martes, 16 de julio de 2024

PEPA MUÑOZ: ❝Tengo muy buenos amigos que me quieren mucho❞

Si alguien me hubiera dicho que a Pepa Muñoz, la chef al frente de El Qüenco de Pepa en Madrid, le gusta cantar, tiene devoción rociera, y hace el camino a la aldea del Rocío con la Hermandad de Triana hubiera puesto una cara de incredulidad total. Pero lo cierto es que es así. Ella misma lo cuenta en su libro, su primer libro, Un puchero de verdades, que edita con Espasa. En este libro, esta cocinera de padres andaluces hace repaso a su trayectoria, mezclando en un buen guiso lo que supone su vida personal y profesional. No estamos ante un libro de recetas propiamente dicho, sino ante un testimonio personal que, además, incorpora las elaboraciones de algunos de los platos más tradicionales de nuestra gastronomía. A Pepa, el veneno de los fogones se lo metió su padre en las venas. Aquel hombre, cuya muerte supuso un duro golpe para una joven Pepa, cambió un día el volante por los peroles.

Con una de las caras más visibles de la gastronomía española estuve conversando hace algunas semanas.  

Marisa G.- Pepa, pues es un placer conocerte y tenerte en Sevilla. Vienes con un libro que se puede decir casi recién salido del horno, nunca mejor dicho, con este puchero de verdades. Es la primera vez que tú escribes un libro.

Pepa M.- Sí, sí, es mi primer libro. Cuando nacieron mis hijas, que van a cumplir ahora dieciocho años, empecé a hacer anotaciones sobre la gente a la que su madre les había dado de comer, tanto gente conocida como gente anónima. Y luego dejé de hacerlo porque con las niñas, mellizas las dos, pues fue inviable. De vez en cuando apuntaba algo, tomaba notas, hasta ahora que ha llegado.

M.G.- ¿Y qué tal la experiencia de escribirlo?

P.M.- Bien, muy bonita. Ha sido un trabajazo de memoria porque yo situaba e intentaba colocar los hechos. No sabía si esto pasó antes o pasó después. En muchos momentos, he tenido que colocarme ante un guión, con una organización, para poder contarlo.

M.G.- Claro, tener que ordenar todos los recuerdos. 

Pero, a ver, siendo tu cocinera, el que tenga tu libro en las manos pensará que es un libro de recetas y sí que hay recetas pero también hay algo más. ¿Tú cómo definirías el libro?

P.M.- El libro es como mi biografía gastronómica. Hay recetas, claro, pero también hay recetas de vida. En total hay como treinta recetas que muestran cómo ha sido mi trayectoria, cómo he ido evolucionando en algunos momentos o que son recetas que tienen algún sentido en mi vida. Hay muchas anécdotas porque llevo muchos años trabajando y me han pasado cosas muy bonitas. Empecé a trabajar y a cocinar con ocho años, siendo una niña, y he sacado todo lo mejor de esa experiencia. No tengo ninguna cosa que echar en cara a mis padres, sino todo lo contrario porque, al final, mira dónde estoy hoy por hoy. 

M.G.- Gracias a tus padres de los que ahora hablaremos ahora. Como dices, has ido tomando anotaciones a lo largo de los años pero, ¿cómo surge la idea de ponerte ahora a escribir?

P.M.- Pues mira, me lo estaba pidiendo muchísima gente. Me pedían más recetas. Mi restaurante, El Qüenco de Pepa, ha hecho ahora veinte años. Creo que era el momento. Además de mis vivencias, también contaba con material para contar sobre los años en mi restaurante. Han pasado cosas muy bonitas. También algunas muy duras, porque los comienzos son muy duros, pero había un aprendizaje. Y luego, la cantidad de gente que ha pasado por allí.

M.G.- Mucha gente y de ellas hablas en el libro. Pero el prólogo es del chef José Andrés. Él habla de ti y dice que eres una persona que desborda generosidad, felicidad, energía y amor. Te pone por las nubes. ¿Tú cómo definirías a José Andrés?

P.M.- Mira, a Jose le conocía como cocinero antes de la pandemia. Con Jose, hay un antes y un después en mi vida. Sobre todo, siendo colaboradora de él. Jose es una persona que desborda energía. Tiene una energía brutal. Es una persona a la que quieres tener toda tu vida a tu lado, porque con él siempre estás aprendiendo, aprendiendo, y creciendo y haciendo. Es un no parar. A mí me gusta ese no parar porque, aunque yo ya voy a hacer cincuenta y cinco años, mentalmente es como si tuviera treinta. Sigo haciendo cosas y quiero seguir haciendo. Creo que él y yo somos muy parecidos. Él me dijo una vez que pensaba que éramos como hermanos gemelos que nos separaron al nacer. Bueno, es una persona que te está aportando todo el rato.

M.G.- Y muy entregada.

P.M.- Sí, sí, muy entregado. Además, es una entrega verdadera, desde dentro. 


[Si quieres oír nuestra conversación, dale al play]


M.G.- Pepa, tu amor por la cocina viene por tus padres. Más concretamente por tu padre que aprendió a cocinar casi de refilón, porque él no era cocinero.

P.M.- No. Él trabajó en una casa muy buena, en una finca aquí al lado, en Hornachuelos, provincia de Córdoba. Trabajó en la casa de los Oriol. Él era el chófer de la familia y claro, en estas casas, se cocinaba mucho. Todos los días comían un primero, un segundo y un postre. Y él, como chófer, pasaba mucho tiempo en la cocina, con el servicio. Y ahí fue donde empezó a aprender.

M.G.- ¿Le gustaba cocinar más que conducir?

P.M.- Sí, muchísimo más.

M.G.- En el libro hay un capítulo en el que tú cuentas que tu padre empieza a dar de comer, a dar el catering, a los equipos de cine. Esa parte es muy bonita. Me ha parecido muy interesante ver cómo tu padre pasa de ser el chófer en una buena casa a dar de comer a los actores y a los directores de cine.

P.M.- Mi padre era una persona muy emprendedora y muy inteligente. No tenía estudios pero era una persona que tenía mucha visión para los negocios. Le definen muy bien todos los restaurantes de los que se fue encargando. Y yo pongo ahí la palabra catering pero claro, eso es una palabra nueva. Él se moriría con esa palabra. Nunca hubiera dicho catering porque ni siquiera conocía esa palabra. Él decía que era hostelería en exteriores, que es mucho más bonito que catering. Y sí, en aquellos años, en los 70 y los 80, pues él se encargaba de dar de comer a los equipos de rodaje, en las películas de Carlos Saura, de Elías Querejeta, de Víctor Erice, o Pilar Miró. A todos, a los actores, a los electricistas, a los de efectos especiales,...

M.G.- Tenía que contratar a gente para dar de comer a todo el equipo.

P.M.- Bueno, había un núcleo duro, digamos, pero sí, cuando se rodaba fuera, en Almería, en Huesca, o en Cuenca, tenía que contratar a más gente.

M.G.- Y tú lo ayudabas porque empezaste muy pequeñita. ¿Qué recuerdos tienes de esos años? Te parecería un mundo muy mágico.

P.M.- Sí, la verdad es que yo era muy pequeña pero creo que no era consciente. Ahora, tomando distancia, ha sido muy bonito recordar a Alfredo Landa, a Amparo Muñoz, la pobre y otros tantísimos actores y actrices, como Rafaela Aparicio o Paco Rabal. Todos ellos han dejado tanto culturalmente en este país... La mayoría de los actores de esa época ya no viven.

M.G.- Y tu padre fallece pronto, cuando tenías unos veinte años.

P.M.- Sí.

M.G.- Imagino que si él llega a ver hoy, con sus propios ojos, hasta dónde has llegado, se sentiría muy orgulloso.

P.M.- Creo que él lo sabe y me manda mucha energía. Soy muy creyente y a mi padre lo tengo muy presente.

M.G.- Pero fíjate que tú cuentas, en ese momento en el que él fallece, que te querías alejar un poco de los fogones porque era algo muy doloroso para ti.

P.M.- Sí, sí, es que se murió de un infarto fulminante y a mí eso, a los veinte años, me desestabilizó bastante. Estuve un poquito perdida.

M.G.- Por suerte, las cocinas te recuperaron. Y Pepa, otra cuestión importante de la que hablas en el libro es sobre la importancia de comprar buenos alimentos. Y creo que todos, los consumidores, las amas de casa, los que tenemos que cocinar todos los días queremos comprar buenos alimentos pero claro, también creo que al sistema hay que darle una vuelta porque el producto bueno llega carísimo al consumidor final. El agricultor cobra muy poco. Hasta tal punto de que, a veces, ni le compensa recoger la cosecha.

P.M.- Sí, hay que darle una vuelta, sí. Pero es que, además, nos vamos a quedar sin muchísimas variedades por no ayudar al campo, al mundo agro, en general, porque también hay que ayudar a la ganadería. Nos vamos a quedar sin muchísimos productos en nuestra despensa, productos que han conseguido que, ahora mismo, España sea el mejor destino gastronómico del mundo. En la lista de los diez mejores chef del mundo, siempre hay cinco o seis españoles, gracias a ese trabajo que se ha hecho. Tenemos una responsabilidad muy grande y esto hay que cuidarlo. Hay que seguir luchando. Yo soy muy luchona. Voy al campo, y compro a los pequeños productores, y al pequeño quesero. Es la única manera de mantenerlos y que ellos sigan trabajando.

M.G.- Es que a algunos ni les merece la pena mantener el campo. De hecho, muchos están vendiendo o alquilando las tierras y ahora se ven más campos de placas solares que otra cosa. Al menos, aquí en Andalucía.

P.M.- Sí. Y el que tenía antes doscientas ovejas, ahora tiene cien o cincuenta. A todo esto hay que darle una pensada, sí.

M.G.- Exactamente. Y cuéntame esto que dices que las abuelas eran ya sostenibles en su época.

P.M.- Sí, es que eran magas. Las pobres no sabían de economía pero sí hacían economía familiar. Gestionaban residuos y de un mismo plato, luego salían cinco platos más. Hablamos de recetas tan maravillosas como el salmorejo, que es cocina de aprovechamiento, o como son las croquetas o las migas. Son recetas tradicionales nuestras, pero son recetas de aprovechamiento. Y luego hacían otra cosa maravillosamente bien porque antes éramos más de familia. Nosotros, por ejemplo, somos seis. ¿Y qué hacían? Pues gestionaban la ropa, de un hermano pasaba al siguiente, o si una prenda tenía un roto en la codera, pues le cortaban las mangas.

M.G.- Se reciclaba y se reutilizaba todo.

P.M.- Todo. Recuerdo que, de una pata de un pantalón, se hacían almohadones. Se tiraba muy poquito. En mi casa era así. 

M.G.- El libro tiene muchas fotos, muchísimas. Me ha encantado verlas y fijarme en todos los detalles. ¿Cómo ha sido seleccionar exactamente estas fotografías?

P.M.- Tenía muchísimas fotos pero había que seleccionar porque tampoco quería cargar el libro con demasiadas fotos. Me puse con Mila y seleccionamos estas. Hay mucha gente que no aparece en estas fotos pero eso no quiere decir que no sean importantes. Hay muchísima gente anónima que son muy importantes para mí y son maravillosas. Pero bueno, teníamos que hacer una selección. Al final, fuimos eligiendo algunas que, por mi profesión, aparezco con otros cocineros. Tengo muy buenos amigos, que me quieren mucho. Y luego hay fotos con actores, con actrices, flamencos, toreros,... Hay de todo.

M.G.- Y cantantes. A ti te gusta mucho cantar. Y me he quedado alucinada porque no sabía que también eras rociera. Esto, ¿de dónde te viene? 

P.M.- Pues mira, mi madre, sevillana, y mi padre, cordobés. Un amigo mío, el Nene, de Sanlúcar la Mayor, que cantaba, al que conocí en Madrid, y luego, otro amigo mío, Renato, que ha fallecido hace poco, fueron los que mi iniciaron en el Rocío. Tenía unos dieciocho años cuando hice mi primer Rocío con Triana. Luego, me hice de la hermandad y fui conociendo a más gente. Y no faltaba un año. Cuando falleció mi padre sí dejé de ir. Estuve cinco años sin ir al Rocío pero luego, volví a retomarlo.

M.G.- ¿Pero lo haces todos los años?

P.M.- Sí, aunque desde la pandemia, no lo he vuelto a hacer. 

M.G.- Y siempre con Triana. A ver si te veo, que yo tengo la capilla del Rocío de Triana muy cerca de casa. Así que ya te veré.

P.M.- ¿Ah, sí? (Ríe)

M.G.- Sí. Y Pepa, algunas de las recetas que encontramos en el libro son recetas que tú ofreces en tu restaurante. Tú apuestas por una cocina tradicional. 

P.M.- Esa es mi filosofía. Es en lo que creo y la que tiene identidad para mí. Además hay algo importantísimo como es la salud y para eso es fundamental la cocina tradicional, con nuestras legumbres, nuestras verduras, nuestros pescados, en definitiva, con nuestra dieta mediterránea.

M.G.- Lo que pasa es que, a veces, cogemos un libro de cocina, o vemos algún programa de televisión, y nos hablan de unos ingredientes que son un poquito complicados de encontrar.

P.M.- A España ha venido mucha gente de otras culturas que han introducido sus ingredientes y sus recetas. Se han creado conceptos nuevos como un taco de no sé qué, o un pan bao con rabo de toro. Hay mucha fusión, ¿sabes? Pero eso hace que la gastronomía crezca. Yo tengo mis propios principios y voy por otro lado. Prefiero el rabo de toro solo a hacerlo en pan bao. Pero bueno, la cocina tiene que crecer, y tiene que haber gente para todo y sitios para todos y para todo tipo de economías.

M.G.- Entiendo. Pero, alguna vez te hemos visto en Masterchef, un programa que yo sigo mucho porque me gusta, de verdad.

P.M.- Está muy bien hecho.

M.G.- Sí pero como sigan haciendo ediciones y sigan saliendo más gente a la que le gusta cocinar, la competencia va a ser brutal. Va a haber excedente de cocineros.

P.M.- Eso sí que es verdad. Ahora mismo hay muchísimos cocineros. Pero fíjate qué contradicción. Por un lado, hay mucho cocinero pero, por otro lado, falta mano de obra en los restaurantes y en los hoteles. No todo el mundo puede salir de la tele. Hay que trabajar en las cocinas. 

M.G.- Por cierto, el nombre de tu restaurante tiene un significado muy concreto.

P.M.- Sí, se llama así porque cuenco, es el primer instrumento que inventó el hombre para comer pero está escrito con diéresis porque viene del castellano antiguo.

M.G.- Curioso. Y dices en el libro que mentirías si dijeras que siempre quisiste dirigir un restaurante. No entraba en tus planes.

P.M.- No.

M.G.- Pero la vida te lo puso en el camino.

P.M.- Creo que he sabido aprovechar bien todo lo que me ha puesto la vida, en el camino. Lo he recogido y lo he metido en ese puchero.

M.G.- Un restaurante que no siempre ha ido bien. En el libro nos hablas de momentos bastante complicados.

P.M.- Muy complicados. Llevar la administración, la gestión financiera, era  un sitio que no estaba muy a la vista,... Pero, también te digo una cosa. He aprendido mucho y lo he recogido todo, y con mucho cariño. Corregir y no caer en más errores.

M.G.-  ¿Y qué papel juegas en el World Trade Central Kitchen?

P.M.- Ese es el proyecto de Jose al que me he unido después de la pandemia, del volcán, de la guerra, de Filomena,... Cada vez que se ha activado una emergencia, ahí estaba yo. Soy como la persona responsable de la ONG en España. Es totalmente altruista. Lo hago por ayudar. Si yo doy mucho, esto me da a mí mucho más. Es muy gratificante.

M.G.- Cuando uno ha recibido mucho, también hay que devolver a la vida lo que nos ha dado.

P.M.- Efectivamente.

M.G.- Pepa, en este libro, no sólo hablas de tus orígenes o de la cocina, sino que también hablas de temas muy personales, como tu relación con Mila o el nacimiento de tus hijas. No has tenido ningún reparo en hablar de tu esfera más personal e íntima.

P.M.- No, porque era un puchero de verdades. O lo hacía o no lo hacía. También hay cosas que no he contado porque no se pueden contar, o no he hablado de gente que creo que no debería hablar. Soy una persona que se lleva muy bien con todo el mundo. Mi vida es muy amable y no quiero problemáticas. Entonces, hay cosas que no he contado. Pero esta es mi historia. No he tenido muchos momentos en los que me hayan rechazado. Sí vivimos algo así cuando las niñas eran muy pequeñitas y no las quisieron aceptar en un colegio. Pero bueno, ahí hay otro aprendizaje, ¿sabes? Si lo cuento es porque hay que dar normalidad a ciertas cosas y creo que pueden ayudar a muchísima gente.

M.G.- Pero bueno, ya estamos en otros tiempos y hay que abrirse... Bueno, y sobre las recetas que has seleccionado, ¿por qué estas recetas concretamente?

P.M.- Cada una de ellas tiene un significado.  Cada una de ellas está dedicada a alguna persona, a un cocinero, a algún miembro de mi familia, como mi padre o mi madre, o a los hortelanos. Cada una de ellas tiene un porqué. Dentro de la tradición hay alguna que es más sofisticada. Como el crepe que hice de tomate, que lo hice con mi hija cuando me acompañó al primer congreso. Ese tiene un significado especial. Ella es una mini-pepa que empieza.

M.G.- ¿Ellas también cocinan?

P.M.- Lola se va a dedicar a la gastronomía.

M.G.- ¿Y a ti te gusta la idea? ¿La animas?

P.M.- Sí, sí, me gusta. Me encantaría, ¿sabes? Espero que no tenga que trabajar tanto como yo, o que lo haga de otra manera. Porque yo, a veces, me he complicado demasiado, ¿sabes? Pero bueno, me encantaría.

M.G.- Seguro que tiene suerte. Como última pregunta, Pepa, si no te hubieras dedicado a la cocina, ¿qué te hubiera gustado ser?

P.M.- Uy, fíjate, no lo sé. No sé qué hubiera hecho. A lo mejor, hortelana. Creo que me hubiera dedicado al campo, a algo del campo, segurísima. Hortelana, o hubiera tenido una quesería porque las queserías me encantan. Pero no me voy a meter en más líos porque Mila me lo tiene ya prohibido.

M.G.- Pues Pepa, yo te doy la enhorabuena por este libro que está muy interesante. Me ha gustado mucho saber y aprender de ti, conocerte en persona y tenerte en Sevilla. No sé si más adelante te vas a animar a otro libro....

P.M.- Sí, sí. Este es el primero pero no será el último.

M.G.- Pues entonces, espero poder vernos en Sevilla con el siguiente.

P.M.- Claro que sí.

M.G.- Un placer, Pepa. Gracias.

P.M.- A ti.

Sinopsis: La cocinera que ha revolucionado la gastronomía de nuestro país comparte su historia a través de sus recetas.

Pepa Muñoz guisa en este libro las memorias gastronómicas de una vida marcada por la lealtad al origen, la recuperación de los sabores olvidados, la honestidad del trabajo bien hecho y la convicción de que la solidaridad, más que una palabra, ha de ser ley.

Entre la niña que cenaba arroz con leche con su abuela, la joven que ayudaba a su padre en el catering de las películas más importantes de los años ochenta, y la chef que ha servido en su restaurante a prácticamente la totalidad de los presidentes españoles y a personalidades como la Primera Dama de Estados Unidos, Rocío Jurado o Joaquín Sabina, transcurre toda una vida de trabajo y dedicación a la cocina.

Un puchero de verdades nos descubre a la mujer que hay detrás de las recetas que han convertido a El Qüenco de Pepa, en un referente de la gastronomía española dentro y fuera de nuestro país.

viernes, 12 de julio de 2024

EL HAMBRE DEL PELÍCANO de Blanca Cabañas

Editorial: Suma
Fecha publicación: mayo, 2024
Precio: 22,90 €
Género: thriller
Nº Páginas: 360
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN:  9788419835819
[Disponible en eBook]

Autora

Blanca Cabañas (Chiclana, Cádiz, 1991) es maestra de Educación Especial y pedagoga, completó su formación con un máster en Necesidades Educativas Especiales y Atención Temprana. Cuenta con distintos reconocimientos. En 2018, su obra Katchi es premiada como Mejor Relato Corto en el III Certamen Literario Dos Hermanas Divertida. En 2019 consigue el accésit a Mejor Novela Corta en el XXIX Certamen Calamonte Joven con Un buen vecino. En 2020 su relato Vivir se convierte en ganador del VIII Concurso Relato Breve Projecte LOC de Cornellà de Llobregat. En 2021 su relato La línea se hace con el primer premio en prosa en el Certamen Literario Ciudad de Chiclana. En 2022, publica su primera novela, Perro que no ladra, que cautiva a los acérrimos del género. Vuelve con El hambre del pelícano, un thriller crudo y ambicioso que se vale de la Chiclana más oscura como escenario.

Sinopsis

A pesar de comenzar de cero en una nueva casa en Chiclana, Luz no logra dejar atrás sus sospechas. Rodrigo lleva un tiempo comportándose de un modo extraño. Ella conoce esa mirada esquiva, por eso teme que le esté siendo infiel otra vez. Desesperada, decide contratar a una joven detective privada que se convertirá en su sombra. Todo se complica cuando el cuerpo de la chica aparece sin vida en los acantilados de Sancti Petri. Y solo Alfredo, el camarero que la vio por última vez, parece interesado en encontrar respuestas. En esa búsqueda de la verdad, el hallazgo de una estatuilla fenicia detonará las vidas de aquellos que jueguen con su poder y se crean con el derecho de atesorarla.

Después de la publicación de Perro que no ladra, la escritora Blanca Cabañas regresa con un thriller envolvente que atrapa al lector en una espiral voraz que nos lleva a adentrarnos en un mundo de intereses y a disfrutar de los episodios desconocidos de la historia fenicia de Cádiz. Deseos oscuros, avaricia, mitología, investigación y secretos en una novela que hará las delicias de los lectores del género.

[Información tomada directamente del ejemplar]

Blanca Cabañas publicó su primera novela,  Perro que no ladra, en 2022. Con ella tuve el placer de conversar al filo de las navidades de aquel año (puedes leer nuestra conversación aquí) y posteriormente compartí con vosotros mis impresiones en la correspondiente reseña. Leer aquella novela me gustó. Disfruté de su trama y, de paso, aprendí algo de neurociencia. Cabañas regresa ahora con nuevo libro bajo el brazo. El hambre del pelícano es de esas novelas que gustosamente te llevas a la playa, para disfrutar de una lectura entretenida, con una trama a la que no le faltan sorpresas y giros. Y si esa playa baña la costa de Cádiz, mejor que mejor, porque la autora vuelve a su tierra, a Cádiz, para hablarnos de su pasado. Os cuento un poco.

«Voy a morir». De este modo empieza El hambre del pelícano. Las páginas que componen el prólogo de la novela están narradas en una primera persona. La acción se sitúa al borde un acantilado. Al fondo de ese abismo, el mar ruge con fuerza, golpeando incansable las rocas. Pero esta escena será únicamente un adelanto de lo que vamos a encontrar en el interior de este libro, un aperitivo que pone al lector en guardia porque, realmente, la novela se inicia en casa de Adolfo, un anciano que parece sufrir el síndrome de Diógenes. 


«Hacía semanas que no dormía. Puede que meses. A decir verdad, el tiempo se había vuelto confuso. Era incapaz de conciliar un sueño profundo. Cada poco se desvelaba y volvía a estar vigilante un par de horas. Hasta la siguiente sacudida. Esa que lo mantenía alerta, inseguro, expectante. En su cara se dibujaba el miedo; en sus ojos, la tristeza». [pág. 14]

 

En esas primeras líneas del primer capítulo conoceremos a Adolfo, un hombre mayor que no siente orgulloso de lo que hizo en el pasado. Habla de decisiones erróneas, de pagar un precio demasiado alto, de merecer un severo castigo. Tiene miedo. El anciano vive recluido en su casa, no sabemos si por sentir pánico a salir al exterior o por otro motivo. Lo cierto es que, en su casa, siente una presencia amenazante, una figura oscura que lo paraliza cada vez que surge de la nada, o quizá sean sólo imaginaciones de un pobre viejo. Pero el protagonismo de Adolfo se evaporará rápido para pasar el testigo a otros personajes que sí van a desempeñar un papel más predominante. Por un lado, tenemos a Alfredo, un joven camarero, cuya vida cambiará de un día para otro. También acompañaremos a Sofía, una joven fotógrafa que trata de reconducir su vida. Y, entre otros tantos, a Rodrigo, un padre de familia que no pasa por un buen momento. 

La aparición de un cadáver en la playa de la Barrosa pone en marcha el motor de la investigación criminal que se desarrollará en la novela. Nadie ha denunciado ninguna desaparición. Tampoco es posible identificar el cadáver, ya que entre las pertenencias del mismo no se encuentra ningún documento personal. Lo único llamativo son las quemaduras que el cuerpo presenta en las yemas de los dedos, así como una marca alrededor del cuello. Nada más. ¿Quién es la persona que ha sido hallada sin vida? 

Pero este hallazgo no será el único importante de la novela. El hambre del pelícano conecta con el pasado de Cádiz, con su Historia en mayúsculas, con las diversas culturas que poblaron antaño estas tierras, y con la aparición de un objeto de arte, una estatuilla de bronce, que dará pie a un relato en el que no faltarán las mentiras, las medias verdades, la traición, la codicia y la venganza, elementos que ayudarán a mantener la tensión narrativa.

Qué me ha gustado de la novela

Un buen inicio de novela es fundamental para despertar la curiosidad del lector y, en este caso, hay que reconocer que El hambre del pelícano tiene un buen arranque. Como comenté antes, el prólogo nos sitúa al borde de un acantilado, junto a uno de los personajes de la novela. Intuimos lo que la autora pretende que intuyamos, que dicho personaje tiene pensamientos suicidas. ¿Es realmente así? Y en tal caso, ¿por qué? Así que, con esa curiosidad rondándome, me adentro en una trama que gira alrededor de dos cuestiones. Por un lado, la investigación criminal que, si bien está en manos de la Guardia Civil, liderará uno de los personajes civiles el que, por la cuenta que le trae, llevará a cabo sus propias pesquisas. Y por otro, el segundo pilar de la trama será el que tiene que ver con ese repaso que Cabañas hace a aquellos tiempos en los que tierras gaditanas estaban ocupadas por los fenicios y a las que apodaron Gadir.


«La datación histórica no es precisa, pero mucho historiadores coinciden en que solo ochenta años después de la caída de Troya, allá por el año 1104 a.C., se funda Gadir. Entonces era un archipiélago formado por tres islas, las Gadeiras: Erytheia, Kotinoussa y Antípolis». [pág. 101]

 

 




¿Y qué tiene que ver el cadáver de la playa de la Barrosa con la historia de los fenicios en el sur de España? Bueno, pues, por daros algunas pistas os diré que se cree que en Gadir se erigió un templo a Melkart«el rey de la ciudad, del comercio y de la navegación», al que en el mundo griego llamaba Hércules. Melkart, del que yo lo desconocía todo, a pesar de que actualmente puedes encontrarte alguna estatua en su nombre, paseando por algún municipio gaditano, es parte importantísima de la historia de Cádiz y, aunque fue un dios fenicio, todavía hoy ha protagonizado alguna noticia de actualidad. La novela nos habla de estatuillas en honor de Melkart que se han hallado en el fondo marino, en el entorno de Sancti Petri. ¿Podría ser que esas estatuillas estén malditas y sólo traigan muerte y desgracia?


«Vicente hacía alusión a las diez estatuas contemporáneas que,  colocadas en diversos puntos de Chiclana, recordaban la huella imborrable que los antepasados dejaron en aquella franja de tierra. De más de tres metros de altura y simulando el bronce, reencarnaban al dios del comercio Melkart, dando protagonismo a una ruta que los fenicios hicieron hace tres mil años». [pág. 76]


Darle un meneo al libro de Historia y ahondar en el pasado de nuestra vecina Cádiz me ha resultado una experiencia interesantísima. Leyendo esta novela aprenderemos sobre la llegada de los fenicios, sobre cómo se fundó Gadir, quién era Melkart, la existencia de navíos hundidos bajo el mar, y sabremos de reliquias que esperan ser rescatadas de la corrosión del salitre. Todo ello está bien integrado en el relato aunque, sí admito que, quizá en algún momento, Cabañas profundiza algo más de lo esperado o necesario, poniendo a nuestro alcance abundantes datos que, como puedo imaginar, suponen el fruto de la documentación que la autora ha tenido que emprender para poner en pie esta trama.

Por otra parte, y vinculado con el hallazgo de obras de arte, El hambre del pelícano también pone sobre el tapete las consecuencias que acarrea encontrar una pieza arqueológica, desde el punto de vista de Patrimonio Histórico. 


«En España, a partir de la ley de Protección Histórico Español de 1985, cualquier hallazgo, casual o no, debe ser notificado. Todo lo que hay de valor bajo tierra o en el mar pertenece al Estado». [pág. 173]


¿Pensarán así los personajes de esta novela? Creo que puedes responder tú mismo a esta pregunta.

Personajes

La galería de personajes de El hambre del pelícano es, más o menos, amplia, pero sólo me voy a limitar a destacar tres.

* Alfredo es un joven de veinticinco años con una vida bastante anodina. Trabaja los fines de semana en el restaurante Los Pescadores, con el propósito de sacarse un dinero con el que ayudar a la economía familiar. Le encanta la tele y los videojuegos. Sin apenas vida social, su único amigo es Fabio, un guardia civil al que conoció en la infancia.


«Habían jugado de críos en la plazoleta de la barriada, compartido las primeras quedadas con chicas y se habían fumado los primeros pitillos juntos. Si pensaba en aquella época, se recordaba delgaducho y con pelusilla facial en el bigote. Sin embargo, Fabio siempre tuvo un cuerpo fibroso que, desde hacía unos años, lucía bajo el uniforme verde de la Guardia Civil. Lo miraba con admiración, con orgullo. Mientras él sentía haberse estancado, Fabio había cumplido todos sus objetivos: tenía un trabajo estable, se había casado y criaba un bebé de pocos meses». [pág. 18-19]


La relación entre Alfredo y Fabio será crucial en el desarrollo de los hechos. En cierto sentido, la amistad entre el joven camarero y el guardia civil es uno de los puntos interesante de la novela, especialmente, porque esa relación que siempre ha sido sólida podrá terminar pendiendo de un hilo. 

* Sofía es una joven fotógrafa que un buen día abandonó el domicilio familiar para perseguir sus sueños. Sus padres querían imponerle un futuro, que estudiara Derecho y se convirtiera en abogada, pero aquel plan no la seducía. Cuando en su vida apareció Tony, no se lo pensó y se marchó con él. Tony es un tipo guapo, un buscavidas que Sofía conoció por Instagram.


«Hacía de todo, desde arreglar electrodomésticos, promocionar subastas deportivas de dudosa fiabilidad hasta subir fotos de todos los lugares de la provincia que visitaba». [pág. 35]


Sofía tiene que aportar también su grano de arena a la relación así que, aprovechando que es buena fotógrafa y tiene buen equipo, y a pesar de no contar con acreditación oficial, se anuncia como detective privado para casos menores de infidelidad y cuernos. Su relación con Tony empezará a hacer aguas más pronto que tarde.

* Rodrigo se crió en el antiguo poblado de Sancti Petri, «una lengua de tierra que fue un enclave estratégico tres mil años atrás. Saqueado por piratas, erosionado por la acción del mar, bombardeado por los franceses y explotado como cantera de piedra ostionera», que vivía del paso de los atunes por el Mediterráneo, hasta que otros intereses económicos terminaron por obligar al desalojo forzoso del poblado. De madre estibadora y padre pescador, Rodrigo ha formado su propia familia con Luz, con la que tiene dos hijos, pero las cosas no van bien en el matrimonio. Por un lado, ha dado un traspiés que sólo ha sembrado la desconfianza en su mujer. Por otro, su suegra lo atosiga a la menor oportunidad, ninguneándolo y poniéndolo en evidencia. Rodrigo desea con anhelo demostrar a los demás que no es un don nadie para recuperar así a su familia. El destino le abre una puerta para intentarlo, solo que, a veces, lo que vemos más allá de un umbral no es más que un puro espejismo.

Escenarios

Chiclana, Sancti Petri, la playa de la Barrosa... Blanca Cabañas pone su entorno conocido al servicio de la trama de esta novela y se nota que la joven escritora es oriunda de la zona. Lugares, como el restaurante Los Pescadores, en Chiclana, o las fortificaciones de de Urrutia o la de Sangenís existen y contribuyen a crear atmósfera. 

Estructura y estilo

Blanca Cabañas opta por abrir nuestro apetito antes de meternos de lleno en el grueso de la novela, con el prólogo que mencioné anteriormente. A partir de ese punto, la estructura de la novela se compone de cuatro partes, a lo largo de las cuales se distribuyen un total de cincuenta y cuatro capítulos de breve extensión, encabezados por el nombre del personaje sobre el que se va a poner el foco de atención en cada uno de ellos.

Narrado prácticamente en tercera persona, el tiempo se pliega sobre sí mismo,  permitiendo que conozcamos presente y pasado, por qué esa persona del prólogo parece a punto de lanzarse al vacío y qué consecuencias tendrá ese hecho en el presente de los personajes. La autora nos adentra en un thriller de buen ritmo, con un estilo actual, ágil y dinámico, que impide que el lector se aburra.


En definitiva, El hambre del pelícano es un thriller al que no le faltan sorpresas y giros, especialmente en los últimos compases, donde la trama tiene que quedar limpia de duda y aclarada en todas sus incógnitas. Como dije al principio, una novela para disfrutar de los días de verano.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí en tapa blanda y aquí en Kindle



jueves, 11 de julio de 2024

GALA PREMIOS DE NOVELA ATENEO DE SEVILLA 2024

A finales de junio tuvo lugar la gala de entrega del Premio de Novela Ateneo de Sevilla y el Premio Ateneo Joven de Sevilla. Como suele ser habitual, el acto tuvo lugar en el Patio de la Montería de los Reales Alcázares de Sevilla, y, de nuevo, tuvo como maestro de ceremonias al periodista sevillano Cristóbal Cervantes.





Admito que la entrega de estos premios es uno de los momentos literarios que más disfruto del año.  Volver a ver a esos escritores, editores, periodistas y gente del mundillo del libro resulta siempre ameno y gratificante. Y compartir con ellos una noche en uno de los lugares más mágicos de la ciudad no tiene parangón.

Como cada año, la entrega de los premios tuvo lugar durante el transcurso de una cena, un acto que es posible gracias al patrocinio de la Fundación Unicaja y Ámbito Cultural de El Corte Inglés, así como a la labor del Ateneo de Sevilla y de la editorial Algaida.  

En esta edición se han presentado un total de de 250 originales entre ambas modalidades, la senior y la junior. De ese total de obras, y tras diversas deliberaciones por parte del jurado, quedaron los siguientes finalistas:

LVI PREMIO DE NOVELA ATENEO DE SEVILLA


* 025. Bando de guerra. Anmi Nubel (psudón.)

Los hijos de la familia de un guarda de una fábrica de paños de Sevilla vivirán los acontecimientos del alzamiento militar en diferentes posiciones políticas, sufriendo las consecuencias del golpe de estado.

* 056. Sonata del Diablo. Sixto Sánchez Lorenzo.

Lorenzo Ancelli, un humilde molinero de Cremona atraído por la música sacra, se forma como violinista y luthier en el taller de Stradivarius donde conocerá a la noble Bianca Stagna. Ella le propondrá un plan inusitado que los llevará en una huida dramática por varias cortes europeas.

* 057. Los ojos de Lucía. Fernando Gómez Recio.

El marido de Lucía, Daniel, ha desaparecido. Ella piensa que algo le ha tenido que suceder y le exaspera que la policía no tome en serio sus temores. El inspector Aguirre tiene un sospechoso, ella tiene otro y nadie sospecha de un tercero. Cuando Daniel, Lucía, Aguirre y los posibles secuestradores se encuentren, el culpable será desvelado a un terrible precio.

* 128. Una investigación peligrosa. Elena Márquez Núñez.

La muerte del profesor Benoit en el transcurso de la Exposición Universal de París de 1889 suscita una investigación por parte de sus colaboradores literarios, Phillip y Gerard, y sobre todo el inspector Javert, de resonancias literarias.

* 129. Muerte en el Guadalquivir. Pedro Soler. (pseudón.)

Julio Denis acude a Sanlúcar de Barrameda para cumplir su promesa de arrojar las cenizas de su mujer al Guadalquivir. De repente observa en la orilla opuesta de la playa del coto de Doñana a un hombre que está ahorcando a una mujer. Con la denuncia, se abrirá la investigación de un crimen que parece no haber sucedido.

* 140. CIV. Claudia Via. (pseudón.)

Tras la derrota de Alemania, en la Segunda Guerra Mundial, multitud de criminales de guerra nazis huyeron con la ayuda del Vaticano a zonas seguras. Esta novela se centra en el papel del Vaticano en la huida nazi, y la colaboración de altos funcionarios de la Santa Sede y sacerdotes de diferentes órdenes, especialmente franciscanos.

* 160. Sinalefa. Balzac. (pseudón.)

El club de los primogénitos es una agrupación similar a Alcohólicos Anónimos para víctimas de secuestros, a la que recurre Beatriz Bernal cuando su madre, una suerte de curandera del siglo XXI, secuestra a su propia nieta, la hija de Beatriz. La búsqueda de la niña destapará terribles secretos.

XXIX PREMIO DE NOVELA ATENEO JOVEN

* 039. Guion rojo. Rayito. (pseudón.)

Un periodista narra en su medio escrito el intento de asesinato que sufre el popular actor de TV Diego Castro lo que le llevará a investigar una trama de tráfico de drogas donde están involucrados unos culturistas.

* 120. Alma y Candela. Marta Navarro Ros.

Alma relata en primera persona su juventud e inicios de la vida adulta, sus éxitos literarios en Madrid, su retirada a una población de Almería, y su vida amorosa, sin olvidar su constante predilección por los caballos. En esta vuelta a su Juventud, inevitablemente recordará un suceso extraordinario ocurrido en aquellos años.

* 156. Mareas de aceite. Angélica Yuste Mascarós.

Vera reflota el velero de la familia para arrojar al Mediterráneo las cenizas de su padre. La travesía se complica y acaba en un pesquero argelino, viéndose obligada a participar en una trama de migrantes ilegales para reencontrarse con su familia, viviendo en primera persona el drama de la inmigración ilegal en el Mediterráneo.

* 158. Cuando por el monte oscuro. Anónimo.

Provincia de Cuenca, 1946. El fallecimiento de su padre obliga a Francisco, un joven de diecisiete años, a trabajar las tierras de los propietarios del molino. El inicio de una relación con la hija de los molineros revelará un entramado de secretos del pasado, denigrantes unos y heroicos otros, que los arrastrarán a todos a un inesperado final.

Según nos informó Cristóbal Cervantes, los miembros del jurado, en las reuniones que mantuvieron el día previo, fueron descartando obras de manera progresiva, quedando entre los finalistas las siguientes:

CIV de Claudia Via (pseudón.) y Sonata del Diablo de Sixto Sánchez Lorenzo, en el caso de la categoría senior.

Mareas de aceite de Angélica Yuste Mascarós y Cuando por el monte oscuro. Anónimo, en el caso de la categoría junior.

Para conocer a los ganadores, el presentador solicitó que los miembros del jurado subieran al escenario. Hicieron acto de presencia Dña. Mercedes de Pablos, Dña. Espido Freire, D. Miguel Ángel Matellanes de Editorial Algaida, D. Francisco Cañadas, responsable de Literatura de la Fundación Unicaja, D. Gervasio Posadas, director de Ámbito Cultural el Corte Inglés, D. Francisco Prior y D. José Vallecillo vocales de Publicaciones y de Literatura respectivamente.

Acto seguido se procedió a abrir la plica que contenía el nombre del ganador del Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla, recayendo en la obra MAREAS DE ACEITE de Angélica Yuste.

Autor

Angélica Yuste Mascarós es una joven valenciana de 30 años que tiene su corazón puesto en la escritura.

Se graduó en Derecho por la Universidad de Valencia (2012-2016)  mientras desarrollaba su faceta más artística sobre los escenarios como actriz de  teatro musical (Compañía T-Teatre), y cursó el Máster de Abogacía (2019) superando con éxito el examen estatal para dedicarme al ejercicio en el bufete familiar.

Ha concluido el Máster de Guion de Ficción para Cine y Televisión en la Universidad Pontificia de Salamanca (2020), con especial mención a su visión para proyectos de largometraje (En sus manos, Mare Nostrum) y cortometraje (Luces), de corte social.

Actualmente reside en Valencia y compagina el mundo jurídico y opositor con la escritura, figurando como guionista titular en la compañía teatral que la vio crecer. Los guiones coescritos en ella (Al este del oeste, El espacio entre nosotros) despiertan el aplauso caluroso de un gran público.

Sinopsis
 
Vera reflota el velero de la familia para arrojar al Mediterráneo las cenizas de su padre. La travesía se complica y acaba en un pesquero argelino, viéndose obligada a participar en una trama de migrantes ilegales para reencontrarse con su familia, viviendo en primera persona el drama de la inmigración ilegal en el Mediterráneo. 

Tocaba el turno de saber el nombre del ganador del Premio Ateneo de Sevilla, en su modalidad senior, recayendo en la obra SONATA DEL DIABLO de Sixto Sánchez Lorenzo.

Autor

Sixto Sánchez Lorenzo (Oviedo, 1962), es Catedrático de Derecho Internacional privado de la Universidad de Granada desde 1995. Ha sido profesor visitante en varias universidades europeas y americanas y doctor honoris causa por las universidades de Córdoba (Argentina) y Blas Pascal (Argentina).
 
Autor de una extensa obra científica, en 2012 publicó su primera novela, El amante de la reina (Roca Editorial), que narra la vida del noble sueco Axel von Fersen y su historia amorosa con la reina María Antonieta. En 2016 obtuvo el V Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda por su segunda novela, La segunda vida del mariscal, un relato de tintes policíacos sobre la misteriosa desaparición del mariscal de Napoleón, Michel Ney.

Sonata del Diablo es su tercera novela. 

Sinopsis

Lorenzo Ancelli, un humilde molinero de Cremona atraído por la música sacra, se forma como violinista y luthier en el taller de Stradivarius donde conocerá a la noble Bianca Stagna. Ella le propondrá un plan inusitado que los llevará en una huida dramática por varias cortes europeas.






Recogida del premio y rueda de prensa

A la recogida de la estatuilla, ambos autores confesaron sentirse inmensamente feliz. Angélica admitió entre risas que, al recibir la llamada del presidente del Ateneo, no daba crédito a la noticia. Quiso compartir con los presentes algunos apuntes sobre la novela, que aborda la temática de la inmigración ilegal.

Por su parte, Sixto Sánchez reconoció que la llamada del presidente del Ateneo le arregló el mal día que estaba teniendo. Sobre la novela, comentó que se puede leer pero también escuchar y, con la estatuilla en la mano, terminó por hablarnos sobre Lorenzo, el protagonista de la novela.

Posteriormente, en rueda de prensa, ambos explicaron cuál es el germen de la historia. Angélica nos contó que su interés por la inmigración ilegal surge de haber conocido a un joven de nombre Samba, que se ganaba la vida en los meses de verano, mientras ella y sus amigos disfrutaban del sol y de la playa. Por su parte, Sixto nos habló de la figura del músico Stradivarius, un tanto misteriosa, y de la complicada labor de documentación que ha tenido que llevar a cabo  para escribir esta novela. 

En el siguiente vídeo tienes mucha más información, y podrás ver también el momento de la entrega del premio.






El Premio de Novela Ateneo de Sevilla está dotado con 20.000 euros, mientras que el Ateneo Joven tiene una dotación de 5.000 euros.  Ambas novelas verán la luz el próximo otoño de la mano de Algaida Editores. Será entonces cuando volvamos a ver a los ganadores con las novelas físicas, en rueda de prensa.


martes, 9 de julio de 2024

CARMEN ROMERO: ❝Miguel era como una luz para los demás❞

Cada encuentro con un autor se convierte en una experiencia enriquecedora porque de todos y cada uno de esos momentos que comparto con ellos extraigo una lección. Hay personas que han tenido vivencias extraordinarias, que han cumplido sueños imposibles, a base de tesón, y son capaces de transmitirte su fuerza. En cambio, a otras, la vida les ha dado un revés prácticamente insuperable pero, en vez de dejarse arrastrar, han decidido levantarse del suelo, no sin antes sufrir y sentir un dolor insoportable. Este es el caso de Carmen Romero, una joven madrileña a la que muchos conocen por sus monólogos y sus comedias, que recientemente ha publicado Esto no está pasando (Planeta), un libro testimonial, profundo y emotivo, en el que narra el suicidio de su hermano Miguel, y cómo ella y su familia lo vivieron. A pesar de la dureza del suceso que aborda, y por paradójico que parezca, Carmen opta por insertar el humor en esta narración, como homenaje a Miguel, el hombre que tanto la hizo reír, y también como venganza contra la vida, por haberla hecho vivir una experiencia tan dolorosa. Leer este libro, transitar por sus páginas, no ha sido fácil. En muchas ocasiones se me ha puesto un nudo en la garganta, aunque reconozco que su autora también me ha hecho sonreír. Preparar esta entrevista me exigió un plus de delicadeza y tacto, sin saber muy bien qué preguntar a Carmen para no herirla. Y tanta prudencia quise poner a mis palabras que, a veces, no podía terminar algunas preguntas, no podía pronunciar alguna palabra, algo que se percibe únicamente en el audio de nuestra conversación. 

Marisa G.- Carmen, un placer conocerte y tenerte en Sevilla. Un placer también leer este libro que has publicado aunque, la verdad es que ni siquiera sé por dónde empezar esta entrevista. A veces, me has colocado un nudo en la garganta, aunque también me has hecho reír. Así que, voy a lanzarte preguntas y si ves alguna inconveniente, me lo dices sin problema. ¿Te parece?


Carmen R.- Sí, claro.

M.G.- Para empezar, tengo que confesarte que no te conocía. A raíz de leer este libro he visitado tu canal de YouTube, he visto monólogos tuyos y he sabido que has hecho prensa, radio, televisión. Me hace gracia porque en tu biografía pone que eres madrileña, pelirroja, alta, introvertida, diestra, periodista y flexitariana pero, ¿eso qué es? He tenido que buscar el concepto en internet.

C.R.- Eso es una broma que puse. Mucha gente me ha preguntado que qué como porque ha leído que soy flexitariana, pero flexitariano es la mayoría de la población. Es un concepto que se puso de moda para designar a los que a veces comen carne y otras veces, pues no. Pero claro, no todos comemos carne todos los días. Me hizo gracia y lo puse.

M.G.- Pues aclarado. Bueno, hay que decir que en Esto no está pasando nos hablas del suicidio de tu hermano Miguel, que tuvo lugar en 2016. Estamos en 2024. Ha pasado un tiempo y me pregunto ¿por qué escribir este libro ahora, después de estos años?

C.R.- Creo que ahora era el momento. Tampoco las tenía todas conmigo pero, al final, me lancé porque Planeta me lo propuso. Creo que ahora es cuando mejor estoy para poder hacerlo. Aun así lo he pasado muy mal. Para mí ha sido un proceso largo y de muchos años. Todavía, a día de hoy, sigo haciendo terapia por el duelo, por la pérdida. Todavía me queda algo de estrés postraumático. Es algo que lleva mucho tiempo. Pero ahora se han juntado una serie de cosas. Yo quería hablar de Miguel. Quería hablar del suicidio, del duelo, de la muerte, para visibilizarlo. Planeta me lo propuso y lo tomé como una señal clara.

M.G.- Me imagino que antes de lanzarte a escribir este libro lo habrás tenido que reflexionar mucho, precisamente por lo que dices, porque escribirlo te ha supuesto pasar por estados emocionales, imagino, muy complejos. ¿Fue algo muy meditado o dijiste lo voy a hacer, y lo hago?

C.R.- Yo tenía la idea de escribir un libro desde pequeña. Me encanta escribir y siempre he querido escribir libros. También tenía la idea de contar la historia de Miguel, que ya la he contado alguna vez, pero no encontraba tampoco el formato para hacerlo bien, con calma, para contar todos los detalles y todo el contexto. Así que ya tenía la idea de un libro pero era algo que me daba mucho respeto. Para empezar, porque no sabía cómo hacerlo, y luego también porque sabía que iba a ser duro. Pero la idea de escribir el libro fue ganando peso, ganando peso, hasta que me llegó la propuesta de Planeta. Yo soy mucho de señales, así que me puse a ello. Pero sí, lo pensé bastante aunque, una vez que me decidí, no me lo pensé más.

M.G.- En este libro nos cuentas desde el momento en el que Miguel empieza a tener brotes psicóticos, nos hablas de su suicidio y todas las consecuencias posteriores. Leyendo me llegué a preguntar si tenías los recuerdos tan frescos o has tenido que ficcionar un poco, por decirlo de alguna manera.

C.R.- Ficcionar no, porque he hecho mucho trabajo de ordenar cronológicamente los hechos. No fue ponerse a escribir, sino que ordené los hechos e hice memoria una y otra vez, una y otra vez, algo que ha sido bastante desagradable. Todo eso antes de ponerme a escribir. Hay cosas de las que me he acordado ahora y ya no las podía incluir en el libro, pero no hay nada ficcionado. Ha sido un ejercicio de memoria, de escribir, de organizar todo antes de ponerme con el libro en sí.




[Si quieres oír nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Deduzco de la lectura que Miguel empieza a tener estos brotes casi de la noche a la mañana. Vosotros no erais conscientes, en absoluto, de que él estaba pasando por algo así, sino que os dais cuenta cuando todo explota.

C.R.- Sí, fue de 0 a 100. Es verdad que, pensándolo luego, me he dado cuenta de que los días antes estaba un poco raro, pero nada que fuera alarmante. Fue de un momento para otro. Pegó un estallido súper fuerte porque hay brotes psicóticos y brotes psicóticos. Algunos se curan simplemente con dormir, porque son pequeñitos. Otros requieren hospitalización. Pero incluso los médicos del hospital nos dijeron que nunca habían visto un caso como el de Miguel. Estalló y estalló, sin más.

M.G.- Leyendo algunos pasajes, de verdad, me has puesto un nudo en la garganta. Narras situaciones muy angustiosas. En algún momento, tú comentas que sentías miedo y yo me he preguntado cómo se gestiona ese miedo cuando estás conviviendo con una persona a la que amas profundamente y que además sabes que esa persona te quiere mucho. Eso, ¿cómo se encaja?

C.R.- Es muy complicado porque se gestionaba muy mal. El día que Miguel llegó a casa fue el 23 de mayo. El 24 lo ingresan. Y el 15 de junio le dan el alta. Recuerdo que esa noche no dormí absolutamente nada. Me la pasé con la oreja pegada a la puerta de su habitación para ver si estaba durmiendo. Fue muy desagradable. Sentí mucho miedo, pero no porque nos hiciera algo. Yo sabía que no nos iba a hacer nada por mucho que no estuviera en sus cabales. De hecho, él lo repetía mucho, que no quería hacernos daño. Pero que él se hiciera algo a sí mismo, eso sí me daba mucho miedo.

Se gestiona muy mal. Además teníamos mucho cansancio psicológico por verlo así de mal durante esas semanas. 

M.G.- Aprovechas para contar cosas que creo que el común de los mortales no sabemos. Por ejemplo, me ha llamado mucho la atención que los pacientes con algún tipo de trastorno mental, o ingresan voluntariamente o por orden policial. Es decir, la familia no puede tomar ningún tipo de decisión. Pero si la persona está sufriendo y no es consciente de lo que le ocurre...

C.R.- Sí,  y por eso es tan complicado. Ellos se piensan que lo que están percibiendo es real y si tú intentas hacerle entender que no está bien es peor porque se lo toma muy mal.  Está muy paranoico y piensa que el mundo está contra él. Es muy complicado.

Y sí, eso es lo que nos dijeron la primera vez que lo llevamos al hospital. Él se quería ir y lo dejaron irse. Nosotras no entendíamos nada pero es que nos explicaron que por ley, no se le podía retener. O es un ingreso voluntario o forzoso porque la policía lo lleve al hospital con una orden judicial, solicitando el ingreso. Me quedé flipando. Esa persona no sabía que necesitaba estar en un hospital. Son temas muy delicados. Es como que aten a los pacientes en los hospitales psiquiátricos. He leído a mucha gente decir que está en contra de eso pero claro se nota que no han estado en un hospital psiquiátrico en su vida, que no han tenido un familiar o conocido en ese estado. Hay que atarles precisamente para que no se hagan daño, por su bien. Son debates delicados pero entonces, ¿qué tiene que ocurrir para que le ingresen?

M.G.- Es verdad. Bueno, Carmen, haces una crítica muy necesaria al sistema sanitario. Y no sólo al público, sino también al privado. Por ejemplo, cuentas que en urgencias no había ningún especialista en psiquiatría y otras muchas cosas más que ponen de manifiesto las carencias de la sanidad, tanto la pública como la privada. 

C.R.- Sí. Mucha gente se hace un seguro de salud privado porque dice que la sanidad pública está muy mal. Pues vete al privado, a ver cómo está, que eso lo he vivido yo. Hace nada, mi hermana tuvo un accidente laboral y estuvo tres horas con el dedo reventado en un hospital privado, porque no había gente para atenderla en urgencias. La sanidad privada no está muchísimo mejor, ni es la solución. 

En el caso de Miguel, primero fuimos al hospital público y no había psiquiatra de guardia. A la mañana siguiente, la vio una psiquiatra que le dio el alta para irse a trabajar.

M.G.- Recordemos que Miguel era militar.

C.R.- Sí. Le dijo que se fuera al trabajo. Y cuando ingresó en el hospital privado, a través de su seguro, también le dieron el alta, sin diagnóstico y sin tratamiento. Porque ahí tampoco escuchan a la familia, algo que también he querido reflejar en el libro. Yo conozco a mi hermano. Mi madre conoce a su hijo. Sabemos que no está bien. Pero el médico ni nos escuchaba ni tenía en cuenta nada de lo que le decíamos. Él sólo nos decía que no pasaba nada. 

M.G.- Pues fíjate lo que pasó. Y a los seguros los llamas Negocio porque son realmente eso, un negocio. A través del libro vemos que mercadean con la salud de las personas. Hay que leerse muy bien la póliza, interpretarla muy bien, porque no todo es tan bonito. Vosotros lo vivisteis así.

C.R.- Totalmente. Cuando acudimos al abogado, porque vimos que se había producido una negligencia clara, el abogado nos preguntó que por qué le habían dado el alta. Bueno, pues porque el médico decía que estaba bien y que estaba  bien. Llevaba una semana que no estaba tan fuera de sí, ni sufría de brotes fuertes, porque se pasó varios días dormido y medicado, pero no estaba bien. Y claro, investigando, leímos en la póliza que sólo tenía acceso a cuatro semanas de hospitalización al año y ya llevaba tres. Fue lo que ocurrió. Cuando prima el dinero, olvídate de la salud.

M.G.- Hablas de Miguel con un cariño absoluto y extraordinario. ¿Cómo era? ¿Cómo lo recuerdas?

C.R.- Lo recuerdo muy dulce. Era muy, muy dulce, y muy bueno. Miguel era la primera persona en la que yo pensaba cuando necesitaba algo, cuando tenía que pedir ayuda. Era el primero al que llamaba. Estábamos siempre de broma. Miguel era como una luz para los demás. Siempre quería hacer reír, ayudar,... Estaba siempre dispuesto a lo que necesitases. Era muy buena persona, muy buen profesional, muy bueno en muchas cosas pero, tristemente, no era consciente de lo bueno que era.

M.G.- En el libro incorporas una foto en la que estás con él. Me parece un detalle preciosísimo como cierre del libro. Además, lo vemos sonreír, con lo cual, queda ahí la esperanza de que él siga sonriendo.

C.R.- Es así como lo recuerdo. Y eso que a él le decían lo mismo que me dicen a mí, que siempre estaba muy serio, con lo bromista que era. Pero bueno, era su cara. A mí me pasa igual. Soy bastante seria, pero luego me gusta mucho bromear un montón. 

Con la foto pensé que, cuando lees una historia sobre alguien, te gusta ponerle cara. Esa gente curiosa seguro que quería ver a Miguel y bueno, también me pareció un cierre precioso. La foto me encanta y me dije que tenía que ir al final. 

M.G.- Cuando alguien desgraciadamente se nos va, suele ocurrir que siempre recordamos lo bueno de esa persona. Sin embargo, tú mencionas en el libro que en tu recuerdo de Miguel no hay idealización, que Miguel era tal y como tú nos lo muestras. No se trata de ensalzarlo ahora que no está. 

C.R.- No. Es verdad que siempre tendemos a eso, pero cuando se ha muerto alguien que a mí no me parecía buena persona, lo he dicho y te miran mal. Parece que no se puede hablar mal de los muertos. En el caso de Miguel, es que era tal cual. He vivido muertes muy cercanas a mí y no he llorado porque no lo he sentido ni lo he lamentado. Sé que sueno muy mal pero es que no lo siento. No todas las muertes ni todas las personas son iguales. No todas te marcan de la misma manera. En el caso de Miguel, sí, porque era tal cual lo cuento. No he cambiado ni un ápice de lo que yo sentía o pensaba de él.

M.G.- Sorprende mucho que, a lo largo de todo el libro, flota un enorme sentimiento de culpa, Carmen. ¿Por qué tanta culpa si tú no fuiste culpable de nada?

C.R.- Supongo que es algo muy humano. Cuando la muerte no es natural, sino que es algo que tu cerebro no entiende, buscas un montón de excusas y como no las hay, pues al final terminas por culpabilizarte a ti misma. Será por la concepción que tenemos de nosotros mismos, por el sentimiento de culpa con el que nos crían, no sé si por la culpa esta judeocristiana de la sociedad. Cuesta mucho y pesa, porque te quieres dar una explicación y no la tienes. Así que miras hacia ti, y como somos súper exigentes con nosotros mismos y nos tratamos muy mal, dices bueno, pues será mi culpa, entonces. Eso también me ha costado mucha terapia y a día de hoy todavía me colea. A mí me ayuda pensar que si esto mismo le hubiera pasado a una amiga, ¿yo pensaría que ella ha tenido la culpa? Pues, para nada. Pero claro, cuesta mucho trabajo y tiempo entender que no pudiste hacer nada.

M.G.- Y, a pesar de la dureza del libro, y como comentábamos antes, está escrito desde la óptica del buen rollo y del humor. A veces, mientras leía y me reía en algún pasaje, me preguntaba cómo ha interpretado tu entorno que encares un suceso como este desde la óptica del humor.

C.R.- Por suerte me conocen ya de sobra, saben el tipo de humor que tengo y los chistes que hago. Mi madre se queja mucho y me dice que soy muy bruta pero ¿a quién habré salido? Porque ella es exactamente igual. Entonces, ya lo saben y no les ha sorprendido nada. Además, me han visto en los monólogos, en los vídeos,... Tengo la suerte de que se ríen y les gusta la comedia que hago. Así que, por esa parte, he tenido mucha suerte y no ha sido nada sorpresivo.

M.G.- ¿Hacer chistes sobre la muerte de Miguel es como una venganza contra la vida por lo que te ha hecho?

C.R.- Sí.  Cuando te encuentras con una cosa así, no puedes hacer nada. La vida te da eso y tú lo quieres devolver, volver a lo de antes, pero no hay manera. Me sentía muy estafada y muy impotente. Le vida te da, de repente, un sopapo, te la vuelve del revés y no puedes hacer absolutamente nada. Sólo te queda procesarlo y seguir. Para mí, hacer chistes fue como una pequeña liberación. Era lo único que podía hacer.

M.G.- Antes he escuchado a mi compañero Fernando preguntarte por tu madre. Y es cierto que el papel de la madre en el libro da como mucho consuelo. Hablas de tu madre con mucha admiración porque te resultaba increíble que ella pudiera seguir adelante, a pesar de que su hijo ya no estuviera. Para ti, tu madre ha sido como una balsa a la que aferrarse. ¿Ella es la que ha tirado del carro para que, tanto tú como tu hermana, pudierais levantar cabeza?

C.R.- Totalmente. Ella ha tenido una vida súper dura. Creo que ha sido su método para seguir adelante, siendo cabeza de familia. Nos ha criado y ha sido madre y padre para nosotros tres. Imagino que, cuando pasó esto, tuvo que haber sido evidentemente horrible y dolorosísimo para ella. Ha estado muy mal. A día de hoy todavía le hace estragos pero ha sido la que ha tirado para delante y la que siempre me ha dicho que no podemos hundirnos, que no podemos dejarnos, ni podemos hacer lo que hizo él. Que si estamos aquí es por algo y hay que seguir. Sí, ella ha sido como la boya para mí, la que literalmente me sacó del hoyo.

M.G.- Y dices que eres cómica gracias a ella.

C.R.- Sí, porque ella tiene mucho sentido del humor. Es de Granada y es la típica andaluza que está todo el rato riéndose. Ella dice que se ríe hasta de su sombra. Y es verdad que está todo el rato haciendo bromas, riéndose de todo, y haciendo tonterías para que nos riamos los demás. Creo que Miguel y yo hemos salido a ella en eso. Desde pequeña, yo la he visto así y ha sido algo que he admirado, que me gusta mucho. Y por ahí he tirado yo. Y luego me parezco a ella, pues en eso, en lo de ser bruta, en los chistes,... Es una cosa que he heredado. Siempre he admirado que esté de buen humor, que se esté riendo. Es una maravilla.

M.G.- Hace un momento comentabas que te ha costado superar lo vivido, que has tenido que ir a terapia y en el libro cuentas que has sufrido ataques de ansiedad, algo que narras muy bien. Yo me he visto muy reflejada en esos pasajes. ¿Sigues sufriendo ansiedad?

C.R.- Sí, pero ya no son tan intensos ni tan seguidos. Ahora, más que ansiedad, lo que siento es más pena y más tristeza pero, por suerte, he podido controlar la ansiedad y los ataques de pánico con la terapia que he hecho y con las técnicas que he aprendido. La ansiedad que siento a día de hoy es por múltiples cosas, por cómo es la vida, por cómo la vivimos pero, por suerte, ya no me imposibilita vivir. Ese trabajo de terapia lo noté muchísimo.

M.G.- Y lo que le ocurrió a Miguel te ha hecho enfocar o encarar la vida de otro modo. Por ejemplo, has aprendido algo que deberíamos aprender todos, a no guardarnos los sentimientos, sino a manifestarlos, a demostrarlos cuando tienes a la persona delante.

C.R.- Sí, sí. Y es algo que me sigue costando porque soy una persona muy pa'dentro. No me sale dar abrazos. Mis muestras de cariño, a lo mejor, son comprarte cosas que sé que te gustan. Así te demuestro que me acuerdo de ti. Pero me acuerdo que a Miguel le gusta mucho dar besos, dar abrazos, tener mucho contacto físico. Cuando murió, me dije que si lo hubiera sabido le habría dado muchos más besos y muchos más abrazos. Y sobre todo, le habría dicho muchas más veces que lo quería, aunque sé que él lo sabe. Lo sabía de sobra pero nunca está de más hacerlo. Siempre viene bien y nunca sobra eso.

M.G.- No sobra, no. Y también has aprendido a tener otra visión de la muerte u otra visión de lo que pensamos que puede haber detrás de la muerte. Porque tú sientes a Miguel a tu alrededor.

C.R.- Sí, han pasado cosas y en casa siguen pasando cosas. A lo mejor tengo un libro aquí y se cae al suelo, sin que nadie lo haya tocado. Son cosas que no tienen explicación. Podrán ser cosas de la física pero eso no me interesa. Yo prefiero pensar que es Miguel, que está aquí porque yo lo siento, lo noto y, a veces, lo huelo. Muchas veces. Me pasa igual con mi abuelo. Huelo los perfumes que ellos usaban. Es algo que me da mucha esperanza. Nunca me había planteado qué pasa después de la muerte pero, cuando ocurrió lo de Miguel, desde el primer momento quise pensar que no era el final. Investigué, me informé un montón, leí muchísimo y eso, junto a las experiencias que he tenido, me hacen creer que la muerte no es el final, que todos somos energía, y que una parte de nosotros no muere nunca.

M.G.- Entremos en el terreno de las hipótesis, de las elucubraciones. ¿Qué crees que Miguel te diría de este libro?

C.R.- Creo que se reiría mucho, que le gustaría mucho, y estaría muy orgulloso. Él estaba muy orgulloso de que estudiara periodismo, así que, saber que he escrito este libro, lo haría sentir orgullo también.

M.G.- Sería el primero en reírse.

C.R.- Sí, sí, sí. Lo cuento en el libro que, cuando hago chistes sobre él en el escenario, lo veo reírse. Él sería el primero en reírse.

M.G.- Por último, Carmen, ¿te ha servido escribir este libro o te está sirviendo, ahora que estás con la promoción, hablar de este tema con gente que no conoces realmente?

C.R.- Sí, me está sirviendo un montón. Y también ha sido muy duro porque he tenido que hablar durante mucho rato de lo mismo. Luego, llegas a casa y te da bajón. Es algo completamente lógico y normal, pero sí me está sirviendo muchísimo. 

Lo hablaba con Fátima, mi jefa de prensa, que ya lo llevo de otra manera porque, al principio, cuando me hacían una entrevista, me costaba decir la palabra suicidio y ahora ya hablo abiertamente. La recepción de la gente y de los medios de comunicación, que me han tratado con tanto respeto, tanto cariño y tanta dedicación, me ha ayudado para hablar del tema de manera más abierta. Que la gente reciba así el libro, que quiera hablar y tratar el tema, me parece maravilloso.

M.G.- Creo que es un libro necesario porque son temas de los que hay que hablar para que la sociedad los conozca. Así que, por mi parte, te agradezco mucho que lo hayas escrito, que me hayas presentado a Miguel, porque me ha encantado conocerlo. Y nada, te deseo mucha suerte y pa'lante, Carmen.

C.R.- Muchísimas gracias.

Sinopsis: Un relato sorprendente y revelador en el que la cómica Carmen Romero narra cómo vivió el suicidio y duelo de su hermano Miguel

Es junio de 2016, y el mundo de Carmen Romero se desmorona. Miguel ―su hermano, de solo veintiséis años, militar de profesión― se quita la vida al saltar por la ventana de la casa familiar mientras ven juntos El Padrino. Todo ocurre muy rápido; tanto que las cosas que hasta entonces tenían sentido dejan de tenerlo. Carmen cree vivir en una ficción: policía, vecinos, médicos, ambulancias y hasta su madre y su hermana participan del rodaje de una película en la que nadie dice: «¡Corten!».

Así comienza el relato de la humorista Carmen Romero, quien, tras el suicidio de su hermano, entra en estado de shock. Para reconectar consigo misma, Carmen comienza a tantear las dimensiones de la tristeza hasta que, de forma inesperada, irrumpe el humor. Solo entonces comprende que la única forma de agarrarse a la vida pasa por afrontar la muerte desde un lugar alejado del tabú, el silencio y el miedo.

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