martes, 23 de abril de 2019

ELOY TIZÓN: 'Me gustaría que este libro fuera un transmisor de entusiasmo'.

Tenía ganas de conocer a Eloy Tizón. Había oído infinidad de halagos no solo sobre sus libros sino también sobre su persona. Realmente me encontré con un hombre afable, de melódica conversación y comedido discurso. Su última publicación, Herido leve (Páginas de Espuma) es un ensayo que recoge treinta años de lecturas, un recopilatorio de reseñas publicadas en medios de comunicación sobre autores conocidos por todos y otros que han supuesto un gran descubrimiento, así como opiniones inéditas que ven ahora la luz por primera vez. Al echar un vistazo al índice de este libro, los ojos se te van irremediablemente hacia esas opiniones sobre novelas que ya hemos leído, por aquello de comprobar si tus impresiones coinciden con las de Tizón. Nombre tras nombre, título tras título, Herido leve se convierte en un libro de cabecera, de consulta, de búsqueda en los caminos laberínticos de la literatura, entre los que tanto nos gusta perdernos.  

Marisa G.- Eloy, no deja de ser curioso que tengamos este libro en nuestras manos por una cuestión de azar.

Eloy T.- Un poco sí que ha dependido del azar porque no estaba previsto en la agenda. Debido a un parón en la ficción, como siempre necesito hacer algo, revisé un disco duro antiguo y me encontré con un montón de textos sobre literatura que tenía almacenados. Mi primera reacción fue releer todo aquello por pura curiosidad. Ese fue el germen de este libro. Me pregunté si partiendo de todo aquello podía armar algo que mereciera la pena publicar.

M.G.- Esa curiosidad te lleva no solamente a quedarte en esos textos que tenías almacenados sino también a hacer una búsqueda tipo Indiana Jones, entre las cosas que había en tu trastero, a la caza de todas aquellas reseñas literarias que solo tenías en formato papel.

E.T.- (Risas) Sí, sí,... Empecé a colaborar en medios cuando tenía 25 años y no era muy frecuente tener un ordenador en casa. Usaba la típica máquina de escribir eléctrica, escribía, remitía el texto a la redacción y claro, no me quedaba con ninguna copia. Lo único que hacía era conservar en papel aquellos textos una vez publicados. Así que, sí me puse a buscar entre todos mis trastos todos esos recortes de prensa que contenían mis reseñas. Pero claro, he tenido que buscar a una persona que se encargara de digitalizar todo eso. Me ha ayudado mucho Cris Montes porque yo no me veía capaz de hacer ese trabajo. Así que reuní todos esos archivos digitalizados con los textos que tenía en el PC. Revisé todo ese material y seleccioné lo que realmente interesaba. Pensé en la estructura, en cómo plantear el libro. Ha sido un trabajo intenso y laborioso pero también muy bonito.

M.G.- Me gusta mucho el subtítulo '30 años de memoria lectora' pero Eloy, no estoy muy segura de que los lectores salgamos siempre indemnes de nuestras lecturas, si acabamos realmente como heridos leves.

E.T.- Estoy bastante seguro de que no salimos indemnes de la mayoría de las lecturas. Obviamente hay libros que leemos por puro entretenimiento sin que nos dejen ninguna huella pero los libros que de verdad tienen un significado para nosotros dejan un rastro que en la mayoría de los casos es indeleble.

M.G.- Estamos ante un ensayo, ¿es un género agradecido? ¿Cuenta con mucho público? Los lectores siempre relacionan los ensayos con lecturas muy densas y sesudas.

E.T.- Me gusta mucho el ensayo cuando es creativo y literario. George Steiner o Roland Barthes tienen textos filosóficos muy bellos en sentido literario. He intentado hacer un ensayo que no sea arduo ni denso para lector sino que se produzca una mirada de complicidad con él, a quien acompaño y le hago compartir lecturas que para mí han sido importantes. Y sobre todo me encantaría transmitir entusiasmo hacia la literatura, que es lo que yo siento. 'Herido leve' es un libro que pretende ser contagioso en el mejor sentido. 

M.G.- Hace muchos años un autor me comentaba que recordada perfectamente el libro que le había despertado el deseo de ser escritor. ¿Tú has vivido algo similar?

E.T.- Bueno, el primer texto que se incluye en el libro se titula 'Cien años de compañía'  y recoge un poco la crónica de mi enamoramiento de la literatura. En mi caso fue 'Cien años de soledad', los cuentos de Cortázar,... toda la literatura latinoamericana la que despertó en mí algo que seguramente estaba latente pero que no había aflorado aún. Sentí el deslumbramiento ante la imaginación, ante el trabajo con el lenguaje, desde la sensualidad, y entendí que la literatura, fuera de los planes de estudio, podía ser algo verdaderamente festivo. 

M.G.- A los que nos gusta leer hemos disfrutado de esa fiesta precisamente fuera de los planes de estudio.

E.T.- Sí, es un poco triste decirlo así pero muchas veces hay que salir del aula para encontrarte con ese placer de la lectura.

M.G.- El libro recoge tus opiniones sobre autores clásicos y contemporáneos, de tiempos pasados y de nuestra época. Incluso, nos hablas de autores que te son muy cercanos, a ti y a tu editorial, Páginas de Espuma, como Javier Sainz de Ibarra o el propio Andrés Neuman. Algo que preocupa mucho ¿cómo reseñar la obra de un autor-amigo? Creo que si no hay conexión con el texto, puede resultar un trabajo complicado.

E.T.- Es muy complicado. En este caso, son escritores que yo había leído y admirado antes de conocerlos personalmente y de que se estableciera una relación amistosa. La pregunta es, ¿por qué no puedo hablar bien de un libro del que hubiera hablado igualmente bien aunque no fueran amigos míos? Creo que ahí está el punto. Éticamente me parece mal el amiguismo pero también me parece mal el anti-amiguismo, el hecho de que tengas una relación amistosa con un autor no impide que tengas una visión lectora más amplia. Esa relación no debe condicionar que admires un libro cuando es admirable o que lo critiques, si es necesario, en aquellas partes que a lo mejor considero menos logradas. De hecho, hay un autor-amigo al que admiro mucho, a Ricardo Menéndez Salmón, cuyo libro 'El sistema' es una novela que yo considero muy ambiciosa y que me gusta mucho pero a la que le pongo algún reparo. ¿Por qué no?

M.G.- No, si yo estoy totalmente de acuerdo. Pero es una situación difícil porque claro, ¿cómo le dices tú a tu amigo que algo no te gusta?

E.T.- Sí. Es mucho más incómodo reseñar a estos autores que a Tolstoi.

M.G.- (Risas) Mucho más fácil con Tolstoi, que no se va a quejar. 

De todas maneras, de esta recopilación de escritores que recoges en el libro, ¿cuáles son los que te han marcado como escritor?

E.T.- Hay bastantes. En la primera parte que se llama 'Inclusiones tempranas' se recogen esos autores que normalmente se leen en la adolescencia o en la primera juventud, que son los que más te marcan como escritor. Y ahí está Nabokov, Clarice Lispector, Chirbes y otros más, que para mí han sido esenciales a la hora de formarme como escritor más que como lector.

M.G.- Y sé que has retocado algunos textos, ¿esto no es traicionar un poco tu mirada crítica del pasado?

E.T.- Es posible pero creo que es una traición lícita si la hay, porque yo quería escribir un libro que me complaciese a mí ahora, en 2019. Cuando escribes para un medio hay limitaciones de espacio, de tiempo, que a veces te hacen ser más drástico en tus afirmaciones. Ahora que no tengo ese límite, digamos que podía matizar más. No he cambiado el signo de una opinión, no he transformado el sentido negativo de una reseña a un sentido positivo pero sí he intentado matizar más lo que digo y dar precisión porque en estos veinticinco años tengo más información de la que tenía en el momento de escribir aquellos textos. Si esto servía para hacer un libro mejor, ¿por qué no aprovecharlo? Me parecía empobrecedor negarme a eso.


M.G.- Pero por ejemplo, ¿te has encontrado con alguna opinión que escribiste con treinta años con la que hoy en día no estás de acuerdo? Es que a veces pasa que al releer algo después de mucho tiempo, nuestra visión cambia radicalmente.

E.T.- Sí, es verdad que eso ocurre pero, como te digo, no he cambiado radicalmente de opinión pero sí me apetecía matizar más algunas afirmaciones que hacía o bien he modificado algún adjetivo porque he encontrado otro más preciso. Ha sido un trabajo de afinar y pulir.

M.G.- Y la estructura, ¿a qué criterio corresponde? Sé que te ha ayudado Andrés Neuman porque no dabas con la tecla.

E.T.- (Risas) Sí, me dio alguna pista. De repente me encuentro con ciento cincuenta textos sin ninguna jerarquía, sobre autores en español, autores traducidos, con mezcla de épocas, y no sabía cómo estructurar todo ese caos. Fui haciendo ensayos de estructura como seguir el criterio cronológico, aunque este me parecía muy escolar, o el criterio por áreas geográficas pero entonces algunos autores se me quedaban sueltos,... Al final, terminé por comentarlo con Neuman. Él leyó los títulos del índice y me hizo una propuesta, agruparlos por familias. Algunos textos tienen que ver con el arte, otros con otras temáticas,... Digamos que me dio la pequeña sugerencia que necesitaba para entender que no tenía que ser tan rígido a la hora de organizar el libro. Así que, poco a poco, con mucho ensayo-error, los textos se fueron acomodando pero todo de manera muy orgánica. Lo que más me gusta de este libro es que no ha sido nada forzado. Desde que empezó hasta el final se ha ido organizando de manera natural y eso me ha permitido disfrutarlo mucho.

M.G.- 'Herido leve' se trata de un libro que se puede leer, como yo lo he hecho, sin orden riguroso. Uno puede empezar a leer por donde le apetezca.

E.T.- Exacto. Creo que el libro se presta a eso. Tiene una vertiente lúdica. Si a uno le interesa la literatura rusa pues que vaya a esa parte, que picotee, que juegue.

M.G.- Un libro que permite total libertad, sí. Pero me ha gustado leer aquellas reseñas de los 90 y compararlas con las de después del milenio por ver si hay alguna diferencia entre el Eloy de antes y el de ahora.

E.T.- Tiene que haber diferencias, seguro. Quizá creo que aquel Eloy, aquel lector inicial era más entusiasta y a lo mejor más desordenado. En aquellos artículos veo picos y valles. El Eloy lector de ahora es capaz de darle un tono más constante a lo que escribe. Desde la primera palabra a la última parece que todo está al mismo nivel, sea el que sea. Esa es la impresión que me da a mí, aunque ya sabes que todo esto es muy subjetivo.

M.G.- Eloy, para mí tu libro es una guía de lectura. Me has descubierto autores que ni los había escuchado. Por mencionarte alguno, Djuna Barnes. He buscado información sobre ella y advierto que, además de ser guapísima, tuvo una vida apasionante. En ese sentido, tu libro sobrepasa la función mera de recopilación de reseñas. Es una guía para el lector.

E.T.- Me gustaría que este libro fuera un transmisor de entusiasmo. Esto que te ha pasado a ti con Djuna Barnes me parece maravilloso, lo mejor que puedes decirme. Si consigo eso con todos los lectores, me doy por satisfecho.

M.G.- Te pongo este ejemplo pero te podría poner otros tantos. Es cierto que el libro recoge nombres por todos conocidos pero en mi caso concreto, hay muchos que me han picado la curiosidad y de los que he ido a buscar información.

E.T.- Es que esto es lo maravilloso de la literatura. Es interminable y lo que te pasa a ti, me pasa a mí también. De repente oyes o lees el nombre de un autor, sientes curiosidad y comienzas a excavar.

M.G.- Y recopilar todos estos escritos también te habrá supuesto un camino nostálgico sobre tu propia vida, ¿no? No sé si en algún momento la memoria te habrá hecho viajar al punto cronológico en el que escribiste tal o cual texto.

E.T.- Claro. Aunque no soy excesivamente nostálgico, sí he tenido que mirar con retrospectiva y recordar por ejemplo dónde vivía cuando escribí una reseña determinada, con quién vivía... Pero no me ha supuesto una mirada dolorosa sobre el pasado. Ha sido más sorpresa, curiosidad,... A veces me he reído de mí mismo por las cosas que decía y mis ocurrencias. Ha sido gozoso.

M.G.- ¿Y qué autores se han ido quedando en un segundo plano, olvidados por el lector?

E.T.- Christoph Ransmayr es uno de ellos. Publicó 'El último mundo' y 'Los espantos de los hielos y las tinieblas'. Recuerdo que fueron dos novelas que en su momento fueron muy celebradas en toda Europa, a nivel de 'El nombre de la rosa' o de 'El perfume' y de repente, desaparece. De esos he encontrado bastante y que me han hecho pensar en la importancia que a veces se le da a las  cosas. Todo hay que tomarlo con cierto relativismo porque, a lo mejor pasado mañana ha desaparecido. Puede haber escritores que hoy estén en un lugar más marginal pero mañana ocupen un puesto mucho más céntrico. Es una lección de humildad para nosotros mismos.

M.G.- Hay textos que son inéditos. También me he parado a buscar esa comparación entre esos que no han visto la luz hasta ahora y los que se publicaron en medios de comunicación. He sentido que los inéditos están como más escritos para ti, frente al resto que sí se advierte que están dirigidos a un público lector.

E.T.- Si has notado eso demuestra que eres buena lectora. Cuando un medio de comunicación te encarga un texto ya viene de serie la figura del lector. Vas a hablar para alguien. Los inéditos son textos que un día se me apetecieron escribir en un grado de intimidad mayor. Me gustaba la idea de incluir las dos vertientes en el libro.

M.G.- Y de toda la recopilación, ¿por qué desechaste los que has desechados?

E.T.- Algunos por un criterio de calidad porque no me convencían cómo habían quedado y otros porque eran comentarios que en su momento tenían sentido pero que ahora no. Había críticas negativas sobre autores desconocidos y cuyos libros ya no puedes encontrar. No le vi mucho sentido a hablar mal de un autor que ahora no existe y que al lector tampoco le va a aportar mucho.

M.G.- Dicen que leemos más, yo no lo tengo muy claro, pero lo que es evidente es que se publica muchísimo. Esta cantidad ingente de títulos que vemos florecer casi por semana, ¿beneficia a la literatura?

E.T.- Me parece un despropósito que se publique tanto. No lo entiendo. Creo que es un anomalía del sistema editorial español. Que en un país con un nivel de lectura tirando a bajo, se edite esa cantidad supone un contrasentido. Se publica tanto que no podemos abarcarlo todo. En medio de toda esa riada nos perdemos cosas valiosas.

M.G.- Estoy de acuerdo. Bueno Eloy, no te robo más tiempo. A partir de ahora, cuando quiera leer una novela, miraré primero en Herido leve para ver lo que tú opinas y entonces decidiré si lo leo o no (Risas). Muchas gracias.

E.T.- (Risas) Gracias a ti. 


Este volumen va directo a mis libros de cabecera.



Ficha libro

Editorial: Páginas de espuma.
Encuadernación: Tapa dura.
Nº Páginas: 656
Publicación: Marzo, 2019
Precio: 24,00 €
ISBN: 9788-49-8393-255-1
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.







lunes, 22 de abril de 2019

LA FAMILIA BERLÍN de Fede Durán

Resultado de imagen de la familia berlin
Editorial: Reservoir Books.
Fecha publicación: febrero, 2019. 
Precio: 20,90 € 
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 288 
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta. 
ISBN: 9788417511234 
[Disponible en eBook; 
puedes empezar a leer aquí



Autor

Fede Durán (Cádiz 1977) es escritor y periodista. Ha trabajado, entre otros medios, en El País, El Mundo y Expansión. Es autor del libro de relatos Guantes negros (2009) y de la novela La mirada de Mónica Vitti (2012). Recientemente ha sido incluido, junto a otros autores en lengua española de todo el planeta, en la antología generacional Uno más ocho (2016), editada por Reservoir Books. La familia Berlín es su novela más reciente.

Sinopsis

A orillas del Atlántico, parapetado entre acantilados y playas turquesas, se levanta un pequeño pueblo donde la vida se va en contar sardinas, melones y botellas de aguardiente. De entre todos los habitantes del lugar, uno destaca por su ambición. Es Sansón Berlín, el hijo de una modista alegra y un contable triste, que desde su más tierna infancia anuncia al mundo su intención de brillar. La flecha del destino lo arrastrará por medio planeta, de las redacciones de periódico a los escaños del Parlamento, pasando por pegajosos clubs de Las Vegas y las montañas prístinas de Canadá. Sin embargo, clavada en su corazón siempre estará la imagen de una infancia mágica y austera. Y de la dolorosa historia familiar que le hizo huir para no regresar.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Han pasado un par de meses desde que me encontré con Fede Durán para conversar sobre La familia Berlín (puedes leer la entrevista aquí). Por entonces, no había terminado de leer la novela pero sentía que aquella historia tenía algo que la hacía diferente. Sin saber muy bien hacia dónde me conducía aquel argumento, conocí a los Berlín, a Ángel y a su esposa Elsa, a sus hijos Sansón y David, y a todo un pueblo de pescadores que me tenía en constante duda, intrigada por las referencias que me resultaban conocidas y por aquellas otras que me descolocaban. Luego una entrevista se sucedió a otra con sus respectivas novelas, y los Berlín quedaron un poco sepultados entre tanto argumento. Sin embargo, yo quería saber qué futuro le deparaba a aquella familia, qué sería del matrimonio entre Ángel y Elsa, qué le había ocurrido a Sansón Berlín en esta historia que me mecía entre un pasado cercano y sencillo y un presente prometedor, qué sucedería con su hermano David y con tantos y tantos personajes que asoman a la singular novela de Fede Durán. Así que he aprovechado estas vacaciones de Semana Santa para releer lo ya leído y para continuar el camino hacia el desenlace de esta trama que no solo cuenta una historia familiar.

La familia Berlín se podría considerar casi una saga familiar en el sentido más amplio del término. Realmente narra la vida de los diversos miembros de esta familia, siendo el epicentro el joven Sansón Berlín, que ya desde pequeño mostró un agudizado sentido de la selección. Nacido de Ángel, un contable introspectivo y mustio pero especialmente hábil con los números, y de Elsa, una joven modista alegre y luminosa con ideas modernistas que atraían variada clientela a su taller, Sansón fue siempre un niño curioso con ganas de aprender y empaparse de todo lo que le rodeaba, hasta el punto de que algún que otro lugareño consideró al niño un maldito iluminado. Lo tenía claro desde pequeño. Él, que quería ser presidente de la nación, parecía estar marcado por las estrellas. Y mientras su destino va tomando forma, pasará su niñez compartiendo horas de juegos en un huerto cercano con su troupe, con Joselito Caimán, Valentín Bidasoa, Juanito Mohamed y Casimiro Wolfe, cada uno con sus peculiaridades, a quienes Sansón lideraba con carisma. Sus amigos, su madre, su hermano David y su tío paterno Abraham Berlín, un tipo aventurero que marcará su infancia y toda su vida, son los puntales en la existencia Sansón, a los que hay que unir la presencia de Fátima, la prostituta del lugar, figura clave en este entramado.


La familia Berlín permite al lector asomarse al Sansón niño pero, con capítulos alternos e importantes saltos en el tiempo, también podremos ir conociendo su edad adulta, cuando ya ejerce como periodista y publica sus primeros artículos como cronista deportivo hasta que un gran reportaje lo lleva a la cumbre del periodismo político donde tendrá que esquivar ciertos arietes. Cuidado, porque periodismo y política es un matrimonio de reglas estrictas pero Sansón parece un tipo íntegro. Entre artículo y artículo, también escribirá alguna novela. Billy Zoom, la historia de un jugador de dardos ciego, lo colocará en el ejercicio de un cargo importante hasta el momento de su desaparición. 

Efectivamente en La familia Berlín hay desapariciones, muertes, intentos de suicidios, amores, desamores, engaños, decepciones, manipulaciones,... pero no es una novela de suspense, ni un thriller, ni plantea al lector un enigma a resolver. Estamos ante una novela de exploración personal, de volver a las raíces, de búsqueda aunque para ello haya que perderse antes, de recuperar el contacto con la tierra, con lo que fuimos y lo que somos, de ajustar cuentas más con uno mismo que con el mundo. Hay mucho de indagación personal en La familia Berlín que a la vez se mezcla con otras cuestiones de actualidad como la corrupción en el periodismo o el complejo entramado del universo de la política en el que, aquellos que deciden por nosotros quedan más bien arrinconados frente a un enjambre de asesores, ayudantes y consultores que dirigen los pasos y las palabras del cargo público. Y anexo a esto último, la novela también indaga en la pérdida de identidad personal, de intimidad, y de vida.

A lo largo de las casi trescientas páginas que contiene el libro, estructuradas en cuatro grandes bloques, deambularán un amplio elenco de personajes. Como comenté anteriormente, sobresale de todos ellos el propio Sansón Berlín. Será un personaje neurálgico, hilo conductor de una novela con tintes corales, pero se podrían destacar otros que, por un motivo u otro, me han llamado la atención. Nombraría a  Ángel Berlín, ese padre con el que Sansón no parece conectar mucho tras un descubrimiento que escocería a cualquier hijo y que con el lector también tendrá sus más y sus menos. Bajo mi punto de vista Ángel es un hombre perdido. Intenta aferrarse a lo que tiene pero termina perdiéndolo, intenta reconstruir lo que ha destruido y no lo consigue. Serán las únicas cuentas que no le salgan en su vida.

Por otra parte, tendremos a Fátima, una prostituta cuya hermosura marea más que el viento de levante. Ella será el ejemplo del paso del tiempo, de la destrucción, de lo efímero de la belleza pero también será institutriz para Sansón en las cosas de la vida. Fátima es vértice, es ángulo, es hipotenusa. 

Luego está David Berlín, tan distinto a su hermano, tan previsor, responsable y sagaz,... Y la propia Elsa, una madre cuyas decisiones no siempre entenderá Sansón. Y otros personajes,... Y sus secretos. 

Y más allá de todo esto, no cabe duda que una de las bazas fuertes de la novela son los escenarios. Luna Creciente es un pueblo pesquero a orillas del Atlántico, de donde Sansón es oriundo y donde transcurre su infancia. Gracias a las ilustraciones que se incluyen en la novela, el lector podrá hacerse una idea de qué punto geográfico de nuestro mapa ocupa esta localidad ficticia. Hablamos de la provincia de Cádiz, y el por qué de utilizar nombres inventados responde a la necesidad de Fede Durán de desviar la historia de España, de cambiar el devenir de los acontecimientos y crear un relato en el que judíos, cristianos y musulmanes pueden convivir en armonía sin que las distintas creencias de cada uno supongan un grave problema. La familia Berlín es judía, un homenaje a la propia familia del autor con orígenes sefardíes, pero no deja de ser curioso que Sansón, criado por un padre de más o menos estricta observancia judaica, tenga ciertas inclinaciones al cristianismo.



En cuanto a los escenarios, cabría añadir que ocurre lo mismo con otras dos localidades cercanas a Luna Creciente. Tanto Chillida como San Rufián son espacios que, si bien pueden guardan alguna similitud con municipios gaditanos conocidos, son lugares ficticios que, junto al lugar de nacimiento de Sansón, componen un triángulo geográfico en el que caben las consabidas rencillas y rivalidades locales. Pero Luna Creciente permite también al autor hacer una crítica al urbanismo costero, al deterioro de esos pueblos junto al mar, masificados en verano y pisoteados por una cantidad ingente de turistas. Luna Creciente era virgen cuando Sansón corría de niño por sus playas pero no pasarán muchos años antes de que, junto a la orilla, se erijan enormes edificios que rascan el cielo. Algunas reflexiones en esta línea conseguían frenar mi lectura y preguntarme si vamos en la dirección correcta.

No obstante, la novela nos hace viajar también a otros lugares del planeta. Cruzaremos el charco hacia Las Vegas, y visitaremos las montañas de Calgary en Canadá, espacios que mantienen sus nombres intactos y donde tendrán lugar ciertos acontecimientos que no quiero desvelar. Ahora bien, si os hablo de espacios también tengo que hablaros de tiempos. Como he dicho antes, la acción se debate entre el pasado y el presente. Alguna referencia temporal situará al lector dentro de la trama. Habrá sucesos que transcurran en los años 80 y sin embargo, a lo largo de toda la lectura me ha acompañado la sensación de estar leyendo algo ubicado muchas décadas atrás. ¿Qué extraño artificio incluye el texto para hacerme creer algo así? No sabría deciros. Quizá sea la vida en Luna Creciente, quizá sea sus gentes, ese ambigú en el que el pueblo se reúne a debatir mientras toman una copa de aguardiente de Rute o un ligaíllo. Desconozco por qué he tenido esa sensación en todo momento, pero para mí ha sido una novela que en ocasiones me ha hecho volver a mi infancia porque La familia Berlín no es solo la historia de una familia, es también una novela que aborda temas de actualidad, que deja espacio a la fantasía, que a veces puede tener su punto surrealista y que, como digo, a ratos me ha hecho regresar a mis aventuras de niña, a las mañanas de verano, y mis días en la playa oliendo una brisa fresca impregnada de salitre.

Decía Fede Durán en aquella entrevista de febrero, que esta novela es independiente, pero forma parte de un proyecto con dos títulos más de los que aún no sabe si verán la luz. Me gustaría pensar que sí, que tras el Sansón de Luna Creciente, el lector se encontrará con algún personaje de San Rufián y más tarde con otro más de Chillida. Esperemos que sea así. Esperemos encontrarnos de nuevo con Fede Durán.







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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miércoles, 17 de abril de 2019

JUAN DEL VAL: 'Candela es una novela muy pegada a la tierra pero también muy optimista'

Juan de Val se alza en 2019 con el Premio Primavera de Novela gracias a su última novela, Candela editada por Espasa. Su trayectoria literaria pasa por dos libros escritos al alimón con su compañera Nuria Roca, Para Ana (de tu muerto) (Espasa, 2011) y Lo inevitable del amor (Espasa, 2012). Sin embargo, hace dos años se lanzó en solitario con una novela con la que nos sorprendió a todos. Parece mentira narraba la historia de Claudio, un hombre de 46 años que echa la vista atrás y repasa su pasado. En palabras del autor, el 90% de lo que se contaba en aquella novela tenía un trasfondo real y existían muchas similitudes entre el protagonista y el propio autor, de ahí que la faja que acompaña la publicación figurara una frase de Nuria Roca en la que se leía 'Nunca pensé que se atrevería a contarlo'. La verdad es que aquella novela, a priori no me entraba por los ojos, terminó por gustarme mucho porque, como dice del Val, había mucha verdad en ella. 

Lo mismo ocurre con Candela, una novela que narra una historia sencilla con sus complejidades, entretenida pero con reflexiones importantes, cotidiana pero llena de cuestiones profundas. De todo ello hablamos con el autor a su paso por Sevilla.

Marisa G.- Lo primero que te tengo que decir Juan, muchas felicidades por el premio.

Juan V.- Muchísimas gracias. Estoy encantado de que un jurado así, tan prestigioso, haya considerado esta novela como la mejor entre más de mil.

M.G.- Mil ciento veinticinco, si no me equivoco.

J.V.- Es impresionante que la novela cuente con este aval. Estoy muy contento.

M.G.- Además, con un premio cuantioso. No me había fijado anteriormente en la dotación.

J.V.- Es prestigio y dinero, aunque Hacienda entrará a morder pero bueno, eso está asumido. De todos modos, aparte de la dotación económica es más el prestigio, lo que me indica que voy por buen camino. 

M.G.- Vuelves a volar en solitario. Ya lo hiciste con 'Parece mentira', una novela de la que yo recuerdo muchos de sus fragmentos. ¿Cómo funcionó?

J.V.- De maravilla. En la vida, todo lo que somos y todo lo que hacemos es producto de una evolución. 'Candela' es consecuencia de 'Parece mentira' en todos los sentidos, incluso el premio tiene mucho que ver con aquella otra novela. Y si la recuerdas será porque tenía algo que también tiene esta, mucha verdad. Cuando las cosas son verdad, solemos recordar más y mejor. 

'Candela' es pura ficción pero también tiene mucha verdad.

M.G.- 'Candela' es la historia de tres mujeres, de tres generaciones. Son mujeres humildes y con una vida que podría ser la de cualquier persona que te encuentres en la calle, ¿cierto?

J.V.- Sí, así es. La gran protagonista de la historia es Candela, una mujer de unos cuarenta años y efectivamente, hay dos generaciones más, su madre y su abuela, y sí que son mujeres normales, lo que pasa es que yo creo que todos somos bastante extraordinarios. La vida de Candela parece monótona y algo aburrida. Todo se reduce al bar que regenta, que encima no parece gustarle mucho, como tampoco le gusta su entorno, ni las cosas que le pasan. Desde ese punto de vista, puede haber cierta identificación entre ella y los lectores, pero no solo por parte de las mujeres sino por parte de todos, incluidos los hombres. Pero me apetecía contar la historia de un personaje que evolucionase y mejorara muchísimo a lo largo de la novela, sin que hubiera un enorme cambio en su vida. Quería contar una historia de una mujer cuya vida cambiara mucho sin movernos del mismo sitio. Candela es una novela muy pegada a la tierra pero también muy optimista. No hace falta que te toque la lotería, que aparezca el hombre de tus sueños, tener un trabajo maravilloso, ni nada de eso para ser feliz porque todo eso no existe. Candela se da cuenta de que se puede ser feliz y mirar de otra manera su entorno, de una forma mucho más positiva, sin intentar cambiarlo. A lo mejor, todo lo que nos rodea no es tan malo como creemos. Y eso es una de las cosas, entre otras muchas, que me apetecía contar con 'Candela'.

M.G.- 'De vez en cuando, todo empieza de nuevo' es una frase de la novela que podría resumirla perfectamente, ¿no te parece?

J.V.- Esa frase ya la recojo en 'Parece mentira'. Es una de las cosas que Claudio entiende. Él se da cuenta que, aunque parece que todo empieza el día que nacemos no es verdad porque, de vez en cuando, todo empieza de nuevo. La he incluido en 'Candela' para hacerle un guiño a Claudio. De vez en cuando, algunas personas que conocemos o algunas cosas que nos pasan, es como empezar de nuevo.

Estoy muy alejado de todo eso de los 'coach' y de la autoayuda, son cosas que incluso hasta me sientan mal, pero estos mensajes positivos que doy a través de las novelas son otra cosa distinta. Candela, con todas las cosas malas que le han pasado en su vida y las que le pasan, termina por cambiar su mirada hacia lo positivo. Hacer es cambio me parece muy importante. Por eso, cuando tú terminas de leer la novela, estás contenta y alegre, a pesar de la cantidad de cosas durísimas que has leído. Ahora bien, también te has reído. 

M.G.- Efectivamente, hay mucho humor en la novela. Tiene su parte de drama pero también de comedia porque Candela es un personaje divertido.

J.V.- Sí y se puede reír de todo. Es verdad que en esta novela se habla de abusos, de maltrato, de inmigración, de machismo,... de cosas muy duras, pero todo eso puedes verlo de una manera ácida. Siempre digo que nos tenemos que reír de todo lo que nos rodea. A Candela le pasan muchas cosas malas pero tiene un sentido del humor fabuloso, al igual que yo. A la hora de escribir, me tengo que reír aunque también llore. 

M.G.- ¿Pero ha habido más dolor que risa a la hora de escribir la novela?

J.V.- Ha habido de todo. Especialmente ha habido mucha emoción en todos los sentidos, mucha emoción, alguna pena, mucha risa, excitación,... Escribo de una manera bastante compulsiva y lo que me pasa a mí escribiendo es lo que procuro que le pase al lector cuando lo lee. Y a veces hasta lo logro. Es una cosa muy mágica.

M.G.- En 'Parece mentira' te metiste en la piel de un hombre, de Claudio, y ahora eliges a una mujer, ¿cómo ha sido esa transformación?

J.V.- Bueno, lo primero que me gustaría decirte es que este personaje tenía que ser una mujer. Las cosas que le pasan le tenían que pasar a una mujer y es un personaje que está inspirado en mujeres, construido gracias a las mujeres que me rodean. Pero quería escribir la historia en primera persona y por tanto, mientras estaba delante del ordenador, tenía que ser una mujer, sintiendo como siente una mujer, enamorándome, desenamorándome, teniendo sexo, yendo al ginecólogo,... Todo eso. Evidentemente tenía ciertas dudas porque, a la vista está que no soy una mujer, y resulta que lo más importante es que, las mujeres que lo han leído me han dicho que parece increíble que lo haya escrito un hombre, lo que demuestra que he acertado.

M.G.- Pero habrás ido tomando retazos de mujeres que te rodean, imagino.

J.V.- Sí. Todo empieza por algunas conversaciones con una amiga que me cuenta que fue una niña abusada. Me cuenta cosas que me llamaron mucho la atención y, a partir de ahí, escribo de lo que vivo y siento.  Pero sí hay una mezcla de muchas mujeres y de muchas partes de mi vida.

M.G.- Me gusta especialmente la elección del nombre del personaje protagonista. Candela siempre me ha parecido un nombre muy racial, con mucho temperamento.

J.V.- El nombre tiene mucha fuerza. Mira, me ha pasado algo muy curioso. Hay gente que me dice que ve muchas cosas de Almodóvar en esta novela.

M.G.- ¡Pues yo soy una de esas personas! A mí a veces me recordaba un poco a 'Volver'

J.V.- Sí, entre 'Volver' y 'Qué he hecho yo para merecer esto'. Soy un gran admirador de Almodóvar y creo que tiene grandes películas pero es verdad que siendo personas distintas, él un gran cineasta y yo solo un novelista, hay referentes que todos tenemos y de los que no nos podemos desprender. Yo he vivido con muchas poderosas, con madres y abuelas fuertes, de barrio, de pueblos,... Todo eso lo he mamado. Es un universo muy próximo para mí y son de esas cosas de las que escribo. No sé escribir de cosas que no he vivido. No sé hacer ciencia-ficción, bueno no es que no sepa hacerlo es que es un tema que me da igual. No me interesan ni los alienígenas ni los zombis. Y tampoco puedo crear una novela del siglo XVI y me voy a ir a Egipto a documentarme. Me documento en los bares, en la calle, en la vida, por eso 'Candela' es el producto de un barrio, de un pueblo, de un bar, de una forma de vivir.

M.G.- Pero tú cómo la describirías.

J.V.- Candela es un mujer maravillosa que no sabe que lo es. Hay gente que me dice que Candela es feminista pero es que ella no tiene ni tiempo para pensar en eso. Es una mujer maravillosa pero no se da cuenta hasta que no avanza más la novela y entiende que su vida tiene muchas cosas que parecen que son muy malas pero que no lo son tanto.

M.G.- Pero lo mismo, lo que le ocurre es que tiene mucha inseguridad por algo que le pasó en el pasado.

J.V.- Seguramente lo que le ocurrió la marcó pero ella lo afronta desde la distancia, como muchas veces pasa. 

El tema de los abusos a menores es algo que me llama muchísimo la atención. He hablado con muchas mujeres que lo han sufrido y creo que es lo peor que le puede ocurrir a alguien. Sin embargo, creo que es mucho peor todo lo que rodea esos episodios de abusos, que me parecen tremendos, que el hecho en sí. El entorno tiende a silencias estas cosas y esas mujeres, encima, lo viven con culpabilidad. Todo eso me interesaba mucho pero no he querido hacer una novela que trate sobre los abusos y, sin embargo, aparecen y creo que es algo que había que contar de una manera distendida. Y claro que a Candela le marca eso, pero como le puede marcar ser la hija de una señora que lleva un parche en el ojo. Ella tiene vivencias que construyen su personalidad y crece como una adulta que tiene muchísimas virtudes de las que tampoco se da cuenta. En la novela terminará por descubrirse a sí misma y comprender que todo lo que la rodea es bonito, que es producto del amor de su madre, de su abuela, de Fermín,... de toda la gente que la rodea.

M.G.- Candela está rodeada de otros personajes, más secundarios, pero que también tienen su importancia. Por ejemplo, Akanke, una mujer de Mali que trabaja como cocinera en el bar, un personaje que te permite hablar de la inmigración.

J.V.- Si lo piensas, en la novela no hay ni un tema fácil. La inmigración y el racismo también aparecen en 'Candela', pero contado de una manera graciosa como cuando la abuela se encuentra por primera vez con Akanke y le suelta: '¡Es que es muy negra!' Ese comentario no es racista, es simplemente el de una señora de ochenta años poco acostumbrada. De todos modos, el drama de la inmigración es tremendo. 

En 'Candela' cuento la vida de Akanke en un folio y medio y aunque a ella le va bien, lleva sobre la espalda la tragedia de su madre que se quedó cruzando. Este tipo de cosas nos rodean cada día pero parece que no va con nosotros, que no nos incumbe y estamos equivocados. Por eso te digo que 'Candela' es una novela muy positiva, muy optimista, que te deja buena sensación tras la lectura pero aborda cuestiones muy serias.



M.G.- Sí que hay temas de mucho calado pero Juan, tú cuando escribes, ¿qué pretendes ofrecer al lector?

J.V.- Es que yo no soy nada pretencioso. No pretendo nada. Lo único que quiero es que, cuando una persona se enfrente a una novela mía, se lo pase bien, que disfrute, que le enganche, que no le resulte una pesadez. Pero también me importa provocar emoción, por es lo que soy. Así que, si se entretiene y luego además el lector se ríe, se emociona, llora, me siento satisfecho y si encima reflexiona sobre alguna frase o algún pensamiento mío durante un ratito entonces eso sería un gol por la escuadra. Pero yo no quiero reivindicar nada, ni dar lecciones de nada, ni solucionar los problemas sociales,... Simplemente los expongo porque no sé cómo se soluciona la inmigración, pero sé que es un drama, no sé cómo se puede solucionar los abusos ni los malos tratos pero sí sé que son una tragedia.

M.G.- Se pude reflexionar sobre estos temas y también sobre las relaciones porque en 'Candela' hay mucho de relación personal, entre madres e hijas, entre hombres y mujeres,...

J.V.- Siempre me han interesado mucho las relaciones entre madres e hijas, mucho más que las de padres e hijos. Las relaciones de madres e hijas son muy potentes para lo bueno y para lo malo. Una bronca de una madre con una hija, aunque sea por algo tan tonto como comprarse unos pantalones, es algo tan brutal. 

La relación entre Candela y su madre es muy potente. Ella le hace muchos reproches a su madre y con razón, pero es que su madre también le puede reprochar cosas a Candela. Al final, cuando ellas se van dando cuenta de que se quieren mucho y que su relación merece mucho la pena, ya llegan demasiado tarde a algunas cosas pero es igualmente bonito. 

M.G.-  El sexo también vuelve a aparecer en esta novela, como ya lo hizo en la anterior.

J.V.- Claro, es lo que te digo. Si escribo sobre lo que vivo, sobre lo que veo, pues el sexo tiene que estar ahí. Al principio, Candela se enfrenta al sexo de una manera muy lánguida porque tampoco ha tenido mucha suerte, ni le ha dado mucha importancia. Sin embargo, de repente comienzan a pasarle cosas buenas cuando está más receptiva para que le pasen cosas buenas. O a lo mejor es al revés. Sea como sea, el sexo es uno de los detonantes, sin ser el más importante, donde se ve verdaderamente su cambio como persona. 

M.G.- Es curioso que, como mujer de cuarenta y tantos años, descubra lo mucho que le gusta el sexo tan tarde.

J.V.- Es que ella es así. Ha ido viviendo sin prestar demasiada atención al sexo. El primer novio que tiene no servía para nada y luego llegan los amantes. Comienza a descubrir que el sexo le gusta incluso más que la propia persona. En fin, evoluciona en ese sentido.

M.G.- La novela también tiene su punto de suspense porque conoceremos a un personaje un tanto misterioso al principio.

J.V.- Sí, es que juego con todo. La novela tiene su suspense pero también un punto surrealista que me pareció muy divertido.

M.G.- Estamos hablando de mujeres pero es una novela que también cuenta con su elenco de personajes masculinos: el vecino entrañable, el homosexual, el joven karateca, el amante,... ¿Tú te reconoces en alguno de estos personajes masculinos?

J.V.- En todos.

M.G.- ¿En Iván, el karateca también? (Risas)

J.V.- El karateca me parece un gilipollas sideral (risas). Bueno, fundamentalmente me reconozco en Candela, en su madre,... pero te diré que tengo algo de cada uno de los personajes que salen en la novela. Iván es un personaje casi cómico pero que permite abordar el machismo y lo que me parece desolador es que él es muy machista pero su novia también lo es. Esto es algo que seguimos viendo en nuestros días. 

M.G.- Efectivamente, ambos lo son a pesar de su juventud.

J.V.- Ni siquiera la edad tiene algo que ver. El problema no es que los hombres sean machistas y las mujeres lo padezcan. Lo verdaderamente problemático es que los hombres son machistas y algunas mujeres también lo son. Pero bueno, retomando la pregunta, yo me veo en todos los personajes, es que si no, no sabría hacerlo. De algunos tendré más y de algunos tendré menos. De quien más tengo es de Candela.

M.G.- ¿Vas a seguir volando solo? ¿Le has cogido gusto a esto de escribir en solitario?

J.V.- Sí, creo que sí. Además, Nuria no está en esto ahora. Cuando hemos escrito juntos es porque los dos estábamos en eso. De hecho, ya le estoy dando vueltas a la siguiente y de momento, creo que seguiré andando solo, pero nunca se sabe.

M.G.- Compaginar el trabajo que tienes con la escritura, ¿es muy complejo?

J.V.- Es imposible. Cuando me puse con 'Candela' no estaba en el Hormiguero, tenía más tiempo y pasé unas cuantas semanas escribiendo de manera muy compulsiva. Ahora no podría sentarme porque estoy con el Hormiguero y con Alsina por las mañanas, así que para la siguiente tendría que parar un poco el ritmo. De momento estoy disfrutando la promoción de 'Candela'. Cuando termine la temporada del Hormiguero, a ver si a finales de junio, me pudo sentar y pienso qué hago con mi vida y con la siguiente novela.

M.G.- La última vez que nos vimos me comentaste que recibías mucha cultura a través de las películas y las series. Para terminar, me gustaría que me recomendaras algún largometraje.

J.V.- Pues mira, reivindico a Woody Allen a muerte. Cualquier cosa que hace me parece una genialidad. Lamento que se esté haciendo mayor y que ahora no lo dejen rodar pero yo procuro separar su obra de otras cuestiones. Y ya que antes hablábamos de Almodóvar, te diré que tengo pendiente ver 'Dolor y Gloria'. Necesito ir a verla ya. De todos modos, aunque me sigo nutriendo del audiovisual, he leído unos libros últimamente me han gustado mucho como 'Serotonina' de Michel Houellebecq, un francés que es la alegría de la huerta, un amargado, un machista, misógino pero genial. Muy recomendable.

M.G.- Pues todo buena nota, Juan. Gracias por compartir este momento conmigo y te deseo mucha suerte con 'Candela'.

J.V.- Gracias a ti. Un placer volver a coincidir.

Pongo punto y final a esta entrevista que espero os haya resultado interesante. La semana próxima os daré a conocer mis impresiones sobre 'Candela'. Disfrutad de lo que resta de Semana Santa.


Ficha novela

Editorial: Espasa.
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubiertas.
Nº Páginas: 432
Publicación: Marzo, 2019
Precio: 19,90€
ISBN: 978-84-670-5423-1
Disponible en e-Book
Ficha completa aquí.





martes, 16 de abril de 2019

Presentación LLUVIA FINA de Luis Landero

El pasado 19 de marzo tuvimos la suerte de contar en Sevilla con la presencia del autor Luis Landero para presentar su última novela Lluvia Fina (Tusquets). El acto tuvo lugar en la Biblioteca Infanta Elena donde se reunió un buen número de lectores. La directora del centro, Anabel Fernández, agradeció la visita del autor y comentó que cada dos años Landero nos regala una nueva novela que viene a presentar a esta biblioteca. Concretamente, sobre Lluvia fina se ha dicho que es una 'obra extraordinaria que ningún amante de la literatura debe perderse' y mencionó que en la obra resuenan los ecos de 'la prosa cervantina, la perspicacia y la hondura de las novelas de Unamuno o la voz de Faulkner'.

La presentación estuvo conducida por el también autor Daniel Ruiz (Maleza, 2018) quién aseguró que con Lluvia fina 'el lector se siente implicado de principio a fin porque no vemos las cosas como son realmente sino como nosotros somos'. Ruiz considera que Luis Landero es una de las figuras claves de la literatura actual en castellano y que Lluvia fina es 'una novela magnífica y el acercamiento más potente que se ha hecho a la familia como institución pero también como drama.' Recalcó también que en la obra existen muchos ecos literarios y cinematográficos siendo el más obvio el relativo al Ana Karenina de Tolstoi, 'por ese comienzo célebre de considerar que las familias infelices lo son cada una a su manera'. Estamos ante una novela en la que sus personajes podrían ser miembros de nuestra propia familia, en la que se habla mucho de secretos y mentiras, en la que existen muchos silencios y sobreentendidos, que profundiza en la familia, hurga en  sus intestinos provocando un intenso dolor y todo ello articulado a través del diálogo que permite conocer la verdadera relación que existen entre los personajes, 'una verdad que se abre ante los ojos del lector', aseguró Ruiz. 

Tras esta introducción, Ruiz inició un diálogo con Luis Landero quien, tras dar los agradecimientos oportunos, nos explicó el origen de la novela pues, según apuntó el presentador, la novela gira en torno a la idea del hijo pequeño de una familia de tres hermanos de organizar una fiesta para celebrar el ochenta aniversario de la madre. 'Cada uno de ellos tiene una circunstancia personal, hay muy ruido en las relaciones entre ellos y al final la fiesta se convierte en una oportunidad para abrir la caja de los truenos. Al final, todo termina explotando en un ejercicio de sinceridad'. Sin embargo, comentó también que la crítica ha visto en Lluvia fina un trasfondo político como si este asunto doméstico pudiera ser trasladable al mundo de la política. Landero contestó que, efectivamente, le habían preguntado si existía algún tipo de intencionalidad, de metáfora o simbolismo pero él aseguró que solo había querido escribir una novela sobre una familia. Lo explica en el siguiente vídeo.




Destacó Daniel Ruiz, como otra baza importante de la novela, la habilidad narrativa de Luis Landero, asegurando que 'los diálogos se construyen en base a las matriuskas rusas, donde unos están incrustados en otros y estos en otros'. Una estructura de este tipo puede hacer pensar al lector que estamos ante una novela enrevesada pero, por paradójico que parezca, 'es todo lo contrario', afirmó el presentador, 'ya que la forma de escribir es totalmente rítmica y diáfana, muy transparente, como si no se hubiera necesitado la mano del narrador'. Precisamente sobre la estructura, el estilo narrativo, el narrador y sus voces, Luis Landero nos explicó cómo se enfrenta al proceso creativo.




Añadió Landero que en el proceso de escritura es donde el autor se la juega de verdad. 'Uno puede tener una idea muy buena en la cabeza pero lo difícil realmente es escribirla porque con grandes argumentos se han escrito muy malas novelas, y al revés'. Al margen de la idea de partida, también comentó que en la escritura interviene la invención menuda de cada frase, de cada página, 'escenas pequeñas que son como unidades narrativas y que no se pueden planear de ninguna manera'. Confesó que él trabaja con un esquema porque de otro modo se pierde y que además tiene la suerte de contar con una inventiva febril que a veces tiene que refrenar.  'Suelo escribir un folio al día, casi todos los días, pero esta novela ha cobrado vida y ha tirado de mí, hasta el punto de escribir hasta diez o doce folios diarios y porque he parado'. Asegura que la inmersión ha sido absoluta. 


Sobre esos personajes que bien podrían ser parte de nuestra familia, se comentó que poseen una importante educación sentimental, íntimamente relacionada con la familia. Decía Landero que hay personajes como Andrea y Gabriel que sienten un enorme rechazo a abandonar la infancia porque es la época en la que más felices hemos sido, en la que poseemos una enorme capacidad de asombro, un tiempo en el que no conocemos la muerte ni tampoco tenemos constancia del argumento de la vida. El autor confesó que solía animar a sus alumnos a no dejar morir el niño que un día fuimos 'porque nos va a ayudar mucho en nuestro desarrollo intelectual. El asombro es la antesala del conocimiento'. Sin embargo, también advirtió que existe un modo enfermizo de prologar la infancia, que tiene que ver con el fracaso vital, con todos esos proyectos que un día urdimos en nuestra cabeza y que no hemos cumplido, o bien, los hemos cumplido a medias. 'Todo esto genera una gran frustración que solemos proyectar en nuestras relaciones sociales y surge inmediatamente el victimismo. En esta novela, hay personajes que son unos fracasados, como Andrea y Gabriel, que no han cumplido sus sueños y que intentan justificarse constantemente'.

También habló de otro personaje, de Aurora, mujer de Gabriel, 'donde el narrador delega', señaló Landero. Es un personaje al que todos los miembros de la familia cuentan sus secretos. 'Aurora es la clave de la novela porque ella es donde va a desembocar todos los relatos personales de la familia y por eso no quiere que se celebre la fiesta. Tiene miedo de que todos los secretos salgan a la luz'. Según el autor, es el personaje más noble y puro de la novela, 'muy hospitalaria y acogedora, que sabe escuchar y comprender sin juzgar', convirtiéndose en un personaje central en la trama. 

Tal y como el presentador comentó al principio, en Lluvia fina hay muchos silencios, muchas mentiras y muchos secretos. Quiso saber Daniel Ruiz si existe siempre un posicionamiento de la moral en relación con la mentira y cómo el ser humano se relaciona con ella. Luis Landero se pronunció al respecto comentando que la mentira, salvo si es fruto de la cobardía u oculta algún perjuicio severo, es estrictamente necesaria para que podemos medio convivir.




Para cerrar el acto, y también este post, quisiera compartir con vosotros una anécdota muy cálida que me puso los vellos de punta. Entre el público figuraba un señor mayor, sentado bajo un altavoz porque tenía problemas de audición. Fue la primera persona que tomó la palabra tras la intervención de los autores y quiso compartir con los asistentes su experiencia con la literatura de Luis Landero. Con timidez y humildad, comentó que, a su edad, había leído mucho en la vida, que generalmente leía los libros una sola vez; en alguna ocasión, había leído algún título dos veces pero tan solo un libro lo ha leído tres veces, precisamente uno de Luis Landero, El balcón de invierno. 'Es uno de los libros más bellos que he leído en mi vida y que no dejo de recomendar a todo el mundo'. Dijo tener la costumbre de anotar en los libros la fecha en que los lee y en la primera página de El balcón de invierno figuran las fechas 2015, 2016 y 2018. 'En cuanto termine un par de libros más que tengo pendiente, volveré a leerlo y por supuesto, también leeré "Lluvia fina". A mí me pareció uno de los elogios más bonitos que un autor puede recibir de un lector. Y tras, algunas intervenciones y preguntas más, se concluyó el acto. Fue un encuentro muy ameno, distendido porque Luis Landero es una persona muy cercana y divertida.





Ficha libro

Editorial: Tusquets.
Encuadernación: Rústica con solapas.
Nº Páginas: 272
Publicación: febrero, 2019
Precio: 19,00 €
ISBN: 978-84-9066-656-2
Disponible en e-Book y Audiolibro.
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.





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