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viernes, 30 de diciembre de 2022

Presentación "LAS DUQUELAS" de Manuel Aparicio Villalba

Editorial: Ediciones Alfar
Fecha publicación: septiembre, 2022
Precio: 20,62 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 546
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-7898-956-0
[Disponible en ePub]


Autor

Sabemos de Manuel Aparicio Villalba que se asomó prematuramente al mundo una madrugada de 1964. También conocemos que las monjas lo bautizaron antes de

la amanecida, porque un apresurado médico aventuró que el crío no sobreviviría. Su madre narraría de por vida que justo después de echarle el agua, su hijo renació. Quizás aquella experiencia fuera su primer contacto con el realismo mágico.

Se enorgullece de haber cursado la EGB en uno de esos pequeños colegios de barriada obrera, con solo cuatro maestros y aulas compartidas para los primeros cursos. Después vendría un bachillerato por la rama de letras -su pasión- en un instituto público y un COU con clases nocturnas en otro distinto para poder trabajar. Para entonces, había memorizado tanta poesía que jamás necesitó volver a releerla.

Entre turno y turno de trabajo, comprendió que las letras aprendidas no le solucionarían el porvenir. En la universidad cambió la creatividad de la métrica por la mecánica de las integrales dobles y la omnipresencia del arte por la fugacidad

de los balances de situación. La mediocridad tiene su precio. Aun así, fue por aquellos años cuando descubrió la precisión de la prosa.

Hemos oído hablar de su inmensa biblioteca de legajos antiguos y confiesa que desde que comenzó a escribir su primera novela, únicamente lee el diccionario de la RAE con la finalidad de no contaminarse con otras lecturas. Cuando adquieras este libro, estará a punto de llegar a la letra V.

Casualidades de la vida; en ese hospital donde su madre dio a luz, trabaja desde que estudiaba COU. Primero como subalterno, después como directivo, hoy como gestor. Vaticina que seguramente muera allí. «Le debo un éxitus letalis a la estadística del centro», ha referido en el tardeo de las copas.

Sinopsis

Sevilla, verano de 1898. En nuestro puerto sin mar, vagan los perros sedientos a cincuenta grados a la sombra, y los pájaros de tierra se estrellan contra los escaparates de los comercios buscando el refugio del interior.

El 6 julio, el capitán Antoine Morandé arriba en el muelle Camaronero. Trae el encargo de llevar a Francia un piano de gran cola de la firma Piazza que perteneció a la reina María de las Mercedes. Aquello que debía de ser un mero trámite se complica al comprobar que sus ochenta y cuatro teclas suenan a duelo.

A partir de ese momento, nace la leyenda del piano melancólico de los Montpensier y con ella, un relato épico en el que Antoine Morandé, hombre incierto con tres verdades ciertas; una afinadora de piel tibia y manos prodigiosas llamada Artemisa; una contrabandista de ajuares para novias apodada la Tres Ombligos y un oficial de carabineros que cree que Dios dormita bajo el horizonte del Atlántico, tratarán de salvar a María de las Misiones, huérfana bantú de siete años a quien el arzobispo castrense se trajo de ultramar vestida de novicia.

Mezclando la rigurosidad de la crónica histórica con la seducción del realismo mágico, Las duquelas —en caló: los pesares— continúa la saga de los Tiempos del Porvenir iniciada por el autor con El retratista de los niños muertos, transportándonos a una fecha anterior en la que una jovencísima Davinia acaba de finalizar sus estudios y únicamente sale de su mansión de la avenida de las Bombillas para limpiar la tumba de su madre.

[Información tomada directamente del ejemplar]

La Feria del Libro de Sevilla tuvo lugar este año entre los días 27 de octubre y 6 de noviembre. He comentado ya por aquí que su celebración me cogió con el Covid a cuestas, así que estuve confinada todos los días que estuve dando positivo. Qué remedio. Sin embargo, había una cita que corría peligro. Con meses de antelación me había comprometido a colaborar en la presentación de un libro. Las duquelas de Manuel Aparicio Villalba, editada por Ediciones Alfar, se presentaba el último día de feria, y para entonces yo tenía que estar libre de todo virus. Por suerte, así fue.



El 6 de noviembre amaneció con un sol espléndido y una temperatura muy agradable, lo que animó a los lectores a pasear por la feria. Como digo, era el último día y había que aprovechar. A las doce de la mañana, hora en la que se iniciaba la presentación, la carpa estaba literalmente a rebosar. No era la primera vez que acompañaba a Manuel Villalba Aparicio en la presentación de una novela suya. Ya lo hice en 2019, cuando se presentó su primer trabajo literario, El retratista de los niños muertos, editada por la misma editorial. Por entonces, yo no conocía a Manuel absolutamente de nada. No sabía a qué se dedicaba, desde cuándo escribía, si había publicado con anterioridad, pero cuando leí aquella novela me llevé una enorme sorpresa. Los que leemos asiduamente sabemos que en muy pocas ocasiones se tiene la sensación de estar ante una novela espectacular, y eso era y es precisamente El retratista de los niños muertos. Puedes leer mi entrevista con el autor aquí.

Hoy, Manuel lo ha vuelto a hacer. Las duquelas es una novela tan brutal que no deja indiferente a nadie. Así lo señaló Luis Oliva, el editor, que inició el acto comentando la gran impresión que le había producido conocer la literatura de Manuel Aparicio. «Tiene algo especial que embruja a los lectores», apuntó. Las duquelas no es una segunda parte de la novela anterior, aunque sí tiene algunos puntos en común. En realidad, esta novela sería anterior a El retratista de los niños muertos, y ambas comparten su magia. Oliva calificó al autor como un auténtico crack de la literatura y cree que merece ser reconocido a nivel nacional.

Si os soy sincera, hablar de este libro me resulta complicadísimo porque es una novela de narración tan compleja, que corro el riesgo de quedarme corta o de contar demasiado. Manuel no considera que Las duquelas sea una precuela de la novela previa, aunque es una historia cuya narración tiene lugar en los años previos a aquellos en los que se sitúa la anterior, y en la que aparecen personajes comunes como Davinia, Che, doña Paquita, Antoine Morandé, o Gonzalo Salazar Expósito.

«No me gustaría hablar de precuela. Las duquelas se engloba en una saga que he llamado Los tiempos del porvenir. Dos semanas antes de que se enviara a imprenta El retratista de los niños muertos, le dije a mi editor que añadiera ese subtítulo porque mi intención era hacer una saga. Con esta me he quedado corto. 

Esta saga es como un gran corral de vecinos, por el que se mueven los personajes de los que yo hablo. Uno de ellos es Antoine Morandé, un personaje que fallece en El retratista pero del que me apetecía contar más»

Si El retratista de los niños muertos abarca desde 1905 a 1929, con una pequeña incursión en 1898, Las duquelas se centra precisamente en ese año, en 1898, concretamente entre los días 15 de febrero y 20 de agosto, aunque hay un capítulo introductorio que tiene lugar en 1961 y luego uno intermedio que transcurre en 1910. ¿Qué ocurre en esos meses? No sé ni por dónde empezar. Permitidme que me apoye en la sinopsis para contaros algunos detalles de la novela.

«El año 1898 fue un año donde ocurrieron muchas cosas. De entrada, fue el año en el que más calor hizo. Fue el año en el que Sevilla se quedó sin flores porque todos los puteros las llevaban a la casa de prostitutas, para entregárselas a Che. Fue año de la explosión del acorazado Maine».

El piano y Artemisa.

Por un lado, tenemos un piano que perteneció a la reina María de las Mercedes, reclamado por María Isabel de Orleans y Borbón. Del traslado del piano, ubicado en el Palacio de los Montpensier (Sevilla), hasta el lugar en el que reside María Isabel se encargará un francés, Antoine Morandé, un gabacho aficionado a la fotografía y al flamenco. Él llegará a Sevilla con el propósito de hacerse cargo del piano y llevarlo a destino, pero el instrumento presenta alguna deficiencia.

El piano no funciona bien. Dicen que llora desde que las manos de carita de cielo, como se conoce a María de las Mercedes en la novela, dejó de tocarlo. Y para arreglarlo, le encargan su afinación a Artemisa, empleada de la firma de pianos Piazza, situada en aquellos años en la Plaza de San Fernando, número 5. Artemisa se pasará buena parte de la novela en el Costurero de la Reina, un edificio singular de Sevilla, ubicado cerca del Parque de María Luisa, donde tratará de arreglarlo.

A todo esto, Artemisa no es su verdadero nombre. El pasado de esta mujer también será un punto fuerte de la novela, pero no os desvelo más.

La Tres Ombligos

Ella será otro personaje importantísimo en la narración. Se trata de una contrabandista a la que conoceremos en dos enclaves distintos dentro de la línea temporal. Por un lado, en Cuba. Por otro, en Sevilla. Vive en un corral, en lo que se conoce en esta ciudad como la cava de los gitanos, y digamos que se encarga de los bajos fondos.

María de las Misiones

Se trata de una niña huérfana, de origen bantú, y de siete años de edad. Alrededor de este personaje girará buena parte de la trama de la novela. La pobre criatura no ha tenido una vida fácil y la desgracia no deja de perseguirla. Digamos que un arzobispo con muy malas intenciones anda detrás de ella y buena parte de los personajes se afanarán por salvarla y ponerla a buen recaudo.

Las duquelas es una novela muy coral, en la que entran y salen muchos personajes, algunos reales y otros ficticios. De todos ellos, brillan con luz propia tres mujeres muy potentes: Artemisa, la Tres Ombligos y Davinia, a la que ya conocimos en El retratista de los niños muertos.

«El personaje más potente del libro es María de las Misiones. Lo que pasa es que es tan pequeña que nos olvidamos de ella. Es el pivote central de la novela. 

No sé retratar mujeres que no sean fuertes, poderosas y empoderadas. Siempre he estado rodeado de mujeres así. Siempre. Desde chico, mi hermana me ha enseñado cómo se debe empoderar uno y, junto a ella, he jugado con muchas niñas de pequeño. Y quienes más me han enseñado en mi trabajo han sido las mujeres con las que he trabajado. Y hoy estoy aprendiendo de Susi, la que maneja todo el centro Duque del Infantado. Es decir, las grandes mujeres me han rodeado siempre, con lo cual solo he tenido que coger partes de ellas para mis personajes. Y siempre me he enamorado de grandes mujeres, de las que yo tenía que estar detrás de ellas, y no al contrario»

Pero todo esto es solo la punta del iceberg porque realmente Las duquelas llega mucho más lejos. La ficción se mezcla con la realidad y así, Manuel nos habla de:

- la explosión del acorazado USS Maine en La Habana, en febrero de 1898, y que dio lugar a la guerra de Cuba.

- la boda de Alfonso XII y María de las Mercedes, cómo se conocieron, cómo se comprometieron o qué inconvenientes familiares se encontraron para contraer matrimonio

- la Feria de Abril de Sevilla, cuando se celebraba en el Prado de San Sebastián, y que se inició primeramente como mercado agrícola y ganadero, convirtiéndose posteriormente en lo que conocemos hoy, gracias a un quiebro en el que tuvo mucho que ver la mano de los Montpensier

- el motín que hubo en la fábrica de tabacos, a manos de las cigarreras

Escenarios

Y aunque la acción se desarrolla principalmente en Sevilla, Manuel Aparicio también hace viajar al lector. De su mano, y es así como se inicia el relato, pasearemos por las calles de La Habana, donde la Tres Ombligos regenta un garito de pelea de perros. Por otro lado, en un momento dado, también seremos testigo de alguna reunión que se celebra en el despacho oval. Y como colofón, viajaremos a Holanda, donde uno de los personajes pasará una temporada con sus abuelos.

Por mucho que uno sepa de Sevilla, por muchos años que uno haya vivido en esta ciudad, las novelas de Manuel siempre nos descubren parte de una ciudad que, hasta el momento de la lectura, desconocíamos por completo. Con El retratista de los niños muertos descubrí un asentamiento chabolista -Villalatas-, del que jamás había oído, y eso que su ubicación estuvo situada en el barrio en el que, avanzando el tiempo, yo viví hasta los ocho años. Y lo mismo ocurre con Las duquelas, novela en la que he visto una Sevilla llena de curiosidades, donde he paseado por unas calles con establecimientos tan peculiares como el café cantante El burrero. Un descubrimiento tras otro, me obligaba a detener la lectura para buscar en Internet qué era verdad y qué ficción de toda esa ciudad que se desplegaba ante mis ojos, página a página.

«Todo lo que cuento sobre Sevilla es verdad. La única duda que tengo es la burguesía montaba en globo en el Prado de San Sebastián, como digo en la novela. El resto, todo es verdad. Retrato la Sevilla con los nombres que se usaban a finales del siglo XIX. Por ejemplo, la Plaza del Duque se llamaba entonces la Plaza del Pacífico. He estudiado la ciudad del momento de manera minuciosa, sin dejar nada al azar. Eso ha sido una labor complicada, leyendo muchas tesis doctorales y buscando información. Todo lo relativo a la navegación sobre el río me costó la misma vida porque los cauces fueron cambiando con el tiempo. En esta labor es en la que he perdido la mayor parte del tiempo. Más que en escribir la novela»

Todo lo que ocurre en Las duquelas está perfectamente hilvanado. Se trata de una narración donde no se da puntada sin hilo, donde cada hecho y cada personaje tiene un porqué. Nada se deja al azar.

Las duquelas es una novela para leer con los cinco sentidos, o con seis si los tuviéramos, porque la narración es muy visual, muy sensitiva. Vamos a poder ver las calles de La Habana sin necesidad de viajar a Cuba. Tampoco será necesario haber nacido a finales del siglo XIX para ver con nuestros propios ojos cómo eran las calles de Sevilla, cómo se vestían nuestros antepasados, cómo se relacionaban las personas, o qué establecimientos podíamos encontrar en tal o cual plaza. 

También vamos a poder tocar los tejidos de las vestimentas de los personajes, los miriñaques, las mangas de pernil, los trajes de cheviot. O vamos a poder oler las flores que los puteros llevaron a Che, en vez de ver a las gitanas luciéndolas en su pelo para acudir a la feria. Podremos paladear el sabor del coco, del boniato, del melón o del membrillo. Y, por supuesto, también podremos oír música. La que sonaba en las calles de la ciudad o las que tocaba Artemisa al teclado, en su afán por recomponer el piano de los Montpensier, y que compone en la soledad del Costurero de la Reina.

Cuando presentamos El retratista de los niños muertos, Manuel nos explicó que él no tiene trazado de antemano un esquema en el que se recoja la narración con detalla, sino que, partiendo de una idea, se deja llevar.

«Es lo que me está pasando con la tercera. No sé de qué a va a tratar. Con El retratista tenía un pivote inicial y final. En esta, el punto de partida era Antoine Morandé llegando a Sevilla y quería desarrollar una historia personal en relación a María de las Misiones. Pero no tenía nada para el final. 

Escribo los capítulos y voy desarrollando los hechos conforme puedo. La escritura, al primero que debe sorprender es al propio escritor. Como yo no me vaya sorprendiendo día a día tiro el libro y no sigo escribiendo. Y para sorprenderse uno no puede tener un guion. Es más, tuve que cambiar todo el final porque Juana, la correctora, me dijo que ese final no era el correcto. Cambiar el final implica modificar toda la novela. Pero fue necesario para conseguir un desenlace que nadie se pudiera esperar»

El título

Y no fue lo único que tuvo que cambiar. En realidad, la novela se iba a llamar de otro modo.

«La palabra "duquelas" se refiere a las angustias, a los pesares y se escribe como minúscula, aunque en la novela hay una familia a la que se la conoce como las Duquelas. Es la palabra más bonita que tiene el castellano, y procede del vocabulario gitano».

Pero este fue un título de última hora porque durante la mayor parte del proceso de escritura, esta novela se llamaba el Costurero de la reina. Sin embargo, este título podía inducir a error, y se podría pensar que era una guía de Sevilla. Barajó también titularla como El adagio Montpensier, pero al final se decantó por Las duquelas.

¿Y quién es realmente Manuel Aparicio Villalba, capaz de escribir una obra de este calibre? 

Mi compañero en la presentación, Francisco Javier Torrubia, amigo del autor, fue el encargado de dar algunas pinceladas sobre la trayectoria profesional de Manuel Aparicio Villalba, en el sector sanitario. Del autor destacó que es un hombre resolutivo, hecho a sí mismo, que sabe contar las cosas. Voluntarioso y trabajador incansable, compaginó los estudios universitarios con el trabajo. «Comenzó en el Hospital Virgen del Rocío, desde el puesto base, y cuando lo conocí ya era subdirector del centro hospitalario», señaló Francisco Javier.

De nobleza extraordinaria, Torrubia considera que Manuel es un amigo leal y generoso, que se implica en su trabajo por encima del cien por cien. Después de muchos años, la carga de trabajo se aligeró, y Aparicio Villalba se centró en la escritura. «Un día se me presentó en la consulta y me soltó un tocho de papeles», recordó Francisco Javier y le pidió que lo leyera. Confesó que no  sabe muy bien cómo describir la forma de escribir de Manuel. Apuntó que usa un lenguaje exquisito, cuidadoso con una llamativa forma de exponer y describir situaciones y escenas. «Las duquelas te transporta a otra época de Sevilla como igual ocurrió con El retratista, que yo desconocía. Él lo sabe todo de la Sevilla de aquellos años».

Torrubia contó varias anécdotas y mencionó que la forma de escribir de Manuel le recuerda mucho a Gabriel García Márquez. Al preguntarte por su interés literario, Manuel respondió:

«Le debo mucho a la pequeña biblioteca que tenía mi hermana en casa. Cuando yo era muy chico me pasaba horas y horas leyendo. Antologías literarias, cómics e incluso poesía. Era un poquito repelente. Después descubrí a Herman Hesse, libros que le regalaban a mi hermana como Demian, El lobo estepario, Siddhartha,  y luego los leía yo. Llegó un momento en el que empecé a leer a Gabriel García Márquez. Cien años de soledad la leí en la mili, haciendo guardias. Me resultó apabullante. De García Márquez lo leí todo y él me fue llevando a otros autores como Juan Rulfo, o William Faulkner,... A todos los escritores del realismo mágico».

Las duquelas es una labor de ingeniería, un arduo trabajo narrativo que atrapará al lector en el interior de una historia llena de conexiones, con unos personajes potentes, psicológicamente muy bien perfilados, donde la realidad se mezcla con la ficción, gracias a esas ensoñaciones que nos permite el realismo mágico. No os la perdáis.

La presentación finalizó con una actuación musical, a cargo de Bethany  Neumann.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


martes, 17 de diciembre de 2019

MINERVA PIQUERO: 'Sólo quiero contar historias que emocionen'

Minerva Piquero es periodista y actualmente directora de comunicación en una empresa. Fue durante la década de los 90 la chica del tiempo. Trabajó en Antena 3 dando la información meteorológica, aunque hizo más que hablar de isobaras, anticiclones y borrascas. No debió hacerlo tan mal cuando estuvo catorce años colándose en nuestras casas, aconsejándonos sobre si coger el paraguas o disfrutar del sol. Y algo hizo aquella joven para impactarnos de tal modo que, a día de hoy, seamos muchos los que aún recordamos su nombre.

Me llevé una sorpresa enorme cuando vi su nombre estampado en la cubierta de una novela. Nacida libre (Alfar Ed) es su primera publicación, una obra en la que ha dejado su sello personal, como en todo lo que hace. Minerva ha estado estos últimos días de promoción. Visitó Sevilla y tuvimos la oportunidad de conversar con ella. 

Marisa G.- Minerva, me hace mucha ilusión conocerte.

Minerva P.- Gracias. Estoy muy contenta.

M.G.- Fíjate que, con todos los presentadores del tiempo que hemos ido conociendo a lo largo de los años y en las distintas cadenas, te recuerdo perfectamente. Y creo que es algo que nos ocurre a todos. Marcaste un estilo muy particular. Nos marcaste a todos.

M.P.- Fue sin querer. Ahora me dedico a desarrollar estrategias de comunicación pero, en aquel momento, con veintiún años, fue una cuestión de supervivencia. A mí me daban seis folios y muy pocos minutos en antena. Me tenía que sentar en el camerino con un diccionario y no entendía nada de lo que ponía en aquellos papeles. No tardé mucho en darme cuenta que la llegaba de inestabilidad, porque se acercaba un centro de bajas presiones, que iba a dejar precipitaciones de carácter moderado en el cuadrante noroccidental de la península, significaba simplemente que iba a llover en Galicia. Y claro, pensé que era mucho más fácil decir que iba a llover en Galicia, en vez de soltar todo ese rollo. Y encima, se iba a entender mejor. Además soy una persona muy práctica y me planteé que podía ir más al grano todavía. En vez de decir que iba a llover en Galicia, decía: 'A ver, los gallegos. Mañana ni laven el coche ni tiendan la ropa porque va a llover'. Así de sencillo. Pero es lo que te digo, fue solo supervivencia. Una necesidad de simplificar y dar un mensaje más directo y más claro. 

Treinta años después he descubierto que ser directo y claro, es una buena estrategia de comunicación. La misma estrategia que he usado para escribir esta novela, que tiene un lenguaje muy directo y muy sencillo, porque a mí lo que me gusta es contar cosas. 

M.G.- Es la primera vez que te sientas a escribir una novela.

M.P.- Qué osada, ¿no?

M.G.- Bueno, tampoco es eso... Se trata de intentarlo. Si uno siente algo por dentro, qué menos que intentarlo.

M.P.- Escribí esta historia para mí. Es decir, me puse a escribir y nunca me planteé qué pensaría otra persona al leerla, si le gustaría o no. No me preocupé de un estilo, ni de una estrategia literaria. Me senté, me imaginé una historia y decidí vivirla. No son hechos reales, pero todas las emociones sí lo son, porque las he vivido y puedo explicarlas. Me metía en los personajes, empatizaba con ellos y hablaba desde la verdad. Escribiendo, reí, lloré, temblé, me conmoví, odié,... Sentí todas las emociones en mi propia carne. Fue un viaje íntimo, introspectivo, muy bonito, que me enseñó muchas cosas de mí misma, que me ayudó a proyectarme. Cuando lo terminé no sabía qué hacer. ¿Compartirlo? Me entró un vértigo... 

M.G.- ¿Y cómo nace la historia de Cora y Valentina, sus dos protagonistas?

M.P.- Empezó primero con Cora y fue por pura rebeldía. Estaba harta de que se escandalizaran cuando hacía un comentario sobre sexo. Las mujeres no hablamos de sexo. Si lo hacemos es entre nosotras y en privado, pero nunca en un grupo social con hombres, mujeres o familia. Los hombres pueden hacer comentarios jocosos o chistes pero una mujer, no. Está mal visto. Y eso me resulta una auténtica estupidez. Cuando alguna vez he dicho algo, nunca ha faltado ese hombre que se ha dado la vuelta y me ha comentado: ¡Qué bruta! La sexualidad está muy masculinizada. Parece que nuestro placer y nuestra vida sexual tienen siempre que depender de la intención del hombre. Así que un día, cansada de que me dijeran que no lo hiciera, que no hablara de ciertas cosas, que no podía hacerlo, me planteé contar esta historia. La conté porque me apetecía, desde la libertad, porque me da la gana, y porque podía hacerlo. 

M.G.- En este mundo de lucha por las libertades, en el que la mujer intenta conquistar territorios, el sexo sigue siendo tabú.

M.P.- Absolutamente. Esta novela tiene veintisiete capítulos y hay sexo en cinco de ellos. Y de todos los personajes, solo uno tiene sexo. Bueno pues, lo primero que me dice todo el mundo es que he escrito una novela erótica. ¡Fíjate! Para dos polvos que hay, lo que llama la atención.

M.G.- Pues esto mismo es lo que te quería preguntar, si tú la consideras una novela erótica.

M.P.- No, no,... Mis personajes tienen sexo como todo el mundo. Mis personajes comen, lloran, aman, se rompen el corazón,... y también tienen sexo. Es parte de la vida pero es lo que más ha llamado la atención. Me encanta esta frase de Oscar Wilde que dice que todo en la vida va sobre el sexo, menos el sexo que va sobre poder. Efectivamente, lo que más llama la atención es el sexo, pero yo intento contar otra cosa. De hecho, en esta novela el sexo es un vehículo, un medio para reivindicar una serie de libertades. En primer lugar, la mía propia, para contar lo que me dé la gana y como me dé la gana. En segundo lugar, la libertad de mis personajes femeninos, que quieren encontrar otras cosas en la vida y empiezan por probar caminos nuevos. ¿Por qué no?

M.G.- Y aparte de esa reivindicación de la libertad, ¿qué otros mensajes deseas transmitir a los lectores con esta historia?

M.P.- La necesidad de reinvención. Hay quien dirá que es una historia de mujeres. Sí lo es, y también de los hombres que las amaron. Podrán decir que es una historia de amistad y es verdad porque hay un canto a la sororidad, algo que me parece muy importante. Yo vivo en mi día a día la sororidad. Existe ese apoyo y ese amor entre mujeres, y lo quería contar. Pero esta novela es también un canto al amor, de todo tipo, y por encima de todo, es una historia de reinvención. Hay que mirarse al espejo y perdonarse. Hay que entender que, no sólo se puede, sino que debemos empezar de nuevo, las veces que haga falta, hasta que lo que hagamos tenga sentido. Se trata de un derecho. Sin embargo, la mayoría de la gente no se mueve, no hace nada. Se preguntan que dónde van a ir con cuarenta años, o cómo van a hacer o dejar de hacer tal o cual cosa a su edad. Eso no es lo que importa. Esto no se acaba hasta que se acaba. Todos tenemos cadenas, hipotecas, hijos, familia, compromisos pero hay que ser valiente. Si la vida que llevas no te gusta, cambia, reinvéntate. Cambia de ciudad, cambia de trabajo, de amigos, cambia de pareja... Ponte el pelo morado. Es igual. Reivéntate y haz lo que necesites. Ese es el mensaje que quiero dar.

M.G.- La novela está protagonizada por mujeres. Cora está casada, acaba de romper una relación de años y se busca a sí misma a través del sexo. Y luego está Valentina, que es transexual, extranjera, y que llega a España huyendo. Háblame un poco de ellas.

M.P.- Cora es una mujer de treinta y cinco años, madrileña y de clase media. Valentina es una chica de veinte años, transexual, que viene de un país extranjero. Socialmente resulta muy difícil creer que estas dos mujeres se puedan relacionar pero, ¿por qué no? Hay que romper prejuicios. Cora es abogada y Valentina necesita servicios legales. Así es como se conocen. Lo que surge entre ellas va más allá. Creo que lo que más me gusta de estos personajes es que he juntado a una mujer de casi sesenta años, muy desengañada del amor romántico, muy independiente, que no quiere saber nada de los hombres, con una mujer joven transexual con todos los problemas que eso conlleva, y con una mujer heterosexual de treinta y cinco años, frustrada porque su matrimonio revienta por los aires. Todas estas diferencias culturales, de edad, de vida y de todo lo que son y tienen, crean un universo entre ellas tres que funciona muy bien. Se sienten bien porque no se sienten juzgadas, porque pueden permitirse ser ellas mismas, sin fingir y sin aparentar lo que no son. 

M.G.- ¿Y dónde quedan los hombres?

M.P.- Ahí están también. Tienen un papel más secundario, pero son el detonante de todo. De hecho, en esta novela hay un hombre que también tiene que romper con todo y atreverse a ser él mismo. Lo que te decía, es una historia de reinvención.

M.G.- Son personajes inventados pero imagino que habrás tenido que hablar con personas que, en cierto modo, te habrán inspirado.

M.P.- Sí. Para construir a Valentina, hablé con personas transgénero que tuvieron la confianza y la generosidad de dejarme hacer preguntas muy personales, y me ayudaron para poder entenderlas. En cuanto a Cora, ella tiene experiencias sexuales que yo no he tenido, pero he hablado con otros personajes que sí, y me han contado un poco. Así que ha tocado inspirarse. Uno coge la simiente y a partir de ahí la vas regando con la imaginación, que se encarga de construir el resto. 

M.G.- ¿Y te ha llevado mucho tiempo escribir esta novela?

M.P.- No, porque una vez que me puse con ella, los personajes me secuestraron. Nana Sara es un personaje mayor, que representa la mujer visionaria, la feminista, incomprendida y sola, es la abuela que todos quisiéramos tener. Esta novela es un homenaje a las mujeres fuertes y valientes de mi familia, esas mujeres que he tenido en mi vida. 

M.G.- ¿Es un libro valiente? ¿Nos va a sorprender? Bueno, no sé si sorprender es la palabra más adecuada. 

M.P.- La gente se sorprende a sí misma con prejuicios que no sabía que tenían. He hablado con mujeres jóvenes, no heterosexuales, que se consideran muy liberadas y muy preparadas para el mundo y, sin embargo, me han dicho que la historia les ha provocado ciertas dudas, las ha incomodado y han entendido que tenían prejuicios. También ocurre con los hombres. Algunos han leído la novela y me han contado que no sabían que tuvieran tantos prejuicios machistas. Se han tenido que enfrentar a una historia contada desde la perspectiva y la sexualidad de una mujer. Para mí todo esto es muy halagador. Me conformo con pensar que mi novela puede hacer cambiar la forma de pensar de algunas personas.

M.G.- Me llama la atención que hayas elegido una editorial sevillana.

M.P.- ¿A que soy lista?

M.G.- (Risas) ¿Pero cómo ha surgido esa relación con una editorial de aquí?

M.P.- Hablé con varias editoriales y me daba mucho miedo ser la estrella fugaz de una noche. Utilizar un pasado televisivo para salir, como otro más, con una novela. Necesitaba mimo y quería a alguien que creyera en mí. Luis Oliva, el editor, es esa persona. Me llamó y me dijo que la novela le había encantado. Me propuso hacerlo con tiempo y cariño, y así hemos estado un año. Me ha hecho sentir muy bien porque he tenido el control desde el principio. No hay una ambición voraz ni un único objetivo comercial. Obviamente Alfar es una empresa, pero hay mucha implicación profesional y pasional en el proyecto por ambas partes y eso es muy bonito. Yo le llamo socio. Y luego esta tierra, Andalucía, Sevilla... Cada vez que vengo me pregunto por qué no vivo aquí.

M.G.- Pues aquí te hacemos un hueco en un momento, ¿eh?

M.P.- (Risas) Estoy encantada. En Andalucía siempre me he reconocido. 

M.G.- ¿Y la cubierta, con este color morado tan acorde con la historia?

M.P.- Pero no hablo de feminismo.

M.G.- Me gusta que lo aclares.

M.P.- No, no. La palabra feminismo no aparece por ninguna parte. De hecho, no hay ningún momento en el que hable de la guerra de sexos. Aquí hay hombres y mujeres que necesitan salir del cascarón y vivir de otra manera. Pero sí es una novela muy femenina y es una historia de libertades. 




El color morado tenía que estar, con ese candado abierto, en forma de corazón. Y luego, la foto de la contraportada no podía ser otra. Insistí mucho en esto. Esta foto muestra a mi madre y le hice la trenza para jugar un poco con el personaje de nana Sara. Mi madre me parió en México. Fue madre soltera. Vivió la España gris,... No pudo ejercer sus libertades pero siempre ha tenido la frase 'Nacida libre' como lema de vida. Se la he escuchado decir muchas veces y la he visto escribirla en muchas libretas. Cuando estaba casi acabando la novela, se me ocurrió tatuarnos juntas esa frase. Y fue así cómo pensé que 'Nacida libre' podría ser un buen título para la novela. Es un homenaje a mi madre, un homenaje a mí misma, porque he decidido que voy a decir las cosas como me apetezca, y es un homenaje a las mujeres de esta historia, porque todas ellas han nacido libres. 

M.G.- Minerva, buscando información sobre el libro he encontrado una lista de Spotify.

M.P.- Ay, sí. Esa lista me hace volar. La música me ha hecho vivir las emociones de este libro. En la novela hay un crimen y lo pasé fatal escribiendo la escena. Estaba tan metida en la situación que te puedo decir cómo eran las luces, cómo olía la moqueta, sentía calor,... Luego, hay otra escena en la que todo ocurre en diez minutos. Me puse el cronómetro para ajustarme a los tiempos. Quise vivir esa tensión de manera real. La música ha sido la magia. Me ha ayudado a hacer esas inmersiones emocionales. 

M.G.- ¿Le has cogido gusto a esto de contar verdades, de publicarlas?

M.P.- Esta parte es la dura, ¿eh?

M.G.- ¿Más que escribir?

M.P.- Sí. Escribir es una cosa maravillosa, es adictivo, es un juego. He dicho cantidad de cosas pero no las he dicho yo, sino mis personajes. (Risas). He vomitado mis miedos, mi rabia, mis prejuicios, aquellos con los que he crecido, mi deseo de hacer y deshacer, mi opinión sobre otras personas, sobre mí,... He sacado fuera todas esas emociones. Y eso es fantástico. Escribí esta historia porque consideré que era libre para hacerlo, pero ahora soy mucho más libre que antes. He abierto la caja. Y sí, seguiré escribiendo, y me encantaría seguir publicando, pero eso dependerá de los lectores. Te diré más, estas chicas tienen continuación, tienen un 'spin off'.

M.G.- Bueno pues ponte a ello porque he leído varias opiniones y todas son muy positivas. Hablan de honestidad, humildad y personajes humanos.

M.P.- Me halagan mucho esos comentarios. Y fíjate que empecé a escribir más preocupada del estilo que de la historia. Pero no me gustaba lo que salía. Guardé la historia durante unos meses en un cajón. Al tiempo, la volví a retomar, la leí, me pareció basura y volví a empezar de nuevo. Yo quiero contar cosas que lleguen. No quiero que digan de mí que soy culta, que tengo mucho vocabulario, un estilo literario estupendo,... No quiero premios literarios. Sólo quiero contar historias que emocionen. Y al quitarle todo ese lastre, toda esa preocupación por el estilo, por si tenía calidad o no, surgió 'Nacida libre'. 

M.G.- Pues espero que te vaya muy bien con esta novela, que los lectores la disfruten. Me alegra mucho haberte conocido y te deseo mucha suerte.

M.P.- Gracias a ti. 

Sinopsis: Cora necesita reinventarse para salir del pozo en el que se ve inmersa tras la inesperada ruptura con el amor de su vida.

El sexo se convertirá en el rito de iniciación hacia su nueva identidad, un mundo desconocido don­de experimentar, reencontrarse y perdonar.

Valentina llega a España huyendo de un oscuro secreto y un pasado traumático; necesita renacer para encontrar su sitio en el mundo. La vida no es fácil para una joven transexual extranjera.

Las dos protagonistas de Nacida Libre, aun siendo de mundos tan distintos y alejados, coinciden en un momento crucial para ambas en el que deben recorrer un camino de autoconocimiento dejando atrás la traición y la venganza.


Las circunstancias en las que se encuentran hacen que crezca entre ellas una profunda amistad y la fuerza necesaria para entender que, a pesar de todo, ellas nacieron libres.



viernes, 11 de octubre de 2019

EL AVIADOR de Fernando Fedriani y Manuel Vaca


Resultado de imagen de el aviador fernando fedriani

Editorial: Ediciones Alfar.
Fecha publicación: septiembre, 2017.
Precio: 15,60 €
Género:  Narrativa ilustrada.
Nº Páginas: 104 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN: 9788478988167
[Disponible en eBook]


Autores

Fernando Fedriani. Nacido en Sevilla y granadino de adopción.

Licenciado en Filología Hispánica y doctor cum laude por la Universidad Pablo de Olavide. Funcionario de carrera y profesor de Lengua y Literatura. Actualmente es columnista del diario Ideal, al igual que antes lo fue de El Mundo o de Andalucía Información, entre otros.

Autor de la novela Menta y nata, ha publicado textos líricos (Vida y vuelta), teatrales (El protagonista muere) y narrativos (Magia para torpes).

De niño jugaba con coches de juguete y tenía un amigo imaginario que se llamaba Pepito y que era de Málaga.

www.fernandofedriani.com

Manuel Vaca es natural de Marbella. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Granada, ciudad en la que aún reside.

Ha colaborado con revistas como El Batracio Amarillo y Gutter (ganadora del premio popular en el Salón del Cómic de Barcelona en 2007).

Ha publicado como ilustrador Historia del Betis para niños y El Invierno Mágico con editorial Alfar, El Tesoro de Juancana con Tragamanzanas y El Enigma del Palacio de los Leones con el Patronato de la Alhambra y el Generalife. Y varias portadas de novelas y poemarios con diversas editoriales.

En la actualidad trabaja como profesor de ilustración en Estación Diseño y como profesor de pintura en diferentes centros, tarea que compagina con su trabajo de ilustrador freelance realizando todo tipo de encargos (caricaturas, retratos, ilustraciones infantiles...) y proyectos personales.

www.manuelvaca.com

Sinopsis

Todos hemos fantaseado con visitar el asteroide B-612. Sabíamos que el Principito había recibido la mordedura de la Serpiente y que se marchó para siempre. Pero, ¿murió en realidad? Por desgracia no hemos conocido hasta ahora cómo pudo envejecer el Aviador conviviendo con su ausencia. ¿Qué no daría él para volver a encontrarlo? ¿Se resignó a dejarlo partir? ¿Encontró la manera de llegar hasta su Rosa? Por todo ello, confluyendo con el 75 aniversario de la obra original, El Aviador continúa el relato para mostrarnos de qué manera quedó desolado el París postbélico. Frente a los contornos de Notre Dame y con el fuego extinto de los bombarderos, regresa hasta nosotros la pregunta más difícil de responder: ¿quién soy? Y eso supone contestar de manera indirecta a otra cuestión crucial: ¿quién es para nosotros el Principito? Las preguntas que no respondemos terminan siempre por regresar hasta nosotros. Por eso El Aviador es una epopeya nostálgica que, a través de una mirada tamizada por los últimos ecos del surrealismo, reinterpreta el sonido de las estrellas. El autor asume el reto de hacerte sentir el vértigo creativo que te contagió tu primera lectura de El Principito. Esta es, por tanto y tal vez, la segunda parte que Saint-Exupéry no pudo escribir. No en vano, viene salpimentada por su vida y de su angustia.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Hace ya seis que El Principito de Antoine Saint-Exupéry pasó por este espacio. En aquella reseña, apuntaba que era un libro que no había que tomar a la ligera, sino que se trataba de una lectura para meditar, deteniéndonos en lo que realmente el autor nos quería decir. Dirigido a un público más adulto que infantil, según mi criterio, supone una delicia ir saltando de reflexión en reflexión, salpicadas por continúas metáforas que debemos desentrañar. Confieso que no fue una lectura fácil, no creo que lo sea para nadie, y que, para extraer todo su sentido, requiere más de un acercamiento.

Los años han ido pasando y ya se han cumplido 75 años desde que aquel niño, un tanto extraño y de cabellos dorados, se diera a conocer al público. Y en esas estábamos cuando, Fernando Fedriani se lanza de cabeza a una piscina que, cuanto menos, resulta llamativa. Anunciada como la segunda parte que Saint-Exupéry no pudo escribir, Fedriani presenta El Aviador, un volumen ilustrado que vuelve a llevar al lector por un viaje intergaláctico.

Me detengo un momento en la dedicatoria del libro, tan sentida y emotiva, y que invita al lector a recuperar el niño que un día fue. Ya lo decía el Principito, no debemos dejar atrás lo que un día fuimos y, ahí creo que radica toda la esencia de aquella obra universal que escribió Saint-Exupéry, y que también podemos encontrar en esta supuesta segunda parte.


La historia comienza en París, con un hallazgo singular. El narrador y protagonista de esta historia, -escrita en primera persona-, encuentra en una librería un volumen de El Principito, algo que le sorprende. En estas primeras líneas, el narrador hablará de sí mismo, de su pasión por el dibujo y de un supuesto homenaje que gente importante quiere darle. Ya entenderéis por qué. Paseando por las calles de París, llega a casa de un brujo que lo alienta a buscar al Principito y traerlo de vuelta porque 'el mundo lo necesita'. Y así comienza un viaje en avión con destino el asteroide B-612. Antes de llegar a aquel lugar en el que vivía el niño de dorados cabellos, el narrador visitará varios asteroides, del 331 al 336. En todos esos lugares conocerá a otros personajes con los que entablará una conversación. Serán capítulos en los que se nos regalará una enseñanza. No obstante, la narración sufrirá un giro inesperado que nos conduce a un desenlace lleno de magia. 

Grosso modo, ese es el argumento de este volumen. Debo decir que la sinopsis que acompaña al libro me ha resultado algo confusa. Es verdad que se muestra la ciudad de París, pero, a mi juicio, no se ahonda tanto en el escenario como para que podamos contemplarla como una ciudad devastada por la guerra. En este volumen lo que realmente importa es el ser humano, su interior y su esencia. En cualquier caso, sí estoy muy de acuerdo con las preguntas que se formulan y casi me atrevería a responder que el Principito somos, o deberíamos ser, todos nosotros. Y ya que me envalentono, añado algo más. He tenido la sensación de que El Principito cobra más sentido aún después de leer El Aviador. Esta lectura me ha hecho recordar aquella otra y contemplarla desde otro prisma distinto, como si todo lo que Saint-Exupéry quiso enseñarme con su obra, hubiera podido asimilarlo ahora. Sé que suena raro, pero es la sensación que he tenido.  

De todos modos, Fedriani sigue la misma línea que trazó el autor francés. Si El Principito está lleno de enseñanzas, en El Aviador no te van a faltar. Es probable que lo que te falte sea papel, de tantas como irás anotando. Se incide también en este volumen, en ese paso de la infancia a la edad adulta, un sendero en el que, con frecuencia, dejamos demasiadas cosas atrás: la imaginación, los sueños, la falta de sensibilidad,... No es nada divertido ser adulto, nos volvemos bastan pusilánimes, atados por nuestros miedos, siempre juzgando a las personas por su aspecto, su condición o por sus bienes materiales, incapaces de ver lo verdaderamente importante en el otro, encorsetados por fronteras, fingiendo ser lo que no somos... He ido anotando párrafo tras párrafo, enseñanza tras enseñanza, tantas que me ha costado seleccionar una para mostrar aquí. Si creo que El Principito es una obra para releer, El Aviador no se queda atrás. 

Y como comenté antes, El Aviador está escrito en primera persona, supuestamente en la voz de Saint-Exupéry, que ya no es un joven aviador, sino un hombre mayor, que echa la vista atrás y analiza su vida. Con un total de veintisiete capítulos de corta extensión, el volumen cuenta con las ilustraciones de Manuel Vaca. Prácticamente hasta la mitad del libro, podemos encontrar un dibujo por capítulo, que concuerda a la perfección con los hechos narrados en el mismo. Me gusta especialmente la que os muestro. Me resulta muy significativo el reflejo que el narrador ve en el agua del pozo. 




Pero no sigo desvelando detalles. Solo me queda animaros a descubrir esta joya ilustrada y de breve extensión (102 páginas), en la que también aparecerá personajes que ya conocemos como el zorro, la serpiente, la rosa, el baobab,... El Aviador, al igual que El Principito, es una obra llena de magia a la que hay que acercarse con la mente muy abierta y predispuestos a soñar. Un buen complemento a la obra de Saint-Exupéry, que la editorial encuadra dentro de la literatura infantil y juvenil. 

¡Ah! No me voy sin responder a tu pregunta, Fernando. Sí, la niña que sigue riendo dentro de mí se siente orgullosa de la persona adulta en la que se ha convertido.







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada del ejemplar]

Puedes adquirirlo aquí:


viernes, 19 de mayo de 2017

PERCIBO AZUL de Fernando Ángel Lumbreras García.


Editorial: Ediciones Alfar.
Fecha publicación: 2016
Precio: 14,00 €
Género: Narrativa.
Nª Páginas: 256
Edición: Rústica con solapas.
ISBN: 9788478987030

Autor

Fernando Ángel Lumbreras García nació en la ciudad de Cáceres, Patrimonio de la Humanidad, el 30 de mayo de 1963. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Extremadura. Vive en Tomares (Sevilla) pero sin romper nunca y bajo ningún concepto su vinculación con la tierra que lo vio nacer. Desarrolla su carrera profesional en la capital andaluza vinculado a entidades de ámbito de los impagados, departamentos de recuperaciones y recobro. Co Percibo azul culmina su trilogía azul siendo cinco libros que ha editado, todos ellos por Ediciones Alfar.

Sinopsis

Percibo azul, una novela diferente.

Un escritor, una asistenta del hogar y un jardinero unidos por la soledad, una enfermedad y un pasado turbulento. 

Siempre hay una luz al final del camino.
[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar] 

************************************

Hace unos meses os hablé de la presentación de este libro, Percibo Azul, de Fernando Ángel Lumbreras García, que tuvo lugar en la Casa de Extremadura en Sevilla (puedes leer sobre el acto aquí). Pues bien, hoy vengo a contaros mis impresiones de esta novela que me ha parecido sencilla y cercana, con unos personajes muy humanos pero a la vez muy entrañables.

Resultado de imagen de cáceresPercibo azul nos traslada a la ciudad de Cáceres donde tendrán lugar los hechos que se narran. En un edificio de viviendas reside Salvador, un hombre que en su tiempo fue profesor de literatura y escritor de novelas, pero que ahora vive ajeno a la docencia y prácticamente ajeno a la vida. Solitario, Salvador vive encerrado en sí mismo y entre las cuatro paredes de su casa, sin apenas contacto con otro ser humano, nada más que su asistenta Manolita, una mujer de sesenta años que le hace las tareas de la casa y le prepara la comida. Con muchos días ociosos, Salvador invierte su tiempo en plasmar en papel sus memorias y esto, que parece a priori una cuestión de puro entretenimiento, tiene tras de sí un sentido casi terapéutico. 

Los primeros capítulos son un preámbulo de lo que será el verdadero argumento de la novela, que no es otro que la narración de la vida de Salvador, su pasado hasta llegar a un duro golpe que lo azotó de pies a cabeza y lo convirtió en lo que hoy es. Lo que le ocurrió no es algo que se especifique hasta bien adentrados en la lectura y eso conseguirá que mantengamos una cierta intriga de manera muy liviana pues Percibo azul no es una novela que se sustente en el suspense sino más bien en los personajes, en las emociones, en los sentimientos. Lo que está claro que es Salvador lo ha pasado mal y lo sigue pasando mal, de ahí que se hable de heridas, de la necesidad de curarse y de despertar de nuevo a la vida, algo en lo que Manolita, su asistenta, se empeñará una y otra vez. 

Entre diálogos con Manolita, Salvador da paso a sus memorias que abarcan desde su infancia hasta el momento dramático que la vida le había reservado. A través de sus palabras conocernos cómo eran sus años más tiernos, su familia, sus amigos, cómo se vivía la Navidad, qué reveses vivió la familia, etc, etc... Y así hasta hacerse adulto. Todo ello aderezado por una serie de poemas que serán un reflejo cristalino de su sentir.

Y no queda ahí la cosa. Las memorias de don Salvador suponen un vehículo para adentrarse en reflexiones de interés. En ocasiones, las evocaciones del protagonista nos conducirán a una especie de análisis en el que Salvador establece comparaciones. La juventud de antaño no es la de ahora, los amores se viven de otro modo, las pandillas de amigos antiguamente eran casi una institución, y constituían una unión inquebrantable en la que el compañerismo y la solidaridad eran las principales leyes. Todo esto es fruto de echar la vista atrás y ver cómo ha evolucionado la vida y las personas.

En Percibo azul todo es emoción y remembranza, un cúmulo de emociones que van desde la culpabilidad al remordimiento, pasando por un amplio abanico de sentimientos, que quedan plasmados en estas páginas con suma delicadeza y cuidado. Pero la historia no calaría de igual modo si no fuera por la presencia de unos personajes que son tan de carne y hueso como nosotros.

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