jueves, 29 de junio de 2023

RAFA MELERO ROJO: ❝Hemos de tener presente el cuidado y el cariño con el que debemos de tratar a las víctimas❞

Hace unas semanas pude conversar con Rafa Melero Rojo, autor al que nunca había leído. Mosso d'Esquadra de profesión, lleva publicando novelas desde que en 2013 lanzara La ira del Fénix. Autor de la saga protagonizada por Xavi Masip, Melero firma ahora lo que es la cuarta entrega de la saga, titulada Dragones de papel. Barcelona y Cadaqués serán los lugares en los que se desarrolle esta trama que aborda temas tan de actualidad como el mundo trans, la prostitución, o el cibersexo.

Marisa G.- Rafa, a pesar de que llevas unas cuantas novelas publicadas, no te conocía y tampoco he tenido el gusto de leerte hasta ahora. Pero buscando información sobre ti me he sonreído al saber que eres Mosso d'Esquadra. No sé si en activo o no...

Rafa M.- En activo, sí.

M.G.- Pero me he sonreído porque no eres el primer Mosso d'Esquadra que se adentra en la literatura y que, además, escribe novela negra. Ya sea como en tu caso, mosso, o bien policía o guardia civil, parece que vuestro trabajo es como una gran escuela para los que os gusta escribir. Especialmente, novela negra.

R.M.- Por supuesto, claro. La ventaja que tenemos los que nos dedicamos a este oficio es que no hay que recabar información, no hay que buscar cómo están organizadas las unidades, cómo es el contacto con los jueces, cómo se levanta un cadáver, cómo se hace la inspección ocular,... Todo eso es nuestro día a día. Yo he sido líder de un grupo de homicidios, con asesinos de verdad, con lo cual sólo tengo que trasladar mi experiencia profesional, con un poco de gracia, digámoslo así, a mis personajes.

M.G.- En este sentido, digamos que jugáis un poco con ventaja. Otros escritores que ejercen otro tipo de profesión se tienen que documentar. Vosotros ya tenéis la lección aprendida.

R.M.- En ese aspecto, sí, tenemos mucha ventaja. Luego está tu pericia a la hora de escribir, de crear atmósferas y personajes. 

M.G.- Exactamente. Bueno, Dragones de papel, la cuarta entrega de la serie protagonizada por el sargento Xavi Masip. Yo te voy a preguntar lo que se suele preguntar en estos casos, porque, al ser ya la cuarta entrega, me gustaría saber si tanto ésta como las anteriores son novelas autoconclusivas, de lectura independiente, ¿o tú como autor consideras que es mejor que el lector empiece desde cero?

R.M.- No, todas mis novelas son autoconclusivas. Cuando escribí la primera novela no tenía ni idea de si iba a escribir más libros. Yo escribí la primera novela y la acabé. Lo que hice luego fue continuar con el personaje. Pero en mis novelas siempre hay personajes, digamos, invitados. Es decir, personajes que no están en las otras como en este caso, por ejemplo, Cristina. Ella será un personaje que se incorpora, como en su día lo fue Alejandro en La penitencia del alfil, un policía nacional jubilado. Así que, son novelas que no tienen nada que ver unas con otras. Evidentemente, si conoces el personaje, siempre ganas algo y le puedes tener algo más de empatía, pero se pueden leer de manera independiente todas.

M.G.- Para que una novela negra funcione, a mi juicio, tiene que tener unos elementos muy concretos. Por ejemplo, una trama sin fisura, porque eso es algo en lo que los lectores nos fijamos mucho, que no queden flecos sueltos; tiene que tener un buen ritmo a lo largo de toda la historia; y unos personajes creíbles. ¿Se me escapa algún elemento más, Rafa?

R.M.- Creo que lo has dicho todo. Lo básico debe ser una trama que enganche y que entretenga. Creo que también hay que aportar un poco de conocimiento y hacer reflexionar al lector. 

En mi novela hay un mensaje oculto, un mensaje que advierte a las chicas sobre Internet. Hay que tener cuidado porque a veces no sabemos quién está al otro lado de ese ordenador al que nos conectamos. Internet es una ventana al mundo a la que hay que tenerle respeto. Así que, aparte de entretenernos y hacer pasar un buen rato al lector, que es lo básico, creo que es importante que la novela cuente con algún mensaje. 

M.G.- Estoy empezado a conocer a Xavi Masip y habrá otros lectores que no lo conozcan. Me gustaría saber qué tipo de agente de la autoridad has perfilado. Tengo entendido que esta novela se inicia con su reincorporación al trabajo. Estaba expedientado, ¿no?

R.M.- Sí. Ese es otro de los temas que trato en la novela. Con Internet y los medios de comunicación lanzo una reflexión. Piensa que una persona graba una escena que dura treinta segundos. Pero esa grabación forma parte de una actuación policial que, a veces, puede durar una media hora. Pero claro, la gente se queda con lo que ve en esos treinta segundos. Es lo que le pasa a Xavi. De esos treinta segundos, la gente ha sacado unas conclusiones que nada tienen que ver con la realidad y eso le acarrea consecuencias, porque, a veces, la clase política que tenemos, en algunos casos, es bastante mediocre. Es mi opinión personal. Por supuesto, hay gente muy válida, pero otros no lo son. Hay gente que se guía mucho por lo que se dice en Internet, Twitter o redes sociales. Eso hace que Xavi pague el pato porque se han sacado de contexto algunas imágenes y, a raíz de eso, le han abierto un expediente disciplinario y lo han apartado del servicio. Es ahí donde empieza la novela.

M.G.- Y ese hecho, a la hora de reincorporarse, ¿le genera algún tipo de conflicto con sus compañeros?

R.M.- No. Lo explico en la novela. Xavi es un líder en su grupo y todos quieren trabajar con él. Eso pasa desde la primera novela. No hace falta leer las demás para saber que Xavi lidera su grupo. Lo que opinan los policías en este caso es algo muy diferente a lo que opina la gente que está en su casa, viendo un telediario y unas imágenes. Esa gente podrá juzgar o no, pero su opinión no tiene nada que ver con lo que opinan los policías que se encuentran cada día con situaciones que han de resolver en décimas de segundo. Hay que reflejar la realidad. Creo que los que somos policías tampoco podemos mostrar un mundo idílico porque no existe. La profesión de policía tiene sus más y sus menos, y eso hay que mostrarlo. En mi caso, creo que siempre tenemos más. Quiero mucho a mi profesión y al cuerpo de mossos. Es algo que reflejo. Pero también tengo muchos lectores que son guardias civiles o policías nacionales, cuerpos a los que les tengo mucho aprecio, al igual que al mío. La gente que nos dedicamos a la seguridad de las personas, conocemos muchas cosas y aprendemos a apreciar lo que hacen los demás.

M.G.- En esta novela, Xavi tiene que enfrentarse a un asesino en serie. En principio, aparecen fragmentos de un cadáver en Barcelona. Luego, aparecerá otro segundo cuerpo en Cadaqués. ¿Cuáles son las claves de estos crímenes? ¿Cómo se perpetran?

R.M.-  Bueno, el asesino deja el cuerpo de una chica en un contenedor. Ahí se inicia la trama. Y junto al cuerpo también deja un dragón de origami. Hablo de las primeras páginas, por lo tanto el spoiler es muy pequeñito. De hecho, el título de la novela, Dragones de papel,  viene de esos origamis. A partir de ese momento, el grupo policial, los Mossos d'Esquadra entienden que este es un caso para Xavi Masip.

En esta novela incluyo a dos personas reales, al Mayor Trapero y al Comisario Estela. Además han sido los encargados de presentar la novela en Barcelona y en Lleida. No aparecen como personajes en sí, pero sí están nombrados.

M.G.- Bueno, un bonito guiño a los compañeros.

R.M.-  Sí, claro. Al final, creo que los que escribimos novelas policíacas o, al menos, en mi caso, como lo tengo de primera mano, he conocido muy de cerca cómo se vive el investigar un homicidio, el trato con las víctimas o con las familias. Y, sobre todo, hemos de tener presente el cuidado y el cariño con el que debemos de tratar a las víctimas. 


[Si quieres oír nuestra conversación, dale al play]


M.G.-  Clarice será la primera víctima. Es una joven que ejerce la prostitución. Ese será uno de los temas que trates en la novela. También tocarás el cibersexo. ¿Cómo es ese mundo? ¿Qué avances ha habido en cuanto a su regulación si la hay?

R.M.- Pues mira, abordo el cibersexo precisamente porque es un mundo bastante turbio. He leído bastante sobre este tema, he visto documentales,... Incluso me hice una página. Me la llegué a hacer para ver cómo funcionaba por dentro y así poder explicarlo bien.

Una de las páginas más potentes del mundo -Pornohub- tiene contenido de menores. Son los propios menores los que han denunciado reiteradamente que se quiten esos contenidos. Pero la empresa prefiere pagar multas porque le sale más rentable que quitar esos contenidos. Y si al final tienen que quitar esos contenidos por orden judicial, a las horas aparecen esos mismos contenidos en otra plataforma, afín a esta página web. O sea, es un mundo en el que se gana  muchísimo dinero, muy turbio, y del que quería hablar. Creo que hay que contar cómo es ese mundo de las chicas explotadas.

M.G.- ¿Y tú, Rafa, has hablado, con chicas que ejercen este tipo de actividad o con personas que consumen este tipo de servicio?

R.M.- Sí, claro. Aunque ahora tengo otras atribuciones, por mi trabajo estuve durante años haciendo inspecciones y pude hablar con muchísimas chicas. Y hay de todo. He encontrado a menores, a gente engañada, a gente que ha venido de países del tercer mundo, buscando una vida mejor y han encontrado más miseria. 

Tengo otra novela de Xavi Masip, El secreto está en Sasha, en la que trato la prostitución en sí. Sin embargo, en esta lo que trato es el ciberporno, el consumo por Internet. Si escribí esta novela fue porque, en una de esas inspecciones que hicimos, me di cuenta de que el perfil del consumidor empezaba a ser muy joven. A mí aquello me sorprendió porque a los veinti y pocos años, lo que yo hacía era salir de fiesta con los amigos. Jamás entré en un sitio así. Me sorprendió la precocidad con la que la gente empieza a consumir prostitución. Creo que es un tema preocupante pero bueno, cuando hay oferta y hay negocio, siempre va a haber oferta y demanda, como decimos.

M.G.- Fíjate la de cosas que están ocurriendo ahora. Lo de vender sexo online lleva entre nosotros mucho tiempo pero es que últimamente estamos viendo que se vende absolutamente de todo. Y cuando digo todo, me refiero a todo. Hay gente que gana dinero vendiendo fotos de sus pies o de sus labios. Todo esto es el reflejo de una sociedad enferma. A mí me produce terror porque, vas por la calle, y no sabes con quién te estás cruzando.

R.M.-  Bueno, ese es uno de los mensajes de la novela. Ten cuidado con lo que cuelgas en redes sociales. Tengo amigos que suben fotos de sus hijos y lo respeto, pero yo jamás colgaría una foto de mis hijos y si subo una foto, te aseguro que no se les ve la cara. Eso te lo garantizo. Respeto a los amigos que lo hacen pero yo he visto los peligros que hay y las barbaridades que se pueden hacer con la foto de un niño. No creo que sea lo más idóneo pero bueno, hay que respetar la opinión de todo el mundo, desde luego.

M.G.- Pues sí. ¿Y qué me cuentas del colectivo trans? Este es otro tema que tocas en el libro.

R.M.- Hablando con compañeros, me llegó información de una mossa trans. Bueno, ella me corrigió en su día y me dijo que era reasignada, y así lo puse en la novela. Se trata de Marta Reina, que ahora mismo está de excedencia. Hablé con ella y me explicó su historia. Ella escribió también un libro que se llama Viviendo sin ti, en el que habla de su proceso. Me lo leí y quedé impactado. Me parecía bien normalizar algo que la sociedad tiene que aceptar porque es así. Hay gente trans. Hay gente gay. Hay gente hetero. Y hay gente de todo. Y en los cuerpos policiales tenemos también de todo. Creo que ha salido un buen personaje. Estoy contento.

M.G.- A Marta la mencionas en los agradecimientos. Imagino que ella te habrá ayudado mucho a la hora de construir a Cristina. ¿Qué te ha aportado Marta para la construcción de ese personaje?

R.M.- Marta me ha resuelto todas las dudas a la hora de escribir el personaje. Reconozco que era un ignorante en este mundo porque nunca me había preocupado de estos temas. Y bueno, todo esto me ha hecho reflexionar sobre las vivencias que tienen otras personas que no tienen nada que ver conmigo.

Marta tiene una vida dura y bueno, creo que vale la pena conocer también las opiniones de otras personas. Ya te digo, entre su libro y todas las veces que ella ha estado siempre al teléfono para responder las preguntas que tenía, pues ha salido un personaje que a ella le ha gustado mucho. Con eso, yo ya tengo más que suficiente.

M.G.- Es un tema de mucha actualidad. A raíz de distintas decisiones políticas se ha generado mucha polémica. Es un asunto con luces y sombras, ¿no, Rafa?

R.M.- Sí, sí, por supuesto. 

M.G.- Hay personas que están en su derecho a decidir pero también hay otras circunstancias en las que cuesta trabajo admitir ciertas cosas. Por ejemplo, me refiero a esa polémica que surgió hace un tiempo sobre aquella persona que estaba opositando, precisamente a la policía, y para las pruebas físicas se cambió de género porque las pruebas físicas de las chicas no eran tan duras como la de los chicos.

R.M.- Claro, aquí es cuando la gente tira de la ley para beneficiarse por un fin personal que nada tiene que ver con el objetivo de la ley y del legislador. Eso es un problema. No entiendo ni apruebo que alguien se cambie de género para tener pruebas físicas más fáciles. Faltaría más. No he escrito sobre eso porque ni soy político ni tengo ningún interés. Yo lo que quiero es llegar a la persona, a lo que es Marta y, en mi caso, a lo que es Cristina, lo que ha sido su proceso y sus vivencias. Luego sí, hay gente que legisla y, a veces, legislan muy mal, la verdad. Consiguen que la gente se aproveche del sistema. Esto es algo que ha pasado siempre. Contra eso, lo que hay que hacer es corregir y ya está porque claro, no puede ser que una persona se cambie de sexo para tener un beneficio en unas pruebas físicas. Ese no es el mensaje que yo quiero transmitir en esta novela. Ni muchísimo menos.

M.G.- Y comentábamos que ese segundo cadáver aparece en Cadaqués. ¿Por qué Cadaqués? Es un pueblo precioso, por cierto.

R.M.- Pues precisamente por eso. Es un pueblo precioso, un sitio idílico que tiene su peculiaridad. Cadaqués no es un sitio de paso para nadie. Has de llegar a Cadaqués, con una carretera de entrada y de salida. Me pareció un sitio idílico para montar un crimen. Con Internet, desde cualquier parte del mundo te pueden ver, y tú puedes estar también en cualquier parte del mundo. Hay una chica que ejerce desde allí. Me pareció una localización, como te digo, idílica. 

M.G.- Y por la aparición de ese segundo cadáver, entrará en juego ese otro personaje del que hablamos antes, Cristina Espegel. Ella será otro de los miembros que se va a unir a la investigación de los crímenes. Me surge una nueva duda ya que Cristina es trans. Antes has dicho que en tu colectivo, y ocurrirá igual en la Guardia Civil o en la Policía, hay de todo, incluso personas trans. Pero estos son ámbitos en los que, aunque la incorporación de la mujer es un hecho, las mujeres siempre han tenido que demostrar que son igual de válidas que los hombres. Partiendo de esa perspectiva, y teniendo en cuenta el cambio de género, ¿cómo se vive eso de manera interna, entre los compañeros?

R.M.- Bueno, en el caso de las dos mossas trans que yo conozco, ellas se han reasignados una vez que ya eran policías. Entraron como hombres y han hecho su proceso de reasignación, siendo ya policías. No sé cómo será cuando alguien entre en el cuerpo, estando ya reasignado. Me imagino que se le harán las pruebas físicas en la condición del sexo que sienta. Me imagino que se hará así, pero ahora mismo yo no te puedo responder porque lo desconozco. Creo que los policías, independientemente de que sean hombres o mujeres, han de demostrar la capacidad para hacerlo. Y hay hombres muy buenos y muy malos, y hay mujeres muy buenas y mujeres muy malas, como en todas las profesiones.

M.G.- Pero me vengo a referir, Rafa, a si hay algún tipo de recelo entre los compañeros.

R.M.- Bueno, sí, en la novela sale. Y sale porque a mí Marta me lo explicó. Ella tuvo problemas, por ejemplo, en el vestuario. Las mujeres mossas no querían que ella se cambiara con ellas. Sí, esto sale en la novela porque es una realidad y no hay que esconderla. Hay que afrontarla. Las novelas tienen que mostrar la realidad y la sociedad que tenemos. Hay gente que lo acepta y gente que no. De hecho, Cristina tiene un único compañero con el que se lleva bien, de una unidad con treinta miembros. Pero bueno, es así. A veces, cuesta asimilar cambios y ya está. Es un tema de apertura de mente.

M.G.- ¿Y cómo vamos a ver la relación entre Xavi y Cristina? ¿Cómo se van a coordinar a la hora de investigar estos crímenes?

R.M.- Bueno, Cristina es cabo, traducido a la Guardia Civil, y es una oficial, traducido a la Policía Nacional. Xavi es sargento. Está por encima. Él se encarga de la investigación porque el primer cadáver aparece en Barcelona. Cuando son diferentes partidos judiciales, siempre se le da la investigación al que la ha iniciado. Ellos tendrán una relación profesional, aunque iremos viendo que tienen mucha afinidad. Xavi la va a tratar de forma profesional porque no le importa lo que ha sido o lo que es. Él es un personaje muy seco pero lo que le pide a Cristina es lealtad y profesionalidad. Es lo mismo que le pido yo a los míos. A veces, también transmites tus propias necesidades profesionales a los personajes.

M.G.- Hablando del resto de temas que tratas en la novela, ¿cómo te llegan? ¿Y cómo haces para ir introduciéndolos en la trama?

R.M.- Bueno, un poco como me pasó con la mossa trans. Leí sobre unas estafas que habían tenido unas chicas por Internet. Me imaginé que en vez de un estafador, lo que hay detrás de Internet es un asesino. A veces me llegan los temas así, leyendo novedades diarias, viendo lo que le pasa a la gente en Cataluña. Más que nada por mi ámbito y competencia profesional. Pero también se puede extrapolar perfectamente a lo que pasa en cualquier sitio de España. De hecho, se investiga de la misma manera aquí, que en Madrid, que en Sevilla.

M.G.- Y antes has hablado de Marta Reina, o del gesto bonito que has tenido con dos compañeros de profesión. Pero, teniendo en cuenta que también nos dejaron Domingo Villar y Alexis Ravelo, has tenido un recuerdo para ellos.

R.M.- Creo que es de agradecer el que te hayas cruzado con gente maravillosa como lo eran Domingo, con quien tuve menos relación pero la poca que tuve fue muy intensa, y con Alexis Ravelo, con el que coincidí en muchos festivales. Los he escuchado hablar en presentaciones, en cenas que hacemos los escritores, en cafés,... No sé, hay que valorar. Y ojalá el público, con este pequeño gesto, si no lo conocen, los lleve a interesarse por sus vidas y por sus novelas. Van a descubrir a dos escritores como la copa de un pino que, desgraciadamente, ya no van a escribir más. Nos queda su legado y sus novelas.

M.G.- No sé si eres mucho de homenajes. Lo digo porque he leído que si Xavi Masip se llama así es por un motivo concreto.

R.M.- Sí, Xavi Masip se llama así porque perdí a un hermano en el año 91, en un accidente de moto. Tenía 17 años y se llamaba Javi. Y Masip fue mi primer sargento en el grupo de investigación, en Figueras, en el año 98. También falleció desgraciadamente. Cuando creé el personaje, hace diez años, pensé que tenía que tener un nombre que fuera significativo para mí, que no fuera un nombre al azar y, entonces, en homenaje a mi hermano y a mi primer sargento, le puse ese nombre. Y, de momento, estoy muy contento con la acogida que tiene Xavi Masip.

M.G.- Estamos en la cuarta novela, ¿habrá una quinta con este personaje?

R.M.- Bueno, creo que sí. Es muy pronto todavía. Dejo descansar a los personajes, como mínimo, una novela. Ahora estoy escribiendo otra cosa diferente. Pero estoy convencido de que volveré con Xavi Masip. No tengo dudas. Aunque sea solo para mí. 

M.G.- Bueno, Rafa, no tengo más preguntas que hacerte. Sí espero poder verte en Sevilla con la siguiente.

R.M.- Pues mira, hoy he hecho una entrevista con una locutora de Toledo que me ha dicho lo mismo.

M.G.- Vas a tener que hacer un tour.

R.M.- Estuve en Sevilla hace muchos años, en una competición de atletismo. Me encantó Sevilla, así que estaría encantado de ir. Y si voy, no te preocupes, que seguro que tengo un rato para ti.

M.G.- Ya toca entonces que vengas. Te doy las gracias por haberme atendido y nada, que sigas con mucho éxito.

R.M.- Muchas gracias a ti por el interés.

M.G.- A ti, Rafa. Un abrazo. 

R.M.- Adiós, hasta luego.


Sinopsis: Avenida de Pedralbes, Barcelona, una de la madrugada. La mano de un cadáver, envuelta en plásticos, asoma junto a unos contenedores. Es el cuerpo sin vida de Clarise, una conocida modelo sexual de internet. En el interior de uno de los contenedores, en un sobre transparente, encuentran un trozo de piel de la víctima y la figura amenazante de un dragón de origami.

En la sede de los Mossos d'Esquadra todos tienen claro que es un caso perfecto para el sargento Masip, pero este está fuera de servicio. Después de una polémica intervención policial, Xavi Masip fue apartado de sus obligaciones y todavía sigue pendiente de investigación interna.

Sin embargo, cuando un segundo cadáver aparece en Cadaqués y se confirma que están ante un asesino en serie, el grupo de homicidios liderado por Masip y el de Cadaqués, encabezado por la compleja y enigmática Cristina Espejel, unirán fuerzas para atrapar al culpable.

Mientras tanto, el asesino continúa enviando mensajes a través de esos dragones de origami que parecen esconder un oscuro secreto ligado a una de las tradiciones más inquietantes de la Ciudad Condal.


 

viernes, 23 de junio de 2023

RONSON de César Sebastián

 

Editorial:Autsaider Cómics
Fecha publicación: 2023
Precio: 20,00 €
Género: cómic
Nº Páginas: 128
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 978-84-125699-5-7

Autor

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Sinopsis

[A modo de sinopsis] dice la editorial: Ronson es una barbaridad de libro. La historia se remonta varias décadas atrás, y a ojos de nuestras constreñidas mentes actuales, lo de barbaridad, puede superar lo estético y formal para llegar a lo moral. Un tebeo de infancia con carretadas de realidad verosímil. Realidad de pueblo, que puntúa doble que la urbana. Además, de pueblo de hace sesenta años, que es como hablar de otra galaxia en términos de usos y costumbres, digamos, más recias. Tiene ese rollo neo realista con aire documental, con esos ritmos, esas composiciones y esos caretos. Sin necesidad de moralejas, finales felices o cualquier otra esclavitud argumental. Un tebeo entre sensible y descarnado que nos recuerda de dónde venimos. De la misa obligatoria, la pedrada al perro y las hostias a los niños sin preguntar. Pero también de la silla a la fresca, de jugar en la calle y las aventuras asalvajadas.

¿Pero esto es tebeo Autsaider? ¡Vaya si lo es! Excelencia formal, pensamientos divergentes y estendalazo potencial para almas sensibles.

Un clásico instantáneo, como dice Eduardo Bravo. Un libro de esos que puedes leer y releer, que no pierden impacto y que circula por una vía paralela a las tendencias o a las modas. Recursos propios innovadores, que de puro novedosos son absolutamente ajenos a lo que se estila. El dibujo merece capítulo aparte, una maestría entre la línea clara y lo académico que, con un increíble dominio de la anatomía en las diferentes edades del hombre, hace llorar a John Byrne, incluso al propio John Buscema cada vez que se acuerda de sus dibujos de los hermanitos Maximoff.

RONSON es la primera novela gráfica de César Sebastián.

[Información tomada de la web de la editorial]



Si tomas entre tus manos un ejemplar de la obra gráfica Ronson, lo primero que llama la atención, al margen del color predominante, es la ausencia de información sobre el autor o la propia obra. Es habitual que un libro nazca acompañado de un biografía y, como mínimo, de una sinopsis, por aquello de informar al lector sobre el contenido de la obra. Sin embargo, tal costumbre se rompe con Ronson. Por eso, cuando entrevisté a César Sebastián, mi primera pregunta fue precisamente interrogarle sobre su identidad y también sobre por qué no aparece una breve remembranza sobre la historia en el libro. Me respondió que:


«En realidad, estuvimos tanteando la idea de poner un texto en la contracubierta. Pero claro, no sabía muy bien si yo iba a ser capaz de hacer justicia o de sintetizar el contenido de Ronson. No es una novela gráfica, tradicional, en el sentido de que no narra una única historia, una trama, ni nada por el estilo. Al final, optamos por que fuese más bien un objeto así muy sugerente e intrigante, que el lector tuviese que adentrarse en sus páginas para saber exactamente de qué iba».


Ronson es una novela gráfica que invita al lector a retrotraerse en el tiempo. El autor rebusca en ese cajón de la memoria que todos tenemos, para rescatar recuerdos de nuestro pasado, de otras épocas en las que éramos pequeños, y en las que la vida era muy distinta a como la concebimos hoy. No explora Sebastián un entorno urbanita, sino que se centra en el espacio rural, en reductos minúsculos donde todo y todos funcionábamos de otra manera.

La acción se sitúa en un pueblo que bien podría ser cualquier pequeño rincón de este país, aunque el autor confesó en la entrevista que se ha inspirado en Sinarcas (puedes leerla aquí), el pueblo valenciano en el que nació su padre. Subyace el deseo de convertir esta historia en algo universal, la pretensión de que cualquier lector pueda verse retratado en la narración. Son los años 60, y en esos reductos pequeños, los vecinos eran casi familia. Todos conocían a todos. Todos sabían de todos. Era difícil guardar secretos. Apodados con un mote -costumbre que hoy todavía perdura en algunos pueblos- vivían la vida de una manera tranquila y sosegada, aunque no exenta de problemas. En cualquier caso, el ritmo era distinto. En estas páginas veremos a los adultos centrados en sus quehaceres y a los niños, como se suele decir, haciendo cosas de niños. Y es precisamente en los más pequeños donde recae el foco de atención.

Los niños. Los niños de esta historia. Admito que vas a encontrar escenas que hoy podrían tacharse de políticamente incorrecta y es que, en los años 60 del siglo pasado, los niños (y me meto en el saco) teníamos una relación curiosa con la naturaleza. Lo digo porque las pequeñas criaturas de esta historia van a cometer alguna barrabasada, travesurillas sin importancia por las que tampoco hay que echarse las manos a la cabeza. ¿O sí? Porque, decidme los que ya habéis cumplido los 50 años, ¿quién de vosotros no le cortó alguna vez el rabo a una lagartija? ¿Quién no le arrancó las alas a una libélula? Que sí, que dicho así suena horrible. Y más aún si lo pones en práctica pero que yo hice esas cosas de pequeña y hoy soy una ferviente defensora de los animales. Pues esto, en cuanto a la naturaleza se refiere porque luego, en Ronson también vamos a meternos de lleno en el plano escatológico, pero eso ya es otro capítulo que dejo que vosotros mismos descubráis.

Quizá, si has visto o conoces a César Sebastián, te estarás preguntando quién es el verdadero narrador de este relato porque César no puede ser. El autor habla de los años 60, época en la que él quizá no fuera ni un proyecto. Entonces, ¿por qué es capaz de describir con verdadera credibilidad cómo era la vida rural en esos años? Bueno, te contaré que lo que el autor hace en estas páginas es trasladar todas las historias que su padre le ha contado sobre el pueblo y la vida allí, durante años. En este sentido, el lector hará un recorrido vital, un recorrido por la vida del padre que, como dije antes, puede ser la de cualquier otra persona que naciera y se criara en un pueblo.

Ronson, título que tiene su significado pero del que no quiero desvelar nada, pretende conseguir que no nos olvidemos de nuestras raíces. ¿Quiénes somos? ¿Somos hoy lo que somos por lo que fuimos antaño? El pasado es la base de nuestra identidad y los recuerdos el vehículo que nos conecta con lo que fuimos, aunque a veces esos recuerdos nos lleguen distorsionados. La mente es traviesa y, en ocasiones, hace de las suyas para que recordemos lo que recordamos como a nosotros nos interesa. Y ese pasado que tenemos incrustado en nuestro cerebro no solo está formado por imágenes, sino que también se compone de un cúmulo de sensaciones táctiles, de sonidos o de sabores. Los cinco sentidos tienen su importancia en Ronson porque el narrador recrea cómo olía la gasolina, en unos años en los que tener o ver un automóvil, y más en un pueblo, era como ver un mirlo blanco; también evoca cómo sabían los chicles famosos de la época (¿os acordáis de los chicles bazooka?); o cómo olían las personas que eran importantes para nosotros. Por lo tanto, estamos ante una obra sumamente sensorial.




Ilustraciones y estética

Dice César Sebastián que sus dibujos son de línea clara y desnuda, sin claroscuros. El autor habla de un estilo naturalista con el que se pretende retratar la realidad sin deformarla gráficamente. Y tan realista me pareció  esas viñetas o esas fotografías que se aprecian en el libro, y que él ha tomado del álbum familiar, que me he visto a mí misma. Concretamente hay una instantánea en la que el joven protagonista de esta historia está a lomos de un caballo, junto a su abuelo. Pues bien, yo tenía una foto exactamente igual a esa, solo que el caballo era un burrito con sus alforjas. Foto que, desgraciadamente extravié, pero cuyo recuerdo todavía conservo en mi memoria.

Juega Sebastián a contar a través del dibujo y por eso, en algún momento, veremos cómo las ilustraciones funcionan a modo de metáfora. 

Añado que si asomas la nariz a las publicaciones de Autsaider Cómics descubrirás que cada volumen está sumamente cuidado. En esta ocasión, hay varios elementos que consiguen llamar la atención sobre el libro. Por un lado, los colores. A los típicos blancos, negros y grises se une un color singular. Yo lo definiría como ocre aunque en otras reseñas que he leído lo consideran más un color dorado. Sobre esta cuestión, César me comentó que la intención a la hora de elegir ese tono, que para él tira a verdoso, está íntimamente relacionado con la idea de evocar los colores de la tierra y de los alrededores del pueblo. 

Por otra parte, cada página de este libro tiene el filo de la hoja troquelada con lo que se pretende simular el troquel de las fotos antiguas. No sé si sabéis a lo que me refiero pero en la foto de la izquierda podéis verlo claramente. Y es que todo en este libro respira tiempo pasado. 

Poco más puedo o debo contar. Estructurada en diversos capítulos, con este libro ocurre lo mismo que sucede con todos los cómics o novelas gráficas, que los lees en un rato.  Pero yo he disfrutado de la lectura de Ronson. Sabéis que todo lo gráfico me apasiona y que siempre defiendo el género (me pasa igual con el relato). Creo que lo gráfico tiene la capacidad de transmitir de un modo que no consigue otro formato. Es cierto que el poder de nuestra imaginación es portentoso pero la transmisión a través de lo visual me parece más directa y más efectiva. Así que, si te gusta el género o simplemente quieres probar, te recomiendo la lectura de Ronson.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



jueves, 22 de junio de 2023

YOLANDA GUERRERO: ❝Lo que más deseaba Audrey Hepburn era amar y ser amada❞

Lo comenté por redes en su momento. Todavía recuerdo el día en que conocí a Yolanda Guerrero. Fue en 2017, cuando vino a Sevilla a promocionar su primera novela. El huracán y la mariposa me pareció una historia preciosa, aunque también dura. Me emocionó aquel relato por la trama en sí, pero también porque Yolanda tiene algo a la hora de contar las cosas que convierte cualquier historia en belleza. Así que, cuando supe que volvía a mi ciudad, y con nueva novela bajo el brazo, me alegré muchísimo. Nada más verla, le di un enorme abrazo. 

El día que mi madre conoció a Audrey me ha resultado una novela originalísima, tierna, entrañable, romántica, y maravillosa. Es una historia llena de sueños, a veces rotos, y de muchas ganas. Un relato lleno de amor en el que la autora combina diversos elementos que, a priori, parecerían no casar. La Audrey del título es efectivamente la actriz Audrey Hepburn, que tendrá un papel protagonista importante, y cuya aparición en la trama encaja perfectamente. A eso se une las vidas de Manuel y Lisa, dos jóvenes que, al amparo de las melodías de los Beatles, comienzan una historia de amor. Y, como otro pilar más, Gibraltar y su historia.  Antes incluso de reseñar la novela, te invito a leerla. Pero también te animo a leer mi conversación con Yolanda Guerrero, o a escuchar nuestra conversación entrando en YouTube. 

Marisa G.- Yolanda, un placer tenerte en Sevilla otra vez, y además con una novela tan bonita como esta. Te tengo en el recuerdo, aquí en mi mente. Recuerdo la otra vez que nos vimos, con El huracán y la mariposa, en aquella cafetería que se llama Un gato en bicicleta. Me gustó aquella mucho. Esta me está encantando, así que, felicidades.

Yolanda G.- Muchísimas gracias, muchísimas gracias, porque yo también me acuerdo de aquella entrevista. Fue tan bonita, tan bonita. Además, era mi primera novela y fue una satisfacción tan grande hacer una entrevista tan maravillosa como aquella. La recuerdo perfectamente.

M.G.- Hubo mucha complicidad.

Y.G.- La hubo, sí. 

M.G.- Bueno, pues después de aquella, vino Mariela, una historia protagonizada por una enfermera española. Curiosamente, esta última novela está dedicada a las Marielas del mundo. ¿Por qué?

Y.G.- Mira, porque la otra novela, Mariela, fue acogida con una ilusión y con un entusiasmo que a mí me dejó realmente muy impresionada y muy emocionada. Las enfermeras se llaman ahora a sí mismas así, Marielas. Hay un hashtag en Instagram, en redes sociales, que es #marielas, además sin mencionarme a mí. De vez en cuando, y sobre todo con el coronavirus, descubro que alguien dice: «Venga, Marielas, vamos adelante». Y lo mismo están empleando el término de Marielas sin saber por qué. Una se lo cuenta a una, la otra se lo cuenta a la otra y se llaman a sí mismas Marielas. 

Yo sigo manteniendo una relación maravillosa con todas las enfermeras, porque la verdad es que han hecho muchísimo por la novela. Ellas se sienten muy reconocidas con una novela que habla de ellas, que no es fácil, porque antes del coronavirus es verdad que la profesión de enfermería estaba prácticamente ninguneada y no era visible. Y después del coronavirus, pues tampoco es que la cosa haya cambiado mucho. Cambió durante un tiempo, pero nada más.

Hace dos o tres semanas me invitaron, como me invitan todos los años, al Día Internacional de la Enfermería, el 12 de mayo. Me fui hasta Madrid para hablar en la Universidad Autónoma. Allí les confesé y les dije que, a partir de ahora, en todas las novelas que escriba, que no sé cuántas me dará la vida, habría siempre una enfermera. Creo que es un homenaje que les debemos hacer todos como sociedad. Si yo, en la medida que pueda, puedo poner mi granito de arena, pues así lo hago. 

M.G.- Qué gesto más bonito.

Bueno, sobre esta novela, dice la narradora en las primeras páginas que nos va a contar sencillamente la historia de un amor, o tal vez debería decir, de muchos amores. ¿Esta novela es una epopeya, es un canto al amor?

Y.G.- Sí, es un canto al amor y a muchos amores. No solamente está el amor principal, el amor nuclear de la novela, que es el de Lisa y Manuel, sino que ellos están rodeados de amores de la gente que les rodea en su vida. Para ellos, eso es una forma de verse reflejados. Hay algunos amores en los que no quieren verse reflejados. Saben que eso es lo que ellos no quieren llegar a ser. Y hay otros que, a lo mejor, les sorprende.

Hay una escena en la que Manuel se entera de que su mejor amigo es homosexual. La homosexualidad, en los años 60, era prácticamente un escándalo inimaginable. Sin embargo, Manuel entiende a su amigo porque es una persona inteligente y además con buen corazón. Él llega a entender que eso existe, que es legítimo, y que el amor es amor en cualquier circunstancia. Da lo mismo un hombre con un hombre, una mujer con una mujer, un hombre y una mujer, o como dice alguien, o un ángel con un ángel. ¿Qué más da? Lo importante es amar. Y eso es la espina dorsal de toda la novela.  

M.G.- Sin duda. Y además, con un amor como el que ellos viven. Un amor que atrapa.

Y.G.- Es lo que yo quería, que fuera algo que atrapase, que no fuera una historia de amor convencional, una historia de amor en la que se enamoran, se acuestan, después tenían desavenencias, después vuelven otra vez, y así. Yo quería un amor que fuera fuerte, que fuera invencible, pero que no pudiera consumarse como a ellos les gustaría. Y no por culpa de ellos mismos, de circunstancias internas, sino por culpa de lo que les rodeaba, de sus Montescos y sus Capuletos, que cada uno tira de un brazo de cada uno y no les dejan estar juntos. Porque eso ocurre todos los días. La gran política es la que está en contra del amor, es la que realmente hace que el amor no se lleve a cabo. La forma más patética y más extrema de esto son las guerras. Las guerras es la expresión máxima del amor fallido, de la ausencia total y absoluta en un agujero negro del amor. Donde hay guerras no puede existir nadie pensando en la gente. Si alguien es capaz de lanzar una guerra contra otro país o dentro del mismo país, lo único que está haciendo es destrozarle la vida a la gente. Es la forma más oscura y negra de caer en un pozo sin remisión, en la que el amor no puede existir ni existirá jamás.

Y yo quería eso, algo no tan extremo como una guerra, pero sí unas circunstancias tan difíciles como para que los enamorados no pudieran llevar a cabo su amor, y tuvieran que resignarse a lo que la vida les daba, hasta que llegara otro momento mejor para ellos. Y eso puede ser largo, puede ser corto, pero el amor puede ser invencible.

M.G.- En esta novela cuentas la historia de Manuel y de Lisa. Ellos se conocen en un concierto, el concierto que los Beatles dieron en Madrid, en 1965. Siempre me gusta preguntar a los autores el porqué de las historias, por qué nacen de la manera en la que nacen, cómo nacen. Esta historia, ¿cómo surgió?

Y.G.- Surge precisamente porque quería escribir una historia de amor. Una historia de amor en la que, como te digo, los amantes no pudieran llevar a cabo su amor, no por desavenencias entre ellos, sino porque el mundo que les rodeaba no les permitiera hacerlo. Pero también tenía muchas ganas de escribir una historia ambientada en la España del sur, en la España de Andalucía, porque es la España de mi familia. Tengo a mi madre, que nació en Melilla, y al año o los dos años, se fue a vivir a Ronda. Mi padre nació en Montejaque, en Málaga. Y yo, ahora mismo, vivo en la provincia de Málaga.

Mi madre me contaba historias de una cabrera deslenguada y mal hablada que se llamaba Mariquilla. Me las contaba como quien le cuenta a un niño la historia de Blancanieves. Yo me embelesaba y conocí Ronda antes de poner un pie allí. Cuando la visité por primera vez, sabía dónde estaba el tajo y la alameda porque mi madre lo describía muy vívidamente. Mi madre echó de menos Ronda toda su vida y tenía muchas ganas de escribir una novela ambientada allí.

Sobre los Beatles, los admiro muchísimo. Los adoro. Me parece que han marcado un antes y un después en la música, en la música contemporánea. Creo que a ellos se les debe muchísimo, y eso que fue un grupo que duró nada más que nueve años. Pero es un grupo que ha resultado ciertamente vital para la música contemporánea. Su llegada en los años 60 fue como un soplo de aire fresco, especialmente en países como España, que estaban acostumbrados a José Luis y su guitarra, cantando Gibraltar español. Luego, al calor de los Beatles, empezaron a salir otros grupos maravillosos como los Pekeniques, los Bravos,... Había un caldo de cultivo para que la música floreciera pero fue gracias a los Beatles. 

En fin, que tenía muchas ganas de escribir sobre esa época. Metí todos estos ingredientes en la sartén y salió esta historia. Gibraltar formó parte muy importante de aquellos años, aunque realmente en España no se la conoce como tal. Es una parte de nuestra historia que todavía tenemos pendiente, un muro de Berlín que hubo en la península ibérica, al que todavía no le hemos dado el estudio que merece, el estudio que necesita, y sobre todo el reconocimiento de lo que ha supuesto para nuestra historia. Y así me salió. 

M.G.- De Gibraltar hablaremos más dentro de un momentito pero, retomando el concierto de los Beatles. Claro, a mí aquel concierto me pilló fuera de este mundo pero sí he visto muchas imágenes. La música de los Beatles no es un telón de fondo sino que va a tener presencia a lo largo de toda la novela.

Y.G.- Sí. Manuel y Lisa se conocen en el concierto. A ellos ya les gustaban los Beatles antes de conocerse, soñaban con ellos. El día que a cada uno de ellos, por su lado, le llega una entrada para ese concierto fue el día más feliz de sus vidas antes de conocerse. Estaban emocionados con los Beatles. Para ellos era el súmmum de la libertad poder irse hasta Madrid a ver los Beatles. Era el grupo de sus sueños y para ellos, los Beatles eran como una forma de salir del mundo en el que vivían, de transportarse al futuro. Y aquella España también lo vivió así. Eran los melenudos. Claro, en aquella época, llamar melenudos a aquellas cabecitas con flequillito tan bien cortado, con una chaquetita negra, una camisa blanca, corbatita estrecha,... Hoy en día, a un joven le dices que a aquellos los llamaban melenudos y se echa a reír, evidentemente. Pero eran otra cosa, eran distintos. Y para ellos, para Lisa y Manuel, los Beatles eran una metáfora. Lo dicen en algún momento, que eran la metáfora de la libertad.

M.G.- Y, aparte de los Beatles, también tenemos a Audrey Hepburn, que ya aparece en el título. ¿Qué importancia tiene la actriz en la historia? ¿Cómo encaja en la vida de Manuel y Lisa?

Y.G.- A veces digo que el título es un spoiler de la novela. El día que mi madre conoció a Audrey pasó algo importante. El lector ya lo descubrirá pero es evidente que ese día pasó algo que les cambió la vida.

Audrey Hepburn fue una de las personas a las que Alfonso de Hohenlohe llamó para que se compraran una casa cerca del Marbella Club. Él quería crear allí una especie de oasis de libertad, en una España todavía cerrada, en la que no se podía usar bikini, en la que había mucha mojigatería y un recato absurdo. Él quería crear un oasis de libertad, pero no en el sentido desinhibido de libertinaje. En aquella época se hablaba mucho de libertad y libertinaje. Él lo que quería era crear un lugar en el que la gente no tuviera que preocuparse de nada, que los famosos no tuvieran que presumir de nada porque iban a estar allí en un lugar tranquilo y de relajación.  Y Audrey fue allí y se compró una casa con Mel Ferrer, su primer marido. En los primeros años 60 fue feliz allí. En los últimos, no. Se llevaba muy mal con Mel Ferrer.  Los últimos años fueron muy duros para ella en su matrimonio.

Ella llevó a Deborah Kerr a Marbella porque le habló de ese sitio paradisíaco, en el que nunca hacía frío. Era la Costa del Sol que, como su propio nombre dice, es un lugar donde nunca llueve y donde se vivía muy bien y tranquila. Pero además, Audrey Hepburn vivió en Madrid, en Puerta de Hierro. Fue muy amiga de una espía de la CIA que se llamaba Aline Griffith, la condesa de Romanones. Se hicieron íntimas amigas, se quisieron mucho, y se veían en Madrid y en Marbella. Audrey Hepburn tenía unos lazos especiales con España y en aquella sartén en la que yo estaba metiendo a los Beatles, a los años 60, a Ronda, y a todo esto, pues Audrey Hepburn encajaba muy bien en la receta porque era una persona que huía de las candilejas y de los oropeles. Ella tenía ese aura de glamur hollywoodiense pero, en el fondo, lo detestaba con toda su alma. Ella quería una vida tranquila. Quería cuidar de su hijo. En aquel momento, solo tenía a Sean. Lo único a lo que aspiraba, siempre lo dijo, fue a amar y a ser amada. Ese era el objetivo principal en su vida. Para ella, el amor lo era todo. Alguien como ella, tan excepcional, que lo tenía todo y era una gran diva, renunció a todo eso, renunció al cine, por cuidar a su hijo, por vivir con el hombre que entonces amaba, aunque al final dejó de amar porque la convivencia se hizo muy insoportable. ¿Quién mejor que una mujer así, una mujer excepcional en todos los sentidos? Porque no solamente era una actriz buena, un prodigio de glamour, belleza y elegancia, musa de Givenchy, que lucía cualquier vestido que se pusiera, es que además era una mujer maravillosa y una bellísima persona. Y siempre tuve ganas de escribir sobre ella pero no en plan biografía sino introducirla de algún modo en una novela mía. Siento mucha admiración por ella y quería reflejarla así.

M.G.- Pero todo ese conocimiento que demuestras que tienes de la vida de la actriz, ¿todo esto tú ya lo conoces de antes o ha habido un proceso de inmersión y de documentación? 

Y.G.- Sí, sí, yo ya conocía a Audrey. Siempre la admiré como actriz pero me causó muchísima impresión cuando a principios de los años 90 es nombrada embajadora de Buena Voluntad de la UNICEF, con un sueldo de un dólar al año. Siempre dijo que era el mejor sueldo de su vida. Y ella se dedicó en cuerpo y alma a aquella tarea. No era simplemente un adorno, no era una mujer famosa que se va a África a cuidar de los niños pobres. No. Ella convocaba actos y daba charlas en la ONU, en los que se recaudaban miles de dólares, a veces millones de dólares, para África. Todo iba a África. De hecho, creen que el cáncer de colon raro que contrajo, el que la mató, lo contrajo en uno de estos países por la mala alimentación y por la comida insalubre. Pero ella se volcó en cuerpo y alma, porque era lo que más deseaba en el mundo, amar y ser amada. Y decía que aquella tarea fue como el culmen de ese anhelo que ella siempre tuvo. Además, sus dos hijos ya eran mayores y no iba a tener más, porque estaba a punto de cumplir sesenta años, y dijo que la forma más extraordinaria de dar y de sentir amor era con aquellos niños pobres. Fue en esos años, cuando ella salía en la tele, cuando empecé a admirarla mucho más de lo que ya la admiraba como actriz. En aquel momento, yo no pensaba en escribir novelas pero, de haberlo pensado, seguro que hubiera dicho que ella tenía que aparecer en una novela mía.

M.G.- Bueno, ya lo has cumplido.

Y.G.- Sí, lo he cumplido.


[Si quieres oír nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Yolanda, esta novela es muy coral. Tanto es así que los capítulos van precedido por el nombre de un personaje. Con tantos personajes, cuéntame si a la hora de lo construirlos, uno u otro te ha resultado más fácil o más difícil. Hay muchos y muchos muy peculiares.

Y.G.- Muchos muy peculiares, sí. Fíjate Mariquilla es un personaje semi real. Mi madre siempre me hablaba de una tal Mariquilla, una cabrera deslenguada y mal hablada, que le traía leche recién ordenada cuando yo vivía en Ronda. Me ha costado crear ese personaje, darle voz propia, con ese lenguaje que tiene de tan mal hablado, saber cómo se emplea. Una cosa es saber que «asín» no se dice pero hay que saber cuándo emplearlo. Y eso solamente ha sido a base de observación. 

Ahora yo vivo en Andalucía. Cuando voy a una tienda, voy tomando nota de cómo habla la gente del pueblo llano, la de menos cultura. Y eso es lo que más me ha costado, crear su lenguaje, porque quería que tuvieran voz propia y reconocible.  Quería que el lector supiera de qué estrato social venían solamente con leer uno de sus diálogos. 

M.G.- Está muy bien recreado. Yo he pasado largos veranos en un pueblo y se habla así. Está muy bien construido.

Y.G.- Muchas gracias. Eso me gusta mucho porque es lo que pretendía, que no sonara a chino.

M.G.- Y Mariquilla era la señora que le traía leche a tu madre en la vida real. En esta novela es matutera. Yo conocía el término estraperlista pero matute, no. Y creo que no es lo mismo.

Y.G.- Bueno, se aplicaba más o menos en lo mismo. Era conseguir productos que no había en la España de posguerra y que estaban prohibidos. Era un contrabando ilegal. Sobre todo con productos como la penicilina, la sacarina, las medias de seda,... En fin, cosas que en España no había y que hacían falta.

Mariquilla era estraperlista. Ese término se aplicaba principalmente a los hombres y matutera o recovera, en la serranía de Málaga, se aplicaba a las mujeres. El matute era el cargamento que traían. Hay pequeñas diferencias, porque claro, lo que traía una matutera no es lo mismo que lo que traía un estraperlista. Un estraperlista traía más productos de consumo, mientras que las matuteras traían cosas como las que te he dicho, más pequeñas y que escondían en los refajos o que se metían por todas partes. Por entonces, se inventaron cien mil maneras de poder burlar a los guardias civiles de la sierra. Eran de una imaginación desbordante, personas muy ingeniosas que no sabían leer y escribir y, sin embargo, supieron eludir la cárcel y la persecución en tiempos muy difíciles para llevar un trozo de pan a su casa.

M.G.- ¿Y podríamos hablar un poco de la narradora de esta historia? La narradora está muy vinculada con la trama. No sé si podemos adelantar algo.

Y.G.- Bueno, en la primera parte del libro, la narradora habla de Manuel y Lisa. Se sobreentiende que ella es la hija de ellos dos y que está hablando de lo que le sucedió a sus padres. Aunque a veces habla en primera persona, ella no quiere ser la protagonista de la novela porque los verdaderos protagonistas son sus padres. Ella contará la historia tal y como se la contaron a ella. 

La narradora dice que, durante mucho tiempo, escuchó aquella historia con los ojos cerrados por el aburrimiento, como le ocurre a todo hijo al que sus padres le cuentan sus batallitas. Hasta que, de repente, un día se da cuenta de que es una historia muy importante, una historia que tiene que contar porque ya no tiene los ojos cerrados. De repente, lo ha entendido todo y sabe que tiene que contar la historia de sus padres. 

M.G.- En esta historia no todo es ficción. Tú misma lo estás contando, que has empleado recuerdos de tu familia pero también hay personajes reales y muy conocidos. La propia Audrey Hepburn, pero también aparece, por ejemplo, Gerald Brennan, y hay referencias a poetas, cantantes y periodistas, como Jesús Hermida. Incluso hay un guardia civil que también existió

Y.G.- Sí, un guardia civil, Bernabé López Calle, leal a la República.  Él peleó en el primer golpe, en el de Casado contra Negrín, y después se echó al monte. Bernabé se hizo maquis y era precisamente de Montejaque, del pueblo de mi padre. Al final, murió asesinado por un delator de sus filas. En aquella época era fácil delatar, porque la Guardia Civil había sembrado toda la serranía de carteles pegados a los árboles, diciendo que todos aquellos maquis que quisieran delatar a sus compañeros iban a recibir dinero y su familia iba a estar protegida. Eran tiempos de escasez y miseria, y los ideales servían para un rato. Era fácil sucumbir, ¿no? Y sucumbían simplemente para conseguir una vida un poco mejor. Por eso había mucho delator entre las filas de los maquis. Y a Bernabé López Calle lo mató la Guardia Civil porque le había delatado un traidor de sus filas.

Y yo me invento un primo de él, que es el padre de mi Manuel, que sigue la misma historia. La historia de Bernabé se repite en Raimundo, porque era algo muy habitual. Aunque hubo una parte importante de la Guardia Civil que se reveló. Ellos querían que siguiera el gobierno legítimo de la República y se echaron a aquellos montes abruptos, de la zona que va entre la serranía de Málaga y la de Cádiz. Eran mitad guerrilleros, mitad bandoleros, mitad luchadores por causa política. Aquello, al final, se convirtió en una lucha de pura subsistencia.

M.G.- Yolanda, ¿se podría decir que, de las tres novelas publicadas, esta es la más ambiciosa?

Y.G.- Bueno, Mariela era muy ambiciosa porque con aquella novela me propuse redescubrir mujeres olvidadas, intelectuales, escritoras, periodistas. Y fue una tarea muy importante. Bueno, fue muy importante para mí porque me llevó muchísimo tiempo redescubrir estas mujeres y ponerlas ahí. Y me siento muy contenta de haber reivindicado mujeres que realmente merecían estar en las páginas de la Historia, incluidas las pioneras de la revolución bolchevique. Si a esas mujeres las hubieran dejado, la revolución bolchevique hubiera sido otra cosa, pero a todas esas mujeres se les cortaron las alas. Así que me siento muy contenta porque he reivindicado el papelón de la mujer en una historia desconocida. 

Esta también es muy ambiciosa porque me he metido en camisa de once varas. No es lo mismo hablar de la revolución bolchevique que hablar de algo que sucedió antes de ayer. En términos históricos, los años 60 es antes de ayer y, además, pulsando cuerdas muy sensibles.

Si Franco consiguió que todo el mundo se unificara a su alrededor, izquierdas y derechas, diciendo, Gibraltar es español, hoy en día sigue siendo una piedra de toque política muy importante. Y me he metido en un lío, lo sé, pero no he querido hacer una novela política. Como te he dicho, yo he querido escribir una novela sobre la gente y cómo la política afecta a la gente. Y sí es ambiciosa en ese sentido, es posiblemente la más ambiciosa, porque me voy a granjear posiblemente algunas críticas. Ya lo digo al final, y se lo digo al lector, que recuerden que Campoamor ya lo decía, todo es según el color del cristal con que se mira. Y por favor, interprétenlo así.

M.G.- Bueno, de todas maneras, a mí me ha resultado muy interesante ese peso del contexto político-social que tiene la historia, del cierre de la verja de Gibraltar, del tira y afloja entre los gobiernos y del sentimiento de los gibraltareños. A veces, se sentían en tierra de nadie. No eran ni de aquí ni de allá.

Y.G.- Antes del cerrojazo, los gibraltareños eran el mismo pueblo que La Línea de la Concepción. Lo compartían todo, y salían y entraban con mucha naturalidad, porque era cruzar una verja y ya está. Pero la visita de Isabel II en 1954 lo enrareció todo. Hacía dos años que la habían coronado y quiso visitar sus dominios. Uno de ellos fue Gibraltar, a pesar de que Franco ya estaba peleando en la ONU para que se reconociera a Gibraltar como territorio español. En esa visita hubo algo de provocación por parte de Isabel II, eso hay que reconocerlo, y Franco supo capitalizar muy bien todo aquello. La ONU empezó a ponerse al lado de Franco, que era un dictador que no estaba acostumbrado a que los organismos internacionales le dieran la razón en nada, y de repente encontró ahí una piedra de toque que le venía estupendamente y que empezó a explotar. El cerco alrededor de Gibraltar se fue cerrando. Al principio se les quitaron los pases de trabajo a las mujeres y después también se le quitó a algunos hombres. Había que pertenecer a un sindicato creado por Franco para poder cruzar la verja. Gibraltar y Gran Bretaña terminaron por enfadarse y los gibraltareños pidieron al gobierno que endureciera las medidas de entrada a España por parte de los turistas británicos. Por cierto, estos iban a la Costa del Sol a través de Gibraltar porque era mucho más cómodo que hacerlo desde Madrid. En fin, que todo se fue enrareciendo.

En ese tiempo había muchísimas familias mixtas, como las que hay en mi novela. Familias que tenían padres de un lado y madres de otro. Hacían hijos mixtos, que hablaban llanito de la misma manera que hablaban español o que hablaban inglés. Eran dos sociedades que se llevaban bien hasta que el clima político lo enrareció todo. Y al enrarecerlo, los gibraltareños empezaron a sentirse rechazados por España, -no por los españoles-. Todavía hoy, en la Línea de la Concepción me dice la gente que allí jamás se ha oído nunca decir Gibraltar español. Ellos siempre han creído que esa piedra era de todos y que lo de Gibraltar español solo fue un lema que creó Franco. Para ellos, Gibraltar y España eran el mismo pueblo con diferentes orígenes. En Gibraltar hubo pocos españoles. La mayoría eran de origen magrebí, judío, hebreo, maltés o genovés. Había una mezcla étnica muy interesante en Gibraltar. Y nunca tuvieron la sensación de ser españoles. Cuando Franco decreta el cerrojazo y les cierra toda vía de comunicación, lo hizo declaradamente para que Gibraltar cayera del árbol como fruta madura del lado español. Y ellos lo interpretaron como lo que fue, como un intento de estrangularles. Aquello les dolió muchísimo. Desde ese momento renunciaron a todas sus raíces españolas y ahí es donde yo creo que se abrió realmente la brecha. Por eso, yo creo que Gibraltar nunca será español porque aquello hizo muchísimo daño. En el año 69, ellos se sintieron excluidos. Somos Gibraltar español pero nos estáis arrancando de vuestras entrañas. Esto no tiene lógica. 

M.G.- La novela empieza en el año 1945 y llega hasta nuestros días, aunque realmente la historia comienza en el año 1965, con ese concierto de los Beatles. De todos modos, tú haces como una introducción previa, para que el lector conozca el background y los orígenes de los personajes principales.

Y.G.- Claro, yo quiero que conozcan el extracto social del que viene cada uno y la mochila que cada uno trae a sus espaldas. Porque Manuel trae la mochila de un hermano que se llamaba igual que él y que murió con tres años en la guerra. Llamarte exactamente igual que un niño que murió con tres años. Tener a una madre obsesionada con no perder al segundo Manuel como perdió al primero, luchando por él con todos sus medios. Eso es una mochila muy dura de llevar.  

Y Lisa nace en medio de una situación muy sangrante, porque los evacuados gibraltareños en el Reino Unido lo pasaron muy mal. Eran despreciados por los británicos y se les consideraba como de segunda categoría. Los evacuaron a Gran Bretaña para que no estuvieran durante la Segunda Guerra Mundial. Evacuaron a las mujeres, a los niños y a los enfermos, pero allí los trataban mal, y los abandonaron en los lugares donde ellos no querían estar, por si bombardeaba Hitler. En Gran Bretaña, se sentían allí minimizados. Pues Lisa viene de ese odio, de ese rencor que sentía sobre todo su padre, aunque también su madre. La madre de Lisa era linense, de La Línea de la Concepción, y sufría un trastorno bipolar. Esto era algo que, en aquel momento, no estaba reconocido. Por entonces, las mujeres que sufrían este trastorno eran simplemente mujeres histéricas y se les daba pastillas, que era como se solucionaba todo antes. La madre intervino de una forma muy decisiva en la vida de Lisa. Digamos que la hija se convirtió en la madre de la madre.

Pero de la vida triste que cada uno llevaba, Manuel en Ronda, y Lisa en Gibraltar, nace, de repente, la luz, cuando van a ese concierto en Madrid. Me ha emocionado mucho imaginar a dos personas que viven en la oscuridad, en la tristeza, y en la negrura pero que, de repente, se les abre la luz completamente.

M.G.- Esa tarde noche que ellos viven después del concierto es una preciosidad. Hace soñar a cualquiera.

Y.G.- Sí, a cualquiera con una historia de amor así, ¿verdad? Eso es lo que yo quería y me alegro que me lo digas.  

M.G.- Yolanda, lo dejamos aquí. Felicitarte por esta novela que la estoy disfrutando muchísimo. 

Y.G.-  Me alegro mucho. 

M.G.- Gracias.

Y.G.- Gracias a ti. 


Sinopsis: Lisa, gibraltareña, y Manuel, malagueño, se enamoran en el concierto que celebraron los Beatles en Madrid. Desde ese día, viven encontrándose y separándose, incomprendidos por sus familias e inmersos en una época turbulenta: por un lado, una dictadura que ha encontrado en el lema «Gibraltar español» un denominador común que comparten tanto quienes se oponen al régimen como quienes lo defienden; por otro, una España que poco a poco se incorpora a la modernidad. Pero cuando el cierre de la Verja en 1969 separa a los amantes, en suelo español se queda también la hija que han tenido ambos, un bebé de pocos meses. Audrey Hepburn, a quien Lisa ha conocido en Marbella, se convierte en una cómplice inesperada de la pareja y quizá la única que pueda ayudarlos.

Después del éxito de Mariela, Yolanda Guerrero vuelve a desplegar su excepcional talento como narradora para contarnos con un relato conmovedorcómo el amor es la última arma contra el dolor y la injusticia. Un inolvidable Romeo y Julieta moderno ambientado en un momento histórico que transformó el país para siempre.

 

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