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miércoles, 4 de marzo de 2020

LA TRINCHERA INFINITA (DRAMA - 2019 )


Año: 2019

Nacionalidad: España

Director: Jon Garaño, Aitor Arregi, José Mari Goenaga.

Reparto: Antonio de la Torre, Belén Cuesta, Vicente Vergara, José Manuel Poga, Emilio Palacios, José María del Castillo, Carlos Bernardino, Adrián Fernández, Nacho Fortes, Marco Cáceres, Joaquín Gómez, Esperanza Guardado, Óscar Corrales, Enríque Asenjo, Estefanía Rueda.

Género: Drama. 

Sinopsis: Higinio y Rosa llevan pocos meses casados cuando estalla la Guerra Civil, y la vida de él pasa a estar seriamente amenazada. Con ayuda de su mujer, decidirá utilizar un agujero cavado en su propia casa como escondite provisional. El miedo a las posibles represalias, así como el amor que sienten el uno por el otro, les condenará a un encierro que se prolongará durante más de 30 años.

[Fuente: Filmaffinity]



La trinchera infinita es una película para degustar. Nos acerca a una realidad de la Guerra Civil, a otra más, aunque el tema ya se ha abordado en otros largometrajes, como Los girasoles ciegos, película dirigida por el recién fallecido José Luis Cuerda en 2008, y protagonizada por Maribel Verdú, Javier Cámara y Raúl Arévalo. Aquella cinta estaba basada en el volumen homónimo de relatos firmado por Alberto Méndez. Aún así, no deja de ser interesante el retrato de la vida de los "topos", como se llegó a conocer a todos esos hombres que, con el advenimiento de la guerra, vivieron encerrados y ocultos en sus propios domicilios durante años, gente que solo se atrevió a dejar su prisión a partir de la publicación del decreto-ley de 1969, declarando la prescripción de todos los delitos cometidos antes del 1 de abril de 1939.

La acción de La trinchera infinita se inicia en Andalucía, en el año 1936. Quiero entender que se desarrolla en algún pueblo sevillano, por las referencias a los municipios de Arahal y Carmona, que también forman parte de la provincia de Sevilla. En ese pueblo, del que no sabremos su nombre pero que representa a cualquiera de los muchos que componen el horizonte andaluz, amanece un día con revueltas. El tranquilo descanso de los aldeanos se ve interrumpido por voces y gritos. Llegan los militares. Rebuscan en las casas, desordenan todo, y detienen a todos los que figuran en una lista maldita. Andan buscando a los rojos y especialmente a todos aquellos que formaban el antiguo gobierno republicano del municipio. Higinio Blanco (Antonio de la Torre) es uno de los objetivos. Recién casado con Rosa (Belén Cuesta), intenta evitar el fusilamiento que se le avecina, tras una detención y huída, consigue refugiarse en su casa, ocultándose en un hueco cavado en la cocina de su hogar. Es un pueblo dividido como lo estuvo España. Los que antes mandaban ahora son perseguidos. Los que un día perdieron a un ser querido en un fusilamiento, claman ahora venganza. Solo queda guarecerse bajo tierra y esperar, esperar a que todo pase, a que surja la posibilidad de huir y alejarse del pueblo, pero la ocasión no se presenta. Higinio queda emparedado. Y mientras, Rosa hará frente a lo que se le ponga por delante, siempre en el filo de la picota, con la sospecha persiguiéndola día y noche. ¿Dónde está tu marido, Rosa? Tras la Guerra Civil, llegará la II Guerra Mundial que trae la esperanza de los Aliados, pero los años pasan, uno tras otro, con una cadencia que hace insoportable la vida del matrimonio. ¿Hasta cuándo así?

De La trinchera infinita me han gustado muchas cosas. Creo que una historia como esta debe despertar el interés y la curiosidad de todos. ¿Cómo es posible que una persona pueda vivir treinta años oculta en su casa, sin poner un pie en la calle? ¿Cómo se hace eso en un pueblo pequeño en el que, a duras penas, se puede guardar un secreto? Así ocurrió, y esta película no es más que el reflejo de una realidad, que dio como resultado la "resurrección" de muchos hombres tras aquel decreto-ley de 1969, como ocurrió con Protasio Montalvo (38 años oculto); Juan y Manuel Hidalgo España (28 años ocultos); o Manuel Cortés Quero (30 años oculto). Tienes toda la información en este reportaje de La Sexta.

Pero la trama viene potenciada por las interpretaciones de Antonio de la Torre y Belén Cuesta que se mimetizan perfectamente con sus personajes. Ambos retratan con acierto a esos hombres y mujeres de pueblo, con sus expresiones propias, con su acento marcado, que han tenido siempre una vida sencilla hasta el momento del Alzamiento. Aunque claro, también había otro lado de la barrera. De la Torre y Cuesta conectan y si él está magnífico, ella está inconmensurable. Se llevó el Goya. No es para menos. Esta mujer, a la que muchas veces hemos visto en papeles con tintes cómicos sabe lo que es el drama. El brío, la potencia y la garra que pone en su personaje es digna de admirar. Tiene miedo, titubea ante los interrogatorios, la muelen a palos, vive escenas humillantes, tiene que cometer un acto deleznable, y su tristeza es tan infinita como esa trinchera en la que su marido vive sin vivir.  Solo tiene un sueño, y a pesar de todo, lo cumplirá. Aunque para ello tenga que mirar hacia otro lado y no cuestionarse aquello que no le interesa, aunque tenga que estar sola para todo, soportando sobre su propia espalda no un secreto, sino dos, esquivando las malas intenciones de los vecinos que andan husmeando y al acecho constantemente. 

En La trinchera infinita, la atmósfera es otro personaje más. Los años van pasando y la melancolía, la nostalgia y la pesadumbre lo va envolviendo todo. A Higinio, la vida se le ha escapado de las manos, pero también a Rosa. Ni un paseo por el pueblo, ni una celebración familiar, ni unas vacaciones, ni siquiera aquel viaje de novios a Marbella que jamás pudieron hacer y que ahí sigue, con la esperanza de una liberación. Y la luz, o la ausencia de ella, tan bella, pues se hace necesario salvaguardar el interior de la casa de las posibles miradas, ocultar el secreto más terrible. Penumbra que embellece una fotografía, en la que destaca algún tímido rayo de sol que se cuela por la ventana, mientras en el aire flota las motas de polvo. Es casi poético. 

Pero también tengo que admitir que hay aspectos que no me han gustado. En cine, el sexo es un recurso que a veces solo sirve de relleno. No tiene por qué haber sexo en todas las películas, ni en todas las novelas. En La trinchera infinita, las escenas apasionadas entre Higinio y Rosa me han sobrado. No me resulta creíble que la pareja, que tiene el agua al cuello, con el enemigo al otro lado de la pared, cuyas voces se filtran por los muros, se entreguen a una excitación desenfrenada. Quizá me equivoque, pero creo que el miedo a ser descubierto anula todo deseo. 


Por otra parte, este largometraje tiene una duración de 147 minutos, una longitud excesiva, a mi juicio, para una historia en la que el eje principal es el encierro de Higinio, que se mantiene ocupado escuchando la radio, ayudando a su mujer en las tareas de costura, haciendo lo deberes de su hijo, mientras giran alrededor de ese núcleo, unos acontecimientos colaterales que repercuten de un modo u otro en la reclusión del protagonista. Considero que hay episodios de los que se podía haber prescindido o compactado; o hacer un mayor uso de la elipsis narrativa.  Digamos que en el segundo tercio de la cinta, se vuelve algo más ralentizada, pero ganando ritmo minuto a minuto, para llegar a un último bloque en el que se alternan situaciones de estrés y acción con escenas preciosas, cargadas de nostalgia. La vida ha pasado ya, Higinio, mientras tú estabas ahí encerrado. Eso es lo que parece pensar el personaje, mientras acaricia con sus dedos los muebles de la casa, mientras observa viejas fotografías, mientras, camuflado en la penumbra, observa la transformación de su pueblo. Toda la vida perdida por unos ideales políticos. ¿Merece la pena? En la película, Higinio se responde a sí mismo. 

Y llegamos a un desenlace pletórico, potente, enérgico, una discusión entre Higinio y Rosa. Él se siente derrotado, acogotado por el miedo que le ha corroído las entrañas. Ella es un huracán. Solo por esa escena, solo por ese instante, merece la pena ver esta película. Belén Cuesta inmensa y gloriosa. Y una escena final que no deja una pregunta en el aire, sino una respuesta.

En un punto intermedio, la caracterización. Si dividimos en tres partes los treinta años que pasa Higinio emparedado, diría que en el segundo tercio, de la Torre está perfectamente caracterizado. Diez años más viejo, se le nota fondón, con el pelo algo ralo y el rostro más abotagado. Sin embargo, me falta ver a Belén Cuesta con esos diez años más, me falta notar el cansancio en su rostro. Por el contrario, en el último tercio de la cinta, ocurre todo lo contrario. A ella se le nota una vejez natural, con la piel más apergaminada, y el cuello lleno de arrugas, pero él no soporta primero planos. Se nota excesivamente los emplastos de látex.

En cambio la dirección de la película es un capítulo que no debemos olvidar. Los primeros minutos del largometraje, la acción es acelerada. Hay que correr, hay que huir de un fusil dispuesto a acabar con tu vida, y para ello, la cámara acompaña a Higinio en su huída por el prado. Hay que adaptarse ligeramente al vaivén del objetivo, poca cosa, a cambio de conseguir la sensación de verosimilitud. Pero luego, qué buen efecto causa esa cámara enmarcando constantemente los ojos de un Higinio que, encerrado entre penumbras, intenta otear a través de rendijas lo que ocurre fuera de su zulo. 

La trinchera infinita es un largometraje muy cuidado. Con una acción que se desarrolla a lo largo de treinta años, se hace necesario acudir a diversos recursos para situar al lector en el tiempo. La música, con temas como La Campanera de Joselito (que también fue banda sonora de Manolito Gafotas), y un Julio Iglesias cantando La vida sigue igual, nos ayudan a entender en qué década estamos. Sirven también las noticias que escucha Higinio en la radio, como la entrada de España en la ONU, o las que lee en las revistas, como el boom del turismo en la Costa del Sol. Y para espectadores despistados, es fácil localizar en alguna secuencia aquellos almanaques publicitarios que todos hemos tenido en casa. Y es que, como digo, todo está cuidado, no solo la peluquería y el vestuario, sino también todos esos objetos decorativos de la casa de Higinio y Rosa, que nos trasladan al pasado.

Con algún toque de humor -"Parece una señora disfrazada", le dirá Rosa a Higinio al ver a Franco en el Nodo-, y alguna escena más protagonizada por el cartero y su amor, La trinchera infinita está estructurada como en capítulos, cada uno de ellos encabezado por una palabra y su correspondiente definición -Campeada, Encerrar, Amnistía,...- que, de algún modo, resumen ese fragmento de película.

Poco más voy a aportar. ¿Me ha gustado la película? Pues sí, me ha gustado mucho la historia, la interpretación de Antonio de la Torre y, especialmente, la de Belén Cuesta, me ha gustado la dirección, la fotografía, la atmósfera. Eso sí, creo que la excesiva duración le ha restado brillo al largometraje. Aún así, la volvería a ver y, por supuesto, la recomiendo. 




Tráiler:

         Puedes adquirirla aquí:

          


miércoles, 23 de enero de 2019

EL REINO (THRILLER - 2018)

Año: 2018

Nacionalidad: Española.

Director: Rodrigo Sorogoyen.

Reparto: Antonio de la Torre, Josep María Pou, Nacho Fresneda, Ana Wagener, Mónica López, Bárbara Lennie, Luiz Zahera, Francisco Reyes, María de Nati, Paco Revilla, Sonia Almarcha, David Lorente, Andrés Lima, Óscar de la Fuente, Laia Manzanares, Max Marieges.

Género: Thriller.

Sinopsis: Manuel, un influyente vicesecretario autonómico que lo tiene todo a favor para dar el salto a la política nacional, observa cómo su perfecta vida se desmorona a partir de unas filtraciones que le implican en una trama de corrupción junto a Paco, uno de sus mejores amigos. Mientras los medios de comunicación empiezan a hacerse eco de las dimensiones del escándalo, el partido cierra filas y únicamente Paco sale indemne. Manuel es expulsado, señalado por la opinión pública y traicionado por los que hasta hace unas horas eran sus amigos. Aunque el partido pretende que cargue con toda la responsabilidad, Manuel no se resigna a caer solo. Con el único apoyo de su mujer y de su hija, y atrapado en una espiral de supervivencia, Manuel se verá obligado a luchar contra una maquinaria de corrupción que lleva años engrasada, y contra un sistema de partidos en el que los reyes caen, pero los reinos continúan.

[Fuente: Filmaffinity]


¿Qué es un fontanero dentro del mundo de la política? Muchos seguro que lo sabéis. Se dice que es una figura clave cuando no se juega limpio. Y se dice también que todos los partidos políticos, independientemente de la ideología, tienen su propio equipo de fontanería. Si esto es así, resulta muy poco tranquilizador para cualquier español que madrugue para ir a trabajar y pase horas sin ver a su familia por un sueldo irrisorio, y mucho menos tranquilizador para aquellos que no tengan que madrugar porque simplemente no tienen trabajo. Lo cierto es que los 'fontaneros políticos' existen. Se encargan de complicadas negociaciones, completamente legales, que deben ser llevadas con la máxima discreción para conseguir el objetivo planteado pero también, se denominan 'fontaneros' a aquellas figuras que hacen el trabajo sucio dentro los partidos políticos, los que consiguen información de difícil acceso, los que gestionan arreglos que no deben salir a la luz pública.

La corrupción política, en un bando u otro, ocupa buena parte de los titulares de los periódicos y abre casi a diario los informativos en televisión. El poder corrompe, el ansia de dinero también y todo es de color de rosa hasta el momento en el que te trincan. Entonces estás perdido para siempre porque te conviertes de un segundo a otro en un cadáver, en un ser invisible que nadie conoce y al que todo el mundo da la espalda. El 'sálvese quien pueda' elevado a la máxima potencia. Al corrupto le quedan pocas salidas. En resumidas cuentas, esto es lo que nos narra El reino, la última película del cineasta Rodrigo Sorogoyen que prueba suerte con un tema de máxima actualidad y repite en el reparto con un Antonio de la Torre que cambia su papel de policía (Que Dios nos perdone) por el de político corrupto. 

Todo se inicia así. Reunión de la ejecutiva autonómica del partido en un restaurante de la costa. Todos los comensales dan buena cuenta de ricos manjares y buenos caldos, entre risas y chascarrillos. Están relajados, son felices, se les nota con tan solo mirarlos, conversan sobre otras personas ausentes, dan nombres, acuerdan un nuevo encuentro,  mientras bromean con una libreta de pastas verdes, que circula de mano en mano, y donde figuran numerosas anotaciones. Por el momento, desconocemos de qué tipo. 

Un aparato de televisor a escasos metros emite las noticias. Concretamente una llama la atención de los presentes. Asunción Ceballos (la jefa), presidenta del partido, concede una rueda de prensa para presentar a su nueva mano derecha, Rodrigo Alvarado. Este joven juez de la Audiencia Nacional en excedencia será el nuevo Vicesecretario General y viene dispuesto a limpiar su partido de cualquier actividad que enturbie su imagen.

Pocos días después saltan las alarmas. Uno de los anterioree comensales, Francisco Castillo (Nacho Fresneda), Vicesecretario autonómico, es detenido por manipulación de concurso público. No pasa nada, un limpiado de cara y listo. Sin embargo, el otro Vicesecretario, Manuel López Vidal (Antonio de la Torre) recibe la llamada intempestiva de un informador. Está en el punto de mira. Hay grabaciones. Alguien ha dado el chivatazo. Todo se desata y Manuel se va a caer con todo el equipo. Con el agua al cuello, intentará librarse de los delitos de prevaricación, fraude continuado, cohecho, estafa y no sé cuántas cosas más,.... pero ¡oye, que cada uno se trague su propia mierda y si te he visto no me acuerdo! Será entonces cuando Manuel ponga en marcha un plan desesperado y contra el reloj para tirar de la manta y llevarse por delante a todo el que pille. No es asunto baladí. Estos tipos juegan duro.

Comentaba antes que los casos de corrupción están a la orden del día y será por ello que, en este largometraje, no se especifica nombre de partido, no se utiliza nombres de operación anti-corrupción conocidas, no se dan datos que puedan conectar la trama con algún caso real pero, los hechos narrados tienen lugar en 2007 y por entonces saltó a la luz la trama Gürtel. En cualquier caso, y viendo los datos que contienen esa libreta de tapas verdes, nos queda muy claro que España está completamente podrida. 

Y frente a los políticos tenemos a los periodistas, un gremio representado  por Amaia Marín (Bárbara Lennie), una joven con éxito, presentadora de un programa de debates con buena audiencia y contenido interesante. Pero cuidado, no te pases. Si hablas más de la cuenta tu cabeza puede peligrar. La integridad está muy bien pero de integridad no se come, por eso Jacobo prefiere ser confidente y arrimarse a la sombra que más cobije. No obstante, la prensa puede ser un arma importante, un vehículo de salvamento para un político corrupto que agote sus últimos cartuchos, salvo que la prensa te ponga entre la espada y la pared. El desenlace que nos ofrece Sorogoyen deja una pregunta en el aire, formulada en un momento crucial, definitivo, que muy probablemente sepultará a Manuel López para el resto de su vida.

De El reino (en Andalucía siempre lo llamamos El cortijo) me gustan muchas cosas. La temática es actual e interesante, a lo que se le une el punto de vista. Siempre nos acercamos a los casos de corrupción desde fuera y por lo que leemos en los periódicos y vemos en la televisión, pero ¿qué tejemanejes se mueven por dentro? ¿Cómo se trata al pardillo que han trincado con las manos en la masa? ¿El partido lo protege, lo apoyo, lo ampara? Y por otra parte, ¿cómo viven estos corruptos el devenir de un oscuro futuro en el seno familiar? ¿Las esposas o maridos permanecen a su lado? ¿Los hijos sienten asco o por el contrario se compadecen de ellos? El reino nos muestra todo eso porque las consecuencias de ser descubiertos llegan mucho más allá del entorno laboral, de las puertas del despacho o de los límites del partido pero ese ambiente íntimo que muestra esta película es muy sutil. Me hubiera gustado mayor nivel de profundidad.

Por otra parte, la película deja caer que no somos tan diferentes a todos esos ladrones de guante blanco, lo que ocurre es que algunos 'mangonean' a gran escala y otros simplemente menudean. No quiero desvelar ningún dato más pero hay una escena fantástica que nos lanza ese mensaje a la cara como una bofetada a mano abierta.

Y si le tengo que poner alguna pega a este largometraje es la ocasional falta de definición del guion. Se dan muchos nombres en muy poco tiempo y al mismo personaje se le nombra de dos formas distintas constantemente, por su nombre de pila y por su apellido. Esto es habitual y poco confuso si eres parte del entramado pero para un espectador, que llega de nuevas a una historia y a unos personajes, resulta un poco caos. Confieso que, en algunos momentos, me costó seguir el hilo a tanto nombre y a tanto cargo. 

Además creo que se vuelve algo lenta en los medios, lo que es un gran inconveniente si encima es larga, como es el caso. Eso sí, los últimos compases son brutales. Hay una escena tremebunda. Muy bien rodada, con mucha tensión, muy angustiosa y que seguro que os encanta.

Dicho lo cual, habrá que hablar de los personajes,  muy bien definidos. Son tipos que vienen de vuelta de todo. Son gente que entran por la puerta de atrás de los establecimientos, que se mueven como Pedro por su casa en cualquier situación y espacio, sin dar explicaciones, seguros de sí mismos, que beben Martín Millers o Yamazaki, que pasan los fines de semana embarcados y navegando por los mares, cantando, bebiendo, que reciben regalos caros y que tienen un tren de vida alucinante. Están acostumbrados a conseguir lo que se proponen, a dictar las normas, a manipular, a amenazar y a recibir amenazas, a darse palmaditas en la espalda para posteriormente clavarse un cuchillo de siete metros. Me ha gustado muchísimo el personaje de Luis Cabrera, divinamente interpretado por Luiz Zahera. ¡Qué chulería la suya!  Lo mismo opino del papel de Asunción Ceballos, la presidente del partido a la que da vida Ana Wagener. Menuda víbora pero qué bien finge la muy... 

Pero aquí el plato fuerte se lo come Antonio de la Torre, uno de mis actores favoritos y, ¡ay! me ha tenido montada en una noria toda la película. Su interpretación de Manuel López no me ha convencido completamente. Hay que reconocer que tiene tres o cuatro escenas buenísimas, muy potentes y muy bien interpretadas pero en el resto, no sé, en esta ocasión me ha transmitido poca credibilidad. Es como si no estuviera implicado en el papel, como si la cosa no fuera con él, salvo en esos momentos que señalé antes. 

Casi lo mismo me ha pasado con Bárbara Lennie en su papel de Amaia Marín. Me ha faltado chispa. Salvo en el último asalto, la actriz me resulta apagada, sin fuerza, sin ánimo. La he visto en otros trabajos con mucha más fuerza y aquí  se me ha quedado corta

En cuanto a la dirección, aplaudo una de las escenas finales, la que mencioné antes. Casi tengo que acudir de urgencias al dentista de tanto apretar los dientes. Me gustó algún juego empleando los reflejos en los espejos y los planos-secuencias, especialmente el que tiene lugar en Andorra.

Y ya por último, la banda sonora. Un tema electrónico, rítmico, intenso, reflejo del estilo de vida que llevan estos hombres y mujeres. Yo he percibido siempre el mismo tema que se repite y que aflora en las escenas de mayor tensión. Funciona perfectamente y como contrapunto el 'Volare' de los Gipsy King, que acompaña a los protagonistas en su dolce vita.

El reino opta al Goya como Mejor Película. Cuenta con doce nominaciones más como Mejor Direccion, Mejor Guion Original, Mejor Actor Protagonista (Antonio de la Torre), Mejor Actor de Reparto (Luis Zahera) y otras tantas más. Ya veremos qué pasa. A mí, la película me gustó por la temática pero me esperaba algo más y, sinceramente, tengo otro largometraje como favorito. Pero hay que ser realistas, El reino tiene un director con prestigio, un reparto de altura y una temática de actualidad. Seguramente se llevará más de un gato al agua.


Tráiler:





miércoles, 17 de enero de 2018

EL AUTOR (DRAMA - 2017)


Año: 2017

Nacionalidad: Española.

Director: Manuel Martín Cuenca, Alejandro Hernández.

Reparto: Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre, Adelfa Calvo, María León, Adriana Paz, Tenoch Huerta, Rafael Téllez, Craig Stevenson, Miguel Ángel Luque, Carmelo Muñoz Adame, Domi del Postigo.

Género: Drama

Premios: Nominada Mejor Película para Los Goya.

Sinopsis: Álvaro (Javier Gutiérrez) se separa de su mujer, Amanda (María León), una exultante escritora de best-sellers, y decide afrontar su sueño: escribir una gran novela. Pero es incapaz; no tiene talento ni imaginación... Guiado por su profesor de escritura (Antonio de la Torre), indaga en los pilares de la novela, hasta que un día descubre que la ficción se escribe con la realidad. Álvaro comienza a manipular a sus vecinos y amistades para crear una historia, una historia real que supera a la ficción... Adaptación de 'El móvil'.

[Fuente: Filmaffinity]





En el mes de octubre publiqué la reseña de un libro titulado El móvil (puedes leer la reseña aquí). Se trataba de un relato breve, una de las primeras obras publicadas por el autor extremeño Javier Cercas. Fue redactando aquella reseña cuando tuve conocimiento de la adaptación al cine que se estaba preparando de aquella historia, cuyo director sería Manuel Martín Cuenca (Caníbal, 2013 o La flaqueza del bolchevique, 2003), y contaría con nombres como Javier Gutiérrez, María León y Antonio de la Torre en el reparto. La película se estrenó el pasado mes de noviembre, figurando a día de hoy todavía en cartelera, y con el aplauso de la crítica, se presenta a los Goya con nueve nominaciones entre las que destacan las categorías de Mejor Película, Mejor Actor Protagonista (Javier Gutiérrez), Mejor Actor de Reparto (Antonio de la Torre) o Mejor Guion Adaptado.

Dicen que rectificar es de sabios y siendo así, a mí me toca hacerlo en este momento pues tengo que confesar que la primera vez que vi la película quedé un tanto decepcionada. Para empezar sentí que existían demasiadas omisiones y añadiduras en el guion, que el protagonista de la historia no me terminaba de convencer y el ritmo era demasiado lento, de tal modo que me costaba mantener la atención en un relato cuya versión literaria me había fascinado. No obstante, opté por verla una segunda vez y en esta ocasión es justo decir que mis impresiones cambiaron radicalmente. En el segundo visionado me olvidé del relato de Javier Cercas, me dispuse a disfrutar del largometraje como si no tuviera una fuente de inspiración y descubrí que la película es fabulosa en todos los sentidos. ¿Dónde estaba el problema entonces? Pues creo que en la idea que me había hecho, en pensar que me iba a topar con un calco del relato literario cuando resulta que esta película no deja de ser una adaptación.

El largometraje comienza durante una masterclass sobre escritura creativa. A la charla acude Álvaro (Javier Gutiérrez) junto a sus compañeros del taller de escritura al que asiste por las noches y que dirige Juan (Antonio de la Torre). Escribir es la verdadera pasión de Álvaro, sueña con convertirse en un importante escritor, creador de buena literatura, pero mientras su sueño se cumple y no, no le queda más remedio que trabajar como ayudante en una notaria. Sus días transcurren entre escrituras y expedientes que se amontonan a ambos lados de su mesa, ubicada en un estrecho cubículo donde tiene que aguantar a un compañero insoportable, rancio, provinciano, fácilmente impresionable, muy dado a la verborrea y a la conversación intrascendente. 

Álvaro se siente un fracasado, especialmente cuando a su mujer, Amanda García Carvajal (María León) le otorgan la Medalla de Oro de Andalucía por haberse convertido en autora revelación con la publicación de su primera novela de la que ha vendido 300.000 ejemplares. Es entonces cuando su vida se trastoca por completo. Perderá estabilidad personal, laboral, marital y emocional, naufraga, se siente hundido, no consigue escribir algo que tenga un mínimo de calidad pero no tira la toalla. Cuando Juan le abre los ojos, él decide narrar la vida de sus vecinos, gente diversa, con diferentes estilos de vida, de distintas edades y condición. Para ello pone en marcha un plan peliagudo del que mejor no os desvelo nada. Sólo os diré que el quid de la cuestión está en crear drama. Si hay drama, hay novela. Y sabed que la inspiración está en la calle, que hay que investigar la vida y que la historias las tenéis delante de vuestras narices. Ahora bien, ¿todo vale con tal de escribir una buena novela? ¿Cuáles son los límites a los que se tiene que restringir un escritor? Estas son las preguntas que lanza la película y que nos ofrece, además, un doble final, a cual más sorprendente. Cuando pensábamos que la historia había llegado a su fin, el argumento sigue avanzando, rizando aún más el rizo, porque Álvaro quiere que el desenlace de su libro sea inigualable.

El argumento de El autor sirve también como vehículo crítico, pues plantea un debate que nos persigue a todos los que nos gusta leer y especialmente a los que les gusta escribir. ¿Qué es realmente literatura? ¿Qué calidad tienen aquellos libros que más venden hoy en día? En ese sentido el matrimonio formado por Álvaro y Amanda sirve para poner la cuestión sobre la mesa. Álvaro aspira a escribir historias solventes, potentes, con personajes poderosos, que dejen huella y cuyos trabajos recuerden a los grandes nombres de la Literatura universal, mientras que Amanda es una escritora de best-seller, su novela no es más que literatura de masas, como se la llega a definir en el largometraje, pero eso sí, vende libros como churros. ¿Qué debe primar sobre qué? ¿Es lícito sacrificar la calidad literaria en favor de ocupar el top de ventas? La eterna diatriba. 

Y es que inventar historias, escribir novelas, idear personajes,... no es tarea fácil. El novelista tiene que enfrentarse al vacío y crear algo de la nada, mientras se estruja su magín. Todos hemos oído hablar del bloqueo del autor, del miedo al folio en blanco, cuestiones que quedan muy bien reflejadas en la película que cuenta con un toque simbólico. Todo lo que rodea a Álvaro en su lugar de trabajo es blanco. Las paredes de la habitación, su mesa, la silla en la que sienta hora tras hora tecleando, la pantalla de ordenador, el teclado, el ventilador que refresca sus ideas, las ventanas,... Todo es blanco como blanco es el papel que los escritores deben emborronar con buenas historias. 

Sobre el reparto, resulta impensable pasar por alto el magnífico trabajo de Javier Gutiérrez, que se envuelve con la piel de un personaje muy visceral. Cualquier experiencia relacionada con la literatura, cualquier muestra de ánimo, cualquier consejo importante que le den, lo lleva a una especie de éxtasis que torna sus ojos en agua, con la mirada ida, tal como si hubiera tenido una experiencia religiosa. Gutiérrez, con alguna escena de desnudo impactante, se enfrenta a un personaje manipulador, obsesivo, delirante, y para ello se vale de unos diálogos tramposos, mezquinos, esquivos, llenos de engaños y mentiras a los que acompaña de manera sobresaliente su lenguaje gestual, las facciones de su rostro, sus frías miradas. Álvaro es un lobo con piel de cordero y Gutiérrez lo sabe.

María León tiene un papel interminente. Su personaje, Amanda García Carvajal, asoma en los momentos más puntuales. Primero para hundir a su marido con el premio que le han otorgado y después para restregarle su éxito y darle consejos de tres al cuarto. Su interpretación no es especialmente brillante a mi juicio pero es cierto que su personaje tiene un punto de parodia muy divertido al que ella sabe sacarle punta, y que nos muestra a esos personajillos que alcancen el éxito rápido con un producto mediocre. 

Antonio de la Torre también tiene un papel menor pero no por ello menos importante. Está descomunal en los momentos más punzantes de su personaje, ese profesor de escritura que tiene la difícil labor de comunicar al aspirante a escritor si tiene madera de novelista o no, que se cree íntegro pero cuando le conviene es un hipócrita de padre y muy señor mío. En un momento dado, el actor saca su furia interior para volcar en Álvaro lo que realmente piensa de él. Sus palabras son hirientes, duras, ásperas,... Escuecen tanto que hasta el mismo espectador se achica, se siente pequeño y se hunde en su propio asiento. 

miércoles, 22 de febrero de 2017

QUE DIOS NOS PERDONE (THRILLER - 2016)



Año: 2016

Nacionalidad: Española.

Director: Rodrigo Sorogoyen.

Reparto: Antonio de la Torre, Roberto Álamo, Javier Pereira, Luis Zahera, Raúl Prieto, María de Nati, María Ballesteros, José Luis García Pérez, Mónica López, Rocío Muñoz-Cobo, Teresa Lozano, Francisco Nortes, Andrés Gertrúdix, Jesús Caba, Alfonso Bassave, Raquel Pérez.

Género: Thriller. Policíaco.

Sinopsis: Madrid, verano de 2011. Crisis económica, Movimiento 15-M y millón y medio de peregrinos que esperan la llegada del Papa conviven en un Madrid más  caluroso, violento y caótico que nunca. En este contexto, los inspectores de policía Alfaro (Roberto Álamo) y Velarde (Antonio de la Torre) deben encontrar al que parece ser un asesino en serie cuanto antes y sin hacer ruido. Esta caza contrarreloj les hará darse cuenta de algo que nunca habían pensado: ninguno de los dos esta tan diferente del asesino.

[Información facilitada por Filmaffinity]



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Que Dios nos perdone es de las últimas películas que me quedaban por ver de las nominadas a Mejor Película en los últimos premios Goya. El hecho de que Roberto Álamo se alzara con la estatuilla a Mejor Actor Protagonista y que, como compañero de reparto tuviera a Antonio de la Torre eran un aliciente para mí. Realmente la sinopsis me resultaba interesante y grosso modo, y excepto algunos detalles, me he encontrado con lo que esperaba, una película policíaca.

Estamos en verano y hace mucha calor en Madrid. Mientras algunos pueden tomarse vacaciones el Cuerpo Nacional de Policía está más atento que nunca. Son muchos los frentes que tiene abierto. Por un lado, todo el movimiento 15-M que aún colea, hay muchos visitantes extranjeros haciendo turismo y por si fuera poco, se espera la visita de Benedicto XVI. Con este panorama Javier Alfaro y Luis Velarde tienen que enfrentarse  a un caso complicado, a una serie de asesinatos en los que diversas mujeres pierden la vida al ser asaltadas con objeto de robarle sus pertenencias. Sin embargo, más allá de considerarse inicialmente asesinatos independientes, los inspectores de policía llegan a la conclusión que el móvil no es el robo sino la violación y que todas ellas, mujeres de avanzada edad, han perdido la vida a manos del mismo hombre. La trama de la película consistirá en la investigación y en la búsqueda de ese asesino con un claro perfil psicológico, a la par que el espectador también asiste a ciertas crisis personales que aquejan a ambos policías. 




A grandes rasgos este es el guion de la película, un guion bien construido salvo hacia el final en el que hay un par de situaciones que han roto con un trabajo aceptable. Por un lado, y teniendo en cuenta que la cinta es más bien plana en lo que a suspense se refiere, se agradece una escena cargada de tensión, favorecida por la intermitencia de una bombilla que no quiere funcionar correctamente. Sin embargo, justo en el momento álgido tendrá lugar un hecho que bajo mi punto de vista no resulta nada creíble.

Tampoco me parece muy acertadas algunas casualidades que se producen y que dan pie a que el caso se enroque aún más o que el asesino se escabulla cuando está a punto de ser detenido de la manera en la que lo hace, siendo tan enclenque y teniendo que enfrentarse al robusto Alfaro.  Pero si el asesino no tiene que dos "guantás", no entiendo cómo se desarrollan así los hechos.

En cuanto al desenlace,  sustentada más en una venganza personal que profesional, pondrá en evidencia el título de la película. Que Dios nos perdone viene a decirnos que ninguno estamos libre de pecado, que los buenos no son tan buenos y que los malos no lo parecen tanto si entramos en comparaciones.

Pero quizá una de las preguntas más contundentes que me surgen tras ver la película es: ¿por qué mostrar así a los miembros del Cuerpo Nacional de Policía? La cinta explora el ambiente enrarecido que se puede respirar dentro de una comisaría, donde un policía, un mal policía, no deja de tener trifulcas con sus compañeros metiéndose en líos constantemente. No dudo que algo así pueda ocurrir pero no sé si el nivel de violencia que nos deja entrever la película se ajuste a la realidad. 

Javier Alfaro es un policía muy desfasado, un mal ejemplo y eso nos puede hacer pensar que hay tipos por la calle portando un arma y que no están en sus cabales, algo que me creo totalmente. Desde luego el personaje no da muy buena imagen del cuerpo pero para enmendarlo, hacia el ecuador de la cinta, y cuando el caso está en toda su salsa, se hace una especie de discurso ensalzador de esta profesión, señalando que los policías son los únicos salvadores este caótico y loco mundo, lleno de indeseables. El discurso en si chirría un poco por la gravedad con la que se pronuncia aunque no cabe duda de que es una profesión arriesgada y que desarrolla una labor inconmensurable. De todos modos, esto es una película y no sé si un discurso así debería tener cabida.

miércoles, 18 de enero de 2017

TARDE PARA LA IRA (THRILLER - 2016).



Año: 2016.

Nacionalidad: Española.

Director: Raúl Arévalo.

Reparto: Antonio de la Torre, Luis Callejo, Ruth Díaz, Manolo Solo, Alicia Rubio, Raúl Jiménez, Font García.

Género: Thriller.

Sinopsis: Madrid, agosto de 2007. Curro entra en prisión tras participar en el atraco a una joyería. Ocho años después sale de la cárcel con ganas de emprender una nueva vida junto a su novia Ana y su hijo, pero se encontrará con una situación inesperada y a un desconocido, José.
 
[Información facilitada por Filmaffinity]



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Raúl Arévalo, el actor al que hemos visto ya en diferentes registros, debuta ahora como director de largometraje, tras dirigir un par de cortometrajes, y lo hace con un thriller que ha obtenido muy buena crítica y numerosas nominaciones para los premios Goya que se celebrarán el 4 de febrero. En total opta a once galardones, ahí es nada, entre las que figuran Mejor Película, Mejor Director Novel, Mejor Guión o Mejor Actor Protagonista (Antonio de la Torre y Luis Callejo).

Con Tarde para la ira me he encontrado un largometraje español, sí español, pero muy digno, por no decir magnífico. Ya hemos visto cómo otros actores jóvenes se han atrevido a ponerse detrás de la cámara. A bote pronto me viene a la mente el cine del año pasado con la película A cambio de nada, dirigida por Daniel Guzmán y que le valió también el Goya a la Mejor Dirección Novel. Sin embargo, aquella película no me impresionó tanto como la de Arévalo. Tarde para la ira me parece una cinta en la que no se da puntada sin hilo.

La película cuenta con dos planos temporales. Unas breves e introductorias escenas iniciales nos colocarán como testigos de un robo que sale mal parado. Como consecuencia, Curro acabará entre rejas donde pasará ocho años. Poco antes de obtener la libertad conoceremos a Jose, un tipo solitario, introvertido, callado y serio que acostumbra a echar sus ratos de ocio en el bar de un humilde barrio madrileño. El establecimiento está regentado por Juanjo, de quien es muy amigo, y su hermana Ana, de quien está enamorado en secreto, pero Ana tiene novio que no es otro que Curro, el que está a punto de salir de la cárcel. A su vez, veremos cómo Jose pasa algunas tardes en el hospital, acompañando a un hombre que parece encontrarse en coma.


¿Qué relación hay entre todos estos personajes? ¿A qué se dedica Jose? ¿Quién es el hombre en coma? Las respuestas llegarán en el momento apropiado y serán como una bofetada en toda la cara. Entenderemos cuales son las verdaderas intenciones de Jose, no nos sorprenderá pero si hará que nos removamos inquietos en nuestros asientos, a la espera de que se desate la tragedia, algo que ocurrirá en el último cuarto de la película, cuando Jose desarrolle el plan que parece ha ideado hace tiempo. 

Tarde para la ira cuenta con diversos saltos de escena a escena, especialmente en los primeros compases, que ayudan al espectador a tener una idea general del planteamiento de la película y que son suficientes para ponernos en situación. A partir de ahí se estructura en cuatro partes claramente diferenciadas y que el director ha decidido denominar  El bar, La familia, Curro y La ira, figurando, en esta última parte, un giro de 180º en el argumento y que lo cambia absolutamente todo. Y así llegaremos a un desenlace de esos que gustan a algunos y que otros aborrecen. No es un final abierto propiamente dicho porque los conflictos planteados se resuelven prácticamente en toda su totalidad. Queda únicamente un fleco suelto,  una pregunta que surgen en la mente del espectador y que tiene varias respuestas posibles, todas ellas muy válidas, todas ellas aptas. ¿Por qué Jose actúa en los últimos minutos como lo hace? ¿Qué le mueve a ello? Mientras ves pasar los créditos finales se colarán en tu mente diversas hipótesis y, en el caso de haberla visionado en compañía, surgirá un diálogo entre vosotros de lo más interesante.

Hay escenas especialmente bien rodadas, como un accidente de coche filmada desde el interior del vehículo, u otra de carácter violento pero muy realista a la par que muy bien interpretada. El uso de la cámara es todo un acierto y los planos secuencia o mejor aún, los primeros planos, nos colocan mirándonos frente a frente con los personajes. Tengo la sensación de que, en este largometraje, el director no ha dejado nada al azar, ni los diálogos entre Jose y Curro, en los que a veces se cuela alguna charla o pregunta, poco transcendental pero que no desentona, como la banda sonora que se mueve entre el flamenco y las composiciones cargadas de tensión, destacando una canción de José Manuel Soto que no puede venir más al pelo. 

miércoles, 19 de agosto de 2015

FELICES 140 (DRAMA - 2015).

 

Año: 2015

Nacionalidad: Española.

Director: Gracia Querejeta

Reparto: Maribel Verdú, Antonio de la Torre, Eduard Fernández, Marian Álvarez, Nora Navas, Alex O'Dogherty, Ginés García Millán, Paula Cancio, Marcos Ruiz.

Género: Drama.

Sinopsis: Elia cumple 40 años y, para celebrarlo, reúne en una lujosa casa rural a amigos y familiares. Tiene que decirles algo muy importante: es la ganadora del bote de 140 millones que el Euromillón sorteaba esa semana. A partir de ese momento el ambiente empieza a enrarecerse, y lo que al principio parecía alegría compartida da paso enseguida a toda clase de argucias para intentar quedarse con el dinero de la afortunada.

[Información facilitada por Filmaffinity]


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Todos los años sueño que me toca la lotería de Navidad. No un tercer, cuarto o quinto premio, no, no, yo voy a por los premios grandes, a por el gordo. Y cada año hago mis cábalas, y pienso en qué me gastaría ese dineral que la diosa Fortuna ha tenido a bien enviarme. Lo primero, pagaría mi hipoteca que me supone un lastre mensual, quizás me compraría un coche nuevo aunque no es algo que me atraiga especialmente, viajaría a todos esos lugares que hoy no me puedo permitir, renovaría por completo mi casa actual en la que me siento bien,... y ayudaría a los míos, a todos por igual. Creo que lo que más ilusión me haría sería comunicárselo a mi familia, ver sus caras de inmensa alegría al decirles que «¡¡nos ha tocado la lotería!!» y sentir cómo respiran un poco más aliviados al dejar atrás la losa de sus deudas. Obviamente, cada año el sueño se torna en frustración cuando a eso de las 14 horas del 22 de diciembre, no aparezco en televisión saltando de alegría con una botella de champán en la mano. Y entonces llegan los falsos consuelos: «El dinero no da la felicidad» (pero digo yo que algo ayudará, ¿no?), «Los millonarios de otros años han terminado sin un duro y con más deudas que antes» (bueno, pero alguno habrá que haya sabido invertir bien y tenga la vida resuelta para siempre, ¿no?), «El dinero termina por deshumanizar al individuo» (¿en serio? pero si ya hay mucho deshumanizado que no tiene donde caerse muerto). Y es que dicen que el dinero solo trae disgustos, que las familias se rompen, que uno pierde los papeles y que al final, hasta te arrepientes de que te haya tocado la lotería. No es un argumento que me convenza pero desde luego, a los personajes de esta película el dinero les ha sentado muy mal. 

La vida de Elia ha cambiado radicalmente tras resultar ganadora de un premio de 140 millones de euros en el Euromillones. Nadie lo sabe. De hecho los medios de comunicación están buscando al agraciado. Aprovechando que va a cumplir 40 años, decide celebrar ambas noticias en compañía de los que más quiere. Para ello, organizará un fin de semana en una casa rural, en un paraje aislado y recóndito donde, a gastos pagados, llegarán su hermana Cati, casada con Juan y madre de Bruno y sus amigos Polo, Mario, Martina y Ramón. A la fiesta llega una invitada que ella no esperaba, Claudia, la nueva novia de Mario.

Todos están muy sorprendidos por el excesivo derroche de Elia al organizar una fin de semana así, tan solo por cumplir 40 años pero también están contentos. Son amigos desde que eran pequeños y hace más de un año que no se veían. Para ponerse un poco al día, dedicen contarse en la cena de la primera noche qué es lo mejor que les ha pasado a cada uno. Entre tensiones livianas y tiranteces camufladas de halagos esto es lo que cuenta cada uno:

- Juan (Antonio de la Torre), el cuñado de Elia y abogado de profesión cuenta que ha ganado un juicio de los complicados, de esos que ni por asomo pensabas que te iba a salir bien, algo que le ha supuesto mucho prestigio en el bufete en el que trabaja pero no lo suficiente como para que lo nombren socio.

- Polo (Alex O'Dogherty) es millonario. Procedente de familia pobre, llegó al dinero y al éxito de la manera más tonta y ahora ha pegado el pelotazo de su vida al hacer negocios con un chino.

Ramón (Eduard Fernández) y Martina (Nora Navas) están casados y regentan un restaurante familiar. El negocio les va a las mil maravillas y encima su felicidad se ve engrandecida por la llegada de su primer hijo. Todos reciben la noticia del embarazo de Martina con gran entusiasmo.

- Mario (Ginés García Millán) y Claudia (Paula Cancio) son pareja. Ella es una actriz argentina con un gran futuro por delante mientras que Mario es un magnífico pianista. La vida les sonríe y han decidido sellar su amor con el matrimonio.

- Bruno (Marcos Ruiz) recuerda con entusiamo el viaje que hizo con su tía Elia a un parque temático. Adora a su tía no solo por eso sino porque para él, ella es perfecta. 

- Cati (Marián Álvarez) no aporta nada a la reunión. En su lugar, se levanta de la mesa con ofuscación dejando tras de sí un aliento de incomodidad.

- Pero llega el el turno de Elia, el momento de comunicar a los demás que le ha tocado 140 millones de euros. Al principio ninguno da crédito pero al final tienen que rendirse a la evidencia.  



La noticia provoca un aluvión de acontecimientos. Los 140 millones darán lugar a que se descorra el telón del teatrillo que hasta ahora habían ejecutado estos amigos, dando paso a las bambalinas, donde veremos la verdadera identidad de cada uno de los personajes. Todo lo que han dejado ver de sí mismos hasta este momento es una burda mentira que intentarán enmendar movidos por la nueva situación de Elia. Cada uno de ellos tiene algo que ocultar, una verdad muy distinta a la que han contado y la situación se complicará aún más cuando ocurra el hecho de extrema gravedad que dejará ver la miseria que esconden todos ellos y que pondrá en tela de juicio el valor de la amistad.


En el primer tercio del largometraje, mientras toda la acción se va desarrollando, se intercalan escenas individuales de cada uno de los personajes. Parece otro momento futuro al presente de la película en el que cuentan cómo les ha cambiado la vida al haber sido agraciados con tanto dinero. En un principio, es posible que no comprendamos dónde encajar todas esas escenas pero es algo que se aclara en el desenlace.


miércoles, 21 de enero de 2015

LA ISLA MÍNIMA (INTRIGA - 2014).


Año: 2014

Nacionalidad: Española.

Director: Alberto Rodríguez.

Reparto: Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, Nerea Barros, Antonio de la Torre, Jesús Castro, Mercedes León, Manolo Solo, Jesús Carroza, Cecilia Villanueva, Salvador Reina, Juan Carlos Villanueva.

Género: Intriga. 

Sinopsis: España, a comienzos de los años 80. Dos policías, ideológicamente opuestos, son enviados desde Madrid a un remoto pueblo del sur, situado en las marismas del Guadalquivir, para investigar la desaparición de dos chicas adolescentes. En una comunidad anclada en el pasado, tendrán que enfrentarse a un feroz asesino.

[Información facilitada por Filmaffinity]



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Isla Mayor es un municipio de la provincia de Sevilla ubicado en los terrenos de las marismas del Bajo Guadalquivir. El río, que por esa zona se ramifica, forma dos islas, siendo una de ellas el pueblo de Isla Mayor y la otra, la tan conocida Isla Mínima, terrenos de cultivos en los que antiguamente había un cortijo pero hoy ha sido reconvertido en hotel.

Cuando todo el mundo hablaba de esta película, a mí se me iban los ojos en otra dirección. No es que no quisiera verla, es que no hacía más que recibir un bombardeo de información que ejerce en mí el efecto contrario. Mejor dejar un tiempo para verla más allá de las primeras semanas de proyección. 

El inicio es espectacular. En la secuencia de los créditos se alternan imágenes con fotografías que parecen enteramente un cerebro seccionado transversalmente pero que no son más que fotografías aéreas de las estructuras fractales de las marismas andaluzas, impresionantes instantáneas tomadas por el fotógrafo onubense Héctor Garrido cuya web os recomiendo visitar aquí

El 17 de septiembre de 1980 desaparecen de un pueblo andaluz en plenas fiestas, dos hermanas adolescentes: Estrella y Carmen. Su padre, Rodrigo, es un barquero de los que cruzan el río Guadalquivir de una orilla a otra. Parece un hombre trabajador y humilde aunque también demasiado callado. Su madre, una simple ama de casa, sometida a los desaires de su marido. La familia es un vivo retrato del rudo mundo rural, tan machista, donde el hombre lleva el pan a la casa y la mujer queda al cuidado de la prole. Hasta allí se desplazan Pedro Suárez (Raúl Arévalo) y Juan Robles (Javier Gutiérrez) dos policías de Madrid para investigar el caso. De la casa familiar falta una cartilla de ahorros a nombre de las niñas y ropa. Entre las pertenencias de las jóvenes, los policías encuentran un folleto sobre el mundo laboral de la mujer. 



Comienzan los interrogatorios. Las compañeras de clase solo saben que las niñas tenían ganas de dejar el pueblo, como todas ellas, pues aquel lugar no ofrece perspectiva ninguna para una juventud que ya no piensa como sus padres. Por otro lado, una vecina del pueblo asegura que vio a las niñas subirse a un coche, un Dyane 6 de color blanco, y parece que lo hicieron por propia voluntad pues iban alegres y riendo. A su vez, la Guardia Civil, que no queda muy bien parada en la película, informa a la policía que las niñas ya han desaparecido alguna que otra vez pero siempre han regresado. En principio, todo apunta a una chiquillada. 

Sin embargo las pistas que van surgiendo inducen a pensar de otra manera. Unos negativos medio quemados y recuperados del brasero por la madre, muestran a las niñas en actitud poco decorosa. Por el pueblo ronda un guaperas (Jesús Castro) que se lleva de calle a todas las chicas de los alrededores y a quien se les vio con las chicas desaparecidas. Un vecino borracho revela a los polis que otras jóvenes han desaparecido en extrañas circunstancias. Una cosa llevará a la otra, a asuntos turbios que no convienen que salgan a la luz, a gente con poderes que podrían estar implicados, a un padre al que le puede la culpa, a narcotraficantes,...  En definitiva, son muchos los que pueden estar detrás de la desaparición de las niñas, desde un familiar, un antiguo novio, un feriante o un temporero.  Los policías irán tirando del hilo y el carrete se irá deshaciendo poco a poco para llegar al meollo de la cuestión en un terreno pantanoso, lleno de canales, de arrozales, caminos intrincados llenos de casas abandonadas en las que es fácil esconderse si conoces la zona.

La Isla Mínima parte como favorita a los Goya. Diecisiete nominaciones en total entre las que figuran a la Mejor Película y al Mejor Guión Original pero, sinceramente, a mí el argumento me pareció de una simpleza aplastante. Había escuchado tantas alabanzas que cuando la terminé de ver me quedé un poco fría. ¿Es que no había entendido absolutamente nada? Aunque flotaban en el aire algunas cuestiones que me habían dejado un tanto descolocada, a priori, el argumento era de fácil asimilación. Pero como andaba con la mosca tras la oreja, me fui a internet, a leer lo que se decía de este largometraje que tanto revuelo estaba causando. Lo que me encontré me dejó más atónita todavía. Entre opiniones que la ensalzaban como obra maestra del séptimo arte, las teorías sobre lo que nos venía a decir esta película circulaban a velocidad de vértigo. Muchos teorizaban sobre las implicaciones de los personajes en el caso criminal. Se hablaba de pequeñísimos detalles donde radicaba la auténtica verdad del asunto, de temas políticos, de trapicheos infames,.... ¡Qué mareo! 

Por suerte, había otros tantos espectadores que no la catapultaban al éxito con tanta inmediatez, cuyas opiniones se asimilaban más a mis propias impresiones. Sea como fuere, lo que está claro es que esta película de Alberto Rodríguez (Grupo 7) ha conseguido que más de uno nos estemos comiendo el tarro a estas alturas de la película,  y nunca mejor dicho. Las distintas hipótesis que he encontrado me han hecho reflexionar y rescatar de mi memoria algún detalle que en un principio pasé por alto, alguna escena que aparentemente era irrelevante o alguna frase en un diálogo que dejaba una pregunta flotando en el limbo. Y es que el director sabe colocar una preciosa guinda a este pastel con una última escena en la que se suelta un pregunta con muy mala leche adornada con un cruce de miradas tensas. A partir de ahí el debate que queda por delante es largo y el espectador es libre de opinar. 

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