viernes, 9 de abril de 2021

CATEDRALES de Claudia Piñero

Editorial: Alfaguara
Fecha publicación: noviembre, 2020
Precio: 17,95 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 336
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788420455594
[Disponible en eBook  y Audiolibro;
puedes leer aquí]

Autora

Claudia Piñeiro nació en el Gran Buenos Aires en 1960. Es escritora, dramaturga, guionista de televisión y colaboradora de distintos medios gráficos. Ha publicado con Alfaguara las novelas Las viudas de los jueves (2005), que recibió el Premio Clarín de Novela 2005; Elena sabe (2007), Premio LiBeraturpreis 2010; Tuya (2008); Las grietas de Jara (2009), Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2010; Betibú, (2011); Un comunista en calzoncillos (2013); Una suerte pequeña  (2015) y Las maldiciones (2017), además de relatos para niños y obras de teatro. En 2008, Alfaguara publicó un volumen de cuentos reunidos, Quién no. Por su obra literaria, teatral y periodística, ha obtenido diversos premios nacionales e internacionales, como el Premio Pepe Carvalho del Festival Barcelona Negra y el XII Premio Rosalía de Castro del PEN (Club de Poetas, Ensayistas y Narradores de Galicia). Varias de sus novelas han sido llevadas al cine. Es una de las escritoras argentinas más traducidas a otros idiomas, lo que hace que sus libros sean leídos y disfrutados por miles de lectores en todo el mundo. 

Sinopsis

Hace treinta años, en un terreno baldío de un barrio tranquilo de Buenos Aires, apareció descuartizado y quemado el cadáver de una adolescente. La investigación se cerró sin culpables y su familia -de clase media educada, formal y católica— silenciosamente se fue resquebrajando. Pero, pasado ese largo tiempo, la verdad oculta saldrá a la luz gracias al persistente amor del padre de la víctima.

Esa verdad mostrará con crudeza lo que se esconde detrás de las apariencias; la crueldad a la que pueden llevar la obediencia y el fanatismo religioso; la complicidad de los temerosos e indiferentes, y también, la soledad y el desvalimiento de quienes se animan a seguir su propio camino, ignorando mandatos heredados.

Como en Las viudas de los jueves, en Elena sabe y en Una suerte pequeña, Claudia Piñeiro ahonda con maestría en los lazos familiares, en los prejuicios sociales y en las ideologías e instituciones que marcan los mundos privados, y nos entrega una novela conmovedora y valiente, certera como una flecha clavada en el corazón de este drama secreto.

[Información tomada directamente del ejemplar]



«La verdad que se nos niega duele hasta el último día».  Esta frase que, si no me equivoco, aparece tres veces en Catedrales, última novela de Claudia Piñero, una en la sinopsis y dos en el propio texto, es la frase que mejor define lo que nos vamos a encontrar en la última publicación de la escritora argentina. Porque, ¿quién puede vivir tranquilamente si conocer la verdad? Cuando la duda echa raíces en nuestro interior, va creciendo sin tregua, ocupándolo todo, hasta arrinconarnos.

La trama de Catedrales gira alrededor de siete personajes, todos ellos protagonistas: Lía, Mateo, Marcela, Elmer, Julián, Carmen y Alfredo. Siete personajes que ponen su propia voz al servicio de la historia, a través de seis capítulos y un epílogo. Cada uno de ellos aportará a la trama lo que está en su conocimiento, completando uno las lagunas que va dejando el otro, hasta componer el puzle de la verdad. Pero, ¿de qué trata Catedrales? Una pincelada del argumento la encuentras en la sinopsis. Partimos de un cruel asesinato, el de Ana, -hermana de Lía y Carmen, hija de Alfredo, tía de Mateo, mejor amiga de Marcela-. A todos ellos, aquella cruenta muerte los dejó marcados para siempre. Ana era tan solo una adolescente cuando su cuerpo sin vida apareció arrumbado, «en un terreno baldío de un barrio tranquilo de Buenos Aires», descuartizado y calcinado parcialmente. 


Tras la muerte de Ana, Lía rompe lazos con su familia. Dejará Argentina y se trasladará a una ciudad donde la fe y la devoción de unos dan de comer a otros. Con la única persona con la que mantiene algo de trato será con el padre, un hombre que, en ningún momento, ha arrojado la toalla y sigue tratando de averiguar qué le ocurrió a su hija. Pero el pasado nos persigue. Por mucho que queramos dejarlo atrás, el pasado siempre regresa, y treinta años después de la muerte de Ana, los acontecimientos se precipitan. A las puertas de la librería que Lía regenta, aparece su hermana Carmen. Busca la complicidad de su hermana, el apoyo, la ayuda para localizar a alguien en paradero desconocido. Y a partir de ahí, se retoman relaciones, se hacen nuevos contactos, se descubren nuevos sucesos y aparecerán unas cartas. 




¿Quién asesinó a Ana? ¿Quién tenía motivos para sesgar de cuajo una vida que comenzaba a florecer? ¿Y por qué cometer tremenda tropelía de ese modo, desmembrando su cuerpo, prendiéndole fuego? Aunque se llevó a cabo una investigación, no hubo conclusiones decisivas. El crimen quedó en un limbo, sin esclarecer, hasta que, treinta años después, la verdad sale a la luz.

Claudia Piñeiro teje una trama familiar, donde cada uno de los personajes irá desnudándose, dejándonos ver, poco a poco, qué es lo que esconde realmente en su interior, qué tipo de persona es en verdad. Esta familia está llena de secretos y de personajes son sólidos. Todos están construidos sobre robustos cimientos. Todos son complejos, con un mundo interior lleno de matices. De todos ellos, siento predilección por Carmen, y no porque sea ese típico personaje amable que conquista el corazón del lector. Si me gusta es precisamente por todo lo contario, porque es un personaje con mucha enjundia, lleno de inhóspitos rincones, claroscuros, caras y cruces. Carmen es una mujer con doble faz, la que muestra al exterior y la que saca a pasear en la intimidad familiar. Carmen es la carismática, la seductora, la manipuladora, la que habla de su felicidad, la que le encanta oírse, la que dominaba a sus hermanas de pequeña, la que se imponía por ser la mayor, pero también la que tiene ahora que tragarse su orgullo al pedir ayuda a Lía.


En cambio, Alfredo sí va a conquistar al lector. La muerte de su hija supuso un golpe tan duro para él que, desde entonces, se ha ido apagando. Aun así, en ningún momento olvida el desagravio, la ofensa, el dolor. Lo único que le queda por hacer en la tierra es descubrir la verdad sobre la muerte de Ana, así que pone medios, habla con unos y otros, escucha a todo aquel que tenga algo que contar.  Alfredo será el personaje que ponga el cierre. No puede haber un broche más perfecto que ese epílogo con el que Catedrales llega a su fin.  

¿Y qué decir de Marcela? Sufre amnesia anterógada tras la muerte de Ana. Desde entonces, no puede recordar los sucesos que han ocurrido a corto plazo. Tiene intactos aquellos que tuvieron lugar cuando su amiga murió, pero no es capaz de recordar lo que ha comido hace un solo instante. De ahí que siempre vaya acompañada de una libreta, donde va anotando todo lo que hace y con quién habla. Las limitaciones de Marcela la configuran como un personaje muy interesante. Para mí, su capítulo es uno de los más emotivos, el más bonito, construido sobre una relación de amistad inquebrantable.

Catedrales habla de muerte y dolor, pero también de hipocresía, de culpa y de remordimiento. El amor adolescente, ese tan inocente y puro que llena de ilusión, estará muy presente en esta historia. Pero, bajo mi punto de vista, la gran cuestión que se aborda en esta historia gira alrededor de la Iglesia, las creencias y la religión. En ningún momento, y bajo ningún concepto, Piñeiro cuestiona la fe de cada uno. Simplemente se limita a exponer, a través de esta novela, de qué forma una educación religiosa, y más concretamente aquella que lleva al individuo al extremo, repercute y conlleva consecuencias. Y es que dicen que los extremos siempre son malos, y es ahí donde la autora pone el ojo. En esta novela encontraremos a personas que creían y dejaron de creer, aunque lo que uno ha mamado desde pequeño seguirá reverberando para siempre. Los habrá también que se aferran a su fe como único modo de supervivencia, o como tabla de salvación, o excusa para no enfrentarse a lo que son, auténticos monstruos. La expresión «designios de Dios» sobrevuela sobre estas páginas y sirve de escudo para aquellos que no quiere ver la verdad. Por último, y muy vinculado con la Iglesia, sus dogmas y sus prohibiciones, nos asomaremos a otro asunto del que mejor no desvelo nada pero que, en el fondo, supone el verdadero motivo que provocó la muerte de Ana. 

Catedrales es una novela que me ha gustado mucho. Para empezar, me parece un acierto la manera en la que se va desmadejando el ovillo, cómo las piezas de un puzle desordenado van colocándose en su lugar, a través de los testimonios de cada uno de los personajes. Por otra parte, la trama no está exenta de suspense e intriga. De hecho, llegados al punto álgido de la historia, la angustia se instala en nuestro interior. Lo interesante de la novela no es ya averiguar quién mató a Ana, sino también cómo la joven perdió la vida, o qué dio pie a la muerte de la chica. No estamos ante un crimen propiamente dicho, motivado por una justificación -racional o irracional-, un criminal y una víctima. En esta historia juega un papel determinante otro tipo de condicionantes, que va a supeditar la muerte de la joven.

En cuanto al desenlace, el lector, a medida que va teniendo a su alcance más y más información, podrá ir sacando sus propias conclusiones, señalando a uno como culpable y a otro, como inocente. Yo también hice mis cábalas y, aunque casi al final me aproximé, lo cierto es que no acerté de lleno. Catedrales esconde muchos secretos, mentiras y excusas. Nos espera un final en el que todo cuadra, y que nos dejará atónitos. 

Como dije antes, la novela se estructura en seis capítulos y un epílogo. Cada bloque abre con una cita, estrechamente relacionado con la personalidad y el papel que juega el personaje sobre el que se centra el capítulo. Piñeiro recurre a ciertos recursos para recrear la vía a través de la cual tienen lugar algunas conversaciones o las circunstancias propias de los personajes. Por ejemplo, sorprende el empleo de los paréntesis para reproducir las lagunas en la memoria de Marcela.  


Y siendo una novela escrita por una autora argentina, con personajes argentinos y que cuenta con Buenos Aires como uno de sus escenarios, es normal que la historia esté salpicada de términos y vocablos comunes de allá. Pero, si eres asiduo a la literatura y al cine argentino, no te va a costar absolutamente nada entender qué es una remera, una bombacha o una pollera. Y si por un casual, desconoces el significado de tales palabras, bastará el contexto para comprenderlo absolutamente todo. 

Piñeiro escribe una historia en la que flota una nube de pesadumbre y nostalgia. Los sucesos transcurren a golpe de testimonio, con la calma y el sosiego que caracterizan esas conversaciones a los pies de un café. Incluso cuando llegamos a un punto más tenso de la historia, el relato transcurre sin excesiva aceleración. Catedrales engulle al lector, lo atrapa sin necesitad de un ritmo frenético.   

Poco más me queda por decir. Ahondar más en la trama y en los personajes es destruir todas las sorpresas que os esperan. Tan solo me queda recomendaros esa novela, como las otras tantas de la autora, porque tiene la capacidad de construir grandes historias dentro de la cotidianeidad más mundana. 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



jueves, 8 de abril de 2021

JORGE MOLIST: ❝La historia de España en el Mediterráneo fue un verdadero Juego de Tronos❞

Las novelas de Jorge Molist enamoran a los lectores de novelas históricas. Sus obras se asemejan a las grandes producciones de cine, con personajes heroicos y grandes hazañas. Desde que en 2006, publicara El reino de los cátaros, el autor catalán ha llevado al lector a distintas épocas de la Historia, para hacerlo vivir vibrantes aventuras, y darle así a conocer un poco más nuestra propia historia.

Con un total de ocho novelas publicadas, Jorge Molist firma ahora La reina solauna novela con la que el lector conocerá a la reina Constanza, esposa de Pedro III, quien quedó a cargo del reino de Sicilia, una vez que su marido recuperara ese territorio, como una promesa hecha a su mujer. Tres grandes enemigos acechan a Constanza, que reinará en soledad: Francia, el Papa, y Carlo de Anjou.

Nos esperan grandes aventuras. 

© Asís G. Ayerbe

Marisa G.- Jorge, echo un vistazo a tus novelas y veo que, en todas ellas, hay mujeres protagonistas. Luego, tienes otra novela con un título muy similar al de esta, La reina oculta. Y por último, el siglo XIII está casi siempre presente. Hay como un patrón común.

Jorge M.- Sí, hay cosas comunes. Lo que ocurre es que La reina oculta tiene una trama que ocurre muy a principios del siglo XIII, sobre el 1208 aproximadamente, mientras que la historia de La reina sola se ubica casi ochenta años después. En realidad, ambas tienen relación. La reina oculta cuenta la cruzada contra Occitania, promulgada por el Papa Inocencio III. Esa cruzada es importante en la historia de La reina sola porque fue el inicio del acoso de Francia y del Papado sobre el reino de Aragón. En aquella cruzada, Aragón perdió el sur de Francia. En La reina sola se narra cómo Aragón pudo librarse del acoso al que Francia lo tenía sometido, entre otras muchas cuestiones más.

M.G.- Otro apunte curioso es que en tu anterior novela, Canción de sangre y oro, ya aparece Constanza. ¿Se podría decir que Canción de sangre y oro es una continuación de La reina sola?

J.M.- Podría ser pero me gustaría dejar claro que son dos novelas independientes. Un lector puede empezar a leer La reina sola sin necesidad de haber leído Canción de sangre y oro. Esto no es una saga, aunque sí es cierto que, en cuanto al tiempo y a los personajes, La reina sola se podría entender como una especie de continuación de Canción de sangre y oro, novela que, por cierto, se llevó el Premio Fernando Lara en tu tierra. 

M.G.- Exactamente, así es. ¿Y qué te llevó a la reina Constanza? Te he oído decir que esta parte de la historia está muy olvidada. ¿Cómo descubriste a la reina Constanza?

J.M.- Pues, curiosamente, fue leyendo al mejor historiador que tiene Inglaterra, a sir Steven Runciman. Este autor tiene un libro titulado Las vísperas Sicilianas y es en ese libro, donde descubro una parte de la historia de nuestro propio país, que yo mismo desconocía. En esas páginas se habla de Constanza y de Pedro, a los que dedica alabanzas, pero también habla de Ricardo Corazón de León, al que todos admiramos por las novelas y las películas. Buen guerrero sí sería, pero no buen rey. A partir de estas lecturas, me interesé mucho por esta parte de nuestra historia. Me di cuenta que, la historia de España en el Mediterráneo fue un verdadero Juego de Tronos, sin dragones, pero con unos personajes muy interesantes, como son los almogávares. 

M.G.- Pues ahora que lo mencionas, quería preguntarte por Súria, uno de los personajes de la novela, una mujer almogávar. No sé muy bien quiénes eran estos almogávares.

J.M.- Eran un clan de fieros guerreros españoles que sembraron el terror en el Mediterráneo con su grito de guerra: «¡Aragón! ¡Au! ¡Au! ¡Desperta ferro!» Ellos fueron el gran vector de la expansión de la Corona de Aragón por el Mediterráneo. Hoy en día nos sorprende mucho saber que, en la Edad Media, había mujeres que luchaban con armas de hombres, pero así era. Las mujeres almogávares eran las encargadas de defender a la familia cuando ellos estaban luchando, a días de distancia. Eran guerreros que vivían del botín que sacaban de sus enemigos. En esas épocas, las familias quedaban en los montes o cuevas, y ellas defendían a las familias. Los almogávares llegaron al otro extremo del Mediterráneo, donde fundaron dos Estados dependientes de la Corona de Aragón, el Ducado de Neopatria y el Ducado de Atenas. Hoy sorprende que Atenas fuera española y lo fue durante cien años.

Y Súria es una de estas mujeres que toman las armas de hombres para luchar. Empezó por vengar lo que unos nobles de la parte vieja de Cataluña, le habían hecho a ella y a su familia. Es un personaje de ficción porque los nombres de los almogávares no han quedado recogidos en las crónicas de la época, pero había mujeres como Súria.

M.G.- Súria es un personaje de ficción. Por supuesto no lo es ni Constanza ni Pedro III, rey que recupera para su esposa el reino de Sicilia. Cuando se trasladan allí, él se va porque tiene otros menesteres, y la deja solita, al frente de todo. ¿Cómo era esta mujer? ¿Pedro la apoyó en sus decisiones?

J.M.- Pedro III sí la respaldó, pero la deja sola. Y lo hace porque él tiene que cumplir algo imprescindible. Una vez que ocupó Sicilia, algo impensable porque la Corona de Aragón tenía un millón de habitantes y Francia tenía dieciséis, y además había conquistado muchos más territorios, Constanza llega a Sicilia con tres de sus hijos, y la coronan reina. Después de eso, Pedro se va porque lo han insultado. Su mayor enemigo, Carlo de Anjou, lo ha retado a un duelo en territorio enemigo. Aunque aquello podía ser una trampa, Pedro, herido en su orgullo, decide ir. Este es un episodio de nuestra historia muy desconocido.




M.G.- Tratas muchos temas. Hay amor, muerte, violencia, venganza y la Iglesia también está muy presente, con ese Papa Martín IV, del que he visto un grabado y tiene una cara de mala persona... 

J.M.- (Risas) Martín IV fue un papa impuesto por las armas francesas. No fue elegido por la voluntad de los cardenales, sino por la fuerza. Además era un nacionalista francés a ultranza. Había sido canciller del rey de Francia. Cuando Constanza se queda sola, se tiene que enfrentar no solo a Francia, a Carlos de Anjou, que se había convertido en el emperador del Mediterráneo y además era el asesino de su padre, sino que también tiene que encararse con el Papa. Y encima, la situación era aún más complicada porque tuvo que luchar contra revueltas y conjuras dentro de Sicilia, que hacían peligrar su vida y la de sus hijos. Todo ello porque una de las cortesanas sicilianas, Macalda de Scaletta, baronesa de Ficarra, quería ocupar el lugar de la reina. Así que, la situación de Constanza es muy desesperante, en algunos momentos. Ella era una mujer de su tiempo, muy culta, pero con la típica idea de formar una familia y tener descendencia. No tenía ninguna experiencia de gobierno. Así que, tendrá que usar los recursos que hay en la isla para defender su vida, la de sus hijos, y continuar con la dinastía de Aragón. Su situación era muy complicada, pero la veremos capaz de tomar las riendas y crecer como persona, y como mujer.

M.G.- La novela es de corte histórico. Dice la nota de prensa que tiene también tintes de thriller, porque la trama tiene giros importantes. Sin embargo, se puede entender igualmente como una novela de aventuras. Aquí hay personajes que viven hazañas épicas.

J.M.- Sí, si tenemos en cuenta que el rey Pedro III de Aragón, al que luego apodaron el Grande, era un aventurero. Fue el rey más audaz y atrevido que hemos tenido en España. Todo esto lo cuento en clave de aventura, con sus intrigas, con choques entre mujeres muy potentes, como Constanza y su oponente Macalda,... Todo ello con el propósito de que el lector se enganche desde el inicio de la novela. Es historia pura y dura, pero convertida en una novela que tiene que apasionar.

M.G.- Y siendo una novela muy coral, ya hemos mencionado a Constanza, a Pedro, a Súria y a Macalda, pero hay otro personaje más que me gusta mucho, Roger de Lauria.

J.M.- Roger es otro personaje histórico cien por cien, hermano de leche de Constanza, y absolutamente fiel a ella. Fue el apoyo más grande que la reina tuvo en Sicilia. Cuando se inicia la novela, a Roger lo acaban de nombrar almirante, sin experiencia para manejar grandes flotas. Pero es un personaje que crece y, en realidad, fue el mejor almirante que hemos tenido en la historia de España. Ganó muchas batallas navales, algunas de ellas contra el doble de naves enemigas. 

Será además el protagonista de una historia de amor porque se enamorará de Súria, la mujer almogávar. Ella no se lo puso nada fácil. 

M.G.- Jorge, en esta novela hay escenarios diferentes. No solamente te habrás tenido que documentar sobre la vida de Constanza, su marido, sobre el contexto político-social, sino también sobre los lugares en los que ocurre la trama. Cuéntanos un poco cómo ha sido esa labor de documentación.

J.M.- Siempre digo que, cuando escribí esta novela, en realidad estaba ya escrita, pero lo estaba en cien lugares distintos, como en los cronistas contemporáneos de la Edad Media. El propio Dante Alighieri ya menciona a los personajes en su Divina Comedia. He tenido que hacer una recopilación de todas las fuentes, decidir entre las contradictorias y, finalmente, escribir una novela que enganche.

Para mí es fundamental viajar a los lugares porque son muy importantes en el relato. Creo que no pasamos en balde y que vamos dejando nuestra huella por esos espacios por los que nos movemos. Por eso, cuando encaro una novela de este calibre, me gusta viajar a los escenarios, imaginarme que estoy dentro de los personajes y sentir sus propias vibraciones. De este modo, los resucito y los hago más míos.  

M.G.- Son tan importantes que en tus redes sociales, vas compartiendo imágenes de esos espacios que, de algún modo, son protagonistas capítulo a capítulo. Me ha parecido un detalle muy bonito para con el lector.

J.M.- En efecto. Como los he visitado, pues he decidido compartir esas fotografías con los lectores. Voy colgando el escenario donde transcurre la acción de cada capítulo. Además, aprovecho y comparto anécdotas o curiosidades que no salen en la novela. 

M.G.- La edición también es una maravilla. Como lectora, me gustan mucho los libros que vienen con material adicional, con mapas, con dibujos, esquemas,... Esto enriquece la lectura y ubica al lector.

J.M.- Es algo en lo que insistí mucho y la editorial ha sido tan amable de aceptarme todos los mapas que he querido poner. Para empezar, en las gualdas figura el escudo de la Sicilia aragonesa que luego formó parte del escudo de España durante cientos de años, y también el escudo del enemigo, de Carlos de Anjou. Luego, el lector encontrará mapas, dibujos, o esquemas de las batallas más importantes, para que vea cómo transcurrió todo.

M.G.- Pero, ¿cómo se recrea una batalla? Verás, uno puede describir una ciudad, un monumento, unas relaciones, pero a mí me parece complicadísimo novelar una batalla. 

J.M.- Es complicado si no queremos hacerlo pesado. Hay que tener cierta habilidad. Dentro de las batallas, no solo entra en juego las estrategias y los movimientos, sino también los sentimientos de los personajes que van a morir o van a vivir. 

M.G.- Para finalizar, ¿qué te gustaría contar del siglo XIII? ¿O qué otro momento histórico te gustaría llevar a una de tus novelas?

J.M.- Quiero dar a conocer la gloriosa historia de España en el Mediterráneo. De alguna forma, La reina sola es el inicio, porque fueron Pedro y su esposa Constanza los que nos abrieron las puertas del Mediterráneo, primero a la Corona de Aragón, y luego al imperio español. Así que voy a volver sobre ello porque es una historia olvidada y, como españoles, debemos sentirnos orgullosos de lo que hemos hecho en el mundo, y para empezar, en el Mediterráneo, y no solo en el siglo XIII, sino también en los posteriores. 

M.G.- Pues Jorge, muchas gracias por desvelar esa parte desconocida de nuestra historia. Te agradezco mucho que me hayas atendido. Ha sido un placer.

J.M.- Igualmente, Marisa. Muchas gracias. 


Sinopsis: Una joven reina recién coronada y sin experiencia de gobierno es abandonada por su marido en los peores momentos de su pequeño reino.

Unos nobles hostiles, ansiosos de poder, provocan sangrientas revueltas que amenazan su vida y la de sus hijos. Además, deberá enfrentarse, con la ayuda de unos pocos fieles, a los tres mayores poderes del siglo XIII: Carlos, el gran emperador mediterráneo, Francia y un papa despiadado.

Mientras, a su esposo Pedro le espera el engaño y una devastadora cruzada de un poder diez veces mayor al suyo, que invadirá la corona de Aragón, arrasándolo todo.

Amor, odio y venganza. Una apasionante historia que cambió el destino de España y el poder en el Mediterráneo.


miércoles, 7 de abril de 2021

MANK (DRAMA - 2020)

Año: 2020

Nacionalidad: EE.UU

Director: David Fincher

Reparto: Gary Oldman, Amanda Seyfried, Arliss Howard, Charles Dance, Tom Burke, Lily Collins, Tuppence Middleton, Tom Pelphrey, Ferdinand Kingsley, Jamie McShane, Joseph Cross, Sam Troughton, Toby Leonard Moore, Leven Rambin, Madison West, Adam Shapiro, Monika Gossmann, Paul Fox, Jessie Cohen, Amie Farrell, Alex Leontev, Stewart Skelton, Craig Robert Young, Derek Petropolis, Jaclyn Bethany, Arlo Mertz

Género: Drama

Sinopsis: Biopic sobre Herman Mankiewicz, guionista de 'Ciudadano Kane', que repasa el proceso de rodaje de la obra maestra de Orson Welles, dirigida y estrenada en 1941. La película toma como base un guión escrito por Jack Fincher, padre de David Fincher, antes de morir en 2003

[Fuente: Filmaffinity]


Me encanta el cine en blanco y negro. Bueno, sería más preciso decir que me gusta el cine clásico, aquel de décadas pasadas (años 40, 50, 60), con grandes galanes y hermosas divas, ejecutado con pocos medios técnicos, pero que siempre consiguen transmitirme algo especial. (Creo que esto ya lo he dicho más de una vez. Perdón). Por eso me da cierto pavor enfrentarme a películas contemporáneas que se ruedan empleando este patrón bicolor. Siempre he mostrado muchas reticencias a ver The Artist, Blancanieves, Ida o Roma, aunque salí encantada con La lista de Schindler. En cualquier caso, y a pesar de mis temores, llevaba ya tiempo con la idea de sentarme a ver Mank. El empujón que necesitaba me lo dio ayer mismo mi querida Norah de En el rincón de una cantina cuando, en Instagram, comentó lo mucho que le había gustado esta película. Concretamente dijo: «Imprescindible para amantes del cine». Y ahí estoy yo. Así que, anoche mismo, me senté a verla y el resultado ha sido menos entusiasta que el que muestra mi amiga. 

Mank, que no es más que el diminutivo de Mankiewicz, narra la gestación del guion de una de las películas más importantes de la historia del cine, Ciudadano Kane, escrito por el guionista Herman Mankiewicz y dirigida por Orson Welles, en 1941. Decir esto, es hablar de la trama de la película a muy grandes rasgos porque Mank salta de una cuestión a otra a lo largo de las más de dos horas de metraje. En realidad, a la creación del guión se dedica poca parte de la cinta, aunque sí es el punto de inicio. Justo tras los créditos, la película empieza con esta leyenda:

«En 1940, RKO Pictures, que atravesaba una mala racha, atrajo a Hollywood a Orson Welles, a la edad de 24 años, con un contrato a la altura de su gran talento. Tendría autonomía absoluta, nadie lo supervisaría y podría rodar cualquier película sobre cualquier tema, con cuantos colaboradores deseara...»


Mankiewicz (Gary Oldman) acaba de sufrir un accidente de coche que lo obliga a permanecer postrado en una cama. Su amigo John Houseman lo acompaña a un lugar apartado donde, atendido por una enfermera alemana y una mecanógrafa británica, tendrá que escribir el mejor guion de su vida. Para ello cuenta con los sesenta días que le exige el director, Orson Welles, pero Mank parece agotado. Sumido en un profundo alcoholismo y caracterizado por un sarcasmo punzante, el guionista tratará de volver a salir a flote. A partir de este punto, la película se sostiene sobre continuos flashbacks, recreados como si fueran parte de la escaleta de un guion, para trasladar al espectador a los años 30 y mostrarnos los entresijos del cine en una época en la que la crisis económica zarandea la industria. Mank nos muestra las rencillas entre los diversos estudios que hacían lo imposible por llevar a los espectadores a las salas de proyección. Incluso tuvieron que llevar a cabo recortes en los sueldos de sus trabajadores. Para mí, una de las mejores escenas de la película. Así, nos asomaremos al mundo de la Metro, y veremos lo que se cuece en la Paramount, la Universal o la Warner,  hasta un momento en el que la política, y la lucha entre el demócrata Merriam y el conservador Sinclair, ocupa buena parte de la historia. Ni siquiera la fábrica de sueños puede vivir ajena a los asuntos políticos. La situación de Europa, con el alzamiento de Hitler tiene su parte protagonismo, la quema de libros y la construcción de los primeros campos de concentración tendrán su presencia en esta historia.

Es verdad lo que dice Norah. Mank es una película imprescindible para los amantes del cine. Es más, diría que lo es especialmente para todas esas personas que tienen un gran conocimiento de la historia del cine, que saben quién era quién en el mundo del celuloide, más allá de los archiconocidos directores, productores o magnates que a todos nos suenan. Y digo esto porque yo me he sentido un poco perdida con los nombres que se mencionan y las referencias. A veces me ha costado seguir el hilo de los diálogos y, no en pocas ocasiones, he parado la proyección para buscar quién era tal o cual que se menciona con frecuencia. De igual modo me ha ocurrido con el backstage del negocio cinematográfico. No siempre he podido entender esas estrategias comerciales entre los diferentes estudios. Hay circunstancias que se cogen al vuelo y otras hubieran necesitado una explicación más clara y precisa, según mi limitado entendimiento. 

En este sentido, creo que el guion es un tanto caótico. El foco no recae en la biografía del guionista como eje de la trama, es decir, no vamos a ver sus inicios, su trayecto y su declive. Tampoco se centra en la construcción de la película Ciudadano Kane, de la que yo imaginaba que podríamos ver alguna secuencia del rodaje. Además, tanto flashbacks para mostrar cómo la industria del cine vivió los años de la Gran Depresión, los rifirrafes entre directores y guionistas, y entre los distintos estudios, me llegaron a marear un poco. Al final, he tenido la sensación de haber visto una historia totalmente desordenada y de difícil composición. 

Indagando un poco sobre el origen de esta película, leo que el guion es original del padre del director de este largo, David Fincher (El club de la lucha, 1999; El curioso caso de Benjamin Button, 2008;  Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres, 2011). Al parecer, el padre del director tenía escrito este libreto y ha sido ahora, tras su fallecimiento, cuando Fincher hijo ha querido llevar al cine la idea creada por su padre. Me parece un bonito homenaje, pero a mí la historia me ha venido grande. No la he disfrutado tanto como esperaba.

En cuanto a las interpretaciones, Gary Oldman en el papel de Mank está bien, resulta convincente, aunque tampoco puedo decir que recordaré este papel para siempre. En realidad, con respecto al reparto lo que más me ha gustado es el gran parecido que muestran algunos actores con el personaje que interpretan. ¿Alguna vez habéis visto una foto de Louis B. Mayer, el dueño de la Metro? A veces me ha parecido estar viendo al mismo Mayer. Incluso el actor que hace de Orson Welles, cuando este era un jovenzuelo, se le parece muchísimo. 

Eso sí, si hay algo que me ha encantado de Mank es su estética. Todo está muy cuidado. Para empezar, la disposición de los créditos, que se van deslizando suavemente en dirección ascendente, mientras flotan sobre un fondo fijo de nubes, que a mí me recuerda tanto a esas películas clásicas. Es más, incluso se puede escuchar ese ruido de fondo, tan característico de las grabaciones antiguas, mientras la leyenda que os puse antes pasa ante nuestros ojos. Por otra parte, la banda sonora va muy acorde con los tiempos de la película y la fotografía es preciosa. Mank también recrea muy bien la técnica narrativa de las viejas películas, el blanco y negro tiene la tonalidad propia de aquellos años, con esos claroscuros y esas transiciones mediante fundidos en negro. Todo esto creo que es el punto fuerte de la película, lo que la hace hermosa. Por lo demás, no puedo decir que Mank me haya enamorado. Además, me ha parecido muy larga. Son un poco más de dos horas de metraje y eso me ha parecido excesivo porque no he conseguido estar dentro de la historia a full-time.

En cualquier caso, viene avalada por un rosario de nominaciones. De hecho, parte como favorita a Mejor Película en los próximos Oscar. Será porque realmente lo merece. Desde este recóndito lugar, y siendo sincera a mis propias impresiones, debo decir que esperaba mucho más de Mank. Frente a un guion caótico y unas interpretaciones que me han dejado un tanto igual, solo salvo de esta película esa estética y la atmósfera de una época. Y eso no es asunto baladí. 




[Amiga Norah, seguiremos hablando de cine, aunque no siempre coincidan nuestros gustos.

Para mí siempre es un placer conocer tus impresiones]


La tenéis en Netflix.


Tráiler:



martes, 6 de abril de 2021

VÍCTOR DEL ÁRBOL: ❝Todo lo que me ha configurado como hombre está plasmado en esta novela❞

Leer las novelas de Víctor del Árbol es sumergirse en un mar de emociones que siempre remueve por dentro. Al pensar en sus historias, es fácil imaginarse al lector, lápiz en mano, destacando aquel pensamiento, aquella reacción o alguna que otra reflexión. Lo he pensado muchas veces. Y soy consciente ahora de que ocurre lo mismo cuando conversas con él, cuando lo escuchas hablar. Con la cadencia que caracteriza su discurso, va dejando caer perlas aquí y allá, axiomas que el oyente va grabando en su mente.  Más aún cuando se trata de su última novela, El hijo del padre, de la que es fácil encontrar a una legión de lectores rendida ante una historia dura, compleja, pero muy real. 

La familia Martín. La familia Patriota. Una casa. Un pueblo extremeño. Una verdad.

Hablamos de su última novela. Hablamos con Víctor del Árbol.

Marisa G.- Víctor, ¿qué te voy a preguntar con una novela así? Lo más lógico, ¿el porqué de esta historia?

Víctor A.- No te puedo explicar una génesis cronológica o lógica. Funciono mucho por intuición. Cuando una historia comienza a darme vueltas en la cabeza, tarde o temprano termina por salir. En realidad, esta novela es el resultado de las anteriores. El germen de El hijo del padre ya aparece en Un millón de gotas o en La tristeza del samurái. La relación entre el padre y el hijo, esa relación que tenemos con la memoria, todo eso ya lo he ido tocando de alguna manera en otras novelas. Creo que había llegado el momento de enfrentarme a mi propia historia, sin literatura.

M.G.- ¿A tu propia historia?

V.A.- Sí. Al protagonista, a Diego Martín, le he prestado muchos recuerdos, muchas imágenes. No soy Diego, pero contando esta historia me he dado cuenta de que he contado la mía propia, mi propia infancia, mi propio pasado, la relación conflictiva con mi padre, el hecho de ser charnego, de venir de una familia de Extremadura, pero crecer en esa Barcelona de aluvión. De alguna manera, todo lo que me ha configurado como hombre está plasmado en esta novela, con mucha calma y sosiego. Además, la pandemia me ayudó mucho.

M.G.- ¿A reflexionar?

V.A.- Sí, y a escribir de una manera más íntima. Creo que eso se nota mucho en El hijo del padre, si la comparamos con otras novelas. Me ayudó a escribir una historia despojada de artificio aunque, como novela que es, tiene que tener una serie de recursos técnicos. Mira, si lo pienso, te podría decir que la génesis de esta historia está en el hecho de que yo ya sé quién soy. Me he convertido en un hombre, que está en paz con su pasado, con sus fantasmas, y que no tiene que arreglar cuentas con nadie. Desde ese punto de vista, con esa tranquilidad, he podido escribir una crónica ficcionada de todos los fantasmas que a mí me han alimentado desde que empecé a escribir en 2005, El peso de los muertos

M.G.- Armar la novela no ha tenido que ser fácil. Aquí hay muchos personajes que cuentan su historia, algunos con su propia voz, hay muchos escenarios, hay muchos tiempos. ¿Esta novela nació con la idea de ser algo más sencillo y se fue complicando a medida que escribías?

V.A.- No. Era plenamente consciente de cómo la iba a escribir, de las voces, de los tiempos,... Por el hecho de escribir con mano firme y segura, sabía que no iba a improvisar. Tenía clarísimo que quería ser generoso en esta novela, generoso con el lector, generoso con mi verdad, con mi subjetividad, como persona y como escritor. Quería escribir una novela americana, una novela generacional, una saga, esas novelas que a mí me apasionan porque son generosas en los temas, en las voces, como Las uvas de la ira de John Steinbeck. Quería escribir una novela que hiciera una instantánea de una época y ser lo más generoso posible. Esta novela está muy pensada.

M.G.- Como debe estarlo también el inicio. Colocas a Diego delante del lector, y el personaje empieza a hablar. Pasadas esa página, al lector lo inunda un aluvión de preguntas.

V.A.-  Esta novela va sobre la verdad, cómo la construimos, para qué sirve, cómo la manipulamos. Quería demostrarle al lector que siempre tenemos la tendencia a juzgar sin conocer. Todas las personas lo hacemos. Es algo muy humano el juzgarnos a nosotros mismos, pero también juzgar a los demás. Yo sabía que con la confesión de Diego en la primera página, en la primera línea, lo íbamos a juzgar inmediatamente. El lector se iba a posicionar. Pero cuando él dice que esta es la verdad pero que ni siquiera es la parte fundamental de la verdad, lo que te estoy diciendo es que tengas paciencia porque te voy a enseñar la otra cara de la moneda, y solo entonces podrás realmente juzgar a Diego.

M.G.- En la nota de prensa se habla de thriller pero, sinceramente, bajo mi punto de vista, esta novela no encaja en la concepción clásica de thriller.

V.A.- No, no,... Lo he dicho varias veces y lo repetiré siempre. A mí me gusta hablar del género Víctor del Árbol. Quien me haya leído ya sabe lo que significa y quien no, pues ya lo descubrirá cuando lo haga. No es ni mejor ni peor que cualquier otro género, pero sí que tiene la ventaja de no tener etiqueta. Es solo una voz, un universo recurrente donde entras o no entras. 

M.G.- Has mencionado la expresión «saga familiar». En esta novela encontramos frases tremendas sobre las familias. Por ejemplo, «quererse, perdonarse, olvidar, eso es lo que hacen las familias»" o  lo que le dice Octavio a Diego, «a la familia se le perdona». ¿A la familia siempre se le perdona todo, Víctor?

V.A.- Es el pacto secreto que hacemos con los nuestros. Ese vínculo de la sangre que todo lo guarda en el universo cerrado de la familia. Somos una unidad frente a los demás. Es el mundo contra nosotros y nosotros contra el mundo. ¿Qué pasa cuando alguien decide romper ese pacto? ¿Qué pasa cuando alguien decide hacer saltar por los aires los secretos familiares y enfrentarse al patriarca? Ocurre que la familia te expulsa, reniega de ti. O tú acabas renegando de la familia, que es un poco lo que le termina pasando a Diego. 

A medida que va avanzando la novela, Diego me da mucha pena. Es una persona totalmente desclasada, desarraigada. No encaja en el mundo que él se ha construido, pero tampoco tiene raíces porque él mismo ha decidido apartarse de su familia.


M.G.- Al hilo de ese universo de la familia del que hablas, llama mucho la atención la violencia en ese ámbito, que a veces es muy soterrada y otras más explícita. Es muy duro vivir en el seno de una familia donde ocurren ese tipo de sucesos que vemos en la novela.

V.A.- Sí, pero para entender de donde viene esa violencia, he utilizado al narrador omnisciente que te lo explica. Tenemos dos puntos de vista. Por un lado, tenemos a Diego Martín que nos cuenta lo que él ha vivido desde su óptica. Por otro lado, está ese narrador omnisciente que lo conoce todo y que le da al lector información de la que el protagonista carece.

A Diego Martín le cuesta más entender de dónde viene la violencia de su padre y de su madre porque él no conoce toda la historia pero nosotros, sí. El lector sí sabe de dónde viene el padre. Sabemos la infancia que tuvo en la Casa Grande y la relación que tuvo con su padre, que estuvo en la División Azul.  Por todo eso, sabemos que esa violencia tiene un origen familiar, que es como una maldición, porque no son capaces de relacionarse con el mundo de otra manera. La violencia de los Martín nace del miedo. Cuando nos sentimos perros acorralados, siempre mordemos. Eso es lo que hizo el abuelo, el padre y, de alguna manera, es lo que también hace el hijo. El gran error de Diego Martín es entender las relaciones con el mundo como conflicto. En vez de tratar de entender, Diego lucha, intenta imponerse para sobrevivir. Es lo que le han enseñado. Está equivocado porque no sabe quién era su abuelo ni su padre. Nosotros, los lectores, sí lo sabemos. Por eso, a medida que va avanzando la novela, cada vez juzgamos menos a Diego, al padre, al abuelo. Empezamos a entender la verdad, esa polifonía de sonidos que alcanza su clímax en las últimas diez páginas.

M.G.- Y en esas últimas diez páginas, en la última más concretamente, conoceremos el nombre del padre porque, en ningún momento previo se nombra. ¿Por qué?

V.A.- Siempre tengo muy claro a los personajes, antes de empezar a escribir. Sin embargo, en este caso, no me atrevía a ponerle nombre al padre. Había probado varios, pero ninguno me funcionaba. Así que lo dejé. Pensé que en algún momento ese nombre aparecería y sí que aparece, pero lo hace en la última página, y como última palabra de la novela. Eso fue muy revelador porque para mí, el padre de Diego es como una sombra, que se va moldeando poco a poco. Al lector le pasa lo mismo. El padre se va configurando poco a poco en su mente, en su imaginación, lo va corporizando, a medida que vamos teniendo más y más información sobre el personaje. Al final, ese nombre solo se revela cuando nos ponemos en paz con él, cuando podemos nombrarlo. Hasta el final de la novela, Diego no consigue aceptar la realidad de su padre, y eso significa reconocer que él ha hecho un constructo de su identidad sobre una mentira, sobre una excusa, que le ha permitido esa épica de hombre hecho a sí mismo. Nadie se hace a sí mismo. Todos venimos de algún lugar, y hay que aceptar la herencia que nos ha tocado, la buena y la mala.

M.G.- Pero hablando de personajes-sombra, no podemos dejar atrás a ese tío Joaquín, el anarquista de la familia Martín, que marca el destino de todos los personajes.

V.A.- Así es. El tío Joaquín es el inicio del conflicto de la familia Patriota y la familia Martín. Entre ellos nace un odio que se va a ir perpetuando de generación en generación, hasta perder su origen. Sin embargo, ese odio sí alcanza al propio Diego Martín. El tío abuelo Joaquín es esa memoria dolorosa de la que nos cuesta  hablar. Como tenemos esa tendencia a juzgar que antes te comentaba, solo sabemos juzgar en bandos, en los buenos o en los malos. Claro, unos son buenos o malos en función del lado en el que nosotros estamos. Pero las ideologías importan muy poco en la novela. En realidad, Joaquín tiene muy poco de anarquista. No es más que un crío de dieciséis años, un jornalero que ha aprendido a leer, que se ha tragado sin saber digerir un montón de libros que no entiende. Al final, todo se reduce a una cuestión de miseria. Hay una minoría privilegiada, los señoritos, que son los dueños del cortijo, de la Casa Grande; y hay una familia humilde, de jornaleros, que trabajan para ellos y que son sistemáticamente humillados, vejados y esclavizados. En ese núcleo lo que hay es rencor, puro y duro.

Las grandes historias, los grandes conflictos, sobre todo en los pueblos, siempre se explican a través de las pequeñas historias intrafamiliares. Ya no se trata de si uno es de derechas o de izquierdas, porque las ideologías no están nada claras. Lo que ocurre es que hay gente que defiende una serie de privilegios heredados y otra gente que quiere alcanzar la dignidad, otra forma de vivir. Los que tienen los privilegios luchan a muerte por defenderlos. Y los que quieren esos privilegios luchan a muerte por alcanzarlos. Ese tipo de odio se vuelve inmortal.


M.G.- Es verdad que tenemos que conocer al personaje para poder juzgarlo pero también es cierto que, en esta novela, hay algún que otro lobo con piel de cordero.

V.A.- Todos somos lobos con piel de cordero. 

M.G.- ¿Todos?

V.A.- Todos, todos,... En un momento dado, todos podemos mutar de piel fácilmente. Lo que me interesa de la identidad es que da igual lo que hayas hecho porque tú no eres lo que has hecho. Ni siquiera eres lo que te ha pasado. Tú eres tú. Eres una identidad que se construye. La memoria o el pasado no tienen sentido porque no se pueden cambiar. Se puede entender o aceptar, pero no tiene sentido revisitarlo para reinventarlo porque lo que pasó, pasó, y no volverá. ¿Por qué tenemos constantemente esa necesidad de regresar al pasado para justificarnos en el presente? A veces, el pasado solo nos sirve para eludir nuestra propia responsabilidad.

M.G.- Víctor tenía por aquí apuntado preguntarte por qué Extremadura, por qué ese pueblo. Casi que me has contestado al comentarme antes que tu familia es extremeña.

V.A.- Mi familia es de Almendralejo. En la novela, el pueblo se llama el Pueblo, con mayúscula, a modo de Macondo. Es un reflejo no literal de Almendralejo porque he querido crear un universo donde pudiera caber también la ficción. Pero sí, Tierra de Barros es la tierra de mi abuelo paterno. De ahí vienen mis raíces.

M.G.-  Y en ese pueblo hay una casa, Casa Grande, que pertenece primeramente a la familia Patriota y luego pasará a mano de los Martín. Esa casa es un símbolo.

V.A.- Es un símbolo, sí. Al final, terminas entendiendo por qué el padre le deja en herencia esa casa precisamente al primogénito, al que no quiere saber nada del pasado.  En realidad, lo que le está dejando en herencia es la memoria. Es decir, le está diciendo que no puede huir de lo fue, y que tiene que aprender a aceptarlo. La Casa Grande es ese baúl que toda la familia Martín lleva a cuesta.

Por otro lado, me parece muy triste que un hombre, como el padre, que ha sufrido lo indecible en esa casa, construye su vida sobre el rencor. Se pone como objetivo comprar esa casa algún día, y destruirla. Y es que, a veces, uno elige muy mal sus proyectos de vida. El padre es un personaje triste, que reina sobre las ruinas de la memoria, del recuerdo. 

M.G.- La novela funciona como retrato de la vida en los pueblos, y como retrato de la Historia del siglo XX. La horquilla temporal es muy amplia, y con muchos hitos históricos.

V.A.- Se aborda toda la Historia de España. Por hacer como un resumen, creo que esta es la historia de un reencuentro entre Diego Martín y el fantasma de su padre. A través de los recuerdos de Diego Martín, lo que estamos haciendo es revisitar toda la historia de esa saga familiar y, al mismo tiempo, ver en qué momento de esa historia tan convulsa de este país, encaja esa escena familiar, y ver cómo marca a la gente normal y corriente. Porque la familia Martín no son actores políticos ni militares. En realidad, son apolíticos, pero la historia los envuelve, los arrastra y los zarandea una y otra, y otra, y otra vez. Ellos no pueden hacer más que surfear, mantenerse a flote. Diego es el único que, de algún modo, ha sido capaz de sobreponerse a la historia, de salir de esa miseria heredada para convertirse en un hombre, hecho y derecho, pero inacabado porque no es capaz de ponerse en paz con su pasado.

M.G.- Me han gustado muchísimo todas esas referencias pictóricas que abundan en la novela. No es algo muy habitual.

V.A.- Adoro la pintura. Es la instantánea de un momento o de un paisaje. Pero, además, lo que me parece más importante es la mirada del pintor. Un paisaje o un retrato no es más que un estado de ánimo que el pintor transmite. Pero en la novela, en función del cuadro que el protagonista va viendo, puedes acceder a su estado de ánimo también. 

Lo que me gusta mucho de Diego Martín es que, siendo un hombre que viene de una familia sin cultura, más allá de la popular, encuentra una manera de transcender en los libros, en la música, en la pintura. En eso, Diego y yo nos parecemos. A mí, la pintura, la música, la filosofía, la historia, el teatro,.. todo eso me ayudó a ampliar mi mundo, a salir de ese barrio de aluvión, de ese estigma familiar, para romper esa cadena y darme cuenta de que el mundo es mucho más bello, y que no es solo conflicto. De alguna manera quería hacer ese homenaje a la literatura que es mi gran pasión, pero también a la pintura.

M.G.- Sabes que la novela hay que leerla a pequeños sorbos porque erosiona la piel. Al menos es lo que me ha pasado a mí. Es una novela que duele. Con un novelón como este, ¿después qué? 

V.A.- Yo también me lo he preguntado pero ahí está el desafío. Soy consciente de que he escrito una grandísima novela. No sé lo que van a decir los demás pero, en mi fuero interior, yo lo sé. El hijo del padre es un broche de oro a una temática muy recurrente en mis novelas anteriores, como son las relaciones paterno-filiales, la identidad, la memoria, la patria,... Creo que con esta novela he cerrado un círculo de diez años. Como persona, yo también lo necesitaba. Este es mi testamento en cuanto a ese periodo de novelas. A partir de aquí, toca seguir creciendo. Ya encontraré otros caminos, pero ¿sabes qué es lo que me mantiene como escritor? Es esa mirada de niño, esa mirada de observar y curiosear, de asombrarte por todo. Ahí está la clave.

M.G.- Víctor, tengo muchas más preguntas que hacerte pero el tiempo apremia. Gracias por esta novela. Gracias por este encuentro que, en estos tiempos, casi es un milagro. Y espero verte en la próxima.

V.A.- Gracias a ti.

Sinopsis: ¿Quién es Diego Martín? Ni siquiera él lo sabe. Un padre de familia, un esposo, un respetable profesor universitario. Uno de los hijos de la emigración de la España rural a la España industrial en los años sesenta. Alguien que se ha hecho a sí mismo renunciando a sus orígenes, a sus raíces. Y a la vez alguien incapaz de liberarse de ese pasado, de la sombra de su padre, del enfrentamiento ancestral entre la familia Patriota y la suya. Un hombre que se está convirtiendo en aquello que más odia.

El detonante es Martin Pearce, un seductor enfermero que cuida de su hermana Liria, ingresada desde hace años en un centro psiquiátrico. Martin, que de entrada parece un chico sensible, refinado y cautivado por la belleza, esconde otra cara que Diego descubrirá de la peor manera posible.

¿Qué hizo Martin Pearce para desatar a un Diego desconocido? ¿Qué ocurrió para que este rompiera con su familia y se enfrentara con todos ellos? Diego todavía recuerda ese pasado con la mirada del niño que fue y comprende que quizá ha llegado el momento de verlo con unos nuevos ojos.

¿Para qué necesitamos conocer la verdad sobre nosotros mismos si podemos escondernos en la mentira?

lunes, 5 de abril de 2021

NOCTURNALIA de Joel Santamaría

Editorial: Espasa
Fecha publicación: marzo, 2021
Precio: 19,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 272
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788467060836
[Disponible en eBook;
puedes leer aqui]


Autor

Joel Santamaría Matas, natural de Reus, se aficionó a la lectura desde muy pronto y como consecuencia de su interés por ella estudió Filología Hispánica y Anglogermánica. Actualmente reside en Salou, donde imparte clases de Lengua y Literatura Universal en un centro de enseñanza secundaria. Con anterioridad ha publicado en Espasa una novela histórica, Dies irae. Su segunda novela, Humanofobia, es una distopía que ha quedado primera finalista del premio de ciencia ficción Isaac Asimov 2019.

Sinopsis

Año 280 d. C. El centurión Constante Barsemis, con su liberto Elio Rodrigo, entra en la decadente ciudad de Tarraco para visitar a su hermana Valentina. Su cuñado, el edil Julio Natal, le pide que le ayude a resolver unos misteriosos casos en los que familias enteras han sido cruelmente masacradas; casos relacionados con otro similar que el centurión presenció tiempo atrás en la remota ciudad de Palmira. Ambos ignoran que se están adentrando en una trampa mortal. Constante y su cuñado investigarán las terribles muertes y descubrirán un mundo oculto de hechiceros y brujas  que devoran carne humana y practican la nigromancia, resucitando a muertos para sus oscuros fines.

Nocturnalia es un viaje bien documentado a uno de los periodos más desconocidos del Imperio Romano, el de finales del siglo III. Un periodo turbulento repleto de caos y confusión en el que proliferaban los cultos mistéricos orientales, la magia negra y la adoración a las divinidades infernales. 

[Información tomada directamente del ejemplar]



¿Te gustan las películas de romanos? Me refiero a esas películas que te muestran cómo era la vida del imperio, ahondando en su cultura, sus tradiciones, sus ritos funerarios, las relaciones conyugales,.... Mucho de todo esto es lo que encontramos en la última novela de Joel Santamaría, Nocturnalia. Sin embargo, no queda ahí la cosa. Santamaría ha escrito una novela en la que la mezcla de géneros es palpable porque, si piensas en Roma, inmediatamente te vendrá a la mente la idea de una novela histórica. No obstante, el autor catalán ha aunado con acierto la Historia, con la fantasía,  el thriller e incluso con el terror. 

No voy a negar que lo primero que me atrajo de esta novela fue su cubierta. Cautiva la mirada de esa niña rubia, ataviada con una túnica blanca, que nos mira fijamente en medio de ese cementerio, con un templo a su espalda y la luna llena iluminando la escena tenuemente. ¿No os inspira cierta intriga esta imagen? ¿No pensáis en algo oscuro y tenebroso? Efectivamente, también vamos a encontrar algo de eso en Nocturnalia. Os cuento.

Estamos en el año 280 d.c. Contante Barsemis es un centurión, curtido en mil batallas. Después de asistir a la coronación del emperador Probo en Roma, regresa a Osca, su lugar de residencia, acompañado de su fiel criado Elio Rodrigo. De camino, decide visitar a su hermana Valentina en Tarraco. No la ve desde hace varios años y las últimas cartas que ha recibido, tanto de ella, como de su cuñado Julio, edil de la ciudad, lo han dejado algo inquieto. En ellas se habla de desesperación y de sucesos extraños que están muy relacionados con lo que Constante vivió en Palmira hace unos cuantos años, cuando tuvo que luchar contra sus propios «hermanos», contra aquellos que se rebelaron contra el emperador de Roma. Al llegar a Tarraco, el centurión se reencuentra con la familia, con sus sobrinos -Julia y Casio-, y con su cuñado, pero lamentablemente le informan de que Valentina ha muerto. 


¿Qué le ha pasado a Valentina realmente? ¿Y de qué otras muertes se habla? Todo eso se irá viendo a medida que la trama avance. Pero, en esos primeros compases, Constante también conocerá a la que será la nueva esposa de Julio. Selena es «una mujer radiante como la luna», la viva imagen de Venus.


Aún no se ha enfriado el cadáver de Valentina y Julio ya está pensando en casarse de nuevo. ¿Cómo es eso? Junto a Selena, también conocerá a Escaria, una niña de seis años, bastante descarada, y sobrina de la anterior. Ambas se han acomodado en la casa familiar, parecen tener dominado completamente a Julio, lo que sorprende mucho a Constante, a Rodrigo, y solivianta a Julia y a Casio. 

La trama de Nocturnalia está llena de misterio y suspense. Se habla de terror pero, para mí, pesa más la fantasía y la intriga que otra cosa. Y es que, en Tarraco se están produciendo una serie de muertes inexplicables y sucesos extraños a los que Constante tiene que enfrentarse. Familias enteras son asesinadas cruelmente. Inicialmente se señala a los criados de la casa, compinchados con bárbaros a los que franquean la entrada de las casas para poder saquearlas, pero pronto se descubrirá que hay algo maligno y oscuro en esas muertes, algo que no es de este mundo. Nigromantes, brujas, magia negra, rituales escalofriantes y figuras siniestras pueblan las casi trescientas páginas de este libro, para llevarnos a un desenlace en el que nos espera más de una sorpresa en cuanto a la identidad de algunos personajes y que, al parecer, deja una puerta abierta. 

Nocturnalia ofrece una buena ambientación. En todo momento se deja caer una niebla pegajosa y densa que va cubriendo el desarrollo de los hechos. Por otra parte, se nota la labor de documentación del autor que retrata ese siglo III, tan poco explorado literariamente y, a la vez, tan decadente. Me ha gustado encontrarme con notas al pie de página que son sumamente aclaratorias, y un rosario de anécdotas y curiosidades que se adentran en las costumbres y hábitos de la época, adornando una narración que, como dije antes, bebe de diferentes géneros. 

En cuanto a los personajes, resulta interesante la relación entre Constante y Rodrigo, tan fuertemente unidos. El centurión es un hombre justo y considerado con su criado, al que trata más como un amigo que como un criado, y este último muestra una gran fidelidad a su señor, al que ha salvado en más de una ocasión. Entre ellos no encontramos la típica relación de servidumbre, sino que, como digo, llega a haber cierto grado de amistad. Por eso, en la resolución del caso al que se enfrenta Constante, veremos al centurión pedir la opinión de Rodrigo e incluso, a este mismo, llevar a cabo sus propias pesquisas. 

Los escenarios principales son Tarraco y Palmira, sobre los que se da bastante información. De la primera se dice que tiene más de quinientos años de antigüedad, una ciudad con «un trazado urbano bastante peculiar, ya que el hipódromo separaba» la urbe en dos zonas. Todo ello por motivos de seguridad. «Las autoridades que habían trazado su plano pretendían impedir con ella que cualquier revuelta iniciada en la parte baja pudiera llegar hasta la alta». En cuanto a Palmira, particularmente me ha interesado todo lo que se cuenta de la ciudad a nivel histórico pues seguro que no soy la única que recuerda los acontecimientos sucedidos en los últimos tiempos. Leyendo sobre esta novela, me ha parecido una ciudad a la que persigue la desgracia. Además de esto, la novela tiene su punto de actualidad. Se habla de epidemias que asolaban las ciudades a su paso, o incluso las desastrosas consecuencias que acarrea el cambio climático, convirtiendo la tierra en un erial sin vida. 

Pero, en relación a los escenarios, tengo que añadir que la edición de esta novela incorpora material adicional, algo que me gusta mucho. Nocturnalia cuenta con dos mapas orientativos en las páginas iniciales, uno sobre la ciudad de Tarraco y otro sobre Palmira, y que nos van a ayudar mucho a situar la acción. Además, en las páginas finales tenemos varios anexos. Para empezar, encontramos un glosario de términos que nos explican ciertos vocablos usados en la narración. Le siguen un par de páginas con notas históricas, en las que el autor nos explica ciertos detalles vinculados con la trama. Por último, tenemos una cronología de los hechos descritos.

Poco más os puedo contar. Nocturnalia es una novela para todo aquel que le guste el mundo clásico, y quiera adentrarse en una historia de dioses, deidades, mitos, leyendas y ritos. Estamos ante una novela en la que se hace un profundo retrato del imperio romano en sus últimos coletazos pero, a la vez, mezcla la fantasía, teniendo como resultado una lectura original que se lee de manera ágil. Así que, si lo que has leído en esta reseña te atrae, no tiene más que zambullirte de lleno en la lectura de Nocturnalia.

Y para hacerte una idea más precisa, te propongo ver el encuentro que tuvimos con el autor hace unas semanas, colgado en el canal de Locura de Libros.




[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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