viernes, 24 de septiembre de 2021

LLÉVAME A CASA de Jesús Carrasco

Editorial: Seix Barral
Fecha publicación: febrero, 2021
Precio: 19,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 320
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788432237737 
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Jesús Carrasco nació en Olivenza (Badajoz) en 1972. Su primera novela, Intemperie (Seix Barral, 2013), lo ha consagrado como uno de los debuts más deslumbrantes del panorama literario internacional, y ha sido galardonada con el Premio Libro del Año otorgado por el Gremio de Libreros de Madrid, el Premio de Cultura, Arte y Literatura de la Fundación de Estudios Rurales, el English PEN Award y el Prix Ulysse a la Mejor Primera Novela. Ha quedado finalista del Premio de Literatura Europea en Holanda, del Prix Méditerranée Étranger en Francia. Elegida como Libro del Año por El País en 2013 y seleccionada por The Independent como una de las mejores novelas traducidas de 2014 en Reino Unido, Intemperie ha sido publicada en veintiocho lenguas y ha sido adaptada al cine por Benito Zambrano. Su segunda novela, La tierra que pisamos (Seix Barral, 2016), ha sido galardonada con el Premio de Literatura de la Unión Europea.

Sinopsis

Juan ha conseguido independizarse lejos de su país cuando se ve obligado a regresar a su pequeño pueblo natal debido a la muerte de su padre. Su intención, tras el entierro, es retomar su vida en Edimburgo cuanto antes, pero su hermana le da una noticia que cambia sus planes para siempre. Así, sin proponérselo, se verá en el mismo lugar del que decidió escapar, al cuidado de una madre a la que apenas conoce y con la que siente que solo tiene una cosa en común: el viejo Renault 4 de la familia.

«De todas las responsabilidades que asume el ser humano, la de tener hijos es, probablemente, la mayor y más decisiva. Darle a alguien la vida y hacer que esta prospere es algo que involucra al ser humano en su totalidad. En cambio, rara vez se habla de la responsabilidad de ser hijos. Llévame a casa trata de esa responsabilidad y de las consecuencias de asumirla», Jesús Carrasco.

Esta es una novela familiar que refleja de forma brillante el conflicto de dos generaciones, la que luchó por salir adelante para transmitir un legado y la de sus hijos, que necesitan alejarse en busca de su propio lugar en el mundo. En esta emotiva historia de aprendizaje, Jesús Carrasco traza una vez más personajes formidables sometidos a decisiones fundamentales cuando la vida los pone contra las cuerdas.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]



Llévame a casa es una de las novelas más bonitas que he leído este verano. Además, ha supuesto mi estreno con Jesús Carrasco, autor al que le tenía muchas ganas. Intemperie lleva un tiempo esperando turno entre esas lecturas pendientes, pero no me arrepiento de haberme estrenado con el autor a través de la lectura de su última novela. Llévame a casa me ha enamorado. Me ha mostrado una historia que, en cierto modo, conozco bien. Por eso creo que, efectivamente, ha sido como si Carrasco me llevara a casa. A mi casa.

¿No os pasa a veces que empezáis una lectura, en cualquier momento, en cualquier lugar, y nada más leer las primeras líneas sentís que vas a disfrutar mucho de la historia que tienes entre las manos? A mí me pasa. Me pasó con Llévame a casa. La abrí justo antes del almuerzo de un día de verano, rodeada de familia que bullía. Leí unas cuantas líneas, me dejó pensando, y opté por cerrar el libro, para volverlo a abrir cuando todo el mundo, tras el almuerzo, desapareciera a descansar.

Llévame a casa está protagonizada por Juan Álvarez, jardinero de profesión y afincado en Edimburgo desde hace cuatro años, donde trabaja en el Real Jardín Botánico de Escocia. Juan llevaba tiempo recibiendo mensajes de su hermana Isabel. Ella le enviaba avisos sobre la salud del padre, sobre su deterioro, pero Juan no los consideró nunca nada grave. Continuó con su vida en la ciudad escocesa, con sus plantas y sus flores, hasta que el regreso a los orígenes se hace inevitable. El padre fallece el 2 de agosto de 2010. Veintinueve horas más tarde, Juan llega al pueblo.


«El suelo de terrazo del recibidor le lleva de vuelta a su origen. Viene de un apartamento, el de Edimburgo, en el que hasta la cocina tiene moqueta. Un suelo silencioso, mullido y cálido, no particularmente higiénico, pero que reacciona químicamente en la cabeza de Juan ahora que tiene delante las losas que ha pisado desde que era niño». [pág. 17]


Lo que allí se encuentra no es más que tristeza, nostalgia, y rencor. Con la muerte del padre, su madre se queda sola. Este es un hecho en el que él ni siquiera se había parado a pensar porque al frente de la intendencia del hogar familiar siempre ha estado su hermana Isabel. Así ha sido hasta ahora pero las cosas cambiarán mucho. Juan, que ya lleva el billete de vuelta en el bolsillo y solo piensa quedarse en el pueblo unos siete días, el tiempo necesario que marca el protocolo, verá cómo su deseado regreso a Edimburgo se difumina tras una conversación con su hermana. Isabel no está dispuesta a que las cosas continúen como hasta ahora. Ella también tiene vida, sueños y familia. Es hora de que Juan se ponga al frente de una batalla que le atañe a los dos, que se haga cargo del cuidado de una madre que requiere cada vez más atención. Ante Juan se abre un abismo. No sabe cómo rebatir la propuesta que le hace su hermana, cómo librarse de las obligaciones que le caen encima. Pensará y manejará algunas opciones, tratará de organizarlo todo para que él pueda regresar a esa vida sencilla pero cómoda que le espera en Escocia. Sin embargo, hay demasiados cabos que no puede atar. ¿Qué hará Juan? ¿Asumirá su responsabilidad? 

¿Qué me ha gustado de esta novela?

Todo. Llévame a casa contiene vida y realidad. Es un retrato del difícil trance que les toca a los hijos cuando tienen que hacerse cargo de unos padres cada vez más dependientes e incapaces. En tales circunstancias, siempre hay hijos que se implican más que otros. Es así. A Juan siempre le ha venido muy bien residir fuera de España para no tener que involucrarse en la atención a los padres. Para no tener que pringar que dicho así, suena descorazonador, pero es la absoluta verdad. Le vino también muy bien que Isabel diera el cayo y estuviera siempre ahí para todo lo necesario, aunque ella tuviera que estar constantemente cogiendo un avión para asomar por el pueblo. En Edimburgo, Juan se ha construido una vida libre de preocupaciones ajenas porque para él, ese hombre y esa mujer que hoy ya son mayores, suponen un lastre del que siempre ha querido huir. 

En esta novela, Carrasco narra ese cara a cara entre los hermanos, fija en el reloj la hora de la verdad, el día D para decir todo lo que se piensa y poner las cartas sobre la mesa. El autor esgrime las argumentaciones de Isabel con una maestría irreprochable pero, aunque me he sentido muy identificada con ella, tampoco puedo decir que no comprenda a Juan. ¿Quién quiere ver a sus padres languidecer? ¿Quién quiere encerrarse con la vejez cuando tu piel es aún joven? Sé que hay una especie de compromiso adquirido desde que nacemos que, por poco sentido moral que tengas, sabes que tienes que asumir. Hay quien ve en los hijos ese seguro de jubilación tan necesario en la vejez, pero es extremadamente complicado el papel de hijo-cuidador, de hijo con su propia vida, trabajo y familia que, ahora, también tiene que hacerse cargo de unas personas mayores que se vuelven niños, casi peor que niños, porque tu autoridad se cuestiona, porque no los puedes castigar, porque tus métodos son tan distintos a los de ellos, que no los quieren aceptar. Por eso, también puedo llegar a entender la pereza, la apatía, las ganas de escapar que tiene Juan, -yo también las sentí-, que haya «remado en aquella dirección porque únicamente alejándose de su origen, sentía, podía fundar su propia vida». 

Todo ese retrato en el que se conjugan la vida y la muerte, la juventud y la vejez, la obligación y el deseo queda dibujado en la novela con una nitidez meridiana. Pero Llévame a casa es también el retrato cálido, como las tardes de verano, de la vida en los pueblos. De mujeres sentadas al fresco del atardecer, de niños jugando en la plaza, de chimeneas de leña, de botellas de cristal reutilizadas para llenarlas de agua, de naftalina en los armarios, de colonia en envases de litro, de vestidos negros que cuelgan en los armarios para esos momentos que, lamentablemente, siempre van a llegar, de expurgos de lentejas, de viajes en 4 latas y sin cinturón de seguridad. Carrasco destapa una vieja caja de hojalata, que un día guardó galletas de mantequilla, en la que ha estado encerrado todo el costumbrismo de este país.

Y también es algo más que eso, es el camino que transita Juan hasta una reconciliación, primero consigo mismo, con su egoísmo, su distanciamiento, su ingratitud, lo que permitirá dulcificar la relación con su hermana, acercarse a la madre que, poco a poco, se va perdiendo, y añorar a un padre al que ya no puede abrazar.  Llévame a casa es regresar al lugar al que pertenecemos.  

No puedo puntualizar ningún aspecto que me haya defraudado en esta novela. Simplemente, no lo hay.

Personajes

Juan Álvarez. Bajo mi punto de vista, lo primero que define al personaje es el deseo de huir, escapar de una realidad que se le antoja incómoda. Es mucho más agradable vivir ajeno a una situación que solo conlleva decrepitud y agonía. Enfrentarse al deterioro de los padres no es plato de buen gusto. Aunque tu vida se limite a trabajar como jardinero en una ciudad gris y lluviosa, y no tengas poco más que algún escarceo rápido, todo eso resulta un oasis frente a la obligación de atender a unos padres que cada vez necesitan más ayuda y atención. 

Admito que hay veces que Juan me ha enervado. Lo he odiado. Lo he aborrecido. Me han entrado ganas de posicionarme junto a Isabel y escupirle a la cara lo que pienso de él. ¿Cómo se puede uno desentender de los padres? ¿Cómo no corresponder y devolver todo lo que te han dado? Pero Juan, en los inicios de esta novela, dice cosas como la siguiente:


«Si yo estoy tan lejos, señora, es porque no quiero estar aquí. Así de sencillo. He decidido renunciar a mis obligaciones como hijo. Ahora soy un apátrida en lo que a la familia se refiere». [pág. 52]


Pero si te abren los ojos, si te cantan las cuarentas, si te pegan un buen tirón de orejas, tienes que tener muy poquísima vergüenza para no reconocer la verdad. Juan quedará atrapado en un callejón sin salida. Tratará de abrir algún boquete por el que salir, pero lo que él no sabe es que, en realidad, la vida le está regalando un tiempo de descuento, la oportunidad de rectificar, de conocer realmente a sus padres y dejar de pensar que no eran más que «los hijos de la guerra y el hambre»

En la vida de Juan hubo disputas con su padre, malentendidos, frialdad, falta de gestos cariñosos pero lo que también hubo fue amor, aunque él no fuera capaz de verlo, aunque sus padres no fueran como esos de las películas americanas que se besan y se dicen «te quiero», aunque se limitaran a vivir para trabajar, sin comprender que hay otra vida más allá de aquella a la que han sido condenados. Juan, como todos los hijos, no es más que una víctima de esa maldición en la que todos caemos, víctima de la ceguera en nuestra juventud, de la ignorancia al pensar que ellos, los padres, estarán siempre ahí, que no saben nada de la vida, que se quedaron anclados en su tiempo. Para cuando queramos darnos cuenta de nuestro error, ya será tarde. Juan entenderá muchas cosas mientras está junto a la madre, será incluso capaz de juzgar el comportamiento de otros hijos con los que coincidirá.

Y luego está Isabel, la hija mayor, que vive en Barcelona con su familia. Durante la enfermedad del padre ha tenido que estar yendo y viniendo, y eso la ha quemado mucho. Hay mucho rencor y reproche en este personaje. ¿Cómo no iba a haberlo? Desde que su hermano se marchó a Escocia hace cuatro años, ella ha tenido que hacerse cargo de todo. En todo este tiempo, su hermano ha regresado al pueblo en tres ocasiones, y dos de ellas han sido a la fuerza. A la fuerza. 

Isabel es un pozo de bilis que lleva años tragando. Se siente desgastada porque resulta agotador llevar sobre los hombros «la responsabilidad, impuesta desde fuera y desde dentro, de cuidar de quien no es ella como si fuera ella misma», porque es muy duro sentirse en un «estado de guardia permanente». Y está tan cansada que termina por reventar. Yo también reventé un día. 


«...esto no es mío, se dijo. No me pertenece a mí esta mochila. Yo ya tengo que cuidar de mis hijos y vivir mi vida». [pág. 174]

 

Y si se ha hecho cargo de todo hasta ahora es por ser la «hija mayor, por mujer, por obstinación de la madre, por incomparencia de su hermano». Carrasco dedica a Isabel el capítulo 20, a sus sueños que ha ido demorando por cuidar de los padres, a su agotamiento, a los reproches de su madre, a la buena voluntad, a sus remordimientos, que ha tratado de compensar con una ayuda económica para que a sus padres no les faltara de nada. Pero ya no puede más, no puede soportar por más tiempo que su mente esté constantemente en alerta, «lo quiera o no». ¿Cómo no vamos a alinearnos con ella? El lector juicioso y cabal, la entenderá perfectamente

En la vida real, la relación entre los hermanos es tal y como la pinta Carrasco. Isabel aguanta, cede, soporta, hocica, atiende, acompaña, cuida,... por no dejar solos y abandonados a sus padres. Y sobre todo calla. No quiere añadir más problemas a los problemas diarios que llegan cada día. Pero hay un momento en el que se tiene que parar a pensar. ¿Por qué ella para todo? ¿Por qué no una corresponsabilidad en las obligaciones familiares? ¿Por qué Juan puede tener su vida y atender a su trabajo sin interrupciones? La reprimenda de Isabel le cae a Juan como un jarro de agua fría. Juan tratará de sacudirse la responsabilidad que le ha caído encima.  Lo intentará. Pero no hay escapatoria posible. 


«Uno no puede huir de sí mismo, ni esconderse. Por mucho que se vaya a Escocia, a Australia o a la estación espacial, uno se lleva sus jugos gástricos consigo, y tarde o temprano, le sube la acidez al esófago y el eructo que produce es pestilente». [pág. 95]


Y luego está la madre que, en verdad, y ya muerto el padre, no es más que el objeto de discordia entre sus hijos. ¿Quién se va a hacer cargo de ella ahora que se queda sola? Qué fabulosa es esta madre que nos dibuja el autor. En su vejez, como sabiéndose ya un juguete roto, permanece al margen de las disputas de los hijos, aunque se encuentre presente. Es como si la cosa no fuera con ella. «Haced conmigo lo queráis», seguro que pensará. Hay padres y madres que dicen eso a sus hijos, o que lo piensan, aunque no se atreven a pronunciarlo. Esta es una madre figurante en un teatrillo en el que los reproches vuelan como flechas. ¡Ay, esa madre! Esa madre que fue la representación del orden más pulcro, convertido ahora en un caos absoluto. De adulta a chiquilla, porque hay enfermedades que tienen esas «rarezas en las que la senectud y la infancia se encuentran»Hay que cuidarla, llevarla al médico, prepararle la comida, atender todas sus necesidades más básicas. Y los hijos sabemos que existen las residencias de mayores, que también hay señoras extranjeras que se encargan de los viejos, que con dinero, todo es más fácil. Inmenso debate el que se abre en este punto, porque no hay alivio, ni consuelo, ni tampoco se trata de librarnos del estorbo. Aun así, ¿dónde queda el amor? El amor de los hijos, el amor de tu sangre, el de esos a los que tú has parido. No hay dinero que supla ese amor. Y en qué situación tan difícil nos pone la vida a los hijos. ¿Cómo atender a aquellos que nos aman en estos tiempos de prisas? Por eso puede ocurrir que luego llegue el arrepentimiento, que nos pese como una losa aquello que dijimos en un momento de crispación, aquello que no hicimos. Nadie habla de esa culpa que arrastramos los hijos, del remordimiento por no haber elogiado antes los guisos de la madre, y agradecer el esfuerzo del padre, lo que tanto nos dieron.

Estructura y estilo

Desconozco la situación personal de Jesús Carrasco, si ha encarnado el papel de Juan o de Isabel. Pero, de lo que no me cabe la menor duda es de que tiene una extraordinaria capacidad para retratar unas circunstancias llenas de penalidades, que solo los que hemos pasado por ella somos capaces de entender en toda su extensión. Miro mis notas y caen en cascada una cita, y otra, y otra, y otra más. Cada reflexión es un puñetazo en el estómago. No puedo más que asentir pesadamente con la cabeza cada vez que leo una emoción, un sentimiento, un dolor. Y lo mismo da que tú, lector, hayas estado en un lado u otro, hayas sido Juan o Isabel. Porque a los dos los vas a entender perfectamente. Me ha fascinado la manera en la que el autor transmite cada uno de los estados emocionales por los que pasan los personajes. Pura verdad. 

Sin remarcar casi el espacio y el tiempo, porque esta historia es universal y atemporal, con un total de cuarenta y nueve capítulos, y acudiendo ocasionalmente al estilo indirecto, la historia está contada por una narrador en tercera persona. Quizá para un relato tan íntimo y personal como este, se podría haber empleado la primera persona pero no he echado en falta la voz propia de los personajes. No me ha hecho falta que sean ellos los que me hablen para entender sus reacciones, sus deseos, sus incomodidades, sus silencios, sus reproches,... Todo encaja.

Llévame a casa es de esos libros que reabren heridas para volverlas a cauterizar cuando llegas al final de la lectura. Me ha gustado muchísimo esta novela. Mucho, de verdad. Y eso que tiene un desenlace me ha dejado sumida en un pozo de tristeza. Pero es que no podía existir otro final más que el que nos ofrece Carrasco. No hay más cera que la que arde. Aún así, he disfrutado de cada página, de cada una de esas sentencias que han caído sobre mí como auténticos obuses. A veces he sido Isabel. A veces he sido Juan. Porque soy hija y hermana. Porque también tuve unos padres que un día se volvieron niños.

Muy, muy recomendable.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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jueves, 23 de septiembre de 2021

ALEJANDRO PALOMAS: ❝Me encanta empujar a los personajes para que se perdonen cosas❞

Tiene algo especial. Lo demuestra en cada publicación que comparte por redes sociales, en cada presentación, en cada entrevista, en cada libro. Las novelas de Alejandro Palomas consiguen conquistar al lector por la ternura, la emotividad y la delicadeza de las historias que contienen. De su mano hemos conocido familias, madres, hijos, amigas,... Sus personajes son especialmente humanos, con sus virtudes, sus miedos, sus defectos, sus sueños. Y precisamente de sueños trata la última publicación del autor, que ha titulado Un país con tu nombre (Ediciones Destino).  En esta nueva novela el lector se perderá por una aldea apartada de la civilización, derruida y vencida por el paso del tiempo, donde recalarán Edith, una mujer peculiar de más de setenta años, que arrastra la pérdida del gran amor de su vida. Jon también habitará esas calles abandonadas. Ambos tienen mucho en común, ambos se necesitan, ambos protagonizarán una historia de aceptación y perdón. 

Marisa G.- Alejandro, ¿contento con esta nueva novela?

Alejandro P.- Sí, porque hace tres años desde la última novela de adultos, Un amor. Ya  tocaba.

M.G.- Pues antes de entrar de lleno en la novela, tengo una curiosidad. Sé que obras tuyas se han llevado al teatro pero desconocía que se habían comprado los derechos para una película. ¿En qué situación está ese proyecto?

A.P.- En realidad, se han comprado los derechos para dos películas, para Una madre y para Un hijo. Ambos proyectos están en el mismo punto, con todo preparado para pedir las ayudas al ICAA y la financiación.

M.G.- Siguen adelante.

A.P.- Sí, sí. Lo que ocurre es que la pandemia lo ha cortado todo. Lo que estaba a punto de arrancar quedó cercenado. Ha ocurrido como con las fichas de dominó. Si se te cae una, se te caen todas. Se te cae el director, la actriz, el actor,... Tienes que volver a montar el puzle.

M.G.- Ya. Bueno, pues centrándonos en este país con tu nombre. Es la novela para adultos que sigue a Un amor, con la que ganaste el Nadal. Me he parado a pensar en lo que ha ocurrido en tu vida en estos tres años y medio. Como a todo el mundo, te han ocurrido muchas cosas que te han marcado a ti, pero también a tus lectores.

A.P.- Sí, porque tengo una relación muy estrecha con los lectores. Muchas de las cosas que me pasan las comparto por redes sociales. Comparto lo que creo que más me moldea, lo más común, lo que suele ocurrirnos a todos porque son las experiencias más humanas. La muerte de mi madre ha sido lo más heavy para mí. Luego he vivido una pandemia muy atípica. Vivo en el campo, muy retirado, así que la mascarilla ha sido algo muy ajeno. Incluso en el confinamiento más terrible, salía todos los días al bosque, sin mascarilla, porque no había nadie. Aun así, todo ha sido muy difícil. Este año y medio me ha cambiado la vida por completo. Entré en esta pandemia con madre y ahora estoy huérfano. Realmente no sé cómo voy a seguir. Estamos saliendo de esta pandemia, de este túnel, pero yo he salido cojo.

M.G.- Nos ha pasado a muchos, y luego te preguntaré algo al respecto, pero volviendo al libro, te diré que, para mí, es una novela-universo. Me gusta catalogar así tus libros.

A.P.- Yo las considero así también.

M.G.- Me gustaría saber qué te empuja a escribir esta historia. ¿Qué dirías que va a encontrar el lector en estas páginas?

A.P.- Eso es algo que uno nunca sabe hasta que no termina de escribir. Como con los anteriores, creo este universo sin saber por qué lo creo. A posteriori es cuando uno empieza a entender y a comprender por qué ha escrito esta historia. Aquí no hay un universo familiar, como ocurrió con Amalia, con Guille, con Mencía. Este universo está conformado por planetas pequeñitos que han estado circundándose en el tiempo y, de repente, se encuentran. No hay familia de sangre sino que son pequeños planetas huérfanos que por una cuestión de gravedad van sumándose. Durante un periodo muy corto de tiempo, le van ocurriendo cosas a una serie de personajes que terminan trenzándose y formando una familia. Eso es lo que yo siempre quiero hacer. Quería trabajar la familia desde otro punto. Quería que mis lectores y lectoras se encontraran familias y, sobre todo, en familia. Esa sensación, de estar en familia, es la que no quiero perder nunca cuando escribo. 

M.G.- Y cada uno de esos miembros tiene un sueño por cumplir. Tus novelas siempre transmiten un mensaje. Quizá, en este caso, ese mensaje sea luchar por lo que sueñas porque nunca es tarde.

A.P.- Exacto, nunca es tarde. Las edades de la novela era algo fundamental para mí. Quería trabajar con una mujer de setenta y seis años, y un hombre de cincuenta y nueve. Son edades invisibles. Porque una mujer de ochenta años es vieja pero si tiene sesenta o setenta es mayor, pero no vieja. Son lapsus de edad tan injustamente tratados... A los hombres les ocurre igual. Entre los cincuenta y cinco y los setenta se extiende un mar difuso, en el que se gana mucho como universo creativo porque está muy poco tratado. Las personas a esas edades parecen que tienen poco peso, pero son muy creativas. Te dan muchísimo y te enseñan que no hay edad para nada, no la hay para el sexo, para reinventarte, para soñar, para luchar por lo que quieres, para dejar de luchar por lo que quieres,... siempre que no estés buscando la mirada de los demás. A cierta edad, como eres invisible, ya no se busca la mirada de los otros. Sabes que no te van a mirar, con lo cual eso te da libertad para luchar por lo que realmente sueñas.

M.G.- Esa mujer de setenta y seis años que mencionas se llama Edith. Es muy peculiar. Fuma cigarrillos de hierba, ve vídeos en YouTube para preparar recetas, es lesbiana, aunque es más viuda que lesbiana, y tiene una hija de cuarenta y seis años, Violeta, con la que mantiene un tira y afloja.


[Si prefieres oír la conversación - clic al vídeo]

A.P.- La relación que tiene Edith con Violeta es una relación muy habitual entre madre e hija. Se adoran pero chocan constantemente porque hay cosas que no se han dicho. Siempre van a chocar con la misma pared que las impide avanzar. Todos los días terminan peleadas pero, al día siguiente, se vuelven a llamar porque se quieren mucho y se sienten culpables. Llaman con la voluntad de portarse bien pero a los cinco minutos vuelven a estallar. Y es que necesitan verse, contarse, perdonarse cosas. Me encanta empujar a los personajes para que se perdonen cosas.

M.G.- Jon es el hombre de cincuenta y nueve años, que también se tiene que perdonar.

A.P.- Sí, también. Y tiene no solo que perdonarse sino aceptar muchas cosas de sí mismo.

Jon es un tipo de personaje nuevo para mí, con el que nunca había trabajado, porque hasta ahora había tocado muy poco a los hombres y menos a un hombre heterosexual, solo, motero,... Tiene unas características que nos pueden hacer pensar en un personaje X y luego resulta que es un personaje Y. Esto es algo que también me gusta mucho, construir personajes que nos tocan los prejuicios. Nos dibujamos un arquetipo y, poco a poco, vamos descubriendo que no es lo que pensábamos. Eso es algo que nos ocurre mucho en la vida. Jon tiene muchos porqués en su biografía, en su infancia. Él sabe explicar esos porqués pero para ello necesita a Edith porque ella es la perfecta escuchadora. Ella es el perfecto oído maternal. Edith es muy madre, lo es con sus gatos, con su hija, con Jon. Es esa madre que sabe esperar, que sabe decidir por el vulnerable. 

M.G.- Acabas de decir algo que creo que explica una sensación que he tenido. Es verdad que Jon arrastra cosas de su niñez y yo he sido incapaz de imaginármelo con la edad que tiene en la novela. Lo percibo mucho más joven. No sé si tendrá algo que ver con esa mochila que arrastra.

A.P.- Sí, creo que sí. Con Edith también pasa. Ella tiene una parte muy alocada porque muchas veces no es consciente de que tiene setenta y seis años. Se ve como si tuviera cuarenta o cincuenta. Pero eso pasa cuando vives solo y apartado. Tu edad deja de existir porque no tienes a nadie en el que mirarte. En esos casos, da igual la edad que tengas. Recuperas muchas cosas de quien eras, la voz del niño que eras.

M.G.- Y hablando de niños, hay un personaje que llega al alma. Suzume es una niña pequeña que, cuando habla, remueve el mundo. Ella no tiene filtro, tiene una mirada especial, capaz de ver la vida de forma diferente. Suzume sacude a Jon y sacude al lector.

A.P.- Sí, y Jon necesitaba ese espejo tan puro. Suzume aparece y desaparece, como si fuera un espíritu. Ella tiene la mirada tan limpia, la capacidad de decir las cosas de forma tan sencilla, tan pequeñas pero, a la vez, tan universales que te dejan totalmente sentado. Los niños y los animales tienen una energía muy pura y te tocan mucho más que el discurso elaborado de un adulto.

M.G.- Los animales tienen un papel fundamental en la historia. Hay mucho amor por los animales en la novela. Pero fíjate qué curioso que, siendo tú muy amante y defensor de los animales también, has elegido para Jon una profesión peculiar. Es veterinario de un zoo, con todo lo que eso conlleva.

A.P.- Con todo lo que eso conlleva, sí. Jon es veterinario y para él es la única oportunidad que tiene para trabajar con animales, de trabajar cara a cara con elefantes. Jon entra en el zoo sabiendo lo que hay y lo pasará mal. Tiene que decidir entre estar con una elefanta, porque ese es sueño, o no estar. Toma la decisión de estar aunque sea de esa manera.  Pero me costó muchísimo que Jon trabajara en un zoo. No fue nada fácil. Yo me veo mucho en Jon y para mí el zoo es la república independiente de la tristeza, del horror. Pero necesitaba a Jon para que nos mostrara lo que es el zoo desde dentro. Yo quería que alguien nos hiciera sentir lo que hay dentro de un zoo porque quiero que se acaben, que se terminen. 

M.G.- Jon es cuidador de elefantes, concretamente de una elefanta que se llama Susi. Con ella entabla una relación muy mágica. ¿Qué significa Susi para Jon?

A.P.- Susi es el vehículo del sueño de Jon. Aparece para demostrarle a Jon que, si apuesta, es todavía capaz de soñar en un momento de su vida en el que está bloqueado, y en el que para él es muy difícil pensar en soñar. Susi es su luz, la que enciende la luz del universo Jon. 

Además, Susi es también el único personaje real de la novela. Susi es una elefanta que está languideciendo en el zoo de Barcelona. Yo tengo que sacarla de ese zoo como sea. Es mi compromiso con el mundo. No me moriré sin ver a Susi, y a sus dos compañeras, fuera del zoo. Ella es ese otro espejo en el que Jon se mira y se reconoce. En cuanto ellos cruzan la mirada se crea un compromiso. Yo necesitaba que alguien sacara a Susi del zoo a través de mi mano, y ese es Jon.

M.G.- Alejandro, hay un pellizco de suspense a lo largo de toda la novela. Hay verdades que no se han contado y secretos que no se han dicho. Te demoras muchísimo a la hora de aclarar qué es lo que le ocurre realmente a los personajes. Te confieso que a veces me preguntaba cuándo me ibas a desvelar lo oculto. Pero luego estuve pensando que, en tus novelas, no importa la meta, sino el recorrido.

A.P.- Claro, claro. Para leerme tienes siempre que pensar eso. Tienes que fijarte por dónde vas caminando, qué te rodea. La meta ya llegará porque llega siempre.  Sabiendo eso, lo que yo pretendo es que disfrutes del recorrido, que te pares cuando quieras, que mires, que respires, que pienses y me sientas muy cerca. En mis novelas estoy cerca de ti constantemente, preguntándote, mirándote, empujándote,... Soy muy mamá con mis lectores. Intento siempre que estéis muy cuidados porque es algo muy delicado. Sé que, como lector, a veces tienes que leer cosas complicadas, pararte un momento y releer una frase, porque tiene peso. 

M.G.- Hablamos antes de sueños, que es la palabra más importante de la novela. Leo en tu Facebook: «Mi sueño es pequeño. Ojalá cuando me vaya, todos los animales que han cruzado mi camino hayan sentido a mi lado una pizca del alivio y la paz que yo he sentido al acariciarlos». Ese es uno de tus sueños, otro es sacar a Susi del zoo de Barcelona. ¿Qué otros sueños tiene Alejandro Palomas?

A.P.- En realidad, mi gran sueño hubiera sido morir antes que mi madre, pero no lo he podido hacer realidad, desgraciadamente. Ya no va a poder ser. Es un sueño frustrado. No sé si tengo más sueños. Creo que no. Quizá mi sueño es dejar esta tierra un poco mejor de como la encontré al llegar y reencontrar a mi madre.

M.G.- Y al hilo de lo que comentas, y para todos los que hemos tenido pérdidas recientes, leemos en la novela: «Cuando una persona se muere, ¿ya no está nunca o puede estar igualmente aunque no la veas?» 

A.P.- Exactamente. Eso es lo que me da la vida. Es así porque me está pasando. Que no los veamos no quiere decir que no estén. Están. Mi madre está conmigo, todos los días, porque yo la noto y la siento. Pero lo que me falta es abrazarla. Es lo que llevo peor. No ver no quiere decir que no exista.

M.G.- Abrazarla y escuchar su voz, aunque yo tengo grabaciones de mis padres.

A.P.- Sí, yo también, pero me falta el olor. Sentir su olor cuando la abrazaba, esa cosa como de cachorro. Me falta.

M.G.- Entiendo. En fin, vamos a tener feria del libro en Sevilla. ¿Te veremos?

A.P.- Espero que sí. Voy a intentar que sí. 

M.G.- Gracias, Alejandro.

A.P.- A ti.


Sinopsis: Una emocionante y emotiva historia sobre la importancia de perseguir nuestros sueños

Jon, cuidador de elefantes en el zoo, y Edith, viuda que vive con sus once gatos, son los únicos habitantes de una aldea abandonada. Vecinos solitarios primero y ahora buenos amigos, no imaginan que la noche en que la veleta del viejo campanario gira sobre sí misma, el ojo del tiempo se posa sobre la aldea y la vida de ambos está a punto de girar con ella.

La llegada de la primavera trae consigo una inesperada decisión por parte de la dirección del zoo, a la que se suma un perturbador anuncio: el Ayuntamiento al que pertenece la aldea restaurará la casona en ruinas del lago para convertirla en hotel rural. La doble noticia cambiará de golpe las vidas de Jon y Edith, empujándolos a dar un paso hasta entonces tímidamente contemplado.

La amistad entre Jon y una callada elefanta llamada Susi, la relación entre Edith y su hija Violeta, desencontradas durante décadas, y una hora de la noche —«la hora trémula»— en la que pasa todo y todo queda conforman Un país con tu nombre: una historia sobre el amor en mayúsculas, la honestidad con los propios sueños y sobre la libertad llevada a su expresión más pura.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

#YOVOYALCINE

Los que acostumbrabais a ir al cine con frecuencia antes de la pandemia, ¿habéis vuelto a retomar vuestros hábitos? Yo confieso que todavía tengo mis reticencias. Por aquello de que las salas de cine son entornos cerrados en el que se concentran muchas personas, acudo al cine con mucho menos asiduidad. Imagino que no seré la única que piensa así. 

Para animar a los espectadores a acudir al cine, la Federación de Cines de España ha lanzado la campaña Yo voy al cine. Durante 4 días, del lunes 27 al jueves 30 de septiembre, podremos disfrutar de las mejores películas de estreno en pantalla grande, al precio de 3,50€ por entrada.




Desde la organización aseguran que esta iniciativa se celebrará respetando todas las medidas de seguridad establecidas en la normativa de cada Comunidad Autónoma, por lo tanto, se tendrán en cuenta los aforos, la distancia social, el uso de mascarilla, y cualquier otra medida imperante en tu zona.

Además, para evitar colas y facilitar el acceso a las salas de cine no será necesario realizar ningún registro previo en la web. Bastará con comprar la entrada anticipada por Internet a partir del domingo 26 de septiembre.

Tienes más información en www.cineseguro.com.

Aprovecha la oportunidad. Mira la cartelera y elige esa(s) película(s) que te apetecen ver porque la cultura es segura. 


¡¡Nos vemos en el cine!!

lunes, 20 de septiembre de 2021

SOLEÁ, DAME LA MANO de Alberto Álvarez Campos

Editorial: Ediciones Alfar
Fecha publicación: marzo, 2021
Precio: 19,90 €
Género: thriller
Nº Páginas: 274
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788478988907 

Autor

Alberto Álvarez Campos (Sevilla, 1993). Abogado y socio del Bufete Sanalve. Experto en Violencia de Género y derecho de familia, comenzó su carrera en despachos de abogados mucho antes de terminar sus estudios. Titulado en Mediación y Gestión de Conflictos, realiza un taller como docente en centros de secundaria para combatir el acoso escolar. Creó en redes sociales el perfil @chirinbanda, en el que realiza una parodia del programa “El Chiringuito de Jugones”, haciendo crítica y humor sobre la ciudad de Sevilla y sus fiestas más conocidas, alcanzando los 20.000 seguidores en redes sociales. Además, en su blog personal, en el que realiza escritos de diversa índole, acumula más 90.000 visitas. Publicó su primera novela, Músicos de Sevilla (Ediciones Alfar, derechos de autor donados al Centro de Estimulación Precoz, Centro del Buen Fin) en diciembre de 2018, siendo un éxito de ventas a nivel local y teniendo que realizarse una segunda edición apenas dos meses después.

Con su segunda novela, Soleá, dame la mano (Ediciones Alfar), un thriller vertiginoso con la justicia como protagonista, realiza un cambio de registro mucho más ambicioso en la narrativa.

Sinopsis

Un disparo a los pies de un gran árbol y una foto antigua como testigo.

En realidad, los caminos de quienes habían llegado allí se habían iniciado muchos años atrás. Un relato narrado en tres momentos temporales previos a apretar el gatillo: Treinta años, una semana y doce horas antes.

Un puzle dramático, y sus piezas esparcidas en el tiempo.

El recién ascendido a inspector, Diego Aguilar, se enfrentará en su primera semana a un caso poco usual: el secuestro de una pequeña de cuatro años. Sin embargo, algo parece no encajar cuando no hay petición económica por el rescate y la única pista es una extraña carta escrita a pincel. Una segunda carta de idénticas características aparecerá un día después en el pecho de un hombre asesinado, sin ninguna relación aparente con el secuestro o la pequeña. Con cada hallazgo la solución parecerá más lejana y, cada veinticuatro horas, la vida de alguien estará en juego.

Mucho tiempo atrás, una mirada azul era capaz de cautivar allí donde mirase.

La angustia y el suspense se apoderan de cada línea en este thriller con la ciudad de Sevilla como escenario de fondo, en el que la justicia, o su ausencia, es la auténtica protagonista.

En Soleá, dame la mano realidad y ficción se unen para revelar un misterio encubierto que acabaría con el régimen establecido, el cual muchos aspiran a conocer, y del que los implicados huyen horrorizados.

Silencio. Quiero que sepas por qué.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Empiezo esta reseña con un fragmento de la nota inicial que encontramos al abrir la novela.

«Aunque documentada e inspirada en hechos reales, Soleá, dame la mano, es una novela cuya trama y personajes son imaginarios. El autor, tras una labor de investigación acometida mediante entrevistas a implicados en los hechos y acceso a documentos privados, ha alterado una serie de detalles necesarios para la ficción.

Todo ello, en memoria de los incidentes ocurridos en la Madrugá del año 2000, los cuales cambiaron la ciudad de Sevilla tal y como la conocemos, dando vida al miedo entre sus calles, así como de los misterios de aquella noche que, hoy día, siguen sin encontrar respuesta»

Cuando leí esta nota introductoria mi curiosidad se disparó por las nubes. Para un sevillano, sea cofrade o no, la referencia a la Madrugá del año 2000 no deja indiferente. Lo que se vivió aquella noche de hace más de veinte años sigue siendo un misterio. Mucho se ha teorizado sobre aquel incidente, sobre lo que ocurrió realmente, y sobre quién estuvo detrás de unos hechos que hundieron a la ciudad en un ataque de pánico generalizado. Se han manejado conjeturas, se han ofrecido iniciales de los presuntos autores pero no hay una versión real y certera de lo acontecido. Por eso, encontrarse una novela con un trasfondo como este despierta inevitablemente mi interés. Pero vayamos a la novela.

Soleá, dame la mano se inicia con un capitulo introductorio que adelanta someramente parte de los hechos que componen el desenlace de la obra. Estamos en la Madrugá del año 2021. Todos sabemos que, ni en 2020 ni en 2021, hemos tenido Semana Santa, tal y como la conocemos, con sus procesiones y nazarenos, pero permitámonos un sueño, en favor de unos hechos, acaecidos durante las horas de esa noche mágica, que supondrán el colofón de esta trama. 

No obstante, la verdadera acción comienza el Viernes de Dolores del año 2021. En la comisaria de Blas Infante de Sevilla se está organizando el dispositivo de seguridad para la Semana Santa de este año. Tras los incidentes producidos durante el año 2000, a los que se unen los actos terroristas que se han perpetrado en Europa en los últimos tiempos, hay que trazar un plan minucioso que garantice la seguridad ciudadana. Es vital adelantarse a cualquier posible incidente que se pueda producir durante la Semana Mayor de la ciudad. 

Destinado a tal comisaria, conoceremos a Diego Aguilar, de 27 años. Diego es un jovencísimo inspector de policía al que, a pesar de haber nacido en Sevilla, apodan como «el del norte». De «cabello oscuro, y con un corte de pelo más propio de otra época», se considera «ateo y apolítico en una ciudad de extremos». Apenas tiene vida social pero, cuando no está de servicio, le gusta evadirse, marcharse de Sevilla porque cree que las celebraciones locales no son más que «una excusa para que algunos de sus vecinos dejasen de trabajar y otros tantos tratasen de hacer caja con los turistas como víctimas». Sin embargo, en esta ocasión el destino le obligará a empaparse de la Semana Santa sevillana. Le esperan siete días cargados de tensión y prisas, tratando de atrapar al causante de una serie de hechos que pondrá en jaque al Cuerpo Nacional de Policía. Para ello, Diego cuenta con la ayuda de su compañera Leire Márquez y Marcos Lobo. Con la primera, Diego tiene algo más que una relación laboral. El segundo es un hombre divorciado, padre de un niño autista que lleva mucho tiempo sin apenas dormir.

El engranaje criminal se inicia cuando a la comisaria llega un nombre gritando, con muy mal aspecto, alegando que su hija ha sido secuestrada. La pequeña, de nombre Ana, tiene cuatro años de edad. Cuando, cuarenta minutos más tarde DE la hora de salida escolar, el padre se acerca al colegio para recogerla, descubre que la niña no está. Alguien se la ha llevado. Y no será este el único hecho trágico que suceda en la ciudad durante los días de Semana Santa. En diferentes puntos de la ciudad de Sevilla irán apareciendo cadáveres, todos ellos de personas importantes e influyentes de la sociedad hispalense. Y en cada uno de estos escenarios criminales aparecerá un mensaje, unas líneas que tendrán mucha vinculación con la Semana Santa sevillana y que esconderán información muy valiosa para detener la ola de crímenes que se ha desatado. Pero mejor, no ahondar en esta cuestión. 

De forma paralela, el lector sabrá que Diego Aguilar ha sido elegido por el asesino para emprender la investigación. Desde un móvil no localizable, el criminal, que se considera un hombre que ha perdido la fe, comenzará a enviar mensajes al inspector, alentándolo a seguir participando en este juego macabro que ha desarrollado. Seis serán los crímenes que se ejecuten. Seis los mensajes que el asesinó irá dejando en los lugares manchados de sangre.

A lo largo de una semana especialmente complicada para las fuerzas del orden, Aguilar tendrá que averiguar quién está detrás de estos crímenes, por qué el asesino ha puesto su punto de mira en estas personas concretas o qué tiene que ver la niña secuestrada en los inicios de la trama. Un sinfín de preguntas en cuyas respuestas, el lector acompañará al inspector por unas calles que nos permitirán hacer un recorrido interesante por Sevilla.

En resumen, Soleá, dame la mano esconde una trama de venganza y sus páginas gritan la palabra ¡justicia! Al margen de los dos hechos que transcurren en 2021, habrá otro hilo temporal, anclado en el pasado lejano, pero de este último os hablo más adelante.

¿Qué me ha gustado de esta novela?

De entrada, Sevilla. Es inevitable que los nacidos y residentes en esta ciudad disfrutemos de una novela que nos habla de espacios y rincones que conocemos. O que no conocemos porque, mientras más leo sobre mi propia ciudad, más me doy cuenta de que me falta mucho por descubrir de Sevilla. 

A lo largo de la novela se hará referencia a diversos lugares y calles por los que veremos a los personajes moverse. Para los que conocemos esta ciudad, resulta fácil y ameno ir leyendo con un mapa mental en la cabeza. Si en algún momento me he topado con un escenario que desconocía, inmediatamente he indagado más, y eso es algo que me hace disfrutar mucho.

Y luego están las leyendas y las anécdotas con las que el lector también se topará. Si bien algunas son muy conocidas y están al alcance de cualquier sevillano, otras sí han supuesto toda una novedad.

Por otra parte, los hechos que tienen lugar en la Madrugá del año 2021 estarán íntimamente relacionados con los acaecidos esa misma noche pero en el año 2000. Como dije antes, todo lo que ocurrió aquella noche de carreras y tumultos, gritos y caídas, es un absoluto misterio que se llegó a tapar. Mucho de lo que ocurre en una ciudad se termina tapando, porque no interesa sacar a la luz ciertos sucesos. De eso saben mucho los personajes de esta novela, una obra que también arroja su teoría sobre lo acontecido aquella fatídica noche, en la que los nervios y los ataques de ansiedad colapsaron los servicios sanitarios. 

Sobre la teoría que se maneja en la novela diré que es otra más de las muchas que se han escuchado aquí y allá. Lo más importante sería que fuera plausible y, vista en detalle, lo es perfectamente. Los acontecimientos podrían haber ocurrido tal y como se cuenta en esta historia.

Pero si hay algo que aplaudo con convencimiento son las conexiones argumentales que construye el autor con la Semana Santa sevillana, más concretamente, con las seis hermandades que hacen estación de penitencia durante la Madrugá. Para mí, como nacida en Sevilla, es un punto a favor. ¿Lo será para un lector de otra ciudad? Creo que, en ese caso, tal lector se perdería matices que ayudarían a entender la historia en toda su totalidad pero tampoco impediría comprender esta trama de venganza y, mucho menos, disfrutarla. En lo que a mí respecta, ese juego cofrade que se extiende a lo largo de la obra me parece muy original y muy bien urdido. 

¿Y qué no me ha convencido de esta novela?

Que la acción transcurra durante una hipotética Semana Santa 2021 que no ha existido es algo a lo que no le doy ninguna importancia. No obstante, sí hay algunos detalles de la obra que me cuesta digerir algo más. Por ejemplo, en las primeras páginas de la obra, unos personajes muy secundarios, meramente anecdóticos, son testigos de un hecho que ocurre a muchísima distancia. Puedo hacer el esfuerzo de pensar que, desde donde están y a la distancia a la que se encuentran, los hechos podrían ocurrir tal y como se cuentan en la novela. Podría. Pero, teniendo en cuenta que los escenarios son reales, soy incapaz de acortar distancias para pasar por alto tales circunstancias. 

Me ocurre lo mismo con otra escena muy complicada. En medio de una multitud de personas que asisten al paso de un cortejo de una cofradía es imposible poder ver a una niña pequeña, que se encuentra a nuestra espalda, y oculta por dos o tres filas de personas que están situadas detrás nuestra. En Semana Santa hay tal aglomeración de personas que resulta casi imposible ver a un adulto que tienes a escasos metros. No digamos a una niña de baja estatura.

Hay, además, algún que otro detalle me no me ha terminado de convencer. No son hechos que afecten de manera fundamental al desarrollo de los sucesos más principales pero, en mi caso, me han chirriado un poco.

Personajes

Son varios los personajes que tienen especial relevancia en esta novela, pero yo me voy a centrar únicamente en Diego Aguilar, por ser aquel sobre cuyos hombros recae el peso principal de la historia.

Diego no tuvo una infancia fácil. Se quedó huérfano siendo muy niño y se crió junto a un tío alcohólico. Hecho a sí mismo, y con una cicatriz en la palma de su mano en cuya contemplación suele perderse, es una persona hermética, a la que le cuesta abrirse. Quizá por eso no se lleva bien con el resto de miembros de la comisaría, salvo con el comisario jefe, Juan Luis Torres, un hombre entrañable y llano, «sevillano de pro, padre de familia y cristiano devoto», con el que tiene una conexión especial. 

Diego tiene pareja. Eva Rojas es una joven abogada, miembro de uno de los bufetes más mediáticos de la ciudad, el que se encarga de sacar las castañas del fuego judicial a todos los mafiosos sevillanos. Aunque fría y seca en el ámbito laboral, Eva es «cariñosa, detallista y alegre por naturaleza». Muy atractiva, Eva ama a Diego de manera incondicional. Uno es muy distinto al otro, la noche y el día, pero el amor tiene estas cosas. Aun así, ella cree que Diego no la corresponde como merece. Él nunca se interesa por ella, no le pregunta por su día a día y lo único que le preocupa realmente es su trabajo. Para un hombre que no tiene familia, una compañera podía ser un buen punto de anclaje a la vida pero Diego está hecho de otra casta. Las circunstancias que le han tocado en suerte lo han vuelto receloso y distante. Eso, por no hablar de los hijos. A ella le gustaría formar una familia. A él, no. El concepto familia para él no existe. Y si Diego mantiene su relación con Eva es «prácticamente por convención de la sociedad y por desfogarse físicamente de en cuando, pero poco más»

Con estos mimbres, el lector se enfrenta a un personaje principal con el que, si bien no va a tener una conexión potente, al menos creo que sí puede llegar a entender por qué este personaje se conduce como lo hace en su vida y en su trabajo. Diego es una víctima más de sí misma. No conoce el cariño familiar, el calor de hogar, la ternura y el refugio que supone unos padres. Por eso le cuesta tejer hilos sentimentales con otra persona. Ni siquiera con Eva. No obstante, la investigación le dará una buena lección y aprenderá que a las personas hay que valorarlas en todo momento, porque nunca sabes qué va a ocurrir mañana.

Alberto Álvarez se esmera en la construcción del personaje. Nos da las herramientas suficientes, tanto físicas como emocionales, para que nos hagamos una imagen del inspector. Y lo hará no solo con Diego. Otros tantos personajes, que no siempre parecen lo que realmente son, serán perfilados con el mismo nivel de detalle. Y atención porque, como todo el mundo, tendrán sus secretos.

Estructura y estilo

Soléa, dame la mano tiene una estructura muy medida y pensada. Tras ese capítulo introductorio, la novela se estructura en dos grandes bloques (Madrugá I y Madrugá II) más un epílogo. A lo largo de esas dos secciones se engloban capítulos de media extensión que, a su vez, quedan agrupados en tres hilos temporales. Bajo el epígrafe Amor, el lector viaja al año 1991 para conocer la historia de Luis y Alejandra, dos jóvenes que se conocen precisamente en Semana Santa, se enamoran y emprenden una vida juntos. No os he hablado antes de esta parte de la trama porque prefiero que seáis vosotros mismos los que descubráis qué les ocurre a estos jóvenes. Luego tendremos Audacia, que encierra los capítulos que tienen lugar los días previos a la Madrugá del 2021. Mientras que en Locura se narrarán las acciones más inmediatas, las que tienen lugar durante la madrugá, y que conducirán al lector al cierre de la historia. Tres hilos temporales, con transiciones bien ejecutadas, y  dispuestos de tal modo que suponen una cuenta atrás para Diego Aguilar, encargado de descubrir la identidad del culpable y parar la ronda de crímenes que se está perpetrando en la ciudad.

Escrito en tercera persona, cada capítulo cuenta con una ilustración en tonos grises que recrean algún escenario, en el que tendrán lugar algunos de los hechos narrados en el mismo. 

Como dije antes, el autor es detallista a la hora de construir los personajes. Pone especial interés en modelar a los protagonistas principales desde un punto de vista psicológico, exponiendo ante el lector las motivaciones de cada uno. Al mismo tiempo, cuida las conexiones que se forjan entre unos y otros, evitando dejar cabos sueltos.

En definitiva, y salvando esas pegas que le restan un poco de credibilidad a la novela, creo que Soleá, dame la mano cuenta con una trama bien tejida, en la que los lazos entre víctimas y asesino están muy logrados. Contribuye notablemente ese trasfondo de la Madrugá del 2000 que resulta tan interesante, un inspector con un pasado complicado, y unos hechos ocurridos tiempo atrás que volverán ahora para clamar venganza.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

viernes, 17 de septiembre de 2021

VICTORIA Y LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO de Antonio F. Torres

Editorial: Babidi-bu
Fecha publicación: septiembre, 2021
Precio: 18,95 €
Género: Infantil ilustrado
Nº Páginas: -
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788418789373

Autores

Licenciado en Historia y PDD en IESE Business School, es comisario y director del proyecto expositivo "El viaje más largo: la primera vuelta al mundo", que ha sido visitado en el Archivo General de Indias de Sevilla por más de 400.000 personas.

Es co-guionista del largometraje documental del mismo nombre y ha diseñado y dirigido el proyecto "Espacio Primera vuelta al Mundo", para la Fundación Nao Victoria en Sevilla, donde tiene origen este proyecto. Su relación con la primera vuelta al mundo viene de lejos.

Entre 2004 y 2006 navegó alrededor del mundo en la réplica de la Nao Victoria como segundo de a bordo y coordinador cultural del proyecto "Nao Victoria España"

Sinopsis

El cuento ilustrado recoge la apasionante e histórica aventura de la nao Victoria en su travesía para alcanzar las Islas Molucas. Una extraordinaria expedición capitaneada inicialmente por Hernando de Magallanes al mando de una flota de cinco naos, que recorrió la costa atlántica sudamericana hasta el extremo sur donde descubrió el paso al inmenso océano Pacífico. Una vez alcanzado el objetivo de llegar a las Islas Molucas, pero diezmada la expedición por las condiciones extremas del viaje, Juan Sebastián Elcano capitaneó la nao Victoria en su regreso a casa a través del océano Índico Sur, el cabo de la Buena Esperanza y el océano Atlántico hasta llegar a Sevilla, el puerto que la vio partir. Completando de esta manera, la primera vuelta al Mundo.

[Información tomada directamente de la web de la editorial]



Viernes. ¿Qué tal si endulzamos la primera semana de colegio de los más pequeños? Para ello, hoy vengo con un precioso cuento infantil, «la primera novela infantil sobre la gesta de Magallanes-Elcano».

En un formato apaisado y a todo color, los pequeños lectores conocerán a Victoria, una de las cinco naos que emprendieron una de las aventuras más extraordinarias de la Historia de la humanidad. Pero, tendremos la ocasión de conocer a Victoria desde sus orígenes, pues ella misma nos contará que nació de la madera de los robustos árboles que crecen en los bosques de Euskadi. Una vez construida, se echará al mar, aprenderá a navegar, conocerá los vientos más favorables y también los más terribles. Llegará a Sevilla para ponerse en manos de Magallanes y, junto a cuatro naos más, zarpará rumbo a una isla lejana para buscar un tesoro. Poco a poco, Victoria nos irá relatando en primera persona todo su periplo, la travesía por el Atlántico, la llegada al Cono Sur, las adversidades que sufrieron, el paso al Océano Pacífico y su llegada a las Islas Molucas. En el trayecto fueron perdiendo hombres y barcos. Y ya sabemos que solo Victoria consiguió regresar a puerto, sana y salva, con un cargamento de especias.



El único personaje de esta obra será la propia nao Victoria, caracterizada como una embarcación alegre y valiente que tendrá que hacer frente a diversos peligros. Sin embargo, gracias a un sólido espíritu aventurero conseguirá sortear todas las adversidades. 

Hay que destacar que este relato, además de contar de forma somera cómo fue aquella primera vuelta al mundo, pretende transmitir valores humanos con los que cultivar a los pequeños. Conceptos como valor, deseo de aventura, o espíritu de superación estarán muy presentes en la obra. Y, por ejemplo, hay un detalle que me ha gustado mucho. Se hace hincapié en el respeto a la naturaleza. Cierto es que, para construir la nao, hubo que talar y serrar árboles pero la misma Victoria nos dice: «...sabias manos esculpieron mi tronco, respetaron mi alma y,...». Me parece una forma muy instructiva de enseñar a los niños que podemos valernos de los recursos naturales pero siempre con un fin justificado y con un profundo respeto.  

Pero lo que resulta más llamativo de este cuento es la voz narrativa. Que sea la propia nao la que nos cuente su aventura es una manera de tejer hilos entre los pequeños lectores y la propia embarcación. Además, hay que tener en cuenta que se trata de una voz femenina, lo que, a ojos de los creadores de esta obra, supone un «novedoso y original enfoque», especialmente porque, en aquella gesta, no participó ninguna mujer.

En este cuento ilustrado, predomina la ilustración sobre el texto. Los dibujos ocupan buena parte de la doble página y vienen acompañados de una pequeña explicación que irá puntualizando los momentos claves de esa primera vuelta al mundo. También encontraremos algún mapa que permite a los lectores seguir la trayectoria que realizaron los barcos. Además, una vez finalizada la lectura, encontramos una página en blanco con la que se invita a los más pequeños a hacer su propio dibujo de la nao Victoria. Cada niño y niña podrá enviar una fotografía de su dibujo a una dirección de correo electrónico con el objeto de que su ilustración forme parte de la exposición Victoria y la Primera Vuelta al Mundo. Porque, no os lo he dicho, pero este cuento tendrá su propia exposición itinerante que viajará por diferentes ciudades. ¿No sería maravilloso que tu hijo viera su propio dibujo al visitar la exposición en tu ciudad? Para saber más sobre este cuento y sobre la exposición, podéis visitar la página oficinal.

Siempre me ha parecido mágico e instructivo contar los hitos universales a los más pequeños a través de cuentos ilustrados. Victoria y la primera vuelta al mundo nace porque el historiador sevillano Antonio F. Torres, autor de la exposición ‘El viaje más largo’, adapta el relato de esta odisea para los más pequeños. El cuento tiene su origen en el Espacio primera vuelta al mundo de la Fundación Nao Victoria en Sevilla, donde puede visitarse una réplica de esta histórica nave

Gracias a Tannhauser Estudio y a la editorial infantil sevillana Babidi-bú Libros, y dentro de la conmemoración del V Centenario de la primera vuelta al mundo, surge este proyecto literario y pedagógico para dar a conocer esta gran aventura a los primeros lectores. Sin duda, un regalo precioso para los más peques de la casa.


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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