viernes, 22 de febrero de 2019

EL AÑO DE LOS DELFINES de Sarah Lark

Resultado de imagen de el año de los delfines

Editorial: Ediciones B.
Fecha publicación: febrero, 2019.
Precio: 21,90 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 416 
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubiertas.
ISBN: 9788466664707
[Disponible en eBook;
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Autora

Sarah Lark nació en 1958 en Bochum, Alemania, y trabajó como guía turística, gracias a lo cual recorrió el mundo entero y descubrió su amor por Nueva Zelanda. Desde hace años vive en una granja en el sur de España, donde puede ocuparse de su otra gran pasión además de la literatura: los animales, especialmente los caballos.

Es una autora superventas en más de veinte países gracias a sus conmovedoras  apasionantes sagas familiares ambientadas en países exóticos, todas ellas publicadas por Ediciones B. Su anterior novela, Bajo cielos lejanos, se ha ganado una vez más el favor del público y de la crítica.

Sinopsis

El año de los delfines, la nueva novela de la superventas Sarah Lark, que en esta ocasión nos relata la gran aventura vital de Laura, una madre de familia todavía joven que quiere cumplir su sueño de convertirse en bióloga marina. Para ello no duda en emprender un apasionante viaje, desde Alemania hasta el país de la nube blanca, como guía de una empresa turística especializada en cruceros para atisbar ballenas y delfines. En Nueva Zelanda, Laura no solo descubrirá la inmensidad de la naturaleza marina y la cara oculta del turismo, sino que, sobre todo, se encontrará a sí misma.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Me maravilla la capacidad productiva de Sarah Lark. Según nos contó en una entrevista anterior, escribe muy rápida y el ejercicio de la escritura le resulta muy fácil. De hecho, es habitual que, cuando publica una novela, ya tenga dos o incluso tres a la espera de ver la luz. Y generalmente, todas las que firma como Sarah Lark -recordad que es un seudónimo y publica también bajo otros nombres- siguen un mismo patrón, sagas familiares en las que se mezclan el pasado y el presente y que se desarrollan en Nueva Zelanda, un escenario a través del cual nos acerca a la cultura maorí.

Sin embargo, en esta ocasión, la autora ha optado por introducir ciertos cambios. El año de los delfines, si bien sigue desarrollándose en Nueva Zelanda, deja de lado el componente histórico para adentrarse en una novela de corte mucho más romántico. Además, toda la acción transcurre en el presente, con lo que no hay alternancia de capítulos ni tampoco los típicos flashbacks que nos llevan a épocas remotas. Pero hablemos un poco sobre el argumento.

Laura es una joven alemana de 31 años. Está casada con Tobías, con quien contrajo matrimonio siendo muy joven tras quedarse embarazada de su primera hija Kathi. Más tarde llegaría Jonas. Los niños ya son adolescentes y Laura siente que ha llegado el momento de retomar aquellos sueños que dejó aparcados al convertirse en madre. Como amante de los animales, siempre deseó ser bióloga marina, ha cursado estudios nocturnos que le permitirán acceder a la  universidad y ahora parece que se le presenta una oportunidad única que no podrá rechazar. La empresa Eco-Adventures busca guías turísticos en Nueva Zelanda. El trabajo consistiría en atender a los turistas que deseen realizar excursiones en barco para avistar ballenas y delfines. La idea, que entusiasma a Kathi y Jonas, no parece agradar a su marido y a sus padres. Siendo estos últimos muy conservadores, no ven con buenos ojos que una mujer deje sola al marido con sus dos hijos, que él se tenga que ocupar de todo. A la madre le asusta especialmente que Tobías encuentre la ocasión perfecta para adentrarse en el mundo de la infidelidad. Sin embargo, Laura se mostrará firme, hará las maletas y se marchará a Nueva Zelanda, donde emprenderá una aventura que cambiará radicalmente no solo su vida, sino la de toda la familia. Junto a otros muchos personajes como Kiki, Ben, Steve, Karen, Ralph,... la protagonista conocerá la libertad pues El año de los delfines, además de contar con un toque de suspense, también será una novela de auto-búsqueda. 

Pero como decía al inicio de la reseña, esta nueva novela rompe ligeramente con el patrón de las anteriores publicaciones de Lark. El año de los delfines no me parece una novela que se pueda encuadrar tanto en el subgénero de landscape, aunque Nueva Zelanda sigue teniendo mucho protagonismo. A mí me ha resultado una novela eminentemente romántica y también aventurera, pero creo que el amor, presente siempre en las novelas de la autora alemana, ocupa en este título un espacio mucho mayor que en el resto de sus libros. Y es que, aunque Laura es la protagonista principal, son muchos los personajes que entran y salen del argumento. Hay mucha interactuación entre ellos, la mayoría son jóvenes, están en un lugar paradisíaco y ya se sabe que el roce hace el cariño. El lector será testigo de varias relaciones románticas, algunos simples escarceos y otras con un poso mucho más profundo.

Con respecto al escenario, el país de la nube blanca será de nuevo el lugar en el que la autora enclave su historia. Al margen de ciudades como Auckland o Glenorchy, la acción transcurrirá principalmente en Paihia y la Bahía de las Islas, lugares exóticos sobre los que he buscado información en Internet y cuyas imágenes me han dejado totalmente impresionada. Serán enclaves que podremos fácilmente ubicar en los mapas que figuran en las gualdas del libro, un recurso habitual en las novelas de Lark. No obstante, y respecto a tales ilustraciones, tengo que decir que no todos los lugares que se mencionan en el texto figuran en el mapa. Quizá os parezca una solemne tontería pero soy de esas lectoras que aprovecha todos los recursos que un libro pone a mi alcance, desde los índices, pasando por las ilustraciones, los anexos o los dramatis personae. Por eso, cuando en la novela se hablaba de algún lugar en concreto, me dirigía inmediatamente a la gualda para buscar el punto exacto en el mapa y no todos figuran situados en el mismo. Sé que esto es una nimiedad pero quiero entender que, si incluyes un mapa para que el lector se ubique, deberían figurar todos los lugares que se mencionan en la trama. 

En cualquier caso, en Paihia y en la Bahía de las Islas, Laura vivirá y desarrollará su trabajo de guía turista en los avistamientos de ballenas y delfines, y precisamente por esto, el lector podrá aprender muchísimo sobre estos mamíferos marinos, cómo se comportan las ballenas y los delfines, a qué problemática se pueden enfrentar y qué supone el turismo para su hábitat. Esta temática se impone, esta vez, a todo lo relacionado con la cultura maorí que vimos en sus trabajos anteriores. Si bien es cierto que hay personajes muy importantes que pertenecen a esta cultura, la autora no se adentra en esta ocasión con tanta profundidad en sus tradiciones y ritos pues, según nos explicó en la entrevista que pudimos hacerle (puedes leerla aquí), hay zonas de Nueva Zelanda donde la cultura maorí queda relegada más a un segundo plano. 

Pero El año de los delfines también sacará a la luz otras cuestiones que afectan a Nueva Zelanda y que son un auténtico problema. Por un lado, la superpoblación del ganado en un territorio de poca extensión. El hecho de que exista mucha ganadería repercute en el medio ambiente y se impone el uso de pesticidas que contaminan las cristalinas aguas de los ríos y los lagos. Son cuestiones en las que la autora no ha ficcionado. Ha querido reflejar una problemática que afecta a este entorno, exótico y paradisíaco. No obstante, y aunque en la novela vamos a ver un movimiento ecologista en contra de los avistamientos de ballenas y delfines, la autora nos explicó que la fauna marina no se está viendo afectada por estas actividades turísticas como sí está ocurriendo en algunos puntos de nuestro país, como Tenerife, por lo que esa parte es fruto de la imaginación de la autora. 

'...quizá no deberíamos olvidar que el avistamiento de ballenas es una de las ramas más lucrativas de la industria turística mundial, con unas tasas de crecimiento hasta el doscientos cuenta por ciento en determinados países'. [Pág. 114]

En relación a los personajes, he comentado que Laura será la protagonista principal aunque otros tantos personajes también tendrán su pequeña o gran parte de protagonismo. Laura representa a esas mujeres que tuvieron que renunciar a sus sueños en favor de la familia. Mientras sus hijos han sido pequeños, se ha mantenido ocupada y útil, sin embargo, ahora que son más mayores y serán cada vez más independientes, se siente algo frustrada, lo que repercute en la relación con su marido. Laura es una mujer que busca alcanzar lo que desea, siente que es su derecho, que ha dado todo de sí misma y ahora que tiene un proyecto en mente, no piensa tirar la toalla, a pesar de que no encuentra comprensión en su entorno cercano. Más bien todo el mundo se compadece de su marido por tener una esposa tan díscola. Para ella, su aventura en Nueva Zelanda es una segunda oportunidad que le da la vida para sentirse realizada. Allí llegará a conocerse a sí misma pues el destino la colocó en un puesto de mucha responsabilidad cuando, siendo aún muy joven, se quedó embarazada a los 18 años y tuvo que renunciar a su juventud, poniéndola al frente de una familia, junto a un marido que no se ajustaba precisamente a su ideal de compañero. 

Por su parte, Tobías es muy diferente a su esposa. Panadero de profesión desde muy joven, es un hombre que se conforma con una vida sencilla y no tiene grandes aspiraciones. Para él es suficiente con tener un trabajo que les permita vivir y mantener a su familia cerca, por eso no entiende la actitud de Laura, que quiera viajar tan lejos, estar apartada de él y de sus hijos durante un año, para desempeñar un puesto de trabajo más idóneo para gente joven y sin responsabilidades, donde tendrá que trabajar muchas horas y por una miseria de sueldo. Sin embargo, y a la larga, a Tobías no le vendrá mal la escapada de Laura. Probablemente él también siente que no ha vivido grandes aventuras de juventud por su pronta paternidad y la ausencia de su esposa le deje ver que él también sentía carencias que no había detectado.

Otros muchos personajes pasearán por las algo más de cuatrocientas páginas que tiene la novela. A colación habría que señalar que El año de los delfines es una novela menos voluminosa que las anteriores aunque, todo hay que decirlo, tratándose de las historias de Sarah Lark, nunca me ha afectado el número de páginas. La lectura de sus novelas siempre han fluido a una velocidad muy agradable y con buen ritmo, quizá porque son relatos muy entretenidos, con suspense y misterio, amor, historia y alguna reflexión no excesivamente sesuda. Pero de esos personajes más secundarios -algunos se convertirán también en principales- mejor no os desvelo nada para que podáis disfrutar de la lectura sin conocer muchos detalles.

Estructurada en siete partes tituladas, a lo largo de las cuales se distribuyen capítulos de media extensión, la novela culmina con un epílogo en el que la autora nos desvela en primera persona algunos detalles pues ciertos acontecimientos que transcurren en la trama tienen un trasfondo real. La novela cuenta además con una prosa directa y sencilla, y unas ilustraciones realizadas a carboncillo, no muy abundantes, pero que resultan bonitas y nos permiten poner cara a algunos de los personajes. 

Sin ser la novela que más me gusta de Sarah Lark, -reconozco que Bajo cielos lejanos me impactó más y me pareció más instructiva- la propuesta que la autora nos hace en El año de los delfines me ha parecido entretenida. No soy especialmente proclive al romanticismo en literatura y, para ser sincera, sí he echado en falta ese componente histórico al que la autora nos tenía acostumbrados en sus anteriores libros. Una novela entretenida siempre viene bien pero yo prefiero que tenga algo más, que me enseñe cosas que no sepa y aunque he aprendido sobre ballenas y delfines, me faltó esa parte de cultura maorí que tanto me gustaba descubrir en sus libros. En cualquier caso, y como he comentado, El año de los delfines aúna amor, una pizca de suspense, un lugar bellísimo y aventuras, así que si te gustan estos componentes, te animo a zambullirte en la nueva novela de Sarah Lark.



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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jueves, 21 de febrero de 2019

ALBA CARBALLAL: 'Espero que mi novela tenga una voz propia pero Eduardo Mendoza está muy presente por ser uno de mis escritores favoritos'

La Fundación Gala me toca relativamente cerca. En la familia tenemos a un pintor muy joven, absolutamente espectacular y brillante, paisajista y retratista, que ya apuntaba maneras desde bien pequeño. Pero, a su paso por la Fundación Gala gracias a una beca, su talento se ha disparado. Tras aquella experiencia estuvo un tiempo en Madrid y si no me equivoco, ahora reside en Londres aprendiendo y buscando su espacio. Sus cuadros son impactantes.

Y precisamente sobre la Fundación Gala estuve hablando la semana pasada con Alba Carballal, una joven escritora, también becada por la Fundación, que acaba de publicar novela con Seix Barral. Tres maneras de inducir al coma es una historia que no tiene desperdicio. Con reminiscencias a grandes voces literarias de este país, la autora crea a unos personajes curiosos y construye una sátira que deposita sobre una película de humor bajo la que subyacen temas de hondo calado. Os hablaré pronto de la novela, que he terminado con posterioridad a esta entrevista. Mientras tanto, os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Por ponernos en antecedentes Alba. En 2016 recibes una beca de la Fundación Antonio Gala. ¿Cómo resultó la experiencia?

Alba C.- Para empezar, que me dieran esa beca fue una auténtica sorpresa. Yo no había publicado con anterioridad. Llegué con un proyecto, avalado por Antonio Muñoz Molina al que conocí por casualidad y al que mostré algunos escritos míos que le gustaron. Poco más, no es que esa conexión me sirviera para acceder directamente a la beca. Así que cuando me llamaron de la Fundación, me llegué una sorpresa enorme.

La experiencia para mí ha sido como el paso de una afición a una profesionalización. En la Fundación aprendes muchas cosas sobre este mundo, qué es un editor, un agente,... porque tú te pones a escribir en tu casa y desconoces todo lo demás. Y vivir allí, durante todo un año, con otras trece personas que hacen de todo, que son unas máquinas, músicos, pintores, poetas,... Una experiencia muy fructífera y muy enriquecedora.

M.G.- ¿Pero cómo es la mecánica? A ver, tú te levantas y te pones a escribir, el que pinta se pone a pintar... ¿cómo funcionáis allí?

A.C.- La beca es de residencia y mecenazgo pero luego el tiempo lo administras como quieras, salvo lo que Antonio Gala llama 'las fecundaciones cruzadas', es decir, sesiones críticas sobre el trabajo de uno de los compañeros. Cada semana le tocaba a uno y el resto de compañeros opinaba sobre lo que le parecía mejor o peor de su trabajo. Y luego están las visitas de otros creadores. A esos encuentros también hay que asistir. En nuestro año nos visitó Palmira Márquez, una agente literaria que ahora me lleva a mí, editores, escritores,... Pero, aparte de eso, vas por libre. Hay gente que trabaja por la noche y durante el día no se le ve el pelo, o al contrario. Yo era muy callejera. Necesitaba salir a la calle, ver gente,...

M.G.- Esta es tu primera publicación pero has comentado que le diste a leer algunos textos a Muñoz Molina. Entiendo que tienes más cosas escritas y guardadas en el cajón. 

A.C.- Tengo relatos pero creo que son muy malos. Luego tengo algunos escritos técnicos. Soy arquitecta y he escrito en revistas especializadas sobre arquitectura y urbanismo. Algún ensayo también hay pero novela, hasta ahora, ninguna. Y sin embargo es donde me siento más cómoda. Me defiendo mejor en las distancias largas. 

M.G.- La primera novela y encima con Seix Barral. Esto fácil no es. 

A.C.- He tenido mucha suerte. Mi editora se enamoró del texto, le gustó mucho y me dio la oportunidad de mi vida. De hecho, mi agente me comentó que empezaríamos por Seix y ya iríamos bajando.

M.G.- No has tenido que bajar mucho (Risas).

A.C.- Pues no (Risas).

M.G.- Bueno, en 'Tres maneras de inducir al coma' narra las aventuras de Federico, un cuarentón sin oficio ni beneficio, que de repente se ve metido a detective. Natalia, otro personaje, lo contrata para vigilar a su padre por unas cuestiones que no vamos a mencionar. ¿La idea nace en la propia Fundación o es parte de ese proyecto que tú envías como carta de presentación?

A.C.- Bueno yo presenté los dos primeros capítulos de la novela, acompañados de la idea que pretendía, por dónde iba a ir. Luego esa idea no tuvo nada que ver con lo que salió al final porque la estancia en la Fundación te va contagiando y va cambiando el curso de tu creación. Creo que es algo natural. 

De todos modos, no tenía muy claro cómo iba a ser el final. Escribo a base de intuiciones. No tuve nunca la trama totalmente planificada, como mucho, trabajo con esquemas pequeños, pequeñas secuencias. 

M.G.- Entiendo. Y Federico, ¿no es un poco caricaturesco? ¿Tú cómo lo ves?

A.C.- Hay algo de eso, sí. También tiene algo de Ignatius Reilly, de J.K. Toole,... un tipo mal vestido, un perdedor,... Sin embargo, también es un personaje con el que puedes empatizar porque no es excesivamente excéntrico. El lector puede pensar que, si se deja ir unos diez años, lo mismo termina pareciéndose a él. Creo que al final se puede entender por qué hace lo que hace, por dónde va, por qué no tiene aspiraciones,... 

M.G.- Sí, sí... yo lo veo también así. Y en cuanto a Natalia, una mujer transexual, no sé si te has inspirado en alguien para crear el personaje. A mí inevitablemente se me venía a la cabeza ciertas personas conocidas.

A.C.- No, no,... Natalia es una mezcla de mucha gente. Para crear a los personajes siempre parto de gente famosa o no, de gente cercana o no tanto, voy tomando características de unos y otros, que luego moldeo y transformo. En el caso de Natalia, me he basado en gente que no es transexual. Físicamente me recuerda un poco a Mónica Naranjo y el hecho de que sea transexual me sirve para dos cosas, la primera para demostrar que se puede crear un personaje muy cabrón aunque pertenezca a una minoría. ¿Por qué tenemos que hacer personajes planos? Natalia no es el personaje transexual de mi novela, es un personaje que resulta que, además, es transexual, pero también tiene otras peculiaridades. Es muy vengativa, tiene muchos problemas en su familia, ha tenido falta de cariño,... Que sea transexual es una característica más pero no es lo central del personaje.

La segunda, con el personaje he querido incidir en la importancia de empezar a interiorizar que la gente es diversa y diferente. No es tan raro, ¿no? No hay que magnificar tanto estas cosas...

M.G.- Darle naturalidad, por su puesto. Hay tantos personajes como personas, y tantas personas como identidades.

A.C.- Sí, eso es. Que Natalia sea transexual es un elemento que define ciertas aspectos de su personalidad como le ocurría a cualquiera que tuviera que pasar por algo tan potente como es una transición de género pero más allá de eso, es un personaje al que quise dar profundidad, que tuviera sus luces y sus sombras porque tiene un punto muy oscuro, ¿por qué no lo iba a tener? ¿Solo por ser transexual? Si es que ahí, radica también la verdadera igualdad.


M.G.- Visto así, tienes toda la razón. En cualquier caso, la novela es una sátira, hay mucho humor pero has comentado algo sobre Federico con lo que estoy totalmente de acuerdo. A mí es un personaje que a veces me ha inspirado mucha compasión. No sé si el tono humorístico se mantiene a lo largo de toda la novela.

A.C.- Es algo sinusoidal. Hay un tono de comedia que no nace de lo que pasa porque no es nada divertido. Lo que ocurre es que hay una gran diferencia entre lo que sucede y cómo lo cuenta Federico, un tipo muy pedante. Es un personaje que de repente tiene una voz muy grandilocuente, muy exagerada, muy académica y en realidad es un pringado. Pues en esa diferencia de cota es donde radica el humor. Pero en el fondo, si lo piensas, la novela es bastante dramática. De hecho, en una de las sesiones, me vino un compañero de la Fundación, Dimas Prychyslyy, un poeta que ganó el Valencia Nova el año pasado, diciéndome que había escrito algo muy triste. Se refería a una escena en la que los personajes van a un restaurante chino en Nochebuena. Realmente es algo muy penoso.

M.G.-  Efectivamente la novela tiene más trasfondo del que aparenta porque los personajes no tienen una vida precisamente para reírse, pero cambiando de tema, me gustó muchísimo el narrador, el que podríamos considerar principal. Es sarcástico, crítico, ácido, pero en relación a la voz narrativa, nos planteas un juego.

A.C.- La voz narrativa siempre me ha interesado. Muchas veces leemos novelas que, aunque están escritas en castellano, parecen más bien traducciones del inglés, resultan planas e insustanciales. Yo quería escribir una novela con personajes que tuviesen un voz característica. He jugado mucho con Federico y Natalia, los dos personajes principales, he querido trabajar mucho sus voces, hacerlas muy diferentes. El está contando la historia como si fuera un periodista, ella habla consigo misma; él es mucho más ordenado, ella es muy contradictoria, muy extremista. Y luego está la voz de la madre de Federico, que sale solo al final pero que es la que ayuda a que todo encaje.

M.G.- A mí la voz de Natalia me ha encantado. En esos fragmentos en los que conversa consigo misma, la veía delante de mí, gesticulando.

A.C.- Es muy divertida. Le debo mucho a Eduardo Mendicutti, un gran creador de voces femeninas, muy flamencas, muy kitsch, muy hortera, con un puntito macarra, porque Natalia es muy macarra.

M.G.- La estructura que has usado para desarrollar la historia también me ha parecido muy interesante. Tiene algún componente cinematográfico.

A.C.- Sí, es verdad. Generalmente me salen capítulos muy cortos, son como escenas. Normalmente cuando cambio de localización es como si la cámara girara. Entonces, corto y me voy a otro capítulo. Me sale de forma natural.

Luego me di cuenta que hay como un orden superior, una especie de agrupación en secuencias. Los capítulos se van agrupando en bloques, tienen sentido juntos y los uno bajo un título que emula a la novela picaresca. Esas secuencias se componen de diversas escenas de Federico y una de Natalia.





Todo fue muy orgánico aunque te lo esté contando de manera ordenada. Me salieron además tres partes que corresponderían a la estructura clásica del planteamiento, nudo y desenlace, solo que en mi novela sería planteamiento, nudo, nudo y luego un desenlace un poquito especial. Es verdad, que esta articulación en tres partes marcan el tono de la novela y hacen un homenaje a la novela picaresca pero también me sirve para hacer un homenaje a la novela kitsch, pastiche,... En realidad he mezclado muchas cosas. Hay partes que son guiones de televisión, monólogos interiores, todo ello combinado con referencias a series de Tv, a novelas, o canciones,... 

M.G.- Hay mucho dinamismo.

A.C.- Sí, con esta estructura intento demostrar que todo lo que recibimos, todos nuestros 'inputs' salen a la luz. Luego lo podemos camuflar y decir que nos hemos inspirado en Rayuela de Julio Cortázar,... No es verdad. Es muy deshonesto hacer una división entre alta y baja cultura y dejar unas cosas fueras. En mi educación sentimental, para mí ha sido tan importante un libro de Alejo Carpentier como un volumen de Harry Potter. Es así. Quien diga lo contrario miente. Todo esto lo he demostrado incluyendo citas tan dispares.

M.G.- Llaman la atención, sí. Es una mezcla curiosa con canciones de Antonio y Nacho Vega, Ismael Serrano, fragmentos de guiones de películas de Almodóvar,... Es muy atractivo.

Pero hablemos de Madrid, ciudad donde transcurre la historia. Está muy presente y el lector, si camina parejo al personaje, va recorriendo la ciudad.

A.C.- Es algo intencionado y con lo que estoy muy contenta. Estuve tentada de recortar algunas escenas porque hay capítulos que simplemente son un paseo por Madrid. Bueno, solo eso no, son paseos que van acompañados por las reflexiones del personaje, a raíz de los sitios que va recorriendo. Pero no me gusta tampoco catalogar la ciudad como personaje literario aunque en este caso, Madrid determina la acción. Esta novela no podría suceder en otro lugar o sí, pero pasarían otras cosas distintas. Madrid es una ciudad que tiene mucho carácter, muy propicia para situar a este tipo de personaje, tan perdedores, porque es una ciudad muy polarizada, con muchos ambientes de ganadores y otros de perdedores. Y luego es una ciudad que tiene un punto kitsch o flamenco, algo que se ve fenomenal en la serie 'Arde Madrid' de Paco León. Es fantástica. 

M.G.- Efectivamente hay paseos con reflexiones y críticas. Y precisamente hablando de Madrid, se critica esos lugares que han sido espacios comunes y mundanos y que ahora se han convertido en centros de devoción, muy snob, donde todo es carísimo como los típicos mercados reconvertidos en centros de ocio. Que está muy bien pero se abusa bastante.

A.C.- Sí. Por ejemplo, Federico compara mucho el Chueca de su juventud con el Chueca actual, que no tiene nada que ver con el que él recuerda. Probablemente, el barrio ha mejorado mucho pero en ese proceso de mejora también se ha expulsado a los vecinos del barrio. Eso, por no hablar de las viviendas de Airbnb. Los barrios céntricos de las ciudades, que han sido lugares de vida en común se están convirtiendo a pasos agigantados en lugares hechos para el turista, desparecen los supermercados y aparecen tiendas de souvernirs,... Es una realidad triste. A mí me preocupa esta deriva. Y claro, todo eso lo he querido reflejar en la novela porque además, como arquitecta y urbanista, lo tengo muy presente.

M.G.- Hay bastante crítica en la novela, algo que se agradece pero hablando de los referentes literarios que menciona la sinopsis, he notado, casi sentido, en el texto a Eduardo Mendoza. 

A.C.- Sí, sí, es así. Empecé la novela, y te lo digo tal cual, cogiendo 'El misterio de la cripta embrujada'. La desmenucé hasta casi lo enfermizo, casi frase por frase, para intentar averiguar cómo Mendoza hace lo que hace, y lo hace tan bien. A partir de ahí, cuando tú imitas de algún modo, inevitablemente lo haces tuyo, lo transformas, lo conviertes, le das tu sello, aunque siempre queda algo de poso. Espero que mi novela tenga una voz propia pero Eduardo Mendoza está muy presente por ser uno de mis escritores favoritos, lo leo desde que era muy pequeña. Es mi forma de aprender a escribir, leyendo a gente que me parece buena.

M.G.- Has mencionado antes ese desenlace peculiar que yo solo he ojeado porque sabes que todavía no he terminado de leer la novela. ¿Se podría decir que ese desenlace explica el título? 

A.C.- No es que explique el título pero sí hace referencia, se le da esa vuelta de significado metafórico. Ese desenlace tiene que ver con una forma de ver el mundo un tanto politizada o convertida casi en esperpento, desde esta moral tan opresora que a veces nos condiciona tanto la vida. 

El final se divide en dos partes y cada una de ellas en tres capítulos. La primera  se titula 'Tres cosas hay en la vida' y se divide en 'Salud', 'Dinero' y 'Amor'. Son cosas de las que se hablan constantemente en la novela. El dinero está muy presente, también la salud y el amor, aunque sea de un forma muy perversa. Son las tres cosas que vertebran el relato y casi todos los relatos, no solo el mío. En esa canción popular hay mucha más filosofía que en un tratado griego. Ahí está condensado lo que le interesa a la mayoría de personas. Y luego está la segunda parte del desenlace que lleva el mismo título que la novela y cuenta con tres capítulos 'Palabra' 'Obra' y 'Y omisión', de la que mejor no decir nada.

M.G.- Has mencionado grandes nombres de la literatura pero es verdad que la gente joven estáis haciendo un trabajo espectacular. De tu generación, ¿destacarías algún nombre?

A.C.- Hay gente muy buena escribiendo. De menos de cuarenta años, Juan Gómez Bárcenas me parece un escritor brillante. Me gusta mucho el poeta Javier Vicedo, que también ha salido de la Fundación Gala, María Zaragoza en el género fantástico, Dimas Prychyslyy fue compañero mío y es un poeta bestial. Javier Padilla acaba de ganar ahora el Premio Comillas con una biografía de Enrique Ruano, un militante antifranquista. Todavía no se ha publicado pero he tenido la oportunidad de echarle un ojo y es fantástico. O Cristina Morales que acaba de ganar el Herralde con un libro espectacular. Hay gente realmente buena haciendo cosas, y entre esa gente, muchas mujeres.

M.G.- Doble alegría entonces. Alba, no te robo más tiempo. Te deseo toda la suerte del mundo. 'Tres maneras de inducir al coma' es una novela que me está gustando mucho. Espero verte pronto con la próxima.

A.C.- Bueno, espero que sí. Muchas gracias.

Ojito al nombre de Alba Carballal. Ojito a los nombres de la gente joven que está escribiendo y lo hacen de manera fabulosa. Son el futuro de la literatura y hay que apostar por ellos, especialmente cuando te encuentras con historias tan bien urdidas como la que contiene 'Tres maneras de inducir al coma'. Os hablaré pronto de ella. 




Ficha novela

Editorial: Seix Barral.
Encuadernación: Rústica con solapas.
Nº Páginas: 288
Publicación: Febrero, 2019
Precio: 18,00 €
ISBN: 9788432234644
Disponible en e-Book

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miércoles, 20 de febrero de 2019

LA REINA VICTORIA Y ABDUL (DRAMA - 2017)

Año: 2017

Nacionalidad: Reino Unido.

Director: Stephen Friars.

Reparto: Judi Dench, Ali Fazal, Stephen Graham, Adeel Akhtar, Paul Higgins, Michael Gambon, Tim Pigott-Smith, Olivia Williams, Robin Soans, Jonathan Harden, Sukh Ojla, Kemaal Deen-Ellis.

Género: Drama.

Sinopsis: Abdul Karim, conocido como 'El Munshi', se convirtió en siervo de la reina Victoria en el año 1887. Después de que el joven se ganase el afecto de la monarca, terminó siendo su secretario personal y confidente durante los últimos años de vida de la reina, algo que no fue bien recibido dentro de la Casa Real.

[Fuente: Filmaffinity]


Encontré mis notas, por fin. Acudí al estreno de La reina Victoria y Abdul en su momento y a la salida del cine anoté brevemente las impresiones que su visionado me había provocado. Era una pequeña hoja de papel a la que le perdí la pista y que he encontrado recientemente. Recuerdo que la película me gustó bastante, una historia original, que desconocía por completo, así que, no me he resistido a hablaros de ella. 

Basada en la novela de Shrabani Basu, 'Victoria y Abdul: la historia verdadera del confidente más cercano de la reina' de la que creo que no hay traducción al castellano, mucho sabréis que La reina Victoria y Abdul narra la relación que la monarca mantuvo con un joven musulmán de 24 años, al que conoció el día que se conmemoraba el 50 aniversario de su coronación. Según se nos cuenta en la película, se quiso obsequiar a la reina, como emperatriz de la India, con un mohur, una moneda conmemorativa que sería entregada por dos jóvenes hindúes- Abdul y Mohamed-. Para el primero, el encargo recibido y el viaje a Inglaterra supone una experiencia única, mientras que para su compañero de aventura, aquella misión era solo una molestia. Abdul, fascinado por todo lo que ve a su llegada a Inglaterra, y nervioso por el momento de hacer la entrega del mohur a la reina, no pude refrenar su impulso. Aunque lo tiene prohibido, mirará a los ojos a la soberana y le sonreirá. Aquel gesto sencillo despertará la curiosidad de la reina que, harta de las costumbres de la Corte y de tanta falsa adulación, convertirá al joven hindú en su lacayo personal. Comienza así una relación que traerá de cabeza a todo el séquito real, así como a los hijos de la reina, que no dan crédito a la unión que se gesta entre monarca y sirviente. Considerado como un escándalo que puede acarrear consecuencias políticas, todos se empeñarán en desprestigiar a Abdul y apartarlo de la soberana pero solo conseguirán el efecto contrario. Y no os cuento más. Dejo que descubráis por vosotros mismos cómo se desarrolló la relación entre el joven y la reina Victoria, por qué baches pasó aquella amistad y cómo acabó.

Pero de la relación entre ambos se habló mucho a raíz del estreno de la película. Parece ser que todo se mantuvo oculto hasta que aparecieron los diarios personales de Abdul en 2010. En algunos foros se ha insinuado que aquella relación no fue tan inocente y que el joven en realidad era el amante de la reina. Nada de ello se muestra en este largometraje, aunque sí se hace una pequeña alusión a John Brown, un antiguo sirviente escocés fallecido mucho tiempo atrás y que la monarca no olvida como no se olvida un amor. Pero en la película, el guion se centra en mostrar a dos personas que forjaron una amistad sincera. La devoción, sinceridad, naturalidad y espontaneidad de Abdul llega a conquistar a la reina. Él será el único motivo de la monarca para levantarse con ilusión, cada vez más interesada en la cultura del joven. La corona le pesa demasiado después de tantos años, se siente enjaulada y rodeada de gente a la que solo mueve el interés, incluido sus hijos. Abdul es el único que permanece a su lado sin obligación alguna, sin pedir nada a cambio. Y en respuesta a su lealtad, la reina lo colma de honores, gesto que alterará a todos los que la rodean. 

El reparto está encabezado por la maravillosa Judi Dench. Increíble el trabajo que hace enfundándose en los reales vestidos de Alejandrina Victoria con más de ochenta años.  La actriz, que no será la primera vez que interprete a la reina Victoria - dio vida a la soberana en Mrs Brown y el título de la película tiene mucho que ver con algo mencionado anteriormente-, hace una estupenda pareja con el muy desconocido Ali Fazal en el papel de Abdul. La química entre ellos da como resultado una fórmula sólida que se mantiene a lo largo de todo el metraje. Pero, a pesar de que él está a la altura, en lo cómico y en lo dramático, Dench se come la pantalla. No debe ser fácil moverse con tanto ropaje ni meterse en la piel de una mujer que gobernaba medio mundo, siendo la soberana más longeva de la Historia, pero ella saca su brío, se muestra desafiante y mantiene la mirada fija frente a todos aquellos que quieren rebatir sus decisiones. Maravillosos primeros planos para una actriz que es una auténtica soberana del celuloide.

Tampoco hay que dejar atrás el trabajo de Eddie Izzard, encarnando a Bertie, o a Eduardo VII, que sucederá a su madre al mando de la monarquía británica tras el fallecimiento de esta. En sus diálogos recae cinismo y sarcasmo. Y muy elogiosa también será la interpretación de Michael Gambon, como Lord Salisbury, o de Paul Higgins como el doctor Reid, aunque la participación de Olivia Williams queda muy ensombrecida.  

La reina Victoria y Abdul contiene bastantes toques cómicos y el espectador sonreirá tímidamente frente a las ocurrencias del hindú, con su ingenuidad y su bonhomía. Sin embargo, toda esa comicidad quedará barrida por el drama en los últimos minutos, cuando el sueño de uno y otro sea pisoteado y humillado por los que siempre miraron con malos ojos la relación de la soberana con el joven. Y entre humor y drama, la película contiene un parte de crítica, a la colonización, al supuesto mundo civilizado, al racismo,... No diría que son los puntos fuertes del largometraje porque, a mi juicio, creo que el filme simplemente pretende más mostrar la existencia de una profunda amistad - o lo que fuera que llegó a ser - y desconocida para el gran público. Pero para contar esta historia no se escatima en recursos e imagino que tampoco en presupuesto. Se nota a leguas que es una producción británica en la que la fotografía, la banda sonora y la ambientación son inmejorables. Eso por no hablar del fastuoso vestuario. Impresionante. 

En definitiva, La reina Victoria y Abdul es un homenaje a una bonita amistad entre dos personas, no importa que una fuera la cabeza visible de la iglesia británica y el otro un musulmán. No importa que una tuviera ochenta años y el otro no alcanzara los treinta. Creo que todo eso es lo de menos cuando tus actos son sinceros. A mí me ha parecido una propuesta interesante que desarrolla una historia hermosa a ritmo cadencioso pero sin aburrir.






Tráiler:


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martes, 19 de febrero de 2019

ELISA LEVI: 'Lo malo de mi generación es la crítica continua'

Cada vez me gusta más hablar con gente joven, empaparme de su forma de vida, de su corriente de pensamiento y de su punto de vista. En ocasiones, me he encontrado con declaraciones y reflexiones de adolescentes, jóvenes en transición, que han sido como un fogonazo, como un rayo fulminante que tambalea mis propios criterios y me coloca en otro ángulo desde el que contemplar la vida bajo otro prisma. Son mujeres y hombres que hace tiempo salieron del huevo, con pensamiento propio y algo que decir. Me ocurre con frecuencia y me ha ocurrido también con Elisa Levi, la joven de la que la solapa de Por qué lloran las ciudades, dice que 'nació en Madrid en junio del 94 y ese mes fue muy frío para ser verano. Ha peleado con su cuerpo, ha tomado prozac ha bebido y ha fumado. Ha escrito poesía y teatro. Ha abandonado un curso becado y ha cambiado su apellido para tomar las riendas de su identidad. Le gustaría haber sido amante de Isabel I, pero nació en la época que no era y a cambio ha escrito sobre su generación'. La autora de Por qué lloran las ciudades nos visitó hace unos días para presentar su primera novela. 

Marisa G.- Elisa, ¿por qué esta presentación tan atípica que aparece en la solapa?

Elisa L.- Porque, ¿hasta qué punto se tiene que saber de mí o hasta qué punto debe primar más el relato? Invierto tanto tiempo en la creación de la historia y de los personajes que prefiero que lo que se cuente de mí sea algo liviano.

M.G.- Pero tienes que reconocerme que hay datos muy curiosos.

E.L.- Sí, lo son pero con ellos nos llegas a saber nada de mí. 

M.G.- Bueno, que te gustaría ser amante de Isabel I, sí (Risas).

E.L.- Es un dato que le di a mis editores, algo muy anecdótico. Decidieron ponerlo y me ha hecho gracia pero hasta ahí 

M.G.- En principio, tu primera incursión en la literatura fue con poesía y con teatro. Me gustaría saber si tu poesía sigue la misma línea de la poesía que hace la gente joven actualmente, muy cercana, melódica, muy accesible.

E.L.- No tanto. La gente de mi generación que ahora mismo está haciendo poesía también está muy vinculada con las redes sociales, con la crítica social y en mi caso, no parto tanto de la crítica social cuando hago poesía, sino que parto de un sentimiento propio para llegar a lo general. Ellos lo hacen al revés, parten de algo general para llegar a lo más íntimo. En ese sentido, no encajo tanto dentro del mundo de la poesía actual y por eso decidí retirarme un poco. Como poeta ahora mismo no tengo mucho más que decir. La poesía llega en momentos puntuales de la vida y ahora mismo estoy en otra cosa.

M.G.- ¿De ahí tu decisión de saltar a la narrativa?

E.L.- Sí. Aunque también se debe a que necesitaba otro formato para lo que quería contar. Un poema se me quedaba demasiado corto. Necesitaba narrar una historia y adentrarme en la vida de unos personajes, y para eso, la poesía no me servía. El salto fue muy natural.

M.G.- En cualquier caso, este libro sí contiene poesía. 

E.L.- Sí. Para mí ha sido un reto porque he trasladado un sentimiento muy personal a la voz de un personaje. He tenido que adaptar mi poesía a la línea de pensamiento de un personaje concreto.

M.G.- Lo que haces en esta novela es contar la historia de Ada, una joven de veintiocho años que tiene que viajar urgentemente a Tokio porque su mejor amigo se ha suicidado. Abordas temas tan profundos como la amistad, la muerte, el amor,... ¿qué otras cuestiones planteas en el libro?

E.L.- Aparte del amor, la amistad y la muerte, temas todos ellos muy relacionados porque el amor lo engloba todo, también hablo del paso hacia la madurez. Esto prima mucho en el libro porque la protagonista se va haciendo preguntas, se va cuestionando su pasado, su futuro o su presente, a través de ese viaje que hace a Tokio. Es el momento en el que Ada deja de ser una niña o una mujer joven para convertirse en una adulta a través de un golpe fuerte como es el suicidio de una persona tan cercana a ella.

M.G.- El paso de una etapa a otra está muy idealizado, ¿verdad?

E.L.- Sí, sí,... Y parece que tiene que ser muy fácil y muy rápido, y realmente te encuentras que tienes que asumir la vida, que eres adulto, que en realidad estás solo, que tienes que tener un criterio, unas ideas claras,... Es una transición que te puede llevar mucho tiempo. El hecho de que la sociedad te imponga que tienes que ser adulta de hoy a mañana, que hoy tienes diecisiete pero mañana tienes dieciocho, que ya eres mayor,... todo eso genera mucha ansiedad e incertidumbre.

M.G.- La homosexualidad está presente también en tu novela. Mucha gente de mi generación sigue sin entender que cada uno puede tener la identidad sexual que quiera. Me gustaría soñar que en tu generación no existen ya ningún tipo de prejuicios. ¿Es así?

E.L.- En el entorno en el que me muevo hay bastante libertad sexual. Poco a poco vamos quitando las etiquetas y no importa si te atraen las personas de un sexo u otro. Siento que es como un paso muy grande que estamos dando hacia la libertad y agradezco mucho que mi generación esté avanzando en ese sentido. En la novela, trato la homosexualidad de manera independiente a los juicios de valor.

M.G.- ¿Y la familia, Elisa? ¿Os consideráis más individualizados y no como parte de un núcleo familiar?

E.L.- Conozco mucha gente de mi generación que ha tenido que irse fuera a trabajar o a estudiar, así que nos hemos visto un poco obligados a generar nuestra propia familia, en torno a gente que íbamos conociendo en el camino. El núcleo familiar ha ido cambiando. Creo que ahora prima mucho eso que se suele decir sobre que la familia no la eliges sino que viene impuesta y que los amigos son la familia que eliges. Yo realmente lo siento así. Siento que mis amigos son casi mis hermanos, son la familia que he elegido, y los quiero más que a muchos miembros de mi propia familia. Esto es un nuevo concepto de familia que se está gestando desde hace mucho tiempo, que ahora está aflorando, y que me parece muy sano. 

M.G.- Tu novela se puede entender como una ventana que se asoma a tu generación. ¿Has querido hablar de vosotros desde diferentes ángulos a través de la historia?

E.L.- No lo he hecho conscientemente pero creo que, sin querer, he mostrado la actualidad en la que yo vivo, que es la actualidad de mi generación, con todo lo bueno y todo lo malo.

M.G.- ¿Y qué es lo malo de tu generación?

E.L.- En mi generación se valora demasiado el estar bien. Las redes sociales han conseguido que el aparentar sea una cosa muy natural, muy habitual. Hay que mostrar que somos muy felices. Por ello, se han generado más juicios de valor alrededor de la tristeza, de la ansiedad, de la depresión, a la par que esos temas se han ido desarrollando más. La ansiedad sigue siendo un estigma y se sigue señalando a las personas que tiene ansiedad. Lo malo de mi generación es la crítica continua.

M.G.- Las redes sociales tienen mucha culpa. Son un escaparate en el que todos nos exponemos y sacamos nuestra mejor cara.

E.L.- Claro. Y te expones a una opinión pública sin filtros donde todo el mundo puede decir lo que sea. Esto está muy bien pero esa libertad a veces genera mucho dolor y ese dolor no se gestiona todavía. 



M.G.- El personaje principal es Ada. Me gustaría que me hablaras un poco de ella. ¿Cómo es?

E.L- Ada es una mujer española que reside en Dinamarca. Ha tenido problemas en el núcleo familiar. No se siente identificada con la forma de pensar que tiene su familia. Ha buscado una nueva familia fuera, incluso fuera de España. Es una persona que está intentado afrontar la vida, asumiendo sus problemas, que tiene ansiedad porque la vida se la genera, y que tiene dificultades para encontrar el placer, quizá por las vivencias que ha tenido en el pasado. Ahora se encuentra en un punto de la vida en el que está asumiendo ese pasado, intentando andar hacia adelante, y lo hace, por suerte o por desgracia, a través del duelo por la muerte de su amigo, que era el pilar de su vida. 

M.G.- Es un personaje que acostumbra a hacer un gesto de manera inconsciente y habitual. Tiene un tic. Imagino que eso será fruto de la ansiedad que siente.

E.L.- Es así. Ese gesto es un símbolo de su ansiedad, la manera de hacerla evidente pero creo que también lo hace para recordarse a sí misma que está aquí y está ahora, y que se tiene a sí misma. Creo que es un tic frenético que le conecta consigo misma y por eso se niega a erradicarlo de su vida.

M.G.- Has mencionado el placer. El sexo, ¿qué papel juega en la vida de Ada?

E.L.- El sexo juega un papel de huida y de búsqueda, es una dicotomía rara. Ella lo utiliza para huir de la realidad, como usa los lexatines, pero también lo usa como vehículo para sentir placer de manera rápida. Es su manera de comprobar que todavía puede sentir algo. Tiene tanto que gestionar en su interior que usa el sexo como una herramienta para sentirse presente.

M.G.- El suicidio es un tema duro hasta tal punto que los medios de comunicación evitar dar noticias al respecto. ¿Cómo lo has gestionado en la novela?

E.L.- Es algo que me planteé mucho. Cuando me puse a escribir tuve muy en cuenta que el lector no empatiza con el suicidio ni con el suicida. Hablar del suicidio, tratarlo de una manera tan presente o tratar la ausencia de una persona de una forma tan presente, siendo Denis un personaje que no está en la historia pero sí en la vida de Ada, me ha servido como búsqueda de mi propio criterio y de mi propio pensamiento sobre el suicidio. Decidí ser valiente. Es mi primera novela, no tengo nada que perder realmente, no tengo una carrera detrás. Es mi momento para arriesgarme.

M.G.- ¿Pero tú considerarías tu novela triste o pesimista?

E.L.- Para nada. Es verdad que se trata la tristeza, que los personajes tienen un lastre que superar pero también creo que dentro de la búsqueda de la felicidad, cabe toda esa tristeza. Ada se encuentra en ese viaje, en el reflexionar sobre la tristeza. Para llegar a la felicidad hay un proceso de tristeza que superar. La vida de la gente está llena de decepciones y la felicidad son solo momentos puntuales. Creo que es una novela valiente porque Ada es valiente. Ella asume la vida y su propia tristeza.

M.G.- ¿Escribir esta novela te ha servido para madurar?

E.L.- Por supuesto. Además, mi trabajo madura conmigo. El trabajo artístico madura según el artista va madurando. Aunque yo odio usar el término 'artista' porque va más vinculado a elitismos sociales que no me gustan. En su lugar, prefiero el término 'creador'. Así que, el trabajo del creador va ligado a la madurez que va adquiriendo ese creador. La escritura me sirve para conocerme a mí misma, conocer mis criterios y mis puntos de vista.

M.G.- ¿La elección de Tokio como escenario corresponde a alguna motivación?

E.L.- Sí, quería situar al personaje en un lugar del mapa donde tuviera problemas para comunicarse y que ese problema de comunicación la ayudase a gestionar su propio problema comunicación consigo misma. A la vez, también suponía un reto para mí como escritora. Mi economía no me permitía viajar a Tokio y vivir allí durante un mes para empaparme de su cultura, así que tuve que investigar desde mi casa de Madrid. Buscar información sobre Tokio, sobre Japón, sobre las costumbres, y no quedarme en la superficie, en lo que sabe todo el mundo. Fue algo muy motivador.

M.G.- Algo que evidencia que es una novela generacional, escrita por una persona joven, es la inclusión de las herramientas típicas con las que os habéis criado. Habéis nacido en la era de las nuevas tecnologías y todo eso se ve en la novela.

E.L.- Es una parte de mi realidad, muy presente, y obviamente tenía que salir en algún momento. Ada tiene veintiocho años, tenía que tener las nuevas tecnologías integradas en su vida, tanto como lo tengo yo, de ahí que figuren 'whatsapp' como parte del texto.

M.G.- Tengo curiosidad por el título. 

E.L.- El título corresponde a una pregunta que Ada se hace frecuentemente en el libro. ¿Por qué lloran las ciudades? Es una reflexión y una metáfora en general encaminada a averiguar por qué a veces llora la vida. Ella misma se acaba respondiendo, bueno Denis, la ayuda a responderse a sí misma. Me parecía una bonita metáfora de ella y de las ciudades que están tan presentes en la novela, como Madrid, Copenhague, Tokio,... Saber por qué lloran las ciudades significa saber por qué la vida llora y cómo afrontamos ese llanto.

M.G.- ¿Y suele llorar Elisa Levi?

E.L.- (Risas) Elisa Levi es muy llorona. Lloro mucho pero también me paso mucho tiempo sin llorar. Me hacen llorar las cosas más tontas. 

M.G.- Señal de que eres muy emotiva. Como última pregunta, me gustaría saber a quién lees.

E.L.- Cuando me encierro en un proyecto, únicamente hago lecturas relacionadas con ese proyecto concreto. Por ejemplo, me he enredado ahora con una historia en Tokio, pues leo a Murakami. Pero me gusta mucho el teatro, así que tiendo a leer a Caryl Churchill, a Jazmín Arreza, a Angélica Liddell de la que me declaro su mayor fan. Pero en narrativa no tengo favoritos. Me gusta todo tanto... Soy como muy naïve para elegir lecturas. No tengo un criterio definido. 
M.G.- Creo que eres la primera persona de tu edad que me dice que lee teatro.

E.L.- Amo el teatro con todas mis fuerzas. Estudié Artes Escénicas y aspiro a dedicarme al teatro aunque ahora mismo no sea lo más activo culturalmente. El teatro es mi pasión.

M.G.- ¿Pero hay algo planteado para el futuro en ese sentido?

E.L.- Bueno, escribí teatro y tuve un obra en cartel, a pequeña escala, que fue bien. Mi idea es empezar un máster en Londres  sobre dramaturgia y escritura teatral y sí, en un futuro a medio plazo me gustaría dedicarme al teatro, sin abandonar la narrativa. 

M.G.- Me encanta el teatro, así que espero en el futuro ver una obra tuya algún día.

E.L.- Ojalá.

M.G.- Bueno, Elisa, lo dejamos aquí. Espero que te vaya todo muy bien con esta novela. Seguro que será así.

E.L.- Eso espero. Gracias a ti.

Por qué lloran las ciudades es una novela por la que sentí mucha curiosidad desde que llegó a mis manos. Y ahora, tras conversar con la autora, tengo que confesar que me llama mucho más la atención. Pronto sabréis qué me ha parecido.





Ficha novela

Editorial: Temas de hoy.
Encuadernación: Rústica sin solapas con sobrecubierta.
Nº Páginas: 432
Publicación: Enero, 2019
Precio: 16,90€
ISBN: 9788499987125
Disponible en e-Book y audiolibro.
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.




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