jueves, 14 de mayo de 2026

SERGIO SARRIA: ❝Me molesta mucho la visión simplista que se tiene de Sevilla❞

En 2025, se emitió la serie Cuando nadie nos ve en plataforma. Fue una serie que me gustó mucho porque transcurría en un pueblo sevillano, en Morón de la Frontera, donde se ubica una de las bases americanas que hay en España. Me gustó también porque tenía, como telón de fondo, la Semana Santa andaluza. Así que el punto de partida me resultaba original. Con un reparto encabezado por Maribel Verdú, la serie narraba la investigación por parte de la Guardia Civil, de una serie de asesinatos, cometidos en el pueblo, en los que, de un modo u  otro, los militares estadounidenses podían estar involucrados. 

Más allá de sus guionistas, la persona que estaba tras aquella serie es el escritor, y también guionista, Sergio Sarria. Autor de la novela adaptada a televisión, publicó la segunda entrega, Terral, en 2023. Recientemente, ha cerrado la trilogía con Dios sabrá vengarnos

Ahí va nuestra charla.

Marisa G.- Sergio, un placer tenerte por Sevilla. Eres andaluz, también. 

Sergio S.- Sí, y he vivido los dos últimos años en Sevilla. 

M.G.- Bueno, pues un placer tenerte aquí. Por empezar con la entrevista. Eres novelista y guionista. Tu nombre está detrás del guión de muchas series que conocemos y estás muy vinculado al Intermedio.

S.S.- Exacto.

M.G.- ¿En qué medida te ayuda el trabajo, o la técnica que utilizáis a la hora de elaborar guiones, para escribir la novela?

S.S.- Utilizo muchas herramientas de guión para escribir. La gente que es puramente literatura tiene un talento natural para desarrollar la novela, sin tener que desarrollarla. Es decir, se basan mucho en su propio criterio para ir escribiendo sobre la marcha. Eso, para un guionista, es como un suicidio. El guionista necesita tenerlo todo previamente desarrollado, todas las tramas, todos los arcos de personaje. Tiene que tener claro qué conflicto hay, cómo se desarrolla y luego, cuando lo tiene todo, ponerse a escribir.

Por otro lado, la forma de meterle ritmo es muy de televisión, que cada capítulo termine en alto. Ese tipo de cuestiones son muy de la tele.

M.G.- Y muy efectivas porque, al tratarse de un thriller, es lo que hace que el lector esté enganchado. 

S.S.- Exacto. Eso es muy útil, pero estoy en contra de escribir una novela pensando que va a ser una serie. Cada cosa tiene su formato. Tienes que pensar la novela como una novela, aunque tengas herramientas de guion. Hay que ser respetuoso con la gente que lee. 


[Si prefieres oír la entrevista, clic al vídeo]


M.G.- Esta novela, Dios sabrá vengarnos, cierra la trilogía de Lucía Gutiérrez. ¿Concebiste el proyecto como una trilogía o fue resultado del feedback que recibiste con la primera novela?

 S.S.- Lo que ocurrió fue que, cuando la tenía terminada, la editorial le vio potencial. Lucía era un personaje que tenía muchas aristas, que se podía desarrollar mucho más, dotarla con otros sucesos, e ir alargando su vida. Así que escribí la segunda y ahí ya tuvimos claro que sería una trilogía. Y, de momento, ya está. Tenía en mente hacia donde quería que fuese Lucía para la segunda y la tercera novela. 

M.G.- Todo lo que es la evolución del personaje. 

S.S.- Exacto. Por ejemplo, desde una primera novela, en la que tiene ese tonteo con el alcohol, pasando por una alcoholemia severa, y llegar a una tercera parte, en la que ya tiene que enfrentarse a sus problemas. 

Aunque en  los thriller hay un conflicto, lo que realmente me interesa es el conflicto que los personajes tienen consigo mismos, la idea que tienen de ellos mismos se enfrenta a la idea de lo que realmente son. 

En el caso de Lucía, quería crear una atmósfera en la que siempre hubiera un responsable de sus problemas, que tuviera a alguien a quien culpar, ya fuera institucional, una pareja, un hijo,… Pero en esta tercera parte ha llegado el momento de pararse y ver quién es realmente, de aceptar sus responsabilidades y de asumirlo.

M.G.- Enfrentarse a sí misma. 

S.S.- Exacto. Me parecía más poético que tu último adversario fuera uno mismo.

M.G.- La primera novela la publicas con Espasa y las dos últimas con Libros Cúpula. Aunque ambas pertenecen al Grupo Planeta, ¿por qué ese cambio de sello?

S.S.- No te sabría decir. Son decisiones editoriales. Al final, creo que el lector no asocia una novela a una editorial u a otra, más bien la asocia a un personaje. 

M.G.- Me leí la primera novela y vi la serie. En su momento, fue tema de conversación en mi trabajo porque tengo una compañera que vive en Morón y además su marido es militar de la base. Pero claro, me faltaría por leer la segunda y esta tercera. ¿Es necesario leerlas en orden?

S.S.- No. Se pueden leer de forma independiente. Es verdad que hay pequeñas subtramas que se van arrastrando de una entrega a otra, pero son casos distintos y se pueden leer de forma independiente.

Lo de Morón fue increíble. Ha sido la única vez que me he sentido bestseller. Hubiera deseado que la novela llevara una faja que pusiera: Bestseller en Morón de la Frontera.

M.G.- ¿Sí? (reímos)

S.S.- No te puedes ni imaginar. Hice la presentación allí y no cabía más gente en el Casino. Había gente esperando en la calle, y estuve firmando hasta las doce de la noche. Fue una locura. Lo disfruté muchísimo y, de repente, te das cuenta que la elección de un sitio puede conllevar muchas cosas. Estuve hablando con el alcalde sobre los trabajos directos que había generado la serie, de la repercusión que había tenido. Todo eso me dio mucha alegría.

M.G.- Claro, el pueblo agradece ese tipo de proyectos.

S.S.- Y como andaluz, uno se alegra…

M.G.- Sí, de generar empleo en tu tierra.

S.S.- Es lo más gratificante que me ha pasado, sí.

M.G.- Bueno, tres novelas: Cuando nadie nos ve, Terral y Dios sabrá vengarnos. El título de esta última suena a sentencia, a presagio,… Apuestas por títulos que sugieren muchas cosas al lector.

S.S.- Hay algo curioso. Son títulos que vienen de canciones. Como una rata, intento arrastrar a la gente que escucha esas canciones (ríe). Terral es una canción de Pablo Alborán y Dios sabrá vengarnos es la letra de una canción de Yung Beef, pero la popularizó Los Planetas, y que dice «Dios sabrá vengarnos, Dios es grande siempre». Es una canción que habla de la relación que tiene una persona con Dios, algo que aparece en la novela. Lucía, por primera vez, se enfrenta a sus problemas, a través de algo que es muy sui generis, algo muy andaluz, como la relación que una persona tiene con Dios, sobre todo a través de la Semana Santa.

Hay un documental que me gusta mucho y no sé si habrás visto. Se llama Dolores, guapas y guapas, y habla un poco de la comunidad LGTBI dentro de la Semana Santa. Uno de los participantes en el documental comentaba que hablaba con la Macarena y le contaba de todo, que estaba saliendo con un chico, y que no le parecía trigo limpio. ¿Tú, qué opinas?, le preguntaba a la Macarena. Me pareció algo tan bonito. Es algo que, desde fuera, desde Madrid o Barcelona, no entienden y nos ven, a veces, como fundamentalistas o tal. Pero es que hacer eso, ni siquiera implica una creencia, es otra cosa. Es una forma de desahogarse, como si lo hicieras con una amiga o un amigo. Pues todo eso, lo quería trasladar a la novela, porque me parece algo muy nuestro y poco tratado. 

M.G.- Pues, en esta novela, la acción se inicia en Huelva pero inmediatamente nos vas a trasladar a Sevilla, justo en plena Feria de Abril. ¿Por qué eliges esta ciudad, esa semana en concreto y el año 2019? 

S.S.- Porque, justo en ese año y en esa semana, tuvo lugar una anomalía que sólo ha ocurrido tres veces. Es decir, que la Feria de Abril coincida con unas elecciones. La última vez que ocurrió algo así fue en el año 2019. Lo quise aprovechar porque no es algo habitual. Es que, como tú sabes, en esas circunstancias el escenario es bastante lamentable. Cuando vienen los políticos de fuera, en plena feria, y le colocan el traje de flamenca y ves… (ríe) 

M.G.- …que no, que aquello no… (reímos). 

S.S.- Claro. De por sí, me parecía que era algo bastante cómico. En la novela recreo un momento, basado en hechos reales. Hubo dos políticos, del mismo partido, que tuvieron que hacerse una foto juntos, pero es que se odian a muerte. Y los ves en las fotos, los dos juntos,… Fue aquel momento que vivió Susana Díaz y Pedro Sánchez, que coincidieron en la feria y no se soportan. 

M.G.- Tuvieron que hacer el paripé. 

S.S.- Exacto. Me pareció algo muy guay porque siempre trato de buscar momentos luminosos. En Sevilla, la Semana Santa tiene un sentido muy lúdico, no es como la Semana Santa de Soria o la de Zamora. Aquí es más festiva. Son escenarios luminosos, como la propia Feria, pero luego, por detrás, hay muchas sombras. 

M.G.- Te iba a preguntar precisamente por ese contraste que se ven en tus novelas. 

Y con respecto a los asesinatos que se cometen en Huelva, están muy vinculados con un político y su familia. 

S.S.- Eso es. 

M.G.- Si un thriller pone el foco de atención sobre la política, ¿la intriga y el suspense están asegurados? 

S.S.- Creo que sí. En este caso, me interesaba que el candidato fuese de un partido de corte progresista. Por un lado, se mantiene un discurso de sostén a la inmigración pero, por detrás estás ocultando o ayudando a encubrir un asesinato. ¿Cómo te enfrentas a eso? Es lo que te comentaba antes. El discurso de defender que eres esto o lo otro pero, en realidad, eres otra cosa distinta. ¿Cómo proyectas un mensaje a la opinión pública si realmente llevas una vida que va por otro sitio? Me parecía algo muy interesante, más allá de la propia trama de corrupción. Yo no quería una corrupción financiera, sino que me interesaba llevar al personaje a otras cloacas. 

M.G.- Los investigadores de los crímenes serán el inspector Montoya y Lucía Gutiérrez. ¿Qué Lucía vamos a encontrar en esta novela, en comparación con las dos entregas anteriores? 

S.S.- A una persona que deja de poner excusas y deja de responsabilizar a los demás. Lo intenta hasta que ya no puede más. Ella está encubriendo también porque ya no trabaja en la Guardia Civil, pero sí trabaja en esto de los asesinatos, de manera encubierta. Ella se auto convence que es por un bien mayor, que es para detectar dónde están esos policías corruptos y ponerlos a disposición judicial. En realidad, si para compensar una ilegalidad o algo deshonesto, haces otra deshonestidad, pues te pones al mismo nivel. Cuando ella se da cuenta de eso, es cuando empieza realmente el viaje de Lucía, es cuando empieza a plantearse que, quizá, ella es igual que toda esa gente a la que lleva sacando a la palestra y ajusticiándola toda su vida. Eso era algo que me parecía interesante. 

M.G.- Sergio, recuerdo a Lucía como una persona muy mordaz, en la primera novela. No sé si sigue igual. 

S.S.- Sí, pero justo por lo mismo. Además, es que a mí me cuesta tomarme en serio y con mis personajes me pasa igual. Creo que, además, es como un alivio de luto el estar en un escenario árido, hablando de cosas muy serias, pero metiéndole un poco de humor, o de ironía. Lo que tú dices, mordaz. Y más aún, me apetecía que todo eso se diera en el caso de una mujer.

Yo trabajo en la tele y estoy hasta aquí (se señala la frente) de los personajes. Cuando se trata de una comedia, las mujeres son normalmente como pepitos grillos, son la consciencia de los otros. No son personajes graciosos por sí mismas, para eso están los tíos. Así que me apetecía tener a una mujer que se pueda equivocar, que se pueda reír de sus equivocaciones y que sea contradictoria. 

M.G.- Después de haber visto a Maribel Verdú interpretando a Lucía Gutiérrez, es inevitable pensar en la actriz cuando hablamos de ella. 

S.S.- Totalmente. Con las dos entregas anteriores, como todavía no había serie, no estaba condicionado. Pero, con esta última, me costó. De repente, había una cara, una voz concreta. Eso me ha influenciado. Ella contaba cuestiones de su interpretación que luego he intentado recrear. Es la primera vez que he escrito al personaje un poco condicionado, después de verlo en pantalla. 

M.G.- ¿Y qué te pareció su interpretación? 

S.S.- Me ha encantado. 

M.G.- ¿Participaste en el guion? 

S.S.- No pude porque yo estaba en otra productora y por el tema de la exclusividad, no pude. Pero trabajaron en el guion gente a la que quiero mucho, que son amigos, como Dani Corpas, que es el creador, o Isa Sánchez o Germán Aparicio. Gente con la que normalmente escribo y de Andalucía, que fue lo único que pedí al saber que yo no podía participar. Intenté que todos fueran guionistas andaluces porque me estoy cansando de la visión que se tiene fuera. Sobre todo, con los temas de los que hemos estado hablando, de la Semana Santa, de la vida en los pueblos andaluces. Que la persona que escriba el guion, sepa de lo que está escribiendo. 

M.G.- Claro y que no utilice estereotipos. Te entiendo. 

S.S.- Justo. 

M.G.- Pues hemos hablado de política, pero en esta novela también tocas el tema de la televisión, asunto que tú conoces bien. Y lo haces a través de un personaje que se llama Bruna Pinheiro. ¿Nos vas a mostrar lo que ocurre detrás de las cámaras? 

S.S.- Yo quería partir de personajes con luces y sombras. Quería que el lector empatizara con Bruna porque es una presentadora de televisión, con más de 50 años, y eso en la tele implica que te vayan relegando. Y no es que lo diga yo. Basta con poner la tele en prime time, salvo que seas la reina de las mañanas. Ahí sí puedes tener la edad que sea. 

M.G.- Porque el público de esos programas también tiene una cierta edad. 

S.S.- Exacto. Pues quería partir de esa idea y luego utilizar otra cosa que normalmente suele ocurrir con sucesos, que el periodista entable una relación de amistad con la víctima para usarlo en su propio beneficio. Estás utilizando una desgracia para aprovecharte. Lo hemos visto, por ejemplo, en el caso de Rocío Wanninkhof, o en cualquier otro. Siempre hay un periodista que entabla amistad con la víctima y lo utiliza. De este modo, al lector no le queda claro si el periodista es buena persona o no, porque todos, en un momento dado, podemos ser algo perversos. 

M.G.- Y ese lector va a visitar otras ciudades además de Sevilla. Se va a mover por Madrid, por Hendaya, por Portugal, aunque Sevilla será el escenario más importante. Y además va a recorrer Sevilla desde el centro hasta la periferia. Toda la ciudad, y todos sus barrios, serán protagonistas.

S.S.- Me gusta mucho Sevilla y he venido mucho. Hasta el punto de comprarme una casa y venirme a vivir aquí. Pero, después de veinte años en Madrid, siempre me ha molestado mucho la visión simplista que se tiene de Sevilla. Fuera se tiene la idea de que Sevilla es sólo la Semana Santa y la Feria de Abril. Pero Sevilla son muchas Sevilla. Está la Sevilla del barrio de San Julián, que no tiene nada que ver con la Sevilla del barrio de Los Remedios, aunque todos sean sevillanos. Por ejemplo, el underground sevillano no está en el imaginario colectivo. En ese imaginario están sólo los estereotipos. Y yo quería indagar más en otro tipo de barrios que también los hay, porque existe una Sevilla más conservadora y otra más vanguardista. Por lo que sea, esa otra parte de Sevilla no tiene representación fuera de aquí. 

M.G.- Se quedan con una idea muy sesgada de la ciudad. 

S.S.- Claro, pero esa Sevilla también existe y es maravillosa. Y también se mueve, y hace teatro, danza, tal… Me interesaba que esa Sevilla también estuviera presente en la novela. 

M.G.- Y cada capítulo está dedicado a un día de feria porque la acción transcurre a lo largo de toda esa semana. Eso es muy de guion y es una estructura que tú incorporas siempre en estas novelas.

 S.S.- Sí, exacto. Me parece interesante hacerlo así porque de este modo le creas expectativas al lector, o al espectador de una serie. Por ejemplo, si la Semana Santa empieza un Domingo de Ramos y termina el Domingo de Resurrección, sabes que la resolución será ese último día. Y con la feria pasa lo mismo. El último día de feria se sabrá todo. En Terral era igual. El último día de terral llega la promesa de conocer qué ha ocurrido. Eso te hace indagar más, querer saber más, acercarte con más ganas al final. Creo que hacerlo de esta forma, que cada día tenga su protagonismo, resulta más interesante para el lector. Porque todo cambia. No es lo mismo el Domingo de Ramos o la noche del pescaíto, que un Viernes Santo, en el que cambia hasta la forma en la que la gente se viste. Es un juego interesante. 

M.G.- Leí en una entrevista que concediste, tras la publicación de la primera novela, que, para ambientarte, habías estado escuchado marchas de Semana Santa, mientras escribías. Y pensé, bueno, como esta última transcurre durante la Feria de Abril, lo mismo se ha ambientado escuchando sevillanas. 

S.S.- Creo que la relación con mi ex pareja terminó por las marchas procesionales (ríe). Tuvo que ser un infierno para ella. Es que eran ocho horas escuchando marchas. 

M.G.- Algunas son bonitas pero otras…

S.S.- Sí, sí, pero claro… Cuando escribí Cuando nadie nos ve estaba en Madrid y necesitaba vincularme de alguna manera con Sevilla, con la Semana Santa. Podía haber puesto incienso pero eso ya me parecía demasiado (ríe). Pero un redoble de tambores ya me llevaba directamente al olor a incienso, al olor a azahar. Todo ese tipo de cosas me ayudaba. 

Todo esto tiene que ver también con la formación audiovisual. Trabajar así, de alguna manera es ir componiendo. Si estoy escuchando una marcha algo más épica, de alguna manera eso se va a trasladar a la historia. 

M.G.- Antes me comentabas que, como buen guionista, escribes siempre con una escaleta.  ¿Varía mucho esa escaleta inicial con el resultado final?

S.S.- No, pero sí. Me explico. Cuando escribo novelas, dejo espacios más abiertos. Escaleto y lo tengo todo más o menos cerrado, pero no lo hago como en una serie. En la serie, lo dejo todo completamente cerrado. Sin embargo, en novela intento dejar espacios por si la escritura me va llevando hacia otros lugares. Así que, a veces, modifico o introduzco algo que no tenía previsto. La escaleta la tengo lista en un par de semanas o un mes pero, con la novela, me llevo liando con ella un año y medio o dos. La novela tiene un tiempo de reflexión más amplio y más profundo. Sería tonto no incorporar las cosas que van surgiendo sobre la marcha. Por eso dejo ese espacio. 

M.G.- Hay una cierta flexibilidad, entonces. 

S.S.- Sí, porque, si no, resulta menos divertido. Por ejemplo, en la novela hay un personaje que no lo tenía muy pensado pero, de repente, me entusiasmó. Cuando empiezas a escribir, te das cuenta que hay personajes más secundarios pero que pueden tener más recorrido. 

M.G.- ¿Y vamos a ver estas dos últimas entregas en formato audiovisual? 

S.S.- No lo sé. Ojalá. Es algo que nunca se sabe. Puede entrar en proceso de adaptación, caerse luego,… No lo tengo claro. A día de hoy, sólo está Cuando nadie nos ve. 

M.G.- La serie estaba muy bien. Me gustó mucho. 

S.S.- Sí, creo que está bien. Y justo por el momento que está viviendo ahora Málaga, me apetecería hacer esa serie allí, para hablar de ese proceso de gentrificación que están viviendo las ciudades. Creo que sería interesante que una plataforma nacional mostrara cómo la gente ha sido expulsada de la ciudad a los pueblos. Es algo que me parece fortísimo. 

M.G.- Para terminar, y centrándonos en tu faceta de guionista, un par de preguntas. ¿Eres más fan de series de muchas temporadas con un montón de capítulos o de miniseries? 

S.S.- De miniseries. Me enganchan más. Los universos cerrados tienen menos posibilidades de agotarse. A veces ves una tercera temporada o una cuarta y sientes que están estirando en exceso, que la historia se podía haber cerrado, como mucho, con dos temporadas. Soy más partido de que todo sea solomillo y para que todo sea solomillo, tiene que ser corto. Seis capítulos, para mí, es perfecto. Y en una sola temporada, mucho mejor. 

M.G.- Y lo segundo no es una pregunta sino una petición. Recomiéndame una serie española que no me pueda perder. 

S.S.- La última que me ha gustado mucho es Querer de Alauda Ruiz. Me encantó. Y luego, como comedia, Arde Madrid de Paco León. Me fascina. Ha sido una de las series que más me han marcado. 

M.G.- Pues ninguna de las dos las he visto, así que tomo nota. 

S.S.- A ver qué te parecen. 

M.G.- Sí. Sergio, un placer saludarte. Me ha encantado hablar contigo. 

S.S.- Igualmente. Gracias a ti.

Sinopsis: El desenlace final de la trilogía de Lucía Gutiérrez es un thriller adictivo y brutalmente contemporáneo que revela las cloacas del poder, el crimen y la impunidad en una España donde la verdad solo estorba.

En un asentamiento de temporeros en el cementerio de Lepe (Huelva), un incendio deja dos cadáveres y una culpable perfecta: Sabali Idrissi, joven marroquí sin papeles, convertida por los medios en «la asesina del cementerio» antes siquiera de declarar. El caso, que suena a trámite rápido, acaba en manos del inspector Montoya y de Lucía Gutiérrez, exguardia civil expulsada del cuerpo, que no tardan en conectar el suceso con el hijo del candidato progresista a la alcaldía de Sevilla. Un escándalo incómodo que estalla en plena campaña electoral y que se trata de silenciar por todos los medios hasta que se celebren los comicios municipales.

Mientras Montoya y Gutiérrez tropiezan una y otra vez contra las cloacas del poder, encuentran una aliada inesperada, la presentadora de televisión Bruna Pinheiro, que huele en Sabali el reportaje que puede impulsar de nuevo su carrera: abusos en los campos de fresa, racismo institucional, corrupción policial y política. Pero cada minuto de audiencia tiene un precio, y alguien tendrá que pagarlo.

Crimen, política y espectáculo se mezclan durante una inusual campaña electoral, que coincide con la feria de abril de Sevilla, en una novela muy actual sobre quién escribe el relato y quién termina en la hoguera.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...