lunes, 26 de octubre de 2020

EL LENGUAJE DE LAS MAREAS de Salvador Gutiérrez Solís

Editorial: Almuzara
Fecha publicación: Junio, 2020
Precio: 21,00 €
Género: Narrativa
Nº Páginas: 448
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788418205460

Autor

Salvador Gutiérrez Solís (Córdoba) ha publicado, entre otros, los siguientes títulos: La novela de un novelista malaleche (Finalista del Premio Nacional de la Crítica, 1999), Spin Off (2001), El sentimiento cautivo (2005), El batallón de los perdedores (2006), El orden de la memoria (2009) o El escalador congelado, que obtuvo el Premio Andalucía de la Crítica, en 2013. Su anterior novela, Los amantes anónimos, inicia la saga protagonizada por Carmen Puerto, la brillante y atípica inspectora de El lenguaje de las mareas. La obra de Gutiérrez Solís se puede encontrar en decenas de antologías. Ha sido traducido a varios idiomas, ejerce la crítica literaria en diferentes publicaciones, colabora en las secciones de Opinión y de Cultura del Grupo Joly (Diario de Sevilla, El Día de Córdoba, etc.).

Sinopsis

La noche del 30 de agosto de 2018, dos chicas de 17 y 18 años, Sandra Peinado y Ana Casaño, desaparecen sin dejar rastro en Punta del Moral, Ayamonte, junto a la frontera con Portugal. Sandra es hija de un personaje de máxima actualidad, implicado en un caso de corrupción política. Y Ana es una joven de fuerte temperamento que mantiene una relación muy complicada con sus padres. Ambas son adoptadas y pasaron sus primeros meses de vida en orfanatos de su Rusia natal.

Carmen Puerto, inspectora apartada del Cuerpo Nacional de Policía en los últimos tiempos, desde su confinamiento entre capuchinos, tabaco y poemas de Dylan Thomas recibe la llamada de sus compañeros Jaime Cuesta y Julia Núñez, que una vez más vuelven a convertirse en sus manos y ojos en el exterior, para enfrentarse a su caso más complicado. Así comienza este trepidante thriller en el que sucesos reales que han contado con una gran repercusión mediática se transforman en elementos de ficción al servicio de una historia de ritmo implacable, en un escenario tan bello como turbador.

El regreso a la novela de Salvador Gutiérrez Solís, de la mano de Carmen Puerto, la inspectora de policía más singular y carismática que ha deparado la novela negra española en los últimos años.

[Información tomada directamente del ejemplar]


«La cubierta recuerda a la película Isla Mínima», es lo que me dijo mi marido en cuanto tuvo la nueva novela de Salvador Gutiérrez Solís entre las manos. Y verdaderamente, es así. Durante la lectura, me apetecía mucho indagar en sus escenarios, visitar ese punto concreto del sur de España en el que los hechos transcurren. Me conformé con echar un ojo en Google Earth, y mirar, a vista de pájaro, los lugares por los que se mueven los personajes de esta novela.

Me acerqué por primera vez a Salvador Gutiérrez Solís a través de su obra Biografía autorizada, una narración musical que cuenta las andanzas de Carlos J, un músico con altibajos (puedes leer la reseña aquí). Aquella lectura me llevó a Los amantes anónimos (reseñada aquí), una novela policíaca que supuso el debut de una singular protagonista, Carmen Puerto. Aquel personaje, nacido con vocación de convertirse en saga, vuelve a protagonizar, o a co-protagonizar, otra aventura más en El lenguaje de las mareas, y en esta historia volveremos a verla con sus manías y sus dislates.

Si hay algo que premio al enfrentarme a una lectura es la originalidad. En las novelas policíacas, como es el caso, siempre vamos a encontrar a un asesino despiadado y a unos investigadores sagaces. Por regla general, la acción suelen transcurrir en las grandes ciudades -Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla,...- pero el crimen campa a sus anchas por cualquier punto del planeta, incluso por Huelva. Que Salvador Gutiérrez haya optado por desarrollar la trama de su novela en Ayamonte, un pueblo costero de Huelva, que multiplica considerablemente su población durante el verano, me parece un punto de originalidad a tener en cuenta. Además, no centra la acción en el propio pueblo, sino en una zona de marismas de la que no sabía nada, de territorios irregulares, llena de meandros, con brazos de mar que bailan al son de las mareas. De ahí que antes dijera que lo que me apetecía durante la lectura era parar un momento, y viajar virtualmente a esos escenarios tan peculiares a través de Google. Lo he hecho.


La acción de El lenguaje de las mareas se inicia el 30 de agosto de 2018, con la desaparición de dos jóvenes -Ana Casaño y Sandra Peinado-. Las dos amigas disfrutaban de una noche de verano cuando, tras abandonar el chiringuito La Hamaca, desaparecen sin dejar rastro. Hasta allí envían al inspector madrileño Jaime Cuesta, cuyo matrimonio hace aguas, acompañado de la subinspectora Julia Núñez. Ambos tendrán que llevar a cabo la investigación por la desaparición de las jóvenes. 

Ana y Sandra son dos adolescentes. De procedencia rusa, fueron adoptadas cuando eran bebés. Ambas forman parte de buenas familias que acostumbran a pasar los veranos en esa zona de Huelva. Los padres de Ana -Juan y Elena- están separados y se llevan a matar. Ana tampoco es una joven dócil. Son frecuentes las disputas con sus padres y su hermana Raquel. En el caso de Sandra, su padre Alfonso, es un empresario implicado en un caso de corrupción, así que la desaparición de las chicas cobra aun mayor relevancia mediática. ¿Está el padre de la joven implicado en la desaparición de su hija? A ello hay que añadir la presencia de otro personaje más, Alejandro Jiménez, un mexicano vinculado con el narcotráfico. 

Inicialmente, el caso es asignado a Jaime y a Julia. Para seguir los últimos pasos de las chicas, los investigadores contarán con la colaboración del guardia civil Miguel Castro, y tratarán con la gente del pueblo. Al margen de interrogar a los padres de las jóvenes, investigan también a sus amigos, antiguas parejas o familias de la zona. Empezarán a salir a la luz relaciones furtivas, confidencias, secretos, suicidios, sospechas y hábitos poco saludables.

Pero esta novela tiene un pilar de carga, un personaje que, si bien no tiene un protagonismo principal desde las primeras líneas, irá ganando terreno, poco a poco. Jaime y Julia, dada la complicación del caso, tendrán que contar con la ayuda de "la pirada", como denominan a Carmen Puerto. Para los que no hayáis leído la novela anterior, os diré que Puerto es una policía apartada del Cuerpo tras complicaciones en un caso. Vive encerrada en su casa del barrio de Nervión, en Sevilla, y desde allí indaga, hace cábalas y orienta esta investigación. Con eficaces contactos en la Deep Web, que la ponen sobre aviso de todo aquello que los sospechosos quieren ocultar, Carmen Puerto será una pieza clave en el engranaje de esta investigación

Y para el lector que llegue virgen a las novelas de Gutiérrez Solís, el autor se encarga de ofrecer la información suficiente que nos va a permitir conocer el entorno personal y laboral de esta insólita mujer. Sus rutinas, sus manías, sus gustos, la tranquilizadora presencia de un vecino, la distribución de su hogar, así como referencias al caso investigado en la novela anterior, información que me ha resultado valiosa pues tan solo tenía un recuerdo difuso.

El lenguaje de las mareas no es solo una novela policíaca, llena de suspense e intriga. Me gustan que las historias además de entretener, aporten algo más. La obra de Salvador Gutiérrez me ha descubierto hechos desconocidos, como el asentamiento almeriense en Punta del Moral, "una zona sin colonizar a escasos kilómetros por tanto, de la frontera entre España y Portugal", a donde llegaron pescadores de Carboneras y Cabo de Gata a finales del siglo XIX, en busca de unas aguas donde encontrar buena pesca. El autor ahonda lo suficiente como para morder la curiosidad del lector e indagar algo más. Y también se hará un somero retrato del pasado contrabandista de Ayamonte en los años 70, que contribuye a la construcción del relato. 

Por otra parte, la ambientación está muy cuidada. Los hechos se desarrollan en una zona rural, de dimensiones pequeñas, donde todo el mundo se conoce. Suelen ser lugares donde unos conocen los secretos de los otros, donde estos protegen con su silencio a aquellos, y entornos en los que las rencillas cobran gran dimensión. Los escenarios quedan bien descritos. Los que por cercanía conocemos en mayor o menor medida la zona, nos sentiremos cómodos con los pasajes descriptivos. No obstante, si los espacios te resultan desconocidos, Gutiérrez Solís aporta la información suficiente como para que el lector se haga una composición de lugar. 

Cuidado están también los diálogos, ejecutados por hombres de la mar, sureños, tan cercanos a la frontera lusa que han hecho propios algunos vocablos portugueses. Gutiérrez Solís se esmera a la hora de dibujar la particular idiosincrasia de los habitantes de esta zona y se esfuerza en otorgarles una sólida personalidad. 

Con capítulos, algunos de corta extensión, encabezados por referencias temporales que ubican al lector en la línea del tiempo, la novela está escrita en tercera persona, empleando el presente como tiempo verbal. Esta circunstancia da inmediatez a la acción y permite al lector ser un miembro más de la investigación en curso.

En definitiva, El lenguaje de las mareas ha resultado una buena lectura. Sin un ritmo frenético, con algún baile de nombres y fechas, y algún pequeño detalle que me descolocó, admito que esta novela cuenta con una trama muy bien urdida, y con personajes que te llevan de la mano hacia los restantes. Una novela policíaca que huele a sal marina.

Ah, precioso el homenaje que le hace a la novela Sábado, Domingo de Ray Loriga.



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

sábado, 24 de octubre de 2020

SEPTIEMBRE... ¡DE UN VISTAZO! (#09/2020)

Llevo más de una semana sin aparecer por aquí. Otros menesteres han requerido mi atención, esos traspiés que a veces nos pone la vida, que llegan en un segundo, y terminan por ocuparlo todo. Casi sin hacer ruido, voy a intentar regresar a este espacio, a los libros y a las lecturas. No he leído ni una sola línea en los últimos doce días.

Y para regresar, empiezo con el repaso al mes de septiembre. No estuvo mal. Aunque el Covid no ha permitido que las cosas vuelvan a la normalidad, nos hemos ido adaptando a las nuevas circunstancias, a los encuentros virtuales, a las entrevistas por teléfono, a las presentaciones con distancia de seguridad. No cabe otra. Pero a mí todo esto me sabe igual de mal que las comidas sin sal. En fin, es lo que hay. Vayamos por ese repaso.



[Para conocer la sinopsis de los libros expuestos 
solo tienes que clicar en cada título o en los enlaces a las reseñas]


Los comprados

Fiel a mi propósito de no dejar de comprar libros, acudo con relativa regularidad a las librerías. Dos fueron los libros que se vinieron a casa. El lector con el que convivo está empeñado en comprar y leer todo lo que Murakami publique y, poco a poco, lo va consiguiendo. Los años de peregrinación del chico sin color (Tusquets) ya está leído y ocupa su lugar en las estanterías.




En lo que a mí respecta, también voy completando colecciones. A veces me apetecen lecturas livianas y divertidas. Como soy fan de Enfermera Saturada, el pasado septiembre compré El guardián entre el ibuprofeno (Plaza & Janés), que también está leído ya. 

Los recibidos

Septiembre arrancó con fuerza. Ediciones Alfar publicó Manolito de Emilio Alonso, obra ganadora del V Concurso de Narrativa Manuel Díaz Vargas, y de la que me han hablado muy bien. Le he echado un ojo por encima y no pinta nada mal.



Y también sacó a la luz Una callada sombra de Sainz Irles. Tengo ambos libros sin leer todavía. Confío en poder leerlos cuanto antes.



La editorial Páginas de Espuma publica Las voladoras de Mónica Ojeda. Aún no he tenido tiempo de lanzarme a este volumen de ocho cuentos, pero es un género que me encanta. Además, he leído buenísimas opiniones y otros autores me han recomendado a Ojeda. Por todo ello, estoy segura de que me va a gustar mucho este libro, del que espero poder hablaros muy pronto. Todavía me queda por reseñar La claridad de Marcelo Luján, obra publicada por esta misma editorial. 



La Editorial Planeta puso al alcance de los lectores dos títulos más. Por un lado, Ahora te toca ser feliz de Curro Cañete es un libro de autoayuda en el que el autor mezcla sus experiencias personales con diversas reflexiones y tips que nos pueden ayudar en momentos complicados. 



Por otro lado, En Auschwitz no había prozac de Edith Eger. Me encantó este libro. Antes de su lectura, jamás me hubiera imaginado que pudiera encontrar en él enseñanzas tan valiosas. Más abajo os dejo el enlace a la reseña, por si os apetece echarle un vistazo.

La misma editorial publicó un libro que me ha impresionado sobremanera. El periodista Jordi Évole firma Confinados. Historias de una pandemia que paralizó el mundo. Este volumen recoge parte de los testimonios y entrevistas que Évole realizó, de manera virtual, durante el confinamiento. Hay pasajes que son duros, pero bellísimos. Os hablo pronto de este libro.





El XXV Premio Fernando Lara recayó este año en el escritor Gonzalo Giner por La bruma verde. En este post, os hablé del acto de entrega de este galardón, al final del cual, obsequiaron a los asistentes con un ejemplar sin corregir. La bruma verde, en su versión venal, ya os espera en las librerías.

Para las lecturas y los encuentros virtuales organizados por Pepa Muñoz de Qué locura de libros, tuve la ocasión de zambullirme en La operadora de Gretchen Berg (Duomo). Fue una lectura muy agradable y que disfruté bastante.





Desde Alrevés, lo último de Graziella Moreno. Su nueva novela, El salto de la araña cuenta con una sinopsis a la que te costará resistirte. De momento, no he encontrado el hueco para leerla pero me apetece estrenarme con la autora. 


Para las entrevistas, llegó a casa Armonía en ocho partes de Mónica Gómez Pedreira, una joven cuya vida está inmersa en la multiculturalidad. Esto se refleja en sus libros, donde conjuga su pasión por los viajes con la escritura. Asegura que viajar constantemente a diferentes continentes le ha brindado la oportunidad de empaparse de las diferentes culturas de muchos países y de la idiosincrasia de sus habitantes. Pues bien, vía mail, pude conversar con esta autora, comprometida socialmente, sobre la que es su segunda novela. Pronto publicaré la entrevista.

Y fue un placer charlar con Emma Lira, sobre su último libro El último árbol del paraíso(Espasa). Se trata de una novela aventurera que nos traslada a lugares exóticos y a la búsqueda de la especie más preciada, el clavo.





Me encantó conversar con Xacobe Pato. El autor gallego, y librero en Cronopios, recoge en Seré feliz mañana (Espasa), buena parte de las reflexiones que ha ido volcando en Instagram, en estos últimos años. 

Y muy interesante fue hablar con Javier Menéndez Flores sobre Todos nosotros (Planeta). Resultó una lectura llena de intriga y suspense, de la que os hablaré pronto.



Me gustan las novelas de Manel Loureiro. Hasta el momento, me he leído todas las que ha publicado, y así será con La puerta (Planeta). Tenía en mente conversar con el autor en estas semanas pero, debido a las circunstancias que he vivido, lo he tenido que posponer. 


Sin embargo, sí fue posible conversar con Noemí Sabugal. La autora leonesa acaba de publicar un libro singular, titulado Hijos del carbón (Alfaguara). Se trata de una obra que trata de retratar la industria de la minería del carbón en España, a través de anécdotas familiares (Sabugal es bisnieta, nieta e hija de mineros) y de testimonios de familias que han dedicado su vida al subsuelo. 


La Fundación José Manuel Lara concedió dos premios durante el mes de septiembre. El Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos 2020 recayó en el autor Jesús Albarrán Ligero, por su libro titulado A boy walking. Bob Dylan y el Folk Revival de los sesenta. A su vez, el Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2020 se concedió a Antonio Serrano Cueto, por Italo Calvino. El escritor que quiso ser invisible.





Para dar a conocer las dos obras galardonadas, diversos medios de comunicación fueron convocados a una rueda de prensa-almuerzo, de la que os hablé en este post.

La editorial Destino organizó un encuentro virtual con María Oruña. Para poder conversar con la autora sobre su última novela, El bosque de los cuatro vientos, nos reunimos un grupo de lectores desde diversos puntos de España y conversamos con ella durante algo más de una hora. En mi caso, era la primera vez que leía algo de Oruña y admito que me ha gustado.


Los ganados

Poca actividad. Cero oportunidades.  

miércoles, 14 de octubre de 2020

PARÉNTESIS 2

Buenas noches. Si a finales de la semana pasada hacía una pausa para irme de viaje, ahora la hago por otras circunstancias menos agradables. La vida cambia de un segundo a otro y toda planificación se volatiliza. Volveré cuando las cosas cambien. No sé si me llevará unos días o unas semanas. Sed felices.


martes, 13 de octubre de 2020

Presentación LA SUITE JONDA de Fernando Otero

Respetando todas las medidas de seguridad, y con el aforo limitado, el pasado 1 de octubre se presentó la nueva novela de Fernando Otero, La suite jonda (Algaida Editores). El autor estuvo acompañado por los periodistas Alejandro Luque y Marina Bernal, así como el editor Miguel Ángel Matellanes. A su vez, contamos con la asistencia del cantaor Jesús Corbacho y del guitarrista Juan Campallo, encargados de poner la nota musical al acto. 




Matellanes inició el acto dando las gracias a los asistentes y comentando que, la última novela de Fernando Otero, se centra en dos cuestiones. Por un lado, la celebración del primer festival de cante jondo que tuvo lugar en Granada. El evento estuvo organizado por Manuel de Falla, Federico García Lorca y Andrés Segovia. Por otro, el Desastre de Annual ocurrido durante la guerra del Rif, del que el tío de Pablo Ruíz Picasso, general del ejército español, elaboró un informe denominado Informe Picasso

Alejandro Luque alabó la labor del autor a la hora de conectar dos asuntos tan dispares de una manera tan bien hilvanada. «Me parece un acierto por parte de Fernando salirse del foco exclusivamente flamenco, tan propenso al tipismo y al ensimismamiento, para meternos en un contexto histórico y retratar el momento que vivía España». En palabras del periodista, el concurso de Granada marcó un antes y un después.  Fue un hito que permitió la consagración de importantes nombres del flamenco, como Manolo Caracol. Consiguió también que los representantes de la alta cultura se interesaran por este género, hasta tal punto que comenzaron a realizarse grabaciones fonográficas, que ayudaron a impedir la pérdida de un legado. 

Fernando Otero comento que, en aquel contexto en el que vivía España, Andalucía era el lumpen de España y el flamenco era el lumpen de Andalucía. Nadie se preocupaba de los flamencos, por eso fue tan importante la presencia de figuras de renombre. En el siguiente vídeo, el autor nos habla de la influencia de Falla en aquel certamen y de la organización del mismo.




Marina Bernal preguntó a Otero por la labor de investigación y documentación, y recalcó la magnífica recreación de los diálogos entre Lorca y Falla, ante la preparación del evento. «Hacer una recreación histórica es algo muy duro. Hay que investigar mucho y profundamente, para saber cómo pensaban o cómo hablaban los hombres de hace noventa y ocho años». El autor afirmó también que, sobre el flamenco estaba más familiarizado con la bibliografía y tenía muchas fuentes controladas desde que era un adolescente. Sin embargo, reconoció que todo lo relativo al Desastre de Annual y el Expediente Picasso resultó una tarea muy ardua. 

Sin que Otero haya querido darle un enfoque de novela social a su libro, admite que la temática le ha empujado inevitablemente a ello. Por estas páginas pululan gente de distinta estirpe, hombres reconocidos y otros anónimos, personas que por el hecho de ser pobres se vieron obligados a combatir en el Rif, perdiendo la vida, y otros que, gracias a su posición económica y social, pudieron librarse de aquella contienda, pagando la cuota correspondiente. Y entre tanto personaje, el Tenazas, el protagonista de esta novela, participante del certamen de cante jondo de Granada. 

A lo largo de todo el acto, tuvimos la suerte de contar con diversas actuaciones musicales, a cargo del cantaor  Jesús Corbacho y del guitarrista Juan Campallo.




Para cerrar el acto, Marina Bernal leyó la primeras líneas de la novela, y se dio paso a la firma de ejemplares.

Sinopsis: En junio de 1922, Manuel de Falla y Federico García Lorca organizan, junto a otros artistas e intelectuales, el evento flamenco del siglo XX: El Concurso de Cante Jondo de Granada. Unos meses antes del acontecimiento, el General de Brigada Juan Picasso González -tío del genial pintor- entregó en el Congreso de los Diputados los más de 2 millares de páginas que integraban el informe de la masacre sufrida por los españoles en Annual. Entre ambos acontecimientos, el desastre de Annual y el Concurso de Cante Jondo de Granada, el «Informe Picasso» sobrevuela amenazando la estabilidad política española. La información comprometida del informe sobre las corruptelas que originaron la debacle africana alcanza a las más altas instancias del Estado, cruzándose en el viaje con personajes como El Tenazas, un anciano cantaor que ha caminado desde Puente Genil hasta a Granada para que Lorca, Falla y el resto de artistas e intelectuales atestigüen un descubrimiento: el documento primitivo del cante jondo.


viernes, 9 de octubre de 2020

PARÉNTESIS

Buenas tardes. Cuando leáis esto, ya tendré preparada la mochila y las botas. Me tomo unos días de descanso para darme un respiro. El otoño es la mejor estación para caminar por el monte, y perderse en un bosque. Regresaré el martes o el miércoles. Pasadlo bien.


jueves, 8 de octubre de 2020

EMMA LIRA: 'Con esta novela he querido reivindicar el género de aventuras'

Ponte en mi piel fue el título que me hizo conocer a Emma Lira. Aunque la autora ya había publicado con anterioridad, fue aquella novela la que cosechó muy buenas opiniones, tantas y tan buenas, que el nombre de Emma Lira llegó a los oídos de muchísimos lectores.

La autora madrileña regresa ahora con una novela de los más aventurera. El último árbol del Paraíso nos hace viajar, desde Extremadura a las islas Filipinas y a Ternate, en busca de una especia, el clavo. Hoy día existe en cualquier cocina, sin embargo, hubo un tiempo en que era difícil de conseguir y a su alrededor se configuró todo un sistema de mercadeo. 

Hace unos días hablamos con Emma Lira de esta última publicación. 


[Foto solapa ejemplar]
M.G.- Emma, casi vas a libro por año. Es admirable.

Emma L.- Y publicaría más, lo que pasa es que en la editorial no me dejan. (Risas)

M.G.- (Risas) ¿Pero tanta facilidad tienes para idear historias?

E.L.- Marisa, es que me apasiona. Mi editora dice que soy como Groucho Marx, que decía: "Tengo estos ideales y si no le gustan, tengo otros". Pues yo igual. Tengo estas ideas y si no gustan, tengo otras. Así que ideas tengo pero claro, hay que mirar si son originales o publicables.

M.G.- Con Ponte en mi piel tuviste una respuesta muy positiva por parte de los lectores. Entiendo que, más allá de todas esas ideas que tienes, es la reacción de los lectores la que te empuja a seguir en este barco.

E.L.- Evidentemente. Cuando te pones a leer las críticas o ver las valoraciones en Goodreads, no puedo más que sentir orgullo. Es lo que me impulsa a comenzar nuevas historias, aunque es inevitable preguntarse si tus ideas van a seguir gustando o no. Pero bueno, yo me lanzo.

M.G.- ¿Y qué te impulsa a escribir El último árbol del Paraíso? ¿De qué manera surge la historia?

E.L.- Es muy curioso porque esta historia nace a raíz de una reunión de trabajo. El año pasado por estas fechas, la revista National Geographic me encargó dos artículos sobre Magallanes y Elcano, sobre la expedición que circunnavegó la Tierra, por primera vez. Para rememorar ese hito, me encargaron estos dos artículos con un enfoque didáctico. Preparando aquel reportaje, leyendo documentación y entrevistando a historiadores y a expertos navales, me surgió la idea. Aquel viaje no fue ninguna expedición científica, sino que solo salieron a comprar especias y fíjate todo lo que ocurrió. Se llevaron años en aquel viaje, perdieron barcos, algunos tripulantes perdieron la vida, y solo para comprar una carga de clavo. ¿Es que el clavo valía tanto? ¿No se podía cultivar en ningún otro sitio del mundo? La respuesta era no, Marisa. El clavo solo crecía en unas islas minúsculas y quien quería clavo, tenía que ir hasta allí. Así fue como encontré la inspiración para esta novela. 

M.G.- Por lo que he leído, tu profesión está muy vinculada a los viajes y a los lugares exóticos. Sin duda, una labor que seguro que te ayuda para que se te ocurran historias.

E.L.- Efectivamente. Mi trabajo me ayuda a inspirarme y me facilita la labor de recrear algún paisaje, algún escenario. Es una fuente de inspiración constante.

M.G.- ¿Y conoces los escenarios en los que transcurre la trama de tu novela?

E.L.- Conozco Extremadura, que es el lugar de donde parte la historia. Y luego conozco las islas Filipinas,  y otros lugares similares a Ternate. Pero el lugar exacto en el que ocurre esta trama, no. Con la problemática que estamos viviendo, los viajes los he dejado aplazados. Me he tenido que conformar con crónicas de viajeros y con Google Earth.

M.G.- Estamos ante una novela con tintes históricos, seguro que tiene mucha aventura pero en la nota de prensa también se habla de saga familiar. ¿De qué géneros exactamente bebe esta historia?

E.L.- Esta novela es un compendio de varios géneros, pero si tuviera que encuadrarla en uno solo, diría que es una novela de aventuras. Tiene un fondo histórico importante, pero no la calificaría exactamente de novela histórica. Esta novela es una ficción histórica. Algunos hechos son reales y algunos personajes muy secundarios también. 

Con esta novela he querido reivindicar el género de aventuras porque creo que está un poco denostado. Sin embargo, todos los amantes de la lectura hemos bebido de las novelas de aventuras, y hemos pasado unas tardes apasionantes con Verne, con Salgari, con Dumas,... Con Ponte en mi piel me sentí Alejandro Dumas y en esta novela, me he sentido Emilio Salgari.

Por otra parte, también me he fijado en la mujer. A pesar de su rol, de lo que se esperaba de ella, había mujeres que sentían muchísima curiosidad por el mundo en el que vivían y tenían un cierto afán de superación, eludiendo lo que la familia y el destino les tenía guardado. No he querido colocar un personaje en un lugar distinto al que le correspondía por su tiempo, pero sí quería mostrar que había algunas mujeres en estas islas de carácter fuerte, con las que algunos lectores se pueden sentir identificados.

M.G.- Hablando de mujeres, uno de los personajes es Cintia, una mujer como dices fuerte. Y luego está Gabriel de Velasco, un joven que se deja seducir por el mundo de las especias, por los aromas. Háblame un poco de ellos.

E.L.- Al principio de la novela, las vidas de Cintia y Gabriel transcurren en paralelo, con dos escenarios que suponen un contraste brutal. Por un lado, tenemos una Extremadura rural, que en el siglo XVIII es muy conservadora, siempre bajo el yugo de la Iglesia. Por otro lado, un lugar en la otra punta del globo, con una serie de islas que son minúsculas, pero que son ricas en especias y donde recalan maleantes europeos y de todo el mundo. 

En el mundo extremeño se cría Gabriel de Velasco. Es el tercer hijo de una familia, y por tanto está destinado a la Iglesia, quiera o no quiera. Ingresará en un colegio jesuita, sin vocación, pero eso le lleva a descubrir el mundo de la farmacología. En aquella época, la botánica comenzaba a bullir. Ese mundo de plantas, de aromas y colores alcanza un significado muy importante para él.

En el otro lado, está Cintia. Es una joven mestiza de Ternate. Se trata de una hija bastarda que cree que su camino está trazado. Su familia está empareda, en cierto modo, con los dueños de la isla, la compañía Neerlandesa de las Indias Orientales.

M.G.- De todos modos, aunque ellos dos son los principales, también hay una buena y amplia galería de personajes más secundarios. ¿Quisieras resaltar alguno?

E.L.- Todos los personajes están tratados con mucho mimo y mucho cariño. Por muy secundarios que sean tienen un papel fundamental. Por ejemplo, la nodriza de Cintia es una mujer indonesia, que tiene un papel muy relevante como guarda de la joven. Ismail, es el hijo de la nodriza, es un niño musulmán que crece con las herederas de la casa grande. Andrés, el profesor de Humanidades de Gabriel en el colegio, ejerce una influencia enorme sobre el joven. De alguna manera, toda su vida se va a ver condicionada por su relación con este profesor. Y luego está Jalil, es un personaje al que le tengo muchísimo cariño, un comerciante árabe, socio de la compañía de las Indias Orientales, que ha hecho de la isla casi su cortijo. Él explota el clavo de una manera brutal, incluso para los cánones de la época. Jalil tiene un pasado, un secreto guardado. El lector no sabrá muy bien hacia dónde se dirige este personaje.

M.G.- Los árboles y los aromas tienen su protagonismo en la novela. La narración está impregnada de olores. 

E.L.- Quería que la novela fuera muy sensorial. El clavo es el gran protagonista, es el coltán o el petróleo de la época. Se compraba por un precio y se vendía cuatro veces por encima de su precio de compra en los muelles de Ámsterdam. Para explotar este mercado se creó el primer gran monopolio de la historia, la compañía Neerlandesa de las Indias Orientales y fue la primera que creó una bolsa. Todas las bolsas actuales beben de esta bolsa inicial para que las especias cotizaran en ese mercado de valores. Ahora nos cuesta entenderlo, pensar que una especia tan humilde tuviera tanto valor.

En estas islas, el clavo se comercializaba desde tiempo inmemorial, durante cientos de años. Se había vendido a indios, a chinos, a árabes pero cuando llegaron los europeos, los españoles y los portugueses, y sobre todo los neerlandeses, las políticas fueron de monopolio absoluto. Los árboles que no podían explotar por el motivo que fuera, los destruían porque no podían consentir perder el monopolio. Se prohibió la tenencia de semillas, no permitían que salieran de la isla, y para asegurarse de que eso fuera así, se empezaron a quemar y a desenraizar los árboles. 

M.G.- Entonces, ese último árbol del paraíso, realmente existió, ¿o no?

E.L.- Eso cuenta una leyenda. Según dicen, hubo un árbol que escapó a esa política de extirpatio. Por lo que se cuenta, los holandeses jamás encontraron su ubicación porque estaba muy escondido y los pocos nativos que conocían donde estaba, jamás lo revelaron. Y fue de ese árbol de donde salieron las semillas para que el clavo pudiera crecer en otras partes. La única manera de romper el monopolio de Holanda no era la violencia, sino conseguir que el clavo creciese libre.

M.G.- Mucho se ha hablado del paso de los hombres blancos por los lugares exóticos y lejanos. Es verdad que llevamos a esas tierras muchos avances, pero también hicimos mucho destrozo.

E.L.- En cualquier choque de culturas y civilizaciones, los intereses de uno se superponen a los del otro. A nivel personal, hubo gente que hizo cosas maravillosas y otras se dedicaron a sembrar la destrucción.

Aprovecho para mencionar el papel de los jesuitas. Ellos, junto con la evangelización, llevaron la posibilidad de estudios a muchos lugares. 

M.G.- ¿Y cómo te has documentado para saber tanto sobre las especias, las que se utilizaban para curar afecciones?

E.L.- La mayor parte del conocimiento que tengo sobre las especias se lo debo a mis viajes a Marruecos. Suelo viajar mucho a ese país. Allí el tema de la herboristería está a la orden del día. La gente acude más a la tienda de especias que a la farmacia, y te cuentan todo tipo de remedios caseros y naturales. 

M.G.- ¿Pero esos remedios funcionan realmente?

E.L.- Algunos sí los uso, sí. Cada vez que voy a Marruecos me traigo especias que uso contra los catarros.

M.G.- Para ir terminando, Emma. Hemos hablado de la expedición de Magallanes y Elcano. No sé si te llegaste a leer el diario de Antonio Pigafetta. 

E.L.- Sí, sí,... Lo pasaron muy mal porque se adentraron en tierras muy desconocidas. Esta gente cruzó por lo que luego fue el Estrecho de Magallanes, sin saber lo que se iban a encontrar. Ni siquiera andaban preparados para aquellas bajas temperaturas. Y luego llegan al Pacífico, sin saber que aquel mar era tres veces más grande de lo que ellos imaginaban, para luego llegar a las islas, y vagar rebotando de una a otra, como pelotas. Llegaron a Tindore, junto a Ternate, el escenario de mi novela. Eran dos sultanatos enfrentados. Elcano llega a Tidore, compra clavo, llena los barcos, y esos barcos ponen rumbo a España cada uno por un lado. El barco de Elcano llega a puerto español, y es cuando consigue demostrar que la tierra era redonda. Y él no quería demostrar nada sino que andaba huyendo de los portugueses.

M.G.- Emma, qué pena que no se haya podido presentar la novela de manera presencial. Me imagino ahora una sala oliendo a clavo, que se hubieran proyectado diapositivas de esos lugares,... Hubiera estado bien.

E.L.- Soñaba con presentar la novela en el Jardín Botánico de Madrid, al aire libre.  Ahora solo nos quedan las presentaciones virtuales. Por cierto, tendremos una presentación online el día de octubre, a las 19 horas, a través de mi cuenta de Instagram y también de la Espasa. Por si alguien quiere participar. Aunque no olerá a clavo.

M.G.- Bueno, nos podemos poner cada uno un poquito de clavo junto al ordenador o el móvil. 

E.L.- Eso sí (Risas)

M.G.- Emma muchas gracias por esta conversación, mucha suerte con un libro tan bello como este, y seguimos en contacto.

E.L.- Encantada. Gracias a ti. 


Sinopsis: 
Una novela de aventuras, vertiginosa y arrebatadora, con la que viajar a lugares de ensueño de la mano de personajes inolvidables.

Gabriel de Velasco tiene los ojos del color del océano que sueña con navegar, pero, cuando a los once años se ve forzado a ingresar en el Colegio de los Jesuitas, asume que, en ese nuevo mundo, a principios de siglo XVIII, ya no queda nada por descubrir.

Sin embargo, el estudio de hierbas y especias le atrapa y a través de sus embriagadores aromas es capaz de entusiasmarse, de intuir otro universo prohibido. Un mundo de hombres feroces y nativas de ojos rasgados, de rutas comerciales y puertos clandestinos. Un mundo de plantaciones regadas con sangre, sultanes esclavos de los intereses europeos y piratas capaces de apropiarse por igual de bellas mujeres y ricos cargamentos. Un mundo en que los árboles tienen más alma que los hombres que desean acabar con ellos.

Un mundo de sabores y pasiones que le está vedado. O eso es lo que él piensa.


 


miércoles, 7 de octubre de 2020

DOCTOR SUEÑO (TERROR - 2019)

Año: 2019

Nacionalidad: EE.UU

Director: Mike Flanagan

Reparto: Ewan McGregor, Rebecca Ferguson, Kyliegh Curran, Zahn McClarnon, Carl Lumbly, Alex Essoe, Bruce Greenwood, Jacob Tremblay, Catherine Parker, Robert Longstreet, Carel Struycken, Emily Alyn Lind, Selena Anduze, Jocelin Donahue, Chelsea Talmadge, Juan Gaspard, Deadra Moore, David Michael-Smith, Kevin Petruski Jr., Mistie Gibby, Met Clark

Género: Terror

Sinopsis: Secuela del film de culto "El resplandor" (1980) dirigido por Stanley Kubrick y también basado en una famosa novela de Stephen King. La historia transcurre algunos años después de los acontecimientos de "The Shining", y sigue a Danny Torrance (Ewan McGregor), traumatizado y con problemas de ira y alcoholismo que hacen eco de los problemas de su padre Jack, que cuando sus habilidades psíquicas resurgen, se contacta con una niña de nombre Abra Stone, a quien debe rescatar de un grupo de viajeros que se alimentan de los niños que poseen el don de "el resplandor".

[Fuente: Filmaffinity]


Nos acercamos a Halloween. Bueno no, que odio la adopción de todo tipo de costumbres americanas. Diré mejor que nos acercamos a la festividad de todos los santos y fieles difuntos, así que he pensado que hasta entonces, el único género cinematográfico que aparecerá en este espacio será el terror. Doy permiso a todos los que no soporten el género para no asomar por aquí los miércoles, hasta el 11 de noviembre.

El terror ya apareció por aquí la semana pasada, cuando os hablé de Frágiles. Y hoy me centro en una película a la que le tenía muchísimas ganas. Vengo a hablaros de Stephen King, de Danny Torrance y del Hotel Overlook. Vengo a hablaros de Doctor Sueño.

En 2013, el maestro de Maine publicó lo que sería la secuela de El resplandor. Doctor sueño (la novela) pasó por mis manos. Tuve la oportunidad de leerla y, grosso modo, me gustó, aunque me quejé del desenlace (puedes leer mi opinión aquí). En aquella misma reseña me pregunté si la novela sería llevada al cine y aquí la tenemos. Se estrenó en 2019, pero hasta hace unos días no he podido visionarla. ¿Me ha gustado? Sí, bastante. Diría que, en esta ocasión, la película me ha gustado algo más que la novela. 

Florida, 1980. Doctor Sueño se inicia con una breve introducción previa a los créditos. Lo primero que ve el espectador es el claro de un bosque en el que hay estacionadas diversas caravanas. Parece una zona de acampada. Una niña decide dar un paseo por la orilla de un lago y se topa con una joven coronada por una chistera. Es Rose, la chistera, una mujer misteriosa que engatusa a la niña con trucos de magia, mientras otros individuos se acercan a la pequeña con no muy buenas intenciones. 

Poco después, los créditos nos llevan en flashback al Hotel Overlook. Volveremos a ver al pequeño Danny Torrance pedaleando con su triciclo por los largos, solitarios y alfombrados pasillos del hotel. El pequeño vuelve a pasar por la habitación 237, cuya puerta se abre. Surge una sombra. En realidad, todo es una pesadilla. El pequeño Danny y su madre Wendy dejaron atrás aquel siniestro hotel en el desenlace de El resplandor. Ahora residen lejos de allí, pero a Danny le siguen persiguiendo sus fantasmas. La señora Massey continúa dándose baños en la bañera de su casa. Por suerte, el cocinero Dick Halloran tampoco se ha apartado de su lado. 

Pero Doctor Sueño se centra en la vida adulta de Danny, en el año 2011. Aquel niño, cuyas vivencias en el hotel lo dejaron marcado para siempre, se ha hecho un hombre. No se puede decir que lleve una vida ordenada y tranquila. Las secuelas del pasado le han hecho caer en las drogas y el alcohol. Dan trata de reconducir su vida. Se muda a Frazier (New Hampshire), donde encuentra un trabajo. Cuando cree que la vida empieza a mostrarle su mejor cara, comienza a tener visiones de nuevo, a tener premoniciones, y a comunicarse mentalmente con alguien. Esta será una de las tres líneas argumentales de la película.

La segunda línea tiene que ver con Rose y sus amigos. Ella lidera un extraño grupo que cruza el país en busca de gente con poderes y dones. Esta singular comunidad acostumbra a captar a aquellos que tienen un don especial, mientras que otros solo le sirven de alimento. Es una secta milenaria que  necesita del "vapor" de las personas especiales para poder subsistir. Mientras más potente sea el poder de la víctima, más poderosos se vuelven Rose y sus secuaces.

Y la tercera línea tiene de protagonista a Abra Stone, una niña que reside con su familia en New Hampshire, cerca de Danny. La pequeña tiene una mente muy poderosa, capaz de leer el pensamiento de las personas y de viajar en el espacio a través de su mente. En el colegio la toman por un bicho raro y su propia familia muestra recelo. 

La unión de las tres líneas es sencilla. Rose busca a Abra para arrebatarle su poder y Dan ayudará a la niña para librarla de sus acechadores. El problema está en que la secta supone nuevo enfrentamiento para Dan que, además, tendrá que encararse otra vez con sus propios miedos.

No todos los hilos están desarrollados con la misma profundidad que en la novela. Es algo habitual, y eso que Doctor Sueño tiene una duración de dos horas y media. Aún así, no se hace nada larga. Pero sí hay diversas cuestiones que requerían algo más de profundidad. Por ejemplo, si no habéis leído el libro, es probable que os sintáis algo perdidos con respecto al vapor que la secta necesita. ¿Qué es exactamente? ¿Cómo se consigue? Bueno, hay que avanzar un poco en el metraje para tenerlo algo más claro. No obstante, sí he echado en falta más información sobre Rose y los suyos. No recuerdo si en la novela se daban muchos detalles sobre los miembros de este grupo, si se narraba cuáles eran sus orígenes, de dónde venían, o cómo llegaron a formar parte de él. En este punto, creo que el guion se queda algo cojo.

En cualquier caso, he disfrutado muchísimo con esta película. Tiene algún giro muy interesante, todos los hilos argumentales están muy bien conjugados y en todo momento se mantiene el interés. El pre-desenlace es una odisea para los amantes de El resplandor. No quiero desvelar mucho, pero los que ya disfrutasteis de aquella película vais a flipar de nuevo. Quizás, el desenlace propiamente no está a la altura del resto de metraje. Conste que es bueno, pero me esperaba algo un poco más impactante. 

En cuanto a las interpretaciones, a mí me parece que Ewan McGregor, encargado de dar vida al Danny adulto, está genial. Su personaje es un tipo vapuleado por la vida, agotado de arrastrar y sufrir las consecuencias de ese resplandor que posee, que él no ha pedido y que tantos malos ratos le hace pasar. No es ninguna bendición tener el don de Danny y eso lo convierte en un muñeco de trapo. 

Pero sí McGregor me ha gustado, creo que me ha encandilado mucho más Rebecca Ferguson en el papel de Rose. Para empezar, la caracterización ejerce un poder hechizante sobre el espectador. Y no sabría muy bien por qué me gusta tanto su trabajo, pero esa mirada que le regala al personaje creo que está muy bien conseguida.

Los efectos especiales están sumamente bien logrados y la ambientación es muy buena. Desde algo tan sencillo como es la decoración del interior de la caravana de Rose, hasta la recreación de espacios ya conocidos por la película El resplandor, todo está muy al detalle. Por no hablar de la música que, como en toda peli de terror, tiene su parte de protagonismo. Si en El Resplandor, el tema principal era The Shining, en esta entrega se echa mano de los primeros acordes de una de las melodías que más escalofríos me producen, el Dies Irae de la Sinfonía Fantástica de Berlioz, que ya fue tema central de la película Durmiendo con su enemigo (Joseph Ruben, 1991), con Patrick Bergin y Julia Roberts. 

En definitiva, Doctor Sueño me ha gustado un montón. Como la novela, no me parece una película de terror, en el sentido estricto de la palabra. No hay sobresaltos, los típicos jumpscares, pero sí juega mucho con la psicología del espectador. Sinceramente, creo que Mike Flanagan ha hecho un buen trabajo, y considero que esta película es una buena adaptación de la novela, y un estupendo complemento a la cinta de Kubrick.




Tráiler:                                                                        Puedes adquirirla aquí:

     









martes, 6 de octubre de 2020

NOEMÍ SABUGAL: 'El carbón es la base de la historia de nuestro país y merece ser contada'

¿Alguien en la sala ha tenido un bisabuelo, un abuelo, o un padre minero? Conozco muy poco de ese mundo, al que tan solo me he asomado a través de películas o documentales, desde la comodidad del sofá de casa. Recuerdo aquella ocasión en la que unos mineros chilenos quedaron atrapados en una mina. Fue en 2018, y creo que el mundo siguió de cerca el proceso de rescate. ¿Pero qué sabemos realmente de este trabajo? ¿Qué clase de vida han tenido los mineros? ¿Qué pasa con las minas en la actualidad?

La escritora y periodista Noemí Sabugal publica Hijos del carbón (Alfaguara), «un viaje físico y sentimental por los principales entornos mineros de España para retratar las implicaciones culturales, económicas y sociales del cierre de las minas de carbón». Sabugal es bisnieta, nieta e hija de minero. Partiendo de sus recuerdos familiares, la escritora hace un retrato de un mundo en extinción. 

Hace unos días hablamos con la autora. Dejo aquí el resumen de nuestra conversación. 

[Fuente: Pablo J. Casal]

Marisa G.- Noemí, lo primero que llama la atención es la peculiaridad de este libro. Has escrito novela, ensayo, cuentos y biografías pero, ¿qué es exactamente Hijos del carbón?

Noemí S.- Pues Hijos del carbón es un libro híbrido, como son las propias cuencas mineras, que tienen en su interior personas de muchas provincias distintas, e incluso de países distintos. Diría que es un ensayo pero literario. Dentro de esto, se puede decir que hay una parte de libro de viaje, otra parte de memorias, y otra más de periodismo narrativo.

M.G.- También es un homenaje, un homenaje a tu familia y a todas las familias que han vivido de la minería.

N.S.- Sí, sí, uno homenaje y un ejercicio de memoria, de recordar cómo se ha vivido y cómo se vive aún. Pero, sobre todo, es un intento de transmitir y explicar ese trabajo tan duro, como fue la extracción del carbón. Duro y también muy importante, porque de él dependieron la energía que todos empleábamos.

Hasta el 2018, el carbón fue la tercera fuente de producción de energía. Bien es verdad que la mayoría de ese carbón no procedía de las minas españolas, sino que era un carbón de importación para las térmicas. Pero este trabajo es el que ha creado todo el siglo XX, porque la minería era lo que movía los trenes, los barcos, lo que alimentaba todas las industrias, fueran del tipo que fueran. Ahora tenemos el petróleo, los plásticos nos rodean, usamos la gasolina para el coche y el gasoil para la calefacción, pero antes éramos hijos del carbón. El carbón es la base de la historia de nuestro país y merece ser contada.

M.G.- En este libro hay mucha implicación personal porque tú eres hija y nieta de mineros, pero también hablas de otras personas que se han llevado toda la vida vinculados a la minería. ¿Desde qué enfoque has escrito este libro?

N.S.- La parte personal estaba más que justificada. Además me parecía valioso partir de un interés personal y familiar, que además tenía el valor de lo colectivo. Si contaba alguna cosa de mi familia, como la silicosis de uno de mis abuelos o el accidente que sufrió el otro, no lo cuento como algo excepcional. En todas las familias hay abuelos con silicosis, accidentados y muertes. Lo que ocurrió en mi familia es algo compartido con otras que han vivido y trabajado en las cuencas mineras, o que todavía viven y trabajan en ellas. Así que partía de lo personal, pero siempre en dirección a lo colectivo.

M.G.- Nada más abrir el libro encontramos un mapa geográfico donde figuran señaladas las cuencas mineras de España. ¿Cómo ha sido ese viaje a esas cuencas?




N.S.- He visitado las cuencas principales en las que se extrae carbón. He intentado hablar de todas, aunque hay que tener en cuenta que hubo muchísimas minas y muchísimos pueblos en las cuencas. He procurado mostrar las similitudes y diferencias que podían existir entre unas y otras, aunque hay más de las primeras que de las segundas. Hay una identidad muy marcada en todas ellas. 

M.G.- He leído con mucho interés el capítulo en el que te centras en Sevilla y Córdoba. Concretamente hablas de las minas de Villanueva del Río y Minas (Sevilla), donde se emplearon esclavos para las minas. Esto creo que no era así en ninguna otra cuenca, ¿no?

N.S.- No. Fue algo que descubrí al paso. Cuando fui a Villanueva del Río y Minas no esperaba encontrarme con la historia de los esclavos africanos. En realidad, al contar la historia del carbón, también estoy contando la historia del país. Villanueva del Río y Minas es una de las zonas de España con las minas más antiguas. Allí se empezó con la explotación en el siglo XVII, y los primeros mineros fueron esclavos africanos. En ese pueblo, se recuerda con una placa, un memorial minero como otros tantos que  hay en otras cuencas, los primeros muertos que murieron en la mina. Y fueron precisamente esclavos africanos. Aquella anécdota me permitió tirar del hilo para hablar de ese terrible pasado esclavista de España, que no se recuerda mucho. Sevilla y Cádiz fueron puertos esclavistas y esta circunstancia está muy ligada incluso al flamenco. No sé si has visto el documental Gurumbé. Canciones de tu memoria negra, en el que se habla de cómo el flamenco se enraíza con las danzas africanas. Es un documental que te recomiendo. Así que fue una suerte encontrarme con aquella historia, porque no he encontrado en España ningún otro monumento o recuerdo como el de Villanueva.

M.G.- Sé que has hablado con muchas personas, te has ido entrevistando con mineros y sus familias. ¿Hay algún testimonio que te haya impactado especialmente?

N.S.- No sabría elegir. Han sido muchos los testimonios que me han impactado. Por ejemplo, tuve la suerte de contar con la colaboración de una mujer de León, de la comarca del Bierzo, que había trabajado en las líneas de baldes de las minas de carbón de la zona. Hoy tiene casi noventa años, y ella recuerda que su padre había estado en los barracones de mineros de Fabero, un pueblo de esa comarca. El hombre estuvo preso, trabajando en las minas. Desde el año 37, se abrieron barracones mineros donde convivían mineros presos y presos convertidos en mineros, que trabajaban en las minas para empresas privadas. Era uno más de los trabajos forzados, como otros tanto que hubo, para hacer pantanos o carreteras. Me pareció muy importante el testimonio de esta mujer, que recordaba todos esos años que estuvo alejada de su padre, y cómo iba a visitarlo. Me parece importante porque forma parte de la historia de España, de su periodo de represión y de la dictadura.

Y luego, está Máximo Álvarez que se libró de un accidente gravísimo en León, o el testimonio de Tamara Espeso o de Raquel Alonso, que son dos mineras que perdieron a sus padres en las minas. De hecho, Tamara trabaja en el mismo pozo en el que su padre falleció. Son cosas que, desde fuera, son difíciles de entender.

M.G.- Aprovecho que mencionas a las mujeres mineras para preguntarte por ellas. En el libro hay una foto en la que se ve a algunas jóvenes en esos baldes. ¿Cómo fue la incorporación de la mujer a un trabajo como este?

N.S.- La minas de carbón han necesitado tanta mano de obra que las mujeres siempre estuvieron ligadas a él. En los años 30, 40 o 50, las mujeres se encargaban del cribado del carbón o del traslado. También había lampisteras o vagoneras. Con los años fueron desplazadas del sector laboral porque tenían que casarse y tener hijos. Pero es importantísimo recordar que las mujeres desarrollaron toda una red de asistencia para los trabajadores, que llegaban sin familia y sin ningún lugar donde quedarse. Ellas se encargaron de las pensiones, de las labores de limpieza o de los comedores.

Más tarde, con la democracia, sí regresaron a la mina como mineras contratadas. Sin embargo, no fue un paso franco. En el libro cito el caso de una mujer que denunció a la empresa Hunosa en el año 85, por no ser admitida. El proceso acabó con una sentencia del Constitucional, siete años después, que falla en favor de la mujer. Quiero decir que, la incorporación de la mujer al trabajo extractivo, tuvo que pasar por peleas judiciales. El trabajo extractivo ha sido siempre algo muy masculinizado. No obstante, cuando piensas de forma amplia, las mujeres fueron esenciales para el desarrollo de todos los servicios que se daban en las cuencas mineras.

M.G.- Y hablando de esos servicios,  lo que había alrededor de la mina era todo un microcosmos. Los mineros podían encontrar allí un poco de todo.

N.S.- Sí. Al necesitar mucha mano de obra, a los trabajadores había que darle unas facilidades mínimas. Pero era una cuestión de interés y no de bondad. Por eso las empresas construían casas para los mineros que se desplazaban allí desde cualquier lugar de España. También hicieron escuelas para los hijos y construían hospitales, un servicio indispensable porque se producían accidentes constantemente. Y de ahí, se crearon desde un equipo de fútbol hasta una piscina. Era lo que se llamaba el paternalismo industrial.  La empresa adoptaba el papel de padre-patrón. Si te fijas, padre y patrón tienen el mismo origen etimológico.




M.G.- Noemí, ¿te ha influenciado de alguna manera ser bisnieta, nieta e hija de mineros?

N.S.- Sin duda, sí. A todos nos conforma nuestra historia personal. El trabajo en las cuencas mineras conlleva mucha conciencia de clase. Puede parecer algo antiguo pero no lo es. Los mineros han sido también un ejemplo de lucha por sus derechos. Siempre se han sabido hacer ver, reclamando mejoras en las condiciones de trabajo. De hecho, las han conseguido. Quizá haber vivido en ese ambiente me ha hecho ser muy consciente de las cuestiones laborales, de las condiciones de trabajo, de los derechos de los trabajadores.

M.G.- Y siendo un trabajo tan duro y peligroso, ¿se puede amar el trabajo de la minería? ¿Puede existir una relación amor-odio?

N.S.- Perfectamente. Es algo que explican muy bien los que ha trabajado en la mina. Como te decía antes, ellos conforman una identidad,  que es la que conduce al orgullo de ser minero.  Hay un cierto orgullo creado por una auto-conciencia de ti mismo y del lugar que ocupas. Pero, por otra parte, también es un trabajo que te puede costar la vida, o que le ha costado la vida a un familiar. Sí, es una relación amor-odio que fuera de las cuencas mineras es muy difícil de entender. Es un choque porque es un trabajo que te ha dado de comer, que ha sido la vida y la muerte de muchas familias. Es complicado. 

M.G.- Se han cerrado muchas minas, ¿por qué? ¿Han dejado de ser rentables? ¿Se han agotado los yacimientos?

N.S.- La cuestión económica va por delante de la ecológica. En diciembre de 2018 se acabaron las ayudas para la extracción de carbón en toda Europa. Empiezan a desarrollarse otras formas de producción de energía. Esto es algo que ya se sabía desde hace tiempo. Las empresas decidieron que ya no les era rentable la explotación de la mina. Y las térmicas, más de lo mismo. Las nuevas normativas de emisiones obligaban a hacer una apuesta fuerte para reducir esas emisiones o bien cerrar. 

Ahora están surgiendo nuevos proyectos eólicos y de huertos solares que terminarán donde antes estaban las térmicas, porque estas tenían redes muy potentes de distribución de energía. O espero que sea así, para que se creen oportunidades laborales en esas zonas que han vivido de las minas desde siempre. 

M.G.- Porque el minero que se ha llevado toda su vida trabajando bajo tierra, si le cierran la mina, ¿de qué vive?

N.S.- En los últimos tiempos había poca gente en activo. Aquellos que pudieron se prejubilaron, pero el resto eran jóvenes que dependían de industrias auxiliares. Estos, al igual que los trabajadores de las térmicas, fueron despedidos y están buscando una solución. Pero ya no es solo ellos, los últimos mineros y los últimos trabajadores de las térmicas, sino que si no se crean nuevas oportunidades laborales, sus hijos se tendrán que marchar de las comarcas. 

M.G.- Y para terminar, a los potenciales lectores, ¿qué les dirías para animarlos a leer esta novela?

N.S.- Pues que los que pertenecen a las cuencas mineras se van a sentir reconocidos en lo que cuento y van a ver reflejada su vida. Creo que es un acto de justicia darles voz. Y los que se acerquen desde el desconocimiento, me gustaría que descubrieran hasta qué punto fue un sector importantísimo para el país, con unas características muy duras. 

M.G.- Corroboro lo que dices porque, basta con asomarse a algunos pasajes, para entender que es un trabajo durísimo, que merece la pena conocer. Noemí no te robo más tiempo. Gracias por atenderme.

N.S.- Gracias a ti, Marisa.

Hijos del carbón se presentó virtualmente hace unos días en Madrid. Acompañó a Noemí Sabugal, el también escritor Julio Llamazares. Dejo aquí el vídeo del acto.





Sinopsis: «Nos mancharemos las manos y la cara de carbón y caminaremos por una senda que está a punto de quedar borrada.»

Hijos del carbón es un libro que se va a leer durante años y, por ello, solo se podía haber escrito ahora. En esta obra tan singular, mezcla de autobiografía, memoria, ensayo y reportaje, Noemí Sabugal narra sus recuerdos de infancia ligados a las minas de carbón y se embarca en un viaje por los principales entornos mineros de España: Galicia, Asturias, León, Palencia, Córdoba o Teruel. En cada una de las etapas conversa con trabajadores de los pozos, con políticos, con vecinos o con comerciantes, todos ellos afectados por una transición energética que conlleva el fin de una cultura y de una forma de comprender el mundo.

Las implicaciones económicas y sociales del cierre de las minas tendrán su correlato en las vidas de todos los «hijos del carbón», que ahora buscan un futuro nuevo y una nueva energía con la que poder ponerse de nuevo en pie.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...