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miércoles, 9 de febrero de 2022

BEING THE RICARDOS (DRAMA - 2021)

Año: 2021

Nacionalidad: EE.UU.

Director: Aaron Sorkin

Reparto: Nicole Kidman, Javier Bardem, J.K. Simmons, Nina Arianda, Tony Hale, Alia Shawkat, Clark Gregg, Robert Pine, Linda Lavin, Christopher Denham, Jake Lacy, Nelson Franklin, John Rubinstein

Género: Drama

Sinopsis: Película sobre la actriz, pionera de la televisión, Lucille Ball (1911-1989). La historia se desarrolla durante una semana concreta de la producción de la exitosa serie de la época 'I Love Lucy' cuando Lucy y su marido, Desi Arnaz, se enfrentan a una crisis que podría terminar con sus carreras y también con su matrimonio.

[Fuente: Filmaffinity]


La semana pasada falté a mi cita con el cine. Muchos ya sabéis que mi tiempo escasea últimamente y que el blog, momentáneamente, ha pasado a un segundísimo plano. A pesar de que los días no me cunden, no quería que el cine volviera ausentarse esta semana. Así que, aquí estoy con Being the Ricardos, película protagonizada por Nicole Kidman (irreconocible) y Javier Bardem.

Después de la buena impresión que Bardem me dejó en El gran patrón (puedes ver mi opinión aquí) quería verlo en este otro registro, haciendo de marido cubano. Porque Being the Ricardos narra la historia de Lucille Ball y Desiderio Alberto Arnaz, el matrimonio que dio vida a ese otro matrimonio de ficción, compuesto por Lucy y Ricky Ricardo, en el programa televisivo Te quiero, Lucy. Ah, ¿qué no sabes qué programa es? Bueno, yo te lo cuento.

Te quiero, Lucy fue una serie televisiva estadounidense que se estuvo emitiendo desde 1951 a 1957. La cadena CBS fue la encargada de llevar esta serie cómica a todos los hogares americanos, en la que se narraba el día a día de Lucy, una esposa solícita y atenta, y su marido Ricky Ricardo. A través de pequeñas escenas cotidianas cargadas de humor se pretendía hacer reír al público. Fue una serie muy premiada, que encumbró a Lucille Ball a lo más alto, convirtiéndose en una actriz de televisión querida y adorada por todos los espectadores. Fue el primer programa que se rodó con público en el plató, con las debidas repeticiones de escenas y los cortes típicos de rodaje. Era como si parte del público asistiera a ver el proceso de filmación, aportando su risa natural, sin necesidad de lo que hoy conocemos como risas enlatadas. Luego, se montaban las escenas y el capítulo se emitía en televisión días después.  Te dejo este vídeo para que te hagas una idea de cómo era la serie.




Being the Ricardos cuenta los sucesos ocurridos durante una semana concreta de rodaje. Partiendo de los acontecimientos de esos días, que se desarrollan a lo largo del proceso de filmación de un capítulo, iremos conociendo la vida Lucille y Desi, la verdadera y la de ficción. 

Pero la película se inicia como si se tratara de un documental grabado en la actualidad. Tres miembros del equipo de guionistas y dirección -Jess Oppenheimer, Bob Carrol, Jr. y Madelyn Pugh-, introducen la  historia y nos irán contando en pequeñas intervenciones repartidas a lo largo de la película, cómo se inició aquella semana, qué detonante la convirtió en la semana más dura para los que formaban parte del equipo Te quiero, Lucy. Y es que todo salta por el aire cuando a Lucille la acusan de ser miembro del partido comunista. A raíz de ahí, y por medio de flashbacks, se nos irá mostrando cómo Lucille y Desi se conocieron y cómo llegaron a convertirse en la pareja más famosa de América, colándose cada semana en los hogares estadounidenses para reunir a la familia en torno al aparato de televisión.

Jess, Bob y Madelyn nos adelantan que la serie alcanzó un éxito que nadie esperaba. El país se paralizaba a la hora de la emisión de la serie, lo que incluso provocó que los grandes almacenes cambiaran su horario de apertura y cierre. Las calles se quedaban desiertas. Y todo iba como la seda hasta que la funesta noticia salió a la luz. A través de los productores y guionistas, o por boca de los propios Lucille y Desi, iremos descubriendo de qué modo aquella bomba informativa afectó al éxito de la serie. El público que adoraba a aquella pareja, ¿perdonaría la vinculación de Lucille con el comunismo, en caso de ser cierto? ¿Peligraba la carrera profesional de la pareja? Lo descubriréis al ver la película.

Sin embargo, Lucille no solo tuvo que hacer frente a aquella acusación política que la colocó ante la Comisión de Actividades Antiamericanas. Su matrimonio con Desi no pasaba por su mejor momento, a pesar de que la relación entre ellos era extremadamente pasional. Había sospechas de infidelidades, ¿pero eran reales o todo era fruto de la imaginación de Lucille? ¿Qué pasó con aquel matrimonio? ¿Y con la serie?

A grandes rasgos estos son los mimbres de la película. Lo interesante de este largometraje es que no solo se nos cuenta cómo se gestó la serie, cómo se rodaba y lo que ocurría delante de las cámaras. Being the Ricardos también quiere hacer un retrato del ámbito más personal y doméstico de la pareja, así como mostrar las relaciones de Lucille y Desi con el resto del equipo de dirección, o con la otra pareja, Ethel y Fred, con las que compartían protagonismo en Te quiero, Lucy

Tengo que admitir que, en algún momento, me he sentido perdida. Se van produciendo saltos en el tiempo que, a mi juicio, no están bien definidos. De este modo, creo que hay escenas que no están bien ubicadas en la línea temporal, y dan pie a confusiones. Algunas secuencias no se sabe bien si transcurren antes de la puesta en marcha de la serie o cuando ya está siendo emitida. Así que, he sentido como microlagunas en el guion que me ha parecido algo deslavazado, pero es cuestión de ir atando cabos, a medida que avanza el metraje.

Personajes

Lucille Ball. Su verdadero nombre era Lucille Désirée Ball Morton. La película nos muestra a una mujer que luchó mucho por conseguir el sueño de convertirse en actriz. Venía de una familia rota y durante bastante tiempo pugnó por hacerse un hueco en el mundo del cine. Aunque rozó su sueño con sus dedos, interpretando algún papel protagonista importante, lo cierto es que la felicidad le duró poco. Incluso casi trataron de disuadirla para que abandonara la interpretación por no tener talento. El cine se le resistía y tuvo que cambiar a la radio. Fue en este medio cuando se abrió la mayor puerta de su vida al estrellato. Perfeccionista y puntillosa al máximo, la veremos analizar minuciosamente cada guion. Le había costado mucho llegar donde estaba y no se podía permitir ni un solo error. Tenía que dar al público algo que fuera creíble, aunque su papel fuera el de una mujer algo boba e inocente. No era el caso de Lucille. En cuanto a su supuesta vinculación con el comunismo, quedará debidamente explicado en la película. 

Interpretada por Nicole Kidman, me ha costado muchísimo reconocer a la australiana en esta caracterización. No parece ella. En eso consiste el trabajo de maquilladores y peluqueros, ¿no? Pero no sé, tiene un rostro como muy siliconado que, en cierto sentido, repele un poco. En cualquier caso, el trabajo que ha hecho con su interpretación es brutal. Se ha tenido que ver vídeos y vídeos de la serie para mimetizarse con Lucille Ball, y calcar su lenguaje gestual, sus poses. Dicen que hasta su voz. Creo que ha hecho un gran trabajo.

Desi Arnaz. De origen cubano, llegó a Estados Unidos huyendo de su isla. En los primeros años fue músico en Miami y llegó a trabajar con el mismísimo Xavier Cugat, cuyo nombre sale a relucir en la película. En la cinta se nos cuenta cómo consiguió un papel en el musical Demasiadas chicas, y a raíz de aquel trabajo conoció a Lucille. Montó su propia orquesta de música latina y mientras él daba giras, su esposa trataba de conseguir papeles como actriz. Hasta que llegó Te quiero, Lucy.

Javier Bardem da vida a Desi Arnaz. Su trabajo no me ha parecido tan espléndido como el que hace en El buen patrón, pero al menos parece un buen respaldo al papel de Lucille. Su caracterización no me ha resultado tan extraordinaria como la que hacen con Kidman. De todos modos, hay que reconocer que vamos a ver una faz muy versátil. Hasta la fecha, no recuerdo ningún papel que le obligara a cantar y a bailar. Las escenas de baile están muy camufladas pero oye, que no canta nada mal. Además su papel como cubano pone en tela de juicio la visión estadounidense de todo lo latino. 

La televisión de los años 50

¿Qué se ofrecía a los espectadores? ¿Qué era moralmente correcto mostrar en televisión y qué no? No voy a entrar en detalles pero alguna situación da pie a analizar con qué reglas se movía la tele en Estados Unidos por aquellos años. Es curioso que algo tan simple como lo que ocurre en la película generara tanto debate y tantos quebraderos de cabeza

También podremos ver las rivalidades, las luchas de ego o las decepciones. No era lo mismo ser actor/actriz de primera línea que de segunda. Sigue siendo así. Lo que no sé si aún se mantienen ciertas maniobras de camerino que veremos en esta película.

Otras cuestiones

Se juega con el blanco y negro. Algunas escenas mutan del color al bicolor para recrear cómo era el mundo televisivo en aquellos años. La ambientación nos traslada a los años 50. Todo está cuidadosamente elegido y la película resulta muy homogénea en todos sus aspectos. Estupenda labor de maquillaje y vestuario que, unido a la banda sonora, dan a la película un toque muy vintage.


En definitiva, Being the Ricardos cuenta con tres nominaciones a los Oscar: Mejor Actriz Protagonista (Nicole Kidman), Mejor Actor Protagonista (Javier Bardem), Mejor Actor de Reparto (J.K Simmons). Ya veremos lo que ocurre el 27 de marzo. De momento, os animo a ver esta especie de biopic. No solamente para ver cómo eran los entresijos de la televisión, el negocio de las productoras y los patrocinadores, sino también para asomarnos al mundo político de aquellos años, a través del supuesto escarmiento que se quiere dar a la población por medio de una actriz que todos los espectadores adoraban. No es una película que me haya calado profundamente pero está entretenida, sin que me llegara a pesar sus más de dos horas de metraje.

Por cierto, el título no me gusta nada. ¿Y a ti?

La tenéis en Amazon Prime.



Tráiler:


miércoles, 12 de enero de 2022

EL BUEN PATRÓN (COMEDIA - 2021)

Año: 2021

Nacionalidad: España 

Director: Fernando León de Aranoa

Reparto: Javier Bardem, Manolo Solo, Almudena Amor, Óscar de la Fuente, Sonia Almarcha, Fernando Albizu, Tarik Rmili, Rafa Castejón, Celso Bugallo, Yaël Belicha, Martín Páez, Daniel Chamorro, María de Nati, Mara Guil, Pilar Matas

Género: Comedia

Sinopsis: Julio Blanco, el carismático propietario de una empresa que fabrica balanzas industriales en una ciudad española de provincias, espera la inminente visita de una comisión que decidirá la obtención de un premio local a la excelencia empresarial. Todo tiene que estar perfecto para la visita. Sin embargo, todo parece conspirar contra él. Trabajando a contrarreloj, Blanco intenta resolver los problemas de sus empleados, cruzando para ello todas las líneas imaginables, y dando lugar a una inesperada y explosiva sucesión de acontecimientos de imprevisibles consecuencias.

[Fuente: Filmaffinity]


Arranco las reseñas de este 2022 con una película de la que tenía muchas ganas de hablaros. Antes que nada, tengo que confesar (o re-confesar, porque seguro que lo he dicho más de una vez) que no me gusta Javier Bardem. En realidad, no me gustan los Bardem. Así, en general. Ni la fallecida matriarca (Pilar), ni el hijo mayor (Carlos) -al menos en lo cinematográfico, porque en lo literario no lo he catado-, ni el pequeño Javier. Jamás he podido conectar con ninguno de ellos. No obstante, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. En esta película, Javier Bardem brilla intensamente. Lo hace todo el reparto, desde el primero hasta el último. 

El buen patrón nos mete en las entrañas de una fábrica de básculas. Se trata de una empresa familiar, de las que pasan de padres a hijos, cuyo actual director es Julio Blanco (Javier Bardem). No parece una empresa de gran envergadura, en la que los empleados son simples números o nombres. No. En Básculas Blanco son una gran familia. Al menos, así lo ve Julio, un hombre justo, ecuánime, tolerante y con gran capacidad de empatía. Para Julio, sus empleados son como sus hijos y, por tanto, hace suyos los problemas que aquellos puedan tener, tratando de ayudarles en todo lo posible. 

La empresa, que ya ha recibido numerosos galardones, está a punto de conseguir uno más. Básculas Blanco es finalista al premio a la excelencia que convoca el gobierno local y andan a la espera de recibir la visita de la comisión evaluadora del premio. Todo tiene que estar impecable. Todo tiene que funcionar a la perfección. Y, por supuesto, la plantilla debe exudar felicidad por todos los poros de su piel, y mostrar una gran sonrisa. Pero la obtención del premio peligra. Julio tiene que enfrentarse a unos cuantos frentes que pueden echar por tierra sus planes. Por un lado, tenemos a José (Óscar de la Fuente), un empleado que se ha visto afectado por un ERE y ha sido despedido. Por otro, Miralles (Manolo Sollo), -uno de los brazos ejecutores de Julio-, pasa por un momento personal complicado. Tiene un lío de narices y no está centrado en el trabajo. Cada dos por tres mete la pata pero bueno, hay que comprenderlo. A todo ello, hay que unir la presencia de una becaria que, si parece tonta, no lo es en absoluto. Pero tranquilidad, Julio es el dueño de una fábrica de básculas. Aquí el equilibrio es fundamental y él tratará de manejar todos los problemas con calma. Y si la cosa no funciona, no problem. La trampa consiste en trucar la balanza para que la medida sea exacta. 

¿Qué me ha gustado de esta película?

Grosso modo, me ha gustado en toda su amplitud. No creo que sea una película memorable pero tiene algo, no sabría muy bien decir el qué, -el ritmo narrativo, la personalidad del personaje,... - que consiguen que el espectador se mantenga atento a la historia. Por resumirlo de algún modo, diría que una de las cuestiones que más me ha gustado de la película es su evolución. Es decir, la narración va conduciendo al espectador por un camino de paso tranquilo. La trama parte de una situación idílica, el paraíso de todo contexto laboral, la idea de familia que se instaura en la empresa, la fidelidad como valor en alza, el «si tú estás bien, yo estoy bien y, por tanto, la empresa funciona». Pero nosotros, los espectadores, intuimos desde el primer momento que toda esa puesta en escena no es más que una utopía. Aquí hay gato encerrado y de los gordos. Tendremos esta sospecha desde las primeras escenas cuando, en una hipotética fiesta de despedida, tres jóvenes dejan la empresa para seguir su camino en otro lugar. Las palabras de Julio Blanco conmueven. Están llenas de buenos deseos y grandes esperanzas. Es el padre que ve partir al hijo en busca de su propio futuro. ¿Todo es tan de color de rosa? Obviamente, no. De otro modo, no tendríamos drama, y si no hay drama, no hay película.

Personajes e interpretaciones

Me han gustado varios. El personaje de Julio Blanco es magnífico. Definitivamente podría representar al jefe perfecto. Un tipo que antepone sus trabajadores a los beneficios de la empresa, que trata a sus empleados con absoluta consideración, que se involucra en sus vidas, tratando de ayudarlos en cualquier situación. Julio no tiene hijos porque sus hijos son sus trabajadores, a los que protege y ampara. Pero insisto, todos sabemos que la perfección no existe. Julio Blanco es un personaje con claroscuros y su verdadera naturaleza terminará por emerger desde lo más profundo de su ser. Ese es el momento que el espectador estará esperando con anhelo.

Y decía antes que Javier Bardem brilla. Se mete al espectador en el bolsillo y aunque sepamos que no es oro todo lo que reluce, el tipo cae bien. Con su carisma, su don de gentes, su labia,... sabe llevarnos a su terreno. A nosotros y a todos los que se le pongan por delante. Bajo mi punto de vista, el actor ata en corto a su personaje. Sabe lo que bulle en su interior pero calma, mucha tranquilidad, mucho equilibrio porque él de eso sabe muchísimo. Lo que ocurre es que resulta del todo imposible mantenerse sobre la tensa cuerda durante mucho tiempo y ¡boom! A Bardem, al que hemos visto con un gesto de aplomo, sereno, contenido, le cambiará el rostro. Se permitirá un momento de descontrol. Es un desahogo antes de volver a jugar sus cartas. Eso sí, en ocasiones, hombres como él, poderosos, con contactos y muy influyentes, a los que otros hombres de poder le deben favores, encuentran la horma de su zapato. Ahí lo dejo.

En cuestión de interpretación no podía dejar atrás a Manolo Sollo. Para mí es un personaje camaleónico, un actor que se adapta perfectamente a las peculiaridades de su personaje. En El buen patrón tiene escenas memorables, de esas que conmueven, pero a la vez provocan risa. Él, junto a Fernando Albizu, que interpreta al vigilante jurado de la empresa, aportarán la parte más cómica, y también más tierna a esta historia que, aunque parece sencilla, esconde mucho. 

Me fijo ahora en el papel de la esposa de Julio. Adela (Sonia Almacha) juega el papel estereotipado de la compañera perfecta. ¿Sabéis de esas mujeres, casadas con hombres ricos que, aunque no tienen necesidad, se buscan una ocupación? No se trata de sentirse útil, de realizarse, de aportar algo a la sociedad. Simplemente es una cuestión de ocupar horas y, por tanto, lo mismo da que sea un establecimiento u otro. Es un mero entretenimiento, un negocio que Julio le monta a su mujer, una tienda de ropa en cuyo interior, curiosamente, jamás veremos ni un solo cliente, y eso que la tienda sale con frecuencia en la película. Bueno, miento, sí entra una cliente pero la menos indicada, ¿quizá? El negocio tiene tan poca importancia que la caja registradora parece más un objeto de decoración al que se le presta poca atención y al que se mira con escaso interés.

Celso Bugallo tiene un papel breve pero qué actor más espléndido. Encarnará a Fortuna (un nombre no elegido al azar) en el papel de hombre para todo. Probablemente él sea el mejor exponente de esa fidelidad de la que Julio habla en sus discursos, -una fidelidad mal entendida, claro-, y seguramente también sea el hombre que mejor conoce a su patrón.  Es un hombre sin futuro, un hombre que no tiene otro lugar, por eso estará para las duras y las maduras, aunque las cartas le vengan tan mal dadas. 

¿Qué no me ha gustado de la película?

Un par de cosas. La primera, la vocalización de Javier Bardem. En ocasiones me ha costado entender lo que decía. O yo no oigo bien o este hombre habla como si tuviera la boca llena. La sala de cine estaba en absoluto silencio y de vez en cuando se escuchaba un ¿qué? (alguien preguntaba a su acompañante por lo que el actor acababa de decir).

Y dos. La historia tiene una pequeña-mediana laguna. Al menos, a mí me lo parece porque no se explica cómo se forja una relación personal entre dos personas que, de un modo u otro, están vinculadas a Básculas Blanco. Y no es una relación cualquiera, sino una que tiene peso.

¿Comedia o drama?

Ambas. Hay escenas divertidas, sí, pero no es una película de humor. No es desternillante, ni hilarante. Viendo El buen patrón te vas a sonreír (o reír si eres de risa fácil) pero en esta película predomina el suspense, con un aporte dramático que equilibra la trama. 

El tempo

La forma de narrar la historia es un acierto. La acción se iniciará un domingo, cuando Julio está plácidamente en su magnífica y carísima casa con piscina, disfrutando de un desayuno junto a su esposa mientras alguien (ya sabremos quién) se dedica a arreglar la depuradora de la piscina. En domingo. Los días irán pasando y la situación se irá complicando cada vez más. Cada día será peor que el anterior  aunque Julio,  en esa fingida imagen de tranquilidad y control, tratará de mantener el tipo. La tensión irá subiendo y con ella nuestro interés por ver cuándo explotará la bomba que se lleve a todos por delante.  Cada uno de los días a lo largo de los cuales se van desarrollando los hechos es como una gota malaya que va horadando el ánimo de Julio.

El desenlace

El final me ha gustado bastante. Cuando pensamos que la cosa no podía salir de otro modo, teniendo en cuenta la situación de poder de Julio, los hechos giran en otra dirección. En este caso, no es más sabio el diablo por viejo que por diablo. A eso se añade una escena final que cuenta más por el silencio sostenido que por las palabras que cruzan los personajes que la interpretan. Ahí lo dejo.

De la mano de Fernando León de Aranoa (Los lunes al sol, 2002), volviendo a posar su mirada en el mundo laboral, con una banda sonora que para mí tiene toques operísticos, interesante e intensa por momentos, un guion inteligente y una interpretación soberbia, El buen patrón nos habla de las relaciones de poder, la falta de escrúpulos, la hipocresía y la manipulación en el contexto laboral, y también en el que contexto social, si extrapolamos un tanto la historia.

De cara a los Goya, cuya gala tendrá lugar el próximo 12 de febrero, parte con veinte nominaciones, entre ellas, los premios gordos: Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actor Protagonista (Javier Bardem), Mejor Actor de Reparto (Celso Bugallo y Manolo Sollo), Mejor Actriz de Reparto (Sonia Almarcha), Mejor Actriz Revelación (Almudena Amor), Mejor Guión Original,...


En definitiva, El buen patrón es aparentemente una historia sencilla, mundana, el relato de un jefe que se porta bien con sus trabajadores, pero no quedará ahí la cosa. A lo largo de todo el metraje la línea narrativa será horizontal e irá en ascenso, lenta pero segura, poco a poco, a fuego medio, pero más y más arriba, manteniendo en todo momento el interés del espectador que sabe que no todo es de color de rosa, que aquí hay algo más, algo que está a punto de ocurrir. Y ocurre. Como dije al principio, no será de esas películas que recordaré para siempre. Sin embargo, sí será de esas que no me importará volver a ver.




Tráiler:




miércoles, 7 de agosto de 2019

MADRE! (THRILLER - 2017)


Año: 2017

Nacionalidad: EE.UU

Director: Darren Aronofsky.

Reparto: Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris, Michelle Pfeiffer, Domhnall Gleeson, Kristen Wiig, Brian Gleeson, Cristina Rosato, Marcia Jean Kurtz, Ambrosio De Luca, Hamza Haq, Anana Rydvald, Arthur Holden, Bineyam Girma, Jaa Smith-Johnson, Xiao Sun, Jovan Adepo, Eric Davis, Emily Hampshire.

Género: Thriller.

Sinopsis: A una mujer le pilla por sorpresa que su marido, un escritor en pleno bloqueo creativo, deje entrar en casa a unas personas a las que no había invitado. Poco a poco el comportamiento de su marido va siendo más extraño, y ella empieza a estresarse y a intentar echar a todo el mundo.


[Fuente: Filmaffinity]


Todos sabemos que hay obras literarias tan extrañas que dan pie a una multitud de interpretaciones posibles. Seguro que, a poco que lo pienses, se te viene a la cabeza más de un título. Y lo mismo ocurre con el cine y, en concreto, con madre! Y es que, en esta ocasión, Aronofsky construye una historia que pasa por diversos géneros, dando rienda suelta a su imaginación hasta el delirio. El director de Cisne negro o Noé, se la juega con esta cinta, difícilmente dirigida a todos los espectadores, una apuesta tan arriesgada que me pregunto si el boca a boca no habrá repercutido en la recaudación - por ahí dicen que fue un fracaso-. No podía ser de otro modo porque madre! es tan original como desquiciante.

En madre! se cuenta la historia de una joven pareja cuya relación parece estancada. Viven aislados en mitad de la nada, en una casa enorme y vieja. Él (Javier Bardem) es un poeta famoso en plena crisis creativa. Ella (Jennifer Lawrence) es una esposa solícita y atenta, apoyo moral de su esposo. La vida transcurre con calma, cada uno afanado en su labor. Él busca la inspiración que se le resiste y ella se encarga de procurar la paz que necesita su marido, mientras restaura la casa y construye un hogar lleno de armonía. Sin embargo, la tranquilidad se rompe cuando una noche llega un visitante (Ed Harris). Dice ser un médico de un hospital cercano que busca alojamiento por la zona. Con ciertas reticencias por parte de la esposa, el poeta acoge amablemente al visitante, le abre las puertas de su casa y lo instala cómodamente, ocupándose de que no le falte nada y escuchando las historias que tiene que contar. Enseguida se advierte que para él, esa visita es como una brisa de aire fresco que puede sacarlo de su letargo creativo o bien una justificación que lo aleja de esa obligación de sentarse cada día ante un folio en blanco. La joven esposa contempla atónita cómo su marido se vuelca con el visitante, que no será el único, pues a la mañana siguiente llega uno nuevo, la esposa del primero (Michelle Pfeiffer). El matrimonio, de mayor edad que sus anfitriones, se deshace en halagos por la acogida y poco a poco se van adueñando del espacio mientras la mujer del poeta intenta recomponer la casa, expulsar a los intrusos y volver a la vida de antes. Sin embargo, todo se sale de madre. Los visitantes se inmiscuyen en las habitaciones y destrozan un objeto de cristal, un bien preciado del poeta. Se origina el caos que se engrandece con la llevada de nuevos visitantes, más y más, cada vez más, hasta llegar a un final que, perdonadme la expresión, es una puta locura. 

Inevitablemente, el espectador que se preste a ver este largometraje se va a sentir atrapado en una espiral incómoda. Observaremos cómo la joven esposa intenta luchar sola contra los que se han instalado en su casa, no dando crédito a la desconsideración que muestran, especialmente la esposa del doctor, una mujer que se inmiscuye en la vida de la pareja, consiguiendo que la joven se pregunte ciertas cosas en las que antes no había pensado, cuestionando su estilo de vida y adquiriendo una actitud tan incordiante que irá in crescendo con la llegada de nuevos visitantes. ¿Y cuáles son las sensaciones que produce esta película? Pues, a los quince minutos estaba totalmente intrigada. Quería saber qué buscaba aquel primer visitante que decía ser médico y qué narices era ese objeto de cristal que el poeta tanto venera. Al poco tiempo, comencé a sentirme irritada porque me molestaba la actitud del matrimonio invitado y de toda la gente que va llegando después. Más tarde llegó un momento en que algunas escenas nos recuerdan a pelis de terror -con extrañas criaturas que chillan- y por último, cuando llevaba más de media película, el terror se incrementa un poco (tiene algo de La semilla del diablo) y pega un giro hasta la fantasía. Por eso decía antes que esta película bebe de muchas fuentes.

Los personajes están bien perfilados aunque ninguno posee nombre. El poeta parece un buen esposo que sufre por falta de inspiración. Se muestra algo distante de su mujer, posiblemente por la preocupación que le produce el hecho de no tener ideas.  Por su parte, ella no puede ser más comprensiva. Aunque siente que el marido está lejos, trata de entender que se debe a su obra, así que se aparta de su camino y lo deja a su aire. Y con respecto al resto de personajes, dejo que los descubráis vosotros mismos. Eso sí, la casa es casi un personaje más. El edificio late, respira, padece y sangra, tal cual, y entre ella y la joven esposa parece existir una conexión directa, como si le advirtiera de los peligros que la acechan. 

Pero, más allá de su peculiaridad y esa mezcla de géneros, madre! no me parece una película pulida. Hay ciertas cuestiones que no quedan bien explicadas. Por ejemplo, una supuesta enfermedad de la joven esposa que la obliga a tomar un líquido amarillo cuando sufre una crisis, un sótano en el que se esconde una habitación oculta tras una pared, una escena en la que cruza una rana (aunque esto intentaré explicarlo luego), una extraña criatura que asoma de la taza del váter -vale, esto casi que acabo de entenderlo- y lo que más me fastidia, ¿cómo y dónde se han cambiado de ropa los visitantes para acudir a un velatorio? Aunque esta película sea extraña, rara, no apta para todos los públicos, una paranoia del director o una alegoría como muchos opinan, me gusta que todo tenga una justificación aunque la explicación sea tan inverosímil como toda la película. 

Y ya que menciono la palabra alegoría, vayamos a las diversas interpretaciones. Mucho se ha hablado de este largometraje -en compensación a su mala recaudación- y hay espectadores que ven en la cinta una crítica contra el hombre, por el maltrato al planeta que no deja de rebelarse. Esta, por poner un ejemplo, pero hay más teorías que podéis buscar por la red. La mía es una versión más lírica, amparada en ciertos acontecimientos. Intento ponerla en pie. El hecho de que él sea un poeta, que esté en pleno bloqueo creativo, que necesite soledad, que no preste mucha atención a su esposa, que lleguen extraños visitantes que le devuelven la inspiración y que él pronuncie una última frase que no voy a desvelar, me hace pensar en que Aronofsky construye una metáfora sobre el proceso creativo, sobre las distintas facetas por las que pasa un autor desde el momento en el que no encuentra inspiración hasta el nacimiento de su obra, la llegada del éxito, la admiración de los lectores, y el inicio de una nueva obra. Y es que, la relación de la pareja tiene mucho que ver con el distanciamiento que impone un autor con respecto a su entorno, envolviéndose en su propia burbuja y centrándose solo en su trabajo. Por otra parte, la necesidad de atención de la joven esposa es un obstáculo para la obra, de ahí que se sienta abandonada, que le lance reproches, que no llegue a entender que está condenada al ostracismo cuando otras figuras menos anodinas entran en juego, aunque a veces ella también sirva de musa y favorezca el florecer de las ideas. Pero todo esfuerzo conlleva una recompensa y el momento de la gloria llega, ese día en que la obra del autor ve la luz y alcanza nuevamente el éxito. Será entonces cuando surja el ego del escritor, cuando tenga que atender a miles de admiradores que necesitan tocarlo, abrazarlo, poseer algo suyo, tan devoradores que al final fagocitan lo más importante del creador. Esta parte tiene una cierta conexión con la religiosidad, con la idea de considerar al poeta como un profeta, un mecías al que todos adoran y que va impartiendo bendiciones -aquí debería meter lo de la rana, por el significado bíblico que tiene-. Pero todo tiene un precio y al autor le saldrá muy cara su victoria hasta el extremo de la destrucción. No obstante, el camino de los escritores pasa también por una faceta de renacimiento, por un resurgir de sus cenizas y las cenizas en este largometraje tienen su importancia, al inicio y al final del filme, componiendo así un círculo cerrado perfecto. 

En cuanto a las interpretaciones, Jennifer Lawrence es la más convincente, a la par que Michelle Pfeiffer, con esa mirada felina que le da a su personaje ese aire tan desafiante. La primera soporta unos primerísimos planos que nos dejan ver su estupor, su miedo, su incertidumbre. En cuanto a Bardem, nunca me gustó mucho aunque en esta ocasión, está doblado al castellano por Juan Amador Pulido, una voz más dulce y melódica que suaviza los rasgos del actor. Y sobre Ed Harris, me parece que está simplemente correcto.  

Por otra parte, la atmósfera de la cinta también inquieta. Los hechos parecen desarrollarse en la actualidad o en un pasado relativamente cercano pues el matrimonio invitado dispone de teléfono móvil y, sin embargo, toda la película tiene una pátina que te lleva a pensar en los años 40 o 50, con cubos de zinc para el agua, antiguas lámparas y frascos de medicamentos con un etiquetado bastante vintage, como se dice ahora. 

Con una factura técnica que pasa por diversos efectos especiales bien conseguidos, madre! es tremendamente delirante, desconcertante, desquiciante... Creo que esto lo he dicho ya pero es que no deja indiferente. No sabría decir si me ha gustado o si me ha parecido un sinsentido. Entiendo que, cuando uno va al cine, lo mínimo que le pide a una película es poder entenderla pero con madre! eso no ocurre. Creo que el único que realmente sabe lo que ha querido contar es el director porque el resto vamos dando palos de ciego, intentando acertar con la interpretación correcta. No, no es una película para todos los espectadores pero choca, sorprende, altera, incomoda, irrita,... un cúmulo de sensaciones que también hay que valorar. 




Tráiler:


Puedes adquirirla aquí:

                                        


miércoles, 9 de enero de 2019

TODOS LO SABEN (THRILLER - 2018)

Año: 2018

Nacionalidad: Española

Director: Asghar Farhadi.

Reparto: Penélope Cruz, Javier Bardem, Ricardo Darín, Eduard Fernández, Bárbara Lennie, Elvira Mínguez, Ramón Barea, Inma Cuesta. 

Género: Thriller. Drama.

Sinopsis: Laura viaja con su familia desde Buenos Aires a su pueblo natal, en España, para asistir a la boda de su hermana. Lo que iba a ser una breve visita familiar se verá trastocada por unos acontecimientos imprevistos, que sacudirán las vidas de los implicados.

[Fuente: Filmaffinity]


Los Goya se celebra este año el próximo 2 de febrero en Sevilla y entre las películas que optan a llegarse el galardón como Mejor Película figura la nueva apuesta del director iraní Asghar Farhadi, Todos lo saben. El largometraje entra en competición directa con la comedia Campeones, protagonizada por Javier Gutiérrez que me resultó muy divertida, con El reino interpretada por Antonio de la Torre, Carmen y Lola con un argumento original y Entre dos aguas. Estas dos últimas centradas en la etnia gitana.

El punto fuerte de Todos lo saben es su elenco, un reparto cuajado de nombres conocidos y grandes actores que, sin duda suponen un importante reclamo. Penélope Cruz, Javier Bardem y el resto dan vida a un drama familiar con tintes de thriller en el que se cuecen diversos elementos muy vinculados con las relaciones familiares, los secretos del pasado, los dilemas morales y la ambición.

Laura (Penélope Cruz) regresa a su pueblo natal para asistir a la boda de su hermana Ana. Le acompañan sus hijos, el pequeño Diego y la adolescente Irene, mientras que su marido Alejandro queda en Buenos Aires, lugar en el que residen desde hace más de una década, por motivos de trabajo. El reencuentro con los suyos es una fiesta de besos y abrazos en el que la dicha alcanza a un padre vencido por la vejez y el abatimiento, a una hermana que intenta subsistir regentado un pequeño hostal junto a su marido, a una sobrina que pasa por la separación de su marido, y a un antiguo amor, Paco (Javier Bardem) casado con Bea (Barbara Lennie). La felicidad y la dicha se prolongarán al día siguiente con la celebración de la boda hasta el momento en el que, tras un corte de luz, Laura descubre que su hija Irene ha desaparecido y sobre su cama descansan unos antiguos recortes de periódico en el que se recoge la noticia del secuestro de otra niña. A partir de ese momento, se inicia un proceso de búsqueda sin poder recurrir a la guardia civil y en el que Paco se verá intensamente involucrado.

Todos lo saben no es la típica película de un secuestro en el que todos los miembros familiares podrían tener un motivo para llevar a cabo semejante acto. En este largometraje, hay pocos sospechosos. De hecho el espectador ni siquiera intentará hacer sus cábalas sino que se deja llevar a la espera de un desenlace que ponga cada cosa en su sitio. Y así ocurre. Llegamos a un final en el que resulta casi imposible haber pensado. No es una sorpresa que deje al espectador con la boca abierta pero creo que tampoco está sacado de la manga como si de un mago se tratara. No se explican las motivaciones aunque se sobreentienden. No sorprende en exceso ni nos sentimos manipulados aunque tampoco supone un fiasco. Pero eso sí, la escena final deja en manos de la imaginación del espectador lo que ocurrirá después. Quizá la resolución del caso debería haberse gestado de otro modo, más explícita, más contundente, más dramática porque en realidad, todos los personajes vuelven a sus vidas después de unos días de incertidumbre salvo uno de ellos, al que le corroe la duda pero a partir de ahí, nada más sabremos.

El director se toma su tiempo para asentar las bases familiares, para situar a cada personaje en la trama y hacer las presentaciones. En esos primeros compases, el espectador ya intuye por donde pueden ir los tiros al comprobar cómo la cámara sigue el devenir de Irene, una joven con muchas ganas de vivir y de la que está enamorado Felipe, sobrino de Paco. En el momento de la desaparición, el espectador está entregado a una trama llena de suspense que se desinflará un poco a medida que vaya avanzando el metraje. Y es que hacia la mitad, podemos sentir que la película se vuelve algo lenta y termina por convertirse en una sucesión de escenas que muestran el dolor, la angustia, la duda, las confesiones y los dilemas morales, sin que avancemos en la historia.

En el plano interpretativo el foco de atención se sitúa principalmente sobre Penélope Cruz. Su interpretación de una mujer rota por el dolor tras la desaparición de su hija no deja fisuras. Para mi gusto, y eso que ella no es precisamente una actriz que me encandile, creo que lo hace bastante bien. Es creíble, actúa con lógica y se mueve con verosimilitud. 

Casi al mismo nivel encontramos a un Javier Bardem que, a mi juicio, se mueve entre dos extremos. La conversación inicial que su personaje mantiene con Laura en un primer contacto suena artificial y hasta ridícula. También me resulta algo impostado en sus asombros y en sus alegrías aunque para ser justos, tengo que reconocer que no siempre es así. En el momento más tenso de la trama, cuando su personaje sufre una noticia impactante, la interpretación gana en solidez. 

El resto del reparto baila un poco alrededor de la pareja principal pero no hay nada que objetar con respecto a Darín, Fernández, Lennie ni Mínguez, salvo que sus papeles se me quedan cortos en un drama en el que hubiera gustado verlos más participativos. Creo que Darín está un poco aprovechado.

Con un título que hace referencia a esas noticias que circulan por los pueblos -o los vecindarios-, a la rumorología popular que tanto gusta en este país, la película muestra el ambiente que se vive en los pequeños núcleos en cuyos mentideros siempre corren chismes y cotilleos. Lo que todos saben en este largometraje no es tan importante como lo que todos sabrán en su desenlace porque al final, por mucho que intentes ocultarlo, la verdad sale a la luz. Pero, más allá de eso, se retrata también las típicas rencillas entre los miembros de la comunidad derivadas del reparto de tierras, de las lindes, de la compra-venta de terrenos,... que siempre dejan un poso de rencor e incluso de muerte. No es extraño levantarse con la noticia de un vecino que mata a otro por cuestiones de tierra. Y por si esto fuera poco, el argumento también se desliza por el tema de la inmigración, esos temporeros sobre los que suele flotar la sospecha constante.

Asomarse a Todos lo saben y conocer que su director es un iraní no deja de ser sorprendente precisamente por todo lo que menciono en el párrafo anterior. Me ha parecido que la visión de este cineasta no puede ser más certera y realista. Casi se podría pensar que Farhadi ha pasado los veranos de su infancia correteando por las calles de esos pequeños municipios de la España más profunda. Me ha sorprendido tanto que pretendo acercarme a sus trabajo anteriores. 

En definitiva, creo que Todos lo saben es un largometraje interesante cuya mejor baza es las interpretaciones de sus protagonistas más que el guión en sí, así como el retrato social que se hace de un entorno rural. La lentitud en el ecuador y el desenlace que deja el aire algunas cuestiones le han restado algún que otro punto pero, en cualquier caso, es una apuesta interesante. Ya veremos que tal sale parada en los Goya, con ocho nominaciones.




Tráiler:



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