Conozco a Antonio Puente Mayor hace muchos años, casi desde el momento en el que se abrieron las puertas este espacio. Conocidísimo en el mundo literario sevillano, Antonio es alma inquieta. Decir que es guía turístico de profesión es quedarse verdaderamente corto porque, cada una de sus pasiones las convierte en su modo de vida. Periodista, locutor de radio, dramaturgo, escritor. Antonio Puente Mayor es un compendio de muchas cosas y todas ellas vinculadas con el mundo de la comunicación, de la cultura, de la literatura y de la divulgación de la lectura. No en balde ha impartido diversos cursos y talleres, ha organizado jornadas literarias, o ha dirigido varios clubes de lectura.
A lo largo de los años ha publicado un significativo número de libros, que van desde la literatura infantil, pasando por los ensayos, las guías turísticas y las novelas. Recientemente ha visto la luz La abadía de hielo, que publica con Roca Editorial, una novela en la que aúna todas esas pasiones que os comento. La abadía de hielo hará viajar al lector por tierras riojanas. Su protagonista, Alba Villén, es guía turística, encargada de acompañar a un singular grupo hasta la abadía de Valvanera, donde se cometerá un crimen. Aislados entre los muros de la abadía, con motivo de un temporal de nieve, los integrantes del grupo tendrán que averiguar quién es el asesino, un juego del que disfrutará el lector.
La semana pasada tuve la oportunidad de conversar con Antonio Puente Mayor. Más allá de los consabidos treinta minutos de interviú, dedicamos casi toda la tarde a charlar de un sinfín de cosas interesantes y curiosas. Pero, ahí va sólo la charla en relación con esta nueva novela.
Marisa G,- Antonio, un placer charlar contigo. Tengo la suerte de poder hablar contigo con frecuencia.
Como sabes, he leído tu novela. La he disfrutado. He intentado averiguar quién es el malo de esta historia y la verdad es que no lo he conseguido. Pero para empezar, te conocemos literariamente, principalmente por tus ensayos y tus novelas históricas. Sin embargo, con La abadía de hielo cambias de género, te adentras en el misterio, al más puro estilo de Agatha Christie. ¿Por qué este cambio y cómo te has sentido moviéndote en estas aguas?
Antonio P.M.- Bueno, pues porque yo quería hacer una novela que combinara muchas de mis pasiones. Por un lado, el mundo del turismo, que es de lo que parte la novela. La guía turística, Alba Villén, me representa a mí, a mis compañeros, a aquella generación que vivimos el turismo de grupos, de turismo de los tour operadores, de los circuitos nacionales. Ella representa a todos los que vivimos en una época dorada del turismo. Quería rememorar una novela sobre aquella época. Le debía un libro a mis compañeros de trabajo y a muchos amigos que he hecho durante más de 23 años de guía. No quería combinar todo eso a través de un ensayo o un libro de anécdotas. No lo veía claro, y se me ocurrió la idea de la novela, que la tenía en la cabeza desde hace muchos años.
Soy un entusiasta de los libros de Agatha Christie desde que era un chaval. Tenía 13 años cuando leí Diez negritos, luego leí a Arthur Conan Doyle, y con ellos me inicié y me enamoré de la lectura.
M.G.- Pero ¿te ha sentido cómodo en este género o te has encontrado con muchas trabas?
A.P.M.- No, me he encontrado comodísimo. De hecho, podría decirte que ha sido de los libros me ha resultado más fácil de escribir, que me ha salido más rápido. Lleva una estructura que he tenido que trabajar durante bastante tiempo para que todas las piezas encajen y, sobre todo, para que todos los personajes tengan un móvil para poder cometer el crimen. Esa ha sido la mayor dificultad y dosificar la información a lo largo de la novela. Que el lector fuera conociendo a los personajes, fuera haciendo el viaje con ellos y, al mismo tiempo, tratara de averiguar quién es el asesino. Pero luego, el viaje que hacen, para mí ha sido muy fácil porque me lo sé de memoria. Lo he realizado infinidad de veces, durante más de veinte años. Los lugares que describo en la novela los tengo en mi cabeza, no me hace falta ni ver fotos. Me conozco los aromas, las comidas, y todos los sitios que describo
Además, ha sido muy bonito hacer un homenaje a amigos de allí. En la novela aparecen recepcionistas de hotel, camareros, párrocos de los pueblos de allí, la gente del monasterio. Todas esas personas son, como digo, casi parte de mi familia. Los he visto crecer, casarse, tener hijos,... Ha sido muy emocionante poder volcar todo eso en la novela.
M.G.- La abadía de hielo narra un crimen cometido en el interior de una abadía, de la que luego hablaremos, y de donde es imposible escapar porque hay un temporal de nieve. Esta novela se clasifica en lo que se llama el whodunit, quién ha cometido el crimen, pero también se le aplica la etiqueta de travel mistery, algo de lo que jamás había oído hablar.
A.P.M.- Sí, que a mí me conste, es un género que no se ha trabajado nunca en España, o si se ha trabajado, ha sido de manera más circunstancial o transversal. El travel mistery es un género que se desarrolla en el mundo anglosajón. Agatha Christie ya lo usaba en varias de sus novelas, como Muerte en el Nilo o Asesinato en el Oriente Express. Pero yo he querido traerme este género a España porque veía que no había nada parecido en nuestro país, un crimen dentro de un circuito turístico, en el que todos fueran viajeros. Creo que el resultado ha sido muy positivo. A la gente le ha gustado muchísimo y todos los mensajes que estoy recibiendo de la gente me dicen que han disfrutado, no solo con la resolución del crimen, sino con el viaje en sí.
Uno de los mensajes que más me ha emocionado es el de una persona de La Rioja, a la que no conozco de nada y que me dijo que había disfrutado mucho no sólo porque la trama ocurriera en su tierra, sino porque había aprendido muchas cosas de la propia Rioja. Como guía turístico, he investigado mucho para contarles a mis turistas, como leyendas, curiosidades históricas, detalles de los paisajes por donde vamos, datos que la propia gente de La Rioja no conoce. Creo que el travel mistery es un género que tiene bastante recorrido en España, siendo como es nuestro país, tan turístico. Pienso que he abierto un camino, y me gustaría que hubiera una continuación. Estoy trabajando en una posible saga, basada en los viajes de Alba Villén. Esperamos que a la gente le siga gustando.
M.G.- Es verdad lo que comentas. Cuando leemos una novela que transcurre en nuestra propia ciudad, aprendemos mucho. Creo que sabemos menos de nuestra propia ciudad que la gente que viene de fuera.
A.P.M.- Totalmente. Lo ampliaría a España en general porque, de nuestra localidad, pues conocemos menos los monumentos que de otros lugares a los que has ido de vacaciones o de viaje. En líneas generales, España es una gran desconocida para los propios españoles.
He publicado tres guías de viaje de España. Por ejemplo, en un libro que publiqué con Planeta, hablo de lugares de Cataluña que los propios editores de Barcelona no conocían. Me quedé muy sorprendido cuando me dijeron que de los 100 lugares que se recogían en el libro, no conocían ni la tercera parte. Es algo que me sorprende mucho, porque tenemos un país maravilloso. No hace falta salir de nuestras fronteras para poder disfrutar. En mi libro, La vuelta al mundo sin salir de España, donde comparo cincuenta y dos lugares con cincuenta y dos países, aparecen playas maravillosas, cuevas, yacimientos arqueológicos,... Muchas veces vamos al Caribe buscando playas exóticas o buscamos castillos impresionantes con fantasmas y, sin embargo, tenemos la provincia de Guadalajara, lugares subterráneos, o lugares submarinos en Las Canarias,... Tenemos absolutamente de todo y es una pena que no conozcamos más y disfrutemos más de nuestro propio país. Pongo en valor viajar fuera, al extranjero, pero pienso que hay que descubrir más nuestras ciudades y nuestros pueblos, en los que hay muchos tesoros.
M.G.- Total. Hemos hablado de Agatha Christie, pero, ¿qué le debe la literatura de misterio a Agatha Christie? ¿Podríamos decir que Agatha Christie es la pionera en literatura de misterio?
A.P.M.- No fue la primera que hizo novela policíaca, pero sí fue la que la popularizó. De eso no tengo ninguna duda. Hubo intentos anteriores, pero está claro que la edad dorada de la novela policíaca clásica llega a partir de los años 30, de los años 40, que es cuando ella empieza a publicar estas novelas. Ella triunfa con El asesinato de Roger Acroy, que es una novela que rompe los esquemas de la literatura policíaca. A partir de ahí, va a crear un género con el que consigue que mucha gente que no leía, se acerque a la lectura o al mundo de la literatura, y eso tiene muchísimo valor.
Hay escritores, como Agatha Christie, a los que admiro, porque tienen la capacidad de hacer que, gente que tiene otras aficiones y no se acercan a los libros, empiecen a leer. A mí eso me parece increíble. Ella tuvo ese poder de convocatoria como en España puede tenerla Arturo Pérez-Reverte, al que siempre he respetado. Su capitán Alatriste podría tener un equivalente a Hercules Poirot, en la literatura inglesa.
Agatha Christie tuvo una vida apasionante, una mujer adelantada a su tiempo que siempre me ha fascinado. He seguido sus pasos. He estado en Inglaterra, he estado en Tenerife, en Puerto de la Cruz, donde se alojó después de divorciarse. Allí hay una escalinata dedicada a ella, con los nombres de sus novelas. La ratonera y Diez negritos las he montado en teatro, y tenía muchas ganas de escribir una novela que siguiera las pautas de sus libros, pero adaptada al siglo XXI.
M.G.- La novela transcurre en 2003 y de eso hablaremos más tarde. Pero centrándonos en una de las protagonistas, en Alba Villén, la guía turística. Teniendo en cuenta que esta novela está muy vinculada con tu carrera profesional, que llevas ejerciendo durante más de veinte años, imagino que esta novela tendrá muchos puntos autobiográficos. Y luego, me surge la duda de, si tiene estos elementos autobiográficos, por qué optar por una protagonista mujer y no hombre. Meterte en la voz de una persona de otro género será más complicado.
A.P.M.- Sí, la novela tiene tintes autobiográficos, aunque no todo lo que hace Alba Villén lo he hecho yo. De todos modos, sí que muchas de mis experiencias las vive ella, como esos nervios de la primeriza, el hecho de que sea su primer trabajo, sus veinticinco años, y que la acción transcurriera en 2003, cuando España era tan distinta a como es hoy. Eran años de turismo analógico. No había GPS sino que usábamos mapas de carretera y los teléfonos móviles eran muy primarios. El año 2003 es importante porque fue el año en el que yo empecé como guía turístico.
Alba bebe de mí. Elegí que fuese una mujer porque es una profesión muy femenina, en la que hay muchísimas mujeres. En mi grupo de guías, con una plantilla de veinte personas, la mayoría eran mujeres y he aprendido mucho de ellas. Ser mujer en esta profesión suponía todavía más dificultad que ser hombre. Es una profesión muy solitaria, en la que tienes que estar muchos días fuera de casa, y que te dificulta mucho conciliar. He visto cómo muchas de mis compañeras, cuando decidieron formar una familia, tuvieron que abandonar la profesión y las que no lo hicieron, tuvieron dificultades graves, dejando a sus bebés en casa con sus maridos, lo que implicaba que las criticaran o que tuvieran problemas. Quería ponerme en la piel de una chica que empieza su carrera, con esos primeros miedos y esas primeras dificultades, a las que se suma el hecho de ser mujer. Además, Alba tiene una relación amorosa complicada y ahí lo dejamos.
M.G.- Sí. Bueno, me lo he pasado muy bien leyendo esta novela, y no sólo por el misterio sino porque ocurren muchas cosas insólitas entre el grupo de viajeros. Hay muchas trifulcas entre ellos. ¿Esto suele ser así? ¿Qué es lo más rocambolesco que te ha ocurrido como guía turístico?
A.P.M.- He intentado condensar en un único viaje anécdotas de diez o doce viajes. Evidentemente, no todo esto ocurre en un solo viaje, sino que he cogido algo de aquí, otra cosa de allá, pero todo, todo, salvo el crimen, es real. Todo nos ha pasado. El que lea la novela sabrá que tuvimos un choque con el autobús en una calle de Logroño, o que el autobús se quedará aislado, sin nevada y sin crimen, claro. Todos los detalles, todas las anécdotas, todo lo que ocurre entre los pasajeros, con escenas un poco subidas de tono,... Todo eso ha ocurrido. Siempre digo que es una profesión que despierta muchas pasiones porque estás de vacaciones, desconectas durante una semana y en esas circunstancias, la gente hace cosas que no se plantea hacer en su día a día. Trabajo en algo donde la gente es feliz pero los roces son inevitables o hay gente que no cuadra con el tono del grupo. Todo esto, para una novela, era un material muy potente.
M.G.- Algunos de los personajes están basados en personas reales pero, ¿fácilmente identificables? ¿Ellos se pueden llegar a reconocer?
A.P.M.- Creo que, en algunas facetas, sí. Hay personajes que están calcados de la realidad. Algunos de mis compañeros tienen hasta miedo. En la presentación me preguntaban si aparecían en la novela, si eran el asesino,... (Ríe). Me han escrito muchos conductores de autobús y eso me ha emocionado mucho porque me han dicho que la novela les ha tocado la fibra, que se les han saltado las lágrimas, porque hemos hecho juntos ese viaje y saben que todo lo que cuento es real. Es bonito que los compañeros se vean pero no es un reflejo directo. He cogido una pieza de una persona, otra de otro compañero,... Por ejemplo, el físico de Alba, con esa cicatriz en el brazo, corresponde a una compañera que conocí en aquella época. Hay una serie de detalles que, cuando mis compañeros los lean, les va a gustar y a emocionar. Es algo que estoy viviendo todos los días porque estoy recibiendo mensajes de toda España.
Y otra cosa muy especial es que me han escrito los caballeros de Valvanera, una de las instituciones más antiguas que hay en La Rioja. Grandes personalidades de La Rioja están vinculadas a la virgen de Valvanera, la patrona. La abadía donde ocurren los hechos en la novela, la abadía de Valvanera, está a mil metros de altura y estos caballeros me escribieron, contándome que habían leído la novela con cierto recelo, por si contaba algo que no debía contar pero están muy contentos porque había dejado en muy buen lugar a la abadía, a la virgen de Valvanera y a todo lo que ella representa. La virgen de Valvanera va mucho más allá de lo religioso.
Este es un lugar que, paradójicamente, no es muy conocido fuera de allí. Para mí, Valvanera es muy especial. He visitado lugares religiosos en muchos puntos del mundo pero el misterio gira alrededor de Valvanera y su virgen, me parece una cosa muy bonita.
M.G.- Entre los personajes tenemos a una enfermera, a un empresario, a un profesor, a una telefonista. ¿Qué criterios sigues a la hora de elegir a uno u otro?
A.P.M.- Sobre todo que hubiera variedad. Quería que hubiera diferentes profesiones, diferentes estratos sociales y también diferentes procedencias. Creo que esto le aportaba riqueza al libro y también reflejaba la realidad. He tenido la suerte de que, en estos veintitrés años de carrera he llevado a gente de todos los lugares de España, incluso de Hispanoamérica. El hecho de elegir diferentes profesionales te aportaba juego a la hora de recelar de los personajes. Tenemos un profesor universitario, como has dicho, a una enfermera, a una señora mayor de Cádiz, que viaja con su nieto..., que me recuerda al primer viaje que hice con mi abuela. Rosario se inspira en mi abuela, en esa gracia que tenía, echada para delante, de edad pero de espíritu joven. Mi abuela está presente en esta novela.
Y luego hay un locutor de radio, otra de mis pasiones y el mundo del teatro, soy dramaturgo, director de teatro y fui actor durante muchos años. En la novela están recogidos todos los ambientes en los que me he movido.
Por supuesto, está el monasterio y sus monjes, personajes que existieron.
M.G.- A mí me han entrado muchas ganas de visitar la abadía, después de leerte. Entiendo que es un lugar visitable. Pero te escuché decir en la presentación que ya no hay monjes benedictinos como sí vemos en la novela.
A.P.M.- En la abadía, durante más de mil años, ha habido monjes benedictinos. Estaban ligados a Montserrat. Cuando yo empecé a ir, conocí a una comunidad que cada vez se iba mermando más. Eran personas muy mayores. Hubo un momento en el que la orden se reforzó con monjes venidos de Hispanoamérica, especialmente de Panamá, pero llegó un día en que el número era tan insuficiente que tomaron la decisión de abandonar Valvanera. Eso supuso un shock en La Rioja. No se conocía la abadía sin los monjes benedictinos. Entonces, el arzobispado se puso manos a la obra y consiguió que otra orden, el Verbo Encarnado, se interesara, procedente de Argentina. Es una orden joven, de los años 80 y han hecho una labor excepcional porque son muy jóvenes y tienen muchas ganas de trabajar.
La abadía está abierta, casi todo el día, fundamentalmente las puertas de la iglesia, y se puede visitar el camarín de la virgen, se puede subir y verla. También hay un museo dedicado a la historia del monasterio, un claustro que en la novela lo vamos a ver en obras porque así estaba en 2003.
M.G.- Lo hemos comentado antes. Que la novela transcurra en 2003 es algo necesario porque no existían móviles, no había tanta posibilidad de comunicación como hoy día y eso provoca que el aislamiento sea aún mayor.
A.P.M.- Se trataba de eso. Me tenía que ir a un año así porque contribuía a construir atmósferas que son totalmente reales. No he llegado a visitar la abadía con nieve pero sí días antes de importantes nevadas, y me informé de cómo vivían cuando las carreteras quedaban cortadas. Me hablaron de las máquinas quitanieves de Logroño y del punto de meteorología de La Rioja que está situado en el propio monasterio. Diariamente, un monje avisa a la Agencia Estatal de Meteorología para darle información sobre la temperatura exacta.
M.G.- Durante la presentación dijiste una cosa con la que estoy totalmente de acuerdo. Las novelas, si son entretenidas, bien pero si además de entretenidas te enseñan algo, muchísimo mejor, entonces. Y eso se cumple en esta novela. Ya te digo que me han entrado muchas ganas de visitar Valvanera. Conozco parte de La Rioja pero la abadía no. Y esta novela permite viajar al lector sin levantarse de su asiento y esa es una forma de viajar, preciosa.
A.P.M.- Sin duda. Siempre intento que mis libros entretengan pero también enseñan algo. En este sentido, estoy recibiendo comentarios maravillosos de gente de todos los niveles culturales, desde estudiantes universitarios, amas de casa,... Hace poco recibí un mensaje de una catedrática de la Universidad de Sevilla en el que me comentaba que, aunque conocía parte de La Rioja, como tú, le he descubierto rincones que desconocía.
Fíjate que Valvanera, curiosamente, es un punto que no suele estar en los itinerarios turísticos. Todo el mundo visita San Millán de la Cogolla, con el monasterio de Yuso, patrimonio de la humanidad por la Unesco. Los monjes de Valvanera siempre me decían que todo el dinero y todas las ayudas iban a parar a Yuso y a Valvanera nunca les tocaba nada, que allí sólo iban los romeros pero no los turistas. Por eso, cuando llegábamos nosotros con un grupo de viajeros nos daban las gracias. Tuve la suerte que una empresa sevillana, de mi barrio de Triana, Triana Viajes y Puente Club Tour Operador, apostara por Valvanera, desde el principio, cuando nadie lo hacía. Gracias a esta apuesta, hemos ido una y otra vez, hemos abierto camino y ahora son muchas las empresas turísticas las que visitan Valvanera.
M.G.- ¿Tú aprendes algo nuevo cada vez que visitas La Rioja?
A.P.M.- Siempre, Marisa, porque, no solamente voy a los monumentos, sino que tengo conversaciones maravillosas con los riojanos.
Hace dos semanas, me escribió la hija de David Moreno, una institución en La Rioja. Es uno de los bodegueros más famosos y más importantes. Creó la primera bodega enoturística de La Rioja, la primera bodega que se abrió al turismo. El mundo bodeguero es antiquísimo. En La Rioja se hace vino desde el siglo XIX y se creó la denominación de origen. Pero no fue hasta el siglo XX, cuando David Moreno pensó en hacer una bodega abierta al turismo, para hacer catas. Tuve la suerte de conocerlo, de conocer a sus hijas, y que ellas me escribieran y me dijeran que les había emocionado mucho que mencionara a su padre en la novela, y que hablara de todo ese mundo o de Badarán, un pueblo muy pequeñito, que tiene un lema maravilloso: "Badarán, vino, chorizo y pan". Esa es la triada del pueblo, las tres cosas que disfrutan mis clientes cuando los llevo.
La gente de La Rioja es maravillosa. Si no viviera en Andalucía, sin lugar a dudas, elegiría La Rioja. La gente es cálida, acogedora y, sobre todo, sencilla. Son gente muy humilde, gente que pueden haber hecho grandísimas fortunas en los años 80 con el tema del vino, que poseen varias bodegas, pero siguen viviendo en sus pisos, junto a gente obrera. A mí es algo que me sorprende y que no he visto en ningún rincón del mundo.
M.G.- Hablemos de la estructura de la novela. No es una narración lineal en la que juegas con el presente y con un pasado reciente. Vas contando lo que ocurre en el presente de la novela pero, alternativamente, nos retrotraemos a los dos o tres días previos a la llegada a la abadía. ¿Por qué?
A.P.M.- La aplicación es muy sencilla. Si hubiera escrito el libro de manera lineal, hubiera sido un viaje aburrido. Si no planteo el crimen hasta el penúltimo día, todo lo demás no dejaría de ser nada más que un tour turístico, atractivo desde el punto de vista pedagógico, pero sin tensión. Lo ideal era mostrar el crimen en las primeras páginas del libro e ir luego reconstruyendo las horas previas al crimen.
Esta novela bebe mucho del mundo de la televisión y de las películas. Ahora mismo, el mundo de la literatura vive un momento muy complejo, de mucha evolución. Todos los thrillers, todas las novelas de misterio y suspense beben mucho del ritmo cinematográfico y de las series. Por eso yo he planteado la novela con capítulos cortos, con ese cliffhanger típico, que te deja con ganas de seguir leyendo un capítulo más. Si coloco el crimen al final, hubiera sido muy tedioso para el lector y se hubieran encontrado con una resolución muy rápida.
M.G.- Tienes razón. Y antes has comentado de pasada que probablemente veamos a Alba Villén en más aventuras. ¿Esto se puede confirmar?
A.P.M.- Sí. Hay una segunda novela en preparación. Me queda todavía el ok del editor y del comité de Penguin Random House, una gente que trabaja de manera excepcional. He tenido la suerte de empezar desde abajo y conocer todas las facetas de la creación de un libro. Empecé con un sello casi familiar, con mi mujer, tuvimos un libro que llevó a ser finalista del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, que para nosotros fue una sorpresa alucinante. Mis libros están en los cinco continentes, sobre todo los infantiles, algo dificilísimo. El hecho de ir poco a poco, conociendo el mundo del libro, pasar de una editorial más pequeña, a una andaluza, luego a La esfera de los libros, a Planeta, y ahora estar en Penguin Random House, que era el sueño de mi vida, la verdad es que ha superado todas mis expectativas.
Cuando estudiaba filología, escribía poesía, teatro, pero me decía que jamás escribiría novela porque era algo muy difícil Veía la novela como algo inalcanzable y los novelistas me parecían gente muy consagrada a la novela durante años. Pero he tenido la suerte de ir poco a poco, seguí los consejos de mis profesores, empecé con el relato corto, gané varios premios que me dieron confianza y autoestima, de ahí pasé a la novela juvenil, y cuando vas creciendo poquito a poco te vas asentando. Llegar ahora a Penguin Random House es como jugar de juvenil en un equipo regional a pasar a jugar en la Champions League. Creo que, ahora mismo, estoy un momento que, por edad, por profesionalidad y por preparación, es el más adecuado.
M.G.- Como última pregunta. Sabemos lo que tiene que tener una novela y un escritor para complacer al lector pero, ¿qué tiene que tener un guía turístico para no aburrir a los viajeros?
A.P.M.- Sobre todo, seguridad. Puedes ser muy simpático, ser muy culto, tener mucho conocimiento, pero la persona que va a un viaje, y te lo digo por mi experiencia de tantísimos años, va nerviosa, con la tensión de no saber qué va a pasar o por dónde los vas a llevar. A pesar de los móviles, todo es incertidumbre por eso es importante que cuando el viajero llegue al punto de encuentro vea que el guía tiene seguridad y confianza en sí mismo.
Recientemente he dado un curso en la Universidad Pablo de Olavide, sobre guías turísticos, y a mis alumnos les he dicho que los primeros diez minutos son claves. Tienes que ser simpático, mostrar seguridad, no tener dudas, responder a todo y estar concentrado.
M.G.- Antonio, un placer hablar contigo. He disfrutado mucho leyendo la novela, me lo he pasado muy bien. Me apunto volver a La Rioja y te agradezco mucho que me hayas atendido.
A.P.M.- A ti, muchas gracias.
Sinopsis: Alba Villén, una joven guía turística, se enfrenta a su primer viaje en grupo por La Rioja. Tras recorrer Logroño y otros enclaves llenos de encanto, una tormenta inesperada los obliga a refugiarse en el monasterio de Valvanera, en plena sierra de la Demanda. Aislados, incomunicados y rodeados de silencio, lo que parecía un lugar seguro pronto se convierte en una pesadilla cuando uno de los turistas aparece muerto.
¿Será capaz Alba de descubrir la verdad antes de que la nieve lo cubra todo?
La abadía de hielo es un travel mistery adictivo, lleno de giros y atmósferas inquietantes, donde el placer del viaje se mezcla con el lado más oscuro del ser humano.



No hay comentarios:
Publicar un comentario