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lunes, 7 de junio de 2021

LA SUERTE DEL ENANO de César Pérez Gellida

 

Editorial: Suma
Fecha publicación: octubre, 2020
Precio: 18,91 €
Género: novela negra
Nº Páginas: 592
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788491294603
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes leer aquí]


Autor

César Pérez Gellida nació en Valladolid en 1974. Es Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid y máster en Dirección Comercial y Marketing por la Cámara de Comercio de Valladolid. Desarrolló su carrera profesional en empresas vinculadas con el mundo de las telecomunicaciones y la industria audiovisual hasta que, en 2011, decidió dedicarse en exclusiva a su carrera de escritor.

César irrumpió con fuerza en el mundo editorial con Memento mori, que cosechó grandes éxitos tanto de ventas como de crítica y obtuvo el premio Racimo de literatura 2012. Constituía la primera parte de la trilogía «Versos, canciones y trocitos de carne», que continuó con Dies irae y se cerró con Consummatum est y por la cual le fue otorgada la Medalla de Honor de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses 2014 y el Premio Piñón de Oro como vallisoletano ilustre. En 2015 publicó Khimera, su cuarta novela, y en 2016 inició su segunda trilogía, «Refranes, canciones y rastros de sangre», compuesta por las novelas Sarna con gusto, Cuchillo de palo y A grandes males.

Actualmente sigue escribiendo novelas y colabora como columnista en El Norte de Castilla.

Sinopsis

¿Se puede capturar al criminal perfecto?

Valladolid, 2019. Sara Robles es una inspectora singular. Encargada de resolver un macabro crimen, además tiene que lidiar con sus problemas cotidianos, estrechamente relacionados con la adicción al sexo y con un pasado que no termina de curar. Mientras tanto, El Espantapájaros, una misteriosa cabeza pensante, ha orquestado el robo perfecto junto a un exminero, un pocero y un sicario, y está a punto de llevarlo a cabo a través del alcantarillado de la ciudad.

La suerte del enano es una brillante novela con altas dosis de investigación policial, sexo y violencia en la que el lector profundizará en el complejo mundo de los robos de obras de arte y sus extensas ramificaciones que los relacionan con grupos de delincuencia organizada.

Gellidismo extremo en estado puro.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Llevaba mucho tiempo sin leer a César Pérez Gellida. Si no recuerdo mal me quedé en Khïmera y si no continué con el resto de novelas que vinieron después, fue más por falta de tiempo que de otra cosa porque, reencontrarme con el autor en La suerte del enano me ha hecho recordar lo mucho que me gustan sus novelas. 

Como un hijo pródigo, Pérez Gellida regresa a casa. Vuelve a su Valladolid natal, a esa tierra de la que él hace gala con orgullo, y que convierte en protagonista de sus macabras historias cada vez que puede. Lo hace con una trama negra en la que el crimen volverá a campar a sus anchas, con protagonistas que ya son viejos conocidos en el bando de los buenos, y con otros, en el de los malos, carentes de escrúpulos, sanguinarios, peligrosos y despiadados.

La suerte del enano se inicia con un caso doméstico, el pan de cada día de un equipo de investigación capitaneado por Sara Robles. Una mujer de algo más de setenta años, Antonia Puente de la Cruz, ha sido hallada sin vida en su domicilio. Alertados por el sobrino de la víctima, la policía se persona en la vivienda que presenta un estado caótico y en el que la sangre impregna paredes y objetos. Y aunque esta investigación, que tiene al sobrino de la anciana como principal sospechoso, aparecerá ocasionalmente a lo largo de la historia, lo cierto es que es solo el aperitivo previo al plato fuerte. La nueva novela del autor vallisoletano centra su trama en un robo, concretamente, en la sustracción de la obra titulada El martirio de San Sebastián y cuya autoría se atribuye a Alonso Berruguete. La pieza, que actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, es el objetivo de una organización criminal. En el subsuelo de la ciudad, dos individuos -un minero en paro y un pocero- excavan un túnel por el que pretenden acceder a las dependencias del museo. El robo llega a buen término, y el botín queda en manos de los atracadores, que huyen por donde han venido. Sin embargo, han dejado un reguero de sangre a su paso, y las cosas no terminan de salir como esperaban. Dentro de la misma organización, en la que el minero y el pocero son los últimos escalafones en la estructura piramidal, surgen problemas entre sus miembros. Cuando el dinero está tan al alcance de todos, sobran tantas manos con las que repartir. Así que, habrá persecuciones, traiciones, enfrentamientos, venganzas, ajustes de cuentas,... mientras que, a su vez, la policía intentará capturar a los atracadores, y desmantelar una red mafiosa asentada en la Costa del Sol.

Para ello, al equipo encargado de la investigación, que como digo está dirigido por Sara Robles, se unirán dos piezas claves, Ramiro Sancho, procedente de la Interpol, y  el inspector jefe Mauro Craviotto de la Brigada de Patrimonio Histórico.  Entre todos tratarán de esclarecer los sucesos acaecidos dentro del museo, las muertes que se han producido durante el atraco, así como tratarán de seguir la pista a la pieza de arte robada, con el objeto de llegar a la cúspide de la organización. 

La suerte del enano construye una trama en la que los robos de obras de arte por encargo son el núcleo principal. Tras tales actos delictivos no se esconde el deseo de un adinerado coleccionista que pretende exhibir en su casa la pieza en cuestión, sino que la intencionalidad de estos robos va mucho más lejos. Detrás de los mismos, se suelen ocultar negocios ilegales como la compra-venta de armas u operaciones de narcotráfico. De todo ello, nos habló César Pérez Gellida en esta entrevista.

Como viene siendo habitual, la nueva novela del autor cuenta con una trama muy cuidada, en la que los detalles, por nimios que sean, cobran gran protagonismo y están perfectamente cotejados. Ya sea como eje paralelo o como central, todo lo relativo a la ejecución de los hechos, al modus operandi, así como a la investigación de los crímenes se ajusta a la lógica y a la coherencia. Pérez Gellida no da puntada sin hilo y nunca introduce un elemento en sus historias que no haya sido previamente confirmado o comprobado como algo que podría ocurrir en la realidad. Por eso, en sus trabajos siempre se percibe una gran labor de documentación y si, como es el caso, hay que meterse en las cloacas de Valladolid, pues uno se mete. Me ha parecido muy interesante todo lo que sucede en el subsuelo de la ciudad, esa red laberíntica que se despliega por debajo de la urbe. De igual modo, el lector se va a topar con mucha información sobre las mafias rusas, cómo son sus estructuras o sus negocios, al igual que se asomará al mercado negro de las obras de arte robadas y al mundo de las falsificaciones. En este sentido, la novela ofrece una imagen muy global de ese lado oscuro y siniestro que suponen tales sociedades del hampa.

Pérez Gellida acostumbra a ser detallista en sus descripciones sin abusar ni abrumar. Describe edificios, calles, monumentos pero si hay algo que me gusta especialmente es esa habilidad que tiene a la hora de pormenorizar las reacciones químicas, orgánicas y fisiológicas del cuerpo humano. Los personajes reaccionan frente a diversos estímulos externos. -una gota de sudor que resbala por la frente, un iris que se contrae, un sonido que reverbera en el oído del asesino-, y todas ellas quedan perfectamente plasmadas. Este tipo de detalles imprimen a las escenas un matiz muy visual, de tal modo que la novela, como ocurre con las restantes del autor, resultan muy cinematográficas. También contribuye a crear esa sensación la propia estructura de los capítulos, en las que el lector pasa de una escena a otra como si se tratara de las secuencias de una película. 

En cuanto a los personajes, Sara Robles, inspectora del Grupo de Homicidios de Valladolid será quien encabece el reparto. Hay dos cualidades que la caracterizan. Por un lado, que no cree en la suerte, circunstancia a la que se hace alusión con frecuencia durante la trama, y con la que tiene mucho que ver el título del libro. Por otro, que es adicta al sexo. Confieso que esta última peculiaridad del personaje me hizo torcer un poco el gesto. Temí que esta particularidad fuera un puntal importante en el perfil del personaje, que eclipsara otras características que son más significativas en la vida de un policía. Por suerte, no fue así. Es verdad que el sexo está ahí, es parte de la vida de Sara como un problema, pero se le da el protagonismo justo para no alejar al personaje de su verdadera misión. En cualquier caso, su vida personal también tiene presencia en la trama. No en balde, reaparecerá en su vida -y en la nuestra, lectores- un viejo conocido de ella y también nuestro. Me refiero a Ramiro Sancho, aquel tipo grandullón que protagonizó las primeras novelas del autor. Para mí ha sido una grata sorpresa. Sara y Ramiro, que mantuvieron una relación tiempo atrás, tendrán que volver a trabajar juntos, y eso provocará que las emociones vuelvan a resurgir.

Del resto de personajes no os voy a desvelar nada. Hay muchos, y todos están perfectamente definidos, sin caer en estereotipos de ningún tipo. César es un buen constructor de tramas, pero también un gran fabricante de personajes. Acostumbra a dibujarlos con trazo fino, cuidando la personalidad de cada uno de ellos, según el papel que le corresponda desempeñar en la trama. Se molesta en crear, para aquellos que son más primordiales, toda una biografía, de tal modo que el lector puede hacerse así una composición bastante nítida del personaje en cuestión.

Y decía al principio de esta reseña que el autor regresa a Valladolid, una ciudad que vamos descubriendo en cada una de sus novelas. Reaparecen espacios ya conocidos por los lectores de este autor, como el Zero Café, donde solo suena buena música. No obstante, he descubierto nuevos garitos, como The Bowie y El Corcho, que apetece descubrir algún día. En Valladolid he vuelto a pasear por sus calles y plazas que son testigos de los sucesos de esta historia. Me he topad otra vez con viejas pintadas que adornan las paredes de algún barrio. Hasta he descubierto que tiene playa. Y no podían faltar las referencias al club de rugby de la ciudad, ni tampoco alguna alusión a canciones y grupos. Son señas de identidad del autor que, como un reguero de miguitas de pan, va dejando a lo largo de sus historias. Pero de Valladolid, no solo conoceremos su presente, también hay un poco de hueco para introducir parte de su historia, y eso siempre es un punto a favor, sobre todo si se hace con mesura, como es el caso. 

Sin embargo, Valladolid no será el único escenario que visitemos. A los mafiosos les gusta el sol y la costa. Han hecho de Málaga y sus enclaves, su jardín particular y hasta allí viajará el lector para ser testigo de lo que se cuece dentro de las organizaciones criminales asentadas en la zona. 

Desarrollada a lo largo del mes de mayo de 2019, La suerte del enano cuenta con mucha acción. En ocasiones, frenética. Estructuralmente, se compone de un total de diecinueve capítulos titulados, y encabezados por una frase del mismo. Escrita en tercera persona y con referencias a robos y fraudes reales, el autor se hace un guiño a sí mismo en las páginas finales, detalle que inevitablemente arrancará la sonrisa del lector. 

En definitiva, mi reencuentro con César Pérez Gellida no ha podido ser mejor. Me ha gustado mucho La suerte del enano. Bajo mi punto de vista es una novela muy bien urdida, en la que todo, como apunté antes, está bien atado. Si Sara Robles se va a convertir en personaje de saga es algo que veremos con el tiempo. Sea así o no, lo que no cabe duda es que esta novela es muy completa y profunda en su planteamiento, con personajes bien caracterizados. Eso sí, lector, ándate con ojo porque no todo el mundo es lo que parece. 

No te la pierdas.


[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 22 de abril de 2021

CÉSAR PÉREZ GELLIDA: ❝Tenía muchas ganas de volver literariamente a Valladolid❞

Ha llovido mucho desde entonces. La última vez que me senté a conversar con César Pérez Gellida, fue en 2015, con la publicación de Khïmera. Era su séptima novela, después de dos trilogías, Versos, canciones y trocitos de carneRefranes, canciones y rastros de sangre, que lo colocaron donde le correspondía, en lo más alto del ámbito literario. Y aquel primer paso que dio con Memento mori sigue andando un camino de éxito y reconocimientos. Hoy se habla de Gellidismo, un término que engloba a todos esos lectores a los que nos gusta meternos de lleno en las tramas criminales que el vallisoletano construye con tanto esmero.

A finales de 2020, pone en la calle lo que es su undécima novela, La suerte del enano. El autor regresa a Valladolid, a través de la inspectora Sara Robles, que tendrá que enfrentarse al robo de una obra de arte. Viajes a las cloacas de la ciudad, miembros de la mafia rusa y, como siempre, mucha sangre teñirá las páginas de esta nueva novela. Con motivo de la Feria del Libro de Tomares (Sevilla), César Pérez Gellida visita la capital hispalense y, ahora sí, me siento de nuevo a conversar con él. Lo había echado de menos. 

Marisa G.- César, cuánto tiempo sin venir por aquí. No te veo desde 2015, con Khïmera

César P.G.- Con Khïmera, es verdad. Me acuerdo perfectamente. Nos vimos en una cafetería muy chula. Alguna vez he venido por aquí, pero no por motivos literarios.

M.G.- Bueno, pues déjate ver más. A ver, por empezar, sé que estos reconocimientos ya tienen su tiempo, pero es que me hace gracia pensar que, con toda la sangre que has derramado por Valladolid, te nombran vallisoletano ilustre. Y luego está la Medalla del Honor de la Sociedad Española de Criminología  y Ciencias Forenses.

C.P.G.- Sí. Esa medalla fue de 2014. Bueno, es que acostumbro a documentar muy bien las novelas, desde el punto de vista de la criminología, y eso mola a esa gente. Está bien que, dentro de la ficción, seas fiel a todo lo relacionado con la criminología.

Y lo de Valladolid, me gusta que mi ciudad sea el epicentro del Gedillismo. Tengo que agradecer muchas cosas a los vallisoletanos. Sigue siendo la ciudad en la que más éxito tengo, donde más me quieren, y yo procuro devolvérselo a mis paisanos.

M.G.- En La suerte del enano, la jefa de Homicidios, Sara Robles, tiene que enfrentarse a dos casos. Por un lado, a la muerte de una anciana y, por otro, al robo de una obra de arte. ¿Así podríamos resumir la trama de esta novela?

C.P.G.- La trama principal, la que ocupa la mayoría de las páginas, es la del robo. La otra, con la que arranca la novela, no deja de ser un cebo de la cotidianeidad de estos profesionales. La Policía tiene muchos casos de este tipo, de muertes que no se saben si son naturales, accidentales o criminales y, aunque ocurra un robo con varias muertes, al final, no pueden dejar de atender el resto de casos. Así que tienen que enfrentarse a muchos come-tiempos, como puede ser la muerte de la anciana. He tratado de reflejar la realidad, el día a día de una inspectora de un grupo de homicidios de Valladolid, o de cualquier otro lugar de España.

M.G.- ¿Y estamos ante el inicio de otra saga?

C.P.G.- No sabría decirte. Desde luego, no bajo el modelo de trilogía o bilogía, pero a lo mejor el personaje de Sara Robles, más adelante, tiene continuidad. O lo mismo, algo de lo que he dejado aquí pendiente, lo vuelvo a retomar en otra novela. 

M.G.- César, esta es la primera novela cuya trama principal está protagonizada por una mujer, una inspectora de homicidios, ¿cierto?

C.P.G.- Sí. Es la primera vez que el papel femenino tiene el foco de atención. Sara Robles es un personaje que salía ya, de forma tangencial, en Sarna con gusto. Por entonces, yo ya intuía que ella podría tener un papel mucho más protagónico, lo que no sabía era en qué momento. Cuando estuve estructurando en mi cabeza esta novela, que no tenía ni título y de la que solo sabía que trataría sobre un robo y en Valladolid, tuve muy claro que tenía que ser Sara Robles la que tuviera ese protagonismo. Lo que pasa es que los papeles femeninos me cuestan mucho más que los masculinos, por motivos muy razonables. Pero el hecho de haberme esforzado tanto para meterme en la cabeza de Sara, me ha generado vínculos muy fuertes con el personaje. Me he sentido muy cómodo escribiendo para ella.


M.G.- Te ha quedado muy bien. 
Sara viene de una ruptura sentimental que no termina de sanar y es adicta al sexo, por lo que está en tratamiento. Sin embargo, y esto te lo agradezco mucho, no has explotado excesivamente esa cualidad del personaje.

C.P.G.- No, no, eso está ahí y ella es consecuente con lo que le ocurre, pero no es el foco principal. Esta no es una novela erótica, aunque el sexo sí tiene su importancia, porque ella es adicta al sexo. Como todas las adicciones ella tratará de controlarlo, aunque no siempre lo consigue y eso complica mucho las cosas. Todo eso tiene que ver mucho con el título, La suerte del enano. Sara Robles no cree en la suerte pero, llega un momento, en el que se da cuenta de que esos golpes de suerte, de infortunio o de mala suerte, son los que gobiernan y desgobiernan el destino. Al final, ella tiene una evolución como personaje, de ser una negacionista pasa a admitir que hay momentos en la vida en la que te conviertes en una mera marioneta.

M.G.- Los que te empezamos a leer desde el principio, nos reencontramos con Ramiro Sancho en esta novela. Para mí ha sido toda una sorpresa.

C.P.G.- ¿Te ha gustado, eh? 

M.G.- Pues sí, la verdad. (Risas) 

C.P.G.- Ramiro aparece bastante avanzada la trama, pero a Sara eso le supone un lastre. Es una parte de su vida muy importante que no sabe si le va a afectar positiva o negativamente. En cualquier caso, le afecta. Es ese tipo de relaciones que rozan lo tóxico. Parece que están hechos el uno para el otro, pero no es  posible que terminen de estar juntos por motivos profesionales.

M.G.- Y hay otro personaje con el que me he reído mucho. Uno de los criminales es un minero asturiano que, cuando se pone nervioso, habla en bable. ¿Quién te ha ayudado? Porque no creo que tú hables bable, ¿no?

C.P.G.- (Risas) Me ha ayudado un amigo de Mieres. Hay tantos bables como asturianos. En cada una de las zonas de Asturias se habla un bable distinto. Mi amigo me ha ayudado mucho a la hora de traducir todo lo que ese personaje dice cuando está nervioso, que es en muchas ocasiones.

M.G.- Para escribir esta novela habrás tenido que empaparte y aprender mucho sobre robos de obras de arte, cómo se mueven las piezas en el mercado negro, el funcionamiento y los manejos de la mafia rusa. Cuéntame un poco.

C.P.G.- Había dos focos de información importantes. Por un lado, el crimen organizado en la Costa del Sol, sobre todo de la bratvá rusa. Por otro, todo lo que subyace detrás del robo de las obras de arte. Entre las dos líneas hay un punto de conexión. Cuando se roba una obra de arte no siempre es porque alguien con mucho dinero quiera tener un Picasso en su salón. A veces, ese tipo delitos se utilizan para avalar otro tipo de operaciones, normalmente de narcotráfico, o de compra-venta de armas. Con los años, he ido haciéndome de un círculo de contactos. Unos me llevan a otros y me lo ponen muy fácil. No tiene demasiado mérito si acudes a la fuente acertada. Luego eso sí, de toda la información que te facilitan, como autor tienes que decidir qué es lo que vas a volcar en la novela, sin que se convierta en un ensayo. 

M.G.- Pero lo que sí tiene mérito es meterse en las cloacas de Valladolid. Bueno, de Valladolid o de cualquier otra ciudad.

C.P.G.- (Risas) No si eso es un mérito, pero sí tuve que hacerlo. Si no hubiera tenido los contactos en la Unidad de Subsuelo y no me hubiera metido en las cloacas, seguramente no hubiera escrito esas secuencias que aparecen en la novela. Hace falta estar ahí, haberlo vivido, haber respirado ese aire viciado, haber visto los bichos, haber avanzado durante mucho tiempo en posición encorvada, sin poder levantar los pies porque se te pegan las botas al fango. Todo eso, si no lo has vivido en primera persona, no lo puedes escribir.


M.G.- Para eso hay que valer. Y en cuanto al robo que se perpetra en la novela, es una pieza real, es
El martirio de San Sebastián de Berruguete, que está en el Museo de Escultura de Valladolid. ¿Por qué esa pieza concretamente?

C.P.G.- Me lo sugirió María Bolaños, la directora del museo. Tuve una entrevista con ella antes de lanzarme a escribir. Manejaba varias opciones, después de visitar el museo como unas diez o doce veces. A María, le pedí que me aconsejara sobre una pieza que fuera muy valiosa, con un valor incuantificable en el mercado, y que, por supuesto, fuera transportable. No me valía el Santo Entierro de Juan de Juni. Ni por partes lo podría robar. Y dentro de los requisitos, María me señaló esta pieza, de la que está enamorada y así lo tuve claro.

M.G.- Antes hablábamos de Valladolid, ciudad a la que regresas con esta novela. Con todo lo que te has movido por la ciudad, que no has dejado un rincón sin explorar, te sueltan en cualquier punto con los ojos cerrados y eres capaz de volver a tu casa.

C.P.G.- Valladolid es el rincón del universo que mejor conozco, donde más cómodo me encuentro. Soy muy vallisoletano y me gusta hacer alarde de vallisoletanismo. Es una forma de devolver todo el apoyo que han tenido la gente de mi ciudad conmigo. Por otro lado, me encanta recibir mails o mensajes a través de redes sociales, en los que algunos lectores me dicen que han visitado mi ciudad, movidos por mis novelas. A mí eso me da mucha fuerza y justifica el oficio.

M.G.- Yo no conozco tu ciudad pero, tiene tanto protagonismo que, a medida que te voy leyendo, me apetece cada vez más conocer el Zero Café. Aunque he descubierto bares nuevos con esta novela. Y luego me he reencontrado con aquel «Muérete vieja», esa pintada, que ya aparecía en la primera trilogía, y sobre la que te pregunté en su día. 

C.P.G.- ¡Ah!  (Risas)

M.G.- Me acuerdo perfectamente de la fotografía que compartiste.

C.P.G.- Sigue estando en el mismo sitio, en Ecuador 9. Ojalá se quede por secula seculorum, pero al ser una pintada, vete a saber. Pero sí, trato de reflejar en la novela la realidad de Valladolid, y esa realidad son sus calles, sus gentes, sus ambientes. 

M.G.- En aquellas novelas, era muy característico encontrarse con mucha música. En esta, también hay algo pero mucho menos.

C.P.G.- Sí, algo hay pero no quiero repetir la fórmula de una banda sonora. Es algo que funcionó en su momento y es bueno plantearse otro tipo de retos. Lo que pasa es que tampoco puedo huir de la música cuando es algo tan importante para mí. Y luego, si hay escenarios como el Zero Café, donde suena la música, y allí ponen a Placebo, pues lo cuento. 

M.G.- Dices en la Nota de Autor que esta es la novela con la que más has disfrutado del proceso de escritura, ¿por qué?

C.P.G.- Quizá porque, después de una cuantas novelas, tenía muchas ganas de volver literariamente a Valladolid, de recorrer sus calles, mental y físicamente. La verdad es que he disfrutado mucho. Y luego, el proceso de documentación para esta novela no ha sido tan arduo como en Todo lo mejor y Todo lo peor, con las que había que retroceder en el tiempo, ir a los 80, con todas las cosas que han cambiado desde entonces. En este caso, me ha resultado sencillo adaptar las escenas al presente.

M.G.- Han pasado casi diez años de aquel Memento mori. ¿Qué queda de aquel César Pérez Gellida?

C.P.G.- No lo sé. Supongo que queda mucho del entusiasmo inicial, de la confianza con la que abordé cambiar de oficio. Quedan los mimbres que al final soportan al César Pérez Gellida de hoy. Lo que pasa es que ha evolucionado mucho, por obligación. Creo que hay una mejora sustancial en cuanto al estilo de escritura. No es comparable Memento Mori o Dies irae con las tres últimas novelas, en cuanto a la estructura, la forma de escribir y expresarte, la soltura,... Todo eso que se adquiere con la experiencia.

M.G.- Y para terminar, he leído que querías tomarte un respiro.

C.P.G.- Esa era la intención pero no he podido.  Me tomé un respiro en cuanto a escribir novela porque me he dedicado muchos meses a escribir guiones. Luego volví a la novela porque tenía que llegar a los plazos para publicar en noviembre, y de nuevo, otra vez a los guiones, y ahora estoy con novela. Tengo un pie en cada terreno, muy distintos el uno del otro, pero es un acierto hacerlo así. Aunque me cuesta mucho pasar de una cosa y otra, a nivel de higiene mental y reto personal me viene muy bien. Estoy escribiendo más que nunca. En vez de separarme del teclado, me pego más. 

Sinopsis: ¿Se puede capturar al criminal perfecto?

Valladolid, 2019. Sara Robles es una inspectora singular. Encargada de resolver un macabro crimen, además tiene que lidiar con sus problemas cotidianos, estrechamente relacionados con la adicción al sexo y con un pasado que no termina de curar. Mientras tanto, El Espantapájaros, una misteriosa cabeza pensante, ha orquestado el robo perfecto junto a un exminero, un pocero y un sicario, y está a punto de llevarlo a cabo a través del alcantarillado de la ciudad.

La suerte del enano es una brillante novela con altas dosis de investigación policial, sexo y violencia en la que el lector profundizará en el complejo mundo de los robos de obras de arte y sus extensas ramificaciones que los relacionan con grupos de delincuencia organizada.

Gellidismo extremo en estado puro.

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