan Manuel de Prada. Mil ojos esconde la noche es el título de un proyecto que abarca dos publicaciones. Por un lado, La ciudad sin luz. Por otro, Cárcel de tinieblas, que se publicará más adelante. En casa, el lector de Prada es mi marido. Actualmente está enfrascado en La ciudad sin luz y me confiesa que es una novela un tanto peculiar, algo que el mismo autor ya confesado en las entrevistas que ha concedido, y que requiere una lectura pausada y dilatada en el tiempo.





Con la misma editorial publica Emilia Landaluce y Rosa Belmonte. La novela Donde caiga la flecha es la segunda entrega de la serie protagonizada por Socorro, una periodista de sucesos, a la que conocimos en La mala víctima. Confieso que no conocía a las autoras, ni tampoco la novela que inicia la serie, pero sí admito que Donde caiga la flecha tiene una pinta estupenda y me da en la nariz que podrá hacerme pasar un rato estupendo de lectura.  

Carmen Chaparro regresa con otro título. Castigo supone su novela número cuarta, aunque también ha escrito para niños y el ensayo Calladita estás más guapa. Admito que no he leído nada de la autora aunque en casa tenemos todas sus novelas. Y si no la he leído no ha sido por falta de interés sino más bien por falta de tiempo. Castigo es un thriller que nos promete una lectura adictiva.





Con la misma editorial que los anteriores títulos, Leopoldo Salinas publica El tiempo vencido. Se trata de una novela histórica que hará viajar al lector a la Mallorca del año 1919, lugar del que Felipe Neudorf, hijo bastardo del archiduque Luis Salvador de Austria, huyó en 1914 tras ser acusado de asesinato. Para saber más, haz clic en el título.


Y por último, también editado por Espasa, nos llega Nación Neandertal de J.J. Gómez Cadenas. La pregunta que figura en la faja de este libro no deja de ser desconcertante. ¿Qué pasaría si fuéramos capaces de traer de vuelta a los hombres y mujeres de Neandertal? La respuesta la tienes en la novela. 

Vamos llegando al final con dos nuevos títulos. La bruja de Dagaz de Margarita Hans  Palmero se publica a través de El Búho Ediciones. Sigo a la autora sevillana por redes sociales. Me parece una mujer extraordinaria que pone todo su cariño en aquello que escribe. No me quise perder la presentación de la novela, que tuvo lugar hace unos días. De este acto os hablaré pronto. 



La Tríada del Escorpión de Damián Patón se publica con Ilitia Ediciones. Hace unos días pude conversar telefónicamente con su autor. Esta novela pretende hacer reflexionar a los lectores, y poner sobre la mesa las cartas del juego. La crítica está asegurada.

martes, 11 de junio de 2024

MARÍA SOTELO: ❝La novela romántica se sigue considerando literatura de segunda❞

Hace unos cuantos días pude conversar telefónicamente con María Sotelo. No conocía a esta autora de Vigo que, recientemente, ha publicado Nosotros somos infinitos con Newton Compton Editores. No obstante, hay que precisar que esta no es la primera novela de Sotelo. En realidad, esta autora lleva publicando en Amazon desde la pandemia y cuenta ya con un importante grupo de lectores.

Nosotros somos infinitos se puede encuadrar dentro de la novela romántica, un género que la autora quiere reivindicar y dar su sitio. Con esta historia, María Sotelo pretende hacer pasar un buen rato al lector, a través de varios personajes que son de carne y hueso. 

Os dejo con la entrevista.

[Foto facilitada por la autora]

Marisa G.- María, un placer saludarte desde Sevilla. Es la primera vez que hablo contigo y la primera vez que te leo. He empezado a leer Nosotros somos infinitos, aunque llevo muy poquito, así que vamos a hablar para que me cuentes cositas. En primer lugar, me gustaría que me contaras quién es María Sotelo en el día a día.

María S.- (Ríe) Qué mal llevo estas preguntas. Cuando me preguntan quién es María Sotelo todavía me siento extraña. Pues yo, soy yo. Se me hace muy raro. 

Bueno, soy de Vigo y ya madurita.

M.G.- Bueno, no tanto.

M.S.- Bueno, generación X. Trabajo con números pero soy lectora desde siempre. Unas veces más, y otras menos porque la vida nos atropella y no podemos hacer todo lo que queremos. 

Empecé a escribir hace cuatro años, en plena pandemia. Al igual que a otros les dio por hacer pan, repostería o yoga, a mí me dio por intentar escribir. Y así empezó mi andadura en este mundillo. 

M.G.- En tu biografía se dice que eres lectora empedernida desde niña, algo que compartimos las dos. No sé si tú recuerdas aquellos primeros libros que leíste o aquel libro con el que descubriste que te encantaba leer.

M.S.- Cuando era niña o adolescente, recuerdo que leía Celia y El club de los cinco. Esas eran mis lecturas. Luego tuve una época como de vacío existencial porque, no sé qué edad tendrás tú, pero en mi generación no teníamos las lecturas que hay ahora, esa variedad de géneros, de oferta, adaptadas a todos los públicos. Ahora hay un montón de cosas para todas las edades. En mi época había lecturas infantiles pero el juvenil creo que ni existía. De ahí ya te tenías que ir a lo adulto. Así que tuve una época de vacío, en la que no sabía qué leer.

Recuerdo que me enganché a un libro que no conocía, y creo que prácticamente nadie conoce. Es de David Trueba y se llama Abierto toda la noche. No sé si te suena.

M.G.- La verdad es que no.

M.S.- Es que no es muy conocido. Pues ese libro lo leí de adolescente y, a partir de ahí, me enganché, y enlacé con un montón de cosas. Recuperé el hábito que había perdido durante ese vacío.

M.G.- Tú te consideras apasionada de las historias de amor. ¿Qué te aporta el género romántico?

M.S.- Pues mira, no era lectora de romántica hasta hace cosa de cinco o seis años. Es algo que a la gente le llama mucho la atención. Yo consumía mucho thriller, mucha novela histórica, y nada de romántica. Por casualidad, me enganché a una primera novela que compré un día. Me llamó la atención la portada y el título. Lo leí y me divertí tanto con esa historia que ya no pude parar. Sentí que necesitaba más de aquello.

M.G.- ¿Y tú crees que el género de novelas románticas goza del mismo prestigio que la novela histórica y el thriller?

M.S.- En absoluto. Y se sigue considerando literatura de segunda. Es uno de los géneros que peor parados salen siempre en un ranking. Hay gente que ni siquiera lo considera género literario, sino folletines y novelitas para señoras. Me da mucha pena pero bueno, las opiniones son como los culos, que cada uno tiene el suyo.

M.G.- Exactamente. Pero fíjate tú lo que acabas de decir, que son novelas para señoras. Y es verdad que es un género que siempre ha llevado el estigma de literatura para mujeres, para chicas. Sin embargo, eso ya no es así, ¿no? Eso se ha convertido en un cliché.

M.S.- Totalmente. Tengo amigos que se han leído mis novelas y que les han encantado. Las han disfrutado incluso más que mis amigas. Es una literatura para todos los públicos. Es una cuestión de gustos. Da igual que tengas quince años que sesenta, que seas hombre o mujer. 

M.G.- Pues sí, tienes toda la razón. 

Bueno, vamos a centrarnos en Nosotros somos infinitos, publicado por Newton Compton. Yo pensé que esta era tu primera novela pero he descubierto que no es así, que ya has publicado con anterioridad, ¿verdad?

M.S.- Sí. Es mi primera novela publicada con editorial pero, en realidad, es la cuarta que he escrito. Como te comentaba antes, mi primera novela la escribí durante la pandemia y la publiqué en diciembre de ese año. Fue un reto personal. No sabía lo que iba a pasar con ella. Ni siquiera me planteaba publicarla. La escribí por ver si podía hacerlo, si era capaz de conseguir algo medianamente decente. Y luego, ya vería que hacía. Pero esa novela se convirtió en el inicio de una serie de tres novelas, que están disponibles en Amazon. Esta última novela la escribí en junio del año pasado y también salió a la venta a través de Amazon,g pero la tuve que retirar cuando Newton Compton y yo contactamos.

M.G.- ¿Pero fuiste tú quien contactó con la editorial o fue al revés?

M.S.- Fue al revés. Ellos la vieron en Amazon, leyeron la sinopsis, les gustó la portada, y creyeron que podía encajar con la línea editorial que querían sacar este año, enfocada a autores nacionales. Si te fijas, el 90% de su catálogo son autores internacionales. Bueno, pues contactaron conmigo para que les mandara el manuscrito y les encajó. 


[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]


M.G.-  ¿Y qué sensaciones te invadieron? Porque, a ver, yo me pongo en la piel de alguien que escribe, que sube sus novelas a Amazon para que os lean pero claro, no es igual que una editorial te llame y te capte. No sé si recibiste una llamada, un correo electrónico, en la que te dicen que una editorial quiere tu novela. ¿Qué se siente en ese momento?

M.S.- Pues un poco de todo. Al principio pensé que era una broma o que se habían equivocado. Es un momento lleno de dudas en el que te preguntas si de verdad querrán hablar contigo, si tu novela les interesa realmente. 

M.G.- María, cuando tú te pones a escribir en la pandemia, el hecho de sentarte a escribir, ¿te sirvió para sobrellevar la situación que estábamos viviendo, como les ocurrió a otros autores?

M.S.- Sí. Creo que, al final, cada uno buscó la manera de sobrellevar el drama que fue estar encerrado en aquel momento. Bueno, cada uno lo vivió de un modo porque hubo gente que ni siquiera estaba en su casa. Llegó un momento en el que teníamos un montón de horas al día, ¿qué hacer con todo ese tiempo? Yo leí muchísimo. Tenía una montaña de libros pendientes de leer para cuando llegara el momento y cuando llegó, me fumé aquella montaña. ¿Y ahora qué haces? Bueno, pues te enganchas a Netflix o a lo que sea, te pones a hacer pan, limpias la casa,... Al final, acabé escribiendo por pura evasión. 

M.G.- Por evadirte, claro. Es lo que hacíamos todos.

Bueno, cuéntanos un poquito, tanto a los que nos oyen como a los que nos van a leer, qué historia van a encontrar en esta novela, en Nosotros somos infinitos.

M.S.- Pues mira, creo que es una historia muy divertida. Para mí, eso es lo principal. Siempre digo que todas mis historias tienen eso en común, que son muy divertidas, con personajes muy cercanos, con sus defectos, sus virtudes, sus inseguridades,... como cualquiera de nosotros. En este sentido, es muy fácil empatizar con ellos porque no son perfectos porque ninguno de nosotros lo somos. 

M.G.- El punto de partida de la novela es impactante, es un poco heavy. Cuéntanos cómo se te ocurre la idea. A algunos autores, las ideas le surgen como fogonazos, un destello al que os aferráis.

M.S.- Sí, y luego vas tirando del hilo. Yo funciono así. Yo voy cogiendo cosillas de todos lados, de algo que me cuentan, de algo que escuchas, o de algo que ves en una película, que te provoca lo que acabas de decir, ese fogonazo del que sacar algo. 

En este caso, la historia de Nosotros somos infinitos empieza cuando Bianca nos cuenta que su ex marido va a casarse con la mujer con la que la engañó. La pobre muchacha descubrió que su marido la engañaba el mismísimo día de su boda. Si duda, es un poquito impactante enterarte de algo así en pleno banquete de tu boda.

M.G.- Sí que lo es. Y en la cubierta de la novela, al margen del título, podemos leer: Romance revelación del año. ¿Por qué crees que la editorial lo califica así?

M.S.- Pues porque confían muchísimo en mí. Bastante más que yo (Ríe). Desde luego, yo no lo hubiera puesto. Supongo que el síndrome del impostor, que siempre está presente, hace que todavía no me crea este tipo de cosas. 

M.G.- Pero sí es una novela que, al menos en los inicios, que es por donde voy yo, engancha bastante.

M.S.- Esa es la idea, que el lector quiera seguir leyendo porque si no, lo he hecho muy mal, Marisa. (Ríe)

M.G.- No, no, no, está muy bien. 

Bueno, has mencionado a Bianca, que será uno de los personajes principales. Los capítulos están dedicados a uno u otro personaje. Entre los femeninos también está Belinda. Háblanos un poco de estas dos mujeres.

M.S.- Pues mira, Belinda y Bianca son hermanas. Sí que hay capítulos narrados por una y por otra, desde su punto de vista. Son totalmente distintas. Bianca es una persona más insegura, más sensata, es más comedida, y se lo piensa todo mucho. Ella tiene un pasado que la ha dejado muy tocada y va por la vida con pies de plomo. Y en contrapartida vemos a su hermana, que es todo lo contrario, no tiene filtro ni para hablar ni para actuar. Belinda va por la vida en plan «living la vida loca», a lo que surja. Son un poco el contrapunto.

M.G.- Son la cara y la cruz de la misma moneda, por decirlo de algún modo.

M.S.- Exacto.

M.G.- Y luego también tenemos personajes masculinos como Hugo y Martín. ¿Qué nos puedes contar de ellos?

M.S.- Pues mira, a Hugo le pasa un poco lo que a Bianca. Es un personaje también más sensato, aunque no lo parezca. Es la oveja negra de la familia, porque en este caso, el pobre muchacho es el hermano del ex de Bianca, que no comulga con las actitudes que ha podido tener su hermano, y se ha quedado un poco ahí como la oveja negra, al posicionarse en contra del hermano. Y además es el mejor amigo de Bianca.

M.G.- ¿Y Martín?

M.S.- Y luego tenemos a Martín, que es un personaje quizá más secundario. Es camarero en el café que estas dos hermanas regentan, el café Oberón. Y también es un chico pues del montón, normal, tímido, comedido, que acaba metido en un lío, el pobre. Aquí todos acaban metidos en un lío.

M.G.- Bueno pero esa es la salsa de la historia.

M.S.- Claro. Eso es lo que le da vidilla. Si no, la vida sería muy aburrida. 

M.G.- Además, estos personajes son muy actuales, muy de nuestro tiempo. Son mujeres y hombres con los que podríamos cruzarnos por la calle.

M.S.- Exacto. A esto me refería cuando te decía que son muy cercanos. No tienen nada de extraordinario, son personajes muy mundanos, con los que es muy fácil empatizar porque podrían ser tu primo, tu hermano o tu vecino de abajo. 

M.G.- ¿Y hay alguno que te haya costado construir? A veces, por el hecho de ser mujer escritora, los personajes femeninos fluyen mejor que los masculinos. En tu caso, ¿cómo ha sido?

M.S.- (Ríe) Voy a quedar fatal, pero me cuesta más construir a los personajes que son más serios.

M.G.- Bueno, eso es síntoma de que tú eres una persona alegre y divertida. 

M.S.- Sí, soy más Belinda que Bianca. Los personajes como Belinda me salen solos. Me resulta mucho más fácil crear ese tipo de personajes que esos otros más comedidos, más sensatos, más cauteloso. Me cuesta meterme ahí, en ese papel.
 
M.G.- Y siendo comedia romántica, entiendo que la historia girará principalmente sobre ese tema, sobre el tema universal que se toca tanto en literatura, el amor, ¿no? ¿Cómo va a ser ese amor? 

M.S.- En la novela hay amor en todas sus formas, amor a los amigos, a la familia, -porque la familia es muy importante para Bianca-, a la pareja,... ¿Qué comedia romántica no acaba con un final feliz?

M.G.- Claro. 

M.S.- Tiene que haber amor.

M.G.- ¿Y tocas otros temas más, María, aparte del amor? No sé, ¿aprovechas la historia para tocar algún tema de actualidad, algún asunto social, algún tema?

M.S.- Pues, en este caso, no. Es cierto que, a pesar de ser una comedia romántica, donde hay amor y humor, siempre intento dejar en todas mis novelas, algún mensaje positivo al lector. No pretendo adoctrinar a nadie, ni muchísimo menos, pero sí soy una persona muy positiva, y me gusta transmitir eso en todas mis historias. Por ejemplo, en el caso de Bianca, que ha pasado una situación muy complicada y que para ella ha sido un infierno, voy dejando un rastro de miguitas de pan a lo largo de toda la novela. Es decir, muestro que, al final, a todo el mundo le pasan cosas, tiene problemas y reveses, pero no es el fin del mundo. Te pase lo que te pase, siempre puedes salir reforzado de una situación y siempre puedes encontrar algo mejor de lo que tenías. Así que tienes que proyectar en positivo y no quedarte enterrada en la negatividad.

M.G.- Que las cosas pasan por un motivo y hay que aprender de cualquier situación aunque sea muy dolorosa, ¿no?

M.S.- Exacto. Todo te deja una lección. Salvo contadas situaciones, nada te va a matar. 

M.G.- Hay que seguir adelante. 

Y nada más abrir la novela, encontramos una playlist, una lista de canciones que, además, es muy ecléctica porque lo mismo encontramos temas de Franco Battiato que de AC/DC.  ¿Qué importancia va a tener la música en la novela?

M.S.-Bueno, yo soy así. Soy una persona que no concibe la vida sin música y tengo gustos muy diversos, ya lo has visto. Lo mismo escucho música italiana que rock, o me pongo a Camela. Todo me va bien y todo es adaptable a según qué situación. Evidentemente, no requiere la misma banda sonora una situación que otra. Pero siempre meto música en mis novelas. Esta, quizá, es la que tiene menos referencias musicales. Las primeras que autopubliqué tenían más música todavía. Cada capítulo era una canción en concreto y, además, la propia canción estaba integrada en el capítulo. Tenía su sentido y eran muy musicales. 

M.G.- Casi que podemos escuchar los temas a medida que vamos leyendo la novela, ¿no?

M.S.- Sí, sí.

M.G.- A veces, eso funciona muy bien porque es como si te permitiera introducirte en la historia con  mucha más facilidad. 

M.S.- Creo que todos tenemos nuestra propia banda sonora.

M.G.- Es verdad. Y, por lo que leo en Agradecimientos, creo que has contado con ayuda para elegir la banda sonora de la novela. Hay  gente que te ha ido indicando qué temas poner, ¿no? 

M.S.- Bueno, ¿sabes qué pasa? Hay un grupo de chicas que tienen un club de lectura que se han leído todas mis novelas. Cuando estaba escribiendo esta, les pedí a cada una que me dijeran cuál era su canción favorita para integrarla en esta novela y de ahí han salido algunas de las canciones. Lo que pasa es que la lista inicial se recortó de cara a la publicación con Newton y ya no aparecen. Pero la lista inicial está en Spotify, con el título que tenía la novela antes.

M.G.- Pues exactamente te iba a preguntar por el título porque he visto en las páginas interiores del volumen que antes se titulaba Satélites que orbitan planetas desiertos.

M.S.- Exacto.

M.G.- ¿Y ese cambio?

M.S.- Pues porque era muy largo y también resultaba un poco confuso. Para mí era perfecto porque le iba muy bien a la historia, pero soy consciente de que a lo mejor comercialmente no era muy bueno.

M.G.- Bueno, yo, particularmente, lo veo también un poco largo. Nosotros somos infinitos me parece mucho mejor. 

Pero, al margen de las canciones, para esta novela, también has contado con un grupo de lectores beta. ¿Cómo ha sido la relación con ellos? ¿Qué te decían a la hora de ir leyendo la novela? Porque no todos los autores aceptan de buen grado las críticas, aunque sean constructivas.

M.S.- Evidentemente a nadie le gusta que le digan que lo que ha escrito es una castaña. Eso no le gusta a nadie y, de hecho, eso tampoco es una crítica constructiva. A mí, siempre que sean constructivas... Soy consciente de que no le puedo gustar a todo el mundo, al igual que a mí no me gusta todo. Cada uno tiene sus gustos. Pero que a mí no me guste un libro no significa que sea malo. Significa que simplemente no es para mí. No me gustan las judías y no tengo nada en contra de ellas. Es una cuestión de gustos. Pero es cierto que, al final, tus lectoras betas tienen que ser muy críticas porque, si no lo son, es que no ayudan. Así que siempre les digo que sean malas porque es la única manera de mejorar, que me digan lo que no encaja, si un personaje no termina de caerles bien, los flecos y las lagunas que haya,... Porque, claro, tú vas escribiendo como pollo sin cabeza y muchas veces es muy difícil ver tus propios errores. Te sabes la historia tan de memoria, porque la has leído y releído tantas veces, que ya tienes lo que llaman la ceguera del escritor. Te pueden faltar cinco palabras en una frase que tú la vas a leer completa.

M.G.- Exacto. Esos problemillas surgen a veces y tiene que haber alguien que te mire el texto.

M.S.- Sí. Necesitas ojos nuevos y necesitas que sean incisivos. 

M.G.- Pues sí. Y María, ¿qué sensaciones quieres que el lector tenga a la hora de leer tu novela?

M.S.- La única pretensión que tengo es hacerle pasar un buen rato. Con eso, me muero de felicidad. Como te decía, no pretendo dar lecciones a nadie, ni adoctrinar, ni nada. Al final, escribo por evasión y leo por evasión. Si alguien coge mi libro, le hago pasar un buen rato y olvidarse de sus problemas, soy feliz. 

M.G.- A veces, es lo único que necesitamos. Leer algo que no nos haga pensar demasiado.

M.S.- Claro. En un momento dado te apetece algo de thriller, en otro te apetece algo más intenso, y en otro distinto, pues algo más ligero que, como tú dices, no te haga pensar. 

M.G.- Bueno, María, vamos a ir terminando. Me gustaría saber qué escritor o escritora del género romántico te gustan.

M.S.- Pues mira, tengo muchísimas porque, además, tengo un montón de amigas que escriben romántica de maravilla y autopublican. No sé si te sonará Elisa Mayo, Dona Ter, Tessa Cooper. Hay gente muy buena en el mundo de la autopublicación, aunque no sean tan conocidas. Y luego, a nivel editorial, Elisabeth Benavent me gusta cómo escribe, pero matizo cómo, porque últimamente no comulgo mucho con el qué. 

M.G.- La he leído pero últimamente no. La leí cuando empezó.

M.S.- A mí me encanta cómo escribe, con su manera de transmitir. He leído prácticamente todo lo que ha escrito. Creo que me queda el último. Pero, de sus últimos libros, no comulgo mucho con la historia que me quiere contar. 

M.G.- Y ya para terminar, ¿hay algún proyecto futuro? ¿Tienes algo en mente?

M.S.- De momento, estoy intentando esbozar la siguiente novela. Voy muy despacio porque, bueno, la vida da para lo que da. La intención es seguir escribiendo, sí. Y continuar con Newton, si la cosa va bien. Eso nunca se sabe. Además, estamos en plena promoción de Nosotros somos infinitos y voy por la vida como pollo sin cabeza. Ahora no estoy capacitada ni para sentarme a escribir.

M.G.- Bueno, ya vendrá ese momento, cuando pase la promoción. 

María, te agradezco que me hayas atendido. Un placer saludarte y espero que tengas mucha suerte y que volvamos a hablar con la próxima novela, con esta editorial, con cualquier otra, o con lo que surja.

M.S.- Eso espero.

M.G.- Te mando un saludo y pasa buena tarde.

M.S.- Igualmente, Marisa. Muchas gracias por tu tiempo.

Sinopsis: La novela romántica del año: emocionante, desinhibida y divertidísima.  

Un ex, una boda y una proposición descabellada. 

En ocasiones, orbitamos el planeta equivocado. Yo lo descubrí cuando encontré a mi recién estrenado marido acostándose con otra mujer el día de mi boda, mientras los amigos y la familia disfrutaban del banquete. Abrí los ojos, aunque quizá no fuera la mejor manera de hacerlo. Ni el mejor momento.

El día que me enteré de que mi ex se iba a casar con la mujer con la que me engañó, mi mundo se rompió en mil pedazos. Culpé al cosmos de todos mis males. Pero parece que el universo tiene sus propios planes…

Puede que quizá, en el fondo, nunca haya dejado de creer en el amor.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...