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lunes, 29 de enero de 2024

EL OLOR DEL MIEDO de Manuel Ríos San Martín

 

Editorial: Planeta
Fecha publicación: agosto, 2023
Precio: 21,90 €
Género: thriller
Nº Páginas: 552
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubiertas
ISBN: 9788408276593
[Disponible en eBook y Audiolibro]


Autor

Manuel Ríos San Martín (1965) es licenciado en Ciencias de la Información y ha trabajado como productor ejecutivo, director o guionista en distintas series de televisión, como Colegio mayor, Médico de familia, Compañeros, Raphael o Sin identidad. Actualmente es director argumental de Operación Barrio Inglés (TVE). Ha dirigido un largometraje, No te fallaré, y ha colaborado en la escritura de los guiones de Amigos... y Maradona, la mano de Dios. Ha coordinado y coescrito el libro El guion para series de televisión, publicado por el Instituto de RTVE. También es autor de las novelas Círculos, La huella del mal y Donde haya tinieblas; las dos últimas se están adaptando a la televisión.

Sinopsis

No hay animal más peligroso que el ser humano.

Elena es un animal de la especie humana, una veterinaria apasionada que se deja la vida en el parque zoológico de Valencia para proteger a los seres que ama: elefantes, chimpancés, leones… Ella los cuida con mimo y los salva del peligro hasta que un tirador comienza a sembrar el pánico.

¿Quién es ese criminal oculto que pretende aniquilar los ejemplares más bellos de otras especies? La peculiar investigación, llevada a cabo por un veterano de la UDEV y una joven inspectora, parece un laberinto sin salida. Según el código penal, matar a un animal no se considera «asesinato». ¿Entonces? ¿Vale más la vida de un ser humano?

Elena se apoyará en Cristina, su pareja, y en Sidy, su amante y compañero en el parque, para desenmascarar al culpable sin importar que tenga que romper la ley. Entre triángulos amorosos e insólitas sospechas, todo está servido para que corra la sangre. ¿Podría ser ella la siguiente víctima?

[Información tomada de la web de la editorial]

Me gustan las novelas de Manuel Ríos San Martín. Creo que, más allá de plantear una trama encuadrada en el género del thriller, con su toque de suspense e intriga, que permita unos días de lectura entretenida, procura abordar temas que nos invitan a reflexionar. Es lo que hizo en las anteriores, donde se metía de lleno en la prehistoria, el arte, o la religión. En su última novela, El olor del miedo, se centra en el mundo animal, en los zoológicos, y abre, a través de una trama de dolor y muerte, un amplio espacio para el debate. Os cuento.

Elena es una joven veterinaria de veintisiete años que trabaja en un parque de animales de Valencia. Es la encargada de velar por el bienestar de los elefantes, a los que conoce mejor que a muchas personas. Con el paso del tiempo, se ha forjado una unión muy especial entre ella y sus paquidermos. Su manada está formada principalmente por elefantes hembras, y Elena conoce perfectamente el carácter de cada una y qué papel desempeñan en su círculo. Ella los adora y los elefantes la corresponden con «un amor primitivo». De entre todos los animales del parque, destaca principalmente Blanca, una elefanta de dieciocho años, que constituye la imagen del establecimiento.


«Era la imagen del parque; un ejemplar albino que los niños adoraban y que se había adaptado de maravilla al clima mediterráneo». [pág. 18]

 

Elena no solo cuida de la salud de la manada, sino que también lleva a cabo labores de reproducción. Llevan un año intentando que Blanca quede embarazada, por aquello de preservar la especie, pero no está resultando tarea fácil. Para este propósito cuenta con varios trabajadores del parque. Entre ellos, Sidy un biólogo de etnia fulani, procedente de Senegal, de la misma edad que Elena y de carácter callado, con el que la joven mantiene una estrecha relación.

Los días en el parque transcurren con normalidad. La joven veterinaria desarrolla su trabajo cada día, muy implicada en la tarea de cuidar y amar a sus elefantes. Sin embargo, todo se ve alterado cuando una mañana, algo terrible ocurre en el parque. De repente, un zumbido surcó el aire y acto seguido:


«Elena miró hacia el exterior: Blanca se tambaleaba. Estaba intentando entender qué había ocurrido cuando algo impactó en la frente de la elefanta, a la que se le doblaron las extremidades delanteras y se desplomó. Las patas habían dejado de sustentar a su querida elefanta». [pág. 22]

 


Alguien ha disparado a la elefanta desde la distancia y el animal muere. Tras el suceso, la policía se persona en las instalaciones del parque. La muerte de Blanca conmueve a la sociedad y las redes sociales se vuelven un hervidero. Al cargo de la investigación estará Juan Pedro (JP) Casillas, inspector de la UDEV (Unidad de Delitos Violentos), al que no le hace mucha gracia lo que se le viene encima. Para él, Blanca no es más que un bicho.  Esa será su carta de presentación. Pero no tendrá más remedio que enfrentarse a este peculiar caso porque la muerte de Blanca se ha convertido en un asunto muy mediático. Para hacer frente a la investigación, contará con la ayuda de Violeta Palacios, una jovencísima inspectora, a la que JP ve como la típica chica que, impulsada por las series televisivas, estudia criminología sin saber realmente dónde se está metiendo.

En cualquier caso, y más allá de las peculiaridades del mismo, el inspector no puede obviar que el caso resulta interesante. ¿Quién puede tener motivos para matar a un animal de un parque y para qué? Para sí mismo, confiesa que cree estar ante un asesino diferente, un perfil de criminal al que nunca se había enfrentado.

La investigación se iniciará por el primer paso, por interrogar a las personas relacionadas con el parque. De todos ellos, destacarán dos nombres: Marcos Abalde (director técnico del zoo) y  Adolfo, un empleado de seguridad, al que Elena no duda en señalar abiertamente como el responsable de la muerte del elefante. Los diversos interrogatorios, el visionado de las cámaras de seguridad, y las informaciones que van obteniendo ponen en el punto de mira a los grupos animalistas. Paradójicamente, ¿es posible que ellos estén detrás de este asunto? No sabemos. La cuestión es que a la muerte de Blanca le seguirán otras más, además de producirse otros hechos violentos contra empleados del zoo, que arrojarán unos cuantos sospechosos. Con todos estos elementos sobre la mesa, la misma Elena iniciará su propia investigación criminal, tras la pista del asesino de su querida Blanca. 

Pero el esclarecimiento de los hechos no será el único foco de atención de esta trama. Por otro lado, también conoceremos la vida personal de Elena y la de JP, un ámbito personal que también parece estar revuelto.

Y todo ello hasta llegar a un desenlace que a mí me ha parecido satisfactorio.
 

Qué me ha gustado de esta novela

Hay que reconocer que Ríos San Martín nos presenta una trama negra que brilla por su originalidad. En un thriller, las víctimas suelen ser seres humanos. Sin embargo, en El olor del miedo, el autor opta por poner sobre la mesa la muerte violenta de un animal. En este caso, ¿la muerte de Blanca se podría considerar un asesinato? ¿Tendría la elefanta el carácter de víctima? ¿Qué ocurre a partir del funesto suceso? Porque, según se recoge en el Código Penal, a los animales no se les asesina, solo a las personas. Está claro que, tras el asesinato de un ser humano, inmediatamente se pone en marcha toda una maquinaria policial y judicial, con el objetivo de esclarecer los hechos, pero ¿sería viable hacer uso de los recursos públicos para investigar la muerte del elefante? A partir de este punto al lector se le abre un camino hacia la reflexión, en la que ni él ni los protagonistas, dejarán de hacerse preguntas. ¿Cuántas veces no se ha ridiculizado a esas personas que tratan a sus animales domésticos como si fueran miembros de su familia? Todos conocemos a amigos y familiares que aseguran que muestran un amor inconmensurable por sus gatos, sus perros, sus tortugas o sus peces. Son personas que lloran la muerte de sus mascotas más que la muerte de un familiar cercano. ¿Cómo se interpreta esta actitud desde un punto de vista social y psicológico? 

Por otra parte, otra cuestión que me ha gustado de esta novela es la humanidad, o la falta de ella, que destilan sus personajes. Elena y JP no son solo una veterinaria y un inspector de policía. También tienen una vida propia y asomarme al trasfondo de esa esfera íntima personal, que igualmente repercutirá en el desarrollo de los hechos, resulta interesante porque nos permite conocer a los personajes con mayor profundidad, al despojarse de todo aquello que ocultan de sí mismos en un entorno laboral. 

Añado que la acción se inicia muy rápidamente. Basta que pasemos una decena de páginas para que el lector se encuentre de lleno en medio del conflicto y eso, siempre es de agradecer porque, esos arranques en los que las presentaciones y las composiciones de lugar se dilatan página tras página, me restan interés.  

Y admito que, hacia la mitad de la lectura me planteé si la resolución del caso iba a estar a la altura del desarrollo. La verdad es que tenía mis dudas porque odio encontrarme con un desenlace en el que queden flecos sueltos y que no resulte creíble. Por suerte, y como dije antes, todo se resuelve de forma positiva. Pero eso no quita que el lector se haya pasado las últimas setenta o cincuenta páginas haciendo cábalas sobre la identidad del asesino para luego, tras tremendo patinazo, darse cuenta de que sus sospechas son sólo humo.

De todos modos, y en honor a la verdad, debo decir que hay un único dato que no termino de ver claro, pero tampoco sé si es que se me ha pasado algún detalle por alto, circunstancia que perfectamente podría ser. Para averiguarlo tendría que leer la novela de nuevo. En cualquier caso, eso no ha repercutido en el disfrute de la lectura. 

Personajes

Aunque El olor del miedo es una novela que pivota sobre dos personajes principales, Elena y JP, esta historia es bastante coral. Entre estas páginas habrá espacio para los compañeros del inspector, para los trabajadores del parque de animales, así como para todos aquellos que conforman la esfera personal de la veterinaria y el policía. De este modo, nos acercaremos también a Rosa (la mujer de JP). Pero, centrándonos en los más principales, tenemos a:

Elena: Una joven decidida, muy impulsiva y muy comprometida con su trabajo. Ella encarna ese tipo de persona del que hablaba antes, porque para ella, la muerte de Blanca supone tanto o más que la muerte de un familiar querido. Necesita saber quién ha cometido semejante atrocidad y, de carácter imparable, no cejará en su empeño hasta conocer la verdad. Por eso iniciará una investigación por su cuenta porque cree que la policía no está haciendo bien su trabajo.

Para ella, sus elefantas son lo primero. Incluso están antes que las personas que conforman su vida, como su madre, con la que no mantiene una relación muy fluida, o como Cristina, con la que empieza a tener diversos encontronazos. Y es que los sentimientos de Elena navegan entre dos puertos. Pero eso ya lo descubriréis

Sidy: Es el personaje que nos permite conocer a otras personas, ajenas a nuestra cultura, que han soñado con una vida mejor. Para ello, no solo ha sacrificado buena parte de su vida sino que también ha tenido que pasar calamidades y peligros hasta alcanzar su objetivo. 

Sidy trabaja mano a mano con Elena. Ambos comparten un desmesurado amor por los animales, unas emociones que, a veces, se desbordan.

JP: Este personaje representa al prototipo de inspector de policía, de la vieja escuela, con una dilatada trayectoria, que ya no se sorprende de nada ni de nadie. Ha visto tantas cosas en sus años de profesión que es incapaz de conmoverse por nada. ¿Qué importa la muerte de una elefanta? No es más que un animal. A su juicio, hay asuntos más importantes en los que invertir tiempo y dinero. 

Casado con Rosa, cuyos besos le incomodan, JP es arisco y cuenta con un sentido del humor más ácido que un limón. Su punto débil es su nieta Coral, una niña que le tiene robado el corazón y a la que le encantan los animales. JP será un personaje en el que apreciaremos una evolución. No solo en lo que se refiere a su labor profesional, entendiendo que los animales merecen respeto y atención, sino también en lo referente a su ámbito personal. Algo le ocurre a JP que le obliga a replantearse toda su vida.

Y paro porque es mejor no desvelar más sobre el resto de personajes.

Temas

Como comenté antes, lo interesante de las novelas de Manuel Ríos San Martín es que no se quedan únicamente en plantear un crimen y su resolución. Es habitual que el género ahonde también en otros asuntos pero, en el caso de este autor, hace una profunda labor de inmersión en ciertos temas, entre los que destacarían el amor, el duelo, y los siguientes:

El mundo animal

Al igual que me pasó con las novelas anteriores, en este caso he disfrutado mucho aprendiendo sobre el mundo animal. Más concretamente, sobre los elefantes. Entre otros datos y curiosidades, he aprendido que los paquidermos pueden percibir cualquier vibración que se produzca en la tierra, incluso si ésta se produce a más de treinta kilómetros del lugar en el que están. O que son los únicos animales que, en las migraciones, visitan el lugar donde reposan los huesos de sus antepasados, permaneciendo en ese entorno un par de días. Y no sólo conoceremos cosas sobre los elefantes, sino que también se nos facilitarán datos interesantes sobre otras especies. Sin embargo, no todo es bonito en el mundo animal, tal y como nos explica el autor en la entrevista (que puedes leer aquí). Hay ciertas especies que hacen cosas que nos pueden sorprender, pero es que la naturaleza es así. 

Por otra parte, también se indaga mucho en el nexo que une a los hombres con los animales. Se explica cómo tenemos comportamientos similares o cómo hemos perdido algunos hábitos que nos acercaban a otras especies, pero que hemos perdido con la evolución. En este punto, tendrá especial protagonismo un personaje - María Santaolla, profesora universitaria-, a través de la cual Ríos San Martín nos explicará la necesidad de transmitir genes, cómo funciona la ley del más fuerte o la selección natural.

Cerrando el apartado del mundo animal, se aborda también el tema de las cacerías o las prácticas de los que se llaman cazadores blancos, gente que mata animales por diversión, para conseguir un trofeo que mostrar a sus amigos. Por no hablar de lo barato que sale matar a un animal, con sanciones que resultan irrisorias.
 

«La caza, desde los años setenta, cada vez tiene menos que ver con la época que les cuento. La gente no va de safaris por placer, sino para ganar puntos y hacer récords. Nosotros hacíamos batidas de cuarenta y cinco días, en tiendas de campaña de mala muerte. La caza es un duelo entre caballeros, no un asesinato. El animal debe tener la oportunidad de escapar. Ahora, se trata de fusilar cuantas más piezas mejor en poco más de una semana». [pág. 167]


Zoológicos

Otro tema interesante sería la existencia de los zoológicos. Desde siempre, estos recintos han despertado mucha polémica. ¿Tenemos derecho a mantener a otros seres vivos encerrados para el disfrute del hombre? Sobre este asunto han corrido ríos de tinta. Lo interesante es informarse, pero informarse bien. Yo, particularmente, no estoy a favor de enjaular animales pero, igual que digo una cosa, digo otra. He visitado zoológicos y parques de animales, donde he podido ver de cerca a especies que, de otro modo, no podría ver. ¿Entonces? Si os digo la verdad, al respecto, me dejó muy tranquila las palabras de Manuel Ríos San Martín, en la conversación que mantuvimos el septiembre pasado. Y es que el autor, después de hacer una importante labor de documentación y hablar con quienes saben de este tema, me aclaró lo siguiente: «...los animales que están allí no son animales capturados en la naturaleza y destinados al zoológico, sino que son animales que vienen de otros zoológicos peores, de circos, de tráfico ilegal. No llegan al zoo porque los traigan de África». Y, además, añade: «En plena naturaleza, las jirafas siempre duermen de pie porque tienen mucho miedo a los depredadores. Sin embargo, en el parque, cuando se hace de noche, se acercan a la puerta del cobijo en el que duermen bajo techo. Se acercan a la puerta como pidiendo que les abran. Entran y allí se tumban para dormir. Es decir, el parque es un sitio sin miedo».

Dicho lo cual, ¿estos animales están más seguros en su hábitat natural o en un recinto donde, precisamente, recrean ese hábitat, están al resguardo de depredadores, se atienden sus necesidades alimenticias y se les cuida cuando están enfermos? 

Vosotros, ¿qué decís?

Maternidad

La maternidad es uno de esos grandes temas que suelen asomar en literatura y, tan versátil, que encaja en cualquier género. En El olor del miedo también habrá espacio para debatir al respecto. Por una parte, la maternidad se enfoca desde un punto de vista profesional. Para preservar ciertas especies, se hace necesaria su procreación. Y a ello se dedica Elena, con la ayuda de Sidy. Están tratando de que Blanca, la elefanta, se quede embarazada. ¿Lo conseguirá? ¿Será demasiado tarde?

Pero, por otra parte, y como comenté antes, Cristina y Elena mantienen una relación desequilibrada en intereses. Una quiere más. La otra está bien como está. Y la cuestión de la maternidad se interpone entre ellas. Cristina es demasiado mayor para engendrar un bebé en su interior. ¿Elena estará dispuesta a ser la portadora de una nueva criatura por el bien de la pareja? Eso ya lo veréis si os internáis en esta lectura. Lo que está claro es que será un punto de inflexión. Y es curioso porque en la novela veremos esas contradicciones de la vida, esas situaciones en las que nos vemos inmersos, y que contrastan con nuestra manera de pensar. Elena, en cierto modo, tendrá que experimentar la maternidad. No os cuento más. 

Estructura y estilo

Escrito en tercera persona, El olor del miedo se estructura en seis bloques, a lo largo de los cuales se distribuyen un total de ciento treinta y seis capítulos de corta extensión, más un epílogo que cierra la novela. La narración, ágil y dinámica, consigue que el lector sienta deseo de continuar con la lectura.

Manuel Ríos San Martín no se va por las ramas. No opta por aturdir al lector con una presentación de hechos y personajes que solo consiguen demorar la entrada del conflicto. Aporta los datos precisos, -ni más ni menos-, para que el lector se haga una composición de los protagonistas, de sus vidas y de su entorno. Y tras unas cuantas páginas, los hechos se precipitan.

La acción se desarrolla a un ritmo constante que irá en aumento a medida que los sucesos van teniendo lugar. El autor sabe crear, gestionar y dosificar el suspense, de tal manera que, una vez que ha atrapado al lector ya no soltará a su presa.



Poco más quiero y debo contaros sobre El olor del miedo, una novela que, por cierto, está dedicada a Félix Rodríguez de la Fuente. En mi caso particular, me ha gustado leer esta novela, me ha mantenido enganchada, al tiempo que me ha hecho reflexionar y aprender sobre el mundo animal. Por lo tanto, y en lo que a mí respecta, a esta novela le doy un SÍ

Cierro mi opinión con un párrafo que me ha parecido más que significativo:

«"Recordó un concepto que le había escuchado a Arsuaga en una conferencia: los humanos y el resto de las especies somos similares no porque ellas se parezcan a nosotros, sino porque nosotros nos parecemos a ellas. Esa era la clave». [pág. 272]

 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí (tapa dura), aquí (Kindle) y aquí (Audiolibro)



jueves, 28 de septiembre de 2023

MANUEL RÍOS SAN MARTÍN: ❝Somos la primera especie que podemos decidir si queremos tener hijos o no❞

La última vez que Manuel Ríos San Martín acudió a Sevilla para promocionar una novela fue en junio de 2021 y llevábamos mascarilla. Luego, como me comentó al final de la entrevista, ha visitado otras veces esta ciudad por motivos cinematográficos, pero esa es otra cuestión. Admiro mucho a los autores que son capaces de llevar un ritmo regular en las publicaciones de sus novelas, construyendo historias entretenidas y con las que se aprende sobre alguna temática. Es el caso de este autor madrileño. Manuel Ríos San Martín ha dedicado buena parte de su vida al mundo del cine y la televisión. Productor, guionista y director, su nombre está detrás de producciones que todos guardamos en nuestra memoria, como Médico de familia, entre otras (puedes ver su biografía aquí). Pero no fue hasta 2016, cuando decidió ponerse en el lado de los escritores con Círculos (Suma de Letras). Luego llegaría La huella del mal (2019), Donde haya tinieblas (2021) y ahora El olor del miedo (2023). 

De entrada, tengo que confesaros que su última publicación, El olor del miedo, me ha gustado mucho. Con este autor, el lector ha llegado a aprender de prehistoria, de religión, o de arte, y ahora aborda el mundo animal. Me declaro amante y defensora de los animales. No sabría decir si me disgustan los zoológicos. Pero sí me hierve la sangre con el maltrato animal. Y maltrato hay en esta novela, historia que se desarrolla en Valencia, en el parque de animales de la capital del Turia, donde Elena es veterinaria. Allí reside Blanca, una elefanta albina que es el símbolo del parque. Pero, un buen día, mientras los cuidadores tratan de averiguar si el paquidermo está embarazado o no, se produce un brutal atentado contra la integridad de los animales allí confinados. Alguien dispara contra Blanca y muere. A partir de ese momento se iniciará una investigación criminal pero, ¿se puede considerar la muerte del elefante como un asesinato? ¿Es viable invertir recursos públicos en la muerte violenta de un animal? ¿Acaso los animales y los seres humanos estamos al mismo nivel? 

El olor del miedo no solo nos regala una historia entretenida sino que, además, nos invita a reflexionar sobre el papel del hombre, el comportamiento animal, la transmisión de los genes o el amor a los animales. A su paso por Sevilla, tuve la oportunidad de conversar con el autor. Ahí va nuestra charla. 

Marisa G.- Manuel, nos vimos en junio del 2021. Tiene mucho mérito escribir una novela cada dos años.

Manuel R.- Sí, sí, no me quejo. Pero es verdad que, entre la documentación, que me lleva mucho tiempo, y la estructura, que la trabajo mucho, no soy capaz de escribir más rápido. Pero bueno, aquí estoy.

M.G.- Aquí estás. El olor del miedo ha salido hace muy muy muy poco tiempo. El 30 de agosto si no me equivoco. Veo por redes sociales que te está dando grandes satisfacciones con ese feedback que estás recibiendo. Yo voy por la página 200 y estoy muy enganchada. 

M.R.- Sí, está siendo muy bueno. Las redes sociales están siendo muy amables, muy cariñosas. Los actos de presentación están yendo muy bien. En Madrid ha sido una locura. He hecho dos presentaciones en Madrid, llenas, abarrotadas, con gente de pie. Y luego, también  muy bien en Galicia y Valencia. Estoy contento. 

M.G.- Dices en los Agradecimientos que esta novela creció gracias a un encuentro en la radio con Pepa Crespo. ¿Eso cómo fue?

M.R.- Sí. Pepa es la directora de comunicación del parque de animales de Valencia. Yo estaba promocionando mi anterior novela, Donde haya tinieblas, en Valencia, y coincidimos en la radio. Ella hacía una entrevista justo antes que yo y la oí hablar del zoológico. Por entonces, andaba dándole vueltas a una idea, a un tema con animales de fondo, al asesinato de un animal en vez del de un ser humano. Así que estuve hablando con ella. Le dije que quería visitar el zoo pero no como un turista, sino por dentro. Si quería ambientar una novela en un zoológico tenía que conocer su funcionamiento. Y ella me invitó. Estuve tres o cuatro días conviviendo con los cuidadores, con los veterinarios, viéndolo absolutamente todo. Y no solo es que el espacio me funcionara sino que vi que el sitio está también lleno de misterios y recovecos. Me quedé una noche. Allí se oía a los leones rugir, a los elefantes barritar,... Era necesario porque, en la novela, hay personajes que se van a quedar por la noche en el zoo. 

M.G.- ¿Y por qué ese interés por los animales? Entiendo que debes de ser amante de los animales. Es algo que se nota en la novela.

M.R.- Siempre digo un poco en broma que, de niño, mi madre, en vez de leerle cuentos infantiles, me leía los libros de Félix Rodríguez de la Fuente. 



[Si quieres oír nuestra conversación, dale al play]



M.G.- A quien está dedicada la novela.

M.R.- Efectivamente. Siempre me han interesado mucho los animales. Hoy en día, vemos en redes sociales que a la gente le encantan. Tienen mascotas y cuelgan vídeos de perros, de gatos, de elefantes,... Pensé que, por un lado, es un tema que a mí me interesa y, por otro, es un tema que interesa a la sociedad. Además, hay tanta novela negra que, al abordar una investigación policiaca desde otro lado, creo que el lector lo va a agradecer. Le puede sorprender esta novela.

M.G.- El olor del miedo narra los hechos que ocurren en un parque de animales, el que está, como has mencionado, en Valencia. Allí se produce la muerte violenta de una elefanta albina. Alguien le dispara desde cierta distancia. Así arranca una investigación policial pero, digamos que hay una segunda investigación, la que lleva a cabo una de las cuidadoras de los elefantes. Elena también quiere saber quién ha matado al elefante.

M.R.- Así es, efectivamente. Quería que hubiese una segunda investigación. Le pregunté a la policía cómo investigarían la muerte de un animal. Me respondieron que, por las características especiales del caso, lo investigarían como si fuese el asesinato de un ser humano. Y eso ya me pareció peculiar. Pero, de todos modos, yo quería que hubiese una persona especialmente implicada en la trama, que fuese una persona cercana a la víctima, porque tienes que generar que el lector sienta interés por saber qué ha pasado. Elena, la veterinaria que cuida a la elefanta, tendrá un sospechoso nada más arrancar la novela porque en el zoológico han venido pasando cosas en el pasado, como pequeños boicots y tal, y, enseguida, ella tiene un sospechoso. A partir de ahí, y junto con un chico senegalés que también trabaja en el parque, lleva a cabo una investigación muchos más emocional que la que emprende la policía, porque la novela es muy emocional. Ella se pondrá en peligro y hará cosas ilegales. Es decir, hay dos investigaciones en paralelo que además dan mucho ritmo a la novela porque se irán intercambiando una con otra.

M.G.- Tu novela es un thriller que me parece muy original porque, como comentas, la víctima es un animal, un elefante albino. Hay mucho debate en la novela sobre si la muerte violenta de un animal se puede considerar asesinato y si al animal se le puede catalogar como víctima. Nunca me lo había planteado.

M.R.- Por eso es un planteamiento original. Teóricamente no se le puede llamar asesinato a la muerte violenta de un animal, pero realmente se parece mucho a un asesinato. 

En las novelas negras, todos hemos matado ya a muchas chicas en lugares emblemáticos, a chicos en sitios misteriosos, y llega un punto donde el lector ya  tiene como unos cánones establecidos y se sabe las dinámicas. Pero aquí, de repente, muere una elefanta y creo que las opciones para el lector son infinitas. A partir de ahí, creo que genera mucho interés este caso, que el que genera otra novela en la que puedes ir adelantando determinadas cosas. 

M.G.- ¿Y entonces la policía se toma tan en serio este tipo de casos y los investiga concienzudamente? Porque las condenas son irrisorias. Lo comentas en el libro.

M.R.- Sí, sí, a mí me dijeron que sí. Creo que, en el momento en que escribí esta novela, la condena era de dieciocho meses. Ahora, con la nueva ley, puede que haya aumentado un poco. Por esto, sitúo al policía encargado de la investigación como un viejo rockero, un tío de sesenta años, muy irónico, muy socarrón, que se pregunta por qué le han encargado investigar la muerte de un bicho, cuando él es un policía de toda la vida.  E incluso habrá lectores que se pregunten por qué se investiga la muerte de un animal. Así que, están todas las posturas representadas y creo que es algo que funciona bien. 

Luego, el policía tiene una nieta de nombre Coral que queda muy impactada con la muerte del elefante. Hay un momento en el que ella coge a su abuelo y le pide encuentre al que lo ha hecho, y ahí la investigación se vuelve más personal.

M.G.- Ese policía se llama JP, del que hablaremos más adelante. Pero es que esta novela nos coloca un debate tras otro. Por ejemplo, otra pregunta: ¿Es justo que, para entretener al hombre y proporcionarle un espacio de ocio, los animales tengan que estar encerrados?

M.R.- Bueno, creo que ese es un debate en el que no se puede decir sí o no. Es demasiado complejo. Por un lado, los zoológicos como el de Valencia son lugares con instalaciones muy muy buenas. Son realmente impresionantes. Y por otro lado, los animales que están allí no son animales capturados en la naturaleza y destinados al zoológico, sino que son animales que vienen de otros zoológicos peores, de circos, de tráfico ilegal. No llegan al zoo porque los traigan de África. Así que tenemos que partir de eso.

Luego, hay que tener en cuenta que los zoológicos modernos tienen unos programas educativos muy potentes. De verdad, hacen una labor divulgativa muy grande entre los niños que visitan los parques a diario, a los que le dan cursos y charlas.  Y aparte, tienen una fundación que trabaja con ciertas especies en origen. Por ejemplo, en el parque de Valencia hay unos chimpancés que están en peligro de extinción. Pues bien, la Fundación Bioparc colabora en África, en Senegal concretamente, con la Fundación Goodall, en un programa muy bonito que cuento en la novela, para ayudar a esos mismos chimpancés. Es un programa que, además, ayuda a la mujer. En el lugar en el que se están quemando bosques para cultivos, las enseñan a cultivar pero, a la vez, evitan que se destroce el medio ambiente, y protegen a los chimpancés. Por eso, el sí o el no es algo muy complejo. Los zoológicos modernos hacen una labor divulgativa que está muy bien. Por supuesto, siempre puede haber gente a la que no le gusten.

M.G.- Manuel, me parece curioso que, en la novela, a la hora de referirte al espacio, usas más la palabra parque de animales que zoológico porque la palabra zoológico siempre ha sido un término muy peyorativo.

M.R.- Sí, depende del personaje. El policía siempre lo llama zoológico porque a él le da todo igual. Sin embargo, el concepto es más parque de animales. En Valencia, y en Fuengirola donde hay otro parecido, le llaman parque de inmersión. Es un parque que no tiene vallas. Entras en el parque y no hay vallas. Ves a los chimpancés sin que haya vallas por medio. Lo que hay es una montaña en un lado, y un río en el otro. Es decir, de los chimpancés te separa un río que hay entre medio. ¿Por qué? Porque los chimpancés no cruzan el agua. Les da miedo. Y como solo ves un río, pues tu sensación es de estar viendo a los animales en su sitio natural. Y también es mucho más agradable para ellos.

Y para las jirafas cuentan con un espacio destinado a ellas que es como el estadio del Sánchez Pizjuán o el Villamarín. Es un espacio verdaderamente gigantesco. En plena naturaleza, las jirafas siempre duermen de pie porque tienen mucho miedo a los depredadores. Sin embargo, en el parque, cuando se hace de noche, se acercan a la puerta del cobijo en el que duermen bajo techo. Se acercan a la puerta como pidiendo que les abran. Entran y allí se tumban para dormir. Es decir, el parque es un sitio sin miedo. Si les preguntáramos a las jirafas qué prefieren, si ser devoradas por los leones pero estar en libertad, o estar en el parque muy bien y sintiéndose seguras, no sé qué responderían.

M.G.- Bueno, JP es uno de los protagonistas, junto con Elena. Él será el policía encargado de investigar la muerte de la elefanta. Es un tipo con un humor muy ácido, que siempre lleva una coraza puesta. Es muy escéptico y llama a los animales usando el término bicho. Es un hombre que se extraña que haya gente capaz de amar más a los animales que a las propias personas.

M.R.- Sí, sí, sí. Últimamente estoy haciendo encuestas sobre este tema en mis redes sociales. El otro día preguntaba si los animales y los seres humanos somos iguales. El 49% no dijo que los humanos fuéramos más importantes. Las respuestas se dividieron en dos grupos. El 51% dijo que los seres humanos éramos más importantes. Y el 49% restante respondió que, o que éramos iguales, o más importantes que los animales, o que no sabría contestar. Creo que vivimos un momento en el que hay mucha fascinación por los animales pero también pienso que hay mucho desconocimiento sobre los animales. Es decir, hemos visto muchos vídeos en Internet donde hacen cosas muy monas, pero realmente no sabemos cómo son los animales. Por eso, en este libro,  hay una pequeña parte divulgativa. Creo que, cuando lo acabas de leer, entiendes un poco más el comportamiento  de los animales. 

M.G.- Sobre ese comportamiento voy a mencionarte algo después que a mí me ha dejado totalmente noqueada. Pero, volviendo a los personajes. JP tiene una compañera que se llama Violeta. Es mucho más joven que él y con una mente más abierta. Me gusta mucho el contraste generacional que existe entre los dos, ese pique,... Pero se llevan muy bien. Incluso, Violeta respeta mucho a JP y lo admira.

M.R.- Me gusta mucho trabajar los contrastes, efectivamente. Y Violeta responde a algo que me han contado últimamente, que en los estudios de criminalística casi todos los estudiantes son mujeres jóvenes. Mujeres que luego se tendrán que enfrentar a la realidad de un asesinato. Y Violeta será una de esas chicas que se enfrenta a la realidad. Aunque parece una chica muy frágil, según avanza la novela, vamos viendo que no es así, que es muy inteligente, que tiene fuerza, capacidad de decisión,... Cualidades que ella misma irá descubriendo. Violeta llega siendo muy tímida, muy apocada, pero en la novela evoluciona mucho. Es algo que a mí siempre me interesa, que los personajes evolucionen. 

M.G.- Y también tendremos a Elena, la veterinaria, que, al margen de su amor por los animales y su implicación en el caso, lucha contra un dilema personal, íntimo e interior.

M.R.- Sí, es la primera novela que escribo con una historia de amor, un poquito más clara. Hay un triángulo amoroso. Elena tiene una pareja. Es una mujer mayor que ella. Y luego, hay un chaval que trabaja en el parque, un senegalés, que a ella también le gusta. Elena se va a mover entre esas dos personas pero esas dos personas van a jugar de una manera muy simbólica. No es que Elena tenga una historia de amor con las dos, sino que Cristina representa a la mujer madura, inteligente, muy centrada, que la ayudará en la investigación desde el punto de vista más cerebral. Cristina es informática. Trabaja para una empresa informática y sabe mucho del tema. Puede hackear móviles. Ella es como la cabeza. Sin embargo, Sidy, el chico senegalés es todo lo contrario. Él representa la pasión, la fuerza, la energía, la juventud, el amor por la naturaleza y el riesgo. Entonces, digamos que ella no solo está eligiendo entre dos personas, sino que está eligiendo entre dos maneras de vivir.

M.G.- Tu novela no solo nos acerca al mundo animal sino que también vas desgranando, poco a poco, diversos temas. Hablas del amor, en el caso de Elena, pero también tratas el tema del duelo, el que Elena siente por la muerte de la elefanta porque, para ella, es como si hubiera muerto un familiar. E igualmente, abordas el tema de la maternidad, una cuestión muy interesante que tendrá diferentes acercamientos, según el personaje.

M.R.- Sí, de una manera distinta. El duelo en los humanos también lo comparo mucho con el duelo de los propios elefantes, que es uno de los animales que hacen más duelo cuando se muere alguien de la familia. Ellos viven mucho el duelo. Es un animal que nota la muerte y, de alguna manera, le apena. No sabemos hasta qué punto, pero claramente le afecta.

Y luego, también aparece el tema de la maternidad. Hay algo sorprendente y es que, desde hace 3800 millones de años, los seres vivos transmiten los genes sin más. Desde las bacterias hasta las panteras, los peces,... todos han ido transmitiendo sus genes sin más. Y sin embargo, ahora el ser humano nos podemos plantear qué queremos hacer. Somos la primera especie que, después de 3800 millones de años, podemos decidir que no queremos tener hijos, o intentar no tener hijos, o intentar tenerlos. Es decir, tenemos libertad por primera vez en toda la historia de la evolución. A mí eso es algo que me llama mucho la atención y de esto no se habla. Y bueno, en la novela también se plantea un poco este tema como reflexión. Esto es algo que nos diferencia de los animales. Tenemos la capacidad de decidir si tener descendencia o no.

M.G.- Y, al hilo de lo que comentas, hay otro personaje, Marina Santaolalla, una profesora universitaria. Ella en sus clases habla sobre la evolución de las especies, sobre el comportamiento animal y sobre esa transmisión de los genes. Hay una reflexión muy interesante porque, además, ella compara mucho el comportamiento humano con el de los animales. Llega a decir que los hombres hemos abandona muchos de esos comportamientos que sí mantienen los animales.

M.R.- Sí, sí, sí. Lo que yo quiero con mis novelas es que, primero sean un policiaco que entretenga y con el que la gente se lo pase bien. Eso es obligatorio. Pero también intento que los lectores se queden con algo más. Igual que en La huella del mal, la gente aprendió mucho sobre prehistoria y la hice reflexionar un poco, aquí pasa lo mismo. Con esta comparativa entre humanos y animales, cuando terminas la novela, creo que has podido reflexionar un poco sobre ti mismo, sobre cómo somos los humanos, sobre por qué hacemos las cosas que hacemos. Si esos comportamientos son culturales o vienen realmente de la biología más primitiva. Si aprendes, es algo más que te llevas al leer la novela. Te quedas con unos conocimientos y una pequeña reflexión.

M.G.- Te quedas con muchas cosas, Manuel. Es verdad lo que comentabas antes del mundo animal, cuando pensamos que todo es maravilloso. Me he quedado alucinada con los datos que aportas. Por ejemplo, los delfines jóvenes raptan a las hembras y las violan durante varios días. Y como esto, leo en tu novela otras muchas cosas más. 

M.R.- Sí, sí, sí. A veces tenemos esa sensación de que los animales son maravillosos y los humanos somos los malos. Y la realidad es que hay de todo. No es que sea el comportamiento más habitual en los delfines pero es verdad que, en ocasiones, se ha grabado a delfines machos raptando a una hembra para tener sexo con ella no consentido, por decirlo de alguna manera. Pero también hay casos curiosos entre los elefantes. Por ejemplo, cuando los elefantes machos empiezan a crecer y se hacen jóvenes, las madres los echan de la manada y los mandan a la selva. Son como unos chavales adolescentes perdidos que van destrozándolo todo, que van metiéndose en líos, hasta que encuentran a un elefante macho. Y cuando encuentran a ese elefante macho, este deja que lo sigan y les enseña a comportarse. Me pareció fascinante cómo estos elefantes camorristas andan por ahí hasta que, de repente, llega el elefante macho y les dice: Oye, hay que saber ser elefante. No se puede ir por ahí rompiéndolo todo. Bueno, son comportamientos como muy curiosos que la gente no conoce. Creo que saber esto hace que te intereses más por los animales y no solo por los vídeos esos graciosos, en los que se ve cómo un elefante coge un sombrero y se lo pone.

M.G.- Y todo esto me lleva a preguntarte por la documentación. Obviamente habrás tenido que leer mucho y aprender mucho, para luego transmitirnos todo lo que has leído. Hablas de los libros de Juan Luis Arsuaga en la novela. Imagino que habrán sido libros de cabecera. ¿Qué más material has tenido que manejar?

M.R.- Como te decía antes, desde niño, siempre me ha interesado el tema. Así que siempre he leído mucho sobre animales y he visto muchos documentales. Pero, una vez que decido que iba a escribir una novela, aparte de los libros de Arsuaga, donde analiza de manera muy interesante la evolución, he hablado también con etólogas que me han recomendado otros libros. También he ido a algún refugio de chimpancés que hay cerca de Madrid y he hablado con primatólogos. Así que sí, he hablado con un montón de gente para que lo que se diga en el libro esté documentado. Aunque tenga un barniz literario, porque siempre lo va a tener, que siempre tenga un fondo de biología, de comportamiento animal que sea, de verdad, creíble.

M.G.- Y no solo has tenido que aprender sobre comportamiento animal o sobre actuaciones criminales, aunque esto último es habitual en las novelas policiacas, sino que también has tenido que profundizar en cuanto al hackeo de ordenadores y dispositivos electrónicos.

M.R.- Pues también, sí. En Agradecimientos está todo. Cada día se lleva más que los autores, al final del libro, demos gracias a la gente porque escribir una novela es muy complejo. En esta novela, hay dos páginas de agradecimientos, donde hablo de cazadores, tiradores de precisión, francotiradores, etólogos, policías, comisarios,.... Y, efectivamente, tengo un amigo que sabe mucho de hackeo de móviles y siempre dice que los expertos en eso son los israelíes. Bueno, pues lo que cuento en la novela sobre el hackeo, que también tenga una base creíble. Que si alguien que entiende del tema, lee esta novela, que no diga que no me he documentado.

M.G.- Manuel, esta novela se llama El olor del miedo. ¿A qué huele el miedo?

M.R.- Pues yo tengo un olfato fatal, así que no lo sé. Busqué en Internet y no hay ninguna respuesta que me parezca brillante. No sé. Habría que preguntárselo a los animales.

M.G.- Muy bien. Lo dejamos aquí. Un placer tenerte de nuevo en Sevilla. Estoy disfrutando mucho con la lectura. En dos tardes me he plantado en doscientas páginas,...

M.R.- Pues ya verás porque las últimas doscientas son vertiginosas. O sea que,...

M.G.- Gracias.

M.R.- A ti.

Sinopsis: No hay animal más peligroso que el ser humano.

Elena es un animal de la especie humana, una veterinaria apasionada que se deja la vida en el parque zoológico de Valencia para proteger a los seres que ama: elefantes, chimpancés, leones… Ella los cuida con mimo y los salva del peligro hasta que un tirador comienza a sembrar el pánico.

¿Quién es ese criminal oculto que pretende aniquilar los ejemplares más bellos de otras especies? La peculiar investigación, llevada a cabo por un veterano de la UDEV y una joven inspectora, parece un laberinto sin salida. Según el código penal, matar a un animal no se considera «asesinato». ¿Entonces? ¿Vale más la vida de un ser humano?

Elena se apoyará en Cristina, su pareja, y en Sidy, su amante y compañero en el parque, para desenmascarar al culpable sin importar que tenga que romper la ley. Entre triángulos amorosos e insólitas sospechas, todo está servido para que corra la sangre. ¿Podría ser ella la siguiente víctima?

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