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lunes, 7 de abril de 2025

EL TIEMPO DE LAS FIERAS de Víctor del Árbol

Editorial: Destino
Fecha publicación: agosto, 2024
Precio: 21,90 €
Género: novela negra
Nº Páginas:464
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN:  978-84-233-6564-7
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) es escritor. Suyas son las novelas El peso de los muertos (Premio Tiflos de Novela 2006), La tristeza del samurái (Prix Le Point du polar européen 2012), Respirar por la herida (finalista en el Festival de Beaune 2014 a la mejor novela extranjera), Un millón de gotas (ganadora en 2015 del Grand Prix de Littérature Policière y uno de los libros más destacados de 2021 en Estados Unidos según Publishers Weekly), La víspera de casi todo (Premio Nadal de Novela 2016), Por encima de la lluvia (2017), Antes de los años terribles (2019), El hijo del padre (2021) y Nadie en esta tierra (2023), que vio nacer a una serie de personajes que ahora regresan en El tiempo de las fieras (2024). Sus libros se han traducido a numerosos idiomas y gozan de un éxito extraordinario en Francia, donde en 2018 fue nombrado caballero de la Orden de las Artes y las Letras.

Sinopsis

Un policía a las puertas de la jubilación es desterrado por los suyos hasta la tranquila Lanzarote, donde deberá pasar los últimos años de su carrera. Lo que no puede imaginar, ni él ni nadie, es que la investigación del caso del atropello de una joven de diecinueve años originaria del Este va a desenmascarar una trama de crimen y poder en varias ciudades europeas.

En una espiral de intriga que no da tregua al lector, conoceremos desde las razones íntimas de unos personajes inolvidables hasta los altos intereses económicos que mueven las insospechadas piezas del juego. Una novela magistral que nos acerca al corazón de la gente corriente y nos muestra cómo el ansia de poder puede transformar a las personas en esta era que vivimos: el tiempo de las fieras.

Un thriller épico y voraz.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Poco a poco voy publicando todas las reseñas de aquellas lecturas que hice tiempo atrás. Suerte que, a medida que voy leyendo, también voy tomando notas sobre la lectura, -las emociones que me despierta el relato, los sentimientos que me genera un determinado personaje-, de tal modo que ahora, al releerlas, me permiten regresar a la trama con bastante nitidez. Y como no quería dejar en un cajón mi opinión sobre El tiempo de las fieras de Víctor del Árbol, con quien tuve el placer de conversar el pasado mes de octubre (puedes leer la entrevista aquí), vengo a contaros qué me pareció esta novela.

El tiempo de las fieras es la secuela de Nadie en esta tierra, novela que yo no leí en su día pero que tampoco me impidió disfrutar de este tiempo de fieras, aunque sobre este asunto haré alguna puntualización después. Víctor del Árbol vuelve a retomar a algunos personajes de la novela previa, algo que es la primera vez que hace, para seguir dándoles vida. Así, el lector, que ya leyó la anterior, va a poder descubrir cómo han ido evolucionando. De tal modo que, por estas páginas, asomará de nuevo el Gordo Soria, un subinspector de policía que ha terminado recalando en Lanzarote a modo de castigo. Algo hizo en el pasado que lo ha condenado a vivir en esta especie de destierro, alejado de su mujer Pura. A Soria, para que no moleste mucho ni se meta en muchos problemas, le encargan asuntos de poca enjundia, algún robo o algún atropello con fuga. Y es que una joven que circulaba en bicicleta por una «carretera desierta que cruzaba una llanura sin relieves» ha sido atropellada. El conductor se ha dado a la fuga y la joven queda varada y malherida en una ladera. Este accidente de tráfico, camuflado en apariencia como un simple siniestro y un abandono provocado por el miedo, esconderá mucho más. De entrada, la intención.

La víctima del atropello, de nombre Vesna, consigue sobrevivir. Es de origen moldavo y lo primero que sabremos de ella es que ha tenido una vida algo nómada. Con la sensación de no encajar en ningún sitio, se ha movido de un lugar a otro hasta terminar residiendo en Lanzarote. 

«De una manera u otra, siempre terminaba volviendo a ella la sensación de que no encajaba en ninguna parte. Fingía tratando de ser una más, de hacer lo que hacía la gente normal, interpretar un papel, pero al cabo de poco tiempo los demás la señalaban como la rara, la introvertida y elusiva, esa chica un poco fuera de la realidad de la que no se sabía exactamente qué esperar». [pág. 13] 

 

Allí trabaja como camarera y no tiene más conocido que el cocinero de su lugar de trabajo,  un tal Román con el que entabla una cierta amistad, sin excesiva profundidad.

Al Gordo Soria le tocará investigar este atropello, pero la chica se lo pondrá difícil al desaparecer sin más. Así que, como primer hilo de la trama, tendremos a una joven extranjera, ejerciendo de camarera en Lanzarote, pero Vesna tiene muchas capas que el lector irá descubriendo con el avance de la lectura y a través de la investigación policial.

Por otra parte, un segundo hilo se centrará en otro personaje misterioso, que viene de la novela anterior. En las primeras páginas y capítulos conoceremos a un hombre que nos habla desde el anonimato y en primera persona. Poco a poco él se irá encargando, en una especie de monólogo interior, de ir desvelando piezas de su pasado: dónde vive, con quién se relaciona, por qué está en aquel lugar, que ocurrió en su pasado o cuáles son sus mayores enemigos. Este personaje despierta una gran curiosidad en el lector pues, si bien, no parece tener conexión con lo que iremos leyendo después, lo cierto es que su protagonismo será muy importante. Y muy vinculado a este personaje, tendremos al Oso Dávila, «el hijo de puta más grande que ha pisado la faz de la tierra», pero del que mejor no cuento nada más.

Pero a estas dos subtramas se sumarán las vidas de otros viejos conocidos, como la de Virginia Ortiz, una ejecutiva que acude a Lanzarote a investigar el incendio de una de las fábricas de su emporio familiar y el fallecimiento de ocho trabajadores, más un suicidio. Y, por último, más en segundo plano, la vida actual de Julián Leal, con un pie más en el otro mundo que en este, y que también procede de la novela anterior.

Esto sería, simplificando mucho, lo que vas a encontrar en El tiempo de las fieras.  ¿Qué conexión habrá entre la joven atropellada, el subinspector venido a menos, el tipo misterio, la ejecutiva y o el moribundo? Bueno, esa es la labor de Víctor del Árbol, construir una historia en la que todas las piezas encajen.

Qué me ha gustado de esta novela

Y encajan. No puedo más que aplaudir la urdimbre de esta historia. Víctor del Árbol consigue levantar una estructura sólida y, a mi modo de ver, de muy difícil ejecución. La historia avanza y retrocede, porque resulta necesario conocer el pasado de los personajes para entender su presente. Al margen de que, también hay que poner al nuevo lector -aquel que no leyó Nadie en esta tierra- en contexto. Además, y teniendo en cuenta que la novela cuenta con un amplio abanico de personajes, la trama se focaliza en uno u otro para que podamos conocerlos con mayor profundidad. Y a todo esto se une el viaje geográfico que el autor nos propone pues, casi sin despeinarnos, nos moveremos de Lanzarote a Nueva York, pasando por Barcelona, Bosnia, México o Venezuela. ¿Entendéis por qué os digo que la urdimbre es para aplaudir? Y esos escenarios no van a ser meras localizaciones. A Víctor del Árbol le gusta ubicar exactamente al lector, y sus descripciones de los espacios consiguen que nos integremos en el entorno. Podremos ver la aridez y el carácter desértico de Lanzarote o los cangrejos de la Isla de Cubagua. 


«Esta tierra pertenece a la lava y al océano, a sus volcanes y a sus profundidades. Si quieres vivir aquí, tienes que dejar que la isla te reconozca; con el tiempo se acostumbrará a tu presencia y te cederá un sitio». [pág. 13]


Más allá de las tramas y de los personajes, el punto fuerte de las novelas de Víctor del Árbol es la intencionalidad. ¿Qué desea mostrarnos este autor? ¿Sobre qué quiere que reflexionemos? Admito que no he leído todo lo que ha publicado pero en las novelas que han pasado por mis manos, siempre me he encontrado una historia dura, con hombres y mujeres que no son meros paseantes de este mundo, sino supervivientes. A unos no les queda más remedio que jugar con las cartas que la vida les ha dado. Y otros, sólo quieren huir y encontrar una vida mejor. Víctor del Árbol refleja como pocos la complejidad de la naturaleza humana, la dualidad del hombre, porque ni los buenos son siempre buenos, ni los malos lo son a todas horas. En sus novelas, como en el mundo, hay gente sin escrúpulos. Todos sabemos que en el entramado financiero y empresarial hay individuos a los que no les importa pisar al prójimo con tal de conseguir dinero y éxito. Ahí fuera hay fieras, las que dan título a esta novela, gente que mueve los hilos del mundo, cuyas decisiones, aunque creamos que no, terminan por afectarnos. Pero también hay gente que se ve obligada a una vida que no ha elegido, que le ha venido impuesta. Porque eso de que todos tenemos la opción de decidir qué camino coger es sólo verdad hasta cierto punto. 

«Cuando se nos obliga a elegir, lo hacemos, aunque no quieras, aunque duela». [pág. 39]


¿Es necesario leer Nadie en esta tierra?

Como te dije antes, yo no he leído esa novela y he podido leer esta sin problemas. Pero aquí entramos en el eterno debate. ¿Realmente no es necesario? Yo respondería lo de siempre, no es necesario pero sí recomendable. De todos modos, si te metes en esta historia sin un conocimiento previo, no te preocupes. Víctor te va a dar las claves necesarias para que comprendas quién es quién y por qué ocurre lo que ocurre. Lo que pasa es que, para rellenar esas pequeñas lagunas que irán surgiendo con la lectura, tendrás que ser paciente y , poco a poco, irás respondiendo a las preguntas que te irán surgiendo a medida que vayas leyendo, si bien es cierto que serían muchísimas menos si hubieras leído la novela anterior. En fin, eso ya es decisión de cada uno. Yo sólo me limito a contarte mi experiencia e insistirte en que la he leído sin problema alguno, que la he entendido, y que, si en algún momento me falto información, esperé a que Víctor me la facilitara. 

Personajes

El tiempo de las fieras es una novela muy coral. Hablar de todos los personajes sería pesado y largo, así que me limito a unos cuantos. 

* Vesna es un personaje que arrastra su pasado como si fuera esa bola de hierro que a los presos le ataban antaño al tobillo. De entrada, sabremos cómo es su vida actual pero toda la información de ese pasado terrible nos llegará en su momento justo. Entonces, sabremos por qué la han atropellado, por qué ella trata de desaparecer, o por qué necesita hacer justicia. A mí me ha gustado mucho este personaje. Siento que es de esas personas que no sólo se quejan sino que actúan, aunque eso suponga enfrentarse a terribles monstruos. Y gente así nos hace mucha falta.

* Gordo Soria, el subinspector deslenguado e irónico que me cae bien. Es un tipo de métodos cuestionables pero es que el camino recto es el más directo. Me gusta verlo en esos momentos de soledad, cuando está entretenido con sus dioramas. A veces me he sonreído pensando en él porque lo veo así, algo brutote, pero entregado a la complejidad de algo tan delicado como son los dioramas. También me gusta verlo cuando se debate con sus propios monstruos, cuando piensa en su mujer Pura, cuando lo vemos vulnerable y débil. 

* El hombre misterioso. Percibo a este personaje como un apátrida, un lobo solitario que debe cuidar de sus espaldas. No crea vínculos con cualquiera. No le interesa porque una sombra le pisa los talones. Pero este hombre tiene familia, aunque las cosas se hayan deteriorado tanto. Y también fue niño un día, y tuvo un padre, al que ha llegado a entender y a mí eso me produce cierta ternura porque, a pesar de su destino, le veo un ápice de humanidad. Un hombre que habla así de su padre tiene que tener algo de luz en su interior.

«Sí, mi padre era un borracho, y un pusilánime -casi un cobarde-, pero era algo más que eso; todo el mundo es algo más que sus virtudes o sus defectos. Él nos amaba, por muy banal que suene ahora, por más que su amor no tuviera consecuencias duraderas. Amaba a mi hermana Elisa, y sé que me amaba a mí, pero sobre todo amaba a nuestra madre, y lo hacía sólidamente, si contrapartidas ni preámbulos, sin acuerdos previos. La amaba con desesperación -cuando se frotaba la cara con ambas manos escuchando sus reproches-, como una derrota inevitable. Siempre con aquel maletín y sus catálogos inútiles a cuestas, con la eterna promesa hecha a sí mismo de que en alguna parte estaba su destino bordado con letras de oro... Quien se atreva a juzgar a un hombre por eso no conoce sus propias debilidades». [pág. 48] 

Para mí este es ese personaje del que os hablaba antes, el que juega con los naipes que le han dado, porque no le queda otra. 

* Virginia Ortiz es madre, hija de ejecutivo y ejecutiva a su vez. Por cuestiones que ya descubriréis, renuncia a su verdadera vocación. Es ese personaje que sufre un dilema interno. ¿Ha hecho bien vendiendo su alma al diablo?  Virginia tiene la oportunidad de mirar el mundo desde dos perspectivas distintas - la justa y la injusta, la que le tiende la mano al otro y la que lo pisotea-, así que será un personaje que nos dejará importantes reflexiones.

«Quizá su hija mayor tenía razón, tal vez era una auténtica hija de puta, manipuladora, iracunda, una cuarentona amargada y odiosa. Una olla a presión a punto de reventar. Sin nadie con quien hablar de las heridas del pasado, de matrimonios fallidos, de horrores vistos durante sus años en la policía, de la culpa por haber dejado tirado a su mejor amigo cuando este más la necesitaba». [pág. 104]


Todos ellos, y otros tantos -Jorge Migrén, Norman Hill, los hermanos Driss, Mario, Lejla o Román-,  que irán surgiendo, consiguen que las dispersas piezas del puzle que compone el autor terminen por encajar. Algo que me gusta mucho en las novelas del Víctor del Árbol es que todos sus personajes son protagonistas. Si inicialmente pensabas que alguno era un mero figurante, de repente, ocurre algo que lo coloca en el centro del escenario, eclipsando a todos los demás. Y es que dice Víctor del Árbol que no le gustan las historias secundarias porque no hay personajes secundarios, sino que todos somos importantes en un momento dado, que todos son necesarios para el otro, en una determinada circunstancia.

Estructura y estilo

La novela está estructurada en seis partes, a las que anteceden un prólogo y quedan cerradas con un epílogo. A lo largo de esos seis bloques se distribuyen un total de cincuenta y cuatro capítulos de corta extensión, y encabezados por la ubicación en la que se desarrollarán los hechos, y que incitan al lector a continuar leyendo.

Dos voces narrativas nos esperan entre estas páginas. Diría que el grueso de la trama viene narrado por una voz en tercera persona mientras que el hombre misterioso se dirigirá a nosotros en primera. Creo que elegir esta opción para ese personaje ha sido muy acertado. Yo decía antes que era un lobo solitario y, por tanto, nadie mejor que él para hablarnos de sí mismo. 

No le falta ritmo a esta historia. Constantemente estamos cambiando de localización, y continuamente cambiando de un personaje a otro, de tal modo que, en esta lectura no cabe el aburrimiento. Y como los capítulos son tan breves, lo que te decía antes, te vas a exigir leer uno más, uno más, uno más. 


En definitiva, El tiempo de las fieras es una novela más negra que el carbón, de compleja estructura y personajes definidos en lo profesional y en lo personal. La novela hace un retrato del lado más oscuro de la sociedad del siglo XX y XXI. Entre estas páginas no faltan los homenajes y tampoco los giros inesperados, que conducen a los personajes por los vericuetos de la venganza, la traición, el chantaje, y los silencios comprados. Estamos ante una novela muy recomendable, con un final a la altura, que pone fin a la vida de Vesna, el Gordo Soria y el resto del elenco.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí en tapa blanda, aquí en Kindle y aquí en audiolibro.


jueves, 27 de marzo de 2025

LORENZO SILVA: ❝Mi trabajo como novelista está en la estela de Cervantes❞

Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro siguen dando alegrías a los lectores. Se cumplen ahora treinta años desde la publicación de El lejano país de los estantes y, aunque Vila tiene ya unos añitos, Lorenzo Silva, el artífice de esta pareja literaria de guardias civiles, tiene claro que a estos dos todavía les queda mucho camino por recorrer. 

A Vila y a Chamorro los hemos visto actuar en diferentes localizaciones nacionales e internacionales, siempre tras la pista del criminal que haya perpetrado el asesinato de turno. En esta ocasión, se quedan en territorio patrio, moviéndose entre Extremadura y Toledo. Y es que, en esta nueva novela, Las fuerzas contrarias, nos encontramos dos líneas argumentales. Por un lado, una investigación que se desarrolla en Badajoz sobre la desaparición de Esperanza Gil y el cerco al supuesto sospechoso. De este asunto se ocupará Arnau, un compañero del equipo. Por otro lado, la muerte de una anciana en un edificio del pueblo de Illescas. Al principio piensan que esa muerte es por Covid pero una serie de circunstancias inclinan la balanza hacia un asesinato.

La idea para esta novela parte de un dato curioso. A Lorenzo Silva le contaron que, durante la época más dura de la pandemia y el coronavirus, si se daba aviso a la policía del fallecimiento de alguna persona en su domicilio, comunicaban el óbito al médico forense para que certificara la muerte. La cosa es que, algunos médicos, y ante el temor del contagio, si no existían evidencias de signos de violencia que hubieran podido provocar el fallecimiento de la persona, ni siquiera acudían al domicilio e inspeccionaban el cuerpo sino que, desde el mismo portal, firmaban la defunción por coronavirus. Esta singular actuación da que pensar. ¿Y si resulta que la persona en cuestión murió por asfixia? ¿Y si alguien, aprovechando la coyuntura, cometía un asesinato que quedó camuflado como muerte por Covid? Esta es la premisa de la que parte la novela. De esto y de muchos asuntos más conversé con Lorenzo Silva la semana pasada. Os dejo con la conversación.

Marisa G.- Lorenzo, un placer tenerte en Sevilla y volverte a ver. 

Lorenzo S.- Lo mismo digo.

M.G.- Empecé a leer tu  novela. Voy por la página doscientas y me la estoy bebiendo.

L.S.- Me alegro. Para eso son.

M.G.- Creo que estamos en la entrega número ¿doce o catorce?

L.S.- Duodécima novela pero hay dos libros de relatos más, así que este sería el decimocuarto catorce.

M.G.- Tengo que confesarte que soy un poco reticente a la hora de enfrentarme a sagas. Porque no tengo paciencia y no por otra cosa. Pero estamos hablando de una serie de tiene muchas entregas y admiro a esos autores que, como tú, son capaces de mantener esa atención de los lectores a lo largo de los años. Son 30 años ya.

L.S.- Treinta años y cinco mil páginas.

M.G.- ¿Y eso cómo se consigue?

L.S.- Pues fíjate, cuando empecé no sabía que iba a ser una serie. Pero escribí una segunda y empecé a pensar que esto podría tener continuidad pero me planteé como una media docena, sin pasar de ahí. Pero llegué a la media docena, escribí la séptima y después de la séptima pensé que estos personajes estaban vivos y que podría continuar. A partir de ahí me pregunté cómo yo mismo podría sobrevivir a algo tan largo. Decidí convertir esta serie y a estos personajes en una especie de lugar donde vivir, al que vuelvo de vez en cuando y que, al igual que ocurre con tu casa, la tienes que mantener habitable, la tienes que reacondicionar, cambiando muebles de sitio. Lo que sí tuve claro en ese momento fue que no podía escribir catorce veces la misma novela, que tenía que cambiar. Por eso hay novelas en las que volvemos al pasado del personaje, o novelas en las que los envío a sitios tan excéntricos y distintos como Afganistán, o novelas en las que, por ejemplo, Vila y Chamorro no están juntos. De hecho, hay una novela en la que a Chamorro le pegan un tiro al principio de la trama y ellos van a mantener una relación como a distancia. Intento siempre buscar un argumento nuevo, una forma nueva de contar y de acercarme a estos personajes. La ventaja que tengo es que los conozco muy bien. Les tengo mucho cariño y uno siempre quiere volver con la gente a la que le tiene cariño. Creo que eso se transfiere al lector. Si los lectores vuelven a la serie es porque les tienen cariño y no porque la novela les vaya a deslumbrar, a asombrar, a descolocar. No hay deslumbramiento que aguante treinta años. Si tú estás con una persona treinta años no es porque te sigue deslumbrando cada mañana, sino porque habéis desarrollado esa forma de afecto, de familiaridad, de estar a gusto, de estar en un lugar en el que uno quiere estar y al que quiere volver.

M.G.- Las fuerzas contrarias arranca en el momento en el que el presidente del Gobierno anuncia que va a decretar el estado de alarma. Es una novela que se engloba dentro de la pandemia y del confinamiento. Si te soy sincera, cuando vivimos aquella mala experiencia, pensé que iba a haber un boom de novelas enclavadas en la pandemia. Me ha sorprendido que, al final, no haya tantas.

L.S.- En libros y ficción audiovisual, prácticamente nada. El cine o la televisión le han dado la espalda completamente. A mí no me sorprende. No es la primera vez que escribo sobre este tema. Cuando me planteo cómo escribir y acercarme a este asunto, tengo que ser consciente de que para mucha gente es un recuerdo amargo, un recuerdo tenebroso, incluso. El ser humano no quiere volver a lo amargo ni a lo tenebroso, más bien prefiere eludirlo o sortearlo. Quizá sea esa la razón por la que se indaga poco en este episodio. En el caso de la serie de Bevilacqua, que desde hace treinta años tiene como cierta vocación, notarial si quieres, de levantar acta de lo que va sucediendo en la sociedad española, ¿cómo iba a evitar este episodio? No podía hacerlo. La novela anterior acaba en la Navidad del año 2019, por tanto, esta tenía que situarse en la primavera del año 2020. No me podía saltar la pandemia. Tenía que haber dado un salto de año y medio para llegar a cierta normalidad. Pero estoy había que contarlo a través de Bevilacqua y Chamorro. Lo que pensé fue que, sin escamotearle al lector el recuerdo de todo eso que ninguno queremos recordar, era una ocasión para escribir sobre la pandemia y atestiguar, de alguna forma, todo lo que no fue tan terrible, todo lo que en cierto modo nos permitió afrontar esa adversidad y superarla en la medida en que la hayamos superado. Es decir,  escribir sobre la gente que estuvo en su lugar, la gente que hizo lo que debía, la gente que se sacrificó, la gente que se expuso, la gente que puso interés en cuidar a los que estaban siendo descuidados. Todo eso también es la pandemia. Todo eso también es parte de lo que vivimos. Además, hay otra dimensión que también está en la novela, la de esos personajes que viven solos, que acaban encontrándose, no sólo con su propia soledad, sino con esa soledad que comparten, ese vínculo que tienen desde hace treinta años. Eso fue una cosa buena que trajo la pandemia y estos personajes, como hicimos todos, recapacitan sobre quiénes son, dónde están, qué hacen, por qué lo hacen, a dónde van, qué tiene sentido de lo que eres,... También revisan sus prioridades en la vida, como hicimos todos. Y ese ejercicio siempre es bueno. Hombre, es mejor que no te lo desencadene un acontecimiento tan traumático pero, ya que estás ahí... No creo que saliéramos mejor como sociedad pero sí tuvimos la oportunidad de, como individuos, mejorar algo. Luego cada uno lo aprovechó en la medida de sus posibilidades, de su carácter o de su disposición. Pero todos tuvimos esa oportunidad de mejorar individualmente y de no ir tan atolondrados por la vida.

M.G.- Creo que esa asignatura de mejorar y de convertirnos en mejores personas la suspendimos, a pesar de las expectativas que teníamos de ser más humanos.

L.S.- No, no. Eso, con  carácter general, la historia lo cuenta una y otra vez. No es la primera vez que hay una pandemia. Ha habido muchas y en todas ocurre lo mismo. En el momento del miedo, todo el mundo intenta volverse a la virtud, a los valores y tal pero, cuando el miedo desaparece, regresamos de nuevo a los vicios. Eso es lo que dice, no recuerdo bien si Procopio de Cesarea sobre la peste de Bizancio o Tucídides sobre la peste de Atenas. Uno de los dos dice que cuando desapareció el miedo se volvió al vicio con más intensidad. Creo que es Procopio el que lo dice.

M.G.- Lo has comentado en otras entrevistas. La idea de la que parte la novela fue algo que te contó alguien, algo muy significativo y que te hace pensar si realmente todas aquellas muertes por Covid, realmente fueron muertes que provocó el virus.

L.S.- Recientemente hemos sabido que una desaparición que se denunció como tal en Canarias, en realidad, fue un asesinato. Su marido la asesinó, la descuartizó y fue regando con los trocitos de su cuerpo todo el barrio, de camino al supermercado. Y lo denunció como desaparición. Es decir, aprovechó ese escenario en el que todo el mundo estaba desbordado, en el que había un montón de muertos y demás para para cometer un crimen. Esa circunstancia es una circunstancia real. Es decir, en el momento más duro del confinamiento aparecían muchos cadáveres al día. En Madrid hubo días que aparecieron quinientos cadáveres. A veces, aparecían en sus casas. Al encontrarlos, la policía llamaba al médico y algunos certificaban las muertes desde el portal, por miedo al contagio y porque, si el cadáver no presentaba signos de violencia, lo más probable es que hubiera muerto por Covid. Pero esta circunstancia da oportunidad a quien tenga una mala idea de que, en medio de ese trastorno y en esa alteración tan sensacional de la normalidad, un crimen pase inadvertido. Es perfectamente posible que alguien tuviera una mala idea y que la pusiera en práctica. No sé en cuántos casos porque eso no lo sabremos nunca.

M.G.- Cuando estuviste aquí, en Sevilla, junto con Noemí Trujillo para promocionar La forja de una rebelde, que también sucede en el confinamiento, ya comentamos que hubo muchos crímenes ventajistas que se produjeron en pandemia. Fue una época en la que todo el mundo estaba encerrado y eso podía  hacer pensar que los delitos iban a reducirse. Sin embargo, sí aumentaron las adicciones, la venta y el consumo de drogas, los delitos cibernéticos,...

L.S.- Sí, sí. Las malas ideas nunca descansan. Esa situación también generó oportunidades y hay gente que esas oportunidades las aprovechó. Todos éramos más vulnerables. Todo lo que hacíamos lo teníamos que hacer por Internet. Es decir, al final, se creaban nuevas oportunidades. Y luego, está claro que, durante ese tiempo, mucha gente se vio forzada a una convivencia de semanas. Seguramente se multiplicaron los delitos de violencia de género, la violencia intrafamiliar, más allá de lo que dicen las denuncias porque no se podía denunciar como sí se puede en condiciones normales.


[Si prefieres escuchar nuestra conversación, clic en el vídeo]


M.G.- Centrándonos en la historia que recoge la novela, recuerdo que empecé a leer y lo primero que me vino a la mente fue la madre de Vila. Estamos en un momento complicado. 

L.S.- Y él también es de la primera que se acuerda.

M.G.- Hijos y padres separados, con el temor a que los mayores se contagien. Le pasa a Chamorro también. Dentro de las situaciones propias de un entorno laboral, a la investigación criminal se unen esas preocupaciones personales, el temor a que tus familiares más vulnerables se contagien.

L.S.- Todos teníamos ese temor. Vivíamos con eso y además con la incapacidad de no poder hacer otra que llamarlos por la mañana y por la tarde, hacerles una videollamada. No podías darle ningún calor al que lo necesitaba, a quien tú tenías todo el deseo de dárselo. Al inicio de esa época empezó a quedar pronto claro que las personas mayores eran más vulnerables y eso casi te preocupaba más que caer tú enfermo. El miedo a tu propia enfermedad es un miedo bastante conjurable porque tú sabes si estás mal o no, pero el miedo a la enfermedad ajena es mucho más angustioso porque está fuera de tu control.

M.G.- En la novela encontramos muchas referencias al Quijote. Parte de la trama se desarrolla en Illescas, una localidad cercana a otro municipio vinculado con Cervantes. El Quijote es una sombra que planea por la novela.

L.S.- Es una sombra que planeta por toda la serie. Nunca lo he ocultado. Don Quijote y Sancho Panza se echan a los caminos y duermen en las ventas. Bevilacqua y Chamorro se echan a las autovías y paran en las áreas de servicio. Son dos practicantes de la andante caballería del siglo XXI. 

Mi trabajo como novelista, como el de cualquier novelista español, está en la estela de Cervantes. O de cualquier novelista que escriba en español, por ampliarlo un poco más. Incluso como novelista que se acerca a la ficción criminal en español es todavía más insoslayable la presencia de Cervantes. Antes lo comentaba en otra entrevista que tanto en El Quijote, en el episodio de los galeotes, como en las Novelas ejemplares, ya sea Rinconete y Cortadillo, El casamiento engañoso o La fuerza de la sangre, está muy presente el mundo de la criminalidad de su época. Se puede ver en el episodio de los galeotes, lo bien que él conoce a los criminales y ese conocimiento lo adquirió aquí al lado, en ese edificio que estamos viendo, donde pasó un rato largo [se refiere al edificio de la Cárcel Real de Sevilla, que se ubica cerca del ayuntamiento y que hoy, obviamente, tiene otra finalidad] .

M.G.- Cierto. Ahí estuvo. Bueno, y marca también de la casa, Lorenzo, no es sólo escribir una trama criminal, sino ir intercalando, a través de los pensamientos de Vila o de las conversaciones con Chamorro, reflexiones sobre la actualidad, sobre la realidad que vivimos. En este caso, y dado que la novela está ubicada en la pandemia, se habla mucho de la soledad o del sistema penitenciario. Hay un tema que me ha gustado mucho, porque creo que es otra asignatura pendiente, y más entre las generaciones más jóvenes, que es poner en valor a la gente mayor. Hoy somos lo que somos porque lo que ellos hicieron en su día. 

L.S.- Es evidente que la sociedad, desde antes de que lo escribiera Rousseau, se basa en un contrato, en un pacto social. Y una parte muy importante de ese pacto social es un pacto entre generaciones, un pacto que establece un principio de solidaridad entre unos y otros, entre los mayores y los más jóvenes, entre los que nos precedieron y entre los que nos han de seguir. Pero tengo la sensación de que, en buena medida, ese pacto está roto en España, está deteriorado, alterado. Hay realidades que no son normales, que son anómalas. Muchos jóvenes sienten que no tienen oportunidad y muchas personas mayores sienten que su esfuerzo, su trabajo y su sacrificio por los que vienen después, no es reconocido, ni valorado, ni atendido. Hay aspectos, más concretos y cuantitativos como, por ejemplo, que el salario medio inicial sea bastante más bajo que la pensión media inicial de los que acceden a la jubilación. Eso, para empezar, es que ni siquiera es sostenible aritméticamente. Y ese desequilibrio no lo estamos atendiendo, no lo estamos cuidando, no lo estamos solventando. Eso va distanciando y, a veces, oponiendo, incluso enemistando a los mayores contra los más jóvenes. Y este es el principio de la descomposición del pacto social y de una sociedad. Es decir, es un problema realmente grande.

Durante la pandemia, muchas personas mayores se sintieron solas, desatendidas, descuidadas. En la novela, la víctima de uno de los crímenes se llama Caridad, un nombre que, aparte de significar beneficencia, compasión y conmiseración, también significa amor y cuidado. Eso faltaba entre nosotros. Y también, la pandemia golpeó a los jóvenes que estaban en precario de una manera que no golpeó a un funcionario público de media edad. Estas situaciones golpean más a los más vulnerables y en aquel momento se puso de manifiesto muchos desequilibrios en nuestra sociedad. Por ejemplo, en la novela vemos una contraposición entre personas que tienen, más o menos, una cierta seguridad económica, de una cierta edad, y personas que viven la precariedad más absoluta, viviendo en pisos compartidos, con contratos eventuales o sin contratos, falsos autónomos. Una sociedad no puede funcionar así. Tenemos un montón de asignaturas pendientes con las que estamos conviviendo muy alegremente. Y por más que afloraran hace cinco años de manera tan cruda, tengo la sensación de que, como sociedad, hayamos tomado conciencia de la gravedad que tiene esto, la menos, a juzgar por las medidas que se han tomado para intentar revertir estos desequilibrios, medidas que son pocas o ninguna, que yo tenga conocimiento. 

M.G.- Y Lorenzo, yo que no me he leído la saga completa, me pregunto si a este Vila, honesto e íntegro, no se le conocen debilidades ni vicios.

L.S.- Sí, claro que sí. Es un hombre que ha aprendido el valor de la honestidad y el valor de la integridad, porque no siempre ha sido íntegro y porque no siempre ha sido completamente honesto. Y eso está en el relato de su vida. Creo que la virtud del que no está expuesto a ninguna tentación y la virtud del que no tiene ninguna oportunidad, pues tampoco tiene mucho valor. Vivir sometido a tentaciones, como vive alguien que tiene la vida de Bevilacqua, y con oportunidades para ser deshonesto es un aprendizaje vital. Es una decisión que tiene que ver con la inteligencia. Eso lo decía Wittgenstein, que cualquier pensamiento deshonesto es irracional, o cualquier comportamiento deshonesto es irracional. Lo racional no es ser deshonesto porque la deshonestidad no es una solución. Bevilacqua, no trae eso de fábrica y por eso ha cometido errores. La vida le ha enseñado que lo racional es comportarse honestamente. Además, en su caso, hay algo muy evidente. En su trabajo, si un agente de Policía judicial se salta las reglas y toma atajos se carga la investigación, se la carga legalmente. Es decir, le está dando una baza al abogado defensor del delincuente para exonerarlo. Así que, más allá de su integridad ética, si quiere hacer bien su trabajo, tiene que seguir los cauces legales y ser honesto en la investigación, incluso con el delincuente.

M.G.- No nos queda mucho tiempo pero todavía quisiera hacerte un par de preguntas. Vila y Chamorro siempre han tenido una relación afable, de respeto, de cordialidad, de compañerismo. En esta novela, en la que todos se sienten más vulnerables, parece que la crisis sanitaria les permite un acercamiento más personal y no tanto profesional. Esa situación hace que exista una conexión más personal e íntima entre los dos.

L.S.- Sí. Hay un concepto en la pandemia que es el de convivientes. Convivientes era la gente que vivía empadronada en el mismo sitio que tú. Con esa gente te podías quitar la mascarilla. Bueno, pues Bevilacqua y Chamorro, técnicamente, no tienen ningún conviviente. En su casa solo están empadronados ellos. En la casa de Bevilacqua sólo está empadronado Bevilacqua y en la casa de Chamorro sólo está empadronada Chamorro. Sin embargo, en el curso de la investigación y en el curso de esa soledad en la que viven cuando vuelven de trabajo, o de esa soledad compartía que viven cuando están trabajando juntos, porque hasta han fragmentado al equipo para no contagiarse entre ellos, en esa soledad descubren que ellos, aunque no en términos técnicos de la pandemia, también son convivientes. Son convivientes porque pasan la mayor parte del tiempo juntos y, además, ese roce, aunque sea profesional, ha traspasado los límites del trabajo para entrar en quienes son, en su ser más profundo. Probablemente nadie conoce a Chamorro con tanta profundidad como Bevilacqua y viceversa. Incluso hay un momento en el que se quitan la mascarilla y si cae uno, caen los dos porque, en cierto modo, son convivientes. Es una situación que no se podía producir en ninguna novela anterior de la serie. Esta coyuntura excepcional me ha servido para dar una vuelta de tuerca a su relación, que no podría haberle dado en otra, en otro contexto.

M.G.- Me llevaría más tiempo hablando contigo pero hay que acabar. Por último, quisiera plantearte algo. Vila ya tiene unos años. Chamorro es más joven. ¿Cabe la posibilidad de que Vila se jubile y continúes la serie únicamente con Chamorro?

L.S.- Bevilacqua se va a jubilar en ocho años porque en la ficción tiene cincuenta y siete años. Podría aguantar con una prórroga en la reserva hasta los sesenta y cinco. Puede que cambie la ley pero, si no cambia, en ocho años, es decir en 2028, a Bevilacqua lo pasaportan de la Guardia Civil. La ficción, como vemos en esta novela, va por el año 2020. Chamorro es más joven pero ya veremos. Cuando llegue a ese río ya veré qué puente hago para cruzarlo. Y no quiero destripar la novela pero sí diré que, en el desenlace, se va a producir un cambio sustancial en la situación de Bevilacqua y en la relación de los dos.

M.G.- Pues déjamelo ahí en el aire que tengo que terminarla. 

L.S.- Te lo dejo ahí pero en la siguiente novela ya estará en otra situación.

M.G.- ¡Ah! Lo dejas ahí. Pues la terminaré pronto. De momento, te digo que la estoy disfrutando mucho. Me la estoy bebiendo porque es muy entretenida. Es verdad que la pandemia nos remueve a todos por dentro pero es algo que hemos vivido y ya está. 

L.S.- Sí, lo tenemos que asimilar y lo tenemos que convertir en un aprendizaje, hasta donde cada uno sea capaz y tenga posibilidad de aprovecharlo. 

A raíz de la pandemia, he perdido a personas muy cercanas pero bueno, eso es la vida y la vida es así. Creo que cuando uno tiene una conmoción de este calibre, también tiene una cierta obligación de extraer algo que te sirva para construir tu camino futuro. Creo que, a nivel individual, bastantes personas lo han hecho. Yo he intentado hacerlo y no sé si lo he conseguido pero sí sé que hay personas que se han replanteado cosas importantes en sus vidas. Me sabe mal que colectivamente no lo hayamos hecho. Es decir, hace cinco años el mundo estaba hecho unos zorros y ahora está casi peor y en peores manos. Qué poco hemos sacado en claro de lo que vivimos.

M.G.- No hemos aprendido nada. Lo dejamos aquí. Lorenzo, un placer tenerte en Sevilla.

L.S.- Un placer. 

Sinopsis: Un caso único para Bevilacqua y Chamorro. Una de las sagas más exitosas de nuestro país que celebra tres décadas.

El subteniente Bevilacqua y la brigada Chamorro tendrán que enfrentarse a  no de los mayores retos de su carrera: el esclarecimiento simultáneo de dos muertes en el momento más crítico que ha vivido nuestra sociedad en las últimas décadas.

Dos casos que dejan huella en una novela que nos habla sobre cómo con ocasión de la pandemia se hacen sentir las fuerzas adversas a nuestro bien común, a nuestro futuro, a nuestra esperanza; unas fuerzas que vienen de más atrás y van más allá de la acción del virus.

Una narración que explora, a través del género negro y de la complicidad entre un hombre y una mujer que llevan media vida batallando juntos, esa conmoción colectiva tras la que nada, tampoco para ellos, volverá a ser igual.

La historia más íntima de Bevilacqua y Chamorro. Una doble investigación en tiempos oscuros que los unirá como nunca y marcará un giro en su relación.

 

jueves, 13 de marzo de 2025

IBON MARTIN: ❝Alma negra es un libro que cierra una tetralogía perfecta y redonda❞

La gripe A me tumbó. La pillé días después de mi encuentro con Ibon Martín en Sevilla y me ha tenido fuera de combate dos semanas y, luego, una semana más con secuelas varias. Todavía me perdura la tos pero, al menos, he dejado de arrastrar mi cuerpo. Por eso esta entrevista ve la luz tan tarde, aunque, como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. Y esta dicha es buenísima.

Ibon llegó a Sevilla una tarde de cielo gris y fina lluvia para promocionar su última novela, Alma negra. Se trata de la cuarta entrega del universo capitaneado por Ane Cestero y su equipo. Vuelve Martín a llevarnos de la mano hacia el País Vasco, para mostrarnos un paisaje abrupto y herido como son los Montes de Hierro, a unos veinte minutos de Bilbao. Se trata de una tierra llena de leyendas y mitos que también tendrán su protagonismo en la novela. Como siempre, el lector se topará de bruces con un cadáver pero esta novela tiene mucho más. Os dejo con nuestra conversación.

Marisa G.- Ibon, un placer tenerte en Sevilla y volverte a ver. Creo que nos vimos con la anterior, con La danza de los tulipanes [En realidad, fue con La hora de las gaviotas]. Con la última no te vi o no coincidimos.

Ibon M.- Con El ladrón de rostros tenía que haber aterrizado en Sevilla pero mi avión no pudo aterrizar por la niebla y se canceló el viaje.

M.G.- Ah. Entonces no pisaste tierra.

I.M.- Pisé tierra pero no tierra sevillana. 

M.G.- Entiendo. Bueno, cuarta y última entrega de la saga de Ane Cestero. Me consta que te ha caído regañina que mucha gente que sigue la saga te lo ha preguntado. ¿Por qué cerrar la saga? ¿Te has cansado del personaje?

I.M.- No, no, no me he cansado y no quiero cansarme tampoco. Mira, soy muy lector y también me gusta mucho consumir series de televisión, y siempre me queda la sensación de que, tanto mis colegas escritores que escriben sagas como las series, pecan de querer estirar demasiado las situaciones y los personajes. No quiero que me pase eso. Desde el primer momento me planteé que, como mucho, haría cuatro novelas e igual menos. Finalmente han sido cuatro y me da mucha pena acabar porque Ane Cestero y Julia tienen todavía recorrido pero creo que es mejor así.

M.G.- A mí me parece un planteamiento inteligente porque es verdad lo que comentas que, a veces, se intentar estirar demasiado el chicle y creo que, al final, el producto que resulta es de peor calidad que aquel del principio.

I.M.- Sin ninguna duda. Es lo que pasa siempre que llega un punto en el que tienes la sensación de que se están repitiendo y yo no quería que me pasara algo así. 

Creo que Alma negra es un buen cierre. Se puede leer de manera independiente aunque es verdad que da respuesta a algunas de las preguntas, a nivel personal, que tenían los lectores de estos personajes. En Alma negra se da respuesta a todas ellas y creo que es el momento de decir ya. Alma negra es un libro que cierra una tetralogía perfecta y redonda. Dejémoslo ahí. Ahora no sé qué vendrá. 

M.G.- Te he escuchado decir que el 1 de marzo te tienes que sentar a escribir.

I.M.- Sí. Me tengo que sentar a escribir porque me gustaría que, como mucho, tener libro nuevo en dos años. Eso supone empezar a escribir y a pensar. No te voy a negar que voy pensando ya. De hecho, mi idea es que, en cuanto tenga un rato libre, aquí por Sevilla, darme un paseo por la orilla del Guadalquivir y pensar. No buscando localizaciones porque lo que sí sé seguro es que la novela nueva estará situada en el País Vasco y será un thriller pero, para mí, la mejor manera de pensar es caminar con una libreta y un boli en la mano. Así es como me surgen todas las historias.

M.G.- Alma negra es el título de esta nueva novela. Nos propones una trama doble. Por un lado, el lector va a ser testigo de la investigación de la muerte de Teresa Echegaray, que es una empresaria que quiere impulsar la reapertura de unas minas de hierro. Por otro lado, vamos a tener un caso mucho más personal que atañe a Julia. Y claro, ese caso de Julia nos lleva acompañando un cierto tiempo. Me refiero a la trama de los bebés robados, de la que se ha escrito y dicho mucho pero tengo la sensación de que todavía hay mucho que desvelar sobre esta cuestión.

I.M.- Sí, bueno, sobre el tema de los bebés robados, creo que conocemos una mínima parte. En el momento en que me puse a documentarme para esta novela sabía que en Bizkaia había existido uno de los puntos importantes de robos de bebés a nivel de toda España pero la cosa iba mucho más allá de lo que yo creía en un principio. Había estamentos muy importantes dentro de esa trama, gente importante del poder social, económico o judicial. No es algo que se quedara en un convento y en un par de ginecólogos que practicaban mal su trabajo, sino que iba bastante más allá. De algún modo quería que todo eso estuviera en Alma negra.


[Si prefieres oír nuestra conversación, clic al video]


M.G.- Y en esta novela también tocas la industria de la minería, la reapertura de una mina. Ahora estamos viendo que muchas minas que estaban cerradas se van a volver a abrir. Un tema polémico porque tiene muchos  pros y muchos contras.

I.M.- Claro que tiene pros y contras. En su día, cuando las minas estuvieron abiertas, generaron dinero, pero fue un dinero que costaba mucho sudor y mucha sangre, porque al final las minas pues traen también contaminación, trabajos precarios, accidentes,... A día de hoy, cuando se pretende reabrir una mina no es tan fácil como en el pasado. Antes llegabas, abrías una mina y nadie venía a enfrentarse pero ahora, ya vemos la contestación que hay en todos los pueblo en los que se quiere reabrir una mina. Hay gente a favor y gente en contra. Es lo que ocurre en los Montes de Hierro, en Bizkaia. El hierro vuelve a ser rentable y se pretende reabrir la mina pero la gente que vive ahí, en esos montes, no quiere volver a oír hablar de la mina. Es un tiempo que dan por cerrado y no lo recuerdan con especial cariño. Así que, en la novela, la promotora de esa reapertura va a morir asesinada. La investigación nos va a llevar de lleno a ese territorio minero y vamos a descubrir todos sus secretos.

M.G.- Entiendo que, tras la muerte de Teresa Echegaray, habrá viejas rencillas.

I.M.- Tras la muerte de Teresa vamos a ver que hay muchos posibles sospechosos y sí, nos vamos a encontrar muchas rencillas, tanto viejas como actuales. Son rencillas que surgen a partir de que alguien de clase alta, y que vive en la margen derecho del Nervión, donde viven los grandes empresarios vascos, pretende reabrir una mina en la margen izquierda que es la parte donde vive la mano de obra. Nos vamos a encontrar esa nueva rencilla pero también rencillas heredadas del pasado que surgieron precisamente por la mala gestión que se hizo de la mina en los últimos tiempos y que llevó a mucha gente de la zona a odiar a los propietarios de la mina.

M.G.- Y como novedad, vamos a tener a una Ane Cestero que ha colgado el hábito. Ha tenido que entregar arma y placa porque está suspendida de empleo y sueldo. Ahora regenta un tostadero de café. ¿Cómo encaja en su nueva situación, alejada del mundo policial? 

I.M.- Ane Cestero es la gran protagonista de la serie. Tenemos también a Julia y a otros personajes con mucha fuerza pero Ane Cestero es la gran protagonista que ha sabido rehacer, en cierto modo, su vida. Ella es una policía vocacional al 100% pero ha tenido un problema con Asuntos Internos por haber disparado a un sospechoso. Eso se ha traducido en una suspensión por eso ha montado un tostadero de café y lo lleva bien pero se da cuenta de que echa de menos su trabajo. 

Julia le va a pedir ayuda para intentar desvelar una serie de preguntas que han surgido en relación a su madre biológica. Julia es una niña roba y Ane, por ayudarla, va a estar a punto de perder la vida. La vamos a ver enfrentándose a una investigación sin ser policía, sin pistola, sin placa y sin ninguna facilidad.

M.G.- ¿Por qué lo del tostadero de café? A una tía así de dura le pegaba más un bar de copas o algo así.

I.M.- Es cierto, pero me gustaba la idea de jugar con eso. En todas las novelas previas hemos visto a Ane consumiendo mucho café. Ella necesita mucha cafeína. Por eso me gustaba la idea. Ane se ha retirado a un pequeño pueblo de interior, entre las montañas, va a vivir con su novio pastor y la vamos a ver tostando café en el garaje. De repente, ha adoptado una vida mucho más monacal de lo que en apariencia le pega. Me gustaba jugar con ese contraste y creo que, en cierto modo, le va bien haber cambiado la costa por la montaña, le va bien haberse echado un novio y estar ahí, tostando café pero bueno, enseguida se lo van a poner difícil.

M.G.-  Pero esto de tostar café... ¿Qué sabías del tema? Habrás tenido que estudiar sobre el tema.

I.M.- Sí, claro. Detrás de una novela siempre hay mucha documentación. Y la documentación. En este caso, he tenido que visitar un tostadero que tengo cerca de casa. Les conté lo que quería hacer y me pasé una mañana allí con ellos, viendo cómo lo hacían y alucinando del olor maravilloso a café tostado y sin tostar. Aprendí todo tipo de terminología para poder llevarla a la novela. 

M.G.- Comentas que Cestero es la gran protagonista de la novela, pero quizá, en este caso, ¿no le cede un poco de protagonismo a Julia? Porque en el caso de la muerte de Echegaray será Julia la que lleve la voz cantante.

I.M.- Es verdad que en esta novela Julia cree muchísimo como personaje. El lector va a empatizar mucho con ella porque va a pasar momentos realmente malos. Vamos a ver a una Julia mucho más vulnerable de lo habitual, padeciendo ataques de ansiedad con los que creo que muchos lectores se van a sentir identificados porque es el pan nuestro de cada día.

M.G.- ¿Y de qué manera va a influir esa faceta personal a la hora de enfrentarse al caso de la investigación criminal?

I.M.-  Es verdad que la vamos a ver muchas veces descentrada, asustada y vulnerable pero creo que lo que más aporta Julia a esta novela es la humanidad. Julia siempre ha sido el personaje más humano de mis novelas pero ahora la vamos a ver mucho más cercana. Vamos a sentir mucha empatía y nos vamos a ver muy identificados con ella.

M.G.- Entre Ane y Julia vamos a ver una relación basada en un término que usamos mucho ahora, la sororidad. ¿El resto del equipo sigue igual de compacto?

I.M.- Sí. Es un equipo envidiable. Tienen muy buen rollo entre ellos pero claro, no todo es perfecto. Les van a poner todo tipo de trabas porque hay policías que se quieren quedar con una investigación tan mediática como la de Teresa Echegaray y están decididos a hacer lo que haga falta para arrebatarles la investigación. Así que, por un lado, vamos a encontrarnos con la unión que existe entre los miembros del a UHI pero, por otro lado, veremos los ataques que sufren desde fuera de la Ertzaintza, que, por desgracia, son situaciones más o menos reales. 

Dentro de la policía, como dentro de cualquiera de nuestros trabajos, muchas veces no son los buenos los que consiguen liderar las comisarías o los equipos, sino que hay gente más experta en hacer la pelota o en venderse bien por los pasillos. Así que, vamos a ver también la realidad de ese mundo.

M.G.- La acción se sitúa en esos Montes de Hierro, en Meatzaldea. ¿Cómo es esa zona que yo no conozco?

I.M.- Es una zona fascinante, un regalo magnífico para un escenario de novela y una visita que, de verdad, recomiendo mucho cuando se vaya al País Vasco. Está muy cerquita de Bilbao, a unos veinte minutos, pero nos alejamos de la ría, subimos a cuatrocientos metros de desnivel y, a partir de ahí, entramos en los Montes de Hierro o en Meatzaldea, que es la palabra en euskera. En realidad, Meatzaldea quiere decir zona minera. Y lo que nos encontramos es un territorio donde había hierro, un terreno totalmente herido por grietas, cicatrices, bocaminas, y todo tipo de artimañas para poder robarle el metal a la tierra. En algunos puntos es bonito, porque algunos pozos que estaban hechos a cielo abierto se han inundado al abandonarse las minas y hoy son lagos que aparentemente los ves y tienen además aguas de color verde y tal. Claro, son verdes por los tóxicos que tienen todavía y desde luego que es un entorno en el que la naturaleza y el daño que le ha hecho el hombre se funden y crean un paisaje inquietante, bello y siniestro al mismo tiempo.

Los pequeños pueblos que hay por allí se levantaron con casas muy humildes, justo para los trabajadores de la mina. Muchos de ellos han caído en el olvido, otros siguen, pero han bajado mucho en población. Es una zona sobre la que flota todo ese pasado minero y hables con quien hables, siempre lo hacen de la mina.

M.G.- Una zona con muchas leyendas. De hecho, el título hace referencia a historias de antaño. ¿Qué o quién es Alma negra? ¿Y quién es la joven que danza?

I.M.- Los Montes de Hierro son muy ricos en leyendas tristes. Es una zona de sudor y sangre y eso se ha trasladado a las leyendas. Por ejemplo, la joven danzante la encontramos en la mina principal de la zona. La cueva de la Magdalena tiene una ermita dentro. Cuando entras te das cuenta de que ahí justo comienzan las galerías mineras porque aprovecharon la propia abertura natural para hacer las galerías de kilómetros. Cuenta que allí se quiso suicidar una joven de nombre Magdalena. No lo consiguió y los padres, agradecidos, mandaron construir la ermita pero, de algún modo, el espíritu de esa joven permanece en ese lugar y aparece de vez en cuando danzando desnuda, haciendo sonar unos cascabeles en la boca de la cueva.  Dicen que quien la ve va a tener muy mala suerte en la vida.

Por otro lado está Alma negra que es una historia más terrible todavía. Es una sima localizada junto a la cueva. Es ahí donde aparece Teresa Echegaray asesinada pero también se cuenta que ahí se suicidó un hombre muy malo, que tenía el corazón de hierro, un millonario que había hecho mucho dinero en América vendiendo esclavos. Por distintos avatares terminó suicidándose allí y cuenta que aquel día, los ríos de la zona manaron sangre y, desde entonces, en los días de niebla, se pueden oír los lamentos de Alma negra deambulando por ahí, en busca de alguien a quien pasarle su maldición. A mí esta leyenda me vino muy bien para la novela porque, en el momento en el que se produce el asesinato de Teresa, se produce una sugestión colectiva enorme. Todo el mundo empezará a hablar del regreso de Alma negra. La gente empezará a pensar que están en peligro y se preguntan quién será el siguiente en morir, a quién le pasará su maldición. 

M.G.- En todos los pueblos o ciudades hay leyendas pero es verdad que en la cornisa cantábrica, en Galicia, Asturias, País Vasco es una zona como plagada de historias. ¿A qué se deberá eso? ¿Por qué tantas leyendas en esa parte de España?

I.M.- Pues yo lo achaco a una cosa que tiene que ver con el clima. Creo que, cuando no teníamos ni televisión ni radio, ni ninguna otra manera de entretenernos en casa, la gentes se sentaba junto al fuego a contar historias, sobre todo si hacía mal tiempo y estaba lloviendo. Eran historias que iban pasando de generación en generación. Por otro lado, nuestro aislamiento geográfico, nuestros bosques, nuestras cuevas, porque tenemos muchas en el norte, han fomentado un cierto miedo a la naturaleza, a lo desconocido. ¿Y qué tipo de historias surgían? Pues historias en las que había algo amenazante ahí fuera. Pero en otras zonas, como puede ser Andalucía, con un clima más favorable, lo que apetecía era sentarse a la fresca a charlar entre vecinos. No eran de casas de puertas para adentro. Hay otros lugares que también son muy ricos en leyendas como los países escandinavos y por lo mismo, porque el clima es muy malo. También es una zona con personajes mitológicos a patadas.

M.G.- Tú eres de los que gusta visitar los escenarios para tus novelas. Pero no es lo mismo irse a Hondarribia y mezclarse con la gente en el Alarde que meterse en esa cueva de la Magdalena. ¿Has tenido que hacer muchas incursiones para ambientarte y documentarte?

I.M.- Las he tenido que hacer, sí. Las he disfrutado y las he temido al mismo tiempo. De hecho, cuando le comenté a mi editora cuál iba a ser el escenario, la llevé a ver la cueva. Entramos allí con linternas y creo que ni ella misma se podía creer que hubiera un escenario tan perfecto, tan idílico para la novela negra, una cueva convertida en una mina. Cuando entras allí empiezas a ver la inmensidad de todo aquello. A la tierra se le arrancaron millones de toneladas de hierro y por eso hay una serie de huecos subterráneos en los que llega a caber varias veces la catedral de Bilbao. O sea, son espacios enormes que no vas a abarcar con tu propia linterna y espacios en los que, si apagas la linterna, no ves absolutamente nada y solo oyes el silencio y las gotas que caen por doquier, incluso algún arroyo que pasa por debajo y que luego sale a la superficie y fue el que se tiñó de rojo cuando murió Alma negra. El lugar es espectacular y realmente invita a pasear por allí, a perderte, aunque es verdad que no te quitas de encima cierto temor.

M.G.- Sí, porque a ver si se te va a aparecer la joven danzando. 

I.M.- U oigo los lamentos de Alma negra. En cualquier caso, cada vez que he ido allí he ido con más de una linterna por si me falla alguna.

M.G.- Hiciste bien. Oye, escuché por casualidad los problemas, entre comillas, que te causó publicar La danza de los tulipanes en Hondarribia.

I.M.- Fue con La hora de las gaviotas.

M.G.- Cierto.

I.M.- ¿Recuerdas que la novela empieza con el asesinato que se lleva a cabo en el momento en el que desfilan las mujeres durante el Alarde, pero el pueblo levanta los plásticos negros para no ver a esas mujeres, para invisibilizarlas? Es un tema del que no quieren oír hablar en el pueblo. Cuanto menos se hable más podrán seguir adelante con su locura, como pasa con el toro de la Vega en Tordesillas. No quieren que haya espectadores porque sin espectadores pueden hacer lo que quieran. Así que no pude ir a presentar la novela allí. Me consta que además hubo librerías del pueblo que retiró la novela. Fue algo bastante desagradable.

M.G.- Imagino. Creo que es la primera vez que escucho que a un autor lo vetan de este modo.

I.M.- No sé si será la primera vez que ocurre. Desde luego, a mí sí es la primera vez que me sucede. Generalmente, la gente de los lugares en los que localizo mis novelas suelen estar muy agradecidas porque es una manera diferente de ver su pueblo. Precisamente, si localizo una historia en los Montes de Hierro es porque, de algún modo, amo esos montes y quiero pasarme un año entero viviendo, aunque sea mentalmente y a través de las letras, en ese lugar. 

M.G.- Pues sí. Y una cosa, creo que ya es una etiqueta acuñada, lo del Euskal Noir, la novela negra de Euskadi. Unos cuantos autores habéis contribuido a que se cree esa etiqueta literaria. Y en ello ha contribuido mucho la orografía, el paisaje de la zona. Todo eso es un plus para estas novelas.

I.M.- Sí. Creo que hay una serie de factores como esa orografía, el paisaje, el clima tan duro, con semanas de lluvia y nieblas matinales, tanto en la zona costera como en el interior, o el aislamiento geográfico porque todo está como al final del mundo. A eso se suma la propia mitología y las leyendas, que te ayudan a generar un trasfondo para los libros, un trasfondo real, que ayuda a enriquecerlos. Al final, todo eso ha permitido que se cree esta corriente que, por suerte, cada vez funciona mejor y no solo dentro de nuestras fronteras, sino también fuera.

M.G.- Sí, porque estás publicando ya en Holanda, ¿no?

I.M.- Sí, en Holanda publico muy bien. Mis libros están traducidos a diez idiomas y también se venden en Latinoamérica. Pero sí, Holanda es un país en el que curiosamente, funcionan muy bien. 

M.G.- ¿Y cómo haces para concentrarte en los bares para escribir? ¿Cómo te alejas de ese ruido ambiente?

I.M.- En cierto modo, me resulta mucho más fácil concentrarme en un lugar con ruido, con el olor al café. Estando solo en casa o en una biblioteca, el silencio me distrae mucho más que el ruido de alrededor.

M.G.- ¿Y siempre escribes en el mismo bar?

I.M.- No, no siempre. Voy moviéndome de un lado para otro y, de hecho, me gusta mucho acercarme a los escenarios y escribir en los bares de los propios escenarios. Por ejemplo, para mí escribir en alguno de los bares de la Arboleda, del pueblo principal de los Montes de Hierro, ha sido una maravilla, porque allí mismo estás dentro del escenario, puedes escuchar conversaciones que tiene la gente  y, de vez en cuando, te paras y hablas con ellos.

M.G.- Está bien así.

El otro día entré en tu página web. No había entrado nunca y me encontré con información sobre tus novelas. Descubrí que tenías una novela histórica. Ahora que vas a empezar un nuevo reto, no sé si se te puede colar otra novela histórica.

I.M.- Ha sido una de las decisiones que he tenido que tomar y me ha costado, porque sí me apetece afrontar algún día otra novela histórica. Disfruté mucho escribiendo aquello y además tuvo tirón. Es una novela que ha funcionado muy bien. Pero, ahora mismo, me llama todavía más la novela negra y, por lo menos, seguro que haré una novela negra más o más de una, no lo sé todavía. Será negra, se ubicará en Euskadi y, a  partir de ahí, no sé mucho más. 

M.G.- Bueno, pues nos veremos dentro de dos años, quizá, cuando vengas por aquí. Pero no quiero cerrar esta entrevista sin preguntarte si te gustó el Vodka rosa. [En una presentación de la novela en la que compartió escenario con Mikel Santiago, este le regaló una botella de vodka rosa porque es lo que suele beber Ane Cestero]

I.M.- Bueno [se ríe]

M.G.- Las cosas de Mikel.

I.M.- Las cosas de Mikel, sí. Es maravilloso. De repente, se presenta y te viene con una botella de vodka rosa, en recuerdo de aquel cruce de caminos que hicimos. Eso demuestra el buen rollo y la amistad que tenemos. Y esto no solo ocurre con Mikel Santiago, sino también con María Oruña o con otros autores de novela de suspense. Al final, creo que comprendemos que no somos competencia sino que somos compañeros. El lector no lee un único libro y ya no lee más. El lector necesita que le den diferentes libros, incluso del mismo género. En cierto modo, unos alimentamos a los otros.

M.G.- Pues lo dejamos aquí, Ibon. Muchas gracias por atenderme. Un placer tenerte en Sevilla, leerte y que nos descubras el País Vasco porque nos descubres lugares con tus novelas y nos dan ganas de viajar.

I.M.- De eso se trata. Muchas gracias.

Sinopsis: BAJO LA NIEBLA BLANCA SE OCULTA UN ALMA NEGRA

Aunque hace décadas que las minas enmudecieron en los Montes de Hierro, en la quietud de la noche aún pueden oírse los lamentos desesperados de las almas que quedaron sepultadas en su vientre de roca. La aparición del cadáver de Teresa Echegaray, la poderosa mujer que pretende reabrir la explotación, despierta entre los habitantes de la cuenca minera el miedo a las leyendas dormidas y reaviva el rencor acumulado durante largos años.

La investigación del asesinato se ve lastrada por un acontecimiento que sacude la vida de Julia. Cuando parece que al fin ha llegado la hora de cicatrizar una dolorosa herida de su pasado, no encuentra la respuesta que busca, sino nuevas preguntas y una misión para Ane Cestero quien, despojada de su uniforme y su placa, tendrá que resolver el rompecabezas armada únicamente con su instinto. Juntas se enfrentarán al caso más complicado de su carrera.

El rey del thriller atmosférico nos traslada a su escenario más extremo: la zona minera de Bizkaia. Un territorio donde las ruinas del pasado industrial han sido reconquistadas por la naturaleza dando lugar a un paisaje de belleza inquietante y sobrecogedora.

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