viernes, 3 de diciembre de 2021

FELIZ PUENTE

Buenos días. Se acercan días de fiesta y por estos lares se ha decidido por unanimidad cerrar unos días por descanso del personal. Por lo tanto, Lecturápolis queda en situación de out of service hasta el próximo jueves, que se reactivará con una nueva entrevista. Pasadlo bien, sed felices y feliz....





...a todos.


jueves, 2 de diciembre de 2021

IRENE MÁRQUEZ: ❝Aunque trabaje en 'El Jueves' sigo aprendido a hacer cómics❞

Irene Márquez es dibujante. Estudió Bellas Artes y posteriormente realizó un máster en dibujo. Un día se le ocurrió presentar una selección de su trabajo a la mítica revista El Jueves con la que lleva colaborando varios años. Ella dice que tuvo la suerte de ser elegida, pero la suerte no surte efecto si no se tiene talento. El humor de Irene Márquez es para un selectivo público. Ella le da la vuelta a ciertas situaciones delicadas y les da un baño de humor, muy negro, pero humor al fin y al cabo. No puedo negar que, en alguna ocasión, me ha dejado atónita, pero también me ha sorprendido porque a mi mente, mucho más simple que la de ella, jamás se le hubiera ocurrido semejantes ¿delirios?

Y del humor, de la ilustración, de sus ideas, estuvimos hablando hace unas semanas vía Zoom, porque Márquez ha recopilado en Esto no está bien (Editorial Autsaider Cómics) parte del trabajo publicado en El Jueves, al que le ha añadido otros cómics, viñetas e ilustraciones, realizadas a lo largo de los años.

[Fuente: web editorial]

M.G.- Buenas tardes, Irene. Saludos desde Sevilla. He estado leyendo tu libro estos días. Soy una fan del cómic, de las novelas gráficas. Siempre estoy reivindicando que es un género al que los lectores deben de prestar más atención. Así que, encantada de leer tu libro. 

Irene M.- Gracias.

M.G.- Para empezar me gustaría que me contaras brevemente quién eres, cómo llegas a El Jueves, cómo empiezas a dibujar. 

I.M.- He dibujado desde siempre, desde pequeña. La carrera de Bellas Artes la estudié en Cuenca, donde estuve cinco años. Luego hice un máster en dibujo, en Granada. A partir de ahí, empecé a pensar de qué forma podía profesionalizarme para convertir el dibujo en mi fuente principal de ingresos. Probé varias cosas y me presenté a diversos concursos de cómics. Luego empecé a subir humor gráfico a redes sociales. Vi que tenía éxito, con lo que preparé un dossier con lo mejor que había hecho y lo presenté a El Jueves. Tuve mucha suerte porque les gustó y, desde 2017, colaboro con ellos. 

M.G.- Lo bueno de trabajar para un medio y hacerlo en el género en el que tú te mueves es que puedes hacerlo desde cualquier parte del mundo. De hecho, tú estás en Granada ahora mismo.

I.M.- Sí, ahora vivo en Granada pero otras veces me voy a casa de mis padres, a un pueblo de Ciudad Real. Me muevo con total libertad. Al final, con llevar el ordenador encima es como si llevara la oficina puesta.

M.G.- Esto no está bien es el libro que acabas de publicar. No sé si hay algún otro volumen anterior o este es el primero...

I.M.- Sí, es el primero. Es un recopilatorio de un montón de cosas.

M.G.- Pero según he estado mirando, en una presentación virtual que hiciste con una librería, este libro se publicó realmente  en 2020 pero con otro formato, ¿no?

I.M.- Sí. Originalmente, el libro estaba pensado en formato caja. Al recopilar trabajos de distinta naturaleza, la editorial acordó que era mucho mejor sacar cada parte en mini fanzines, desplegables, libretos,... y meterlo todo en una caja. Pero luego, con las distintas reediciones se ha apostado por publicarlo en formato libro, más tradicional.

M.G.- Con este título, creo que ya le vas lanzando al lector un mensaje. ¿Qué es lo que encontramos dentro de este libro?

I.M.- Como te he dicho es una recopilación. El humor que hago es negro, satírico. Es un humor contundente. Hay un poco de todo, pero sobre todo es un libro para gente que le gusta las cosas intensas y un humor fuerte. Está bien que la portada avise porque siempre hay gente que puede quedar horrorizada aunque, desde mi punto de vista, tampoco es para tanto. 

M.G.- Hay que reconocer que hay algunas viñetas que pueden dejar en estado de shock. Todo depende de la sensibilidad del lector. Y eso me lleva a preguntarte si crees que debe haber un límite en el humor, o bien es el lector el que no debe tener límites a la hora de leer un libro como el tuyo.




I.M.- Existe un límite que pone cada uno. En este libro, no he hecho nada de lo que no me sienta capaz de responder. Creo que un chiste, de la cosa más terrible que te puedas imaginar, algo que incluso sobrepase tus propios límites como persona, puede ser bueno. Quiero decir que puede ser un buen chiste, que funcione muy bien. Todos hemos oído chistes racistas o machistas muy graciosos, pero son lo que son. Dependerá de tus valores. Yo trato de no escandalizarme con ciertos temas, ni entrar en los debates más actuales sobre grupos minoritarios. Trato de mantenerme bastante al margen, pero es cierto que tengo mi moral y procuro hacer cosas con las que esté de acuerdo. El humor no debe tener el mismo límite para todo el mundo. Cada uno sabe dónde se está metiendo con determinado tipo de chistes. Algunos gustarán más y otros menos. 

M.G.- ¿Y en la revista te han coartado alguna vez?

I.M.- No, no. Hay algunas cosas que son muy bestias pero en la revista nunca me han puesto ningún límite. En El Jueves, lo que limita es la actualidad. Estás más limitado por cuestiones de formato y de recepción del público que por una cuestión ideológica. Nunca he tenido ningún problema y me siento bastante libre cuando hago mis páginas para la revista.

M.G.- ¿Y algún lector te ha dicho algo con respecto a alguna viñeta? Cada uno tiene su sensibilidad y no sé si en algún momento alguien que se ha podido sentir ofendido.

I.M.- Sí, claro. Ha pasado. No pasa todos los días, ni tampoco recibo de mis lectores un gran volumen de reclamaciones como para preocuparme. Es algo sin más, algo que, cualquier persona que tenga cierta presencia en redes sociales, va  a recibir. Es importante decir que apenas me llegan mensajes de lectores de El Jueves que, después de leer la revista, y toparse con algo que no les gusta, se tomen la molestia de encender el portátil, buscar mi nombre, encontrarme en redes, buscar un contacto, escribirme,... Eso no pasa. Creo que me ha pasado una o dos veces en estos cuatro años que llevo colaborando con ellos. Pero sí me ha pasado en redes sociales, donde se recibe mucho más feedback. De todos modos, tengo que decir que el noventa por ciento del feedback que recibo es muy positivo. Pero a esos casos no hay que darle mucha importancia, siempre y cuando no la tenga, claro.

M.G.- ¿Y cómo gestionas ese tipo de mensaje, ese feedback que no es tan positivo?

I.M.- Es importante estar abierto a una crítica y saber leer cómo reacciona la gente a tu trabajo. También hay que ver cómo reaccionan ellos, cuando tú no reaccionas. A los mensajes negativos, los insultos y las amenazas hay que quitarle importancia porque es tan fácil hacerlo en redes sociales que cualquier persona perfectamente funcional y normal puede sentirse tentada a escribirte un insulto.

M.G.- En este libro vamos a encontrar lo mejor de cada casa. Tenemos suicidas, asesinos, médicos que eluden el deber de socorro, padres que renuncian a sus hijos desaparecidos, violadores,... Te estoy mirando y es inevitable preguntarte cómo se te ocurren estas ideas. ¿De dónde te viene la inspiración para estas viñetas?

I.M.- La inspiración viene de cualquier lado, pero de cualquier lado (recalca). De ir andando por la calle, de subirte a un autobús, o de comer con tu familia. ¿Cómo se me ocurren las ideas? Bueno, al empezar a trabajar en El Jueves era muy fácil. Creo que todos tenemos una especie de recámara llena de ideas geniales que, cuando empiezas a trabajar en esto, llega un momento en que se gasta. A partir de ahí tienes que producir más ideas y llenar libretas y libretas como esta (enseña una libreta a cámara) que la empecé a primeros de año, en la que solo hay texto. Hay poquísimos dibujos. Me hago esquemas y tengo también un grupo de Whatsapp en el que estoy yo sola, y cuando voy por la calle y veo algo, o se me ocurre algo, rápidamente me hago un audio o me lo escribo. Hay que estar muy abierto a todo lo que hay a tu alrededor. Tienes que estar muy despierto.

M.G.- Tú eres tu propia inspiración porque en algunas de las tiras, tú eres el personaje protagonista.

I.M.- Sí, me gusta dibujarme.

M.G.- Por ejemplo, hay un capítulo que se llama Cocido, que tú misma protagonizas. Creo que esa es una experiencia personal que has vivido.

I.M.- Sí, una experiencia propia, ampliada y tergiversada, para convertirla en algo digno para la atención de los lectores. Tú coges algo que te ha pasado y le das bola, y se convierte en algo más extraordinario.

M.G.- Tengo que decirte que esa historieta es un poco inquietante. Tú preparas un cocido, que dura varios días, un cocido que crece, crece, y crece, que no se acaba nunca. Yo pensaba que al final era el cocido el que te iba a engullir a ti.

I.M.- No, lo engullí yo, que es lo peor. (Risas)

M.G.- El libro se estructura en bloques. El primero se titula Te has pasado. ¿Se podría decir que es el que tiene el contenido más heavy del libro, el más gore?

I.M.- Sí. Te has pasado es el nombre de las tiras que hacía semanalmente en El Jueves. En la revista planteé esa sección como un rincón de humor negro. Son chistes de tres viñetas, auto-conclusivas y con un giro final. A mí me gusta el humor bestia y ese aire se mantiene en todo el libro, pero es verdad que esa sección es donde está más concentrado. 

M.G.- ¿Y qué me dices del resto de los bloques? 

I.M.- Mira, Cocido lo dibujé sobre 2015 o 2016. Ahora lo veo y pienso que ya dibujo mejor, o que haría las cosas de otro modo. Yo misma tengo que pasar por un proceso de aceptación de mi propio trabajo, después de unos años. Pero, en cuanto a los restantes bloques, hay uno que se llama Otros, que contiene historias auto-conclusivas también pero más largas que las de Te has pasado. Son de todo tipo de temáticas. Ahí me dejaba llevar y dibujaba cómics sobre lo que se me venía a la cabeza. Y luego hay unas cuantas páginas que contienen actualidad social y cultural que hice también para El Jueves

M.G.- En Otros abordas temas que me resultan muy interesantes como la sororidad o el feminismo. Me gusta tu punto de vista porque creo que en estos temas a veces somos demasiado extremistas.

I.M.- El feminismo es un tema que me interesa como cualquier otro. Nunca he militado, ni me parece que sea mi lugar. Llega un momento en el que se convierte en otra cosa más de cultura popular, que está bien analizar. Mi punto de vista es satírico. No me veo militando y haciendo cómics sobre feminismo, sino más bien buscando los tres pies al gato. 

Con el cómic sobre sororidad mucha gente me escribió y me dijo que estaba malinterpretando el concepto, que sororidad no significa que todas las mujeres se tengan que llevar bien, sino que era una especie de asociación contra el mismo yugo que todas las mujeres sufren y tal. Bueno, a mí me parecía que era guay ver cómo la gente interpretaba el cómic o cómo se veía en la calle. No creo que exista una sororidad y pensé que estaría bien contarlo a través de unos personajes y mostrar una escena. 


[Si prefieres ver nuestro encuentro, dale al play]


M.G.- El humor siempre ha sido buen vehículo para la crítica. Las últimas páginas del libro hablan de otras cuestiones, quizá más mundanas, pero que dan mucho juego. Por ejemplo, hablas de la gente que se tatúa sin sentido, de la vida de los influencers, de los selfies, de la forma de hablar de los millenials,... Es decir, tú utilizas el cómic para analizar la naturaleza humana desde los temas más transcendentales hasta las cosas más simplonas.

I.M.- Estos cómics que comentas fueron encargos que me hicieron en la revista. Como El Jueves trata sobre la actualidad pues, por ejemplo, en 2018 empezó a surgir una serie de términos entre los jóvenes que los de cincuenta años no entendían, lo que provocó una brecha entre padres e hijos. Me comentaron en la revista que estaría bien hacer una especie de guía de términos, que pudiera entender todo el mundo, con personajes graciosos que provocaran risa. Si no hubiera sido un encargo, lo mismo no lo hubiera hecho pero son cosas que te ponen a prueba sobre cómo hacer chistes sobre ciertos temas. Aunque son cosas que no sé cómo van a envejecer. Igual dentro de cinco años no los quiero ver ni en pintura. 

M.G.- Particularmente me he reído mucho con una viñeta en concreto porque me siento muy identificada. Me refiero a la viñeta sobre esos lectores, entre los que me encuentro, que nos resistimos a leer en digital. Y me reído mucho con el texto que acompaña al dibujo que dice: «Sus motivos para no leer en digital son una retahíla de memeces».

I.M.- (Sonríe) Pero está muy bien eso. A mí también me gusta leer en papel porque estoy todo el día trabajando con la pantalla. La mayoría de los chistes están ahí porque hay que sacar un chiste. Y menos mal que hay lectores de papel porque si no, a ver quién me compra el libro.

M.G.- Y hablando de lectores de tu libro. Al margen de que tienen que ser lectores a los que les guste mucho lo gráfico, también tienen que ser lectores que no le tengan miedo a nada, sin una sensibilidad especialmente punzante. ¿A quién crees que va dirigido tu libro?

I.M.- Para todos los públicos no es. Es un libro ligero, un tebeo, un cómic, de precio asequible. Puede ser interesante para todo ese tipo de personas que se sientan atraídas por los posicionamientos, por las cuestiones de actualidad, las modas estúpidas, la música, la droga, la fiesta,... Son cosas que generan mucho debate en redes sociales. Y para gente que tenga manga ancha con este tono de humor más oscuro.

M.G.- Irene, para ser un libro ilustrado por una única persona, los dibujos son muy diferentes unos de otros.

I.M.- Me gusta cambiar de estilo de dibujo, explorar y probar cosas nuevas. Parece un libro dibujado por siete personas pero es porque se trata de una recopilación de cosas que he ido haciendo a lo largo de un periodo de tiempo amplio. Soy una persona que dibuja mucho y, al final, cada acabado es de su padre y de su madre. Hay un montón de dibujos que están hechos muy rápidos porque se me ocurrió una idea y lo quería subir a redes. Todo depende de muchos factores. Hoy mismo estaba revisando unas tiras que hice el año pasado. Algunas tenían muchos detalles y la de la semana siguiente era mucho más fea. De todos modos, no soy una dibujante excepcional, y mi libro no te lo tienes que comprar porque te gusten unos dibujos bonitos. Lo importante son los chistes y me puedo permitir que mis dibujos sean más perreros.

M.G.- No sé si dibujas a mano alzada, digital,...

I.M.- Dibujo en digital. A veces hago cosas con papel y lápiz pero todo lo que viene siendo cómic lo hago en digital porque me ahorra muchos pasos.

M.G.- Para ir terminando, hablemos del prólogo del libro. Lo escriben unos compañeros de la revista, que te definen como una joven brillante, guapa, gran dibujante, presumida, ingenua, tierna,... Y vienen a decir que tus dibujos no corresponden con tu personalidad.

I.M.- La gente se debe de pensar que soy una especie de psicópata por las cosas que hago pero el humor negro no es más que otra forma de hacer humor.

M.G.- Y ahora que has sacado este primer libro, ¿te has planteado algún otro?

I.M.- Sí, siempre estoy con mis cosas. Tengo el ordenador lleno de cómics que nunca he sacado porque han dejado de gustarme y los he dejado a la mitad. Aunque trabaje en El Jueves sigo aprendido a hacer cómics, a hacer cosas más largas con ese tono que tengo. Ahora estoy empezando a hacer algunas cosillas pero no sé.

M.G.- Bueno, yo insisto en el que me gusta el género. He disfrutado de tu libro, no me he asustado. Y te agradezco que me hayas atendido. Un placer haber podido hablar contigo y espero poder ver otro libro publicado.

I.M.- ¡Yo también lo espero! (Risas)

M.G.- Un saludo desde Sevilla. Gracias por todo.

I.M.- A ti. Chao.

Sinopsis: ¿Es lícito deleitarse con el mal ajeno? ¿Regodearse en las desgracias del vecino? Pues ni puta idea, pero vamos, aquí ni se ríen del vecino ni de las calamidades de nadie, son todo elucubraciones, ¡es todo inventado, mujer! 

Así que coja la bolsa de Monchitos y vuelva a hacer sus respiritos ahí dentro para que se le pase el soponcio y no tenga usted que dar parte a legalitas direct. Gracias.




 

miércoles, 1 de diciembre de 2021

SUAVE ES LA NOCHE (DRAMA - 1962)

Año: 1962

Nacionalidad: EE.UU

Director: Henry King

Reparto: Jennifer Jones, Jason Robards, Joan Fontaine, Tom Ewell, Cesare Danova, Jill St. John, Paul Lukas, Bea Benaderet, Charles Fredericks, Sanford Meisner, Mac McWhorter, Albert Carrier, Richard De Combray

Género: Drama

Sinopsis: Finales de los años 20. El doctor Richard, un prestigioso psiquiatra que trabaja en una famosa clínica mental suiza, comienza a tratar a la atractiva Nicole Warren, una joven americana de clase alta que padece graves trastornos emocionales...

[Fuente: Filmaffinity]

Os hablaba el otro día de un pequeño libro de Francis Scott Fitzgerald, El Pagaré (cuya reseña puedes leer aquí), y en aquel post salió a relucir otro título del autor norteamericano, Suave es la noche, llevada al cine por Henry King en 1962. Precisamente de esta adaptación cinematográfica os quiero hablar hoy. Hacía mucho tiempo que no traía cine clásico al blog y he querido aprovechar la oportunidad. Ahora bien, debo hacer una rectificación, o más bien una actualización porque, si bien Suave es la noche me pareció una película extraordinaria cuando la vi por primera vez, su nuevo visionado me ha hecho cambiar de opinión. Me ha parecido tan larguísima (146 minutos) que mi cabeza ha ido desconectando por momentos. En cualquier caso, ¿de qué trata?

Con una canción melódica, evocadora y apasionada que lleva por título Tender is the night, es decir Suave es la noche, nos trasladamos a la Riviera Francesa. Son los años 20, los felices años 20, con banda sonora de charlestón. En soleadas jornadas de sol, los ricos norteamericanos pasan los días junto a la playa. Ellos jugando con sus hijos. Ellas yacen en tumbonas, ataviadas con prendas más propias de un cóctel y protegidas del sol con enormes sombreros. Pero las noches son territorio de fiestas y champán. Precisamente, para celebrar el 4 de julio, Dick Diver, un médico psiquiatra, y Nicole, su acaudalada esposa, deciden organizar una fiesta en su magnífica villa. Allí se congregan amigos de toda la vida, como Tommy Barban (Cesare Danova) o  el compositor Abe North (Tom Ewell), junto a otros desconocidos que, a pesar de considerar a los Diver unos snobs, no dudan en aceptar la invitación a la fiesta. Entre los invitados figura la joven y bella actriz Rosemary Hoyt que, de momento, tan solo ha interpretado una película. La noche transcurre alegremente. El matrimonio Diver se deshace en mimos porque son inmensamente felices, y transmiten esa felicidad a los demás. Sin embargo, en un momento de la noche, mientras Dick enseña a Rosemary el jardín de la casa, Nicole se refugia en su habitación donde sufre un ataque de histeria. ¿Qué le ha ocurrido?

A partir de este momento, retrocederemos en el tiempo. Nos instalaremos en Zurich, en una clínica psiquiátrica donde Dick ejercía como médico y donde Nicole estaba internada por problemas mentales. Allí fue donde se conocieron. La relación entre médico y paciente se transforma, tornándose más íntima y más personal. No destrozo el argumento si cuento que Dick y Nicole se casan y emprenderán una vida de ensueño, viajando aquí y allá. 

Una vez narrado el pasado, regresaremos al presente, a esa Riviera francesa, un escenario idílico que se contrapone con el drama que encierra la villa de los Diver.  Lo que ocurre, dejo que lo descubráis vosotros mismos.

¿Qué me ha gustado de la película?

En un principio, la trama parece que se va a centrar exclusivamente en Nicole y en su enfermedad mental. Es decir, pensé que la vida del matrimonio iba a estar salpicada de un sinfín de episodios neuróticos de la esposa, que iban a destruir y tirar por tierra la relación conyugal. Sin embargo, la historia gira hacia otro lado y pone el foco de atención en Richard Diver. Dick es un hombre comprometido con su trabajo. Lleva muchos años ejerciendo pero se ha enamorado de su paciente. Cosas más raras se han visto. Pero el hecho de que ella sea una mujer rica se irá convirtiendo en un lastre. Por amor, él cederá en diversas ocasiones hasta el punto de haber emprendido un camino de destrucción que, de no frenar a tiempo, lo conducirá a la aniquilación.

Los temas son interesantes. La ausencia de dinero puede complicarte mucho la vida, pero la abundancia, también. Sobre todo si lo tiene tu mujer y te van señalando con el dedo por dicha causa. A Dick, la inmensa fortuna de su esposa, controlada por su hermana, al ser su tutora, se le vuelve en contra. De ser un hombre con un propósito en la vida, se convierte en alguien vacío y dependiente, que siente que pierde el tiempo y se aleja de lo que le realmente le apasiona. 

A ello se suma la enfermedad mental de Nicole y el estilo de vida que quiere llevar la esposa. ¿Por qué pensar en clínicas, enfermedades y enfermos? ¿Por qué no disfrutar de la vida? Dick trata de entender lo que le pide su mujer, y camufla su malestar en viajes, excursiones y fiestas, sin darse cuenta de que está dejando de ser él mismo. ¿Cómo soportar todo esto? En Suave es la noche el alcohol corre a lo grande, e incluso se deja al alcance de los niños, y ahí está el otro tema interesante de este largometraje, el alcoholismo.

Pues estos temas, Fitzgerald los tenía a la mano. Y es que, la novela Suave es la noche es de corte autobiográfico. Para saber más, puede empezar leyendo este artículo de la revista Vanity Fair, pero hay mucha más información en Internet.

¿Qué no me ha gustado de la película?

Sin lugar a dudas, su duración. El metraje me parece excesivo hasta el punto de, por aburrimiento, terminar desconectando en las partes menos interesantes.  Hubiera estado bien algo más de condensación, resumir el pasado y acortar unos buenos veinte minutos. 

Por otro lado, creo que se desaprovecha bastante la enfermedad mental de Nicole. En la película, mientras la joven está ingresada en Zurich, se indaga en los motivos por los que ella sufre esquizofrenia, pero las explicaciones pasan sutilmente, sin ahondar demasiado. Luego, su enfermedad quedará demasiado desdibujada y tan solo se incide en el papel de Dick, en lo que él representa para ella, en relación a su enfermedad, algo así como un salvador, un dios.

Personajes 

En esta película, hay cinco personajes que ocupan el mayor protagonismo. En primer lugar, Nicole Warren (Diver, de casada). De ser una joven hermosa, inestable y vulnerable, como un cervatillo inocente, la veremos transformada en una mujer serena, admirada por otros hombres. ¿Está realmente enamora de Dick? ¿No será un espejismo? Quizá se aferró a él porque supo cómo tratar su enfermedad. 

Y es que Dick es un médico de renombre, pero su matrimonio con Nicole lo ha perjudicado. Si su esposa evoluciona en una dirección, él lo hace en el sentido contrario. Se sentirá acorralado. Ama a Nicole pero eso conlleva ciertos inconvenientes, ciertas renuncias. Su prestigio profesional incluso queda en entredicho, ensombrecido. Al final, resultará un personaje atormentando, que tiene que estar justificándose constantemente, y al que la amargura lo invade.

A mi juicio, también es un hombre atormentado Abe North, el amigo compositor que ya compone poco. De ser un reconocido músico ahora su genio se ha secado. Es posible que las copas de champán que pasan por sus manos tengan algo que ver. Se quedará atónito cuando compruebe con qué facilidad otros músicos más jóvenes (y menos borrachos) son capaces de resolver los obstáculos musicales con los que Abe se encuentra.

Por último, Tommy que sufre de un amor condenado a la resignación. Por otro, Rosemary es una joven a la que no le faltan pretendientes, pero el que a ella le interesa verdaderamente está lejos de su alcance.

En cuanto a las interpretaciones, no hay mucho donde rascar. Confieso que desconocía a los actores principales -Jennifer Jones, Jason Robards-, no así a Joan Fontaine o a Tom Ewell. De todos modos, no han sido interpretaciones que me hayan fascinado.

Con un titulo tomado de un verso de Keats, Suave es la noche es una película a la que le sobra metraje, y eso lastra mucho el resto. No faltan temas profundos, hay drama, y amor, pero el ritmo es lento, con altibajos. Como dije antes, la recordaba de otro modo y, en esta ocasión, se me ha hecho más tediosa. En cualquier caso, saber que la trama está muy vinculada a la vida de Fitzgerald es un gran punto a favor.

Fragmento [en inglés]:                                                            Puedes adquirirla aquí:

 

martes, 30 de noviembre de 2021

ANA ALONSO: ❝Este libro narra la historia de amor de mis padres❞

Ana Alonso, poeta y autora de literatura infantil y juvenil, da un paso y se adentra en la literatura de adultos. Lo hace impulsada por su agente literaria, Sandra Bruna, y en parte por la situación sanitaria en la que vivimos. Y es que el confinamiento también tuvo para ella una cara más amable y positiva. Fueron meses en los que, alejada de su octogenaria madre, decidió invertir varias horas al día para hablar con ella por teléfono y así conocer en mayor profundidad toda su vida. De aquellas conversaciones nacieron personajes como Adela, una mujer con un pasado anarquista, y madre de la pequeña Lucía, a la que las actividades de la Sección Femenina la maravillan. Adela, maestra de pueblo, vivirá siempre mirando a su espalda, a la espera de que la desgracia la alcance en los tiempos del franquismo. Mientras inicia una peculiar relación de amistad con don Marcos, un cura algo inquietante pero con buen propósito, Adela recordará a su amiga Carmen, escritora de novela rosa anarquista, de la que un día decidió alejarse. 

Ana Alonso construye en Los colores del tiempo una historia basada en la historia de amor de sus padres. Un bonito homenaje y una lectura preciosa. 

Marisa G.- Ana, he mirado en tu biografía y observo que has escrito mucho de infantil y juvenil. También hay poesía. Pero no encuentro ninguna referencia a novelas para adulto. ¿Es esta la primera?

Ana A.- Es la primera. Empecé en el terreno de la poesía. Con diecinueve años publiqué mi primer libro de poemas, luego vinieron otros. Más tarde empecé con el mundo del infantil y juvenil, un género que me gusta mucho. Me resistía a dar el salto a la novela de adultos pero fue Sandra Bruna, mi agente, la que me empujó y se lo agradeceré siempre. Ha sido muy bonito todo el proceso de escritura.

M.G.- Escribir infantil y juvenil es muy diferente a escribir para adultos, se manejan recursos diferentes. ¿Te has sentido también cómoda con la literatura para adultos?

A.A.- Ha sido un aprendizaje. El infantil y juvenil te ayuda mucho a moverte en diferentes registros. Te enseña a hablar de lo que realmente te importa pero adaptándote a un tipo de lector. Eso me ha ayudado mucho a enfrentarme a un proceso como este porque ya tenía unas herramientas y un bagaje. 

M.G.- Abrimos el libro y encontramos una nota aclaratoria. Nos dices que los personajes son ficticios pero los nombres reales. Generalmente es al revés, personajes reales con nombres ficticios.

A.A.- Aunque me parece un poco obsoleta, añadí esa nota porque hay muchos personajes de esta novela que beben de personas reales, y que luego he ficcionado. Muchos vienen de recuerdos de mi madre. Ella figura en la novela como en un doble plano. Fue niña de la posguerra, como Lucía, la hija de Adela; pero también fue maestra en una posguerra más tardía y en la localidad de Pardesivil, que también aparece en la historia.

Por otro lado, mi padre fue sacerdote, y esa historia de amor que él vivió con mi madre la encontramos también en la novela.

M.G.- Has nombrado a tu madre y a tu padre. Esta historia nació de esas horas de conversación telefónica con tu madre, durante el confinamiento.

A.A.- Sí. Siempre he tenido una relación bastante difícil con mi madre pero el confinamiento lo vivimos con mucha angustia. Yo vivo en Alcázar de San Juan y ella en León. Tiene ochenta y siete años, está ciega, con solo un diez por ciento de visión, y se sentía muy angustiada. Para aliviar un poco la situación, se me ocurrió prepararle largas entrevistas sobre su infancia, sobre lo que había vivido. Le preguntaba mucho por detalles sensoriales, por cómo olía cuando entraba en la tienda de Roque, por ejemplo. Para mí fue también como hacer un viaje al pasado. Me permitió entenderla mejor y reconstruir nuestra relación. A partir de ahí, la novela surgió casi sola. 

M.G.- Imagino que tú conocías muchas cosas de tu madre pero seguro que otras las habrás descubierto a través de esas largas conversaciones.

A.A.- Eso es. La memoria se ancla en cuatro o cinco cosas que se repiten siempre, y que mi madre nos contaba, pero había otras muchas cosas que no habían aflorado. Al  hacerle entrevistas tan precisas, empezó a aflorar todo. Y luego, también fue mágico que amigos míos se animaran a hacer lo mismo con sus padres. Así empezaron a llegarme audios de personas mayores de toda España, que habían vivido el conflicto desde diferentes posiciones, de familias catalanistas, de familias de derechas, de familias anarquistas. Todos esos testimonios de ancianos hablando de sus juguetes, de los colores cuando iban al cine, de cosas muy evocadoras. Fue muy bonita la documentación.

M.G.- Supongo que habrás tenido que tirar también de hemeroteca.

A.A.- Sí, sí. Había hecho un trabajo previo sobre la novela rosa anarquista, algo muy poco conocido pero muy curioso. Durante la República, y sobre todo durante la Guerra Civil, los principales partidos utilizaron la novela rosa como instrumento para llegar a la gente, con fines propagandísticos. Hubo novela rosa comunista, novela rosa socialista, pero la novela rosa anarquista alcanzó muchísima popularidad. Era una colección que se titulaba La Novela Ideal, publicada por la familia de Federica Montseny. La propia Federica, que llegó a ser ministra, publicó como unos treinta libros en esa colección. Su padre era el autor de la mayoría de las obras. 

M.G.- Hablando de literatura, hay un pasaje en la novela muy interesante. Adela se queja en su presente de que las novelas del momento, en comparación con otras más antiguas, idealizan demasiado el amor y crean falsas expectativas a las jóvenes.

A.A.- Es verdad que Adela se queja de eso pero también es cierto que en estas novelas rosa anarquistas había igualmente mucha idealización. Presentaban muy claramente el conflicto de clases porque de eso se trataba pero, por otro lado, la parte romántica estaba bastante idealizada y la perspectiva era también muy machista. Pero en la posguerra, el ideal de mujer se vuelve mucho más ñoño, y se produce un retroceso en cuanto a las expectativas.


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M.G.- Aunque es una novela muy coral, me centro en Adela, la protagonista principal. Es una mujer que tiene un pasado complicado que iremos descubriendo. ¿Cómo es Adela?

A.A.- Adela es hija de obreros textiles en Barcelona, que aprende el oficio de costurera. Empieza a moverse en los ambientes revolucionarios de los años 20 y es entonces cuando conoce a Carmen, una escritora de novela rosa anarquista. Adela tiene todo un pasado de militancia y de haber vivido la guerra en primera línea, dentro de misiones de espionaje. Tendrá que aprender a reinventarse en el contexto de la posguerra, con una hija, sin ningún apoyo, en medio de un mundo que no le gusta nada y en el que tiene que ocultarse. 

M.G.- Su pasado es complicado y su presente, también. Es una persona que está siempre en estado de alerta. No se puede fiar de nadie y tampoco nadie se fía de ella. De hecho, hasta su color de pelo es motivo de sospecha.

A.A.- Pero eso era real. En el ambiente de moral opresora del franquismo ser pelirroja no estaba bien visto. 

M.G.- Una hija del demonio, prácticamente.

A.A.- Sí, era así. Pero he intentado no idealizar a Adela. Al ser un personaje muy potente, el peligro estaba en imponerle mi visión del mundo. He tenido que hacer un ejercicio de escucha del personaje y dejar espacio a su vulnerabilidad, a sus defectos. No es una madre perfecta. Lleva muy mal que a su hija le gusten los coros y danzas de la Sección Femenina pero es que Lucía está creciendo en el régimen. Adela es una mujer con muchos traumas pero también con muchas ganas de vivir. Destacaría su vitalidad y su manera de relacionarse con los hombres, muy libre pero, a la vez, muy moderna. 

M.G.- Y en esa relación con los hombres, hay uno, concretamente un cura, que la perturba muchísimo.

A.A.- Don Marcos es un personaje que empieza siendo muy inquietante. Si pensamos en un cura del franquismo nos imaginamos lo peor. Sin embargo, he intentado huir de los estereotipos y se ha convertido en casi uno de mis personajes favoritos. A pesar de sus condicionantes, es muy respetuoso con Adela. No la juzga y la ama. Para mí era muy importante contar una historia de amor poderosa y creíble, que convenza a los lectores. Don Marcos era casi el desafío mayor a la hora de escribir esta novela. 

M.G.- ¿Dirías que esa historia de amor es la que sustenta toda la trama?

A.A.- Sí. Este libro narra la historia de amor de mis padres. Una historia muy difícil. Mi padre era un niño de pueblo y su única oportunidad para estudiar era irse al seminario. Allí pasó hambre y recibió malos tratos. Cuando mi padre se salió, incluso lo desterraron, le hicieron firmar un papel comprometiéndose a no volver. Pero antes, el obispo lo llamó, tuvo una entrevista personal con él, y le intentó convencer de que llevase una doble vida. 

M.G.- ¿Y qué sabe tu madre de la novela?

A.A.- Lo sabe todo. Cuando estábamos con las entrevistas se lo dije, que había material para una novela. Ahora, gracias a un programa de la ONCE, ha podido oír la novela. Se emociona y, al mismo tiempo me recrimina que algún personaje no se parezca a la persona real. 

M.G.- Y si en esta novela hay amor, también suspense. Tenemos a Carmen, la escritora amiga de Adela, que desaparece sin dejar rastro.

A.A.- Esa parte de la trama es muy importante porque, además, con esta novela reivindico también la amistad entre mujeres. Carmen y Adela, en un momento muy convulso, se separan de mala manera pero Adela se interesará otra vez por ella cuando al leer una novela, se da cuenta de que es una novela rosa anarquista reciclada y escrita por Carmen. ¿Por qué reaparece esa novela? ¿Está detrás su amiga o la han plagiado? Ahí empieza esa búsqueda de Carmen, de la que Adela se alejó por diversos motivos.

M.G.- Estamos hablando de mujeres escritoras y en esta novela figura el nombre de Gloria Fuertes. Me ha gustado ese guiño.

A.A.- Gloria Fuertes aparece como personaje, porque me parece muy interesante lo que ella estaba haciendo en ese momento, en Madrid. Era una mujer muy joven, que ya estaba publicando literatura infantil. Ha sido un homenaje que quería hacerle porque no lo tuvo fácil. Inició la tertulia "Versos con faldas"  junto a otras mujeres poetas, una tertulia sistemáticamente boicoteada por los poetas hombres, que iban a reírse de ellas, a hablar mal, e incluso se ponían a jugar a los dados para que no se las oyera. 

M.G.- Los escenarios pertenecen a León. ¿Han cambiado mucho desde entonces?

A.A.- León ha cambiado y, al mismo tiempo, se conservan muchas cosas. En los recuerdos de mi madre, León tenía esas calles burguesas del centro y, por otro lado, estaban las barriadas, donde se desarrollaba lo más interesante del día a día. He intentado plasmar cómo era una ciudad provinciana en la primera posguerra, llena de penurias. En los pueblos no era así porque había otros recursos. 

M.G.- Y titulas la novela Los colores del tiempo. Es un título muy evocador para una novela en la que los personajes viven una vida tan gris.

A.A.- Siempre nos imaginamos la posguerra en blanco y negro. Me pareció que no estaba de más reivindicar que esos años tenían color. Para la gente que los vivió de joven y se enamoraron en esa época, no hubo otra. Lo vivieron con la misma intensidad y el mismo color con el que nosotros hemos vivido nuestro momento. Hice la reconstrucción de todos esos detalles sensoriales a partir de las entrevistas y jugué mucho con lo sensorial, con el color, con los sabores, con los olores y los sonidos. Me parece que es la mejor manera de situar al lector de lleno en otra época, y que se meta en la piel del personaje. Esto me viene de la poesía, que tiene ese componente sensorial que te sumerge directamente en una atmósfera.

M.G.- Ana, un placer hablar contigo. Muchas gracias por atenderme y por esta preciosa novela.

A.A.- Gracias a ti. 

Sinopsis: 

Una luchadora por la libertad atrapada en la España sin horizontes de la posguerra.

Un misterioso libro que, a pesar de la censura, evoca la atmósfera revolucionaria de 1936.

Tres hombres enamorados de la misma mujer... Y una búsqueda que termina transformándolos a todos.

Para Adela, encajar en la sociedad provinciana de León, en el ambiente cerrado y asfixiante de un pueblo de montaña o en el Madrid gris de escombro resulta doloroso. No se adapta a vivir en la sospecha, a que la miren de reojo o a mantenerse siempre en guardia frente a los delatores mientras los suyos se consumen en la guerrilla o se colocan la máscara del Régimen y piden «té especial» en las cafeterías de moda. Para ella, que nació obrera en Barcelona y luchó en la defensa de la ciudad por un mundo más justo e igualitario, lo peor es la impostura, y a eso no se acostumbra. El deseo de revolución late en la maestra, en la lectora compulsiva, en la costurera, en la madre imperfecta, en la mujer cuya vida se truncó en el Pirineo un día del año aciago en el que se perdió la guerra.

Adela nunca llegó a comprender lo ocurrido ese día. Hasta que empieza a encontrar respuestas en el lugar más insospechado: las páginas de la novela romántica Una mancha de carmín. Las claves ocultas en la historia parecen contener una invitación para recuperar los colores de aquella revolución soñada. Pero ¿qué margen le queda a una maestra represaliada para luchar por una sociedad mejor?

A través de Adela, de Carmen, de Mercedes, de Federica Montseny o de Gloria Fuertes, Ana Alonso nos lleva al mundo encorsetado de las mujeres de la primera posguerra y a la España en blanco y negro de los años cuarenta, llena de «secretos, máscaras, mentiras que se exhiben y verdades que se ocultan». 

lunes, 29 de noviembre de 2021

NADIE CONTRA NADIE de Juan Bonilla

Editorial: Seix Barral
Fecha publicación: septiembre, 202
Precio: 19,50 €
Género: narrativa
Nº Páginas:328
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788432239229
[Disponsible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Juan Bonilla nació en Jerez, en 1966. Es autor de las novelas Los príncipes nubios (2003), con la que ganó el Premio Biblioteca Breve, Prohibido entrar sin pantalones (2013), galardonada con el Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, La novela del buscador de libros (2018), Totalidad sexual del cosmos (2019), que mereció el Premio Nacional de Narrativa, y Nadie contra nadie (2021). Entre sus libros de relatos destacan El Estadio de Mármol (2005), Tanta gente sola (2009) y Una manada de ñus (2014). Su poesía está recogida en los volúmenes Horizonte de sucesos (2001), Hecho en falta (2014) y Poemas pequeñoburgueses (2016). Dirige la revista Calle del Aire y escribe en Jot Down.

Sinopsis

El remake de la novela que marcó a toda una generación y que inspiró la película de Mateo Gil. Premio Nacional de Narrativa 2020.

Simón Cárdenas, eterno doctorando en Filosofía, sobrevive mal que bien en Sevilla diseñando la página de crucigramas para un diario local mientras trata de sacar adelante su tesis sobre el llamado “Síndrome de Alonso Quijano”. Un día, en vísperas de la fiesta grande de la ciudad –la Semana Santa–, recibe una extraña llamada conminándole a introducir, en su próximo crucigrama dominical, una palabra que parece responder a un mensaje en clave. Y todo apunta a que, lo que en principio parece una broma, está conectado con una serie de actos organizados por toda la ciudad con el objetivo de sabotear las fiestas y sembrar la histeria en las calles en plena madrugá. Con ayuda de María se embarcará en una serie de pesquisas para averiguar quién está detrás.

Veinticinco años después de la publicación de Nadie conoce a nadie, Juan Bonilla ha escrito Nadie contra nadie desde cero con el objetivo de dar a los lectores la versión definitiva de aquella historia que marcó a toda una generación y que lo catapultó como una de las grandes promesas de la ficción contemporánea. El resultado es una novela completamente nueva de un escritor en el mejor momento de su carrera, tras ganar el Premio Nacional de Narrativa, repleta de humor y que sabe parodiar desde los códigos más populares (las novelas de detectives, el thriller de blockbuster…) a la alta cultura (metaficción).

[Información tomada directamente de la web de la editorial]



Me sorprendió descubrir la publicación de esta novela, Nadie contra nadie, de Juan Bonilla (Seix Barral). Me sorprendió porque, inevitablemente, me hacía recordar aquella otra del mismo autor y título similar, Nadie conoce a nadie, que Bonilla publicó en 1996, y que el cineasta Mateo Gil llevó a la gran pantalla en 1999, interpretada por Eduardo Noriega y Jordi Mollá. Ya os hablé hace unos días del formato cinematográfico. Pero, ¿qué pretendía el autor con esta nueva novela? ¿Se trataba de una segunda parte de aquella otra? Empecé a leer y descubrí que el tiempo no había pasado, que los personajes de aquella historia -Simón Cárdenas y Sapo-, seguían teniendo la misma edad que entonces. ¿Estaba ante una reescritura? La respuesta la encontramos en la propia sinopsis de la obra. La editorial habla de «remake», también lo hace el autor en la entrevista que nos concedió (puedes leerla aquí) y añade:

«Esta novela es un experimento que me propuse para jugar y divertirme. Cuando escribí Nadie conoce a nadie en 1996 tenía 28 años. Con aquella novela cometí una serie de errores narrativos que ahora no me convencen. Me pregunté qué pasaría si volvía a escribir la misma historia pero desde el que soy ahora. Así que, en 2016, como no estaba ocupado con otras cosas, y conociendo la historia, los personajes y la trama, escribí la novela desde la primera a la última página, dejándome llevar únicamente por los pequeños matices que yo recordaba de la versión original».

Es decir, Juan Bonilla vuelve a escribir la misma historia que, veinticinco años después, y desde un ángulo de madurez, se convierte en un relato diferente. Eso sí, los personajes seguirán siendo los mismos, pero la narración, si bien parte de los mismos mimbres, se vertebra en un producto distinto. Os cuento.

La trama

Simón Cárdenas trabaja de crucigramista para el Diario de Sevilla. Es licenciado en Filosofía y actualmente está preparando su tesis doctoral, pero no encuentra un tema apropiado. Comparte piso con Sapo, un tipo peculiar que se gana la vida dando clases de inglés y español. Ambos sobreviven como pueden y sus vidas transitan tranquilas, sin grandes sobresaltos. Sin embargo, el reposo de sus días se rompe cuando Simón recibe el siguiente mensaje de voz: 

«En el crucigrama que saldrá publicado este domingo, la respuesta para 6 horizontal será ARLEQUINES. Sabemos dónde vive, avenida de Cádiz, 21, 3º, Jerez, sabemos dónde vive su madre, Pago de la Serrana, 13, Jerez, sabemos la fecha de cumpleaños de su sobrinito Joaquín, 11 de septiembre. No es ninguna broma. 6 horizontal. Arlequines. Próximo domingo 16. no informe de esta llamada a nadie». [pág. 19]

Aunque no deja de ser algo inquietante, decide no darle importancia y considerarlo una estúpida broma. Sapo opina igual. Pero la cosa empieza a ponerse fea cuando aparece un gato muerto dentro del apartamento. El pobre felino luce un postit amarillo en la boca, en el que se puede leer: «Arlequines, seis horizontal». A ello se suma otro mensaje más en el contestador. ¿Qué clase de tarado está detrás de todo esto? Simón ya no está tranquilo. Cree que la cosa va en serio y se siente responsable de lo que vaya a ocurrir. Decide desahogarse con María, una compañera del periódico, con la que la cosa llegará lejos. Juntos emprenderán una investigación, en la que todo aquel que rodea a Simón será sospechoso, incluso el propio Sapo. Y así, ciertos sucesos polémicos y escandalosos tendrán lugar en momentos clave de la vida social de Sevilla. ¿Quién es el artífice de semejante locura?

La respuesta a esa pregunta la encontraréis con la lectura de esta novela, cuyo argumento entronca con los sucesos de la Madrugá del año 2000, de la que ya os he hablado en post anteriores, y con el mundo de los juegos de rol, sobre los que Juan Bonilla hace un profundo análisis, remontándose al siglo XIX, cuando «se pusieron de moda los juegos de tablero y de salón, como uno llamado Jurado en el que los participantes tenían que interpretar distintos roles, Fiscal, Defensor, Juez, sobre unos hechos determinados».

¿Qué me ha gustado de esta novela?

Para empezar, habría que señalar que la trama está llena de suspense. Lo que ocurre durante los días en los que transcurre la acción -previos a la Semana Santa-, sumirá al lector en un laberinto de intriga, a la espera de que la resolución nos desvele el misterio. Juan Bonilla, en un intento de aclarar los motivos que dieron pie a aquella famosa madrugá, se aventura a dar su propia teoría, pues la que esgrimieron los Cuerpos de Seguridad y las autoridades eran del todo inverosímiles, un parche para tapar lo sucedido y tratar de que el tiempo cubriera aquellos acontecimientos con el olvido.

Pero hay otros asuntos que enriquecen la historia y que me han aportado un plus en la lectura. No cabe duda de que, siendo Sevilla el escenario, esta novela la he disfrutado el doble. El autor hace un bosquejo de esta ciudad, para retratar lo bueno, lo malo y lo regular pero, de todo eso, os hablo más adelante.

Y aunque es una novela con sus secretos y misterios, a la narración no le falta el humor. Por emplear una expresión muy típica de estas latitudes, diría que la novela tiene mucha guasa. Bonilla saca punta a su lápiz para disparar pullas aquí y allá. Me he tenido que reír en más de una ocasión como, por ejemplo, cuando Simón Cárdenas arremete contra los profesores de filosofíaesa mafia, a la que el personaje aspira pertenecer, «con su tribunita mal aparcada en las páginas de opinión de los periódicos y sus conferencias de vez en cuando sobre cosas que tanto nos interesan a todos como la influencia de Heidegger en el pensamiento de la posmodernidad»O con las referencias a Juan Goytisolo, en relación a su reacción frente al Premio Cervantes. O con todo lo relativo al pregón de la Semana Santa sevillana, que tiene lugar el domingo anterior al Domingo de Ramos, un acto muy pomposo y protocolario, con un personaje -Perramón-, que resulta una delicia. Pero qué agudeza la del autor al definir este pilar de la sociedad sevillana de esta manera tan elegante:


«—¿No se dan cuenta de qué? —pregunté yo.
—De que para hacer un gran pregón hay que cumplir solo dos requisitos y ninguno de ellos exige ser un capillita o un hermano de ninguna cofradía.
—Y esos requisitos son...
—Ser poeta y haber sido niño en Sevilla».


Pero, sin duda, lo más divertido ha sido ver a los personajes exigir el uso de guiones en vez del estilo indirecto en sus intervenciones«Haga el favor de colocarme guiones cuando intervengo, no hay nada que deteste más que el discurso indirecto», reclamará uno de los personajes. Todo esto responde a la naturaleza de la propia novela, a ese aire de juego que Bonilla ha querido imprimir al texto. Pero ver a los diferentes personajes reivindicar su derecho a manifestarse en primera persona me ha resultado divertidísimo. Al igual que el lamento de ese narrador que, para no traicionar el curso de los acontecimientos, tiene que reservarse información vital y aguantarse las ganas de compartirla antes de tiempo.
 
Los personajes

Decía Juan Bonilla en la entrevista que, en esta nueva novela ha optado por dar más protagonismo a otros personajes que quedaron relegados a un segundo plano en Nadie conoce a nadie. En cualquier caso, el peso de la trama recaerá sobre los dos compañeros de piso. 

Simón y Sapo serán el tándem de esta historia. De los dos, Sapo es el más llamativo. Al menos, para mí. Creo que el autor se esmera en el retrato de este personaje algo más que en Simón, que me resulta un tipo más insulso, con menos personalidad, a juzgar por su comportamiento con María. De entrada, a Sapo le atribuye una curiosa peculiaridad. El personaje se caracteriza por el extraño sonido que emerge ocasionalmente de su garganta, como si croara, y de ahí su apodo. Hasta ahora, pensar en Sapo era pensar en Jordi Mollá, un actor que no me gusta, pero las descripciones que se recogen sobre el personaje  en la novela me han permitido, por fin, desligar a Sapo de Mollá. 

Habrá más personajes en la historia. Unos de ficción y otros tan de carne y hueso como tú, lector. Me ha encantado ver pasear entre estas páginas a nombres propios conocidos dentro y fuera de Sevilla. Algunos serán fácilmente reconocibles para cualquier lector. Otros, quedan relegados a la esfera más íntima del autor. 

Sevilla como escenario

¿Hay algo que guste más a un lector que encontrarse a los personajes de una novela pateando las calles de su ciudad? A mí me encanta. En Nadie contra nadie no faltan las referencias a los enclaves más conocidos de Sevilla. Entre los establecimientos de ocio figurará La Carbonería, que todavía hoy reviste los envites de las crisis económicas, un bar enorme, multicultural y multilingüístico, donde los de aquí y los de allá se reúnen para debatir de lo humano y lo divino, mientras las cervezas van descendiendo garganta abajo. Los pasajes que transcurren en este bar han conseguido retrotraerme a mi juventud, cuando cada viernes quedaba allí con mis amigos para tomar unas cervezas y echar una partidas de billar. Ya ha llovido desde entonces.

Pero en Nadie contra nadie, Juan Bonilla hace un certero retrato de la ciudad y su esencia, basado en la objetividad y en la honestidad. Sevilla es una hermosa ciudad pero no todo brilla bajo la cúpula de su cielo azul. Como las cosas hay que llamarlas por su nombre, en esta novela veremos una ciudad que mezcla lo popular con lo elitista, aunque quizá sea esa singularidad la que la convierte en un lugar especial. 

Este libro desprende tanta crítica como amor por ciudad de la Giralda, en la que encontramos sevillanos de toda índole y condición, los que en realidad no dejan de ser unos pobres provincianos hasta esos otros que llevan la ciudad por dentro, sin que los demás nos enteremos. Bellos son los pasajes en los que se habla de nuestra primavera «corta, relampagueante, de una intensidad sobrecogedora», o la sin igual sensación en la que se sumerge la urbe en los días previos a la Semana Santa. Sevilla es esa ciudad que se ríe de lo cómico pero que también le pone humor a lo trágico.

«Es casi imposible que suceda nada en la ciudad que al paso de unas horas no se vuelva escena cómica». [pág. 210]

Estructura y estilo

El autor despliega una narrativa poderosa, en la que la narración predomina sobre el diálogo. Ya en las primeras páginas, y jugando con la concatenación de subordinadas, e introduciendo alguna acotación, el lector se va a deslizar por un párrafo de larguísima extensión, bien tejido, y sin abrumar. Y lucirá una prosa elegante, vibrante y luminosa cuando centre la atención sobre la ciudad.   

Estructurada en treinta capítulos, la sección Notas y Agradecimientos no debe quedar relegada al olvido. La lectura de este anexo ayuda a entender la intencionalidad del autor a la hora de escribir esta novela, el porqué ha querido reencontrarse con aquellos personajes. Me ha parecido una lectura tan interesante como la propia novela en sí.

Poco más os puedo contar. Nadie contra nadie ha sido una lectura muy gratificante. Me ha descubierto cosas que no sabía de mi ciudad. Me he divertido a ratos, me ha empujado a indagar más sobre ciertas cuestiones expuestas, y me ha permitido dar un paseo extraordinario por Sevilla. Sé que, a tenor de lo aquí dicho, puedes pensar que estamos ante una novela más idónea para los sevillanos. No te diré que no. Pero también te puedo decir que cualquier lector va a poder disfrutar del suspense y la intriga que contiene esta historia sin haber puesto nunca un pie en esta tierra. 

No la dejes escapar.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



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