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martes, 23 de julio de 2024

ILU ROS: ❝Es un honor acompañar estos libros con mis ilustraciones❞

He tenido el placer de leer y disfrutar de las ilustraciones de la murciana Ilu Ros desde que, en 2020, publicara Cosas Nuestras (Lumen), un volumen en el que la ilustradora rendía homenaje a su abuela. Después de aquel libro llegaron Federico y Una trilogía rural. Últimamente, Ros ha puesto color a algunas obras de Emilio Pardo Bazán. En el caso que nos ocupa, Ilu ha ilustrado una de las obras más insignes de la autora gallega, Los pazos de Ulloa. Junto al texto de Bazán, el lector encontrará en este volumen la representación gráfica de algunas escenas de la mano de esta ilustradora. Así que, amante de los libros ilustrados y de las buenas letras, estáis de enhorabuena con esta edición que pone a la venta Alma Editorial.

Os dejo con nuestra conversación.

[Foto: web editorial]

Marisa G.- Ilu, un placer volver a hablar contigo. La última vez que nos vimos en Sevilla fue con Una trilogía rural. 

Ilu R.- Con la trilogía, sí. Me acuerdo. En aquel hotel.

M.G.- Exactamente. Aquella obra, y la anterior que publicaste, estaban dedicadas a Federico García Lorca. Y ahora veo que le ha tocado el turno a Emilia Pardo Bazán. Lo primero que pienso es que debes ser una mujer a la que le gustan los desafíos, porque de García Lorca pasas a Pardo Bazán, y no se puede decir que no sean dos grandes nombres de la literatura.

I.R.- Bueno, con la trilogía rural fui yo la que se lo ofreció a la editorial. En cambio, tanto con Insolación como con Los pazos de Ulloa fue la editorial Alma la que me hizo la propuesta. Fueron ellos los que me propusieron ilustrar estos dos clásicos.

M.G.- ¿Y qué te pareció la propuesta?

I.R.- Pues qué me va a parecer... (ríe). De Emilia Pardo Bazán conocía Los pazos de Ulloa pero no Insolación. Me parecía una autora muy interesante. Y nunca se había pasado por la cabeza ilustrar sus obras, pero cuando me lo propusieron sentí como que me pegaba bastante ilustrarla. 

M.G.- Creo que ya te lo pregunté con Federico, que, en cierto sentido, es una responsabilidad muy grande, ¿no? Es ilustrar las letras de dos nombres tan importantes como Lorca y como Pardo Bazán. Es un reto importante.

I.R.- Claro, por supuesto. Es que si le empiezo a dar vueltas, no lo hago. Pero son proyectos muy bonitos. Puede ocurrir que, por ejemplo, me ofrezcan ilustrar a un autor que no me guste, o con el que no conecte, o por el que no sienta admiración. Pero si te ofrecen a un autor que admiras, es como un regalo, ¿no? Te gusta leerlo, te gusta ilustrarlo, te gusta imaginar un poco su mundo, su universo creativo y narrativo. Así que intento tomármelo más bien desde el disfrute y que no salga la impostora que llevo dentro. Sí, al final, es un reto porque creo que son libros fundamentales de la literatura española y es un honor acompañarlos siempre con mis ilustraciones.


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M.G.- Y antes de estos proyectos, ¿ya eras lectora de Pardo Bazán?

I.R.- Había leído Los pazos de Ulloa.

M.G.- Ya conocías la trama de la obra pero, imagino que para ilustrarla, habrás tenido que leerla de nuevo.

I.R.- Claro, claro. Lo que pasa es que comencé leyendo Insolación porque iba a salir antes que Los pazos de Ulloa, que es un libro que se relaciona más con Emilia Pardo Bazán, y con esa Galicia que ella muestra, porque sus libros, o bien se sitúan en Galicia o están ambientados en lugares que recuerdan mucho a esa atmósfera gallega. Pero Insolación me llamó mucho la atención. Es muy diferente al resto. Tengo entendido que es el único que está ambientado en Madrid. No tiene ese peso tan dramático que tiene Los pazos... Insolación es un libro mucho más luminoso, más alegre, tiene mucha picardía, porque habla del deseo sexual de la mujer en aquella época. No me esperaba nada de eso.

M.G.- Dicen que es uno de esos libros que sorprende mucho a los lectores porque les choca mucho la historia.

I.R.- Sí, sí, te choca. Si sabes que fue publicado en 1897 o 1899, escrito por una mujer, que ya era difícil ser escritora, y encima de lo que trata,... Pues se la comieron viva, la criticaron muchísimo. Decían que era una novela folletín, que no estaba a la altura, que no sé qué. Ella habla en ese libro de una cosa que a los hombres y a la sociedad no les interesaba, del deseo de una mujer. 

M.G.- Bueno, Pardo Bazán fue siempre una mujer muy adelantada a su tiempo, una gran escritora, una pensadora y crítica, muy influyente en el siglo XIX. Como se suele decir, iba a su aire. Pero me pregunto que, al margen de leer las obras, si también has tenido que profundizar en su vida.

I.R.- Eso siempre ayuda. En este caso, Emilia Pardo Bazán es también muy conocida por otras facetas, aparte de la literaria. Fue una mujer muy feminista, una figura importante de la época. Así que sí que me parecía también importante conocer un poco quién era ella. De todas formas, a la hora de la ilustración, me centro más en su obra, aunque con Insolación me ayudó conocer su contexto. Además, Insolación trata de una viuda que se enamora y tal... Ella no estaba viuda pero sí divorciada, y vivía su vida sentimental de una manera que, a lo mejor, no estaba bien vista en esa época. 

M.G.- No sé si de Insolación han llegado a hacer alguna adaptación para la tele pero para Los pazos de Ulloa me consta que sí. ¿Has visto esa adaptación?

I.R.- Hay una miniserie. Me acuerdo de haberla visto en su momento, o hace unos años, pero, a la hora de ilustrar el libro no quise verla. Si hay adaptaciones intento alejarme para no coger inspiración, ideas o imágenes de otro lugar, que no sea yo misma.

M.G.- Para no dejarte influir, vamos.

I.R.- Claro, lo que tienes en la memoria está ahí y prefiero irme a otro lugar que no sea la visión que ha tenido otro autor o, en este caso, un cineasta o un director de televisión. 

M.G.- Y de Los pazos de Ulloa, ¿qué destacarías?

I.R.- Me parece una novela que tiene como muchísimo del momento en el que se escribió. Es una novela que describe un mundo que, yo creo, ya estaba quedando como atrasado. Ese final del siglo XIX, con ese peso del clero, de esa nobleza que está ya como en decadencia, también -como le pasa al marqués, al dueño de Los pazos de Ulloa - y esa hostilidad que se produce en esos lugares donde la gente está viviendo con una gran diferencia social y económica. Me parece una novela en la que, al final, todos los personajes sufren, están en constante sufrimiento porque hay mucha hostilidad alrededor, mucho engaño. Creo que en ella se respira la brutalidad, ¿no? 

M.G.- Ilu, tú tienes que dibujar a los personajes, ¿cuál de ellos te ha impactado más? ¿O cuál te ha parecido más fácil de dibujar, por las descripciones de la autora? Y no me refiero únicamente a la descripción física, sino a la psicológica.

I.R.- Creo que el cura. La novela empieza con la llegada del cura a Los pazos... Será él quien vea todo lo que ocurre y, además, es como una persona inocente. Él llega con una idea, con una expectativa, y se da de bruces con la realidad. Creo que ahí es donde está el naturalismo de Emilia Pardo Bazán. Es todo como muy real y el cura irá descubriendo toda esa realidad. Él tenía unas expectativas sobre lo que era un marqués, lo que era vivir en un pazo, y luego se da cuenta de la realidad, de la crueldad increíble, y de que ahí todo el mundo es mala persona. El cura se siente responsable de lo que sucede en el pazo. 

M.G.- ¿Y cuántas ilustraciones contiene el volumen?

I.R.- Pues no lo recuerdo ahora... No sé si serán doce o trece. Creo que en Insolación son diez y en Los pazos, unas doce o trece.

M.G.- Bueno, una decena o un poco más. ¿Y qué crees que las ilustraciones aportan al texto? ¿Cómo se complementan?

I.R.- Evidentemente, a estos libros no les hacía falta que llevaran ninguna ilustración, ¿no? Lo que ocurre es que Alma ha creado una colección de clásicos ilustrados. Creo que, para traerlos un poco a la actualidad, hacen estas ediciones tan bonitas. Son libros muy agradables y muy llamativos. Creo que también intentan como actualizarlas o atraer a los lectores de hoy en día. Quizá, con las ilustraciones, sea una manera de conseguirlo. 

En este caso, el trabajo del ilustrador es poner el granito de su imaginario, mostrar cómo imagina este clásico o cómo lo pondrías en escena, si fueras un director de escena. 

M.G.- Sigues muy fiel a tu estilo, a tu manera de ilustrar. Sin embargo, y corrígeme si me equivoco, he leído en una entrevista que, en este caso, has ilustrado de manera digital. ¿Es así?

I.R.- Sí, sí. Esta edición de Alma Editorial tiene un apunte técnico que es para todos los ilustradores. La cubierta tiene que ser siempre a color pero las ilustraciones interiores tienen que ser en bitono. Eso significa que hay un tono común para todos, que será el negro, y  luego, cada ilustrador elige un pantone con el que cree que sus ilustraciones casarán con el libro. Yo elegí el amarillo en Insolación, por aquello del sol, el calor, la alegría con la que se desarrolla la obra, en ese San Isidro madrileño, con esa algarabía,... Me pareció que el amarillo chillón, el amarillo canario, le iba muy bien. Y luego, para Los pazos de Ulloa elegí un tono azul, o verde,...




M.G.- Como un verde azulado.

I.L.- Sí, sí... Me parecía que encajaba con esa oscuridad de Galicia, con la melancolía de la novela, con mucha lluvia, todo muy frondoso, mucha agua y mucho verde. Me pareció que era un color que podía crear esa atmósfera. 

Y luego, llevaba un tiempo pensando en incorporar a mi trabajo el digital. Me pareció que, al hacer ilustraciones en bitono, era un buen momento para empezar.

M.G.- ¿Y resulta más fácil? Entre dibujar a mano y en digital, no sé con qué técnica te sientes más cómoda.

I.R.- Es diferente. En este caso, por ejemplo, lo que va en negro es como si lo hiciera sobre el papel. Al final, trabajo como dibujando igual. Estoy intentando adaptarme. Bueno, no es adaptarme. No quiero cambiar. Simplemente, lo que quiero es trabajar con la técnica que me compense más en cada momento, que me venga mejor para cada trabajo. Creo que hay que ir incorporando cosas nuevas porque eso es también beneficioso. Pero no diría que es más fácil.  En el aspecto técnico, sí, porque te quita pasos como, por ejemplo, el tener que escanear los dibujos, digitalizarlos. La técnica digital da más opciones a la hora de cambiar algo del dibujo. Pero, ya te digo, que, dependiendo del proyecto, usaré una técnica u otra. 

M.G.- En este caso, ¿cómo has hecho para elegir los pasajes del libro que quieres exactamente ilustrar?

I.R.- Generalmente, cuando hago una primera lectura del libro, ahí ya van surgiendo ideas, ya voy pensando cómo voy a hacer la ilustración, y qué ilustraciones quiero hacer. A lo mejor hay un pasaje del que no veo la ilustración pero sé que es una parte importante. Todo eso lo voy apuntando, lo voy marcando en el libro, y voy tomando notas también. Cuando termino la lectura, tengo anotaciones de muchas cosas y es ahí cuando empiezo a delimitar qué quiero ilustrar.

M.G.- Últimamente, te hemos visto ilustrando libros de otros autores pero, ¿para cuándo vamos a ver otro libro ilustrado propio de Ilu Ros?

I.R.- Pues, en principio, para el año que viene. Si todo va bien, saldrá otro libro de Ilu Ros. Si lo entrego (ríe). Pero sí, en principio, para el año que viene debería de salir.

M.G.- Muy bien. Pues entonces, esperaré con ganas ese nuevo libro.

I.R.-  Yo también. Estoy deseando que salga porque me está costando.

M.G.- Bueno, bueno, poco a poco. Ya irán saliendo las cosas. Espero poder verte con ese nuevo libro por aquí, por Sevilla.

I.R.- Espero que sí. Sevilla es siempre un lugar a visitar.

M.G.- Pues nada, Ilu, te agradezco que me hayas atendido. Y espero verte con el nuevo libro.

I.R.- Muchas gracias.


Sinopsis: Julián es un joven sacerdote que abandona su Santiago natal para ejercer de capellán en los Pazos de Ulloa. Allí encuentra un mundo primitivo y brutal, muy alejado de sus expectativas. La de los Ulloa es una casa en decadencia, donde reinan la lujuria y la deslealtad. Guiado por su ingenuidad, Julián se propondrá devolver los Pazos a la vida noble y cristiana, una iniciativa que tendrá consecuencias inesperadas.

Emilia Pardo Bazán escribió Los Pazos de Ulloa cuando ya era una autora consagrada y en ella ensayó el naturalismo por el que abogaba. Un magnífico estudio de ambientes y personajes que hizo de esta la obra cumbre de la gran dama de las letras españolas.

jueves, 29 de diciembre de 2022

ILU ROS: ❝En Federico García Lorca, su vida y las obras van cogidas de la mano❞

Ilu Ros es una ilustradora que me encanta. No son pocos los libros que tengo en casa firmados por esta joven de Murcia. Mi relación con su trabajo empezó con Cosas nuestras, un libro homenaje a su abuela y a las mujeres de su época (puedes leer mi reseña aquí). Y de un homenaje saltó a otro. La ilustradora puso el ojo en la figura de Federico García Lorca. Primeramente, ilustró la biografía del poeta granadino en un volumen al que llamó, simplemente, Federico (puedes leer la entrevista a la autora aquí y la reseña de la obra aquí). Y ahora Ros regresa con un proyecto más ambicioso. En el mismo ejemplar, la autora ha reunido las tres grandes obras de Federico García Lorca, las más insignes, aquellas que muestran el mundo rural. Y precisamente, bajo el título de La trilogía rural, Ros pone color a Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. Gracias a la editorial Lumen y al trabajo de esta murciana, el lector tiene a su alcance toda la fuerza de Lorca y la singularidad de los dibujos de esta ilustradora en un único volumen que me parece una joya.

Ilu Ros visitó Sevilla hace unas semanas. Hablamos de Federico, de su vida, de sus obras, de la ilustración y lo que ha supuesto la figura del poeta en la vida de la ilustradora. Os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Ilu, un placer volverte a ver. Ya lo hicimos con Federico, cuando viniste a presentarla a Sevilla. El poeta de Granada te está dando muchas alegrías.

Ilu R.- Sí, la verdad es que sí. No lo me lo esperaba. Federico es un libro que ha tenido muy buena acogida entre los lectores. La trilogía rural es un regalo para mí. He disfrutado mucho al hacerlo y parece que a la gente le está gustando también.

M.G.- Para mí, este tipo de libros son como una joya, uno de esos libros que colocas en la estantería, lo miras, lo coges, lo vas leyendo poco a poco. No sé, me gustan mucho. Será porque el género ilustrado me encanta.

I.R.- Sí, como un libro-objeto. Cuando salió el libro electrónico, se empezó a decir que el libro físico acabaría desapareciendo pero creo que a muchos nos gusta el libro en papel.

M.G.- Sí, el que se puede tocar.

Bueno Ros, ¿y por qué te metes ahora en esta trilogía, después de haber ilustrado la biografía de Federico?

I.R.- Porque cuando acabé Federico, estaba muy contenta con el resultado, pero no había disfrutado tanto del proceso como a mí me hubiera gustado. Creo que fue porque el momento en el que lo hice estábamos en plena pandemia y todo era muy agrio, con mucha tensión. Por otra parte, yo sentía mucha presión por quién era Federico García Lorca y lo que significa. Era un libro que requería ser muy riguroso, midiendo mucho las palabras, lo que sucedía, porque era un libro que no solo hablaba de su obra sino también de su vida. Me gustó hacerlo pero no lo disfruté por el peso que sentía.

M.G.- Mucha responsabilidad.

I.R.- Sí, por la responsabilidad, por la gran figura que era Federico. Y al acabarlo me quedé con ganas de más. Así que se lo propuse a mi editora. Le planteé ilustrar la trilogía rural, las tres obras con las que yo lo había conocido. Ella me respondió que sí y aquí está el libro. Ya no soy yo la que escribe sino que me dedico a ilustrar las palabras de Federico García Lorca.

M.G.- ¿Qué tienen en común las tres obras?

I.R.-  Aunque Federico García Lorca tenga más obras de teatro, estas tres las vemos como juntas. Comparten algunos puntos, como el mundo rural, la mujer en el mundo rural, la Andalucía de los años 20 y 30, la pasión, el deseo desenfrenado que, al final, termina en tragedia cuando no se lleva a buen puerto, la muerte,... Pero, aun así, son tres obras que, aunque tengan muchas cosas en común, son muy distintas. La atmósfera de las tres es completamente diferente. Creo que cuando las lees te das cuenta. Bodas de sangre es un obra muy lírica y muy poética, mientras que Yerma es totalmente introspectiva, con esa mujer que está sufriendo, que se siente aislada, que la tratan mal por algo que no es su culpa, aunque ella se sienta culpable. Y La casa de Bernarda Alba supone el encierro total, el autoritarismo.

M.G.- El libro se inicia con un texto, con un discurso que Federico dio en 1935. ¿Qué se recoge en esas palabras?

I.R.- Quería comenzar el libro con las propias palabras de Federico y con lo que significaba el teatro para él. Cuando estaba de director en La Barraca, él quería llevar el teatro a los pueblos más pequeños, al pueblo llano, a los más analfabetos. Él consideraba que el teatro y la cultura no era algo de la intelectualidad y de la gente que estaba más arriba, sino también del pueblo llano. Me parecía importante empezar así.

En este discurso, que pronuncia ante los actores del Teatro Español en el año 35, defiende la importancia que tiene la cultura y el teatro para un país. Él decía que al teatro había que ir con alpargatas y no con collares de perlas.

M.G.- El primer párrafo de ese discurso me resultó curioso porque él manifiesta su disconformidad con los homenajes. Me quedé pensando que, donde quiera que esté, estará escandalizado con todo lo que se ha escrito y se ha dicho de su persona y sus obras.

I.R.- Bueno era muy coqueto. Aunque a él le gustaba mezclarse con el pueblo, también le gustaba ser el centro de atención. Quizá, a lo que se refería era a los homenajes en cuanto a ensalzar al autor y alejarse del pueblo llano. Precisamente, lo que él hace en estas obras es poner voz a la gente del medio rural, y especialmente, a la mujer del medio rural. 

M.G.- Ros, tú te encargas de ilustrar estas tres obras de Federico pero, ¿cómo haces para elegir la escena concreta que quieres mostrar?

I.R.- Conforme iba leyendo las obras, iba tomando ideas. Al principio, mi idea era ilustrarlo todo pero claro, me di cuenta de que eso no podía ser. Pedí que me enviaran una maqueta del texto para ir repartiendo las ilustraciones. Yo quería que las ilustraciones aparecieran en el lugar en el que yo quería. En ese proceso fui ilustrando los momentos de las obras más interesantes pero también tenía que funcionar rítmicamente. No podían aparecer diez páginas seguidas sin una sola ilustración y luego encontrar tres ilustraciones seguidas. Sobre todo en este caso, que es un libro muy ilustrado. Tenía que mantener el equilibrio aunque, realmente, lo hubiera ilustrado entero, como si fuera una película de animación.

M.G.- Recuerdo que, con Federico, usaste una paleta cromática llena de ocres, rojos, y tonos tierra. En este caso, ¿cuál ha sido el criterio para elegir los colores?

I.R.- Al principio de cada proyecto, intento siempre pensar en la paleta de color en relación con el proyecto y en relación con lo que yo siento. Con este libro fui al Cabo de Gata, al Cortijo del Fraile, a Valderrubio, a Fuente Vaqueros,... Me fijé en los colores de la tierra, tan característicos en esa zona, sobre todo en el desierto de Níjar. De ahí saqué parte de los colores. También me sirvió ver las casas de Federico, los suelos de esas casas,... Hay una paleta común para las tres obras pero luego, cada una de ella, tiene su paleta propia. En La casa de Bernarda Alba, la paleta es muy sobria y severa. Sin embargo, la de Yerma tiende más a los rojos, es más pasional y más dolorosa. La de Bodas de sangre tiene muchos violetas, azules, ocres, los colores del campo de Níjar, es como más colorista.


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M.G.- En este volumen encontramos las tres obras que mencionamos pero no hay una división clara entre una otra. Cuando acaba una, y antes de empezar la siguiente, hay como unos textos de tu autoría en las que nos das pinceladas sobre cómo y cuándo escribió Federico, en qué se inspiró.

I.R.- Sí, entre obra y obra, hay alguna página de contextualización. En Federico García Lorca, su vida y las obras van cogidas de la mano. En el libro, están dispuestas de manera cronológica porque tenía sentido. La casa de Bernarda Alba fue la última obra que él escribió y leyó a sus amigos y familiares, en su último mes de vida, antes de que lo fusilaran. Es una obra que habla del autoritarismo en una época en la que se intuía que había ciertos grupos que podían dar un golpe de estado, desembocando en una guerra civil. Por eso, creía que era importante contextualizar cada obra, mencionando el momento en que lo escribió y en quién se inspiró.

M.G.- Después de la obra anterior y esta, ¿te quedan todavía cosas que aprender de Federico? Imagino que la labor de documentación habrá ido importante.

I.R.- Siempre quedan cosas por aprender. Federico García Lorca es un sitio en el que entras y ya no puedes salir. En cada lectura de su obra, siempre se van abriendo ventanas nuevas. Aunque pienses que ya te has leído muchas veces Bodas de sangre, la vuelves a leer y, de repente, descubres algo que te lleva a una interpretación nueva. 

M.G.- Al hilo de lo comentas, es habitual que, cuando releemos obras, cambie nuestra percepción. No es lo mismo leer Bodas de sangre a los dieciocho años, que leerlo a los cuarenta.

I.R.- Sí, sí. Hoy tengo una lectura muy diferente de La casa de Bernarda Alba, de aquella que tenía en el instituto. Tiene que ver con la forma de entender el mundo, y con la contextualización, porque vas aprendiendo más sobre el momento histórico en el que se escribe la obra.

Algo que me parece muy curioso es que antes me llamaban la atención personajes como Adela y la novia, que son mujeres que ansían la libertad y, sin embargo, ahora veo a Martirio y me conmueve más, por estar encerrada también en sí misma, por ser una mujer atormentada. Vas viendo las cosas de forma diferente, a medida que pasan los años.

M.G.- Imagino que has tenido que leer estas obras, pero no sé si también has visto las películas que se han hecho.

I.R.- Sí, las he visto pero no durante el proceso creativo del libro. Son obras que forman parte de nuestro imaginario y las tenemos dentro. No quería ver más cosas para que no me influyeran más todavía. Pero, hasta antes del libro, sí que he visto muchas representaciones y películas, como La novia, que me parece preciosa.

M.G.- ¿Has tenido más dificultad a la hora de ilustrar una obra u otra?

I.R.- He disfrutado mucho haciendo las tres pero la que más dificultad me podía crear era La casa de Bernarda Alba, porque no tiene el apoyo de las metáforas visuales que tiene Bodas de sangre, no tiene paisajes ni salidas al exterior. La casa de Bernarda Alba transcurre todo el tiempo dentro de una casa. Federico especificó que en esta obra solo quería blanco y negro, no quería sombra. Aunque yo eso me lo salto. Es una obra muy severa, salvaje en cuanto a la palabra. No tiene la poesía que tiene Bodas de sangre

M.G.- Soy firme defensora del género ilustrado pero, cuando hablo con otros lectores, encuentro que a muchos les cuesta entrar en el género. Aparte del color y de la imagen, ¿qué crees que aporta el género ilustrado a la literatura o, en este caso, a las obras de Lorca?

I.R.- Creo que se establece un diálogo entre diferentes artes y diferentes formas expresivas o formas de creatividad. Es como cuando hay una colaboración entre un músico y un cineasta, entre un actor y un pintor. Al final, creo que la ilustración y la literatura casan muy bien. En este caso, por ejemplo, hay un texto de Federico García Lorca que funciona solo, evidentemente, pero que dialoga con la ilustración. Al igual que ocurre con las representaciones teatrales, en las que se establece un diálogo entre el texto y el director de escena o los actores. El ilustrador pasa el texto por sí mismo y da su propia interpretación. La ilustración es una suma creativa.

M.G.- Ilu, ¿cómo defines tu forma de ilustrar? Para mí, tus ilustraciones son muy libres. Por ejemplo, no hay profundidad de campo, no hay perspectiva. ¿Cómo defines tu trazo?

I.R.- Intento mantener esa libertad, que mis dibujos y mis pinturas estén vivas. No sé explicarlo muy bien. A veces, hago dibujos a los que les falta algo. No es cuestión de perspectiva, ni de estar mejor o peor dibujado. Es cuestión de un algo que no sé explicar. Siempre busco la libertad y la expresividad en el trazo. Es algo que consigo mientras más me alejo de la realidad. Hago pintura figurativa pero intento no ser hiperrealista. 

M.G.- Te conocí con Cosas nuestras. ¿Tú crees que tus dibujos han evolucionado con el paso de los años?

I.R.- Sí. No digo si para bien o para mal, pero sí he notado una evolución. Si veo dibujos de hace tres o cinco años, sí lo noto. Me aburriría si supiera que me estoy repitiendo y mataría la creatividad.

M.G.- Por medio de una entrevista que concediste, supe que, tras la publicación de Federico, facilitasteis un ejemplar a los descendientes. ¿Vas a hacer lo mismo con este?

I.R.- Creo que sí se ha enviado. No te lo sé decir ahora mismo porque los envíos los hace la editorial pero imagino que sí se habrá enviado. Bueno, no lo sé con seguridad.

M.G.- ¿Qué te dijeron con el anterior?

I.R.- Por lo que sé, las sobrinas de Federico están muy contentas.

M.G.- Imagino que vas a descansar un poco, o definitivamente, del poeta.

I.R.- En principio, descanso definitivamente.

M.G.- ¿Y te gustaría ilustrar algún libro de otro autor importante?

I.R.- No lo sé. Mi idea no es hacer otra biografía ilustrada. 

M.G.- En principio, cambiar de rumbo.

I.R.- Sí, lo que me apetezca y lo que vea que me funciona en cada momento. En eso hay que ser un poco intuitivo, creo.

M.G.- Bueno Ilu, lo dejamos aquí. Estoy encantada con esta publicación porque me parece una edición preciosa, muy bonita y muy cuidada.

I.R.- Súper bonita, sí. Muchas gracias.

M.G.- Me parece precioso para regalar estas navidades. Muchas gracias por venir. Un placer volver a verte y espero que volvamos a coincidir con cualquier otro proyecto que se te ocurra.

I.R.- Muchas gracias a ti.

Sinopsis: La tragedia de la pasión amorosa, las rivalidades familiares, la esterilidad, la represión sexual y la muerte son el hilo vertebrador de Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba, las tres obras que conforman el ciclo por el que Federico García Lorca ha sido más celebrado como dramaturgo. Una trilogía rural en la que la mujer, el campo andaluz abrasado por el sol y los instintos son los grandes protagonistas que cobran nueva vida en esta interpretación personal y originalísima de Ilu Ros, la autora de la aclamada biografía Federico y «una de nuestras mejores dibujantes» (Manuel Rodríguez Rivero, El País).

viernes, 2 de julio de 2021

FEDERICO de Ilu Ros

Editorial: Lumen
Fecha publicación: mayo, 2021
Precio: 21,75 €
Género: novela gráfica
Nº Páginas: 352
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788426410702
[Disponible en eBook;
puedes leer aquí]


Autora

Ilu Ros nació en Mula (Murcia) en 1985. Licenciada en Bellas Artes y Comunicación Audiovisual por la Universidad de Granada, no contempló la posibilidad de dedicarse al dibujo y la ilustración hasta que se fue a vivir a Londres en 2011. Ilu Ros encuentra su inspiración en lo cotidiano, las ciudades que visita, las personas que la rodean y las historias que le cuentan, los libros, las películas, los viajes en tren, la música que escucha... Le gusta buscar en las pequeñas cosas algo nuevo (o no tan nuevo) que contar.

Ha expuesto en la Galería Miscelanea de Barcelona y ha sido finalista del Poster Prize for Illustration, premio concedido por la Association of Illustrators y el London Transport Museum de Londres. En 2018 publicó su primer libro, Hey Sky, I'm on my Way: A Book About Influential Women (Nueva York, Lit Riot Press). Tras la publicación de Cosas nuestras (Lumen, 2020), alabado unánimemente por la crítica, seleccionado para representar la sección española de la Bienal de Ilustración de Bratislava 2021 y por el que fue nombrada Murciana del Año por el diario La Verdad, Lumen publica ahora Federico.

Sinopsis

Federico solo hay uno. No le hacen falta apellidos. Un nombre que reconocen tanto niños como adultos, que suena a duende, a cante jondo y a romance popular, pero también a la vanguardia más rompedora. Un nombre que encarna la alegría y las sombras de España, la época más brillante de nuestra cultura desde la Edad de Oro, pero también la guerra y la vergüenza de un pueblo que nunca podrá perdonarse la muerte del poeta que más lo representaba.

En este libro escuchamos las voces de aquellos que lo conocieron, desde su familia cercana hasta la legión de amigos y amigas que lo frecuentaron en sus años granadinos, en las juergas líricas de la Residencia de Estudiantes o a lo largo de su intensa vida literaria. Y, por supuesto, la suya propia: la del poeta, la del dramaturgo, la del conferenciante, con la claridad de unas ideas que hoy tienen la misma fuerza, y, por n, la voz desnuda del hijo, del hermano y del amante enamorado. Ilu Ros fusiona voces y palabras con sus ilustraciones, que nos arrastran como la magnética personalidad de Federico García Lorca: icono de generaciones pasadas, presentes y futuras.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Todo lo que se escribe, se filma, se investiga, se recita, se teatraliza,... sobre Federico García Lorca es poco. Con tan solo 38 años le arrebataron la vida y enterraron su cuerpo en algún lugar del que nunca se ha sabido. ¿Quizá en la huerta de San Vicente? Le quitaron el aire que entraba en sus pulmones, la luz que iluminaba sus ojos, el brillo de su mente, la sonoridad de su voz, el latir de su corazón, sus sueños, sus pensamientos, sus ideas. Pero lo que nunca pudieron quitarle fue la estela que dejó su paso por la tierra. Su prosa, su poesía y su teatro llegan hasta nuestros días. Lorca sigue teniendo lectores que se acercan a sus poemas. Sigue teniendo espectadores que acuden al teatro a ver sus obras. Y sigue teniendo investigadores, escritores, ilustradores, que profundizan y retratan su trayectoria. Existen mil maneras de acercarse a aquel vecino granadino, al que la guerra civil sesgó la vida. Entre esas mil formas figura lo último de Ilu Ros que lleva por título, simplemente, Federico

Federico es el nuevo álbum ilustrado de la murciana Ilu Ros. A lo largo de algo menos de cuatrocientas páginas, la autora retrata la vida del poeta y dramaturgo desde un ángulo más íntimo y personal. Por eso, este proyecto abarca desde el nacimiento de Lorca y nos lo muestra como un niño imaginativo, como cualquier chiquillo que juega en la calle.




En estas páginas tienen cabida los lugares en los que Lorca vivió de niño, el colegio y sus profesores, que irán dejando un caminito de pan, a través del cual poder ir conociendo más en profundidad al poeta. Porque hay muchas cosas que se saben de él, pero también encuentro en este libro algunas anécdotas que para mí eran desconocidas. Y aparece en este volumen el cura Pellizcos, su ama de cría o su hermana Isabel que, retratada a avanzada edad, irá recordando cómo era su hermano y contándonos parte de su vida. Por supuesto, encontraremos también en este volumen a todos aquellos con los que convivió en la residencia de estudiantes, cuando marchó a Madrid a estudiar. Por ahí andan Luis Buñuel, Salvador Dalí, Jorge Guillén, Manuel de Falla,... Y también estarán ellas, algunas Sinsombrero, como Maruja Mallo y Margarita Manso. Fueron 38 años en los que Lorca respiró, vio, escribió, amó y también le rompieron el corazón. Viajó a Cuba, a Nueva York, a Argentina,... Pero España le tenía preparada una enorme sorpresa. 

Ilu Ros inicia y termina este volumen con la muerte de Lorca, otorgándole al libro un carácter circular. Como dice en la introducción, para ella ha supuesto una enorme responsabilidad escribir sobre el poeta, pero no cabe duda de que ha hecho un gran trabajo y que ha volcado un gran cariño a la hora de escribir sobre el granadino:



Estructurado como si se tratara de una obra de teatro, con Preludio, tres actos y epílogo, Federico también recuerda a esos documentales que se construyen por medio de entrevistas. En ciertos pasajes aparecen aquellas personas que tuvieron un contacto directo con él, hablando de lo que vivieron junto a Lorca, de los momentos que compartieron, señalando los rasgos más característicos de la personalidad del poeta. 

No faltarán tampoco las referencias a sus textos, a la inspiración para sus personajes, o los fragmentos de sus obras y cartas, o aquella compañía de teatro, La Barraca, que fue un «referente para la recuperación del teatro del Siglo de Oro con el cometido de llevarlo gratuitamente a todos los rincones del país».




Nos lo contaba Ros en la entrevista que le hicimos (puedes leerla aquí), la paleta cromática que ha elegido la autora toca mucho los tonos tierra, los amarillos, los ocre, pero el color da paso al carboncillo en los momentos más dramáticos de la vida del escritor. Me gustan mucho los dibujos de esta murciana. No me parece un dibujo especialmente pulido o donde se aprecie la profundidad de campo. A veces, en ellos se ve el armazón sobre el que se construye la ilustración, pero creo que ahí radica lo singular de su trabajo. A mí me parecen una belleza. Mirad este vídeo.



 

Poco más os puedo contar. Bueno, sí. Tengo una pregunta. ¿Nunca os habéis preguntado cómo sonaba la voz de Federico García Lorca? A mí es una curiosidad que me acompaña desde que leí este libro. He buscado algún archivo sonoro, grabaciones antiguas que arrojen algo de luz, pero no he encontrado nada definitivo. Me parece algo tan inaudito que se haya perdido su voz,... Al menos nos quedan fotos, nos queda todo lo que escribió en vida, lo que publicó, lo que se sigue reeditando, nos quedan las películas que se han hecho de su vida y las adaptaciones cinematográficas de sus obras, las representaciones teatrales. Nos quedan los ensayos que profundizan en su figura. Nos queda todo lo que se ha escrito sobre él. Y nos queda este libro de Ilu Ros, Federico, que os recomiendo porque es una auténtica joya.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


martes, 22 de junio de 2021

ILU ROS: ❝Escribir sobre Lorca ha sido una gran responsabilidad para mí❞

Qué bonito lo último de Ilu Ros. Qué homenaje tan extraordinario a la figura de Federico García Lorca. Los volúmenes ilustrados, al margen de ser bellísimos, suponen un vehículo muy divertido, ameno e instructivo para acercarnos a nombres importantes del mundo literario, cinematográfico, musical,... Ya disfruté una barbaridad del primer libro de esta ilustradora murciana. En Cosas Nuestras (puedes leer la reseña aquí), Ros nos habla de su abuela Resurrección, con el cariño que una nieta debe profesar a una abuela. 

Federico abarca la vida del escritor granadino desde su nacimiento hasta su muerte. A lo largo de más de trescientas páginas, Ilu Ros retrata a color los momentos más significativos de la vida de Lorca. Nos habla directamente el poeta. Nos hablan también algunas personas que lo conocieron. Un volumen hermoso, del que os daré cuenta en breve. De momento, os dejo con la entrevista a la autora.

Marisa G.- Ilu, ¿por qué Federico? ¿Por qué ahora? He estado mirando las fechas y se han cumplido 123 años de su nacimiento, no es una cifra redonda como para una conmemoración.

Ilu R.- Un día, justo antes de publicarse Cosas Nuestras, estuve almorzando con mi editora y hablábamos de autores que nos gustaban. Federico García Lorca ya aparece en el libro anterior, y estuvimos hablando de él porque las dos somos muy lorquianas. Me propuso hacer un libro ilustrado sobre la figura del poeta. En ese momento no supe qué responder. Pensé que un proyecto así me quedaba grande. Me generaba mucha presión por el tipo de personaje pero, por otra parte, me parecía algo tan bonito. Una vez que me metió la idea en la cabeza, ya no me pude resistir. Escribir sobre Lorca ha sido una gran responsabilidad para mí. 

M.G.- Te ha quedado precioso. El libro se inicia por el final, con la muerte del escritor, que vuelve a aparecer en las páginas finales. Es decir, la narración es cíclica.

I.R.- Sí, el libro está estructurado como si fuese una obra de teatro, en homenaje a su parte más dramática. No me refiero solo a su obra, sino también a esa imaginación que tenía de niño, cuando se inventaba sus teatricos. Me pareció buena idea hacerlo así. He construido un volumen que, en realidad, es una tragedia, la tragedia de la vida de Federico García Lorca.

Otra cosa que me preocupaba era el momento de afrontar su muerte. Todo el mundo sabe cómo murió, un hecho que se ha convertido en un momento icónico de la guerra civil española. No quería que el libro girase constantemente alrededor de ese instante, sino que se viera su vida. Así que decidí poner al principio lo que todos sabíamos y luego contar quién fue Federico García Lorca, lo que significó para el mundo, lo que supuso para los que lo conocieron.

M.G.- Pero el libro tiene un cierto toque documental, ¿no? Construyes la historia como si estuvieras entrevistando a las personas que lo rodearon.

I.R.- Sí, hay una serie de personajes contemporáneos que van apareciendo en escena, y van contando quién era Federico García Lorca, o van contando anécdotas de su vida. Son personas que van hablando desde un momento posterior a la muerte del autor. Son personas mayores, que están en una edad bastante avanzada. 

Durante el proceso de documentación leí mucho sobre Lorca, su obra, y recurrí a muchos testimonios. Al final, surgió de este modo, contar su historia desde el punto de vista de los que vivieron con él y lo conocieron. Son ellos los que podían contarnos muchas más cosas sobre el autor. 

M.G.- El libro cuenta con anécdotas de personajes con los que él se codeó. Es decir, en este universo lorquiano, él es el centro, pero hay mucha más gente orbitando a su alrededor.

I.R.- Claro. Hubo varios momentos en los que tuve que echar el freno. El proceso de documentación es muy bonito porque es un momento de descubrimiento, pero eso te lleva a conocer a otra serie de personas, por las que empiezas a interesarte cada vez más. Tuve que tener mucho cuidado para mantener el foco sobre Lorca, como personaje principal, pero también he querido hablar de personas de su época. 

Lorca estuvo en el centro de un momento de apogeo cultural, en esa España de los años 20 y 30, tan rico en vanguardias. Madrid supuso para él un lugar mágico y lleno de inspiración. Vivió una época muy especial, con gente muy interesante.

M.G.- Lorca tenía una sensibilidad especial pero parece que con él se alinearon los planetas. Tenía una madre maestra, un padre que apostaba por la formación de los hijos, una abuela que leía a Víctor Hugo. Y luego está toda la época en la que vivió, conociendo a tanta gente interesante. Si hubiera nacido en otro momento o en el seno de otra familia, lo mismo no estaríamos hablando de él hoy.

I.R.- Está claro fue una persona brillante pero también perteneció a una familia privilegiada. Aunque no fue hijo de la burguesía como Dalí, sí lo fue de un terrateniente.  Su familia tenía dinero y eso permitió que él pudiera estudiar en la universidad. Aun así, tuvo una relación muy estrecha con la gente del pueblo y del campo. 

M.G.- Sé que has tenido que ficcionar ciertos momentos que no están recogidos en ninguna fuente. Has tenido que echar mano de la imaginación.

I.R.- Sí, al final me he dejado llevar por lo que contaba todo el mundo sobre él y lo que él mismo contaba en su propia obra. Decía que todos sus personajes teatrales estaban basados en persona reales que él conoció. Te decía antes que él tuvo un vínculo muy estrecho con la gente humilde, con las criadas, con las mujeres del campo. Todas estas personas son las que luego salen en sus obras, como en La casa de Bernarda Alba. Lo que no está documentado me lo he tenido que inventar. Por ejemplo, todo lo relativo al Federico niño, pero creo que el retrato que he hecho de él, tan imaginativo y creativo, está bastante cerca de la realidad. 

M.G.- Me ha gustado mucho encontrarme en estas páginas a Maruja Mallo, a Margarita Manso... Ahora estamos tirando más de estas mujeres, le estamos dando más visibilidad. Han estado olvidadas durante tanto tiempo que da gusto encontrarse con ellas en un libro como este. 




I.R.- Había leído sobre las Sinsombreros, sobre todas estas mujeres que eran contemporáneas a la generación del 27, que además formaban parte de ese grupo. Eran de la residencia de señoritas que era la residencia paralela a la de estudiantes. Los hombres fueron los que transcendieron pero, por suerte, todas estas figuras femeninas se están rescatando ahora. Es una pena que no lleguemos a saber lo que hubo exactamente porque no se contaba, pero sí sabemos hoy que Maruja Mallo fue una pintora de la categoría de Dali. Entre que eran mujeres y que luego, con la llegada de la guerra civil, a todas ellas se las vinculó con la República, con ser roja, y terminaron exiliadas, se ha perdido mucha información. Además, el franquismo intentó taparlas. Eran mujeres muy avanzadas para su tiempo.

M.G.- Tengo la sensación de que has querido destacar más la figura del hombre que del escritor. Mencionas sus obras pero te centras mucho más en la persona.

I.R.- De Federico García Lorca se ha contado prácticamente todo. He tenido que hacer una selección de toda la información que tenía. Opté por contar lo que a mí más me emociona de él y por eso creo que ha salido un libro donde podemos ver al Federico más personal. Me interesaba mostrar su vinculación con la familia, con las mujeres más humildes que había a su alrededor, las que le enseñaron cosas de niño. Y son estas personas las que, al final, se han visto más reflejadas en su obra. También, en sus libros, él volcó las historias que escuchaba de pequeño, como la de la vecina Francisca Alba que luego se convirtió en Bernarda.

M.G.- Y esta selección de la que hablas, ¿te ha costado? ¿Ha sido complicado hacer la criba?

I.R.- Sí que me ha costado porque su vida fue muy intensa y su obra muy extensa, para lo poco que vivió. Se podía hacer perfectamente otro libro y hablar de otros aspectos de su vida, sin ningún tipo de problemas.

M.G.- Ilu, hablemos de las ilustraciones. Tú dibujas a mano alzada, ¿no?

I.R.- Sí, sí. Generalmente suelo dibujar con acuarelas, con lápices de colores, tinta, rotuladores,... Uso técnicas que me permitan trabajar rápido porque soy muy impaciente. 

M.G.- ¿Y los colores? En Cosas Nuestras, los colores eran más vivos. Aquí usas mucho los colores tierra, los ocres, los naranjas, ¿no?

I.R.- Es verdad. Al principio hice un estudio de color. Pensé que Federico estaba muy relacionado con el verde, por la vega de Granada, pero a mí me sonaba a amarillo, por lo brillante y lo llamativo.  El amarillo predomina en todo el libro. Los tonos ocres de la tierra, también. Con el Romancero, sí hay colores más vivos, con el fuego y la pasión, cuando empezó a descubrir el amor. Y luego, hay otra parte del libro que solo es en blanco y negro, solo a tinta, la más triste y la más cercana a su muerte.

M.G.- Es verdad que se ha contado mucho sobre Lorca pero, durante la documentación, ¿te has topado con algo que realmente desconocías y te haya impactado?

I.R.- He descubierto muchísimas cosas. Creo que me pasaba lo mismo que a otras muchas personas, que pensamos que sabemos mucho de él pero al final no es así. Me gustó mucho descubrir la parte del Lorca niño, que jugaba a hacer teatro y a dar misa.

M.G.- Te leo decir que, hasta 2011 no te habías planteado vivir de la ilustración. Hasta esa fecha, ¿cómo te planteabas proyectar tu carrera?

I.R.- En 2011, había terminado Bellas Artes y Comunicación Audiovisual, y me fui a vivir a Reino Unido. Estuve allí ocho años, durante los cuales trabajé en la hostelería. Los últimos años pude compaginar el trabajo con la ilustración. Empecé a dibujar porque era lo que podía hacer. No me podía poner a pintar oleo en una habitación sin apenas espacio. Sin embargo, era fácil manejar un bloc de dibujos y unas acuarelas. Así empezó todo.

M.G.- Ilu, Federico es un libro precioso. Una joya.

I.R.- Me alegro que te guste.

M.G.- Gracias por esta charla.

I.R.- Gracias a ti. 

Sinopsis: Federico solo hay uno. No le hacen falta apellidos. Un nombre que reconocen tanto niños como adultos, que suena a duende, a cante jondo y a romance popular, pero también a la vanguardia más rompedora. Un nombre que encarna la alegría y las sombras de España, la época más brillante de nuestra cultura desde la Edad de Oro, pero también la guerra y la vergüenza de un pueblo que nunca podrá perdonarse la muerte del poeta que más lo representaba.

En este libro escuchamos las voces de aquellos que lo conocieron, desde su familia cercana hasta la legión de amigos y amigas que lo frecuentaron en sus años granadinos, en las juergas líricas de la Residencia de Estudiantes o a lo largo de su intensa vida literaria. Y, por supuesto, la suya propia: la del poeta, la del dramaturgo, la del conferenciante, con la claridad de unas ideas que hoy tienen la misma fuerza, y, por n, la voz desnuda del hijo, del hermano y del amante enamorado. Ilu Ros fusiona voces y palabras con sus ilustraciones, que nos arrastran como la magnética personalidad de Federico García Lorca: icono de generaciones pasadas, presentes y futuras.

viernes, 21 de febrero de 2020

COSAS NUESTRAS de Ilu Ros

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Editorial: Lumen.

Fecha publicación: febrero, 2020
Precio: 21,90 € 
Género: Ilustrado
Nº Páginas: 160
Encuadernación: Tapa duras. 
ISBN: 9788426407269
[Disponible en ebook;
puedes empezar a leer aquí]


Autora

Ilu Ros nació en Mula (Murcia) en 1985. Licenciada en Bellas Artes y Comunicación Audiovisual por la Universidad de Granada, reconoce que la decisión, a los diecisiete años, de estudiar Bellas Artes fue una de las más importantes de su vida, aunque no fue hasta 2011, una vez instalada en Londres, cuando puso el foco en la ilustración y sus posibilidades profesionales.

Ilu Ros encuentra su inspiración en la cotidianidad, las ciudades que visita, las personas que la rodean y las historias que le cuentan, en los libros, las películas, los viajes en tren, la música que escucha... Básicamente, le gusta buscar en las pequeñas cosas algo nuevo (o no tan nuevo) que contar.

Ha expuesto enla Galería Miscelanea de Barcelona y ha sido finalista en el Poster Prize for Illustration, premio convocado por la Association of Illustrators y el London Transport Museum de Londres. En mayo de 2018 publicó su primer libro, Hey Sky, I'm on My Way: A Book About Influential Women, en Estados Unidos, Cosas nuestras es su primer libro en español. Actualmente vive en Madrid.

Sinopsis

Un domingo cualquiera, una joven mira stories en Instagram mientras su abuela se dedica a las faenas del hogar. Una canción de Rosalía y una alusión a Concha Piquer son el detonante de una conversación en la que la cultura popular, el folclore y el recuerdo de figuras transgresoras que tuvieron que luchar por sus derechos en una España chapada a la antigua se mezclan con las referencias de las generaciones actuales. Así, entran y salen de escena Lola Flores, Rocío Jurado, Miguel Molina, las Spice Girls, Nathy Peluso o Federico García Lorca, pero también surge la memoria del campok las dificultades de cuantos tuvieron que emigrar durante la dictadura o las que todavía afrontan los jóvenes para encontrar trabajo o hacerse escuchar.

Un libro conmovedor que nos invita a reconectar con nuestros mayores y descubrir sus historias para que permanezcan con nosotros.



[Información tomada directamente del ejemplar]


Hoy se presenta en Sevilla un precioso libro ilustrado, emotivo y entrañable, que me ha gustado muchísimo. Cosas nuestras es el primer álbum que la ilustradora Ilu Ros publica en España, y que dedica a su abuela Resure, es decir, Resurrección.

Escrito en primera persona, Cosas nuestras empieza precisamente así, con una conversación entre madre e hija, donde la primera pregunta a la segunda que se trae entre manos con la abuela. 




A partir de ahí, el volumen recoge una conversación abuela-nieta a lo largo de una mañana. Resure escucha una copla de Concha Piquer (María de la O), mientras adecenta un poco la casa. Por su parte, la nieta mira los stories de Rosalía en Instagram. El choque generacional es instantáneo. Entre ambas se inicia un diálogo que recorrerá diversas tendencias musicales. Desde Antonio Molina, Juanita Reina, Rocío Jurado o Lola Flores, pasando por los Backstreet Boys, Alejandro Sanz, las Spice Girls, Nathy Peluso o la misma Rosalía. 

Pero este álbum no se limita al ámbito musical exclusivamente, sino que también ahonda en otros temas. Saldrá a relucir la lucha feminista, que comenzó con aquel empeño de conseguir el voto femenino, la emigración, las modas, o las ataduras de la mujer. En realidad es el retrato de una época teniendo como hilo conductor la vida de la abuela Resure, que nace en agosto de 1938, y toda su contemporaneidad. 

Se podría decir que Cosas nuestras se vertebra en dos ramas. En lo musicalconoceremos a las grandes damas de la canción como Juanita Reina y Concha Piquer. La primera era una mujer de su casa, devota y obediente, mientras que la segunda era mucho más rebelde y casquivana, que no le importaba hacerle un feo al mismísimo Caudillo. Entre ellas, había su tira y afloja, y Ros nos da acceso a unas cuantas anécdotas la mar de curiosas. Se tocará también la homosexualidad de Miguel de Molina, la extravagancia de Rocío Jurado o el poderío de Lola Flores. Artistas que hoy se reflejan en el trabajo de Rosalía, de cuya discografía se hace un análisis completo, o de Nathy Peluso, que para mí ha sido un descubrimiento.

Pero la otra vertiente, la que más he disfrutado, ha sido la que recoge el ámbito doméstico y familiar de Resure. Me ha gustado mucho saber cómo la abuela conoció a Juan María, el que luego sería su marido, cuántos hijos tuvo la pareja, cómo se las apañaron para mantener a una familia numerosa, los años que pasaron en Francia de emigrantes, la vida en el campo, las costumbres de la época,... Esas vidas que tanto tienen que enseñarnos.

Y en esa misma línea, me ha encantado asomarme a los recuerdos de Ros, a su juventud, a esos periodos que pasaba en casa de su abuela, leyendo las novelas de Corín Tellado, que sus tías tenían en la casa.

Ya sea a través de la música o de las vivencias personales, Ilu Ros establece un puente entre ambas generaciones. En realidad, la música y los gustos de su abuela por la copla -la autora incorpora algunas como parte del texto y ojito a las letras- no son más que una excusa para entablar conversación con ella, para dejarla hablar, para que rebusque en sus recuerdos y podamos conocerla más. Esas coplas que salen a relucir en este libro son la banda sonora de unas mujeres luchadoras, que no lo pasaron bien, y que también tenían sueños. Son el envoltorio de una vida con muchos más matices de los que podemos intuir, de ahí tanto color, porque los abuelos serán ancianos hoy, pero en su época fueron jóvenes con las mismas inquietudes que todos nosotros.

Con unas ilustraciones planas, en las que apenas existe la profundidad, hay que reconocer que el libro es una preciosidad y está estéticamente muy cuidado. Aconsejo detenerse a examinar los dibujos con minuciosidad pues están cargados de detalles que reflejan perfectamente la vida en el campo. Esas sillas de enea, esos suelos de baldosas ajedrezadas, las cerillas sobre el pretil de la chimenea, la fruta de cera, los platos de cerámica o los cuadros con motivos religiosos,... ¿Quién no ha visto estos objetos en la casa de sus abuelos?


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Cosas nuestras es un precioso homenaje a una abuela a la que veremos despiezar un pollo, hacer una ensalada de tomate o asar patatas mientras conversa con la autora. Una abuela que anima a su nieta a no perder la esperanza porque seguro que le sale algo de trabajo pronto. Una abuela que no ha podido ver este libro porque falleció hace unos años, según relata la autora en alguna entrevista, pero que, desde donde quiera que esté seguro que ha esgrimido una enorme sonrisa.

No puedes perderte este libro. Todas las abuelas merecen uno como este. 

Os dejo con el booktrailer:











 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


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