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viernes, 18 de julio de 2025

EL ALUMNO de José Antonio Lucero.

Editorial: Ediciones B
Fecha publicación: junio, 2025
Precio: 22,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 432
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788466682299
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

José Antonio Lucero (Rota, 1988) es profesor de Ciencias Sociales y Lengua y Literatura en Educación Secundaria. Licenciado en Historia y Máster en Escritura por la Universidad de Sevilla, colabora con varios medios digitales como blogger y youtuber desde su canal La cuna de Halicarnaso, donde combina historia, cultura y docencia, sin perder de vista las referencias a la cultura pop y a los fenómenos de masas. En 2018 fue finalista del XXIII Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla.

Además de historiador y profesor, Lucero es autor de las novelas La vida en un minuto y La madrina de guerra (Ediciones B), y de ¿Por qué los primeros emojis se escribían en arcilla?, un divertido libro de historia para niños a partir de 9 años, y de La maestra.

Sinopsis

Septiembre de 1955. Roque, un joven maestro que en el pasado fue un alumno difícil, llega a una escuela de la sierra de Sevilla con el deseo de que los niños puedan soñar con un futuro mejor, lejos del estruendo de la violencia y la lacra de la dictadura.

Poco a poco conseguirá sembrar en los pequeños la curiosidad por el conocimiento y descubrirles la belleza de las palabras a través de la poesía.

Sin embargo, sus inquietudes pedagógicas, heredadas de la maestra de su infancia, Lali, no casan con el estricto engranaje educativo del régimen ni con los ideales del director del centro, quien pronto empezará a sospechar de él. Y es que Roque esconde un secreto del pasado: busca algo que le arrebataron cuando era un niño, tras la detención de su profesora y su ingreso en un siniestro internado franquista, donde, a pesar de todo, descubrió que enseñar puede ser un acto de resistencia.

[Información tomada de la web de la editorial]

El pasado mes de mayo, José Antonio Lucero no faltó a su cita con Sevilla. Desde que comenzara a publicar, y con cada novela, el autor de Rota acude a la capital hispalense para iniciar el tour de promoción. Es fiel a esta rutina y, desde los inicios, es fiel también a contar con esta que os escribe como maestra de ceremonias. Conocí a Lucero cuando tuve la oportunidad de entrevistarlo al publicar lo que supuso su debut literario, La vida en un minuto (puedes leer la entrevista aquí) y, a raíz de aquella conversación, he tenido el privilegio de acompañarlo en cada presentación que ha hecho en Sevilla, con La madrina de guerra (puedes leer aquí), La maestra (puedes leer aquí) y ahora con El alumno. Casi me siento parte de sus novelas, a través de las cuales he conocido un poco más a su autor y, más concretamente, la tremenda vocación que siente por la enseñanza. Y es que, para los que no lo sepáis, José Antonio es profesor de Ciencias Sociales, Lengua y Literatura en Educación Secundaria. Licenciado en Historia y Máster en Escritura por la Universidad de Sevilla, siente una gran pasión por la Historia, que trata de divulgar a través de su canal de YouTube La cuna de Halicarnasso.

Centrándonos en lo que nos ocupa hoy, vengo a contaros cómo transcurrió la presentación de El alumno y mis sensaciones después de haber leído esta última novela de Lucero. El alumno se puede entender como una continuación del libro previo, La maestra, pero, desde ya, os adelanto que no hay necesidad de leer la anterior para poder disfrutar de esta última, una cuestión sobre la que le pregunté al autor durante la presentación. José Antonio Lucero nos aclaró que se pueden leer de manera independiente, aunque, obviamente, la experiencia lectora aumenta si se leen de forma correlativa. En cualquier caso, él nos explicó que la disposición de las tramas en ambas novelas permitirían también leer la historia de manera inversa, es decir, primero El alumno y después La maestra.

¿De qué trata El alumno?

La sinopsis ya nos da suficientes pistas. De entrada, nos ubica en el año 1955. Este es el punto temporal de partida, aunque nos iremos moviendo, de vez en cuando, por la línea del tiempo. En esas fechas, el joven Roque Martínez acaba de sacar plaza definitiva como maestro. Llegará a Encinar de la Sierra, un pueblo de la sierra norte de Sevilla, con una gran vocación, con muchas ganas de ejercer la docencia, siguiendo unas prácticas pedagógicas que no todo el mundo verá con buenos ojos. A Roque no se lo van a poner fácil. Por un lado, porque estamos en los años 50, en plena dictadura y todo lo que se había avanzado en temas de educación durante la República quedará ahora sepultado bajo una espesa capa de tierra. Ahora, será el régimen franquista el que determine, bajo los preceptos del nacionalcatolicismo, lo que un maestro puede o no puede enseñar. 

Pero Roque recibió una educación muy distinta de aquella que ahora se siente obligado a impartir. Él es uno de los herederos de la Institución Libre de Enseñanza, fruto de una educación liberadora, alejada de cualquier creencia religiosa, que fuera impuesta en las aulas como una obligación inamovible.


«... de ese Dios a quien yo no reconocía de entre las enseñanzas que recibí de pequeño, como si el cristianismo no fuera en realidad monoteísta y nuestro Señor adoptara múltiples formas». [pág. 200]


Roque viene de un sistema educativo que apostaba por ampliar los horizontes de los escolares, por hacerlos pensar, por animarlos a tener criterio propio, y ofrecerles la oportunidad de poder ir más allá de las cuatro calles de su pueblo. A Roque le gustaría enseñar a sus alumnos lo que sus maestras le enseñaron a él, pero se va a encontrar con altos y sólidos muros. 

Al margen de esta trama que compone el presente de la novela, el lector viajará al pasado para conocer a un Roque adolescente, recluido en un frío e inhóspito internado de Madrid. Algo ocurrió allí que va a condicionar para siempre su vida y cuyos hechos darán lugar al desarrollo de ciertos sucesos en esta novela. 

Esto es, a grandes rasgos, el argumento de El alumno. Pero...

¿Qué tiene que ver esta novela con La maestra, la anterior publicada por el autor?

Pues mucho. El alumno casi se podría entender como un spin-off de la novela previa. Es decir, un personaje algo secundario de La maestra se convierte ahora en el protagonista de El alumno. Y es que, los que ya leímos aquella novela, descubrimos en esta que a Roque Martínez lo conocimos siendo un niño, cuando residía en Alcalá del Valle,  un pueblo de la provincia de Cádiz, y acudía a la escuela, donde Juana y Lali, las protagonistas de la novela anterior, eran las maestras. Juana y Lali fueron maestras de la República, docentes que, como las dos terceras partes del cuerpo de docentes de España en aquellos años, sufrieron lo que se llamó un proceso de depuración, con la llegada de la dictadura. ¿En qué consistía ese proceso de depuración? Pues José Antonio Lucero lo cuenta muy bien en La maestra pero, para despertar tu curiosidad te diré que consistía en apartar a los maestros y a las maestras de su profesión, desterrarlos de sus aulas, inhabilitarlos de por vida para purgar el sistema educativo, para eliminar cualquier vestigio que llevara el sello republicano, las ideas de libertad, y de progreso. 

Aunque el autor creyó que con La maestra había cerrado un ciclo de novelas ambientadas en la Segunda República, la guerra civil y el inicio del franquismo, de repente, surgió la idea de El alumno. Impulsado por su editora, Lucero quiso retomar la historia de Roque, aquel niño, alumno de Lali y Juana, cuya presencia tuvo especial repercusión en el devenir de aquellas dos maestras. A Roque lo dejamos, en la novela previa, en un punto complicado de su vida, con el peso de la culpa lastrando su alma.

¿Qué me ha gustado de la novela?

Hasta el momento, no puedo decir más que siempre he disfrutado mucho de las novelas de José Antonio Lucero. El autor roteño no sólo nos cuenta una historia, en la que la vida de varios personajes se entremezcla, sino que también se fija en algún episodio del pasado, en algún momento histórico, o en alguna cuestión de índole político-social para retratarnos la España de esos años. Es lo que lleva haciendo desde que publicó La vida en un minuto. Es lo que ha vuelto a hacer en esta ocasión, retomando la estela que ya dibujó previamente en La maestra, y poniendo el ojo en las vicisitudes que ha sufrido el sistema educativo durante el pasado siglo XX.

Si bien es cierto que Lucero se centró previamente en contarnos cómo ejercían la docencia los maestros y maestras durante la República y el proceso de depuración que sufrieron durante la guerra civil, lo que el autor pretende con El alumno es mostrar a los lectores el giro brutal que sufrió el sistema educativo con la llegada del régimen de Franco. «¿Qué ocurrió con aquella renovación del Magisterio que intentó llevarse a cabo en España y que la guerra civil y el franquismo cercenó?», se pregunta Lucero. Esta fue la idea que animó al autor a apostar por la historia de Roque, para mostrar a los lectores que enseñar puede ser un acto de resistencia, a pesar de las situaciones que se puedan vivir.

A ese acto de resistencia nos asomaremos en esta historia como reflejo de una realidad, la existencia de docentes españoles, quienes, como apuntó Lucero eran «rupturistas y generaron una pequeña revolución en sus aulas" José Antonio nos contó que había tenido la oportunidad de leer testimonios de algunas personas que tuvieron una relación directa con esos docentes, en cuyas aulas se hablaba de otras cuestiones muy distintas a aquellas que venían impuestas por el nacionalcatolicismo.

En El alumno, como ya vimos en La maestra, vamos a conocer de primera mano cómo era dar clases en un entorno rural, en municipios pequeños, donde el único medio de subsistencia era la agricultura y la ganadería, en reductos donde los padres se preguntaban para qué tenían que ir sus hijos a la escuela si, al fin y al cabo, el futuro que les deparaba la vida no era más que cuidar cosechas y ganado. Ni siquiera la educación era considera como un bien para el individuo entre las familias más pudientes, que veían la universidad como «un nido de rojos».

Asomarme a ese mundo, al mundo de los docentes de aquella época, a las vidas de aquellos maestros y maestras que quisieron cambiar el mundo desde las aulas, para volver a ver cómo su vocación era pisoteada por el régimen de Franco, ha sido más que interesante, una lectura que me ha servido para ampliar aún más lo aprendido a través de documentales como Las maestras de la República, o películas como La lengua de las mariposas o El maestro que prometió el mar. 




Roque Martínez y los poderes fácticos de Encinar de la Sierra

Decía antes que a Roque lo conocimos en la novela anterior siendo un chiquillo. Ahora, en El alumno, lo vamos a ver convertido en un adulto, con treinta y pocos años, soltero y portando cicatrices, no sólo sobre su piel, sino también sobre su alma. Sobre Roque conoceremos que mantiene una relación muy complicada con su padre, con quien no habla hace más de veinte años. Algo ocurrió en la novela previa que hizo que aquella relación, nada fácil, terminara por quebrarse definitivamente.

Durante la presentación, Lucero nos contó que ha sido uno de los personajes más difíciles de construir porque este maestro, con esas ganas tremendas de enseñar a sus alumnos, arrastra un pasado muy pesado. «Todos los actos que lleva a cabo Roque en el presente deben ser consecuentes con su pasado», afirmó. Añadiendo, además, que ha volcado mucho de sí mismo en la construcción de este personaje porque «Roque entiende la educación y la docencia como la entiendo yo mismo», aclaró.

Para mí, Roque es un personaje noble. Quizá lo que vivió en el pasado le convierte en un adulto que siente especial predilección por los débiles, por los desterrados de cualquier sociedad, por minúscula que sea, como ocurre en Encinar de la Sierra, como ocurre con un niño de nombre Saúl, del que no os puedo desvelar mucho. Roque siente a sus alumnos como algo propio, forjando con ellos un vínculo fuerte y sólido,  hasta el punto de que los niños son capaces de comprometerse en ciertas acciones que pueden acarrearle severos problemas, con tal de ayudar a su maestro.

Y mientras tiene el apoyo de los pequeños, Roque también se fustiga. Lo hace al compararse con las que fueron sus maestras, con Lali y con Juana, quizá pensando que no estará a la altura, que no va a cumplir con lo que ellas hubieran esperado de él. Roque quiere hacer mucho por sus alumnos pero tiene la alas cortadas, sintiendo siempre la fría sombra de los poderes fácticos del pueblo a sus espaldas, la presencia de Isabelino Díaz, el alcalde; de Francisco Pérez del Río, el gobernador civil; de Don Enrique, el director de la escuela; o del cura. Todos ellos cuestionaran sus métodos y Roque caminará sobre una cuerda, temiendo caer al vacío. 


«Está enseñando a los niños a cuestionar las verdades sagradas. ¡La duda es el primer paso hacia la rebeldía, contra Dios y contra España!». [pág. 245]


Y se hostiga también por lo ocurrido en aquel internado, en el que compartió días de frío y castigo con su amigo Justo. Roque no se considera buen amigo y cree que tiene una deuda pendiente.  Por eso, precisamente, por esa deuda que tiene con su amigo Justo y con el pasado, eligió plaza en Encinar de la Sierra y no en cualquier otro lugar.


«Decirle por qué está en este pueblo, qué o a quién busca, por qué persigue los fantasmas del pasado que lo más sensato sería poder dejar atrás». [pág. 227]


Los personajes femeninos

No puedo dejar de hablar de los personajes femeninos de la novela. Azucena y Lola asomarán a las páginas de la novela, aunque no se conocerán porque no coincidirán en el tiempo. Estas dos mujeres se podrían entender como la representación de dos tipos de amor. Azucena podría encarnar ese amor de juventud, algo alocado y deseoso de exploración, mientras que Lola viene a representar un amor más maduro.

Lola es un personaje que enamorará al lector y lo conseguirá por méritos propios. Para Lola, la vida es fácil, o debería serlo. Hija del Gobernador Civil, tiene a su alcance lo que otros muchos no tienen. Sin embargo, con Lola nos esperan grandes sorpresas. Ella nos va a demostrar que es una mujer con criterio. En una época, en la que el papel de la mujer estaba reducido a la nada, Lola va a tomar sus propias decisiones e incluso hará frente a los suyos.

Sobre Lola, José Antonio nos contó que siempre ha querido contar la historia de mujeres que rompieron barreras en la Historia, «siempre infravaloradas e infrarepresentadas en los procesos históricos». Azucena y Lola, cada una en su momento, cada una dentro de sus propias circunstancias, serán mujeres que romperán moldes, muy alejadas del conformismo, de la sumisión, de lo que social y familiarmente se podría esperar de ellas. Estoy convencida de que ellas dos te conquistarán, lector.

Temas

Al margen del mundo de la docencia, y sin querer desvelar mucho sobre la novela, hay ciertas cuestiones de interés en las que Lucero se adentra. Por un lado, y unido a la temática de la guerra civil española, El alumno nos va a permitir conocer, no sólo a los vencedores, sino también a los vencidos, a todos aquellos hombres que tuvieron que huir para evitar una muerte segura, o que se tuvieron que ocultar en los lugares más insospechados. La novela explora ligeramente la red de ayuda que se tejió entre los republicanos para ayudar a aquellos que necesitaban alejarse de España y buscar otro lugar en el que iniciar una nueva vida, lejos de un país roto, tras una guerra fratricida que destrozó a familias entera, condenadas al ostracismo por tener un familiar en el supuesto bando equivocado.

La Iglesia y los abusos en el seno eclesiástico será otro de los temas que dan pie al desarrollo de los hechos, o las vidas en los internados religiosos, donde los alumnos eran enviados a otros lugares para desempeñar una actividad laboral en condiciones muy precarias. Al hilo de esta cuestión, José Antonio nos contó que había leído testimonios en los que se narraban cómo algún internado usaba a los niños como mano de obra semi-esclavo. «Se los llevaban a los montes de León para cuidar vacas o a las minas de Asturias». Allí desarrollaban una labor remunerada, aunque del supuesto salario, ni el niño ni su familia veían una sola peseta, sino que se lo quedaba la dirección del internado.

Nos contó Lucero que, abordar todos estos temas, sirve para abrir habitaciones ocultas de nuestro pasado reciente, sacar a la luz episodios de la Historia, aunque sea a través de la ficción para contar historias humanas.

Referencias literarias y cinematográficas

Entre alguna fugaz referencia cinematográfica que sirve para medir el pulso de la época, la poesía no falta. Ya lo vimos en La madrina de guerra, donde nos topamos con un cameo de Miguel Hernández. El poeta de Orihuela vuelve a asomar en este libro. Lo hace a través de sus versos, porque la poesía es vehículo de aprendizaje, al menos, eso es lo que intenta Roque con sus alumnos, enseñarles por medio de los versos de insignes poetas, o por los versos del propio Lucero, que también se cuelan en las páginas del libro. 

Para José Antonio, Miguel Hernández es un referente importante«Todos mis personajes masculinos se parecen a Miguel Hernández», a ese hombre nacido en un entorno rural, como le ocurre a sus propios personajes.

Estructura y estilo

Estructurada en cinco partes que se cierran con un epílogo, la novela cuenta con cuarenta y dos capítulos para desarrollar una trama que, como dije antes, se mueve en el tiempo. Por un lado, los capítulos que transcurren en los años 50, en Encinar de la Sierra. Por otro, lo sucedido entre los años 30 y 40, en ese internado de Madrid, donde Roque pasará un tiempo. Incluso, nos podremos asomar levemente al año 1972. Pero el lector encontrará también un salpicado de capítulos escritos en primera persona. El narrador se dirige a otra persona, le cuenta partes de su vida, un relato emotivo y sincero, pero, ¿a quién le habla? Es algo que iremos descubriendo con el paso de las páginas.

Con un estilo evocador, José Antonio Lucero vuelve a regalarnos una historia en la que se nota el amor que siente por su profesión. Y también por su familia, porque aquella presentación se cerró con unas palabras del autor dirigidas a su mujer, a la que hizo entrega de un ramo de flores. «Para mí, escribir es un proyecto familiar y sin la ayuda de mi mujer no hubiera podido escribir ninguna de mis novelas», declaró. Fue un bonito gesto que emocionó a algunos de los allí reunidos.


En definitiva, si os tengo que recomendar una novela para las vacaciones de verano, no me lo pienso, os animaría a leer El alumno, y La maestra, y La madrina de guerra y La vida en un minuto, todas ellas historias de personas muy humanas, muy sencillas, muy apegadas a la tierra, con las que, estoy convencida, vas a disfrutar mucho.


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí en tapa blanda y aquí en Kindle



lunes, 17 de junio de 2024

LA MAESTRA de José Antonio Lucero.


Editorial: Ediciones B
Fecha publicación: mayo de 2024
Precio: 21,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 432
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-66678513
[Disponible en eBook]



Autor

José Antonio Lucero (Rota, 1988) es profesor de Ciencias Sociales y Lengua y Literatura en Educación Secundaria. Licenciado en Historia y Máster en Escritura por la Universidad de Sevilla, colabora con varios medios digitales como blogger y youtuber desde su canal La cuna de Halicarnaso, donde combina historia, cultura y docencia, sin perder de vista las referencias a la cultura pop y a los fenómenos de masas. 

En 2018 fue finalista del XXIII Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla.

Además es autor de las novelas La vida en un minuto y La madrina de guerra (Ediciones B), así como de Por qué los primeros emojis se escribían en arcilla (B de Block, 2021), y ¿De dónde ha salido todo esto? (B de Block, 2022)


Sinopsis

Una historia de vocación, pasión y guerra que nos traslada a 1936 para que vivamos la magia de una de las profesiones más importantes del mundo: la de quienes nos abren las puertas del conocimiento y nos ayudan a cruzarlas por nosotros mismos.

Mayo, 1936. Una joven viaja a un pequeño pueblo de la sierra gaditana donde desempeñará, por primera vez, su vocación y profesión: la de maestra. Eulalia —o Lali, como la llaman sus alumnos— se prepara para dar clase a un grupo de niños y niñas. Nerviosa, repasa los modernos principios pedagógicos que le han inculcado durante la República y que, poco después cuando estalle la Guerra Civil, la condenarán. Acusada de adoctrinamiento, es arrestada y no podrá volver al aula durante la dictadura, convirtiéndose en una de las víctimas de un proceso que afectó a un tercio del cuerpo docente de España. Hasta que treinta años después, una visita inesperada lo cambiará todo para Lali.

Este es el relato de una profesora sin alumnos que luchó durante toda una vida por volver a enseñar. Con esta novela, José Antonio Lucero, renombrado autor de La vida en un minuto y La madrina de guerra, rinde homenaje a su profesión y vocación, y nos demuestra que un buen maestro siempre lo será.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Hay profesiones especialmente sensibles, cuya ejecución repercute de forma más incisiva en la vida de una persona. Son oficios que tienen una vinculación más intensa con el ciudadano, con el que interactúa en algún momento delicado, como puede ser el caso de los médicos, o con quien comparten un buen puñado de horas al día, en un reducido espacio. Hablamos de los maestros y de las maestras, de los profesores y de las profesoras. ¿Cuántos has tenido a lo largo de tu vida estudiantil? ¿Acaso no recuerdas con especial cariño a uno o una en concreto que te marcó para siempre? Tener un buen maestro es lo mejor que le puede pasar a un niño, a un joven, e incluso a un adulto. Pero no todo el mundo está capacitado para la enseñanza. Un futuro maestro o maestra podrá adquirir la formación académica necesaria para la posterior obtención de un título que le permita dar clases, pero necesitará además tener vocación, entusiasmo e ilusión. Creo no equivocarme si digo que a José Antonio Lucero no le falta nada de eso para ejercer como enseñante. El joven novelista de Rota (Cádiz) es profesor dentro y fuera de las aulas. Actualmente ejerce como profesor de secundaria, y sigue desarrollando la labor de transmisor de conocimiento a través de su canal de Youtube, La cuna del Halicarnaso

José Antonio Lucero acaba de publicar su tercera novela. Inició andadura literaria cuando en 2021 publicó La vida en un minuto (puedes leer la reseña aquí) y un año más tarde vio la luz La madrina de guerra, novela que presentó en Sevilla, donde tuve el placer de acompañarlo. La maestra, que salió a la venta el pasado 23 de mayo, también se presentó en Sevilla y, nuevamente, tuve la ocasión de acompañar al autor. 




Estamos ante una novela que rinde homenaje a la profesión de su autor, al mundo de la enseñanza, a los maestros y maestras, a los profesores y profesoras, un gesto que a mí me parece más que necesario. Pero, ¿qué nos cuenta José Antonio Lucero en La maestra? Os cuento un poco.

La acción se inicia en Sevilla, en el año 1972. En el barrio de la Macarena reside Eulalia Morales Román. Lali, como así la conoceremos, es  una mujer de sesenta años, esposa y madre. Lali da clases particulares a la pequeña Reyes, una niña de nueve años, al precio de 200 pesetas por hora. No es que sea mucho pero a Lali le basta con eso, con pasar unas horas a la semana con Reyita, ayudándola con los deberes que le ponen en su colegio privado. 

La vida transcurre a su paso cadencioso, cada uno centrado en sus obligaciones diarias. Lali, con sus clases. Y su marido Clemente, con su tarea como celador en el Hospital de las Cinco Llagas, donde hoy tiene su sede el Parlamento Andaluz. Y cuando parece que la vida no le tiene deparada ninguna sorpresa al matrimonio, aparecerá una joven a la puerta de su casa. 

«Es una mujer joven, pelo largo y moreno, pantalón vaquero. Debe de tener la edad de Ana, la mayor de los tres hijos que el matrimonio tuvo tan de seguido, como si la paternidad fuese la carrera de los cien metros lisos». [pág. 32]

La joven que llama a la puerta de Lali se llama Alba y busca a otra mujer, a Juana Ochoa, una maestra que ejerció a finales de los años 30. Porque esta novela no sólo nos va a narrar cómo es la vida de Lali en los años 70, sino que va a invitar al lector a hacer un viaje en el tiempo, hasta el año 1936. En ese año, el mismo en el que tendrá lugar el alzamiento un 18 de julio, Lucero nos hará viajar hasta Alcalá del Valle, un pequeño pueblo de la provincia de Cádiz donde Lali ejerció, siendo casi una niña, como maestra rural. Y así,  alternándose los dos hilos temporales, el lector asistirá como testigo a una búsqueda que emprenderán Alba y Lali, a la vez que podremos pasear por Alcalá del Valle, el pequeño municipio donde ocurrirán tantas cosas con la llegada de las tropas nacionales. Serán tiempos de denuncias, de venganzas, de vejaciones, y Lali contemplará de cerca el lado más amargo de la vida.

¿Quién es Alba? ¿Por qué la joven busca a Juana Ochoa? ¿Qué vinculación existe entre Lali y Juana? Todas estas preguntas tendrán su respuesta en la novela.

¿Qué me ha gustado de este libro?

La lista es larga. De entrada, y por ser lo primero que se percibe nada más iniciar la lectura, me ha conquistado el amor tan intenso con el que La maestra está escrito. Ya lo comentaba durante la presentación. Supuestamente todo escritor se vuelca en la construcción de su historia pero, y no sé qué pensaréis vosotros, hay historias e historias. Uno pondrá lo mejor de sí mismo a la hora de sentarse frente a una página en blanco pero escribir con un inmenso amor es otra cosa y eso se nota. A mí me parece que José Antonio Lucero se ha dejado el corazón en esta novela, que ha puesto todo el cariño que siente por su profesión en estas páginas, al hablar del ejercicio de su oficio, a través de unos personajes que te enamorarán. Ese sentimiento puro traspasa las páginas del libro y llega al lector, de tal modo que me enganché al relato de Lali, Juana y Alba, riendo con ellas, pero también llorando. 

He aprendido muchísimo leyendo esta novela y eso me gusta. Para mí la Literatura no es únicamente un mero entretenimiento, un sumergirte momentáneamente en la vida de unos personajes durante unos días para luego pasar a otra cosa y olvidarte de ellos. Para mí leer es aprender, es viajar en el tiempo, es entender la vida en otros momentos de la Historia de la Humanidad, distinto al mío. Y, en este sentido, La maestra ha cumplido sobradamente mis expectativas. 

José Antonio Lucero me ha enseñado cómo se ejercía la profesión durante el final de la Segunda República y cómo todo se trastocó con la llegada de un nuevo régimen. Tras el alzamiento, muchos ciudadanos de este país pasaron a estar en el punto de mira, entre ellos, los maestros y las maestras que impartieron clase durante los tiempos republicanos. ¿Es que todo lo que aquellos educadores enseñaron a los niños estaba mal? Al parecer, sí. Y por eso se formó lo que se llamó la Comisión Depuradora del Magisterio, una especie de tribunal que juzgaba la labor de los docentes y les retiraba el título de Magisterio. Aquellos profesores y profesoras tuvieron que renunciar a su oficio, abandonaron las aulas, dejando atrás a aquellos alumnos que eran como hijos propios, les hicieron sentir culpables, y los condenaron casi al ostracismo. Muchos acabaron encarcelados. Y ejecutados.

La maestra nos mostrará cómo actuaba aquella comisión depurativa y qué efectos tenía sobre los docentes, pero también nos descubrirá los principios pedagógicos que servían de base durante la República. La Institución Libre de Enseñanza o lo que se llamaba la Escuela Normal serán el telón de fondo del ejercicio de la profesión. Los maestros y las maestras abogaban por una participación activa del alumnado, animaban a los niños y niñas a involucrarse en su propio proceso de aprendizaje, experimentando dentro del aula, y poniendo a su alcance los medios para descubrir el mundo. ¿Os acordáis de esa escena de La lengua de las mariposas en la que el maestro (interpretado por Fernando Fernán Gómez) lleva a los niños al bosque para aprender sobre los insectos y la naturaleza? Era enseñar sin que los niños se dieran cuenta, espoleando la curiosidad, incitándolos a descubrir. Lo de la letra con sangre entra vendría después.

Ahora bien, algo que también me ha resultado muy llamativo es que aquellos profesores y profesoras no se centraban únicamente en enseñar a los niños. También había que enseñar a los padres, a los adultos, -ya fueran hombres o mujeres-. Por ejemplo, la novela nos muestra una escena en la que las maestras explican a las mujeres del pueblo cómo deben tratar su cuerpo durante el embarazo, erradicando mitos y falsas creencias. Al respecto, José Antonio Lucero nos contó durante la presentación que las únicas personas letradas que existía en los pueblos eran los maestros y las maestras. «Me pareció muy interesante introducir en la novela un pasaje donde vemos a las maestras enseñando a las mujeres adultas. Entendían que, para que España saliera del atraso, no sólo había que educar a las generaciones futuras sino también a la actual».

Durante la República, las aulas eran mixtas y se les inculcaba a los alumnos el respecto por la igualdad de sexos. Nadie era mejor que nadie. Se abogaba por la coeducación laica, sin influencias religiosas que interfirieran de algún modo en el desarrollo de la personalidad del alumno. El aula era el terreno del maestro y de la maestra, y nadie más que ellos podían tomar decisiones entre esas cuatro paredes. Ellos eran la autoridad máxima, Ni el alcalde, ni el cura del pueblo tenían nada que opinar. 

«Debéis respetar al sexo opuesto; las chicas aprenderéis que los chicos no son todos unos brutos e insensibles, y los chicos aprenderéis que podéis compartir mucho con ellas. Incluso partidos de fútbol». [pág. 150]

Bueno, esto es una parte de lo mucho que podréis aprender en este libro. Dejo que vosotros mismos descubráis aquellos famosos experimentos, llevados a cabo por un más famoso médico, para extirpar el desconocidísimo gen rojo.

Y, como broche final, un desenlace que, si bien es ligeramente algo predecible, te deja con el corazón lleno de ternura, a lo que se une un giro precioso que demuestra, una vez más, lo mucho que puede marcarnos un docente.

Los personajes

Aunque la novela cuenta con un buen puñado de personajes, con mayor o menor trascendencia, tres mujeres serán las protagonistas principales. En primer lugar, tenemos a Lali, a la que vamos a conocer en dos momentos puntuales de su vida. Por un lado, cuando es casi una chiquilla y deja atrás a su familia, para marcharse a Alcalá del Valle como maestra rural. Por otro lado, cuando es una mujer madura, con sesenta años. En cada uno de esos dos momento percibo a Lali de forma distinta. Aunque en los años 70 es una mujer felizmente casada, con una vida tranquila y serena, yo la intuyo algo triste y apagada. Pareciera que arrastra un peso, que le impide sentirse plena, como si le faltara algo y, efectivamente, lo que le pasa es que le arrebataron algo muy importante para ella, algo  que ya descubrirá el lector. 

En cuando a su juventud, vamos a ver a una joven decidida, que sabe lo que quiere y lucha por ello. A pesar de tener que dejar la ciudad de Sevilla atrás, y separarse de sus padres y de su hermana, para marcharse ella sola a Alcalá del Valle, Lali no se amilana. Le gusta ser maestra y sueña con tener un aula llena de alumnos y alumnas, a los que guiar por la senda del conocimiento. A mí me ha gustado muchísimo verla compartir espacio y tiempo con los niños y niñas del pueblo, preocuparse por ellos, mediar entre sus padres, ganárselos. También me parece preciosa la estampa que Lucero dibuja, cuando vemos a Lali adecentando y limpiando «su reino» tras las horas de clase. 

La Lali del pasado es una joven con criterio, que se hace preguntas y cuestiona todo aquello con lo que no está de acuerdo. Es un personaje algo paradójico porque, si bien es maestra en tiempos republicanos, lo cierto es que ella estudió en un colegio de monjas, y algo le pasó en su colegio que no quiero desvelaros. 

Lali, como también lo es Juana, otra maestra pero mucho más curtida en las aulas y en la vida, de lo que lo es la joven sevillana, representan a todos aquellos maestros y maestras que pasaron por una comisión depurativa y, de un día para otro, se vieron privadas de su vocación. Juana va a tener un papel muy importante en la novela, pero prefiero no contaros mucho más.

Y sobre Alba, os diré que es una joven abogada madrileña, de buena familia que, en un momento delicado de su vida, se entera de una verdad que le habían mantenido oculta desde que era niña. La reacción inicial de Alba es el desconcierto, para pasar inmediatamente a la acción, en busca de todas las respuestas a las preguntas que le surgen. Alba es un personaje que me ha gustado muchísimo porque rompe moldes y, al final de la novela, entenderemos por qué resulta tan distinta a los demás. 

La enseñanza. ¿Una profesión denostada?

Conozco a muchos profesores, de primera y de secundaria, que tienen auténtica vocación por la enseñanza. Ellos me hablan de sus horas de clase, de su alumnado, de los padres de sus alumnos, y también de las directrices impuestas por la dirección de su centro. Yo comparo estos tiempos con los que me tocó vivir a mí, cuando el aula era una extensión de mi casa, y en ambos lugares debía imperar el respeto -a mis padres y a mis maestros-. A riesgo de parecer una abuelita contando batallitas, os diré que en aquellos años -hablo de los 70 y 80-, lo que decía el maestro o la maestra iba a misa. Ni a los alumnos ni a sus padres se les ocurría cuestionar las decisiones del profesorado. Que te castigaban, pues era que te lo merecías y punto. También es verdad que, por entonces, algunos tenían la mano muy floja y hoy, por supuesto, no se consienten ciertos comportamientos dentro del aula. No obstante, sí creo que un cachete a tiempo, o un coscorrón, -no hace falta dar una paliza-, evita muchos problemas posteriores. Y por supuesto, el niño y la niña tienen que venir ya educado de casa, que muchos padres creen que la labor del docente llega a unos límites que ni por asomo son ciertos. Pero bueno, a lo que voy, que yo siento que las cosas han cambiado y no siempre para mejor. Me interesaba saber la opinión de José Antonio Lucero al respecto y por eso se lo pregunté durante la presentación. Él me contestó que es verdad que la vida ha cambiado mucho. «Las figuras de referencia que existían antes, como el maestro, el médico, el abogado y el cura se han ido diluyendo en la sociedad pero creo que los profesores de hoy en día seguimos teniendo influencia y seguimos teniendo capacidad de motivación y capacidad para llegar a los alumnos». Lucero asegura que eso es lo que intenta cada día porque si no fuera optimista con su profesión y con la generación actual se dedicaría a otra cosa. Aunque es consciente de que el discurso actual asegura que la juventud está fatal, afirma que «la juventud ha estado fatal siempre», que se trata de un mensaje que todos hemos oído alguna vez, incluso refiriéndose a nosotros mismos. En cualquier caso, piensa que el profesor sí debería recuperar esa figura de autoridad que tenía antes pero, igualmente, «hoy también hay profesores muy buenos, que transforman a los chicos, y familias muy respetuosas».

Sea como fuera, el homenaje que el autor rinde a esta profesión en esta novela me parece más que necesaria. Yo no sería yo si no fuera, en parte, por los profesores que tuve. De hecho, si me apasiona tanto leer es por Carmen Calderón, aquella profesora de Literatura que tuve durante el Bachillerato. Ella me enseñó a leer y no a pasar simplemente la vista por lo escrito. Así que, donde quieras que estés, Carmen, espero que te llegue este pequeño homenaje que te rindo. 

Estructura y estilo

Con abundante diálogo, La maestra se estructura en cuatro partes, a lo largo de las cuales se distribuyen un total de cuarenta y dos capítulos. El volumen cuenta también con un Nota de Autor donde se nos hacen algunas aclaraciones y se nombra a algunas maestras que fueron víctimas -sí, víctimas-, de la Comisión Depurativa de Magisterio.

José Antonio Lucero es meticuloso en su labor de documentación. Quizá tú no lo sepas pero yo, que vivo en Sevilla, advierto que Lucero ha cuidado mucho los detalles en esta novela. Que la niña a la que Lali le da clases se llame Reyes me arrancó una sonrisa. La patrona de esta ciudad es la Virgen de los Reyes y no es raro que muchas niñas -aunque también sea nombre masculino-, se llamen así en Sevilla, como mi propia hermana mayor. No será el único detalle que el autor tenga en cuenta porque, en ese viaje en el tiempo que hacemos a esta ciudad hispalense, vamos a ver a los típicos autobuses de línea de color azul que prestaban servicio en la ciudad en los años 70, o podremos ver, junto a Lali y su marido Clemente, esos programas que por entonces se emitían en televisión, al frente de los cuales estaban presentadores cuyo nombres recordamos todavía hoy. Son pequeños detalles que denotan el mimo con el que el autor ha tratado la historia.



En definitiva, La maestra es una novela preciosa, cuya lectura he disfrutado muchísimo. Lo último de José Antonio Lucero no sólo te entretiene, sino que te instruye, para dejarte un regusto final tremendamente dulce. Más que recomendable. Y para completar esta lectura, os dejo dos recomendaciones más: el documental Las maestras de la República y la película El maestro que prometió el mar, largometraje del que os hablaré muy pronto. 

«Enseñar es, en esencia, como encender un fuego». [pág. 19]


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí (tapa blanda) y aquí (Kindle):


lunes, 5 de septiembre de 2022

LA MADRINA DE GUERRA de José Antonio Lucero

Editorial: Ediciones B
Fecha publicación: junio, 2022
Precio: 20,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 584
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubiertas
ISBN: 9788466672078
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

José Antonio Lucero (Rota, 1988) es profesor de Ciencias Sociales y Lengua y Literatura en Educación Secundaria. Licenciado en Historia y Máster en Escritura por la Universidad de Sevilla, colabora con varios medios digitales como blogger y youtuber desde su canal La cuna de Halicarnaso, uno de los canales sobre historia y docencia de habla hispana más seguidos en todo el mundo. En 2018 fue finalista del XXIII Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla. La vida en un minuto supone su debut literario.

Sinopsis

¿Puede una carta de amor cambiar una vida o detener una guerra?

¿Esperarías esas palabras hasta el final de tus días?

Madrid, 1936. Aurora acaba de cumplir la mayoría de edad y ejerce como enfermera en una ciudad convulsa que resiste al fuego y a las bombas de la guerra. En este clima de violencia, decide contribuir a la esperanza en el frente republicano y comienza a escribirse con un joven soldado, Teófilo, convirtiéndose así -como otras muchas mujeres de la época- en madrina de guerra.

En cada carta, los jóvenes encontrarán un refugio donde expresar los miedos y secretos que no pueden decir en voz alta al tiempo que descubren un amor que nunca imaginaron. Sin embargo, en una guerra repleta de intrigas y espionaje, en la que todo el mundo es sospechoso, la palabra escrita puede ser el arma más peligrosa...

Cuando años después, aislado en el silencio de la posguerra, Teófilo averigua que Aurora sigue con vida, no duda en intentar recuperar a la persona que, entre el fuego y la pólvora, hizo florecer en él el amor, la calma y la paz.

Este relato supone un homenaje a todas aquellas mujeres que tomaron la palabra como fusil y consiguieron hacer crecer en la línea de fuego la fortaleza y la esperanza de los soldados.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]



Justo al entrar el verano, el escritor roteño, José Antonio Lucero, me propuso acompañarlo en lo que sería la primera presentación de su segunda novela, La madrina de guerra (Ediciones B), en Sevilla. Me hizo especial ilusión porque ya había tenido la oportunidad de leer a este joven autor gaditano, cuando en 2021 publicó lo que sería su primera novela, La vida en un minuto. Recuerdo que aquella novela me gustó mucho (puedes leer mi reseña aquí). En aquella historia, y en paralelo a un accidente de tren que ocurrió realmente en la zona del Bierzo durante los años de posguerra, el autor desarrollaba una preciosa historia de amor entre Daniel y Julita, dos jóvenes muy distintos, de estratos sociales muy alejados pero, ya se sabe que, contra lo que dicta el corazón poco se puede hacer. 




En esta ocasión, La madrina de guerra nos conduce a los años de contienda. Pero, si una parte de la trama se desarrolla entre los años 1936 y 1939, el autor nos propone un salto en el tiempo, que nos trasladará a finales de los 70, época en la que volveremos a encontrarnos con los personajes del hilo temporal previo, para ver cómo han cambiado sus vidas, en un reencuentro que alterará totalmente la rutina de sus días. 

Los años de la guerra

Teófilo García es un joven soldado que defiende la ciudad de Madrid de las tropas nacionales. Su vida se reduce a ver muerte y destrucción a su alrededor, mientras trata de mantenerse a salvo y comparte los pocos momentos de distracción con sus compañeros de trinchera. Entre ellos figura Gervasio, del que se hace amigo. Todos los soldados acostumbran a recibir correspondencia de sus seres queridos. El momento en el que llega el correo es como ese haz de luz que se cuela a través de un cielo encapotado. Pero a Teófilo, a Teo, no le escribe nadie. Él ni siquiera tiene el consuelo de unas palabras de aliento, el bálsamo de saber que alguien piensa en él y le dedica unas líneas. A Gervasio, la situación de su amigo le produce pesar. En una carta a sus tíos comentará tal circunstancia y, alentada por sus padres, su prima Aurora comenzará a escribir a Teo, convirtiéndose así en su madrina de guerra. ¿Qué contarle a un joven del que no sabe nada y no ha visto jamás? ¿Qué le puede decir a un hombre que se está jugando la vida en una guerra que, probablemente, a él no le interese lo más mínimo? Esas serán las dudas iniciales de esta joven. Al principio, a ella le parecerá extraño tener que cartearse con Teófilo, pero pronto entenderá lo mucho que sus palabras pueden ayudar al joven.

Ayudar, esa será la máxima de Aurora a lo largo de la novela. Ayudar y cuidar de los suyos. La joven se entregará en su trabajo como enfermera, tratando de sanar a todo el que llega al hospital con heridas de guerra. Hombres, mujeres y niños pasarán por sus manos, intentando curarlos más con cariño que con medicamentos. Aurora es la hija de Roque, un conductor de metro que en el pasado jugueteó con ideologías falangistas y eso le acarreará más de un infortunio.  A Roque, y por ende a toda la familia, la vida le dará una bofetada. Algo oculta este hombre, algo que le atormenta, pero prefiere mantenerlo en secreto. Sin embargo, inevitablemente todo lo oculto termina por salir a la luz.

Teófilo y Aurora comenzarán a cartearse. Una primera carta de la joven despertará la curiosidad del soldado. A partir de ahí, uno esperará con deseo creciente la respuesta del otro. De las primeras palabras casi vacías, poco a poco los jóvenes irán adentrándose en sus emociones y compartiendo con el contrario sus sueños y miedos. Serán cartas que crucen España porque Teo no estará siempre entre trincheras. Es un joven espabilado y por eso será reclutado para formar parte del servicio de inteligencia republicano. En su nuevo puesto, adiestrado para pasar desapercibido, para ver sin ser visto, él descubrirá algo que afectará a su relación con Aurora. Pero no os cuento más. Solo os diré que la guerra irá modelando la vida de estos personajes. Lo que Teo viva como espía para la república afectará en cierto modo al futuro de Aurora porque, en esta vida, el azar también es una pieza del ajedrez.

He disfrutado mucho con la lectura de La madrina de guerra. Muchos sabéis la pasión que siento por todas esas historias que retratan la época más negra de este país. Con cada novela descubro una nueva perspectiva, y, en ese sentido, La madrina de guerra ha cubierto todas mis expectativas. No solo he vivido una bonita historia de amor, truncada por la guerra, pero que deja a sus protagonistas colgados de un limbo amoroso del que nunca se recuperarán, sino que esta novela también me ha permitido aprender más sobre esos años, cómo eran sus vidas, qué miedos acechaban a aquella gente que veía como los suyos desaparecían de un día para otro, siempre que el hambre y el frío pegado a la piel. 

¿Qué eran las madrinas de guerra?

Esta es una de las cuestiones que nos desvela esta novela. Las madrinas de guerra no eran más que mujeres, ya fueran jóvenes o más mayores, solteras o también casadas, que escribían a los soldados del frente, fuera el que fuera, para alentarlos y darles ánimo. Lo explica muy bien el escritor Arturo Pérez Reverte en el artículo que publicó para El País Semanal, y que tituló precisamente La madrina de guerra (puedes leerlo aquí), texto que también sirvió de inspiración para José Antonio Lucero, a la hora de escribir esta novela. En ese artículo, Pérez-Reverte habla de su madre Lolita, la joven que estuvo carteándose con un soldado republicano.

¿Cuántas madrinas de guerra hubo? Ni idea pero, pensando en ellas, me pregunto cuántas terminaron enamorándose del soldado al que escribían; cuántas acabaron por casarse con el que se carteaban; a cuántas les tocó llorar la ausencia de respuesta, temiéndose lo peor. No lo sé, pero estoy convencida de que cada una de ellas vivió la llegada de aquellas cartas con una ilusión que les servía para tener algo por lo que suspirar en aquellos años. 

Las cartas que Teo y Aurora intercambian dan a esta historia un bonito toque de novela epistolar. El autor opta por insertar, entre narración y diálogos, esas cartas que los jóvenes se enviaron, pudiendo el lector asomarse de primera mano a la intimidad de los protagonistas.

Curiosidades de la guerra

Al margen de las madrinas de guerra, esta novela también me ha descubierto aspectos de la guerra que, hasta la fecha, desconocía. Siempre se aprende algo nuevo leyendo este tipo de libros, por eso, y a pesar de que se escribe mucho sobre la guerra civil, nunca me canso de hacerlo. Concretamente, he sabido de la existencia del SIEP, el Servicio de Inteligencia Especial Periférico. Para mí ha sido una gran novedad descubrir que el bando republicano tenía un servicio de inteligencia. En la novela se explica perfectamente cómo nació esta organización, qué misiones llevaban a cabo o cómo formaban a los agentes. Tenían que traspasar las líneas enemigas, y adentrarse en la boca del lobo para conseguir la mayor cantidad de información posible. Y lo más importante, salir con vida de esa ratonera para poder contarlo. Teo formará parte del servicio de inteligencia y su existencia dará un giro de ciento ochenta grados. No será fácil su labor. Lo veremos en situaciones delicadas y complejas, por lo que tendrá que recurrir a sus contactos más estrechos y pedir la devolución de algún que otro favor. 

Pero también he podido saber que existía lo que hoy llamaríamos un biblio-bus, es decir, una biblioteca itinerante que visitaba el frente cada dos días. Me resulta paradójico pensar en soldados que se tumban a leer una novela, como lo haríamos tú y yo en la quietud de nuestra casa, mientras más allá de aquellas páginas, la sangre y la muerte campaban a sus anchas. 

Madrid

En relación al escenario de esta historia, Madrid tiene un protagonismo justo. Veremos una ciudad con líneas de metro, y a sus edificios más insignes transformados y al servicio de la guerra. Por ejemplo, el Hotel Palace se convertirá en un hospital de sangre. Y por las calles y plazas de la ciudad, otros establecimientos trataban de captar la atención de los viandantes, anunciando que en ellos todavía se podía comprar género.

Madrid era una ciudad, como ocurría en todas las ciudades, pueblos y aldeas de este país durante aquellos años, en los que había que andarse con pies de plomo. Todo lo que se decía, todo lo que se hacía, requería una gran cautela porque nunca sabías quién podía estar observándote, quién podía oír una u otra palabra, que te condujera posteriormente a la cárcel o a una pared de fusilamiento. De andar con mil ojos, de medir los pasos, de cuidar cada palabra que se pronunciaba saben mucho los personajes de esta novela. Tanto Aurora como Teófilo tendrán que sortear complejas situaciones, actuando a escondidas para salvar la vida propia o la de algún familiar.

Los personajes

A pesar de ser una novela muy coral, la atención recaerá principalmente en Teo y Aurora. Ambos personajes, más toda la cohorte que los rodea, están bien perfilados. El autor se encarga de crearles un recorrido que justifique sus movimientos, una personalidad acorde a sus actitudes y pensamientos. Por lo tanto, es fácil empatizar con Aurora, incluso en esos momentos en los que ella tiene que tomar una decisión difícil. También es fácil conectar con Teo, al que veremos en algún momento actuando de modo que se despierten nuestras alertas. No hay temor. Teo será fiel a sus principios.

Estructura y estilo

Escrita en tercera persona y alternado presente y pasado, La madrina de guerra está dividida en cuatro bloques más un epílogo, contando con un total de setenta y un capítulos. A pesar de que se trata de una novela de más de quinientas páginas, el hecho de que exista un suave equilibrio entre narración y diálogos, y no se ahonde excesivamente en la parte bélica, consiguen que la lectura de este libro fluya a un ritmo muy agradable. Lucero se centra en los personajes más que el conflicto armado, los coloca en el centro del escenario, y los desnuda para nosotros, construyendo una bonita historia de amor que dará pie a un desenlace emotivo y conmovedor.

Añado en este apartado dos curiosidades. En primer lugar, la conexión que existe entre esta novela y la previa del autor, La vida en un minuto. Pero si no habéis leído aquella, no os preocupéis porque no es necesario hacerlo. Lo que el autor hace no es más que un guiño a ciertos personajes que ya vimos en la primera novela, algo que divierte a los que sí la hemos leído.

Por otro lado, os adelanto que, entre estas páginas, vais a encontrar un cameo de Miguel Hernández. Lucero se mete en la piel del poeta para protagonizar un pequeño pasaje de esta historia.  


Poco más debo contaros sobre esta novela. En lugar de añadir una palabra más, os invito a leerla, pero también a escuchar cómo transcurrió la presentación que hicimos en Sevilla. En esta grabación podrás oír la conversación que mantuve con el autor, quien nos contó en primera persona anécdotas, curiosidades y detalles sobre la historia, frente a una sala repleta de público que también formuló algunas preguntas.



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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