viernes, 29 de junio de 2018

EL JARDÍN DE LAS FLORES NEGRAS de Ana Rosenrot

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Editorial: Cims.
Fecha publicación: marzo, 2018.
Precio: 18,00 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 381 
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-8411-226-6




Autora

Ana Rosenrot nació en Madrid en 1971. Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, aunque desde muy joven se orientó hacia la literatura.

Su primera novela Aeternum, primera parte de la Trilogía Aeternum, fue publicada en 2012 dando inicio a una prolífica producción literaria con la publicación, hasta el momento, de A Divinis, Ab Initio, La hija del sepulturero, Secretos en Venecia, Las hadas sin corazón y El jardín de las flores negras.

Sus novelas, con una prosa clara y vibrante, se caracterizan por crear una atmósfera inquietante y misteriosa en la que se desarrollan sus historias llenas de fuerza y pasión, de intrigas y secretos, tejiendo argumentos cuyos finales son siempre sorprendentes.

Sinopsis

Nadie sabe de lo que somos capaces, hasta que algo o alguien despierta al monstruo que llevamos dentro.

Oviedo, 1948. Durante los duros años de la posguerra, en una ciudad que como el resto del país intenta recomponerse, el padre Arteaga, un joven sacerdote con graves conflictos personales, pero con un brillante futuro por delane, intentará huir de las intrigas políticas y eclesiásticas que se ciernen sobre él. A pesar de todo, no podrá escapar de los enredos de la sensual señorita Peláez, ni de los misterios que le rodean, como los que oculta la discreta y reservada maestra en esa llave de la que nunca se separa. Pero sobre todo se sentirá atraído por los extraños habitantes de la casona de los Osorio: el desfigurado Bastián al que su padre, don Pelayo, mantiene encerrado como si fuera parte de su colección de mariposas, o la inquietante Llara con su belleza sobrenatural.

Decidido a descubrir la verdad sobre la familia Osorio, el padre Arteaga se verá atrapado en un laberinto de mentiras, miedos y oscuros secretos que desvelarán una historia sórdida, oscura y siniestra; tan inquietante como una flor negra en medio de un jardín.


[Información tomada directamente de la web de la editorial]

Así empieza El jardín de las flores negras:

[Lectura del capítulo introductorio de la novela;
música: Marcha fúnebre de Chopin]


Cuando un libro llega a nuestras manos nunca sabemos a ciencia cierta qué efectos producirá en nosotros. No es ninguna garantía el nombre del autor, ni la editorial que lo pone en el mercado. Tan solo el contenido y la prosa determinarán si el libro en cuestión merece la aprobación del lector o no. Y así, sin expectativas de ningún tipo, me dispuse a leer El jardín de las flores negras. Con tan solo leer las primeras páginas sentí que aquella lectura iba a ser un acierto.


'Los pecados de los padres los heredan los hijos'. Esta es la frase que escuchará una de las protagonistas de esta novela en un capítulo introductorio, apenas un par de páginas que sitúan al lector en la habitación de un moribundo donde reposa arrinconado un viejo arcón. Lo que contiene en su interior horrorizará a los presentes pero la identidad del contenido quedará en absoluto suspense dando paso de este modo al cuerpo de la novela.

Con la intriga por las nubes arranca esta novela que contiene varios hilos narrativos que se irán alternando, en una sucesión de hechos que se irán produciendo en diversos escenarios, protagonizados por un amplio abanico de personajes.

Oviedo, 1948. En plena posguerra, España está rota tras una guerra civil que solo ha sembrado la tierra de sangre, muerte, recelos, venganzas y odios. En este contexto conoceremos a Pablo Arteaga, un joven cura con nula vocación que tras pasar primero por el monasterio de Covadonga y posteriormente por el seminario de Oviedo, compaginará sus estudios de Filosofía en la universidad con la tarea encomendada de ayudar a don Toribio en la pequeña iglesia de San Gerónimo. La incorporación de Pablo crea un agitada conmoción entre la comunidad pues es un hombre apuesto y atractivo que despierta el interés de las feligresas, especialmente el de Araceli Peláez, una joven de buena familia, obstinada, coqueta, caprichosa y consentida, que siempre quiere salirse con la suya.

Al margen de ayudar a don Toribio, al joven cura se le encarga la misión de impartir clases de latín a Bastián Osorio, un adolescente que vive recluido en la casa familiar pues tiene la cara desfigurada y no se relaciona con nadie. En la enorme casona, Pablo conocerá al padre del joven, don Pelayo, y al administrador de este, Buenaventura, así como a Nieves Flores, la maestra del pueblo. Se dejará seducir por la magia de un cuadro que muestra la imagen de Constanza, la madre de Bastián y conocerá también a Llara, la sobrina del sepulturero, una mujer discapacitada que ronda la finca como un fantasma. 

Es importante destacar que Pablo viste la sotana como castigo. Acabará dentro del seno de la iglesia tras un grave percance que lo aleja por completo de su familia. En primer lugar, de su padre, encarcelado en la prisión de Atocha, acusado de republicano y al que siente haber traicionado tras tomar los hábitos. En segundo lugar, de su tío Fernando Arteaga, un famoso abogado de Barcelona, fiel al régimen y a la doctrina eclesiástica, que lo aborrece por sumiso. 

Madrid / Barcelona (1936 - 1941). El otro hilo argumental nos lleva al pasado, a la infancia y adolescencia de Pablo. Conoceremos con más profundidad a la familia Arteaga, a su padre Juan, empleado de la compañía aseguradora La Unión y el Fénix, empresa en la que se produce una estafa. El culpable será descubierto y en su interior germinará la semilla de la venganza.

Un tercer hilo sin datar estructura la novela. Un puñado de páginas de un diario escritas en Valladolid por la mano de una mujer desconocida nos mantendrán en vilo durante toda la trama. Solo sabremos que se trata de una joven de buena familia, internada en un convento tras cometer un pecado horrible. A pesar de los golpes, los castigos, las reprimendas, la soledad y el aislamiento, la joven no se arrepiente de lo que hizo. 

Estos son los tres pilares de El jardín de las flores negras, una novela con una trama muy completa y sin fisuras, en la que la realidad y las elucubraciones cuadran, llena de secretos que se entretejen consiguiendo un argumento bien urdido, en el que los malentendidos generan una serie de hechos luctuosos. Desde las primeras páginas el lector sentirá curiosidad por saber qué se esconde en ese arcón que preside la habitación de un moribundo. De igual modo querremos saber qué pecado atroz ha cometido Pablo Arteaga para tener que vestir sotana en contra de su voluntad, y por supuesto, trataremos de averiguar quién es la autora de ese diario. Pero estas no serán las únicas incógnitas de la novela. Alrededor de muchos de sus personajes, tanto los que rebosan bondad como los que se alimentan de la maldad, girarán misterios y enigmas que incitarán al lector a avanzar en la lectura, todo ello aderezado por relaciones prohibidas, tentaciones difíciles de evitar y reuniones políticas de carácter clandestino que pondrán a sus participantes en una situación complicada.

Un total de casi veinte personajes habitan entre las algo menos de cuatrocientas páginas de El jardín de las flores negras. Por nombrar alguno de los principales, destaca Pablo Arteaga del que os he dado algunas pinceladas. El joven cura es un ser atormentado. Si bien es cierto que llega a la iglesia de San Gerónimo sin fe y cuestionándose los designios de Dios, lo cierto es que su relación con don Toribio, un cura cabal cuyo único objetivo es ayudar a todo el que lo necesite sin mirar su tendencia política, cambia su forma de pensar.

Nieves Flores es la maestra del pueblo. Es una mujer con una curiosa afición, apocada y atormentada por un estigma que le acompaña desde hace años. Uno de esos personajes que pasan desapercibidos por la vida pero que guardan en su interior una gran fortaleza, llegando a sorprender su ímpetu.

Bienaventura Arboyela, el administrador de los Osorio es un tipo perverso, un desaprensivo, chantajista y violento que se aprovecha de los más indefensos dentro de su posición de poder. Así ocurrirá también con don Pelayo, solo que este último, tiene luces y sombras.

Bastián Osorio es un joven maquiavélico y diabólico. Su deformidad, originada en un accidente, lo ha convertido en un monstruo, en un torturador de animales, al que le encanta escandalizar y provocar repulsión.

En cuanto a los más secundarios, el matrimonio formado por Perete y Nela, víctimas de sus circunstancias. Doña Encarna, uno de esos personajes que vas a odiar el resto de tu vida, cotilla, manipuladora y cizañera. O Munia, una mujer que tampoco comulga con la iglesia, que tiene sus propias creencias y que poseerá la clave para resolver buena parte de los enigmas de la novela.

Muchos de los personajes de la novela, ya sean de buena cuna o pobres como las ratas, viven atormentados por el pasado y se sienten perseguidos por la desgracia.

Como añadidura a un elenco de personajes bien definidos a nivel psicológico, El jardín de las flores negras cuenta con una ambientación fabulosa. Es fácil imaginarse paseando por las calles húmedas y frías de Oviedo, en esos barrios llenos de beatas y chismosas que escudriñan la vida de sus convecinos. Es igualmente fácil entrar en la casona de los Osorio donde siempre se respira una atmósfera opresiva que asfixia a sus residentes y visitantes. Ana Ronserot consigue recrear un paisaje lleno de misterio en el que la bruma a veces juega malas pasadas en una tierra llena de leyendas. Sin duda, la autora domina la esencia de la cultura astur, y eso es algo que se nota en el aire que respira los personajes, en las tradiciones ancestrales que dominan su vida y, por supuesto, en su forma de expresarse con algún que otro dicho en bable.

Con capítulos sin numerar, y concisas referencias al tiempo y al lugar, la novela está narrada principalmente por un narrador omnisciente salvo en lo referente al diario que, como no puede ser de otro modo, vendrá detallado por una voz en primera. Cuenta además con unos diálogos construidos con naturalidad, muy veraces, muy sólidos que otorgan credibilidad a las interacciones entre personajes. Al mismo tiempo, la autora emplea una prosa con un leve matiz poético en precisas circunstancias y a pesar de ello muy transparente, posibilitando una conexión sin interferencias con el lector.

He disfrutado un montón de este jardín de flores negras que hace referencia a esa parte oscura que todos llevamos dentro, independientemente de nuestro sexo, de nuestro estatus social, de nuestras creencias o de nuestra tendencia política. Diría que, sin desmerecer en absoluto la editorial que está detrás de las novelas de Ana Rosenrot, esta historia bien merece la pena para que una editorial con un canal de distribución más potente. Si todo lo que Rosenrot escribe es así, la veo volar alto aunque en ello también tenga que intervenir el factor suerte. Así que, como han hecho otros lectores, no puedo más que recomendaros esta novela. Os va a enganchar desde el minuto uno y os conducirá a un desenlace en el que los acontecimientos se precipitan de manera brutal. Lo dicho, hay que leerla.







 
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

jueves, 28 de junio de 2018

GALA PREMIOS DE NOVELA ATENEO DE SEVILLA 2018

El pasado sábado tuvo lugar el fallo del Premio de Novela Ateneo de Sevilla 2018. Un año más, novelistas, editores, autoridades y periodistas de la ciudad eran congregados en el Patio de la Montería de los Reales Alcázares de Sevilla para recibir el nombre de los galardonados de este año. 


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No era una noche más. Al margen de ser la noche de San Juan, se celebraba el quincuagésimo aniversario del premio, en su categoría senior. Cincuenta años de un premio organizado por el Ateneo de Sevilla en colaboración con la editorial Planeta desde 1968 a 1995, y con la editorial Algaida del grupo Anaya desde entonces a nuestros días. 

Como viene siendo habitual en los últimos años, el acto fue conducido por el periodista almeriense Cristóbal Cervantes que inició su intervención haciendo referencia al galardonado de hace cincuenta años, el autor Manuel Pombo Angulo con la obra La sombra de las banderas. Comentó que estamos ante un premio al que aspiran muchos candidatos, concretamente este año se recibieron 258 manuscritos para la categoría senior y 33 para la categoría joven. Sin embargo, nada sería posible sin las instituciones y patrocinadores que lo respaldan, concretamente el Ateneo de Sevilla, Ámbito cultural de El Corte inglés, el Ayuntamiento de Sevilla, la editorial Algaida y, este año como novedad, la Fundación Unicaja cuya aportación económica extraordinaria ha conseguido que la dotación para la categoría senior ascienda a 40.000 euros.

Tras estas palabras, Cervantes cedió la palabra a D. Francisco Prior, directivo del Ateneo y ex director de la editorial Algaida, quien quiso recalcar el momento histórico que vivía este premio. A través de sus palabras hizo un recorrido por la andadura del mismo, desde su instauración en 1968 hasta el momento en el que la editorial Algaida pasa a convertirse en patrocinador. Quiso hacer hincapié en que 'El premio Ateneo es el único del panorama literario español que no está vinculado a ningún grupo editorial y que mantiene independencia en su funcionamiento. El Ateneo es una entidad sin ánimo de lucro que solo busca colaboradores y gente que aporte su ilusión así como capacidad económica para celebrar los eventos'. Mencionó el nombre de algunos ganadores hasta el momento como Torcuato Luca de Tena, Caballero Bonald, Juan Eslava Galán o Felipe Benítez Reyes y ya, desde 1996, una vez que la editorial Algaida se hace cargo de la publicación, edición y distribución del premio, Antonio Rodríguez Almodóvar. Junto a este autor alcalareño, y para finalizar su intervención, recordó Francisco Prior la manera en la que se pergeñó el premio de novela Ateneo Joven que ya va por veintitrés ediciones y son muchos los nombres conocidos que se han alzado con el galardón como: Carmen Amoraga, Care Santos, David Tejera, Nerea Riesco, Marta Rivera, Vanessa Montfort.

Se acercaba el momento de ir conociendo los finalistas, un total de ocho novelas en la categoría senior y tres en la categoría joven, para lo cual subieron al escenario todos los miembros del jurado: D. Alberto Máximo Pérez Calero, Presidente del Excmo. Ateneo de Sevilla; D. Ángel Moliní Estrada, Secretario General del Excmo. Ateneo de Sevilla; Vocales: D. Miguel Cruz Giraldez, D. Francicos Prior Balibrea, D. José Vallecillo López, todo ellos integrantes del Ateneo; D. Gervasio Posadas de Ámbito Cultural; D. Rafael Muñoz de Fundación Unicaja; D. Miguel Ángel Matellanes de Algaida Editores; D. Luis del Val, escritor y periodista.



Tomó la palabra D. Ángel Moliní quien actuó como secretario en las deliberaciones del jurado que habían tenido lugar el día anterior. Como primeras novelas descartadas anunció: Vuelo sin alas de Marcelo Galeano (pseudón.), Deriva continental de Serma (pseudón.), Guadalquivir: aguas turbias de Gaspar de Baryton (pseudón.) y Las voces de la Maqui de Manuel Lozano Leyva. En una segunda vuelta, quedaron descartadas La última llave de Rebeca (pseudón.) y El paseo de los canadienses de Amelia Noguera.

En cuanto al premio Ateneo Joven, quedó descartada La llave de Navit de La llave de Navit (pseudón.)

Rozaba las 11.30 de la noche cuando  Dña. Carmen Castreño Lucas, Presidenta del Pleno, Delegada de Economía, Comercio y Relaciones Institucionales del Ayuntamiento de Sevilla anunció el nombre del ganador del premio Ateneo Joven que recayó en Alba Ballesta, autora de la novela Distanciamiento de la obra poética de Clara Dubasenca. La joven, nacida en Orihuela (Alicante) pero residente en Tours, ciudad francesa donde imparte clases de español en la universidad, subió al escenario a recoger la estatuilla. Ballesta es autora de otra novela anterior también galardonada, comentó sentirse muy feliz y compartió con los asistentes el título con el que su novela verá la luz en otoño, Distinta Clara. 

Sinopsis: Laila, una joven estudiante de literatura decide investigar para su máster sobre Clara Dubasenca, una poeta desconocida de la que, al parecer, solo se conoce un libro: el tercer tomo de sus obras completas. Lo que empezó siendo una investigación académica se convierte en otro tipo de búsqueda, entre detectivesca y personal, donde Clara y Laila se irán desvelando poco a poco. 

A continuación fue el presidente del Ateneo de Sevilla, don Alberto Máximo Pérez Calero, quien anunció el nombre del ganador del Premio de Novela Ateneo de Sevilla, galardón que recayó en el escritor y periodista sevillano, Francisco Robles con la novela El último señorito. Con este título ha querido hacer un homenaje a la novela de Manuel Barrios, Epitafio para un señorito que también ganó el premio Ateneo en 1972. Comentó alguna anécdota personal y de su infancia y cerró su intervención dando las gracias y afirmando que esta novela 'no está escrita con tinta sino con sangre'. 

Sinopsis: En la Baja Andalucía de los años 50, un jovencísimo señorito andaluz se enamora de la hija de unos criados. La deja embarazada de una niña que con el tiempo, ya entrado en el siglo XXI, demandará la paternidad y la herencia encontrándose con la oposición de su hermana legítima. A partir de este conflicto nos sumergimos en los últimos cien años de nuestra historia, y viajaremos por la guerra civil, el franquismo, la transición y la actualidad en esa Andalucía que ha ido cambiando a través del tiempo, como cambió el último de los señoritos antes de morir en pleno tránsito hacia la democracia. Pasiones, odios, venganzas, crímenes y amores sirven para que los personajes vayan encontrando lo más valioso de cada uno: su propia identidad.



Alba Ballesta y Francisco Robles posan con sus estatuillas
que representa a la diosa Atenea, elaborada por Juan Gavira.

El acto se dio por concluido tras las palabras de recuerdo que el presidente del Ateneo tuvo para dos figuras importantes de nuestra literatura, recientemente fallecidos,  don  Julio Manuel de la Rosa y don Nicolás Sala. 

[Si quieres ver la gala completa pincha aquí].

Era el momento de atender a los medios de comunicación en rueda de prensa, en la que se les pudo formular las preguntas pertinentes y donde pudimos escuchar con más profundidad a los ganadores de esa noche.  Francisco Robles comentó que su novela es coral, ambientada en Sevilla pero en ningún caso escrita a medida para coincidir en el tiempo con el cincuenta aniversario del premio Ateneo. Sobre el personaje principal, ha querido reflejar ese tipo de señorito que también existió, perteneciente a un determinado estatus pero que comprendió que la evolución de la sociedad iba por otro camino. 'Este señorito iba adaptándose a los nuevos tiempos y por eso lo llamo el último señorito porque nace con la guerra civil y muere con la transición'. Confesó también que hay partes en la novela que son reales y extraídos de su propia vida.

Turno para Alba Ballesta quien comentó, a parte de lo que se recoge en la sinopsis, que la trama está ambientada en Barcelona. Sobre el título apuntó que lo eligió no solo por la canción de Joan Baptista Humet sino porque 'en la novela la música juega un papel más o menos importante, la estética de los 80 y la movida'. En relación a su novela anterior manifestó que es completamente diferente a este y que para la estructura de Distinta Clara, su referente literario ha sido Bolaños y sus novela Los detectives salvajes.

Punto y final a una noche mágica con la Giralda como testigo mudo. Dejamos a los autores disfrutar de su premio y aplacar tantas emociones.

Será en otoño cuando podamos leer ambas novelas. 

miércoles, 27 de junio de 2018

CALL ME BY YOUR NAME (DRAMA - 2017)

Año: 2017

Nacionalidad: Italiana.

Director: Luca Guadagnino.

Reparto: Timothée Chalamet, Armie Hammer, Michael Stuhlbarg, Amira Casar, Esther Garrel, Victorie Du Bois, Elena Bucci, Marco Sgrosso, André Aciman, Peter Spears.

Género: Drama.

Sinopsis: Elio Perlman, un joven de 17 años, pasa el cálido y soleado verano de 1983 en la casa de campo de sus padres en el norte de Italia. Se pasa el tiempo holgazaneando, escuchando música, leyendo libros y nadando hasta que un día el nuevo ayudante americano de su padre llega a la gran villa. Oliver es encantador y, como Elio, tiene raíces judías; también es joven, seguro de sí mismo y atractivo. Al principio Elio se muestra algo frío y distante hacia el joven, pero pronto ambos empiezan a salir juntos de excursión y, conforme el verano avanza, la atracción mutua de la pareja se hace más intensa.


[Fuente: Filmaffinity]


A pesar de que no me pongo limites a la hora de ver cine de cualquier nacionalidad, el italiano lo frecuento poco y eso que todos conocemos buenas películas italianas, tanto clásicas como contemporáneas, que son una auténtica maravilla. No olvidemos Cinema Paradiso ni La vida es bella, quedándose en el tintero muchas otras menos conocidas. Aun así, mi acercamiento a Call me by your name es fruto de varias recomendaciones. Inicialmente no era una película por la que sintiera especial atracción pero algunos comentarios entre amigos cinéfilos y saber que está basada en una novela (Llámame por tu nombre de André Aciman, Alfaguara) me colocaron delante de la pantalla. Call me by your name tiene un punto atractivo, una dirección estupenda, una banda sonora sublime y miscelánea pero algún altibajo que le ha restado esplendor.

Tal y como dice la sinopsis, el señor Perlman junto a su esposa Annelle y  su hijo Elio pasan el verano de 1983 en su villa del norte de Italia, lugar al que llega Oliver, un americano de origen judío, alumno residente que ayudará al señor Perlman en su trabajo como arqueólogo. La llegada del extranjero rompe la monotonía del joven Elio, que pasa sus días entre lecturas y música pero sumergido en un profundo hastío. Desde el primer momento, Elio siente curiosidad por Oliver. Las reticencias iniciales del muchacho se van desvaneciendo a medida que el verano avanza, la atracción es cada vez más poderosa y la relación entre ambos se afianza hasta una absoluta entrega. Call me by your name es una película que habla del despertar sexual, de la homosexualidad, de la exploración, del descubrimiento y de la aceptación personal.

Y sin haber leído la sinopsis ni tener la más mínima referencia, bastan unos minutos para intuir de qué tema trata la película. No solamente se abordará el sexo iniciático de un joven sino que se ahonda en las relaciones homosexuales pues la película muestra los primeros pasos del joven Elio hacia la definición de su identidad sexual, refleja la autoexploración, el descubrimiento y la aceptación personal. Todo ello a través de una relación entre un adulto y un joven, circunstancia que inevitablemente te hace pensar en la Lolita de Nabovok. Si duda, el tema es interesante pues el argumento navega en esa delicada situación que vive Elio cuando descubre que realmente es homosexual, el pudor que tal descubrimiento le produce, el deseo que se convierte en una fuerza poderosa cuando ve a Oliver y en los conflictos internos que surgen dentro del muchacho. La guinda del pastel será un desenlace con una confesión inesperada y sorprendente que podría haber cerrado a la perfección la película. Sin embargo, a esta guinda le suceden un par de escenas más que restan dulzura al final. Quizá solo se pretenda hacernos ver que Oliver no es tan distinto al señor Perlman o a todos esos hombres que en 1983 ocultaban su homosexualidad frente a una sociedad con las zarpas en alto. Por suerte, hoy todo ha cambiado mucho.

Call me by your name no es una película de trepidante acción. Aquí tiene mucha más importancia la introspección, el auto-análisis, la indagación del ser y el descubrimiento de uno mismo. Por ello tiene un ritmo lento, tranquilo y sosegado que en algún momento juega una mala pasada. A mi juicio, los hechos se podrían haber compactado algo más, reduciendo el número de silencios y escenas vacías pero la sensación es pasajera. No he sentido hartazgo en ningún momento. 

'¿Es mejor hablar o morir?' Las confesiones veladas llegarán al filo de la hora de metraje, punto de inflexión hacia una relación más intensa donde comienza a doler la indiferencia, la ausencia y los impedimentos frente al deleite de la belleza y la juventud.

Toda la película pivota entre dos personajes. Oliver (Armie Hammer) encarna el perfecto Adonis. Alto, rubio, atlético, tiene un carácter abierto y extrovertido con el que consigue conectar inmediatamente con todo el mundo. Oliver es la novedad en ese lugar recóndito de Italia, es el individuo americano con un estilo de vida distinto a la vieja Europa. Hammer se queda en un punto intermedio entre una interpretación sobresaliente y una insulsa. Tan solo en una secuencia, podemos leer su pensamiento más íntimo, su verdadera preocupación y aunque en el resto del largometraje no emocione, solo por ese instante su trabajo es valioso.

Pero es Elio (Timothée Chalamet) es el que da el campanazo. Elio es un efebo, un doncel, un joven de cuerpo aún por definir que se siente un náufrago durante ese verano. Las chicas deberían interesarle pero solo se acerca a ellas por despecho. Su auténtico deseo despierta junto a Oliver y es a él a quien le hace el mejor regalo de su vida. Oliver solo es él mismo junto a Elio. Nunca más volverá a ser más íntegro ni más fiel a su naturaleza.  De los dos, solo es Elio el que más carne pone en el asador. Su cabeza no deja de girar constantemente antes de su primer encuentro con Oliver. A él lo veremos dudar, asustarse, temer, sufrir a lo largo de toda la película y aunque su interpretación es bastante sincera y creíble a mí me ha faltado una pizca más de emoción, más entripado de corazón. Me hubiera gustado llorar con él, roto de dolor. 

Eso sí, la película consigue que nos llegue el aroma del verano, de esos estíos de una adolescencia en el que todo puede ocurrir pues el tiempo transita despacio. Las cosas más trascendentales de nuestra vida suelen ocurrir en verano ya sea en la playa, en el pueblo de tus abuelos, en las calles desiertas de tu ciudad. Es una época en la que todo parece cobrar más vida y por tanto estamos más receptivos. La primera vez que el corazón nos palpita de un modo especial, el primer deseo, el primer beso, el primer sexo, el primer amor. Todos hemos tenido ese verano en nuestras vidas, un verano que lo trastoca todo y a partir del cual ya no volveremos a ser el mismo. Elio vive su verano en 1983, en el norte de Italia, en la villa de sus padres, junto a Oliver. Un verano lleno de cuerpos que caminan semi desnudos y se refrescan en agradables baños en el lago.

Me gusta mucho la ambientación, los verdes paisajes, la naturaleza en su esplendor que lo rodea todo, la paz y la tranquilidad que en ocasiones solo es alterada por el zumbido de un insecto al volar. La vida es apacible en esta película, con desayunos a la sombra de un árbol y cenas al aire libre en grata compañía. Todo eso crea una atmósfera de sosiego que invita al espectador a adentrarse en las habitaciones de Oliver y Elio para contemplar, como un testigo mudo, el verdadero amor.

La dirección también es fabulosa porque se evita en todo momento lo soez. Las escenas están llenas de sensualidad, rodadas con elegancia y un gusto exquisito, la misma sensualidad que se percibe en esas esculturas griegas que el señor Pelman y Oliver estudian y analizan, cuerpos llenos de curvas, torsos desnudos que incitan al deseo.

La homosexualidad ya se ha llevado al cine más de una vez. Tenemos películas que nos hablan del despertar sexual, la seducción entre un adulto y un adolescente, de la aceptación de la propia identidad pero a mí el tema me sigue pareciendo importante lo que ocurre es que para contar lo que nos cuenta Call me by your name no es necesario dos horas y cuarto de metraje. Creo que es larga, que hubiera sido mucho más efectivo que arrancara veinte minutos antes y se omitieran escenas de transición u otras tantas en las que la pareja, ebria de amor, deambula por las calles de Bérgamo.

En cualquier caso, me parece una película interesante. No estoy muy segura si merece tantos y tantos reconocimientos (hay gente que habla de la película del año 2017) pero sí pienso que es una buena propuesta, que aborda un tema complicado, más aún en 1983, que está bien dirigida y que genera sensaciones agradables. De todos modos, debe de haber funcionado bien pues se habla de secuela para el año 2020. Ya veremos. 

'Llámame por tu nombre y yo te llamaré por el mío', es una de las declaraciones de amor más bonitas que he oído nunca.




Tráiler:







martes, 26 de junio de 2018

ANA ROSENROT: 'Mis novelas más negras las escribo en mis momentos más complicados'

La Feria del Libro de Madrid no solo fue una excusa para reencontrarme con buenos amigos, pasear entre las muchas casetas o comprar algún libro dedicado. También fue el escenario perfecto para conocer en persona a nuevos escritores, autores desconocidos para mí y que, sin embargo, han conseguido impresionarme con sus obras. Este es el caso de Ana Rosenrot, autora de siete novelas, siendo la última de ellas El jardín de las flores negras (Editorial Cims), una historia que me dejó bastante impactada con una trama solvente, bien estructurada y unos personajes muy definidos. 

Dado que tenía previsto viajar a Madrid y la novela me había gustado tanto, acordé con Ana citarnos en el parque del Retiro para, en un lugar tranquilo y sombreado, charlar sobre la novela. Mientras os cuento con detalle mis impresiones sobre El jardín de las flores negras, aquí os dejo la entrevista.


Marisa G.- Ana, un placer conocerte y un placer leer 'El jardín de las flores negras'. ¿Cuántas novelas llevas publicadas? 

Ana R.- Ya van siete. Aunque tengo muchas más esperando el momento porque empecé a escribir desde muy pequeña. En mi casa siempre había libros en los cumpleaños, Reyes, etc… Mi padre era un gran lector y eso me ha influido. Con ocho años ya le enseñaba a mi padre los cuentos (de temática policíaca) y le preguntaba si los llevaríamos a algún sitio para que me los publicaran. Y bueno, al final el sueño se cumplió cuando me publicaron 'Aeternum, que es la primera parte de la Trilogía Aeternum' con una trama policíaca paranormal, con muchos personajes que van madurando a lo largo de los años. 

M.G.- ¿Y todas se pueden encuadrar en el mismo género? 

Ana R.- En general son todas negras, de intriga y misterio aunque la trilogía tiene un toque paranormal. Los tres libros son autoconclusivos pero les une una historia común. Otra de las novelas, 'La hija del sepulturero', es muy especial para mí. La historia comenzó a surgirme cuando iba de visita al cementerio y pensaba en cómo sería la vida allí. Poco a poco la idea fue madurando y años después la presenté a un concurso, pero desde que salió publicada mucha gente se ha enamorado de esta historia casi gótica, como una leyenda de Bécquer. Curiosamente con esta última novela, 'El jardín de las f
lores negras', he sentido algo parecido, una conexión especial, tal vez sea porque también está ambientada en el norte. 'Secretos en Venecia es una historia más policíaca, ambientada en Nueva York y Venecia, especialmente en una isla que me llamó mucho la atención: Poveglia. Una isla maldita a la que llevaban los cadáveres durante una epidemia de peste en la Edad Media y en la que luego se construyó un psiquiátrico. En la siguiente novela, 'Las hadas sin corazón', el argumento es el de un asesino en serie que comete sus crímenes en un pueblo ficticio de la sierra de Madrid, guiándose por un cuento infantil. También tiene muchos personajes, muy reales con sus propias historias. 

En general ese es mi estilo: negro, de misterio e intriga. Me gustan las historias inquietantes. 

M.G.- Publicas tus novelas con Editorial Cims. No la conocía. 

A.R.- Es una editorial de Barcelona, modesta. No tiene los mismos recursos de una gran editorial, pero la distribución es bastante buena. 

M.G.- Para el que no haya leído 'El jardín de las flores negras'. ¿De qué trata y cómo se te ocurre el argumento? 

A.R.- Mis novelas más negras las escribo en mis momentos más complicados. No puedo decirte exactamente cómo empezó la historia, son cosas que van surgiendo: pensamientos, ideas, anécdotas… Quería al mismo tiempo una trama real y por otra que flotara el misterio. El mal como personaje me parecía muy sugerente, sobre todo el mal de las pequeñas cosas, el cotidiano, el de los vecinos, las familias, las envidias, rencillas y venganzas. El norte, Asturias en este caso, siempre me ha llamado mucho la atención y la época me parecía perfecta para encuadrar una historia llena de sombras, silencios y recelos, aunque bastante complicada porque el tema de la guerra civil es siempre difícil de afrontar, pero en el que podía ambientarse muy bien esas pequeñas venganzas y revanchas cotidianas. He escuchado anécdotas de un lado y de otro, todas con su razón y me pareció bueno plantearlo así ya que considero que los dos bandos cometieron las mismas barbaridades. En mi novela he querido dejar claro que una persona puede ser buena o mala independientemente de sus ideas políticas, y más en la guerra civil. Y para muchos, no fue más que una excusa para potenciar y sacar todo lo que llevaban dentro: el odio, los celos, las envidias, las rencillas... En la novela son los propios personajes los que van creando el argumento según su propia personalidad. Aparece un niño deforme que ya es en sí mismo un misterio, como Llara, o como la llave que porta siempre Nieves, la maestra de esta historia. Son sus actitudes y sus reacciones las que dirigen la historia. Creo que lo que atrapa de esta trama es esa capacidad de maldad que todos llevamos dentro. 

M.G.- Efectivamente, la novela tiene todo eso y más. Cuenta con los elementos necesarios para enganchar al lector porque contiene venganza, odio, un montón de secretos que se van sucediendo uno detrás de otro, mucho misterio, hay una casa maldita y unos cuantos malentendidos con terribles consecuencias. Es una bomba de relojería. Lo tiene todo. 

A.R.- Sí (risas). En el fondo son cosas de la vida cotidiana. No son grandes tragedias ni grandes secretos sino cosas que le pueden ocurrir a cualquiera. Pero las pequeñas mentiras, los secretos sencillos y los silencios postergados pueden provocar reacciones catastróficas. 

M.G.- Todo esto se sustenta sobre dos cuestiones de peso. Por un lado, la religión con todo lo que eso conlleva, como la idea del castigo divino, el tormento, la penitencia. Por otro lado, la política porque la novela se desarrolla en un contexto muy convulso. 

A.R.- Quería hacer hincapié en el fanatismo, una cuestión muy negativa tanto en un lado como en otro, tanto en el ámbito de la religión, como en el de la política, o en el que sea. Por eso en la novela aparecen personajes muy extremos aunque también hay otros que nadan entre medias. 

M.G.- Es una novela coral porque aparecen muchísimos personajes, muy trabajados, desde los principales a los más secundarios. Me gustaría saber qué recursos has utilizado para crearlos. 

A.R.- Esto es algo que me comentan mucho y no solo en esta novela sino también en las anteriores. Mis lectores me dicen que los personajes y los ambientes están muy bien definidos. Creo que el hecho de que sea psicóloga me ayuda en la construcción de los personajes. Me gusta mucho observar la conducta del ser humano, la comunicación no verbal, los gestos y los silencios,... lo que me permite crear personajes con sus tics y sus manías, pequeños detalles que definen al personaje. 

M.G.- Leyendo la novela me preguntaba si te habías basado en alguien real para construir algún personaje, como por ejemplo a Clara Gamboa, una chica muy revolucionaria a la que apodan 'Rusia, la roja'. 

A.R.- He escuchado alguna vez en la familia la historia de un hombre muy comunista que llamó a su hija Rusia. Obviamente no la pudieron bautizar así pero en el pueblo se la conocía como Rusi, por Rusia. Aquella historia siempre me ha resultado interesante y por eso la usé en esta novela. Puede que inconscientemente la haya relacionado con Clara Campoamor por el nombre, pero no quería tomar de referencia a nadie real. 

M.G.- Pero esa referencia es puramente anecdótica, ¿no? 

A.R.- Sí. Quería crear un personaje muy fanático y radical pero también muy feminista. Como te digo el fanatismo se ve en ambos lados y no quise cargar las tintas con un bando u otro. En todas partes, hay buenos y malos. 



M.G.- Pablo es uno de los personajes principales, un cura atormentado y con poca fe. 

A.R.- Fe ninguna pero luego, a medida que avanza la trama y conoce a don Toribio, otro cura, las cosas van cambiando. Pablo no tiene vocación ninguna pero también comienza a dudar de sus propias creencias. Pablo es un joven amargado porque su vida ya está decidida. Él no puede hacer nada, cree que se merece el castigo que sufre, lo acepta pensando que es lo mejor y aunque a veces cree que se ha resignado, en el fondo no lo ha hecho, es rebelde y eso se aprecia en algunas actitudes, pero ha aprendido a hacer y a decir lo que se espera de él. Es el personaje más desdichado de la novela, intenta hacer las cosas bien, huyendo de las complicaciones, y sin embargo cae dentro de ellas sin poder remediarlo. 

M.G.- Como personaje principal femenino tenemos a Araceli, una chica de buena familia, caprichosa, engreída,... Es la típica chica que quiere conseguir lo que se propone a toda costa y no le importa llegar al límite. 

A.R.- Así es, al final juega con fuego y se quema. Ella piensa que es muy moderna y muy liberal, pero en el fondo quiere seguir en la seguridad de su hogar y bajo el manto protector de su padre. Realmente es sólo una niña caprichosa que cree que sólo está jugando sin importarle las consecuencias de sus actos porque todo el mundo la protege y la disculpa, incluso su hermana. Fue divertido crear este personaje. Creo que es la única que da un poco de color a la novela. Es prácticamente la antagonista de Nieves, la maestra.

M.G.- Precisamente Nieves es un personaje muy interesante. Tiene una peculiaridad. Se siente atraída por el brillo de las joyas. Parece algo enfermizo. 

A.R.- Es como una urraca, tal vez sea lo único que no puede reprimir. Nieves me parece un personaje que da pena, despierta compasión, pero en el fondo es una mujer fuerte, aunque ella no lo sospecha siquiera. Inicialmente la novela iba a estar más centrada en ella pero se me cruzó el sacerdote por medio. Nieves es tímida, gris,... una persona que pasa desapercibida pero que luego da el campanazo. Muchas veces esto ocurre en la vida real: personas a las que apenas prestamos atención y de las que nunca sospechamos que pueden hacer determinadas cosas. Nieves es el ejemplo claro de la primera frase de la sinopsis: “Nadie sabe de lo que somos capaces, hasta que algo o alguien despierta al monstruo que llevamos dentro” 

M.G.- De todos estos personajes principales, ¿cuál te ha costado más construir? 

A.R.- Creo que Pablo. Era muy complicado que por un lado no tuviera vocación, dudara de sus creencias políticas y terminara ayudando a la Iglesia. Y todo ello con sus propios fantasmas personales y sin perder coherencia, huyendo de Araceli Peláez y manteniéndose en el medio de todo lo que le ocurre, de lo que ve, de lo que se entera y sospecha. Mantiene el tipo durante casi toda la novela, llenando el vaso poco a poco, hasta que rebosa. 

M.G.- De entre los secundarios me gusta muchísimo Munia y doña Encarna, que la odio a muerte. 

A.R.- (Risas) Doña Encarna es un estereotipo, una señora cotilla, beata... Cualquiera puede tener una doña Encarna en su rellano, es la encarnación (valga la redundancia) de una vecina metomentodo, que es inmune a la ironía y a la que no le importa lo que puedan decir de ella. Se cree intachable y defensora de los valores que le han inculcado. Es tan fanática como Clara Gamboa pero en sentido contrario. Es otro de los personajes con los que disfruté mucho. 

M.G.- Doña Munia es una mujer que echa para atrás. 

A.R.- Sí, es una mujer tuerta que siempre está tocando un amuleto del que nunca se separa. Es la más crítica. Me despierta mucha ternura, es muy fuerte, arisca…, intenta ocultar sus sentimientos pero no puede evitar sentir cariño por don Toribio, al que cuida, a pesar de ser de ideas contrarias; incluso termina cogiéndole cariño a Pablo, pero su punto débil es su nieto Xicu. En ella está también reflejada la dualidad de la que hablo en toda la novela: no cree en la religión, pero cree en sus amuletos celtas, odia a los curas, pero que no le toquen a don Toribio… Ella es la que tiene la clave, o la llave, de todos los secretos. Es un personaje fundamental aunque durante toda la novela pasa un poco desapercibida. 

M.G.- En cuanto a Llara, es una joven discapacitada, la sobrina de un sepulturero... ¿Tiene algo que ver este personaje con otra de tus novela? 

A.R.- Era un guiño a 'La hija del sepulturero'. No se parecen mucho aunque las dos tienen un aire misterioso. Es un tipo de personaje que me gusta. Siempre me han atraído esas personalidades que encarnan el misterio, que son etéreas y por eso creo que siempre los incorporo en mis novelas de una manera u otra. O será que lo mismo es una parte de mí. No sabría decirte. 

M.G.- Bueno siempre se dice que los autores vuelcan en sus novelas parte de sí mismos. 

A.R.- Sí, sí,... tanto en lo bueno como en lo malo. 

M.G.- Varios hilos temporales y varias ubicaciones. La trama se desarrolla en Oviedo en 1948 o se adelanta a Madrid en 1936. En Valladolid también trascurre parte del argumento por medio de un diario. A través de este diario juegas un poco al despiste con el lector. 

A.R.- Sí porque no se sabe ni cuándo se escribe, ni por qué, ni quién lo escribe, no quería dar ninguna pista. Creo que verdaderamente ahí estaba el misterio principal. 

M.G.- De hecho yo me equivoqué. Me llevé prácticamente toda la novela pensando que lo escribía un personaje concreto y no. No acerté. Es una novela en la que ocurren muchas cosas a la vez. Digamos que las distintas tramas van construyendo la vida de los personajes de forma paralela. 

A.R.- Sí. No es algo que me haya costado mucho quizá porque lo tenía bastante pensado. Generalmente en mis novelas siempre hago muchas subtramas y con la práctica es algo que no me cuesta demasiado. Es como la vida, uno no vive una sola historia, hay muchas historias entremezcladas que se nos van cruzando. 

M.G.- Casi toda la acción se desarrolla en Oviedo. A pesar de ser una ciudad da la sensación de ser un pequeño núcleo rural, lluvioso y muy vetusta. Me gusta mucho ese pequeño guiño que le haces a 'La Regenta'. 

A.R.- El norte me gusta mucho y se presta mucho al misterio. Los lugares lluviosos, el gris de la piedra y la bruma consiguen ser un escenario perfecto para una historia de suspense. Es como un personaje más. Y la historia está prácticamente centrada en un barrio, por eso es más íntima aunque esté en Oviedo. 

M.G.- Algo que queda muy patente en la novela es que tienes un gran dominio de la cultura astur. La ambientación es muy buena y pareces dominar todo lo relativo a las culturas ancestrales de la época, la mitología e incluso el bable. 

A.R.- Me he tenido que documentar sí, pero de todos modos mis abuelos paternos eran de Asturias y Cantabria. He pasado muchos veranos en Galicia y a mí toda su cultura me atrae mucho, todo lo referente al mundo celta, los símbolos, la mitología. He leído diversos libros sobre estos temas y también me he documentado sobre el bable, las expresiones típicas y los refranes. 

M.G.- ¿Cuánto tiempo te ha costado construir la novela? 

A.R.- Escribirla no mucho pero construirla unos seis meses. Suele ocurrir que te documentas mucho sobre algo y al final solo usas una mínima información, pero... 

M.G.- Pero hay que documentarse bien que luego llegan los lectores puntillosos y os pillan en un renuncio. 

A.R.- Sí, es verdad pero tampoco se trata de hacer un tratado extenso y tedioso. No me gusta aburrir al lector. No hay necesidad de mostrar todo lo que sabes del tema. Es mejor dosificar y ambientar lo justo. 

M.G.- Se repite en la novela una frase como un mantra: 'Los hijos heredan los pecados de los padres'. 

A.R.- Sí, hay personajes que llevan el supuesto pecado de sus padres como si fuera una pesada mochila. Condiciona su vida hasta límites insospechados, incluso su personalidad, sus deseos y propio desarrollo. Es muy triste, pero la incomunicación y los secretos favorecen la mayoría de las desgracias. En esta novela hay personajes que arrastran esas “culpas” que no les pertenecen y creen que deben soportarlas. 

M.G.- El final es fabuloso pero no lo vamos a contar. Casi podría dar pie a una segunda parte, ¿lo habías pensado? 

A.R.- No. Creo que es mejor dejarla así. Me gusta este tipo de desenlaces, no abiertos pero sí con mucho suspense e intriga, dejando al lector recapacitando sobre cómo podría ser el futuro de los personajes. 

M.G.- Sin duda, la intriga está muy presente en la novela. También es muy metafórica incluso desde el título, 'El jardín de las flores negras', que representa ese odio, la venganza, el rencor, la maldad que cada uno tiene dentro. 

A.R.- Todos tenemos luces y sombras, nadie es completamente malo ni bueno... Hay que asumirlo, pero de nosotros depende que esas flores negras inunden o no nuestro jardín, que representa el corazón. 

M.G.- Has estado firmando aquí, en Madrid. ¿Qué tal ha ido? 

A.R.- Muy bien. Es el cuarto año que firmo en la Feria del Libro, es una experiencia muy emocionante, igual que en Sant Jordi. Vino mucha gente porque el libro está gustando mucho, y poder hablar con los lectores y que te comenten lo que les parece es muy gratificante. El primer año estaba muy nerviosa, pero ahora me lo paso muy bien en las firmas o en las charlas con clubs de lectura o institutos. 

M.G.- ¿Y estás escribiendo ahora? 

A.R.- Siempre tengo algo en mente. La siguiente también se desarrollará en el norte pero colindando con el mar, los acantilados... No sé si será la siguiente que salga publicada porque tengo varias acumuladas. Así que ya se verá, eso lo decidirá la editorial.

M.G.- Pues Ana, no te robo más tiempo. Sigamos paseando por la Feria del Libro. Un placer haberte conocido y confío en que muy pronto tus novelas se conviertan en grandes éxitos de ventas.

A.R.- Muchas gracias.

Sé que algunos de los que asomáis por este espacio habéis leído también El jardín de las flores negras. Sinceramente, y esto es algo que no me ocurre con excesiva frecuencia, tengo que deciros que la novela me ha parecido fabulosa. No esperaba encontrarme una historia tan potente, con una ambientación tan buena y unos personajes tan sólidos. Baste como aperitivo estas palabras, porque será a finales de semana cuando os cuente con detalles.




Ficha novela

Editorial: Cims.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 383
Publicación: marzo, 2018
Precio: 18,00€
ISBN 978-84-8411-226-6
Ficha completa aquí.





lunes, 25 de junio de 2018

LA SEGUNDA VARIEDAD de Philip K. Dick



Editorial: Martínez Roca. 
Fecha publicación: 1991 
Precio: 18.70 € (en Iberlibro)

Género: Ciencia Ficción 

Nº Páginas: 477 
Encuadernación: Rústica con solapas. 

ISBN: 97884270114886


Autor


Chicago, (1928-1981). Philip K. Dick comenzó su producción literaria escribiendo pequeñas historias en revistas de ciencia ficción, en las que ya dejó entrever sus obsesiones personales y esbozó la profunda dimensión humana y filosófica que caracterizaría posteriormente al resto de su obra. Sus novelas mostraron siempre una alternancia entre una corriente trascendental y otra puramente humana y terrenal, donde instrumentos del bien y el mal operan bajo la influencia de una deidad superior. Con una prosa escasamente pulida y una fértil imaginación, Philip K. Dick ha escrito algunas de las páginas más importantes y aplaudidas del género de ciencia ficción.


Sinopsis


Reunidos por orden cronológico de escritura, 27 nuevos grandes relatos de uno de los escritores de mayor talla en toda la historia de la ciencia ficción. Segunda entrega de una antología monumental y definitiva, sin precedentes en el mercado editorial, con la que se rinde el más alto homenaje posible al maestro desaparecido.


[Información tomada directamente del ejemplar]
 

Cuando mis gustos literarios comenzaron a perfilarse siendo adolescente, recuerdo que los libros de Isaac Asimov me resultaban atractivos. Todo aquello de otros mundos, especies extraterrestres y un futuro inimaginable despertaba cierto interés en mí, mientras contemplaba los cielos estrellados en las noches de verano. Confieso que nunca he leído nada de su autoría y con los años, mis inclinaciones literarias se han ido decantado por otros derroteros sin que la ciencia ficción se haya convertido en género predilecto, de hecho, me acerco a él de manera más bien colateral y muy esporádicamente. Sin embargo, hoy he querido zambullirme de lleno, hoy quiero hablaros de ciencia ficción y más concretamente de Philip K. Dick, un nombre que ha surgido con inusitada frecuencia en mis conversaciones a lo largo de estos años y recientemente el azar puso en mi camino una de sus novelas cortas, La segunda variedad. Pero antes de hablaros del libro, unas pinceladas sobre el autor.

A los aficionados al género os sonará muchísimo el nombre de Philip K. Dick. Dicen de él que fue uno de los grandes padres de la ciencia ficción, junto con el propio Asimov, Robert A. Heinlein o Arthur C. Clarke, sin embargo el éxito se le resistió. El reconocimiento no le llegó hasta su fallecimiento tras sufrir un derrame cerebral a los 53 años de edad. Fue entonces, dejando atrás más de treinta novelas y más de una centena de cuentos cortos, cuando sus textos comenzaron a llevarse a la gran pantalla.

De la vida de Philip K. Dick sorprende su carácter visionario, así como la desconexión (o conexión, según nuestro nivel de creencia en otros planos y mundos) con la realidad. Parece ser que desde bien joven comenzó a tener sueños recurrentes y visiones extrañas en las que él creía con fe ciega, pero siempre con la inquietud de estar volviéndose loco. Una vez llegó a confesar que tenía dos vidas: la suya propia como escritor y la de un pobre cristiano que estaba perseguido por los romanos en el siglo I d.C. Si aquello era fruto del consumo de drogas o de un problema mental serio nunca llegó a determinarse pues el 2 de marzo de 1982, tras haber sufrido dos derrames cerebrales, fue desconectado de las máquinas que lo mantenían con vida.

Aficionados o no al género, lo cierto es que la sombra 'dickinsiana' ha llegado también a nuestros días en formato de largometraje. Muchas de sus obras se han adaptado al cine, como la aclamada Blade Runner (1982) dirigida por Ridley Scott y basada en su novela ¿Sueñas los androides con ovejas eléctricas?, Minority Report (2002) dirigida por Steven Spielberg y basada en su relato El informe de la minoría o Screamers (Asesinos cibernéticos, 1995) dirigida por Christian Duguay y basada en la historia de la que os hablo hoy. Pero ahora centrémonos en la versión literaria.


En La segunda variedad, la acción se inicia en un futuro del que desconocemos la fecha exacta. Estamos en un mundo apocalíptico, devastado tras una guerra nuclear que prácticamente ha arrasado con la población terrestre, así como con su flora y su fauna. De los países que un día constituyeron la Tierra solo quedan en pie dos potencias: Rusia y Estados Unidos. (No podía ser de otro modo).

En algún punto de lo que antiguamente fue Europa, las tropas norteamericanas vigilan las líneas enemigas desde un búnker bajo tierra. A través de la pantalla de visión, observan como un soldado ruso se acerca temeroso a su objetivo, cuando de repente unas esferas metálicas con girantes cuchillas salen de debajo de las cenizas y se dirigen vertiginosamente hacia el soldado. En cuestión de segundos consiguen escalar por su cuerpo y reducirlo a carne picada. Son las garras, pequeños robots inventados por los americanos que destrozan todo tipo de vida a través de unos garfios incorporados que hacen picadillo todo lo que se pone en su camino. La única manera de librarse de ellas es mediante las tabs, unas bandas metálicas que los americanos llevan en la cintura.

Del soldado ruso solo queda un cilindro metálico que portaba en una mano y en cuyo interior encuentran 'un pedacito de papel de seda cuidadosamente doblado'. Al parecer los rusos quieren negociar la paz con los americanos y citan a un alto mando a una reunión conjunta. El encargado de llevar a cabo la misión será el mayor Hendricks. Tomada la decisión saldrá del búnker en dirección al lugar de encuentro pero en el camino se encontrará con diversos robots, de tamaño y variedades diferentes, creados en las fábricas subterráneas por otros robots. No será el único hallazgo, pues de entre las ruinas de un edificio ve salir a un joven que porta un oso de felpa. Será David y a partir ahí lo que ocurra lo dejo en suspense. Solo te diré que Hendricks no podrá fiarse de nada y mucho menos, de nadie. Mirará a su alrededor y todo le resultará sospecho.


La segunda variedad cuenta con un argumento en el que se producen varios giros menores y uno algo más potente que se intuye levemente.
Esto no le resta interés a la lectura de la que, no solo destaca una trama futurista e ideada en 1953, cuando los avances tecnológicos no eran los de hoy, sino el modo de contar la historia. Contenido y forma son los puntos fuertes de una historia breve que se lee en un par de horas y que cuenta, además, con unos personajes poco perfilados salvo uno de ellos, Tasso, una mujer que, hacia el final adquiere un protagonismo muy relevante.


Lo interesante de este relato es que te hace reflexionar sobre la tecnología y la inteligencia artificial. Si Philip K. Dick resucitara en este siglo sería un hombre feliz y no daría crédito a lo que vieran sus ojos. El hombre ha avanzado mucho en materia de biotecnología, biomecánica, o en cualquier otro tipo de ciencia que ha mejorado nuestra calidad de vida. No hay más que leer las noticias sobre los avances tecnológicos y los inventos que se muestran en las ferias internacionales donde es fácil encontrarse una maleta que camina sola y no se separa de sus dueño, robots que conectan emocionalmente con los humanos o mascotas que se comportan de igual modo que una de carne y hueso pero, ¿cuántas veces se ha explotado en literatura y cine la idea de una rebelión por parte de las máquinas en su deseo de liberarse del yugo humano? En esta misma línea va este cuento que juega con la idea de 'una raza que sucederá al hombre' y el nacimiento de una nueva sociedad.

Hasta aquí, todo lo relativo al contenido. Habría ahora que adentrarse en la forma. Las primeras páginas del libro consiguieron despertar mi curiosidad gracias a la aparición de las garras. La descripción de estos pequeños robots es minuciosa pero a la vez sencilla de tal manera que resulta tremendamente fácil imaginarse cómo son. Cuando nos enfrentamos a una historia de ciencia ficción conviene tener la misma imaginación que el autor pues de otro modo nos resulta más difícil imaginarnos la existencia de mundos distintos al nuestro o formas de vida diferentes. En este caso, unas descripciones eficaces y precisas nos permiten idear en nuestra mente el paisaje en el que trascurre toda la historia. 




Lo mismo ocurre al describir el desarrollo de la guerra nuclear que ha convertido nuestro planeta en ese vertedero de escombros y polvo. El enfrentamiento entre los americanos y los rusos (obviamente estos últimos son los malos de esta película) y que ha durado seis años, requirió la fabricación de una serie de armas como las garras. 'Con un arma como aquella, la guerra no podía prolongarse mucho'. La radioactividad ha acabado con la mayor parte de la población mundial y los pocos que han conseguido sobrevivir muestran un aspecto terrible. De todo ello se hace una descripción justa, sin elaboradas e intricadas explicaciones que solo pueden generar caos en la mente del lector. Es precisamente esa sencillez la que más me ha gustado. No hay que hacer grandes esfuerzos mentales ni tener una imaginación portentosa para saber en qué mundo se mueven los personajes de este cuento. 

Con un inicio inmediato y abundancia en diálogos, La segunda variedad (título que cobra sentido a medida que avancemos en la lectura), es una historia que me ha agradado bastante. Forma parte del segundo volumen de cuentos de Philiph K. Dick publicó con Martínez Roca en España y que además.

Es ciencia ficción pero es una historia bien contada y quizá por eso la he disfrutado mucho más de lo que pensaba. No pretendo ahora embarcarme en lecturas de género pero creo que en la variedad está el gusto y a mí, como sabéis, me gusta cambiar de tercio con frecuencia. Por lo tanto, si eres amante de la ciencia ficción, las obras de este autor parecen ser una opción de calidad y si eres neófito pero te apetece probar, La segunda variedad es una buena alternativa. Quién sabe si algún día no nos arrepentiremos de inventar tanta máquina.







 
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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