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miércoles, 31 de julio de 2019

DOLOR Y GLORIA (DRAMA - 2019)

Año: 2019

Nacionalidad: España.

Director: Pedro Almodóvar.

Reparto: Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia, Julieta Serrano, Nora Navas, Asier Flores, César Vicente, Raúl Arévalo, Neus Alborch, Cecilia Roth, Pedro Casablanc, Susi Sánchez, Eva Martín, Julián López, Rosalía, Francisca Horcajo.

Género: Drama.

Sinopsis: Narra una serie de reencuentros en la vida de Salvador Mallo, un director de cine en su ocaso. Algunos de ellos físicos, y otros recordados, como su infancia en los años 60, cuando emigró con sus padres a Paterna, un pueblo de Valencia, en busca de prosperidad, así como el primer deseo, su primer amor adulto ya en el Madrid de los 80, el dolor de la ruptura de este amor cuando todavía estaba vivo y palpitante, la escritura como única terapia para olvidar lo inolvidable, el temprano descubrimiento del cine, y el vacío, el inconmensurable vacío ante la imposibilidad de seguir rodando. Dolor y Gloria habla de la creación, de la dificultad de separarla de la propia vida y de las pasiones que le dan sentido y esperanza. En la recuperación de su pasado, Salvador encuentra la necesidad urgente de volver a escribir. 


[Fuente: Filmaffinity]


Siempre he pensado que no soy fan del cine almodovariano, pero haciendo un repaso a su filmografía, algún que otro título no me ha disgustado excesivamente. Creo que mis reticencias tienen que ver con su tendencia al drama intenso (sus comedias la digiero menos) o con la elección del reparto. Hay nombres que se repiten en sus películas, actores y actrices con los que no comulgo mucho, así que la suma de ambos factores, no generan en mí la imperiosa necesidad de acudir al cine cada vez que estrena trabajo. No obstante, creo que con Dolor y Gloria, un título que me suena a tema bélico -la vida es una batalla en sí misma-, voy a reconciliarme un poco con él, con su trabajo y con sus personajes. ¿Quizá se debe a que hay mucho de sí mismo en esta historia? Puede ser que, al tocar lo más personal, haya conectado con él o que he visto a un Antonio Banderas, más Almodóvar que el propio Almodóvar.

Para resumir la trama, la película que aporta Filmaffinity es bastante completa. Como bien dice, Salvador es un director de cine en horas bajas. Tuvo mucho éxito con sus películas anteriores pero ahora parece estancado. No es que haya perdido la chispa, es que está maltrecho, herido por fuera y por dentro. Ha llegado a ese punto en el que todos hacemos balance, o deberíamos hacerlo. Creyendo estar acabado, repasa su vida. Los hechos del presente lo arrastran al pasado, a aquellos días de verano junto al río, mientras su madre lavaba la ropa con las vecinas, a su paso por el seminario, a su traslado a Madrid, a los amores, al cine, a la noche madrileña,... Se le acumulan los recuerdos, al tiempo que se reencuentra en el presente con Alberto, el actor que interpretó el papel protagonista en la película Sabor, un largometraje reeditado y que ahora quieren volver a proyectar al considerarla un clásico. Salvador y Alberto no acabaron bien pero con el reestreno de la película, liman asperezas.

El pasado llamará también a la puerta de Salvador a través de un antiguo amor que surge casi de la nada para recordarle que se puede amar intensamente y que las drogas lo destrozan todo. Pero Salvador no solo está herido en el alma. También su cuerpo se resiente. Tiene mil dolencias, terribles dolores que lo incapacitan para hacer lo que más ama, escribir y rodar. La medicación ya no es suficiente y acudirá a la heroína. ¿No quedamos en que las drogas son malas compañeras? Pero será precisamente ese pasado, y el recuerdo de un día en el pueblo, el que le de la fuerza suficiente para reencontrarse a sí mismo.

Dolor y Gloria tiene un claro componente nostálgico que Antonio Banderas sabe explotar en el papel de Salvador Mallo. El malagueño nunca estuvo entre mis actores predilectos pero su papel de hombre atormentado me ha atrapado. No me extraña su premio en Cannes. A lo largo de toda la cinta muestra esa pesadez del alma, esa desgana por la vida que afecta a los que ya se creen vencidos, a los que piensan que ya nada será igual, que ya vivieron su momento de gloria y que ahora solo queda el dolor. ¿Y el amor, qué? Será Mallo el que soporte el peso total de la cinta, apoyado a ratos por el papel de Jacinta, la que fue su madre (Penélope Cruz -la madre joven- y Julieta Serrano -la madre vieja-), con la que mantuvo aquella relación tan especial, en la que existían silencios que jamás fueron pronunciados.

Si Banderas me ha convencido -como dijo más arriba me ha parecido más Almodóvar que el propio cineasta-, con Cruz no termino de hacer las paces. No digo que su interpretación sea mala pero ha recordado a otros papeles ya vistos, a otras mujeres de pueblo o de barrio humilde a las que dio cuerpo, acento y copla. He sentido como si la estuviera viendo en otra cinta. Los actores y actrices deben ser camaleónicos, tener la capacidad de camuflarse y a mí Cruz me ha parecido la misma de otras veces.

Asier Etxeandia como Alberto es una buena réplica para Banderas. Su interpretación es creíble en el papel de actor del que ya nadie se acuerda y necesita renacer.  Entre ambos se generan los mejores momentos de tensión que le dan un punto álgido a la historia. 

Y luego está Sbaraglia que hará el papel de Federico, aquel amor de Salvador durante la movida madrileña. Aquel niño que se hundía, consumido por las drogas, mientras el otro era encumbrado a la gloria. Lástima que la escena conjunta de ambos sea tan breve. La química, la magia que surge en ese cruce de miradas, en esos silencios, en esas palabras que no pronuncio con los labios pero te las digo con los ojos, es tan potente que dejé de respirar. Por un momento me hubiera gustado un giro, una nueva oportunidad para Salvador, que la necesitaba a gritos.

La película cuenta con algunos cameos. Debes ser muy rápido si quieres cazar a Agustín Almodóvar. Me ha encantado volver a ver a Cecilia Roth, a pesar de haber perdido frescura y naturalidad en el rostro tras algún retoque. Raúl Arévalo, está poco explotado. 

Narrada con muchos saltos en el tiempo -creo que quiere contar mucho en poco tiempo-, siento que el guion no profundiza demasiado en la vida de Mallo. Pasa de puntillas por los tres pilares de su vida, la relación con su madre, el descubrimiento de su identidad sexual, el amor de adulto que lo dejó marcado,... todo ello acompañado de su carrera cinematográfica de la que apenas se dan tres pinceladas. Por otra parte, me ha gustado la dirección, la estética psicodélica de algún pasaje, los decorados que tan bien encajan con el personaje y la caracterización de Salvador. Muy acertado el trabajo de peluquería y vestuario. 

Dolor y Gloria me ha gustado. Sí, debo confesarlo. Como en su día me gustó La mala educación o La ley del deseo. Visto lo cual, parece que sus personajes dramáticos masculinos me resultan más convincentes que los femeninos -Julieta no fue totalmente de mi agrado-. No diré que es la obra maestra del manchego, como algunos afirman, pero, hasta donde yo he visto, sí creo que es la mejor interpretación de Antonio Banderas y eso consigue que la película suba unos cuantos enteros. Así que, si eres fan de Almodóvar, esta película te gustará, y si no, creo que bien merece una oportunidad porque la cinta respira emoción, nostalgia y sinceridad, más allá de lo que sea ficción o no.


Tráiler:





















miércoles, 3 de julio de 2019

EL AVISO (THRILLER - 2018)


Año: 2018

Nacionalidad: Española. 

Director: Daniel Calparsoro.

Reparto: Raúl Arévalo, Aura Garrido, Hugo Arbués, Belén Cuesta, Antonio Dechent, Aitor Luna, Luis Callejo, Sergio Mur, Julieta Serrano, Juan López-Tagle, Antonio Durán, Alfredo Villa, Patricia Vico, Javier Perdiguero, Jorge Usón, Álvaro Villaespesa, Jon Bermúdez, Mateo Jalón, Ignacio Herráez, Victor Castillo. 

Género: Thriller.

Sinopsis: Nico, un niño de diez años, recibe una carta con una amenaza de muerte, pero nadie en su entorno parece creerle. Jon, un joven obsesionado con los números, investiga una serie de muertes ocurridas a lo largo de los años en el mismo lugar y que parecen tener un patrón en común. Descifrar esta secuencia quizá sea lo único que podrá salvar a Nico.


[Fuente: Filmaffinity]


Calparsoro lleva a la gran pantalla una de las novelas del autor Paul Pen, El aviso, y recurre a nombres del palmarés cinematográfico español como Raúl Arévalo, actor y director, Belén Cuesta y Aura Garrido

Independientemente de la calidad literaria de la novela, en la que no puedo entrar porque no la he leído, la película narra la obsesión, fundamentada o no, de un joven matemático. Jon Zarate es un genio de los números que sufre esquizofrenia. Controla su enfermedad con la medicación pertinente que toma a golpe de reloj. Sabremos que está de baja médica y tiene una vida tranquila hasta que su mejor amigo David es herido en un fuego cruzado. David y Jon acuden a una gasolinera, la 24 horas, para comprar hielo y allí se produce un tiroteo que acaba con David en coma. El hermano de David es policía e inmediatamente se inicia una investigación pero Jon también hará sus propias averiguaciones y descubrirá que en ese lugar se han cometido diversos asesinatos a lo largo del tiempo, todos en la misma fecha, el 12 de abril, y en todos ellos han estado implicados el mismo número de personas, con las mismas edades. Se produce así una ecuación matemática que Jon debe resolver.

Diez años después de este luctuoso hecho conoceremos a un niño de diez años que sufre acoso escolar. Nico es el típico niño del que abusan los mayores del centro escolar. Vive con su madre Lucía quien intenta enseñar al pequeño que debe hacer frente a sus propios fantasmas pero el niño vivirá un infierno doble, al que le someten sus compañeros de aula y el que le produce una nota intimidatoria que encuentra en su mochila y que parece proceder de un adulto. 

Las dos líneas temporales irán avanzando de forma paralela. Solo en las primeras escenas de Nico se nos advertirá que hemos dado un salto hacia delante en el tiempo pero el espectador sabrá que Jon, David y Andrea, la novia de la víctima, forman parte del pasado, mientras que Nico y Lucía constituyen el presente. Aún así, reconozco que a veces me despistaba y mezclaba hilos temporales que, dicho sea de paso, se sustentan en las Cuatro Torres de Madrid pues si bien en el pasado aparecen en construcción, ya en el presente están en pleno funcionamiento. 

El punto de partida de la película es bueno, diría que incluso bastante bueno pero ocasionalmente el guion carece de sustento. Inicialmente desconocemos la relación que existe entre Jon y David. Más adelante sabremos que son simplemente buenos amigos pero también se da a entender que Jon y Andrea tuvieron un pasado que se quebró tras un ingreso prolongado de Jon en una unidad psiquiátrica. Un dato al que, de haberlo entendido bien, se le podría haber sacado más sustancia. Luego, existen ciertas cuestiones que quedan muy en el aire, y que deberían de haber quedado más apuntaladas sin necesidad de entrar en demasiada profundidad.  A eso hay que añadirle que ciertos detalles carecen de credibilidad. Pongo un ejemplo, ¿qué madre se queda impasible cuando ven que golpean a su hijo? ¿Qué madre no se come al director del centro educativo nada más ver que a su hijo lo están golpeando? Lucía se lo piensa. En lugar de exponer una queja en dirección intenta aleccionar a su hijo e infundirle valor para que devuelva con golpes los golpes que recibe. Y sigo, las consecuencias de algunos hechos de vital importancia se circunscriben únicamente a Madrid y más concretamente a un hospital madrileño, como si solo hubiera uno. No puedo dar más detalles pero si veis la película, advertiréis que es un dato que choca.

Desconozco si todo esto se produce tal cual en la novela. En cualquier caso, tengo que reconocer que la cinta mejora levemente a medida que nos vamos acercando al final, que se produce algún giro interesante que levanta algo el ánimo del espectador pero no lo suficiente como para salvar la película en su totalidad. Creo que, si bien las interpretaciones no son muy significativas -he visto a Raúl Arévalo toreando en mejores plazas- la peor baza se la lleva el guion que es flojo y con lagunas. ¿De dónde procede esa ecuación de la que os hablaba antes? De todos modos, los personajes tampoco están muy bien definidos. Me ha faltado algo más de curriculum en el caso de Jon, así como en la relación que él mantiene con David o con Andrea. 

En definitiva, El aviso tenía buenos mimbres -suspense, acción, intriga y algo sobrenatural o fantasía- y sin embargo el filme se balancea como un barco en plena tormenta por los fallos de guion, por unas interpretaciones que no terminan de cuajar y por una dirección que luce poco. Como mero entretenimiento está bien pero no deja poso ninguno, ni mueve ni conmueve. 





Tráiler:

Puedes adquirirla aquí:

                                   


miércoles, 18 de enero de 2017

TARDE PARA LA IRA (THRILLER - 2016).



Año: 2016.

Nacionalidad: Española.

Director: Raúl Arévalo.

Reparto: Antonio de la Torre, Luis Callejo, Ruth Díaz, Manolo Solo, Alicia Rubio, Raúl Jiménez, Font García.

Género: Thriller.

Sinopsis: Madrid, agosto de 2007. Curro entra en prisión tras participar en el atraco a una joyería. Ocho años después sale de la cárcel con ganas de emprender una nueva vida junto a su novia Ana y su hijo, pero se encontrará con una situación inesperada y a un desconocido, José.
 
[Información facilitada por Filmaffinity]



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Raúl Arévalo, el actor al que hemos visto ya en diferentes registros, debuta ahora como director de largometraje, tras dirigir un par de cortometrajes, y lo hace con un thriller que ha obtenido muy buena crítica y numerosas nominaciones para los premios Goya que se celebrarán el 4 de febrero. En total opta a once galardones, ahí es nada, entre las que figuran Mejor Película, Mejor Director Novel, Mejor Guión o Mejor Actor Protagonista (Antonio de la Torre y Luis Callejo).

Con Tarde para la ira me he encontrado un largometraje español, sí español, pero muy digno, por no decir magnífico. Ya hemos visto cómo otros actores jóvenes se han atrevido a ponerse detrás de la cámara. A bote pronto me viene a la mente el cine del año pasado con la película A cambio de nada, dirigida por Daniel Guzmán y que le valió también el Goya a la Mejor Dirección Novel. Sin embargo, aquella película no me impresionó tanto como la de Arévalo. Tarde para la ira me parece una cinta en la que no se da puntada sin hilo.

La película cuenta con dos planos temporales. Unas breves e introductorias escenas iniciales nos colocarán como testigos de un robo que sale mal parado. Como consecuencia, Curro acabará entre rejas donde pasará ocho años. Poco antes de obtener la libertad conoceremos a Jose, un tipo solitario, introvertido, callado y serio que acostumbra a echar sus ratos de ocio en el bar de un humilde barrio madrileño. El establecimiento está regentado por Juanjo, de quien es muy amigo, y su hermana Ana, de quien está enamorado en secreto, pero Ana tiene novio que no es otro que Curro, el que está a punto de salir de la cárcel. A su vez, veremos cómo Jose pasa algunas tardes en el hospital, acompañando a un hombre que parece encontrarse en coma.


¿Qué relación hay entre todos estos personajes? ¿A qué se dedica Jose? ¿Quién es el hombre en coma? Las respuestas llegarán en el momento apropiado y serán como una bofetada en toda la cara. Entenderemos cuales son las verdaderas intenciones de Jose, no nos sorprenderá pero si hará que nos removamos inquietos en nuestros asientos, a la espera de que se desate la tragedia, algo que ocurrirá en el último cuarto de la película, cuando Jose desarrolle el plan que parece ha ideado hace tiempo. 

Tarde para la ira cuenta con diversos saltos de escena a escena, especialmente en los primeros compases, que ayudan al espectador a tener una idea general del planteamiento de la película y que son suficientes para ponernos en situación. A partir de ahí se estructura en cuatro partes claramente diferenciadas y que el director ha decidido denominar  El bar, La familia, Curro y La ira, figurando, en esta última parte, un giro de 180º en el argumento y que lo cambia absolutamente todo. Y así llegaremos a un desenlace de esos que gustan a algunos y que otros aborrecen. No es un final abierto propiamente dicho porque los conflictos planteados se resuelven prácticamente en toda su totalidad. Queda únicamente un fleco suelto,  una pregunta que surgen en la mente del espectador y que tiene varias respuestas posibles, todas ellas muy válidas, todas ellas aptas. ¿Por qué Jose actúa en los últimos minutos como lo hace? ¿Qué le mueve a ello? Mientras ves pasar los créditos finales se colarán en tu mente diversas hipótesis y, en el caso de haberla visionado en compañía, surgirá un diálogo entre vosotros de lo más interesante.

Hay escenas especialmente bien rodadas, como un accidente de coche filmada desde el interior del vehículo, u otra de carácter violento pero muy realista a la par que muy bien interpretada. El uso de la cámara es todo un acierto y los planos secuencia o mejor aún, los primeros planos, nos colocan mirándonos frente a frente con los personajes. Tengo la sensación de que, en este largometraje, el director no ha dejado nada al azar, ni los diálogos entre Jose y Curro, en los que a veces se cuela alguna charla o pregunta, poco transcendental pero que no desentona, como la banda sonora que se mueve entre el flamenco y las composiciones cargadas de tensión, destacando una canción de José Manuel Soto que no puede venir más al pelo. 

miércoles, 27 de julio de 2016

CIEN AÑOS DE PERDÓN (THRILLER - 2016).



Año: 2016.

Nacionalidad: Española.

Director: Daniel Calparsoro.

Reparto: Rodrigo de la Serna, Luis Tosar, Raúl Arévalo, Patricia Vico, José Coronado, Joaquín Furriel, Marian Álvarez, Luciano Cáceres, Luis Callejo, Joaquín Climet.

Género: Thriller.

Sinopsis: Una mañana lluviosa, seis hombres disfrazados y armados asaltan la sede central de un banco en Valencia. Lo que parecía un robo limpio y fácil pronto se complica, y nada saldrá como estaba planeado. Esto provoca la desconfianza y enfrentamiento entre los dos líderes de la banda, "El Uruguayo" y "El Gallego". Pero, ¿qué es exactamente lo que buscan los atracadores?



[Información facilitada por Filmaffinity]


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Desde aquella que narraba las peripecias de Bonny and Clyde en el año 67, por poner un ejemplo, hasta nuestros días es fácil encontrar películas sobre atracos a banco y en todas ellas, especialmente en las que se hacen en los últimos tiempos, el fin último de los atracadores no siempre es desplumar la banca. A veces el dinero no es lo más valioso cuando se trata de robar y en la actualidad vale más un leve rumor que, independientemente de su veracidad, puede desembocar en un escándalo que un billete de 500€.

En plena gota fría, con un cielo más propio del fin del mundo y una manta de agua cayendo sin compasión, llegan a las puertas del banco Mediterráneo de Valencia una panda de atracadores. Ataviados con ropajes negros, máscaras y armados hasta los dientes se introducen en el interior del recinto con la intención de arrasar con todo lo que puedan. 




La sinopsis anterior es bastante acertada. Es cierto que lo que en principio iba a ser un robo limpio y rápido comienza a complicarse cada vez. En primer lugar porque uno de los rehenes consigue presionar el botón de alarma, con lo que la policía se persona en cuestión de minutos. Posteriormente porque el plan de evacuación que tenían planeado para salir del banco con el botín se va al traste en los primero diez minutos de metraje. Y por último, porque tras un descubrimiento, se siembra la duda y la desconfianza entre los propios atracadores.

A esto hay que añadirle que Sandra, la directora del banco, está en plena crisis laboral, a puntito de ser despedida de una patada en el culo, lo que le genera un gran estado de indignación, a la vez que siente temor por perder su posición privilegiada, un puesto de trabajo que entendemos le permite una vida muy holgada. Y ahora se presentan seis individuos a robar su banco, ese negocio en el que ella se ha dejado la piel y ha tenido que manipular a sus clientes para que otros se llenen los bolsillos. ¿Será leal?

Pero entre las paredes de este banco hay algo más que dinero. Antes hablaba de lo valiosa que puede ser la información, especialmente si compromete a diversos cargos políticos y banqueros o si la cabeza de la presidencia del gobierno puede terminar colocada en la piqueta. En estos casos, hay que hacer lo posible para que cierta documentación no llegue a la prensa, o a manos de la competencia. Si la ciudadanía llega a conocer ciertos tejemanejes puede repercutir negativamente en las urnas y eso es intolerable. ¿Qué hacer? Pues ni más ni menos que llamar a aquellos que saben cómo manejar la situación, endosar el marrón a otro y limpiar la imagen del político de turno. 

Mentiras, ambición, corrupción, chantajes, escándalo,... son temas que se ponen en evidencia en el largometraje pero habrá más. En Cien años de perdón asistimos a una lucha de fuerzas, entre diversos estamentos y organismos. Resulta pavoroso comprobar, y me creo a pies juntillas lo que se muestra en la película, cómo aquellos que deberían actuar en unidad, simplemente se preocupan de salvar su culo sin mirar a los demás. Que la policía queda en mal lugar, ¡qué más da! Son funcionarios y yo solo soy un pobrecito alto cargo.

Cien años de perdón no es solamente una película que narra el atraco a un banco. El largometraje tiene mucho de denuncia social destapando lo que los ciudadanos, habida cuenta de todos los titulares leídos en los periódicos, ya conocemos. En este sentido, la película tiene un punto de originalidad aunque en algún momento recuerda a otros filmes. En cualquier caso, esas referencias a la actualidad la hacen muy atractiva, así como el enfoque, mostrando inicialmente a unos clientes que tienen el agua al cuello, que se ven obligados casi a mendigar un aplazamiento del pago de la hipoteca, mientras que los chorizos de guante blanco, esos que guardan objetos de valor y grandes fajos de dinero en las cajas de seguridad, esos que viven a costa de los demás, siguen enriqueciéndose aunque alegan sentirse muy afectados por la situación de tantas familias que lo están perdiendo todo. «Ande yo caliente, ríase la gente», ¿no dice eso el refrán? 

Quizá lo que le achaco a la peli es la cantidad de información que se nos suministra con muchísima rapidez. Hay que estar excesivamente atento para no perder detalle pues de otro modo el guión puede resultar bastante confuso. Además nos topamos de frente, y desde el inicio con las típicas casualidades que se dan en este tipo de argumentos. Creíbles o no, suelen aparecer para facilitar el desarrollo de la trama. 

Por otra parte, no le veo mucho ritmo y tampoco excesiva acción a la película pero esto no quiere decir que la película sea aburrida. En realidad es bastante entretenida y se deja ver. Eso sí, la secuencia final me ha parecido muy sosa y deja un regusto tontorrón.

miércoles, 21 de enero de 2015

LA ISLA MÍNIMA (INTRIGA - 2014).


Año: 2014

Nacionalidad: Española.

Director: Alberto Rodríguez.

Reparto: Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, Nerea Barros, Antonio de la Torre, Jesús Castro, Mercedes León, Manolo Solo, Jesús Carroza, Cecilia Villanueva, Salvador Reina, Juan Carlos Villanueva.

Género: Intriga. 

Sinopsis: España, a comienzos de los años 80. Dos policías, ideológicamente opuestos, son enviados desde Madrid a un remoto pueblo del sur, situado en las marismas del Guadalquivir, para investigar la desaparición de dos chicas adolescentes. En una comunidad anclada en el pasado, tendrán que enfrentarse a un feroz asesino.

[Información facilitada por Filmaffinity]



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Isla Mayor es un municipio de la provincia de Sevilla ubicado en los terrenos de las marismas del Bajo Guadalquivir. El río, que por esa zona se ramifica, forma dos islas, siendo una de ellas el pueblo de Isla Mayor y la otra, la tan conocida Isla Mínima, terrenos de cultivos en los que antiguamente había un cortijo pero hoy ha sido reconvertido en hotel.

Cuando todo el mundo hablaba de esta película, a mí se me iban los ojos en otra dirección. No es que no quisiera verla, es que no hacía más que recibir un bombardeo de información que ejerce en mí el efecto contrario. Mejor dejar un tiempo para verla más allá de las primeras semanas de proyección. 

El inicio es espectacular. En la secuencia de los créditos se alternan imágenes con fotografías que parecen enteramente un cerebro seccionado transversalmente pero que no son más que fotografías aéreas de las estructuras fractales de las marismas andaluzas, impresionantes instantáneas tomadas por el fotógrafo onubense Héctor Garrido cuya web os recomiendo visitar aquí

El 17 de septiembre de 1980 desaparecen de un pueblo andaluz en plenas fiestas, dos hermanas adolescentes: Estrella y Carmen. Su padre, Rodrigo, es un barquero de los que cruzan el río Guadalquivir de una orilla a otra. Parece un hombre trabajador y humilde aunque también demasiado callado. Su madre, una simple ama de casa, sometida a los desaires de su marido. La familia es un vivo retrato del rudo mundo rural, tan machista, donde el hombre lleva el pan a la casa y la mujer queda al cuidado de la prole. Hasta allí se desplazan Pedro Suárez (Raúl Arévalo) y Juan Robles (Javier Gutiérrez) dos policías de Madrid para investigar el caso. De la casa familiar falta una cartilla de ahorros a nombre de las niñas y ropa. Entre las pertenencias de las jóvenes, los policías encuentran un folleto sobre el mundo laboral de la mujer. 



Comienzan los interrogatorios. Las compañeras de clase solo saben que las niñas tenían ganas de dejar el pueblo, como todas ellas, pues aquel lugar no ofrece perspectiva ninguna para una juventud que ya no piensa como sus padres. Por otro lado, una vecina del pueblo asegura que vio a las niñas subirse a un coche, un Dyane 6 de color blanco, y parece que lo hicieron por propia voluntad pues iban alegres y riendo. A su vez, la Guardia Civil, que no queda muy bien parada en la película, informa a la policía que las niñas ya han desaparecido alguna que otra vez pero siempre han regresado. En principio, todo apunta a una chiquillada. 

Sin embargo las pistas que van surgiendo inducen a pensar de otra manera. Unos negativos medio quemados y recuperados del brasero por la madre, muestran a las niñas en actitud poco decorosa. Por el pueblo ronda un guaperas (Jesús Castro) que se lleva de calle a todas las chicas de los alrededores y a quien se les vio con las chicas desaparecidas. Un vecino borracho revela a los polis que otras jóvenes han desaparecido en extrañas circunstancias. Una cosa llevará a la otra, a asuntos turbios que no convienen que salgan a la luz, a gente con poderes que podrían estar implicados, a un padre al que le puede la culpa, a narcotraficantes,...  En definitiva, son muchos los que pueden estar detrás de la desaparición de las niñas, desde un familiar, un antiguo novio, un feriante o un temporero.  Los policías irán tirando del hilo y el carrete se irá deshaciendo poco a poco para llegar al meollo de la cuestión en un terreno pantanoso, lleno de canales, de arrozales, caminos intrincados llenos de casas abandonadas en las que es fácil esconderse si conoces la zona.

La Isla Mínima parte como favorita a los Goya. Diecisiete nominaciones en total entre las que figuran a la Mejor Película y al Mejor Guión Original pero, sinceramente, a mí el argumento me pareció de una simpleza aplastante. Había escuchado tantas alabanzas que cuando la terminé de ver me quedé un poco fría. ¿Es que no había entendido absolutamente nada? Aunque flotaban en el aire algunas cuestiones que me habían dejado un tanto descolocada, a priori, el argumento era de fácil asimilación. Pero como andaba con la mosca tras la oreja, me fui a internet, a leer lo que se decía de este largometraje que tanto revuelo estaba causando. Lo que me encontré me dejó más atónita todavía. Entre opiniones que la ensalzaban como obra maestra del séptimo arte, las teorías sobre lo que nos venía a decir esta película circulaban a velocidad de vértigo. Muchos teorizaban sobre las implicaciones de los personajes en el caso criminal. Se hablaba de pequeñísimos detalles donde radicaba la auténtica verdad del asunto, de temas políticos, de trapicheos infames,.... ¡Qué mareo! 

Por suerte, había otros tantos espectadores que no la catapultaban al éxito con tanta inmediatez, cuyas opiniones se asimilaban más a mis propias impresiones. Sea como fuere, lo que está claro es que esta película de Alberto Rodríguez (Grupo 7) ha conseguido que más de uno nos estemos comiendo el tarro a estas alturas de la película,  y nunca mejor dicho. Las distintas hipótesis que he encontrado me han hecho reflexionar y rescatar de mi memoria algún detalle que en un principio pasé por alto, alguna escena que aparentemente era irrelevante o alguna frase en un diálogo que dejaba una pregunta flotando en el limbo. Y es que el director sabe colocar una preciosa guinda a este pastel con una última escena en la que se suelta un pregunta con muy mala leche adornada con un cruce de miradas tensas. A partir de ahí el debate que queda por delante es largo y el espectador es libre de opinar. 

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