Una noche del pasado mayo, una de esas noches en las que tu cuerpo y tu mente se niegan a inducirte a un sueño tranquilo y reparador, surgió de mi cabecita la idea de abrir un blog en el que pudiera hablar de todo lo que más me gusta. A saber, los libros, las películas, la música,...
Esa misma noche también apareció en mi mente el nombre que le pondría y a la mañana siguiente, sábado, nació Books & Co. Aquel día me planté muy dispuesta delante del ordenador y comencé a navegar en internet, buscando información sobre cómo abrir un blog y darle forma. No tenía ni idea y tampoco nadie a quién preguntar, sólo a Mr. Google, así que leyendo aquí y acá, fui dándole cuerpo poco a poco.
En la red se encuentran verdaderas maravillas que todavía hoy me dejan con la boca abierta. Nombres ingeniosos, dibujos espectaculares, plantillas personalizadas, banners elaborados,.... Yo quería algo sencillo, entre otras cosas porque no me veía haciendo algo tan complicado. Así que una foto por aquí, otra por allá... y listo. Ya teníamos fachada.
Pero ahora venía lo que supuestamente más valor tiene en un blog, el contenido. ¿De qué empezar a hablar? Lo primero que se me ocurrió fue hacer una presentación de mí misma y explicar los motivos por los que quería abrir el blog. Eso es fácil, pero ¿y luego?
El tiempo iba pasando y las visitas eran escasas. Nadie parecía interesarle lo que en este rincón encontraba, nadie hacía el más mínimo comentario. No digamos ya hacerse seguidor. Yo me decía, «a ver, que tú has abierto este espacio para escribir sobre lo que te gusta, igual que has estado haciendo hasta ahora en un documento de word, solo que aquí queda más bonito, independientemente de que haya alguien que te lea o no». Pero no nos engañemos, aquello era sólo una forma de consolarme.
Al final conseguí que tres chicas con las que hablo de otros temas en otros rincones cibernauticos se apuntaran. Luego estuve dos semanas detrás de mi pareja y mi hermana para que se hicieran seguidores... Vale, ya tenía subscriptores pero tampoco cambiaba mucho la cosa.
Por julio la desesperación era absoluta. Estuve a punto de dar cerrojazo al blog, incluso escribí una reseña que aún figura como borrador y que titulé El blog de los visitantes mudos, porque alguna visita sí que tenía pero comentarios cero, salvo los de la familia. Ahora que he vuelto a leer aquel post, como que tiene su gracia y todo. Pero esperé un poco más y comencé a comentar en otros blogs, a leer otras reseñas, a dejarme ver... y poco a poco fuisteis apareciendo vosotros.
El 5 de septiembre tenía 21 seguidores. Dos meses después hemos llegado a 100. Reconozco que, en comparación con otros blogs, he tardado lo mío pero yo soy de pasito a paso. Siempre me ha gustado ir a mi ritmo y hoy me siento muy contenta. Por eso quiero daros las gracias a todos y cada uno de vosotros, sea cual sea la forma y manera en la que habéis llegado hasta aquí. Agradecer a todos los que leéis y regáis las reseñas con vuestros comentarios, a los que solamente os limitáis a leer y a los que simplemente estáis. Para mí todos sois importantes y por eso esta reseña es para vosotros y por eso figuráis todos en ella.
No voy a acabar sin dar gracias especiales a Marilú de Cuentalibros. Algunos pueden pensar que es una somera tontería que los blogs se apadrinen entre ellos. Cada cuál es libre de pensar como guste, pero tengo que reconocer que sin su ayuda este blog no hubiera llegado a los 100 seguidores hoy. Gracias a ella, he conocido a otros bloguer@s y ellos a mí. Un beso muy especial para ti Marilú. Y como empezar es tan difícil me pongo a disposición ahora mismo para echar un cable a aquel que empiece y lo necesite. Intentaré hacerlo lo mejor posible.
P.D. No dejemos a la familia incompleta. Ahí va el 101