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jueves, 13 de marzo de 2025

IBON MARTIN: ❝Alma negra es un libro que cierra una tetralogía perfecta y redonda❞

La gripe A me tumbó. La pillé días después de mi encuentro con Ibon Martín en Sevilla y me ha tenido fuera de combate dos semanas y, luego, una semana más con secuelas varias. Todavía me perdura la tos pero, al menos, he dejado de arrastrar mi cuerpo. Por eso esta entrevista ve la luz tan tarde, aunque, como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. Y esta dicha es buenísima.

Ibon llegó a Sevilla una tarde de cielo gris y fina lluvia para promocionar su última novela, Alma negra. Se trata de la cuarta entrega del universo capitaneado por Ane Cestero y su equipo. Vuelve Martín a llevarnos de la mano hacia el País Vasco, para mostrarnos un paisaje abrupto y herido como son los Montes de Hierro, a unos veinte minutos de Bilbao. Se trata de una tierra llena de leyendas y mitos que también tendrán su protagonismo en la novela. Como siempre, el lector se topará de bruces con un cadáver pero esta novela tiene mucho más. Os dejo con nuestra conversación.

Marisa G.- Ibon, un placer tenerte en Sevilla y volverte a ver. Creo que nos vimos con la anterior, con La danza de los tulipanes [En realidad, fue con La hora de las gaviotas]. Con la última no te vi o no coincidimos.

Ibon M.- Con El ladrón de rostros tenía que haber aterrizado en Sevilla pero mi avión no pudo aterrizar por la niebla y se canceló el viaje.

M.G.- Ah. Entonces no pisaste tierra.

I.M.- Pisé tierra pero no tierra sevillana. 

M.G.- Entiendo. Bueno, cuarta y última entrega de la saga de Ane Cestero. Me consta que te ha caído regañina que mucha gente que sigue la saga te lo ha preguntado. ¿Por qué cerrar la saga? ¿Te has cansado del personaje?

I.M.- No, no, no me he cansado y no quiero cansarme tampoco. Mira, soy muy lector y también me gusta mucho consumir series de televisión, y siempre me queda la sensación de que, tanto mis colegas escritores que escriben sagas como las series, pecan de querer estirar demasiado las situaciones y los personajes. No quiero que me pase eso. Desde el primer momento me planteé que, como mucho, haría cuatro novelas e igual menos. Finalmente han sido cuatro y me da mucha pena acabar porque Ane Cestero y Julia tienen todavía recorrido pero creo que es mejor así.

M.G.- A mí me parece un planteamiento inteligente porque es verdad lo que comentas que, a veces, se intentar estirar demasiado el chicle y creo que, al final, el producto que resulta es de peor calidad que aquel del principio.

I.M.- Sin ninguna duda. Es lo que pasa siempre que llega un punto en el que tienes la sensación de que se están repitiendo y yo no quería que me pasara algo así. 

Creo que Alma negra es un buen cierre. Se puede leer de manera independiente aunque es verdad que da respuesta a algunas de las preguntas, a nivel personal, que tenían los lectores de estos personajes. En Alma negra se da respuesta a todas ellas y creo que es el momento de decir ya. Alma negra es un libro que cierra una tetralogía perfecta y redonda. Dejémoslo ahí. Ahora no sé qué vendrá. 

M.G.- Te he escuchado decir que el 1 de marzo te tienes que sentar a escribir.

I.M.- Sí. Me tengo que sentar a escribir porque me gustaría que, como mucho, tener libro nuevo en dos años. Eso supone empezar a escribir y a pensar. No te voy a negar que voy pensando ya. De hecho, mi idea es que, en cuanto tenga un rato libre, aquí por Sevilla, darme un paseo por la orilla del Guadalquivir y pensar. No buscando localizaciones porque lo que sí sé seguro es que la novela nueva estará situada en el País Vasco y será un thriller pero, para mí, la mejor manera de pensar es caminar con una libreta y un boli en la mano. Así es como me surgen todas las historias.

M.G.- Alma negra es el título de esta nueva novela. Nos propones una trama doble. Por un lado, el lector va a ser testigo de la investigación de la muerte de Teresa Echegaray, que es una empresaria que quiere impulsar la reapertura de unas minas de hierro. Por otro lado, vamos a tener un caso mucho más personal que atañe a Julia. Y claro, ese caso de Julia nos lleva acompañando un cierto tiempo. Me refiero a la trama de los bebés robados, de la que se ha escrito y dicho mucho pero tengo la sensación de que todavía hay mucho que desvelar sobre esta cuestión.

I.M.- Sí, bueno, sobre el tema de los bebés robados, creo que conocemos una mínima parte. En el momento en que me puse a documentarme para esta novela sabía que en Bizkaia había existido uno de los puntos importantes de robos de bebés a nivel de toda España pero la cosa iba mucho más allá de lo que yo creía en un principio. Había estamentos muy importantes dentro de esa trama, gente importante del poder social, económico o judicial. No es algo que se quedara en un convento y en un par de ginecólogos que practicaban mal su trabajo, sino que iba bastante más allá. De algún modo quería que todo eso estuviera en Alma negra.


[Si prefieres oír nuestra conversación, clic al video]


M.G.- Y en esta novela también tocas la industria de la minería, la reapertura de una mina. Ahora estamos viendo que muchas minas que estaban cerradas se van a volver a abrir. Un tema polémico porque tiene muchos  pros y muchos contras.

I.M.- Claro que tiene pros y contras. En su día, cuando las minas estuvieron abiertas, generaron dinero, pero fue un dinero que costaba mucho sudor y mucha sangre, porque al final las minas pues traen también contaminación, trabajos precarios, accidentes,... A día de hoy, cuando se pretende reabrir una mina no es tan fácil como en el pasado. Antes llegabas, abrías una mina y nadie venía a enfrentarse pero ahora, ya vemos la contestación que hay en todos los pueblo en los que se quiere reabrir una mina. Hay gente a favor y gente en contra. Es lo que ocurre en los Montes de Hierro, en Bizkaia. El hierro vuelve a ser rentable y se pretende reabrir la mina pero la gente que vive ahí, en esos montes, no quiere volver a oír hablar de la mina. Es un tiempo que dan por cerrado y no lo recuerdan con especial cariño. Así que, en la novela, la promotora de esa reapertura va a morir asesinada. La investigación nos va a llevar de lleno a ese territorio minero y vamos a descubrir todos sus secretos.

M.G.- Entiendo que, tras la muerte de Teresa Echegaray, habrá viejas rencillas.

I.M.- Tras la muerte de Teresa vamos a ver que hay muchos posibles sospechosos y sí, nos vamos a encontrar muchas rencillas, tanto viejas como actuales. Son rencillas que surgen a partir de que alguien de clase alta, y que vive en la margen derecho del Nervión, donde viven los grandes empresarios vascos, pretende reabrir una mina en la margen izquierda que es la parte donde vive la mano de obra. Nos vamos a encontrar esa nueva rencilla pero también rencillas heredadas del pasado que surgieron precisamente por la mala gestión que se hizo de la mina en los últimos tiempos y que llevó a mucha gente de la zona a odiar a los propietarios de la mina.

M.G.- Y como novedad, vamos a tener a una Ane Cestero que ha colgado el hábito. Ha tenido que entregar arma y placa porque está suspendida de empleo y sueldo. Ahora regenta un tostadero de café. ¿Cómo encaja en su nueva situación, alejada del mundo policial? 

I.M.- Ane Cestero es la gran protagonista de la serie. Tenemos también a Julia y a otros personajes con mucha fuerza pero Ane Cestero es la gran protagonista que ha sabido rehacer, en cierto modo, su vida. Ella es una policía vocacional al 100% pero ha tenido un problema con Asuntos Internos por haber disparado a un sospechoso. Eso se ha traducido en una suspensión por eso ha montado un tostadero de café y lo lleva bien pero se da cuenta de que echa de menos su trabajo. 

Julia le va a pedir ayuda para intentar desvelar una serie de preguntas que han surgido en relación a su madre biológica. Julia es una niña roba y Ane, por ayudarla, va a estar a punto de perder la vida. La vamos a ver enfrentándose a una investigación sin ser policía, sin pistola, sin placa y sin ninguna facilidad.

M.G.- ¿Por qué lo del tostadero de café? A una tía así de dura le pegaba más un bar de copas o algo así.

I.M.- Es cierto, pero me gustaba la idea de jugar con eso. En todas las novelas previas hemos visto a Ane consumiendo mucho café. Ella necesita mucha cafeína. Por eso me gustaba la idea. Ane se ha retirado a un pequeño pueblo de interior, entre las montañas, va a vivir con su novio pastor y la vamos a ver tostando café en el garaje. De repente, ha adoptado una vida mucho más monacal de lo que en apariencia le pega. Me gustaba jugar con ese contraste y creo que, en cierto modo, le va bien haber cambiado la costa por la montaña, le va bien haberse echado un novio y estar ahí, tostando café pero bueno, enseguida se lo van a poner difícil.

M.G.-  Pero esto de tostar café... ¿Qué sabías del tema? Habrás tenido que estudiar sobre el tema.

I.M.- Sí, claro. Detrás de una novela siempre hay mucha documentación. Y la documentación. En este caso, he tenido que visitar un tostadero que tengo cerca de casa. Les conté lo que quería hacer y me pasé una mañana allí con ellos, viendo cómo lo hacían y alucinando del olor maravilloso a café tostado y sin tostar. Aprendí todo tipo de terminología para poder llevarla a la novela. 

M.G.- Comentas que Cestero es la gran protagonista de la novela, pero quizá, en este caso, ¿no le cede un poco de protagonismo a Julia? Porque en el caso de la muerte de Echegaray será Julia la que lleve la voz cantante.

I.M.- Es verdad que en esta novela Julia cree muchísimo como personaje. El lector va a empatizar mucho con ella porque va a pasar momentos realmente malos. Vamos a ver a una Julia mucho más vulnerable de lo habitual, padeciendo ataques de ansiedad con los que creo que muchos lectores se van a sentir identificados porque es el pan nuestro de cada día.

M.G.- ¿Y de qué manera va a influir esa faceta personal a la hora de enfrentarse al caso de la investigación criminal?

I.M.-  Es verdad que la vamos a ver muchas veces descentrada, asustada y vulnerable pero creo que lo que más aporta Julia a esta novela es la humanidad. Julia siempre ha sido el personaje más humano de mis novelas pero ahora la vamos a ver mucho más cercana. Vamos a sentir mucha empatía y nos vamos a ver muy identificados con ella.

M.G.- Entre Ane y Julia vamos a ver una relación basada en un término que usamos mucho ahora, la sororidad. ¿El resto del equipo sigue igual de compacto?

I.M.- Sí. Es un equipo envidiable. Tienen muy buen rollo entre ellos pero claro, no todo es perfecto. Les van a poner todo tipo de trabas porque hay policías que se quieren quedar con una investigación tan mediática como la de Teresa Echegaray y están decididos a hacer lo que haga falta para arrebatarles la investigación. Así que, por un lado, vamos a encontrarnos con la unión que existe entre los miembros del a UHI pero, por otro lado, veremos los ataques que sufren desde fuera de la Ertzaintza, que, por desgracia, son situaciones más o menos reales. 

Dentro de la policía, como dentro de cualquiera de nuestros trabajos, muchas veces no son los buenos los que consiguen liderar las comisarías o los equipos, sino que hay gente más experta en hacer la pelota o en venderse bien por los pasillos. Así que, vamos a ver también la realidad de ese mundo.

M.G.- La acción se sitúa en esos Montes de Hierro, en Meatzaldea. ¿Cómo es esa zona que yo no conozco?

I.M.- Es una zona fascinante, un regalo magnífico para un escenario de novela y una visita que, de verdad, recomiendo mucho cuando se vaya al País Vasco. Está muy cerquita de Bilbao, a unos veinte minutos, pero nos alejamos de la ría, subimos a cuatrocientos metros de desnivel y, a partir de ahí, entramos en los Montes de Hierro o en Meatzaldea, que es la palabra en euskera. En realidad, Meatzaldea quiere decir zona minera. Y lo que nos encontramos es un territorio donde había hierro, un terreno totalmente herido por grietas, cicatrices, bocaminas, y todo tipo de artimañas para poder robarle el metal a la tierra. En algunos puntos es bonito, porque algunos pozos que estaban hechos a cielo abierto se han inundado al abandonarse las minas y hoy son lagos que aparentemente los ves y tienen además aguas de color verde y tal. Claro, son verdes por los tóxicos que tienen todavía y desde luego que es un entorno en el que la naturaleza y el daño que le ha hecho el hombre se funden y crean un paisaje inquietante, bello y siniestro al mismo tiempo.

Los pequeños pueblos que hay por allí se levantaron con casas muy humildes, justo para los trabajadores de la mina. Muchos de ellos han caído en el olvido, otros siguen, pero han bajado mucho en población. Es una zona sobre la que flota todo ese pasado minero y hables con quien hables, siempre lo hacen de la mina.

M.G.- Una zona con muchas leyendas. De hecho, el título hace referencia a historias de antaño. ¿Qué o quién es Alma negra? ¿Y quién es la joven que danza?

I.M.- Los Montes de Hierro son muy ricos en leyendas tristes. Es una zona de sudor y sangre y eso se ha trasladado a las leyendas. Por ejemplo, la joven danzante la encontramos en la mina principal de la zona. La cueva de la Magdalena tiene una ermita dentro. Cuando entras te das cuenta de que ahí justo comienzan las galerías mineras porque aprovecharon la propia abertura natural para hacer las galerías de kilómetros. Cuenta que allí se quiso suicidar una joven de nombre Magdalena. No lo consiguió y los padres, agradecidos, mandaron construir la ermita pero, de algún modo, el espíritu de esa joven permanece en ese lugar y aparece de vez en cuando danzando desnuda, haciendo sonar unos cascabeles en la boca de la cueva.  Dicen que quien la ve va a tener muy mala suerte en la vida.

Por otro lado está Alma negra que es una historia más terrible todavía. Es una sima localizada junto a la cueva. Es ahí donde aparece Teresa Echegaray asesinada pero también se cuenta que ahí se suicidó un hombre muy malo, que tenía el corazón de hierro, un millonario que había hecho mucho dinero en América vendiendo esclavos. Por distintos avatares terminó suicidándose allí y cuenta que aquel día, los ríos de la zona manaron sangre y, desde entonces, en los días de niebla, se pueden oír los lamentos de Alma negra deambulando por ahí, en busca de alguien a quien pasarle su maldición. A mí esta leyenda me vino muy bien para la novela porque, en el momento en el que se produce el asesinato de Teresa, se produce una sugestión colectiva enorme. Todo el mundo empezará a hablar del regreso de Alma negra. La gente empezará a pensar que están en peligro y se preguntan quién será el siguiente en morir, a quién le pasará su maldición. 

M.G.- En todos los pueblos o ciudades hay leyendas pero es verdad que en la cornisa cantábrica, en Galicia, Asturias, País Vasco es una zona como plagada de historias. ¿A qué se deberá eso? ¿Por qué tantas leyendas en esa parte de España?

I.M.- Pues yo lo achaco a una cosa que tiene que ver con el clima. Creo que, cuando no teníamos ni televisión ni radio, ni ninguna otra manera de entretenernos en casa, la gentes se sentaba junto al fuego a contar historias, sobre todo si hacía mal tiempo y estaba lloviendo. Eran historias que iban pasando de generación en generación. Por otro lado, nuestro aislamiento geográfico, nuestros bosques, nuestras cuevas, porque tenemos muchas en el norte, han fomentado un cierto miedo a la naturaleza, a lo desconocido. ¿Y qué tipo de historias surgían? Pues historias en las que había algo amenazante ahí fuera. Pero en otras zonas, como puede ser Andalucía, con un clima más favorable, lo que apetecía era sentarse a la fresca a charlar entre vecinos. No eran de casas de puertas para adentro. Hay otros lugares que también son muy ricos en leyendas como los países escandinavos y por lo mismo, porque el clima es muy malo. También es una zona con personajes mitológicos a patadas.

M.G.- Tú eres de los que gusta visitar los escenarios para tus novelas. Pero no es lo mismo irse a Hondarribia y mezclarse con la gente en el Alarde que meterse en esa cueva de la Magdalena. ¿Has tenido que hacer muchas incursiones para ambientarte y documentarte?

I.M.- Las he tenido que hacer, sí. Las he disfrutado y las he temido al mismo tiempo. De hecho, cuando le comenté a mi editora cuál iba a ser el escenario, la llevé a ver la cueva. Entramos allí con linternas y creo que ni ella misma se podía creer que hubiera un escenario tan perfecto, tan idílico para la novela negra, una cueva convertida en una mina. Cuando entras allí empiezas a ver la inmensidad de todo aquello. A la tierra se le arrancaron millones de toneladas de hierro y por eso hay una serie de huecos subterráneos en los que llega a caber varias veces la catedral de Bilbao. O sea, son espacios enormes que no vas a abarcar con tu propia linterna y espacios en los que, si apagas la linterna, no ves absolutamente nada y solo oyes el silencio y las gotas que caen por doquier, incluso algún arroyo que pasa por debajo y que luego sale a la superficie y fue el que se tiñó de rojo cuando murió Alma negra. El lugar es espectacular y realmente invita a pasear por allí, a perderte, aunque es verdad que no te quitas de encima cierto temor.

M.G.- Sí, porque a ver si se te va a aparecer la joven danzando. 

I.M.- U oigo los lamentos de Alma negra. En cualquier caso, cada vez que he ido allí he ido con más de una linterna por si me falla alguna.

M.G.- Hiciste bien. Oye, escuché por casualidad los problemas, entre comillas, que te causó publicar La danza de los tulipanes en Hondarribia.

I.M.- Fue con La hora de las gaviotas.

M.G.- Cierto.

I.M.- ¿Recuerdas que la novela empieza con el asesinato que se lleva a cabo en el momento en el que desfilan las mujeres durante el Alarde, pero el pueblo levanta los plásticos negros para no ver a esas mujeres, para invisibilizarlas? Es un tema del que no quieren oír hablar en el pueblo. Cuanto menos se hable más podrán seguir adelante con su locura, como pasa con el toro de la Vega en Tordesillas. No quieren que haya espectadores porque sin espectadores pueden hacer lo que quieran. Así que no pude ir a presentar la novela allí. Me consta que además hubo librerías del pueblo que retiró la novela. Fue algo bastante desagradable.

M.G.- Imagino. Creo que es la primera vez que escucho que a un autor lo vetan de este modo.

I.M.- No sé si será la primera vez que ocurre. Desde luego, a mí sí es la primera vez que me sucede. Generalmente, la gente de los lugares en los que localizo mis novelas suelen estar muy agradecidas porque es una manera diferente de ver su pueblo. Precisamente, si localizo una historia en los Montes de Hierro es porque, de algún modo, amo esos montes y quiero pasarme un año entero viviendo, aunque sea mentalmente y a través de las letras, en ese lugar. 

M.G.- Pues sí. Y una cosa, creo que ya es una etiqueta acuñada, lo del Euskal Noir, la novela negra de Euskadi. Unos cuantos autores habéis contribuido a que se cree esa etiqueta literaria. Y en ello ha contribuido mucho la orografía, el paisaje de la zona. Todo eso es un plus para estas novelas.

I.M.- Sí. Creo que hay una serie de factores como esa orografía, el paisaje, el clima tan duro, con semanas de lluvia y nieblas matinales, tanto en la zona costera como en el interior, o el aislamiento geográfico porque todo está como al final del mundo. A eso se suma la propia mitología y las leyendas, que te ayudan a generar un trasfondo para los libros, un trasfondo real, que ayuda a enriquecerlos. Al final, todo eso ha permitido que se cree esta corriente que, por suerte, cada vez funciona mejor y no solo dentro de nuestras fronteras, sino también fuera.

M.G.- Sí, porque estás publicando ya en Holanda, ¿no?

I.M.- Sí, en Holanda publico muy bien. Mis libros están traducidos a diez idiomas y también se venden en Latinoamérica. Pero sí, Holanda es un país en el que curiosamente, funcionan muy bien. 

M.G.- ¿Y cómo haces para concentrarte en los bares para escribir? ¿Cómo te alejas de ese ruido ambiente?

I.M.- En cierto modo, me resulta mucho más fácil concentrarme en un lugar con ruido, con el olor al café. Estando solo en casa o en una biblioteca, el silencio me distrae mucho más que el ruido de alrededor.

M.G.- ¿Y siempre escribes en el mismo bar?

I.M.- No, no siempre. Voy moviéndome de un lado para otro y, de hecho, me gusta mucho acercarme a los escenarios y escribir en los bares de los propios escenarios. Por ejemplo, para mí escribir en alguno de los bares de la Arboleda, del pueblo principal de los Montes de Hierro, ha sido una maravilla, porque allí mismo estás dentro del escenario, puedes escuchar conversaciones que tiene la gente  y, de vez en cuando, te paras y hablas con ellos.

M.G.- Está bien así.

El otro día entré en tu página web. No había entrado nunca y me encontré con información sobre tus novelas. Descubrí que tenías una novela histórica. Ahora que vas a empezar un nuevo reto, no sé si se te puede colar otra novela histórica.

I.M.- Ha sido una de las decisiones que he tenido que tomar y me ha costado, porque sí me apetece afrontar algún día otra novela histórica. Disfruté mucho escribiendo aquello y además tuvo tirón. Es una novela que ha funcionado muy bien. Pero, ahora mismo, me llama todavía más la novela negra y, por lo menos, seguro que haré una novela negra más o más de una, no lo sé todavía. Será negra, se ubicará en Euskadi y, a  partir de ahí, no sé mucho más. 

M.G.- Bueno, pues nos veremos dentro de dos años, quizá, cuando vengas por aquí. Pero no quiero cerrar esta entrevista sin preguntarte si te gustó el Vodka rosa. [En una presentación de la novela en la que compartió escenario con Mikel Santiago, este le regaló una botella de vodka rosa porque es lo que suele beber Ane Cestero]

I.M.- Bueno [se ríe]

M.G.- Las cosas de Mikel.

I.M.- Las cosas de Mikel, sí. Es maravilloso. De repente, se presenta y te viene con una botella de vodka rosa, en recuerdo de aquel cruce de caminos que hicimos. Eso demuestra el buen rollo y la amistad que tenemos. Y esto no solo ocurre con Mikel Santiago, sino también con María Oruña o con otros autores de novela de suspense. Al final, creo que comprendemos que no somos competencia sino que somos compañeros. El lector no lee un único libro y ya no lee más. El lector necesita que le den diferentes libros, incluso del mismo género. En cierto modo, unos alimentamos a los otros.

M.G.- Pues lo dejamos aquí, Ibon. Muchas gracias por atenderme. Un placer tenerte en Sevilla, leerte y que nos descubras el País Vasco porque nos descubres lugares con tus novelas y nos dan ganas de viajar.

I.M.- De eso se trata. Muchas gracias.

Sinopsis: BAJO LA NIEBLA BLANCA SE OCULTA UN ALMA NEGRA

Aunque hace décadas que las minas enmudecieron en los Montes de Hierro, en la quietud de la noche aún pueden oírse los lamentos desesperados de las almas que quedaron sepultadas en su vientre de roca. La aparición del cadáver de Teresa Echegaray, la poderosa mujer que pretende reabrir la explotación, despierta entre los habitantes de la cuenca minera el miedo a las leyendas dormidas y reaviva el rencor acumulado durante largos años.

La investigación del asesinato se ve lastrada por un acontecimiento que sacude la vida de Julia. Cuando parece que al fin ha llegado la hora de cicatrizar una dolorosa herida de su pasado, no encuentra la respuesta que busca, sino nuevas preguntas y una misión para Ane Cestero quien, despojada de su uniforme y su placa, tendrá que resolver el rompecabezas armada únicamente con su instinto. Juntas se enfrentarán al caso más complicado de su carrera.

El rey del thriller atmosférico nos traslada a su escenario más extremo: la zona minera de Bizkaia. Un territorio donde las ruinas del pasado industrial han sido reconquistadas por la naturaleza dando lugar a un paisaje de belleza inquietante y sobrecogedora.

jueves, 27 de abril de 2023

ENCUENTRO CON JULIA NAVARRO - "UNA HISTORIA COMPARTIDA" (PLAZA Y JANÉS)

El pasado 22 de marzo Julia Navarro visitó Sevilla para promocionar su último libro, UNA HISTORIA COMPARTIDA.  Con ellos, sin ellos, por ellos, frente a ellosDigo libro y no novela porque, por primera vez, desde que la autora comenzó a publicar literatura estamos ante una obra de no ficción que se aleja bastante de lo que nos tenía acostumbrados.

El encuentro tuvo lugar en el Hotel Colón (Sevilla), en una sala en la que nos rodeaban libros, muchos libros de autores que ya habían pasado por allí. Alrededor de una mesa, media docena de medios, entre los que figuraban principalmente blogueros o instagrammers (a Julia le gusta hablar directamente con los lectores), pudimos conversar sobre este libro. Cada uno fue formulando preguntas a las que la autora respondió gratamente. Ahí va un resumen del evento.


[Fuente: Juan Manuel Fernández]


Teniendo en cuenta que a Una historia compartida le preceden ocho novelas de ficción, la primera pregunta no podía no ser otra: ¿te apetecía cambiar de aires?

Julia Navarro nos comentó que este libro lo escribió durante la pandemia. Tras publicar De ninguna parte, comenzó a escribir una historia de ficción que, a día de hoy, sigue escribiendo. Sin embargo, «en ese momento se me hacía como muy cuesta arriba empezar a escribir otra novela. Y entonces decidí hacer este viaje literario y escribir algo, no sé, casi que me reconfortara a mí un poco por dentro». Afirmó que sentarse a escribir es como adentrarse en un campo de batalla en el que te ves obligado a mover muchas cosas. «Este libro era un relato más íntimo, más personal, que me exigía menos esfuerzo. Aunque he necesitado documentarme, hablo de las mujeres con las que me he encontrado, con lo cual no es un libro que me haya requerido un gran esfuerzo». Cree que diciendo esto va a defraudar a mucha gente pero es así. «Para mí ha sido un libro muy cómodo de escribir. Ha sido un libro que he disfrutado escribiendo», un libro que le ha permitido, de algún modo, escaparse  de la situación que vivíamos y del encierro.

Una historia compartida, un título que lo dice todo.

Hombres y mujeres en un plano integrador. «Hasta ahora, la historia se venía contando a medias». Asegura Julia Navarro que, desde hace veinte siglos, hemos visto la supremacía del hombre sobre la mujer. «Los hombres han contado su historia, pero se han olvidado de que una parte de esa historia éramos nosotras». La autora recalcó que, salvo mujeres muy importantes y destacadas, no nos ha llegado noticia alguna de la infinitud de mujeres que realmente han tenido una vida notable y digna de contar en todos los ámbitos. «Empecé este libro pensando escribir sobre las mujeres con las que yo me había ido encontrando, pero me parecía que el relato sería incompleto si no hablaba de ellos, de los hombres que habían estado en sus vidas para bien o para mal». Confesó que, en los libros de textos, siempre ha echado en falta algo, la otra mitad, la que correspondía a las mujeres y a su papel en la Historia de la humanidad. Porque sobre los hombres, los que han dejado su huella, se ha escrito mucho pero, ¿quiénes eran las mujeres que estaban al lado de esos hombres? «Como yo creo que la Historia de la humanidad es una historia de hombres y mujeres, no podemos contarla sin los unos y sin los otros», y por eso este libro es una historia compartida porque «si no contamos la historia de todos, siempre será una historia de parte o incompleta». Hubiera sido muy fácil para la autora hacer lo que se ha venido haciendo hasta ahora, es decir, ignorar a la parte masculina, como siempre se ha ignorado a la femenina, pero ese no era su propósito. «Hubiera sido un juego infantil que no lleva a ninguna parte».

Las dos mujeres más importantes en la vida de Julia Navarro: su abuela y su madre.

La escritora afirmó que la infancia es lo que te marca y donde se van poniendo los cimientos en lo que te vas a convertir. «Mi abuela es una figura potente y  poderosa. Era realmente la jefa de familia». Compartió con nosotros algunos recuerdos familiares, mencionando que toda la familia vivía alrededor de la abuela. Y sobre su madre dijo que ella la había enseñado a ser libre, inculcándole la idea de que ser mujer no implicaba tener un techo de cristal. «Siempre me enseñaron a ser independiente. Espero que algún ministro de Educación lea algo de lo que digo alguna vez porque vengo reivindicando que hay que revisar los libros de texto». Cree que el mejor plan de estudio sería incorporar a los libros de texto  la infinitud de mujeres que han tenido una importancia fundamental en la historia y que están ausentes de lo que estudian los escolares. Mencionó que era muy habitual que las niñas no elijan nunca carreras de ciencia porque no existen referentes. Si las mujeres que han sido importantes en las ciencias son excluidas, las niñas jamás tendrán referentes. 

Un viaje literario

Julia Navarro aclaró que lo que ella hace en este libro es un viaje muy personal, en el que va contando cuáles son las mujeres con las que se ha ido encontrando. «Aunque no todas porque luego te vas dando cuenta de todas las que faltan. Pero sí he incluido las que mí me han dejado una huella especial. De todas ellas he aprendido algo. Me interesa muchísimo la cantidad de mujeres que realmente han hecho aportaciones importantísimas en términos de física, matemáticas, astronomía o química». Mujeres todas ellas que siempre han sido unas perfectas desconocidas. «Creo que hay una obligación de rescatar a estas mujeres. Y no debe ser un rescate que haga una escritora sino que debería ser una obligación de los responsables de educación, que son los que tienen que encargarse de los libros de textos, libros que están incompletos porque faltan todas esas mujeres». Es algo que la autora repitió mucho en nuestro encuentro, reforzando su compromiso y su reivindicación. 


[Si prefieres oír el encuentro, dale al play]


Un libro con mucha implicación personal 

Una historia compartida no es solo un libro sobre las mujeres que han sido importantes en la vida de Julia Navarro, sino que también es un libro en el que, por primera vez, la autora se muestra más expuesta. Sobre esta circunstancia confesó que se arrepentía muchísimo. «Como era un libro escrito en una circunstancia muy concreta, como si fuera una escapada, no era consciente de todo lo que estaba contando sobre mí». Dijo que fue su marido, y luego sus amigos, quienes le advirtieron de que había contado muchas cosas sobre ella. Afirmó que, al principio, ella no lo veía así pero luego, cuando tanta gente se lo iba comentando, empezó a preocuparse. «No me gusta tanta sobre exposición». No obstante, los que estábamos en aquel encuentro coincidimos en que conocer tantos detalles personales de la autora había supuesto un punto muy positivo del libro. Ella nos aseguró que no tenía previsto que el libro fuera así pero «es que fue naciendo a borbotones. Cuando me siento a escribir una novela, tengo toda la sala de operaciones organizada, tengo a todos los personajes y sé lo que van a hacer, pero con este libro no. Este libro ha sido más fruto de la improvisación, un libro mucho más emocional y menos racional», manifestó

Feminismo

No se considera ni fundamentalista ni fanática pero sí cree que todos tenemos algo que aportar a cualquier debate o discusión, por tanto, «me interesa mucho lo que tengan que decir las feministas de la cuarta ola». Asevera que no tiene los ojos ni los oídos cerrados a lo que estas feministas plantean. Cualquier tipo de discrepancia es interesante porque alimenta el debate. Por contra, afirma que le asusta la gente que se cierra en su propio pensamiento. Aunque tiene mucha curiosidad por la vida como para no querer escuchar también confiesa que hay ciertas cosas que no le gustan de este feminismo de la cuarta ola. «Hay un cierto adanismo, esa pretensión de que el feminismo ha empezado ahora». Hay que entender que, en este camino de la igualdad, los frutos conseguidos son el resultado de la lucha de las mujeres del ayer. «Aquí nadie ha inventado el Mediterráneo. Debemos mucho a las mujeres del pasado».

Vuelve a confesar que tampoco le gusta esa posición fundamentalista que impera en estos tiempos, eso de que el feminismo es únicamente lo que dicen ellas. Pero, en realidad, no es más que una perspectiva muy subjetiva y hay otras muchas formas de entender el feminismo. «No puede haber un pensamiento único, porque uno de los grandes problemas de nuestra sociedad es el querer imponer el pensamiento único en tantas y tantas materias. Y todo aquel que no comulga con el pensamiento único inmediatamente es el anatema». Este comportamiento horroriza a la autora«que me digan lo que tengo que pensar y que si no pienso lo que oficialmente hay que pensar me condenan a los infiernos».

La cultura de la cancelación y el movimiento Woke

Navarro asegura que este movimiento le parece terriblemente reaccionario y además muy peligroso, «porque atenta contra la esencia de la libertad». En palabras de la escritora, no se puede cancelar el pasado simplemente porque no te guste. No se puede negar el pasado y tampoco se debe impedir que se conozca. «Que en las universidades haya escritores prohibidos porque pueden herir la sensibilidad de los alumnos es algo que me escandaliza». Se pregunta Julia Navarro qué tipo de personas estamos formando para el futuro, «con esa sensibilidad, totalmente enfermiza, que parecen tener».

Ella cree que el debate del feminismo es un debate importante. «Es un debate que no puede estar secuestrado por una parte, porque es algo que nos atañe a todos. Cuando digo todos, no digo solamente a las mujeres, sino también a los hombres». Considera que se están tomando decisiones controvertidas y algunas de ellas muy peligrosas. 

Mujeres que se resistieron

Aunque la mayoría de las mujeres que vamos a encontrar en este libro han estado siempre muy infravaloradas, todas tuvieron en común que se resistieron. Afirma que le hubiera gustado hablar de muchas más mujeres pero ha tenido que dejar fuera a muchas de ellas«No se trataba de hacer un libro de texto sino que esto es un recorrido personal». Entre las mujeres escritoras que son importantes para la también escritora figura Irène Némirovsky, que siempre ha sido un referente para ella, pero en este libro no aparece su nombre, como tampoco aparece el de tantas otras, que son también importantes para la autora.

El mundo clásico

Apasionada por el mundo clásico, cree que Occidente se sustenta sobre dos patas: la cultura judeo-cristiana y la cultura greco-romana. «Todo lo que somos viene de ahí». Confiesa que siempre ha sido feliz en Grecia y por tanto, cuando eres feliz en un lugar sientes un amor especial. «El contacto con la mitología griega siempre me ha parecido apasionante, con esos dioses tan humanos». Hizo referencia a su marido, Fermín Bocos, la persona de la que más ha aprendido del mundo clásico y al que considera un erudito en la materia. Recordó algunos viajes que hicieron en familia para recoger los escenarios más significativos de la Historia clásica. Cree que la Ilíada es el resumen de la condición humana y que en sus personajes encontramos todo lo bueno y todo lo malo que alberga el ser humano.  «La Ilíada es como una guía».

Las monjas

En este libro, Julia Navarro dedica un capítulo a las monjas, a sor Juana de la Cruz y a todas las monjas que han tenido algo que ver en su vida. La autora llega a decir que se ha reconciliado con ellas. «Cuando estaba escribiendo este libro me acordé de una frase de Octavio Paz, que dijo que Sor Juana Inés de la Cruz se hizo monja para poder pensar». Reflexionó en voz alta y comentó que las mujeres, en el siglo XVI y XVII, solo tenían dos opciones: salir de la casa de su padre para casarse o para hacerse monja. Frente a la austeridad de la vida en un convento, estaba la otra forma de hacerse monja, en el caso de aquellas jóvenes de familia acomodada cuya vida conventual era mucho más llevadera. «Tenían su celda pero también disponían de un salón para recibir, donde podían visitarlas sus familiares y amigos, y hacer una cierta tertulia literaria». Los conventos de esa época, para las señoritas de buena sociedad, se convertían en lugares donde pensar. «Me di cuenta de la cantidad de monjas interesantes que había habido y que habían buscado en el convento la posibilidad de desarrollarse intelectualmente, porque no lo habrían podido hacer de otra manera». 

La escritora se sonrió al recordar a las monjas de su colegio. «Se me abren las carnes cuando pienso en ellas y me costó mucho reconciliarme con las monjas». En ese proceso de reconciliación tuvo mucho que ver el tercer mundo. «Siempre digo que, cuando hay un conflicto en un país, los primeros que se van es el personal de las embajadas, luego las tropas de Naciones Unidas, los comerciantes, los periodistas y los únicos que se quedan son los misioneros». La autora manifestó que ver la implicación de estas personas en momentos complicados genera un gran respeto porque se juegan la vida sin importarles que puedan ser los últimos días de su vida. «Por eso me he reconciliado con las monjas pero con las de mi cole, no», bromeó Navarro. 

Oriana Fallaci, la periodista

A la profesión que ha ejercido toda la vida, la del periodismo, le dedica una parte importante del libro. Julia Navarro cierra esta historia compartida con la figura de Oriana Fallaci. «Yo hubiera querido ser Oriana Fallaci. Para cualquiera de mi generación, Oriana fue un referente». De la periodista dijo que fue una mujer adusta, dura y antipática. «Yo no la conocí pero una de mis mejores amigas, Pilar Cernuda, sí la conoció y ella me aseguraba que era insoportable». Nos comentó que la actitud de Oriana se debía principalmente a que ella se tenía que mover en un mundo de hombres, en el que no podía mostrar ni un ápice de debilidad, y tuvo que actuar colocándose un parapeto. «Oriana siempre estuvo donde pasaba algo. No hay un acontecimiento del siglo XX en el que ella, mientras vivió, no estuviera presente».

Las anécdotas de aquellos primeros años como periodista.

Cuenta Navarro en los últimos compases del libro diversas y divertidas anécdotas que vivió cuando ella, al igual que otras mujeres, trataban de hacerse hueco en el mundo del periodismo. Una de esas anécdotas tiene que ver con unos desayunos en el hotel Ritz de Madrid. «Yo sé que todavía tenemos muchas batallas que dar y muchas cosas que conseguir, pero cuando yo empezaba a dar mis primeros pasos en periodismo, que fueron en la Transición, recuerdo que si pe pedías una entrevista a un político te decía que no». Para vencer esa barrera, Julia Navarro, junto a otras periodistas, convocaban a los políticos en el hotel Ritz para invitarlos a desayunar y así sentarse con ellos, y poder entrevistarlos. «Los desayunos del Ritz fueron algo que fue muy interesante en ese momento. Éramos la envidia de muchos de nuestros compañeros porque lográbamos que vinieran a desayunar con nosotras. Pero claro, les dábamos unos desayunos magníficos en el Hotel Ritz. No se podían quejar. Eran por todo lo alto. Si los hubiéramos invitado a un cafelito no habrían venido».

Mujeres de la ciencia

Durante aquel encuentro salieron a relucir los nombres de muchas mujeres, muchos de ellas relacionadas con diversas ciencias. Entre ellos, el de Ada Lovelace, la primera persona que empezó a imaginar lo que hoy es capaz de hacer un ordenador. Y sin embargo, los niños creen que todo es obra de Bill Gates. «Y lo mismo sucede con la banda ancha. Habría que contar a los niños que la que puso los cimientos de la banda ancha fue Hedy Lamarr, cuya labor no fue reconocido hasta los años 90». Y como el caso de Lovelace y Lamarr hay muchos otros.

Precisamente, Hedy Lamarr no solo fue una gran matemática sino también una mujer bellísima, lo que siempre jugó en su contra«Ella era una mujer inteligentísima, con una formación increíble. Era austriaca. Huyó de su marido, que era un imbécil, y llega a Estados Unidos». Allí se ofreció para trabajar como voluntaria y ayudar en la Segunda Guerra Mundial, pero «como eres tan guapa, vamos a hacer un concurso y al que gane le das un beso». Pero Lamarr al final, terminó trabajando en el Departamento de Comunicaciones. Fue una mujer de inteligencia superior. Y seguro que ser guapa la perjudicó.

Los cuentos infantiles

Mucho revuelo estamos viendo en los últimos tiempos con respecto a la literatura infantil y juvenil. Parece que se ha puesto de moda revisar este tipo de lecturas para erradicar aquello que supuestamente pueda herir sensibilidades. Al respecto, Julia Navarro comentó que a los niños se les está adoctrinando desde pequeños, y tratando como si fueran imbéciles, que no son capaces de entender nada«Yo soy feminista y me encantaba Caperucita, Blancanieves, los cuentos de los hermanos Grimm. Es decir, a mí no me ha afectado a las neuronas. Yo creo que los que tienen afectado las neuronas son los que quieren reescribir los cuentos porque los consideran políticamente incorrectos, porque consideran que los niños son tontos». Esto es censura y se rebela contra ella.

¿Cómo se debe leer este libro?

La respuesta de Julia fue tajante: «como te dé la gana». Bueno, añadió que no lo sabía. «Es una historia muy personal, es un recorrido muy personal y espero haber aportado algo, y sobre todo espero haber aportado algo al debate de la educación, al reclamar que las mujeres entren en los libros de texto. Pero bueno, es una reclamación mía personal». La autora afirma que no ha querido definir ni encasillar este libro. «Creo que es fruto de esa necesidad que tenía de escapar de la pandemia y lo hice viajando, que es lo que más me gusta».

Al comentarle si sería interesante que un libro como este se estudiara en los centros educativos, respondió que no aspira a eso. «Creo que los libros de texto lo tienen que hacer los historiadores, los científicos,...», porque este libro es su interpretación personal. «A lo mejor, cuando hablo de Penélope, algún historiador me tiraría de los pelos». Pero su intención con este libro es despertar la curiosidad del lector. «Si alguien puede descubrir algo que no sabía de estas mujeres, pues me doy por satisfecha».

La biblioteca de su abuelo

Se dice que somos lo que leemos y en este libro, Julia habla de aquellas lecturas en la biblioteca de su abuelo. «En mi casa había libros y siempre hubo libros, porque a mi abuelo le gustaba mucho leer y yo siempre le recuerdo con el periódico o un libro. Siempre». Recuerda que la que la obligaba a leer era su abuela. 

En cuanto a aquellas primeras lecturas, nos dijo que ella le leía libros a su abuela sin que ella se enterara de lo que leía. «Pero sobre todo recuerdo con especial cariño un tomo enorme de tapas grises, que eran los cuentos de los hermanos Grimm». Es un libro que han conservado y que la autora leía y lo releía.

Y así terminó el encuentro con Julia Navarro, autora que confiesa que Tú no matarás es su novela más querida porque transcurre en el barrio de su infancia.




Y hasta aquí nuestro encuentro, bastante distendido y agradable. Tras las últimas preguntas tocó el momento de la firma y de la foto en familia.  


Sinopsis: Hasta el siglo XX la Historia la escribieron los hombres. Eso explica por qué las mujeres apenas aparecemos como sujetos de las historias de la Historia. Sin embargo, la lista de aquellas que la protagonizaron es extensa: desde diosas hasta reinas, desde cortesanas hasta científicas, desde actrices hasta santas, desde escritoras hasta políticas... Hemos estado en todas partes, aunque un manto de silencio se empeñara en cubrirnos o ignorarnos.


Eso sí, no podemos contar las historias de estas mujeres sin tenerlos también en cuenta a ellos, porque desde el principio de los tiempos las vidas de hombres y mujeres han estado entrelazadas y no se explican las unas sin los otros, es decir con ellos, sin ellos, por ellos, frente a ellos o con la ignorancia de ellos. Por eso, este libro no es solo la historia de ellas sino la de todos, pero contada no a través de la supremacía masculina sino desde un lugar común.

No se entiende a Cleopatra sin César ni Marco Antonio, ni a Helena de Troya sin Paris, ni a Frida Kahlo sin Diego Rivera, ni a Simone de Beauvoir sin Jean-Paul Sartre o a Virginia Woolf sin Leonard Woolf... Este libro es un relato personal, un viaje a través de mis inquietudes y lecturas, mi encuentro con historias protagonizadas por mujeres, ya sean reales o criaturas literarias, sin olvidar el papel de los hombres que estuvieron cerca de ellas, para bien o para mal.

Y ahora doy comienzo a esta historia. Una historia compartida.

Julia Navarro

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