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martes, 23 de junio de 2026

CHERRY CHIC: ❝Debemos dejar de presionar a la mujer con el tema de la maternidad❞

Hace mucho tiempo que la novela romántica ya no se considera un género menor. Respaldada por un buen número de autoras que centraron sus anhelos literarios en el amor y en el desamor, la novela romántica ha ido asentándose y ganando terreno con el paso de las décadas. Todos somos capaces de recordar el nombre de aquellas pioneras que hablaban de jóvenes apuestos, de jovencitas tímidas, de amores prohibidos, o de corazones encendidos. Consideradas hoy como autoras clásicas, sus historias se siguen leyendo con avidez y han dado pie a generaciones y generaciones de mujeres (y de hombres) que han querido ahondar en uno de los temas más populares de la literatura. 

Lorena, conocida en el mundo literario como Cherry Chic, es una de esas autoras.  La joven malagueña inició andadura hace una década, publicando en plataforma digital y ganando, con cada nueva historia, más y más lectores. O más y más lectoras porque, como ella dice, sus novelas van eminentemente dirigidas a un público femenino. 

Giulia, el amor y un puñado de lavanda es su nueva novela, que nos conduce a Valdelila, donde coexistirán Giulia y León. La primera porque acude a una emergencia familiar. El segundo porque él y su familia llevan viviendo en este pueblo andaluz desde siempre. Enredados en un fake dating, y a pesar de ser la cara y la cruz de una misma moneda, Giulia y León descubrirán que no son tan distintos y entre ellos surgirá la magia. Pero Cherry Chic no solo nos cuenta una historia de amor sino que además aborda cuestiones importantes de nuestro tiempo. 

Cherry Chic estuvo la semana pasada en Sevilla y pude charlar con ella. Ahí va nuestra conversación. 

Marisa G.- Lorena, un placer tenerte en Sevilla y conocerte. Yo no sabía nada de ti, a pesar de que tienes muchísimas novelas publicadas, y es la primera vez que leo algo tuyo. Como no te conocía, para empezar, me gustaría que me contaras quién es Lorena o Cherry Chic y cómo empezaste a escribir.

Cherry C.- Pues empecé a escribir empecé cuando tenía ocho años, aproximadamente. Fue en una Olivetti. Mis padres me apuntaron a mecanografía. Siempre digo que fue de ese modo como me enamoré, primero, de las teclas y ya después, de la escritura. Al principio, lo hacía por entretenimiento, porque me gustaba y era un hobby, pero, con diez, once, o doce años, ya empecé a escribir mis propias historias. Me gustaba mucho pero ni soñaba con que algún día terminara siendo escritora. En 2016 autopubliqué por primera vez.

M.G.- Y desde entonces has publicado muchísimo. Casi todo, autopublicado, salvo las dos últimas novelas, creo.

C.C.- Sí, en total llevo más de veinte títulos. La verdad es que tuve mucha suerte. Empecé a autopublicar en Amazon en una época de oro. Por entonces, salimos muchas autoras nacionales de romance, que no había tantas. Lo que más había eran autoras internacionales. Creo que tuve un golpe de suerte, unido también a muchos golpes de trabajo, evidentemente. Y muchas noches sin dormir, también. 

M.G.- Sí, porque la suerte no lo es todo.

Y todas tus novelas son de género romántico. ¿Crees que este es un género cuya demanda se mantiene estable o cada vez está más solicitado por los lectores? 

C.C.- Pienso que está viviendo una época dorada. La novela juvenil romántica ha sufrido una especie de boom. Hay gente joven que lee muchísimo. Sobre todo, son chicas porque, al final, es un género que mayoritariamente va destinado a mujeres. Pienso que la novela romántica cada vez va a más y a mí me alegra muchísimo que sea así.

M.G.- Pero tus novelas tienen un componente más adulto, ¿no? Tocas temas que están más enfocados en gente de cierta edad.

C.C.- Sí, tengo otras novelas que son más juveniles, pero ésta, por ejemplo,  es una novela romántica adulta, con temas y reflexiones muy para la mujer del día a día. Es verdad que me lee gente muy joven y que pueden aprender algo con la lectura pero, mayoritariamente, el público de estas novelas son mujeres adultas. 

M.G.- La novela se llama Giulia, el amor y un puñado de lavanda. Se dice que esta es una novela sobre personajes que llevan demasiado tiempo huyendo de sí mismos y de otras cuestiones que vamos a ver en la historia. No siempre somos lo suficientemente valientes como para enfrentarnos a según qué cosas. Me gustaría que nos contaras un poco sobre esta historia y a qué se van a enfrentar estos personajes.

C.C.- Giulia es una joven de veinticinco años, de descendencia italiana y española, que vive en Los Ángeles. Ella va a recibir una llamada y se verá obligada a volver a Valdelila, un pueblo perdido en el sur de España, en Andalucía. Su prima Fiorella tiene una urgencia familiar y ha reunido a toda la familia. Giulia cree que será cosa de un par de días, que el problema se va a solucionar y regresará pronto a Los Ángeles. Ella está muy acostumbrada a huir hacia delante. Sin embargo, cuando llega, no tiene más remedio que quedarse varios meses en Valdelila, sin imaginar que eso va a cambiar totalmente su vida. 

Al mismo tiempo, tenemos a León. Es un hombre muy anclado a Valdelila. Vive con su familia, con su madre, con su padre y con su hermana. Está muy enfadado por las cosas que le han ocurrido en el pasado. Está siempre muy enfadado, en general. Tiene una personalidad muy fuerte, pero va a ser muy bonito verlos a los dos juntos.


[Clic vídeo para escuchar nuestra conversación]

M.G.- Has comentado antes que es un género más enfocado al público lector femenino. Pero conozco a autoras de novela romántica que dicen tener también lectores masculinos. En tu caso, ¿también es así?

C.C.- Sí, sí tengo algunos. Me da mucha alegría cuando me viene algún chico o el novio o el marido de algunas de mis lectoras y me dice que también se han leído la novela. Pero será como un 3% del público final. Mi público objetivo es mayoritariamente femenino. Creo que las mujeres nos enfocamos más en las emociones, reflexionamos más sobre el amor, sobre los sentimientos,.. Pienso que los hombres se centran más en el thriller y en la novela negra.

M.G.- Giulia y León son los personajes principales. Como has comentado, son dos personas muy distintas. En ellos se cumple esa máxima que dice que los polos opuestos se atraen, ¿verdad?

C.C.- Sí. Si no fuera porque la novela tiene ese componente del fake dating, ese cliché de fingir una relación, que tan de moda está ahora, creo que Giulia y León no se hubieran encontrado nunca. O no habrían estado juntos el tiempo suficiente como para darse cuenta de que, realmente, no son tan diferentes. A priori, puede parecer que sí porque ella es una persona extrovertida, inmadura, mimada,... Ella misma lo admite. Sin embargo, él es muy serio, muy gruñón, y muy introvertido. El tiempo que pasan juntos les ayudará a ver que no son tan distintos.

M.G.- Y ese choque de caracteres provoca también escenas cómicas y de humor.

C.C.- Efectivamente. Y eso unido a las voces infantiles que vamos a ver en la novela también genera muchos puntos de comedia. Me divirtió mucho escribir esta novela. Sobre todo, porque me gusta mucho manejarme entre la comedia y el drama, sin ser excesiva. Hay cierto drama, que puede arrancarte alguna lagrimita, pero nada desbordante. Es un drama que no convierte la historia en algo increíble. 

M.G.- ¿Y qué emociones van a atravesar la relación de amor entre Giulia y León?

C.C.- Evidentemente es una historia romántica, y eso será lo más importante de la trama, pero ellos van a descubrir muchas cosas de sí mismos. Giulia, por ejemplo, va a descubrir que lleva huyendo toda su vida. En cambio, él descubrirá que vive anclado a un lugar para no afrontar lo que no quiere ver. Cada uno de ellos hará un camino de auto-conocimiento muy interesante. 

M.G.- Hay más personajes. Me gustaría que resaltáramos a Fiorella y a su hijo Giuliano.

C.C.- Giuliano me ha robado completamente el corazón. Es un niño que sale ya en el capítulo uno. Es un personaje que permite ver al lector de qué manera puede afectarnos la infancia sin darnos cuenta. Cómo, por una mala gestión, una mente inocente puede verse abrumada y atosigada hasta el punto de sentirse completamente infeliz. Todo eso lo vamos a ver al principio de la novela. Y todo eso, como consecuencia de su madre. 

Giuliano irá evolucionando. Al principio, es como un mini-adulto pero se convertirá en lo que es, un niño de seis años. Ningún niño debería cargar con las responsabilidades y con las emociones de los adultos que le rodean.

M.G.- Su madre, Fiorella, está en medio de un conflicto, que me lleva a preguntarte por la maternidad y la crianza.

C.C.- Sí. Yo soy madre de dos niñas. Tenía muchas ganas de hablar de la maternidad en una de mis novelas. Mi maternidad es muy tradicional. Estamos mi marido, mis hijas y yo. Pero no dejo de ver que hay otras realidades, otros tipos de maternidad. Son cuestiones de las que no se habla mucho. ¿Cómo es la maternidad cuando no te la esperas? ¿O cómo es esa maternidad cuando no eres tú la que pare? ¿O esa otra, cuando el niño al que tienes que cuidar no es un bebé sino un niño de cinco o seis años? ¿O cómo es esa maternidad cuando no es deseada o cuando es incluso obligada?

M.G.- Son preguntas muy interesantes. Al final del libro, en Agradecimientos, hablas de esas amigas que son madres, o de las que quieren serlo o de las que por desgracia, no pueden. Leyendo esa parte del libro me acordé de una anécdota que me contó una vez una autora. Ella había escrito un libro sobre la maternidad y relataba que, a una amiga suya, no hacían más que preguntarle cuándo iba a ser madre. La machacaban mucho con eso y ella mantenía un silencio sepulcral. Y es que la pobre había sufrido no sé cuántos abortos y para ella era un tema muy delicado.

C.C.- Claro. Creo que hay dos cuestiones importantes. Por un lado, el tema de los abortos sigue siendo algo tabú. No se habla de esta cuestión con naturalidad. Yo misma he tenido dos abortos. Cuando lo hablaba con otras personas, descubrí que había mucha más gente que también habían sufrido abortos y no lo habían dicho. Por otro lado, debemos adquirir la costumbre de no preguntarle nunca a una mujer cuándo va a ser madre. No sólo cuando ya tiene hijos. Recuerdo que, cuando tuve a mi primera hija, ya había gente que me preguntaba cuándo iba a tener el segundo hijo. Nadie es consciente de la realidad de una persona,  cómo está en su casa, a nivel económico, a nivel social o emocional. Debemos dejar de presionar a la mujer con este tema. La maternidad es preciosa cuando es deseada. Pero cuando no llega, o cuando llega sin que se la desee, se convierte en un infierno.

M.G.- Pues sí.

Bueno, la novela no solo se centra en el aspecto romántico sino que aborda también los grandes males de nuestro tiempo, el hecho de que siempre llevemos prisas, que no vivamos el presente, que nos sintamos fuera de lugar... Son temas que tocas, de manera transversal en la novela.

C.C.- Sí. Con respecto a Giulia, no deja de ser una vuelta a sus raíces, a sus veranos de infancia. Ella se pasa la vida persiguiendo sus metas pero ni siquiera está segura de que siga creyendo en ellas. Ni se ha parado a pensar si es feliz o no. Creo que esto es una enfermedad que nos atañe a muchísima gente. Pueden pasar cinco, diez o quince años, tratando de conseguir un objetivo sin pararnos a pensar si realmente nos merece la pena, si es lo que queremos. A veces se trata simplemente de irse a un pueblo y vivir tranquila porque todo lo que tenías, en realidad, te sobra y vives enferma de ansiedad. Creo que ahí hay una reflexión muy profunda.

M.G.- Has mencionado las raíces, nuestras raíces, poner de nuevo los pies en el lugar del que vinimos, el lugar en el que vivieron nuestros abuelos, nuestro padres,... A veces, esas raíces es la mejor medicina para los males que padecemos en el siglo XXI. 

C.C.- Es que no nos paramos a mirar de dónde venimos, sino que sólo prestamos atención a todo lo que estamos logrando. Eso es un error. 

Soy de pueblo y sé que hay mucha gente de ciudad que sufre lo mismo que Giulia. Ella ha visitado el pueblo de sus abuelos muchas veces, mientras vivieron. Pasaba allí los veranos, pero, en el momento en el que los abuelos fallecen, el vínculo con el pueblo se pierde. La casa del pueblo se muere, desaparece. Ya no hay sitio al que volver, ya no quedan raíces que tocar. Empiezas a olvidarlo todo y todo resulta muy triste.

M.G.- Valdelila es el pueblo en el que transcurre esta historia. Es un pueblo del sur de España, de Andalucía. Pero, los personajes tienen nombre de origen italiano. Hay un motivo para ello sobre el que tú ya has comentado algo. 

C.C.- Sí. Giulia tenía abuelos españoles e italianos. Ella tiene referentes de un país y otro pero León no, León y su familia es de Valdelila. Es un pueblo muy típico del sur. Tiene olivos, caballos, hay un río que lo atraviesa. Y los vecinos, pues se meten en la vida de todo el mundo porque creen que tienen derecho a eso. Creo que los lectores andaluces se van a sentir muy identificados. Y los lectores de otras comunidades van a aprender un poquito de nuestra cultura, de nuestra forma de convivir.

M.G.- Pero la elección de que el pueblo fuera andaluz, ¿es algo intencionado? ¿Querías que la novela transcurriera en un pueblo andaluz?

C.C.- Sí, no es mi primera novela que sitúo en Andalucía, aunque sea de forma ficticia. No será tampoco la última. Estoy muy orgullosa de donde vengo. La novela romántica se centra muchas veces en ciudades como Madrid o Barcelona. Son ciudades muy bonitas pero no nos olvidemos de lo increíble que es Andalucía. Se presta mucho a la novela romántica y me parece espectacular.

M.G.- Sé que es un pueblo ficticio pero no sé si te has inspirado en un pueblo concreto o es la suma de varios... 

C.C.- Vengo del valle del Guadalhorce y te diría que, cualquier pueblo del interior de Sevilla, o de Córdoba, serviría para inspirar una novela romántica. Al final, somos pueblos hermanos y compartimos muchas cosas. Con esta novela, todos los andaluces se van a sentir identificados.

M.G.- La edición es una preciosidad, con esos cantos decorados.

C.C.- Es maravillosa. Además, con esos tonos en lila que la hacen tan atractiva. Cuando la vi por primera vez, fue como asomarme a Valdelila y a Casa Lavanda de golpe. Fue como amor a primera vista.

M.G.- Lorena, no te he preguntado de dónde viene el seudónimo de Cherry Chic. Esto te lo habrán preguntado muchas veces y puedo entender que alguien quiera escribir bajo seudónimo, por aquello de separar la vida personal de la profesional pero, ¿por qué Cherry Chic?

C.C.- Sí, quería mantener el anonimato pero la elección del seudónimo es bastante absurda. Cuando empecé a autopublicar en Amazon, me ayudó una amiga que sabía cómo iba la plataforma. Estábamos haciendo la ficha de autora y me escribió porque necesitaba poner el nombre o el seudónimo. En ese momento, yo estaba comiendo cerezas y le dije que pusiera cherry, que sonaba bien. Y ella eligió el chic como apellido. Sonaba bien y así se quedó. Por entonces, no tenía ni idea de que, diez años después, iba a estar haciendo promoción con Planeta y contando esta historia (ríe).

M.G.- Bueno, es una manera de serle fiel a tus orígenes, ¿no?

C.C.- Sí. Y de tener los pies en la tierra. Cuando vuelvo a mi pueblo, soy Lorena y no Cherry Chic.

M.G.- Es bonito. Bueno, cuéntame, ¿a qué autores de novela romántica empezaste a leer?

C.C.- Soy muy fanática de Susan Elizabeth Phillips. Creo que es la responsable de que yo quisiera empezar a escribir novelas románticas, con esas tramas en las que las familias tienen tanto peso. Y también me gusta mucho Nora Roberts. Sus novelas son un gran clásico. Recuerdo que me volvía loca con sus series familiares porque me costaba mucho conseguir todos los volúmenes. Y luego, pues también soy muy fan de Lisa Kleypas.

M.G.- ¿Y de la novela romántica más contemporánea? 

C.C.- Pues recomendaría a Alice Kellen, por ejemplo. Es una compañera que adoro y escribe maravillosamente bien. En España, hay muchas autoras, cada una con su estilo. Está Myriam M. Lejardi  Violeta Reed, Joana Marcus o Elisabet Benavent. Todas tienen su sello muy marcado. Todas nos diferenciamos y eso es muy bonito.

M.G.- Has estado en la feria de Madrid hace poquito.

C.C.- Sí. Ha sido increíble porque, además, nunca había estado con un lanzamiento tan cercano a la feria. Sacamos el libro un miércoles y ese fin de semana estuve en la feria. La gente se acercó a hablar conmigo. No hablábamos del libro porque acababa de salir y no lo habían leído todavía. Venían a comprármelo a mí. Pero sí me comentaban las expectativas que tenían, lo bonita que era la edición,... Había gente que vino a comprarlo para regalarlo. Fue todo muy bonito.

M.G.- Muy bien, Lorena, pues no tengo más preguntas que hacerte. Me ha encantado verte, conocerte y leerte.

C.C.- Igualmente. Gracias.


Sinopsis: Tres corazones rotos, una mentira y un verano que lo cambia todo.

Giulia entra en Valdelila como quien entra en un ayuntamiento para hacer una gestión, y no en el pueblo de los veranos de su infancia, al que no ha vuelto desde hace diez años. Por eso se siente sobrepasada al descubrir una casa aún marcada por la lavanda de sus abuelos, a una familia que se sostiene como puede y a un niño que pone su mundo patas arriba.

León lleva años aferrado a una rutina autoimpuesta. Se ha ganado a pulso la fama de gruñón oficial del pueblo, y le parece perfecto. Solo quiere la vida que ha construido a base de silencios y que su madre deje de atosigarlo para que se enamore, como si ella fuera un hada madrina y el amor, algo que se pudiera elegir. Por eso ni él mismo se entiende cuando termina fingiendo una relación con la chica que conduce como el diablo y que ha conseguido que todo Valdelila la recuerde por sus fechorías de adolescente.

Entre rutinas caóticas, roces cargados de tensión y una atracción que ambos intentan ignorar en vano, Giulia y León descubrirán que las mejores historias empiezan cuando las barreras caen.

Una novela romántica y profundamente emocional sobre segundas oportunidades, relaciones que sanan y el riesgo —necesario— de volver a sentirse en casa.

martes, 10 de febrero de 2026

ISABEL ARIAS: ❝Hacemos girar nuestra vida alrededor del amor pero los amigos también son importantes❞

Con Isabel Arias hablé por primera vez en 2024, cuando publicó su primera novela, Cuando volvamos a vernos (puedes leer la entrevista aquí). Me gustó lo que ella me contó sobre su vida, lo que la motivó a escribir la novela, el lugar al que la conducía su pasión por los viajes. Ya lo contaba en aquella entrevista. Isabel nos enseña el mundo a través de su cuenta en Instagram, @viajesdelibro, y también de su página web. Sin duda, son buenos lugares para bucear si estás preparando un viaje. Pero la semana pasada tuve la oportunidad de volver a hablar con ella con motivo de la publicación de su segunda novela, Amigos, nada más

En esta nueva novela, Isabel nos propone una historia de amistad. Quizá te resulte curioso que, a pesar que la novela se etiqueta como cozy romance, la palabra amor, y me refiero al amor romántico, no surja en la descripción de este libro. La autora se centra en un tema que me ha resultado muy curioso y que me ha hecho reflexionar. ¿Pueden un hombre y una mujer ser amigos, muy amigos, sin que ocurra nada más? Pues esta es la historia que vamos a encontrar en Amigos, nada más. En este relato conoceremos a Elena, una joven con un problema que la tiene muy acomplejada, tanto, que se ha encerrado en sí misma. Sin embargo, la amistad con Guillermo, casado y padre de un niño, la sacará de su oscuro pozo. ¿Cómo vivirán esta amistad los protagonistas? ¿Qué pensarán los demás de la relación que mantienen? Las respuestas las tienes en la novela. 

De momento, te dejo con nuestra conversación.

© Nines Mínguez 
Marisa G.- Isabel, un placer volver a hablar contigo. Han pasado casi dos años desde que publicaste Cuando volvamos a vernos. ¿Qué tal te ha ido todo durante este tiempo? ¿Qué balance harías de la experiencia? Porque era tu primera novela.

Isabel A.- Pues la verdad es que era todo nuevo. Era muy inconsciente porque  no sabía lo que venía, ni qué esperar, ni tenía nada con lo que comparar. Fue todo un aprendizaje y, la verdad,  que lo disfruté muchísimo. Ahora lo veo todo desde otro lugar. Ya no hay tanta sorpresa pero lo sigo disfrutando igual. 

M.G.- Dicen que con la segunda novela se pasa peor que con la primera, por las expectativas, porque has dejado un listón,...

I.A.- Sí. Con la primera no hay con la que comparar. Simplemente se trata de disfrutar de la aventura. Con la segunda, sientes como más presión. No sabes si irá igual de bien que la primera, si irá peor o mejor. Las expectativas están ahí y se vive con un poquito más de sufrimiento pero con ilusión, igualmente. 

M.G.- Vamos a centrarnos en Amigos, nada más, tu segunda novela. Repasando la conversación que tuvimos con la primera, me comentaste que estabas escribiendo la segunda parte de aquella. ¿Qué pasó? ¿Esta historia se te cruzó en el camino? ¿Le ha tomado la delantera a la otra?

I.A.- Bueno, tengo otra escrita, en la que aparecen personajes de la primera y que está ahí esperando su momento. Pero es verdad que esta historia se me cruzó un poquito de por medio porque trata un tema que a mí me ha interesado mucho siempre, que es el de la amistad entre hombres y mujeres. El tema lo tenía claro pero la historia no acababa de salir. Sin embargo, hice un viaje de trabajo, como hace año y medio, a Chicago. Fui con varios compañeros del trabajo. Íbamos dos hombres y dos mujeres y, estando allí, de repente como que se me encendió la bombilla. Y así me surgió la historia. Volví, lo dejé todo y me puse a escribir. Pim, pam, pim, pam,... hasta que la terminé.

M.G.- El título, Amigos, nada más, parece como una declaración de intenciones, ¿no? Es como decirle al lector que aquí lo que va a encontrar es una historia de amistad y punto. Te confieso que a mí el tema me resultó curioso y me ha dado mucho en qué pensar. ¿De verdad, a día de hoy, levanta todavía tanta suspicacia una relación de amistad entre un hombre y una mujer, sin que se llegue a nada más?

I.A.- Sí, la verdad es que el tema es apasionante. Es algo que siempre me ha llamado la atención. Durante los meses que he estado escribiendo la novela, he hablado con mucha gente, con amigas, con amigos del trabajo y el tema suscita mucho debate. Todo el mundo tiene una opinión al respecto y generalmente es bastante categórica, muy diferentes las unas de la de las otras. Se tiende a tener una opinión muy general pero luego, cuando lo aterriza en su propia pareja, ya no es igual. Es un tema que da bastante juego.

M.G.- Creo que pensar de una determinada forma, no deja al ser humano en muy buen lugar. Me da la sensación que somos muy mal pensados y que nos gusta mucho el chisme.

I.A.- Sí, son coletazos de cuando éramos niños, ¿no? Por ejemplo, cuando estábamos en el cole y veíamos a un chico que siempre estaba con una chica, pues pensábamos que se gustaban, que eran novios. Y realmente, a lo mejor, sólo era una amistad, que se llevan bien. Esa idea, al final, la hemos ido arrastrando hasta la edad adulta. Por eso, si hoy ves en un restaurante a un hombre y a una mujer, siempre pensamos que son pareja y, a lo mejor, simplemente son amigos, amigos que pueden ir perfectamente a cenar, al cine, a ver una exposición, o a cualquier otro lugar, sin que haya nada más.


[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Exactamente. Mira, voy leyendo por la mitad de la novela y lo que he leído me ha hecho pensar muchísimo. Si vuelvo la vista atrás, y pienso en mis relaciones de amistad, te diré que, siendo sincera, mi relación de amistad con los hombres siempre ha sido más honestas y más duraderas que las que he mantenido con las mujeres. No sé si a ti te ocurre así. 

I.A.- Sí. Por ejemplo, en la universidad, mi grupo de amigos eran todos chicos. De vez en cuando, alguna chica se sumaba al grupo por temporadas, pero el grupo estable eran todos chicos y con ellos tenía una relación súper buena. Me parecen amistades súper enriquecedoras. Sus puntos de vista sobre algunos temas te aportan otra visión. A mí me da mucha pena que, a veces, sea tan complicada la relación de amistad entre un hombre y una mujer. Sobre todo, si añadimos que el hecho de que, uno de los dos, tenga pareja. Entonces, todo se complica aún más porque ya entra el qué opinará la otra persona, si le parecerá bien, si se sentirá molesta. Sí, me da un poco de pena que se complique todo tanto porque, al final, tienes un amigo o una amiga, y es una persona. ¿Qué más da que sea hombre o mujer, de tu mismo sexo o del otro?

M.G.- La amistad es un puntal importante en la novela pero, ¿qué valor le damos a la amistad hoy? ¿No tendemos a hablar con demasiada ligereza de la amistad? Mucha gente suele decir que tiene treinta, o cuarenta, o cincuenta amigos pero, ¿cuántos de todos ellos son amigos de verdad?

I.A.- Totalmente, por un lado se tiende a pensar que todo el mundo es amigo tuyo. De repente, crees tener doscientos amigos pero, sin embargo, luego no le damos la importancia que tiene la amistad. Actualmente, las relaciones de amistad suelen ser más duraderas que las relaciones. Siempre digo que uno puede imaginarse su vida sin pareja. Incluso los que están en pareja hoy, han pasado temporadas en las que estaban solteros y han sido felices, han seguido con su vida normal. Pero es muy difícil imaginarse una vida sin amigos. ¿Podrías ser feliz sin tener ni un solo amigo? Creo que es muy difícil. Creo que, al final, los amigos están ahí siempre y tienen un papel fundamental en nuestra vida. Están en los buenos y, sobre todo, en los malos momentos, y de cuántos atolladeros o agujeros negros nos han ayudado a salir. Tendemos a idealizar, a hablar, a hacer girar nuestra vida en torno al amor de pareja pero los amigos tienen también un papel importante en  nuestra vida. Por eso, es un tema que no faltará nunca en mis novelas. 

M.G.- La novela obviamente trata de la amistad y a lo largo de ella vamos a ir encontrando citas sobre la amistad, aquí y allá, salpicadas entre los capítulos. De algunas sabemos su autoría pero ¿y del resto? ¿De dónde salen esas citas?

I.A.- Todas vienen un poco a colación en la historia porque todas hacen alusión al tema de la amistad. Como bien dices, algunas de esas citas son conocidas por todos pero otras son cosecha propia o de alguien de mi entorno.

M.G.- Elena es la gran protagonista de esta historia. Es una mujer que se vio envuelta en un escándalo, en su entorno laboral, porque precisamente malinterpretaron la amistad que ella tenía con su jefe. Eso, pues al margen de suponer un duro golpe, le cambió radicalmente la vida. ¿Cómo es Elena y de qué manera la afecta todo lo que le ocurre en el trabajo?

I.A.- Elena llevaba una vida normal, como la que podemos llevar cualquiera de nosotros, y, de repente, con una amistad que tiene con un hombre se ve inmersa en un escándalo. Aquello le afecta a la salud y pierde todo el cabello. Es una chica joven, que se tiene que poner una peluca y no sabe cómo gestionarlo. Elena se encerrará en sí misma, se distancia de sus amigos y se refugia en sí misma y en su hermana, la persona más próxima que tiene. Al final, termina dejando su trabajo, cambiará de vida, mucho más solitaria, hasta que, gracias al poder de la amistad, consigue, poco a poco, volver a la superficie.

M.G.- A raíz de ese escándalo, como tú dices, ella deja el trabajo, y entra en una espiral de estrés que la conduce a desarrollar una enfermedad autoinmune que tiene como consecuencia que pierda todo el cabello. Todos sabemos que, por estrés, se puede perder más cabello pero, por regla general, se recupera una vez que ha transcurrido esa época difícil. Sin embargo, en el caso de Elena no es así. Ella sufre una enfermedad que la va a acompañar hipotéticamente el resto de su vida. ¿Esto es así? ¿Hay casos documentados?

I.A.- ¡Yo misma! 

M.G.- ¿Tú misma?

I.A.- Sí. No sabía que esto ocurría hasta que me ocurrió a mí. Una vez que me pasó, leí mucho sobre el tema e investigué mucho. Le pasa a mucha gente e incluso le puede ocurrir a los niños, algo que me pareció aún más dramático. Efectivamente, es una enfermedad autoinmune. No es que te la genere el estrés. La enfermedad la tienes o no la tienes. Por mucho que te estreses, si no padeces esa enfermedad, no te va a pasar nada en ese sentido. Pero, como todas las enfermedades autoinmunes, una vez que la padeces se alimentan del estrés y te puede desencadenar un brote como el que le ocurrió a Elena o como lo que me sucedió a mí hace varios años, que perdí todo el cabello. Es un golpe muy duro porque es verdad que un hombre puede llegar a entenderlo pero nadie empatiza contigo como lo hace una mujer. Sabemos lo que significa para nosotras. Mujeres que han perdido el pelo por una causa mucho más grave, porque están en tratamiento contra el cáncer y les preocupa muchísimo el tema del pelo. Y piensas, si alguien está luchando por su vida, ¿por qué se preocupa por el pelo? Pues ahí está la importancia porque es que es una cosa que ves todo el rato. Te lo ves en espejos, en reflejos,... Es un tema muy difícil.

A la pobre Elena le encasqueté esta enfermedad porque la conocía bien, pero realmente podría haber sido cualquier cosa, como una cicatriz enorme en la cara, una mancha, o cualquier otro defecto, por llamarlo de alguna manera, cualquier cosa que pueda provocar un complejo en una persona. Al final, todo el mundo tiene alguna cosilla ahí que intenta esconder. Luego piensas que si es algo meramente estético, pues bueno, pero luego hay enfermedades graves, que hacen que tu salud se resienta y eso es otra cosa. Lo que he intentado poner de relieve en la novela es que no es más que pelo, algo meramente estético, y que no tiene tanta importancia. Y la gente a tu alrededor tampoco se la da.

M.G.- Te entiendo. A Elena le pones una experiencia que tú viviste en el pasado. Con la anterior novela también me confesaste que a la protagonista le habías prestado cosas tuyas. En este caso, ¿qué más compartes con Elena? Porque ella, al dejar su trabajo en el ministerio, se dedica a escribir libros por encargo. Tú también escribes guías de viaje...

I.A.- Sí, hago guías. No hacemos exactamente lo mismo pero se le parece. En la universidad tenía un amigo que escribía libros por encargo. Me parecía una cosa muy divertida. Cuando tuve que pensar qué ponerle a la pobre Elena una nueva profesión, después de dejar el ministerio, me acordé de aquello. Mi amigo se pasó toda la carrera escribiendo libros de plantas medicinales, de los santos de cada día, de nombres,... Me hacía mucha gracia y se sacaba un dinerillo. De todos modos, Elena y yo compartimos el amor por los viajes y por los libros. Es una gran lectora también.

M.G.- Lucía, su  hermana, será un apoyo muy importante para Elena. Está muy pendiente de ella, la intenta ayudar para que siga adelante, para que no esté tan acomplejada, pero Lucía también tiene lo suyo. Necesita casi tanta atención como Elena. 

I.A.- Sí. Lucía es ese tipo de mujer que también necesitaría un hombro en el que apoyarse pero, al final, ella sola tira del carro, como tantas y tantas mujeres. Ella se ocupa de sus hijos, de su hermana pequeña y, a veces, también necesitaría a alguien que escuchara sus penas. Las disimula muy bien y se encarga de sus hijos y de su hermana pequeña que ha sufrido mucho y en la que se ha volcado absolutamente.

M.G.- Los sobrinos de Elena son dos chicos y hay más personajes masculinos en la novela, como Guillermo y Jon. ¿Qué nos puedes contar de ellos?

I.A.- Pues que trabajan en la misma agencia de publicidad que Lucía y que tendrán bastante protagonismo desde el principio. 

La historia arranca con un viaje que hacen las dos hermanas, un viaje de trabajo de Lucía, al que Elena se incorpora por pasar tiempo con su hermana. En ese viaje, Elena conoce a estos dos compañeros de trabajo de Lucía y surge el flechazo con uno de ellos, con Guillermo, pero no será un flechazo amoroso, sino de amistad. Aunque tengas tus amigos de toda la vida, de repente, conoces a alguien y algo dentro de ti hace click. Esa persona se convierte, de la noche a la mañana, en tu mejor amigo porque compartes muchas cosas con él, tenéis muchas cosas en común y podríais pasar horas hablando. Creo que eso nos ha pasado a todos alguna vez, con gente de nuestro sexo o del contrario, gente a la que te hubiera gustado conocer hace mucho tiempo y tener muchos años de amistad. Pues a Elena y a Guillermo les pasa eso en un viaje a Nueva York. Ahí surgirá la conexión.

M.G.- Y hablamos de amistad entre hombres y mujeres pero, ¿se puede mantener también una amistad profunda e importante con un ex?

I.A.- Creo que sí. Al menos, yo las mantengo con la práctica totalidad de las parejas que he tenido. Me llevo con ellos fenomenal, pero fenomenal. Es verdad que se requiere un periodo de reposo tras la ruptura. Es decir, es complicado que, según terminas la relación, os convirtáis en súper amigos  al día siguiente, pero también te digo que hay casos así. De todos modos, creo que hace falta un poquito de duelo y un poquito de distancia. Pero pasado ese tiempo, es perfectamente posible. Yo lo creo y lo ejerzo. Creo que es muy triste romper todo contacto con la gente a la que has querido tanto, y que ha sido tan importante en tu vida. Si la has querido tanto, será por algo. 

M.G.- Isabel, en esta novela, los personajes se van a mover mucho por los escenarios. En Nueva York, Elena conocerá a Guillermo, pero visitarán juntos muchas otras ciudades. En la novela anterior, escenarios como Londres o París, tuvieron mucho protagonismo. En esta novela, sigues la misma línea. 

I.A.- Sí. Se nota que me gustan los viajes y que los vivo. No concibo escribir historias que no se desarrollen en lugares a los que nos gusta viajar. A mí misma, como lectora, me encanta leer novelas que están ambientadas en otros lugares, en sitios que me gustan o a los que me gustaría ir. Luego, cuando los visito, me encanta recorrer esos escenarios porque, de alguna forma, como que los aterrizas y los haces reales. 

Con la primera novela ya me pasó, y me sigue pasando, que los lectores empezaron a mandarme fotos y vídeos de la librería donde trabajaba Isabel, la protagonista, de Covent Garden. Es algo que me hace mucha ilusión.

M.G.- Cuando vemos a los personajes moverse por las ciudades, se puede decir que el lector también hace ese recorrido y que es capaz de visualizar la ciudad. Eres muy detallista en ese sentido.

I.A.- Sí, mucho. Mira te voy a contar lo que me pasó. Todos los lugares que aparecen en la novela, tanto en esta como en la anterior, existen. Todos son reales y a todos se puede ir. En la primera, ocurrió que la librería que aparece en la historia cambió ligeramente de ubicación. Se mudó a otro local pero en la misma calle. Tuve que reajustar la descripción del local, una vez que terminé de escribir pero, afortunadamente, antes de publicarla. Y con esta, me ocurrió que, la cafetería en la que se encuentran los protagonistas cada día, cambió de nombre cuando ya había terminado la novela y la estaba corrigiendo. No sabía qué hacer. Se lo comenté a mi editor pero es que necesito ser fiel a los lugares y, al final, terminé por cambiarle el nombre y ponerle el actual. Si sé que ahora se llama de otra manera, no puedo dejar el nombre anterior. 

M.G.- No porque, además, los lectores vamos luego a buscar esos sitios. 

I.A.- Claro, claro. Sí, pero eso requiere un trabajo de revisión.

M.G.- En la novela hay muchas referencias literarias, cinematográficas, gastronómicas. Entiendo que son tus propias referencias, ¿no, Isabel?

I.A.- Sí, total. Hay muchas referencias que comparto con mucha gente. Debe quedar poca gente en el planeta que no haya visto la serie Friends. Con algunos amigos siento que la serie está integrada en nuestra vida, pero día a día. Muchas veces hacemos referencias a algunos capítulos y todos entienden porque han visto la serie. Me gusta porque, al final, es la naturalidad de las conversaciones del día a día, igual que en nuestra vida real. Los personajes también viven en el mundo real y son grandes lectores. He hecho guiños a diversas novelas que a mí me han encantado.

M.G.- Y guiños también a personas reales. En la novela hablas de la ilustradora Pepa G. Ramos. La he buscado y es una persona real. 

I.A.- Claro, es amiga mía. Pepa tiene una historia fascinante. Ella no pintaba. Empezó a hacerlo en la pandemia y comenzó a vender su arte en Nueva York. Efectivamente, como aparece en la novela, ella está todos los años en el mercado de Navidad de Union Square. Como los personajes estaban en Nueva York en esa época pues quise hacerle un guiño.

M.G.- Y para ir terminando, una de esas citas que aparecen en el libro dice: "Ver a alguien con un libro que te gusta es como ver un libro recomendándote a una persona".  ¿Recuerdas haber vivido una situación así?

I.A.- Sí, muchas veces. Como soy tan cotilla, cuando veo la foto de la casa de alguien y me fijo que hay libros al fondo, amplío la foto para ver qué libros son. Así es mi nivel de curiosidad. Siempre que veo a alguien leyendo, me fijo en el título del libro. Hay libros que, en un momento dado, se ponen de moda y ves a mucha gente leyéndolo, pero, cuando de repente ves uno que te leíste hace mogollón de tiempo, y que te gustó mucho, te entran ganas de acercarte a la persona que lo está leyendo porque sientes que esa persona te va a caer bien. 

M.G.- ¿Y cuál ha sido el último libro que te han recomendado?

I.A.- Pues fue ayer mismo. Me recomendaron el de Ana Milán [se refiere a Bailando lo quitao], que salió a la venta el mismo día que el mío. Lo tengo aquí para leerlo porque, efectivamente, me han hablado maravillas de este libro.

M.G.- Pues tomo nota. Isabel, muchas gracias por atenderme. Ha sido un placer volver a hablar contigo. Me lo estoy pasando muy bien con tu novela, tan animada, tan entretenida. Me encanta recorrer esas ciudades que nos propones y me parece que has elegido un tema muy original.

I.A.- Ay, muchas gracias.

M.G.- Te mando un saludo.

I.A.- Adiós, hasta luego.

Sinopsis: Decían que no podían ser solamente amigos…, pero ellos decidieron intentarlo

La vida de Elena da un giro inesperado cuando, tras verse inmersa en un escándalo, pierde su cabello y con él su autoestima. Decide renunciar a su trabajo y reinventarse; encuentra refugio en su hermana Lucía y en sus sobrinos, pero poco a poco se va aislando de sus mejores amigos.

Dos años más tarde, en un viaje a Nueva York con su hermana, Elena conoce a Guillermo, y entre ellos surge una conexión especial. Casi nadie a su alrededor cree que sea posible la amistad sincera entre un hombre y una mujer que acaban de conocerse sin que también exista una atracción física o sexual, pero ellos se empeñarán en demostrar lo contrario. Incluso… a la mujer de Guillermo.

Amigos, nada más es un reconfortante cozy romance que avanza entre amistades complejas y amores a destiempo, una historia sobre la capacidad para afrontar los traumas y las situaciones difíciles a través del humor y el amor en todas sus formas.


martes, 8 de julio de 2025

ALAITZ LECEAGA: ❝El susurro de los personajes es lo primero que me lleva a una historia❞

El día que Alaitz Leceaga ganó el Premio Fernando Lara en Sevilla, con su novela Hasta donde termina el mar (puedes leer sobre este premio aquí), yo estaba presente en el fallo. Era 2021 y ahí andábamos, con la mascarilla en ristre a todas partes. Con posterioridad, en 2023, Leceaga publicó Las dos vidas de Mina índigo y ahora llega con otra historia más, La última princesa.

Ambientada en la localidad de Lemóniz (Vizcaya), La última princesa es un thriller que lleva el sello Leceaga. Leyendas, ritos ancestrales y mitología se combinan en una novela que gira alrededor de una impresionante central nuclear abandona y real, y una excavación arqueológica. Asesinatos no faltan en esta novela, como tampoco falta la persona encargada de la investigación criminal, Nora Cortázar, con un pasado familiar muy traumático y una mente ágil, que le proporciona ser Asperger.

Alaitz Leceaga visitó Sevilla hace unos días. Aquí os dejo nuestra charla.


Marisa G.- Alaitz, bienvenida a Sevilla, bienvenida a la ciudad en la que te concedieron el premio Fernando Lara, en 2021.

Alaitz L.- Sí, estoy unida a esta ciudad. 

M.G.- Yo estaba presente aquella noche. Lástima que fue en pleno Covid y fue todo un poco frío, pero bueno, estuvo bien.

A.L.- Sí, cierto.

M.G.- Ahora regresas a esta ciudad con tu quinta novela, La última princesa, un thriller que promete una lectura llena de intriga, suspense, en la que se combina misterios, rituales ancestrales y leyendas. En tus novelas es fácil encontrar el toque de fantasía, de espíritus, y de mitología. ¿Se podría decir que constituye tu sello personal?

A.L.-  Sí, totalmente. En mis otras novelas también está muy presente. Es algo que forma parte de mis historias. En esa novela hablamos de rituales antiguos, rituales sangrientos, pero creo que, de alguna forma, las leyendas y los cuentos de hadas siempre están muy presentes en mis relatos. En esta también. 

M.G.- En esta novela, el lector va a encontrar una trama muy negra. A raíz del hallazgo de un cadáver se va a iniciar una investigación. Recalcas que es una novela de ficción pero es cierto que la historia tiene cierta vinculación con un hecho real. Es algo que ya vimos en tu libro anterior, cuando desarrollas una trama relacionada con el naufragio de un pesquero en la localidad de Ea. En esta ocasión te fijas en la central nuclear de Lemóniz.

A.L.- Aquí hay dos respuestas. Primero, creo que la realidad, de alguna forma, nos nutre por completo. Las mejores historias salen de hechos reales o de una parte pequeña de la realidad. Segundo, la central nuclear de Lemóniz es un paisaje increíblemente potente porque te la encuentras en ese bosque frondoso, verde, antiguo, y también te encuentras ese mar y, de repente, en mitad de la nada, aparece una central nuclear abandonada. Y también una plataforma en alta mar. Son paisajes muy potentes, un choque enorme entre ambas cosas. Me pareció un escenario impresionante para ambientar un thriller, para ambientar una novela policíaca.

M.G.- Pero tú sueles buscar hechos reales, sucesos sorprendentes que, quizá, la gente no conozca y, a partir de ahí, desarrollas una trama, ¿no?

A.L.- No es lo habitual. Para mí, lo principal son los personajes. El susurro de los personajes es lo primero que me lleva a una historia, pero es verdad que los hechos reales, de alguna forma, son como ese desencadenante. La central nuclear de Lemóniz y todo lo que sucedió alrededor, es un contexto tan fuerte, tan potente que me pedía una novela.

M.G.- Y encuadras la trama en 1992, en un contexto temporal, político y social en el que ETA seguía muy en activo. Aquel año se siguieron cometiendo asesinatos pero incluso hubo tímidas negociaciones. ¿Cómo ha sido integrar a la banda terrorista en esta trama?

A.L.- Cuando suceden los hechos de la novela, yo era una niña muy pequeña. Al sentarme a escribir una novela ambientada en 1992, en Euskadi o en España, no te puedes olvidar de los Juegos Olímpicos de Barcelona o de la Exposición Universal de Sevilla, que también aparece en la trama. No hubiera sido honesto obviar el contexto político o social que rodeaba a Euskadi en ese momento. De alguna manera, era algo natural para mí. Sabía que tarde o temprano tendría que mencionar a ETA. Era algo lógico.

A mí me atraía mucho el año 1992. Fue un año mágico en el que España empieza como a mirar al futuro. Fue casi como de mis primeros recuerdos colectivos, ver en la tele la inauguración de las Olimpiadas de Barcelona o la de la Exposición Universal. Hacía tiempo que tenía ganas de escribir una novela ambientada en un pasado más cercano al de mis otras historias.

M.G.- Por otro lado, la mitología vasca también tiene mucha presencia en la novela. ¿Hasta qué punto será importante en la trama?

A.L.- La mitología vasca y la de toda la zona del norte, diría. Hay un momento en la historia en la que se descubre una tumba celta en una excavación arqueológica. La princesa del título y las leyendas que la rodean van a tener un peso muy importante en la trama. Son elementos que a mí me gusta añadir a mis historias porque creo que la enriquecen mucho. A todos nos encantan este tipo de historias, de intrahistorias.


[Si prefieres oír nuestra conversación, clic en el vídeo]


M.G.- La verdad es que sí. Además, se aprende mucho de una cultura, a través de sus leyendas. 

A.L.- Totalmente.

M.G.- La encargada de llevar las riendas de la investigación criminal será Nora Cortázar, jefa del Departamento de Ciencias del Comportamiento en la Interpol. Es un personaje en el que se da cierta paradoja porque ella pertenece, por decirlo de algún modo, al lado de los buenos pero, en realidad, es hija del mal. Su padre era un asesino en serie.

A.L.- Sí, es verdad. Uno de los temas que sobrevuela la novela es: ¿pueden los pecados de los padres traspasarse a los hijos o del padre a la hija, en este caso?
Efectivamente, el padre de Nora es un asesino famoso y de alguna forma eso proyecta una sombra sobre ella y sobre el resto de sus hermanos. No creo que sea lo único que la define pero, desde luego, ella siente ese empuje y necesidad de perseguir a los monstruos, a los asesinos en serie, a hombres como su padre.

M.G.- Un poco como para devolver a la sociedad, en forma de bien, lo que su padre hizo mal.

A.L.- No sé si tanto como para devolver a la sociedad. Creo que ella siente que, de alguna manera, tiene que luchar contra ese mal que habita dentro de ella. Es algo que ella sospecha, como también lo sospechan sus hermanos. Cada uno de los tres hermanos tiene una lucha diferente consigo mismo para hacer frente a ese mal que creen que su padre les ha traspasado a ellos. 

M.G.- Nora es una muy buena investigadora. Tiene unas cualidades específicas que la hacen realmente brillante.

A.L.- Sí, Nora tiene Asperger de alto funcionamiento. Eso hace que sea obsesiva, y la única capaz de ver pistas, pequeñas cosas que para el resto pasan desapercibidas. También hace que sea creativa, imaginativa pero, al mismo tiempo, hace que sus relaciones personales, sus relaciones más cercanas, sean complicadas para ella. De alguna manera, toda esa facilidad que tiene para perseguir a asesinos en serie, a monstruos, se le complica muchísimo cuando se trata de leer o de comprender lo que sienten o lo que piensan las personas más cercanas y que ella más aprecia.

Me atraían mucho esas dos partes de Nora, cómo consigue meterse en la piel de personas terribles pero, al mismo tiempo, no puede comprender a las personas que más aprecia. 

M.G.- Volver a su pueblo natal la convierte en un personaje un tanto vulnerable. Digamos que los fantasmas del pasado regresan, pero iremos viendo cómo Nora va evolucionando. Al final de la novela vamos a encontrar a una Nora muy distinta de la que vimos al principio.

A.L.- Sí, totalmente. Además, eso es una constante en mis historias. Me gustan los personajes complicados, con claroscuros, y también que el lector llegue al final y piense que el protagonista es muy distinto al que conoció en las primeras páginas. 

M.G.- Y advierto que los personajes femeninos siempre predominan en tus novelas. Son como el eje central de tus historias. ¿Eso es casual o hay alguna intención?

A.L.- Siempre me hacen preguntas de este estilo. Me dicen que mis personajes femeninos son muy fuertes y especiales. Yo siempre respondo que son como las mujeres de mi alrededor o las mujeres que conozco. No es una particularidad única de los personajes literarios. Es una particularidad de las personas, que se sobreponen incluso en circunstancias terribles.

M.G.- Pero sí hay muchos personajes femeninos en tus novelas.

A.L.- Sí, casi siempre son protagonistas femeninas. Los personajes masculinos aparecen y tienen su importancia pero es verdad que casi siempre los protagonistas son femeninos, sí.

M.G.- Pues precisamente, de los personajes masculinos quisiera preguntarte ahora, de los hermanos de Nora, Beñat y Oliver. ¿Cómo es la relación que mantienen?

A.L.- Es un poco complicada. Nora huye de Lemóniz, siendo adolescente, cuando descubre que su padre es un famoso asesino. Eso arroja una sombra sobre ella y el resto de su familia, que incluye a sus dos hermanos. A ellos les une una relación muy dolorosa. Tejen una relación familiar compleja y llena de secretos. Cuando Nora regresa, y se reencuentra con todos ellos, han pasado casi quince años. Ella cree que todos son personas diferentes pero, de alguna manera, esas personas no se han despedido de las que fueron en el pasado. Porque esta es una novela que nos habla del pasado, de nuestro pasado, y de las personas que solíamos ser. Esa idea está representada en los dos hermanos de Nora y en esa relación tan complicada que mantienen. Además, los dos hermanos son muy distintos entre sí. Ellos han sufrido y, sin querer, también han provocado sufrimiento en los demás.

M.G.- A la hora de construir los personajes, ¿qué es lo más esencial para ti? ¿Cuáles son las cualidades que deben tener?

A.L.- Cuando hablamos de una novela de misterio, lo más importante es que tengan secretos. Los secretos de los personajes es lo que les va a determinar, porque una vez que conoces sus secretos, sabes qué es lo que quieren ocultar, sabes cuándo están mintiendo. Me gustan mucho los personajes que esconden la verdad o los personajes que parece que van a actuar de una manera y luego hacen justo lo contrario. Como autora, es algo que a veces choca porque tienes algo planeado para un personaje determinado, pero siempre hay una parte de sorpresa.

M.G.- Me gustan mucho los escenarios de tus novelas, la personalidad que le das a las casas, a las fincas, a las mansiones. Son casi otros personajes más. Son espacios que también guardan sus propios secretos.

A.L.- Claro, pero es que me gusta que no sean únicamente el lugar en el que suceden cosas. Cuando hablamos de un escenario tan potente, como una central nuclear abandonada o como los bosques de la zona, tienes casi la mitad de la novela construida. Tenía que darle la importancia casi telúrica que tienen esos lugares. 

M.G.- La trama la centras en el Lemóniz de los años 90. ¿Ha cambiado mucho el municipio desde entonces?

A.L.- Ha crecido bastante el número de habitantes. Ahora tiene una zona más turística, como es la zona de Armintza, que también aparece en la novela, con su puerto y su playa. Ahora hay más personas que se acercan a visitar la central nuclear. No puedes entrar pero puedes verla de cerca. Es algo tan monumental que ha despertado mucha curiosidad.

M.G.- Es inevitable que hablemos de esa etiqueta que se ha acuñado, el Euskal Noir. Hace unos meses, precisamente en este mismo hotel, hablaba con Ibon Martin sobre las novelas que transcurren en el norte de España. Él me hablaba de la importancia de la climatología, de la gente que, debido al mal tiempo, se recluye en casa. Todo eso aporta una atmósfera brutal en las novelas.

A.L.-Sí, es verdad. Pero, cuando me siento a escribir, nunca lo pienso. De todos modos, hay muchas personas que me dicen que leyendo tal novela les ha recordado a la de algún otro escritor. Creo que compartimos un paisaje más o menos común. Y no sólo lo digo por Euskadi, sino por toda la zona, con esos bosques y el mar. El tiempo brumoso y la lluvia ha empujado, durante mucho tiempo, a las personas y a las familias a pasar más tiempo juntos, a estar más tiempo en su casa. Y antes de la televisión, de la radio o de las redes sociales, ¿qué hacíamos? Pues nos contábamos historias. Gran parte de las leyendas de la zona vienen de ahí. Todo eso se refleja cuando nos sentamos a escribir, hablamos de lo que conocemos y nos rodea. 

M.G.- Sobre la documentación, habrás tenido que indagar mucho sobre cómo se llevaban a cabo las investigaciones en los años 90. O el hecho de que Nora tenga Asperger, imagino que también te habrá obligado a averiguar cómo se comportan este tipo de personas, o la historia de la central nuclear,... Todo eso. ¿Cómo ha sido el proceso?

A.L.- Hay dos partes que para mí eran vitales. Por un lado, con el Asperger de Nora quería ser justa y representar a este tipo de personas con justicia y honestidad. Tuve la suerte de contactar con una asociación y ellos fueron tan amables de darme algunas pautas, incluso de leer, en algún momento, algunas líneas, algunos párrafos, para darme su opinión sincera sobre si pensaban que los estaba representando bien. Tenía muy claro que quería alejarme por completo de esa representación de persona con espectro autista que vemos en las series o películas, esa imagen de casi genio loco o algo así. Tenía clarísimo que quería enseñar algo más cercano a la realidad o tan cercano como la novela de ficción me permitiera. 

Por otro lado, tuve la oportunidad de acercarme a una excavación arqueológica porque en la novela estas excavaciones tienen bastante importancia. Aunque la que aparece en la novela es ficticia, sí hay una muy cerquita del lugar en el que se desarrollan los hechos. Ellos fueron increíblemente pacientes conmigo a la hora de explicarme cómo se lleva a cabo una excavación arqueológica. Pero no una en 2025, sino cómo eran las técnicas empleadas en 1992. Existen muchas diferencias en cuanto a la exploración de yacimientos. Así, cuando Nora visita la excavación arqueológica de la novela, lo hace con los ojos de 1992 y no con los ojos de 2025.

M.G.- Alaitz, ¿cuál será el futuro de esa central nuclear? Creo que nunca ha funcionado. Es un edificio muerto. ¿Se quedará ahí para siempre? ¿No hay opción a demolición?

A.L.- La central nuclear nunca llegó a funcionar. Sin embargo, se construyó al completo, hasta el punto de que las personas que han podido entrar, han visto las oficinas, los archivadores, los bolígrafos,... Estaba todo, menos el combustible radioactivo. Es una ruina gigantesca, de un tamaño descomunal, que ocupa casi todo el valle. ¿Cuál es su futuro? Pues no tengo ni idea. Es tan grande y lo que representa es tan grande, que no sé qué futuro puede tener. 

M.G.- He leído que hay algún proyecto para llevar tus novelas a serie de televisión. ¿En qué estado está ese proyecto?

A.L.- No te voy a responder a esa pregunta, lo siento.

M.G.- Pero el proyecto va en marcha, ¿no?

A.L.- Digamos que todo va bien

M.G.- Me alegro. Pues, Alaitz, muchas gracias por venir a Sevilla, con este calor incluso.

A.L.- Estoy encantada. Sevilla ha quedado unida a mi carrera profesional con el premio. Siempre sois súper amables conmigo y estoy encantada de venir siempre con cada historia.

M.G.- Muchas gracias. Lo dejamos aquí.

Sinopsis: Cuando los monstruos se cuelan en tu mente, vienen para quedarse.

Lyon, 1992. Nora Cortázar es la jefa del departamento de Ciencias del Comportamiento de Interpol, donde imparte clases sobre psicología criminal, pero sobre todo es conocida por ser la hija de un famoso asesino, Balbea. Obsesiva, analítica y con una memoria extraordinaria, Nora es una mujer única con una capacidad especial para comprender el mal.

El regreso de Nora a Lemoniz para asistir al funeral de su madre coincide con el hallazgo de un cadáver en la central nuclear. En un pueblo marcado por los secretos, Nora sospecha que tras el asesinato hay más de lo que parece, y para resolverlo unirá fuerzas con su primer amor, a quien la une un doloroso pasado.

Una central nuclear abandonada, una plataforma marítima y los paisajes imponentes de la costa vasca son los escenarios de este thriller atmosférico en el que se cruzan siniestros rituales antiguos, leyendas y oscuros secretos familiares.

martes, 6 de mayo de 2025

JAVIER SIERRA: ❝Los cuadros son libros sin palabras❞

Toma tu móvil y descárgate la aplicación Google Arts & Culture. No preguntes. Hazme caso. ¿Ya te la descargaste? Bien, ábrela sigue los pasos que te indica la aplicación. Cuando ya la hayas configurado, justo abajo te saldrá el siguiente menú: Explorar. Jugar. Estudio. Buscar inspiración. Dale a Jugar. Te saldrán varios juegos. Elige uno que se llama Art Selfie. Si clicas se abrirá tu cámara de fotos. Hazte un selfie. ¿Ya? Pues ahora la aplicación va a buscar tus rasgos entre los rostros de un sinfín de pinturas. ¿A quién te pareces? Yo me tronchado de la risa porque lo mismo me parezco a hombres que a mujeres y no sé muy bien cómo tomarme la cosa. En fin....

Bueno, pues esta es una de las cosas curiosas y divertidas que me explicó Javier Sierra cuando pasó hace algunas semanas por Sevilla para promocionar El plan maestro. Es la segunda vez que hablo con este autor y admito que, nuevamente, me ha cautivado con su conversación. Y con su novela. El plan maestro está concebido como una continuación de El maestro del Prado. El lector va a volver a enfrentarse a un mundo en el que el arte y la pintura son los principales protagonistas. Estamos ante una novela que viene a resolver el enigma que, doce años atrás, quedó suspendido en el aire con El maestro... Os dejo con la conversación con Javier Sierra.

Marisa G.- Javier, un placer tenerte en Sevilla, charlar contigo sobre El plan maestro. Creo que la última vez que hablamos fue con El mensaje de Pandora y lo hicimos hasta por teléfono por la pandemia.

Javier S.- Sí, era pandemia. De hecho, la promoción de ese libro fue muy frustrante. A mí me gustar hacer esto que estamos haciendo hoy y visitar ciudades pero no pudo ser. Fue todo digital.

M.G.- Al menos, algo pudimos hacer. Bueno, El plan maestro se entiende y creo que lo has concebido como una continuación de El maestro del Prado. ¿Se entiende así?

J.S.- En realidad es un juego en el que yo expando el universo de El maestro del Prado. Y El maestro del Prado, aquella novela de 2013 se convierte en protagonista en El plan maestro. Por lo tanto, no es necesario estrictamente que te leas El maestro del Prado para leer El plan maestro, Pero sé, lo sé, que cuando termines esta novela querrás leerte El maestro del Prado. Y funciona igual en el universo mental del lector. Va a funcionar igual.

M.G.- Yo no he leído El maestro del Prado pero me consta que ese libro termina con un enigma sin resolver, un misterio que tú resuelves en este libro, ¿no?

J.S.- Exacto, exacto. Aquel libro lo concebí de una manera un tanto peculiar. Mi editora me propuso que escribiera una especie de guía del Museo del Prado. Ella había leído algunos de mis artículos y algunas entrevistas en las que hablaba de obras de arte. Como había escrito La cena secreta y otros libros en los que la pintura estaba de trasfondo, ella pensó que una guía del Museo del Prado escrita por mí podría ser algo así como aquel libro de Eugenio d'Ors, Tres horas en el Museo del PradoY bueno, acepté el reto. Pero una vez que me puse con el trabajo, vi que era un poco áspero. Una guía de cuadro tras cuadro, tras cuadro, era áspero y pensé que sería interesante incorporar una trama que lo suavizara. Y eché mano de mis memorias y, de repente, recordé que, recién llegado a Madrid para estudiar periodismo, me pasó algo muy curioso en el museo. Un día, estando absorto delante de una tabla de Rafael, una Sagrada Familia, se me acercó un señor mayor por la espalda y se me ofreció a explicarme cómo debía de leer el cuadro. No ver el cuadro. Dijo leer esa pintura. Le respondí que sí, que me explicara lo que quisiera. Me hizo una exposición increíble de lo que era esa obra y me quedé tan fascinado que volví muchas veces al Museo del Prado con el secreto anhelo de volvérmelo a encontrar. No se produjo ese encuentro. Y bueno, al cabo de los años terminé convirtiéndolo en un personaje literario. Y ese es El maestro del Prado. Ese maestro desaparece al final de aquella novela, dejándome un acertijo en un libro. Y, la verdad, yo no esperaba la reacción de los lectores. Empecé a recibir cartas, correos electrónicos y mensajes a través de la editorial,  de lectores de todo el mundo, proponiéndome respuestas a ese acertijo. Me pareció tan rico lo que había sucedido que guardé todos aquellos mensajes y los convertí en combustible para empezar esta novela. Así que en esta novela resuelvo ese acertijo que dejé hace doce años sin resolver. Ha sido una excusa para tener el universo de la pintura otra vez a mis pies y poder hablar de los misterios del arte.

M.G.- ¿Y por qué has esperado todos esos años, teniendo todo ese material?

J.S.- Bueno, han pasado muchas cosas en este tiempo. Gané el Premio Planeta en el 2017 y ese mismo año me embarqué también en una aventura audiovisual. Dirigí y escribí una serie para Movistar que se llamaba Otros mundos, que tenía que ver, curiosamente, con la mirada de los niños y cómo desde pequeños vemos cosas que de mayores no somos capaces de ver. Estuve trabajando en esa serie desde el año 2017 al año 2021. Todo lo audiovisual es de un esfuerzo titánico porque movimos recursos de cine, hicimos un trabajo muy bonito, pero me apartó un poco del día a día de la literatura. Y luego quise también ver crecer a mis hijos. Estaban en una etapa delicada. Tenía la posibilidad de dedicarme un poquito a mis hijos y preferí terminar ese libro, el de la vida y que no vuelve. Así que, aguardé. Han pasado doce años, casi en un suspiro, pero el entusiasmo y la energía siguen siendo los mismos de aquella época y me ha resultado muy fácil reconectar con mi trabajo.


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M.G.- En las páginas finales del libro dices que esta es la obra más osada de cuantas historias has dado a imprenta.

J.S.- Sí, porque no solo mezclo muchos géneros: autobiografía, ensayo de arte, thriller, novela histórica,... Se mezclan muchos géneros y eso siempre es difícil. Pero, sobre todo, se mezclan puntos de vista que habitualmente en la literatura nunca convergen porque se supone o se presupone que son incompatibles, como es una narración en primera persona, pero también una narración en tercera persona por el mismo narrador de la primera. Esto es una pirueta literaria, pero como era un relato natural que yo lo tenía muy en la cabeza, ha ensamblado perfectamente y creo que el lector lo va a disfrutar como una novedad. Así que sí, desde el punto de vista literario tradicional es muy osado. No está dentro del tópico del best-seller, pero va a ser un best-seller porque tiene esos ingredientes para que el lector no pare de sorprenderse. 

M.G.- Sin embargo, no catalogas el libro como una novela. Hablas de un término anglosajón que me ha resultado muy curioso. Faction.

J.S.- Ya sabes que los ingleses son expertos en torcer el idioma. Lo que han hecho es fusionar dos conceptos también aparentemente antagónicos como es fiction, la ficción, y fact, el hecho, el ensayo. Nosotros no tenemos un término como este en lengua castellana. Pero ese término inglés define muy bien lo que yo he pretendido. Es una novela escrita para que el lector aprenda. Está bien que se distraiga, que se entretenga y se meta en los vericuetos de los personajes. Eso es fantástico pero lo que quiero es que, al final de la obra, el lector haya cambiado su punto de vista sobre el arte y entienda que, en origen, el arte era un instrumento mágico. No era un instrumento estético ni un instrumento histórico, sino algo para hacer magia. Y ese cambio de paradigma sólo lo puedes conseguir si creas un artificio envolvente, esa faction que me he inventado

Debo decir que también he contado con la complicidad total de la editorial porque, para que esto funcione, tenía que hacer una novela donde las ilustraciones estuvieran en la página correcta, en color, con buena resolución, para que el lector que está leyendo sobre obras de arte de repente se la encuentre y descubra que efectivamente lo que acaba de aprender es verdad.

M.G.- Lo de incluir ilustraciones se agradece muchísimo. Si estás leyendo una novela que hace referencia a una película, a una pintura, o a lo que sea, tienes que dejar de lado la lectura un momento para irte a Google. Pero aquí no hace falta. Se agradece al autor y, por supuesto, también a la editorial. 

J.S.- Esto lo aprendí de la relación especialísima que Julio Verne tuvo con su editor, Jules Hetzel. Julio Verne es el primero en la novela moderna que incorpora grabados dentro de su narración, porque él, cuando explicaba 20.000 leguas de viaje submarino, quería que el lector, que nunca había visto un submarino ni era capaz de imaginárselo, lo viera. Con un grabador hacían las imágenes y las insertaban en el punto adecuado. Yo fui lector de los viajes extraordinarios de Verne y me impactó esa visión preclara que tuvo, de cara a una sociedad que iba a depender mucho de las imágenes. Así que lo he incorporado a mis libros siempre que he podido. Con El plan maestro hemos conseguido un artefacto que funciona a la perfección. 

M.G.- Te confieso, Javier, que siempre me gusta ese juego entre realidad y ficción que planteas en tus libros. Ahí lanzas un desafío al lector para que se adentre en la historia y a la vez juegue a ese juego que nos ofreces, averiguar qué es verdad y qué es ficción. Es interesante.

J.S.- Es la sensación que yo he tenido siempre. Te va a parecer rara la respuesta, pero, si lees la Biblia, ves a Abraham en medio del desierto, con su esposa, preocupados por si van a tener un hijo o no. De repente, aparecen dos personajes que son dos ángeles. Así los llama la Biblia. Tiene aspecto humano, como tú y como yo, se sientas a comer a la mesa, hacen cosas muy mundanas y luego continúan camino. Nadie se pregunta si existen o no. Acaban de estar sentados a tu lado pero y se acepta que son de otra realidad. A mí, esa sensación de lectura bíblica me impactó desde muy niño. Cómo, algo que parece normal, es profundamente extraordinario y se explica de esta manera tan corriente. Creo que eso ha afectado, de alguna manera, a mi manera de escribir. 

M.G.- En las entrevistas has comentado esa vivencia que tuviste con tus hijos, cuando fuisteis a ver pinturas rupestres. Hablas de la percepción de lo niños, que son capaces de ver lo que no es capaz de ver un adulto. ¿Por qué será?

J.S.- Yo pensaba que eso era, entre comillas, un cuento de viejas. Es decir, que eso de que los niños veían más o sabían más que los adultos hasta cierta edad, era una cosa de las madres o de las abuelas antiguas. Pero, de repente, me tropecé con estudios neurológicos que hablan de que en el cerebro humano, a partir de los siete u ocho años, se produce lo que se conoce como poda sináptica. Las neuronas que están hiperconectadas y hiperelectrificadas en la etapa temprana del ser humano, a partir de los ocho años, empiezan a bloquearse, a morirse, a desconectarse de la red neuronal. Por eso, la percepción cambia a partir de ese momento. También influye, obviamente, la educación. Es parte del proceso o de la consecuencia de la poda sináptica. En los niños, simplemente una sombra de la colcha con la pata de la cama le hace ver un monstruo. Y para ellos está ahí el monstruo. O levantar la mirada a unas nubes y ver unos rostros o unos dinosaurios le parece lo más normal del mundo y ellos ven esos dinosaurios, y al adulto le cuesta.

Yo lo que hice fue equiparar esa visión del niño con la visión del hombre prehistórico cuando crea el arte. Y me preguntaba si sería necesario tener esa visión para comprender de verdad el arte de las cavernas. Y fruto de esa mezcla, surge algo, un elemento que en la novela yo llamo la segunda mirada,  que es la que le permite a algunos protagonistas ver más allá de lo evidente en el arte, intuir que las formas geométricas también son un mensaje, que una nube puede ser un mensaje, que una roca puede ser una cara, que un lago puede ser un ojo o que una fuente puede ser una pupila. Y cuando eso lo incorporas a tu manera de acercarte al arte, el arte de repente te habla en otro idioma, en otra frecuencia. Y es muy interesante.

M.G.- Cuando uno piensa en lo que puede esconder una pintura, o lo que un pintor ha intentado realmente retratar en un lienzo, siempre pienso en las obras de Picasso, en las de Frida Kahlo, en el Bosco. Sin embargo, en este libro también hablas de las obras de Goya, de Botticelli, e incluso de Velázquez. Eso me ha dejado muy descolocada. 

J.S.- El arte sólo funciona de verdad cuando tiene un relato que lo acompañe. Nosotros nos hemos acostumbrado, no sé por qué extraño sortilegio, a ir a un museo a pecho descubierto y a ponernos delante de una obra de arte y sólo mirar la cartela. Y en la cartela se nos cuenta si es óleo sobre lienzo, si es madera, si el pintor vivió de tal a tal año y si pertenece a tal o cual escuela. Pero no se nos cuenta nada más. Y el arte necesita un intérprete, necesita alguien que te lo cuente. Así que, evidentemente, aplicando esa lógica, si alguien te cuenta de verdad lo que tienen Las Meninas, vas a ver cosas que por ti misma nunca descubrirías. Las Meninas, de entrada, es un cuadro de un tamaño que no es normal. Es una escena doméstica. Es la hija de los reyes, la hija de Felipe IV, rodeada de sus sirvientas, en una estancia donde está pintando el propio Velázquez y a la que se asoman, parece, Mariana de Austria y Felipe IV, que se reflejan en el espejo del fondo. Pero esa pintura, que es doméstica, tiene el tamaño de las pinturas reales, de los retratos de los reyes, del retrato ecuestre de Felipe IV, de la reina o del Conde Duque de Olivares. ¿Por qué Velázquez pintó algo destinado a los apartamentos privados de ese formidable tamaño, si no te cabe en el dormitorio? ¿Por qué? Porque no era un retrato doméstico, porque en realidad era un sortilegio, era un hechizo. La situación que ocupan los personajes, si la unes con una línea, forma un signo zodiacal, forma el signo de Capricornio. Capricornio sólo es la reina Mariana de Austria. Y en 1656, cuando se pintan Las Meninas, toda España estaba mirando a la pobrecita Mariana de Austria, que tenía diecisiete años, para ver si el rey la dejaba embarazada y con suerte tenía un hijo varón que ocupara el trono. Era un hechizo de fertilidad y era un asunto de Estado. Por eso, el tamaño del cuadro. Pero claro, si no tienes a nadie que te explique esto, pasa desapercibido. Te parece un cuadro curioso, bonito, intrigante, bien ejecutado, pero no responde a la gran pregunta que hay que hacerse delante de cualquier obra de arte. Y esa pregunta es: ¿Por qué? ¿Por qué el artista dedica su talento a hacer eso? Y siempre hay un porqué. Y eso es lo bonito de mi aproximación.

M.G.- La verdad es que lo que cuentas sobre Las Meninas es impresionante. Es cierto que nos colocamos delante del cuadro, vemos el reflejo en el espejo, y no nos paramos a pensar en nada más. Me ha dejado muy impactada esa parte del libro.

J.S.- Es la puerta para descubrir que, por ejemplo, el sevillano más universal era, en realidad, un devoto de la astrología. Cuando él muere y abren su cuarto en el Alcázar de Madrid, encuentran la biblioteca de Diego Velázquez. Y en esa biblioteca la mitad eran tratados de geometría y matemáticas, y la mitad eran libros de astrología. En el inventario se dice que él tenía unos anteojos de larga vista, una especie de telescopio rudimentario de la época, con el que se pasaba el tiempo mirando las estrellas desde la Torre del Alcázar. Era un tipo que, como Rubens, que era su maestro, estaba obsesionado con la astrología y lo demostró en este tipo de cuadros. Pero tienes que conocer esas cosas. Si no las sabes, se te pasa sin más. 

M.G.- Hace un tiempo, hablaba con otro autor que también escribió una novela sobre cuadros y me contaba que, cuando visitamos un museo, tendemos a tratar de verlo todo pero sales del museo con la sensación de no haber visto nada. Creo que tú llegas a la misma conclusión.

J.S.- Es el síndrome de Instagram. Coges el móvil y empiezas a hacer scroll, como dicen los ingleses. Empiezas a pasar imágenes, un vídeo, otro vídeo y otro. De repente, te das cuenta de que te has llevado tres horas pasando vídeos y no te acuerdas de ninguno. Ninguno te importa. Con ninguno ha habido conexión emocional. Eso sólo se consigue con el relato. Por eso es tan importante que alguien te cuente el arte.

M.G.- Pero, cuando te planteas visitar un museo por primera vez, ¿cómo es esa visita? ¿Cómo te organizas esa visita?

J.S.- Antes trato de averiguar qué obras puede haber que me interesen. Uso Internet, obviamentey los libros. Me hago mis fichas y suelo singularizar dos o tres cuadros a los que me acerco. Si puedo, me pongo el disfraz de periodista, que a veces uso, y pido hablar con un conservador o que alguien del museo me acompañe para que me explique algo, Con eso algo, con lo que he leído, y con lo que ya sé, puedo empezar a hablar con el cuadro. Me gusta estar delante de las obras de arte pues, no sé, una hora mínimo, y poder fijarme en las cosas.

M.G. ¿Y qué es lo primero en lo que te fijas cuando estás delante de un cuadro?

J.S.-  Hay muchas cosas, pero aquel maestro del Prado de mi juventud me enseñó que una de las claves está en la mirada de los personajes. Tienes que fijarte...

M.G.- Hacia dónde miran.

J.S.- Eso es. Hacia dónde miran y a quién miran. A veces, los personajes de los cuadros están mirando fuera del cuadro. Y cuando miran fuera del cuadro, una de dos, o te están mirando a ti y, por lo tanto, el artista lo que quiso es establecer una comunicación, una empatía con el personaje por alguna razón, o están mirando algo sobrenatural, algo que está más allá de lo pintable. Y lo pintable es lo inefable, lo que no puedes describir ni con palabras ni con imágenes, y suele ser lo supersagrado. Aquel maestro del Prado me enseñó una cosa muy bonita, y es que el arte, una de sus funciones más importantes, es la de hacer visible lo invisible. Y cuando vas a un museo de pintura europea, lo primero que te das cuenta es que está lleno de cosas que no vemos. Ángeles, demonios, espíritus, cosas que el ojo humano no ve, pero que de repente el pintor ha hecho visible para ti mediante la magia del dominio de la imagen. Esa magia del dominio de la imagen es algo que en realidad se bocetó en la prehistoria. En la prehistoria ya hay cosas que nadie vio. Hay hombres bisonte, hay criaturas mitad animales, mitad humanas en las cuevas rupestres. Eso nunca existió. O sí, y lo hicieron visible los magos pintores de la prehistoria. Y esa duda a mí me parece, de verdad, muy chispeante, me parece que muy interesante para poder convertirla en un relato.

M.G.- Hablas de pintura, de arte, de cultura. Invitas al lector a acercarse a los cuadros con otra mirada. ¿A qué otras grandes reflexiones te gustaría que el lector llegara con este libro?

J.S.- Bueno, me gustaría que este libro le hiciera recapacitar sobre esta aproximación materialista y superficial al arte que tenemos. Visitamos un museo porque Las Meninas son bonitas, pero hay mucho más allá de la belleza en una obra de arte. A un artista se le presupone dominio de los pinceles para hacer algo hermoso, igual que a un escritor se le presupone dominio de la palabra para hacer un libro fluido. Pero otra cosa es el contenido. ¿Al servicio de qué está la belleza? La capacidad y la destreza del artista, ¿al servicio de qué está? Y cuando haces esa pregunta, es cuando te tropiezas con lo que hay de fondo en las pinturas y lo que a mí me interesa.

M.G.- Cuando contemplamos una obra de arte siempre nos encontramos con el hándicap de que no nos podemos acercar mucho. Tenemos esa medida, esa distancia de seguridad. Pero tú, teniendo en cuenta las descripciones que haces de los cuadros, habrás tenido que observar milimétricamente los lienzos.

J.S.- Bueno, he jugado con muchas herramientas. Ahora, por ejemplo, existen cosas que te permiten acercarte a los cuadros hasta el nivel del craquelado, de las grietas de la pintura. Por ejemplo, hay una aplicación que se llama Google Arts & Culture, Arte y Cultura, que te permite acercarte muchísimo a los detalles., porque han escaneado millones de obras de arte de todo el planeta. Yo la he usado y he visto cosas en esas ampliaciones de obras de arte que ni a ojo desnudo,  delante de las pinturas, percibes. Pero también me he granjeado amistades entre los conservadores de algunas colecciones importantes de arte y me han permitido acceder a las reflectografías de infrarrojos de los cuadros, a las radiografías de las pinturas y he podido ver mucha pintura subyacente, muchas intenciones fallidas de los pintores. Y todo eso también son cosas que te dicen, que te comunican información sobre el proceso de elaboración de una obra. Con todo eso he jugado, pero, al final, lo que cuenta de verdad es ponerte delante de la pintura y fijarte en las cosas.

Mira, te contaré una pequeña anécdota, una curiosidad que a mí me dejó muerto. Cuando escribí El maestro del Prado le tuve que dar nombre a aquella persona que se me acercó en el museo, en mi adolescencia. Si él me dio su nombre, yo no lo recuerdo. Así que me inventé un nombre para él, Luis Fovel. Nosotros nos encontramos delante de La Perla de Rafael. Y doce años después, en el proceso de elaboración de El plan maestro, volví a acercarme a La Perla y descubrí que, en una esquina de la pintura, sobre un tronco seco que pintó Rafael, él dibujó como grabado a navaja de una letra mayúscula, que era una F. Yo no la había visto. Igual inconscientemente la vi y pensé que mi personaje debía tener una F en su apellido, pero no fui consciente nunca. Fui consciente cuando lo vi por enésima vez, por millonésima vez, repasando el manuscrito de El maestro del Prado. El arte tiene eso, admite muchas lecturas. Igual que una novela, admite muchas lecturas. En el fondo es un espejo de nosotros mismos y cada vez que tú te miras en distintas etapas de tu vida, obtienes un reflejo distinto. Y eso a mí me tiene también fascinado.

M.G.- Como las obras de arte que también pueden transmitir mensajes diferentes dependiendo de la persona que las esté viendo.

J.S.- Sin duda. Y dependiendo de la edad de la persona que las está viendo. Es decir, que tú con dieciséis años ves una cosa en Las Meninas, otra con veinticinco, otra con cincuenta y cinco y otra con ochenta. Eso es una de las magias más desconcertantes que tiene el arte para mí. El arte, o déjame matizar, la expresión artística para mí, porque abarcaría también la literatura.

M.G.- Has mencionado a Luis Fovel. ¿Te has parado a pensar por qué aquel señor se paró a hablar contigo y no con otra persona?

J.S.- Lo he pensado muchas veces y no lo sé. Quizá, su razón fue la misma que a mí me lleva ahora a escribir estos libros, el poder excitar la imaginación y la capacidad de mirar de tus semejantes, porque eso que has descubierto con los años no quieres que se pierda. En realidad, nuestra herencia para nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros bisnietos, no son las propiedades y no son las cosas materiales. Nuestra herencia de verdad es nuestra mirada.

M.G.- Fantaseemos un poco, si lo volvieras a encontrar, ¿qué le dirías?

J.S.- Bueno, le pediría un teléfono de contacto para recurrir a él cada vez que me que me encontrara ante una obra de arte, que intuyera que tiene una historia que contarme.

M.G.- El Louvre tiene su propio fantasma. 

J.S.- Es verdad. Tiene su fantasma casi oficial, que es Belphegor. Yo lo utilizo en la novela. En realidad, Belphegor es un personaje que se inventó Maquiavelo en un librito satírico, que él escribió en Florencia. Pero como los franceses son expertos en apropiarse de las cosas de los otros, -Picasso es francés, como sabes, y Goya casi también es francés- [ríe], pues también se apropiaron de Belphegor y lo convirtieron en el fantasma oficial del Louvre. A mí eso me maravilla, porque yo creo que todos los museos tienen sus fantasmas, pero pocos los reivindican. Y ojalá a partir de este libro, el Prado de repente convierta a Louis Fovel en su fantasma oficial. Sería maravilloso.

M.G.- Con fantasma o sin fantasma, cuentas algo curioso de una de las salas del Prado.

J.S.- El Prado tiene muchas curiosidades, pero una de las que a mí me llama la atención es que no existe la sala 13. Yo la convierto en una sala fantasma. Tú vas a ver Las Meninas, que están en la sala 12, y de ahí saltas a la sala 14, donde vas a ver el Cristo de Velázquez. No hay una sala 13 intermedia. No la hay por razones de superstición, igual que no hay un Renault 13 en la escudería de los coches Renault. Pero a mí eso me ha dado mucho juego, porque se convierte en una sala espectral que puedes buscar y donde pueden pasar cosas de otra realidad. Y me sirve a nivel literario para que ocurran cosas ahí, claro. No te voy a contar cuáles.

M.G.- No, no me las cuentes. Lo que sí es cierto es que este libro, a medida que lo vas leyendo, te invita a visitar un museo. Aquí no tenemos una pinacoteca con el prado, lamentablemente, pero sí tenemos el museo de Bellas Artes. También me están entrando ganas de usar esa herramienta que me has descubierto, Google Arts & Culture, y ampliar los cuadros, a ver si también encuentro mensajes.

J.S.- Búscala. De todas maneras, te voy a decir una cosa. Es verdad que en Sevilla no tenéis un museo equiparable al Prado pero tenéis una cosa muy valiosa. Hay muchas obras de arte en Sevilla que están en su sitio original, que están en el sitio para el que fueron concebidas. Tú te puedes ir al Hospital de la Caridad y ver las obras de Valdés Leal colgadas donde las puso Valdés Leal. Y el sitio donde están colgadas las obras también dice mucho de ellas. Si trasladáramos Las postrimerías de Valdés Leal al Prado perdería parte de su significado. Esto también es importante tenerlo en cuenta. No tenéis un Prado pero tenéis esto otro que es tan valioso o más.

M.G.- No había caído en ese detalle. Me está interesando mucho esta conversación porque me voy a casa llena de muchas anécdotas y con muchas ganas de continuar con la lectura. Javier, te agradezco mucho que hayas venido a Sevilla y hayas compartido conmigo este ratito. Me interesa mucho todo lo que cuentas en el libro. Es cierto que hoy día, con el ritmo que llevamos, si visitamos un museo tratamos de verlo todo y no vemos nada.

J.S.- Piensa una cosa, los cuadros son libros sin palabras. Son libros mudos y el trabajo que yo me he dado es el de ponerle esas palabras que les faltan para hacerlos accesibles. Es una tarea muy bonita y, sobre todo, si consigo estimular la curiosidad, espero que, intergeneracional -que se acerque el lector joven al igual que el lector maduro-, habré conseguido mi objetivo. Ojála ahora haya muchos padres que se lleven a sus hijos a los museos para practicar esa segunda mirada o muchos abuelos que se lleven a sus nietos.

M.G.- A mí me has despertado mucha curiosidad, así que te lo agradezco. Javier, un placer tenerte en Sevilla.

J.S.- Muchas gracias. 

Sinopsis: La esperadísima vuelta a las librerías del maestro del misterio.

En 1990, Javier Sierra fue abordado por un sujeto singular en el Museo del Prado. Este le confesó que existía una comunidad secreta que, desde hacía siglos, se había dedicado a proteger una selección de obras que servía de puerta entre distintos mundos. Aquel tropiezo dio lugar a El maestro del Prado (Planeta, 2013).

Desde entonces, el autor se ha obsesionado con encontrar de nuevo a ese personaje y, en su camino, ha descubierto que existe un «plan maestro» que otorga al arte un sentido esencial. Este lleva siglos siendo urdido por unos misteriosos maestros que han transformado a nuestra especie hasta límites insospechados. Algunos mitos se refieren a ellos como dioses instructores, otros como daimones; también como ángeles y espíritus. Sus ideas han moldeado nuestra especie con aportes como la agricultura, la astronomía, las matemáticas o la expresión artística. Pero ¿quiénes son ellos?

Una apasionante novela que te hará viajar a través del arte a una historia desconocida de la civilización.

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