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miércoles, 29 de septiembre de 2021

INTEMPERIE (DRAMA - 2019)

Año: 2019

Nacionalidad: España

Director: Benito Zambrano

Reparto: Luis Tosar, Luis Callejo, Jaime López, Vicente Romero, Manolo Caro, Kandido Uranga, Mona Martínez, Miguel Flor De Lima, Yoima Valdés, María Alfonsa Rosso, Adriano Carvalho, Juanan Lumbreras, Carlos Cabra

Género: Drama

Sinopsis: Un niño que ha escapado de su pueblo escucha los gritos de los hombres que le buscan. Lo que queda ante él es una llanura infinita y árida que deberá atravesar si quiere alejarse definitivamente del infierno del que huye. Ante el acecho de sus perseguidores al servicio del capataz del pueblo, sus pasos se cruzarán con los de un pastor que le ofrece protección y, a partir de ese momento, ya nada será igual para ninguno de los dos.

[Fuente: Filmaffinity]


Os hablaba la semana pasada de la última novela de Jesús Carrasco, Llévame a casa (puedes leer la reseña aquí), que tantísimo me ha gustado. El nombre del autor extremeño consiguió hacerse un hueco en el mundo literario gracias a su primera novela, Intemperie (Seix Barral, 2013). Mucho se ha hablado de aquella obra, de su trama, de la hostilidad de su contexto, del mensaje. La crítica la alabó y eso hizo que el mundo del cine pusiera sus ojos en aquella historia. Fue Benito Zambrano, cineasta de Lebrija (Sevilla), del que admiro tanto obras como Solas o La voz dormida (por cierto que me entero ahora que está preparando la adaptación de la novela de Cristina Campos, Pan de limón con semillas de amapola), el que dio un paso al frente para llevar Intemperie a la gran pantalla. Y lo hizo con dos grandes: Luis Callejo y Luis Tosar.

La película se estrenó en 2019. He tardado tres años en sentarme a vela. ¿Por qué? Creo que todo se debe a las opiniones que fui leyendo sobre la novela. Temí que fuera un largometraje que me dejara noqueada. Sin embargo, tras comprobar que la prosa de Carrasco me sentó tan bien, y teniendo en cuenta que adoro a Benito Zambrano y que me encanta todo lo que hace Luis Tosar, por fin me he sentado a ver Intemperie. El resultado ha sido mejor de lo que esperaba, pero tampoco me ha dejado una huella indeleble, de esas que perduran con el paso de los años. Os cuento con detalle.

Intemperie narra la historia de un niño de once años (Jaime López), del que jamás sabremos su nombre. Hijo de una familia muy pobre, el niño ha estado al servicio del capataz (Luis Callejo) de un cortijo cercano. Gracias a eso, la familia del pequeño ha podido tirar para delante. Sin embargo, y mientras el capataz supervisa las labores en el campo, el niño consigue huir. Llena su morral de comida y roba de la casa una brújula, un cuchillo y un reloj de oro. Cuando la huida y el robo llegan a oídos del capataz se inicia una búsqueda incesante. Todos los hombres del cortijo rastrean un territorio caracterizado por la sequedad de la tierra y el fuego de un sol que cae a justicia. El niño pretende llegar a la ciudad para empezar una nueva vida, alejada de la tiranía del capataz, pero el cerco sobre él se cierra cada vez más, hasta encontrar a un cabrero (Luis Tosar) que tratará de ayudarle en su huida. 

A grandes rasgos, este sería el argumento de la película. Desconozco por qué derroteros transita la trama de la novela pero, lo que nos narra este largometraje es esa huida del niño a través de un terreno hostil e inhóspito. Desde primer momento, el espectador no sabrá por qué el niño quiere huir del cortijo. Desconocemos si lo someten a un duro trabajo, si sufre golpes y maltrato, si añora tanto a su familia que no quiere estar lejos de sus padres y sus hermanos. El motivo de la huida es como una niebla densa que flota a lo largo de todo el metraje hasta que, muy cercano el final de este filme, una pregunta estallará en el aire, que tendrá como única respuesta un profundo silencio. No será necesario pronunciar ni una sola palabra. Ese silencio y algún gesto ocasional del capataz será más que suficiente para entender el porqué de esta huida.

¿Qué destaca la película?

Transcurriendo siete años después del final de la guerra civil, la película pone en evidencia la pobreza de un país sumido en la miseria, especialmente en un entorno rural, en el que el hambre es un miembro más de las familias. Intemperie es el reflejo de la durísima vida en el campo, cuando la práctica totalidad del trabajo se lleva a cabo precisamente así, a la intemperie, es decir, a cielo descubierto. Sin techo sobre la cabeza, trabajan los jornaleros y también el Moro (Luis Tosar), que con sus ovejas va de aquí para allá, en busca de agua y pastos para sus animales, en absoluta soledad.

Intemperie también cuenta cómo viven las familias más pobres, los desheredados de la tierra, hacinados en cuevas, sin nada que llevarse a la boca. Son familias que se ven obligadas a aceptar vaya usted a saber qué cuando un capataz, erguido en su caballo, señala con el dedo a uno de tus hijos para llevárselo al cortijo. Cierra los ojos porque la oportunidad que te brinda la vida no la puedes rechazar. Eres un afortunado. Que lo sepas. 

Pero Intemperie es sobre todo un relato de amistad y lealtad. La relación que se forja entre un hombre y un niño es la base de toda esta historia. Aunque en los primeros contactos, el niño se muestra reticente y desconfiado -no hay que olvidar que huye de un hombre adulto-, entenderá que el Moro es un hombre justo, cabal y honrado, que solo quiere ayudarlo desinteresadamente. Poco tiempo pasarán juntos, pero las pocas horas en medio de un secarral, sin nadie alrededor, unen mucho. El Moro le contará algunas cosas de su vida. El niño mantendrá silencio la mayor parte del tiempo.

Personajes

Tres son los personajes protagonistas de esta película. El capataz es un hombre exigente y despiadado. Trata con severidad a sus empleados y muestra su poder ante hombres, mujeres y niños, sin importarle absolutamente nada. Se pasea por las tierras causando temor a los más desvalidos. No obstante, a pesar de su carácter cruel, posee un lado religioso. ¿Acaso no siempre fue así? El trabajo en el campo es duro. No solo por las labores de labranza y recogida de la cosecha, no solo por el sol a sol, por tener que sufrir las inclemencias del tiempo, sino también por estar bajo el yugo de los terratenientes, o bajo el poder de la mano derecha de estos, esos escalafones intermedios a los que no les importa tratar con dureza a los jornaleros si con eso satisfacen a sus señores. El látigo en el campo. El rezo en la iglesia.

¿Quién interpreta a este personaje? Al capataz le da vida Luis Callejo. Me pasa con este actor lo que me pasaba hace muchos años con Antonio de la Torre. Lo veo hacer muy buenos papeles, de todo tipo porque, lo mejor que tiene es que no se encasilla, y parece como si los espectadores no lo hubiéramos tenido muy en cuenta. Hasta ahora. En esta ocasión, se mete en la piel de un hombre tan perverso como este capataz que anda loco buscando a un niño, al que quiere recuperar sin un solo rasguño. ¿Qué esconde este hombre tan adusto? 

El Moro es un hombre que está de vuelta de todo. Desencantado por la vida, ha dejado de creer en el hombre. Curtido en las guerras de Marruecos y en la guerra civil española, el Moro prefiere la soledad. Más vale solo que mal acompañado. Está cansado de ver cómo el hombre lucha contra el hombre, cómo se la da tan poco valor a la vida y se respeta tan poco a la muerte. El Moro ha ido cosechando valores con los años, costumbres que transmitirá al niño, como un legado que le deja en herencia.

Interpretado por Luis Tosar, bajo mi punto de vista no es el mejor trabajo de su carrera. No me cabe la menor duda de su capacidad interpretativa pero su papel como pastor solitario no me ha impactado como sí ha ocurrido con otras películas. En cualquier caso, estoy abonada a este actor que sabe elegir tan bien sus papeles, por eso veré todo aquello a lo que preste su talento. 

El niño conoce desde pequeño lo dura que puede resultar la vida. La suerte se cruzó en su camino y apareció ante él la figura del capataz. ¿Suerte? Eso dicen. Sin embargo, el pequeño pergeña un plan de huida. Quiere alejarse de ese hombre y caerá en las manos de otro, pero tan distinto a aquel. El niño aprenderá que no todos los hombres son iguales. Que los hay crueles y malvados, pero también otros que están dispuestos a dar la vida por otro ser humano. El niño ve en el Moro ese padre que nunca ha tenido, al que se abraza cuando el dolor de su alma le escuece, un adulto que lo protege y que no lo ha echado a las manos del demonio.  

Tengo que destacar el trabajo de Jaime López. En 2015 formó parte del reparto de Techo y comida (Juan Miguel del Castillo), junto a Natalia de Molina. En la reseña de aquella película, que puedes leer aquí, no hice mención alguna a su papel, pero en esta ocasión, me ha encantando. La expresión de su rostro es un muestrario de emociones, desde el miedo, la desconfianza, el dolor, el abatimiento, el cansancio, la curiosidad,... Hay una escena final en la que el niño lo borda, tan creíble, tan entregado. 

Y otros personajes acompañarán a estos tres protagonistas. El Triana, otro hombre de confianza del capataz, está interpretado por un estupendo Vicente Romero. Manolo Caro hace de tullido, con una caracterización fantástica. Y especialmente desaprovechada está la figura de María Alfonsa Rosso.

Escenarios

Los hechos de Intemperie ocurren en un lugar al que apenas se presta atención. Se habla de una ciudad, sin que se precise cuál es. Lo que se presenta ante nuestros ojos es una zona casi desértica, en la que la tierra y el pasto tienen el mismo color. Esas tonalidades más el calor asfixiante que padecen los personajes bien podrían hacer pensar en los desiertos de Almería. Pero hay un detalle en la película que va a terminar por ubicar al espectador. Eso sí, tienes que ser rápido. El trayecto de un autobús de línea sitúa la acción en Granada. Y efectivamente es en la provincia andaluza donde se rueda esta película. Localidades como Orce o Galera serán el contexto espacial de la historia.

¿Me ha gustado esta película?

Me ha gustado el mensaje y los valores que transmite, el énfasis en la amistad sincera. Los escenarios son fundamentales en esta historia llena de aridez, tan necesarios para mostrar la dureza en la que viven sus personajes. Sin embargo, en lo que a mí respecta, el argumento me ha parecido algo difuminadoMe falta algún tipo de introducción en esta historia, unas breves pinceladas que me pongan en situación. ¿Cómo llegó el niño a vivir bajo el supuesto amparo del capataz? ¿Mejoró algo la vida de su familia una vez que el niño cambió la cueva en la que vivía por el cortijo?  Son cuestiones que quedan muy en el aire. Por otra parte, quizá hubiera estado bien ahondar un poco más, y no de manera tan sutil, en los motivos por los que el niño huye. Las evidencias no confunden al espectador que entenderá definitivamente qué le ocurre al pequeño pero, sin ser demasiado explícito, se podría haber mostrado alguna escena que retrate esa circunstancia.

Sin embargo, la película cuenta con otro punto a favor. La banda sonora me ha parecido espectacular. De entrada, oiremos a Silvia Pérez Cruz cantar Intemperie, melodía escrita por Javier Rubial, y con la ganó el Goya a la Mejor Canción Original en 2019. Y no me extraña porque es una belleza y la letra dibuja muy bien la historia del niño.





Allí donde miran los ojos del agua,
un duelo de fuego señala mi mancha.
Campanas de duelo a golpes de fragua,
no tiene consuelo mi herida tan ancha.

Vienen por los cerros ladrando mi nombre,
me llaman los perros de la madrugada.
De un golpe certero me hicieron un hombre,
con temple de acero y lengua de espada.

La luna estaba en la cumbre
cuando se puso de parto
y tuvo un niño de lumbre
sobre cunita de esparto.

Mancharon mi almohada, tumbaron mi nido,
mi alma arrasada, mi rumbo perdido,
que el cielo se asombre nadie lo esperaba,
la mano del hombre con el hombre acaba.

Que la gloria reine sobre este chiquillo,
quien me trae un peine para este flequillo,
y para su boca dame miel de caña,
que no pruebe el vino del odio y la saña.


En definitiva, y como dije al principio, Intemperie me ha gustado más de lo que esperaba. Posee un ritmo lento pero es que el calor aploma los cuerpos. Es esta una historia de la que muchos hablan de western español. Yo prefiero ver en ella el retrato de una España rural polvorienta, recalentada, triste, cruel y hambrienta.





Tráiler:                                                                                              Puedes adquirirla aquí:

 



miércoles, 24 de marzo de 2021

ANE (DRAMA - 2020)

Año: 2020 

Nacionalidad: España

Director: David P. Sañudo

Reparto: Patricia López Arnaiz, Jone Laspiur, Mikel Losada, Aia Kruse, Luis Callejo, Nagore Aranburu, Mariana Cordero, Gorka Aguinagalde, Fernando Albizu, David Blanka, Iñaki Ardanaz, Miren Gaztañaga, Lander Otaola, Karmele Larrinaga, Ane Pikaza, Amaia Lizarralde, Eric Probanza, Gaizka Ugarte, Lorea Ibarra, Karlos Aurrekoetxea

Género: Drama

Sinopsis: Vitoria, año 2009. Después de los altercados en su barrio debido a la inminente expropiación de algunas viviendas, Lide, madre joven que trabaja como vigilante de seguridad en las obras del tren de alta velocidad, descubre que su hija adolescente, Ane, no ha ido a dormir a casa. Lide, junto a su ex-marido Fernando, comenzará no solo a investigar el paradero de su hija, sino a adentrarse en el mundo de Ane y a darse cuenta de que ha convivido junto a una desconocida.

[Fuente: Filmaffinity]


Tenía muchas ganas de ver Ane. Me habían llegado rumores muy positivos de este largometraje. También por redes, había visto algún elogio. Y leo en la crítica cosas como «Gran revelación del cine español»«ópera prima con oficio» o «pequeña joya». Pero ahora vengo yo a poner la nota discordante. No sé qué me pasa últimamente, que no coincidido con el criterio mayoritario. Donde unos ven una obra maestra, yo encuentro una historia algo tediosa que me aporta poco. Sí, todo es muy subjetivo. Ahí va mi opinión. 

Ane sitúa la acción en Euskal Herria, durante el año 2009. Lide (Patricia López Arnaiz) trabaja como vigilante nocturno en las obras del tren de alta velocidad, para las que el Estado ha tenido que expropiar terrenos en los que se erigían edificios de viviendas. Durante uno de sus turnos, estando en el interior de la caseta prefabricada, se produce una explosión en el exterior. No es algo inusual. A veces, la población se topa con contenedores de basura que arden. Son las acciones de un grupo de jóvenes radicales que muestran de este modo su rechazo a las obras, al AVE, a la expropiación. En definitiva, a todo aquello que provenga de un país del que no se sienten parte. Entre esos jóvenes se encuentra Ane (Jone Laspiur), la hija de Lide y de Fernando, un matrimonio separado. La joven se mueve en los círculos que promueven el vandalismo, lleva varios días sin aparecer por casa y los padres comienzan a inquietarse. Sin acudir a la Ertzaintza, Lide y Fernando investigan en el entorno de su hija. Preguntan a amigos, a profesores, a todo aquel que pueda tener alguna pista sobre el paradero de su hija, y descubren que Ane no es lo que ellos creían. 

La película ahonda en las complicadas relaciones familiares, en esos nexos, a veces ásperos y lacerantes, que existen entre padres e hijos. Además, estamos hablando de una adolescente, que pasa por ese momento vital en el que todo se mira con los ojos de la rebeldía. A todo ello hay que añadir asuntos de política. Ane es una joven que siente tener al enemigo en casa, esa madre que trabaja en una obra estatal, para la que varias familias vascas han sido expropiadas. Para la joven, su madre es una mercenaria del Estado. Pero obvia, porque no le interesa, que el Estado ha ofrecido una compensación por esa expropiación. 

Así mismo, la palabra gaztexte sobrevuela buena parte del metraje. ¿Qué significa ese término vasco? Lo he buscado al finalizar el visionado porque, en ningún momento he podido deducirlo del contexto. Gaztexte es un centro juvenil. Parece ser que la sede, donde los jóvenes se reúnen, va a ser derruida también. Creo que ese punto de la historia no queda bien explicado y hubiera estado bien porque hubiera ganado fuerza la motivación de las acciones juveniles. Algo de todo eso se explica en el cortometraje homónimo que el director rodó en 2018, y que supone el germen de esta película. Os dejo el Making off del corto.




Pero decía antes que soy la voz discordante porque no he encontrado en este largometraje ese enganche que esperaba. Para empezar, su guion no me resulta original. Obviemos que estamos en el País Vasco, obviemos toda la cuestión nacionalista que, a la postre, no deja de ser un telón de fondo, y ahora decidme, ¿cuántas películas habéis visto en las que se aborden las complicadas relaciones entre padres e hijos? ¿Películas en las que los padres se llevan una gran sorpresa al descubrir los secretos que ocultan sus hijos? Lo mismo da que las familias sean del País Vasco, de Cuenca, o de Málaga. Padres con hijos rebeldes, que atentan contra la estabilidad familiar por los motivos que sean, los hay en todas partes. Y lo mismo no queman contenedores de basura, ni enarbolan banderas, pero sí le pegan patadas a las papeleras, rajan neumáticos de vehículos sin ton ni son, abandonan las clases, o hacen pintadas en los centros educativos. Formas de rebeldía hay muchas.  

Me ha faltado potencia en el conflicto, que verdaderamente el contexto geográfico y temporal tenga más sentido porque, aunque la sombra de la serpiente enroscada en el hacha está presente, la palabra ETA no se menciona en ningún momento. Y es que, a mi juicio, los actos vandálicos tienen connotaciones más sociales que políticas.

Por otra parte, me ha costado mucho conectar con Lide, con esa madre que descubre, con pavor, en lo que se ha convertido su hija. El trabajo de Patricia López Arnáiz le ha valido varios premios, entre ellos el Goya a Mejor Actriz. Sin embargo, a mí me ha faltado fuerza en la interpretación de una mujer con carácter, corajuda, que lleva sola el mantenimiento familiar, y se enfrenta a la ausencia de la hija. No me he sentido interpelada por ella, no he sufrido con su sufrimiento. ¿Por qué? Después de darle muchas vueltas descubro que el error ha estado en las constantes desconexiones que he sufrido por culpa de los diálogos. Era como si me costara trabajo seguir el hilo discursivo. Veía a los actores mover los labios pero las palabras no me llegaban. Había como una desincronización que me escupía de la película en todo momento. Y es que Ane está rodada en euskera y traducida al castellano. Y se nota. Mucho, además. He leído por ahí la opinión de otros espectadores que se quejan de lo mismo y recomiendan verla con subtítulos. A mí el tema subtítulo también me parece un obstáculo para conectar con la historia. Pero que cada uno elija. Lo que sí tengo claro es que el doblaje no es bueno. Emborrona la película. 

Y con respecto a la hija, el personaje me ha provocado lo mismo que me provoca la actitud de todos esos adolescentes, que solo piensan en sí mismos y van a su bola, pensando que el resto del mundo tiene que perdonárselo todo. Todos hemos sido adolescentes y hemos pasado por ello. Ane es un modelo a seguir en su entorno, para esos amigos revolucionarios que quieren hacer Historia. La joven se involucra en la lucha, recoge firmas, organiza encuentros, pero también oculta algo, un asunto de dinero, un novio, una ausencia y muchas mentiras. No es más que una joven rebelde, con sus motivaciones e ideales. 

Interpretada por Jone Laspiur, premiada con el Goya como Mejor Actriz Revelación, no sabría decir mucho de su trabajo. Tampoco me he sentido especialmente atraída por su personaje. No sé. No puedo aportar mucho, la verdad.  

La película está estructurada de manera cíclica. La misma escena inicia y cierra la película, rodada bajo un mutismo absoluto, interrumpido únicamente por el movimiento de Lide, que se mueve por la casa. Ese silencio frente a la ausencia de otro comensal es una metáfora del problema que anida dentro de esa casa, la falta de comunicación. Eso me ha parecido un punto positivo de la dirección, a cargo de David P. Sañudo, que debuta en largometraje. No obstante, casi todo el metraje transita con excesiva calma para mi gusto y debo admitir que, a ratos, he caído en cierto sopor. Tan solo, faltando diez minutos para el final, he atisbado unas secuencias más interesantes, pero mi entusiasmo se desinfló pronto.

Poco más os puedo decir. Si tenéis interés en esta película, mi opinión no os va a gustar mucho. He visionado Ane con muy poco entusiasmo e interés porque, ni la trama ni los personajes me han provocado ni una cosa ni la otra. Pero buscad otras opiniones, leed en otros foros, indagad en revistas especializadas. Lo mío no es más que una opinión gris entre un mar de otras tantas muy azules. 

La tenéis en Filmin y en Movistar+.



Tráiler:




miércoles, 10 de marzo de 2021

BAJOCERO (THRILLER - 2021)

Año: 2021

Nacionalidad: España

Director: Lluís Quílez

Reparto: Javier Gutiérrez, Karra Elejalde, Luis Callejo, Patrick Criado, Andrés Gertrudix, Isak Férriz, Miquel Gelabert, Édgar Vittorino, Florín Opritescu, Ángel Solo, Àlex Monner, Sebastián Haro

Género: Thriller

Sinopsis: En una fría noche cerrada de invierno, en mitad de una carretera despoblada, un furgón policial blindado es asaltado durante un traslado de presos. Alguien busca a alguien de su interior. Martín, el policía conductor del furgón, consigue atrincherarse dentro del cubículo blindado con los reclusos. Obligado a entenderse con sus enemigos naturales, Martín tratará de sobrevivir y cumplir con su deber en una larga noche de pesadilla en el que se pondrán a prueba incluso sus principios.

[Fuente: Filmaffinity]

Pintaza. Eso es lo que pensé cuando vi que se estrenaba esta película en Netflix, allá por finales de enero. Un thriller, con Javier Gutiérrez y Karra Elejalde era una tentación demasiado poderosa como para no ver este largometraje el mismo día del estreno. Sin embargo,... (puntos suspensivos). Ahora os cuento.

Bajocero narra la historia de una venganza. Martín Salas (Javier Gutiérrez) es una policía que acaba de ser trasladado a una nueva comisaría. Su primer servicio será trasladar a unos presos desde un centro penitenciario a otro. Para ello irá acompañado por Montesinos, un policía con las manos muy sueltas y muy poca paciencia. El traslado se hace en plena madrugada, cuando el mundo duerme y las carreteras están menos transitadas. Lo importante es mantener la discreción y la seguridad, por eso los policías no llevan móviles y a los presos -seis en total (Ramis, Golum, Rei, Pardo, Rumano y Nano)- se les comunica el traslado en el mismo momento.  Los seis son minuciosamente cacheados. Los seis suben a un furgón blindado de la policía, que será conducido por Martín, y custodiado por un coche patrulla que irá abriendo paso. Más allá de la actitud chulesca de los presos, todo se desarrolla con normalidad y se ponen en marcha. Cae la niebla, cada vez más espesa, más densa, la visibilidad es prácticamente nula. De repente, el coche patrulla desaparece en la nada y el furgón blindado pincha, derrapando por el asfalto. ¿Qué ha ocurrido?

En paralelo, breves escenas nos muestran un ajuste de cuentas, un hombre embozado en un impermeable, golpea sin piedad a un joven bajo una lluvia torrencial. Posteriormente, veremos su reflejo en un charco y una barrera de pinchos que coloca en perpendicular a la carretera. No doy más detalles sobre lo que ocurre después. Ya la sinopsis aporta demasiada información para mi gusto.

¿Qué me ha parecido el argumento? A priori, la idea es buena. Como dije al principio, el motor de esta trama radica en la venganza, y en tomarse la justicia por la mano. La película no se centra en el asalto del camión blindado para liberar a los presos. La cosa va por otros derroteros bien distintos. Sin embargo, me he pasado toda la película saltando de una incoherencia a otra. Y es que yo creo que este guion adolece de evidentes lagunas. A ver cómo lo cuento para no destripar la historia. Me surgen todas estas preguntas, y más:

  • ¿Cómo es posible que un vehículo que circula a unos 200 metros de distancia de nosotros, tenga un accidente y no nos percatemos de ello? Vale que hay mucha niebla, pero también hay mucho silencio, porque estamos en plena noche y no hay ni un alma alrededor. Un accidente conlleva ruido, sí o sí.
  • ¿Cuántas ruedas de repuesto lleva un camión blindado de la policía? Para lo que ocurre en la película, hacen falta más de una.
  • ¿Cómo es posible que, con una escopeta de repetición, cueste la misma vida hacer añicos una ventana del furgón blindado -impacto tras impacto- y, sin embargo, la otra salte en mil pedazos tras el primer impacto del arma reglamentaria de un policía?
  • Por último, la vinculación que existe entre un preso y Martín me ha parecido de risa. Es que no aporta absolutamente nada.

Muchos me diréis que no deja de ser una película de ficción y que no sea tan melindrosa. Es verdad, Bajocero es una película de ficción pero los hechos deben ser verosímiles porque, de otro modo, terminas por no creerte lo que ocurre y, por tanto, el interés decae. No lo puedo evitar. No me vale que no me expliquen las cosas, que los personajes actúen sin lógica ninguna, o que se saquen de la manga situaciones que no tienen pies ni cabeza. En cualquier caso, la película está muy entretenida, y avanza con pasajes de mucha acción y violencia que se alternan con otros mucho más sosegados. No es una de esas película que no te dejan respirar ni un solo minuto. Por otra parte, la atmósfera  está muy bien lograda, así como la sensación de aislamiento que se respira fuera del furgón blindado. 

En cuanto a las interpretaciones, debo confesar que no me han dicho gran cosa. Bajo mi punto de vista, no es la mejor película de Javier Gutiérrez. En muchas secuencias me ha parecido ver lo mismo que ya he visto en otros tantos papeles que ha interpretado. También me pregunté cómo podía un señor menudito de 164 centímetros -para entrar en la policía bastan 160-, reducir a un tipo corpulento, grandote, mastodóntico, de 177 centímetros. Que sí, que soy puntillosa, pero es que hay cosas que, si no me las creo, me hacen sentir incómoda y eso hace que desconecte de la película.

Por otra parte, Karra Elejalde está muy poco aprovechado. Su papel es muy principal en la trama pero tiene poca exposición. Quizá algo más al final. Y fijaos, que tampoco me ha impactado como acostumbra. A mí me parece que, como ellos tampoco se creen el guion, no se sienten cómodos en el papel. Esto es una gran suposición mía, claro. 

En cuanto al resto del reparto, algunos están mejor que otros, sin que ninguno me haya parecido especialmente brillante. Probablemente sobresale algo más Luis Callejo, en su papel de delincuente de poca monta; quizá sea el personaje que más evoluciona, que termina mostrándonos una cara muy distinta a aquella que le conocimos en los primeros minutos de filme. 

La dirección correcta, la banda sonora potente, la fotografía cuidada y poco más. En resumen, Bajocero se deja ver. Funciona como producto de entretenimiento pero si eres de los que se hacen preguntas como yo, y todo lo cuestionan, vas a encontrar muchos más detalles de los que yo he mostrado.

Y cierro con una frase que emplea frecuentemente Martín Salas: la ley no funciona así. O lo que es lo mismo, uno no puede saltarse a la torera todo un cuerpo jurídico, ni siquiera cuando la ley es tan injusta que te deja un profundo vacío existencial. ¿De verdad la ley no funciona así? 

Tráiler:



miércoles, 22 de enero de 2020

MIENTRAS DURE LA GUERRA (DRAMA - 2019)


Año: 2019

Nacionalidad: España

Director: Alejandro Amenábar

Reparto: Karra Elejalde, Eduard Fernández, Santi Prego, Patricia López Arnaiz, Inma Cuevas, Nathalie Poza, Luis Bermejo, Mireia Rey, Tito Valverde, Luis Callejo, Luis Zahera, Carlos Serrano-Clark, Ainhoa Santamaría, Itziar Aizpuru, Pep Tosar.

Género: Drama

Sinopsis: España. Verano de 1936. El célebre escritor Miguel de Unamuno decide apoyar públicamente la sublevación militar que promete traer el orden a la convulsa situación del país. Inmediatamente es destituido por el gobierno republicano como rector de la Universidad de Salamanca. Mientras, el general Franco consigue sumar sus tropas al frente sublevado e inicia una exitosa campaña con la secreta esperanza de hacerse con el mando único de la guerra. La deriva sangrienta del conflicto y el encarcelamiento de algunos de sus compañeros provoca que Unamuno empiece a cuestionar su postura inicial y a sopesar sus principios. Cuando Franco traslada su cuartel a Salamanca y es nombrado Jefe del Estado en la zona nacional, Unamuno acude a su Palacio, decidido a hacerle una petición.

[Fuente: Filmaffinity]


Silencio. Eso era lo que se escuchaba en la sala de cine durante los ciento siete minutos de metraje. Era septiembre, y el tiempo se paró para ver a Unamuno en la pantalla. Tenía claro que iba a volver a ver esta película. Y eso he hecho estos días. Hoy tengo claro que volveré a verla de nuevo más veces. Mientras dure la guerra ha sido una película inolvidable.

El 19 de julio de 1936, la Plaza Mayor de Salamanca se ve repentinamente inundada de camiones militares y soldados armados. Se declara el Estado de Guerra, mientras se escuchan voces a favor y en contra. Estas últimas son acalladas con disparos. El destacamento militar irrumpe en el ayuntamiento y se lleva preso a su alcalde, Casto Prieto, delante de una angustiada y atónita esposa, a la que le invade el terror y la rabia. 

Y en esa ciudad que se despierta convulsa y revuelta, vive Miguel de Unamuno, junto a sus hijas María y Felisa, y su nieto Miguelín. Por estas fechas, ya es un escritor famoso. Muchos lo admiran por obras como Niebla, La tía Tula, Abel Sánchez o San Manuel Bueno Mártir, novelas ya publicadas mucho antes del alzamiento. También es admirado por su pensamiento y por su labor docente, de ahí que ocupe el cargo de rector vitalicio de la Universidad de Salamanca. A Unamuno lo veremos acudir, como cada día, a tomar café al Novelty, en compañía de sus amigos, el joven Salvador Vila, declaraddo republicano y ex alumno, y el pastor protestante Atilano Coco. Desde la ventana situada junto a la cristalera del café, los tres conversan sobre el alzamiento y los últimos acontecimientos. Serán unas primeras escenas en las que se definen las ideas políticas de estos tres hombres. Mientras que Salvador se siente indignado por el ataque a la República, Atilano cree que el viejo régimen atacaba la fe en Cristo y Unamuno, sin querer pronunciarse demasiado, termina por reconocer que este revés político es necesario para poner a la República en su sitio, ya que nunca llegó a ser lo que se esperaba de ella. 

Su apoyo a la sublevación le cuesta el cargo como rector de la Universidad. Manuel Azaña lo destituye y lo llama traidor, pero la Junta de Defensa de Burgos, en la voz del militar Miguel Cabanellas, lo restituye inmediatamente. Eso sí, será un caramelo envenenado pues, junto con la restitución, lo nombran Presidente de la Comisión Depuradora Provincial,  encargado de revisar los expedientes de todos los detenidos, una labor que no está dispuesto a asumir. De igual modo, lo invitarán a firmar un manifiesto en el que se declare que la universidad, como institución, está a favor de los nacionales.

Y mientras esto ocurre en Salamanca, el general Franco orquesta desde el Protectorado de Marruecos, la manera de hacerse con el liderazgo del alzamiento. Apoyado por los alemanes y algunos generales y especialmente el general Millán-Astray, fundador de la legión, se traslada a España, primero a Cáceres y luego a Salamanca. Será allí donde se desarrollen los hechos más importantes de la película, aquellos que afecten directamente a Unamuno y a su entorno.

Mientras dure la guerra nos muestra a un Unamuno de setenta años, aficionado a la papiroflexia, que ya ha vivido en sus carnes un exilio. Viudo desde hace años, su mente regresa con frecuencia a una época de juventud, una escena en la que descansaba en los brazos de Concha, su mujer, su costumbre. Es un hombre que se enorgullece de no guardarse nunca su opinión, decir siempre lo que piensa, aunque haya cambiado tantas veces de parecer a lo largo de su vida. Al principio, al alzamiento no le dará mayor importancia. No cree los rumores que llegan sobre fusilamientos, detenciones de intelectuales y asesinatos de famosos poetas. Para él, este revuelo no es más que un tirón de orejas a la República, pero pronto lo veremos asistir atónito a una serie de sucesos que él no esperaba. Las detenciones, las acusaciones fundadas en justificaciones absurdas, la forma de proceder de los militares sublevados, le harán cambiar de opinión. Se ha equivocado.  

La interpretación que hace Karra Elejalde es sublime. Bien le podría haber valido el Goya como Mejor Actor Protagonista, el pasado sábado si no fuera porque competía con otros tres grandes actores y unas interpretaciones brutales: Antonio de la Torre, Luis Tosar y Antonio Banderas (se lo llevó este último). Pero en Mientras dure la guerra, Elejalde consigue que te olvides del actor. Se mete tanto en la piel del personaje, que él desaparece de la pantalla para resucitar al escritor cabezota y testarudo, al que acudían las esposas con maridos encarcelados, para pedir su intermediación y ayuda. Poco podía hacer Unamuno. 

Pero sobre interpretaciones también habría que destacar la que realiza Eduard Fernández. El actor catalán nos tiene acostumbrados a grandes trabajos y en su papel de José Millán-Astray no se queda atrás. Ayer mismo hablaba con una nutricionista sobre la dieta a la que se tuvo que someter el actor para interpretar al Glorioso Mutilado. Astray tenía un brazo amputado y el actor tuvo que embutirse en un traje militar llevando el brazo izquierdo sujeto a la espalda. Por su puesto, la magnífica caracterización del personaje también aporta credibilidad a su interpretación, pero es principalmente Fernández el que le imprime carácter al fundador de la legión, un tipo sin escrúpulos, desagradable, que pone sobre las cuerdas al que tiene enfrente, lanzándoles órdagos al adversario con un 'Ahí lo dejo', muletilla con la que cierra sus speeches. Hay una escena especialmente tensa entre Astray y Unamuno, donde el primero reprocha al escritor ciertas declaraciones en prensa. 

Sin embargo, el personaje de Franco me ha descolocado un poco. Y no lo digo por la interpretación que hace Santi Prego, sobre la que no tengo nada que objetar, sino por el dibujo que se hace del dictador. Todo lo que he leído sobre Franco me ha conducido a pensar que era un tipo, bajito sí, pero de ideas firmes y muy echado para delante. Sin embargo, aquí me he encontrado con un hombre un tanto sosainas, dubitativo, algo pusilánime. Un enfoque distinto que me ha gustado.

La película está dirigida con mucho mimo y cariño. No solamente te atrapa la historia sino cómo está contada. Hay planos en los que da gusto perderse, analizando el enfoque, el movimiento de la cámara, y el foco de atención de algunas secuencias. Las banderas, como elemento metafórico, jugarán un papel importante en ciertas escenas. Y lo mismo ocurre con las gafas de Unamuno, que funcionan como un espejo, en cuyo reflejo se representa la sinrazón y la incredulidad. Mientras dure la guerra, un título que tiene mucho que ver con la reunión que la Junta de Defensa celebró en Salamanca el 21 de septiembre de 1936, es una película que no abusa de los contrastes, pero sí ofrece hilos argumentales que se suceden en paralelo, permitiendo al espectador asistir al nacimiento de unos hechos que tendrán gran repercusión para el escritor.

La banda sonora también es un elemento importante en esta película. Es el propio Alejandro Amenábar el artífice de unas melodías muy emotivas, conmovedoras, impregnadas de una pátina triste y melancólica. Es tan bonita, que a veces la propia tonada se antepone a la escena, y eso no le resta valor a la película, al revés, porque será en esos momentos donde los temas musicales enfaticen la secuencia, especialmente en el último tercio de película, cuando la acción adquiere dramatismo y se suceden hechos que pueden destruir a Unamuno para siempre.

Dicho lo cual, no me queda más que recomendar una y mil veces Mientras dure la guerra. Si navegas por Internet vas a encontrar críticas profesionales que no la ponen muy bien, pero mi opinión se basa en las sensaciones que me ha transmitido el filme, más allá de cuestiones políticas o históricas. Amenábar ha permitido que me acerque a la vida de Unamuno y lo conozca un poco más en profundidad, y eso es suficiente para mí. Así que, lo dicho, no os la perdáis.

"Venceréis, pero no convenceréis" (Discurso de Unamuno en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. 12 de octubre de 1936)

Voz de Unamuno




Tráiler:

Puedes adquirirla aquí:





miércoles, 18 de enero de 2017

TARDE PARA LA IRA (THRILLER - 2016).



Año: 2016.

Nacionalidad: Española.

Director: Raúl Arévalo.

Reparto: Antonio de la Torre, Luis Callejo, Ruth Díaz, Manolo Solo, Alicia Rubio, Raúl Jiménez, Font García.

Género: Thriller.

Sinopsis: Madrid, agosto de 2007. Curro entra en prisión tras participar en el atraco a una joyería. Ocho años después sale de la cárcel con ganas de emprender una nueva vida junto a su novia Ana y su hijo, pero se encontrará con una situación inesperada y a un desconocido, José.
 
[Información facilitada por Filmaffinity]



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Raúl Arévalo, el actor al que hemos visto ya en diferentes registros, debuta ahora como director de largometraje, tras dirigir un par de cortometrajes, y lo hace con un thriller que ha obtenido muy buena crítica y numerosas nominaciones para los premios Goya que se celebrarán el 4 de febrero. En total opta a once galardones, ahí es nada, entre las que figuran Mejor Película, Mejor Director Novel, Mejor Guión o Mejor Actor Protagonista (Antonio de la Torre y Luis Callejo).

Con Tarde para la ira me he encontrado un largometraje español, sí español, pero muy digno, por no decir magnífico. Ya hemos visto cómo otros actores jóvenes se han atrevido a ponerse detrás de la cámara. A bote pronto me viene a la mente el cine del año pasado con la película A cambio de nada, dirigida por Daniel Guzmán y que le valió también el Goya a la Mejor Dirección Novel. Sin embargo, aquella película no me impresionó tanto como la de Arévalo. Tarde para la ira me parece una cinta en la que no se da puntada sin hilo.

La película cuenta con dos planos temporales. Unas breves e introductorias escenas iniciales nos colocarán como testigos de un robo que sale mal parado. Como consecuencia, Curro acabará entre rejas donde pasará ocho años. Poco antes de obtener la libertad conoceremos a Jose, un tipo solitario, introvertido, callado y serio que acostumbra a echar sus ratos de ocio en el bar de un humilde barrio madrileño. El establecimiento está regentado por Juanjo, de quien es muy amigo, y su hermana Ana, de quien está enamorado en secreto, pero Ana tiene novio que no es otro que Curro, el que está a punto de salir de la cárcel. A su vez, veremos cómo Jose pasa algunas tardes en el hospital, acompañando a un hombre que parece encontrarse en coma.


¿Qué relación hay entre todos estos personajes? ¿A qué se dedica Jose? ¿Quién es el hombre en coma? Las respuestas llegarán en el momento apropiado y serán como una bofetada en toda la cara. Entenderemos cuales son las verdaderas intenciones de Jose, no nos sorprenderá pero si hará que nos removamos inquietos en nuestros asientos, a la espera de que se desate la tragedia, algo que ocurrirá en el último cuarto de la película, cuando Jose desarrolle el plan que parece ha ideado hace tiempo. 

Tarde para la ira cuenta con diversos saltos de escena a escena, especialmente en los primeros compases, que ayudan al espectador a tener una idea general del planteamiento de la película y que son suficientes para ponernos en situación. A partir de ahí se estructura en cuatro partes claramente diferenciadas y que el director ha decidido denominar  El bar, La familia, Curro y La ira, figurando, en esta última parte, un giro de 180º en el argumento y que lo cambia absolutamente todo. Y así llegaremos a un desenlace de esos que gustan a algunos y que otros aborrecen. No es un final abierto propiamente dicho porque los conflictos planteados se resuelven prácticamente en toda su totalidad. Queda únicamente un fleco suelto,  una pregunta que surgen en la mente del espectador y que tiene varias respuestas posibles, todas ellas muy válidas, todas ellas aptas. ¿Por qué Jose actúa en los últimos minutos como lo hace? ¿Qué le mueve a ello? Mientras ves pasar los créditos finales se colarán en tu mente diversas hipótesis y, en el caso de haberla visionado en compañía, surgirá un diálogo entre vosotros de lo más interesante.

Hay escenas especialmente bien rodadas, como un accidente de coche filmada desde el interior del vehículo, u otra de carácter violento pero muy realista a la par que muy bien interpretada. El uso de la cámara es todo un acierto y los planos secuencia o mejor aún, los primeros planos, nos colocan mirándonos frente a frente con los personajes. Tengo la sensación de que, en este largometraje, el director no ha dejado nada al azar, ni los diálogos entre Jose y Curro, en los que a veces se cuela alguna charla o pregunta, poco transcendental pero que no desentona, como la banda sonora que se mueve entre el flamenco y las composiciones cargadas de tensión, destacando una canción de José Manuel Soto que no puede venir más al pelo. 

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