miércoles, 16 de enero de 2019

CARMEN Y LOLA (DRAMA -2018)

Año: 2018

Nacionalidad: Española

Director: Arantxa Echevarría.

Reparto: Zaira Morales, Rosy Rodríguez, Moreno Borja, Carolina Yuste, Rafaela León.

Género: Drama.

Sinopsis: Carmen es una adolescente gitana que vive en el extrarradio de Madrid. Como cualquier otra gitana, está destinada a vivir una vida que se repite generación tras generación: casarse y criar a tantos niños como sea posible. Pero un día conoce a Lola, una gitana poco común que sueña con ir a la universidad, dibuja graffitis de pájaros y es diferente. Carmen desarrolla rápidamente una complicidad con Lola, y ambas tratarán de llevar hacia adelante su romance, a pesar de los inconvenientes y discriminaciones sociales a las que tienen que verse sometidas por su familia.

[Fuente: Filmaffinity]



Los Goya honran a la etnia gitana en esta edición. Carmen y Lola junto a Entre dos aguas nos cuentan la vida de jóvenes gitanos. Y es que lo gitano está de moda, o al menos, despierta mucha curiosidad con sus costumbres tan arraigadas, con sus tradiciones y su forma de pensar que, si bien es cierto que ha quedado un tanto obsoleta para los tiempos que corren, ellos siguen fiel a su cultura. Son muchos los programas de televisión que se empeñan en enseñarnos su forma de vivir, aunque en algunos casos tengo la impresión que lo único que pretenden es ridiculizarlos, todo lo contrario a las muchas asociaciones que se dispersan por España, cuyo objetivo es proteger y preservar esta cultura, mostrar sus raíces más ancestrales y fomentar la integración. Y en este sentido se mueve el trabajo de la cineasta Arantxa Echevarría, que debuta en los largos con Carmen y Lola.

'¡Qué guapa está esa novia, olé, olé, olé... ! (Ponedle música aflamencada y algunas palmas) porque esto es lo primero que oiréis cuando el largometraje comienza a rodar dando paso a una imagen que os va a impactar. Veremos a una joven hermosa, Carmen, ataviada con un traje de novia lleno de encajes y pedrería, una corona enorme y unos pendientes infinitos. No parece muy feliz. No, en ese momento. Pero Carmen es una gitana de las de toda la vida, muy tradicional, que sigue sin rechistar los dictámenes de su padre. Una buena gitana se educa para casarse pronto con un gitano bueno, cuidar de la casa, de su marido y todas las criaturas que vengan, que ojalá sean muchas. Y en esas está Carmen, comprometida con Rafa con quien contraerá matrimonio en breve cuando solo tiene 17 años. Pero en su camino se cruza Lola, la prima de Rafa, otra gitana guapa, algo más joven, grafitera pero también más tímida e introvertida y es que Lola es diferente. Eso dicen en el barrio. Bueno, en el barrio dicen que es rarita. A ella le da igual. Su sueño es terminar sus estudios y convertirse en maestra. Ni loca quiere oír hablar de novio, aunque su madre no hace más que insistirle para que deje los estudios un poco apartados, para que se arregle, para que se maquille un poco y se deje ronear por los gitanos solteros que asisten al culto. Pero nada de eso interesa a Lola. Pronto sabremos qué le ocurre. Bastará con que entre a escondidas en un ciber, se siente delante de un ordenador y teclee las palabras 'lesbianas en Madrid'. Pues sí, Lola es lesbiana. Una deshonra para su familia. Un castigo divino. Una enfermedad a erradicar. Una conducta aberrante. Todo eso tendrá que oír. 

Arantxa Echevarría ajusta el guion para una presentación de ambas jóvenes, de ambas familias sin alargarse en exceso. Y cuando ya están las bases asentadas, da el golpe maestro, teje un encuentro fortuito entre Carmen y Lola, y habrá un cruce de miradas y una caricia inocente. El drama está servido porque Lola se enamora de Carmen. Dos mujeres. Bueno, ¿y qué pasa? Dos mujeres gitanas. ¡Ah, acabáramos! Lo que pasará después lo dejo en el aire pero os adelanto que el largometraje transita por un camino de dudas, de rechazo, de reconciliación con uno mismo y de actos valientes porque, sin duda, Carmen y Lola son dos mujeres valientes, dos mujeres de las que aprender y sobre todo, dos mujeres libres. 

Sinceramente no apostaba mucho por este largometraje. Me interesa muchísimo la cultura gitana, me llama la atención su forma de vivir, la unión familiar tan poderosa, la vida tan limitada de las mujeres, el destino tan predeterminado pero temía encontrarme con algo que ya conocía, que ya había visto demasiadas veces, un cúmulo de tópicos. Pues no. La temática no puede ser más original. Jamás se me había pasado por la cabeza la homosexualidad femenina entre los gitanos, porque entre los hombres, algún caso he conocido pero una mujer gitana, una de esas mujeres criadas como lo ha sido Carmen, con un destino tan perfectamente dibujado, eso jamás me lo había planteado. Y en este sentido Carmen y Lola me ha parecido brillante y no solo eso sino también educada y respetuosa con el tema y la etnia. La película está rodada con mucha ternura, con mimo, con cuidado para mostrarnos no solo los prejuicios que seguimos teniendo contra los gitanos, sino también, y lo más importante, lo difícil que lo tiene una joven gitana cuando descubre que le gustan las mujeres. ¿Qué puede hacer en ese caso? ¿Qué salidas le quedan? Pocas y todas muy complicadas. Las veremos en este largometraje.  

Carmen y Lola es pura verdad. No dudas ni un solo instante de la veracidad de los hechos. Estamos ante una película que nos habla de los gitanos más gitanos, de esos que siguen vendiendo su género en los mercadillos, de esos que apenas tienen estudios y tampoco quieren escolarizar a los hijos porque en el instituto solo hay drogas, alcohol y violadores, le dirá Paco, el padre de Lola a su mujer Flor, nos hablará también del 'pedío' o lo que es lo mismo de la pedida de mano. Todo un acto investido de rigor y formalismo en el que el padre del novio se acerca a la casa de la novia, habla con su futuro consuegro y acuerdan el desposorio. Al minuto siguiente celebran una gran fiesta en la que todos están invitados, con un despliegue de bebidas y comidas, muy caseras y simples, pero ahí nadie se queda con hambre ni con sed. Si hay que endeudarse, se endeuda uno porque, no todos los días se casa un hijo. Esto es así y punto. Carmen y Lola nos hablará de la forma de vivir de estos hombres y mujeres que trabajan vendiendo sus frutas, sus antigüedades,... que no quieren más que poder ganar para vivir, que crían a sus hijos siguiendo unas líneas muy concretas y que jamás se alejan de su Dios, al que invocan en comunidad con grandes exclamaciones y al que rezan con fervor. 

'¡Flor, por mi raza que te estallo! ¡Vuélvete muda!', le dirá Paco a su mujer Flor en un ataque de ira. Será una de las muchas expresiones que oiremos en los diálogos, en los momentos más tensos, expresiones sacadas del día a día y que vienen acompañados por unas interpretaciones ante las que me quito el sombrero. Desconozco si alguno de los personajes principales tiene trayectoria interpretativa o cinematográfica, por lo que he leído creo que no, pero a mí me han dejado de piedra en algunas escenas. Paco (Moreno Borja) tiene una fuerza descomunal en los momentos más complicados, tanta que deja al espectador clavado en su asiento sin moverse un ápice. Por su parte, Flor (Rafaela León) posee el papel de mediadora, más suave, más conciliadora y quizá por eso su interpretación me resulta más floja, menos verosímil pero solo hasta el momento en el que estalla la tormenta. Justo cuando conozca la verdad que oculta su hija, Flor estalla como un vendaval y entonces es fácil creérsela porque la vemos rota por dentro, pero rota de verdad. Y luego tendremos a la pareja, a Carmen (Rosy Rodríguez) a la que veo más forzada, algo más eclipsada por una Lola (Zaira Romero) que te roba el alma, con sus ojos tristes y melancólicos, con su identidad oculta a los demás, que sufre, llora y se hunde pero tiene las ideas tan claras... 

'Las gitanas por no tener, no tienen ni sueños', dice nuestra Lola. Debe ser verdad pero para eso hay películas como Carmen y Lola que muestran al espectador no solo lo manido de la etnia gitana sino todo eso de lo que no se habla, que hay que ocultar y que solo se puede combatir con valentía. Lola y Carmen sueñan, sueñan con vivir junto al mar, juntas. Dejo en el aire si lo conseguirán o no, pero al menos habría que intentarlo, ¿no?

Por cierto, no he mencionado el desenlace. No esperéis una historia con un cierre sólido y compacto. No cabe en una película como esta y que aborda una temática como esta. No puede ser. La escena final nos dejará con la esperanza de ver un día por la calle a una Carmen y a una Lola sumamente feliz. Ojalá. 

En definitiva, me ha gustado mucho esta película. Quizá los minutos previos a la explosión dramática se ralentiza un poco, y eso le resta algún punto, pero el tsunami que nos espera bien merece la pena. Sí, me ha gustado la historia, la dirección, la interpretación y hasta algunos temas de la banda sonora, como ese ¡Hiere! que Lola canta con su coro en el culto. 

Yo que tú no me la perdería. Está nominada como Mejor Película, como Mejor Dirección Novel, Mejor Actor Revelación (Borja Moreno) y Mejor Actriz Revelación (Rosy Rodríguez y Zaira Romero), entre otros... Espero que se reconozca lo que hay que reconocer.   




Trailer:


lunes, 14 de enero de 2019

EL TREN DE LAS ALMAS de Mado Martínez

Resultado de imagen de el tren de las almas mado martinez
Editorial: Algaida
Fecha publicación: noviembre, 2018
Precio: 20,00 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 344
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN: 978-84-9189-039-3
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]



Autora

Mado Martínez, escritora y periodista, debutó en el género fantástico con El Misterio de Nicole Delacroix, a la que siguieron obras de ficción como La Maldición. En el año 2014 se alzó con el prestigioso Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla con La Santa. En no ficción destacó con títulos como La Prueba, entre otros. Es miembro del equipo radiofónico de La Rosa de los Vientos, de Onda Cero,y escribe para Muy Interesante e Historia de la Iberia Vieja.

Sinopsis

Una fría noche de diciembre, y tras muchos años sin verse, Bárbara, Juan, Tony, Jackson y Marian deciden reunirse en la antigua estación de ferrocarril de Espuelas. Al filo de la madrugada se suben a un enigmático tren. Durante el diabólico trayecto explorarán miedos sin domar, celos, culpas enraizadas en el alma y crueldades inusitadas. El tren parece anestesiarles borrando todo su dolor, permitiéndoles ser y hacer lo que nunca se atrevieron, perdonar lo imperdonable, entregarse a sus instintos más ocultos. Todo es posible entre sus vagones, hasta enamorarse de un monstruo. Nadie parece querer apearse de ese paraíso en forma de ferrocarril... Hasta que descubren que están atrapados en sus raíles.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Así empieza El tren de las almas:

[Lectura de las páginas 15 a 17;
música ambiental sonidos de la noche]


Estas pasadas Navidades hice una escapada a Madrid. Los desplazamientos en tren hasta el punto de destino siempre son un buen aliciente para relajarse y disfrutar de la lectura, por lo que no dudé en incorporar a mi equipaje un par de novelas. Lo más curioso es que no me di cuenta de lo apropiadas que eran ambas hasta que no tomé asiento en mi vagón y comencé a leer. Estaba en el interior del Ave y entre mis manos tenía la última publicación de Mado Martínez, El tren de las almas. Con un título tan sugerente y una sinopsis tan atractiva, miré a mi alrededor pensando si había elegido el medio de transporte adecuado. ¿Llegaría a mi destino?

A Mado Martínez la conocí en 2014 cuando ganó el Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla con La Santa. Aquel relato de ambiente gótico nos trasladaba al internado Rosas del Cares en Asturias, regentado por personajes de pasado tormentoso. Presencias extrañas y desapariciones de alumnas sin justificación alguna, consiguieron que disfrutara muchísimo de aquella lectura. Así que, compartiendo además el gusto de la autora por las historias de misterio, no dudé ni un momento en embarcarme en su nueva propuesta, El tren de las almas. Aunque particularmente me gustó más La Santa, no puedo negar que esta nueva novela parte de una idea original y atractiva. Aquí os traigo mis impresiones.

El argumento se inicia en diciembre de 2016 con un capítulo introductorio que servirá para presentar el escenario principal de la historia. Y es que la acción transcurre en Espuelas, un pequeño pueblo de algún lugar indeterminado de España. Se diría que es un lugar maldito y famoso por el alto índice de suicidios que se han producido en la población. Todo aquel que quisiera acabar con su vida tan solo tenía que encaminarse a la estación de tren y echarse a las vías justo en el momento del paso de algún convoy. En 1950 llegó a producirse un suicidio cada semana y las autoridades se vieron obligadas a desviar el tráfico ferroviario. Sin embargo, todos aquellos acontecimientos trágicos forjaron una leyenda alrededor de Espuelas. Los habitantes bautizaron aquella estación como la Estación de los Muertos y se rumorea que, cada 22 de diciembre, transita por aquellas vías ya inutilizadas un viejo tren en el que viajan todas las almas que perdieron la vida en el pasado.

Más allá del argumento, lo primero que salta a la vista en esta novela es su estructura. Como digo, la acción se inicia en diciembre de 2016, concretamente el señalado día 22 con el reencuentro de un grupo de viejos amigos. Hace más de quince años que Bárbara no ve a Jackson, Tony, Juan y Marian. Antaño estaban realmente unidos pero el tiempo hizo su trabajo y ahora cada uno tiene su propia vida, dentro o fuera de Espuelas. Bárbara, instigadora de este encuentro, es una apasionada de lo paranormal. De hecho, y aunque se dedica a la biología marina, lidera una especie de equipo de cazafantasmas y acude a la cita con sus amigos portando todo tipo de artilugios, como detectores de presencia, grabadoras, cámaras, medidores de campo electromagnético e incluso la ouija. La intención es comprobar si la leyenda es real, si realmente cada 22 de diciembre circula un tren misterioso por la estación del pueblo. Una vez que todos han aparecido en el punto de encuentro, en esa Estación de los Muertos, esperan a la hora convenida mientras charlan y se ponen al día. Darán las doce de la noche y atónitos contemplarán cómo llega a la estación un tren antiguo. Con el miedo metido en el cuerpo pero atraídos por el interior, el grupo de amigos subirá a ese tren sin saber muy bien hacia dónde les lleva.

A partir de este momento, la narración se moverá hacia delante y hacia atrás, hacia un pasado reciente o más remoto y hacia el futuro, por medio de saltos en el tiempo, siendo alguno de ellos bastante vertiginoso. De este modo, el lector conocerá primero cómo eran las vidas de los protagonistas antes de ese reencuentro, cómo se conocieron, qué tipo de relación existía entre ellos, qué tipo de vida llevaban o cómo se desenvolvían en sus respectivos trabajos. Es por ello que encontraremos capítulos dedicados en exclusiva a cada uno de los personajes, a Bárbara y su pasión por lo paranormal, a Tony, de familia acaudalada al que el rechazo de sus padres lo conduce al mundo de las drogas, a Juan, un antropólogo con un episodio negro en su vida que actualmente sufre de paranoias y alucinaciones tras probar la ayahuasca, a Marian, una policía viuda que ahora parece arrepentirse de ciertos actos y a Jackson, apodado así por ser un incondicional de la música del rey del pop. Todo ese background de los personajes será necesario si queremos entender lo que ocurre dentro de ese tren misterioso y fantasmagórico. Pero conocerlos a ellos también nos permitirá conocer a su entorno, a Rober, el compañero de trabajo de Marian, a Elvira, la tía de Juan, o a Maite, otro miembro de aquel grupo de adolescentes que no se ha unido al reencuentro.

Y, al margen de los distintos hilos temporales, la novela nos permite caminar en el presente desde dos perspectivas. Por un lado, lo que ocurre en el pueblo cuando advierten que los jóvenes han desaparecido y descubren que un nuevo vecino se ha suicidado. Por otro, lo que ocurrirá en el tren. Es precisamente esta parte la que más me interesaba. La autora ha sabido construir una atmósfera de ensueño donde todo es posible, donde todo tiene otro aspecto y donde todos se transforman. Sin entrar en muchos detalles, os diré que el tren permite a cada personaje enfrentarse a sí mismo y reconocer para sí ciertas cuestiones que preferían mantener ocultas para los demás y para ellos mismos. A este respecto, creí que me iba a encontrar una historia donde los personajes iban a sufrir todo tipo de sucesos horribles, que iban a estar perseguidos por espectros espeluznantes y seres del más allá y sin embargo, no es así. Quizá por esto, El tren de las almas no ha sido lo que esperaba porque creo que lo que Mado Martínez hace es construir una historia fantástica que le permita analizar las luces y sombras del ser humano, personificados en los cinco personajes de la novela. Eso sí, cuenta con un desenlace totalmente inesperado que cierra algunos capítulos pero deja abierto otros.

En cualquier caso, no puedo negar que los capítulos que transcurren en el interior del tren están llenos de tensión y suspense pues, tras ser advertidos de que deben abandonar el convoy antes de la quinta parada, los nervios se apoderan de los personajes y también del propio lector. Y lo dejo ahí para no destripar el argumento. 

En cuanto a la construcción de los personajes, tengo que decir que inicialmente me despisté un poco. Tras un primer contacto con ellos llegué a pensar que era un grupo de adolescentes. Fue la forma de expresarse o las reacciones ante diversos sucesos los que me condujo a esa conclusión. No obstante, era algo imposible pues el reencuentro se produce quince años después. Un simple cálculo aritmético me hizo entender que estaba equivocada. Posteriormente se nos aclara que los personajes rondan los cuarenta años y aquí tengo que reconocer que, en según qué circunstancias, me han parecido algo pueriles, como si se hubieran quedado estancados en aquellos años en los que compartían aventuras. 

Por otra parte, os diré que El tren de las almas se lee con mucha rapidez. Su argumento, si bien no alcanza un nivel de terror o suspense de infarto, está lleno de misterio y además cuenta con bastante diálogo lo que permite que la lectura fluya a buen ritmo. 

En definitiva, El tren de las almas ha sido una lectura amena y entretenida de la que destacaría su originalidad y el perfil psicológico de sus personajes, algo que permite a la autora escarbar en las miserias de cada uno de ellos. Si bien es cierto que yo me esperaba terror, espectros y fantasmas, en este tren, y salvo alguna sorpresa que ningún lector espera, las almas son todas tan terrenales como la tuya, con los mismos miedos, dudas, incertidumbres y penas, un tren que pone a cada personaje ante sí mismo para hacer frente a todo aquello que ha estado evitando y a los que espera un desenlace bastante sorprendente 







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

viernes, 11 de enero de 2019

LA MEMORIA EN LOS BOLSILLOS de Étienne Le Roux y Luc Brunschwig

LA MEMORIA EN LOS BOLSILLOS 1


Editorial: Norma Editorial.
Fecha publicación: septiembre, 2017.
Precio: 19,00 €
Género:  Novela gráfica.
Nº Páginas: 88 
Encuadernación: Cartoné.
ISBN: 978-84-9847-234



Autores

Sin información

Sinopsis

Un retrato de la inmigración en el país vecino.

Lucas Brunschwig firma un guión cinematográfico para esta nueva serie, que cuenta con el soberbio dibujo de Étienne Le Roux. Una mezcla de amor,odio, violencia y ternura que sumerge al lector desde la primera página.

Un hombre llamado Sidoine entra en un bar con un niño en los brazos llorando de hambre, cuando comienza a explicar su vida y cómo la llegada de una joven magrebí a la vida de su hijo Laurent pone su vida y el núcleo familiar de patas arriba. Sidonie lleva en los bolsillos numerosos papeles que le ayudan a recordar y probar sus explicaciones.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]



Seguramente os ocurre como a mí. Para según qué género os acercáis a una editorial u otra. En cuestión de novela gráfica me encanta asomarme al catálogo de Norma Editorial. Entre sus publicaciones he encontrado historias apasionantes, llenas de dramatismo que suelen reflejar vidas reales. Auschwitz, Jamás tendré 20 años o Persépolis son algunos de los títulos que ya han pasado por este espacio y ahora le toca a La memoria en los bolsillos, un retrato de la inmigración en Francia que nos enseña una gran lección de tolerancia y amor.

La memoria en los bolsillos nos lleva a conocer la vida de Sidonei Letignal y su familia. Conoceremos al protagonista entrando en una farmacia. Es un anciano que porta un bebé en sus brazos. El pequeño llora con desesperación porque tiene hambre. Sidonei quiere comprar leche y un biberón para alimentarlo pero la situación es tan extraña que los farmacéuticos intentan averiguar quién es y qué relación le une al niño. El hombre se siente acorralado y huye. En su huida llega a un bar donde una joven madre amamanta a su hijo. Al anciano no se le ocurre otra cosa nada más que pedirle a la joven que haga lo mismo con el bebé desconocido, una propuesta que extraña y altera a todos los presentes en el establecimiento y Sidonei no tendrá más remedio que contar su historia. Hablará entonces de su barrio, Tomettes, un lugar en el que residen muchos inmigrantes, de su esposa, una ama de casa generosa y entregada que ayuda a los hijos de los vecinos extranjeros y de su hijo Laurent, un joven profesor que está muy involucrado en actividades sociales encaminadas a facilitar la vida de los inmigrantes. Y todo marcha bien hasta que en la familia Letignal aparece Malika, una joven magrebí que alterará totalmente el curso de la historia y sacará a la luz la verdadera personalidad de cada uno de sus protagonistas.

En esta novela gráfica, la narración del presente se mezclará ocasionalmente con algún recuerdo del anciano. Lo que Sidonei vive en este cómic le trasladará a otros momentos de su vida, a la época en la que él se sintió rechazado por ser judío, a la noche en la que se llevaron a su padre, al año en el que nació su hijo Laurent. Es como si se nos quisiera hacer entender que todo se repite, que todo el mal que una vez recibimos podemos también infringirlo, pues todo depende de en qué lugar de la barrera te encuentres. 

En cualquier caso, la historia que se narra en La memoria en los bolsillos, y más con un título como este, me confundió inicialmente pues pensé que me encontraba ante una historia sobre el Alzheimer. En las primeras viñetas Sidonei parece deambular de un lugar a otro sin saber muy bien dónde está o hacia dónde ir. Lo conoceremos en una situación extraña, con ese bebé que lleva entre sus brazos sin que sepamos quién es el pequeño y de dónde ha salido. A eso se le une que lleva los bolsillos de su gabardina llena de papeles en los que tiene anotado todo tipo de información importante que no debe olvidar y llegué a pensar que Sidonei, perdido entre las lagunas de su memoria, se creía joven aún, padre de un recién nacido y me temí lo peor. Esas primeras páginas, en las que todavía no estaba definido el tema, me angustiaron mucho, muchísimo, tanto es así que tenía que dejar de leer. No exagero si os digo que empecé a sentirme mal, con mucha inquietud y náuseas. Todo lo relativo a la vejez, a la decrepitud, a la pérdida de la memoria, a no saber quién eres, ni en qué año vives, lo tengo excesivamente cerca y me afecta demasiado. Por eso, estuve a punto de tirar la toalla y dejar de leer. Sin embargo, la narración cambió radicalmente de dirección y se encaminó hacia el tema de la inmigración pues este cómic es una denuncia social.

La memoria en los bolsillos es un cántico en favor de la tolerancia, de la comunión entre diferentes razas que conviven en los mismos barrios y que comparten el día a día. Laurent es la personificación de la comprensión, el respeto, el amor y la entrega y tendrá que hacer frente a todo lo contrario encarnado por aquellos que muestran rechazo, incluido a sus propios padres. El otro lado de la moneda será el arrepentimiento y la expiación de la culpa.

Las ilustraciones son fabulosas. La paleta cromática concuerda perfectamente con el tono de las escenas. Los momentos más tensos vienen acompañados de viñetas en las que predomina las tonalidades gris azulado, llenas de sombras y que resultan tristes y apagadas pero no será siempre igual porque habrá momentos en los que la narración se mueva por tiempos más felices, entonces y dentro de un orden, las viñetas se vuelven más coloridas y vistosas. Por otra parte, la caracterización de los personajes está muy cuidada. Las particularidades que definen a uno y a otro se mantienen a pesar del paso del tiempo, de tal manera que es fácil identificar a los distintos personajes cuando eran niños. Lo mismo ocurre con la diferencia de edad entre padre e hijo pues Laurent nace cuando sus padres habían traspasado el umbral de los cuarenta años y eso se evidencia en la representación gráfica de uno y otro.

No quiero cerrar la reseña sin comentaros que, en principio, esta historia se configuró como una saga de tal modo que estamos ante el primer volumen, publicado en 2008. Pero os diré que, después de la lectura, he tratado de localizar la segunda parte pues la historia, aunque tiene un cierre, deja una puerta abierta hacia futuras entregas. La cuestión es que, ni en la web de la editorial ni en el grueso de Internet he encontrado más información. Es posible que el volumen no funcionara como se esperaba y se interrumpió la saga o que todavía no se haya publicado en España, aunque ha pasado mucho tiempo desde la primera parte. 

Dicho lo cual, y a pesar de que creo que no hay forma de saber cómo continúa, la historia que se recoge en La memoria en los bolsillos es de actualidad y tiene un gran trasfondo social que nunca viene mal. Así que si te gusta el género, te animo a acercarte a esta historia. 








 



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]


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miércoles, 9 de enero de 2019

TODOS LO SABEN (THRILLER - 2018)

Año: 2018

Nacionalidad: Española

Director: Asghar Farhadi.

Reparto: Penélope Cruz, Javier Bardem, Ricardo Darín, Eduard Fernández, Bárbara Lennie, Elvira Mínguez, Ramón Barea, Inma Cuesta. 

Género: Thriller. Drama.

Sinopsis: Laura viaja con su familia desde Buenos Aires a su pueblo natal, en España, para asistir a la boda de su hermana. Lo que iba a ser una breve visita familiar se verá trastocada por unos acontecimientos imprevistos, que sacudirán las vidas de los implicados.

[Fuente: Filmaffinity]


Los Goya se celebra este año el próximo 2 de febrero en Sevilla y entre las películas que optan a llegarse el galardón como Mejor Película figura la nueva apuesta del director iraní Asghar Farhadi, Todos lo saben. El largometraje entra en competición directa con la comedia Campeones, protagonizada por Javier Gutiérrez que me resultó muy divertida, con El reino interpretada por Antonio de la Torre, Carmen y Lola con un argumento original y Entre dos aguas. Estas dos últimas centradas en la etnia gitana.

El punto fuerte de Todos lo saben es su elenco, un reparto cuajado de nombres conocidos y grandes actores que, sin duda suponen un importante reclamo. Penélope Cruz, Javier Bardem y el resto dan vida a un drama familiar con tintes de thriller en el que se cuecen diversos elementos muy vinculados con las relaciones familiares, los secretos del pasado, los dilemas morales y la ambición.

Laura (Penélope Cruz) regresa a su pueblo natal para asistir a la boda de su hermana Ana. Le acompañan sus hijos, el pequeño Diego y la adolescente Irene, mientras que su marido Alejandro queda en Buenos Aires, lugar en el que residen desde hace más de una década, por motivos de trabajo. El reencuentro con los suyos es una fiesta de besos y abrazos en el que la dicha alcanza a un padre vencido por la vejez y el abatimiento, a una hermana que intenta subsistir regentado un pequeño hostal junto a su marido, a una sobrina que pasa por la separación de su marido, y a un antiguo amor, Paco (Javier Bardem) casado con Bea (Barbara Lennie). La felicidad y la dicha se prolongarán al día siguiente con la celebración de la boda hasta el momento en el que, tras un corte de luz, Laura descubre que su hija Irene ha desaparecido y sobre su cama descansan unos antiguos recortes de periódico en el que se recoge la noticia del secuestro de otra niña. A partir de ese momento, se inicia un proceso de búsqueda sin poder recurrir a la guardia civil y en el que Paco se verá intensamente involucrado.

Todos lo saben no es la típica película de un secuestro en el que todos los miembros familiares podrían tener un motivo para llevar a cabo semejante acto. En este largometraje, hay pocos sospechosos. De hecho el espectador ni siquiera intentará hacer sus cábalas sino que se deja llevar a la espera de un desenlace que ponga cada cosa en su sitio. Y así ocurre. Llegamos a un final en el que resulta casi imposible haber pensado. No es una sorpresa que deje al espectador con la boca abierta pero creo que tampoco está sacado de la manga como si de un mago se tratara. No se explican las motivaciones aunque se sobreentienden. No sorprende en exceso ni nos sentimos manipulados aunque tampoco supone un fiasco. Pero eso sí, la escena final deja en manos de la imaginación del espectador lo que ocurrirá después. Quizá la resolución del caso debería haberse gestado de otro modo, más explícita, más contundente, más dramática porque en realidad, todos los personajes vuelven a sus vidas después de unos días de incertidumbre salvo uno de ellos, al que le corroe la duda pero a partir de ahí, nada más sabremos.

El director se toma su tiempo para asentar las bases familiares, para situar a cada personaje en la trama y hacer las presentaciones. En esos primeros compases, el espectador ya intuye por donde pueden ir los tiros al comprobar cómo la cámara sigue el devenir de Irene, una joven con muchas ganas de vivir y de la que está enamorado Felipe, sobrino de Paco. En el momento de la desaparición, el espectador está entregado a una trama llena de suspense que se desinflará un poco a medida que vaya avanzando el metraje. Y es que hacia la mitad, podemos sentir que la película se vuelve algo lenta y termina por convertirse en una sucesión de escenas que muestran el dolor, la angustia, la duda, las confesiones y los dilemas morales, sin que avancemos en la historia.

En el plano interpretativo el foco de atención se sitúa principalmente sobre Penélope Cruz. Su interpretación de una mujer rota por el dolor tras la desaparición de su hija no deja fisuras. Para mi gusto, y eso que ella no es precisamente una actriz que me encandile, creo que lo hace bastante bien. Es creíble, actúa con lógica y se mueve con verosimilitud. 

Casi al mismo nivel encontramos a un Javier Bardem que, a mi juicio, se mueve entre dos extremos. La conversación inicial que su personaje mantiene con Laura en un primer contacto suena artificial y hasta ridícula. También me resulta algo impostado en sus asombros y en sus alegrías aunque para ser justos, tengo que reconocer que no siempre es así. En el momento más tenso de la trama, cuando su personaje sufre una noticia impactante, la interpretación gana en solidez. 

El resto del reparto baila un poco alrededor de la pareja principal pero no hay nada que objetar con respecto a Darín, Fernández, Lennie ni Mínguez, salvo que sus papeles se me quedan cortos en un drama en el que hubiera gustado verlos más participativos. Creo que Darín está un poco aprovechado.

Con un título que hace referencia a esas noticias que circulan por los pueblos -o los vecindarios-, a la rumorología popular que tanto gusta en este país, la película muestra el ambiente que se vive en los pequeños núcleos en cuyos mentideros siempre corren chismes y cotilleos. Lo que todos saben en este largometraje no es tan importante como lo que todos sabrán en su desenlace porque al final, por mucho que intentes ocultarlo, la verdad sale a la luz. Pero, más allá de eso, se retrata también las típicas rencillas entre los miembros de la comunidad derivadas del reparto de tierras, de las lindes, de la compra-venta de terrenos,... que siempre dejan un poso de rencor e incluso de muerte. No es extraño levantarse con la noticia de un vecino que mata a otro por cuestiones de tierra. Y por si esto fuera poco, el argumento también se desliza por el tema de la inmigración, esos temporeros sobre los que suele flotar la sospecha constante.

Asomarse a Todos lo saben y conocer que su director es un iraní no deja de ser sorprendente precisamente por todo lo que menciono en el párrafo anterior. Me ha parecido que la visión de este cineasta no puede ser más certera y realista. Casi se podría pensar que Farhadi ha pasado los veranos de su infancia correteando por las calles de esos pequeños municipios de la España más profunda. Me ha sorprendido tanto que pretendo acercarme a sus trabajo anteriores. 

En definitiva, creo que Todos lo saben es un largometraje interesante cuya mejor baza es las interpretaciones de sus protagonistas más que el guión en sí, así como el retrato social que se hace de un entorno rural. La lentitud en el ecuador y el desenlace que deja el aire algunas cuestiones le han restado algún que otro punto pero, en cualquier caso, es una apuesta interesante. Ya veremos que tal sale parada en los Goya, con ocho nominaciones.




Tráiler:



martes, 8 de enero de 2019

FRANCISCO GALLARDO: 'La trama de la novela es dura pero creo que todo escritor debe comprometerse socialmente'

Francisco Gallardo es uno de esos nombres que resuena para bien en Sevilla. Tanto en su faceta personal como profesional, son muchos los que lo admiran y solo tienen palabras de elogio. No me extraña. Las veces que hemos coincido lo he comprobado con mis propios ojos y no son pocos los familiares y amigos en común que lo corroboran. Sin embargo, me faltaba conocer su lado literario, el propio, porque conversaciones sobre literatura hemos tenido muchas. No ha sido hasta hace relativamente poco cuando he podido zambullirme en su pluma, a través de su última novela, Áspera seda de la muerte, publicada por Algaida Editores y que se alzó el pasado año con el XXI Premio de Novela Ciudad de Badajoz.

Y tantas veces hemos hablado de libros y autores que cómo no hacerlo con él y sobre él. Fue poco antes del inicio de las Navidades cuando, citada a la mesa que ocupaba Luis Cernuda en un establecimiento sevillano, pudimos hablar de Flora de Letona, protagonista de esta historia y protagonista de uno de los primeros divorcios documentados en Sevilla a inicios del siglo XIX. Hay dolor en esta historia, de la que os daré detalle en breve, pero también mucha esperanza. 

Marisa G.- Paco, en 2012 publicas 'La última noche', con la que ganas el Premio de Novela Histórica Ateneo de Sevilla. Han pasado muchos años desde entonces.  

Francisco G.- Sí, pero todo ese tiempo se lo he estado dedicando a 'Áspera seda de la muerte'. Es una novela que tiene mucha investigación detrás. La quise escribir con dos premisas, en primer lugar usando el estilo indirecto libre, y en segundo lugar, que tuviera un nivel de detalle importante. Para cualquier cosa, como la descripción de un simple abanico, he podido invertir dos o tres horas de investigación. Pero todo ese proceso me ha enriquecido mucho. He aprendido muchísimo. Como no tenía prisa, lo quería hacer lo mejor posible y siempre con mucha verosimilitud.

M.G.- Ganas con esta novela el premio Ciudad de Badajoz. Entiendo que los premios literarios te acercan más a los lectores porque las novelas tienen más recorrido y suele haber una promoción más extensa.

F.G.- Sí, así es. Me emocionó mucho que un jurado compuesto por nombres como Luis Alberto de Cuenca, Juan Manuel de Prada, Fernando Marías o Manuel Pellecín, toda una autoridad en literatura extremeña, se fijara en esta novela. Ya sabes que cuando uno escribe está solo y a veces perdido, porque no sabe si lo está haciendo bien o mal. Que un jurado así te premie y encima, al conocerlos, hablen con tanto entusiasmo de la novela ha sido muy importante para mí. 

M.G.- La has trabajado antes, durante y después porque la promoción te ha llevado a los grandes medios de comunicación pero también has hecho presentaciones en localidades pequeñitas aunque con gran afluencia de público.

F.G.- Sí, además me hace mucha ilusión cada presentación. La voy a presentar también en Manzanilla, el pueblo de mi madre, y en Mairena que es el pueblo de mi padre. Las novelas siempre te traen aspectos personales que son muy bonitos. En Madrid, por ejemplo, la podía haber presentado en una librería, sin embargo lo hicimos en la Clínica Cemtro, con amigos de la medicina y del baloncesto, con Pedro Guillén, con Juan Antonio Corbalán, Cristóbal Rodríguez, grandes personas que me han ayudado siempre. Las novelas te dan la oportunidad de compartir y a mí me gusta aprovechar la coyuntura.

M.G.- Cuentas en esta novela un intento de divorcio, el de Flora de Letona porque el marido le pegaba. Es una historia con gran trasfondo real, ubicada en 1813 cuando las tropas napoleónicas han arrasado Sevilla. Llegas a esta historia por pura casualidad.

F.G.- Fue todo muy curioso. No dejo de agradecérselo a mi gran amigo Bibiano Torres, un sabio historiador de América que, ordenando el archivo de San Ildefonso, se encontró con una nota en la que un abogado requería al párroco de la iglesia información sobre el marido de Flora de Letona. Eso es totalmente real. Me fui al Archivo General de Andalucía, donde por cierto hay que halagar el trabajo que hacen y les tengo que agradecer la ayuda que me prestaron, y allí me encontré con el documento escrito de puño y letra por los principales actores, por Flora, por su marido y por todos los que intervinieron de un modo u otro. Aquello me impactó y entendí que tenía entre las manos una historia muy buena y muy real.

La trama de la novela es dura pero creo que todo escritor tiene que comprometerse socialmente. Me indigna mucho las crímenes por violencia de género. Tenemos que acabar con esto de una vez. Es algo que hay que erradicar. Mira, una de las cosas más estremecedoras que me han ocurrido fue en la última edición de la Feria del Libro de Sevilla. En una firma se me acercó una mujer y me dijo 'Yo soy Flora de Letona'.

M.G.- Lamentablemente hay muchas Flora de Letona.

F.G.- Exactamente.

M.G.- Pero tú describes los divorcios de aquella época como separaciones de lecho, cama y mesa. ¿En qué consistía esto? ¿Seguías conviviendo bajo el mismo techo?

F.G.- Verás, mientras el divorcio se resolvía y no cabían dos opciones. Por un lado, un hombre bueno se podía llevar a la mujer a su casa. Es lo que ocurre con Flora de Letona que, inicialmente, es recogida por su abogado. Por otro lado, existía también el recurso de los beaterios. El marido tenía que pasar una manutención lo que pasa es que, en el caso de Flora, el marido pagaba a veces y otras no, ponía mil excusas. En esa situación y jurídicamente, la mujer estaba en calidad de depósito. De ahí que, mi primera intención fue titular la novela como 'La mujer depositada'. Luego, cuando el divorcio se resolvía, podían ocurrir dos cosas, una que la mujer tuviera que volver a la casa del marido y la otra, que quedara libre. Pero jamás alcanzaban tal libertad. No tenían escapatoria alguna porque si ganaban, mal, y si perdían, peor todavía. 

M.G.- Sin duda es un tema muy actual aunque obviamente las circunstancias eran distintas. En aquellos tiempos que el marido pegara a su mujer era algo relativamente normal y se aceptaba. Lo que ocurre es que Flora alega que el  marido había llegado a un extremo poco usual. 

F.G.- Literalmente ella escribe de su puño y letra 'Me ha dado una soba de palos que ya no es normal. Este hombre me va a matar'.

M.G.- ¡Qué horror! Pero la madre, doña Concha, aconseja a su hija que aguante.

F.G.- Es que en realidad era más importante el qué dirán que la felicidad de la  hija o que la propia vida de la hija. Doña Concha representa esa mentalidad de la época que sigue siendo una de las lacras de la violencia de género.

M.G.- Te he escuchado decir que, de aquella época, hay varios divorcios documentados, pero claro, todos serían de mujeres de una clase social alta porque las demás no tenían acceso a recursos de ningún tipo y esas sí que tenían que seguir aguantando.

F.G.- Esas mujeres de clase baja no tenían nada que hacer porque no podían acceder a abogados ni a nada. Desde el año 1810 a 1830 encuentro seis casos de demanda de divorcios en el Archivo General de Andalucía. Las leí todas y siempre eran mujeres con recursos y con una cierta consideración social.

M.G.- Flora de Letona vive en un entorno un tanto contradictorio. Como hemos dicho su madre era una mujer más tradicional pero su padre, es afrancesado y masón, que se arrepiente de no haberle dado a su hija unos estudios. Son dos visiones diferentes de la situación de su hija.

F.G.- Correcto. El padre actuó como lo hacían los padres de entonces. Como era una niña no le merecía la pena invertir dinero en ella. Pero te diré que esa frase, ese 'Eres una niña y no  merece la pena invertir dinero en ti' es un homenaje que le hago a una mujer, una señora que me contó su historia y que escuchó esa frase hace tan solo unos cuarenta años. 

M.G.- Es que lo de no dar estudios a las hijas no es algo tan remoto.

F.G.- No, pero en aquellos tiempos era lo habitual. El hombre estudiaba para labrarse un futuro y ganar dinero mientras que la mujer quedaba en casa, a la espera de alguien quisiera casarse con ella. 


M.G.- Me gusta el título, ese oxímoron que confronta las palabras 'áspera' y 'seda', refleja la dualidad que hay en todo momento en la novela ya sea en el entorno familiar de Flora con unos padres que piensan de forma distinta, o en el terreno político.

F.G.- Sí pero es una dualidad que también asoma en otros momentos y que me ha permitido seguir  haciendo homenajes. Por un lado, he querido acordarme de 'Orgullo y Prejuicio' a través de la parte galante de la novela, cuando el marido de Flora porta la careta de seductor. Por otro lado, y en relación al mundo de la medicina de la época, he querido homenajear el 'Frankenstein' de Shelley. Dos grandes novelas de dos grandes escritoras. Todo esto asociado a Lord Byron que estuvo en Sevilla en 1809 porque, en la academia de medicina, muy avanzada para su época, encontré muchos documentos que iban en la línea de Frankenstein y la idea de crear un nuevo hombre o de resucitar a los muertos.

M.G.- Es que la parte médica de la novela es muy importante, muy extensa, y el lector accede a ella a través de un personaje, el doctor Arribas. Se habla mucho de todos esos experimentos que se hacían con la electricidad. Ahí ahondas en tu parte profesional.

F.G.- Sí, y leer sobre ese tema me ha servido para aprender muchísimo sobre las prácticas que se realizaban entonces. Se pensaba que se podía resucitar a los muertos, se aplicaban tratamientos con electricidad. El debate más común versaba sobre si era lícito diseccionar a los cadáveres o no, se buscaba el alma en los cadáveres,...

M.G.- En una glándula concreta.

F.G.- Sí, en la pineal. Todo eso figura en disertaciones de puño y letra. Hay un informe muy curioso que habla sobre la disección de dos siameses y se menciona que tenían dos cabezas, cuatro pulmones, cuatro brazos, un hígado pero un alma. Era una época muy interesante también en la medicina.

M.G.- Como has dicho antes, mientras se resolvía el divorcio y no, las mujeres podían ser recogidas en los beaterios. Así le ocurre a Flora de Letona que acaba en un beaterio que existió realmente en Sevilla. 

F.G.- Pues sí. En el beaterio de San Antono que estaba en la calle de Las Palmas, bueno la calle Jesús del Gran Poder, en el tramo que hay entre la calle Hombre de Piedra y la calle Santa Ana.

M.G.- Y en ese beaterio también se recogen todas esas mujeres, tan ilusas, que tuvieron relaciones con los soldados franceses y que se quedaron esperando a que se las llevaran a Francia.

F.G.- Se dieron muchos casos. Eran mujeres amancebadas y que tuvieron hijos no reconocidos por supuesto. 

Detrás de la novela también subyace algo que me he planteado muchas veces. ¿Qué destino le hubiera esperado a Sevilla si los franceses hubieran permanecido en la ciudad? Los franceses pretendían hacer de Sevilla una pequeña París. De hecho, se planificaron grandes espacios, se quería abrir la ciudad, de acuerdo con las ideas higiénicas del tiempo. Los médicos de la época denunciaban  que dentro de las murallas lo único que había eran epidemias por un problema de salud vial. Apostaban por sacar los cementerios fuera de las murallas o tirarlas. Sevilla hubiera sido otra, con otras costumbres, con otra forma de ser. Los sevillanos ignoramos lo cerca que estuvimos de una Sevilla bien distinta. 

M.G.- Pero se hubieran llevado igualmente los 999 cuadros que nos arrebataron.

F.G.- Por supuesto. Eso fue un saqueo en toda regla. Venían con un libro-inventario. Sabían dónde estaba cada cuadro e iban por él. Recortaban el lienzo con una navajita y se llevaban los que tenían más valor. 

M.G.- Pues nos dejaron pelados y una curiosidad Paco. Sabemos que la historia de Flora es real aunque le cambias el nombre pero, de toda la historia, ¿qué es ficción?

F.G.- Hay parte de ficción pero no quiero entrar en mucho detalle para no desvelar la trama. Solo te diré que hubo un momento en el que no tuve más remedio que inventarme su historia. 

M.G.- ¿Porque le pierdes la pista?

F.G.- Es que el expediente se interrumpe y ahí lo dejo. 

M.G.- Ah. ¡vaya! No había pensado en eso. 

F.G.- A partir de ahí tuve que buscar un camino o más bien una esperanza, porque a este problema de la violencia de género hay que darle una solución. 

De todos modos, también te digo que en la parte real he ficcionado igualmente algunos sucesos. 

M.G.- En cualquier caso, la novela te permite también hacer un retrato de Sevilla.

F.G.- Le dediqué mucho tiempo a esa parte. Todo ese tiempo de investigación tiene como resultado que Sevilla se convierta en un personaje más de la novela. Era uno de los objetivos porque ha sido una ciudad que ha tenido momentos muy luminosos y otros más oscuros. Este momento de la historia que se narra en la novela es muy peculiar porque, como tú has dicho, se acaban de ir los franceses, había mucha hambre, mucha gente sin oficio por las calles, y de esa Sevilla, treinta o cuarenta años después, surge la Sevilla del mito de Carmen pero eso fue después de pasar un tiempo de decadencia enorme, en el que perdió todo el comercio marítimo. 

M.G.- Y no solo Sevilla sino también España. Hay una crítica feroz en un diálogo que mantienen Blanco White y don Ramón, el padre de Flora.

F.G.- Es que no avanzamos. En el año 1813 se estaban perdiendo las primeras colonias. Saavedra, un personaje que realmente merece una novela, fue ministro de Carlos III, un hombre muy sabio y muy práctico que escribe con una lucidez terrible y retrata el momento perfectamente.

M.G.- Has mencionado a Saavedra. Hemos hablado de Lord Byron y  ahora de Blanco White. Hay personajes reales que pasaron por aquí.

F.G.- Blanco White es un personaje muy interesante también. Cuando mandé la novela al premio mi seudónimo era Luis Blanco, por White y Cernuda. Fueron hombres que han amaron terriblemente esta ciudad pero, o se tuvieron que ir o decidieron irse. Hicieron mucho por esta ciudad e incluso sus textos son muy Sevillanos. 'Ocnos' de Cernuda es el texto definitivo de la ciudad. Y Blanco White amaba Sevilla desde la distancia.  

M.G.- Él hablaba de las mujeres tapadas que también aparecen en la novela.

F.G.- Las describía muy bien. Eran mujeres que se movían en diligencias, iban totalmente tapadas porque no interesaba que se supiera quiénes eran por los motivos que fuera. Eso era muy habitual en la época y me dio la ocasión de poder introducirlas en el argumento de la novela. Llevaban como una especie de burka. Algo muy curioso.

M.G.- Has comentado antes que querías emplear un estilo indirecto libre. Es verdad que el estilo y el narrador sorprenden. Utilizas el tiempo verbal presente como si se estuviera haciendo una crónica o no sé muy bien cómo definirlo. El narrador, al menos para mí, es peculiar.

F.G.- Era la gran dificultad de la novela. No quería contar la historia a través de una tercera persona o un personaje. Quería que la historia la contaran muchos. ¿Cómo lograrlo sin que se convirtiera en una novela coral? Lo mejor era mezclar las voces, unas con otras, lo que ha supuesto una dificultad técnica añadida. Pero creo que la historia fluye bien y el lector sabe en todo momento de dónde viene una voz y otra. 

M.G.- En 'La última noche' la protagonista era una mujer. En esta última novela, también. ¿Se deberá a que estás siempre rodeado de mujeres?

F.G.- Afortunadamente vivo en un mundo de mujeres. Sin duda, el futuro pasa  por un mundo construido por mujeres y hombres, pero cuando investigas en el pasado te das cuenta que la mujer no existía. Hay que apostar por la igualdad en todos los ámbitos.

En cuanto a los protagonistas, todo ha sido fruto del azar. 

M.G.- ¿Y en la próxima? Porque tengo entendido que esta historia se te cruzó cuando estabas escribiendo otra.

F.G.- Así es, pero te adelanto que en la próxima el protagonista será un hombre. Eso si no se me cruza otra historia antes. (Risas). 

M.G.- (Risas) Todo puede ser. Paco, no te robo más tiempo. Muchas gracias por tu tiempo y espero seguir hablando contigo sobre literatura.

F.G.- Gracias a ti Marisa. Un placer.

Divorcios a principios del siglo XIX. La historia de Flora de Letona bien merece ser contada y Francisco Gallardo lo hace con seriedad y rigor. Os hablaré pronto de mis impresiones.



Ficha novela

Editorial: Algaida Editores.
Encuadernación:Tapa dura con sobrecubierta.
Nº Páginas: 344
Publicación: mayo, 2018
Precio: 20,00€
ISBN: 978-84-9189-011-9
Disponible en e-Book
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Ficha completa aquí.










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