domingo, 9 de agosto de 2020

HASTA SEPTIEMBRE

Agotada. Así me siento a estas alturas del año. Los que asomáis habitualmente por aquí, sabéis que este espacio se actualiza prácticamente cada día. y también sabéis que eso supone muchas horas de trabajo. Aunque sarna con gusto no pica, lo cierto es que necesito parar por unas cuantas semanas. Dicho lo cual, me tomo un respiro y el blog queda en stand-by. Únicamente hay una entrada programada para el próximo martes, una entrevista a un autor muy conocido y muy querido, que no creo conveniente dejar para septiembre. 



¿Y qué voy a hacer estos días? Sencillamente lo que pueda. No tengo ningún viaje programado como otros años. Estaré con la familia de piscina y haré alguna escapada puntual a la playa. Poco más. Tampoco me pongo metas en cuestiones de lectura. Prefiero ir haciendo lo que el cuerpo me vaya pidiendo. Nada más. Aunque estaré por redes sociales, nos vemos a la vuelta. 

Con este refrescante mojito piscinero os deseo unos días muy felices.

sábado, 8 de agosto de 2020

JULIO... ¡DE UN VISTAZO! (#07/2020)

Hoy es sábado, 1 de agosto, son las 7 de la mañana y ya estoy sudando la gota gorda (*). Las noches están siendo terroríficas. Estás en la cama, no corre ni una brizna de aire, das vueltas a un lado y a otro, y te sientes como si te hubieran echado un cubo de agua por encima. No hay manera de dormir.  El verano en esta ciudad no está hecho para ser pobre, para tener que madrugar, para ir a trabajar, para pasarte los días pegado al asfalto. Así no hay manera. Así que te pasas el día medio zombi, arrastrando el cuerpo y totalmente extenuado.

Julio fue prolífico en lo caluroso, pero también en lo literario. Os cuento.


[Para conocer la sinopsis de los libros expuestos 
solo tienes que clicar en cada título o en los enlaces a las reseñas]

(*) Fecha redacción post


Los comprados

Durante este mes, tres fueron los libros que compramos para casa: dos novedades y uno de oferta. Desde la editorial Planeta, había recibido la información sobre La librera y el ladrón de Oliver Espinosa. La tentación era fuerte, pero, a estas alturas del año, estoy agotada como para aceptar más compromisos. Lo dejé pasar. Sin embargo, una visita a la librería, volvió a colocarme este precioso título por delante. Sucumbí. Lo leeré a mi ritmo y cuando me apetezca.




Por otro lado, de vez en cuando me gusta echar un ojo a esos libros que están de oferta. Mi pareja es lector de Juan Manuel de Prada, y como Mirlo blanco, cisne negro (Planeta) faltaba en casa, se vino conmigo. 

Y es a él, a mi marido, al que le apasiona Haruki Murakami. Termina de leer un título y comienza con otro. Poco a poco, van cayendo toda la producción del japonés. En esta ocasión, entró en casa Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (Tusquets)




Los recibidos

Julio suele ser un mes muy relajado. No obstante, con el parón que hemos sufrido debido al estado de alarma, la actividad editorial se ha alargado hasta finales del mes. Es por eso que son unos cuantos títulos los que llegaron a casa, y la mayoría con entrevista o encuentros concertados.

Ruanda (Citma), del periodista José María Arenzana, tiene un gran valor para mí. Conozco al autor desde hace muchos años. Fue reportero de guerra y ha estado presente en los momentos más complicados de países como Ruanda. Fruto de aquella experiencia, nace este libro, que narra el genocidio ocurrido en 1994. 




Salvador Gutiérrez Solís estrena nueva novela en este extraño verano. Los lectores volverán a verse las caras con Carmen Puerto, la inspectora que ya protagonizó los Amantes anónimos. El lenguaje de las mareas (Almuzara) será lectura para las vacaciones.




Páginas de Espuma acaba de lanzar La claridad de Marcelo Luján, un volumen de relatos con el que ha ganado el VI Premio Ribera del Duero. Me vendrá genial para ir alternando con la lectura de novelas.


Para las entrevistas, llegó Nora y su vértigo constante de Edurne Cadelo (Espasa). Aunque la autora ya ha publicado varias novelas, esta es la primera con respaldo editorial. Por lo que sé, es una lectura de alto voltaje que leeré a orillas del mar o de la piscina.

Me alegró mucho que El mal de Corcira de Lorenzo Silva (Destino), cayera en mis manos. Se trata de una nueva aventura de Bevilacqua y Chamorro. Para mí, es la primera vez que me enfrento a esta pareja y tengo que decir que ha gustado un montón.

Con el amor no bastaba de Máximo Huerta (Planeta) me esperaba en la oficina. Hasta principios de julio, he estado teletrabajando en casa pero finalizado el estado de alarma, volví a incorporarme. Con el autor no pude conversar, ya que el libro se quedó confinado sobre mi mesa de trabajo. 




Y si algo bueno ha tenido el confinamiento es que, aunque nos ha alejado físicamente, nos ha acercado virtualmente. Una paradoja a la que he intentado sacar partido. Con esto de los encuentros por Zoom o Skype, me he unido a las actividades que organiza Pepa Muñoz de Locura de libros. El ritmo de este grupo es frenético, siempre enredados en un montón de lecturas y encuentros. En este mes de julio, hemos podido disfrutar de la charla con Manuel Montalvo, que acaba de publicar Cuando no esperas nada... sucede todo (La esfera de los libros). 




Y hace solo unas semanas, también tuvimos la ocasión de conocer a Astrid Gil-Casares, para hablar sobre Nadie me contó, una primera novela que ha publicado con La esfera de los libros.

Sé que, para el mes de agosto, tienen previsto un encuentro virtual con Juan Ramón Biedma, ganador del XXI Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones por El sonido de tu cabello (Alianza), pero para entonces estaré de vacaciones.




Los ganados

Y al igual que pasó con el libro de Máximo Huerta, de igual modo me ocurrió con Morder la manzana de Leticia Dolera (Booket). Fue un libro que gané en el blog De lector a lector. Lo enviaron a mi dirección de trabajo y no lo he podido recoger a hasta estas fechas. 




viernes, 7 de agosto de 2020

NO SOY LIZZY BENNET de J. de la Rosa

No soy Lizzy Bennet (Vergara Romántica): Amazon.es: de la Rosa, J ...
Editorial: Vergara
X Premio Vergara
a la Mejor Novela Romántica
Fecha publicación: Junio, 2020
Precio: 16,90 €
Género: Novela romántica
Nº Páginas: 336
Encuadernación: Tapa  blanda con solapas
ISBN: 9788418045059
Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

J. de la Rosa estudió Audiovisuales y empezó Periodismo. Ha obtenido los premios de novela Vergara (2019) y Titania (2014) y ha sido finalista de los Premios Literarios Amazon. Es miembro de la Romance Writers of America (RWA). Ha publicado quince novelas en total, entre románticas y thrillers, y dos manuales sobre técnicas de escritura. Con No soy Lizzy Bennet ha obtenido el Premio Vergara a la mejor novela romántica.

Sinopsis

Llamarse Lizzy apellidándose Bennet fue una casualidad, pero esta anécdota ha marcado su vida desde niña, desde el momento en que decidió guiar su conducta por el código moral de la protagonista de Orgullo y prejuicio, la otra Lizzy Bennet: honor, libertad, coherencia.

Pero algo tuvo que salir muy mal, porque con treinta años recién cumplidos, esos tres principios se han volatilizado: la prensa la considera un monstruo, la policía la persigue, y ella no cree en nada que no sea atravesar el país y llegar a San Cayetano, la capital del sur, donde debe llevar a cabo su última misión antes de acabar entre rejas.

En medio de esta huida, un accidente de tráfico la hace coincidir con John, un tipo que le desagrada al instante, y a quien solo quiere quitarse de encima. Aunque esa tarea no será fácil. John está decidido a recuperar lo que es suyo, y para conseguirlo la perseguirá, si hace falta, hasta el final del mundo.

Así, Lizzy se embarca en una travesía por carretera a lo largo de un país mágico, con la policía pisándoles los talones y unos extraños compañeros de viaje: Eve, enamorada de un hombre al que no conoce; Giacomo, que como cada año desde hace cincuenta y tres va en busca de su amada para pasar juntos una sola noche a la luz de la luna; y Ana, que ha decidido retomar su vida donde la dejó casi cuatro décadas atrás. Y por supuesto John, pues lo que empieza siendo una cuestión de orgullo, derriba todos sus prejuicios hasta hacerla comprender qué es de verdad el amor.


Moteles de carretera, comunas nudistas, grupos de terapia, serrerías perdidas en el bosque y un destino incierto los aunará a todos bajo la magia de una canción, justo cuando sus vidas deben enfrentarse a su destino.


[Información tomada directamente del ejemplar]



Ya lo comenté al publicar la entrevista a José de la Rosa (puedes leerla aquí). No acostumbro a leer novelas románticas. Para mí, son cuentos rosas en los que una protagonista, -porque generalmente es mujer-, encuentra al amor de su vida, no sin pocas dificultades. Creo que mi momento para historias así pasó, hace mucho tiempo. Ahora prefiero novelas más apegadas al suelo, con personajes llenos de claroscuros, que buscan algo más que amor. Sin embargo, al ser historias tan bonitas, admito leer alguna de vez en cuando, aunque no es lo habitual. Dicho lo cual, debo reconocer que No soy Lizzy Bennet me ha sorprendido gratamente. Catalogarla como novela romántica es quedarse verdaderamente corto. Hay romance, claro que sí, pero también hay otras muchas cuestiones que configuran esta novela como algo mucho más profundo.

Para empezar, la novela arranca en modo thriller. En los primeros capítulos, el lector asiste a una persecución policíaca. Lizzy huye de la ciudad mientras un sedán negro intenta darle caza. ¿Por qué huye esta joven? Al parecer está acusada de asesinato. En su huida, se topará de cruces con John, el joven conductor de una furgoneta destartalada, contra la que nuestra prota tiene un pequeño accidente. Ni corta ni perezosa, Lizzy se da la fuga y, a la persecución de los agentes, se suma la de John, quien pretende que la joven le pague los desperfectos que el accidente ha propiciado en su vehículo. Se inicia así una roadtrip, a lo largo de la cual Lizzy volverá a encontrarse con John e Eve, su compañera de viaje. También conocerá a Ana, una mujer en busca de su destino y a  Giacomo, un octogenario que se dispone a cumplir una promesa. Todos juntos pondrán rumbo a San Cayetano, un pueblecito pequeño, donde cada uno de ellos le espera un encuentro con su destino. 

Pero, a la vez que asistimos a este viaje, la novela intercala otro hilo narrativo. En ellos, Lizzy habla de su pasado en primera persona. Dirigiéndose a un hombre al que apoda Darcy, narrará un gran amor, complejo, que lamentablemente acabó de manera trágica. Ese terrible desenlace es el que da pie al viaje de Lizzy a San Cayetano, a donde deberá acudir para arreglar el daño que ocasionó en el pasado. Llegado el momento, ambos hilos se unen para alcanzar un desenlace que me ha gustado bastante, porque es algo atípico para una historia como esta.

No soy Lizzy Bennet es una novela muy coral. Aun así, el protagonismo lo copan Lizzy y John. Ella es una joven "morena y bonita, con unos ojos inocentes y luminosos". Licenciada en filología inglesa, sus padres siempre esperaron que se dedicara al mundo de la abogacía y siguiera la tradición familiar. Sin embargo, Lizzy es un alma libre. Su mayor pecado ha sido enamorarse y ahora paga las consecuencias. Tras un incidente de su pasado, su familia, una de las más destacadas de la ciudad, la repudiará, dándole la espalda. 

En cuanto a John, es un joven de aproximadamente treinta años. De aspecto desastroso, luce una melena rubia y una barba desarreglada. Dejó la comodidad de una vida holgada para viajar por el mundo y ayudar a su amiga Eve, lo que nos da una pista del tipo de persona que es. Se podría decir que Lizzy y John son las dos caras de una misma moneda. Lo que una pretende conseguir, el otro ya lo ha conseguido. Cuando una va, el otro viene de vuelta. Al menos, esa es la percepción que tengo de esta pareja protagonista. En cualquier caso, la atracción entre ambos personajes surge desde el primer encuentro. Nada más verlo, Lizzy siente curiosidad por este hombre al que no deja de encontrarse una y otra vez en su camino. Para él, "había algo en aquella chica, una recia fortaleza bajo aquel torrente de aparente fragilidad, un trazo de decencia bajo sus formas de desalmada, que lo tenían completamente desconcertado y, por qué no decirlo, interesado".

En cuanto al resto de personajes, Eve, Ana y Giacomo tendrán su propia parcela protagonista. Cada uno de ellos tiene que arreglar algo de su pasado, y arrastran una historia de amor profunda. Pero no voy a entrar en detalles. Lo que sí os diré que es la historia de estos tres personajes es tan bonita que perfectamente podrían protagonizar su propio spin off.

Con un estilo fresco, desenfadado y diálogos ingeniosos, que en ocasiones se mezclan con una modulación algo más nostálgica e intimista, No soy Lizzy Bennet alterna dos voces narrativas, pues como os he contado antes, hay dos hilos argumentales. El tono de cada una de las partes varía muchísimo. El viaje en carretera, que se narra en tercera persona, tiene un aire alocado y disparatado. Sin embargo, cuando Lizzy habla de su pasado en primera, todo se vuelve mucho más taciturno y melancólico. 

No soy Lizzy Bennet es una novela amable y bonita, nada convencional para el género en el que se encuadra. Me ha resultado una historia bien urdida, con momentos románticos y otros llenos de humor. Cuenta también con una mezcla de misterio y suspense, que le aporta mucho atractivo, y un desenlace bien pensado, con el que, además, el lector entenderá la auténtica naturaleza de Lizzy. 

Cierro la reseña con una frase que perfectamente podría resumir lo que Lizzy pretende en esta historia:


"...cerrar el pasado para enfrentarse al futuro"


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



jueves, 6 de agosto de 2020

MANUEL VILAS: 'Si en Ordesa traté el universo del hijo, en Alegría he querido tratar el universo del padre'

Manuel Vilas fue finalista del Premio Planeta 2019 con Alegría. Se alzó con el premio después de recibir otro, la buenísima acogida de crítica y público por su novela anterior, Ordesa. Sobre este libro y, al igual que yo, estoy segura de que no has dejado de escuchar y leer buenas opiniones. En cierto modo, Ordesa tiene una continuación en Alegría, pero se pueden leer de forma totalmente independiente. 

Manuel Vilas acudió a Sevilla hace unas semanas para tener un encuentro con los lectores. Fue el momento ideal para mantener una conversación alegre con él. 

[Manuel Vilas en la Fundación Tres Culturas. Sevilla:
Fuente: Fundación José Manuel Lara]
Marisa G.- Manuel, en la sinopsis, se dice que la novela está a medio camino entre la confesión y la autoficción. ¿Qué hay de verdad es esta afirmación?

Manuel V.- La novela es autobiográfica. He utilizado mi propia vida como inspiración, sin ánimo de vanidad ni pudor. Cada escritor es hijo de su madre. Hay escritores que pueden inventárselo todo, y otros que tienden más a utilizar lo vivido, porque lo reconocen como más propio. Encuentran menos dificultades para manejar ese material. Es algo que hacen muchos escritores. Por ejemplo, tenemos al noruego Knausgård, que lleva seis libros contando su vida. De todos modos, creo que todas las novelas tienen un gran componente autobiográfico.

M.G.- ¿Alegría es la consecuencia de Ordesa? ¿Una no hubiera existido sin la otra?

M.V.- Sí. Alegría es deudora de Ordesa. Son novelas independientes, así que no hay necesidad de leer la primera para leer esta.  Sin embargo, se podría decir que son primas hermanas.

M.G.- ¿Y por qué escribir esta después de la otra?

M.V.- Porque, tras publicar Ordesa, empezaron a pasarme cosas muy extrañas. Me vino mucha gente que había conocido a mis padres y que traía la novela subrayada. Todo eso me sumió en un caos emocional enorme, al que di salida escribiendo aquellas experiencias. Fue así como surgió esta novela. Por otra parte, también me di cuenta que lo que yo contaba en Ordesa no estaba concluido. Seguía recibiendo recuerdos de la vida que había vivido con mis padres. Y si en Ordesa traté el universo del hijo, en Alegría he querido tratar el universo del padre. Por eso, en esta novela hablo de mis hijos.

M.G.- Es muy interesante lo que comentas porque los capítulos de la novela me han parecido fogonazos de la memoria. 

M.V.- Lo son. Hay un capítulo en el que estoy en un apartamento en Almería. Una mosca no deja de volar a mi alrededor, la persigo por la casa, y la voy llamando asquerosa. Mi madre llamaba así a las moscas. Es curioso cómo, de adultos, empleamos las mismas palabras que usaban nuestros padres. Cuando somos niños y escuchamos alguna palabra en una determinada situación, se nos queda grabada. Si por lo que sea, de adulto vivimos una circunstancia similar, empleamos esa misma palabra que tenemos guardada en nuestra mente. Aquel día me dio un vuelco el corazón, al usar esa palabra. Me di cuenta de que mi madre estaba ahí, que notaba su presencia. Es como si me hubiera tocado un ángel. Un psicólogo me podría decir que he usado una expresión de mi madre y punto, pero a mí eso no me basta. Siento que me reencuentro con ella. Para mí, esa sensación es de mucha belleza y humanidad. Alegría está hecha de todos esos instantes.

M.G.- Te entiendo perfectamente. Entiendo esas sensaciones que describes. Es algo que nos pasa a todos los que hemos perdido a nuestra madre, a nuestro padre, o a ambos. En la novela hay una frase que lo resume muy bien:

"...en esa conversación permanente que mantiene la gente de más de cincuenta años con sus difuntos seres queridos... "

M.V.- La herencia es mucho más profunda de lo que pensamos. La herencia que te deja tu padre y tu madre es muy salvaje. La gente cree que está construyendo su vida de manera original, pero en realidad, lo que está haciendo es reproducir de manera inconsciente lo que vio a su padre y a su madre. Por eso, el ejemplo de los padres es tan importante. 

M.G.- Repetimos las palabras, los gestos, e incluso los defectos.

M.V.- Lo repetimos todos. Las recomendaciones que me dieron mis padres para que me comportara bien en la vida, son las mismas que ahora yo traslado a mis hijos. El otro día que estaba con uno de ellos, me vi haciendo de mi madre. Yo era mi madre hablándome a mí mismo, y yo mí mismo era mi hijo. De repente, entendí la soledad terrible que debió de sentir ella, cuando me daba indicaciones de comportamiento y no le hacía ni puto caso. Igual que mi hijo no me hace ni puto caso ahora, cuando soy yo el que le está dando las mismas recomendaciones.

M.G.- Manuel, la novela se titula Alegría pero hay que reconocer que el tono es pesaroso.

M.V.- Me lo dicen mucho, sí. Es que yo pensaba en la alegría como punto de llegada, como algo que hay que trabajar, ganar y conquistar. La novela retrata la lucha de un narrador por sentir alegría, sea como sea. Por eso la busca frente a un mundo adverso y terrible. En realidad, es como una especie de utopía. También he querido hacer recordar lo que decía Kafka, que la alegría es un derecho humano. Me parece que la alegría es un sentimiento mucho más misterioso y más primitivo que el de la felicidad.

M.G.- Es que tú distingues uno de otro. Entre la alegría y la felicidad, hay matices.

M.V.- Tal y como está entendida hoy en día, la felicidad me parece algo muy convencional, que se asienta en el éxito económico, social, laboral. Para decir que eres feliz, necesitas el visto bueno de los demás. En cambio, la alegría no necesita nada de eso para manifestarse. La alegría es puro instinto. Es atávica.

M.G.- Y alegría es una palabra que se repite constantemente, en casi todos los capítulos. La siento como si fuera un mantra, como si el narrador, por invocarla muchas veces, intentara atraerla hacia sí.

M.V.- Cierto. En español, es una palabra que tiene una sonoridad maravillosa. Fue algo que me ayudó mucho a decantarme por ella. Pero también influyó el libro de José Hierro. Me impresionó mucho que este autor, después de pasarse cinco años en la cárcel, escribiera un libro, un poema, y lo titulara Alegría. Por eso incluí unos versos como cita, para reforzar la idea de que, te pase lo que te pase en la vida, tienes derecho a la alegría. 



M.G.- Percibo que los puntales sobre los que se sustenta esta novela son vida, muerte y amor. Considero que son tres cuestiones que vertebran el relato.

M.V.- La muerte está representada por la muerte de mis padres. En esta novela, el narrador los invoca constantemente, cada vez que tiene algún pesar. Hay un momento en el que el narrador quiere suicidarse pero, de repente, se da cuenta de que su padre, aun estando muerto, no aceptaría nunca ese suicidio. Y esa certeza es la consigue que se eche atrás. El narrador no puede hacer nada sin que su padre dé el visto bueno, aunque él ya no esté en este mundo. 

M.G.- Pero no solo está la muerte de los padres. También recuerda a otras personas que fallecieron, como antiguos profesores. Eso, por no hablar de su afición a visitar cementerios, y a buscar las tumbas de los famosos.

M.V.- Es una manera de expresar que no queda nada después de la vida. Ese es uno de los grandes misterios de la condición humana. Vivimos en el tiempo, somos tiempo y estamos hechos de tiempo. La dimensión temporal del ser humano es algo que me sobrecoge. Nos vamos haciendo mayores, vamos viendo morir a gente que era importante para nosotros y cuando mueren, se llevan parte de lo que vivimos con ellos. Indagar en esa cuestión es una de las tareas de la literatura. 

Y luego, por otro lado, están las conversaciones pendientes. No solamente las que tenías con tus padres, sino también las que tenías con tus amigos. Por el motivo que sea, te has ido distanciando de un buen amigo, dejando cabos sueltos. Dejas de verlo y, un día, te enteras de que ha fallecido. ¿Y ahora qué haces? ¿Qué ocurre con esa conversación que quedó en el aire? Eso se queda para uno. Es una sensación desagradable que estará siempre con nosotros, cada vez que recuerdes a ese amigo que se ha ido, que ya no está. 

M.G.- ¿Y tú te reconoces totalmente en el narrador? ¿Compartes sus miedos, sus anhelos, sus obsesiones,...?

M.V.- A veces, no. Cuando creas un personaje que sale de ti, llega un momento en el que ese personaje utiliza tu vida para lo que le conviene. Tu vida es solo un impulso, el punto de inicio para el propio camino del personaje. Podrás prestarle hechos de tu vida que son ciertos, pero luego él los interpretará a su manera. 

M.G.- ¿Y qué le ocurre con los hoteles? Tiene una fijación, casi enfermiza, con las habitaciones de hotel. 

M.V.- Busca el silencio, que es dificilísimo encontrarlo hoy día. Incluso en sitios donde debería existir silencio, como en una habitación de hotel, no lo hay. Siempre se filtra el sonido de la habitación de al lado, o bien se escucha el motor del extractor del aire, o el sistema eléctrico zumba. Pero si el narrador busca el silencio es porque necesita un espacio sin ruidos, donde pueda escucharse a sí mismo. Ese espacio es un lugar místico, de extrema serenidad, donde lo único que podemos escuchar es nuestro propio pensamiento. Cuando hay silencio absoluto, tu alma empieza a salir y comienzas a ver quién eres, tu memoria también se activa, y empiezas a sentirte más persona. Por eso, el narrador reclama silencio. Hoy, para tener una experiencia así, te tienes que ir a mitad del desierto porque, en todas partes, hay ruidos. 

M.G.- Y es un narrador que se quiere poco. Suele reiterar que no se merece lo bueno que le ocurre.

M.V.- Cree que no se merece nada. La mayoría de la gente se cree con derecho a todo, pero este narrador es muy místico. Ni siquiera cree merecerse un café, y todo lo considera un regalo. Ahí se parece poco a mí. Pero no estaría mal que pensáramos como piensa él. 

M.G.- Lo valoraríamos todo mucho más.

M.V.- Exacto. Es que no valoramos nada. Si nos pareciéramos más a él, creo que nos iría mucho mejor a todos. Pero eso es algo imposible de cambiar.

M.G.- Algo curioso, Manuel. Hay un personaje que se llama Arnold. No es más que la personificación de la depresión del narrador. ¿Por qué hacerlo así?

M.V.- La depresión es la enfermedad del siglo XXI. Me interesa mucho el mundo de la depresión, pero no como diagnóstico psiquiátrico sino como sentimiento. ¿Por qué se deprime la gente? El deprimido está muy mal visto y siempre roza la marginalidad. Se le critica que no pone de su parte pero no es así. El deprimido no quiere estar así, lo que le ocurre es que es muy clarividente. Creo que hay una clase de deprimidos que efectivamente ve que el mundo es un lugar sin sentido. Cuando tiene esta percepción, enferma en solidaridad con el vacío del mundo. Por eso, este narrador está en una constante búsqueda de la alegría, para salir de una burbuja de negatividad.

M.G.- Los hijos juegan un papel muy importante en el texto. El narrador tiene dos: Valdi y Bra. Sin embargo, Valdi aparece mucho más que su hermano.

M.V.- Valdi es más vulnerable que Bra. Le cuesta más crecer y no se apaña tan bien como su hermano. Por eso sale mucho más en la novela.

M.G.- El nombre de cada personaje procede del nombre de un compositor. Valdi viene de Vivaldi y Bra, de Brahms. ¿Qué relación tiene cada personaje con cada músico?

M.V.- Soy un melómano. Tengo en la cabeza la música de muchos compositores y establezco un paralelismo entre los personajes y las obras de ciertos músicos. Es decir, establezco una conexión entre las características del personaje y las características de la música de un compositor, en concreto.

La segunda esposa del narrador es Mo, que viene de Mozart. Es un personaje alegre y festivo, como la música de ese compositor, aunque también tiene una parte sombría que demuestra, por ejemplo, en Réquiem. De igual modo, la madre del narrador es Wagner porque era una mujer muy dramática. Para ella, todo era una tragedia. Todo esto tiene que ver con mi manera subjetiva de oír la música. 

M.G.- Por último. Si leo Ordesa, después de leer Alegría, ¿va a cambiar mi percepción de esta novela?

M.V.- La va a enriquecer. Muchos lectores han hecho eso mismo y habrá sido una experiencia buena porque nadie me ha pedido explicaciones (Risas)

M.G.- (Risas) Lo haré así entonces. Lo dejamos aquí. Manuel, muchas gracias por esta conversación y por venir a Sevilla.

M.V.- Gracias a ti.


Sinopsis:  Desde el corazón de su memoria, un hombre que arrastra tantos años de pasado como ilusiones de futuro, ilumina, a través de sus recuerdos, su historia, la de su generación y la de un país. Una historia que a veces duele, pero que siempre acompaña.

El éxito desbordante de su última novela embarca al protagonista en una gira por todo el mundo. Un viaje con dos caras, la pública, en la que el personaje se acerca a sus lectores, y la íntima, en la que aprovecha cada espacio de soledad para rebuscar su verdad. Una verdad que ve la luz después de la muerte de sus padres, su divorcio y su vida junto a una nueva mujer, una vida en la que sus hijos se convierten en la piedra angular sobre la que pivota la necesidad inaplazable de encontrar la felicidad.


A medio camino entre la confesión y la autoficción, el autor escribe una historia que toma impulso en el pasado y se lanza hacia lo aún no sucedido. Una búsqueda esperanzada de la alegría.



miércoles, 5 de agosto de 2020

UNORTHODOX (Miniserie - 2020)

Unorthodox (Miniserie de TV) (2020) - Filmaffinity
Año: 2020

Nacionalidad: Alemania

Director: Alexa Karolinski, Anna Winger y Maria Schrader.

Reparto: Shira Haas, Amit Rahav, Jeff Wilbusch, Alex Reid, Aaron Altaras, Tamar Amit-Joseph, Ronit Asheri, Dina Doron, Aziz Dyab, David Mandelbaum, Delia Mayer, Felix Mayr, Eli Rosen, Safinaz Sattar, Langston Uibel, Gera Sandler, Isabel Schosnig, Yousef 'Joe' Sweid, Michal Birnbaum, Laura Beckner, Harvey Friedman, Tal Hever, Melissa Weisz, Ita Korenzecher, Dennenesch Zoudé, Malky Goldman, Hildegard Schroedter, Lenn Kudrjawizki, Alexa Karolinski, Lena Kalisch

Género: Drama

Sinopsis: Miniserie de TV (2020). 4 episodios. Una joven judía ortodoxa abandona un matrimonio concertado en Nueva York y pone rumbo a Berlín, donde vive su madre. La historia se inspira en las memorias de Deborah Feldman, en las que narra en primera persona cómo huyó de su estricta comunidad religiosa cuando era joven.

[Fuente: Filmaffinity]


Hacía mucho tiempo que no os hablaba de una miniserie. Es un formato que me encanta porque te permite más horas de entretenimiento que una película, y a la vez no te obliga a amarrarte a un montón de temporadas, cuya emisión se va dilatando en el tiempo. Ocurre además que, series que tienen un inicio buenísimo, van perdiendo interés temporada tras temporada. Es complicado mantener un guion en un punto alto, año tras año, así que es frecuente que esas series, que tuvieron tan buen arranque, cierren con un capítulo final mediocre. Salvo excepciones, claro. Pero vayamos al grano.

"Unorthodox. Unorthodox" / "Tienes que verla" / "Unorthodox es buenísima" / "Te va a encantar". Llevo meses escuchando  hablar de esta serie que todo el mundo me ha recomendado por activa y por pasiva. A mí me suele gustar ir a contracorriente, no dejarme llevar por un interés común. En su lugar, prefiero huir de lo que todos recomiendan o, como poco, esperar un tiempo a que pase el boom. A eso hay que añadir que la temática no me atraía especialmente. No sé. Me gusta conocer experiencias reales, sumergirme en otras culturas, saber de sus costumbres y sus orígenes, pero en este caso, quizá por esa insistencia machacona del público, no me apetecía ver esta serie. Al final, he accedido. ¿Qué me ha parecido? Bueno, en líneas generales me ha gustado, pero no tanto como amigos y familiares me vaticinaron. Ya sabéis qué efecto producen las expectativas. Te contagian tanto entusiasmo que, a la larga, resulta contraproducente. De todos modos, lo que sí he sentido es que se me ha quedado corta. Una vez que me metí en la vida de su protagonista, llegué al último capítulo sintiendo que necesitaba saber más de su vida. 

Unorthodox cuenta, en cuatro capítulos de unos cuarenta y cinco minutos de duración cada uno, la vida de Esty Saphiro, una joven americana, nacida en el estricto seno de la comunidad ultraortodoxa, afincada en el barrio de Williamsburg, Brooklyn, Nueva York. Esty vive con sus abuelos y su tía. La madre abandonó a la familia cuando su hija era pequeña. Se mudó a Europa y allí ha rehecho su vida con una mujer. En cuanto al padre, es un borracho al que la comunidad acepta con resignación. Pasan por alto su comportamiento escandaloso, justificado, en cierto modo, por el abandono de su mujer. Cuando la serie se inicia, la protagonista está a punto de emprender un viaje a Berlín. Ha tomado una importante decisión, para lo cual necesitará ayuda externa. A través de flashback conoceremos los motivos que la impulsan a realizar este viaje y sabremos cómo ha sido su vida hasta ese momento. De este modo, el pasado y el presente se van a ir desarrollando de forma paralela.  

A los dieciséis años, Esty está preparada para el matrimonio. El casamentero ha elegido a Yanky, un joven tímido y apocado, de buena familia, y fiel a los preceptos de sus creencias, que pronto se convertirá en su esposo. Siguiendo el pertinente ritual, los jóvenes contraen matrimonio y comienzan una vida juntos. Desde el primer día, ponen su empeño en lograr el principal objetivo de esta unión sagrada, traer hijos al mundo. Sin embargo, algo no va bien en la pareja. Comienzan los conflictos, las presiones, las decepciones. Esty se agobia y toma una decisión. Huir. Pero no le resultará tan fácil dejar atrás su pasado.

Unorthodox cuenta la ruptura de una chica judía con su comunidad Satmar. Esty no es una chica convencional, no es la típica joven judía que aspira únicamente al matrimonio y a los hijos. Ella adora la música, le apasiona tocar el piano y cantar. Pero nada de eso tiene cabida en su mundo. ¿Qué debe hacer? Esty tiene que resolver el dilema que se le plantea. Debe elegir entre hacer lo que se espera de ella o, por el contrario, hacer caso a su corazón (y también a su cuerpo, pues este manifiesta un notable rechazo por su marido). ¿Qué trato reciben aquellos que se apartan del camino? Eso lo veremos no solo en el caso de Esty, sino también en el de su madre e incluso en Moishe, el primo de Yanky, una oveja algo descarriada.

Hay un montón de cosas interesantes en esta serie. Lo principal es que Unorthodox muestra el estilo de vida de esta comunidad. El porqué de sus costumbres y rituales no se explica, simplemente se muestran. Los veremos en sus rezos y en sus reuniones familiares. Conoceremos las prohibiciones a las que someten a la mujer, como por ejemplo, la de no poder cantar o la de no poder mostrar su cabello en público, de ahí que les rapen la cabeza y ellas tengan que utilizar pañuelos y pelucas. Para mí, el capítulo más espectacular es el que recrea la boda entre Yanky y Esty. Antes de la ceremonia, una mujer de la comunidad instruye a la joven novia en los pormenores maritales. Cuestiones como el sexo deben seguir un ritual meticuloso que incluye un proceso de purificación. Me pareció un capítulo lleno de detalles que llamaron mi atención y me empujaron a buscar más información en Internet. Por ejemplo, ¿qué es esa cinta que los hombres se enrollan alrededor del brazo cuando rezan? ¿Por qué se balancean cuando entonan sus oraciones? 

Y otro detalle curioso es la importancia que tiene la figura del rabinoNinguno de ellos da un solo paso sin que el rabino lo sepa, sin que tome cartas en el asunto y sin que exprese su opinión. Lo que el rabino diga, se acata. No hay más.

Unorthodox muestra un mundo de contrastes. Lo distinta que es la vida en Williamsburg si la comparamos con la de Berlín. Lo diferente que es el día a día de un judío "convencional" (por llamarlo de algún modo) y el de aquel que pertenece a una comunidad Satmar. Sobre estos últimos pesa el recuerdo de los muertos, de aquellos que perdieron la vida en Europa. Por eso Esty dice: Vengo de un sitio donde los niños son lo más sagrado. Tenemos que compensar una pérdida de seis millones de asesinatos en el Holocausto.

En cuanto a las interpretaciones, tanto Shira Haas (Esty) como Amit Rahav (Yanky) lo hacen genial. Diría que incluso él, con su mirada huidiza, lo hace mejor que ella.  Tanto Esty como Yanky son personajes ingenuos e inocentes. No conocen más mundo que aquel en el que han vivido desde siempre. Sin embargo, hay una gran diferencia entre uno y otro. Esty tiene sueños y luchará por ellos. Yanky está atado a la comunidad y no concibe otra vida fuera de la misma. El personaje de Yanky me ha recordado a la fábula del elefante y la estaca. La historia de ese elefante de circo que, desde pequeño ha estado atado a una estaca clavada en el suelo. El elefantito aprendió que no podía hacer nada contra aquella atadura. Y siguió pensando igual, incluso cuando creció y se convirtió en un elefante adulto y fuerte que, con solo un tirón, podría arrancar la estaca del suelo y quedar libre. Así es Yanky, un elefantito que cree que está atado de por vida. 

El rodaje de Unorthodox presenta ciertas dificultades que la hacen muy meritoria. Por un lado, la recreación de toda una comunidad con su idiosincrasia propia, que va desde una peculiar indumentaria hasta una lengua propia, el yiddish (una mezcla de hebreo y alemán). En la serie, los personajes hablan varios idiomas: el yiddish, el inglés y el alemán. Obviamente, si vemos la serie en castellano, contaremos con una traducción o con subtítulos. Me da un poco de rabia ver una película o serie subtitulada. Te obliga a ir leyendo los textos y con esto te puedes perder algunos detalles de la imagen, como la expresión de los personajes en algún momento, que son importantes. Sin embargo, en esta ocasión, creo que ha sido un acierto respetar la cuestión lingüística pues, de este modo, la serie gana en credibilidad.

Sin embargo, hay ciertas cosas que no me han gustado. Por ejemplo, en los primeros minutos del primer capítulo se hace mención al eruv. En ningún momento se explica qué es. Tuve que buscarlo en Internet para comprender las primeras secuencias. Tampoco se dice lo que es el mikvé, aunque por el contexto se puede adivinar que es como una sala de purificación. A eso uno que, los primeros días de Esty en Berlín transcurren con bastante facilidad. Quiero decir que, en las primeras horas de su llegada, inmediatamente entabla amistad con un grupo de jóvenes que la integran en su círculo. Dado que la serie ocupa tan solo cuatro capítulos, tengo la impresión que han comprimido demasiado la historia y han acelerado algunos momentos que, en circunstancias normales, hubieran requerido un par de semanas de desarrollo en la vida real. Además, me hubiera gustado conocer algo más del barrio de Williamsburg, cómo son las tiendas, qué comercios hay, si existe algún tipo de ocio. Y, por último, lo que comentaba al principio, que se me ha quedado corta. Tras una escena final,  preciosa y memorable entre Yanky y Esty, me hubiera gustado saber cómo se desarrolla la vida de la protagonista, una vez que ha cerrado capítulos de su vida. 

Basada en las memorias de Deborah Feldman, quien también ha colaborado en la construcción del guion, Netflix nos permite asomarnos a la vida de Esty, a su descubrimiento de un nuevo mundo y a su proceso de liberación. Adicionalmente, la plataforma también cuenta con un documental sobre el making off. En él, escucharemos a la propia Deborah hablar sobre la serie, sobre el enfoque que pretendían darle a la narración. En su intervención, pronuncia una frase que resume a la perfección este trabajo cinematográfico. "Se trata de un idioma que nadie entiende, de costumbres y rituales que nadie comprende, pero la esencia de lo que ocurre es universal". En el mismo documental, también se explicará, con algo más de profundidad, de dónde procede la comunidad jasídica afincada en Williamsburg. Asimismo, se aclarará que los flashbacks de la serie son fieles a la novela, mientras que la historia del presente está totalmente inventada. Algo que me ha parecido muy curioso, que trataron de buscar el mayor número de actores y actrices ortodoxos, que incluso supieran hablar en yiddish. Y apasionante son las explicaciones son el vestuario, el maquilla y la peluquería, con los payots que lucen los hombres de la comunidad. Un documental breve, que merece mucho la pena ver. 

En definitiva, Unorthodox me ha gustado. Como dije al principio, no ha conseguido cumplir todas mis expectativas, pero me ha parecido una serie muy bien hecha, con un trabajo de producción brillante, una buena dirección y una trama que, si bien merecía más extensión, mantiene el interés del espectador. 

Por cierto, si tienes dudas sobre algunas de las costumbres y ritos que se muestran en la serie, puedes visitar este enlace





Tráiler:   







martes, 4 de agosto de 2020

LORENZO SILVA: 'En las novelas de Bevilacqua, el protagonista siempre es la víctima'

He leído novelas de Lorenzo Silva pero hasta ahora no me había enfrentado a ninguna aventura de Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro. El mal de Corcira ha sido mi estreno con este tándem de guardias civiles, que ya han conquistado a más de dos millones de lectores. Y ahora tengo un tremendo problema, porque resulta que esta novela me ha gustado. Muchísimo. Pero estamos ante la entrega número doce de la saga y, aunque sé que se pueden leer de forma independiente, soy demasiado cuadriculada como para no empezar por el principio. Así que, me tengo que leer once novelas, antes de que Silva vuelva a poner a Vila y a Chamorro al frente de otra investigación. Veremos a ver cómo me las apaño.

En El mal de Corcira, Lorenzo Silva desarrolla un nuevo caso. Esta vez, la víctima es un ex etarra que ha sido asesinado en Formentera. Las pesquisas y los avances de la investigación llevarán a Vila a recordar sus años en el País Vasco, cuando aún no había cumplido los treinta, y se integró en el equipo de lucha antiterrorista. Con Silva, que visitó Sevilla hace unas semanas, estuvimos hablando de esta nueva novela que, repito, me ha gustado un montón. 

[Lorenzo Silva en la Fundación Tres Culturas. Sevilla
Fuente: Fundación José Manuel Lara]
Marisa G.- Lorenzo, tengo que confesarte que es la primera vez que me enfrento a una historia de Vila y Chamorro.

Lorenzo S.- Eso está bien. Así tienes la mirada limpia.

M.G.- He escuchado decir a los que sí han seguido la serie desde el principio, que esta novela es la más accesible para aquellos que, como yo, no habíamos leído ninguna de las entregas. ¿Esto es así? Y en tal caso, ¿por qué?

L.S.- Bueno, todas las novelas son autónomas y se pueden leer de forma independiente. Además, yo intento siempre situar al lector por si no conoce la saga. Sin embargo, en esta novela, contamos con la ventaja de ver al personaje protagonista más joven que nunca. En la primera entrega, El lejano país de los estanques, Bevilacqua tiene treinta y tantos años y, sin embargo, en esta novela lo vamos a ver con veintiséis. Es decir, son los primeros años de vida del personaje, unos años que él recuerda desde la madurez, con lo cual, el lector tiene al mismo personaje en dos etapas distintas. Eso puede ser una ventaja para conocerlo mejor, para entender sus antecedentes y para comprender quién es.

M.G.- En esta novela, Vila se tiene que enfrentar a la muerte de un ex etarra en la isla de Formentera. Por diversos motivos que confluyen en el caso, la investigación es bastante peculiar.

L.S.- En las novelas de Bevilacqua, el protagonista siempre es la víctima. Últimamente veo que, en la literatura negra, suele haber mucha más fascinación por el criminal. A veces, también prevalece mucho el investigador, con su carácter y su carisma.  No obstante, creo que el que articula la historia es la víctima. Y en este caso, he intentado que la víctima tenga una cantidad suficiente de connotaciones interesantes. Para empezar, la víctima tiene un pasado turbio, porque formó parte de la organización terrorista ETA, así que, el investigador lo va a mirar con cierto recelo. Precisamente, por esa militancia en la organización terrorista, la víctima ha estado recluida en la cárcel durante muchos años. Naturalmente, el hecho de que Bevilacqua se haya pasado tres años de su vida en la lucha antiterrorista, le da a la investigación un cariz especial. Es una investigación que, por muchas razones, tiene connotaciones intensas para el investigador.

Además, resulta que la víctima es homosexual. Él ha reprimido y ocultado su condición sexual durante mucho tiempo. No le fue posible mostrarse de forma natural ni ante su familia, ni mucho menos dentro de la propia organización. Así que, se podría decir que esta víctima ha vivido una doble clandestinidad, la de formar parte de ETA y la de ser homosexual. Cuando la víctima viaja a Ibiza y Formentera, algo que hace con regularidad, en realidad está huyendo de su pasado y de su entorno. 

M.G.- ¿Y por qué contar ahora ese pasado de Vila?

L.S.- Porque estaba esperando el momento de poder hacerlo bien. Quería acercarme al pasado de Vila en la lucha antiterrorista porque es un gran historia de formación como ser humano y como investigador, y porque es algo que comparten muchos guardias civiles. Muchos de ellos han tenido su escuela en la lucha antiterrorista y se han convertido en los mejores investigadores criminales que tiene este país. Ahora, todos ellos están en la lucha contra el narcotráfico, contra la trata de personas o contra delitos violentos.

ETA tenía una raíz ideológica, mitad nacionalista, mitad revolucionaria, o más revolucionaria que nacionalista. Tenía una dinámica terrorista, ya que imponía su ideario a través del terror. La lucha contra ETA fue la lucha contra una organización criminal muy sofisticada. Así que tenía que contar toda esta historia en algún momento. Y, aunque contaba con información suficiente sobre lo que representaba, en términos generales, esa experiencia para un guardia civil, necesitaba muchos más detalles para poder escribir una novela de quinientas cincuenta páginas. He tardado veinte años en conocer todos los matices, pormenores y recovecos de ETA, para poder narrar el pasado de Bevilacqua en la lucha antiterrorista. Además, no es una historia a la que se acceda con facilidad. Conozco a muchas personas que han estado implicadas en esta lucha, y con algunas tengo bastante confianza desde hace años. Sin embargo, hasta hace cuatro o cinco años no he podido alcanzar la profundidad necesaria en mis conversaciones con ellos, para poder escribir esta novela. 

M.G.- Vila tiene muy claro cuál es su trabajo. Está claro que él tiene que investigar la muerte de cualquier persona, independientemente de quién sea la víctima. Pero claro, no deja de ser paradójico que un guardia civil investigue el asesinato de un etarra o ex etarra.

L.S.- Sí, sí,... Además le genera situaciones conflictivas. La víctima tiene una madre y claro le tocará hablar con ella. Por regla general, los policías de homicidios suelen tratar a la familia de la víctima con mucha deferencia pero, en este caso, la madre de la víctima tratará a Vila a patadas. Ella lo considera un esbirro, un ser absolutamente despreciable. A él le tocará lidiar con ese maltrato y sobreponerse porque, además la mujer no se corta un pelo. Le hace ver muy claramente que lo desprecia. Vila lo dejará correr. Tiene que trabajar para hacer justicia y esclarecer los hechos, sea quien sea la víctima. 

M.G.- Lorenzo, has comentado que has hablado con mucha gente para profundizar en este tema. Se sabía mucho sobre la infraestructura de ETA pero, te confieso que, en esta novela, he aprendido mucho más sobre la jerarquía. Desconocía los diferentes estamentos que existían: los liberados, los legales, los languntzailes,... 

L.S.- Te voy a decir una cosa que a lo mejor te va a sorprender. Como te digo, he hablado con guardias civiles, pero también con gente que ha estado en ETA y en su entorno. Bueno pues, creo que hay guardias civiles que saben mucho más de la organización, que algunos miembros de ETA. Ten en cuenta que ETA era una organización clandestina, que necesitaba tomar medidas de seguridad. Una de ellas era hacer compartimentos estancos. Cada uno sabe lo que tiene que saber. Pero ningún militante conoce mucho del conjunto de la organización porque si cae él, caerá todo lo que él conoce. Incluso el que ha estado en la dirección de ETA, conoce la organización en el momento en el que ha estado ocupando ese cargo, pero no tiene claro qué pasaba antes, o qué ha pasado después. Sin embargo, hay guardias civiles que han estado en labores de información durante veinticinco años, y han terminado por conocer todos los detalles, incluso los más sórdidos, mezquinos o cutres. Porque en ETA, también había rencillas y peleas por dinero, o infidelidades de pareja. Si hablas con los que han estado en el entorno de ETA, te das cuenta de que ellos no saben casi nada de eso, porque no forma parte de la arenga y el discurso. Pero un guardia civil que ha estado veinte años investigando a la organización, lo sabe todo.



M.G.- Me gusta especialmente el retrato que haces de la vida de los guardias civiles en el País Vasco. No solo tenían que luchar contra los terroristas sino también contra el pueblo que, ya sea por militancia o por miedo, creaba un ambiente muy hostil.

L.S.- Hay guardias civiles que te dicen que no llegaron a sentir miedo, porque eran jóvenes o unos inconscientes. Pero sí afirman que tenían una sensación de hostilidad muy fuerte, especialmente en algunas zonas. Y también sentían muchísima soledad. Ellos sabían que una parte de la población los odiaba y otra parte, mostraba una indiferencia total por lo que les pasara. Pero también había gente que simpatizaba con ellos aunque, por miedo, no se atrevían a decirlo. 

M.G.- La novela es negra como el carbón, pero tengo que admitir que hay algunas escenas un tanto cómicas, como cuando pones a Vila de incógnito en algunos locales nocturnos de Ibiza. Me he reído al imaginarme la situación. 

L.S.- Sí. Aunque alguna cosa está ficcionada, te garantizo que me han contado ciertas situaciones, en las que se han visto involucrados, totalmente inauditas. El trasfondo es muy trágico, pero para llevar a cabo alguna investigación, han tenido que vivir situaciones muy cómicas. Por ejemplo, hablé con un guardia civil que me contó que jamás había pisado un prostíbulo a nivel personal. Pero, por razones de trabajo, había tenido que entrar en ellos un montón de veces y hacerse pasar por clientes. En situaciones así, te puede pasar de todo. 

M.G.- Esa escena, y alguna otra que retratas en el libro, son muy hilarantes. Divertidísimas. Pero voy a centrarme en el personaje. Como te digo, yo no lo conocía. Imagino que habrá ido madurando a lo largo de la saga. ¿En qué ha ido evolucionando?

L.S.- Vila ha pasado por varias etapas. Al principio, Vila era más gamberro. Tenía una cierta visión irreverente de la vida, que todavía hoy conserva. Pero se ha ido haciendo más sereno. 

Hace cuatro o cinco novelas, lo metí en una crisis muy grande. En cierto modo, dejó de creer en el sistema judicial. Ahora, en su madurez, sabe bastante de qué va la vida y hasta dónde podemos llegar cada uno. Vila sabe que él no va a cambiar la historia, ni va a socorrer a todos los desvalidos, porque los entuertos seguirán estando ahí. Lo único que puede hacer es tratar de hacer dignamente su trabajo, ayudar a la gente con la que se cruza, y aliviar un poco el dolor de su alrededor. Vila ha asumido que su misión es modesta pero tiene una utilidad. También asume que a veces ha metido la pata. Por ejemplo, en este novela comete un error. Sabe que su trabajo es muy incierto y por eso es fácil equivocarse. Además, entiende que nadie es perfecto. Creo que por eso ha aprendido a estar en paz.

M.G.- Dejas a Chamorro, su compañera de siempre, un poco en segundo plano. Por lo menos, en la primera mitad de la novela.

L.S.- Bueno, en esta novela, Chamorro está presente de varias maneras. En esa primera mitad, Vila acude a ella telefónicamente. Lo hace no solo para saber cómo está sino también para comentar los avances de la investigación. Por otra parte, aunque Vila hace un ejercicio confesional sobre su pasado, a quién realmente le confiesa su vida no es al lector, sino a Chamorro. Ella es la destinataria de esa confesión. Por último, en la resolución del caso, ella tendrá un papel absolutamente protagonista. Es decir, que la presencia de Chamorro en esta novela es diferente. En cualquier caso, no podemos entender a Bevilacqua sin Chamorro.

M.G.- Pues, desde esa mirada virgen que comentabas al principio, los he percibido como dos almas solitarias que se apoyan y se arropan mutuamente.

L.S.- Y que se entienden como no los entiende nadie más. Han compartido veinte años en un trabajo que tiene pocas satisfacciones y muchos momentos duros. Es un trabajo en el que estás levantando siempre las miserias de los demás. Y no solo de los criminales sino también de las víctimas. Probablemente, no hay otra persona en el mundo con el que, ni ella ni él, puedan mantener una comunicación como la que existe entre ellos.

M.G.- Los escenarios no son meros telones de fondo. Haces casi una labor de guía, llevando al lector por diferentes lugares emblemáticos de Formentera, Ibiza,... 

L.S.- Creo mucho en el valor de los lugares como personajes. Puede parecer raro que Formentera sea el escenario del asesinato de un etarra guipuzcoano. Sé que hay un contraste abrupto, pero hay que entender que tanto Formentera como Guipúzcoa tienen mar y playas. Los escenarios no están elegidos al azar. La víctima cuando va a Formentera, está buscando una contra geografía de su Guipúzcoa natal. En cierto modo, viajar a esa contra geografía también le sirve a Bevilacqua para hacer un ejercicio de memoria, en unas condiciones de aislamiento y de distancia geográfica, lo que consigue que ese ejercicio de memoria adquiera más intensidad.

Eso, por no hablar de esos personajes que se pasearon por Ibiza, como Walter Benjamin.

M.G.- O Freddy Mercury.

L.S.- Exacto, o Freddy Mercury. También eran fugitivos. Ibiza y Formentera son lugares a los que mucha gente llega huyendo, pero en realidad huyen de sí mismos, lo que se convierte en algo muy impracticable. 

M.G.- Sin referencias explícitas, sabemos que la trama ronda los años 2017, 2018,...

L.S.- La acción empieza en el otoño de 2017 y acaba en la primavera de 2018, justamente cuando ETA se disuelve.

M.G.- La música juega un papel importante. No sé si es una característica de toda la saga.

L.S.- Sí. En casi todas las novelas hay música. La música forma parte de la vida de las personas. Normalmente, las canciones que escuchamos y elegimos tienen un sentido. En este caso, aparecen muchas canciones de los Pet Shop Boys, cuyas letras tienen mucha miga, como Rent. Parecen canciones ligeras y frívolas pero cuando uno rasca por debajo de la superficie, encuentra mucho más.

M.G.- Vila tiene 54 años. Ya va camino de la jubilación.

L.S.- Pero todavía le queda un poquito. En principio, puede seguir en activo hasta los 60, así que aún puede dar algo de guerra. Tengo varias novelas más en la cabeza para que él las protagonice. Y luego, cuando le llegue la edad de la jubilación, ya veremos qué pasa con él. 

M.G.- Ya veremos, sí. Lorenzo, no sabes cómo te agradezco que te hayas desplazado a Sevilla para presentar esta novela. Especialmente, con todo lo que tenemos encima.

L.S.- Bueno, no he dejado de moverme. Con mucha precaución, eso sí. Mientras pueda, y se permita, acudo a donde me llaman.

M.G.- Pues te lo agradezco mucho. Gracias por concederme este tiempo.

L.S.- Gracias a ti.


Sinopsis: Un varón de mediana edad aparece desnudo y brutalmente asesinado en una solitaria playa de Formentera. Según varios testimonios recogidos por la Guardia Civil de las islas, en los días previos se lo había visto en compañía de distintos jóvenes en locales de ambiente gay de Ibiza. Cuando sus jefes llaman a Bevilacqua para que se ocupe de la investigación y lo informan de la peculiaridad del muerto, un ciudadano vasco condenado en su día por colaboración con ETA, el subteniente comprenderá que no es un caso más.

Para tratar de esclarecer el crimen, y después de indagar sobre el terreno, Bevilacqua tendrá que trasladarse con su equipo a Guipúzcoa, el lugar de residencia del difunto, a una zona que conoce bien por su implicación casi treinta años atrás en la lucha antiterrorista.

Allí deberá vencer la desconfianza del entorno de la víctima y, sobre todo, lidiar con sus propios fantasmas del pasado, con lo que hizo y lo que dejó de hacer en una «guerra» entre conciudadanos, como la que veinticinco siglos atrás hubo en Corcira  —hoy Corfú— y que Tucídides describió en toda su crudeza. Esos fantasmas lo conducirán a una incómoda pregunta que como ser humano y como investigador criminal le concierne inexcusablemente: ¿en qué medida nos conforma aquello contra lo que luchamos?

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