lunes, 21 de mayo de 2018

LOS LUNES EN EL RITZ de Nerea Riesco

Editorial: Espasa.
Fecha publicación: marzo, 2017.
Precio: 19,90 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 320
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN:
978-84-670-5170-4
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]


Autora


Nerea Riesco nació en Bilbao. Es escritora, licenciada en Periodismo. En el 2002 publica su primer libro, Ladrona de almas. En el 2004 ganó el IX Premio Ateneo Joven de Novela de Sevilla con la obra El país de las mariposas. Su segunda novela, Ars Magica (2007) fue finalista del Premio Espartaco. A continuación publicará El elefante de marfil (2010), Tempus (2014) y Las puertas del paraíso (2015). Ha publicado también relatos, poemarios y libros infantiles; su obra se ha traducido a más de doce idiomas. Asimismo colabora con diferentes medios de comunicación y es profesora de Creación Literaria.

Sinopsis

Hotel Ritz de Madrid, año 1929. La jovencísima pintora Martina Romero lleva tiempo anhelando asistir a la fiesta que será su presentación en sociedad. Allí tropieza con Bosco, aspirante a actor, con el que tiene un vergonzoso desencuentro. Martina es integrante de las Damas de la Caridad de San Vicente de Paúl, un grupo de mujeres que, junto al padre Eugenio, dedican el tiempo a la virtuosa misión de organizar actos benéficos en los salones del hotel. Esa entrega las empujará a saltarse la ley, poniéndose en peligro. Pero ese no es el único secreto que se esconde tras las paredes del Ritz. Cuando Bosco reaparece en la vida de Martina, convertido en una deslumbrante estrella de Hollywood, todo se desestabiliza para ella. 

Los lunes en el Ritz es una cautivadora novela, ambientada en un país en ebullición, al borde de la República y protagonizada por mujeres apasionadas, fuertes y vanguardistas, empeñadas en construirse un presente a la medida de su talento, su ambición y sus sueños. 

Una historia apasionante, en la que el amor, la amistad, el sacrificio, el engaño y la venganza tienen como telón de fondo uno de los grandes hoteles del mundo.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Así empieza Los lunes en el Ritz:

[Lectura del prólogo de la novela;
música: 'Sun' de de Alan Spiljak]

Esta superficialidad mía que me incita a leer una novela por un bonito título y una bonita cubierta deja de ser frívola cuando, dejándome guiar por un impulso tan banal, me conduce a historias entrañables y maravillosas. Los lunes en el Ritz forma parte de ese grupo de lecturas que te dejan buen sabor de boca, que recrean ante los ojos del lector una época por la que transitan una serie de personajes plurales y dispares, una historia con los componentes necesarios para convertirla en completa y global, donde encontrar apuntes históricos, políticos y ecos de sociedad pero también amor, odio, rencor, venganza, chantajes y dudas. Entremos en materia. 

21 de noviembre de 1975. A modo de introducción, una narradora anónima lee en una terraza parisina el periódico Le Monde. Ocupa la portada del rotativo la noticia de la muerte de Franco y junto al texto figura una fotografía del hotel Ritz en Madrid, a cuya entrada se arremolinan las diversas personalidades que asistirán al sepelio. No es la muerte del caudillo lo que turba a Martina, esa voz que nos habla en este prólogo, sino la fotografía. Estas primeras páginas colocan al lector en situación, resumirán cómo se construyó el hotel Ritz y qué llegó a significar para la sociedad madrileña, un establecimiento que fue regentado por el padre de Martina, un hombre de orígenes humildes procedente de Riotinto (Huelva). La joven recuerda los años que vivió en Ritz junto a su familia, un lugar en el que conoció el amor por primera vez. Envuelta en recuerdos y en nostalgia retrocederemos al año 1929 cuando realmente se inicia la historia de Los lunes en el Ritz.

A finales de los años 20, el hotel Ritz lo dirige Francisco Romero, el padre de Martina. De la Riotinto Company Ltd, donde aprendió contabilidad, a hablar, leer y escribir en inglés, llegó al hotel Ritz en calidad de recepcionista y de allí fue ascendiendo hasta encargarse de su dirección. Casado con Eveline, una francesa albina, el matrimonio tiene dos hijos: Fran y Martina. La vida parece sonreír a la familia. El lujo los rodea y los niños crecen en un entorno apacible y feliz mientras que más allá de las paredes del hotel, los barrios madrileños más humildes viven en la miseria y el hambre. El mundo dentro del Ritz recrea la sociedad existente en el exterior. En la cúspide, los huéspedes, hombres de éxito y mujeres engalanadas, de hermosos vestidos y estolas de piel. En los bajos, los trabajadores como Nati, la restauradora de alfombras, siempre al servicio de aquellos a los que no les preocupa el hambre ni el dinero. 

Y así, para celebrar la centésima representación de 'La Lola se va a los puertos', obra de los Machado, se organiza un homenaje a los hermanos en el hotel. La fiesta servirá también para presentar en sociedad a Martina, una velada a la que asistirá lo más gallardo de la sociedad madrileña y a la que acudirá también un joven apuesto, elegante y seductor, Bosco, que intenta abrirse camino como actor, de incipiente carrera y origen humilde, con el que Martina tendrá un desencuentro. Este será el primero de otros muchos encuentros. 

La joven, que ya ha pasado de ser una niña invisible a convertirse en una joven disponible, se unirá a las Damas de la Caridad de San Vicente de Paúl, un grupo de señoras que, junto al padre Eugenio, intentarán llevar a cabo actos de caridad y socorro para los más desfavorecidos, manteniendo reuniones cada lunes en el salón de invierno del Ritz. Al pensar en este grupo caritativo es inevitable rememorar otros tantos que hemos conocido a través de novelas y películas pero a diferencia de todos ellos, en cuya labor parece predominar un intento por acallar la conciencia, estas damas del padre Eugenio poseen una particularidad que las excluye de la generalidad. Eveline es albina, algo que se mira de soslayo, capaz de leer en las estrellas y elaborar cartas astrales, Tatita es espiritista y ve el futuro en las cartas del Tarot, Piluca es una actriz retirada por un importante empresario teatral, así que su posición no le viene de cuna y en cuanto a Martina, la joven padece sinestesia, una alteración de los sentidos. Juntas, y en colaboración con el padre Eugenio, se meterán en un auténtico lío. Con un propósito noble se saltarán todas las leyes y actuarán poniendo en peligro su posición e integridad. El fin es bueno pero el medio es complicado. Así que, Los lunes en el Ritz se centra en las actividades clandestinas de estas damas, pero también en los amores de Martina, en las preocupaciones de Francisco Romero, en el deteriorado matrimonio de Piluca, en la carrera de Bosco, en el dolor de Nati o en la implicación política de Fran, entre otras cuestiones.

Y abarcando una horquilla temporal que va desde 1929 a 1936, la novela hace un recorrido por los hechos históricos más significativos, desde el incendio del Novedades, pasando por la primera llamada transoceánica, la aparición de la insulina, la abdicación del rey Alfonso XIII o la llegada de la Segunda República. Con este giro en la historia llegarán también las manifestaciones anticlericales, el ataque a los curas y la quema de conventos e iglesias, algo que tendrá un peso determinante en la trama. Pero el recorrido político-social nos conducirá también a ver a las mujeres manifestándose ante el Congreso para exigir el derecho al voto, nacerá la ley del divorcio y la situación empezará a ponerse realmente fea con la masacre de Casas Viejas (Cádiz) y la insurrección de la CNT en 1933. Así, año tras año hasta llegar al 18 de julio de 1936, momento en el que la trama comienza a llegar a su desenlace. Como anécdota, os diré que la novela también se hace eco de la primera Feria del Libro de Madrid, un apunte en el que se advierte una crítica velada que casi se puede hacer extensible a nuestros días. 

En cuanto a los personajes, y a pesar de que se trata de una novela coral, habría que destacar que Martina es la protagonista indiscutible. Pintora de profesión e ilustradora en la revista el Cronista Impaciente, estamos ante un personaje con múltiples aristas y en tres dimensiones. La joven no es la típica chica de su clase social cuyo único objetivo es dejarse ver por los diferentes actos sociales y cazar un buen marido en un baile de postín. Martina tiene sueños y principios. Se queja de sentirse un objeto decorativo al que su padre no presta demasiada atención. Es inteligente, estudiosa y aplicada. Posee una gran sensibilidad creativa que ella vuelca en su pasión por la pintura, probablemente como fruto de la sinestesia que padece, una alteración de los sentidos que le permite oler un color o saborear un sonido. Revolucionaria y crítica con su propia clase social, a la que tilda de hipócrita, Martina vivirá un gran amor entre las paredes del Ritz, uno de esos amores complejos y complicados que la hará sufrir.

Alrededor de la joven, otros tantos personajes. Su padre, Francisco Romero, un hombre que sabe lo que es no tener nada y tenerlo todo, que ha luchado por conseguir lo que posee y no está dispuesto a perder su posición ni a que sus hijos se equivoquen de camino, aunque probablemente el equivocado sea él. Su madre, Eveline, una mujer que parece vivir en la inopia hasta que descubre un secreto familiar que la sacará de su mutismo. El padre Eugenio, un cura social que lucha por los más desfavorecidos y se aleja tangencialmente del binomio iglesia-derecha. Nati, la restauradora de alfombras, la gran víctima de esta historia. O Bosco, el joven actor del que Martina queda prendada. No obstante, de todos estos personajes más secundarios, tengo predilección por dos que están, a mi juicio, muy definidos y en los que se profundiza muchísimo. Por un lado, tenemos a Fran Romero, el hermano de Martina. Sin duda será el personaje que más evolucione. En la primera mitad de la novela, Fran será un joven más, mal estudiante, mujeriego, dedicado a la vida contemplativa y sin mayores preocupaciones. Su padre tiene puestas grandes esperanzas en él y todos sus malos hábitos serán considerados como actos de masculinidad y gallardía. Sin embargo, tanto la actitud como el carácter de Fran variarán sustancialmente una vez que los hechos políticos se vayan produciendo. El joven se volverá muy radical, involucrándose en la lucha republicana y apartándose de todo lo que representa su familia. Creo que Fran es un personaje que crece con el pasar de las páginas, que madura, pero también será un personaje al que quizá se le ha obstaculizado el camino hacia la felicidad.

Por otra parte, entre las damas de la caridad figura Piluca. La que en sus tiempos fue una actriz deseada por muchos hombres, hoy es una mujer casada con un importante empresario teatral. Su matrimonio le hizo pensar en una vida llena de fastuosidad, esplendor y felicidad pero el paso del tiempo le enseña que no todo es miel sobre hojuelas. Piluca es una mujer que sufre inmensamente. Lo único que le da vida son esos lunes en el Ritz, cuando se rodea de sus amigas entre las que se siente apreciada, o las tardes que sale con Martina para comprar un bonito vestido o los momentos de confidencias entre ambas. El resto del tiempo Piluca es una mujer desdichada que echa de menos sus tardes de teatro, cuando todos los hombres la agasajaban, entre ellos, su propio marido, el que ahora ni la mira porque ya ha conseguido el que fuera un objeto de deseo, un capricho que arrebatar al adversario. Me gusta muchísimo este personaje, una mujer que solo reclama amor, necesita sentirse querida y la indiferencia y el desdén la asfixia. Me gusta también el dibujo de su relación conyugal que responde a todas luces a un estereotipo.

Pero si hay que hablar de personajes no nos podemos olvidar del propio Ritz. La novela hace un recorrido por su interior, mostrándonos la decoración de los salones y las habitaciones, las dimensiones de las alfombras o el brillo de las lámparas. Descubrirás entre estas páginas que el establecimiento se reservaba un severo derecho de admisión, normas muy estrictas que impedían que todo aquel con dinero pudiera ocupar una de las suites del hotel. Según nos contó Nerea Riesco en la entrevista que nos concedió (puedes leerla aquí), el hotel imponía las normas NTR, es decir, 'No tipo Ritz', que impedía que actores, actrices, toreros, cantantes o gente de la farándula en general pudieran codearse con los miembros de la alta sociedad dentro del hotel y alojarse en alguna de sus habitaciones. También había que seguir unas pautas muy concretas con respecto al vestir. Las mujeres no podían usar pantalones y era obligatorio que los hombres usaran corbata todo el día. Este tipo de información consiguen amenizar muchísimo la lectura pues son detalles reales, extraído de la extensa documentación que Nerea Riesco ha empleado para la construcción de la novela.

Y precisamente sobre su construcción y su estructura tendríamos que hacer un aparte en este punto. Los lunes en el Ritz se compone de ocho capítulos de larga extensión, en los que se abordan los acontecimientos de ocho años, desde 1929 a 1936, tanto dentro del seno de la familia Romero como a nivel nacional, hechos salpicados ocasionalmente por la mención a los muy disparatados anuncios que se podían leer en las revistas de la época y que inevitablemente arrancará alguna sonrisa al lector. Cada uno de los capítulos, divididos a su vez en secciones, se inicia del mismo modo, mencionando un hito histórico o una anécdota a modo de preámbulo. Así, el capítulo uno referido al año 1929, comienza con 'Aquel fue el año en el que se lanzó al mercado el desarrollador de senos Pilules Orientales', mientras que el capítulo quinto arranca con la frase 'Aquel fue el año en el que el célebre profesor alemán, Albert Einstein, anunció a bombo y platillo que se venía a vivir a Madrid'.

En cuanto a la voz narrativa, señalaba antes que será la propia Martina la encargada de abrir la historia en las páginas iniciales pero en realidad, el grueso de la novela está narrado en tercera persona. La voz de Martina solo aparece en el prólogo, para romper el hielo y adentrarnos en la narración, y en el epílogo para poner el broche final con sus impresiones. Todo ello, con una prosa envolvente que incide en la parte más emocional de los personajes, mediante una descripción detallada de sus pensamientos y sentimientos. Con una predominancia de la narrativa frente al diálogo, Los lunes en el Ritz requieren de una lectura tranquila y pausada. A pesar de que la historia cautiva y consigue captar la atención del lector, no es una novela para devorar en dos días sino que es preferible transitarla por sus largos capítulos, dejándose llevar por un coro de personajes a cual más interesante y por unos acontecimientos que precipitan el curso de la historia de nuestro país. 

Dicho todo esto, creo que queda claro que he disfrutado mucho con la lectura de Los lunes en el Ritz, una novela en la que la autora desaparece por completo para dar espacio a cada uno de los personajes y al desarrollo de los hechos. Obvia decir que es una novela muy recomendable.

PD. Os recuerdo que aún estáis a tiempo de conseguir un ejemplar de esta novela dedicado por su autora. Basta con clicar aquí y seguir unos sencillos pasos.








 
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


sábado, 19 de mayo de 2018

ABRIL... ¡DE UN VISTAZO! (#04/2018)

Ni siquiera ahora que estamos en mayo parece que la primavera quiere arrancar. Abril fue un mes muy inestable aunque las dos grandes festividades de Sevilla - Semana Santa y Feria - se salvaron. Bueno, más o menos. Alguna cofradía se mojó y el Real también se vio sorprendido por una pertinaz lluvia pero nada que no se pueda arreglar. Y mientras el tiempo intenta asentarse, los libros siguen naciendo y llegando a casa. Os cuento cómo fue el mes de abril.

[Para conocer la sinopsis de los libros expuestos 
solo tienes que clicar en cada título o en los enlaces a las reseñas]


Los comprados

No pude resistirme. He anunciado por activa y por pasiva que soy fan total de La Volátil, ese personaje creado por la argentina Agustina Guerrero, así que, en un momento en el que me apetecía algo ligero, me lancé a por su última publicación, A calzón quitado. Ya está 'leído' y reseñado. 



Y luego llegó el Círculo de Lectores y como El cuento de la criada de Margaret Atwood ha tenido tanto éxito, me decanté por pedirlo para este mes. No lo he leído ni tampoco he visto la serie. Todo se andará. 

Los recibidos

Este mes, la cosa ha estado bastante más tranquila. Desde Ediciones Carena, y por intermediación de su autor, llegó La naturaleza de las cosas de Víctor Vegas, un volumen de cuentos (con lo que me gustan) al que todavía no he podido hacerle hueco.




Del mismo modo, y desde Martínez Roca, apareció en casa esta publicación curiosa cuya portada seguro que os trae remembranzas de vuestra juventud. Sobre todo si ya habéis cumplido los cuarenta hace tiempo. Los cinco superdetectives. Aquí no bebíamos cerveza de jengibre de Noel Ceballos y El Hematocrítico fue una lectura amena y ligera, de las que nos gusta coger para compensar otras mucho más densas. Ya está leída y reseñada en el blog.

Y ahora viene lo grueso. Prácticamente la mayoría de los libros que llegaron en el mes de abril lo hicieron con el objeto de entrevistar a sus autores. Algunos encuentros se produjeron felizmente y otros, como es lógico, se malograron. Es complicado que todo cuadre. En primer lugar tenemos La tragedia del girasol de Benito Olmo (Suma de Letras), una nueva aventura del inspector (o sería mejor decir exinspector) Manuel Bianquetti por las calles de Cádiz. La novela ya está leída, reseña y su autor entrevistado.




Por otra parte, me hizo muchísima ilusión la llegada de La memoria de la lavanda de Reyes Monforte (Plaza & Janés). Su visita se esperaba en el marco de la Feria del Libro de Sevilla, así que disponía de tiempo para leerla y disfrutarla. La semana que viene os cuento detalles del encuentro con la autora y compartiré con vosotros mis impresiones sobre la novela.


Y ahora empezamos con las entrevistas malogradas o que todavía no se han producido. Agustín Fernández Mallo nos visitó para promocionar su novela Trilogía de la guerra, una historia de la que se dice que es 'magnética y cautivadora. La novela de la cara B de nuestro siglo'. Por problemas de agenda el encuentro no fue posible pero la novela tiene una pinta fabulosa, así que no creo que tarde en ponerme con ella.


Durante la Feria del Libro de Sevilla nos visitó Fidel Moreno para presentar un libro muy curioso, ¿Qué me estás cantando? (Debate). Una crónica social de España a través de las canciones de época. No pude sentarme a hablar con el autor pero al que sí espero como agua de mayo es a Fernando Fabiani. Me reí muchísimo con Vengo sin cita. Ahora regresa con Vengo de urgencias (Aguilar) y por lo que he leído por encima, voy a volver a pasarlo súper bien. 



Los ganados


Demasiado atareada como para apuntarme a sorteos. Sin embargo, en aquellos en los que conseguí llegar a tiempo, no fui afortunada.


viernes, 18 de mayo de 2018

BYE, BYE, HEIDELBERG de Carmen de la Rosa

Editorial: Anantes.
Fecha publicación: octubre, 2017.
Precio: 16,00 €
Género: Policiaca.
Nº Páginas: 220
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN:
978-84-947076-5-0




Autora

Carmen de la Rosa ha publicado las novelas El Al Mizar (2011), El inglés de Serón (2012), La carta de Lucrecia (2014), Amapola 15 (2015) y Acuario con peces rojos (2016), así como el libro de cuentos solidario ¡Arre, burro, arre! y los relatos "Boca de Algodón" (2013), "¡Espárragos en apuros!" (2014), "De la Patagonia a Serón" (2014), "La tortilla de patatas" (2015) y "El robo de la Copa del Mundo" (2016).

Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, realizó dos años de Doctorado y un curso de Relaciones Internacionales en el Instituto Ortega y Gasset de Madrid. Obtuvo la licencia de piloto privado y el título de profesora de danza española en el Conservatorio de Murcia. Tiene un blog culinario, fruto de sus estudios de gastronomía en Le Cordon Bleu de Londres y de su experiencia como chef en la agencia de publicidad GoYa!, que fundó hace una década en la localidad alemana de Heidelberg.

Carmen de la Rosa nació en Sevilla y ha vivido en Almería, Madrid, Múnich, Hamburgo, Dusseldorf y Londres. Actualmente reside en Heidelberg.

Sinopsis

El Kommissar Lucas Mester Japón, de familia española y ascendencia japonesa, se enfrenta a un caso desconcertante: el concejal de urbanismo de Mannheim ha aparecido asesinado en un muelle del Rin junto a un exclusivo club donde sus socios realizan algo más que negocios de altos vuelos. Todo indica que el crimen está relacionado con la corrupción urbanística que rodea las bases americanas de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en el curso de la investigación surgen sospechas sobre el alcalde de Mannheim, una banda de narcotraficantes colombianos, un grupo de neonazis y un general americano.

La clave de todo el asunto puede residir en una enigmática mujer, amante del concejal asesinado y del general, a la que todos conocen pero nadie es capaz de localizar. La respuesta al misterio parece que se precipitará durante la gran fiesta de despedida de los militares norteamericanos: el Bye, bye, Heidelberg.

[Información tomada directamente del ejemplar]
 

Muchos de los que pululamos por los blogs literarios conocemos a Carmen de la Rosa. Nacida en Sevilla, y después de pasar por diversas ciudades del mundo, reside actualmente en la bella Heidelberg, una ciudad alemana a la que nos podemos asomar con frecuencia los que visitamos su muro de Facebook. Carmen es una mujer dinámica y emprendedora. A poco que le eches un vistazo a su currículo te das cuenta que es alma inquieta y que ha hecho un sinfín de cosas muy distintas. La escritura es una de sus muchas pasiones y prueba de ello son las cinco novelas publicadas, así como los diversos relatos y cuentos de su autoría. Hasta la fecha, solo he leído dos de sus novelas -Amapola 15 y Acuario de peces rojos-, con ambas disfruté por tratarse de una narrativa intimista, llena de mujeres valientes, como la misma Carmen. Y como no hay dos sin tres, hoy vengo a hablaros de la tercera novela que he leído, la última que publicó el otoño pasado con la editorial Anantes. Bye, bye, Heidelberg supone un cambio de registro total. Si Carmen nos tenía acostumbrados a historias de superación, ahora se adentra en el mundo de la novela policiaca y coloca en el centro del huracán a un comisario peculiar. Os cuento un poco de su argumento.

El 19 de abril de 2015, en un domingo lluvioso, el concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Mannheim, Andreas Kurtz, aparece muerto en el muelle del Rin. 'Andreas Kurtz yace boca abajo. A dos metros, su Ducati tirada en el suelo'. Le han pegado un tiro por la espalda, a quemarropa, 'con un arma como para matar elefantes'. Inmediatamente se activa la investigación a cuyo cargo estará el Kommissar Lucas Mester Japón y su equipo. Las pesquisas policiales sacarán a la luz una trama que gira en torno a las bases americanas levantadas en los años de la ocupación aliada, unas bases que eran auténticos guetos, erigidas en completo aislamiento, autosuficientes y al margen de la sociedad alemana. En la actualidad están inutilizadas y las diversas empresas de construcción de la zona se las rifan, intentando ganar concursos millonarios para reestructurarlas y darles otra utilidad. Obviamente habrá más de una zancadilla empresarial. Unido a este hilo argumental, un club al que acude lo más selecto de la alta sociedad, el robo de unos cuadros y una misteriosa mujer. Todo ello complementado con algún muerto o accidentado más y regado con un caldo lleno de pistas falsas.

Pero la historia, más allá de la trama policiaca, urbanística y empresarial, también se sumerge en lo personal. Lucas Mester está recién separado de Ilse, por enésima vez, y aunque eso no parece suponerle ningún problema que afecte a su trabajo, lo cierto es que el corazón del Kommissar vuelve a estar ocupado. La afortunada será Maribel, una joven sevillana, enfermera de profesión, que parece haber recalado en Heidelberg huyendo de un pasado doloroso. Y os digo más, Maribel no será el único nexo de unión entre Sevilla y Heidelberg, ya la misma Carmen de la Rosa es un exponente de tal comunión, un vínculo que ella traslada a la novela a través de sus personajes, de la propia Maribel y de la madre del Kommissar. Estrella Japón es una mujer vivaracha, llena de vitalidad y con un toque de celestina. Ingresada en una clínica por una operación de cadera, desde la ventana de su habitación vigila con unos prismáticos la vida de su hijo Lucas que reside justo en el edificio de enfrente, mientras mira el Neckar, ese Guadalquivir alemán que la traslada a los recuerdos de su infancia. Será la encargada de desvelar una historia familiar, llena de suspense e intriga, con un desenlace sorprendente, un relato que prácticamente da para una novela única, que a mí especialmente me ha gustado mucho.

Pero habrá muchos más personajes como Peter, un buen amigo de Lucas que arrastra una historia personal tremenda, el matrimonio americano formado por Tony y Carol que no hacen más que pelear, Carla Kurtz -esposa de la víctima-, su prima Frau Schaller, una ludópata, bella, elegante e inteligente o Martin Bergman, gerente del Dique 9 Business Club. De tal modo que Bye, bye Heidelberg es también una novela coral.

Debo confesar que las primeras páginas del libro me descolocaron un instante. En los primeros párrafos nos topamos con Mester asistiendo a una obra de teatro o a un ensayo junto a Peter. Me desorientó un tanto que este joven acostumbrara a usar indumentaria femenina pero como mencioné antes, tiene un pasado que lo justifica y del que se da debida cuenta en su momento. Así que, basta con volver la página para encontrarte con el cadáver de Kurtz en el dique 9 y las piezas comienzan a colocarse en su sitio. Además, tengo que decir que, en paralelo a la investigación principal sobre la muerte de Kurtz, se van mencionando otros casos en los que Lucas interviene como por ejemplo, el suicidio de una mujer joven, un infanticidio, el maltrato animal. Aunque prácticamente se pasa de refilón por estos casos, a mí me ha gustado encontrar este paralelismo. Estamos demasiado acostumbrados a que un policía se centre en una única investigación cuando el crimen no para y seguro que en la mesa de un inspector se acumulan diversos casos a la vez. Me ha parecido que es darle verosimilitud a la profesión.

Y al margen de una trama urbanística, en la que la corrupción y los intereses políticos y empresariales están a la orden del día, para mí lo más llamativo de Bye, bye, Heidelberg es la carga personal sobre la que se sustenta. Para empezar los propios orígenes del Kommissar tendrán un papel importante en esta historia que une dos ciudades muy, muy distantes o mejor dicho, tres culturas. Lucas Mester procede de aquellos japoneses que pasaron por España en misión diplomática, encabezada por Hasekura Tsunenaga. Al remontar el Guadalquivir, pasaron por el pueblo de Coria del Río y al finalizar la expedición, parte de sus integrantes decidieron afincarse para siempre en aquel pueblo. De ahí que muchos vecinos de la localidad lleven el apellido Japón y en la ribera del Guadalquivir otee el horizonte una estatua del nipón. Así que, Andalucía y Alemania, junto con los rasgos asiáticos de Lucas Mester, se unen en esta novela, fusionando expresiones de uno y otro bando. Entre las páginas de Bye, bye, Heidelberg - 219 en total- no es difícil encontrar algún vocablo alemán mezclado con frases de mi tierra como 'pegar la hebra', 'dar la coña' o 'tener buen palmito'. Esto, que a priori puede chirriar, aporta frescura, así que no esperéis encontrar unos diálogos cuadriculados, recios y sobrios. El toque andaluz merodea entre estas páginas en las que para mí, lo de menos es la investigación policial. Particularmente me quedo con las relaciones personales, con el carisma de sus protagonistas, con las emociones y la carga que cada uno de ellos arrastra.

[Fuente: Wikipedia]
Creo que estamos ante una novela ecléctica en la que se combinan elementos distintos y dispares pero, -y esto ya lo he dicho en la reseña de otra novela suya-, Carmen de la Rosa tiene habilidad a la hora de hilvanar historias, de establecer conexiones, tejiendo un tapiz colorido pero uniforme. 

En cuanto a los escenarios, tenemos a Mannheim a escasos veinte kilómetros de Heidelberg. Por las calles de ambas ciudades veremos moverse a los personajes. No hay grandes descripciones aunque sí se mencionan lugares y edificios concretos. A este respecto me gustaría  comentar que me ha faltado un pequeño plano de ambas ciudades. Me ha costado un poco ubicarme en los espacios en los que se producen los distintos acontecimientos por lo que, un pequeño mapa, me hubiera facilitado la composición de lugar.

Escrito en primera persona en la voz de Lucas Mester, con lo que la visión de los acontecimientos será muy subjetiva, resalta el uso del presente de indicativo como tiempo verbal. Al principio fue algo que me extrañó pero quiero entender que se debe al tipo de formato elegido para la historia. Cada capítulo, de corta extensión y con fraseo corto, viene encabezado por la fecha, lo que me hace pensar que estamos ante un diario, que usado desde un punto de vista profesional, sirve para ir recabando de forma aséptica la información y los datos de la investigación, mientras que lo personal queda reflejado con emoción e implicación por parte de su autor.

En conclusión, un cambio de registro total y absoluto por parte de Carmen de la Rosa, que no se aleja definitivamente del estilo que vimos en novelas anteriores, en las que ahondaba en el alma de sus personajes, mujeres principalmente, con un pasado complicado y un corazón lastimado. Creo que en esto último es donde la autora se mueve como pez en el agua, construyendo personajes sólidos y carismáticos como los de esta novela y por eso, he disfrutado mucho más de la parte personal de los protagonistas que de la investigación policial, aunque sería injusto no añadir que la autora se maneja aceptablemente en las intrigas políticas y empresariales. En fin, como cada lector es un mundo, te invito a descubrir una nueva faceta de Carmen de la Rosa, como autora de novela policiaca. Además, teniendo en cuenta el desenlace de Bye, bye, Heidelberg, presupongo que Lucas Mester, un personaje muy interesante,  se va a convertir en saga. 








 
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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jueves, 17 de mayo de 2018

MARIA FERNANDA AMPUERO: 'Ser mujer es un caminar cotidiano con infinitas formas de violencia'

Las entrevistas, los encuentros con los autores son mágicos. No solo es un medio para conocer el trasfondo de una obra, la construcción de una historia, de unos personajes, la motivación de su creador o el mensaje que nos quiere transmitir. También son el vehículo perfecto para conectar con una persona, desahogarse, y soltar todo lo que uno lleva dentro. El mundo está plagado de indeseables pero, por suerte, hay mucha más gente brillante, inteligente e interesante con una vida llena de altibajos que han servido para afianzar los pies en la tierra, para madurar, para enriquecerse moralmente. Así creo que es María Fernanda Ampuero, una joven ecuatoriana (Guayaquil, 1976) que llegó a España hace más de una década, sin papeles, sin trabajo y con la idea de abrirse al mundo. A pesar de los baches en el camino, hoy se la ve feliz, al menos, así la percibo yo en su diálogo intenso y apasionado. 

Hace unos días hablamos, mucho. Una hora de amena conversación que dio para mucho más de lo que vais a encontrar a continuación. Salieron a relucir mil temas, muchos de los cuales puedes encontrar en su primer volumen de cuentos, Pelea de gallos (Páginas de espuma).


Marisa G.- María Fernanda, un placer conocerte. He estado leyendo sobre tu trayectoria. Has publicado dos libros de crónicas, 'Lo que aprendí en la peluquería' y 'Permiso de residencia' y ahora llegas con tu primer volumen de cuentos. 'Pelea de gallos' se compone de trece historias que son como una bofetada con la mano abierta para el lector. Impresionan mucho.

Mª Fernanda A.- Es lo que pretendía, que fueran cuentos que no te dejaran indiferente, tanto si no te gustan porque no es tu estilo, como si te gustan mucho porque eres ese tipo de lector que se permite sentir todo lo que yo quiero que sienta. 'Pelea de gallos' necesita de una complicidad enorme por parte del lector porque el cuento es muchísimo en muy poco espacio y todo lo que queda sugerido en la historia, el lector tiene que rellenarlo con su propia historia personal y sus propias percepciones del mundo. Para mí era muy importante que los cuentos fueran lo suficientemente duros pero no intolerables para que sigas con este pacto de poner tu propia experiencia como lector, como mujer o como hombre, como ser humano. Era muy importante para mí dar un puñetazo en el estómago. Incluso yo, mientras lo escribía, sentía que me faltaba el aire, me ahogaba. Es lo que suele ocurrir cuando te enfrentas a algo que te supera.

M.G.- Bueno, todo esto que comentas lo consigues desde la primera línea pero, ¿por qué escribir cuentos tan desgarradores?

M.F.A.- No me interesa otra cosa. No quiero dorar la píldora, ni poner paños calientes, crear simplemente un objeto bello o jugar con el lenguaje sin más. Creo que hay demasiados libros en esta línea y a mí no me interesaba añadir uno de esos libros más que olvidas tras haberlo leído.

El gran amor de mi vida ha sido la lectura. Los libros han estado en lo mejor y en lo peor, en todo mi crecimiento y son una parte importantísima de lo que yo soy. Me resultaba impensable la idea de escribir un libro que olvidas en un hotel o que lees en verano como mero entretenimiento sin más.

M.G.- Quiero contarte lo que he sentido al leerlos. Al principio es inevitable sentir cierto reparo, te asustan pero al mismo tiempo avivan la curiosidad. Creo que la propia dureza de la historia invita a seguir leyendo.

M.F.A.- Justamente. No quería algo grotesco o violento 'per se', solo por escandalizar. Lo que a mí me interesaba es que tú quisieras enterarte de lo que pasa en la historia y compartir el infinito amor que yo siento por los personajes. Sé que me vas a decir que los trato muy mal (risas), pero los quiero muchísimo. Son grandes víctimas del sistema, de la familia, de la sociedad. Mi idea es que tú también los quieras un poco. 

Por otro lado, también intenté que el lenguaje fuera transparente pero con una cierta belleza con la intención de restar dureza a la historia. Quería que tuviera estética, musicalidad. 

M.G.- Has buscado el equilibrio, ¿no?

M.F.A.- Sí. Creo que sería demasiado insoportable para el lector si tanto la historia como el lenguaje fuera solo golpe y violencia. 

M.G.- ¿Estos cuentos fueron surgiendo cada uno por su cuenta o tú los fuiste escribiendo ex profeso para construir este volumen de cuentos?

M.F.A.- No, de hecho yo no tenía ni la intención ni la obsesión por publicar. En cualquier caso, participé en un premio, el Premio Eñe, porque daban dinero. (Risas)

M.G.- Hay que vivir.

M.F.A.- (Risas) Por supuesto. Tenía esos cuentos ahí guardados porque escribo desde siempre. Mandé dos al premio y cuando me dijeron que había ganado tuve que preguntar con cuál de los cuentos. Mi agente actual leyó el ganador y me preguntó si tenía más cosas, le respondí que sí y ella fue la que se encargó de todo. Yo no hubiera soportado las negativas. Tengo cuarenta y dos años y es la primera vez que publico ficción cuando he escrito ficción toda mi vida. La literatura de ficción es mi gran pasión, desde siempre. Pero tenía una inseguridad inmensa. Siempre he tenido mucho reparo. Sin embargo, ahora estoy muy contenta por cómo ha surgido todo. No puedo estar en mejor editorial. Es muy mágico que sucedan todas estas cosas aunque tampoco quiero creérmelo mucho porque es lo peor que puedes hacer.

M.G.- Siempre hay andarse con cautela, es verdad.

M.F.A.- Y más en esto. De repente marcas un gol, tienes muy buena racha pero eso se puede agotar.

M.G.- Bueno, mientras tanto disfruta. Sigamos. Violencia y mujer. ¿Se podrían decir que esos son los dos grandes temas en estos cuentos?

M.F.A.- Sí, por supuesto, van de la mano. Casi todos los cuentos tienen como protagonista o como narrador a una mujer, salvo uno. Creo que es muy violento ser mujer. Ser mujer es un caminar cotidiano con infinitas formas de violencia. Que tú nazcas en la misma casa que un hombre y que tu vida, tus posibilidades, tu comportamiento, el sueldo, tus expectativas, las expectativas de los demás sobre ti, tu cuerpo, tu belleza, el ideal... todo sea distinto a lo de tu hermano no es más que otra forma de violencia. No sé cómo no nos volvemos locas.

Desde el momento en que una niña comienza a armarse como una mujer hay que aleccionarla en el miedo. Es probable que cuando nos digan que hay que sentarse bien, que no mostremos nada, que no usemos tal o cual prenda,... lo hagan por nuestro bien pero en todo eso hay un trasfondo terrible. Y es que resulta que alguien te va a mirar entre las piernas y claro, con cinco o seis años tú te preguntas que por qué alguien quiere mirarte ahí y empieza el terror. Te das cuenta que ahí afuera hay gente que quiere hacerle cosas a las niñas. Es horrible, una auténtica pesadilla. Hay que temerle a los hombres y esa niña se pregunta que por qué, pero si su papá es un hombre, si su hermano también lo es. ¿A qué hombres hay que tenerle miedo? Y luego está lo demás. Si no eres joven, mal. Si no eres delgada, mal. Si no estás casada, mal. Si no tienes hijos, mal. Miedo fuera, miedo dentro, miedo a envejecer, miedo a las calorías, miedo al miedo... ¿Qué es lo que quieren hacer con nosotras? Pretenden que seamos dominables. Pues bien, todo es un material enorme para una literatura de terror que sí se está empezando a escribir. Y en mis cuentos quise crear esta atmósfera de opresión, de daño y de cosas que no entiendes muy bien cuando eres niña o adolescente. Es algo que me obsesiona. Que estemos en Europa, en pleno siglo XXI, y que tenga que mandarles a mis amigas la foto del chico con el que he quedado y que además les adelante a qué bar vamos a ir, me parece increíble. Y en Latinoamérica ni te cuento. Hay países en los que tu madre te toma una foto antes de salir para saber cómo vas vestida. El miedo está ahí.

M.G.- Asusta solo pensarlo.

M.F.A.- No sé cómo hace la gente que tiene hijas. 

M.G.- Bueno, hay que dejar vivir a los hijos aunque los padres tengan el miedo como una segunda piel.

M.F.A.- Exacto.

M.G.- Pero, María Fernanda, en la nota de prensa dices que el hombre es un 70% de agua y un 30% de violencia. ¿Es por ello que en tus cuentos sale con frecuencia la palabra 'monstruo'?

M.F.A.- ¿Qué son la Manada? Son unos auténticos monstruos. Son unos chicos que salen a cazar. Son cazadores cuyo objetivo es pillar a una presa y vejarla de todas las maneras posibles. Y no solo eso sino también jactarse con sus amigos. Esto se hizo para que existieran los vídeos como si fueran trofeos de caza. Estos chicos no son algo excepcional porque si no, no se producirían tantas violaciones en el mundo. No se han escapado de ningún centro mental, son chicos con los que te cruzas en tu día a día. La monstruosidad está a nuestro alrededor. El monstruo puede estar sentado al lado tuya en el autobús o incluso puede ser tu padre.

M.G.- Se me están cruzando por la mente algunas noticias tremendas. De todos modos, también abordas más temas en tus cuentos. Nos hablas de la emigración, de la inmigración. De hecho tú te defines como periodista, mujer y emigrante. Tu experiencia sale en estos cuentos.

M.F.A.- Tenía que aparecer. Para mí ha sido la experiencia más brutal de mi vida. No fue hasta que estuve aquí y viví como 'el otro' cuando entendí de verdad las cosas tan horribles que nos hacemos los unos a los otros, simplemente con mirar hacia el otro lado. No necesitas patearme para que yo sienta que no estás haciendo nada por mí. Cuando eres inmigrante estás en una situación de desamparado. No tienes papeles, nadie te da trabajo y encima se ofenden si les pides una oportunidad. A mí me indignaba mucho comprobar que nadie decía nada. ¿Por qué en las manifestaciones en favor de los derechos por los inmigrantes solo acuden inmigrantes y asociaciones? Somos gente que ha venido con toda la ilusión de cambiar nuestra vida, huyendo de mil cosas y no importamos. Los refugiados sirios no le importan a nadie. Yo no quiero vivir en un mundo en el que los niños sirios crezcan y me pregunten: ¿tú qué hiciste por mí? Cuando llegué era una indocumentada, un número más pero yo era yo, una mujer capaz de hacer un sinfín de cosas. Así que sí, toda mi vida está atravesada por la inmigración y tenía que aparecer en mis cuentos.


M.G.- Muchas de las situaciones que salen en tus cuentos son muy vívidas, muy directas. Tal y como comentas con el tema de la inmigración, entiendo que has echado mano de tus experiencias personales en otros ámbitos.

M.F.A.- Sin duda, como en toda la literatura que creo que tú y yo amamos, hay cosas del autor porque creo que es la única forma de alcanzar la verdad. Ser verdad a pesar de ser mentira es una contradicción maravillosa. La literatura tiene que llegar al corazón de la verdad con puras mentiras. 

Obviamente en mis cuentos hay cosas mías. Quizá las cosas que los lectores creen que son más autobiográficas no lo son, y al revés. Como te decía antes, 'Pelea de gallos' no es un libro de divertimento. Yo padecí, envejecí y me trastorné escribiéndolo. Mis cuentos son más emocionalmente biográficos que biográficos a secas.

M.G.- Abres el volumen con un cuento tremendo. Bueno, en realidad todos lo son pero me refiero a 'Subasta'. Al principio el lector no tiene muy claro dónde está el narrador, pero tarda poco en averiguar que se trata de un lugar en el que se subastan personas. Leyendo esta historia se me cruzó por la cabeza que quizá está inspirado en alguna noticia de prensa que hayas leído o algo similar.

M.F.A.- Es muy raro porque yo juraría que esta historia me la contó un amigo periodista, sin embargo, a día de hoy, él dice que nunca me ha contado nada de eso. Así que, o estoy confundida de persona, cosa que dudo porque incluso recuerdo el momento en el que estábamos, o bien fue un sueño. En cualquier caso, sí te puedo decir que, un tiempo después de escribirlo, salió una noticia de una chica italiana, una modelo, que había sido secuestrada y posteriormente subastada en la Deep Web. 

M.G.- ¿Y el resto, María Fernanda? Por ejemplo, 'Griselda' esa historia de una señora que hace tartas. ¿Cómo te surgen estas historias tan truculentas en la cabeza?

M.F.A.- En mi barrio había una señora que hacía tartas. Estuvo viviendo allí un tiempo y recuerdo que a todos nos hacía mucha ilusión tener una tarta de las que hacía. No sé lo que le pasó después. Por supuesto no fue lo que se narra en el cuento. Imagino que se mudó o algo así. En cuanto a los demás, van saliendo solos o es mi truculenta personalidad. (Risas) 

M.G.- En 'Nam' hay mucho suspense e intriga con esa puerta cerrada que el narrador quiere abrir a toda costa por ver qué hay detrás y el resto de personajes intenta impedírselo a toda costa. Hasta que lo consigue.

M.F.A.- Ese cuento tiene parte de verdad. Yo tuve una amiga de padre gringo. En su casa había una puerta cerrada, siempre, y si preguntaba solo recibía evasivas. Siempre fui muy curiosa, me gusta saber qué hay detrás de las puertas, si los adultos bajaban la voz, yo quería saber de qué estaban hablando. El lector tendrá que averiguar lo que se esconde detrás de la puerta de ese cuento.

M.G.- ¡Menudo susto! Observo que los narradores en estos cuentos son principalmente mujeres jóvenes pero me llama poderosamente la atención las figuras paternas, la figura del padre concretamente. En tus cuentos los padres están ausentes, se han marchado, están mutilados, muestran rechazo por los hijos. Esa figura parte me ha producido un cierto desasosiego.

M.F.A.- Yo tuve una relación muy difícil con mi papá y supongo que siempre me quedó la obsesión de todo lo contrario, ser una niña muy querida por su papá. De todos modos, él fue muy importante para mí. Murió hace tres años y, como ya he comentado en otras ocasiones, si él estuviera vivo, este libro no existiría. No lo hubiera escrito y si lo hubiera escrito no lo hubiera publicado.

M.G.- No querías que lo leyera.

M.F.A.- ¡No! Simplemente no hubiera sido posible. Le hubiera generado vergüenza y no orgullo, que es lo que yo hubiera esperado. Hubiera sido algo trágico. ¡No!

M.G.- Es verdad que son cuentos duros. No hay filtros. Hablas sin tapujos, sin dulcificar, sin suavizar e incluso creo que muestras al ser humano en su vertiente más descarnada, ahondas incluso en componentes escatológicos.

M.F.A.- Es que yo soy así pero también decidí no usar eufemismos porque, en ciertos temas y en ciertos momentos, creo que el eufemismo forma complicidad con el mal. Me parece que el cuerpo y sus manifestaciones son importantes, comunican mucho y no tenía intención de evadir cosas.

M.G.- De camuflarlas.

M.F.A.- Eso. No quería rehuirle al asco, a lo escatológico. Es cierto que todos lo escondemos pero está ahí y hay que abrirse y hablarlo con naturalidad. 

M.G.- Entiendo. Bueno, última pregunta. La conferencia inaugural de la Feria del Libro de este año ha corrido a cargo de Almudena Grandes. Ella estuvo hablando de la literatura de género y la literatura femenina. Mostró su rechazo a la utilización de este término pero comentó que, por suerte, se está produciendo un 'boom' de mujeres jóvenes escritoras de Latinoamérica y mencionó países como México, Argentina, Chile, Colombia, Bolivia, Ecuador. Tú que has estudiado literatura y eres del cono sur, ¿qué opinas?

M.F.A.- Lo primero que tengo que decirte es que yo tampoco estoy de acuerdo con el término. En cuanto a lo demás, hay gente que dice que realmente existe un 'boom' latinoamericano femenino. Sin embargo, a mí me parece que se trata de otra cosa. Durante mucho tiempo las mujeres no han podido acceder a la alfabetización y visto así, es normal que se haya evidenciado una desigualdad entre la cantidad de hombres y la cantidad de mujeres que escriben. Por no hablar del típico rol de la mujer, dedicada siempre el cuidado del hogar y los hijos. Así que sí, es natural que se haya producido ese 'boom' pero tampoco te puedo decir que la Literatura Latinoamericana escrita por mujeres sea algo nuevo. No es ninguna novedad. Hay que desconocer muchísimo la historia de la Literatura Latinoamericana para creer algo así. No podemos obviar a Sor Juana Inés de la Cruz, ni a Clarice Lispector, ni a Elena Poniatowska. En cualquier caso, esta generación, la mía y la que viene, está aportando muchos más nombres de mujeres que de hombres porque durante mucho tiempo los únicos nombres conocidos eran los de ellos. Creo que la cosa va por ahí. 

Hasta hace un tiempo, nadie sabía nada de la literatura boliviana y ahora tenemos a tres grandes escritoras bolivianas, a Magela Baudoin, Giovanna Rivero y Liliana Colanzi, que son unos monstruos. Y en Ecuador, Mónica Ojeda con dos novelazas publicadas en España y a la que hay que prestarle toda la atención del mundo porque es jovencísima y escribe con un fuerza tremenda. ¿Hay que decir ¡por fin!? No lo sé pero, en cualquier caso, no me gusta llamarlo 'boom'.

M.G.- Porque siempre ha existido solo que ahora tiene más visibilidad, ¿es eso?

M.F.A.- Sí. De otro modo sería como patear la tumba de nuestras madres y abuelas, todas ellas mujeres extraordinarias a las que hay que darle su lugar. Por suerte, en muchos países empieza a rescatarse la obra de muchas mujeres que fueron olvidadas como Elena Garro. De ella la gente decía: 'ah, bueno, si es una poetisa'. Ocurrió lo mismo que aquí, con esa poetisa que escribía para niños.

M.G.- Gloria Fuertes.

M.F.A.- Exacto. La gente decía que escribía cantitos infantiles y de repente se empieza a sacar, y a sacar del olvido. Pues en Latinoamérica. No solo sería ignorante por mi parte sino también estúpido y pretencioso decir que nosotras somos las que hemos abierto la brecha.

M.G.- Cuando resulta que hay generaciones anteriores que ya lo hicieron. Hay que reconocer lo que se hizo antes.

M.F.A.- Completamente. Nosotras no estaríamos aquí sin ellas. Fueron tan brutales que, a pesar de que las luces iluminaban a los hombres y los escenarios eran solo para ellos, hoy conocemos sus nombres. Y las nuevas generaciones van a ser más brutales aún.

M.G.- Confiemos en que sea así. María Fernanda lo dejamos aquí. Un auténtico placer conocerte y conversar contigo. Mucha suerte con 'Pelea de gallos'.

M.F.A.- Muchas gracias a ti.

Comparto con María Fernanda su opinión respecto al impacto que un buen cuento debe provocar en el lector. Una pieza breve sin sustancia es demasiado insulsa, algo que no le ocurre ni por asomo a los cuentos incluidos en Pelea de gallos, de los que pronto os dará detalles. 



Ficha del libro

Editorial: Páginas de Espuma.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 120
Publicación: Marzo, 2018
Precio: 14,00€
ISBN; 978-84-8393-234-6
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.
















miércoles, 16 de mayo de 2018

NO SÉ DECIR ADIÓS (DRAMA - 2017)

Año: 2017

Nacionalidad: Española.

Director: Lino Escalera.

Reparto: Nathalie Poza, Juan Diego, Lola Dueñas, Pau Durá, Miki Esparbé, César Bandera, Noa Fontanals Fourgnaud, Marc Martínez, Oriol Pla, Greta Fernández, Emilio Palacios, Pere Basó, Miguel Guardiola, Bruno Sevilla, Darien Asian, Xavi Sáez.

Género: Drama.

Sinopsis: Carla recibe una llamada de su hermana: su padre, con el que hace tiempo que no se habla, está enfermo. Ese mismo día, coge un vuelo a Almería, a la casa de su infancia. Allí, los médicos le dan a su padre pocos meses de vida. Pero Carla se niega a aceptarlo y contra la opinión de todos, decide llevárselo a Barcelona para tratarle. Ambos emprenden un viaje para escapar de una realidad que ninguno se atreve a afrontar.


[Fuente: Filmaffinity]


Creo haberlo comentado alguna vez. Existen largometrajes que ya desde los créditos te hacen intuir su aspereza o su suavidad, sensaciones que se pegan a tu piel adelantando el tipo de historia con la que te vas a encontrar. Esos instantes iniciales, mientras los nombres del reparto se van sucediendo, me aportan una información valiosa, ya sea por la estética sobria de la secuencia de apertura o por la melosidad de los acordes con los que arranca la banda sonora. Uno puede barruntar ante qué tipo de película está, si es una comedia de consumo rápido o un drama de los que dejan profunda huella. Y con respecto a estos últimos, dramas hay muchos y no todos se digieren igual. No sé decir adiós, un título muy poco apegado al vodevil, es un drama de los que te golpean en el pecho y te obligan a pensar en lo que no quieres.
 
La película parte de dos hilos que se unen tras los primeros diez minutos. José Luis es un profesor de autoescuela almeriense, malhumorado y furibundo. No soporta la cháchara descontrolada de sus alumnos que no dejan de farfullar mientras él intenta que no pierdan de vista la carretera. No se encuentra bien. Tiene un tos constante. Una  mancha en su pañuelo le hace presagiar lo peor.
 
Por otro lado, Carla vive en Barcelona. Gestiona la venta de inmuebles y es una mujer solitaria y con escasas  habilidades sociales. La veremos por primera vez en un bar de barrio, conversando con una pareja más joven, la cara algo desencajada por el consumo de alcohol y droga, y una sombra de frustración sobre el rostro. Tras una noche de farra, recibirá la llamada de su hermana Blanca. El padre, José Luis, ese profesor de autoescuela almeriense, está ingresado en el hospital. Carla volverá a su pasado, a un lugar y a una familia de la que, aunque no se explica, parece que huyó hace mucho tiempo. Allí regresará al padre, débil, de aspecto macilento, y a una hermana llena de sueños lastrados.

No sé decir adiós aborda el duro trago de despedirse en la muerte. La película pretende analizar el trance que supone cuidar a un enfermo del que sabemos le queda poco tiempo de vida. ¿Cómo asimilar que esa persona un día ya no estará contigo? Entonces te rebelas contra el mundo, desmientes a los médicos, y pretendes encontrar remedios donde no los hay. Esto es lo que le ocurre a Carla. Ella, a pesar de haber estado ausente durante mucho tiempo, no puede asumir el final que se avecina e intenta rebelarse contra la naturaleza, se revuelve como un animal, y se enfrenta a todo y contra todos.
 
La película dividida en fragmentos con fundidos en negro parece querer mostrar diversas etapas en un camino que nadie quiere recorrer para llegar a un final abrupto pero eficaz en el que el silencio tiene todas las respuestas. Llega un momento en el que resulta inevitable el choque de trenes. Ya todo está consumado.

Juan Diego vestirá en esta película el pijama de enfermo y paseará por los solitarios pasillos de un hospital. No se puede decir más que su interpretación es absolutamente colosal. Muy creíble en esa enfermedad que lo va corroyendo por dentro, apagándolo y consumiéndolo. Lo hace tan bien que angustia. Pero para restar algo de dramatismo a su personaje, nos toparemos con un hombre gruñón y cabezota, completamente obsesionado por el cumplimiento a rajatabla del código de circulación, lo que despertará alguna que otra sonrisa en el espectador, poca porque se le ve en el rostro el reflejo de la muerte.

Nathalie Poza es Carla, una interpretación que le valió el Goya a la Mejor Actriz Protagonista. Su personaje pasa por diferentes facetas, desde la mujer trasnochada, noctámbula, déspota y borde a otra en la que la rabia y la desesperación la consumen. Para ella no parece haber respiro aunque este podría llegar con la muerte del padre. En realidad Carla es todo pose. Se levanta cada día con una armadura puesta para evitar que nada la traspase. No sabemos qué la ha llevado a esta circunstancia, un fleco que, a mi juicio, se debería haber explicado pues sin conocer sus motivaciones el personaje queda incompleto. Pero aunque tiene esa actitud desafiante, Carla es débil. El miedo llega a paralizarla, le da pavor entrar en la habitación del padre y comprobar cómo se va apagando.

Lola Dueñas encarna a Blanca, la hija que siempre estuvo al lado del padre, la que renunció a sus sueños para hacerse cargo del negocio familiar. Con su voz meliflua, aporta un toque de serenidad frente al histerismo de su hermana Carla. Ella parece manejar mucho mejor la situación hasta el punto de no dejarse arrastrar por las emociones, y seguir haciendo planes de futuro sin pensar demasiado en lo que se les viene encima. 
 
No sé decir adiós quiere hacernos pensar sobre cómo vivir y convivir con un drama familiar de semejante envergadura, con un padre enfermo, con una situación que requiere una serie de decisiones difíciles de abordar. He leído alguna opinión en la que se menciona que esta película es fácil de olvidar. Yo no lo creo. Será mucho más correcto decir que la queremos olvidar porque necesitamos sacudirnos de encima el miedo que nos invade al pensar en el momento en el que nos toque vivir algo así. Y sí, es cierto que la película es triste, que deprime, que angustia, que incomoda, pero no muestra más que una faceta de la vida por la que, inevitablemente, la inmensa mayoría transitará algún día. Aún así, No sé decir adiós no nos ofrece una reflexión novedosa. El que más o el que menos ya habrá cavilado sobre esta cuestión alguna vez o estará meditando en estos momentos, como me ocurre a mí, al percibir que los padres están cada día más mayores. El largometraje no nos enseña nada que ya no sepamos. Simplemente constata un hecho.
 
No es una película fácil de ver. Hay que tener entereza y ánimo de espíritu, así que no creo que sea apta para todos en todo momento. Te deja un regusto amargo e intenso.
 



Tráiler:


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