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jueves, 27 de marzo de 2025

LORENZO SILVA: ❝Mi trabajo como novelista está en la estela de Cervantes❞

Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro siguen dando alegrías a los lectores. Se cumplen ahora treinta años desde la publicación de El lejano país de los estantes y, aunque Vila tiene ya unos añitos, Lorenzo Silva, el artífice de esta pareja literaria de guardias civiles, tiene claro que a estos dos todavía les queda mucho camino por recorrer. 

A Vila y a Chamorro los hemos visto actuar en diferentes localizaciones nacionales e internacionales, siempre tras la pista del criminal que haya perpetrado el asesinato de turno. En esta ocasión, se quedan en territorio patrio, moviéndose entre Extremadura y Toledo. Y es que, en esta nueva novela, Las fuerzas contrariasnos encontramos dos líneas argumentales. Por un lado, una investigación que se desarrolla en Badajoz sobre la desaparición de Esperanza Gil y el cerco al supuesto sospechoso. De este asunto se ocupará Arnau, un compañero del equipo. Por otro lado, la muerte de una anciana en un edificio del pueblo de Illescas. Al principio piensan que esa muerte es por Covid pero una serie de circunstancias inclinan la balanza hacia un asesinato.

La idea para esta novela parte de un dato curioso. A Lorenzo Silva le contaron que, durante la época más dura de la pandemia y el coronavirus, si se daba aviso a la policía del fallecimiento de alguna persona en su domicilio, comunicaban el óbito al médico forense para que certificara la muerte. La cosa es que, algunos médicos, y ante el temor del contagio, si no existían evidencias de signos de violencia que hubieran podido provocar el fallecimiento de la persona, ni siquiera acudían al domicilio e inspeccionaban el cuerpo sino que, desde el mismo portal, firmaban la defunción por coronavirus. Esta singular actuación da que pensar. ¿Y si resulta que la persona en cuestión murió por asfixia? ¿Y si alguien, aprovechando la coyuntura, cometía un asesinato que quedó camuflado como muerte por Covid? Esta es la premisa de la que parte la novela. De esto y de muchos asuntos más conversé con Lorenzo Silva la semana pasada. Os dejo con la conversación.

Marisa G.- Lorenzo, un placer tenerte en Sevilla y volverte a ver. 

Lorenzo S.- Lo mismo digo.

M.G.- Empecé a leer tu  novela. Voy por la página doscientas y me la estoy bebiendo.

L.S.- Me alegro. Para eso son.

M.G.- Creo que estamos en la entrega número ¿doce o catorce?

L.S.- Duodécima novela pero hay dos libros de relatos más, así que este sería el decimocuarto catorce.

M.G.- Tengo que confesarte que soy un poco reticente a la hora de enfrentarme a sagas. Porque no tengo paciencia y no por otra cosa. Pero estamos hablando de una serie de tiene muchas entregas y admiro a esos autores que, como tú, son capaces de mantener esa atención de los lectores a lo largo de los años. Son 30 años ya.

L.S.- Treinta años y cinco mil páginas.

M.G.- ¿Y eso cómo se consigue?

L.S.- Pues fíjate, cuando empecé no sabía que iba a ser una serie. Pero escribí una segunda y empecé a pensar que esto podría tener continuidad pero me planteé como una media docena, sin pasar de ahí. Pero llegué a la media docena, escribí la séptima y después de la séptima pensé que estos personajes estaban vivos y que podría continuar. A partir de ahí me pregunté cómo yo mismo podría sobrevivir a algo tan largo. Decidí convertir esta serie y a estos personajes en una especie de lugar donde vivir, al que vuelvo de vez en cuando y que, al igual que ocurre con tu casa, la tienes que mantener habitable, la tienes que reacondicionar, cambiando muebles de sitio. Lo que sí tuve claro en ese momento fue que no podía escribir catorce veces la misma novela, que tenía que cambiar. Por eso hay novelas en las que volvemos al pasado del personaje, o novelas en las que los envío a sitios tan excéntricos y distintos como Afganistán, o novelas en las que, por ejemplo, Vila y Chamorro no están juntos. De hecho, hay una novela en la que a Chamorro le pegan un tiro al principio de la trama y ellos van a mantener una relación como a distancia. Intento siempre buscar un argumento nuevo, una forma nueva de contar y de acercarme a estos personajes. La ventaja que tengo es que los conozco muy bien. Les tengo mucho cariño y uno siempre quiere volver con la gente a la que le tiene cariño. Creo que eso se transfiere al lector. Si los lectores vuelven a la serie es porque les tienen cariño y no porque la novela les vaya a deslumbrar, a asombrar, a descolocar. No hay deslumbramiento que aguante treinta años. Si tú estás con una persona treinta años no es porque te sigue deslumbrando cada mañana, sino porque habéis desarrollado esa forma de afecto, de familiaridad, de estar a gusto, de estar en un lugar en el que uno quiere estar y al que quiere volver.

M.G.- Las fuerzas contrarias arranca en el momento en el que el presidente del Gobierno anuncia que va a decretar el estado de alarma. Es una novela que se engloba dentro de la pandemia y del confinamiento. Si te soy sincera, cuando vivimos aquella mala experiencia, pensé que iba a haber un boom de novelas enclavadas en la pandemia. Me ha sorprendido que, al final, no haya tantas.

L.S.- En libros y ficción audiovisual, prácticamente nada. El cine o la televisión le han dado la espalda completamente. A mí no me sorprende. No es la primera vez que escribo sobre este tema. Cuando me planteo cómo escribir y acercarme a este asunto, tengo que ser consciente de que para mucha gente es un recuerdo amargo, un recuerdo tenebroso, incluso. El ser humano no quiere volver a lo amargo ni a lo tenebroso, más bien prefiere eludirlo o sortearlo. Quizá sea esa la razón por la que se indaga poco en este episodio. En el caso de la serie de Bevilacqua, que desde hace treinta años tiene como cierta vocación, notarial si quieres, de levantar acta de lo que va sucediendo en la sociedad española, ¿cómo iba a evitar este episodio? No podía hacerlo. La novela anterior acaba en la Navidad del año 2019, por tanto, esta tenía que situarse en la primavera del año 2020. No me podía saltar la pandemia. Tenía que haber dado un salto de año y medio para llegar a cierta normalidad. Pero estoy había que contarlo a través de Bevilacqua y Chamorro. Lo que pensé fue que, sin escamotearle al lector el recuerdo de todo eso que ninguno queremos recordar, era una ocasión para escribir sobre la pandemia y atestiguar, de alguna forma, todo lo que no fue tan terrible, todo lo que en cierto modo nos permitió afrontar esa adversidad y superarla en la medida en que la hayamos superado. Es decir,  escribir sobre la gente que estuvo en su lugar, la gente que hizo lo que debía, la gente que se sacrificó, la gente que se expuso, la gente que puso interés en cuidar a los que estaban siendo descuidados. Todo eso también es la pandemia. Todo eso también es parte de lo que vivimos. Además, hay otra dimensión que también está en la novela, la de esos personajes que viven solos, que acaban encontrándose, no sólo con su propia soledad, sino con esa soledad que comparten, ese vínculo que tienen desde hace treinta años. Eso fue una cosa buena que trajo la pandemia y estos personajes, como hicimos todos, recapacitan sobre quiénes son, dónde están, qué hacen, por qué lo hacen, a dónde van, qué tiene sentido de lo que eres,... También revisan sus prioridades en la vida, como hicimos todos. Y ese ejercicio siempre es bueno. Hombre, es mejor que no te lo desencadene un acontecimiento tan traumático pero, ya que estás ahí... No creo que saliéramos mejor como sociedad pero sí tuvimos la oportunidad de, como individuos, mejorar algo. Luego cada uno lo aprovechó en la medida de sus posibilidades, de su carácter o de su disposición. Pero todos tuvimos esa oportunidad de mejorar individualmente y de no ir tan atolondrados por la vida.

M.G.- Creo que esa asignatura de mejorar y de convertirnos en mejores personas la suspendimos, a pesar de las expectativas que teníamos de ser más humanos.

L.S.- No, no. Eso, con  carácter general, la historia lo cuenta una y otra vez. No es la primera vez que hay una pandemia. Ha habido muchas y en todas ocurre lo mismo. En el momento del miedo, todo el mundo intenta volverse a la virtud, a los valores y tal pero, cuando el miedo desaparece, regresamos de nuevo a los vicios. Eso es lo que dice, no recuerdo bien si Procopio de Cesarea sobre la peste de Bizancio o Tucídides sobre la peste de Atenas. Uno de los dos dice que cuando desapareció el miedo se volvió al vicio con más intensidad. Creo que es Procopio el que lo dice.

M.G.- Lo has comentado en otras entrevistas. La idea de la que parte la novela fue algo que te contó alguien, algo muy significativo y que te hace pensar si realmente todas aquellas muertes por Covid, realmente fueron muertes que provocó el virus.

L.S.- Recientemente hemos sabido que una desaparición que se denunció como tal en Canarias, en realidad, fue un asesinato. Su marido la asesinó, la descuartizó y fue regando con los trocitos de su cuerpo todo el barrio, de camino al supermercado. Y lo denunció como desaparición. Es decir, aprovechó ese escenario en el que todo el mundo estaba desbordado, en el que había un montón de muertos y demás para para cometer un crimen. Esa circunstancia es una circunstancia real. Es decir, en el momento más duro del confinamiento aparecían muchos cadáveres al día. En Madrid hubo días que aparecieron quinientos cadáveres. A veces, aparecían en sus casas. Al encontrarlos, la policía llamaba al médico y algunos certificaban las muertes desde el portal, por miedo al contagio y porque, si el cadáver no presentaba signos de violencia, lo más probable es que hubiera muerto por Covid. Pero esta circunstancia da oportunidad a quien tenga una mala idea de que, en medio de ese trastorno y en esa alteración tan sensacional de la normalidad, un crimen pase inadvertido. Es perfectamente posible que alguien tuviera una mala idea y que la pusiera en práctica. No sé en cuántos casos porque eso no lo sabremos nunca.

M.G.- Cuando estuviste aquí, en Sevilla, junto con Noemí Trujillo para promocionar La forja de una rebelde, que también sucede en el confinamiento, ya comentamos que hubo muchos crímenes ventajistas que se produjeron en pandemia. Fue una época en la que todo el mundo estaba encerrado y eso podía  hacer pensar que los delitos iban a reducirse. Sin embargo, sí aumentaron las adicciones, la venta y el consumo de drogas, los delitos cibernéticos,...

L.S.- Sí, sí. Las malas ideas nunca descansan. Esa situación también generó oportunidades y hay gente que esas oportunidades las aprovechó. Todos éramos más vulnerables. Todo lo que hacíamos lo teníamos que hacer por Internet. Es decir, al final, se creaban nuevas oportunidades. Y luego, está claro que, durante ese tiempo, mucha gente se vio forzada a una convivencia de semanas. Seguramente se multiplicaron los delitos de violencia de género, la violencia intrafamiliar, más allá de lo que dicen las denuncias porque no se podía denunciar como sí se puede en condiciones normales.


[Si prefieres escuchar nuestra conversación, clic en el vídeo]


M.G.- Centrándonos en la historia que recoge la novela, recuerdo que empecé a leer y lo primero que me vino a la mente fue la madre de Vila. Estamos en un momento complicado. 

L.S.- Y él también es de la primera que se acuerda.

M.G.- Hijos y padres separados, con el temor a que los mayores se contagien. Le pasa a Chamorro también. Dentro de las situaciones propias de un entorno laboral, a la investigación criminal se unen esas preocupaciones personales, el temor a que tus familiares más vulnerables se contagien.

L.S.- Todos teníamos ese temor. Vivíamos con eso y además con la incapacidad de no poder hacer otra que llamarlos por la mañana y por la tarde, hacerles una videollamada. No podías darle ningún calor al que lo necesitaba, a quien tú tenías todo el deseo de dárselo. Al inicio de esa época empezó a quedar pronto claro que las personas mayores eran más vulnerables y eso casi te preocupaba más que caer tú enfermo. El miedo a tu propia enfermedad es un miedo bastante conjurable porque tú sabes si estás mal o no, pero el miedo a la enfermedad ajena es mucho más angustioso porque está fuera de tu control.

M.G.- En la novela encontramos muchas referencias al Quijote. Parte de la trama se desarrolla en Illescas, una localidad cercana a otro municipio vinculado con Cervantes. El Quijote es una sombra que planea por la novela.

L.S.- Es una sombra que planeta por toda la serie. Nunca lo he ocultado. Don Quijote y Sancho Panza se echan a los caminos y duermen en las ventas. Bevilacqua y Chamorro se echan a las autovías y paran en las áreas de servicio. Son dos practicantes de la andante caballería del siglo XXI. 

Mi trabajo como novelista, como el de cualquier novelista español, está en la estela de Cervantes. O de cualquier novelista que escriba en español, por ampliarlo un poco más. Incluso como novelista que se acerca a la ficción criminal en español es todavía más insoslayable la presencia de Cervantes. Antes lo comentaba en otra entrevista que tanto en El Quijote, en el episodio de los galeotes, como en las Novelas ejemplares, ya sea Rinconete y Cortadillo, El casamiento engañoso o La fuerza de la sangre, está muy presente el mundo de la criminalidad de su época. Se puede ver en el episodio de los galeotes, lo bien que él conoce a los criminales y ese conocimiento lo adquirió aquí al lado, en ese edificio que estamos viendo, donde pasó un rato largo [se refiere al edificio de la Cárcel Real de Sevilla, que se ubica cerca del ayuntamiento y que hoy, obviamente, tiene otra finalidad] .

M.G.- Cierto. Ahí estuvo. Bueno, y marca también de la casa, Lorenzo, no es sólo escribir una trama criminal, sino ir intercalando, a través de los pensamientos de Vila o de las conversaciones con Chamorro, reflexiones sobre la actualidad, sobre la realidad que vivimos. En este caso, y dado que la novela está ubicada en la pandemia, se habla mucho de la soledad o del sistema penitenciario. Hay un tema que me ha gustado mucho, porque creo que es otra asignatura pendiente, y más entre las generaciones más jóvenes, que es poner en valor a la gente mayor. Hoy somos lo que somos porque lo que ellos hicieron en su día. 

L.S.- Es evidente que la sociedad, desde antes de que lo escribiera Rousseau, se basa en un contrato, en un pacto social. Y una parte muy importante de ese pacto social es un pacto entre generaciones, un pacto que establece un principio de solidaridad entre unos y otros, entre los mayores y los más jóvenes, entre los que nos precedieron y entre los que nos han de seguir. Pero tengo la sensación de que, en buena medida, ese pacto está roto en España, está deteriorado, alterado. Hay realidades que no son normales, que son anómalas. Muchos jóvenes sienten que no tienen oportunidad y muchas personas mayores sienten que su esfuerzo, su trabajo y su sacrificio por los que vienen después, no es reconocido, ni valorado, ni atendido. Hay aspectos, más concretos y cuantitativos como, por ejemplo, que el salario medio inicial sea bastante más bajo que la pensión media inicial de los que acceden a la jubilación. Eso, para empezar, es que ni siquiera es sostenible aritméticamente. Y ese desequilibrio no lo estamos atendiendo, no lo estamos cuidando, no lo estamos solventando. Eso va distanciando y, a veces, oponiendo, incluso enemistando a los mayores contra los más jóvenes. Y este es el principio de la descomposición del pacto social y de una sociedad. Es decir, es un problema realmente grande.

Durante la pandemia, muchas personas mayores se sintieron solas, desatendidas, descuidadas. En la novela, la víctima de uno de los crímenes se llama Caridad, un nombre que, aparte de significar beneficencia, compasión y conmiseración, también significa amor y cuidado. Eso faltaba entre nosotros. Y también, la pandemia golpeó a los jóvenes que estaban en precario de una manera que no golpeó a un funcionario público de media edad. Estas situaciones golpean más a los más vulnerables y en aquel momento se puso de manifiesto muchos desequilibrios en nuestra sociedad. Por ejemplo, en la novela vemos una contraposición entre personas que tienen, más o menos, una cierta seguridad económica, de una cierta edad, y personas que viven la precariedad más absoluta, viviendo en pisos compartidos, con contratos eventuales o sin contratos, falsos autónomos. Una sociedad no puede funcionar así. Tenemos un montón de asignaturas pendientes con las que estamos conviviendo muy alegremente. Y por más que afloraran hace cinco años de manera tan cruda, tengo la sensación de que, como sociedad, hayamos tomado conciencia de la gravedad que tiene esto, la menos, a juzgar por las medidas que se han tomado para intentar revertir estos desequilibrios, medidas que son pocas o ninguna, que yo tenga conocimiento. 

M.G.- Y Lorenzo, yo que no me he leído la saga completa, me pregunto si a este Vila, honesto e íntegro, no se le conocen debilidades ni vicios.

L.S.- Sí, claro que sí. Es un hombre que ha aprendido el valor de la honestidad y el valor de la integridad, porque no siempre ha sido íntegro y porque no siempre ha sido completamente honesto. Y eso está en el relato de su vida. Creo que la virtud del que no está expuesto a ninguna tentación y la virtud del que no tiene ninguna oportunidad, pues tampoco tiene mucho valor. Vivir sometido a tentaciones, como vive alguien que tiene la vida de Bevilacqua, y con oportunidades para ser deshonesto es un aprendizaje vital. Es una decisión que tiene que ver con la inteligencia. Eso lo decía Wittgenstein, que cualquier pensamiento deshonesto es irracional, o cualquier comportamiento deshonesto es irracional. Lo racional no es ser deshonesto porque la deshonestidad no es una solución. Bevilacqua, no trae eso de fábrica y por eso ha cometido errores. La vida le ha enseñado que lo racional es comportarse honestamente. Además, en su caso, hay algo muy evidente. En su trabajo, si un agente de Policía judicial se salta las reglas y toma atajos se carga la investigación, se la carga legalmente. Es decir, le está dando una baza al abogado defensor del delincuente para exonerarlo. Así que, más allá de su integridad ética, si quiere hacer bien su trabajo, tiene que seguir los cauces legales y ser honesto en la investigación, incluso con el delincuente.

M.G.- No nos queda mucho tiempo pero todavía quisiera hacerte un par de preguntas. Vila y Chamorro siempre han tenido una relación afable, de respeto, de cordialidad, de compañerismo. En esta novela, en la que todos se sienten más vulnerables, parece que la crisis sanitaria les permite un acercamiento más personal y no tanto profesional. Esa situación hace que exista una conexión más personal e íntima entre los dos.

L.S.- Sí. Hay un concepto en la pandemia que es el de convivientes. Convivientes era la gente que vivía empadronada en el mismo sitio que tú. Con esa gente te podías quitar la mascarilla. Bueno, pues Bevilacqua y Chamorro, técnicamente, no tienen ningún conviviente. En su casa solo están empadronados ellos. En la casa de Bevilacqua sólo está empadronado Bevilacqua y en la casa de Chamorro sólo está empadronada Chamorro. Sin embargo, en el curso de la investigación y en el curso de esa soledad en la que viven cuando vuelven de trabajo, o de esa soledad compartía que viven cuando están trabajando juntos, porque hasta han fragmentado al equipo para no contagiarse entre ellos, en esa soledad descubren que ellos, aunque no en términos técnicos de la pandemia, también son convivientes. Son convivientes porque pasan la mayor parte del tiempo juntos y, además, ese roce, aunque sea profesional, ha traspasado los límites del trabajo para entrar en quienes son, en su ser más profundo. Probablemente nadie conoce a Chamorro con tanta profundidad como Bevilacqua y viceversa. Incluso hay un momento en el que se quitan la mascarilla y si cae uno, caen los dos porque, en cierto modo, son convivientes. Es una situación que no se podía producir en ninguna novela anterior de la serie. Esta coyuntura excepcional me ha servido para dar una vuelta de tuerca a su relación, que no podría haberle dado en otra, en otro contexto.

M.G.- Me llevaría más tiempo hablando contigo pero hay que acabar. Por último, quisiera plantearte algo. Vila ya tiene unos años. Chamorro es más joven. ¿Cabe la posibilidad de que Vila se jubile y continúes la serie únicamente con Chamorro?

L.S.- Bevilacqua se va a jubilar en ocho años porque en la ficción tiene cincuenta y siete años. Podría aguantar con una prórroga en la reserva hasta los sesenta y cinco. Puede que cambie la ley pero, si no cambia, en ocho años, es decir en 2028, a Bevilacqua lo pasaportan de la Guardia Civil. La ficción, como vemos en esta novela, va por el año 2020. Chamorro es más joven pero ya veremos. Cuando llegue a ese río ya veré qué puente hago para cruzarlo. Y no quiero destripar la novela pero sí diré que, en el desenlace, se va a producir un cambio sustancial en la situación de Bevilacqua y en la relación de los dos.

M.G.- Pues déjamelo ahí en el aire que tengo que terminarla. 

L.S.- Te lo dejo ahí pero en la siguiente novela ya estará en otra situación.

M.G.- ¡Ah! Lo dejas ahí. Pues la terminaré pronto. De momento, te digo que la estoy disfrutando mucho. Me la estoy bebiendo porque es muy entretenida. Es verdad que la pandemia nos remueve a todos por dentro pero es algo que hemos vivido y ya está. 

L.S.- Sí, lo tenemos que asimilar y lo tenemos que convertir en un aprendizaje, hasta donde cada uno sea capaz y tenga posibilidad de aprovecharlo. 

A raíz de la pandemia, he perdido a personas muy cercanas pero bueno, eso es la vida y la vida es así. Creo que cuando uno tiene una conmoción de este calibre, también tiene una cierta obligación de extraer algo que te sirva para construir tu camino futuro. Creo que, a nivel individual, bastantes personas lo han hecho. Yo he intentado hacerlo y no sé si lo he conseguido pero sí sé que hay personas que se han replanteado cosas importantes en sus vidas. Me sabe mal que colectivamente no lo hayamos hecho. Es decir, hace cinco años el mundo estaba hecho unos zorros y ahora está casi peor y en peores manos. Qué poco hemos sacado en claro de lo que vivimos.

M.G.- No hemos aprendido nada. Lo dejamos aquí. Lorenzo, un placer tenerte en Sevilla.

L.S.- Un placer. 

Sinopsis: Un caso único para Bevilacqua y Chamorro. Una de las sagas más exitosas de nuestro país que celebra tres décadas.

El subteniente Bevilacqua y la brigada Chamorro tendrán que enfrentarse a  no de los mayores retos de su carrera: el esclarecimiento simultáneo de dos muertes en el momento más crítico que ha vivido nuestra sociedad en las últimas décadas.

Dos casos que dejan huella en una novela que nos habla sobre cómo con ocasión de la pandemia se hacen sentir las fuerzas adversas a nuestro bien común, a nuestro futuro, a nuestra esperanza; unas fuerzas que vienen de más atrás y van más allá de la acción del virus.

Una narración que explora, a través del género negro y de la complicidad entre un hombre y una mujer que llevan media vida batallando juntos, esa conmoción colectiva tras la que nada, tampoco para ellos, volverá a ser igual.

La historia más íntima de Bevilacqua y Chamorro. Una doble investigación en tiempos oscuros que los unirá como nunca y marcará un giro en su relación.

 

lunes, 27 de junio de 2022

LA FORJA DE UNA REBELDE de Lorenzo Silva y Noemí Trujillo

Editorial: Destino
Colección: Áncora & Delfín | Serie Manuela
Fecha publicación: enero, 2022
Precio: 19,50 €
Género: Novela policíaca
Nº Páginas: 336
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788423360420
[Disponible en Audiolibro y eBook;
puedes empezar a leer aquí]


Autores

Lorenzo Silva (Madrid, 1966) es el creador de la popular serie policíaca de los investigadores Bevilacqua y Chamorro, que le ha valido premios como el Nadal y el Planeta y de la que la última entrega es El mal de Corcira. También es autor de de numerosas novelas (como La flaqueza del bolchevique, Carta blanca, Recordarán tu nombre o Castellano, entre muchas otras), relatos, ensayos y libros de reportajes y viajes.

Noemí Trujillo (Barcelona, 1976) ha publicado catorce poemarios, varios libros de literatura infantil y juvenil y las novelas Suzanne y El amor tan temido.

Silva y Trujillo han escrito a cuatro manos las novelas juveniles Suad y El palacio de Petko y, tras adentrarse juntos en el género policíaco con Nada sucio, en 2019 iniciaron la serie protagonizada por la inspectora Manuela Mauri con Si esto es una mujer.

Sinopsis

Desde el inicio de la alerta sanitaria, Manuela Mauri no ha tenido un respiro y por primera vez en su vida se siente desbordada por los acontecimientos. En medio del caos, un doble crimen ocurrido en Alcalá de Henares le quitará el sueño: Carlota, una joven de diecinueve años, avisa a la policía al encontrar a su padre y a su madrastra muertos a tiros en su casa. Una fiesta ilegal y el testimonio de diez jóvenes en guerra con la sociedad serán claves en la resolución del caso.

Una novela policial que va mucho más allá de la investigación de un homicidio. En un Madrid sitiado por un virus, las diferencias generacionales de nuestra sociedad explotarán en este caso para recordarnos, a cada uno de nosotros, el peso de nuestra conciencia.

Una reflexión literaria sobre las experiencias y los deseos que forjan nuestro carácter y que combina los argumentos y recursos del género policial clásico con la mirada sobre asuntos candentes a los que no podemos dar la espalda.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]



Vuelve Manuela Mauri, a la que conocimos en 2019, cuando Lorenzo Silva y Noemí Trujillo publicaron Si esto es una mujer. De aquella novela, cuya reseña puedes leer aquí, señalé lo mismo que voy a destacar en esta, los temas que toca y la construcción del personaje protagonista. Y, como suele ser habitual en este género, y tratándose de saga, no es necesario haber leído la primera entrega para acercarse a esta última. Sin embargo, sí considero que es recomendable. Los protagonistas evolucionan de un relato a otro y siempre es más interesante acompañarlos en esa evolución. 

Mauri tendrá que enfrentarse a un nuevo caso. En esta ocasión, toca investigar un crimen doble, el asesinato de un matrimonio, que ha aparecido muerto en su domicilio.


«Chalet adosado en Alcalá de Henares, junto al parque de La Rinconada. Varón de cincuenta y ocho años, Diego Vargas. Mujer de treinta y seis, Valentina Soares. Eran pareja. Abatidos, los dos, con algo parecido a una escopeta de caza». [pág.20]


Aparentemente todo apunta a un robo, pero en la casa entraron sin forzar la puerta, así que la línea de investigación debe ir por otros derroteros. Para tratar de dilucidar lo que ha ocurrido y encontrar al culpable, Mauri contará de nuevo con su equipo, aunque algunos de ellos estarán ausentes en esta novela por motivos que explicaré más adelante. Lo primero es hablar con Carlota Vargas, la hija de Diego e hijastra de Valentina. Diecinueve años, seductora y de una atractivo insultante. «A su belleza natural y su larga cabellera pelirroja (y despeinada) había que sumarle la fuerza de su juventud, que le otorgaba un encanto ambiguo, rebelde y delicado a la vez». La joven asegura no tener nada que ver con la muerte de su padre y su madrastra. Además, se da la circunstancia de que, a la hora del crimen, ella estaba en una fiesta con unos amigos.  ¿Quién es el asesino? ¿Cuáles fueron sus motivaciones?

La investigación sacará a la luz que Diego tenía un tren de vida muy superior a lo que le correspondía. Manejaba mucho dinero y nadie sabía muy bien de dónde procedía tal poder adquisitivo. Se sabía que tenía negocios pero, ¿eran legales? 

Por otra parte, la fiesta a la que acude Carlota la noche en la que asesinan al matrimonio, se convocó de una manera peculiar. Alrededor del evento hay mucho misterio. Los jóvenes que asisten a la fiesta se relacionaban con Carlota de maneras muy distintas. Cada uno de ellos tiene un lado oscuro y Mauri tendrá que ir tirando del hilo para averiguar cómo es realmente Carlota.

Qué me ha gustado de esta novela

Sigo siendo muy fan de Manuela Mauri. Más allá de los casos que investiga, de la inspiración que los autores encuentran en la vida real, esta saga tiene un punto fuerte y ese no es otro que su principal protagonista. Manuela Mauri es un personaje que traspasa las páginas del libro, con sus días luminosos y sus días grises. Es una mujer trabajadora, en un sector que genera mucho estrés, en el que no hay horarios, pero sí superiores y objetivos que cumplir. Mauri ejerce una profesión que puede salvar o poner en peligro la vida de una persona. Además es madre, -David y Manuel-, el primero entrando en esa etapa tan complicada como es la adolescencia, donde los jóvenes se sienten desubicados y los padres perdidos. También tiene pareja, a la que no siempre puede atender como debiera ser, porque ella es esclava de su trabajo y en su vida no cabe un cronograma, ni tiempo libre, ni planificación. 

En esta novela, Manuela tiene que batallar no solo con los criminales, sino también con aquellos que conforman su vida personal hasta un punto de intimidad que no vimos en la entrega previa. Las decisiones que toma serán cuestionadas por su pareja, por sus hijos, provocando que las relaciones se tensen hasta la crispación. Por todo ello, Manuela es un personaje de carne y hueso, con sus momentos de debilidad. Vulnerable y asustada en los momentos más difíciles, no es una súper heroína y, como nos ocurre a todos, a veces flaquea. Eso es lo que la convierte en un personaje tan creíble, tan cercano al lector, con el que es fácil empatizar.

La pandemia

Por otro lado, y dado que los hechos que se desarrollan en la novela ocurren en pleno confinamiento, concretamente en abril de 2020, hay que sumarle la dificultad que entraña trasladar lo que vivimos en aquellos primeros compases de la pandemia a una historia de ficción. En aquellos meses, en que la mayoría de los ciudadanos estaban recluidos en sus casas, el crimen se replegó ligeramente pero no desapareció. De hecho, tal y como nos cuentan los autores en la entrevista que tuve oportunidad de hacerles (puedes leerla aquí), aparecieron otras formas de delinquir. 


«En las primeras semanas de la pandemia los delitos contra la propiedad habían descendido de manera drástica, porque era más difícil pasar inadvertido en las calles desiertas y porque la mayoría de las tiendas y los establecimientos susceptibles de ser atracados estaban cerrados a cal y canto. Solo en las últimas semanas habían empezado a tener robo en farmacias, por su naturaleza de servicio esencial y porque eran de lo poco que estaba abierto las veinticuatro horas»


Por otra parte, tuvimos que adquirir ciertos hábitos (uso de mascarilla y gel hidroalcóholico, distancia social, cero contacto físico) que Silva y Trujillo han tenido que tener muy en cuenta. Admito que puse los cinco sentidos en la lectura de esta novela. Quería comprobar hasta qué punto los novelistas conseguían adaptar los tiempos de pandemia a la trama. Estuve pendiente de los movimientos de Manuela, del comportamiento de su equipo y del resto de personajes, para ver si la ficción encajaba con la realidad del momento. Y sí, también en esta novela hay gente que se salta el confinamiento y salen a la calle sin seguir las recomendaciones sanitarias. Otro punto a favor del libro. 

Y no queda ahí la cosa porque fueron tiempos en los que convivimos con las cuarentenas. Por eso antes decía que el equipo de Manuela tendrá algunas ausencias y no estará al completo. Ingeniosamente, Silva y Trujilllo deciden que algún miembro del equipo de Mauri se vea afectado por el coronavirus y, por lo tanto, tenga quede fuera de combate durante un par de semanas. Hasta ese nivel llegan. Chapó.

Los temas

Es habitual en las novelas de Silva, y en aquellas que firma junto a Trujillo, encontrar temas de hondo calado entre sus páginas. En La forja de una rebelde se hablará sobre violencia de género. Durante el confinamiento, ¿quién se acordaba de esas mujeres que vivían junto a sus verdugos durante unos cuantos meses, sin poder salir a la calle, conviviendo veinticuatro horas bajo el mismo techo? No quisiera vivir una situación así, pero párate a pensarlo un momento. Seguro que te parece tan espeluznante como a mí. 

También tendrá importante presencia las relaciones entre padres e hijos. ¿Cómo es la vida de aquellos que son fruto de un matrimonio roto? ¿Hasta qué punto el mal rollo de los cónyuges afecta a los hijos? ¿Cuáles son las tensiones que se viven en un hogar desmadejado? En esta novela veremos a madres que no quieren saber nada de sus hijos y a hijos que pueden ser sospechosos de asesinar a sus padres. Cuestiones que me han hecho pensar en esos sucesos que alguna vez hemos leído en prensa, en esos padres que matan a su hijos; en esos hijos que matan a sus padres. Y es que la complicada relación paterno/materno-filial está muy presente en la trama de esta novela. La propia Mauri llegará a plantearse si es buena madre para su prole. Incluso llega mucho más lejos preguntándose si ha sido una buena hija para sus padres. ¿Te lo has planteado alguna vez? Porque, yo creo que, durante la pandemia, con aquellas cifras tan elevadas de fallecidos, la mayoría ancianos, fuimos muchos los que alguna vez nos cuestionamos si somos buenos hijos, si siempre hemos hecho todo lo que pudimos por nuestros padres, si no nos olvidamos alguna vez de ellos cuando más nos necesitaban, si no nos centramos únicamente en nuestras vidas sin pensar que, si hoy estamos aquí, es gracias a ellos.

Pandemia. Ancianos. Covid. En La forja de una rebelde también visitaremos una residencia de ancianos. Os confieso que, cuando la historia me condujo a aquel lugar tragué saliva. Temía encontrarme con algo que me costara digerir, máxime porque yo tenía a mi padre en una residencia y no podía ni ir a verlo. Pero esa parte de la historia, aunque dura, eso solo colateral y meramente anecdótica. En cualquier caso, está muy bien traída pues refleja a qué otras situaciones tenían que enfrentarse la policía durante la época más intensa y complicada del confinamiento y la pandemia.

Estructura y estilo

Fluida. Lees y avanzas sin darte cuenta, a lo largo de veinticinco capítulos, de corta extensión, donde abunda el diálogo. Todo ello coronado por un epílogo que vuelve a dejar una pregunta en los labios del lector. Silva y Trujillo le toman el pulso a la realidad, y nos adentran en una trama policíaca no exenta de interés y llena de actualidad. Todo ello combinado con las reflexiones sobre esos temas que os he comentado con anterioridad.

Cierra el libro los Agradecimientos, donde los autores nos dan detalles sobre la documentación para la novela y comparten con nosotros otros asuntos más personales y delicados que merecen todo el respeto.


Con muchas referencias literarias (no hay más que ver el título) y alguna que otra cinematográfica, poco más os puedo comentar de este libro. Seguiré pendiente de las próximas aventuras de Manuela Mauri que, a mi juicio, es una personaje que dará mucho juego. Creo que va a ser una dura competidora frente a los grandes Bevilacqua y Chamorro. Al tiempo. 

Pongo punto y final con una de esas reflexiones que nos arroja Manuela a la cara y que, sin duda, nunca debemos olvidar.


«Supongo que es el frío de vivir, la conciencia de vivir, el miedo de estar vivo hoy que, de pronto, pase algo y te marches de aquí, dejando desamparados a los tuyos, y sin poder arreglar ya las cosas que mantienes descompuestas con los que más quieres» [pág. 322-323]


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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viernes, 25 de marzo de 2022

LORENZO SILVA Y NOEMÍ TRUJILLO: ❝España tiene claramente un problema de brecha generacional❞

A pesar de la escasez de tiempo y de las horas que me roban los estudios, no quiero dejar de ir sacando a la luz las entrevistas que siguen mudas en mi grabadora. No podía dejar atrás el encuentro y la conversación que mantuve con Lorenzo Silva y Noemí Trujillo a finales de enero. Los autores pasaron por Sevilla para promocionar su última novela, la última aventura de Manuela Mauri, esa inspectora de policía a la que conocimos hace unos años en Si esto es una mujer (puedes leer mi opinión aquí).

Admito que adoro a Manuela. Me parece un personaje de piel, con una vida que perfectamente podría encajar en la de cualquier mujer trabajadora con hijos y pareja. Se añade además que ella tiene que hacer frente al crimen y moverse por unos rincones oscuros. En esta nueva novela, La forja de una rebelde, Manuela tiene que investigar un doble homicidio en unas circunstancias que, lamentablemente, conocemos bien. Mientras algunos jóvenes se enfrentan a sus mayores, Mauri tendrá que encontrar al asesino de unos padres, en un Madrid sitiado por el coronavirus. Os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Un placer volver a teneros en Sevilla. Recuerdo que la última vez, con la primera novela de Manuela Mauri, os pregunté si se iba a convertir en saga. No lo teníais muy claro. Decíais que teníais que comprobar cómo respiraba la novela. Imagino que habrá respirado perfectamente.

Lorenzo S.- La verdad es que sí. Funcionó muy bien, según salió. En estos dos años, el libro ha seguido teniendo mucho movimiento y mucha vida. Ha salido en bolsillo y luego se ha hecho una edición especial, que también ha funcionado muy bien. Y sobre todo, hemos tenido muy buena respuesta de los lectores, respecto del personaje. Nosotros mismos también nos sentimos muy cómodos con ella y la mirada que podemos proyectar a través de Manuela.

Noemí T.- Le queremos agradecer a los lectores la confianza y sobre todo que supieran vencer el prejuicio de las cuatro manos en ese primer libro, que no dejó de ser un experimento. Para nosotros, eso ha sido un gran estímulo a la hora de escribir la segunda juntos. En este tiempo, hemos reflexionado sobre lo que podíamos aportar en este ejercicio de escritura colaborativa. Estamos muy contentos de la continuidad del proyecto porque, al escribir juntos, creemos que podemos llegar a otros lugares, a los que no llegaríamos en la escritura individual.

M.G.- Si con la anterior novela ya os inspirasteis en un caso real, en esta segunda repetís fórmula, y os inspiráis en otro caso real que ocurrió, si no me equivoco, en Villarejo.

L.S.- Sí, pero al igual que en aquella ocasión, lo hemos tomado como punto de partida. Nos gusta que este tipo de novelas tenga un fondo de verdad. Es decir, no trivializar el crimen, ni buscar el espectáculo o el morbo. Nos gustan las historias reales que acaban en un desenlace criminal. Pero luego, somos muy respetuosos con las historias reales. Sobre todo con aquellas que están pendientes de resolver todavía por la justicia. Hemos construido una ficción, partiendo de ese crimen, pero, a partir de ahí, cambiamos muchísimas cosas.

M.G.- De todos modos, Noemí, os hacéis eco de la realidad. No solo utilizáis un caso real como punto de partida sino que, en la narración, también vais haciendo referencias a otros tantos.

N.T.- Efectivamente. La realidad nos sirve siempre como un anclaje. Es verdad que se han producido casos de prostitutas que han sido asesinadas a manos de sus clientes y eso nos sirve para empezar a contar esa historia. Y es verdad que también se han producido dobles homicidios durante el confinamiento y el estado de alarma. No podemos olvidarnos que la ficción es un espejo deformante de la realidad. Nos sirve como inspiración, pero luego vamos incorporando otros elementos.

M.G.- La acción transcurre durante la época más dura de la pandemia, durante el confinamiento. Las calles se quedaron prácticamente vacías pero el crimen no descansó. 

L.S.- En el confinamiento más duro bajó mucho la criminalidad pero un amigo policía nos contó que, en el momento en el que se rebajaron las medidas, volvió a subir porque el delincuente necesita confundirse entre la multitud. Y luego hay una serie de conflictos que no dependen tanto de la interacción social, ni buscan el amparo de la multitud. Esos casos siguieron existiendo e incluso llegaron a agravarse. Además, la ciberdelincuencia siguió estando ahí y con todo el mundo encerrado y pasando tantas horas en internet, hizo su agosto durante los primeros dos meses. Es decir, al final, lamentablemente la historia de las malas ideas es muy antigua y siempre hay gente que se aprovecha de las circunstancias más adversas.

N.T.- La pandemia estaba casi virgen en la novela negra, cosa que no había pasado en otros géneros. Todos los temas que abarcaron la situación pandémica llegaron muy rápido a la poesía, por su carácter dinámico, y la facilidad de compartirla en redes. Sin embargo, en la novela negra todavía estaba muy virgen. Nosotros nos planteamos el desafío de intentar contar una investigación durante la pandemia. Ahora podemos hacer muchas reflexiones. Podemos preguntarnos quién se beneficia de la quiebra de las sociedades y el que se beneficia es el crimen organizado. Como comenta Lorenzo, la ciberdelincuencia ha aumentado muchísimo pero también lo ha hecho otro tipo de delitos en Internet.

La pandemia va a empezar a estar muy presente en la novela negra. Nosotros hemos elegido esta historia pero hay más de cien historias que contar. Se han seguido cometiendo homicidios que se han tenido que investigar, pero también ha sucedido otras muchas cosas. Ha aumentado los fraudes, el tráfico de personas, la venta de drogas, porque han aumentado las adicciones. El aislamiento ha tenido muchas consecuencias, así que van a llegar más novelas negras con motivo de la pandemia, segurísimo.

M.G.- Hay muchas reflexiones interesantes en la novela. Centrándonos en la violencia de género, hay un pasaje en el que Mauri habla con una jueza y  esta última le comenta que, con la desescalada se iba a producir un repunte de la violencia de género. 

L.S.- Y se produjo, y tiene su explicación. Durante el confinamiento, las personas que tienen ese afán de dominación y de apoderarse de la vida de otra persona estaban bien porque tenían a sus parejas a su merced. Pero es en el momento en el que se rompe el confinamiento y esa situación de prisión, donde muchos conflictos estallan.

Obviamente, durante el confinamiento hubo mucha violencia de género pero de otro tipo, no tanto de la que acaba en el resultado de muerte. Esta violencia se produce cuando el maltratador siente que su víctima escapa de su control. Mientras está bajo su control, no tiene ese impulso tan perentorio de llegar al homicidio.

M.G.- Creo que empezasteis a escribir la novela un 14 de marzo de 2020, una fecha muy complicada para ti, Noemí.

N.T.- Bueno, el 14 de marzo es una fecha emocional. No quiere decir que me pusiera a escribir ese día.

El 14 de marzo de 2020 es el día que me anuncian que mi madre ha fallecido, es el día que se anuncia el estado de alarma y es el día que comienza un proceso de duelo muy difícil para mí, como para tantos hijos que han perdido a sus padres durante la pandemia.  El proceso de duelo me llevó un tiempo, por las circunstancias tan difíciles que teníamos que vivir. Me costó mucho procesarlo. Empecé a escribir después, pero quise mantener esa fecha por ser la fecha de la muerte de mi madre.

[Si prefieres oír nuestra conversación dale al play]

M.G.- Entiendo que escribir una novela, en estas circunstancias, en las que nosotros nos hemos tenido que habituar a nuevas costumbres, también os habrá obligado a ser especialmente cuidadosos a la hora de que los personajes interactúen. Ellos también han tenido que adquirir nuevos hábitos.

L.S.- Sí. Tener la posibilidad de hablar con gente que se dedica a esto y que ha tenido que seguir haciéndolo durante la pandemia te aporta muchos detalles, que son interesantes, no solo para contextulizar la historia sino también para darle un sentido especial. Por ejemplo, parte del equipo de Mauri está contagiado. Los interrogatorios suelen hacerse en salas pequeñas, pues ahora hay que hacerlos en otros sitios, con las ventanas abiertas, con distancia de punta a punta de la mesa, o hacer las entrevistas de los testigos en la calle. Por otro lado, en un interrogatorio es muy importante la expresión facial, pero con la mascarilla todo se complica. Se han añadido nuevas complicaciones. Por ejemplo, nos contaron que un juez, como ser humano que era, no iba tan libremente a todos los lugares. Casa en la que te metías, casa en la que te podías contagiar. Estamos hablando de un momento en el que la enfermedad estaba totalmente descontrolada, muy mortal. Algún policía, en tono humorístico, me comentó que había forenses que estaban certificando la muerte desde un portal, en vez de subir al cuarto piso donde estaba el cadáver. Todo esto, tan enrarecido, nos parecía interesante que estuviera en el texto, para que se vea en qué medida estas circunstancias condicionan la investigación y la relación entre los personajes. Lo condiciona todo.

N.T.- La pandemia ha cambiado radicalmente nuestros hábitos. A día de hoy, todavía no sé cómo debo saludar. Todo esto queríamos que estuviera presente en la novela.

M.G.- Manuela Mauri venía, en la novela anterior, de una situación complicada. Sigue siendo un personaje muy humano. Me gusta porque tiene sus debilidades, sus problemas personales pero, ¿ha cambiado algo psicológicamente desde la última novela? ¿Creéis que ha evolucionado?

N.T.- Sí, sí. He hecho el ejercicio de releer el primer libro. Me he dado cuenta que, en la primera novela, y por las circunstancias que vive, -de baja, cuestionada, asimilando el suicido de una persona muy cercana-, ella tiene una coraza. En los dos años que pasan entre el primer libro y el segundo, a ella le pasan muchas cosas. Cambia de domicilio, asienta su relación con Alberto, los problemas de relación, apuntados ya en la novela previa, se hacen mayores por el efecto pandémico, y por esa convivencia forzosa.  Iremos viendo que todo lo que le ha pasado, sumado a la investigación criminal, le permitirá ir rompiendo esa coraza que tenía. Vemos que ella misma plantea que algunas cosas que antes, o no hubiera dicho o no hubiera hecho. Sin embargo, ahora van aflorando. Es decir, iremos viendo a una Manuela más humana. 

M.G.- ¿Y se ha vuelto más sensible con las relaciones familiares? Quizá le haya afectado esos hijos que han perdido a sus padres en la pandemia, o que haya familias que vivan separados sin poderse ver... No sé. Me ha dado la sensación de que valora más a la familia.

L.S.- Sí. Ella ha tenido una relación problemática con sus padres, a los que ya había perdido en la primera novela. Quizá toda la situación pandémica le ha hecho reflexionar en sus conflictos anteriores con sus padres, con los que ya no puede arreglar nada. La situación que todos hemos vivido supone un desgaste y una erosión, pero también nos ha permitido tomar distancia, observarnos, ver nuestros propios fallos, y eso te invita a comprender los de los demás. A lo mejor la vida no consiste en culpar tanto a los demás sino en comprendernos, y en comprender que no siempre estamos a la altura.

N.S.- En la escena en la que ella se va a someter a una operación se ve muy bien esa transformación. Se mira, se contempla y se hace muchas preguntas.

M.G.- Habláis mucho de las relaciones padres-hijos. En un momento dado, hay un personaje que se pregunta cómo es posible que haya hijos que tengan relaciones tan complicadas con los padres, hasta llegar a extremos violentos. ¿Es un tema que os preocupa especialmente?

L.S.- Sí. Desde antes de la pandemia, España tiene claramente un problema de brecha generacional. Generaciones jóvenes se quejan de que no tienen el lugar que tuvieron sus mayores o que, fundada o infundadamente, no tienen el lugar que deberían tener. Ese es el discurso de muchos jóvenes. Y esto genera una tensión que va en las dos direcciones. Por un lado, los jóvenes culpan a sus mayores y por otro lado, los mayores se han dirigido a los jóvenes para culparlos de ciertas conductas y de ciertos comportamientos.

En la novela hay varios personajes que tienen estas relaciones problemáticas, centradas, además, en la figura de la madre. Hay un caldo de cultivo que viene desde antes de la pandemia, pero la pandemia probablemente ha contribuido a que se agrave o, por lo menos, a que se desequilibre todo mucho más. Nos parece que esta es una cuestión interesante, en términos individuales y en términos comunitarios. Si no acertamos a coser esa grieta que se está abriendo, generamos un espacio de conflicto y disfunción muy grave en la sociedad. 

N.T.- El conflicto generacional está muy presente en la literatura desde siempre. Sin embargo, de alguna manera, terminó por explotar en el siglo XX, con el expresionismo alemán, con la literatura de Kafka, al que hacemos un guiño en el capítulo doce. Esto ha sido un tema recurrente en la literatura, desde el mito de Prometeo. Si a este choque que se produce en el expresionismo alemán, al principio del siglo XX, le  añadimos el contexto de la pandemia, esos conflictos dan pie a otras situaciones nuevas que también tenemos que aprender a gestionar. 

M.G.- Literatura hay mucha en esta novela. Os tengo que preguntar por el título. La anterior, Si esto es una mujer. Ahora, La forja de una rebelde.  ¿Será la seña de identidad de esta saga?

L.S.- Esa es la idea. Queremos que las novelas de Manuela no solo dialoguen con la realidad, sino también con la literatura. Manuela es una policía que lee. Esto, a lo mejor, hace treinta años podía sorprender más pero ahora ya no. Hay una jugosa nómina de policías escritores, como Víctor del Árbol,  Rafa Melero, Pere Cervantes,.. Y podría añadir quince nombres más. Si hay policías que escriben es porque hay policías que leen. Eso no debe resultar ya tan extraño. Y si nosotros hemos llegado a la novela negra, es también a través de la literatura. Entendemos que la novela negra es una expresión literaria, que tiene que reivindicar su dimensión de literatura y su vocación de trascender lo que es la anécdota criminal o la anécdota policial, para conectar con todas esas condiciones de la naturaleza humana que explora la literatura. Y ahí, poder hacer este tipo de homenajes, como a Primo Levi en el libro anterior, o a Arturo Barea con esta. Además es un autor muy sugerente, que tiene muchos ecos en la novela. Esta es la historia de muchos personajes que sienten un impulso de rebeldía, que les lleva a chocar con el mundo en el que viven. En cierto modo, les lleva a hacerse daño a sí mismos. Algo de esto hay en la novela de Barea, la historia de alguien que, desde muy pequeño, siente un impulso de rebeldía y tiene que buscar la manera de encauzarlo para evitar hacerse más daño. 

N.T.- Queremos que la intertextualidad sea una constante de la serie. El momento que más me gusta es cuando tenemos que elegir a qué escritor o escritora del siglo XX vamos a hacer un homenaje. Ese homenaje es muy importante, y no solo en la paráfrasis del título, no solo en la cita inicial, sino también porque introducimos muchos ecos de esta novela que tomamos como referencia y de la que proponemos una relectura.

Cuando estuvimos promocionando el primer libro, no había nada que me hiciera más feliz que algunos lectores nos dijeran que, después de leer nuestra novela, habían vuelto a leer a Levi. O que lo habían leído por primera vez. Me gustaría que esta novela también sirviera para hacer relecturas del testimonio de Barea, el testimonio sobre una generación entera que tuvo que partir al exilio tras la guerra civil.

Insisto en que, uno de los momentos que más me gustan es la elección de ese homenaje. Había muchos motivos para elegir a Barea. Es representante de toda esa generación que tuvo que partir al exilio, que lo perdió todo. En un momento como la pandemia, en el que se ha perdido tanto, nos pareció que era adecuado recordar a Barea. Además es un escritor muy poco reivindicado, pero cuyo testimonio es muy importante.

M.G.- Hay muchas más referencias literarias. Por ejemplo, la novela Diez negritos de Agatha Christie juega un papel muy importante. También se mencionan a otros tantos autores, algunos de nombre impronunciable, que también escriben de manera conjunta. En un pasaje se explica en la novela cómo dos autores concretos escriben sus novelas a cuatro manos. Me gustaría saber si vosotros habéis cambiado en algo vuestra mecánica o habéis mantenido el mismo procedimiento.

L.S.- Partimos de la misma premisa pero cada vez encontramos más alicientes y encontramos más posibilidades a la escritura compartida. Lo consensuamos todo porque de otro modo sería un lío. Y luego vamos trabajando partes del texto que nos vamos intercambiando o reescribiendo. Así la huella de los dos está repartida por todo el texto. Pero creo que quizás hemos aprendido a dejar también que el uno y el otro hagan sus apuestas, para sorprendernos. Si a uno le sorprende la propuesta del otro, también puede sorprender e interesar al lector.

N.T.- En la novela hay muchos guiños literarios pero también los hay a la escritura como colaboración. Es verdad que, entre la primera y la segunda, el método no ha cambiado pero yo sí he reflexionado mucho sobre el tema.

Los escritores suecos que mencionamos en la novela, Sjöwall y Wahlöö, son un referente importantísimo porque fueron una pareja vital y literaria durante diez años, en los cuales compartieron su creación y el proceso literario. Y también hay referencias a los franceses Boileau y Narcejac, que juntos rompieron muchas convenciones de género. 

En nuestro caso, el método es el mismo pero quizá tengo más conciencia de lo que estoy haciendo, de cómo lo estoy haciendo y de por qué quiero hacerlo. Hay mucho prejuicio contra las cuatro manos, pero para mí ha sido absolutamente enriquecedor, porque cuando escribo con Lorenzo, llego a lugares a los que yo no llegaría sola. Y creo que el Lorenzo que vemos en la serie de Mauri también es un Lorenzo diferente al de la serie de Bevilacqua. Él podría contarte qué le supone escribir una novela u otra.

L.S.- Bueno, cambian muchas cosas deliberadamente. Para hacer lo que ya estaba haciendo no tendría mucho sentido este viaje. El personaje de Mauri lo creé originariamente yo, en un relato que escribí hace cinco años. Cuando surgió la idea de hacer una novela sobre Manuel Mauri, le pedí a Noemí colaborar porque no quería hacer un clon femenino de Bevilacqua. Quería que fuera una mujer que tuviera mucha verdad. Es decir, que no fuera una investigadora policial que compite con los detectives masculinos. El tiempo me ha demostrado que fue una apuesta correcta porque lo que Noemí va poniendo encima de la mesa me acerca al deseo de lo que yo quería que fuera Manuela, una mujer que yo me pueda creer. Por ejemplo, una idea brillante que ella tuvo para esta novela y que hemos trabajado los dos es que, en medio de una investigación, y en medio de una pandemia, Manuela tenga un problema ginecólogo. Este plomo que ella lleva en las alas durante toda la investigación, no solo le da mucha verdad, sino también mucho más interés.

M.G.- Como última pregunta. No puedo dejar atrás a Tucídides, ese historiador que tú, Lorenzo, acostumbras a mencionar en tus novelas.

L.S.- Lo reivindico cada vez más.

M.G.- Pues, en un momento de la novela te haces eco de sus palabras. Y dices: «...en cuanto se perdiera el miedo todo el mundo regresaría, con más brío, a los vicios de antes, sin mejora moral perceptible». Una frase que viene muy al hilo de lo que estamos viviendo porque pensábamos que de esto íbamos a salir siendo mejores personas.

L.S.- No. Cada uno verá lo que hace con su experiencia. Para algunas personas, esta experiencia les ayudará a mejorar y otras empeorarán. El sufrimiento, la angustia y el caos no producen una mejora del conjunto de la condición humana. Los procesos de mejora nos individuales, y requieren esfuerzo y actitud.

M.G.- No os robo más tiempo porque os están esperando. Me alegra volver a veros, y volver a leeros. Espero también volver a ver a Manuela en la tercera entrega.

L.S.- Creo que sí, salvo que pase algo inesperado. 

M.G.- Gracias.

N.T.- Gracias a ti.

Sinopsis: Desde el inicio de la alerta sanitaria, Manuela Mauri no ha tenido un respiro y por primera vez en su vida se siente desbordada por los acontecimientos. En medio del caos, un doble crimen ocurrido en Alcalá de Henares le quitará el sueño: Carlota, una joven de diecinueve años, avisa a la policía al encontrar a su padre y a su madrastra muertos a tiros en su casa. Una fiesta ilegal y el testimonio de diez jóvenes en guerra con la sociedad serán claves en la resolución del caso.

Una novela policial que va mucho más allá de la investigación de un homicidio. En un Madrid sitiado por un virus, las diferencias generacionales de nuestra sociedad explotarán en este caso para recordarnos, a cada uno de nosotros, el peso de nuestra conciencia.

Una reflexión literaria sobre las experiencias y los deseos que forjan nuestro carácter y que combina los argumentos y recursos del género policial clásico con la mirada sobre asuntos candentes a los que no podemos dar la espalda. 

martes, 25 de mayo de 2021

LORENZO SILVA: ❝Hablar mal de Castilla y de los castellanos se ha convertido casi en un deporte nacional❞

El 21 de abril de 1521 tuvo lugar la batalla de Villalar. En esta contienda, la gente de Castilla se enfrentó contra las tropas imperiales de Carlos V, que lucharon contra el abuso de poder del emperador. Perdieron. Fueron arrasados y los principales capitanes, -Padilla, Bravo y Maldonado-, decapitados. Fue el inicio del declive de Castilla y, desde entonces, «los castellanos han sido vistos como abusivos dominadores, cuando en realidad su alma quedó perdida en aquel campo de batalla y ha languidecido en tierras empobrecidas, ciudades despobladas y pendones descoloridos». Lorenzo Silva ha querido rescatar este episodio de la Historia en su nueva novela, Castellano, mostrando los hechos sin querer novelar o ficcionar.

Hablamos con Lorenzo Silva.

Marisa G.- Lorenzo, Castellano es un libro que requiere un acercamiento muy distinto de aquellos otros, protagonizados por Bevilacqua o Manuela Mauri. Es para leerlo con más calma y a un ritmo mucho más sosegado.

Lorenzo S.- Sí, creo que sí. Es un libro que tiene muchos personajes y muchísima información. He intentado digerirla de tal modo que, incluso ese lector que no sabe nada de esta historia y no conozca el contexto, cuente con la información justa y necesaria para entenderla. 

Esta es una historia muy compleja, con muchas aristas. Los libros de Historia acostumbran a resumir los acontecimientos históricos en unas cuantas líneas y nombres, pero cuando levantas la tapa te das cuenta de lo que realmente esconde ese suceso, de la cantidad de gente implicada, de las motivaciones tan dispares que tenían unos y otros, o de los perfiles tan distintos. El libro es breve y he intentado sintetizarlo todo, pero quería trasladar al lector la complejidad de este asunto.

M.G.- Novela histórica, con algún tinte de ensayo, pero lo curioso es que también introduces reflexiones y recuerdos personales. Hay una parte autobiográfica.

L.S.- Sí, con la intención de acercar la historia al lector. La lectura histórica siempre es contemporánea e incluso personal. No existe una lectura abstracta e impersonal de la Historia, porque todas las hace una persona y lo hace desde su filtro. Heródoto, el padre de la Historia, era una persona. Hacer historia es un ejercicio de subjetividad y de toma de postura personal, en cuanto a la valoración que se hace de la Historia.

M.G.- La novela se inicia con dos capítulos introductorios en los que narras cómo se gesta esta obra. Este nacimiento tiene que ver con tu familia, un viaje en coche, una melodía y con el concepto de identidad.

L.S.- Tenía la necesidad de contar mi acercamiento a la identidad castellana. Soy castellano por parte de madre, andaluz por parte de padre y me he criado en Madrid, un lugar donde todo se difumina. Mi percepción de la identidad siempre ha sido muy vaga pero, a partir de cierto momento, la he percibido más bien como algo frente a lo que hay que estar prevenido, y no porque yo sea aprensivo o porque tenga prejuicios. Nací en un régimen dictatorial que te vendía una idea de España y de ser español que era preceptiva, inapelable y sin negociación posible. Luego, en democracia, he tenido que convivir con otras identidades que también supieron ser muy antipáticas. Una de esas identidades nacionales mató a ciento y pico de personas en Madrid. Y más tarde, me ha tocado vivir en Cataluña, otra afirmación de la identidad que, en cierto modo, te venía a decir que tenías que ser así, si querías ser catalán y si no, pues sobras. Por eso digo que es para estar prevenido.

He querido reaccionar contra todo eso haciendo una búsqueda de la identidad como algo menos colectiva, menos preceptiva, más personal, más por elección propia. He buscado en qué medida la identidad, tratada como una aventura de indagación, de auto-exploración, de auto-reconocimiento individual, dentro de la libertad de la persona, puede ser una forma de enriquecer tu percepción del mundo. No se trata de distinguirte o contraponerte a los demás. No es cuestión de ser más que los demás, sino de extraer, de lo que conforma tu identidad, aquello que puede ser más universal y desechar lo que no te sirva. Mi identidad la decido yo. No voy a comprar ni mercancía putrefacta ni mercancía averiada. Compraré lo que a mí me sirva. Esta novela es un viaje al reconocimiento de alguien que identifica esas raíces castellanas y trata de buscar en qué medida eso le enriquece en su visión del mundo.




M.G.- ¿Hay también un intento de devolver a Castilla el lugar que le corresponde?

L.S.- Sí. Siempre he sentido a Castilla como muy malquerida, incluso a veces por los propios castellanos. Tienen poco apego a su historia y a su propia condición. Hablar mal de Castilla y de los castellanos se ha convertido casi en un deporte nacional. Siempre se ha mostrado como fuerza reaccionaria, autoritaria y atrabiliaria, pero esta historia da una imagen de Castilla que es todo lo contrario. Habla de un pueblo y de unas gentes que, en el siglo XVI, plantea una revuelta anticipatoria, aunque no de manera exacta, de ciertas ideas emancipadoras que no se terminarán de desarrollar en Europa hasta casi tres siglos después. No hay ninguna ecuación entre Castilla y autoritarismo, entre Castilla y tiranía, o entre Castilla y absolutismo. Más bien es todo lo contrario. En este episodio, lo que vemos es que los castellanos se sitúan en la trinchera contraria, lo arriesgan todo y muchos de ellos lo pierden también todo, su hacienda y hasta su vida. Sus convicciones quedaron demostradas en el campo de batalla. Sin embargo, las convicciones de otros solo han sido siempre de boquilla.

Personalmente siento un desasosiego, por llamarlo de alguna manera, cuando veo que mucha gente reclama convicciones por las que no paga ningún peaje, sino que simplemente se convierten en escalas por las que medran y por las que sacan beneficio personal. A mí esas convicciones me pesan menos que las de alguien que, por tenerlas, en lugar de medrar, se sacrifican y lo pierden todo.

M.G.- Se habla de aquella revuelta comunera como una de las primeras revueltas europeas pero, ¿no es un episodio que está muy difuminado en la Historia? ¿Hay mucha gente que conozca en detalle este suceso?

L.S.- No, porque como eran enemigos de Carlos V y él fue como el gran monarca de la Historia española, el fundador del imperio español. Pero lo que verdaderamente quiso fue defender el imperio de los Augsburgo, que era lo que a él le interesaba. Esta rebelión castellana se empaquetó como una crisis de crecimiento del alma española pero fue un poquito más complicado que eso. Hay muchas luces y sombras en esta historia. Cuando te acercas a ella, te das cuenta de que hay escenas muy oscuras. Hubo mucha represalia por parte del ejército imperial contra la población civil. Llegaron a quemar una ciudad, con la gente dentro. Pero también hay que reconocer que igualmente hay momentos muy oscuros en el bando comunero, con linchamientos y personajes muy violentos. Es decir, hay de todo en ambos lados. Quizá se idealizó en exceso la revolución de las Comunidades. Si fracasó fue porque los revolucionarios cometieron unos cuantos errores. 

M.G.- ¿Pero tuvieron alguna posibilidad de vencer a las tropas imperiales?

L.S.- Bueno, hubo un momento en el que uno de los virreyes de Carlos V, el cardenal Adriano, le comunica que está en un tris de perder el reino. Lo cuento en la novela. El virrey se ha quedado sin dinero y sin ejército. Los comuneros ocupan las ciudades principales, recaudan los impuestos y nombran a los alcaldes. El virrey si tiene que esconder en su casa de Valladolid. Está solo y consigue escapar por la noche, disfrazado de campesino montado en una burra. Convendrás conmigo en que es un momento en el que reino está colgando de un hilo. Así que sí, estuvo a punto de perder Castilla. Si Carlos V hubiera perdido Castilla, su imperio se hubiera desmoronado como un castillo de naipes porque Castilla era el cimiento de todo.

M.G.- La revuelta estuvo liderada por Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado. ¿Cómo eran estos hombres?

L.S.- Bueno, el liderazgo era algo más complejo. Ellos fueron los tres caudillos militares y tampoco lo fueron durante todo el periodo. Hubo un momento en el que el caudillo militar fue Pedro Girón, un miembro de la gran nobleza y comunero, a la vez. Es decir, que hubo liderazgos cambiantes y siempre muy colectivo. Si nos hemos quedado con esos tres capitanes es porque son los que dan la última batalla y, tras perderla, son ajusticiados. Ellos se convirtieron en la cabeza visible del movimiento.

Padilla fue como el gran caudillo popular pero en la dirección política del movimiento jugó un papel más importante Pedro Laso de la Vega, el hermano de Garcilaso de la Vega. Es un personaje que la mayoría de la gente no conoce.




M.G.- Según he leído en tu blog, los restos de Padilla descansan en un monasterio, pero sin identificar. Y al resto, ¿qué les pasó?

L.S.- Sí. A los tres capitanes los decapitaron para ejemplarizar. Luego, en el momento de la derrota, había como veinte procuradores, veinte representantes de las Comunidades en la Junta comunera, a los que hicieron prisioneros. Prácticamente los ejecutaron a todos. Los demás huyeron y se escondieron. Con el tiempo, el rey les fue perdonando la vida. Bueno, les perdonó la vida pero les confiscó los bienes. A los trescientos comuneros más importantes los condenó a la muerte civil. El movimiento fue aplastado. Las ciudades que se rebelaron las frieron a impuestos para pagar las indemnizaciones de guerra de los señores que habían defendido la corona de Carlos V. La represión fue durísima y el mensaje, muy contundente.

M.G.- Y a Padilla no solo le cortan la cabeza sino que le tiran la casa abajo y echan sal en el terreno.

L.S.- Eso es. Primero los enterraron en Villalardo, donde fueron ejecutados. La viuda de Padilla negoció traerlos a Toledo, pero acordaron no hacerlo de manera inmediata  porque, cuando enterraron a Juan Bravo en Segovia hubo tumultos y murieron ciertas personas. Así que esperaron que se enfriara el tema, pero ahí se quedó porque, como nadie apuntó donde se echaban sus huesos, no los pudieron localizar después. Los restos de Juan de Padilla parecen que están enterrados en un monasterio de Valladolid, derruido, y enterrado junto a un montón de monjes. 

M.G.- Has mencionado a la mujer de Padilla, a María Pacheco. Muy interesante su papel en esta historia. La llamaban la Leona de Castilla.

L.S.- Bueno eso fue por una película. María Pacheco fue una mujer muy inteligente, con formación, una intelectual. Fue muy consciente de todo lo que iba pasando. Ella no resiste a lo loco en Toledo. Se dio cuenta de que si se rendía sin más, a Toledo la iban a humillar, como humillaron a Segovia, a Valladolid. Para que te hagas una idea. En Segovia, al juez que tuvo la ciudad sitiada durante meses, que dirigió la represión, al que más odiaban en Segovia, lo nombraron concejal del ayuntamiento. Eso, para humillar más si cabe a los segovianos. María pensó que, la única manera que tenía de negociar unas condiciones honrosas, era no rendirse inmediatamente. Ella consigue que la población resista y se hace con el liderazgo moral. María empieza a tener su ascendencia sobre la población porque es la viuda de Padilla pero al final si se ganó a la gente llana de Toledo en las asambleas fue por sus propios méritos.

M.G.- El punto álgido de esta revuelta tiene lugar el 23 de abril de 1521, con la batalla de Villalar. Hace muy poquito que se han conmemorado los quinientos años. Me dio por buscar qué acto se había llevado a cabo para celebrar estos quinientos años. Encontré una ofrenda floral hecha por las instituciones de la localidad, pero muy poco concurrida y con poca cobertura.

L.S.- Voy a decir una maldad. Imagínate que esto fuera una efeméride a la historia de Cataluña. 

M.G.- Ya. Si yo te entiendo.

L.S.- Pero además, en Cataluña no solo se montaría la de Dios, sino que saldría en todos los telediarios. También en Canal Sur. Pero como es Castilla, pues...

Castilla, después de la derrota de los comuneros, quedó postergada y olvidada hasta hoy. Castilla no ha dejado de languidecer desde 1521. Tú ves Villalar hoy, u otros pueblos de la provincia de Valladolid, de Palencia, de Burgos, de Soria, y están todos muertos o moribundos. La gente se fue a América, al País Vasco, a Andalucía, a Madrid,... Y Castilla fue muriendo. No tiene quien la quiera, ni quien la reivindique, ni quien se acuerde de ella, ni quien se fije en ella. Castilla es un poco la cenicienta de la Historia de España y encima, cargando con todas las culpas, que es lo más gracioso.

M.G.- Por cierto, Lorenzo. Si todo este episodio ocurre en el siglo XVI, ¿por qué hay un capítulo dedicado al Cid, si él nació y murió muchísimo tiempo antes?

L.S.- El Cid es un personaje histórico, pero también es un personaje literario. No olvidemos que uno de los grandes poemas épicos que ha dado la Literatura y que, además, es una obra de propaganda y de construcción mítica de Castilla está dedicado a él. El Cid es el héroe castellano por antonomasia, un héroe que tiene unas virtudes que sirven de modelo y de referente para los comuneros. En Grecia, los héroes homéricos eran un referente para los atenienses y los espartanos. Los niños crecían leyendo la Odisea y la Iliada, con lo que Aquiles y Ulises acabaron influyendo en la realidad. Pues en Castilla, esa mitología castellana está representada por el Cid y antes que él, por Fernán González, otro personaje que también tiene su poema épico y también es del siglo XIII. En ese siglo XIII, Castilla fija sus coordenadas míticas. Por eso, cuando tú ves a Juan de Padilla cargando en Villalar, a caballo y con lanza, inevitablemente resuenan ciertos ecos.

Y tampoco olvidemos a don Quijote, otro héroe literario castellano. Aunque puede ser una parodia, no lo es tanto. Basta con pararse a leer lo que él dice cada vez que habla.

M.G.- Has hecho especial hincapié en manifestar que has querido ser leal  a los hechos, sin novelar, ni ficcionar.

L.S.- No he querido inventar para mi conveniencia. Cuando te pones a fabular, corres el riesgo de adulterar los hechos, poner las cosas más bonitas, o realzar excesivamente a un personaje. Esto se aprecia mucho en el propio poema de Los comuneros de Luis López Álvarez, que me gusta mucho y con el que declaro mi deuda. Lo que pasa es que ahí está todo subrayado poéticamente para que los comuneros parezcan lo más noble posible y que el cardenal Adriano parezca un hombre malísimo, y no era del todo así. Era un estadista de su tiempo, un servidor del emperador, un político, pero también era un hombre que sufrió por la destrucción que se está produciendo a su alrededor. Por eso, he querido renunciar a todos esos excesos. He intentando buscar ese difícil equilibrio para mostrar quiénes eran todos ellos.

Cuando te acercas a una persona, y no importa que sea un revolucionario, o un esbirro del emperador, no deja de ser un ser humano, y a los seres humanos hay que tratarlos con cierta indulgencia, porque todos los somos y porque no siempre estamos a la altura de lo que deberíamos ser o hacer. He querido hacer una narración más  humana y más verdadera, que huya de los excesos épicos y de los excesos románticos que giran alrededor de esta historia.

M.G.- Lorenzo, después de haber escrito este libro, ¿te sientes más castellano? 

L.S.- Sin duda. Y soy más consciente en qué medida mi herencia castellana es valiosa para mí. La reivindico y la reivindicaré hasta el final. Con las mismas, no tengo ningún inconveniente en señalar las zonas oscuras de la castellanidad que no son pequeñas y algunas están contadas en la propia novela.

M.G.- Para finalizar. Si echo la vista atrás y contemplo la cantidad de libros que llevas publicados, tan dispares, tan distintos unos de otros, no puedo evitar pensar que debes ser una persona inquieta y que le gusta poco encasillarse.

L.S.- Soy una persona curiosa pero no dejo de ser siempre el mismo. Si alguien hace el esfuerzo de leerse los setenta y ocho libros, cosa que nadie está obligado a hacer, salvo yo mismo y mi madre, verá que, con mucha disparidad, al final siempre está la misma persona detrás de ellos. En todos ellos, hay inquietudes básicas que se repiten, aun tomando formas muy distintas. Lo más estimulante y enriquecedor de este oficio es buscar las formas tan variopintas que puede tomar una misma preocupación, y las maneras tan distintas que hay de acercarte a cuestiones como las convicciones, el espíritu de sacrificio o la identidad,... Todas ellas, cuestiones fundamentales para el ser humano.

M.G.- Un placer volver a leerte y conversar contigo. Gracias.

L.S.- Gracias a ti.

Sinopsis: 1521. La revuelta de los comuneros contra Carlos V

Un sueño de orgullo y libertad que marcó la identidad española.

La épica revuelta del pueblo de Castilla contra el abuso de poder de Carlos V culminó en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521. Las tropas imperiales arrollaron a las de las Comunidades de Castilla y decapitaron a sus principales capitanes: Padilla, Bravo y Maldonado. Aquella jornada marcó el declive definitivo de un próspero reino que se extendía a lo largo de tres continentes y cuya disolución dio lugar a un nuevo Imperio que se sirvió de sus gentes y sus recursos. Desde entonces, Castilla y los castellanos han sido vistos como abusivos dominadores, cuando en realidad su alma quedó perdida en aquel campo de batalla y ha languidecido en tierras empobrecidas, ciudades despobladas y pendones descoloridos.

Esta novela es un viaje a aquel fracaso, nacido de un sueño de orgullo y libertad frente a la ambición y la codicia de gobernantes intrusos y, en paralelo, del descubrimiento tardío del autor, a raíz del extrañamiento y el rechazo ajeno, de su filiación castellana y del peso que esta ha tenido en su carácter y en su visión del mundo.

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