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miércoles, 28 de abril de 2021

MADRE (DRAMA - 2019)

Año: 2019

Nacionalidad: España

Director: Rodrigo Sorogoyen

Reparto: Marta Nieto, Jules Porier, Àlex Brendemühl, Anne Consigny, Frédéric Pierrot, Raúl Prieto, Álvaro Balas, Blanca Apilánez

Género: Drama

Sinopsis: Elena (Marta Nieto) perdió a su hijo Iván, de seis años, en una playa de Francia. Ahora Elena vive en esa playa y está empezando a salir de ese oscuro túnel donde ha permanecido anclada todo este tiempo... Secuela en formato largometraje del cortometraje homónimo del propio Sorogoyen.

[Fuente: Filmaffinity]

Rodrigo Sorogoyen firma la serie Antidisturbios, de la que tan bien se está hablando en los últimos meses. Pero también está detrás de películas como El reino y Que Dios nos perdone, referencias más que suficientes como para no querer perderme ninguna de sus películas. Me faltaba por ver Madre y ya he saldado la deuda.

Con un título que, al pronunciarlo, a uno se le llena la boca, Madre arranca de manera tan brutal que me quedé clavada en la silla. Elena es una joven divorciada. Con la tranquilidad que genera la ignorancia, llega un día a casa, acompañada por su madre. Vienen de hacer compras y conversan con naturalidad. Sin embargo, suena el móvil de la joven. La llamada procede del terminal de su exmarido Ramón, pero quien está al otro lado de la línea es Iván, su hijo de 6 años. Padre e hijo se habían marchado a pasar unos días juntos. Van en autocaravana y recorren el norte de España y parte del sur de Francia. El pequeño le dice a la madre que está solo, en una playa, que el padre ha ido un momento a la autocaravana pero que no ha regresado y ya hace tiempo que se fue. El niño está asustado porque ni sabe dónde está, ni sabe lo que le ha podido ocurrir a su padre. A la madre se le para el corazón, sintiendo que poco puede hacer, estando a tantos kilómetros de distancia. Mientras la abuela sigue al teléfono con el pequeño, Elena contacta con la policía, pero se choca contra la sinrazón de la burocracia. Si alguien puede ayudar al niño es ella, pero ¿cómo? Trata de tranquilizar al pequeño, sacarle algún tipo de información sobre el lugar en el que está, pero poco puede aportar. Algo ocurre, algo escucha la madre a través del teléfono. Una voz desconocida, en francés, una amenaza velada, un terror que sube por la garganta. La comunicación se corta. La madre, desquiciada y absolutamente fuera de sí, coge las llaves del coche y sale corriendo por la puerta.  Fin del prólogo. 

Diez años después, Elena trabaja en un restaurante francés, en la misma localidad donde su hijo desapareció. Sus días son anodinos. Trabaja, pasea por la playa y a veces se ve con su pareja, Joseba. De Iván, nunca más se supo. Sin embargo, en uno de esos paseos, la joven se fija en un adolescente de cabello rizado. Le llama la atención. El chico suele estar por la playa, con sus amigos, o haciendo surf. A partir de ese momento, no lo pierde de vista, lo contempla en la distancia y examina con minuciosidad cualquier gesto o rasgo del chico. No lo dice nunca, pero todos sabemos que por su cabeza se cruza un pensamiento. «Se parece a mi hijo. ¿Sera él?»  Movida por ese vacío que la asfixia cada día, tratará de acercarse a él, para averiguar todo lo que pueda sobre el muchacho. 

Madre narra la historia de una desesperación, de un lastre que hunde cada vez más. A una madre le pueden ocurrir cosas terribles. Una de ellas es perder a su hijo, sea de la forma que sea. Eso es lo que le ha pasado a Elena. Y desde entonces, sigue aferrada a la esperanza de recuperarlo algún día. Por eso mira, observa, escudriña, en busca de algo que le devuelva a Iván. Madre habla de curar heridas, de cerrar círculos y recomponer lo que estaba roto. Y en eso tiene mucho que ver Jean, el joven con el que Elena forja una amistad que llegará a extremos complicados de entender. Lo que une a Elena y a Jean solo ellos dos lo entienden. 

Esta película abrió el Festival de Cine de Sevilla en 2019. Os garantizo que el inicio es de infarto. En ese momento, con la angustia instalada en mi garganta, viendo a esa madre deshecha y aterrorizada por la llamada de auxilio de su hijo, invadida por el miedo que el mismo espectador llega a sentir, me recriminé no haber visto la cinta antes. ¿Cómo era posible que hubiera dejado pasar tanto tiempo? Con aquel inicio, me esperé una película con, al menos, la mitad de intensidad que ese principio. No obstante, todo decae. Cae el ritmo y las sensaciones iniciales. Diez años después, la película avanza a paso más lento. En realidad, lo agradecí porque el corazón se me puso a mil en las primeras escenas. Pero, lamentablemente, y para mi gusto, el interés se hunde en un valle profundo. El largometraje se torna lento y perezoso. El núcleo de la película se centra exclusivamente en la relación entre Elena y Jean, se queda estancada ahí, sin que se produzcan prácticamente avances. Ella se embelesa contemplando al joven, conversando con él, viviendo una ilusión. Él se siente atraído por la fascinación que despierta en una mujer adulta, se siente centro de atención de una mujer hermosa. Tan solo en algún momento, todo se acelera de nuevo, momentáneamente. Un giro allí, otro pequeño allá, hasta llegar a un desenlace que transita con sosiego, y que supone la curación de las heridas de la madre.

¿Me ha gustado? Sí, pero, con un inicio tan prometedor, esperaba mucho más. Para no mentir, me he ido desinflando con el paso del metraje. Lo que ocurre es que las primeras escenas son tan tremendas, que eso ha solapado mis impresiones posteriores. Quizá me hubiera gustado saber qué pasó realmente aquel día. ¿Por qué el padre se demoró tanto en la caravana y tardó en regresar? ¿Por qué dejó solo al niño? ¿De quién era la voz que la madre oye al otro lado del teléfono? Si hubo una investigación por la desaparición del niño, no lo sabremos, como tampoco tendremos respuestas a estas preguntas. El pilar de la película es el dolor y la esperanza de la madre. 

En cuanto al reparto, hay que admitir lo que es justo. Marta Nieto no es una actriz que me guste. No recuerdo algún otro trabajo previo que me haya parecido significativo. Sin embargo, jamás la olvidaré en el papel de Elena. Está soberbia en esas secuencias iniciales, y en algunas otras más, en las que sacará toda su furia y su rabia. Y es que a Elena la llaman la loca de la playa. Todo el mundo conoce su historia y la miran con compasión. Me ha impresionado. Se come la cámara, la pantalla, al espectador, y todo ese mar, en el que ella se pierde con la mirada, cuando la nostalgia la invade. Solo por ver cómo actúa en esos instantes, la película ya merece la pena. Por su trabajo, le otorgaron el premio a Mejor Actriz, tanto en los Premios Forqué como en el Festival de Cine de Sevilla (2019).

Del resto del elenco, no puedo decir mucho más. Jules Porier, como Jean, y Alex Brendemühl, como Joseba, me han dicho bien poco. De hecho, Porier me irrita y no me resulta muy creíble su papel. Brendemühl, como compañero de Elena, está algo desaprovechado.

La dirección también es sobresaliente. En esos primeros minutos, la cámara se va acercando sigilosamente hasta completar un primer plano de Elena en el momento más álgido de su desesperación. Posteriormente, hay otra aproximación al personaje, mientras esta va paseando por la playa. No sé explicarlo bien, pero esas aproximaciones, ejecutadas con planos secuencias, me ponen la piel de gallina. 

La fotografía es preciosa. Las tomas de la playa, de los bosques,... son hermosas.

Madre es un drama íntimo, doloroso, personal, que va languideciendo poco a poco, perdiendo toda esa fuerza que derrochó en los primeros minutos. Al margen de que me ha parecido bastante larga -dos horas de metraje-, hay demasiados silencios. Bajo mi punto de vista, le falta algo más de agitación. En cualquier caso, como me quedé tan pillada con el inicio, sí la recomendaría.

Por cierto, que existe un corto homónimo previo, del mismo director, y que no he visto. Bueno, que pensaba que no he visto porque resulta ser esos primeros instantes brutales de esta película, sobre los que he estado insistiendo.



Tráiler:                                                                                          Puedes adquirirla aquí:

   



miércoles, 8 de abril de 2020

EL SILENCIO DE LA CIUDAD BLANCA (THRILLER - 2019)


Año: 2019

Nacionalidad: España

Director: Daniel Carpalsoro

Reparto: Belén Rueda, Javier Rey, Aura Garrido, Manolo Solo, Àlex Brendemühl, Sergio Donado, Ramón Barea, Itziar Ituño, Pedro Casablanc, Rubén Ochandiano, Richard Sahagún, Ramón Agirre, Josean Bengoetxea, Itziar Aizpuru, Joseba Apaolaza

Género: Thriller

Sinopsis: Vitoria, 2016. Los cadáveres de un chico y una chica de veinte años aparecen desnudos en la cripta de la Catedral Vieja. Unai López de Ayala, un inspector experto en perfiles criminales, debe cazar al asesino ritual que lleva aterrorizando a la ciudad desde hace dos décadas. La sucesión imparable de crímenes y una investigación policial contaminada por las redes sociales llevarán al límite a Unai, enfrentándolo a un asesino camaleónico y despiadado que podría estar más cerca de lo que creía.

[Fuente: Filmaffinity]


A Eva García Sáenz de Urturi la conocimos cuando publicó La saga de los longevos (bilogía) y Pasaje a Tahití. Poco después quiso rendir homenaje a su ciudad natal y publicó una trilogía cuyos acontecimientos ocurrían en Vitoria. La saga, compuesta por El silencio de la ciudad blanca (2016), Los ritos del agua (2017) y Los señores del tiempo (2018), tuvo muy buena acogida entre los lectores, consiguiendo que fueran muchos los que se engancharan a las investigaciones de Kraken, un ertzaintza marcado por una desgracia familiar. Admito que las buenísimas opiniones de esta trilogía me tentaron poderosamente pero, muchos sabéis que rehúyo de las series. Aún así me lo planteé. Sin embargo, al descubrir que iban a llevar el primer título a la pantalla grande, me frené en seco. Prefería ver la película en primer lugar, y aquí estoy, con más pena que gloria porque, me temo que Daniel Carpalsoro, director de esta cinta y que tiene, bajo mi punto de vista, un único peliculón a sus espaldas -Cien años de perdón-, le ha hecho chico favor a la autora vitoriana.

Extrañada por lo que la película me ofrecía y lo que yo había leído sobre la novela, me puse a indagar en Internet, y encontré estas declaraciones del director y de la autora:

"La película es una interpretación de la novela", explica Calparsoro. "La novela son 500 páginas y esto es una hora y media de película y hay que elegir, no puedes meter absolutamente todo. Y luego el lenguaje cinematográfico es distinto al literario. Podríamos decir, como comenta muchas veces Eva [García Sáenz de Urturi], que la película forma parte del universo de la trilogía de El silencio de la ciudad blanca, pero no es una traducción de la novela". [Fuente: Tráveler

Vale, no es una adaptación propiamente pero aún así, me ha parecido una película muy mediocre, cuando tenía unos buenos mimbres. Os cuento.

El silencio de la ciudad blanca comienza en créditos con el repaso a una serie de crímenes que sucedieron en Vitoria por el año 1999. En los lugares más emblemáticos y llenos de historia de la ciudad, se fueron cometiendo asesinatos que seguían un patrón muy concreto. El asesino, al que apodaron el asesino de los durmientes, elegía a una pareja de niños -un niño y una niña-, que no se conocían. Después de arrebatarles la vida, los colocaba en un lugar significativo, dispuestos en una posición exacta, desnudos y con un eguzkilore, es decir, una flor del sol, colocado sobre sus genitales. En el primer asesinato los niños tenían cinco años, en el segundo tenían diez, en el tercero tenían quince años. Por aquellos crímenes inculparon al joven Tasio, un joven vitoriano de buena familia, y conductor de un programa de la televisión local llamado Telúrico, en el que se analizaban las leyendas más antiguas de Vitoria. Tasio lleva desde entonces en la cárcel, desde donde ha escrito varios libros. Sin embargo, veinte años después de aquellos crímenes, vuelven a cometerse una serie de asesinatos en la ciudad, justo cuando se están celebrando las fiestas de la patrona, la Virgen Blanca. De nuevo, en el interior de la Catedral Vieja, aparece una pareja sin vida, un joven y una joven de veinte años, desnudos, con un eguzkilore sobre sus genitales, y de cuyas bocas salen abejas vivas. Este parece el modus operandi del asesino, narcotizarlos primero y luego, cuando están totalmente conscientes, introducirles abejas en los pulmones, lo que les provocará una muerte muy dolorosa.

Los encargados de investigar los nuevos crímenes son el inspector Unai (Javier Rey), al que llaman Kraken en su círculo más íntimo, junto a su compañera Estíbaliz (Aura Garrido). Ambos tendrán que rendir cuentas a la subinspectora Alba (Belén Rueda), recién llegada de Francia. Los tres tendrán que averiguar quién es el asesino, si Tasio fue condenado siendo inocente, o si se trata de un imitador. Al mismo tiempo, a Unai le irán enviando fotos en las que aparece él, en distintos momentos de la investigación.

En cuanto al asesino, a mitad de película sabremos quién es. Esto no supone ningún problema, más bien al contrario, alienta la curiosidad del espectador porque, de lo que se trata de es averiguar por qué comete esos asesinatos, cuál es su móvil, y por qué emplea tal ritual. 

La película parte de una buena premisa. Los crímenes rituales, relacionados con viejas leyendas o la mitología, suelen ser bastante interesantes. Sin embargo, el gran problema de esta película es el guion. Desconozco la trama de la novela. Ya os he comentado antes que no la he leído, pero me parece que se ha obviado lo esencial de la historia creada por García Sáenz de Urturi. Da la impresión de que han tomado de aquí y de allá lo que les ha parecido, sin importar la coherencia, la lógica, la verosimilitud. De ahí que se sucedan escenas y situaciones que no tienen fundamento ni se sostienen, que no se terminan de explicar. Por poner unos cuantos ejemplos que no os van a destripar la historia. En esta película hay mucha gente que huye en cuanto ven aparecer a la policía. Eso nos hace pensar que están implicados en los asesinatos pero luego, no hay una explicación a tales huidas, ni siquiera se puede achacar al temor que una persona puede sentir frente a la autoridad, sin haber cometido un delito.

Luego, Unai tiene una hermana que padece una enfermedad. Poco se dice al respecto, de hecho se menciona de pasada. Para mí, todo detalle en una película o un libro debe tener una justificación. ¿No era Chéjov el que decía que si en un cuento hay un clavo en una pared, el protagonista tiene que acabar colgándose de él? Pues eso. Nada debe quedar al azar o aparecer por capricho. Sin embargo, en esta película, la enfermedad de Martina, la hermana de Unai, no aporta absolutamente nada a la trama.

Otra incongruencia más. Hay un personaje que hizo desaparecer unos informes policiales, un detalle que a mí como espectadora me dejó fuera de combate. Y es que resulta que ese personaje fue policía en su día, pero este detalle te lo dicen al final de la película.

A todo esto, la gente entra y sale de los monumentos y museos de la ciudad, en plena noche, como Pedro por su casa. Hasta donde yo entiendo, los monumentos, iglesias, museos, tienen un horario de apertura y cierre, y siempre hay algún tipo de vigilancia. En esta película, no. 

Y esto sí que me da rabia. ¿Es necesario introducir siempre un rollete amoroso para darle jugo a una trama? Las relaciones amorosas, clandestinas o no, deben aportar tensión al argumento o, al menos, tensión entre los personajes. Aquí es un aderezo más que se podía haber eliminado y el sustento del thriller no se hubiera visto afectado.

Por último, el abuelo de Unai, apicultor, hace una serie de rituales con manzanas que me dejaron perpleja. ¿Qué finalidad tienen? Es que no se explica absolutamente nada. Vale que el espectador se lo puede imaginar, y ojo que soy de las que opinan que no nos lo tienen que dar todo hecho, pero hombre, un poquito de seriedad. 

En fin, ya veis que la película me ha dejado bastante decepcionada. Lo mejor, sin duda, las escenas de la persecución sobre las cubiertas de la Catedral Nueva, un proceso que se explica en el enlace que os he dejado más arriba.

En cuanto a las interpretaciones, Belén Rueda, en el papel de la subcomisaria Alba, no está a la altura de otros trabajos. Juan Rey y Aura Garrido, me dicen poco. El único que brilla algo más es Manolo Solo pero, como el guion es un despropósito tras otro, enturbia muchísimo el trabajo de este actor. 

En definitiva, me esperaba otra cosa de esta película. Está entretenida y poco más, especialmente si haces la vista gorda a ciertas cuestiones que se tendrían que haber tratado con más cuidado y profesionalidad. Mira que defiendo el cine español pero en este caso no lo tengo nada claro.






Tráiler:   

Puedes adquirirla aquí:
                                    




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