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lunes, 2 de octubre de 2023

EL DIA QUE MI MADRE CONOCIÓ A AUDREY de Yolanda Guerrero

Editorial: Plaza y Janés
Fecha publicación: mayo, 2023
Precio: 21,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 672
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788401031809
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]


Autora

Yolanda Guerrero nació en Toulouse (Francia) en 1962 y es licenciada en Periodismo. Trabajó con el Instituto Internacional de Prensa (IPI, por sus siglas en inglés) en la sede de Londres y en sus asambleas de Buenos Aires, Montevideo, Estambul y Berlín. A su regreso a España, desarrolló durante más de 25 años su profesión en el diario El País, especialmente en su edición latinoamericana y en suplementos internacionales como The New York Times en español, hasta que, a partir de 2014, comenzó a dedicar su actividad prácticamente en exclusiva a la literatura. Además de colaborar habitualmente con reseñas y artículos en la revista literaria Zenda, ha publicado dos novelas: El huracán y la mariposa (2017) y Mariela (2019).

Sinopsis

Lisa, gibraltareña, y Manuel, malagueño, se enamoran en el concierto que celebraron los Beatles en Madrid. Desde ese día, viven encontrándose y separándose, incomprendidos por sus familias e inmersos en una época turbulenta: por un lado, una dictadura que ha encontrado en el lema «Gibraltar español» un denominador común que comparten tanto quienes se oponen al régimen como quienes lo defienden; por otro, una España que poco a poco se incorpora a la modernidad. Pero cuando el cierre de la Verja en 1969 separa a los amantes, en suelo español se queda también la hija que han tenido ambos, un bebé de pocos meses. Audrey Hepburn, a quien Lisa ha conocido en Marbella, se convierte en una cómplice inesperada de la pareja y quizá la única que pueda ayudarlos.

Después del éxito de Mariela, Yolanda Guerrero vuelve a desplegar su excepcional talento como narradora para contarnos con un relato conmovedor cómo el amor es la última arma contra el dolor y la injusticia. Un inolvidable Romeo y Julieta moderno ambientado en un momento histórico que transformó el país para siempre.

[Información tomada de la web de la editorial]


Ahora que estamos todos instalados en la rutina, después de las vacaciones estivales, y cuando ya vamos rumbo al otoño, no quiero dejaros de hablar de este libro. El día que mi madre conoció a Audrey ha sido una de las lecturas más bonitas de los últimos meses y, probablemente, una de las más entrañables de todo este año. Ya lo comentaba cuando publiqué la entrevista a su autora, Yolanda Guerrero, que ella es capaz de transmitir como pocos saben, de construir historias en las que los personajes son auténticos supervivientes. Dejadme que os cuente.

Para empezar os diré que, la Audrey a la que hace referencia el título es la Audrey que posiblemente se te venga a la mente en primer lugar, la actriz norteamericana Audrey Hepburn. Aquella joven menuda que cantaba Moon River sobre el alféizar de una ventana, rasgando melancólicamente las cuerdas de una guitarra, en la película Desayuno con diamantes, será parte importante de esta historia. Creo que decirte esto será suficiente para captar tu atención pero El día que mi madre conoció a Audrey es una historia mayúscula en la que otras muchas cuestiones terminarán por seducirte.






La nueva novela de Yolanda Guerrero cuenta la historia de Manuel y Lisa. Los jóvenes se conocen en el concierto que los Beatles dieron en la Plaza de Toros de las Ventas, el día 12 de junio de 1965, un evento que el NO-DO retrató a su antojo, como una actividad familiar y tranquila, y no lo que realmente fue, la revolución de la juventud deseosa de libertad. Manuel y Lisa tenían 20 años y cada uno venía de un lugar distinto. Manuel lo hacía desde Ronda. La entrada para el concierto se la consiguió su tía. Lisa viajó a Madrid desde Gibraltar y consiguió una entrada a través de su padre. Pero antes de llegar a ese punto, a esa tarde del 12 de junio de 1965, la autora dedica los capítulos previos a desvelarnos el universo familiar de cada uno de ellos, del que os hablaré un poco más adelante. 

Al concierto de los Beatles, Manuel y Lisa acuden en solitario. Se encontrarán dentro del recinto. Empiezan a hablar, a conocerse, mientras los británicos entonan sus temas más conocidos. Acaba el concierto y salen juntos, se cuentan sus vidas y terminan enamorándose el uno del otro. Desean no separarse nunca más y trazan un plan, pero la vida les tiene preparados otros designios y la promesa de vivir un amor se evapora en el tiempo. Manuel y Lisa tendrán que continuar cada uno por su lado, a la espera de que el destino decida volverlos a unir o no. Lo que ocurre a partir de ese concierto de los Beatles no te lo voy a contar porque para eso está la novela de Yolanda Guerrero, una novela que no dejaré de recomendar nunca. 

No obstante, quizá en este momento te preguntes qué pinta Audrey Hepburn en esta historia, en un relato que parece el de un amor sencillo entre dos jóvenes. A ver, eso tampoco te lo voy a contar pero sí te adelanto que la actriz tendrá mucho que ver en la historia de amor de Manuel y Lisa, aunque tardará en aparecer en escena. Así se muestra Hepburn por primera vez, ante los ojos de uno de los personajes:


«Era alta y muy delgada, con pantalón corto de vichy azul y blanco, sencilla camisa de algodón celeste, sandalias planas, cuello largo, cabeza erguida, pelo oscuro y corto con un pañuelo de flores anaranjadas sujetándolo a mondo de turbante y unas gafas de sol grandes y redondas que le ocultaban los ojos». [pág. 308]


Salpicada de muchos apuntes históricos, El día que mi madre conoció a Audrey es una preciosísima e intensa historia de amor, con Ronda y Gibraltar como puntos de partida, aunque también visitaremos otros escenarios como la Marbella de Alfonso de Hohenlohe, con su fastuosidad, cuyas calles se llena de actores y actrices famosas que pretenden huir del mundanal ruido y de la fama. Esa Marbella se convertirá en un lugar «lleno clubes de playa verdaderamente privados, a salvo de flashes y  fotos», con un «turismo caro y exclusivo, sobre todo exclusivo, para huir de la riada de españoles con tartera, sombrilla y tumbona que habían inundado las playas de Torremolinos». Era una Marbella que por la noche se transformaba, donde el bikini no era pecado, «un paraíso de futuro en medio de este país al que aún le falta un rato para salir del pasado». Pero el lujo, las fiestas exclusivas, el glamur y los invitados célebres también dan paso al otro lado de la moneda, al mundo de las drogas. A ellas sucumbirán algunos personajes de este libro con la intención de aliviar su dolor porque, a veces, se sufre tanto que necesitas algo que te anestesie por completo y te haga olvidar.

Sabéis que, al redactar una reseña, siempre destaco lo que me ha gustado de una novela y lo que no me ha convencido en dos secciones diferentes. En este caso, sobra esa partición porque de El día que mi madre conoció a Audrey me ha gustado absolutamente todo. Me parece que esta novela hace un homenaje maravilloso al amor, al tiempo que la autora cumple el sueño de desarrollar una historia en Ronda, como parte de las localizaciones, tierra a la que está unida por vínculo familiar (así me lo contó en la entrevista que puedes leer aquí). Pero también, y esto contribuye a engrandecer la novela, Guerrero hace un retrato de la vida política y social a lo largo de diversas décadas, y narra de manera accesible la realidad de Gibraltar. Y, como dije antes, todo esto con Audrey Hepburn de fondo, de quien conoceremos su lado más íntimo y personal.

Estamos ante una novela que nos habla del amor, de la lucha, de los sueños rotos pero, sobre todo, de la esperanza. Al mismo tiempo, la música cobrará igualmente gran protagonismo. De entrada, a través de ese concierto de los Beatles que supone el punto de inicio, y cuyas letras también se irán desgranando y traduciendo a lo largo del texto, porque a algunos personajes les pasará lo que nos pasa a muchos de nosotros que, a veces, creemos que las canciones hablan de nuestras propias vidas. Pero a la novela de Guerrero no le faltará tampoco el suspense y la intriga. Entre los diversos avatares que tienen que vivir los personajes también habrá alguna que otra muerte violenta perpetrada por alguien desconocido. Habrá que averiguar quién ha cometido ese crimen, como otras muchas acciones que generarán gran intriga en el lector, consiguiendo que no nos despeguemos de estas páginas.

A través de los giros, muchos inesperados y dolorosos, así como debido a las penalidades que sufren los personajes, conseguiremos sentir, por medio de la ternura con la que Guerrero narra esta historia, una enorme empatía y una gran compasión por ellos. Todo esto hasta llegar a un desenlace épico y terrible pero profundamente conmovedor, que te hará entender la fuerza que radica en el amor verdadero.

Temas

Una novela de casi setecientas páginas, si sabes enjaretarla bien, dan para mucho. Obviamente, uno de los temas principales de la historia es el propio amor, uno de esos amores que no entienden de barreras y que persisten, a pesar de todas las dificultades por las que tiene que atravesar. El amor será el eje principal de esta historia, un amor que no se rinde.

No obstante, hay otras cuestiones a destacar. Por ejemplo, me ha gustado mucho la aproximación al mundo del periodismo, en un momento en el que había mucho control sobre los medios de comunicación. Emil, el padre de Lisa, funda un periódico en Gibraltar. Desde niña, Lisa estará muy unida a ese mundo y ella misma ejercerá como periodista. Adentrarse en ese terreno le hará entender, por un lado, el poder de la prensa pero, por otro, la manipulación a la que se somete el periodismo por parte de los gobiernos. Gracias a su labor como periodista, el lector aprenderá mucho sobre la profesión en ese momento, un oficio que le permitirá a Lisa conocer a muchos personajes, algunos tan reales como tú y como yo.

Y no es una cuestión de profundo calado en la historia pero también aparece entre estas páginas y me gustaría señalarla. No olvidéis que la acción se inicia en tiempos de dictadura, unos años en los que el hombre y la mujer sabían perfectamente qué es lo que se esperaba de ellos y cómo tenían que comportarse. Pues bien, por entonces, la homosexualidad ya era un hecho, una realidad oculta, sometida a una profunda represión. Al homosexual se le trataba como a un enfermo al que había que curar de su mal (hasta no hace mucho seguía siendo así). Es algo que veremos en la novela de Guerrero, a personajes que corrían un grave riesgo si se salían del redil cuando, lo que debería ser, tal y como dice uno de los personajes, es lo siguiente: 


«Dos mujeres, dos hombres o dos ángeles.... ¿a quién le importa, más que a los que se quieren?» [pág. 213]


Pero ya se sabe que «Amar no es fácil, amigo mío. Y, a veces, tampoco es divertido». [pág. 215]


No va a faltar música entre estas páginas y no faltará no solo en lo relativo a los Beatles, sino porque también se hace un breve recorrido por los grupos musicales más conocidos del momento, como The Who, Los Nikis, los Bravos y Los Brincos, entre otros.

Personajes

El día que mi madre conoció a Audrey es una novela muy coral. Aunque los personajes principales sean Manuel y Lisa, lo cierto es que por estas páginas pasearán un buen puñado de hombres y mujeres que tendrán mayor o menor transcendencia en el desarrollo de los hechos. No serán pocos los personajes reales que asomen a esta historia. Más allá de la propia Audrey Hepburn, también veremos a Deborah Kerr o Sean Connery, al margen de aquellos que ocupan la esfera política.

Además, tengo que señalar que en esta historia, los personajes no viven aislados en su mundo. Unos y otros se desplazarán por la geografía de tal modo que, de manera muy inteligente, Guerrero los irá haciendo coincidir en el espacio y en el tiempo, tejiendo una red de relaciones en la que, de una manera u otra, estarán vinculados. Pero, me centro en los más principales.

Manuel Calle Martínez nace en una época en la que el mundo estaba dominado por el fascismo. Su nacimiento, el 27 de abril de 1945, permite a la autora hacer una semblanza del contexto político-social del momento, cuando el mundo estaba liderado por dictadores. Pero a Manuel ese mundo le queda lejos de su Ronda natal. Él se circunscribe a su entorno más cercano, al más íntimo, el que conforman su madre, conocida como la Búcara, y su tía Toñi, apodada la Diezduros. Manuel crece si padre. Raimundo Calle González fue un guardia civil de la República que tuvo que echarse al monte cuando llegó Franco y los suyos. La cosa no acabó bien y esa desgracia se convirtió en una densa nube posada sobre las cabezas de la familia. Y con respecto a su madre, Manuel mantiene una relación algo complicada con Mariquilla, una mujer de nervio, resuelta y echada para delante pero algo manipuladora. Sí, perdió a un marido. No quiere que su hijo crezca y también la abandone al hacerse un hombre. Por eso, a veces, Mariquilla juega al chantaje emocional y Manuel, un hombre bueno, cederá en más de una ocasión. Ese juego de tiras y aflojas condicionará la vida del joven pero es que, una madre es una madre.

Manuel es uno de esos personajes que el lector se puede imaginar con mucha facilidad. Es un hombre de pocas ambiciones aunque siente pasión por la música y también por los cómics. Lo más grande que ha conocido es el amor a Lisa, pero es un amor que no se lo pondrá fácil. Lo veremos en su pueblo, tratando de construirse una vida sencilla y tranquila, resignándose a veces a lo que le toca en suerte. Y a pesar de que su familia únicamente se dedica a caminar los días y a buscarse la vida para sobrevivir, no serán pocas las tragedias a las que tengan que hacer frente. De entrada, a la ausencia del cabeza de familia. A Manuel se le coge cariño porque es un hombre que le pide poco a la vida, tan solo paz, tranquilidad y amor.

Lisa, o como realmente se llama «Elisabeth (por la futura reina, Dios la salve) de la Inmaculada (porque así la mantendría tanto como le fuera posible) Concepción (por la añorada Línea...)» Drake Requena. Hija de evacuados gibraltareños, sus padres -Emil y Connie-, contemplaron el nacimiento de su niña en un barracón militar de Belfast, en el que estuvieron tres años. Acabada la guerra europea, consiguieron regresar a España, a su peñón, no sin antes pasar un tiempo en Málaga.

La relación de Lisa con sus padres no puede ser más dispar. La madre tardó tres días en mirar la cara de su hija, tras el parto. Se negaba a compartir el oxigeno de la misma habitación con ella. Para Connie, parir a Lisa fue el principio del fin, la boca de un agujero negro en el que se hundió y arrastraba a todo el que estuviera cerca. En cambio, para Emil, el nacimiento de su hija fue un regalo frente a tanta adversidad. Se enamoró de aquella niña y se impuso como misión criarla, «aunque fuera mujer», como un ser valiente y libre. Esa relación tan distinta de Lisa entre su padre y su madre forjó su carácter pero las relaciones paterno-filiales no serán inamovibles sino que, a medida que se vayan produciendo sucesos, irán avanzando o retrocediendo, aproximándose o alejándose. Nos deparan grandes sorpresas en el seno familiar de Lisa, hasta tal punto que la opinión que tenemos de los padres de la joven se irá modulando.

Lisa vivirá el amor con el mismo dolor con el que lo vive Manuel pero, al contrario de lo que le pasa al joven, su mundo se expandirá. Ella pasará de vivir rodeada de humildad, a codearse con nombres importantes y a formar parte del lado más colorido del mundo.

Gibraltar

Quizá uno de los escenarios más importantes de toda la novela sea Gibraltar. Yolanda Guerrero ha querido echar la vista atrás y hacer justicia con ese promontorio británico en la costa sur española.  Solamente he visitado Gibraltar una vez en mi vida y me pareció una moneda con dos caras. Lo que vi en la frontera me pareció terrible. Desconozco cómo estará la situación ahora, después del Brexit, pero lo que sí os puedo garantizar es que Yolanda Guerrero retrata muy bien cómo era la vida en los años sesenta, setenta, ochenta,... en ese pedazo de roca. 

El Gibraltar de la novela era un centro de mercadería. Hasta allí se desplazaban los que se ganaban el sustento con el intercambio de mercancía. Es el caso de Mariquilla, la madre de Manuel, una matutera que viajaba regularmente al peñón para ir y llevar encargos propios y ajenos. 


«Así regateaba con los comerciantes que la abastecían de mercancías desconocidas o escasas en España a cambio de alimentos que en el Peñón no se producían». [pág. 31]

 

Hay muchas cosas que no conozco (que no conocemos) sobre los llanitos (como así se llama a los gibraltareños) o sobre la historia de Gibraltar y esta novela te permite, a través de sus personajes y sus vivencias, acercarte a su historia. Guerrero recoge muchas curiosidades que a mí me han resultado muy interesantes, por ejemplo, cómo vivían los gibraltareños antes del cierre de la verja, el referéndum, cómo se las apañaron cuando prácticamente los aislaron, los intentos de comunicación entre un lado y otro, qué sintieron cuando, por fin, pudieron entrar y salir libremente o algo tan curioso como qué hecho define la nacionalidad gibraltareña. 

Ese recorrido por la historia de Gibraltar está lleno de datos interesantes que te ayudan a comprender unos años en los, más que nunca, había muchos tiras y aflojas entre España y Gran Bretaña, y hasta hoy llegan los ecos de entonces cuando, quizá no ya con tanta frecuencia, se sigue escuchando en reuniones, medio en serio medio en broma, aquello de «Gibraltar, español».

Estructura y estilo

La novela cuenta con un capítulo introductorio de un par de páginas, narrado en primera persona por una voz femenina. ¿A quién pertenece esa voz? Yo no lo voy a decir aquí, aunque la propia autora lo desveló en la entrevista. Ella será la encargada de contarnos la historia, «sencillamente, la historia de un amor», una voz que aparecerá fugazmente en la narración para que no nos olvidemos que de su presencia y para matizar u opinar sobre lo que hacen o deshacen los personajes pues, al fin y al cabo, todo lo que ellos hacían, condicionaría su existencia. 

A partir de ahí la narración se apoya en diversos bloques, a lo largo de los cuales se distribuyen capítulos de corta extensión, encabezados por los nombres de los personajes a los que se dedican los mismos y en los que, ocasionalmente se introducen cartas, de tal modo que la novela cobra un ligero toque epistolar. El recorrido vital e histórico abarca desde 1945 hasta casi nuestros días, hasta ese desenlace que, como dije antes, te va a resultar conmovedor. 

Yolanda Guerrero cuida mucho los detalles de esta historia. No se conforma construir un mundo que resulte idéntico al que hubieran vivido los personajes ficticios de este relato de haber existido de verdad, sino que, además, se esmera a la hora de dar forma a cada uno de ellos. De ahí que cuide mucho la personalidad de los hombres y mujeres de esta historia, retratando la forma de hablar de aquellos más humildes, de los que no han tenido estudios o ese inglés un tanto sui generis que tenían los gibraltareños. Por eso, Mariquilla, la madre de Manuel se expresa así:

 

«Te digo que Manuel, Paqui, cojones. Quiero otro como el que tenía, que Dios me lo estaba debiendo, asín que con este me lo cobro. Manuel le llamo y sanseacabó, coño ya». [pág. 19]

 

Los diálogos entre Mariquilla y su hermana Toñi son absolutamente maravillosos y muy divertidos. 

El día que mi madre conoció a Audrey no cuenta con un ritmo frenético. No le van al faltar giros, ya lo dije antes, pero es una novela para leer de manera sosegada, para dejase llevar por la historia de amor de Manuel y Lisa, y deleitarse con ella porque ellos dos son «los Julieta y Romeo del Estrecho».


Poco más debo contar. Yolanda Guerrero vuelve a conquistarme con sus narraciones. En este caso, lo hace con esta preciosa novela, en la que el amor ilumina la vida de los personajes, que también tendrán que pasar penurias y calamidades. Una novela con la que se aprende sobre la historia de Gibraltar, que nos permite asomarnos a la vida de Audrey Hepburn o pasear por las calles de aquella Marbella de fiestas nocturnas y lujo. 


«El día que mi madre conoció a Audrey, todos comenzamos a tocar el cielo y el infierno a la vez con ambas manos». [pág. 11]


Más que recomendable.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



jueves, 22 de junio de 2023

YOLANDA GUERRERO: ❝Lo que más deseaba Audrey Hepburn era amar y ser amada❞

Lo comenté por redes en su momento. Todavía recuerdo el día en que conocí a Yolanda Guerrero. Fue en 2017, cuando vino a Sevilla a promocionar su primera novela. El huracán y la mariposa me pareció una historia preciosa, aunque también dura. Me emocionó aquel relato por la trama en sí, pero también porque Yolanda tiene algo a la hora de contar las cosas que convierte cualquier historia en belleza. Así que, cuando supe que volvía a mi ciudad, y con nueva novela bajo el brazo, me alegré muchísimo. Nada más verla, le di un enorme abrazo. 

El día que mi madre conoció a Audrey me ha resultado una novela originalísima, tierna, entrañable, romántica, y maravillosa. Es una historia llena de sueños, a veces rotos, y de muchas ganas. Un relato lleno de amor en el que la autora combina diversos elementos que, a priori, parecerían no casar. La Audrey del título es efectivamente la actriz Audrey Hepburn, que tendrá un papel protagonista importante, y cuya aparición en la trama encaja perfectamente. A eso se une las vidas de Manuel y Lisa, dos jóvenes que, al amparo de las melodías de los Beatles, comienzan una historia de amor. Y, como otro pilar más, Gibraltar y su historia.  Antes incluso de reseñar la novela, te invito a leerla. Pero también te animo a leer mi conversación con Yolanda Guerrero, o a escuchar nuestra conversación entrando en YouTube. 

Marisa G.- Yolanda, un placer tenerte en Sevilla otra vez, y además con una novela tan bonita como esta. Te tengo en el recuerdo, aquí en mi mente. Recuerdo la otra vez que nos vimos, con El huracán y la mariposa, en aquella cafetería que se llama Un gato en bicicleta. Me gustó aquella mucho. Esta me está encantando, así que, felicidades.

Yolanda G.- Muchísimas gracias, muchísimas gracias, porque yo también me acuerdo de aquella entrevista. Fue tan bonita, tan bonita. Además, era mi primera novela y fue una satisfacción tan grande hacer una entrevista tan maravillosa como aquella. La recuerdo perfectamente.

M.G.- Hubo mucha complicidad.

Y.G.- La hubo, sí. 

M.G.- Bueno, pues después de aquella, vino Mariela, una historia protagonizada por una enfermera española. Curiosamente, esta última novela está dedicada a las Marielas del mundo. ¿Por qué?

Y.G.- Mira, porque la otra novela, Mariela, fue acogida con una ilusión y con un entusiasmo que a mí me dejó realmente muy impresionada y muy emocionada. Las enfermeras se llaman ahora a sí mismas así, Marielas. Hay un hashtag en Instagram, en redes sociales, que es #marielas, además sin mencionarme a mí. De vez en cuando, y sobre todo con el coronavirus, descubro que alguien dice: «Venga, Marielas, vamos adelante». Y lo mismo están empleando el término de Marielas sin saber por qué. Una se lo cuenta a una, la otra se lo cuenta a la otra y se llaman a sí mismas Marielas. 

Yo sigo manteniendo una relación maravillosa con todas las enfermeras, porque la verdad es que han hecho muchísimo por la novela. Ellas se sienten muy reconocidas con una novela que habla de ellas, que no es fácil, porque antes del coronavirus es verdad que la profesión de enfermería estaba prácticamente ninguneada y no era visible. Y después del coronavirus, pues tampoco es que la cosa haya cambiado mucho. Cambió durante un tiempo, pero nada más.

Hace dos o tres semanas me invitaron, como me invitan todos los años, al Día Internacional de la Enfermería, el 12 de mayo. Me fui hasta Madrid para hablar en la Universidad Autónoma. Allí les confesé y les dije que, a partir de ahora, en todas las novelas que escriba, que no sé cuántas me dará la vida, habría siempre una enfermera. Creo que es un homenaje que les debemos hacer todos como sociedad. Si yo, en la medida que pueda, puedo poner mi granito de arena, pues así lo hago. 

M.G.- Qué gesto más bonito.

Bueno, sobre esta novela, dice la narradora en las primeras páginas que nos va a contar sencillamente la historia de un amor, o tal vez debería decir, de muchos amores. ¿Esta novela es una epopeya, es un canto al amor?

Y.G.- Sí, es un canto al amor y a muchos amores. No solamente está el amor principal, el amor nuclear de la novela, que es el de Lisa y Manuel, sino que ellos están rodeados de amores de la gente que les rodea en su vida. Para ellos, eso es una forma de verse reflejados. Hay algunos amores en los que no quieren verse reflejados. Saben que eso es lo que ellos no quieren llegar a ser. Y hay otros que, a lo mejor, les sorprende.

Hay una escena en la que Manuel se entera de que su mejor amigo es homosexual. La homosexualidad, en los años 60, era prácticamente un escándalo inimaginable. Sin embargo, Manuel entiende a su amigo porque es una persona inteligente y además con buen corazón. Él llega a entender que eso existe, que es legítimo, y que el amor es amor en cualquier circunstancia. Da lo mismo un hombre con un hombre, una mujer con una mujer, un hombre y una mujer, o como dice alguien, o un ángel con un ángel. ¿Qué más da? Lo importante es amar. Y eso es la espina dorsal de toda la novela.  

M.G.- Sin duda. Y además, con un amor como el que ellos viven. Un amor que atrapa.

Y.G.- Es lo que yo quería, que fuera algo que atrapase, que no fuera una historia de amor convencional, una historia de amor en la que se enamoran, se acuestan, después tenían desavenencias, después vuelven otra vez, y así. Yo quería un amor que fuera fuerte, que fuera invencible, pero que no pudiera consumarse como a ellos les gustaría. Y no por culpa de ellos mismos, de circunstancias internas, sino por culpa de lo que les rodeaba, de sus Montescos y sus Capuletos, que cada uno tira de un brazo de cada uno y no les dejan estar juntos. Porque eso ocurre todos los días. La gran política es la que está en contra del amor, es la que realmente hace que el amor no se lleve a cabo. La forma más patética y más extrema de esto son las guerras. Las guerras es la expresión máxima del amor fallido, de la ausencia total y absoluta en un agujero negro del amor. Donde hay guerras no puede existir nadie pensando en la gente. Si alguien es capaz de lanzar una guerra contra otro país o dentro del mismo país, lo único que está haciendo es destrozarle la vida a la gente. Es la forma más oscura y negra de caer en un pozo sin remisión, en la que el amor no puede existir ni existirá jamás.

Y yo quería eso, algo no tan extremo como una guerra, pero sí unas circunstancias tan difíciles como para que los enamorados no pudieran llevar a cabo su amor, y tuvieran que resignarse a lo que la vida les daba, hasta que llegara otro momento mejor para ellos. Y eso puede ser largo, puede ser corto, pero el amor puede ser invencible.

M.G.- En esta novela cuentas la historia de Manuel y de Lisa. Ellos se conocen en un concierto, el concierto que los Beatles dieron en Madrid, en 1965. Siempre me gusta preguntar a los autores el porqué de las historias, por qué nacen de la manera en la que nacen, cómo nacen. Esta historia, ¿cómo surgió?

Y.G.- Surge precisamente porque quería escribir una historia de amor. Una historia de amor en la que, como te digo, los amantes no pudieran llevar a cabo su amor, no por desavenencias entre ellos, sino porque el mundo que les rodeaba no les permitiera hacerlo. Pero también tenía muchas ganas de escribir una historia ambientada en la España del sur, en la España de Andalucía, porque es la España de mi familia. Tengo a mi madre, que nació en Melilla, y al año o los dos años, se fue a vivir a Ronda. Mi padre nació en Montejaque, en Málaga. Y yo, ahora mismo, vivo en la provincia de Málaga.

Mi madre me contaba historias de una cabrera deslenguada y mal hablada que se llamaba Mariquilla. Me las contaba como quien le cuenta a un niño la historia de Blancanieves. Yo me embelesaba y conocí Ronda antes de poner un pie allí. Cuando la visité por primera vez, sabía dónde estaba el tajo y la alameda porque mi madre lo describía muy vívidamente. Mi madre echó de menos Ronda toda su vida y tenía muchas ganas de escribir una novela ambientada allí.

Sobre los Beatles, los admiro muchísimo. Los adoro. Me parece que han marcado un antes y un después en la música, en la música contemporánea. Creo que a ellos se les debe muchísimo, y eso que fue un grupo que duró nada más que nueve años. Pero es un grupo que ha resultado ciertamente vital para la música contemporánea. Su llegada en los años 60 fue como un soplo de aire fresco, especialmente en países como España, que estaban acostumbrados a José Luis y su guitarra, cantando Gibraltar español. Luego, al calor de los Beatles, empezaron a salir otros grupos maravillosos como los Pekeniques, los Bravos,... Había un caldo de cultivo para que la música floreciera pero fue gracias a los Beatles. 

En fin, que tenía muchas ganas de escribir sobre esa época. Metí todos estos ingredientes en la sartén y salió esta historia. Gibraltar formó parte muy importante de aquellos años, aunque realmente en España no se la conoce como tal. Es una parte de nuestra historia que todavía tenemos pendiente, un muro de Berlín que hubo en la península ibérica, al que todavía no le hemos dado el estudio que merece, el estudio que necesita, y sobre todo el reconocimiento de lo que ha supuesto para nuestra historia. Y así me salió. 

M.G.- De Gibraltar hablaremos más dentro de un momentito pero, retomando el concierto de los Beatles. Claro, a mí aquel concierto me pilló fuera de este mundo pero sí he visto muchas imágenes. La música de los Beatles no es un telón de fondo sino que va a tener presencia a lo largo de toda la novela.

Y.G.- Sí. Manuel y Lisa se conocen en el concierto. A ellos ya les gustaban los Beatles antes de conocerse, soñaban con ellos. El día que a cada uno de ellos, por su lado, le llega una entrada para ese concierto fue el día más feliz de sus vidas antes de conocerse. Estaban emocionados con los Beatles. Para ellos era el súmmum de la libertad poder irse hasta Madrid a ver los Beatles. Era el grupo de sus sueños y para ellos, los Beatles eran como una forma de salir del mundo en el que vivían, de transportarse al futuro. Y aquella España también lo vivió así. Eran los melenudos. Claro, en aquella época, llamar melenudos a aquellas cabecitas con flequillito tan bien cortado, con una chaquetita negra, una camisa blanca, corbatita estrecha,... Hoy en día, a un joven le dices que a aquellos los llamaban melenudos y se echa a reír, evidentemente. Pero eran otra cosa, eran distintos. Y para ellos, para Lisa y Manuel, los Beatles eran una metáfora. Lo dicen en algún momento, que eran la metáfora de la libertad.

M.G.- Y, aparte de los Beatles, también tenemos a Audrey Hepburn, que ya aparece en el título. ¿Qué importancia tiene la actriz en la historia? ¿Cómo encaja en la vida de Manuel y Lisa?

Y.G.- A veces digo que el título es un spoiler de la novela. El día que mi madre conoció a Audrey pasó algo importante. El lector ya lo descubrirá pero es evidente que ese día pasó algo que les cambió la vida.

Audrey Hepburn fue una de las personas a las que Alfonso de Hohenlohe llamó para que se compraran una casa cerca del Marbella Club. Él quería crear allí una especie de oasis de libertad, en una España todavía cerrada, en la que no se podía usar bikini, en la que había mucha mojigatería y un recato absurdo. Él quería crear un oasis de libertad, pero no en el sentido desinhibido de libertinaje. En aquella época se hablaba mucho de libertad y libertinaje. Él lo que quería era crear un lugar en el que la gente no tuviera que preocuparse de nada, que los famosos no tuvieran que presumir de nada porque iban a estar allí en un lugar tranquilo y de relajación.  Y Audrey fue allí y se compró una casa con Mel Ferrer, su primer marido. En los primeros años 60 fue feliz allí. En los últimos, no. Se llevaba muy mal con Mel Ferrer.  Los últimos años fueron muy duros para ella en su matrimonio.

Ella llevó a Deborah Kerr a Marbella porque le habló de ese sitio paradisíaco, en el que nunca hacía frío. Era la Costa del Sol que, como su propio nombre dice, es un lugar donde nunca llueve y donde se vivía muy bien y tranquila. Pero además, Audrey Hepburn vivió en Madrid, en Puerta de Hierro. Fue muy amiga de una espía de la CIA que se llamaba Aline Griffith, la condesa de Romanones. Se hicieron íntimas amigas, se quisieron mucho, y se veían en Madrid y en Marbella. Audrey Hepburn tenía unos lazos especiales con España y en aquella sartén en la que yo estaba metiendo a los Beatles, a los años 60, a Ronda, y a todo esto, pues Audrey Hepburn encajaba muy bien en la receta porque era una persona que huía de las candilejas y de los oropeles. Ella tenía ese aura de glamur hollywoodiense pero, en el fondo, lo detestaba con toda su alma. Ella quería una vida tranquila. Quería cuidar de su hijo. En aquel momento, solo tenía a Sean. Lo único a lo que aspiraba, siempre lo dijo, fue a amar y a ser amada. Ese era el objetivo principal en su vida. Para ella, el amor lo era todo. Alguien como ella, tan excepcional, que lo tenía todo y era una gran diva, renunció a todo eso, renunció al cine, por cuidar a su hijo, por vivir con el hombre que entonces amaba, aunque al final dejó de amar porque la convivencia se hizo muy insoportable. ¿Quién mejor que una mujer así, una mujer excepcional en todos los sentidos? Porque no solamente era una actriz buena, un prodigio de glamour, belleza y elegancia, musa de Givenchy, que lucía cualquier vestido que se pusiera, es que además era una mujer maravillosa y una bellísima persona. Y siempre tuve ganas de escribir sobre ella pero no en plan biografía sino introducirla de algún modo en una novela mía. Siento mucha admiración por ella y quería reflejarla así.

M.G.- Pero todo ese conocimiento que demuestras que tienes de la vida de la actriz, ¿todo esto tú ya lo conoces de antes o ha habido un proceso de inmersión y de documentación? 

Y.G.- Sí, sí, yo ya conocía a Audrey. Siempre la admiré como actriz pero me causó muchísima impresión cuando a principios de los años 90 es nombrada embajadora de Buena Voluntad de la UNICEF, con un sueldo de un dólar al año. Siempre dijo que era el mejor sueldo de su vida. Y ella se dedicó en cuerpo y alma a aquella tarea. No era simplemente un adorno, no era una mujer famosa que se va a África a cuidar de los niños pobres. No. Ella convocaba actos y daba charlas en la ONU, en los que se recaudaban miles de dólares, a veces millones de dólares, para África. Todo iba a África. De hecho, creen que el cáncer de colon raro que contrajo, el que la mató, lo contrajo en uno de estos países por la mala alimentación y por la comida insalubre. Pero ella se volcó en cuerpo y alma, porque era lo que más deseaba en el mundo, amar y ser amada. Y decía que aquella tarea fue como el culmen de ese anhelo que ella siempre tuvo. Además, sus dos hijos ya eran mayores y no iba a tener más, porque estaba a punto de cumplir sesenta años, y dijo que la forma más extraordinaria de dar y de sentir amor era con aquellos niños pobres. Fue en esos años, cuando ella salía en la tele, cuando empecé a admirarla mucho más de lo que ya la admiraba como actriz. En aquel momento, yo no pensaba en escribir novelas pero, de haberlo pensado, seguro que hubiera dicho que ella tenía que aparecer en una novela mía.

M.G.- Bueno, ya lo has cumplido.

Y.G.- Sí, lo he cumplido.


[Si quieres oír nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Yolanda, esta novela es muy coral. Tanto es así que los capítulos van precedido por el nombre de un personaje. Con tantos personajes, cuéntame si a la hora de lo construirlos, uno u otro te ha resultado más fácil o más difícil. Hay muchos y muchos muy peculiares.

Y.G.- Muchos muy peculiares, sí. Fíjate Mariquilla es un personaje semi real. Mi madre siempre me hablaba de una tal Mariquilla, una cabrera deslenguada y mal hablada, que le traía leche recién ordenada cuando yo vivía en Ronda. Me ha costado crear ese personaje, darle voz propia, con ese lenguaje que tiene de tan mal hablado, saber cómo se emplea. Una cosa es saber que «asín» no se dice pero hay que saber cuándo emplearlo. Y eso solamente ha sido a base de observación. 

Ahora yo vivo en Andalucía. Cuando voy a una tienda, voy tomando nota de cómo habla la gente del pueblo llano, la de menos cultura. Y eso es lo que más me ha costado, crear su lenguaje, porque quería que tuvieran voz propia y reconocible.  Quería que el lector supiera de qué estrato social venían solamente con leer uno de sus diálogos. 

M.G.- Está muy bien recreado. Yo he pasado largos veranos en un pueblo y se habla así. Está muy bien construido.

Y.G.- Muchas gracias. Eso me gusta mucho porque es lo que pretendía, que no sonara a chino.

M.G.- Y Mariquilla era la señora que le traía leche a tu madre en la vida real. En esta novela es matutera. Yo conocía el término estraperlista pero matute, no. Y creo que no es lo mismo.

Y.G.- Bueno, se aplicaba más o menos en lo mismo. Era conseguir productos que no había en la España de posguerra y que estaban prohibidos. Era un contrabando ilegal. Sobre todo con productos como la penicilina, la sacarina, las medias de seda,... En fin, cosas que en España no había y que hacían falta.

Mariquilla era estraperlista. Ese término se aplicaba principalmente a los hombres y matutera o recovera, en la serranía de Málaga, se aplicaba a las mujeres. El matute era el cargamento que traían. Hay pequeñas diferencias, porque claro, lo que traía una matutera no es lo mismo que lo que traía un estraperlista. Un estraperlista traía más productos de consumo, mientras que las matuteras traían cosas como las que te he dicho, más pequeñas y que escondían en los refajos o que se metían por todas partes. Por entonces, se inventaron cien mil maneras de poder burlar a los guardias civiles de la sierra. Eran de una imaginación desbordante, personas muy ingeniosas que no sabían leer y escribir y, sin embargo, supieron eludir la cárcel y la persecución en tiempos muy difíciles para llevar un trozo de pan a su casa.

M.G.- ¿Y podríamos hablar un poco de la narradora de esta historia? La narradora está muy vinculada con la trama. No sé si podemos adelantar algo.

Y.G.- Bueno, en la primera parte del libro, la narradora habla de Manuel y Lisa. Se sobreentiende que ella es la hija de ellos dos y que está hablando de lo que le sucedió a sus padres. Aunque a veces habla en primera persona, ella no quiere ser la protagonista de la novela porque los verdaderos protagonistas son sus padres. Ella contará la historia tal y como se la contaron a ella. 

La narradora dice que, durante mucho tiempo, escuchó aquella historia con los ojos cerrados por el aburrimiento, como le ocurre a todo hijo al que sus padres le cuentan sus batallitas. Hasta que, de repente, un día se da cuenta de que es una historia muy importante, una historia que tiene que contar porque ya no tiene los ojos cerrados. De repente, lo ha entendido todo y sabe que tiene que contar la historia de sus padres. 

M.G.- En esta historia no todo es ficción. Tú misma lo estás contando, que has empleado recuerdos de tu familia pero también hay personajes reales y muy conocidos. La propia Audrey Hepburn, pero también aparece, por ejemplo, Gerald Brennan, y hay referencias a poetas, cantantes y periodistas, como Jesús Hermida. Incluso hay un guardia civil que también existió

Y.G.- Sí, un guardia civil, Bernabé López Calle, leal a la República.  Él peleó en el primer golpe, en el de Casado contra Negrín, y después se echó al monte. Bernabé se hizo maquis y era precisamente de Montejaque, del pueblo de mi padre. Al final, murió asesinado por un delator de sus filas. En aquella época era fácil delatar, porque la Guardia Civil había sembrado toda la serranía de carteles pegados a los árboles, diciendo que todos aquellos maquis que quisieran delatar a sus compañeros iban a recibir dinero y su familia iba a estar protegida. Eran tiempos de escasez y miseria, y los ideales servían para un rato. Era fácil sucumbir, ¿no? Y sucumbían simplemente para conseguir una vida un poco mejor. Por eso había mucho delator entre las filas de los maquis. Y a Bernabé López Calle lo mató la Guardia Civil porque le había delatado un traidor de sus filas.

Y yo me invento un primo de él, que es el padre de mi Manuel, que sigue la misma historia. La historia de Bernabé se repite en Raimundo, porque era algo muy habitual. Aunque hubo una parte importante de la Guardia Civil que se reveló. Ellos querían que siguiera el gobierno legítimo de la República y se echaron a aquellos montes abruptos, de la zona que va entre la serranía de Málaga y la de Cádiz. Eran mitad guerrilleros, mitad bandoleros, mitad luchadores por causa política. Aquello, al final, se convirtió en una lucha de pura subsistencia.

M.G.- Yolanda, ¿se podría decir que, de las tres novelas publicadas, esta es la más ambiciosa?

Y.G.- Bueno, Mariela era muy ambiciosa porque con aquella novela me propuse redescubrir mujeres olvidadas, intelectuales, escritoras, periodistas. Y fue una tarea muy importante. Bueno, fue muy importante para mí porque me llevó muchísimo tiempo redescubrir estas mujeres y ponerlas ahí. Y me siento muy contenta de haber reivindicado mujeres que realmente merecían estar en las páginas de la Historia, incluidas las pioneras de la revolución bolchevique. Si a esas mujeres las hubieran dejado, la revolución bolchevique hubiera sido otra cosa, pero a todas esas mujeres se les cortaron las alas. Así que me siento muy contenta porque he reivindicado el papelón de la mujer en una historia desconocida. 

Esta también es muy ambiciosa porque me he metido en camisa de once varas. No es lo mismo hablar de la revolución bolchevique que hablar de algo que sucedió antes de ayer. En términos históricos, los años 60 es antes de ayer y, además, pulsando cuerdas muy sensibles.

Si Franco consiguió que todo el mundo se unificara a su alrededor, izquierdas y derechas, diciendo, Gibraltar es español, hoy en día sigue siendo una piedra de toque política muy importante. Y me he metido en un lío, lo sé, pero no he querido hacer una novela política. Como te he dicho, yo he querido escribir una novela sobre la gente y cómo la política afecta a la gente. Y sí es ambiciosa en ese sentido, es posiblemente la más ambiciosa, porque me voy a granjear posiblemente algunas críticas. Ya lo digo al final, y se lo digo al lector, que recuerden que Campoamor ya lo decía, todo es según el color del cristal con que se mira. Y por favor, interprétenlo así.

M.G.- Bueno, de todas maneras, a mí me ha resultado muy interesante ese peso del contexto político-social que tiene la historia, del cierre de la verja de Gibraltar, del tira y afloja entre los gobiernos y del sentimiento de los gibraltareños. A veces, se sentían en tierra de nadie. No eran ni de aquí ni de allá.

Y.G.- Antes del cerrojazo, los gibraltareños eran el mismo pueblo que La Línea de la Concepción. Lo compartían todo, y salían y entraban con mucha naturalidad, porque era cruzar una verja y ya está. Pero la visita de Isabel II en 1954 lo enrareció todo. Hacía dos años que la habían coronado y quiso visitar sus dominios. Uno de ellos fue Gibraltar, a pesar de que Franco ya estaba peleando en la ONU para que se reconociera a Gibraltar como territorio español. En esa visita hubo algo de provocación por parte de Isabel II, eso hay que reconocerlo, y Franco supo capitalizar muy bien todo aquello. La ONU empezó a ponerse al lado de Franco, que era un dictador que no estaba acostumbrado a que los organismos internacionales le dieran la razón en nada, y de repente encontró ahí una piedra de toque que le venía estupendamente y que empezó a explotar. El cerco alrededor de Gibraltar se fue cerrando. Al principio se les quitaron los pases de trabajo a las mujeres y después también se le quitó a algunos hombres. Había que pertenecer a un sindicato creado por Franco para poder cruzar la verja. Gibraltar y Gran Bretaña terminaron por enfadarse y los gibraltareños pidieron al gobierno que endureciera las medidas de entrada a España por parte de los turistas británicos. Por cierto, estos iban a la Costa del Sol a través de Gibraltar porque era mucho más cómodo que hacerlo desde Madrid. En fin, que todo se fue enrareciendo.

En ese tiempo había muchísimas familias mixtas, como las que hay en mi novela. Familias que tenían padres de un lado y madres de otro. Hacían hijos mixtos, que hablaban llanito de la misma manera que hablaban español o que hablaban inglés. Eran dos sociedades que se llevaban bien hasta que el clima político lo enrareció todo. Y al enrarecerlo, los gibraltareños empezaron a sentirse rechazados por España, -no por los españoles-. Todavía hoy, en la Línea de la Concepción me dice la gente que allí jamás se ha oído nunca decir Gibraltar español. Ellos siempre han creído que esa piedra era de todos y que lo de Gibraltar español solo fue un lema que creó Franco. Para ellos, Gibraltar y España eran el mismo pueblo con diferentes orígenes. En Gibraltar hubo pocos españoles. La mayoría eran de origen magrebí, judío, hebreo, maltés o genovés. Había una mezcla étnica muy interesante en Gibraltar. Y nunca tuvieron la sensación de ser españoles. Cuando Franco decreta el cerrojazo y les cierra toda vía de comunicación, lo hizo declaradamente para que Gibraltar cayera del árbol como fruta madura del lado español. Y ellos lo interpretaron como lo que fue, como un intento de estrangularles. Aquello les dolió muchísimo. Desde ese momento renunciaron a todas sus raíces españolas y ahí es donde yo creo que se abrió realmente la brecha. Por eso, yo creo que Gibraltar nunca será español porque aquello hizo muchísimo daño. En el año 69, ellos se sintieron excluidos. Somos Gibraltar español pero nos estáis arrancando de vuestras entrañas. Esto no tiene lógica. 

M.G.- La novela empieza en el año 1945 y llega hasta nuestros días, aunque realmente la historia comienza en el año 1965, con ese concierto de los Beatles. De todos modos, tú haces como una introducción previa, para que el lector conozca el background y los orígenes de los personajes principales.

Y.G.- Claro, yo quiero que conozcan el extracto social del que viene cada uno y la mochila que cada uno trae a sus espaldas. Porque Manuel trae la mochila de un hermano que se llamaba igual que él y que murió con tres años en la guerra. Llamarte exactamente igual que un niño que murió con tres años. Tener a una madre obsesionada con no perder al segundo Manuel como perdió al primero, luchando por él con todos sus medios. Eso es una mochila muy dura de llevar.  

Y Lisa nace en medio de una situación muy sangrante, porque los evacuados gibraltareños en el Reino Unido lo pasaron muy mal. Eran despreciados por los británicos y se les consideraba como de segunda categoría. Los evacuaron a Gran Bretaña para que no estuvieran durante la Segunda Guerra Mundial. Evacuaron a las mujeres, a los niños y a los enfermos, pero allí los trataban mal, y los abandonaron en los lugares donde ellos no querían estar, por si bombardeaba Hitler. En Gran Bretaña, se sentían allí minimizados. Pues Lisa viene de ese odio, de ese rencor que sentía sobre todo su padre, aunque también su madre. La madre de Lisa era linense, de La Línea de la Concepción, y sufría un trastorno bipolar. Esto era algo que, en aquel momento, no estaba reconocido. Por entonces, las mujeres que sufrían este trastorno eran simplemente mujeres histéricas y se les daba pastillas, que era como se solucionaba todo antes. La madre intervino de una forma muy decisiva en la vida de Lisa. Digamos que la hija se convirtió en la madre de la madre.

Pero de la vida triste que cada uno llevaba, Manuel en Ronda, y Lisa en Gibraltar, nace, de repente, la luz, cuando van a ese concierto en Madrid. Me ha emocionado mucho imaginar a dos personas que viven en la oscuridad, en la tristeza, y en la negrura pero que, de repente, se les abre la luz completamente.

M.G.- Esa tarde noche que ellos viven después del concierto es una preciosidad. Hace soñar a cualquiera.

Y.G.- Sí, a cualquiera con una historia de amor así, ¿verdad? Eso es lo que yo quería y me alegro que me lo digas.  

M.G.- Yolanda, lo dejamos aquí. Felicitarte por esta novela que la estoy disfrutando muchísimo. 

Y.G.-  Me alegro mucho. 

M.G.- Gracias.

Y.G.- Gracias a ti. 


Sinopsis: Lisa, gibraltareña, y Manuel, malagueño, se enamoran en el concierto que celebraron los Beatles en Madrid. Desde ese día, viven encontrándose y separándose, incomprendidos por sus familias e inmersos en una época turbulenta: por un lado, una dictadura que ha encontrado en el lema «Gibraltar español» un denominador común que comparten tanto quienes se oponen al régimen como quienes lo defienden; por otro, una España que poco a poco se incorpora a la modernidad. Pero cuando el cierre de la Verja en 1969 separa a los amantes, en suelo español se queda también la hija que han tenido ambos, un bebé de pocos meses. Audrey Hepburn, a quien Lisa ha conocido en Marbella, se convierte en una cómplice inesperada de la pareja y quizá la única que pueda ayudarlos.

Después del éxito de Mariela, Yolanda Guerrero vuelve a desplegar su excepcional talento como narradora para contarnos con un relato conmovedorcómo el amor es la última arma contra el dolor y la injusticia. Un inolvidable Romeo y Julieta moderno ambientado en un momento histórico que transformó el país para siempre.

 

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