miércoles, 22 de mayo de 2024

ANATOMIA DE UNA CAÍDA (THRILLER - 2023)

 Año: 2023

Nacionalidad: Francia

Director: Justine Triet

Reparto: Sandra Hüller, Samuel Theis, Milo Machado Graner, Swann Arlaud, Jehnny Beth,...

Género: Thriller

Sinopsis: Sandra, una escritora alemana, vive con su marido Samuel y su hijo ciego, Daniel, en un chalé en medio de los Alpes franceses. Cuando Samuel fallece en misteriosas circunstancias, la investigación no puede determinar si se trata de un suicidio o de un homicidio. Sandra es arrestada y juzgada por asesinato, y el proceso pone su tumultuosa relación y su ambigua personalidad en el punto de mira.

[Fuente: Filmaffinity]

Anatomía de una caída se llevó la Palma de Oro en el último Festival de Cannes. En los Oscar le cayó el premio al Mejor Guion Original. En los Goya se llevó el cabezón a la Mejor Película Europea. Globos de Oro, BAFTA,... De este largometraje he escuchado y leído calificativos como: obra maestra, peliculón o lo más destacado del año. Pero a mí me ha dejado tan fría como el escenario en el que se desarrolla la acción. No negaré que también  hay alguna opinión que no la deja en muy buen lugar y he de decir que yo me voy a unir a este minúsculo grupúsculo. En serio, ¿qué tiene esta película para llevarse tantas alabanzas? Ruego encarecidamente a los que la hayan ensalzado que me saquen de mi ignorancia porque he debido de perderme algo muy gordo. Admito que Anatomía de una caída la he visto un tanto distraída porque andaba pendiente de cierta información importante que me tenía que llegar vía whatsapp, pero si me despistaba mucho, volvía atrás para ver lo que se me había escapado. Ni siquiera así he llegado a comprender por qué esta película ha recibido tantos galardones. Os cuento.

Anatomía de una caída nos permite conocer a una familia. Sandra y Samuel componen un matrimonio joven, padres de un niño de once años (Daniel). Ella es una escritora de éxito. Él es un profesor universitario que necesita encontrar más tiempo para su gran pasión, la escritura. Por su parte, Daniel posee una discapacidad visual. No es algo que sufra desde nacimiento sino que, a raíz de un atropello a los cuatro años, perdió la visión. 

La acción se inicia cuando una periodista entrevista a Sandra en su casa. Las dos mujeres conversan distendidamente. Una se interesa por el trabajo de la escritora. La otra quiere saber más sobre la joven. Van intercambiando pareceres hasta que, de repente, una música estridente, procedente de las plantas superiores de la vivienda, les impide seguir con la entrevista. Se trata de Samuel que hace trabajos de aislamiento en el ático. Ha puesto en bucle una canción machacona, que no deja de repetirse una  y otra vez, creando un clima de incomodidad y tensión en el ambiente. Sandra y la periodista deciden posponer la entrevista para otro momento y se despiden.

Por su parte, Daniel sale a pasear con su perro. Lo vemos andar por la nieve, acompañado de su perro guía. Pero el niño decide regresar a casa y al acercarse a la vivienda descubre el cuerpo de su padre sin vida, tirado en la nieve, con heridas en la cabeza y un rastro de sangre que lo tiñe todo de rojo. Inmediatamente, el joven llama a la madre y Sandra se pone en contacto con los servicios de emergencia que se personan en la vivienda. Todo es pura conmoción. Madre e hijo están en shock. ¿Qué es lo que ha ocurrido?

Tras realizar la autopsia al cadáver y examinar el escenario en el que aparece el cuerpo sin vida de Samuel, se inicia una investigación para esclarecer los hechos. Lo que se pensaba que había sido un accidente, que Samuel cayó al vacío tras asomarse a la ventana del ático, da lugar a una hipótesis de asesinato porque la ausencia de ciertos indicios y algunas salpicaduras de sangre encontradas en la fachada de la casa, complican la teoría del accidente. ¿Es posible que no se trate de un accidente sino que Samuel se haya suicidado? No se sabe. A estas incógnitas se une que Sandra tiene un importante hematoma en el brazo. ¿Cómo se lo ha hecho? Bueno, ella esgrimirá una teoría pero los investigadores tendrán sus dudas. Tantas que, al final, Sandra es detenida como sospechosa del asesinato de Samuel. A partir de ese punto, la película nos deja ver cómo se desarrolla la investigación, de qué forma se reconstruyen los hechos, se interrogarán a diversos testigos y asistiremos como tales al juicio que tendrá lugar. Así hasta llegar a la sentencia. ¿Culpable o inocente? Obviamente, no te lo voy a contar.

Qué me ha gustado de esta película

Diría que el relato empieza con buen pie. La aparición del cadáver de Samuel abre las puertas a un sinfín de incógnitas. ¿Qué ha pasado realmente? La película adolece de cierto juego, de cierta ambigüedad. Sandra es una escritora que, al parecer, se nutre de la realidad para escribir sus novelas. ¿Acaso puede llegar al extremo de asesinar a su propio marido para inspirarse?

Para conocer la verdad hay que excavar profundamente y, en este sentido, la película indaga en las relaciones familiares. ¿Cómo es el matrimonio entre Sandra y Samuel? ¿Qué rol juega cada uno de los miembros de la pareja? La investigación sacará a la luz la verdadera relación entre ambos, los secretos que cada uno guarda, los traumas, las heridas que no han terminado de cicatrizar. Y en ese destapar la verdad, Daniel conocerá realmente a sus padres.

De toda la película, me quedo con unas escenas que muestran una fuerte discusión de la pareja.  Me han parecido unos momentos muy creíbles, que generan mucha incomodidad, como otras escenas en las que la tensión se palpa.

Qué no me ha gustado de la película

Para empezar, ¡¡es demasiado larga!! Un total de ciento cincuenta minutos que se traduce en dos horas y media para contar una historia que, en realidad, no brilla bajo el sol. Es cierto que Anatomía de una caída no se reduce únicamente a tratar de averiguar qué ocurrió realmente, si Samuel cayó por la ventana, si se suicidó, o si fue asesinado, sino que hay una disección de las relaciones familiares, y se hace cierto hincapié en esa sensación de no saber muy bien con quién estás conviviendo. Pero creo que la intención de la película no justifica bajo ningún concepto el exceso de metraje. Sinceramente, yo me he llegado a aburrir. La parte del juicio se hace muy larga. No creo que sea necesario mostrar tantos detalles, dar protagonismo a tantos interrogatorios, o a las intervenciones de la defensa o de la acusación. Además, y eso lo dicen los que entienden de la materia, muchos piensan que el desarrollo del juicio no se ajusta a la realidad procesal. A mí, la verdad, es que me pareció algo raro que cuando un testigo declara, otras personas de la sala puedan intervenir pero bueno, pensé que así serían las cosas en Francia.

Por otra parte, la película carece totalmente y absolutamente de giros, el ritmo es tedioso y termina por resultar lenta. A mí no me ha llegado a emocionar ningún personaje. Ni la desconsolada viuda ni el niño, que ahora descubre cómo era realmente la relación de sus padres, me han llegado a impactar. Y las interpretaciones no me han parecido sublimes. 


En definitiva, que vuelvo a ser la oveja negra del rebaño. ¡Y no me importa! Que no me vale tanta retahíla de premios, que la historia no me parece lo suficientemente interesante como para que invierta dos horas y media de mi vida en este largometraje, que el relato en sí no creo que sea para tanto. Así que, en lo que a mí respecta, Anatomía de una caída no me convence. ¿A ti, sí? Yo me alegro.

La tenéis en Movistar+ y en Filmin.




Tráiler: 




martes, 21 de mayo de 2024

MANEL LOUREIRO gana el XXIX PREMIO DE NOVELA FERNANDO LARA

El pasado día 16 de mayo se falló en Sevilla el XXIX Premio de Novela Fernando Lara. Este galardón literario se celebra en el marco del acuerdo de colaboración entre Grupo Planeta y la Fundación AXA, para el desarrollo y fomento de la cultura en Andalucía, y cuenta con una dotación de ciento veinte mil euros para la obra ganadora, que será publicada por Editorial Planeta.




A esta nueva edición del premio se presentaron un total de 565 novelas originales e inéditas, alcanzando esta cifra un nuevo récord de participación. La procedencia de estos manuscritos ha sido muy diversa aunque, como cabía esperar, la mayoría (un total de 308) procedían de España. 

De la totalidad de manuscritos recibidos, el jurado formado por Ana María Ruiz-Tagle, Clara Sánchez, Nativel Preciado, Pere Gimferrer y Emili Rosales, en calidad de secretario con voto, seleccionó un total de diez obras finalistas, que son:

- Memorias del aire, de Sofía Marés (seudónimo)

- La chica que parecía un recuerdo, de Javier Memba

- Sangre y vodka, de Yevgueni Alexeievich Baratynski (seudónimo)

- Los cisnes de la guerra, de Jesús López Pérez

- Los senderos de un dios oscuro, de Matías Martín (seudónimo)

El viento de la locura, de Adriana Laucirica

- La flor de la guayaba, de Francisco Onieva Zafra

- A fuerza de utopía, de Rubén Don

- Cuando Horacio tiende a cero, de Chirfredi Zenchesti (seudónimo)

- Lo que enreda el oleaje, de Loida (seudónimo)

Pues bien, en la noche del 16 de mayo, Sevilla acogió la entrega de este premio, para lo cual se congregaron en el Patio de la Montería del Real Alcázar de Sevilla numerosos asistentes, entre los que destacaron autoridades como Jesús Aguirre Muñoz, presidente del Parlamento de Andalucía, Patricia del Pozo, consejera de Desarrollo Educativo y Formación Profesional, José Luis Sanz, alcalde de Sevilla, Olga Sánchez, presidenta de la Fundación AXA y José Creuheras, presidente del Grupo Planeta.

El acto fue conducido por el periodista Jesús Vigorra que, antes de dar pie al inicio de la noche, requirió la atención de los asistentes para rendir un emotivo homenaje al escritor y periodista, Fernando Delgado, que falleció el pasado mes de febrero y que, desde el año 2003 había formado parte del jurado de este premio. A su memoria se dedicó un sentido aplauso. 



Tras el mismo, y durante el transcurso de una cena, Vigorra y el secretario del jurado fueron informando a los asistentes del proceso de descarte de las obras finalistas. Tras varias deliberaciones, las dos últimas novelas seleccionadas fueron: Los senderos de un dios oscuro, de Matías Martín (seudónimo) y A fuerza de utopía, de Rubén Don; y sobre las once y media de la noche, se comunicó que el premio recaía en el primer título de las dos últimas obras seleccionadas. Pero, ¿quién era Matías Martín? Pues, tras la apertura de la plica se comunicó que, tras ese seudónimo, se escondía el autor gallego Manel Loureiro y la novela Cuando la tormenta pase. Acto seguido, el autor subió al escenario a recoger su premio y manifestó que esta noche jamás la olvidaría, que se sentía emocionado pero también «un poco cagado de miedo», bromeó. 

Sobre la novela, pidió a los presentes que se imaginaran un lugar, la isla de Ons, a pocos kilómetros de la costa gallega. «En esa isla, Roberto Lobeira, protagonista de esta novela, se queda aislado por culpa de una tormenta en pleno invierno». En la isla solo residen un puñado de habitantes, que pasan el invierno en soledad, tal y como ocurre en la realidad, «pero Lobeira pronto descubre que estos habitantes guardan secretos». Además, el protagonista encontrará mensajes sangrientos en la puerta de su casa y una mañana descubrirá también la presencia de un fardo que la marea ha arrastrado a la orilla«Cuando abre ese fardo y ve su contenido, Roberto Lobeira no es consciente de que está dando salida a un montón de tensiones acumuladas que van a provocar que, durante los siguientes días, tenga que esforzarse por sobrevivir». ¿Qué contiene ese fardo? ¿Qué secretos guardan celosamente los vecinos de Ons? Con todas estas incógnitas nos dejó Manel Loureiro.

Rueda de prensa

Tras la cena, el autor y su premio se pusieron a disposición de los medios de comunicación. De entrada, nos comentó que él concibe las novelas como puro entretenimiento, aunque también le gusta hacer pensar a los lectores y para ello, nada mejor que un thriller. «Es como una carrera, entre el autor, que está planteando desafíos, y los lectores, que quieren descubrir lo que pasa cien páginas antes»

Para escribir la novela, el autor se desplazó hasta la isla de Ons en pleno invierno. Sobre la isla afirmó que es «un sitio muy particular» porque, en verano es un espacio al que llegan miles de turistas, pero en invierno el turismo se retira y, a partir de septiembre, la isla queda desierta. «Apenas quedan unas treinta personas viviendo en la isla durante el invierno», que en ocasiones quedan aisladas de tierra firme. Continuó explicándonos que «en la isla, perdura uno de los pocos faros de España que todavía tienen farero», y fue en ese lugar donde pernoctó, para lo que tuvo que pedir un permiso especial. «Estuve viviendo en la isla durante varios días, en plena soledad. De vez en cuando te tropezabas con algún vecino que viven allí todo el año». Aseguró que él veía las luces de la ciudad, al otro lado del mar, pero la sensación de aislamiento le producía una sensación curiosa, sabiendo que, debido a una tormenta, no podía salir de la isla. «Así empezó a surgir la novela, que tiene esos elementos que atrapan al lector, que juegan con sus emociones, que van a sentir cómo las lluvia les moja o el frío les cala», quiso aclarar.

Sobre Roberto Lobeira nos comentó que el personaje es un escritor y periodista, «con un pasado trágico, pero que ha encontrado en la literatura un refugio». Añadió que podríamos pensar que el personaje es una proyección de sí mismo, aunque él no era periodista, sino abogado, profesión de la que quiso escapar. Nos adelantó que «Lobeira descubrirá que los ecos del pasado son muy complicados de dejar atrás, incluso en una isla desierta».

Asegura que, al igual que ocurre en todos sus libros anteriores, el espacio es un protagonista más. «Me gusta ambientar las historias en Galicia porque le dan un plus, a través del paisaje, del clima con la niebla, y ese verdor gallego, que acaba impregnándolo todo y envolviendo al lector».

Manel Loureiro nos habló de su metodología de trabajo, de sus manías a la hora de encarar un nuevo proyecto y también hizo mención a la adaptación del primer libro de la saga Apocalipsis Z. Afirma que, de volver atrás, a su yo del pasado le diría que se prepare. 

Para finalizar, el autor señaló que Cuando la tormenta pase es una novela dirigida a todo tipo de lectores, que saldrá publicada el próximo 19 de junio.

Si quieres vivir lo que ocurrió en los Reales Alcázares de Sevilla, durante el acto de entrega de este premio, te invito a ver el siguiente vídeo.






domingo, 19 de mayo de 2024

ABRIL... ¡DE UN VISTAZO! (#04/2024)

Marzo fue flojito y abril, casi que más. Como se suele decir, ya vendrán tiempos mejores. De todos modos, con abril llegó la feria del mismo nombre y eso, en mi vida, a día de hoy, implica una paralización en casi todos los sentidos. Y digo en casi todos los sentidos porque durante la semana de farolillos trabajo, así que, cuando pego el cerrojazo a la oficina, me voy a casa, almuerzo, me pongo el traje de flamenca, y tiro para la feria. Hasta que el cuerpo aguante. No hay tiempo para leer, sino para bailar y reír. No todo va a ser cultivarse intelectualmente, ¿no? 

Bueno, pues hoy os cuento lo que dio de sí este mes en Lecturápolis.
 

[Para conocer la sinopsis de los libros expuestos 
solo tienes que clicar en cada título o en los enlaces a las reseñas]

Los comprados

Este mes le he dado un descanso al bolsillo aunque os confieso que tengo la última novela de Fernando Aramburu en el punto de mira. Creo que, en unos días, se vendrá para casa. 

Los recibidos

 
La feria me tuvo apartada de la lectura pero no de la literatura. Es curioso cómo puedes llegar a conocer a un escritor. A Pablo Calero lo conocí en una caseta, a través de unos amigos. El joven malagueño es periodista y un apasionado de la literatura. Acaba de lanzar su primera novela, una nouvelle que lleva por título Entre vírgenes milagrosas (Loto Azul Editorial). La novela nos cuenta la historia de un grupo de mujeres que buscan refugio unas en otras. Ya os contaré cuando la lea.

La editorial Algaida publica La extraordinaria historia del samurái Hasekuda de José María Sánchez-Ríos, una novela que llama mi atención. Y es que, en la provincia de Sevilla, y muy cerca de la capital, hay un pueblo que se llama Coria del Río. En ese pueblo, muchos vecinos se llaman Japón de apellido. Es más. En el mismo pueblo podemos ver la estatua de un samurai, que lleva por nombre Hasekura Tsunenaga, es decir, el protagonista de esta novela. Y vosotros os preguntáreis, ¿qué hace un samurái en Coria del Rio, Sevilla? Pues eso es lo que os cuenta esta novela, una historia interesantísima que nos traslada al siglo XVII.
 




La misma editorial publica Llegó con la tormenta de Maria Eugenia Salaverri. Estamos ante un thriller psicológico en el que sus protagonistas pretenden huir del pasado, donde la realidad y la ficción se entremezclan.


 
 
Y bajo el mismo sello, Fernando García Calderón publica Los espacios efímeros. Me encanta este autor. He leído prácticamente todos sus libros y es un autor con una gran sensibilidad. Con esta novela nos presenta un thriller cuyo tema principal será el miedo. Sus protagonistas tendrán que hacer frente a una serie de asesinatos que recrean otros tantos perpetrados en películas de culto. Tiene una pinta extraordinaria, así que, este va directo a la lista de futuras lecturas. 

 
 
 
Por su parte, Alianza Editorial publica Pasión Nail de Rosario Izquierdo. Esta novela corta tiene como protagonista a Pepa, una mujer que vive justo en ese momento de cambios. A sus cincuenta años se siente totalmente desubicada pero volverá a recuperarse a sí misma al descubrir un salón de manicura.

 
 
Pero la mayoría de los libros que llegaron a casa venían con una entrevista cerrada. Por ejemplo, tuve el placer de conversar telefónicamente con María Oruña que acaba de publicar un cuento infantil, titulado El tren fantasma (Anaya). Es la primera vez que la autora de tantas novelas de éxito se adentra en el mundo infantil-juvenil. Todo surge con motivo de aquellos cuentos que ella le contaba a su hijo Alan (el protagonista del cuento se llama igual) cuando era pequeño. La entrevista ya la tienes publicada en el blog. 
 
 

Blue Jeans estuvo de promoción por Sevilla el pasado viernes. Acaba de lanzar Una influencer muerta en París (Planeta) y aunque me hubiera gustado conversar con él, no fue posible. El autor sevillano acostumbra a escribir historias en la que no faltan los giros y los misterios, y eso es lo que vamos a encontrar en su última historia, adentrándose en ese mundo de los influencers que tanto da que hablar. Algunas de las novelas de Blue Jeans ya han sido adaptadas para la televisión o están en proyecto.  Como el autor suele venir mucho por aquí, espero poder encontrar el momento para hablar con él sobre este nuevo libro.
 
 

 

Esencia lanza Yo siempre seré yo, pero contigo de Teresa López Cerdán. Se trata del cierre de una bilogía que se inició con Yo siempre seré yo, a pesar de ti. López Cerdán, actriz, periodista e influencer, abandera el movimiento Body Positive. Me hubiera gustado hablar con la autora sobre este tema y esta novela, a su paso por Sevilla, pero el trabajo me lo impidió. 


El nuevo Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve ha recaído en Magalí Etchebarne por La vida por delante (Páginas de Espuma). Este es un premio que me gusta. En realidad, me gusta la línea editorial de Páginas de Espuma, tan comprometida siempre con la narrativa breve y el cuento. Ya sabéis que me gustan mucho los relatos y he podido leer historias estupendas gracias a la labor de esta editorial. En este caso, La vida por delante nos presenta cuatro cuentos largos, escritos, en palabras del jurado, con un "humor auténtico". Lo colocaré bien a la vista. 

Espasa publica A contracorriente, memorias de uno de los presentadores más carismáticos de la televisión. En este libro, Carlos Sobera nos confiesa detalles muy personales de su vida y cómo, esas decisiones que ha ido tomando a lo largo de su vida -algunas muy en contra de lo que se esperaba de él-, lo han colocado en el lugar que ocupa hoy. 
 
 


La misma editorial publica La mesa herida, la nueva novela de Laura Martínez-Belli. En este libro, la autora pone ante nuestros ojos el misterio que rodea la desaparición de uno de los cuadros más llamativos de Frida Kahlo. La pintora mexicana pintó esa obra sobre la mesa en la que descubrió la infidelidad de su amado Diego Rivera con su hermana Cristina. El cuadro se envió a la URSS, como  prueba del compromiso político de la autora pero desapareció posteriormente en Varsovia, en 1955, un año después de la muerte de Frida. ¿Qué pasó con aquel cuadro? Laura Martínez-Belli con la que conversé hace unas semanas nos cuenta su teoría. 



 
 
Y vuelve Cristina Morató con uno de esos libros en los que nos relata vidas apasionantes. En este caso, pone el foco de atención en Reinas de Leyenda (Plaza y Janés), y nos hablará en un volumen que cuenta con fotografías, sobre Catalina de Aragón, Isabel I de Inglaterra, Carlota de México o Catalina la Grande. 









Los ganados

Ay, me río. Si no tengo tiempo ni para respirar, como para apuntarme a sorteos.

jueves, 16 de mayo de 2024

CARLOS SOBERA: ❝De pequeño, contar historias me chiflaba❞

Hace un par de semanas, el actor y presentador, Carlos Sobera, pasó por Sevilla para promocionar su primer libro, A contracorriente (Espasa). Se trata de una autobiografía con la que, desde el humor, el conductor de First Dates hace repaso a su trayectoria profesional, al tiempo que nos cuenta más sobre sí mismo. ¿Cómo fue Carlos Sobera de niño? ¿De dónde viene su pasión por el teatro? ¿O cómo se inició en televisión? Con mucha honestidad y frescura, Sobera comparte con nosotros momentos de su vida, nos cuenta anécdotas, nos abre su corazón. A contracorriente es un libro para saber más de aquel niño que se sentía asfixiado en Barakaldo, con el que llegas a conocer al autor en mayor profundidad, con el que te lo pasas bien leyendo.

Carlos Sobera me concedió un ratito de su tiempo y aquellos treinta minutos me resultaron divertidísimos. Os dejo con nuestra charla.


Marisa G.- Carlos, un placer tenerte aquí, en Sevilla, y conocerte con este libro que acabas de publicar. Creo que la primera pregunta obligatoria y la que te haremos todos es ¿por qué este libro? ¿Cuál es la intención y cómo surge la idea?

Carlos S.- La idea surge por parte de Espasa. Ellos estaban interesados en que escribiera un libro sobre mis vivencias. Luego lo han llamado autobiografía y, es verdad, es autobiográfico porque, al fin y al cabo, cuento mi vida. Sin embargo, yo me planteé este reto más bien como un intento de escribir un libro sobre ese sueño que tiene un niño de siete u ocho años de llegar a ser actor, y todo el camino que ha transcurrido desde entonces hasta hoy, contando lo bueno y lo malo. Pensaba que, si hay gente que quiere ser actor o comunicador, o cualquier otra cosa en la vida, que este sueño mío le pueda servir, contando lo bueno y lo mano. Este libro es un testimonio de mi trabajo, mi profesión y mi vida, más que una autobiografía.

M.G.- Fíjate que, cuando la editorial me mandó información sobre el libro, se mencionaba la palabra memorias. Siempre que recibo un libro de memorias, lo primero que hago es buscar la edad del autor. En tu caso, son sesenta y tres, si no me equivoco. Pero, todavía te queda mucho que contar.

S.B.- Yo espero que sí, ¿no? Por eso espero llegar hasta los noventa y poder escribir otro libro. De hecho, en este libro hay muchas cosas estrictamente personales de las que no hablo o hablo muy por encima. No hablo de mis amores, de mis desamores, de mi familia en profundidad. Hay muchas cosas que se quedaron en el camino.

Mira, Juancho, Ignacio Gallardo, el director de Marca, me escribió ayer y me dijo que le había encantado mi libro porque decía que era como una carta de amor a la profesión; a Patricia, mi mujer; y a la vida. Y dije: ¡Coño, tío, lo has clavado! Yo no he tenido talento para decir que mi libro es eso, pero es verdad, es realmente eso.

M.G.- Es que se nota que hablas con mucho cariño de todo lo que se recoge en el libro. Y, en cuanto al título, A contracorriente, es casi una definición de tu carácter, ¿no? Te consideras una persona a contracorriente. Hacer lo contrario de lo que se esperaba de ti ha sido tu forma de vida. 

C.S.- Sí, siempre, siempre. De pequeño vestía como alguien mayor. Me ponía abrigos largos que me permitían entrar a las discotecas. Ahora a los sesenta, voy con vaqueros y camisas hawaianas. Además fui padre con cuarenta y ocho años, en vez de con veinticinco o con treinta y cinco. Y cuando todo el mundo esperaba que yo fuese un maravilloso notario, de repente decidí que lo mío era ser actor. Y cuando fui actor, decidí que era el momento de ser presentador. Si me decían que no hiciera un programa porque no iba conmigo, yo me empeñaba en hacerlo. Siempre he ido un poco a contracorriente en ese sentido, diciendo no a cosas que nadie entendía que dijera no, y diciendo sí a cosas que tampoco mucha gente entendía que dijera que sí. Pero, no sé, he ido...

M.G.- Dejando espacio a tu intuición. 

C.S.- Sí, creo que eso es vital. A veces, me he equivocado. De hecho, me he equivocado bastantes veces pero creo que eso es lo bonito del camino, elegir lo que te apetece, lo que crees que pega contigo, con tu forma de ser. Hacer lo que te gusta para aprender. Luego, aciertas o no, pero el acierto o no acierto no está en función del éxito o del fracaso en términos de audiencia, sino que está en función de otras cosas importantes como el aprendizaje, la experiencia o la gente a la que conoces.

M.G.- Pero esa forma de ser, de ir a contracorriente, imagino que, de joven, o de más joven, sí te habrá traído algún que otro conflicto familiar, ¿no? A veces, los padres esperan una cosa del hijo y resulta que el hijo sale por otro lado. 

C.S.- Bueno, en el caso de la carrera, no fui a contracorriente. Mis padres se empeñaron en que estudiase una carrera y les dije que no se preocuparan, que iba a estudiar una y encima sabía cuál. Elegí Derecho. Lo de ser abogado me molaba porque tiene mucho que ver con la comunicación. La puesta en escena de un juicio es muy parecida a la de una obra teatral. Los jueces, fiscales y abogados son como actores. En el fondo, tienen que interpretar e incluso convencer de sus tesis a los demás. Por entonces, yo estaba muy influenciado por la serie Ironside, de Perry Mason, que iba en silla de ruedas y tal. Además, estudiar Derecho me iba a venir muy bien en la vida, porque aprendes cosas que te vienen de maravilla a la hora de firmar contratos, de casarte, de divorciarte, de todo. Pero luego, sin embargo, cuando decidí dejar la universidad, a mis padres les costó aquello un disgusto, especialmente a mi madre. Me decía, pero hijo, ¿cómo vas a dejar un trabajo seguro, con un sueldo fijo? Pero hasta ahí había llegado, tenía que ser coherente y apretar el acelerador hasta el final, para dedicarme a lo que realmente me gustaba. Tenía una carrera universitaria por delante pero, ¿quería ser profesor universitario hasta los sesenta y siete? No. Me tuve que ir y me fui.
 

[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]


M.G.- En este libro cuentas pasajes de tu trayectoria personal y profesional. Tu carrera profesional la conocemos, más o menos, pero, y aunque no profundices mucho, también hablas de tu esfera personal e íntima. Y en estos casos, siempre me pregunto, ¿cuesta trabajo exponerse, contar cosas que, a lo mejor, sólo conoce tu círculo más cercano?

C.S.- Sí, claro que cuesta exponerse. Y cada vez que cuentas algo, lo lees treinta veces antes de decirle a la editorial que lo meta o no. Yo llego a confesar que me enamoré hasta las patas de una compañera de clase que se llamaba Aratxu. Creo que ella se lo imaginaba pero hasta que no lea el libro no se va a enterar porque fui incapaz de decírselo. Sí, cuando cuentas cosas así, sentimientos con tu padre, con tu madre, cosas que han pasado en la familia, o cómo me he sentido en el ejercicio de la profesión, o cuando han herido mi sensibilidad, te ves ahí....

M.G.- Vulnerable.

C.S.- Muy vulnerable. De repente, te entra una cosita pero bueno, me parecía que si escribía un libro así, tenía que ser honesto. No puedo contarlo todo ni debo contarlo todo pero, por lo menos, un mínimo de honestidad tengo que poner en el libro, porque si no, ¿para qué?

M.G.- Empezamos a leer el libro, y vamos descubriendo muchas cosas de ti y algunas muy sorprendentes. No sabía que habías sido profesor universitario. No sabía tampoco que habías comprado un teatro. ¡Y que no sabes nadar! Es decir, hay muchas cosas curiosas sobre tu vida.

C.S.- Sí. [Ríe]. Me acuerdo que en Canarias, haciendo la función Palabras encadenadas, mi regidor intentó enseñarme a nadar. Me pasé quince días en las piscinas de los hoteles, con manguitos, intentando aprender a nadar. No lo conseguí.

M.G.- Pero eres de tierra con mar.

C.S.- Sí, son contradicciones. Mi mujer me dice que si no aprendí a nadar fue porque no me dio la gana, porque todos mis amigos saben nadar. Y sí, es verdad, pero algo me debió de pasar de pequeño. No me acuerdo que pudo ser pero algo me tuvo que traumatizar. Mi primer contacto con el río, al que me llevaban mis padres, no tuvo que ser bueno. Le cogí manía al agua y me daba pánico. Bueno, me sigue dando pánico. No me meto en una piscina que tenga más de un metro de profundidad. 

M.G.- Y cuando hablas de la infancia y de la adolescencia, confiesas que no fuiste un niño feliz. No encajabas en el sitio que ocupabas o te faltaba algo.

C.S.- El entorno. Tuve la gran fortuna de tener una familia maravillosa y era muy feliz, a pesar de que vivíamos en una casa muy humilde. No había grandes lujos pero no nos faltaba nada. Pero a mí me pesaba mucho el entorno. Barakaldo se me caía encima porque era un pueblo muy industrial, muy oscuro, muy triste, lleno de suciedad, de contaminación, de carbones por todas partes. Los paseos que hacía en tren, desde Portugalete hasta Barakaldo, pasando por Sestao, era como viajar dentro de una película de Ridley Scott. Una cosa tremenda. En aquella época, claro. No había alegría en las calles. Hasta los policías vestían de gris. Era una cosa tristísima, con poca iluminación porque en las calles había cuatro farolas que daban una luz de 125v y se iba cada dos por tres. No había escaparates tampoco. Recuerdo que en mi calle había una tienda de pinturas que era asquerosa, de la que salía un olor que llegaba hasta mi portal. Yo tenía que pasar por delante para ir al colegio y veía aquellos botes de pintura... Era todo horroroso. No había luces de neón ni el escaparatismo de ahora. Era todo una tristeza, con tan poca luz, poco sol, y mucha lluvia. No sé. Yo tenía alma de poeta y a mí aquello me agobiaba, me angustiaba. Y es en ese sentido cuando digo que no fui feliz.

M.G.- ¿Y cómo fue esa búsqueda de tu lugar? En el momento en el que decides que aquello no era para ti, que querías irte a otro lado para buscar otro futuro, ¿cómo fue ese momento?

C.S.- Pues mira, cuando cumplí dieciocho o veinte años, empecé a coger algo de independencia. Tenía coche, empecé a viajar y a ver otros mundos. Por entonces, España ya había pegado un cambio radical. De la España del año 65 a la España del año 82 había mucha diferencia. Pero, a partir del año 82, este país cambió de manera vertiginosa. Fue entonces cuando me fui a buscar lo que me gustaba, lugares bonitos. Cuando me casé me fui a vivir a Loiu, que está en pleno campo vasco, donde había luz. Allí, la ría divide la zona izquierda de la de la derecha. Y la vida es tan injusta que en la derecha están las cosas buenas y en la izquierda, las malas. Y encima luce el sol en la parte derecha pero no en la parte izquierda. ¡Hay que joderse! Así que me cambié también de lado de la ría, y fui buscando las cosas que me gustan, el contacto con la naturaleza y con la gente, edificaciones bonitas y ciudades humanizadas. Siempre he buscado eso en mi vida. 

M.G.- Eres actor. Te hemos visto en teatro, en series de televisión, has presentado muchos programas. Si miramos tu trayectoria, muchos te conocemos por tu aparición en televisiones nacionales pero también has hecho mucha tele autonómica. De hecho, vas y vienes de un lado a otro.

C.S.- Sí, sí. Y además exijo ese reconocimiento. Yo me vengo de ETB a España, a Madrid, triunfo como presentador, y no tengo ningún inconveniente en volver a ETB a presentar Date el bote. Yo ya había hecho Millonario. Se lo decía a los de ETB, que estaban todo el puñetero día premiando a Carlos Arguiñano, a Ramón García, a Anne Igartiburu, a Patxi Alonso,...  Y son todos gente que se han ido y no han vuelto, y ni volverán nunca porque están ya instalados. Pero yo, he triunfado en Madrid y he sido capaz de volver para trabajar. Y he trabajado al mismo tiempo en Madrid y aquí, porque siempre he tenido cariño a mi primera televisión, que fue ETB. Nunca se me han caído los anillos por regresar a ETB. Incluso, en el año 2002, cuando dejé Telecinco, rechacé una oferta de Antena 3 para irme a ETB. Y la gente me decía que no estaba bien del bolo que, habiendo triunfado a nivel nacional, como iba a rechazar una oferta de Antena 3 para volver a ETB. Pero es que lo me ofrecía Antena 3 no me gustaba y lo que me ofrecía ETB, sí. Quería hacer cosas que me gustaran. Ya habría tiempo para volver. Y volví. Y dos años más tarde, me puse a trabajar a la vez en ETB y en Antena 3 porque ya me hicieron una oferta que me gustó. Y también he estado trabajando en Canal Sur. Y en el 2010 me ofrecieron hacer un programa para Canal 7 de Murcia, un programa muy parecido a Los mejores años de nuestra vida, de entrevistas, grupos musicales y actores de la tierra y lo acepté. Porque primero era trabajo y, después, porque era un programa muy bonito. Quería hacerlo. No importa que estuviera en Murcia, como si estaba en Sebastopol. No hay televisiones pequeñas, como no hay papeles pequeños. Hay trabajos buenos...

M.G.- Y que gustan.

C.S.- Eso es. 

M.G.- Bueno, pues de esa época de programas en televisiones autonómicas cuentas una anécdota muy divertida, con la que me he reído mucho, que tiene que ver con el tropezón de una actriz francesa.

C.S.- Con Catherine Deneuve. ¡Madre mía! 

M.G.- Me imaginaba la escena porque la describes muy bien.

C.S.- Aquel día pensé que mi carrera se acababa. Mira que yo adoraba a Catherine Deneuve. La había visto en películas desde pequeño. Me parecía la diva francesa por excelencia. ¡Estaba enamorado de ella! Y claro, cuando surgió la oportunidad de que viniera a un programa de ETB para una entrevista, se me ocurrió inventarme algo para salir en plano con ella. Pero dio un tropezón en una puerta de plató y cuando vi la leche que se metió aquella pobre mujer, que casi se parte la cabeza,... Es que el tropezón fue terrible. Las puertas de plató tienen un zócalo de diez centímetros. No fue un golpecito fue una hostia en toda regla. Y cuando se levanta, veo que se dirige a mí. Yo no sé francés pero entendí todo lo que me dijo, todo lo que me llamó, todo, todo, todo,... ¡Cómo vocalizaba aquella mujer! Estuvo un minuto lanzándome improperios y yo sudando tinta roja, negra, china,... Todo. 

M.G.- Es muy divertida la anécdota pero si te dieran la oportunidad de dar marcha atrás, ¿harías o no harías algo? ¿Te arrepientes por no haber hecho algo o por haberlo hecho?

C.S.- Sé que es una respuesta muy manida pero, la verdad, es que no. Si me arrepiento de algo, igual sería de no haberme ido antes, a probar fortuna a Madrid. No haberlo intentado con veintiocho años, en vez de con treinta y cinco. Pero luego lo pienso y creo que la vida siempre te coloca en tu lugar. Igual, hacerlo así me vino bien porque llegué con cierta madurez y habiendo vivido ya el éxito y el fracaso en ETB, con lo que ya nada me afectaba tanto. Ni el éxito me volvía loco ni el fracaso me torturaba en exceso. Me torturaba, pero no en exceso. Sin embargo, si hubiera venido igual con veinticinco años, cualquier cosa me hubiera hecho un daño terrible. No lo sé. O hubiera tenido un éxito maravilloso y me hubiera vuelto gilipollas. Yo qué sé. Yo creo que al final llegué en el momento oportuno. 

A veces dices no a un proyecto y te equivocas, sabiéndose que iban a ser buenos, porque yo sabía que Pasapalabra o Gran Hermano eran ofertas irrechazables. Y otras veces, aceptas propuestas que son muy fallidas, pero es que aprendes de eso también y aprendes mucho. Con lo cual, si estoy aquí hoy, hablando contigo Marisa, es porque también tomé aquellas decisiones. Igual tomo otras y no estamos aquí. Igual estaría en Hollywood, rodando con Penélope Cruz, como podría estar en China, encarcelado por tráfico de... Yo qué sé.

M.G.- Quién sabe... Bueno, el libro cuenta con un capítulo precioso, un homenaje que a mí siempre me parece necesario. Ese hablar de los padres. 

C.S.- Es que esto... Joder, cuánto más tiempo ha pasado, mejor lo he entendido.

M.G.- ¿A que sí? Te doy toda la razón.

C.S.- Cuando uno vive con sus padres, cuando uno tiene siete años o incluso dieciocho, no te enteras de nada. Pero cuando uno se va de su casa, y deja allí a los padres, y sobre todo, cuando uno forma su propia familia y tiene hijos, empiezas a comprenderlo todo. Mis padres fueron maravillosos. Mi padre era un cachondo mental, con una vitalidad y un optimismo que me contagió siempre. Me hizo feliz. Y mi madre era una mujer con una capacidad de amor, de complicidad, y de entendimiento brutal. Yo no hacía nada malo pero ella tuvo que pasarlo conmigo... porque yo le daba una vara a la pobre mujer. Yo componía canciones y me ponía a cantárselas al oído. ¡Qué amor tiene que tener una madre por su hijo para aguantar esa tortura! Y no un día, ¡meses!, ¡años! Mis padres fueron siempre un ejemplo. Yo les veía siempre trabajar con ahínco, con ilusión,... Y luego, mis padres nunca viajaron. Mi madre, por ejemplo, hasta que fue a México donde me casé con Patricia, el único lugar que conocía era Madrid. Mi madre no sabe lo que es Barcelona o Sevilla. No te digo ya París o Londres. Y yo la llevé a México con ochenta y siete años. Entonces, no viajaban. No salían a cenar como podemos hacer ahora.

M.G.- También hablas en el libro de los profesores que marcaron tu vida. O esas lecturas que te han hecho amar el teatro. Cuentas que te leíste las obras de Lorca en una tarde.

C.S.- Sí. Y sé que puede haber gente que no se lo crea pero juro por Dios que fue verdad. Aquello fue una tarde de domingo. Tendría trece o catorce años. Estaba solo y, de repente, vi un libro que tenía las obras completas de teatro de Lorca. Me puse a leer. Empecé por La zapatera prodigiosa y me encantó. Luego seguí con Mariana Pineda, con Yerma,... Bueno, me entusiasmó y además era una lectura facilísima, aunque no sé si llegué a entender todo lo que Lorca quería decir. Lo leí todo del tirón. Me entusiasmó. Y luego, a partir de ese momento, con catorce años, me gastaba el dinero de mi paga en comprar obras de Moliere, de Lope de Vega, de Calderón,... Era alucinante. Yo buscaba obras de teatro en las librerías de Barakaldo y las compraba. Me entusiasmó.

M.G.- ¿Y qué supone para ti esa pasión por el teatro?

C.S.- Interpretar es una forma de comunicar. Para mí eso es fundamental, porque yo quiero comunicarme y entenderme con la gente. Y deliberar todo lo que llevo dentro, -creatividad, amor y tensión-, todo me sirve para liberarlo. Y luego el teatro me parece un lugar mágico, es un lugar de comunión maravilloso. Te expones, pero te expones con un trabajo que provoca emoción en la gente, muchas emociones muy diversas, muy contradictorias, muy seguidas. Y eso me hace muy feliz. El ver a alguien que se ríe conmigo, que llora conmigo, es que me entusiasma. 

Esto es algo que no cuento en el libro pero yo, cuando era chaval, con diez u once años, nos reuníamos en la calle para jugar. Y uno de nuestros juegos favoritos era contar historias. Éramos dos amigos. Pedro contaba historias de terror y yo contaba historias de humor. Y todos los amiguitos de la calle, nos metíamos en un portal, nos sentábamos en las escaleras, y Pedro salía y contaba su historia. Y luego contaba yo las mías de humor. De pequeño, contar historias me chiflaba. Eso lo he llevado siempre dentro. Lo tengo más claro que el agua. Y esto no lo cuento en el libro. Y esa necesidad de salir a un escenario... No te digo ya a un teatro porque, cuando estuve en el Festival de Mérida, con tres mil quinientas personas pendientes de ti, de tu historia, ver que se ríen, o que lo pasan mal, o que disfrutan,... ¡Hostia, es que eso no tiene parangón! 

M.G.- Es un subidón. 

C.S.- Absoluto. De repente, sabes que has nacido para eso y es eso lo que quieres hacer en la vida. 

M.G.- Actor teatral pero también de series de televisión. Si no me equivoco, tu primera serie fue Al salir de clase. ¿Cómo lo viviste? ¿Qué supuso para ti?

C.S.- Fue mi escuela, una escuela de interpretación y de vida. De interpretación porque hacer series diarias te enseña mucho. El nivel de exigencia es alto y todos los días vas aprendiendo, memorizando, actuando. Llega un momento en el que coges un callo tremendo y, te echen lo que te echen, tiras para delante. Y luego fue una escuela de vida brutal porque conviví sobre todo con los más jóvenes. Yo, probablemente porque soy como soy y tengo este carácter, conecté con ellos de maravilla porque era mi primera vez pero también la de ellos. Así que, en los camerinos, en los pasillos, en las comidas,... tuvimos una comunión brutal. Y aprendí de ellos lo que no está escrito. Disfruté, crecí, me divertí y fue algo extraordinario.

M.G.- Para escribir este libro habrás tenido que tirar mucho de memoria, desbloquear, quizá, algún recuerdo que tu mente había arrinconado porque no sé si has contado algún episodio delicado. 

C.S.- Bueno, sí que cuento alguna cosa un poquito delicada, cuando, por ejemplo, hablo de mi final de periplo en Atresmedia. Pero son cosas que hay que contar para que la gente vea que, aunque parezca que estás aquí arriba, sigues estando como todo el mundo a otro nivel, y te siguen pasando también cositas raras. Me parecía honesto hacerlo.

M.G.- De todos modos, es un libro al que no le falta el humor. Creo que eso también es una cualidad de tu carácter. Al margen de ir a contracorriente, el humor está muy presente en tu forma de ser.

C.S.- Sí, sí, sí. Incluso, a veces, el humor me traiciona porque le pongo humor a todo, hasta a las historias más dramáticas. Yo recuerdo que cuando presentaba Volverte a ver, coincidí con Josep, director del programa. Volverte a ver era un programa muy duro, de gente que buscaba a su familia y, a veces, se contaban historias tremendas. Pero yo tengo un sentido del humor de tal magnitud que, a veces, me traiciona y hago chistes donde no debo. Los invitados hacían algún comentario, a lo que yo soltaba algún comentario y claro, la gente se reía. Y el director me decía por el pinganillo: ¡¡Carlos, no, no, que rompes el ambiente de tensión!! Y enseguida tenía que reconducir. Pero es que no puedo evitarlo. El humor me ha salvado de muchas cosas. Cuando ejercito el humor, eso me sirve para salvar momentos malos personales o familiares. Me hace relativizar las cosas y superar mis conflictos. 

M.G.- Pues ahora que dices esto y que te tengo aquí, te quiero preguntar por algo que siempre me ha intrigado. Por ejemplo, cuando uno hace un programa como First Dates, un programa alegre, pero tiene un día malo, un día de perros, ¿cómo hace para gestionar lo que siente por dentro y la imagen que exterioriza?

C.S.- Mira, pasan dos cosas que son muy curiosas. Una es tu sentido de la responsabilidad, que es lo que se llama también profesionalidad. Puede ser que un día hayas discutido con tu mujer, que tengas un problema con tu hija, que tengas a un tipo que te está tocando las narices en el trabajo o donde fuere, pero son tus problemas. Estás ahí para presentar un programa, tienes que pasártelo bien porque la gente viene con ilusión al plató, el público enciende la tele para ver el programa y no puedes estar jodiendo la marrana. Tienes que estar donde tienes que estar y haces ese esfuerzo. Pero, por otro lado, pasa otra cosa que es mágica. Es algo que nos pasa a los que amamos la profesión. Te puede doler el estómago, puedes estar agotado porque llevas dos días sin dormir pero, de repente, se abre el telón y todo cambia. Es así, magia pura y dura. Sales al escenario, el regidor te da la entrada y te cambia todo. Se te pasa el dolor, el mal pensamiento, la mala sensación. Te vuelves otro. Toda tu energía sale a flote y te salva. Te conviertes en un tío simpático, agradable y feliz, que se olvida de todo. Es increíble. Y eso es magia. No lo controlas tú. Simplemente se produce. Pero claro, creo que, en el fondo, se produce porque estás haciendo algo que te entusiasma, de tal manera que te olvidas de todo.

M.G.-  Y dejas los problemas aparcados.

C.S.- Sí, porque es como cuando eres niño, ¿sabes? De repente, sales a jugar, a disfrutar, y olvidas que tienes que cenar, que meterte en la cama, que tienes deberes. Pasa exactamente igual.

M.G.- Es guay, eso. Pues vamos a darle un pequeño repaso a First Dates y ya vamos terminando. De este programa, dices en el libro que no conoces otro con más frescura y libertad que First Dates.

C.S.- Sí y es verdad. Es un programa que no tiene actores, aunque algunos piensan que sí. Es gente de la calle, gente maravillosa, auténtica, que se abre, que se muestra tal y como es, que es divertida, que es súper especial. Los elegimos así, claro que sí. Claro que lo hacemos a propósito. Buscamos sorprender a nuestro público...

M.G.- Y los primeros sorprendidos sois vosotros porque no sabéis cómo van a reaccionar. 

C.S.- Claro. Yo no hablo con ninguno antes de empezar el programa. Los recibo a puerta gayola y lo hago a conciencia porque quiero que lo que me cuenten me sorprenda a mí, al mismo tiempo que al espectador. Yo sé que, cuando alguien me dice una burrada, voy a poner una cara tremenda. Y sé que el espectador, al mismo tiempo que está viendo mi cara, él está poniendo la misma cara en su casa. Es total libertad y total frescura. Es maravilloso. Aparte de que es un programa que sirve para muchas cosas, como para visibilizar las tendencias sexuales, también es un caldo de cultivo de libertad, de frescura, de espontaneidad,...

M.G.- Es un catálogo de la diversidad que podemos encontrar. Y claro, al igual que te encuentras a personas muy peculiares, porque las hay, también encuentras a gente muy buena, muy bondadosa, gente que solo quiere compañía. Eso es muy tierno.

C.S.- Cuando me llegan personas muy mayores, tiendes a preguntarles si con ochenta y cuatro años quieren formar una familia, pero no por los hijos, sino por estar con alguien, y te responden que no, que no,... Que cada uno en su casa. Y le preguntas: pero entonces, ¿qué quieres? Pues compañía, responden. Que podamos quedar para ir al cine, a tomar chocolate con churros, a bailar. Y a mí se me abren las carnes porque tiene ochenta y cuatro años, está viuda, ha vivido cincuenta años en matrimonio y no quiere a alguien para irse a la cama, sino a un compañero de vida, para hablar, para conversar, para compartir. Ya solo con eso, creo que el programa está justificado. Es como cuando veo a Juan y Medio en Canal Sur. Es enternecedor y, sobre todo, es demostrativo de cómo somos. Afortunadamente, las personas necesitamos amor, necesitamos dar y recibir, y si no, no somos felices. Y eso es lo básico.

M.G.- Eso es así. Vamos a terminar ya, Carlos. Mira, en el prólogo, y dirigiéndote a los lectores, dices: «Claro que no intento ni quiero contarlo todo porque espero que haya más citas entre nosotros».

C.S.- Ojalá, ojalá, las hubiera.

M.G.- Bueno, como todavía tienes solo sesenta y tres años y te queda mucho que contar, esperaremos otro libro tuyo.

C.S.- Sí, pero voy a esperar unos añitos. Antes le comentaba al compañero que, por ejemplo, igual escribo un libro con consejos para ligar bien y cosas así, como un manual de primeras citas, pero en plan cachondo, dando consejillos. Sobre todo, a esa gente que es un poco más tímida, para que se abra, se desinhiba. Es muy importante encontrar el amor y para ello hay que desinhibirse y no tener miedo a hacer el ridículo. Hay mucha gente que, por miedo a hacer el ridículo, no consigue tener a su lado al amor de su vida. Pero no sé. Tampoco quiero que la gente piense que ya voy a escribir otro porque van a sufrir. No, no, igual no escribo ninguno, que estén todos tranquilos.

M.G.- Bueno, de momento, nos quedamos con este, que está muy bien. Leemos, aprendemos y conocemos otras facetas tuyas y, encima, está escrito con mucho humor. La verdad es que se pasa muy bien leyéndolo.

C.S.- Me alegro mucho, de verdad. No quería ser un tostón. De hecho, en el epílogo pido perdón porque luego, cuando he releído el libro, me he preguntado que qué era esto. No sé, me pasa igual cuando me veo haciendo programas de televisión. Siempre me pregunto que este tío dónde va. 

M.G.- No, no, no...

C.S.- Me pasa, me pasa.

M.G.- Bueno, Carlos, lo dejamos aquí. Un placer hablar contigo en Sevilla. Nos vemos en la próxima y seguiré pendiente de lo que hagas en televisión, en teatro, o en lo que sea.

C.S.- O en lo que sea, sí. Ojalá nos veamos por aquí otra vez. 

M.G.- Un placer.

C.S.- Gracias.

Sinopsis: La autobiografía de uno de los presentadores más famosos.

«Este libro sirve para contar mi sueño, pero también quiere ser un estímulo para todos aquellos que se planteen conseguir algo en sus vidas».

A contracorriente son las memorias de uno de los presentadores más icónicos de la televisión. Con su característico sentido del humor, Carlos Sobera nos relata cómo ya desde su infancia y adolescencia fue tomando decisiones que iban en contra de lo que se esperaba de él. Sin embargo, estos cambios de rumbo en el ámbito profesional lo llevaron a desembarcar en el mundo del espectáculo, y lo han convertido en uno de los rostros más queridos y reconocidos de nuestro país.

El autor, desde la honestidad y con una gran transparencia, nos invita a conocer los detalles más personales de su vida, marcados, inevitablemente, por la España que le ha tocado vivir.


viernes, 3 de mayo de 2024

EL BARRACÓN DE LAS MUJERES de Fermina Cañaveras


Editorial: Espasa
Fecha publicación:enero ,2024
Precio: 20,90 €
Género: novela histórica
Nº Páginas:  504
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788467071764
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autora


Fermina Cañaveras nace en Torrenueva (Ciudad Real) en 1977, es diplomada en Relaciones Laborales por la Universidad de Castilla-La Mancha, diplomada en Turismo y licenciada en Geografía e Historia por la UNED.

Dedica su vida a la investigación desde hace once años. Su trabajo está centrado en el área de mujeres y la represión durante los conflictos del siglo XX en el Centro de Estudios de Memoria y Derechos Humanos de la UNED. Colabora con asociaciones como la Recuperación de Memoria Histórica, Fundación FIDGAR o Aranzadi, entre otras. El barracón de las mujeres es su primera novela.

Sinopsis

Yo, Isadora Ramírez García, que perdí mi nombre cuando abandoné España junto a mi madre, Carmen, y a mi tía Teresa en 1939 en busca de mi hermano Ignacio, voy a contarte mi historia, María. Para que sepas quién soy y quién era tu abuela, y todo aquello que reunió a nuestras familias durante la Guerra Civil para separarlas después. Sabrás de sus pérdidas, que fueron las mías, del dolor inhumano y las lágrimas constantes… Y lo que pasó cuando nuestros destinos se separaron y yo me convertí en una de las prostitutas del campo de concentración de Ravensbrück, un lugar lleno de puentes y palomas blancas, cuyas plumas se ensuciaron de sangre y semen por dos razones: la simple y llana supervivencia y la lucha incesante, con armas escasas, contra el fascismo.

Quieres saber del campo de concentración infame que atentó contra la vida de miles de mujeres; ahí está la historiadora que eres, María, y que nunca ejerció como tal, pero la periodista en la que te has convertido, entre vasos de whisky, demasiados, y que aún busca una identidad que le niegan los secretos de familia, lo que quiere saber realmente es qué esconde la caja de los dolores feos.

Tres días, María, tres días y podrás abrir esa caja en la que, al contrario que en el mito clásico, la esperanza no ha buscado refugio, sino que voló de rama en rama para posarse a las puertas del puerto de Vigo, de una calle de París; se quedó enredada en las alambradas de Ravensbrück, regresó malherida a las puertas de la pensión Soledad y allí cantó de nuevo por la libertad, las mujeres, los oprimidos y la revolución.

Personajes reales y ficticios, un horror inimaginable, pero también amistad, resistencia y fraternidad componen esta novela de la que no se sale inmune sobre los perdedores de la guerra de España y su exilio a infiernos donde la crueldad es incomprensible incluso desde la más profunda de las insanias.

[Información tomada de la web de la editorial]


Hacía mucho tiempo que una novela no me hacía llorar pero El barracón de las mujeres lo ha conseguido. Y es que la historia que narra esta novela es dura y dolorosa, pero también real. Saber que una de las protagonistas vivió en cuerpo y alma lo que se relata en esta novela estremece. Os cuento y, para empezar, os dejo la cita que abre la novela.


«Así como Auschwitz fue la capital del crimen contra los judíos, Ravensbrück fue la capital del crimen contra las mujeres». Sarah Helm, superviviente de Ravensbrück
 

El barracón de las mujeres cuenta con dos hilos narrativos que se irán desarrollando de manera paralela. Por un lado, tenemos a María, una periodista de investigación, venida a menos. María no pasa por un buen momento. Ha perdido la chispa y la agudeza necesaria para convertirse en una periodista de excepción. En lo personal, también tiene problemas con Carla, su pareja, con la que mantiene frecuentes discusiones. Para combatir la espiral de desánimo y declive personal se sumerge cada día en el alcohol. Es ese momento de ir a la deriva, a María le sucede algo más. Su abuela, el referente más importante de su vida, acaba de fallecer. 

«Desde niña escuchaba a mi abuela, militante del Partido Comunista de España y un gran defensora de las libertades de las mujeres, contar multitud de vivencias que había hecho mías y compartido con el gran público». [pág. 12]

A la abuela Sole le corre la República por las venas, así que su mortaja no podía ser otra más que la bandera tripartita. Sole regentaba una pensión y siempre fue una mujer muy querida en el barrio, donde conoció a mucha gente y ayudó a otras tantas. A su velatorio acudirán todas aquellas personas que la quisieron, pero también estará presente una mujer que María no conoce. Esa presencia incómoda despertará la curiosidad de la joven. Tratará de averiguar quién es esa figura,  «una anciana menuda, de pelo blanco recogido en un moño, con el rostro triste», y al preguntarle a su madre, ésta solo le dice que esa mujer de nombre Isadora, es una antipática y una amargada, la causante de muchos de los problemas que en el pasado tuvo su abuela, una mujer de la que ella no quiere saber nada. La respuesta de la madre no hace más que aventar la curiosidad de María y se abre ante ella un misterio cuya resolución nos llevará de sorpresa en sorpresa.

Con la muerte de la abuela, María tratará de recomponer su propia vida. El misterio alrededor de la abuela, su papel en el Partido Comunista, y la presencia de Isadora en el funeral es un aliciente para ella, así que decide mudarse a casa de la abuela y comenzar con la investigación. Tras rebuscar aquí y allá, encontrará un legajo de documentos bajo una baldosa de la vivienda, lo que supondrá un gran hallazgo. Y entre esos documentos, una foto sin rostro. Es el cuerpo de una mujer en cuyo pecho se lee la inscripción FELD-HURE y un número




¿Qué significa esa palabra? Eso lo tendrá que descubrir María. Pero ahí no acabarán las preguntas porque, al reverso de la fotografía figura un nombre y una fecha: Isadora García Ramírez. 14 de octubre de 1945. Otra vez el nombre de Isadora. ¿Quién es Isadora? ¿Por qué su abuela tiene esa foto? 

Ese no será el único hallazgo que la joven encuentre en casa de Sole. Con la información que tiene en su poder, María obviamente tratará de localizar a la mujer misteriosa para conocer su historia y saber qué relación tiene con su abuela. Y ahí comienza el otro hilo narrativo de la novela, justo cuando la joven localiza a Isadora y le pide que le cuente su historia.

«Después de llevar media vida pensando que una mentira duele menos que la verdad, voy a contar mi verdad, que es la de muchos que se quedaron en el camino. Son demasiadas guerras perdidas, María. La más dolorosa es la del olvido». [pág. 76]

A lo largo de varias tardes, Isadora le irá contando su vida a María. Se retrotraerá en el tiempo y  hará repaso a su árbol genealógico, incidiendo en el devenir de sus abuelos, de su hermano Ignacio, -a quien considera culpable de todas sus desdichas-, o de su tía Teresa, la mujer más importante para ella.


«Mi tía no solo fue mi tía Teresa; fue mi maestra, mi confidente, mi amiga, mi compañera. Cabezota e impulsiva. Todo Madrid la conocía como "la roja del pelo rojo". Nadie se dirigía a ella por su nombre de pila. Su pelo era rojo como ella y como la sangre  derramada de tantos compatriotas. Mi tía era una tormenta, siempre tronando. Pero con un corazón limpio y puro, igual que ese aire que dejan los aguaceros después que pasan». [pág. 107-108]


A través de este personaje, el lector conocerá cómo muchas personas abandonaron España con la llegada de Franco. En el caso de Isadora, veremos su periplo tras el exilio y cómo acabó en Ravensbrück, donde ejerció la prostitución. 


«Soy una puta, una puta de campo de concentración, una puta libre, con una colección infinita de heridas y arañazos en el corazón, y hay algunas que duelen mucho más que estar horas y horas siendo violada por un oficial nazi». [pág. 86]


Pero para conocer todo lo que vivieron las mujeres que ejercieron la prostitución, María contactará con el Amical de Ravensbrück, una organización fundada en 2005, que tiene como objetivo «recuperar la historia y la memoria de todas las mujeres y niñas españolas que pasaron por ese campo». Sonia, la portavoz de esta institución será la encargada de facilitarle una lista con las reclusas españolas que pasaron por los campos de concentración, entre las que figura Neus Catalá.

Al final, y a medida que María vaya encontrando las piezas, la joven irá conformando el puzle, y descubrirá quién es quién en esta historia. El lector, junto a María, terminará por descubrir quién es Isadora, qué relación tenía con su abuela y, lo que no es menos importante, quién es realmente su madre. Como veis la novela está llena de preguntas que esperan respuesta y todas las incógnitas quedarán despejadas con el desenlace.

Qué me ha gustado de esta novela

Vaya por delante que esta novela me ha encantado en todos los sentidos. La historia de la abuela de María nos conduce a la vida de aquellas mujeres comunistas que trabajaron para el Partido Comunista y la República, sin importarles poner su vida en riesgo. A través de Sole vamos a conocer a una red de mujeres que se las apañaban para esconder a camaradas perseguidos, que pasaban información, que se organizaban en cédulas, y contribuían a poner a salvo a los que estaban en el punto de mira. Pero más allá de las fronteras de España, otros grupos clandestinos también se organizaban para ayudar a cruzar los Pirineos. 

A su vez, y a través de Isadora, comprenderemos cómo fue la vida para los republicanos al finalizar la guerra civil, las decisiones que tuvieron que tomar para salvar el pellejo, o para localizar a esos padres, hermanos o novios que marcharon a la guerra y nunca más regresaron. En el caso de Isadora, de la que no podemos olvidar que es un personaje real, y con el inicio de la II Guerra Mundial, sabremos el camino que anda hasta llegar a Ravensbrück, un campo de concentración donde, además de someter a los presos a trabajos forzados, se construirá un pabellón donde un grupo elegido de presas ejercieron la prostitución. Si todo lo que sabemos sobre los campos de concentración es de por sí desgarrador, lo que se relata sobre las violaciones a las que estas mujeres eran sometidas llega a producir un dolor lacerante. Y para muestra, este botón:


«El día de mi bautismo me violaron diecisiete veces». [pág. 288]

A ello se unen las descripciones de los experimentos que los médicos nazis llevaban a cabo, o el trato vejatorio y las humillaciones que sufrían estas mujeres, de manos de las guardianas. Lo que se vivió dentro de los campos de concentración fue una auténtica pesadilla, que se convirtió más terrorífica aún en el caso de las putas de campo.

La novela nos permite adentrarnos en los límites de Ravensbrück y conocer la distribución del campo, como el Uckermark, anexo de Ravensbrück  en el que se trataba de curar a los homosexuales. Seremos testigos en primera fila de las torturas y el sadismo que se ejercía en aquel lugar. El barracón de las mujeres se centra principalmente en las putas de campo y nos explicará qué pasos tenían que seguir las mujeres que terminaban en el barracón 27 y las penalidades que tenían que soportar si quedaban embarazadas, así como los supuestos privilegios que tenían por ser simplemente putas. Pero la novela sobrevuela por todo el recinto y pondrá también el foco de atención en el resto de presos. Impresiona la valentía que demostraban aquellos hombres y mujeres que, incluso en tan dramática situación, jamás se rendían e ingeniaban ciertas artes para luchar contra los nazis y decantar la balanza de la guerra hacia la derrota de Alemania. Y si ellos eran valientes, la novela también nos mostrará la cobardía de los nazis cuando veían que iban a perder la guerra. El lector descubrirá de qué manera los altos mandos de los campos de concentración tratarán de borrar el reguero de muerte y sangre que habían dejado a su paso.

El barracón de las mujeres es una historia que nos habla de horror pero también de secretos, que me ha impactado muchísimo. Cuando tengo que hablar de una novela así, me cuesta mucho utilizar la expresión «disfrutar de la lectura». El verbo disfrutar quizá no sea muy apropiado para una temática como esta pero hay que reconocer que esta novela atrapa. Para mí ha sido un aliciente saber que Isadora fue una persona que existió realmente, aunque la autora nunca llegó a conocerla, pues falleció en 2008. Nos lo cuenta en esta entrevista.

La labor de documentación ha debido ser exhaustiva y eso se nota en la narración hasta el punto de leer y tener la sensación de «pasear» por las distintas zonas que conformaban Ravensbrück. Por cierto, ¿sabes por qué este campo se llamaba así? La autora te lo cuenta en la novela. Fermina Cañaveras describe los pasos que María va dando en su investigación, siguiendo casi la misma línea que siguió la autora para reconstruir la historia de las putas de campo, con lo cual, lector tiene la sensación de ser parte activa en la obtención de la información. 

Qué no me ha gustado

Repito lo que dije antes, que esta novela me ha encantado. La única pega que le pongo es la falta de pulido. No suelo ser quisquillosa con estas cosas. No me echo las manos a la cabeza si en algún momento me topo con una palabra a la que le falta la tilde, pero bajo mi punto de vista El barracón de las mujeres necesita una revisión porque, con relativa frecuencia, he advertido la ausencia de tilde en palabras que deberían llevarla. Ahí van un par de ejemplos:


«Me arme de valor, rescaté la poca dignidad que conservaba, recogí mis pedazos del suelo, me senté en la cama, peque un sorbito de agua al vaso que había sobre la mesita de noche...» [pág. 13]

«Sin apenas darme cuenta, cruce la plaza Mayor como una autómata que conoce su destino». [pág. 59]


Si no he contado mal, me he topado con unos seis casos más. Vuelvo a decir que no soy puntillosa con este tipo de lapsus porque todos somos humanos, pero si lo comento es, en primer lugar, para que el lector lo sepa y, en segundo lugar, por si hay opción a una rectificación en las siguientes ediciones. Es que una novela como esta, dedicada a estas mujeres, con una protagonista que pisó realmente este mundo, y con una temática como la que se aborda en el libro, debe estar exenta de cualquier mácula. Lo digo con la mejor de las intenciones.

Personajes

El barracón de las mujeres entremezcla personajes reales y ficticios. Desconozco si María y Fermina Cañaveras guardan mucha o poca similitud. Probablemente más de los que me pueda imaginar. Pero entre los personajes ficticios me gustaría destacar a Sole, una mujer comunista hasta el más allá. Me gusta el perfil de este personaje, el de una mujer que, a priori, pensarías que es una persona más de su tiempo, dedicada a regentar una pensión, en la que entran y salen huéspedes, y cuya vida se limita a atenderlos a todos. Sin embargo, la novela nos va a desvelar otra cara distinta de este personaje, una faz mucho más comprometida y valiente.

Y entre los personajes reales, cómo no destacar a la propia Isadora Ramírez García. En esta novela, ella representa a todas las mujeres que ejercieron la prostitución en los campos de concentración. Al personaje lo vamos a conocer en dos momentos de su vida. Por un lado, en 2008, cuando María contacta con ella. En esa fecha, Isadora es una anciana a la que le queda poco tiempo de vida. Por otro, nos asomaremos a su pasado cuando, a los 17 años, y tras finalizar la Guerra Civil, ella abandona España para buscar a su hermano. 

Otros personajes reales serán Maria Radu, presa polaca que habla español; la conocidísima Neus Catalá, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña durante la Guerra Civil y que fue también una de las supervivientes de Ravensbrück; o Catherine Dior, la hermana del famoso diseñador. 


Estructura y estilo

Como dije al principio de la reseña, El barracón de las mujeres se articula sobre dos hilos argumentales. El presente de la novela transcurre en Madrid, en el año 2008 y será la propia María la que nos hable en primera persona. El otro hilo lo conforma la historia de Isadora que, tras hacer repaso a su familia, comienza su relato justo cuando acaba la Guerra Civil, para terminar con la caída del Tercer Reich, la liberación de los campos y el regreso de Isadora a España. 

La estructura que conforma la historia de Isadora cuenta con tres partes, a lo largo de las cuales se distribuyen un total de treinta y un capítulos, abarcando una horquilla temporal que va desde 1939 hasta 1945. Todo ello, entreverado con capítulos que narran el presente.

Fermina Cañaveras escribe una novela a la que no le falta crudeza pero sin caer en el morbo. La autora se limita a describir una dura realidad, sin añadir nada más porque, ya de por sí, la historia es suficientemente dramática.


En definitiva, El barracón de las mujeres es un precioso homenaje a unas mujeres que lucharon juntas y se mantuvieron unidas. También es una historia que nos habla del dolor y el sufrimiento, de los secretos, de los lazos que no son de sangre, pero resultan ser igualmente fuertes. Admito y advierto que es una historia desgarradora que encoge el corazón. Hay pasajes duros que te ponen los vellos de punta.  Concretamente un diálogo entre Teresa e Isadora, entre tía y sobrina, me hizo perder el resuello y me dejó sin respiración. En mi caso, mi cerebro pretendía hacerme creer que lo que estaba leyendo era ficción, pero no podemos olvidar que las barbaridades que se cuentan en la novela ocurrieron realmente. 

Y, precisamente, para que no olvidemos, cierro esta reseña con una reflexión de la propia Isadora:



«¿Qué pasará con las putas como yo? Nos olvidarán, a nadie le va a importar lo que nos han hecho, nadie querrá saber que han experimentado con nosotras, que nos inyectaron esperma de chimpancé o que nos metieron ratones en la vagina, ni que perdimos la condición de ser humano... Nadie nos recordará, incluso nosotras dejaremos de recordar. Yo no pienso hacerlo, porque olvidar es peor que morir». [pág. 404]


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí (Tapa blanda) y aquí (Kindle)


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...