Fermina Cañaveras nace en Torrenueva (Ciudad Real) en 1977, es diplomada en Relaciones Laborales por la Universidad de Castilla-La Mancha, diplomada en Turismo y licenciada en Geografía e Historia por la UNED.
Dedica su vida a la investigación desde hace once años. Su trabajo está centrado en el área de mujeres y la represión durante los conflictos del siglo XX en el Centro de Estudios de Memoria y Derechos Humanos de la UNED. Colabora con asociaciones como la Recuperación de Memoria Histórica, Fundación FIDGAR o Aranzadi, entre otras. El barracón de las mujeres es su primera novela.
Sinopsis
Yo, Isadora Ramírez García, que perdí mi nombre cuando abandoné España junto a mi madre, Carmen, y a mi tía Teresa en 1939 en busca de mi hermano Ignacio, voy a contarte mi historia, María. Para que sepas quién soy y quién era tu abuela, y todo aquello que reunió a nuestras familias durante la Guerra Civil para separarlas después. Sabrás de sus pérdidas, que fueron las mías, del dolor inhumano y las lágrimas constantes… Y lo que pasó cuando nuestros destinos se separaron y yo me convertí en una de las prostitutas del campo de concentración de Ravensbrück, un lugar lleno de puentes y palomas blancas, cuyas plumas se ensuciaron de sangre y semen por dos razones: la simple y llana supervivencia y la lucha incesante, con armas escasas, contra el fascismo.
Quieres saber del campo de concentración infame que atentó contra la vida de miles de mujeres; ahí está la historiadora que eres, María, y que nunca ejerció como tal, pero la periodista en la que te has convertido, entre vasos de whisky, demasiados, y que aún busca una identidad que le niegan los secretos de familia, lo que quiere saber realmente es qué esconde la caja de los dolores feos.
Tres días, María, tres días y podrás abrir esa caja en la que, al contrario que en el mito clásico, la esperanza no ha buscado refugio, sino que voló de rama en rama para posarse a las puertas del puerto de Vigo, de una calle de París; se quedó enredada en las alambradas de Ravensbrück, regresó malherida a las puertas de la pensión Soledad y allí cantó de nuevo por la libertad, las mujeres, los oprimidos y la revolución.
Personajes reales y ficticios, un horror inimaginable, pero también amistad, resistencia y fraternidad componen esta novela de la que no se sale inmune sobre los perdedores de la guerra de España y su exilio a infiernos donde la crueldad es incomprensible incluso desde la más profunda de las insanias.
[Información tomada de la web de la editorial]
Hacía mucho tiempo que una novela no me hacía llorar pero El barracón de las mujeres lo ha conseguido. Y es que la historia que narra esta novela es dura y dolorosa, pero también real. Saber que una de las protagonistas vivió en cuerpo y alma lo que se relata en esta novela estremece. Os cuento y, para empezar, os dejo la cita que abre la novela.
«Así como Auschwitz fue la capital del crimen contra los judíos, Ravensbrück fue la capital del crimen contra las mujeres». Sarah Helm, superviviente de Ravensbrück
El barracón de las mujeres cuenta con dos hilos narrativos que se irán desarrollando de manera paralela. Por un lado, tenemos a María, una periodista de investigación, venida a menos. María no pasa por un buen momento. Ha perdido la chispa y la agudeza necesaria para convertirse en una periodista de excepción. En lo personal, también tiene problemas con Carla, su pareja, con la que mantiene frecuentes discusiones. Para combatir la espiral de desánimo y declive personal se sumerge cada día en el alcohol. Es ese momento de ir a la deriva, a María le sucede algo más. Su abuela, el referente más importante de su vida, acaba de fallecer.
«Desde niña escuchaba a mi abuela, militante del Partido Comunista de España y un gran defensora de las libertades de las mujeres, contar multitud de vivencias que había hecho mías y compartido con el gran público». [pág. 12]
A la abuela Sole le corre la República por las venas, así que su mortaja no podía ser otra más que la bandera tripartita. Sole regentaba una pensión y siempre fue una mujer muy querida en el barrio, donde conoció a mucha gente y ayudó a otras tantas. A su velatorio acudirán todas aquellas personas que la quisieron, pero también estará presente una mujer que María no conoce. Esa presencia incómoda despertará la curiosidad de la joven. Tratará de averiguar quién es esa figura, «una anciana menuda, de pelo blanco recogido en un moño, con el rostro triste», y al preguntarle a su madre, ésta solo le dice que esa mujer de nombre Isadora, es una antipática y una amargada, la causante de muchos de los problemas que en el pasado tuvo su abuela, una mujer de la que ella no quiere saber nada. La respuesta de la madre no hace más que aventar la curiosidad de María y se abre ante ella un misterio cuya resolución nos llevará de sorpresa en sorpresa.
Con la muerte de la abuela, María tratará de recomponer su propia vida. El misterio alrededor de la abuela, su papel en el Partido Comunista, y la presencia de Isadora en el funeral es un aliciente para ella, así que decide mudarse a casa de la abuela y comenzar con la investigación. Tras rebuscar aquí y allá, encontrará un legajo de documentos bajo una baldosa de la vivienda, lo que supondrá un gran hallazgo. Y entre esos documentos, una foto sin rostro. Es el cuerpo de una mujer en cuyo pecho se lee la inscripción FELD-HURE y un número.
¿Qué significa esa palabra? Eso lo tendrá que descubrir María.Pero ahí no acabarán las preguntas porque, al reverso de la fotografía figura un nombre y una fecha: Isadora García Ramírez. 14 de octubre de 1945. Otra vez el nombre de Isadora. ¿Quién es Isadora? ¿Por qué su abuela tiene esa foto?
Ese no será el único hallazgo que la joven encuentre en casa de Sole. Con la información que tiene en su poder, María obviamente tratará de localizar a la mujer misteriosa para conocer su historia y saber qué relación tiene con su abuela. Y ahí comienza el otro hilo narrativo de la novela, justo cuando la joven localiza a Isadora y le pide que le cuente su historia.
«Después de llevar media vida pensando que una mentira duele menos que la verdad, voy a contar mi verdad, que es la de muchos que se quedaron en el camino. Son demasiadas guerras perdidas, María. La más dolorosa es la del olvido». [pág. 76]
A lo largo de varias tardes, Isadora le irá contando su vida a María. Se retrotraerá en el tiempo y hará repaso a su árbol genealógico, incidiendo en el devenir de sus abuelos, de su hermano Ignacio, -a quien considera culpable de todas sus desdichas-, o de su tía Teresa, la mujer más importante para ella.
«Mi tía no solo fue mi tía Teresa; fue mi maestra, mi confidente, mi amiga, mi compañera. Cabezota e impulsiva. Todo Madrid la conocía como "la roja del pelo rojo". Nadie se dirigía a ella por su nombre de pila. Su pelo era rojo como ella y como la sangre derramada de tantos compatriotas. Mi tía era una tormenta, siempre tronando. Pero con un corazón limpio y puro, igual que ese aire que dejan los aguaceros después que pasan». [pág. 107-108]
A través de este personaje,el lector conocerá cómo muchas personas abandonaron España con la llegada de Franco. En el caso de Isadora, veremos su periplo tras el exilio y cómo acabó en Ravensbrück, donde ejerció la prostitución.
«Soy una puta, una puta de campo de concentración, una puta libre, con una colección infinita de heridas y arañazos en el corazón, y hay algunas que duelen mucho más que estar horas y horas siendo violada por un oficial nazi». [pág. 86]
Pero para conocer todo lo que vivieron las mujeres que ejercieron la prostitución, María contactará con el Amical de Ravensbrück, una organización fundada en 2005, que tiene como objetivo «recuperar la historia y la memoria de todas las mujeres y niñas españolas que pasaron por ese campo». Sonia, la portavoz de esta institución será la encargada de facilitarle una lista con las reclusas españolas que pasaron por los campos de concentración, entre las que figura Neus Catalá.
Al final, y a medida que María vaya encontrando las piezas, la joven irá conformando el puzle, y descubrirá quién es quién en esta historia. El lector, junto a María, terminará por descubrir quién es Isadora, qué relación tenía con su abuela y, lo que no es menos importante, quién es realmente su madre. Como veis la novela está llena de preguntas que esperan respuesta y todas las incógnitas quedarán despejadas con el desenlace.
Qué me ha gustado de esta novela
Vaya por delante que esta novela me ha encantado en todos los sentidos. La historia de la abuela de María nos conduce a la vida de aquellas mujeres comunistas que trabajaron para el Partido Comunista y la República, sin importarles poner su vida en riesgo. A través de Sole vamos a conocer a una red de mujeres que se las apañaban para esconder a camaradas perseguidos, que pasaban información, que se organizaban en cédulas, y contribuían a poner a salvo a los que estaban en el punto de mira. Pero más allá de las fronteras de España, otros grupos clandestinos también se organizaban para ayudar a cruzar los Pirineos.
A su vez, y a través de Isadora, comprenderemos cómo fue la vida para los republicanos al finalizar la guerra civil, las decisiones que tuvieron que tomar para salvar el pellejo, o para localizar a esos padres, hermanos o novios que marcharon a la guerra y nunca más regresaron. En el caso de Isadora, de la que no podemos olvidar que es un personaje real, y con el inicio de la II Guerra Mundial, sabremos el camino que anda hasta llegar a Ravensbrück, un campo de concentración donde, además de someter a los presos a trabajos forzados, se construirá un pabellón donde un grupo elegido de presas ejercieron la prostitución. Si todo lo que sabemos sobre los campos de concentración es de por sí desgarrador, lo que se relata sobre las violaciones a las que estas mujeres eran sometidas llega a producir un dolor lacerante. Y para muestra, este botón:
«El día de mi bautismo me violaron diecisiete veces». [pág. 288]
A ello se unen las descripciones de los experimentos que los médicos nazis llevaban a cabo, o el trato vejatorio y las humillaciones que sufrían estas mujeres, de manos de las guardianas. Lo que se vivió dentro de los campos de concentración fue una auténtica pesadilla, que se convirtió más terrorífica aún en el caso de las putas de campo.
La novela nos permite adentrarnos en los límites de Ravensbrück y conocer la distribución del campo, como el Uckermark, anexo de Ravensbrück en el que se trataba de curar a los homosexuales. Seremos testigos en primera fila de las torturas y el sadismo que se ejercía en aquel lugar. El barracón de las mujeres se centra principalmente en las putas de campo y nos explicará qué pasos tenían que seguir las mujeres que terminaban en el barracón 27 y las penalidades que tenían que soportar si quedaban embarazadas, así como los supuestos privilegios que tenían por ser simplemente putas. Pero la novela sobrevuela por todo el recinto y pondrá también el foco de atención en el resto de presos. Impresiona la valentía que demostraban aquellos hombres y mujeres que, incluso en tan dramática situación, jamás se rendían e ingeniaban ciertas artes para luchar contra los nazis y decantar la balanza de la guerra hacia la derrota de Alemania. Y si ellos eran valientes, la novela también nos mostrará la cobardía de los nazis cuando veían que iban a perder la guerra. El lector descubrirá de qué manera los altos mandos de los campos de concentración tratarán de borrar el reguero de muerte y sangre que habían dejado a su paso.
El barracón de las mujeres es una historia que nos habla de horror pero también de secretos, que me ha impactado muchísimo. Cuando tengo que hablar de una novela así, me cuesta mucho utilizar la expresión «disfrutar de la lectura». El verbo disfrutar quizá no sea muy apropiado para una temática como esta pero hay que reconocer que esta novela atrapa. Para mí ha sido un aliciente saber que Isadora fue una persona que existió realmente, aunque la autora nunca llegó a conocerla, pues falleció en 2008. Nos lo cuenta en esta entrevista.
La labor de documentación ha debido ser exhaustiva y eso se nota en la narración hasta el punto de leer y tener la sensación de «pasear» por las distintas zonas que conformaban Ravensbrück. Por cierto, ¿sabes por qué este campo se llamaba así? La autora te lo cuenta en la novela. Fermina Cañaveras describe los pasos que María va dando en su investigación, siguiendo casi la misma línea que siguió la autora para reconstruir la historia de las putas de campo, con lo cual, lector tiene la sensación de ser parte activa en la obtención de la información.
Qué no me ha gustado
Repito lo que dije antes, que esta novela me ha encantado. La única pega que le pongo es la falta de pulido. No suelo ser quisquillosa con estas cosas. No me echo las manos a la cabeza si en algún momento me topo con una palabra a la que le falta la tilde, pero bajo mi punto de vista El barracón de las mujeres necesita una revisión porque, con relativa frecuencia, he advertido la ausencia de tilde en palabras que deberían llevarla. Ahí van un par de ejemplos:
«Me arme de valor, rescaté la poca dignidad que conservaba, recogí mis pedazos del suelo, me senté en la cama, peque un sorbito de agua al vaso que había sobre la mesita de noche...» [pág. 13]
«Sin apenas darme cuenta, cruce la plaza Mayor como una autómata que conoce su destino». [pág. 59]
Si no he contado mal, me he topado con unos seis casos más. Vuelvo a decir que no soy puntillosa con este tipo de lapsus porque todos somos humanos, pero si lo comento es, en primer lugar, para que el lector lo sepa y, en segundo lugar, por si hay opción a una rectificación en las siguientes ediciones. Es que una novela como esta, dedicada a estas mujeres, con una protagonista que pisó realmente este mundo, y con una temática como la que se aborda en el libro, debe estar exenta de cualquier mácula. Lo digo con la mejor de las intenciones.
Personajes
El barracón de las mujeres entremezcla personajes reales y ficticios. Desconozco si María y Fermina Cañaveras guardan mucha o poca similitud. Probablemente más de los que me pueda imaginar. Pero entre los personajes ficticios me gustaría destacar a Sole, una mujer comunista hasta el más allá. Me gusta el perfil de este personaje, el de una mujer que, a priori, pensarías que es una persona más de su tiempo, dedicada a regentar una pensión, en la que entran y salen huéspedes, y cuya vida se limita a atenderlos a todos. Sin embargo, la novela nos va a desvelar otra cara distinta de este personaje, una faz mucho más comprometida y valiente.
Y entre los personajes reales, cómo no destacar a la propia Isadora Ramírez García. En esta novela, ella representa a todas las mujeres que ejercieron la prostitución en los campos de concentración. Al personaje lo vamos a conocer en dos momentos de su vida. Por un lado, en 2008, cuando María contacta con ella. En esa fecha, Isadora es una anciana a la que le queda poco tiempo de vida. Por otro, nos asomaremos a su pasado cuando, a los 17 años, y tras finalizar la Guerra Civil, ella abandona España para buscar a su hermano.
Otros personajes reales serán Maria Radu, presa polaca que habla español; la conocidísima Neus Catalá, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña durante la Guerra Civil y que fue también una de las supervivientes de Ravensbrück; o Catherine Dior, la hermana del famoso diseñador.
Estructura y estilo
Como dije al principio de la reseña, El barracón de las mujeres se articula sobre dos hilos argumentales. El presente de la novela transcurre en Madrid, en el año 2008 y será la propia María la que nos hable en primera persona. El otro hilo lo conforma la historia de Isadora que, tras hacer repaso a su familia, comienza su relato justo cuando acaba la Guerra Civil, para terminar con la caída del Tercer Reich, la liberación de los campos y el regreso de Isadora a España.
La estructura que conforma la historia de Isadora cuenta con tres partes, a lo largo de las cuales se distribuyen un total de treinta y un capítulos, abarcando una horquilla temporal que va desde 1939 hasta 1945. Todo ello, entreverado con capítulos que narran el presente.
Fermina Cañaveras escribe una novela a la que no le falta crudeza pero sin caer en el morbo. La autora se limita a describir una dura realidad, sin añadir nada más porque, ya de por sí, la historia es suficientemente dramática.
En definitiva, El barracón de las mujeres es un precioso homenaje a unas mujeres que lucharon juntas y se mantuvieron unidas. También es una historia que nos habla del dolor y el sufrimiento, de los secretos, de los lazos que no son de sangre, pero resultan ser igualmente fuertes. Admito y advierto que es una historia desgarradora que encoge el corazón. Hay pasajes duros que te ponen los vellos de punta. Concretamente un diálogo entre Teresa e Isadora, entre tía y sobrina, me hizo perder el resuello y me dejó sin respiración. En mi caso, mi cerebro pretendía hacerme creer que lo que estaba leyendo era ficción, pero no podemos olvidar que las barbaridades que se cuentan en la novela ocurrieron realmente.
Y, precisamente, para que no olvidemos, cierro esta reseña con una reflexión de la propia Isadora:
«¿Qué pasará con las putas como yo? Nos olvidarán, a nadie le va a importar lo que nos han hecho, nadie querrá saber que han experimentado con nosotras, que nos inyectaron esperma de chimpancé o que nos metieron ratones en la vagina, ni que perdimos la condición de ser humano... Nadie nos recordará, incluso nosotras dejaremos de recordar. Yo no pienso hacerlo, porque olvidar es peor que morir». [pág. 404]
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
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El 27 de enero se celebra el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. No es casual que últimamente hayamos visto novelas relacionadas con Auschwitz, Ana Frank, o cualquier otro lugar, persona o suceso relacionado con la Segunda Guerra Mundial y los campos de concentración. A pesar de la dureza del tema, es una temática que me gusta y aunque parezca paradójico, he disfrutado muchísimo con la lectura de El barracón de las mujeres de Fermina Cañaveras. A todos nos suenan los nombres de algunos campos de concentración. Mauthausen, Bergen-Belsen, Dachau, o el mismo Auschwitz. ¿Pero qué pasó en Ravensbrück? Este campo de trabajo, cuyo nombre significa literalmente el puente de los cuervos, fue construido para albergar allí a las mujeres. Al horror de la brutal represión y trato vejatorio que sufrieron los presos de estos campos, hay que añadir que en Ravensbrück muchas mujeres fueron destinadas únicamente a ejercer la prostitución. Según se sabe, un total de veintiséis mujeres españolas pasaron por el prostíbulo de Ravensbrück.Una de ellas fue Isadora Ramírez García.
La primera novela de Fermina Cañaveras, titulada El barracón de las mujeres, cuenta su historia, su espeluznante testimonio, que te mantendrá pegado a las páginas de esta novela. Mientras llega el momento de hablaros con detalle del libro, de momento os dejo con la entrevista a la autora.
Marisa G.- Fermina, qué placer tenerte en Sevilla y conocerte. Y hacerlo, además, con tu primera novela, El barracón de las mujeres. Es una novela que nos habla de mujeres, de violencia contra la mujer, de campos de concentración y protagonizada por personajes reales. Tu trabajo tiene mucho que ver con las mujeres que han sufrido represión en el siglo XX pero, ¿cómo te topas con esta historia?
Fermina C.- Me topo con ella de casualidad. Estaba haciendo un trabajo también sobre mujeres y el Partido Comunista. No había terminado la carrera cuando un profe me dice que me iba a poner en contacto con tres mujeres que fueron muy guerreras en aquella época, con las que empezar a hacer mi trabajo, porque la historia la tenía todavía viva. Una tarde, donde estaba la sede del PCE en Lavapiés, y hablando de todo esto, sale a relucir el nombre de Isadora Ramírez García. Me comentaron que estuvo viviendo en la calle Atocha, que pasó por un campo de concentración, y que tenía el tatuaje en el pecho que la designada como Feld-Hure, lo que eran las putas de campo. Tras escuchar eso, yo seguí con mi trabajo porque no me quedaba otra más que terminarlo. Pero imagínate cómo me quedé cuando ellas me soltaron con tanta tranquilidad esa bomba. Pasmosa. Empecé a tirar del hilo pero únicamente por el hecho de querer saber más, fundamentalmente por conocer lo que le pasó a esa mujer, que había fallecido hacía pocos meses. Quería saber lo que le había ocurrido en ese campo.
Yo conocía que los nazis tenían planes para las mujeres en Ravensbrück, donde crearon una red de trata, unos prostíbulos, y movían mujeres a otros campos de concentración. Pero claro, cuando me meto en el meollo, me doy cuenta de los niveles de horror y de bestialidad. Perder la condición de ser humano en este campo no tenía que ver con los otros campos de concentración.
Después empezó la locura de intentar contactar con las mujeres que quedaban vivas, que en España solo quedaba una, de intentar sacar testimonios de las que habían estado en el campo de concentración ejerciendo la prostitución y, a partir de ahí, fraguar todo lo que le podría haber pasado a esta mujer. Ella ya estaba muerta y no tenía su testimonio de primera mano. He querido hacer de Isadora la representante de todas las mujeres que pasaron por los prostíbulos y por el barracón de las mujeres, que era así como se llamaba el prostíbulo.
M.G.- Pero tú optas por escribir una novela en vez de escribir un ensayo, por ejemplo, o una biografía.
F.C.- Para biografía, me faltaba mucha documentación. Y para ensayo, aún más. ¿Por qué? Porque este campo es el gran desconocido. Este campo era de mujeres y por eso, no éramos tan importantes como los hombres.
Las que llegaban a Ravensbrück, si eran mayores de 50-55 años, menor de 8, o iban embarazada y se le notaba, ni te registraban. Directamente te borraban de la historia y te mandaban a la cámara de gas. Por eso, no se sabe exactamente cuántas mujeres pasaron por allí.
Luego, pasó otra cosa. Los nazis, antes de que terminar la guerra y de que se liberara el campo, seguían con la idea de aniquilar más mujeres. Se desmontaron las cámaras de gas de Auschwitz y se las llevaron a Ravensbrück para seguir matando. Ya no las quemaban sino que, ya fallecidas, las metían en vagones. Las trasladaban a bastantes kilómetros de distancia y las enterraban en fosas comunes. O también en fosas dentro del propio campo. A la vez que iban eliminando la documentación que tenían de ellas. Así, se perdieron archivos, documentos del campo, las fichas de matrículas, las fotos,... Se perdió mucho. Se cree que por allí pasaron 130.000 mujeres pero no se sabe exactamente el número. Fueron muchas más. Por eso, con toda esa información que me faltaba, no podía armar ni una biografía ni un ensayo. Había cosas que me bailaban, pero sí tenía información para prever sucesos, imaginarlos, y escribirlos en formato novela.
M.G.- Ya te entiendo.
La novela se estructura en dos hilos temporales. En 2008, conocemos a María, una periodista venida a menos. Tiene problemas. Digamos que está perdiendo el norte, tanto en el terreno profesional como en el personal. Su abuela Sole, con la que tenía una vinculación muy especial, fallece. A través de su abuela, María sabrá de la existencia de Isadora que, como tú dices, será un personaje que sirve como homenaje a todas esas mujeres que pasaron por los campos. Isadora es un vehículo contra la desmemoria.
F.C.- Totalmente. Creo que es un ejercicio de memoria necesario para poner a las mujeres olvidadas en su sitio, un ejercicio de humanizar las vidas «no vidas» de estas mujeres que llevan tanto tiempo deshumanizadas.
Siempre digo que esta novela está hecha de retales de las historias de muchas mujeres. Sirve para poner encima de la mesa que nosotras también tuvimos voz y jugamos un papel muy importante en este conflicto. Es necesario que se sepa y se conozca.
También me parecía interesante enseñar, a través del papel de María, ese proceso de documentación que hago hasta llegar a Isadora. Me apetecía mostrar un poco todo lo que es pasar por los archivos, por los Amical, ver lo que consigo y lo que no.
Hay mucha gente que me pregunta por qué las protagonistas tienen una relación lesbiana, que si tenía que pasar por el cliché de que todo pareciera una novela. Pero no es así. Normalmente, las mujeres que eran lesbianas en la Segunda Guerra Mundial y, más concretamente en este campo, lo pasaron muy mal. Les tatuaban un triángulo negro porque, o eran putas, o lesbianas, o asociales. A las lesbianas se las sometió a una persecución bestial. Como yo digo, esta novela hay que leerla entre líneas y, aunque hay muchas cosas que no se dicen, sí se cuentan y sí se muestran. Ha sido como un guiño a todas esas mujeres lesbianas. No me he centrado en ellas pero sí quería que estuvieran para hacerles también su homenaje.
[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]
M.G.- Cuando Isadora comienza a contarle su vida a María, la periodista de investigación, comienza a narrar su historia desde que tenía diecisiete años. Acaba de terminar la guerra civil y ella está contentísima pero su propia familia le abre los ojos porque han salido de un calvario pero se meten en otro. Isadora vive en Madrid y llegará a Ravensbrück. ¿Cómo es ese camino hasta llegar al campo de concentración?
F.C.- El lector se puede preguntar que si le voy a hablar del barracón de las mujeres, si voy a denunciar lo que era la violencia sistemática de género en este campo de concentración, ¿por qué empiezo en el año 39, en España, y con Isadora tan joven? Bueno, creo que esta novela es también una historia de amor y de valores muy importantes que, a lo mejor el día de hoy, como estamos acostumbrados a ir tan rápidos, los hemos ido dejando a un lado o los hemos perdido. El amor por la familia, por un hermano, por un hijo,... es fundamental. Es lo único que tenemos, lo más importante. Son ellos los que siempre van a estar ahí. Por eso, creo que se hace necesario contar dónde se desencadena la historia y por qué. Lo que Isadora quiere es buscar a su hermano que está desaparecido desde 1937. Pero luego tendrá la mala suerte de estar en un sitio equivocado y terminar en un campo de concentración.
Es importante poner en valor a la familia y por la familia Isadora se cruza todo un país, con un exilio a la carta, gracias a una documentación falsa, y pudieron salir mucho más cómodamente que otra gente que tuvo que cruzar los Pirineos, algo que fue muy duro porque muchos acabaron en Argelès-sur-Mer. Pero ella no, ella tuvo, entre comillas, una suerte relativa, aunque con sus consecuencias.
Isadora era muy joven cuando se exilia para buscar a su hermano. No tenía las ideas políticas muy definidas pero su familia, sí. Su tía Teresa era una persona muy conocida en Madrid, que pertenecía a la Asociación Libre de Mujeres. Era una mujer muy activa y de las que pensaban que había que formar parte de la guerra y pelearla. Ellas pensaban que si su bando hubiera ganado, igualmente el reparto hubiera sido para los hombres y a ellas las hubieran dejado al margen. Lo tenían clarísimo y sabían que tenían que jugar un papel fundamental. Además, quería mostrar que los patrones se repiten. Cuando el partido nazi empieza a hacer limpia, empieza primero con los judíos, después con los testigos de Jehová, después con los gitanos, y luego llegarían las mujeres. Quería que se viera que, por desgracia, todos los patrones se repiten en todos los conflictos.
M.G.- Bueno, Ravensbrück será el campo de concentración en el que acaba Isadora. Fue un campo de mujeres. Y dentro de este campo, había un prostíbulo. Pero no todas las mujeres ejercían en él porque, por ejemplo, las judías no ejercían la prostitución.
F.C.- No, no. Además, si violabas o te acostabas con una judía y te pillaban, te condenaban a la horca. Ravensbrück era un campo de exterminio, un campo de trabajo, un campo en el que ver cómo se gestionaba la trata de mujeres, y un campo para adiestrar guardianas. Hasta 1941, no empezaron a llegar hombres a este campo para convertirse en un campo mixto. Pero antes de esa fecha, si tú llegabas a Ravensbrück, las guardianas elegían lo que ibas a hacer dentro del campo. Si eras más bien joven y estabas aparentemente sana, ellas decidían que ibas a formar parte de las Feld-Hure. Pero hubo mujeres, por ejemplo, las españolas Neus Catalá o Elisa Garrido, que estuvieron en ese campo, y no fueron prostitutas, ni nunca se les propuso tampoco. Una vez que las que tenían la mala suerte de ser elegida como Feld-Hure, pasaban un primer control, y ahí comenzaba el horror más inmenso y más duro. Te cosían el triángulo al pijama y pasabas por una revisión ginecológica. De ahí se les hacía el despioje, porque a ellas no se les cortaba el pelo. Posteriormente pasaban una cuarentena, una desinfección y, a partir de ahí, comienza la iniciación, como les llamaban ellos.
Es decir que, después de pasar por todo ese trance, de tatuarte el libro de matrícula en el antebrazo, perder tu nombre, tatuarte el triángulo y las palabras Feld-Hure en el pecho, les daban un jabón que olía muy bien pero que tenía unas consecuencias terribles. Y de ahí, les facilitaban un camisón muy transparente, con un algodón muy finito, muy finito y las pasaban a otro barracón en el que normalmente los altos mandos decidían si podían servir para los burdeles o no. A lo mejor, como prueba, les pedían que les hicieran una felación. Si lo hacías mal, te pegaban un tiro. Así que, después de pasar por todo eso, no sabías si ibas a vivir, siendo violada hasta veinte veces al día, o iba a terminar tu vida. Vivir esa tensión tenía que ser durísimo.
M.G.- ¿Y se sabe cuántas españolas pasaron por este campo y cuántas de ellas fueron seleccionadas para el prostíbulo?
F.C.- Que se tenga constancia, por allí pasaron unas cuatrocientas mujeres españolas. Y que yo sepa, de ellas, veintiséis ejercieron la prostitución en Ravensbrück, pero probablemente hubo muchas más.
Elisa Garrido contaba que muchos soldados y militares ni siquiera pasaban por el prostíbulo sino que directamente iban a los barracones y si les gustaba alguna, la sacaban y la violaban. Ya daba igual. Así que, lo mismo muchas mujeres españolas no pasaron por el prostíbulo pero sí fueron violadas.
M.G.- He estado mirando un plano de Ravensbrück. Había una zona que se llamaba Uckermark. ¿Qué es eso?
F.C.- Es un campo muy pequeño con barracones, que se anexionó. Allí, las reclusas más jóvenes, a las que llamaban las reinas de las trincheras, se dedicaban supuestamente a curar a los homosexuales arios. Eran niñas de quince o dieciséis años, que no entraban en los prostíbulos. No estaban tatuadas pero las usaban para eso. Lo que pasa es que más adelante, empiezan a usarlas también para fiestas y orgías. Y allí comprobaban si ellas habían sido capaces de curar a los homosexuales. En 1942, 1943, a esas fiestas también llevan a algunas mujeres que no pasaban por el prostíbulo ni eran tatuadas. Eran como concubinas, como las preferidas. A esas mujeres se las llamaban las perras.
Aquellas orgías eran una bestialidad. Y esto no sólo se hacía en Ravensbrück, sino también en otros campos.
M.G.- Terrible. E imagino que muchas de esas mujeres quedarían embarazadas. ¿Qué pasaba con ellas?
F.C.- Si te quedabas embarazada pasabas directamente al pabellón de la experimentación. A las mujeres embarazadas las llamaban las conejas. Experimentaban con ellas y con sus hijos. Si no conseguían terminar el embarazo, ni te sacaban al niño. Te dejaban ahí hasta que te murieses.
Las que sí conseguían llevar su embarazo adelante, no dejaban que se produjera el parto de forma natural sino que las abrían, les hacían una cesárea y luego, las dejaban abiertas, con el feto colgando para ver cuánto duraban. A otras les inyectaban gérmenes de sífilis, o semen de chimpancé en las vaginas para ver qué pasaba. O les metían ratas en las vaginas. Quedarte embarazada en un campo de concentración era tu sentencia de muerte. Y más en este donde hicieron experimentos muy bestias.
Con otras mujeres que no estaban embarazadas pero sí muy machacadas de llevar tanto tiempo en el prostíbulo, pues también experimentaban con ellas. Les rajaban las piernas, les metían tierra, cristales, y las volvían a coser, para ver cuánto tardaba en sufrir una infección y cuánto tiempo podían seguir vivas.
M.G.- Matar por matar, vamos.
Has mencionado a Neus Catalá pero también a Elisa Garrido. He leído que esta última hizo explotar una fábrica.
F.C.- Sí, un barracón lleno de obuses.
M.G.- Claro, y piensas en ellas, en la situación que vivían, y hacían lo posible por boicotear lo que fuera. Imagino que entre ellas se ayudarían de alguna manera.
F.C.- La mayoría de las mujeres que consiguieron salir vivas de ese campo lo consiguieron por las familias que crearon. Se llamaban hermanas y cuidaban las unas de las otras. Y luego también es que había mujeres muy peleonas. Como te he dicho antes, Isadora era una cría y no tenía conciencia política, pero otras mujeres como su tía Teresa habían peleado mucho. Y aunque perdieron, seguían con ganas de seguir luchando. Así que, aparte de crear familias, ellas crean también pequeños grupos de resistencia, muy bien gestionados, y consiguieron muchas cosas en ese campo. Me llegó a contar Neus que Elisa iba diciendo que ella había volado el barracón. No le importaba. Si la llevaban por delante, ella ya había se encargado de hacer volar los obuses para que no mataran a más de los suyos. Es decir, con todo lo que está sufriendo en el campo, y las ganas que tiene de vivir y de seguir luchando.
Las españolas que trabajaban en las fábricas de armamento buscaron la forma de boicotear las balas. Lo consiguen machacando moscas y metiéndolas en el percutor. Las balas que salían de allí no funcionan. Imagínate las ganas que tenían estas mujeres, a las que los nazi llamaban las gandulas, de decir que ahí estaban ellas. Querían poner en valor lo que eran y seguir peleando para ganar. Y sobre todo, para contarle al mundo lo que estaban haciendo con ellas.
M.G.- El libro cuenta con personajes reales entre las mujeres que estaban recluidas en Ravensbrück, pero también hay personajes reales en el bando de los alemanes. Por ahí aparece la figura de María Mandel.
F.C.- Sí, la bestia.
M.G.- Guardianas que eran peor que los hombres.
F.C.- Eran peores que los hombres, porque siempre tenían que estar compitiendo con ellos.
María era como la jefa del adiestramiento de guardianas, y las hacía a su imagen y semejanza. María se ganó el cargo y terminó en Auschwitz como la gran jefaza y la gran gobernanta. La que mejor gestionó los campos. Pero, a veces, cuando te pones a investigar, te planteas si aquellas mujeres no eran tan víctimas como las que estaban presas. ¿Por qué? Porque vienen de todo lo que fue el partido nazi, de toda la propaganda, de los discursos de odio que llevaban escuchando durante muchos años, y terminan por normalizarlos. Ellas creen que lo que les están contando es algo bueno y que el resto de la gente que no son como ellas, no tienen derecho a vivir. Llegaban con la cabeza hecha polvo. Y no sé, es complicado, y muy difícil de gestionar. Pero eran verdaderas bestias.
M.G.- Has comentado que has hablado con muchas mujeres. Con Neus, que es de las últimas que quedaban vivas. ¿Con quién más?
F.C.- Empecé a tirar de testimonios de mujeres polacas.
M.G.- ¿Y cómo fue esa comunicación?
F.C.- Pues aparte de tener que coger un traductor, lo que me llama la atención es que ellas lo cuentan más abiertamente que las mujeres de aquí. No sé si se debe al miedo, y a que veníamos de otra guerra. Pero estas mujeres polacas tienen clarísimo que quieren contarlo. Querían contar lo que les tocó ser y que ellas no eligieron. Y lo hablan de una forma más abierta. Es más, hay hijas de mujeres que estuvieron en el campo y que te dicen abiertamente que sus madres tuvieron la mala suerte de estar en un prostíbulo, pero no quieren que se les recuerde por eso. Y claro, todo eso es respetable. Pero creo que la memoria, como yo digo, hay que contarla tal y como sucedió. No podemos hacerla como a nosotros nos interese más porque, si no, creo que no estás dignificando ni contando realmente lo que pasó. Pero bueno, hay que respetarlo todo.
M.G.- Y al margen de la historia de Isadora, el presente de la novela transcurre en 2008, con María, la periodista que investiga la vida de Isadora. Esa parte de la novela tiene mucho misterio porque vamos a ver a personajes que no tragan a Isadora, sin que sepamos por qué. Es decir, que el lector también estará enredado en misterios.
F.C.- Sí, misterios que tienen mucho que ver con la historia principal. Al final, todo queda cerrado y bien atado. Ahí se verá que hay una historia familiar muy oscura y muy potente, que nadie se atreve a contar. Intuiremos que ahí pasa algo y no sabemos la fuerza que puede tener una foto para que incluso llegue a hundir los cimientos de una familia. Así que, ahí hay dos historias paralelas, muy fuertes, muy potentes, que tienen que ver con la memoria pero que también cuentan con una unión entre sí.
M.G.- Imagino que, tanto a María como a Carla, como a ti Fermina, esta historia les afectará, las cambiará.
F.C.- Siempre digo que cuando termino esta investigación ya no soy la misma. Hoy sé cosas de este campo que no sabía cuando estaba escribiendo la novela. Cuando la estaba escribiendo, lo que tenía en la cabeza era algo tan bestia, que aunque me pusiera a imaginar, no podía llegar a pensar lo que había sucedido realmente, y cómo eran las vidas de estas mujeres. Con todo lo que leí y lo que me contaron, no sabía cómo podía gestionar toda esa información para ser completamente respetuosa, para no caer en el morbo, y para que el lector las entendiera y las acompañara en todo el proceso que es esta novela. Porque eso es lo que es, un acompañamiento en sus penas, en sus alegría, que también las tuvieron, en sus duelos,... En todo ese proceso. Y no eres la misma persona. No puedes seguir siendo la misma persona.
M.G.- Como última pregunta, ¿Isadora tuvo descendientes?
F.C.- No. Sí que tenía buenos amigos, que son los que me muestran fotos que, por respeto se quedan ahí, y se acabó. Ese es el problema de estas historias y de esta memoria, que el tiempo no juega a favor nuestro porque nos estamos quedando sin ella. Habrá muchos más nombres que se pierdan y que nunca se puedan recuperar porque Isadoras hubo muchísimas.
M.G.- Entiendo. Bueno, Fermina, muchas gracias por atenderme. La novela la estoy disfrutando muchísimo. A pesar de que es todo una tragedia, me gusta mucho leer sobre ese contexto. Te agradezco mucho que hayas venido a Sevilla, y que tengas mucha suerte con esta primera novela.
F.C.- Gracias a ti.
Sinopsis:Yo, Isadora Ramírez García, que perdí mi nombre cuando abandoné España junto a mi madre, Carmen, y a mi tía Teresa en 1939 en busca de mi hermano Ignacio, voy a contarte mi historia, María. Para que sepas quién soy y quién era tu abuela, y todo aquello que reunió a nuestras familias durante la Guerra Civil para separarlas después. Sabrás de sus pérdidas, que fueron las mías, del dolor inhumano y las lágrimas constantes… Y lo que pasó cuando nuestros destinos se separaron y yo me convertí en una de las prostitutas del campo de concentración de Ravensbrück, un lugar lleno de puentes y palomas blancas, cuyas plumas se ensuciaron de sangre y semen por dos razones: la simple y llana supervivencia y la lucha incesante, con armas escasas, contra el fascismo.
Quieres saber del campo de concentración infame que atentó contra la vida de miles de mujeres; ahí está la historiadora que eres, María, y que nunca ejerció como tal, pero la periodista en la que te has convertido, entre vasos de whisky, demasiados, y que aún busca una identidad que le niegan los secretos de familia, lo que quiere saber realmente es qué esconde la caja de los dolores feos.
Tres días, María, tres días y podrás abrir esa caja en la que, al contrario que en el mito clásico, la esperanza no ha buscado refugio, sino que voló de rama en rama para posarse a las puertas del puerto de Vigo, de una calle de París; se quedó enredada en las alambradas de Ravensbrück, regresó malherida a las puertas de la pensión Soledad y allí cantó de nuevo por la libertad, las mujeres, los oprimidos y la revolución.
Personajes reales y ficticios, un horror inimaginable, pero también amistad, resistencia y fraternidad componen esta novela de la que no se sale inmune sobre los perdedores de la guerra de España y su exilio a infiernos donde la crueldad es incomprensible incluso desde la más profunda de las infamias.