domingo, 21 de julio de 2024

JUNIO... ¡DE UN VISTAZO! (#06/2024)

Junio ha sido un mes de cambios y adaptaciones. El día 5 me incorporé a un nuevo puesto de trabajo. Nueva oficina. Nuevo jefe. Nuevos compañeros. Y nueva materia. En los últimos diecisiete años he realizado labores de secretaría, como personal de apoyo a cuatro personas. Fue un trabajo cómodo, fácil, muy llevadero. Sin embargo, ahora me enfrento a una montaña de expedientes por tramitar, algo que no hacía desde hace casi veinte años. Vuelvo a seguir, paso a paso, el procedimiento administrativo. Vuelvo al trato con el ciudadano que, en mi caso, solicita una ayuda en concreto. No puedo decir que no me guste. Al revés, estoy recordando muchas cosas, aprendiendo otras interesantísimas y, en definitiva, lo estoy disfrutando. Pero, como todo en la vida, tiene una pega. Y es que es un trabajo exigente, al menos, ahora que estoy empezando, y eso deja frita mis neuronas para el resto del día, lo que se traduce en pocas ganas de leer por la tarde-noche. Pero bueno, entiendo que, poco a poco, me iré acostumbrando a este cambio y volveré, en la medida de lo posible, a mis rutinas. 

Y entre esas rutinas están los resúmenes mensuales. Hoy vengo a hablaros sobre el mes de junio en Lecturápolis. ¿Empezamos?


[Para conocer la sinopsis de los libros expuestos
solo tienes que clicar en cada título o en los enlaces a las reseñas]



Los comprados

Pasapalabra. 

Los recibidos

Este junio vino flojito y, sinceramente, se agradece. A veces, me abruma tener tantos libros sin leer en casa. 



De entrada, Algaida publicó Los últimos días de la República de derechas de José Ángel Mañas. Dice la sinopsis que Mañas, «narra con rigor de historiador y amenidad de novelista», el final de una época y un régimen. El libro aborda, casi en formato de diario, una época convulsa que terminó por dar pie a la Guerra Civil. 

Por su parte, Oberon edita dos libros muy distintos. En primer lugar, En defensa de Whitney de Gerrick Kennedy. No os voy a mentir. Me quedé un tanto sorprendida con este libro. Me encanta Whitney Houston y sus canciones. Me parece que tuvo una voz única e insustituible y fue una pena terrible su muerte. Pues bien, esta editorial saca a la luz una traducción al castellano del que ha sido nombrado como el Mejor Libro del Año por The New Yorker y elegido como el Mejor Libro del Mes por The Washington Post. En este libro, el autor hace repaso a la vida de la cantante. Para los fans de Whitney Houston será una lectura imprescindible.





Pero ahora que estamos acercándonos a las vacaciones, en los libros que nos vamos a llevar de viaje, o a la playa, os confieso que, además de novelas, a mí me gusta echar alguna revista o libro de pasatiempos en la maleta. Me encanta hacer crucigramas. Y para esos momentos en los que no te apetece leer, Oberon ha editado el tercer Cuaderno de Pasatiempos de Brush Willis. No son los típicos que encontramos en las revistas que podemos adquirir en los kioskos. Estos pasatiempos son totalmente diferentes, originales, actuales, y, todo hay que decirlo, para pensar mucho. Por casa tengo el primer volumen que la editorial sacó y, a veces me pongo a ello, pero son un verdadero reto. 


Por último, entre los recibimos, Blanca Cabañas me envió su última novela, titulada El hambre del pelícano (Suma de Letras). De la autora leí en su día Perro que no ladra y me gustó bastante. Fue una novela muy entretenida que transcurría en tierras gaditanas. Y a Cádiz regresa Cabañas con El hambre del pelícano, cuya reseña ya tenéis publicada en el blog, aquí. 

Pero, como viene siendo habitual, la mayoría de los libros llegaron para las entrevistas. En esta ocasión, las he hecho todas o están programadas para hacerlas. De entrada, N de Novela publica La noche que sonaron las campanas de Carmen Macedo. La autora es sevillana y acaba de publicar por primera vez. La acción transcurre en tierras asturianas, donde tendrá lugar un terrible asesinato. «El cadáver de un concejal aparece desmembrado y enterrado hasta las rodillas bajo las ramas de un tejo milenario». 





Por su parte, Planeta publica Esto no está pasando de Carmen Romero. Me dejó muy tocada la lectura de este libro en el que la autora narra cómo sucedió y cómo vivió el suicidio de su hermano Miguel en 2016. Carmen hace un emocionante homenaje a su hermano en este libro, a la vez que pone sobre la mesa cuestiones que nos atañen a todos, como la salud mental y las carencias del sistema sanitario. La entrevista ya está publicada, aquí.


Espasa publica Un puchero de verdades de Pepa Muñoz, la chef al frente del restaurante El Qüenco de Pepa. A raíz de algunos programas televisivos relacionados con la comida voy conociendo a los distintos cocineros de este país, así que me hizo mucha ilusión conocer y conversar con Pepa sobre su libro, que no es el típico recetario, sino que en esta páginas la autora nos cuenta cómo llegó al mundo de los fogones y, como postre, sí incluye unas treinta recetas de fácil elaboración. La entrevista con Pepa Muñoz ya está publicada, aquí.





Y la misma editorial publica El linaje de las estrellas de Daniel Fopiani. Conozco a Daniel desde su primera novela, La Carcoma, y desde entonces no he dejado de leerlo. El autor estuvo recientemente en Sevilla para promocionar esta nueva novela, que nos adentra de nuevo en el mundo militar y nos hace viajar igualmente a Cádiz. La novela ya está leída pero antes de compartir con vosotros mi opinión, publicaré la entrevista con el autor la semana próxima.



Létrame Grupo Editorial publica El visitador. La geografía del dolor de José A. Fortuny. El autor contactó conmigo vía mail para hablarme de su libro. Tengo pendiente conversar con él sobre el libro, pero se me ha echado el tiempo encima y en unos días el blog se irá de vacaciones. Nuestra charla tendrá que esperar hasta septiembre.



Y, por último, un bellísimo clásico ilustrado, de la mano de Ilu Ros, que Alma Editorial saca a la luz. Los Pazos de Ulloa de Emilia Pardo Bazán se ha convertido en una novela mucho más atractiva e interesante con los dibujos de la ilustradora murciana. 


jueves, 18 de julio de 2024

CARMEN MACEDO: ❝Quiero que el lector juegue un poquito a los detectives❞

Hace unas semanas pude conversar con Carmen Macedo, autora de La noche que sonaron las campanas, editado por N de Novela. Esta es la primera novela de la autora sevillana, una novela cuyo germen nació como trabajo final del Máster de Escritura Creativa que Macedo cursó en la Universidad de Sevilla. Carmen confiesa ser lectora de novela negra, policíaca y de thriller, y dice haber escrito el tipo de novela que a ella le gusta leer. Sin ninguna pretensión y casi sin creérselo todavía, la novela llega a la librerías, prometiendo al lector una historia que nos transportará a Asturias, tierra de leyendas y mitos. Bajo un legendario tejo aparecerá el cadáver de un hombre. ¿Qué se esconde tras este crimen?

Ahí va mi conversación con la autora.


[Foto facilitada por la autora] 

Marisa G.- Carmen, un placer conocerte. La noche que sonaron las campanas es tu primera novela, así que felicidades y enhorabuena por su publicación, algo que no siempre resulta fácil.

Carmen M.- Verdad. Muchas gracias.

M.G.- Antes de meternos de lleno en la novela, cuéntame. Profesionalmente, te mueves en el mundo del marketing, la comunicación, el periodismo. Sin embargo, lo que realmente te gusta es la escritura y la criminología. ¿No es así?

C.M.- Bueno, soy periodista. Cuando terminé la carrera, hice un máster de criminología porque me gustaba el derecho penal y todo lo relacionado con la investigación criminal. Buscaba especializarme en sucesos y tribunales. Pero siempre me he dedicado profesionalmente al marketing y a la generación de contenido. La escritura era como una asignatura pendiente, una afición oculta. Fue por lo que hice el Máster en Escritura Creativa de la Universidad de Sevilla y porque, por entonces, ya tenía un poco más de estabilidad laboral y personal. 

M.G.- ¿Y La noche que sonaron las campanas es tu primera novela publicada y escrita o hay otras novelas que aguardan en un cajón, como le ocurre a otros escritores?

C.M.- No. Es mi primera novela publicada y mi primera novela escrita. No hay otras. Bueno, sólo hay relatos cortos, algunos poemas, algunas escenas sueltas, probando distintos géneros, de ficción, de no ficción. Pero novela, como tal, ésta es la única que tengo terminada. 

M.G. ¿Y cómo llegas a la editorial N de Novela?

C.M.- Pues mira, esta novela, en su versión preliminar, la trabajé para el TFM del máster. Era mucho más corta, con menos profundidad. Cuando terminé el máster, algunos profesores me comentaron que creían que la novela era publicable si la trabajaba más, si la ampliaba un poco. Estuve un tiempo, yo solita, trabajando en la novela para mejorarla, según mi criterio, y cuando entendí que estaba, más o menos, enseñable, la moví un poco entre algunas agencias literarias. Una de ellas se interesó por la novela, me contactó y llegué a un acuerdo con ellos. Durante un tiempo, estuvimos perfilando algunos aspectos de la novela y luego, cuando estuvo bien trabajada, fueron ellos los que empezaron a moverla entre las editoriales y fue N de Novela los que mostraron interés por publicarla.

M.G.- ¿Y qué le dirías a los lectores sobre tu novela? ¿Cuál es la historia que van a encontrar en este libro?

C.M.- Fundamentalmente, es una historia de investigadores. En esencia, es una novela policial que narra la investigación que se lleva a cabo para esclarecer una muerte, en principio, violenta. El cadáver de un concejal aparece debajo de un árbol milenario en un concejo del interior de Asturias, aunque el concejal ejerce en otro concejo asturiano distinto. Una de las líneas de investigación tiene que ver con ese cargo público que ostentaba la víctima. Pero claro, aparece debajo de un árbol considerado sagrado desde la antigüedad, así que, los lectores van a encontrar también misterios y leyendas. 

M.G.- ¿Cómo, cuándo y por qué nace La noche que sonaron las campanas? ¿De dónde nace la idea para esta novela, con estos elementos, esta muerte violenta, precisamente en Asturias?

C.M.- El género de novela policial, con un componente mágico o de misterio, responde a mi interés como lectora. He viajado mucho por el norte de España, pero Asturias es el lugar donde más veces he ido. La he pateado muchísimo, desde muy jovencita. Desde siempre, he tenido la idea de que, cuando escribiera algo en serio, tenía que ambientarlo en Asturias porque es el escenario adecuado para el tipo de novela que yo quería escribir. Y hace unos cuantos años, en uno de mis viajes, descubrí el tejo, como especie. Fue en Cantabria, en el Valle de Liébana, en Santa María de Lebeña. Yo no sabía ni lo que era un tejo pero hicimos una ruta y nuestra guía nos contó la historia del tejo de Santa María de Lebeña. Una pasada. Pues bien, al verano siguiente o así, estando en Asturias y buscando una ruta, amplié mucho el mapa y leo Tejo de Bermiego. Dije ¡ostras! y fui a verlo. Ese enclave es súper mágico. Supe entonces que ese era el lugar en el que quería que mi novela arrancara. La novela no está ambientada totalmente en Bermiego pero sí es una localidad que tiene mucho peso.

M.G.- Ese tejo tendrá mucho protagonismo y bajo el mismo, aparecerá el cadáver del concejal en determinada pose. ¿Cómo?

C.M.- La escena es un poco rocambolesca. El pobre hombre no aparece allí tirado, sin más, sino que lo encontrarán con las piernas amputadas o semi amputadas, semi enterrado y apoyado sobre sus manos. Será una vecina del pueblo la que encuentre el cuerpo. Cuando días después llega la UCO, se encontrará como un escenario, en cierto modo, teatralizado. Por la manera en la que está dispuesto el cadáver, por el escenario, empiezan a pensar que se puede tratar de un crimen ritual, de alguna ceremonia extraña. Eso se unirá a la condición política del muerto.

M.G.- Entonces, el hecho de que se trate de un político, ¿tendrá relevancia en la trama?

C.M.- Bueno, se trata de tener distintos elementos que nos permitan explorar diferentes vías. El caso que presenta la novela no está basado en ningún otro que sea real. Ni tampoco está inspirado. Pero sí es verdad que, en España, y más concretamente en el norte, sí han habido casos de políticos asesinados. Esto es una novela y quiero que el lector juegue un poquito a los detectives, que vea por dónde pueden venir los tiros, nunca mejor dicho. 

M.G.- Es un thriller rural, en un municipio, cuya población no llega ni a cien habitantes. Eso aporta a la historia una serie de elementos que enriquecen la trama.

C.M.- Sí. Hay una parte importante de leyenda, de tradición oral y popular. Eso suele estar en los pueblos, no sólo en los de Asturias, sino en cualquier lugar de España. Pero es que, además, yo quería poner el foco de atención en el entorno rural asturiano porque es único, original y diferente a todo. Son los pueblos con una esencia más profunda y más auténtica. Las familias de esos pueblos, al margen de vivir de la ganadería, viven en  un paraíso. Y para los que vivimos en una ciudad, aunque no sea muy grande, como le ocurre a Sevilla, visitar Bermiego nos hace plantearnos muchas cosas, como nuestra forma de vida, nuestro ritmo, las necesidades que tenemos,... Yo quería poner el foco ahí y reivindicar que se cuide el tejo. El de Bermiego tiene entre mil y dos mil años y hay que cuidarlo porque el tejo tiene consideración de Monumento Natural, por un Real Decreto del año 95. Esta novela es como un homenaje a esos lugares que me encantan, a la tradición,... También me da mucha pena todos esos pueblos que se están vaciando porque se pierde su historia.

M.G.-  Tu novela se puede entender también como una defensa del medio ambiente, ¿no? Porque lo estamos destrozando.

C.M.- Es lo que hacemos. Aunque no sé muy bien qué debemos hacer con la naturaleza. ¿Dejarla a su aire y no entorpecer? Por un lado, a veces pienso que los que sobramos somos los humanos. Por otro lado, si la gente no cuida de la naturaleza se terminaría perdiendo. Pero, sin duda, es un homenaje. Como vivo entre cemento y asfalto, cuando voy a lugares como Bermiego, alucino. No te digo que me gustaría quedarme allí porque seguramente sería difícil. No estoy acostumbrada a vivir en un entorno así.

M.G.- Entiendo. Y ese tejo milenario, que tendrá bastante relevancia en la novela, es muy curioso. Se dice de él que es el árbol de la vida y de la muerte.  

C.M.- El tejo se conoce como el árbol de la vida y de la muerte desde los celtas porque tiene, en casi todas sus partes, un alcaloide, una toxina muy potente. Es venenoso y, evidentemente, no se puede consumir. Julio César ya lo dice en La guerra de las Galias, que el jugo del tejo se usaba como medio para hacer sacrificios rituales. A su vez, los celtas lo usaban para defenderse. Con la misma madera del tejo fabricaban flechas y recubrían su punta con el veneno del tejo. No obstante, sus principios activos se usan también en ciertos tratamientos médicos. 

M.G.- Es curioso... Bueno, la víctima se llama Amador Braña, si no me equivoco, y el equipo de investigación que tiene que descubrir quién mató al concejal está liderado por un andaluz que se llama Juan Peña. ¿Cómo es este personaje?

C.M.- Juan Peña es andaluz, de Sanlúcar de Barrameda. Pertenece a la UCO y está afincado en Madrid. No es el único andaluz de la novela porque su compañero también es de Cádiz. Juan Peña tiene cincuenta años. Cuando arranca la novela acaba de ser abuelo. Es un momento muy significativo en su vida porque se va a plantear muchas cosas, como sus prioridades. En esas está cuando se tiene que hacer cargo de la investigación que va a poner a prueba sus esquemas mentales. Es un investigador de homicidio no muy dado a los procedimientos y a las leyes. Además, aunque es la primera vez que va a Asturias a resolver un caso, tiene ciertos fantasmas e historias personales vinculados con ese lugar, que han sido importantes para él. Eso ha impedido hasta ahora que Juan regrese a Asturias. Creo que es un personaje que nos va a sorprender. Tiene ciertas características que son muy necesarias hoy día, como la empatía.

M.G.- Y tendrá un equipo a su cargo.

C.M.- Sí, él cuenta con tres compañeros: el sargento Rubio, el cabo Cava y la guardia León. Los personajes es algo que he trabajado mucho. En Asturias se tendrán que entender con los guardias locales, los que llevaban el caso antes de que apareciera la UCO. En la novela se aborda también cómo es la relación entre ambos equipos.

M.G.- ¿Y quién es Golondru?

C.M.- Golondru es uno de mis personajes favoritos de la novela. Es el bueno entre las personas del entorno de la víctima. Es un señor mayor, el amigo de pesca de la víctima. En las parejas de pesca es algo habitual que uno sea muy mayor y el otro muy joven. Es un personaje que nos va a hacer reflexionar porque viene de vuelta de todo. Es como la voz de la experiencia pero no quiero desvelar mucho más de él. Es mejor leer la novela.

M.G.- Carmen, esta novela es muy sensorial. Es una novela que suena, desde el mismo título, que nos habla de campanas, y también suena a través de esa coruxa, esa lechuza que vemos en la cubierta.

C.M.- Mira, a mí es que me ocurrió una cosa una vez. Ojalá que me vuelva a ocurrir pero no creo que vuelva a tener esa suerte. Yo he oído una manada de lobos en plena naturaleza. Es algo que no aparece en la novela porque me ocurrió cuando ya estaba escrita. Si no, hubiera metido hasta lobos. Cuando estás en un pueblo como Bermiego, en medio de la montaña, y de noche, el silencio es abrumador pero también hay un montón de sonidos. Son esos sonidos los que, al final, sirven para dar voz a la gente del lugar, y para adentrarnos en todo ese mundo de leyendas. La lechuza de la cubierta y el sonido de las campanas son un poco la representación de todos esos sonidos que se escuchan en un pueblo como este, augurios de cosas buenas o malas, según quién te cuente la leyenda. A lo largo de la novela vamos a ir viendo qué significan esos sonidos. Van a tener un papel importante en el devenir de la investigación.

M.G.- ¿A qué tipo de documentación te ha obligado la escritura de esta novela?

C.M.- Antes de empezar a escribir la novela, no tuve un periodo de documentación demasiado grande. Los lugares que aparecen como ambientación cero son todos espacios que yo he recorrido sobradamente. De todos modos, durante la escritura y, sobre todo, cuando ya estaba casi terminándola, sí que volví a esos lugares porque quería comprobar de primera mano algunas cosas. Por Bermiego no te puedes pasear con el Google Maps, ni mucho menos. Tienes que ir allí. 

Luego, sí tuve que documentarme bastante en cuestiones forenses, pero tengo algunos contactos con los que, por suerte, puedo hablar y puedo hacerles alguna consulta. Y también tuve que documentarme sobre la parte más histórica del tejo y la mitología asturiana, lo cual no resultó fácil porque la mitología asturiana no es tan conocida como la gallega, por ejemplo. 

M.G.- Cuando nace un investigador nuevo, los lectores siempre nos preguntamos si cabe la posibilidad de que Juan Peña, en este caso, se convierta en personaje de saga. ¿Qué piensas?

C.M.- Pues, que cuando empecé a escribir la novela y aún recién terminada, no era una posibilidad con la que contaba. Es verdad que la novela tiene ingredientes que permitirían hacer una saga porque cuenta con un equipo de investigadores que se desplazan de un lugar a otro. Hoy pueden estar aquí y mañana allí. Y además, Juan Peña es como el anti-protagonista actual. Tenemos a un señor que no es joven, ni atractivo, es muy mundano, y a todos nos puede recordar a alguien que conocemos. Eso es algo que me han comentado muchos lectores. Entonces, ¿puede haber otras novelas? No te digo que no, pero también te digo que no será una obligación. Si no encuentro la manera de darle forma a una nueva novela, y que los personajes sumen, pues nada. A mí estos personajes me gustan, pero igualmente puedo construir otros.

M.G.- Y Carmen, primera novela y primera promoción a la que te enfrentas. Sé que has estado en la Feria del Libro de Madrid. ¿Qué sensaciones te bullen por dentro? ¿Cómo estás viviendo la promoción?

C.M.- Mira, yo escribí la novela sin pensar que un día se publicara. Era sólo una posibilidad muy remota. Ni siquiera pensé en la autopublicación. Yo sólo escribí la novela para que me gustara a mí. Así que no tenía ninguna pretensión. Es más, firmé el contrato con N de Novela sin ninguna pretensión y también me reuní con los editores sin ninguna pretensión. Y es la misma que tengo. Cero. Con lo cual, el día que publicaron la pre-venta fue como ufff. Ya no había vuelta atrás pero a mí me dicen que tengo que ir a Oviedo, y voy, que tengo que ir a la Feria del Libro de Madrid, y voy. Me lo tomo con mucho estrés porque yo trabajo y tengo que cuadrarlo todo. Pero me lo paso bien. 

M.G.- Bueno, de eso se trata, ¿no? De pasarlo bien. Sí hay autores a los que la promoción les abruma un poco.

M.C.- Esta novela ha tenido una promoción con la que yo no contaba. Yo, al dedicarme al marketing, sé lo que hay detrás de una promoción como esta. Y sí, me abruma pero tampoco esto significa nada, ni quiere decir nada. La editorial entendió que había que darle esa promoción y se la ha dado. Y ahora ya pasará lo que tenga que pasar con la novela.

M.G.- Pues como última pregunta, y teniendo en cuenta que esto es un thriller y a que a ti te gusta el género, me gustaría saber cuáles son los autores que te inspiran.

M.C.- Creo que, como referencias absolutas, y como autores que más me gustan, me quedo con Dolores Redondo y con Lorenzo Silva. Dolores Redondo tiene esa parte de realismo mágico maravillosa. En cuanto a sagas policiacas, me gusta mucho Lorenzo Silva. Y luego hay otros autores de otros géneros, como Aramburu, que me fascinan.

M.G.- No tengo más preguntas, Carmen. Te agradezco mucho que hayas estado aquí conmigo para conversar sobre esta novela. Te deseo mucha suerte. Muchas gracias y que sigas disfrutando.

M.C.- Muchas gracias, Marisa.

Sinopsis: EN EL SILENCIO DE LAS MONTAÑAS TODOS LOS RUIDOS ANUNCIAN LA MUERTE

El cadáver de un concejal aparece desmembrado y enterrado hasta las rodillas bajo las ramas de un tejo milenario. ¿Forma parte de un morboso ritual, de una venganza política o alguien ha copiado un terrible asesinato del pasado?

Las creencias populares y la celebración de unas extrañas ceremonias entre la niebla de las montañas asturianas inquietan al equipo policial encargado de la investigación, con el reflexivo teniente Juan Peña a la cabeza, quien deberá sumergirse en una realidad que parece más propia de otro orden.

Donde todos parecen ocultar algo, solo existe una manera de hallar la verdad: hurgando en lo más profundo de la sangrienta naturaleza humana, allí donde habita la raíz del miedo.


martes, 16 de julio de 2024

PEPA MUÑOZ: ❝Tengo muy buenos amigos que me quieren mucho❞

Si alguien me hubiera dicho que a Pepa Muñoz, la chef al frente de El Qüenco de Pepa en Madrid, le gusta cantar, tiene devoción rociera, y hace el camino a la aldea del Rocío con la Hermandad de Triana hubiera puesto una cara de incredulidad total. Pero lo cierto es que es así. Ella misma lo cuenta en su libro, su primer libro, Un puchero de verdades, que edita con Espasa. En este libro, esta cocinera de padres andaluces hace repaso a su trayectoria, mezclando en un buen guiso lo que supone su vida personal y profesional. No estamos ante un libro de recetas propiamente dicho, sino ante un testimonio personal que, además, incorpora las elaboraciones de algunos de los platos más tradicionales de nuestra gastronomía. A Pepa, el veneno de los fogones se lo metió su padre en las venas. Aquel hombre, cuya muerte supuso un duro golpe para una joven Pepa, cambió un día el volante por los peroles.

Con una de las caras más visibles de la gastronomía española estuve conversando hace algunas semanas.  

Marisa G.- Pepa, pues es un placer conocerte y tenerte en Sevilla. Vienes con un libro que se puede decir casi recién salido del horno, nunca mejor dicho, con este puchero de verdades. Es la primera vez que tú escribes un libro.

Pepa M.- Sí, sí, es mi primer libro. Cuando nacieron mis hijas, que van a cumplir ahora dieciocho años, empecé a hacer anotaciones sobre la gente a la que su madre les había dado de comer, tanto gente conocida como gente anónima. Y luego dejé de hacerlo porque con las niñas, mellizas las dos, pues fue inviable. De vez en cuando apuntaba algo, tomaba notas, hasta ahora que ha llegado.

M.G.- ¿Y qué tal la experiencia de escribirlo?

P.M.- Bien, muy bonita. Ha sido un trabajazo de memoria porque yo situaba e intentaba colocar los hechos. No sabía si esto pasó antes o pasó después. En muchos momentos, he tenido que colocarme ante un guión, con una organización, para poder contarlo.

M.G.- Claro, tener que ordenar todos los recuerdos. 

Pero, a ver, siendo tu cocinera, el que tenga tu libro en las manos pensará que es un libro de recetas y sí que hay recetas pero también hay algo más. ¿Tú cómo definirías el libro?

P.M.- El libro es como mi biografía gastronómica. Hay recetas, claro, pero también hay recetas de vida. En total hay como treinta recetas que muestran cómo ha sido mi trayectoria, cómo he ido evolucionando en algunos momentos o que son recetas que tienen algún sentido en mi vida. Hay muchas anécdotas porque llevo muchos años trabajando y me han pasado cosas muy bonitas. Empecé a trabajar y a cocinar con ocho años, siendo una niña, y he sacado todo lo mejor de esa experiencia. No tengo ninguna cosa que echar en cara a mis padres, sino todo lo contrario porque, al final, mira dónde estoy hoy por hoy. 

M.G.- Gracias a tus padres de los que ahora hablaremos ahora. Como dices, has ido tomando anotaciones a lo largo de los años pero, ¿cómo surge la idea de ponerte ahora a escribir?

P.M.- Pues mira, me lo estaba pidiendo muchísima gente. Me pedían más recetas. Mi restaurante, El Qüenco de Pepa, ha hecho ahora veinte años. Creo que era el momento. Además de mis vivencias, también contaba con material para contar sobre los años en mi restaurante. Han pasado cosas muy bonitas. También algunas muy duras, porque los comienzos son muy duros, pero había un aprendizaje. Y luego, la cantidad de gente que ha pasado por allí.

M.G.- Mucha gente y de ellas hablas en el libro. Pero el prólogo es del chef José Andrés. Él habla de ti y dice que eres una persona que desborda generosidad, felicidad, energía y amor. Te pone por las nubes. ¿Tú cómo definirías a José Andrés?

P.M.- Mira, a Jose le conocía como cocinero antes de la pandemia. Con Jose, hay un antes y un después en mi vida. Sobre todo, siendo colaboradora de él. Jose es una persona que desborda energía. Tiene una energía brutal. Es una persona a la que quieres tener toda tu vida a tu lado, porque con él siempre estás aprendiendo, aprendiendo, y creciendo y haciendo. Es un no parar. A mí me gusta ese no parar porque, aunque yo ya voy a hacer cincuenta y cinco años, mentalmente es como si tuviera treinta. Sigo haciendo cosas y quiero seguir haciendo. Creo que él y yo somos muy parecidos. Él me dijo una vez que pensaba que éramos como hermanos gemelos que nos separaron al nacer. Bueno, es una persona que te está aportando todo el rato.

M.G.- Y muy entregada.

P.M.- Sí, sí, muy entregado. Además, es una entrega verdadera, desde dentro. 


[Si quieres oír nuestra conversación, dale al play]


M.G.- Pepa, tu amor por la cocina viene por tus padres. Más concretamente por tu padre que aprendió a cocinar casi de refilón, porque él no era cocinero.

P.M.- No. Él trabajó en una casa muy buena, en una finca aquí al lado, en Hornachuelos, provincia de Córdoba. Trabajó en la casa de los Oriol. Él era el chófer de la familia y claro, en estas casas, se cocinaba mucho. Todos los días comían un primero, un segundo y un postre. Y él, como chófer, pasaba mucho tiempo en la cocina, con el servicio. Y ahí fue donde empezó a aprender.

M.G.- ¿Le gustaba cocinar más que conducir?

P.M.- Sí, muchísimo más.

M.G.- En el libro hay un capítulo en el que tú cuentas que tu padre empieza a dar de comer, a dar el catering, a los equipos de cine. Esa parte es muy bonita. Me ha parecido muy interesante ver cómo tu padre pasa de ser el chófer en una buena casa a dar de comer a los actores y a los directores de cine.

P.M.- Mi padre era una persona muy emprendedora y muy inteligente. No tenía estudios pero era una persona que tenía mucha visión para los negocios. Le definen muy bien todos los restaurantes de los que se fue encargando. Y yo pongo ahí la palabra catering pero claro, eso es una palabra nueva. Él se moriría con esa palabra. Nunca hubiera dicho catering porque ni siquiera conocía esa palabra. Él decía que era hostelería en exteriores, que es mucho más bonito que catering. Y sí, en aquellos años, en los 70 y los 80, pues él se encargaba de dar de comer a los equipos de rodaje, en las películas de Carlos Saura, de Elías Querejeta, de Víctor Erice, o Pilar Miró. A todos, a los actores, a los electricistas, a los de efectos especiales,...

M.G.- Tenía que contratar a gente para dar de comer a todo el equipo.

P.M.- Bueno, había un núcleo duro, digamos, pero sí, cuando se rodaba fuera, en Almería, en Huesca, o en Cuenca, tenía que contratar a más gente.

M.G.- Y tú lo ayudabas porque empezaste muy pequeñita. ¿Qué recuerdos tienes de esos años? Te parecería un mundo muy mágico.

P.M.- Sí, la verdad es que yo era muy pequeña pero creo que no era consciente. Ahora, tomando distancia, ha sido muy bonito recordar a Alfredo Landa, a Amparo Muñoz, la pobre y otros tantísimos actores y actrices, como Rafaela Aparicio o Paco Rabal. Todos ellos han dejado tanto culturalmente en este país... La mayoría de los actores de esa época ya no viven.

M.G.- Y tu padre fallece pronto, cuando tenías unos veinte años.

P.M.- Sí.

M.G.- Imagino que si él llega a ver hoy, con sus propios ojos, hasta dónde has llegado, se sentiría muy orgulloso.

P.M.- Creo que él lo sabe y me manda mucha energía. Soy muy creyente y a mi padre lo tengo muy presente.

M.G.- Pero fíjate que tú cuentas, en ese momento en el que él fallece, que te querías alejar un poco de los fogones porque era algo muy doloroso para ti.

P.M.- Sí, sí, es que se murió de un infarto fulminante y a mí eso, a los veinte años, me desestabilizó bastante. Estuve un poquito perdida.

M.G.- Por suerte, las cocinas te recuperaron. Y Pepa, otra cuestión importante de la que hablas en el libro es sobre la importancia de comprar buenos alimentos. Y creo que todos, los consumidores, las amas de casa, los que tenemos que cocinar todos los días queremos comprar buenos alimentos pero claro, también creo que al sistema hay que darle una vuelta porque el producto bueno llega carísimo al consumidor final. El agricultor cobra muy poco. Hasta tal punto de que, a veces, ni le compensa recoger la cosecha.

P.M.- Sí, hay que darle una vuelta, sí. Pero es que, además, nos vamos a quedar sin muchísimas variedades por no ayudar al campo, al mundo agro, en general, porque también hay que ayudar a la ganadería. Nos vamos a quedar sin muchísimos productos en nuestra despensa, productos que han conseguido que, ahora mismo, España sea el mejor destino gastronómico del mundo. En la lista de los diez mejores chef del mundo, siempre hay cinco o seis españoles, gracias a ese trabajo que se ha hecho. Tenemos una responsabilidad muy grande y esto hay que cuidarlo. Hay que seguir luchando. Yo soy muy luchona. Voy al campo, y compro a los pequeños productores, y al pequeño quesero. Es la única manera de mantenerlos y que ellos sigan trabajando.

M.G.- Es que a algunos ni les merece la pena mantener el campo. De hecho, muchos están vendiendo o alquilando las tierras y ahora se ven más campos de placas solares que otra cosa. Al menos, aquí en Andalucía.

P.M.- Sí. Y el que tenía antes doscientas ovejas, ahora tiene cien o cincuenta. A todo esto hay que darle una pensada, sí.

M.G.- Exactamente. Y cuéntame esto que dices que las abuelas eran ya sostenibles en su época.

P.M.- Sí, es que eran magas. Las pobres no sabían de economía pero sí hacían economía familiar. Gestionaban residuos y de un mismo plato, luego salían cinco platos más. Hablamos de recetas tan maravillosas como el salmorejo, que es cocina de aprovechamiento, o como son las croquetas o las migas. Son recetas tradicionales nuestras, pero son recetas de aprovechamiento. Y luego hacían otra cosa maravillosamente bien porque antes éramos más de familia. Nosotros, por ejemplo, somos seis. ¿Y qué hacían? Pues gestionaban la ropa, de un hermano pasaba al siguiente, o si una prenda tenía un roto en la codera, pues le cortaban las mangas.

M.G.- Se reciclaba y se reutilizaba todo.

P.M.- Todo. Recuerdo que, de una pata de un pantalón, se hacían almohadones. Se tiraba muy poquito. En mi casa era así. 

M.G.- El libro tiene muchas fotos, muchísimas. Me ha encantado verlas y fijarme en todos los detalles. ¿Cómo ha sido seleccionar exactamente estas fotografías?

P.M.- Tenía muchísimas fotos pero había que seleccionar porque tampoco quería cargar el libro con demasiadas fotos. Me puse con Mila y seleccionamos estas. Hay mucha gente que no aparece en estas fotos pero eso no quiere decir que no sean importantes. Hay muchísima gente anónima que son muy importantes para mí y son maravillosas. Pero bueno, teníamos que hacer una selección. Al final, fuimos eligiendo algunas que, por mi profesión, aparezco con otros cocineros. Tengo muy buenos amigos, que me quieren mucho. Y luego hay fotos con actores, con actrices, flamencos, toreros,... Hay de todo.

M.G.- Y cantantes. A ti te gusta mucho cantar. Y me he quedado alucinada porque no sabía que también eras rociera. Esto, ¿de dónde te viene? 

P.M.- Pues mira, mi madre, sevillana, y mi padre, cordobés. Un amigo mío, el Nene, de Sanlúcar la Mayor, que cantaba, al que conocí en Madrid, y luego, otro amigo mío, Renato, que ha fallecido hace poco, fueron los que mi iniciaron en el Rocío. Tenía unos dieciocho años cuando hice mi primer Rocío con Triana. Luego, me hice de la hermandad y fui conociendo a más gente. Y no faltaba un año. Cuando falleció mi padre sí dejé de ir. Estuve cinco años sin ir al Rocío pero luego, volví a retomarlo.

M.G.- ¿Pero lo haces todos los años?

P.M.- Sí, aunque desde la pandemia, no lo he vuelto a hacer. 

M.G.- Y siempre con Triana. A ver si te veo, que yo tengo la capilla del Rocío de Triana muy cerca de casa. Así que ya te veré.

P.M.- ¿Ah, sí? (Ríe)

M.G.- Sí. Y Pepa, algunas de las recetas que encontramos en el libro son recetas que tú ofreces en tu restaurante. Tú apuestas por una cocina tradicional. 

P.M.- Esa es mi filosofía. Es en lo que creo y la que tiene identidad para mí. Además hay algo importantísimo como es la salud y para eso es fundamental la cocina tradicional, con nuestras legumbres, nuestras verduras, nuestros pescados, en definitiva, con nuestra dieta mediterránea.

M.G.- Lo que pasa es que, a veces, cogemos un libro de cocina, o vemos algún programa de televisión, y nos hablan de unos ingredientes que son un poquito complicados de encontrar.

P.M.- A España ha venido mucha gente de otras culturas que han introducido sus ingredientes y sus recetas. Se han creado conceptos nuevos como un taco de no sé qué, o un pan bao con rabo de toro. Hay mucha fusión, ¿sabes? Pero eso hace que la gastronomía crezca. Yo tengo mis propios principios y voy por otro lado. Prefiero el rabo de toro solo a hacerlo en pan bao. Pero bueno, la cocina tiene que crecer, y tiene que haber gente para todo y sitios para todos y para todo tipo de economías.

M.G.- Entiendo. Pero, alguna vez te hemos visto en Masterchef, un programa que yo sigo mucho porque me gusta, de verdad.

P.M.- Está muy bien hecho.

M.G.- Sí pero como sigan haciendo ediciones y sigan saliendo más gente a la que le gusta cocinar, la competencia va a ser brutal. Va a haber excedente de cocineros.

P.M.- Eso sí que es verdad. Ahora mismo hay muchísimos cocineros. Pero fíjate qué contradicción. Por un lado, hay mucho cocinero pero, por otro lado, falta mano de obra en los restaurantes y en los hoteles. No todo el mundo puede salir de la tele. Hay que trabajar en las cocinas. 

M.G.- Por cierto, el nombre de tu restaurante tiene un significado muy concreto.

P.M.- Sí, se llama así porque cuenco, es el primer instrumento que inventó el hombre para comer pero está escrito con diéresis porque viene del castellano antiguo.

M.G.- Curioso. Y dices en el libro que mentirías si dijeras que siempre quisiste dirigir un restaurante. No entraba en tus planes.

P.M.- No.

M.G.- Pero la vida te lo puso en el camino.

P.M.- Creo que he sabido aprovechar bien todo lo que me ha puesto la vida, en el camino. Lo he recogido y lo he metido en ese puchero.

M.G.- Un restaurante que no siempre ha ido bien. En el libro nos hablas de momentos bastante complicados.

P.M.- Muy complicados. Llevar la administración, la gestión financiera, era  un sitio que no estaba muy a la vista,... Pero, también te digo una cosa. He aprendido mucho y lo he recogido todo, y con mucho cariño. Corregir y no caer en más errores.

M.G.-  ¿Y qué papel juegas en el World Trade Central Kitchen?

P.M.- Ese es el proyecto de Jose al que me he unido después de la pandemia, del volcán, de la guerra, de Filomena,... Cada vez que se ha activado una emergencia, ahí estaba yo. Soy como la persona responsable de la ONG en España. Es totalmente altruista. Lo hago por ayudar. Si yo doy mucho, esto me da a mí mucho más. Es muy gratificante.

M.G.- Cuando uno ha recibido mucho, también hay que devolver a la vida lo que nos ha dado.

P.M.- Efectivamente.

M.G.- Pepa, en este libro, no sólo hablas de tus orígenes o de la cocina, sino que también hablas de temas muy personales, como tu relación con Mila o el nacimiento de tus hijas. No has tenido ningún reparo en hablar de tu esfera más personal e íntima.

P.M.- No, porque era un puchero de verdades. O lo hacía o no lo hacía. También hay cosas que no he contado porque no se pueden contar, o no he hablado de gente que creo que no debería hablar. Soy una persona que se lleva muy bien con todo el mundo. Mi vida es muy amable y no quiero problemáticas. Entonces, hay cosas que no he contado. Pero esta es mi historia. No he tenido muchos momentos en los que me hayan rechazado. Sí vivimos algo así cuando las niñas eran muy pequeñitas y no las quisieron aceptar en un colegio. Pero bueno, ahí hay otro aprendizaje, ¿sabes? Si lo cuento es porque hay que dar normalidad a ciertas cosas y creo que pueden ayudar a muchísima gente.

M.G.- Pero bueno, ya estamos en otros tiempos y hay que abrirse... Bueno, y sobre las recetas que has seleccionado, ¿por qué estas recetas concretamente?

P.M.- Cada una de ellas tiene un significado.  Cada una de ellas está dedicada a alguna persona, a un cocinero, a algún miembro de mi familia, como mi padre o mi madre, o a los hortelanos. Cada una de ellas tiene un porqué. Dentro de la tradición hay alguna que es más sofisticada. Como el crepe que hice de tomate, que lo hice con mi hija cuando me acompañó al primer congreso. Ese tiene un significado especial. Ella es una mini-pepa que empieza.

M.G.- ¿Ellas también cocinan?

P.M.- Lola se va a dedicar a la gastronomía.

M.G.- ¿Y a ti te gusta la idea? ¿La animas?

P.M.- Sí, sí, me gusta. Me encantaría, ¿sabes? Espero que no tenga que trabajar tanto como yo, o que lo haga de otra manera. Porque yo, a veces, me he complicado demasiado, ¿sabes? Pero bueno, me encantaría.

M.G.- Seguro que tiene suerte. Como última pregunta, Pepa, si no te hubieras dedicado a la cocina, ¿qué te hubiera gustado ser?

P.M.- Uy, fíjate, no lo sé. No sé qué hubiera hecho. A lo mejor, hortelana. Creo que me hubiera dedicado al campo, a algo del campo, segurísima. Hortelana, o hubiera tenido una quesería porque las queserías me encantan. Pero no me voy a meter en más líos porque Mila me lo tiene ya prohibido.

M.G.- Pues Pepa, yo te doy la enhorabuena por este libro que está muy interesante. Me ha gustado mucho saber y aprender de ti, conocerte en persona y tenerte en Sevilla. No sé si más adelante te vas a animar a otro libro....

P.M.- Sí, sí. Este es el primero pero no será el último.

M.G.- Pues entonces, espero poder vernos en Sevilla con el siguiente.

P.M.- Claro que sí.

M.G.- Un placer, Pepa. Gracias.

P.M.- A ti.

Sinopsis: La cocinera que ha revolucionado la gastronomía de nuestro país comparte su historia a través de sus recetas.

Pepa Muñoz guisa en este libro las memorias gastronómicas de una vida marcada por la lealtad al origen, la recuperación de los sabores olvidados, la honestidad del trabajo bien hecho y la convicción de que la solidaridad, más que una palabra, ha de ser ley.

Entre la niña que cenaba arroz con leche con su abuela, la joven que ayudaba a su padre en el catering de las películas más importantes de los años ochenta, y la chef que ha servido en su restaurante a prácticamente la totalidad de los presidentes españoles y a personalidades como la Primera Dama de Estados Unidos, Rocío Jurado o Joaquín Sabina, transcurre toda una vida de trabajo y dedicación a la cocina.

Un puchero de verdades nos descubre a la mujer que hay detrás de las recetas que han convertido a El Qüenco de Pepa, en un referente de la gastronomía española dentro y fuera de nuestro país.

viernes, 12 de julio de 2024

EL HAMBRE DEL PELÍCANO de Blanca Cabañas

Editorial: Suma
Fecha publicación: mayo, 2024
Precio: 22,90 €
Género: thriller
Nº Páginas: 360
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN:  9788419835819
[Disponible en eBook]

Autora

Blanca Cabañas (Chiclana, Cádiz, 1991) es maestra de Educación Especial y pedagoga, completó su formación con un máster en Necesidades Educativas Especiales y Atención Temprana. Cuenta con distintos reconocimientos. En 2018, su obra Katchi es premiada como Mejor Relato Corto en el III Certamen Literario Dos Hermanas Divertida. En 2019 consigue el accésit a Mejor Novela Corta en el XXIX Certamen Calamonte Joven con Un buen vecino. En 2020 su relato Vivir se convierte en ganador del VIII Concurso Relato Breve Projecte LOC de Cornellà de Llobregat. En 2021 su relato La línea se hace con el primer premio en prosa en el Certamen Literario Ciudad de Chiclana. En 2022, publica su primera novela, Perro que no ladra, que cautiva a los acérrimos del género. Vuelve con El hambre del pelícano, un thriller crudo y ambicioso que se vale de la Chiclana más oscura como escenario.

Sinopsis

A pesar de comenzar de cero en una nueva casa en Chiclana, Luz no logra dejar atrás sus sospechas. Rodrigo lleva un tiempo comportándose de un modo extraño. Ella conoce esa mirada esquiva, por eso teme que le esté siendo infiel otra vez. Desesperada, decide contratar a una joven detective privada que se convertirá en su sombra. Todo se complica cuando el cuerpo de la chica aparece sin vida en los acantilados de Sancti Petri. Y solo Alfredo, el camarero que la vio por última vez, parece interesado en encontrar respuestas. En esa búsqueda de la verdad, el hallazgo de una estatuilla fenicia detonará las vidas de aquellos que jueguen con su poder y se crean con el derecho de atesorarla.

Después de la publicación de Perro que no ladra, la escritora Blanca Cabañas regresa con un thriller envolvente que atrapa al lector en una espiral voraz que nos lleva a adentrarnos en un mundo de intereses y a disfrutar de los episodios desconocidos de la historia fenicia de Cádiz. Deseos oscuros, avaricia, mitología, investigación y secretos en una novela que hará las delicias de los lectores del género.

[Información tomada directamente del ejemplar]

Blanca Cabañas publicó su primera novela,  Perro que no ladra, en 2022. Con ella tuve el placer de conversar al filo de las navidades de aquel año (puedes leer nuestra conversación aquí) y posteriormente compartí con vosotros mis impresiones en la correspondiente reseña. Leer aquella novela me gustó. Disfruté de su trama y, de paso, aprendí algo de neurociencia. Cabañas regresa ahora con nuevo libro bajo el brazo. El hambre del pelícano es de esas novelas que gustosamente te llevas a la playa, para disfrutar de una lectura entretenida, con una trama a la que no le faltan sorpresas y giros. Y si esa playa baña la costa de Cádiz, mejor que mejor, porque la autora vuelve a su tierra, a Cádiz, para hablarnos de su pasado. Os cuento un poco.

«Voy a morir». De este modo empieza El hambre del pelícano. Las páginas que componen el prólogo de la novela están narradas en una primera persona. La acción se sitúa al borde un acantilado. Al fondo de ese abismo, el mar ruge con fuerza, golpeando incansable las rocas. Pero esta escena será únicamente un adelanto de lo que vamos a encontrar en el interior de este libro, un aperitivo que pone al lector en guardia porque, realmente, la novela se inicia en casa de Adolfo, un anciano que parece sufrir el síndrome de Diógenes. 


«Hacía semanas que no dormía. Puede que meses. A decir verdad, el tiempo se había vuelto confuso. Era incapaz de conciliar un sueño profundo. Cada poco se desvelaba y volvía a estar vigilante un par de horas. Hasta la siguiente sacudida. Esa que lo mantenía alerta, inseguro, expectante. En su cara se dibujaba el miedo; en sus ojos, la tristeza». [pág. 14]

 

En esas primeras líneas del primer capítulo conoceremos a Adolfo, un hombre mayor que no siente orgulloso de lo que hizo en el pasado. Habla de decisiones erróneas, de pagar un precio demasiado alto, de merecer un severo castigo. Tiene miedo. El anciano vive recluido en su casa, no sabemos si por sentir pánico a salir al exterior o por otro motivo. Lo cierto es que, en su casa, siente una presencia amenazante, una figura oscura que lo paraliza cada vez que surge de la nada, o quizá sean sólo imaginaciones de un pobre viejo. Pero el protagonismo de Adolfo se evaporará rápido para pasar el testigo a otros personajes que sí van a desempeñar un papel más predominante. Por un lado, tenemos a Alfredo, un joven camarero, cuya vida cambiará de un día para otro. También acompañaremos a Sofía, una joven fotógrafa que trata de reconducir su vida. Y, entre otros tantos, a Rodrigo, un padre de familia que no pasa por un buen momento. 

La aparición de un cadáver en la playa de la Barrosa pone en marcha el motor de la investigación criminal que se desarrollará en la novela. Nadie ha denunciado ninguna desaparición. Tampoco es posible identificar el cadáver, ya que entre las pertenencias del mismo no se encuentra ningún documento personal. Lo único llamativo son las quemaduras que el cuerpo presenta en las yemas de los dedos, así como una marca alrededor del cuello. Nada más. ¿Quién es la persona que ha sido hallada sin vida? 

Pero este hallazgo no será el único importante de la novela. El hambre del pelícano conecta con el pasado de Cádiz, con su Historia en mayúsculas, con las diversas culturas que poblaron antaño estas tierras, y con la aparición de un objeto de arte, una estatuilla de bronce, que dará pie a un relato en el que no faltarán las mentiras, las medias verdades, la traición, la codicia y la venganza, elementos que ayudarán a mantener la tensión narrativa.

Qué me ha gustado de la novela

Un buen inicio de novela es fundamental para despertar la curiosidad del lector y, en este caso, hay que reconocer que El hambre del pelícano tiene un buen arranque. Como comenté antes, el prólogo nos sitúa al borde de un acantilado, junto a uno de los personajes de la novela. Intuimos lo que la autora pretende que intuyamos, que dicho personaje tiene pensamientos suicidas. ¿Es realmente así? Y en tal caso, ¿por qué? Así que, con esa curiosidad rondándome, me adentro en una trama que gira alrededor de dos cuestiones. Por un lado, la investigación criminal que, si bien está en manos de la Guardia Civil, liderará uno de los personajes civiles el que, por la cuenta que le trae, llevará a cabo sus propias pesquisas. Y por otro, el segundo pilar de la trama será el que tiene que ver con ese repaso que Cabañas hace a aquellos tiempos en los que tierras gaditanas estaban ocupadas por los fenicios y a las que apodaron Gadir.


«La datación histórica no es precisa, pero mucho historiadores coinciden en que solo ochenta años después de la caída de Troya, allá por el año 1104 a.C., se funda Gadir. Entonces era un archipiélago formado por tres islas, las Gadeiras: Erytheia, Kotinoussa y Antípolis». [pág. 101]

 

 




¿Y qué tiene que ver el cadáver de la playa de la Barrosa con la historia de los fenicios en el sur de España? Bueno, pues, por daros algunas pistas os diré que se cree que en Gadir se erigió un templo a Melkart«el rey de la ciudad, del comercio y de la navegación», al que en el mundo griego llamaba Hércules. Melkart, del que yo lo desconocía todo, a pesar de que actualmente puedes encontrarte alguna estatua en su nombre, paseando por algún municipio gaditano, es parte importantísima de la historia de Cádiz y, aunque fue un dios fenicio, todavía hoy ha protagonizado alguna noticia de actualidad. La novela nos habla de estatuillas en honor de Melkart que se han hallado en el fondo marino, en el entorno de Sancti Petri. ¿Podría ser que esas estatuillas estén malditas y sólo traigan muerte y desgracia?


«Vicente hacía alusión a las diez estatuas contemporáneas que,  colocadas en diversos puntos de Chiclana, recordaban la huella imborrable que los antepasados dejaron en aquella franja de tierra. De más de tres metros de altura y simulando el bronce, reencarnaban al dios del comercio Melkart, dando protagonismo a una ruta que los fenicios hicieron hace tres mil años». [pág. 76]


Darle un meneo al libro de Historia y ahondar en el pasado de nuestra vecina Cádiz me ha resultado una experiencia interesantísima. Leyendo esta novela aprenderemos sobre la llegada de los fenicios, sobre cómo se fundó Gadir, quién era Melkart, la existencia de navíos hundidos bajo el mar, y sabremos de reliquias que esperan ser rescatadas de la corrosión del salitre. Todo ello está bien integrado en el relato aunque, sí admito que, quizá en algún momento, Cabañas profundiza algo más de lo esperado o necesario, poniendo a nuestro alcance abundantes datos que, como puedo imaginar, suponen el fruto de la documentación que la autora ha tenido que emprender para poner en pie esta trama.

Por otra parte, y vinculado con el hallazgo de obras de arte, El hambre del pelícano también pone sobre el tapete las consecuencias que acarrea encontrar una pieza arqueológica, desde el punto de vista de Patrimonio Histórico. 


«En España, a partir de la ley de Protección Histórico Español de 1985, cualquier hallazgo, casual o no, debe ser notificado. Todo lo que hay de valor bajo tierra o en el mar pertenece al Estado». [pág. 173]


¿Pensarán así los personajes de esta novela? Creo que puedes responder tú mismo a esta pregunta.

Personajes

La galería de personajes de El hambre del pelícano es, más o menos, amplia, pero sólo me voy a limitar a destacar tres.

* Alfredo es un joven de veinticinco años con una vida bastante anodina. Trabaja los fines de semana en el restaurante Los Pescadores, con el propósito de sacarse un dinero con el que ayudar a la economía familiar. Le encanta la tele y los videojuegos. Sin apenas vida social, su único amigo es Fabio, un guardia civil al que conoció en la infancia.


«Habían jugado de críos en la plazoleta de la barriada, compartido las primeras quedadas con chicas y se habían fumado los primeros pitillos juntos. Si pensaba en aquella época, se recordaba delgaducho y con pelusilla facial en el bigote. Sin embargo, Fabio siempre tuvo un cuerpo fibroso que, desde hacía unos años, lucía bajo el uniforme verde de la Guardia Civil. Lo miraba con admiración, con orgullo. Mientras él sentía haberse estancado, Fabio había cumplido todos sus objetivos: tenía un trabajo estable, se había casado y criaba un bebé de pocos meses». [pág. 18-19]


La relación entre Alfredo y Fabio será crucial en el desarrollo de los hechos. En cierto sentido, la amistad entre el joven camarero y el guardia civil es uno de los puntos interesante de la novela, especialmente, porque esa relación que siempre ha sido sólida podrá terminar pendiendo de un hilo. 

* Sofía es una joven fotógrafa que un buen día abandonó el domicilio familiar para perseguir sus sueños. Sus padres querían imponerle un futuro, que estudiara Derecho y se convirtiera en abogada, pero aquel plan no la seducía. Cuando en su vida apareció Tony, no se lo pensó y se marchó con él. Tony es un tipo guapo, un buscavidas que Sofía conoció por Instagram.


«Hacía de todo, desde arreglar electrodomésticos, promocionar subastas deportivas de dudosa fiabilidad hasta subir fotos de todos los lugares de la provincia que visitaba». [pág. 35]


Sofía tiene que aportar también su grano de arena a la relación así que, aprovechando que es buena fotógrafa y tiene buen equipo, y a pesar de no contar con acreditación oficial, se anuncia como detective privado para casos menores de infidelidad y cuernos. Su relación con Tony empezará a hacer aguas más pronto que tarde.

* Rodrigo se crió en el antiguo poblado de Sancti Petri, «una lengua de tierra que fue un enclave estratégico tres mil años atrás. Saqueado por piratas, erosionado por la acción del mar, bombardeado por los franceses y explotado como cantera de piedra ostionera», que vivía del paso de los atunes por el Mediterráneo, hasta que otros intereses económicos terminaron por obligar al desalojo forzoso del poblado. De madre estibadora y padre pescador, Rodrigo ha formado su propia familia con Luz, con la que tiene dos hijos, pero las cosas no van bien en el matrimonio. Por un lado, ha dado un traspiés que sólo ha sembrado la desconfianza en su mujer. Por otro, su suegra lo atosiga a la menor oportunidad, ninguneándolo y poniéndolo en evidencia. Rodrigo desea con anhelo demostrar a los demás que no es un don nadie para recuperar así a su familia. El destino le abre una puerta para intentarlo, solo que, a veces, lo que vemos más allá de un umbral no es más que un puro espejismo.

Escenarios

Chiclana, Sancti Petri, la playa de la Barrosa... Blanca Cabañas pone su entorno conocido al servicio de la trama de esta novela y se nota que la joven escritora es oriunda de la zona. Lugares, como el restaurante Los Pescadores, en Chiclana, o las fortificaciones de de Urrutia o la de Sangenís existen y contribuyen a crear atmósfera. 

Estructura y estilo

Blanca Cabañas opta por abrir nuestro apetito antes de meternos de lleno en el grueso de la novela, con el prólogo que mencioné anteriormente. A partir de ese punto, la estructura de la novela se compone de cuatro partes, a lo largo de las cuales se distribuyen un total de cincuenta y cuatro capítulos de breve extensión, encabezados por el nombre del personaje sobre el que se va a poner el foco de atención en cada uno de ellos.

Narrado prácticamente en tercera persona, el tiempo se pliega sobre sí mismo,  permitiendo que conozcamos presente y pasado, por qué esa persona del prólogo parece a punto de lanzarse al vacío y qué consecuencias tendrá ese hecho en el presente de los personajes. La autora nos adentra en un thriller de buen ritmo, con un estilo actual, ágil y dinámico, que impide que el lector se aburra.


En definitiva, El hambre del pelícano es un thriller al que no le faltan sorpresas y giros, especialmente en los últimos compases, donde la trama tiene que quedar limpia de duda y aclarada en todas sus incógnitas. Como dije al principio, una novela para disfrutar de los días de verano.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí en tapa blanda y aquí en Kindle



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...