viernes, 21 de febrero de 2020

COSAS NUESTRAS de Ilu Ros

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Editorial: Lumen.
Fecha publicación: febrero, 2020
Precio: 21,90 € 
Género: Ilustrado
Nº Páginas: 160
Encuadernación: Tapa duras. 
ISBN: 9788426407269
[Disponible en ebook;
puedes empezar a leer aquí]


Autora

Ilu Ros nació en Mula (Murcia) en 1985. Licenciada en Bellas Artes y Comunicación Audiovisual por la Universidad de Granada, reconoce que la decisión, a los diecisiete años, de estudiar Bellas Artes fue una de las más importantes de su vida, aunque no fue hasta 2011, una vez instalada en Londres, cuando puso el foco en la ilustración y sus posibilidades profesionales.

Ilu Ros encuentra su inspiración en la cotidianidad, las ciudades que visita, las personas que la rodean y las historias que le cuentan, en los libros, las películas, los viajes en tren, la música que escucha... Básicamente, le gusta buscar en las pequeñas cosas algo nuevo (o no tan nuevo) que contar.

Ha expuesto enla Galería Miscelanea de Barcelona y ha sido finalista en el Poster Prize for Illustration, premio convocado por la Association of Illustrators y el London Transport Museum de Londres. En mayo de 2018 publicó su primer libro, Hey Sky, I'm on My Way: A Book About Influential Women, en Estados Unidos, Cosas nuestras es su primer libro en español. Actualmente vive en Madrid.

Sinopsis

Un domingo cualquiera, una joven mira stories en Instagram mientras su abuela se dedica a las faenas del hogar. Una canción de Rosalía y una alusión a Concha Piquer son el detonante de una conversación en la que la cultura popular, el folclore y el recuerdo de figuras transgresoras que tuvieron que luchar por sus derechos en una España chapada a la antigua se mezclan con las referencias de las generaciones actuales. Así, entran y salen de escena Lola Flores, Rocío Jurado, Miguel Molina, las Spice Girls, Nathy Peluso o Federico García Lorca, pero también surge la memoria del campok las dificultades de cuantos tuvieron que emigrar durante la dictadura o las que todavía afrontan los jóvenes para encontrar trabajo o hacerse escuchar.

Un libro conmovedor que nos invita a reconectar con nuestros mayores y descubrir sus historias para que permanezcan con nosotros.



[Información tomada directamente del ejemplar]


Hoy se presenta en Sevilla un precioso libro ilustrado, emotivo y entrañable, que me ha gustado muchísimo. Cosas nuestras es el primer álbum que la ilustradora Ilu Ros publica en España, y que dedica a su abuela Resure, es decir, Resurrección.

Escrito en primera persona, Cosas nuestras empieza precisamente así, con una conversación entre madre e hija, donde la primera pregunta a la segunda que se trae entre manos con la abuela. 




A partir de ahí, el volumen recoge una conversación abuela-nieta a lo largo de una mañana. Resure escucha una copla de Concha Piquer (María de la O), mientras adecenta un poco la casa. Por su parte, la nieta mira los stories de Rosalía en Instagram. El choque generacional es instantáneo. Entre ambas se inicia un diálogo que recorrerá diversas tendencias musicales. Desde Antonio Molina, Juanita Reina, Rocío Jurado o Lola Flores, pasando por los Backstreet Boys, Alejandro Sanz, las Spice Girls, Nathy Peluso o la misma Rosalía. 

Pero este álbum no se limita al ámbito musical exclusivamente, sino que también ahonda en otros temas. Saldrá a relucir la lucha feminista, que comenzó con aquel empeño de conseguir el voto femenino, la emigración, las modas, o las ataduras de la mujer. En realidad es el retrato de una época teniendo como hilo conductor la vida de la abuela Resure, que nace en agosto de 1938, y toda su contemporaneidad. 

Se podría decir que Cosas nuestras se vertebra en dos ramas. En lo musicalconoceremos a las grandes damas de la canción como Juanita Reina y Concha Piquer. La primera era una mujer de su casa, devota y obediente, mientras que la segunda era mucho más rebelde y casquivana, que no le importaba hacerle un feo al mismísimo Caudillo. Entre ellas, había su tira y afloja, y Ros nos da acceso a unas cuantas anécdotas la mar de curiosas. Se tocará también la homosexualidad de Miguel de Molina, la extravagancia de Rocío Jurado o el poderío de Lola Flores. Artistas que hoy se reflejan en el trabajo de Rosalía, de cuya discografía se hace un análisis completo, o de Nathy Peluso, que para mí ha sido un descubrimiento.

Pero la otra vertiente, la que más he disfrutado, ha sido la que recoge el ámbito doméstico y familiar de Resure. Me ha gustado mucho saber cómo la abuela conoció a Juan María, el que luego sería su marido, cuántos hijos tuvo la pareja, cómo se las apañaron para mantener a una familia numerosa, los años que pasaron en Francia de emigrantes, la vida en el campo, las costumbres de la época,... Esas vidas que tanto tienen que enseñarnos.

Y en esa misma línea, me ha encantado asomarme a los recuerdos de Ros, a su juventud, a esos periodos que pasaba en casa de su abuela, leyendo las novelas de Corín Tellado, que sus tías tenían en la casa.

Ya sea a través de la música o de las vivencias personales, Ilu Ros establece un puente entre ambas generaciones. En realidad, la música y los gustos de su abuela por la copla -la autora incorpora algunas como parte del texto y ojito a las letras- no son más que una excusa para entablar conversación con ella, para dejarla hablar, para que rebusque en sus recuerdos y podamos conocerla más. Esas coplas que salen a relucir en este libro son la banda sonora de unas mujeres luchadoras, que no lo pasaron bien, y que también tenían sueños. Son el envoltorio de una vida con muchos más matices de los que podemos intuir, de ahí tanto color, porque los abuelos serán ancianos hoy, pero en su época fueron jóvenes con las mismas inquietudes que todos nosotros.

Con unas ilustraciones planas, en las que apenas existe la profundidad, hay que reconocer que el libro es una preciosidad y está estéticamente muy cuidado. Aconsejo detenerse a examinar los dibujos con minuciosidad pues están cargados de detalles que reflejan perfectamente la vida en el campo. Esas sillas de enea, esos suelos de baldosas ajedrezadas, las cerillas sobre el pretil de la chimenea, la fruta de cera, los platos de cerámica o los cuadros con motivos religiosos,... ¿Quién no ha visto estos objetos en la casa de sus abuelos?


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Cosas nuestras es un precioso homenaje a una abuela a la que veremos despiezar un pollo, hacer una ensalada de tomate o asar patatas mientras conversa con la autora. Una abuela que anima a su nieta a no perder la esperanza porque seguro que le sale algo de trabajo pronto. Una abuela que no ha podido ver este libro porque falleció hace unos años, según relata la autora en alguna entrevista, pero que, desde donde quiera que esté seguro que ha esgrimido una enorme sonrisa.

No puedes perderte este libro. Todas las abuelas merecen uno como este. 

Os dejo con el booktrailer:











 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 20 de febrero de 2020

MARÍA SIRVENT: 'En ningún momento me he parado a pensar de qué va esta novela'.

Hace unos días tuve la ocasión de conversar con María Sirvent. La joven jiennense, que ya publicó en 2010, Si supieras que nunca he estado en Londres, volverías de Tokio (El Aleph), vuelve a la actualidad literaria con una nueva novela. Los años impares es un recorrido generacional, a lo largo y ancho de una familia, a la que se van incorporando otros personajes. María ha querido hablarnos de gente sencilla, como Manolo, un hombre de pueblo que se marchó a Mallorca en busca de un futuro. Nos habla de Nieves, sobrina de Manolo, que busca el éxito. Y en esta novela también encontraremos a Paca, una mujer que padece Alzheimer y que, sin filtro, dice lo primero que le pasa por la cabeza. Los años impares es un novela cercana, con un curioso estilo narrativo, pero de todo ello os hablaré en la reseña. Ahora, os dejo con la entrevista.

La imagen puede contener: 2 personas, incluido Marisa González, personas sonriendoMarisa G.- Tu novela anterior fue apadrinada por Ray Loriga y Bryce Echenique. Para ser la primera, contar con esos padrinos tuvo que ser un lujo.

María S.- Sí, fue algo que me impresionó. De hecho, Ray Loriga me acompañó en una presentación y, hasta en aquel acto, le pregunté si realmente se la había leído, porque no me lo creía. Lo viví como algo increíble. Fue un honor.

M.G.- María, a los autores que lleváis pocas novelas publicadas, me gusta preguntarle si sienten una evolución, si encuentran muchas diferencias entre su primer trabajo y el segundo.

M.S.- Son muy diferentes. La primera era una novela muy intimista, narrada en primera persona, por lo que el mundo se ve a través de un personaje concreto. Y esta es una novela coral, con muchos personajes, desarrollada en diferentes épocas, que trata diferentes temas. Quería que fuera diferente. Me gusta mucho más la segunda. A la primera le veo muchísimos fallos y, aunque he intentado volver a leerla, me ha costado. Soy muy perfeccionista y hoy no me gusta cómo quedó.

En cambio, esta, en la que he trabajado durante diez años, ha resistido mi criba. No es una novela que haya estado durmiendo en el cajón durante años, sino que he estado todo este tiempo trabajando el texto. Estoy satisfecha con el resultado.

M.G.- ¿Pero esta novela nace antes que la anterior?

M.S.- No, la anterior la publiqué en 2010 pero sí te diré que el primer párrafo de esta novela, el inicio, lo escribí en 2008, antes incluso de ponerme a escribir la primera. Lo tenía guardado y lo rescaté.

M.G.- Entiendo. Bueno, Los años impares, es una novela original y singular, como reza la sinopsis, lo es incluso desde la dedicatoria y desde la cita.

M.S.- Anda, qué bien. Eres la primera persona que me habla de la cita. 

M.G.- (Risas) Pero si esa cita es maravillosa.


M.S.- Pues nadie me ha preguntado por ella, ni por la dedicatoria. Y son detalles que he cuidado mucho.

M.G.- Para mí los libros empiezan con las dedicatorias, así que me fijo mucho en eso.

M.S.- Efectivamente. Bueno, son detalles que adelantan el tipo de lectura con la que el lector se va a encontrar.

M.G.- Pero no deja de ser curioso que dediques el libro a tus personas queridas pero también a la Autovía del Sur.

M.S.- Mi familia es de Andújar, aunque yo no vivo allí. Muchas veces he hecho el trayecto en autobús desde Madrid a Andújar. Atravesar la Mancha en autobús y sin whatsapp, es algo que me ha marcado. Es un paisaje que me gusta mucho. Si no hubiera recorrido tantas veces ese paisaje, creo que nunca hubiera ubicado la novela en este escenario. 

M.G.- Pero es un paisaje llano, plano,...

M.S.- Sí, y muy soso. Pero a mí me gusta.

M.G.- ¿Y tú cómo definirías la novela, María?

M.S.- ¡Ni idea! No sé de qué va. ¿Tú sabes decirme de qué va?

M.G.- No. Es complicado. 

M.S.- Pues eso. He estado enfangada durante mucho tiempo, tratando de construir unos personajes. En ningún momento, me he parado a pensar de qué va esta novela. No he parado de escribir, para sacar la cabeza del texto y para pensar en los temas que estaba tratando, qué crítica estaba haciendo, de qué va esto. No lo he hecho. Necesitaba que el texto tuviera su lógica interna y que para mí tuviera sentido, y ya está.

Puede ir de una familia, en distintas épocas, aunque luego hay personajes que no forman parte de esa familia,...

M.G.- Y que son igualmente importantes.

M.S.- Quizá no tanto... ¿A ti qué te ha parecido?

M.G.- Te lo digo a las claras. A mí me ha descolocado.

M.S.- ¿Por qué?

M.G.- Porque el lector debe adaptarse a tu manera de narrar. Esta novela implica un ejercicio de adaptación por parte del lector. La novela tiene tintes surrealistas que no podemos obviar, y que pueden desubicar al lector.

M.S.- Sí, hay mucho surrealismo.

M.G.- ¿Y no crees que es una apuesta arriesgada?

M.S.- Pues ya me lo han dicho varias veces, pero es que no la podría haber escrito de otra forma. En ningún momento he pensado que estuviera arriesgando.

M.G.- Lectores hay de todo tipo. Y hay lectores que son muy comodones, que lo quieren todo hecho.

M.S.- No escribo pensando en los lectores. No me he parado a pensar en el criterio de una persona que no conozco de nada. Para mí es imposible escribir pensando en los lectores. Sigo mi criterio. Además, he publicado una novela antes y tampoco sabía si iba a publicar esta. No vivo de esto económicamente. No pienso en el criterio de nadie. Escribo lo que me da la gana.

M.G.- Me parece fantástico. La novela la has escrito tú, y la escribes como quieras. Eso es indiscutible.

M.S.- Pero sí he intentado ponerlo fácil. Cada vez que empiezo un capítulo, sitúo al lector para que sepa en qué año estamos y de quién hablamos.

M.G.- Eso se entiende perfectamente. Pero a parte de ese surrealismo que apuntamos, hay presencia de humor, algo que me siempre me gusta y que, imagino ha sido intencionado.

M.S.- Sí, sí. El humor es necesario para mí. Sirve para alejarte y poder contar algo concreto, o para acercarte a algunos temas y hacerlos más digeribles, y no solo para el que lo lee, sino también para el que lo escribe.

M.G.- Hablemos de los personajes. El que más me ha gustado es Manolo. Es una persona entrañable, con un mundo sencillo pero, a la vez, enriquecedor. No hay demasiada ambición, es buena persona. Un personaje amable.

M.S.- Para mí también es mi personaje favorito. El germen de la novela es Manolo. Conocí a un Manolo de verdad, cuando vivía en Mallorca, en el año 2008.  Trabajaba en el bar de un hotel cutre de la isla, en el paseo marítimo. Era el típico hombre con bigote, barriga, chaleco de camarero, sesenta años,... Lo vi cómo se alejaba, cómo servía sus mesas, un poco cansado. Hay gente que te deja huella. Por entonces, yo escribía un montón y esa noche escribí el primer párrafo del capítulo uno. Es lo que te comentaba antes, que el inicio de esta novela lo escribí antes de ponerme con la primera. 

M.G.- Pero tú no conociste a esta persona más allá de ese café, ¿no?

M.S.- No, no. El Manolo de Mallorca no tiene ni idea. Si Manolo supiera.... Ya estará jubilado, imagino.

M.G.- (Risas) Quién sabe si acabó comiendo un bocadillo de jamón en soledad. 

M.S.- (Risas) Jamón del bueno. Pero ¿de verdad te ha gustado la novela?

M.G.- Me gustan aspectos del libro pero, como te digo, a veces me ha descolocado.

M.S.- A mí no me parece una novela rara ni diferente.


M.G.- No creo que rara sea la palabra. No es mejor ni peor, es diferente. En realidad, lo diferente se agradece. Pero sí te digo, y lo hago con total sinceridad, que, en ocasiones, me he sentido algo perdida. Luego te enseño una página en concreto para que tú me digas lo que has querido contar. 


M.S.- ¡Ah, vale! (Risas)

M.G.- Aparte de Manolo, el otro personaje es Nieves. Es una chica de nuestro tiempo. Digamos que la novela ofrece un contraste generacional.


M.S.- Sí. Manolo es un hombre que cuando llegó el tractor a los pueblos, emigró. Hizo lo que tenía que hacer en su época, irse a trabajar a los hoteles, sin cuestionarse nada, sin penar si tenía sueños o no. Solo quería trabajar para mandar dinero a su familia.


Nieves es otra generación, en la que los sueños cobran otra dimensión. La realización personal tiene una importancia enorme en su época. Como sociedad hemos subido un escalón. Tenemos objetivos. Además está la televisión...


M.G.- Precisamente quería preguntarte sobre la televisión. En esta novela, hay personajes que quieren o han participado en concursos de talentos. Son pasajes en los que veo mucha crítica. 


M.S.- La culturilla del éxito está presente en la novela todo el tiempo. Conceptos como fracaso, éxito, triunfo, ganador, perdedor, talento,... sobrevuelan sobre los personajes. Y el arte se presenta en sus vidas como una salvación.


M.G.- En relación a los conceptos fracaso y éxito, hay un pasaje que me ha gustado mucho. Cuando José Antonio, ganador de un talent show, se hunde al darse cuenta de que, pasado un tiempo, nadie lo reconoce. Su frustración es absoluta.


M.S.- A él no se le ha olvidado que ha ganado un concurso, pero a la gente sí. Son programas en los que uno gana y el resto fracasa, pero incluso el que gana también fracasa, porque no hay sitio para tanta gente.


M.G.- Es un éxito de un día.


Sigamos con los personajes, ¿Y qué tal Paca y su diario?


M.S.- Hay abuelos que cuando abren la boca sueltan cosas impactantes. Paca es una mujer con demencia senil a la que le dan unas gotas de Haloperidol todas las noches, como a muchos ancianos. Ella va anotando en su diario todo lo que ocurre a lo largo del día, pero lo hace a su modo, y siempre con alguna mención a la climatología. Su enfermedad es algo muy triste, pero también algo muy literario. He querido tratarla con humor porque, ante este tipo de situaciones, o te lo tomas con humor o ¿qué haces? Es mejor reírse.


M.G.- Pero María, tus personajes están muy solos. La soledad es un tema que subyace, es como una segunda piel de los personajes.


M.S.- Ah, qué bueno. Tienes razón. Sí, la soledad convive con todos nosotros y claro, también tenía que convivir con mis personajes.


M.G.- Centrémonos en la estructura. Creo que es lo que más me ha descolocado. La historia está desordenada, hay saltos en el tiempo. Esta mañana, para no perderme, he dibujado un árbol genealógico y he escrito la trama, a pinceladas, de manera lineal. 


M.S.- ¿En serio? Bueno, yo tuve que hacer un Excel pero para no perderme con las edades de los personajes.

M.G.- ¿Pero la escribiste de forma lineal y luego la desestructuraste?

M.S.- No. La escribí tal y como la ves. 


M.G.- ¿Y cómo te la has apañado para no perderte?


M.S.- En realidad, no me perdía. Como te digo, al final me hice mi Excel de personajes pero para controlar las edades. Nunca pensé que tardaría diez años en escribirla. Casi se puede decir que los personajes me crecieron (risas). Al final, tuve que poner en el primer capítulo que el presente era 2011, el año en el que la escribí. De otra manera se me hubieran jubilado todos (risas). Tenía que controlar muy bien el tema de las edades. 


M.G.- ¿Y por qué no escribirla de manera lineal?


M.S.- Porque no sabía hacia dónde iba a derivar. Yo empecé con dos personajes, alternando uno y otro, pero fueron apareciendo un montón de personajes más. Simplemente los fui siguiendo. No tenía pensando nada. 


M.G.- Vale, pues vamos a ir ahora a la página que te comentaba antes. Página 114 y 115, cuando te digo que me descoloca es ...




M.S.- Esto es una canción, en la que se van colando cosas que pasan y cosas que el personaje piensa. 


M.G.- Entiendo. Ahora me queda claro. Pero el lector tiene que darse cuenta de esto. Lo mismo, ese día estaba yo un poco espesa y no me percaté.

M.S.-¡Ah!, ¿pero te refieres a este tipo de cosas?

M.G.- Pues sí. No a la trama, no a los personajes. A esto. 


M.S.- Entiendo que no a todo el mundo le va a gustar estas cosas, claro, pero bueno, yo he disfrutado mucho.


M.G.- Al fin y al cabo, ese era tu objetivo. Escribir lo que te da la gana y pasarlo bien.


M.S.- Pues sí, me lo he pasado muy bien. Me he reído mucho.


M.G.- En cualquier caso, si te confieso que hay más cosas que me han gustado de la novela. Por ejemplo, la forma de hablar de los personajes. Me parece muy fresca y real.


M.S.- Lo he trabajado mucho. Anda que no he consultado veces el diccionario Tomellosero, la localidad que está pegando con Argamasilla de Alba.


M.G.- ¿Pero ese diccionario existe?


M.S.- Sí, claro. Existe ese diccionario en Internet y recoge las expresiones que se suele usar en la zona. También he consultado muchísimas veces webs donde escriben los de Argamasilla, para ver qué expresiones usan. De hecho , visité el pueblo pero no me sirvió de nada porque no hablé con nadie. Eso sí, llamé por teléfono y me hice pasar por una estudiante de un máster para preguntar cosas del pueblo. Sé muchas cosas de Argamasilla que luego no han salido en la novela Pero, con los personajes, he 
querido que cada uno tuviera su propia voz y que cada capítulo estuviera impregnado de la época en la que vive ese personaje. He intentado que los capítulos de Paca estén contados con un tipo de narración, con un tipo de vocabulario, una cadencia o un ritmo que, a lo mejor, no son los mismos de Nieves o Manolo. Ahí sí que me he esforzado.

M.G.- En cuanto a los escenarios, has contado que pasaste un tiempo en Mallorca pero ¿por qué elegir Argamasilla?


M.S.- Porque tenía que ser un pueblo pequeño. La Mancha me gustaba. No iba a ubicar la historia en Jaén porque entonces mi familia se me hubiera echado encima. Me tenía que alejar de mi vida. Argamasilla me parecía bien por un montón de razones. El paisaje me gusta, es un pueblo pequeñito, podía controlar el acento,...


M.G.- ¿Y no la vas a presentar allí?


M.S.- Bueno, he hablado con el Concejal de Cultura. El alcalde también tiene us ejemplar y puede que hagamos algo allí. Ya veremos.


M.G.- Espero que sí, y que vaya todo el pueblo a la presentación. María no te robo más tiempo. Muchas gracias por esta conversación que hemos mantenido.

M.S.- Muchas gracias a ti.




Sinopsis: Mi madre es ese tipo de mujer a la que siempre le sobra día. Para ella, el mundo empieza alrededor de las tres de la tarde, cuando ya está fregada la cocina. Luego se sienta en el sillón y ve la telenovela de la uno y entonces es feliz, blanda y feliz. No es cariñosa, no tiene aficiones y apenas sale de la casa. Lo que más le gusta es irse a dormir, se pasa la mitad del día esperando que llegue la noche para irse a dormir. Si alguna mujer se separa, se lleva las manos a la cabeza, como si no se diera cuenta de que ella también está separada. Es curioso que eso no le pase con los personajes de las telenovelas, cuyas pasiones, miedos, alegrías y desengaños entiende como nadie. Mi padre, estoy segura de eso, nos abandonó porque en esta casa estamos siempre a oscuras. Seguro que se largó a Manchester por la manía que tiene mi madre de no encender las luces hasta que no es de noche. Se puede amar a un asesino en serie y a un cangrejo de río, pero es muy difícil amar a alguien que te tiene a oscuras todas las tardes porque sí, durante veintitantos años.

Los años impares es una original y singular novela que mezcla con acidez e ironía situaciones absolutamente divertidas con otras absolutamente melancólicas. María Sirvent nos ofrece un relato en el que personajes de carne y hueso, entrañables todos y perfilados maravillosamente, nos acercan a un mundo casi perdido y un fresco sobre la España contemporánea, con una crítica que va desde la sociedad al arte actual, pasando por los concursos televisivos y la música.


miércoles, 19 de febrero de 2020

LA SOCIEDAD LITERARIA Y EL PASTEL DE PIEL DE PATATA (DRAMA - 2018)

Año: 2018

Nacionalidad: Reino Unido

Director: Mike Newell

Reparto: Lily James, Michiel Huisman, Glen Powell, Jessica Brown Findlay, Matthew Goode, Tom Courtenay, Penelope Wilton, Tim Ingall, Katherine Parkinson, Kit Connor, Dilyana Bouklieva, Andy Gathergood, Marek Oravec.

Género: Drama.

Sinopsis: En 1946 una escritora de espíritu libre, Juliet Ashton, establece una amistad los residentes de Guernsey Island tras la Segunda Guerra Mundial, y decide escribir un libro sobre sus experiencias durante la guerra.

[Fuente: Filmaffinity]


Mucho se ha hablado de La sociedad literaria y el pastel de piel de patata, novela que escribió Annie Barrows y Mary Ann Shaffer, y que fue publicada en España, a través de la editorial Salamandra, en 2018. Y ese mismo año, vio la luz la película homónima dirigida por Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral, 1994). Desde entonces llevo queriendo asomarme a esta historia que sabía que me iba a gustar. No me equivocaba. Eso sí, existen importantes diferencias entre novela y película, pues la primera es de carácter epistolar, circunstancia que se elimina en la adaptación al cine. 

La acción se sitúa en el Londres de 1946. La Segunda Guerra Mundial acabó hace apenas un año y aún se notan las huellas del conflicto. La ciudad presenta un estado deplorable, con edificios en ruinas y un absoluto caos en las calles, pero sus habitantes comienzan a levantar cabeza. Es hora de ponerse manos a la obra para reconstruir la capital del Reino Unido. En esta ciudad que se levanta de sus cenizas, con fiestas, bailes y champán, reside Juliet Ashton (Lily James), una joven escritora con cierto éxito y que publica sus novelas con seudónimo. Acompañada siempre por su editor, Sidney Stark (Matthew Goode), acude a clubes de lectura para encontrarse con sus lectores, que siempre esperan una novela más. A pesar de que las cosas comienzan a irle bien, a pesar de que mantiene una relación amorosa con un joven militar norteamericano -Mark Reynolds-, a la joven le cuesta olvidar ese pasado reciente que le ha arrebatado a sus seres queridos. Todo el mundo ha perdido a alguien amado, es tiempo de pasar página, de agradecer que la guerra haya acabado, sin embargo a ella, tanta felicidad la aturrulla. 

En ese estado semi-latente se encuentra la joven Juliet, cuando recibe una carta llegada desde un lugar remoto que trastocará toda su vida. El granjero Dawsey Adams de la isla de Guernsey, ubicada en el Canal de la Mancha, contacta con la escritora para solicitarle un favor, al tiempo que le cuenta la rocambolesca historia del nacimiento del club de lectura de la isla, formado por la señora Amelia Mauguery, Elizabeth McKenna, Eben Ramsey, Isola Pribby y el propio Dawsey. En un intercambio de cartas, la escritora conocerá cómo fue la vida de estas personas durante la ocupación alemana. Toda esa información que recibe de desconocidos levantará la curiosidad de la joven, por lo que decide acudir a visitarlos. Lo que encuentra en la isla será a un grupo de isleños que se protegen y se cuidan entre ellos. Al principio, la acogerán con cierto recelo, una actitud comprensible dado el estrecho círculo que compone la sociedad de la isla, y lo extraordinario que resulta la visita de un turista. Sin embargo, poco a poco, se irán abriendo y la muchacha irá ganándose la confianza de todos ellos.

Juliet pasará algunos días en la isla y los irá conociendo más profundamente, hasta el punto de encontrar en las vidas de estos hombres y mujeres, una historia singular y entrañable, idónea para escribir un artículo o una novela. No obstante, los miembros del club se niegan en rotundo. Y es que Juliet no conoce la historia completa, un relato lleno de dolor y de heridas que aún permanecen abiertas.

Salvando las distancias, el intercambio de cartas tras la Segunda Guerra Mundial, y especialmente el mundo literario, recuerdan un poco a 84, Charing Cross Road y a La librería, dos novelas y dos películas que me encantaron. En La sociedad literaria y el pastel de piel de patata se respira esa misma atmósfera de amor por los libros que tanto nos gusta, incorporando, además, ciertas dosis de humor. Así que vamos a entender perfectamente a Juliet Ashton, en su faceta de escritora, y a los miembros del club, en su papel de lectores. Las reuniones del club tienen lugar los viernes, un encuentro que supone para ellos un espacio de libertad, una manera de olvidar lo que ocurría fuera de aquellas paredes, durante la ocupación alemana. Los libros siempre han sido para ellos y para Juliet, refugio, hogar y salvación.

"Tal vez los libros tengan una querencia secreta que los lleven a sus lectores perfectos"

En cuanto a los personajes, me ha gustado mucho Amelia Moguery. Es el personaje más sufrido, al que más le cuesta superar lo que ocurrió, el que se siente más culpable y ese peso lo interpreta muy bien Penélope Wilton. 

El resto de interpretaciones son bastante correctas. Estando los dos protagonistas interpretados por Lily James y Michiel Huisman, sus trabajos me parecen muy comedidos. Así que me quedo con  Wilton y con Matthew Godone, al que siempre me ha gustado ver en Al sur de Granada, Match Point, Retorno a Brideshead o Un hombre tranquilo. Su papel de editor, siempre detrás de su autora de cabecera para concertar presentaciones y encuentros con los lectores, es un hombre que respira amor por los libros y nos arroja una sepcto culto. Curiosamente, su condición de homosexual tiene poca incidencia en la trama, lo cual me parece estupendo.

Pero, las interpretaciones no son precisamente lo que más sobresale de esta película. Junto con la trama -sin sorpresas ni giros-, luce mucho más la fotografía que sabe destacar la belleza de unos paisajes pintorescos, verdes prados que acaban en abruptos acantilados, o escenas en las que la hierba se mueve, mecida por el viento. Incrementa la sensación nostálgica y melancólica de toda la película. 

Si bien es cierto que me ha parecido algo larga -considero que  hubiera ganado con un ligero recorte del metraje- y el desenlace es muy previsible -apenas te basta con que ver llegar a Juliet a la isla para saber lo que va a ocurrir-, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata está muy bien estructurada, posee un ritmo sosegado y cuenta con una preciosa y elegante ambientación.  Estamos ante una historia que mezcla la dureza de una guerra con el nacimiento de un amor, mientras el mundo literario actúa como telón de fondo. La película viene a demostrarnos que no todo el mundo es igual, ni puede ser metida en un saco común. Estamos ante una película que habla de dolor, de lo difícil que es olvidar y perdonar, del sentido de la culpabilidad y, por supuesto, del amor. 

En definitiva, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata es una película bonita de aire británico, una historia amable que, si bien no va a perdurar mucho en tu memoria, te va a ser pasar un rato entretenido y te va a dejar un buen sabor de boca.





Tráiler:


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lunes, 17 de febrero de 2020

DOS HÚSARES de Lev Tolstoi

Dos húsares

Editorial: Hermida.

Fecha publicación: 
Precio: 12,50 € 
Género: Narrativa breve.
Nº Páginas: 90
Encuadernación: Tapa blanda con solapas. 
ISBN: 9788494015984
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Autor

Lev Nikoláievich Tolstói (Yasnaia Poliana 1828 – Astapovo 1910) nació en el seno de una familia noble de la vieja Rusia, hijo del conde Nikolái Ilich Tolstói y de la princesa Mariya Volkonskaya. Su madre murió cuando tenía tan sólo dos años, y su padre cuando contaba nueve. Lev se trasladó junto con sus cuatro hermanos a casa de su tía en Kazán, en cuya universidad se matriculó en 1844 para cursar primero lenguas orientales y después Derecho, hasta que en 1847 abandonó los estudios, regresando a la propiedad familiar que heredó en Yasnaia Poliana. Comenzó a redactar el Diario, y allí respira por primera vez el ambiente de tensión entre clases, preocupación que lo acompañará el resto de su vida. Su espíritu inquieto le empuja a la carrera militar y al campo de batalla, aunque pronto viaja a Moscú para después volver al ejército, participando en la Guerra de Crimea (1853), donde se granjeó una buena reputación por su valor en el frente.

Decide dedicarse exclusivamente a las letras. Su obra Juventud (1854), ópera prima, lo coloca ya en las primeras filas de la literatura rusa, a la que le seguirá Dos húsares (1856). Viaja a Europa y se siente fuertemente impresionado por la nueva pedagogía y las ideas anarquistas del norteamericano Thoreau, que lleva a la práctica en Yasnaia Poliana, donde funda una escuela para pobres junto a la mansión familiar. Su actitud empieza a incomodar al gobierno, a la milicia y a la iglesia ortodoxa, cuyos ritos y liturgias aborrecía. En 1861 concede la emancipación a sus siervos y se establece definitivamente en su ciudad natal junto a su mujer Sofía Behrs, con la que tuvo trece hijos. Durante los primeros años de matrimonio escribe Guerra y paz (1864-1869), novela que lo consagra como gran escritor no solo en Rusia sino en Europa. A ésta le seguirán otras obras, entre las que destacan Ana Karénina (1877) y los relatos  La muerte de Iván Ilich (1886) y La sonata a Kreutzer (1889). Profundamente religioso al final de su vida, en toda su trayectoria literaria refleja la constante búsqueda del sentido moral de la existencia humana y su posible justificación.

Sinopsis

Considerada por la crítica como una de las mejores obras de Tolstói, Dos húsares (1856), traducida ahora al castellano por Olga Korobenko, es un “canto” a las licencias indecorosas y descaradas de la aristocracia militar rusa de la primera mitad del siglo XIX, cuya ejemplaridad fue perdiendo fuerza de generación en generación, aproximándose cada vez más hacia un ocaso que vivía de la exaltación de las medallas heredadas y de la gloria de tiempos pretéritos.

El conde Turbín es un oficial de húsares al que le gustan las mujeres, el juego, la bebida y los duelos. Aunque se deje llevar por sus gustos, no es esclavo de sus pasiones sino dueño de ellas. Dotado de un gran sentido del humor, sensibilidad y humanidad, une a su temperamento  impetuoso y arrogante la elegancia de un carácter dominante y sobrio.

Un salto temporal de veinte años. El conde ha muerto. Tolstói hace aparecer en escena a su hijo, también oficial de húsares, que no puede vivir sino bajo la sombra de la fuerte e imponente personalidad  de su padre, como un Hamlet desheredado. Hábilmente, el escritor ruso logra construir, a través de un juego de espejos entre la personalidad del padre y la del hijo, una historia de dos vidas cruzadas por el destino de las afinidades consanguíneas y por el deseo racional de destruirlas. Toda una obra de arte.



[Información tomada directamente del ejemplar]


Leon (o Lev) Tolstoi visitó este espacio hará unos cuantos años. En su día leí La sonata de Kreutzer, una novela que me maravilló en muchos sentidos, a juzgar por la detallada reseña, y que fue, gracias al club de lectura, mi estreno con este autor. De sus obras más conocidas, Ana Karerina o Guerra y Paz, tengo tan solo el conocimiento que me han ofrecido algunos artículos o bien las adaptaciones cinematográficas. Y es que, como digo siempre, los rusos me producen muchísimo respecto y prefiero acercarme a obras más accesibles y más breves. Es el caso de Dos húsares, un cuento sobre el que había leído infinidad de opiniones y todas muy tentadoras.

Lo primero que deberíamos preguntarnos es qué es exactamente un húsar. Según la RAE, "un húsar es un soldado de caballería vestido a la húngara". Bueno, tampoco esto nos aclara mucho. Otra búsqueda en Internet nos da la siguiente definición: "Soldado perteneciente a un antiguo cuerpo de caballería ligera de la Rusia zarista caracterizado por vestir un uniforme militar similar al del ejército húngaro". Para que nos hagamos una idea, sería algo así.

Resultado de imagen de dibujo de un húsar
[Web: Arte militar y naval]

Pues bien, Dos húsares narra la historia de un padre y un hijo, ambos húsares del ejército ruso, y que se desarrollan en dos épocas diferentes. A principio del siglo XIX, conoceremos al conde Turbín, que llega a la ciudad K, acompañado de su perro Blucher y su asistente Sashka. El húsar ha sido asaltado en el camino y le han robado todo el dinero por lo que, al llegar a la ciudad, no puede pagar el alojamiento. No obstante, es un hombre conocido e incluso admirado, al que se le atribuyen actos heroicos y hazañas. Además posee un atractivo natural, con brillantes ojos azules y unos cabellos rubios y rizados que captan la atención de todas las damas. Inmediatamente, recibirá ayuda de un oficial de caballería que se presta a compartir alojamiento, pero también conocerá a otros personajes, como Ilin, con un grave problema de adicción al juego. Su estancia en la ciudad le permite acudir a un baile, deslumbrando a los asistentes por sus dotes de bailarín. Allí conocerá a la hermana del oficial, la viuda Ana Fiodorovna, de la que queda profundamente enamorado. El amor se instala en su corazón y se desata la pasión.

Veinte años después, es el hijo del anterior, con veintitres años, y también húsar del ejército, el que visita la zona y conoce a Ana Fiodorovna, a su hija y a otros antiguos conocidos de su padre. El conde Turbín ha fallecido en un duelo tiempo atrás.  El tiempo ha pasado y ha dejado su huella tanto en la sociedad como en las personas.  

Toda la obra juega a los opuestos, valiéndose de dos narraciones protagonizadas por un padre y un hijo, que viven situaciones similares, y en dos épocas distintas. El cuento, dividido en quince capítulos, cuenta con una clara línea fronteriza que coincide con el capítulo nueve. Del capítulo uno hasta el octavo, la narración se centra en el conde Turbin y, a partir del capítulo nueve, el protagonista será el hijo del anterior. Dos secciones que transcurren en épocas distintas de las que se hace un reflejo muy atractivo.

Dos son los aspectos que más me han llamado la atención en este cuento. Por un lado, lo distintos que son los dos personajes. Si bien es cierto que el padre y el hijo son tan parecidos físicamente que incluso podrían pasar por dos gotas de agua, el carácter y el sentido de la moral de uno es diametralmente opuesto al del otro. El padre es un hombre alegre y divertido, apasionado, simpático y sociable. Encandila a las mujeres por su atractivo y a los hombres por su don de gentes. Sin embargo, no tiene una moral intachable. Su afición a la bebida y al juego lo convierten en un hombre con mácula que, no obstante, levanta la admiración y el respeto de todos.

En cuanto al hijo, es un joven inteligente, culto y con un estricto sentido de la moral, hasta el punto de repudiar a su padre, por haber tenido un comportamiento deleznable en vida. Y tanto es así, que no soporta que lleguen viejos conocidos a comentarle lo mucho que lo admiraban. Visto así, el lector podría inclinarse más a favor del hijo que del padre. Sin embargo, la lectura nos demostrará que hay algo más a tener en cuenta, algo que define aún más a los personajes.

Otra cuestión que me ha parecido interesante es el retrato de las dos épocas en las que transcurren los hechos. El párrafo inicial del texto no tiene desperdicio. En él se hace un dibujo de la época y de la sociedad, así como de la carencia de adelantos que verán la luz más tarde. Veinte años más tarde, la vida y el mundo han cambiado mucho. Así que, los dos grandes temas de la obra serían las diferencias generacionales y el paso del tiempo que van dejando su impronta. Aunque también he percibido alguna reflexión sustentada en la idea del Tempus Fugit y del Carpe Diem

Escrita en tercera persona, y con un estilo directo, debo admitir que me gustó mucho más La sonata de Kreutzer. Aunque hay pasajes que me han maravillado, especialmente algunas intervenciones de Sashka, ese asistente del húsar padre, algo deslenguado e insolente, pero muy fiel a su señor, así como el retrato generacional, Dos húsares no me ha llegado a convencer del todo, se me ha quedado algo corta, al esperar que la historia surcara otros derroteros.. Habrá que probar con Ana Karerina y Guerra y Paz.







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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