viernes, 23 de abril de 2021

ARROPARTE O EL ARTE DE CAMINAR SIN ROPA de Alejandro Pérez Guillén

Editorial: Alfar
Fecha publicación: diciembre, 2020
Precio: 16,00 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 280
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788478988778

Autor

Alejandro Pérez Guillén (Benalup-Casas Viejas, 1973) es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Cádiz. En la actualidad trabaja como responsable de la Biblioteca Pública Municipal y como animador cultural de su localidad. Ha publicado los siguientes poemarios: Entrevista con la palabra (Ayto. Benalup-CV, 1997), Sueños de hadas sin hada madrina (Alhulia, 2003), Monedas de papel (Diputación de Cádiz, 2006), Matar a Narciso (Alfar, 2012), En manos de Orfeo (Renacimiento, 2014) y Sol de invierno contra la borrasca (Vitruvio, 2018). También es autor de los cuadernillos El cadáver dormido de la historia y Tardes en fuga, del libro de relatos La otra realidad (Aladena, 2009) y del libro de prosa poética titulado Re-flexiones: ejercicios para el corazón (Alfar, 2016). Ha sido incluido en las antologías Recital Chilango andaluz 2006. Antología. Y Diez voces de la poesía actual 2017. Ejerce como crítico literario y ha sido columnista de medios de comunicación como el Diario de Cádiz. En la actualidad es el director de las colecciones Biblioteca de Autores Contemporáneos (Serie Poesía) y Otras Poesías de Ediciones Alfar. Puedes visitar su web en: alejandroperezguillen.es

Sinopsis

Nueva joya literaria de Alejandro Pérez Guillén, quien vuelve a adentrarse en la prosa poética más profunda, la que nace desde su corazón, desde sus manos, desde sus propios sentimientos, desde la existencia del ser humano, desde el origen del mismo, desde el arte de caminar sin ropa.

[Información tomada directamente de la web]


Conocí a Alejandro Pérez Guillén una lluviosa tarde de marzo de 2017, cuando, tanto él como la editorial, quisieron contar conmigo para la presentación de su libro Re-flexiones. Ejercicios para el corazón (Ed. Alfar). Muchos sabéis que la poesía y yo no siempre somos un matrimonio bien avenido. Lo he comentado muchas veces, creo que me falta sensibilidad para conectar con esa forma de expresarse, capacidad para entrever hacia dónde nos quiere conducir el poeta. Sin embargo, con Alejandro Pérez Guillén es distinto. Lo fue entonces, cuando me atreví a acompañarlo en aquella presentación, y lo sigue siendo hoy. 

Lo que el autor gaditano nos propone en este nuevo libro, Arroparte o el arte de caminar sin ropa, es otro ramillete de textos, -llámalos cuentos, relatos o microrrelatos-, cercanos, emotivos, tiernos, sencillos,... Es lo que nos ofrecía en su libro anterior del que dije que contenía pellizquitos al corazón, con los que Alejandro nos acerca su manera de ver y entender el mundo, siempre con una sonrisa en los labios. Las páginas de este nuevo libro son chispazos de luz cálida que reconfortan el alma. Por eso estoy tan de acuerdo con las palabras de Eva María Márquez Roldán, que firma la contraportada de este libro con las siguientes palabras:

«Alejandro es de esas personas que dejan huella. Lo mismo ocurre con sus escritos. Es un mordisco que te atrapa. Es imposible adentrarse en sus textos y que pasen indiferentes por tu persona. Su generosidad, su simpatía, su entrega y su sensibilidad como ser humano traspasan los muros sociales del silencio emocional. Alejandro abre ventanas para dejar fluir las emociones que todos sentimos. Leer sus páginas es atravesar la piel y sentir los latidos desnudos del alma. Bajo las raíces de sus palabras encontrarás el calor de una vida, un mundo tan real como la existencia, un amor capaz de tejer las costuras descosidas y un sentimiento tan auténtico que nos lleva a soñar entre suspiros con su lectura. Una escritura que invita a darle cuerpo a la esperanza, una prosa poética que nos reconcilia con nuestras propias sombras hasta amanecer con ese aroma de pan recién hecho. Todo un viaje al interior de uno mismo, todo un arte de caminar sin ropa».

Sin lugar a dudas, me quedo con ese «latidos desnudos del alma», ese  «sentimiento tan auténtico que nos lleva a soñar entre suspiros con su lectura», o con ese «aroma de pan recién hecho». Así es, porque este libro huele a hogar, a tardes de café mientras uno ve llover tras los cristales.

No estamos ante un libro de poesía propiamente. ¿O sí? Bueno, va a ser que sí porque Alejandro no puede dejar atrás lo que realmente es. Poeta. Pero, para no confundir a los posibles lectores, debo añadir que estamos ante lo que acostumbramos a llamar prosa poética, un estilo, una forma de expresarse emocionalmente a la que sí me siento más cercana, sin que le falte todos esos recursos que son convencionales en la poesía. 

Mientras leía este libro, no he podido evitar imaginarme a Alejandro en su mundo, en ese que solo él sabe pintar con colores vivos. Lo veo observando la vida que pasa a su alrededor, al tiempo que presta oídos a lo que nace de lo más profundo de su ser. Porque es ahí, en su interior, donde él encuentra el empuje necesario para sacar lo que bulle dentro de sí, y exponerlo a los ojos de los demás, sin miedo y sin pudor. Me gusta imaginarme a Alejandro, como testigo de una situación cotidiana, que solo él es capaz de mirarla desde otro ángulo, mucho más hermoso. Hay mucho de eso en este libro, del día a día, de momentos sencillos, de cruce de palabras, de amaneceres y de noches, de ruidos y de silencio. Pero todo eso, la vida en sí misma, queda vista a través de sus ojos, pasada por ese tamiz que convierte al poeta en alguien capaz de vivir cada instante con absoluta intensidad.

 

«Tú llevas la belleza en el corazón. Yo sola la desnudo con la palabra».
[Tú me salvas]


A lo largo de un total de casi trescientas páginas, bailan textos de diversa longitud. Para transmitir una emoción, a Alejandro le basta, a veces, con un pequeño puñado de frases. Y ni eso, porque, en más de una ocasión, encontraremos simplemente el cruce de dos breves líneas de diálogos. Un interlocutor pregunta por una sencillez. El poeta responde con un latido en verso. 

Escritos desde el yo, la mayoría van dirigidos a ese ser amado que supone aliento y vida, ese ser sin nombre que representa para cada uno de los lectores nuestro propio punto de partida y nuestro camino. El cosquilleo que el amor provoca en el corazón del poeta campa a sus anchas en estos textos, llenos de un lirismo que desborda. Sí, hay amor. También deseo volcado en letras más sensuales, a las que no le falta la elegancia y la belleza. Pero quedará espacio para el padre, la madre, los abuelos, el hijo, ese pequeño duende al que acompaña al colegio. Incluso habrá hueco para hablar de la tierra, de esa que nos vio nacer, y en la que echamos raíces.


[Fuente: Facebook Ediciones Alfar]


Me gusta cuando Alejandro recuerda, cuando habla de la infancia lejana, de lo que aquellos años tiernos e inmaculados dejaron marcado sobre su piel. Es inevitable leerlo y regresar a mis primeros años, para perderme durante un rato en mis propios recuerdos. Me gusta cuando habla de añoranzas, de sueños y de tiempo. ¡Ay, el tiempo! En estas páginas no hay relojes que marcan las horas. Hay caricias que delimitan los instantes. Y también hay desayunos, paseos, viajes,... Por haber, hay hasta política. ¿Cómo se hace eso? ¿Cómo se pueden aunar en el mismo espacio política y poesía?

Estructurado en cinco partes (Descalzos, Mordeduras, El camino, Desnudos y La piel de los latidos), el volumen cuenta con un prólogo a cargo de Ángeles María Vélez Melero, profesora de Lengua y Literatura castellana. Velez Melero apunta que la voz de Alejandro destila sentimiento y emoción. No le falta razón. El poeta lo hace incluso desde los títulos que elige para sus obras. La palabra «arroparte», implica acogida, cariño, ternura... Justo lo que encontramos en este volumen. Pero también es un título donde habita un contraste, el acto de desnudarse, como bien señala la autora del prólogo. Como si para dar, hubiera primero que despojarse de todo lo sobrante. Alejandro se desnuda emocionalmente, ofreciendo lo que es, lo que existe, para acoger al lector en un refugio construido de palabras. Pero a él también lo abrazan. El primer y último texto no son de su autoría. Es Eva María Márquez la que extiende sus brazos a derecha y a izquierda, con cada uno de esos poemas para dar abrigo a Alejandro. Esos dos textos conforman una U en la que el poeta queda recogido.

Para embellecer aún más estas páginas, contamos con las ilustraciones de María del Mar Robert, que también da color también a la cubierta. Editados en blanco y negro, todos están relacionados con el texto al que acompañan.




Arroparte o el arte de caminar sin ropa es como esas cajas de bombones a las que te acercas cuando quieres darte un capricho. Abres la tapa y extraes ese de chocolate negro que se funde en tu boca. Otro día tomas aquel otro relleno de licor. Así son los poemas, los versos, las palabras de Alejandro, pequeños bombones que te alegran el día. Así que, hoy Día del Libro, de esos pequeños objetos que nos hacen vivir otras vidas, al que el propio autor dedica una oda en este volumen  -Te haces libro-, vengo a invitaros a asomaros al universo Pérez Guillen. Si te gusta la poesía, te vas a deleitar. Si en cambio, te pasa como a mí, que no siempre conectas con el verso, no te apures. En este libro hay tanta emoción y sentimiento que, irremediablemente, te llegará al corazón.


«Hay libros que, por mucho que uno los lea, te envuelven como un abrazo»


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí.


jueves, 22 de abril de 2021

CÉSAR PÉREZ GELLIDA: ❝Tenía muchas ganas de volver literariamente a Valladolid❞

Ha llovido mucho desde entonces. La última vez que me senté a conversar con César Pérez Gellida, fue en 2015, con la publicación de Khïmera. Era su séptima novela, después de dos trilogías, Versos, canciones y trocitos de carneRefranes, canciones y rastros de sangre, que lo colocaron donde le correspondía, en lo más alto del ámbito literario. Y aquel primer paso que dio con Memento mori sigue andando un camino de éxito y reconocimientos. Hoy se habla de Gellidismo, un término que engloba a todos esos lectores a los que nos gusta meternos de lleno en las tramas criminales que el vallisoletano construye con tanto esmero.

A finales de 2020, pone en la calle lo que es su undécima novela, La suerte del enano. El autor regresa a Valladolid, a través de la inspectora Sara Robles, que tendrá que enfrentarse al robo de una obra de arte. Viajes a las cloacas de la ciudad, miembros de la mafia rusa y, como siempre, mucha sangre teñirá las páginas de esta nueva novela. Con motivo de la Feria del Libro de Tomares (Sevilla), César Pérez Gellida visita la capital hispalense y, ahora sí, me siento de nuevo a conversar con él. Lo había echado de menos. 

Marisa G.- César, cuánto tiempo sin venir por aquí. No te veo desde 2015, con Khïmera

César P.G.- Con Khïmera, es verdad. Me acuerdo perfectamente. Nos vimos en una cafetería muy chula. Alguna vez he venido por aquí, pero no por motivos literarios.

M.G.- Bueno, pues déjate ver más. A ver, por empezar, sé que estos reconocimientos ya tienen su tiempo, pero es que me hace gracia pensar que, con toda la sangre que has derramado por Valladolid, te nombran vallisoletano ilustre. Y luego está la Medalla del Honor de la Sociedad Española de Criminología  y Ciencias Forenses.

C.P.G.- Sí. Esa medalla fue de 2014. Bueno, es que acostumbro a documentar muy bien las novelas, desde el punto de vista de la criminología, y eso mola a esa gente. Está bien que, dentro de la ficción, seas fiel a todo lo relacionado con la criminología.

Y lo de Valladolid, me gusta que mi ciudad sea el epicentro del Gedillismo. Tengo que agradecer muchas cosas a los vallisoletanos. Sigue siendo la ciudad en la que más éxito tengo, donde más me quieren, y yo procuro devolvérselo a mis paisanos.

M.G.- En La suerte del enano, la jefa de Homicidios, Sara Robles, tiene que enfrentarse a dos casos. Por un lado, a la muerte de una anciana y, por otro, al robo de una obra de arte. ¿Así podríamos resumir la trama de esta novela?

C.P.G.- La trama principal, la que ocupa la mayoría de las páginas, es la del robo. La otra, con la que arranca la novela, no deja de ser un cebo de la cotidianeidad de estos profesionales. La Policía tiene muchos casos de este tipo, de muertes que no se saben si son naturales, accidentales o criminales y, aunque ocurra un robo con varias muertes, al final, no pueden dejar de atender el resto de casos. Así que tienen que enfrentarse a muchos come-tiempos, como puede ser la muerte de la anciana. He tratado de reflejar la realidad, el día a día de una inspectora de un grupo de homicidios de Valladolid, o de cualquier otro lugar de España.

M.G.- ¿Y estamos ante el inicio de otra saga?

C.P.G.- No sabría decirte. Desde luego, no bajo el modelo de trilogía o bilogía, pero a lo mejor el personaje de Sara Robles, más adelante, tiene continuidad. O lo mismo, algo de lo que he dejado aquí pendiente, lo vuelvo a retomar en otra novela. 

M.G.- César, esta es la primera novela cuya trama principal está protagonizada por una mujer, una inspectora de homicidios, ¿cierto?

C.P.G.- Sí. Es la primera vez que el papel femenino tiene el foco de atención. Sara Robles es un personaje que salía ya, de forma tangencial, en Sarna con gusto. Por entonces, yo ya intuía que ella podría tener un papel mucho más protagónico, lo que no sabía era en qué momento. Cuando estuve estructurando en mi cabeza esta novela, que no tenía ni título y de la que solo sabía que trataría sobre un robo y en Valladolid, tuve muy claro que tenía que ser Sara Robles la que tuviera ese protagonismo. Lo que pasa es que los papeles femeninos me cuestan mucho más que los masculinos, por motivos muy razonables. Pero el hecho de haberme esforzado tanto para meterme en la cabeza de Sara, me ha generado vínculos muy fuertes con el personaje. Me he sentido muy cómodo escribiendo para ella.


M.G.- Te ha quedado muy bien. 
Sara viene de una ruptura sentimental que no termina de sanar y es adicta al sexo, por lo que está en tratamiento. Sin embargo, y esto te lo agradezco mucho, no has explotado excesivamente esa cualidad del personaje.

C.P.G.- No, no, eso está ahí y ella es consecuente con lo que le ocurre, pero no es el foco principal. Esta no es una novela erótica, aunque el sexo sí tiene su importancia, porque ella es adicta al sexo. Como todas las adicciones ella tratará de controlarlo, aunque no siempre lo consigue y eso complica mucho las cosas. Todo eso tiene que ver mucho con el título, La suerte del enano. Sara Robles no cree en la suerte pero, llega un momento, en el que se da cuenta de que esos golpes de suerte, de infortunio o de mala suerte, son los que gobiernan y desgobiernan el destino. Al final, ella tiene una evolución como personaje, de ser una negacionista pasa a admitir que hay momentos en la vida en la que te conviertes en una mera marioneta.

M.G.- Los que te empezamos a leer desde el principio, nos reencontramos con Ramiro Sancho en esta novela. Para mí ha sido toda una sorpresa.

C.P.G.- ¿Te ha gustado, eh? 

M.G.- Pues sí, la verdad. (Risas) 

C.P.G.- Ramiro aparece bastante avanzada la trama, pero a Sara eso le supone un lastre. Es una parte de su vida muy importante que no sabe si le va a afectar positiva o negativamente. En cualquier caso, le afecta. Es ese tipo de relaciones que rozan lo tóxico. Parece que están hechos el uno para el otro, pero no es  posible que terminen de estar juntos por motivos profesionales.

M.G.- Y hay otro personaje con el que me he reído mucho. Uno de los criminales es un minero asturiano que, cuando se pone nervioso, habla en bable. ¿Quién te ha ayudado? Porque no creo que tú hables bable, ¿no?

C.P.G.- (Risas) Me ha ayudado un amigo de Mieres. Hay tantos bables como asturianos. En cada una de las zonas de Asturias se habla un bable distinto. Mi amigo me ha ayudado mucho a la hora de traducir todo lo que ese personaje dice cuando está nervioso, que es en muchas ocasiones.

M.G.- Para escribir esta novela habrás tenido que empaparte y aprender mucho sobre robos de obras de arte, cómo se mueven las piezas en el mercado negro, el funcionamiento y los manejos de la mafia rusa. Cuéntame un poco.

C.P.G.- Había dos focos de información importantes. Por un lado, el crimen organizado en la Costa del Sol, sobre todo de la bratvá rusa. Por otro, todo lo que subyace detrás del robo de las obras de arte. Entre las dos líneas hay un punto de conexión. Cuando se roba una obra de arte no siempre es porque alguien con mucho dinero quiera tener un Picasso en su salón. A veces, ese tipo delitos se utilizan para avalar otro tipo de operaciones, normalmente de narcotráfico, o de compra-venta de armas. Con los años, he ido haciéndome de un círculo de contactos. Unos me llevan a otros y me lo ponen muy fácil. No tiene demasiado mérito si acudes a la fuente acertada. Luego eso sí, de toda la información que te facilitan, como autor tienes que decidir qué es lo que vas a volcar en la novela, sin que se convierta en un ensayo. 

M.G.- Pero lo que sí tiene mérito es meterse en las cloacas de Valladolid. Bueno, de Valladolid o de cualquier otra ciudad.

C.P.G.- (Risas) No si eso es un mérito, pero sí tuve que hacerlo. Si no hubiera tenido los contactos en la Unidad de Subsuelo y no me hubiera metido en las cloacas, seguramente no hubiera escrito esas secuencias que aparecen en la novela. Hace falta estar ahí, haberlo vivido, haber respirado ese aire viciado, haber visto los bichos, haber avanzado durante mucho tiempo en posición encorvada, sin poder levantar los pies porque se te pegan las botas al fango. Todo eso, si no lo has vivido en primera persona, no lo puedes escribir.


M.G.- Para eso hay que valer. Y en cuanto al robo que se perpetra en la novela, es una pieza real, es
El martirio de San Sebastián de Berruguete, que está en el Museo de Escultura de Valladolid. ¿Por qué esa pieza concretamente?

C.P.G.- Me lo sugirió María Bolaños, la directora del museo. Tuve una entrevista con ella antes de lanzarme a escribir. Manejaba varias opciones, después de visitar el museo como unas diez o doce veces. A María, le pedí que me aconsejara sobre una pieza que fuera muy valiosa, con un valor incuantificable en el mercado, y que, por supuesto, fuera transportable. No me valía el Santo Entierro de Juan de Juni. Ni por partes lo podría robar. Y dentro de los requisitos, María me señaló esta pieza, de la que está enamorada y así lo tuve claro.

M.G.- Antes hablábamos de Valladolid, ciudad a la que regresas con esta novela. Con todo lo que te has movido por la ciudad, que no has dejado un rincón sin explorar, te sueltan en cualquier punto con los ojos cerrados y eres capaz de volver a tu casa.

C.P.G.- Valladolid es el rincón del universo que mejor conozco, donde más cómodo me encuentro. Soy muy vallisoletano y me gusta hacer alarde de vallisoletanismo. Es una forma de devolver todo el apoyo que han tenido la gente de mi ciudad conmigo. Por otro lado, me encanta recibir mails o mensajes a través de redes sociales, en los que algunos lectores me dicen que han visitado mi ciudad, movidos por mis novelas. A mí eso me da mucha fuerza y justifica el oficio.

M.G.- Yo no conozco tu ciudad pero, tiene tanto protagonismo que, a medida que te voy leyendo, me apetece cada vez más conocer el Zero Café. Aunque he descubierto bares nuevos con esta novela. Y luego me he reencontrado con aquel «Muérete vieja», esa pintada, que ya aparecía en la primera trilogía, y sobre la que te pregunté en su día. 

C.P.G.- ¡Ah!  (Risas)

M.G.- Me acuerdo perfectamente de la fotografía que compartiste.

C.P.G.- Sigue estando en el mismo sitio, en Ecuador 9. Ojalá se quede por secula seculorum, pero al ser una pintada, vete a saber. Pero sí, trato de reflejar en la novela la realidad de Valladolid, y esa realidad son sus calles, sus gentes, sus ambientes. 

M.G.- En aquellas novelas, era muy característico encontrarse con mucha música. En esta, también hay algo pero mucho menos.

C.P.G.- Sí, algo hay pero no quiero repetir la fórmula de una banda sonora. Es algo que funcionó en su momento y es bueno plantearse otro tipo de retos. Lo que pasa es que tampoco puedo huir de la música cuando es algo tan importante para mí. Y luego, si hay escenarios como el Zero Café, donde suena la música, y allí ponen a Placebo, pues lo cuento. 

M.G.- Dices en la Nota de Autor que esta es la novela con la que más has disfrutado del proceso de escritura, ¿por qué?

C.P.G.- Quizá porque, después de una cuantas novelas, tenía muchas ganas de volver literariamente a Valladolid, de recorrer sus calles, mental y físicamente. La verdad es que he disfrutado mucho. Y luego, el proceso de documentación para esta novela no ha sido tan arduo como en Todo lo mejor y Todo lo peor, con las que había que retroceder en el tiempo, ir a los 80, con todas las cosas que han cambiado desde entonces. En este caso, me ha resultado sencillo adaptar las escenas al presente.

M.G.- Han pasado casi diez años de aquel Memento mori. ¿Qué queda de aquel César Pérez Gellida?

C.P.G.- No lo sé. Supongo que queda mucho del entusiasmo inicial, de la confianza con la que abordé cambiar de oficio. Quedan los mimbres que al final soportan al César Pérez Gellida de hoy. Lo que pasa es que ha evolucionado mucho, por obligación. Creo que hay una mejora sustancial en cuanto al estilo de escritura. No es comparable Memento Mori o Dies irae con las tres últimas novelas, en cuanto a la estructura, la forma de escribir y expresarte, la soltura,... Todo eso que se adquiere con la experiencia.

M.G.- Y para terminar, he leído que querías tomarte un respiro.

C.P.G.- Esa era la intención pero no he podido.  Me tomé un respiro en cuanto a escribir novela porque me he dedicado muchos meses a escribir guiones. Luego volví a la novela porque tenía que llegar a los plazos para publicar en noviembre, y de nuevo, otra vez a los guiones, y ahora estoy con novela. Tengo un pie en cada terreno, muy distintos el uno del otro, pero es un acierto hacerlo así. Aunque me cuesta mucho pasar de una cosa y otra, a nivel de higiene mental y reto personal me viene muy bien. Estoy escribiendo más que nunca. En vez de separarme del teclado, me pego más. 

Sinopsis: ¿Se puede capturar al criminal perfecto?

Valladolid, 2019. Sara Robles es una inspectora singular. Encargada de resolver un macabro crimen, además tiene que lidiar con sus problemas cotidianos, estrechamente relacionados con la adicción al sexo y con un pasado que no termina de curar. Mientras tanto, El Espantapájaros, una misteriosa cabeza pensante, ha orquestado el robo perfecto junto a un exminero, un pocero y un sicario, y está a punto de llevarlo a cabo a través del alcantarillado de la ciudad.

La suerte del enano es una brillante novela con altas dosis de investigación policial, sexo y violencia en la que el lector profundizará en el complejo mundo de los robos de obras de arte y sus extensas ramificaciones que los relacionan con grupos de delincuencia organizada.

Gellidismo extremo en estado puro.

miércoles, 21 de abril de 2021

FRITZI. UN CUENTO REVOLUCIONARIO (ANIMACIÓN - 2019)

Año: 2019

Nacionalidad: Alemania

Director: Ralf Kukula, Matthias Bruhn

Género: Animación

Reparto: --

Sinopsis: Basada en el libro para niños de Hanna Schott, esta película de animación cuenta la historia de Fritzi, estudiante de cuarto grado, en la ciudad de Leipzig, en Alemania del Este, durante el verano de 1989. Se supone que cuidará del perro de su mejor amiga, Sophie, durante el verano, pero descubre que Sophie y su familia han huido a Occidente a través de Hungría. Así que Fritzi hace todo lo posible para reunirse con su amiga. Con sentido de la pedagogía, esta película presenta a las nuevas generaciones los complejos acontecimientos políticos e históricos que condujeron a la reunificación alemana.

[Fuente: Filmaffinity]


Tres apuntes antes de empezar a hablaros de Fritzi. Un cuento revolucionario. Primero, tuve conocimiento de este largometraje de animación a través del blog de Miguel Pina, Cine y críticas marcianas que, si no lo conocéis, ya estáis tardando. Segundo, la animación de Fritzi no tiene nada que ver con la que realizan esos famosos estudios de animación. Esta es mucho más clásica y convencional, quizá amparada en el contexto temporal de la cinta. Tercero, a pesar de la leyenda que figura al pie del cartel «Recomendada a partir de 8 años» y que estuviera nominada a Mejor Película Infantil en los premios de cine alemán, no me queda muy claro que sea una película para niños. la animación es el género infantil por excelencia, pero no estoy segura de que los niños sean capaces de entender qué ocurre realmente en este largometraje. Quizás esté infravalorando a los pequeños. Pero os cuento.

La película se inicia con la siguiente información: 

«Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa quedó separada por dos ideologías políticas. Alemania se dividió en dos Estados: Alemania Oriental y Alemania Occidental. Construyeron una frontera para impedir que los habitantes de Alemania Oriental huyeran de su país. Conocida como el "Muro", la frontera se extendía por toda la nación».

La primera imagen ya nos da una idea de la clase de vida que tenían los habitantes de la RDA. Un coche, circulando a gran velocidad en paralelo a una alambrada que cruza un prado, es abatido a tiros tras rebasar una colina. A partir de ahí, el espectador se traslada a Leipzig. Estamos en el año 1989, y dos amigas, Sophie y Fritzie juegan felices en una casa sobre el árbol. Es la última noche que las niñas pasarán juntas antes del inicio del próximo curso escolar. Sophie, junto a su madre Kati, han decidido pasar las vacaciones de verano en Hungría. La niña no quiere separarse de su amiga, y mucho menos dejar atrás a su perro Sputnik, al que deja al cuidado de Fritzi. Tras la separación, el tiempo irá pasando. Fritzie se aburre y está deseando que su amiga regrese. Sin embargo, llega el primer día de curso y ni Sophie ni su madre reaparecen. ¿Dónde están? Con una gran preocupación, Fritzi acude a clase el primer día. En el colegio, la Jury Gagarin Schule, los alumnos son tratados con férrea disciplina. Durante la ceremonia de la bandera asisten hieráticos a un discurso político con el que tratan de hacer entender a los jóvenes la suerte que tienen de formar parte de un Estado socialista. El mitin político se traslada también a las aulas, donde una rígida Srta. Liesegang mantiene a raya, a cada uno de sus pupilos bajo. La ausencia de Sophie crea gran revuelo entre los compañeros de clase. Unos hablan de hippies y otros de desertores. La pequeña Fritzie no sabe cómo encajar esos comentarios y tratará de averiguar dónde está su amiga. Después de indagar un poco, sabrá que su amiga se ha marchado a la otra parte de Alemania, para vivir con su abuela. Su intención es ver de nuevo a Sophie y devolverle el perro. Para ello diseñará un plan, aprovechando una excursión del colegio. La joven contará con la ayuda de su amigo Bela, un joven que le enseña otro lado de una moneda que la niña no conocía. Con él, asistirá por primera vez a reuniones clandestinas celebradas en la Iglesia de San Nicolás, donde se habla de libertad, de cambiar el país, de manifestaciones, de paz y no violencia«Hay gente que está luchando por un país mejor», le dirá Bela a la joven. Para la niña, todo ese entramado político se le hace una bola de difícil digestión, pero comienza a entender la realidad en la que ha estado viviendo.

Fritzie. Un cuento revolucionario es el relato de un acontecimiento histórico. La película, basada en el libro infantil Fritzi war dabei: eine wendewundergeschichtela de Hanna Schott, centra la atención en los sucesos que se vivieron en la Alemania Democrática de la segunda mitad de 1989. A través de la pequeña Fritzi, y su sana y nada peligrosa intención, el espectador acompaña a la joven por un periplo, un sendero vital en el que tendrá que esquivar muchos peligros, algunos materializados en hombres con sombrero y gabardina, súbditos de la Stasi,  esos «miembros del Ministerio de Seguridad del Estado. Son como la policía, pero no protegen a la gente», le dirá su madre a Fritzi. Los actos de la niña, que llegará a rebelarse contra las injusticias, pondrá en peligro a su propia familia, pero también supondrá una lección que la joven da a su familia y a sus compañeros de clase, todos ellos ajenos a la verdad que campa a sus anchas por las calles. «El país entero es una prisión», dice Fritzie. O estás conmigo, o estás contra mí. O te unes al régimen o eres un traidor. Por eso la pequeña decide posicionarse junto a todos esos alemanes que luchan por un país mejor. La fecha clave, que no se menciona en la cinta es el 9 de octubre de ese mismo año. Las manifestaciones pacíficas cada vez serán más numerosas, haciendo frente a un régimen que, tras el cambio de líder, termina por claudicar. Se abren las fronteras.

En varios momentos del metraje se habla de OCCIDENTE. Lo pongo en mayúsculas porque, para los personajes parece un oasis, una tierra maravillosa donde los individuos disfrutan de su libertad y tienen acceso a cientos de oportunidades. Occidente no es más que esa otra parte de Alemania, la República Federal Alemana, a la que mucha gente quería mudarse para salir de la opresión del gobierno de la RDA y del terror que imponía la Stasi. ¿Pero cómo huir a esa parte de Alemania si había una frontera protegida militarmente día y noche, que impedía el paso a Occidente? Según los noticiarios -veremos las imágenes reales emitidas por televisión en esas fechas-, los ciudadanos de la RDA consiguen llegar a la Alemania Federal a través de Hungría, pero es un viaje lleno de peligros. No hay duda a la hora de cargar el arma y disparar, si intentas cruzar la frontera. Las lindes no son para proteger, sino para evitar que salgas. 

Interesante es la relación entre padres e hijos. Frente a la rebeldía de la niña, que al entender lo que está ocurriendo en su país trata de aportar su grano de arena, los padres viven en un estado de sumisión y resignación. Es mucho mejor no señalarse, pasar desapercibido, que nadie se fije en nosotros, para no tener problemas, pero la hija no está dispuesta a seguir callada y se enfrentará al sistema, empezando en el ámbito escolar. Aún así, los padres irán asomando a la luz poco a poco, comprendiendo que, para cambiar las cosas hay que luchar, pacíficamente, pero hacer algo, moverse. Ese es el mensaje de aquellos años, el mensaje de esta película. Solo si se lucha, sin violencia, obtendrás la libertad. 

Decía antes que la animación es mucho más convencional que lo que se suele hacer últimamente. Aun así, no le faltan detalles. Es interesante fijarse en los espacios que rodean a los personajes, en los objetos domésticos, en los edificios. Resalta también la severidad con la que son retratados los militares y los miembros del gobierno, con rasgos muy marcados y miradas amenazantes, frente a la amabilidad en los rostros de los ciudadanos. También es importante señalar la paleta cromática. Muy pocas secuencias lucen con un amplio colorido, vivido y brillante. En la mayoría, se emplean colores suaves y desvaídos, que frecuentemente se ven desplazados por tonos grises, marrones y negros, para imprimir ese aire de represión y falta de libertad que se quiere transmitir.  

Insisto en que no me queda muy claro si es un largometraje apropiado para los niños. Hay algunos diálogos que describen actos crueles y terribles. Los pequeños van a disfrutar únicamente por la animación, la relación entre Fritzi y el perro Sputnik, y las aventuras que los protagonistas vivirán pero, ¿entenderán el contexto histórico? No estoy muy segura. 

Poco más os puedo contar. Fritzi es una película con dos lecturas. Como cine infantil va a funcionar para los más pequeños, que disfrutarán de las aventuras de sus personajes. Como cine adulto servirá para recordar los hechos que dieron pie a la reunificación de Alemania. En cualquier caso, una apuesta interesante.

La tenéis en Filmin.




Tráiler: 




martes, 20 de abril de 2021

ANTONIO MERCERO: ❝Es posible que esta generación de jóvenes sea la más estresada de la historia❞

Por ahí hablan de Generación EGB, Generación X, Generación Z, Generación Y,... Pues yo soy de la Generación Mercero. No hay nada que mejor me defina. Así que no os podéis imaginar la ilusión que me ha hecho hablar con Antonio Mercero, hijo del popular director de cine que, entre otros muchos trabajos, inmortalizó un verano en un pequeño pueblo de Málaga, para el resto de nuestras vidas. Guionista y novelista de profesión, Antonio Mercero inició su andadura junto a su padre en Farmacia de Guardia. Pero son muchos los proyectos que avalan su trayectoria, como la series Hospital Central, Hache o las películas La Vergüenza, Quince años y un día, Invisibles, sin olvidar Felices 140, con la magnífica Maribel Verdú a la cabeza, que tanto disfruté.

Como novelista, se echa a la espalda cuatro títulos, dos novelas conclusivas y una saga protagonizada por Sofía Luna, una policía trans, de la que ya lleva dos entregas. El autor madrileño acaba de publicar Pleamar,  novela con la que inicia nueva saga con la pareja de investigadores Darío Mur y Nieves González. Como primer caso, tendrán que enfrentarse al secuestro de dos jóvenes influencers. Martina y Leandra Müller tienen un canal de YouTube de nombre Pleamar, que cuenta con  un millón de seguidores y donde hablan de sus vidas. Son tan populares que alguien, un criminal que intenta sacar tajada de la fama de la niñas, las secuestra y... Bueno, no os cuento más sobre la trama. 

En su lugar, os dejo la entrevista con el autor de esta nueva novela negra que ahonda en temas de total actualidad, con la que pretende hacernos reflexionar sobre el mundo en el que posamos los pies.

©Marta Mercero
Marisa G.- Antonio, no deja de ser llamativo que, teniendo encarrilada una saga de novela negra, de la que ya llevas dos entregas, inicies una nueva.

A.M.- Sí, es verdad. Bueno, me apetecía cambiar. Es cierto que de la saga anterior, protagonizada por Sofía Luna, una policía trans, ya hay dos entregas publicadas, El final del hombre y El caso de las japonesas muertas, pero no quería centrarme únicamente en ella, y más ahora que estoy preparando la adaptación televisiva. 

M.G.- Pleamar es una novela que gira alrededor de la desaparición de dos hermanas que administran un canal en YouTube. Te metes en ese mundo de vídeos, de retransmisiones en directo, de influencers con toda su cohorte de seguidores. Un mundo en el que uno se encuentra de todo, en el que hay mucha tela que cortar.

A.M.- Sí que hay mucha tela que cortar. El mundo de YouTube es como un pozo sin fondo, en el que uno puede encontrar de todo. Hay cosas que son interesantes, y que aportan algo, eso no lo podemos negar, pero en la mayoría de los casos, no deja de ser una ventana por donde uno van contando su vida. Pero si lo hace es porque hay otras muchísimas más personas que tienen un cierto interés.  

M.G.- Hay de todo. Yo misma sigo algunos canales, trasteo por la red, pero hay veces en que lo que vemos roza lo sórdido. ¿No crees que, como sociedad, se nos está yendo de las manos este canal de comunicación?

A.M.- Sí, a mí me preocupa. Como padre, he visto a mis hijas enganchadísimas a vídeos de YouTube, muchos de ellos insustanciales o directamente tontos, y sin embargo, tienen un éxito brutal. El término «influencer» ya no está indicando lo que hay detrás, esa influencia que ejercen sobre la audiencia, sobre los jóvenes. Influyen en sus conductas, en su escala de valores, en sus aspiraciones. Y sí, me parece preocupante. Además, una de las partes negativas de la proliferación de estas redes es la infantilización de la vida, en general, y la banalización de la cultura. Esa es una de las cuestiones sobre las que reflexiona mi protagonista. Darío Mur es muy tradicional, muy culto y no es capaz de entender cómo ha cambiado el canon a la hora de valorar la fama. Ahora ya no hace falta destacar en alguna disciplina ni ser virtuoso. Basta con ser simpático, fresco y guapete. Con eso puedes conseguir un montón de seguidores y ser un referente. Eso es un riesgo, aunque las redes también tienen sus ventajas. De todos modos, creo que todo esto está marcando mucho la forma que tenemos de relacionarnos, no solo en lo referente a los amigos, sino también en relación a las parejas y a los padres e hijos. Esa es la reflexión a la que yo quiero llegar con este auge de las redes sociales. Ese es el trasfondo de esta novela que, por otro lado, no deja de ser criminal y policíaca.

M.G.- Me voy a poner extremista. Teniendo en cuenta lo que vemos en YouTube y que hay mucho loco suelto, ¿sería muy descabellado pensar que la trama de tu novela podría darse en la realidad? Hablamos del secuestro de dos jóvenes que se ganan la vida con sus vídeos sí, pero de dos jóvenes famosas, muy mediáticas, y que ganan mucho dinero.

A.M.- Bueno, todo es posible.

M.G.- Te lo pregunto porque he hecho una búsqueda rápida en Internet y encuentro los siguientes titulares: «Muere en directo una mujer a la que un influencer roció con gas pimienta y echó a la calle semidesnuda», «Una 'influencer' tiene citas a ciegas con los chicos que eligen sus amigos y las retransmite en directo en Instagram», «Una 'influencer' retransmite en directo por error un encuentro sexual con su novio». Esto es para echarse las manos a la cabeza.

A.M.- Vivimos en la tiranía del clic, en la búsqueda de seguidores a toda costa, en la necesidad de llamar la atención del público, en un mercado que está muy atomizado y lleno de propuestas. Y empujados por todo eso, somos capaces de cualquier cosa. Estamos enseñando aspectos muy privados de nuestra vida, estamos recurriendo al sensacionalismo para conseguir atraer la curiosidad del espectador. Todos esos excesos ya se están produciendo. El «Me gusta» es una tiranía total. Ahora se mide tu éxito en función del número de seguidores que tienes, del impacto que generas, de los clics en tus contenidos. Todo esto está generando una revolución.

M.G.- Hablas de aspectos privados de nuestras vidas, tan privados que yo he llegado a ver la retransmisión de un parto, y no en un canal médico, precisamente. Pero es que, encima, parecía guionizado.

A.M.- Fíjate. Y hay gente que airea sus enfermedades y sus ingresos hospitalarios. Todo lo que antes era privado y casi tabú, ahora pasa a ser pasto del espectáculo. Es así.

M.G.- ¿Y tú cómo has hecho para empaparte de este mundo? ¿Qué has hecho para retratar ese lado oscuro de las redes? ¿Con quién has hablado?

A.M.- Pues con muchos influencers, instagramers, youtubers. He leído mucho sobre el tema y también he meditado. Antes de escribir sobre este tema concreto, tenía que saber qué pensaba exactamente y tenía que destilar mi propia opinión. No me gusta deslizar mi opinión directamente en la novela, aunque sí he querido mostrar un fresco, para llevar al lector a hacerse preguntas y que piense sobre lo que estamos viviendo. Me he limitado a exponer unos hechos, un trasfondo social muy poderoso, como es el auge social de las redes, para proponer al lector que piense sobre este tema, un asunto que me parece importante y crucial hoy día. Hay un cambio de paradigma en la forma de relacionarnos con la información, con el espectáculo y entre nosotros. Es un tema que tiene un montón de derivadas.


M.G.- ¿Y cómo son estos jóvenes con los que has hablado? ¿Qué te has encontrado? 

A.M.- Recuerdo una instagramer que me contaba cómo sus padres la obligaban a seguir estudiando su carrera. Le decían que todo esto es muy efímero y que, al final, iba a terminar siendo desplazada por otros más jóvenes que vienen detrás. Pero como ella está arrasando y está ganando dinero a una edad muy temprana, siente que esto es Jauja. Sin embargo, llegó a un pacto con los padres, compaginar el canal con su carrera. 

Este mundo es muy competitivo y no es fácil vivir de esto. En realidad, es una profesión muy dura porque son muchas horas delante del ordenador, subiendo contenidos, cuidando tu canal, tu perfil. Ellos te cuentan que es una profesión muy vigilada porque no puedes perder impacto ni seguidores. Tienes que tener mucho cuidado con lo que publicas. Si vas a los toros y subes una foto, pierdes a todos tus seguidores anti-taurinos. Se lo toman muy en serio. Sobre todo porque llegan a ser imagen de ciertas marcas. 

Y luego está la ansiedad que provoca vivir pendiente todo el día de las redes, del móvil. Hay jóvenes que ha acabado en urgencias con una crisis de ansiedad porque han perdido el móvil. Son esos casos de adicción a las nuevas tecnologías que todos conocemos. 

Después de hablar con mucha gente y leer mucho, como escritor, he puesto mi propia imaginación. He recreado un mundo, porque esto no deja de ser una novela. He procurado que todos los ingredientes estén bien integrados en la historia y he intentado conseguir un resultado equilibrado. Por un lado, la reflexión sobre las redes, y por otra parte, una historia policiaca, con giros, absorbente, trepidante. 

M.G.- Y con una pareja de protagonistas que son muy distintos.

A.M.- Así es. Me he preocupado de que haya mucho contraste entre ellos. Me interesaba tener a Darío Mur, un hombre más viejuno, que no entiende nada de las redes sociales, ni de que se pueda alcanzar la fama por esas vías, con vídeos tan frívolos. En cambio, su compañera, la subinspectora Nieves González, es más joven, usa redes, entiende este mundo, liga por Internet. Me parece que es una pareja que representa muy bien las dos generaciones: la mía que es la que ha visto la irrupción del teléfono móvil y ha tenido que asomarse como buenamente ha podido a este mundo, y la de los jóvenes que han nacido con el móvil debajo del brazo. Ahí hay un abismo generacional mucho más marcado que en otras épocas.

M.G.- Has hablado de relaciones personales. Darío tiene una hija adolescente, con la que tiene sus más y sus menos. Padres que no entienden cómo sus hijos pueden estar más pendientes de un móvil que de la conversación que se tiene en casa a la hora de las comidas.

A.M.- Sí, Darío tiene una hija muy conflictiva que roza la delincuencia. No es la edad del pavo, sino una cosa mucho más chunga. De hecho, en la novela sale un tema muy silenciado, los malos tratos de hijos a padres, que no deja de ser un drama que viven muchas familias. Le  he puesto este conflicto a mi protagonista porque me gusta que mis personajes tengan vida, que no sean solo una herramienta de investigación y se dediquen únicamente a atrapar al malo. No, prefiero que tengan también problemas personales porque eso enriquece la novela. Luego, esa relación entre padres e hijos, esa niña que está tan metida en ese mundo me ayuda a reflexionar. Yo también me he hecho preguntas. Por ejemplo, ¿es posible que los jóvenes de hoy estén más estresados que los de otras generaciones? Están en contacto con vidas demasiado perfectas, mientras que las suyas no lo son, y eso genera mucha frustración, estrés, ira, cabreo. ¿Puede que estén más tensos por todo esto?, ¿porque no soy tan popular como otros? Ahora existe una barra de medir la popularidad que antes no teníamos y que, como he dicho, se limita al número de seguidores que tienes en tus perfiles, o a las visualizaciones en tus vídeos de YouTube. Es posible que esta generación de jóvenes sea la más estresada de la historia. Y eso repercute en las relaciones con los padres.

M.G.- Pero Antonio, no olvidemos que ese enganche al móvil es un problema que también afecta a los adultos. No hay más que mirar alrededor. Todo el mundo va con la cabeza gacha, mirando el móvil.

A.M.- Sí, sí, todo el mundo. Es el pasamiento nacional. Los vemos en todos sitios, en el metro, en el autobús, en una sala de espera. Estoy totalmente de acuerdo contigo. 

M.G.- Pues ahora, quiero centrarme también en dos personajes que me parecen muy interesantes. La madre de las jóvenes secuestradas, es una tertuliana de un programa de corazón, de una conocida cadena de televisión. Que eso es otro mundo aparte. Para escribir otra novela más.

A.M.- Sí, y me sirve para reflexionar sobre como todo se puede convertir en espectáculo. Todo se puede monetizar, un verbo que ha surgido a raíz de estos canales. Esta mujer es tertuliana y a ella le ofrecen un dinero por explotar la tragedia de sus hijas. Llega a planteárselo seriamente porque le ofrecen mucha pasta. Es una manera de mostrar hasta dónde está llegando el circo de vender toda nuestra vida, toda nuestra intimidad, incluso nuestro dolor. Nuestra tragedia vale dinero para una cadena de televisión. Ese personaje me permite criticar eso.

Y el padre de las niñas es un cirujano estético, una profesión que entra bien con el contexto. Hablamos de la persecución de la eterna juventud y ahí entra de nuevo esa idea de vidas perfectas, muy vinculado a la imagen de eterna belleza, a cualquier edad. No importa la edad que tengas, te operas y recuperas juventud. 

M.G.- ¿Y qué me dices de la representante de las niñas? No contaba yo con ese personaje. No tenía ni idea de que un influencer pudiera llegar a tener hasta representante.

A.M.- Es una figura esencial en sus vidas. Empiezan a ganar bastante dinero desde muy temprana edad y necesitan a alguien que les lleve sus carreras, llenas de eventos, de bolos, de contratos. Necesitan un representante a partir de cierto nivel de caché. El personaje de Anelis es muy bonito, a mí me gusta mucho. Tiene un lado codicioso porque ve en estas niñas una mina de oro, pero también es una especie de mamá, que tiene que estar vigilando sus caprichos porque no dejan de ser niñas muy jóvenes con antojos. Es una figura interesante.

M.G.- Madre mía, qué cosas. Bueno, y cambiando un poco el tercio. A la hora de escribir novelas y guiones, ¿tú sientes que vuelcas las enseñanzas que te dejó tu padre en herencia?

A.M.- Sí. Como guionista empecé con mi padre en Farmacia de Guardia, en el año 93 o 94. Él fue mi primer maestro. Me enseñó a escribir guiones, a enganchar, a estructurar. Mi padre ha sido mi academia durante estos veintisiete años que llevo ya de profesión. Y todas sus enseñanzas también las aplico en mis novelas porque, como los guiones, la novela tiene que tener un gancho, tiene que interesar desde la primera página, contar con giros cada cierto número de páginas, que los personajes tengan un arco, e ir dosificando las sorpresas. Todo eso son herramientas de guion. Y, por supuesto, los finales. En un guion y en una novela, un buen final es fundamental. Siempre busco finales sorprendentes, como el que tiene este libro. 

M.G.- Ahora sé que estás con a la adaptación de tu novela, pero también con la de Carmen Mola, con La novia gitana. Aburrirte no te aburres.

A.M.- No, no, son dos trabajos de guiones a la vez que me absorben mucho tiempo, pero estoy muy feliz. Son novelas muy buenas, aunque esté mal decirlo de la mía, pero sí, son dos proyectos muy bonitos.

M.G.- ¿Y cuándo veremos la de Carmen Mola en la tele?

A.M.- El año que viene.

M.G.- Y ya sé que es pronto para preguntarlo pero, si ahora estás trabajando con la adaptación de Sofía, ¿eso implica que Darío y Nieves tardarán en volver? 

A.M.- Ahora tengo mucho trabajo. No sé cuándo me podría poner con ellos de nuevo porque a mí una novela me lleva su tiempo. Soy muy riguroso cuando escribo una historia, me gusta dejarla descansar, luego retomarla. Pero también es verdad que me gusta esta pareja de investigadores y me gustaría hacerles dar otro paso, pensar en otro tema de reflexión. Pero, poco a poco.

M.G.- Pues disfrutemos de momento de Pleamar, mientras llegan esas adaptaciones. Antonio, muchas gracias por atenderme.

A.M.- Muchas gracias  a ti. 

Sinopsis: Las hermanas Müller cuentan cada jueves su vida a millones de seguidores en el canal de YouTube Pleamar, pero en el vídeo de esta semana aparecen amordazadas y maniatadas, en un lugar oscuro, y llorando desesperadamente. Las visualizaciones crecen por horas sin que nadie sepa si va en serio o es una broma macabra. Los padres denuncian la desaparición y el caso es asignado a una extraña pareja de investigadores: Darío Mur, divorciado y enamorado de la literatura clásica, y Nieves González, adicta a las citas online y víctima de acoso en la comisaría. Cuando la muerte de Martina Müller es retransmitida en directo, Darío se enfrentará al mundo de los influencers, al que su propia hija es adicta y que la ha convertido en una chica violenta y conflictiva.


lunes, 19 de abril de 2021

LA TIENDA DE LA FELICIDAD de Rodrigo Muñoz Avia

Editorial: Alfaguara
Fecha publicación: enero, 2021
Precio: 17,95 €
Género: novela
Nº Páginas: 304
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788420435923
[Disponible en eBook;
puedes leer aquí]



Autor

Rodrigo Muñoz Avia Nace en Madrid en 1967. Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense, se formó como escritor en la Escuela de Letras de Madrid. Es autor de las novelas Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos (Alfaguara, 2005), acogida con notable éxito por los lectores y reeditada en múltiples ocasiones, Vidas terrestres (Alfaguara, 2007) y Cactus (Alfaguara, 2015). Recopiló una antología de entradas de su blog personal en el libro El gato de guardia (Punto de Lectura, 2008). En el ámbito de la literatura infantil y juvenil ha publicado siete novelas y una obra de teatro, por las que ha obtenido importantes galardones. También ha escrito guiones de cine y diversos artículos y estudios de arte contemporáneo. En este terreno presta especial atención a la obra de sus padres, los pintores Lucio Muñoz y Amalia Avia, a los que dedica La casa de los pintores (2019). Ha sido traducido a numerosos idiomas.

Sinopsis

Carmelo Durán necesita pocas cosas en la vida: un ordenador con internet, un supermercado online donde comprar comida en cantidad y unos cuantos interlocutores cibernéticos con los que discutir. Pero todo cambia cuando un error en un pedido le pone en contacto con Mari Carmen, la encargada de atención al cliente del súper.

La tienda de la felicidad es una novela epistolar, escrita en forma de mensajes de correo, con un protagonista inolvidable, mezcla quijotesca del Ignatius de La conjura de los necios y la Helene de 84, Charing Cross Road. Una historia de personas reales, con sus peripecias diarias, que se ganará un hueco en el corazón de los lectores.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Todos los que leímos 84, Charing Cross Road quedamos prendados de una historia que se desarrolla a través del intercambio de cartas manuscritas. El género epistolar gana cada vez más adeptos y es que, sin saber explicar qué, tiene algo que atrapa. Quizá sea porque son los propios protagonistas los que van contando su historia. Quizá sea por el componente romántico que siempre ha tenido ese viaje que emprenden las cartas, desde el punto de origen al de destino. O quizá se deba a que el ritmo de lectura se torna ágil y dinámico. La cuestión es que soy incapaz de resistirme a una novela epistolar, y por eso entré sin dudar en esta tienda de la felicidad. 

La nueva novela de Rodrigo Muñoz Avia no es únicamente una novela epistolar. Diría que va un paso más allá. Con 2019 como contexto temporal, la carta convencional, con su sobre y su sello, hubiera resultado algo obsoleta. Por eso, el autor apuesta por construir una historia que se sustenta en el intercambio de más de seiscientos correos electrónicos.

A través de La tienda de la felicidad, el lector se convierte en un voyeur, en un hacker, con acceso a la bandeja de entrada y salida de un singular personaje. Carmelo Durán es un nombre de mediana edad. Vive solo y apenas sale de casa. Le basta con su ordenador y su conexión a Internet para saber qué es lo que pasa más allá de las cuatro paredes de su vivienda. Lleva en paro desde 1993 y actualmente no parece que tenga oficio ni beneficio aunque, en su favor, habría que decir que ha intentando ganarse el pan como novelista, misión en la que ha fracasado estrepitosamente. De carácter antisocial, Carmelo se comunica con su entorno, únicamente a través del correo electrónico. De este modo, mantiene dificultosas conversaciones con su madre, Aurora Reyes, una mujer entrada en años que se queja de los hijos que le ha tocado en suerte. A pesar de pedirlo en reiteradas ocasiones, la pobre señora ni siquiera tiene el número de teléfono de su hijo, así que no le queda otra vía de comunicación más que su cuenta de gmail. 


Igualmente, y a través de esta vía, se comunicará con su hermano Elisendo, un afamado dramaturgo del que Carmelo siente alguna envidia, y con Jacobo, su sobrino. Y así mismo, cada día su bandeja de entrada aparece repleta de mensajes spam, tan singulares como el propio protagonista. 

Pero la historia comienza con un correo electrónico en particular. Cuando Carmelo recibe un e-mail desde el Servicio de Atención al Cliente de Carrefour, notificando la modificación de un pedido que él ha realizado, su ira se desata. Esa contrariedad hace saltar todas las alarmas y, con una ironía y un sarcasmo maravilloso, Durán responderá al establecimiento. Se inicia así una relación telemática más, entre el protagonista y Mari Carmen, la encargada de la atención al cliente de Carrefour. Ella es una mujer casada, pero que ha perdido toda la ilusión. Del pedido online y de las quejas de Carmelo se pasará a cuestiones más íntimas y personales. Digamos que, poco a poco, se irán conociendo, y entre ellos surgirá una amistad que irá derivando en otros derroteros, hasta llegar a situaciones que rozan lo absurdo. 


Más allá de su familia, y de Mari Carmen, el protagonista también mantendrá contacto con la presidenta de la comunidad de propietarios, a la que ni siquiera abre la puerta, para darle las quejas de sus convecinos por los continuos ruidos nocturnos, el volumen elevado de la televisión, o la acumulación de basura que presenta su terraza. Esta parte es divertidísima.

Como dije antes, Carmelo es un individuo bastante antisocial. Entre sus cualidades no destacan precisamente ni la paciencia, ni la comprensión. Es más bien huraño, déspota, provocador y extravagante. No le gusta el teléfono ni el whatsapp y, aunque en estas dos cuestiones lo entiendo perfectamente, admito que, en algún momento, llega a crispar los nervios. No he podido evitar que me saque de mis casillas en varias ocasiones, tal y como hace con todos aquellos que lo rodean. Su propio hermano lo tilda de perturbado y trata de impedir que tenga relación con su hijo, porque no lo considera buena influencia. Es más, hasta el propio Carmelo sabe que, a veces, cae mal. 


Con las únicas personas con las que parece mostrarse más amable es con su sobrino Jacobo y con Mari Carmen. No obstante, un suceso triste y descorazonador que ocurre en su vida, y del que el lector tendrá noticias gracias a las alertas de Google, sacará su lado más humano. Es a partir de ese momento, cuando he notado un cambio en el protagonista. Ese hecho le hace darse cuenta de una importante lección de vida y sus reflexiones quedarán plasmadas en algunos de sus correos, los que para mí son lo más hermosos. Creo que en ellos es donde emerge la verdadera personalidad de Carmelo, mientras que el resto es solo una pose, una manera de protegerse tras una coraza. En realidad, no es mal tipo. Lo veremos echar un cable a alguna persona que necesita ayuda. Lo que ocurre es que muchas cosas le salen mal y no puedes evitar reírte. Pero, quizá, lo que le pasa es que está asqueado de esta sociedad políticamente correcta, llena de falsedad, que queda parapetada tras supuestas buenas intenciones. Carmelo no quiere formar parte de eso, por eso dice las cosas tal y como las piensa.

Rodrigo Avia tira de experiencia personal para construir esta historia. Tal y como nos contó en la entrevista (que puedes leer aquí), el autor tuvo sus más y sus menos con el supermercado donde hacía la compra online. Nunca le llegaban unas gambas congeladas que pedía pero que sí le cobraban. Así que, justo en el papel de Carmelo, cruzó con el Servicio de Atención al Cliente algún otro correo electrónico lleno de ironía y sarcasmo. Partiendo de esta anécdota, Avia construye esta historia que cuenta con pasajes sumamente divertidos. Por comentar brevemente algo, el protagonista descubre un día algo que altera significativamente su anatomía. En vez de acudir al médico, opta por hacer una consulta a estos supuestos médicos que resuelven dudas a través de Internet. Esa escena, como otras tantas, nos arrancará una carcajada. Así que, y a pesar de lo desquiciante que pueda ser Carmelo, la novela tiene una importante dosis de humor. Ahora bien, no basta con quedarnos en la superficie. Si rascamos un poco más, terminaremos descubriendo que la actitud de Carmelo es fruto de su soledad. Es decir, el humor es el vehículo para ahondar en temas más serios.

Con un total de trescientas páginas, la historia abarca una horquilla temporal que va desde el miércoles 13 de marzo al 20 de mayo de 2019. Dedicada a sus padres, los pintores Lucio Muñoz y Amalia Avia, la novela se lee con suma velocidad. Como te sientes a leer, ya no puedes parar y, en un par de sentadas, la consigues terminar. La tienda de la felicidad me parece una lectura fresca, contemporánea, original, con una importante carga irónica y sarcástica. Me he reído muchísimo con todo lo que le ocurre a Carmelo con sus vecinos, ese microcosmos donde uno puede ver de todo, y mucho de todo eso lo veremos reflejado en la novela. Pero, por otra parte, también me hubiera gustado darle dos collejas a por cómo se comporta con Mari Carmen, un personaje con el que me he alineado y que me ha parecido entrañable.

En cualquier caso, La tienda de la felicidad ofrece precisamente eso, felicidad, diversión, humor y buen rato de lectura. Justo lo que más nos conviene en estos momentos. No te la pierdas. 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



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