Sevilla. Espacio Santa Clara. Casa de los poetas. Los medios de comunicación fueron convocados el pasado día 7 de julio para presentar una nueva obra literaria. Cuando el monarca espera, poemario firmado por Javier Vela, recibe el XI Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado. La entrega del premio, convocado por el Instituto de la Cultura y las Artes del Ayuntamiento de Sevilla (ICAS), con la colaboración de la Fundación José Manuel Lara, contó con la asistencia del Delegado de Hábitat Urbano, Cultura y Turismo del Ayuntamiento hispalense, Antonio Muñoz, y con Ignacio Garmendia, editor de la fundación.
Abrió el acto el Delegado de Cultura con unas palabras de bienvenida y de agradecimiento a la Fundación José Manuel Lara por seguir apostando por la poesía, a través de la colección Vandalia. Haciendo alusión a las palabras de Juan Ramón Jiménez, quien en su día afirmó que Sevilla era la capital lírica de España, Muñoz ensalzó la unión entre el Ayuntamiento de la ciudad y la fundación para trabajar en la misma dirección y reforzar la idea del poeta moguereño. Con el deseo de reiterar el compromiso del ayuntamiento con el mundo de la poesía, Antonio Muñoz hizo entrega del diploma a Javier Vela.
Por su parte, Ignacio Garmendia fue el encargado de presentar al ganador. De Javier Vela señaló que la obra del escritor estaba ya presente en la colección Vandalia, a través de su libro Fábula, publicado en 2017 bajo este mismo sello. Según el editor de la Fundación José Manuel Lara, «la trayectoria de Javier es brillante y multifacética». Apuntó que, además de su faceta como creador de poesía, Vela también es traductor y gestor cultural. Recientemente ha fundado la editorial Firmamento, junto a María Alcantarilla. Este nuevo sello editorial lleva en movimiento tan solo unos meses, periodo en el que la editorial ha publicado tres títulos, -se anuncian nuevas publicaciones de cara a septiembre-, entre los que Garmendia destaca la obra de la holandesa Neel Doof, desconocida para la mayoría, y su obra Días de hambre y miseria, primeraentrega de la «trilogía del hambre», un retrato conmovedor de la vida proletaria europea de finales del siglo XIX, y cuya traducción ha llevado a cabo el propio Javier.
Ganador de diversos premios, entre los que figuran el Premio Adonais y el Premio de la Crítica de Madrid, la producción de Javier Vela no solo destaca por sus poemarios. El autor también ha ahondado en la narrativa y cuenta con tres publicaciones de carácter híbrido bajo los títulos Pequeñas sediciones (2017), compuesto de microrrelatos; Libro de las máscaras (2019), conjunto de aforismos y mistificaciones de tradición apócrifa; y el más reciente, publicado con Pre-textos, Revelaciones de la maestra del arco (2021), a mitad de camino entre la narrativa y el ensayo de ficción. «Estos últimos libros dicen mucho de la inquietud de Javier Vela como creador», señaló Garmendia.
Con respecto a la obra ganadora, Cuando el monarca espera es un volumen compuesto por un único poema, dividido en tres partes: El poeta escribe entre líneas, ¿Quiénes son, los poetas? y El poeta insiste en la fabulación. Diversos fragmentos son de inspiración autobiográfica. El editor de la fundación afirmó que el libro es una extensa reflexión sobre el oficio de poeta, con versículos de corte aforístico, en los que el lector puede encontrar múltiples referencias a todos esos escritores y creadores que han marcado al autor. El jurado, compuesto por el delegado de Hábitat Urbano, Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Sevilla, Antonio Muñoz, en calidad de presidente; y los poetas, escritores y especialistas Jacobo Cortines, Javier Salvago, Abelardo Linares e Ignacio Garmendia, como vocales; y Carmen Hernández, del Servicio de Gestión Administrativa, Economía y Cultural del ICAS, como secretaria, destacó que Cuando el monarca espera es un libro «lleno de imágenes poderosas, abstractas, de fondo hermético o metafísico, que inquiere en el oficio y la condición de poeta, la identidad, la tensión entre el silencio y la palabra creadora».
El libro abre y cierra con dos citas muy reveladoras. La primera de ella corresponde a Emily Dickinson -«Di toda la verdad, más dila al sesgo»-, que hace alusión a una manera elíptica o indirecta de escribir. La segunda pertenece a León Felipe, -«La poesía se apoya en la biografía. Es biografía hasta que se hace destino»-, sumamente sugerente a juicio de Garmendia, quien terminó su intervención afirmando que Javier Vela «funda un bosque de fábulas, con el que, más que reflejar la realidad, lo que pretende es crear una nueva».´
Acto seguido, tomó la palabra el ganador del premio.
Sobre el título del poemario, Javier Vela explicó que la imagen del monarca es una figuración simbólica del destino, contra el que el poeta, o cualquier persona mínimamente crítica, debe rebelarse. «Esas circunstancias diarias a las que llamamos destino, en definitiva se materializan en cosas muy banales y muy cotidianas». Añadió que el tiempo se paraliza cuando dejamos de mirar al lugar en el que nos dirigimos, cuando dejamos de mirar ese mandato que el destino nos impone. Rebelarse contra el destino, es rebelarse contra la figura del poder y, por tanto, contra el monarca, «ese antagonista del creador». El creador, y cualquier persona, debe establecer su propia forma de vida, rebelarse contra las circunstancias diarias y ampliar la escala de la realidad. «La poesía, y cualquier vía de creación artística, permite establecer caminos paralelos desde el canon o contra el canon, abril una vía de escape contra lo impuesto», afirmó el autor que, a continuación, nos leyó un fragmento del libro.
El Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado ha recibido en esta edición un total de 540 manuscritos. Con una dotación de 4.000 €, el volumen ya está disponible en librerías.
Sinopsis: Compuesto por un único poema dividido en fragmentos de cuño autobiográfico, Cuando el monarca espera abre una reflexión abarcadora sobre el oficio mismo del poeta en un mundo cambiante y azorado por la velocidad con que se alternan sus ciclos naturales, sociales y tecnológicos. A lo largo del libro, perteneciente al género de los "escritos sobre la escritura" y articulado mediante versículos de cariz aforístico y gran expresividad plástica, la imagen del monarca se dibuja como una vacilante proyección del destino del que nacemos súbditos y contra el que, más tarde o más temprano, hemos de rebelarnos. En el intento de escudriñar su memoria y de dar testimonio de una vivencia íntima al tiempo que universal, Javier Vela restaura un flujo de diálogo con otras tradiciones literarias –de Giacomo Leopardi a Saint-Pol-Roux, de T. S. Eliot a Theresa Cha– que hace vibrar las potencialidades míticas y simbólicas de la palabra poética a fin de liberarla de las limitaciones que lo real le impone, recordando al poeta el cometido de su ejercicio creador.
Director: Don Hall, Carlos López Estrada, Paul Briggs, John Ripa
Reparto: --
Género: Animación
Sinopsis: En el fantástico mundo de Kumandra, humanos y dragones vivieron juntos hace mucho tiempo en perfecta armonía. Pero cuando unas fuerzas del mal amenazaron el territorio, los dragones se sacrificaron para salvar a la humanidad. Ahora, 500 años después, esas mismas fuerzas malignas han regresado y Raya, una guerrera solitaria, tendrá que encontrar al último y legendario dragón para reconstruir un mundo destruido y volver a unir a su pueblo.
[Fuente: Filmaffinity]
Esta semana repito con cine de animación. Me he sentado a ver Raya y el último dragón. Resultado: Me ha encantado. Tanto, tanto que incluso diría que me ha gustado más que Luca (lo último de Disney + Pixar, de la que os hablé la semana pasada; puedes ver mi opiniónaquí). Os cuento.
Raya y el último dragón es una producción únicamente de Disney. En esta ocasión, no se ha unido con la factoría Pixar y, sinceramente, no ha hecho falta. No he echado de menos todo lo que aporta la fantástica fábrica de animación del flexo. Raya y el último dragón me ha tenido sentada y pegada a la pantalla, maravillada con el empleo del color y de la luz, impregnada de la magia y la belleza que desprende esta película.
Este nuevo regalo del señor Disney se inicia con la joven Raya, atravesando un territorio inhóspito y desolado, poblado por múltiples esculturas en piedra, a lomos de su peculiar medio de transporte. Habla de un mundo distópico, una tierra rota, que se ha echado a perder. Todo empezó hace 500 años. El antiguo reino de Kumandra vivía en armonía y los hombres convivían junto a dragones, criaturas mágicas que proporcionaban a los humanos agua, lluvia, y paz. Pero con la llegada de los druuns, esos seres malignos que se convirtieron en un plaga, multiplicándose velozmente, Kumandra quedó arrasada y buena parte de sus habitantes se convirtieron en piedra. Los dragones, amigos de los humanos, hicieron todo lo posible por frenar el ataque, pero fueron derrotados. Tan solo Sisu, el último dragón vivo, consiguió concentrar toda su magia en una gema con la que exterminó a los druuns. Los humanos petrificados volvieron a la vida, pero los dragones siguieron inmóviles, como estatuas. Sisu también desapareció. Nadie sabe qué fue de ella, si vivió o murió. La leyenda cuenta que se fue lejos, a un lugar donde nadie la encontrara. De ella solo quedó su gema, objeto de deseo de los humanos, que despertó la avaricia de esta raza. Los hombres lucharon entre ellos por hacerse con ese último vestigio de los dragones. Hermanos contra hermanos. Kumandra quedó dividido en cinco tierras, cinco tribus que se convirtieron unas en enemigas de las otras, y hubo que ocultar la gema.
Esta es la introducción de Raya y el último dragón, un prólogo que habla del pasado y del futuro de Kumandra. Sin embargo, la película comienza realmente con Raya siendo una niña, recibiendo lecciones deBenja, su padre, el jefe de Corazón, una de las cinco tierras. La familia de Raya fue la elegida para custodiar y proteger la gema de Sisu. La tarea pasa de padres a hijos. En este caso, de padre a hija. Raya es como una pequeña ninja, capaz de sortear todo tipo de obstáculos, ágil, atlética, inteligente, y con buen corazón. Benja está preocupado. Desde que el reino de Kumandra se segmentó, la vida no ha sido igual. Él desea con todas sus fuerzas que las diferencias entre las distintas tribus se resuelvan y vuelvan a ser un reino unido. Para ello, reunirá a los líderes de los restantes territorios: Colmillo, Columna, Garra y Cola. En la reunión, Raya conocerá a Naamari, la hija de Virana, jefa de Colmillo. Ambas entablan amistad y se hacen confidencias. Al igual que Benja, las niñas sueñan con la unidad de los pueblos y se plantean buscar al dragón Sisu. Confiada en la buena voluntad de Naamari, Raya le enseña a su nueva amiga el lugar donde está custodiada la gema. Es ahí donde todo se complica de nuevo.
La ambición de los pueblos por hacerse con la gema propicia que esta se rompa en pedazos. Cada líder se llevará un trozo. Ello da lugar al regreso de los druuns. El mundo vuelve a resquebrajarse. Reinará el caos. Pero el tiempo pasa. Seis años más tarde, Raya es una joven decidida. Tiene el propósito de localizar a Sisu, porque el dragón es el único que puede reconstruir el mundo, y recuperar todas las piezas de la gema. Inicia una aventura en la que encontrará mil peligros. El mayor de ellos será la propia Naamari, convertida también en una joven valiente. La hija de Virana busca también la manera de apropiarse de todos los fragmentos, en beneficio de su pueblo. No busca la unidad, sino el poder.
Raya y el último dragón pone en una balanza defectos y virtudes. En el platillo de las imperfecciones figura la traición, la ambición, el rencor, el odio, la arrogancia o el deseo de poder,... En el platillo de las perfecciones está la confianza en la buena voluntad del prójimo, la bondad, el espíritu de sacrificio, el amor de los padres a los hijos, el arrepentimiento o el perdón. La lucha entre las dos fuerzas, el bien y el mal, estará muy presente en esta película. Ambas se echarán un pulso y la victoria oscilará de un lado a otro en todo momento. Sin embargo, está claro que siempre terminará ganando el bien. Eso es lo que ocurre en esta película. Después de una lucha encarnizada, la joven Raya consigue dejar de lado sus prejuicios y echar mano de la humildad. Se convierte así en un modelo a seguir, en un ejemplo para los demás que obrarán en consecuencia.
Esta película, como todas las del género, tiene una clara intención: fomentar los buenos valores y transmitir a los más pequeños que solo con los actos realizados de corazón conseguiremos ser mejores personas. Lo hace a través de una historia con dos personajes antagonistas, en la que no falta el humor.Raya y el último dragón tiene golpes buenísimos, de los que te sacan una carcajada. Son los personajes más secundarios los que aportan la dosis de humor necesaria para que la película se desarrolle en un perfecto equilibrio de emociones: suspense, tensión, divertimiento.
Y centrándome en los personajes, quisiera hacer unas puntualizaciones previas. Raya no tiene madre. Naamari no tiene padre. Eso me ha parecido muy significativo. La figura maternal en una, y la paternal, en la otra, brillan por su ausencia. No hay referencia a una existencia previa. En ningún momento se habla de un prematuro fallecimiento de la madre de Raya o del padre de Naamari. ¿Quiere Disney mostrar que otro tipo de familias es posible? Tiene toda la pinta y, si no recuerdo mal, es algo que ya hemos visto en otras ocasiones. El estudio de animación echa mano de familias monoparentales, que rompen con el diseño convencional. Los niños se acostumbran a ver otras estructuras familiares y normalizan otro tipo de situaciones. Me parece correctísimo.
Otra cuestión importante es la figura de la mujer. Los dos personajes protagonistas de esta película son mujeres fuertes, valientes, decididas, inteligentes y con carácter. Raya y Naamari son dos luchadoras aunque cada una tenga motivaciones distintas. Cada una en su papel, son dignas seguidoras de sus padres, futuras líderes de su pueblo, capaces de ostentar el poder y el control.
Pero en esta alocada aventura, también hay otro tipo de personajes. Tuk Tuk es la mascota de Raya. Pensé que era un armadillo pero he leído que es un híbrido, una especie de bicho indeterminado, mezclado con un armadillo y un ¿carlino? Esto último no lo veo. En cualquier caso, Raya emplea a este curioso animal, que es capaz de enrollarse sobre sí mismo y convertirse en una bola, como medio de transporte. Es un personaje entrañable, que protagoniza alguna secuencia muy divertida, pero no deja de ser un personaje silente, y de apoyo.
Sisu es el último dragón. Los dragones de esta película se apartan de la concepción tradicional. No vamos a ver a enormes monstruos alados, agresivos, que expulsan fuego por su boca. Esta película ofrece una imagen mucho más dulcificada y bondadosas de esas figuras mitológicas. Son seres mágicos que ayudan a los hombres y los protegen. En el caso de Sisu, es un dragón femenino (o eso creo), muy alocado y divertido. Veremos cómo renace y va adquiriendo cualidades. Tiene un toque nostálgico porque añora a sus hermanos y será la encargada de resumir la triste historia de Kumandra.
Y a la aventura de Raya se irán uniendo otros personajes. En cada uno de las tierras que la joven visita conocerá a un habitante, o grupo de habitantes, que desean de igual modo restablecer la paz en Kumandra. De todos ellos, de los más secundarios, hay que destacar a una bebé que es para comérsela. Súper divertida, simpática, descarada, híper activa. Es una niña pequeña balbuceante, con unas intenciones poco honrosas, pero que te arrancarán una carcajada. Se hace acompañar por un grupo de macacos tan divertidos como ella.
También se incorporará al grupo un joven barquero, un niño que está solo en el mundo, después de que su familia haya sido convertida en piedra por los druuns. Y por último, un tipo grandullón, el último habitante de una de las tierras, que aparentemente parece muy fiero, pero que no deja de ser solo fachada.
Todos ellos conformarán un ecléctico y dispar grupo, que demostrará que la unión hace la fuerza. Porque ese es otro de los mensajes de esta película, la colaboración y el trabajo en equipo. A veces, necesitas de los demás para conseguir lo que te propones. Para ello, tendrás que confiar en el otro.
En el apartado técnico, no me canso de repetirlo. Me alucina la calidad fotográfica de este tipo de películas. ¿Cómo son capaces de recrear objetos que casi se pueden tocar? La animación está llegando a un nivel increíble. He flipado con ciertas escenas, concretamente con esas en las que el agua ostenta protagonismo, ya sea en forma de río o de lluvia. Hay secuencias en las que he tenido que dar marcha atrás para volver a ver ese elemento que me parece tan real, o para apreciar con más exactitud el efecto que las luces y las sombras provoca sobre el pavimento de los edificios o sobre el rostro de los personajes. Hasta el pelo de Sisu, de aspecto aterciopelado, se aprecia con una extraordinaria nitidez.
Disney apuesta en este caso por una animación basada en la cultura del sudeste asiático. Los inicios de la película, cuando se habla de lo sucedido 500 años atrás, muestran una ilustración que recuerda mucho a todo lo hindú, con preciosos y coloridos mandalas que se abren como una flor y giran sobre sí mismos. Posteriormente, nos mostrará lugares exóticos, llenos de vegetación, con unos personajes caracterizados por rasgos orientales. He buscado información sobre los cinco territorios que componen Kumandra y, de nuevo, nada está dejado al azar, sino que Disney busca inspiración en lugares reales. Mira lo que se publica en la revista Fotogramas:
«La película nos presenta el mundo de Kumandra, que está separado en cinco territorios que corresponden a diferentes partes del cuerpo de un dragón. Está Corazón, que es el hogar de la protagonista, seguido de Colmillo (inspirado en el templo hinduista Angkor Wat de Camboya), Columna (inspirado por la cantidad de bambú en Vietnam), Talón (que emula los mercados de Laos, Tailandia o Indonesia, llenos de vida y movimiento y aromas y, también, carteristas) y Cola (situada al final del Río del Dragón, que recuerda al Rïo Mekong)».
Si tenéis más curiosidad sobre los detalles y el simbolismo de la película, desde las armas que utilizan los personajes hasta las técnicas de lucha, os recomiendo leer el artículo completo aquí.
Con una música muy tribal, a mi juicio, Raya y el último dragón tiene un carácter más infantil que otros títulos. Creo que es un producto especialmente diseñado para los más pequeños, con esos mundos extraordinarios llenos de magia, y esos seres mitológicos que encandilarán a los más chiquitines. Me ha parecido una aventura llena de color, mucho ritmo, con mensajes necesarios y personajes femeninos fuertes, que se alejan de otros tan estereotipados, como aquellas princesas de vestidos vaporosos que suspiraban por el guapo príncipe.
Lo dicho. Raya y el último dragón me ha gustado muchísimo.
La he visto en Orange Tv pero creo que también la tenéis en Movistar+ y Disney+
Año 2001. Me independicé tras cumplir treinta y uno. Salí de casa de mis padres para pasar por la iglesia e irme a vivir con el que se convirtió en mi marido. Visto desde la distancia, casi siento que me escuece. Si volviera a nacer, haría las cosas de otro modo. Lo hubiera podido hacer perfectamente.Por suerte, empecé a trabajar joven y no he dejado de hacerlo desde entonces. Antes de convertirme en una «señora seria», tendría que haberme ido a vivir sola o, a lo sumo, a compartir piso. Hoy creo que es muy necesario volar del nido a edad temprana. Uno se espabila, tiene que buscarse la vida y resolver los inconvenientes del día a día por sí mismo, sin estar bajo el amparo de mamá y papa. Pero todos sabemos que es muy cómodo vivir con los padres porque, si no te ponen muchas pegas, en realidad es un chollo. Te lo dan todo hecho, te pagan la luz, el agua, la comida,... Pero no, la vida es un aprendizaje continuo, dice Kikillo. No le falta razón. Y qué mejor manera de aprender que echar a volar.
¿Pero quién es Kikillo? Kikillo es, en realidad, Francisco García.A los dieciocho años dejó su Almería natal para irse a Madrid. Quería estudiar Comunicación Audiovisual. Y allí sigue desde entonces. Mientras estudiaba, abrió redes sociales, y posteriormente ha compaginado la creación de contenidos con la dirección de Keeper Experience, una empresa de marketing que fundó junto a su socio. En estos años, la vida ha girado deprisa. Sigue con su canal de YouTube, abandona unos proyectos pero aborda otros. Entre ellos, el libro que acaba de publicar bajo el sello editorial Oberon. Hablamos sobre 50 consejos para independizarse y no morir en el intento.
Marisa G.- Kikillo, mucha gente te conocerá. Particularmente, yo no te conocía, por eso me gustaría que me contaras quién es Kikillo, quién está detrás de este libro.
Kikillo.- Kikillo es un joven andaluz, que lleva en Madrid unos diez años. Me vine aquí para estudiar Comunicación Audiovisual. Hace unos cuatro años abrí una agencia de marketing con un socio y ahora he decidido publicar un libro. Ese sería el resumen básico. Como persona, siempre digo que soy un cuadro, pero en plan El jardín de las delicias, con un montón de representaciones distintas. Tengo redes sociales desde hace diez años y medio. Soy de los primeros youtubers que salieron y sigo manteniendo mi canal desde entonces.
M.G.- La agencia de marketing es Keeper Experience, de la que ya no formas parte. Te has despedido.
K.- Cierto. Keeper es una agencia que abrí con mi socio Sergio. Durante cuatro años y medio he estado trabajando como director de equipo. Hace algo más de un mes me planteé un cambio en mi vida, porque el ritmo que llevaba no me gustaba, y preferí buscarme otro caminito.
M.G.- El caminito es la creación de contenidos para tus redes sociales y todo lo que haces a nivel mediático.
K.- Sí, entre otras cosas porque ahora estoy desarrollando otro proyecto, pero me lo estoy tomando con calma porque, después de esos años en la agencia, necesito tomarme un descanso este verano.
M.G.- Bueno, tienes un proyecto recién inaugurado. 50 consejos para independizarse y no morir en el intento. La idea del libro cómo y cuándo surge.
K.- La idea la llevaba arrastrando desde hace varios años. Siempre he querido escribir algo así porque, cuando me vine a estudiar a Madrid, mi madre me dio algunos consejos pero tampoco fue gran cosa. Aprendí mucho a base de golpes. Quería escribir algo sobre mi experiencia, para ayudar a los que estuvieran en mi situación. Me imaginaba a mi madre regalándome este libro en ese momento tan especial, en el que abandonas el nido para independizarte. Me hubiera gustado tener este libro cuando me independicé, porque contiene información que le puede venir muy bien a quien esté en esa situación.
M.G.- Bueno, tú dejaste tu Almería con dieciocho años y te marchaste a Madrid para estudiar Comunicación Audiovisual. ¿Te fuiste sin tener idea de nada, ni de cocina, ni de lavadora, ni de plancha o ya tenías experiencia en estas tareas?
K.- Mi madre siempre nos inculcó el hecho de hacer. Barrer, lavar los platos y cosas así, sí que lo dominaba, pero la lavadora o la plancha eran temas que desconocía totalmente. Pero no me quedó más remedio que aprender.
M.G.- El libro está enfocado para gente muy joven pero claro, tal y como está la cosa hoy en día, que la gente no sale de casa de sus padres hasta que peinan canas, puede servir perfectamente para los treintañeros también.
K.- Claro. Además, si unos padres le regalan este libro a su hijo de treinta años sirve como indirecta. Lo que no sabemos es si el hijo lo pillará. (Risas)
[Kikillo habla de su libro en su canal de YouTube]
M.G.- ¿Y a ti qué consejos te hubiera gustado escuchar cuando te fuiste a Madrid?
K.- Me hubiera gustado que alguien me diera algún consejo sobre la búsqueda de piso. Es un tema que trato mucho en el libro porque es algo complicado, y es muy fácil que metas la pata. También hubiera agradecido mucho algún consejo sobre la convivencia. Por ejemplo, en el libro hablo de los mandamientos de la convivencia y uno de ellos, muy importante, es saber empatizar. Yo me rayaba mucho cuando mi compañera de piso me contestaba mal, pero es que no entendía que lo mismo había tenido un mal día. Eso por no hablar de las fiestas y el amor que, cuando te independizas, se te abren nuevas puertas en esos aspectos. Son cosas que te pueden ayudar en ese camino que emprendes en solitario, lejos de tu casa.
M.G.- El libro es divertido pero hay algunos capítulos que me han hecho especial gracia. Por ejemplo, los tipos de compañeros de pisos: el desordenado, la fiestera, la silenciosa,... Imagino que son tipos de personas que te has ido encontrando.
K.- Sí, hay gente muy rara. Aunque la experiencia ha sido, en su mayor parte, muy positiva, también he tenido alguna experiencia negativa al compartir casa. Tuve una compañera muy asustadiza, de esas que, cuando te la encuentras en el pasillo, da un respingo y a la vez te asusta a ti mismo. También tuve una compañera fiestera, que siempre estaba montando fiestas en el piso e invitando a amigos.
M.G.- O ese compañero de piso al que nunca veías y que parecía que no vivía en el piso, ¿no?
K.- Sí, sí. Es que yo me acostaba y él llegaba como a las doce y cuarto todos los días. Y luego, cuando me levantaba por la mañana, ya no estaba. Si lo veía era algún sábado, pero muy rara vez. Fue un compañero de piso al que, en realidad, no llegué a conocer.
M.G.- Bueno, eso tiene una ventaja. Así te dejaba más espacio para ti.
K.- Es que hay que verle el lado positivo a las cosas.
M.G.- Sí, porque tú eres una persona muy optimista, ¿verdad? Dices en el libro que hay que saber sacarle el lado bueno a todo, aunque sean situaciones complicadas.
K.- Es verdad. Siento que me ha ido todo muy bien porque, en los malos momentos, siempre intento verle el lado bueno a las cosas. Para mí es algo muy importante. Días malos los tenemos todos, incluso los optimistas, pero si eres una persona positiva, los malos tragos se pasan mejor.
M.G.- Precisamente, hablando de los malos momentos, hablas en el libro de que hay días que puedes sucumbir. Días en los que deseas abandonarlo todo y volver a casa.
K.- Por supuesto. Había semanas en las que me apetecía dejarlo todo y regresar a casa de mis padres. Es normal que al principio cueste adaptarse pero hay que verlo como una nueva experiencia. Al final, terminas por acostumbrarte y entiendes que es importante aprender porque la vida es un aprendizaje continuo. A día de hoy creo que dejar el nido y venirme a Madrid me ha merecido mucho la pena.
M.G.- Lo volverías hacer de nuevo.
K.- Por supuesto que sí.
M.G.- El libro está ilustrado. Háblame un poco de las ilustraciones.
K.- Las ilustraciones las ha hecho Marina Serna, también de Almería, pero que vive ahora en Barcelona. Es mi amiga de toda la vida y me parece una ilustradora increíble. Ha tenido que hacer los dibujos para el libro en tiempo récord y con una calidad extraordinaria. Ha sido un placer trabajar con ella.
M.G.- Otro capítulo que me ha gustado, en el que cuentas trucos muy ingeniosos que desconocía, como por ejemplo, sacarle el máximo rendimiento a un móvil con una lata o con un vaso.
K.- Sí. (Risas) Es muy útil. Tienes que encender el flash del móvil y poner delante un vaso de cristal. Se genera una luz de ambiente estupenda para tomar unas copas. Tú pruébalo, ya verás. Lo he usado muchas veces y me ha venido genial. Eso sí, la batería se consume más rápido, claro
M.G.- ¿Y lo de meter el móvil dentro de una lata para aumentar el volumen?
K.- ¡Funciona! En aquellos años, yo estaba pelado de dinero y tenía que ingeniármelas de alguna manera. Como no tenía dinero para comprarme un altavoz chulo, metía el móvil en la típica lata de Pringles. Le hacía una raja, metía el móvil y sonaba a tope. Te lo digo, de verdad.
M.G.- Y por probar, has probado de todo. El libro cuenta con un anexo donde figuran webs y apps de todo tipo, que tú habrás trillado y de las que has sacado el máximo partido.
K.- Con las aplicaciones para encontrar piso he pedido ayuda a algunos amigos porque yo solo me he mudado tres veces, pero tengo amigos que se han mudado en cinco o seis ocasiones. Hice barrido para que ellos me facilitaran información sobre aplicaciones que yo no había usado, pero que funcionaban bien.
M.G.- ¿Y te han quedado muchas cosas por contar?
K.- En cuanto a experiencias se han quedado muchísimas fuera, pero es que tenía que cortar. Creo que, con los cincuenta consejos que incluye el libro, está bastante bien. Como guía básica para independizarse, la información que contiene el libro es suficiente. Estoy muy orgulloso de cómo ha quedado.
M.G.- Y la propia experiencia de escribir un libro y publicar, ¿cómo ha sido?
K.- Muy buena. Yo no tenía ningún contacto con el mundo editorial pero, cuando se me ocurrió el libro, hablamos con Oberon y fueron bastante receptivos. Les gustó mucho la idea y me asignaron a una editora, que ha sido la persona que me ha ido ayudando en todo el proceso. Ha sido muy guay y muy gratificante. Se me hace raro ver el libro en librerías, pero es muy emocionante.
M.G.- ¿Y te has planteado hacer algo similar? Por ejemplo, en el libro lo mencionas, 50 recetas para independizarte y no morir en el intento. U otro ejemplo, escribir un libro sobre la experiencia de irse a vivir solo. Ahora ya no compartes piso.
K.- Pues sí. Estoy muy abierto a este tipo de proyectos. Soy muy emprendedor y me podría plantear un segundo libro. Pero eso será, si acaso, dentro de un tiempo. Ahora quiero disfrutar de este.
M.G.- Pues un placer conocerte y hablar contigo Kikillo. Seguiré pendiente de tus movimientos por redes sociales.
K.- Muchas gracias a ti. Un placer, de verdad.
Sinopsis:Irse a vivir fuera de casa no es nada fácil, pero gracias a estos 50 consejos espero poder ayudarte un poco, porque tras 10 años fuera, 4 mudanzas de casa, 12 compañeros de piso distintos, 4 años de universidad, 2 trabajos, ¿cuántas fiestas? y muchos, muchos amigos... sé muy bien de lo que hablo y de lo necesaria que es esta guía, o al menos, lo necesaria que hubiese sido para mí hace 10 años, el primer día que me fui fuera de casa. Aquí encontrarás consejos para cómo buscar un buen piso, para saber organizarte los dineros, para comer más o menos bien, para mantener una buena convivencia en casa y no matarse, para el amor (muy chungo este tema en esta etapa), para la lavadora (esto es más chungo que el amor), para no morirte de un resfriado... en definitiva, todo lo que he aprendido en estos años. No sé si lees esto para ti, o para alguien al que tienes en mente regalárselo, pero de verdad, que es el regalo perfecto para alguien que pronto se va fuera. Prometo que además de aprender, se echara unas risas y se acordará mucho de la persona que se lo haya regalado.
Raquel Riba Rossy (Igualada, 1990) se alimentó del ambiente creativo que se respiraba en una familia de pintores, dibujantes, arquitectos y músicos. Estudió Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y en la Escola de la Dona de Barcelona. En 2017 asalta las librerías con su personaje Lola Vendetta, protagonista de sus libros Más vale Lola que mal acompañada (2017). Tras él llegaron ¿Qué pacha, mama? (2018), Lola Vendetta y los hombres (2019) y, ahora, Una habitación propia con wifi, todos ellos publicados por Lumen. Raquel Riba Rossy ha trabajado además en varios proyectos centrados en el empoderamiento de la mujer y actualmente está grabando su primer álbum musical, El Primer Canto.
Sinopsis
Lola Vendetta se ha volcado con tanta pasión en la defensa de la revolución femenina y la apuesta por una nueva masculinidad que no se dio cuenta de que en su interior se estaba gestando otra revolución. Su cuerpo y su mente, hartos de que los ignore, se han amotinado y amenazan con el colapso. Para colmo, su idea del amor se está resquebrajando. Todo la empuja a tomarse un respiro en el campo, pero ella aún no imagina las consecuencias de tener al fin una habitación propia (con wifi, eso sí): la eclosión de una nueva Lola Vendetta, libre y ecofeminista.
[Información tomada directamente del ejemplar]
¿No te gustaría poder transformarte a veces en otra persona, y decir y hacer todo lo que no te atreves? ¿No te gustaría poder alzar la voz y gritar contra las injusticias, dando vía libre a toda la desazón que acumulas dentro? A mí, sí. Debe ser algo muy liberador. Por eso quisiera convertirme en Lola Vendetta alguna vez, para ir por la vida con catana a cuestas, e ir cortando cabezas según se me cruce tal o cual despreciable ser. Ese es el espíritu de este personaje creado por Raquel Riba Rossy en 2017. Desde su nacimiento, Lola Vendetta ha impartido justicia, y de sus finos labios pintados de rojo intenso ha salido todo aquello que pensamos, pero que no nos atrevemos a decir.
Lo que ocurre es que las heroínas como ella pasan momentos de bajón y también entran en crisis. Incluso a ellas, a las que vemos fuertes y poderosas, se les tuerce la vida y tienen que tomarse un respiro para pensar. Por eso, lo nuevo de Lola (o de Raquel), Una habitación propia con wifi, comienza de este modo:
«Hace un tiempo mi cuerpo y mi mente entraron en guerra. De puertas afuera todo era perfecto. Pero por dentro...»
Lola se siente triste. De noche, acostada en su cama, mira al techo y piensa, mientras su pareja duerme a su lado. Camina por la vida con una sonrisa dibujada en sus labios, pero sabe que en su interior algo no va bien. Se siente abrumada, le puede la apatía y la desgana. Así que siente que es hora de tomar decisiones importantes. Da el paso de dejar a su pareja y se muda temporalmente a casa de su amiga Maite. Allí le pilla el confinamiento, que supo aprovechar a la perfección. El mundo hizo por ella lo que ella no había conseguido hacer, poner su vida en pausa. Y ese tiempo le sirvió para reflexionar y encontrarse a sí misma.
Este libro es el resultado de una auto-exploración, un análisis interior con el que ella tuvo que romper con muchas cosas y comenzar de cero, porque aquella Lola que se miraba al espejo cada mañana había dejado de reconocerse. Mi querida Lola tuvo que transitar un camino duro, enfrentándose a sus miedos, y a todo aquello que ya no podría tener lugar en su vida. Lloró y a veces le pudo la soledad. Pero dicen que después de la tormenta siempre viene la calma, y la calma llegó también para ella. Renació, encontró su espacio, tuvo consciencia de su cuerpo y de su vida, hizo reajustes y volvió a nacer porque, en esta vida, también se pude resucitar.
En un habitación propia con wifi no solo se habla del «yo», también se habla del mundo, en general. Del consumismo que genera una efímera sensación de bienestar, de la explotación infantil, de la hiperconexión a través de redes sociales, de la gestión de los países desarrollados, de las apps para conocer chicos,.... Y del dolor. También se habla de dolor. Uno de los pasajes que más me han gustado de este libro (así se lo dije a la autora en la entrevista que me concedió y que puedes leer aquí), es aquel en el que Lola tiene que enfrentarse a la muerte de su abuelo. Desconozco si estas escenas están basadas en la realidad propia de la autora pero, lo que sí tengo claro es que están desarrolladas con gran cariño y madurez. Pero, a pesar de ser un libro «serio», que toca temas transcendentales, no puede faltar la pizca de humor que siempre ha caracterizado a Lola o mejor dicho, a los libros de Raquel. Me he divertido mucho con uno de los personajes, el de la muerte. Lola, al tener que sufrir la enfermedad y la muerte de su abuelo, entabla amistad con el de la guadaña, que Raquel dibuja como un ser encapuchado, bajito, y un más que evidente acento argentino, que me ha enamorado. La muerte no es un ser tan demoledor, no al menos en este libro de Raquel. Es un individuo al que le ha tocado en suerte el papel más difícil del mundo, lo que le genera mucha angustia y ansiedad. Hay diálogos entre Lola y la muerte que son divertidísimos, llenos de ironía y buen humor.
Poco más os cuento de este libro. Las novelas gráficas en las que el dibujo soporta todo el peso de la narración es mucho mejor descubrirlas que hablar de ellas. Solo me queda añadir que, si te gusta el género, las historias de Lola Vendetta son siempre una opción a tener en cuenta. En este caso, Riba Rossy apuesta por una narración más personal del personaje, pero tan humana y tan llena de vida, que no será nada difícil conectar con esta joven en crisis y que, en esta ocasión, apuesta por darle a su catana un periodo de descanso.
Seguiré los pasos de Lola, hasta donde ella me guíe, porque siempre disfruto de estos libros.
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
Ibon Martín (Donostia, 1976) ha conquistado un lugar propio en el thriller nacional e internacional gracias a sus pasiones: viajar, escribir, describir.
Su carrera literaria no empezó en la novela sino en la literatura de viajes. Enamorado del paisaje y la geografía vasca, recorrió durante años todas las sendas de Euskadi y puso en marcha un proyecto personal con el que editó diversas guías. En sus textos latía el deseo de devolver a la vida los vestigios históricos y mitológicos que sus pasos descubrían, por lo que el nacimiento de su primera novela, El valle sin nombre, se produjo de manera natural como modo de mantener ese cordón umbilical con sus raíces. Tras ella llegaron LOS CRÍMENES DEL FARO -El faro del silencio, La fábrica de las sombras, El último akelarre y La jaula de sal-, una serie de cuatro libros inspirados por el thriller nórdico que se convirtieron en un éxito rotundo.
La danza de los tulipanes (Plaza & Janés, 2019) se colocó en los primeros puestos de las listas de más vendidos y lo consagró como uno de los autores más destacados de thriller tanto en España como en el extranjero, donde ocho de las editoriales internacionales más prestigiosas se rindieron al hechizo de su narrativa.
La hora de las gaviotas confirma que es el maestro del suspense: una novela ambiciosa, con una trama elegante y precisa que se despliega ante nuestros ojos como una red tejida con la delicadeza de un artesano, de la que no desearás escapar.
Sinopsis
El odio es el enemigo más peligroso.
Las gaviotas sobrevuelan inquietas la ciudad marinera de Hondarribia, que se ha vestido con sus mejores galas para celebrar un día especial. Sus graznidos compiten con los alegres sonidos que inundan las calles, donde los vecinos se preparan para disfrutar de la fiesta ajenos a la terrible amenaza que se cierne sobre ellos.
En mitad del desfile se desata el horror. Una puñalada salvaje y certera riega con sangre el frío suelo de piedra. Una mujer ha muerto asesinada. Y no será la última. La suboficial Ane Cestero y su unidad especial tendrán que dar caza a un asesino feroz e implacable, capaz de ocultarse a la vista de todo un pueblo.
La hora de las gaviotas es un thriller sinuoso, magnético e impecable que nos enfrenta al peor de los enemigos: el odio visceral que late escondido en todos nosotros.
[Información tomada directamente del ejemplar]
«El nudo en la garganta, ese que lleva días impidiendo que duerma por las noches, se hace más intenso. Pero la razón está de su parte. Está haciendo lo correcto. A sus dieciocho años ha llegado el momento de plantar cara a los intolerantes y demostrarles que sus gritos e insultos no van a amedrentarla». [pág. 11-12]
Este es uno de los primeros párrafos que ponemos leer en la última y nueva novela de Ibon Martín, La hora de las gaviotas. Leído fuera de contexto se podría aplicar a muchas circunstancias distintas. Y aunque no se especifica, os diré que ese pensamiento parte de la cabeza de una mujer, una joven -dieciocho años- que está dispuesta a luchar contra la intolerancia. Esa chica, en la novela de Martín, es Maitane, una de las hondarribitarras que ha puesto pie en pared, que lucha contra los puntales de una tradición que sí, que se remonta al siglo XVII, pero que no se ha adaptado a los nuevos tiempos. Porque, en Hondarribia, cada 8 de septiembre se celebra el Alarde, una festividad de la que ya os hablé aquí, justo cuando publiqué la entrevista con el autor. Os hablé del desfile tradicional en el que solo participan los hombres. Os hablé del desfile mixto, en el que se incorporan mujeres, pero que son obligadas a desfilar aparte y media hora antes de que lo haga la comitiva tradicional. Os hablé de unos plásticos negros que el público asistente alza en el aire para boicotear el paso de las mujeres. Os hablé de los gritos, de los insultos, del desprecio. En definitiva, os hablé de una situación que, para una persona de estos tiempos, resulta totalmente incomprensible.
Y en este contexto de festividad, en el que todo debería ser alegría y júbilo, se producen escenas dantescas de violencia y misoginia. El 8 de septiembre es una fecha marcada en negro en el calendario de Hondarribia y con esa atmósfera de crispación e intolerancia como fondo, Ibon Martín desarrolla una trama negra, un nuevo caso para los miembros de la UHI, la Unidad de Homicidios de Impacto, capitaneada esta vez por Ane Cestero, con Julia Lizardi como mano derecha, y Aitor Goenaga. Madrazo, el superior jerárquico, está en otros menesteres de los que luego os hablaré. Estos son los mismos personajes que ya protagonizaron la novela anterior de Martín, La danza de los tulipanes. Es por ello que cabe decir que estamos ante una nueva entrega de esta unidad de la Ertzaintza. Pero no temáis porqueLa hora de las gaviotas se puede leer con absoluta independencia, sin necesidad de haber leído la anterior. Ese ha sido mi caso, y he disfrutado de la lectura de esta novela como si fuera una obra autónoma. Os cuento un poco la trama.
Durante la celebración del Alarde, cuando la Ertzaintza ha desplegado todo un dispositivo de control por los diversos altercados que siempre se producen en esta celebración, se comete un asesinato. Camila, una de las mujeres que forma parte del desfile mixto, muere tras recibir una puñalada. Inmediatamente, Ane y todo su equipo se pone en marcha. Lo primero es hablar con el círculo más cercano de la víctima y localizar al dueño del cuchillo de buceo con el que se asestó la puñalada. Sin embargo, lo que parece un crimen contra la mujer, pronto se convierte en algo que va mucho más allá. El hallazgo de un cuaderno lleno de datos incomprensibles, el incendio provocado de un barco, propiedad de una de las familias más adineradas de la zona, y de un caserío en Biriatu, unas pintadas amenazantes, más un par de desapariciones y otros sucesos varios, dibujan un entramado en el que hay varias ramificaciones, por lo que la investigación se tendrá que vertebrar en distintas líneas.
¿Quién es el asesino o asesinos? ¿Están todos los hechos luctuosos conectados? Ante nosotros se despliega todo un rosario de posibles sospechosos. El juego está servido y el lector irá manejando las pistas de las que dispone para encontrar al culpable. Como punto a favor de la novela, diré que el desenlace no me lo esperaba. Ni se me pasó por la cabeza quién estaba detrás de todo, así que me llevé una buena sorpresa.
Esporádicamente, los capítulos que se centran en la investigación del crimen, se alternan con otros protagonizados únicamente por Madrazo. El oficial de la Ertzaintza se ha tomado unos días de vacaciones y está haciendo el Camino de Santiago en solitario. Lo que podía ser un peregrinaje como experiencia, en realidad esconde algo más. Madrazo carga con un peso que le cuesta soportar. El viaje hasta Santiago, o hasta donde sea que se dirige, es su manera de saldar una deuda. Aunque Ane lo reclama una y mil veces para que regrese a Hondarribia y prestar su ayuda al caso, Madrazo se mantiene firme en su propósito, algo que Ane no entiende, y esto provocará más de un roce entre ambos.
«Sabía que su viaje no iba a ser fácil de explicar a quienes mejor le conocen». [pág. 25]
El tema central de esta novela es el maltrato y la violencia contra la mujer, en todas sus vertientes. Al margen del típico caso doméstico, en el que una mujer es vejada y maltratada por su pareja varón, se puede ejercer violencia de género en otros ámbitos, como en el laboral o en el institucional,... Lo que más me gusta de esta novela es su nivel de denuncia. Ibon toma como punto de partida los sucesos que acontecen cada año en el Alarde para poner ante nuestras narices unos hechos absolutamente insólitos. Lo que ocurre en Hondarribia parece sacado de siglos pasados o pertenecer a la ciencia ficción. Lo más sangrante es que, entre ese selecto grupo de intolerantes, también hay mujeres, algo que me resulta del todo inconcebible. Es decir, que nos tiramos piedras sobre nuestro propio tejado. Y es que las tradiciones están muy bien, pero los tiempos cambian y hay que amoldarse a las nuevas eras, algo que no todo el mundo parece entender.
Y esa denuncia de la que os hablo también se hace extensible a las instituciones. La novela nos va a permitir ver que el sistema no funciona, que podemos tener casos de violencia contra la mujer delante de nuestras narices pero no se hace nada, o lo que se hace es insuficiente. Vamos a ver en la novela cómo fallan los protocolos. Actuar cuando ya se ha perpetrado un asesinato por violencia de género no es suficiente. Hay que adoptar medidas previas, impedir que la cosa llegue a mayores, pero es ahí donde está el fallo, en la inexistencia o la mala gestión de mecanismos de control previo. Sobre este punto, también reflexionará Ane.
Por otra parte, otras cuestiones que se abordan en el libro son el tráfico de drogas o la trata de blancas. La explotación sexual también tendrá su parte de protagonismo en esta historia que, como dije antes, esconde más de lo que, a priori, podríamos sospechar. Pero estando en el País Vasco, y aunque la trama se desarrolla durante 2019, la sombra de ETA sigue siendo muy alargada. Algo, relacionado con la banda terrorista, atormenta a uno de los personajes. Me ha gustado mucho esta parte, aunque ocupa bastante menos que toda la investigación criminal que lleva a cabo Cestero y su equipo.
Y también me gustan las novelas que me hacen viajar a sus escenarios, que me cuentan cómo son los lugares en los que transcurren los hechos, que me hablen de cultura, historia, anécdotas y leyendas. Hondarribia y todos los pueblos de alrededor tienen gran protagonismo. En estas páginas se habla de la cala de los frailes, del cabo de Híguer, del castillo de Abadía, del monte Jaizkibel o de las minas de Aiako Harria. Son lugares que podemos situar en el mapa que viene en las guardas delanteras y que nos permiten ubicarnos. Pero de Hondarribia también se habla de su industria. Interesantísimo todo lo que se cuenta sobre las algas rojas o sobre la producción de vino submarino, esetxacoli «madurado durante seis meses bajo el mar entre las olas del cabo de Híguer».
No puedo olvidarme de la mitología vasca, tan apasionante como todas esas leyendas y mitos que recorren la cornisa cantábrica. En la novela vamos a ver a Ane luciendo un tatuaje en el cuello, «una representación de la diosa Mari y de Sugaar, la culebra macho que la mitología vasca empareja con ella». También conoceremos una curiosa formación geográfica, dos rocas gemelas en la playa de Ondarraitz (Hendaia), de la que la mitología cuenta que «fueron lanzadas por un gigantesco gentil que trataba de destruir la catedral de Baiona».
Por último, Ane forma parte de un grupo musical, junto con sus amigas Olaia y Nagore. La formación lleva por nombre The Lamiak, en referencia a las lamias, entes femeninos que viven en cuevas o ríos. Entre el clima, los pueblos pequeños y la mitología se conforma una atmósfera idónea para que el lector se sienta parte integrante de la trama.
Los personajes arrastran lastre del pasado. Algunas de sus preocupaciones o problemas ya tuvieron un desarrollo previo en La danza de los tulipanes pero, en caso de no haber leído la novela anterior, Ibon Martín se encarga de ponernos en antecedentes. En el caso de Ane, podríamos decir que es una mujer de su tiempo, actual, valiente, arrojada, pero que se esconde tras una coraza, una armadura que luce desde la adolescencia,y de la que solo deja ver algunos piercings y tatuajes. Lo que a Ane le ocurre se extiende mucho más allá de la novela previa, y tendrá que ver con sus años más jóvenes y más vulnerables. Lo que le sucedió tiene mucha vinculación con el tipo de trabajo que desempeña, con el caso que tiene en las manos. Ane se sube por las paredes, está rabiosa, marcada, y eso provoca que a veces se comporte de forma violenta y pierda el control. Ha tenido más de un altercado, por eso piensa que, si vuelve a liarla, la echarán del cuerpo. A eso se suma que es un poco irreverente con el protocolo, saltándose los límites que le marca su profesión y el cargo que ocupa.
Su madre es un punto débil. Es una mujer que no lo ha pasado bien y que necesita ayuda. Por eso hay que estar a su lado, apoyarla y ampararla, aunque a Ane no le resulta fácil compaginar el cuidado de la madre con su trabajo. No es de extrañar. En realidad, la inspectora no parece muy unida a su progenitora. Prefiere volcarse en sus amigas, en Olaia y Nagore, las que para ella constituyen un verdadero refugio. La relación entre Ane y sus amigas será muy intensa y también muy traumática.
A Julia le pasa algo similar. Arrastra una preocupación desde la novela anterior, un asunto personal relacionado con su nacimiento, que la perturba. Es importante saber de dónde venimos y Julia siente el deseo de conocer sus orígenes para sentirse en paz. La joven, un tanto solitaria, tiene una conexión muy potente con el mar. Hace surf y a través de ella conoceremos algo más de esta práctica deportiva.
Con un total de 79 capítulos cortos, y narrado en tercera persona, La hora de las gaviotas ha supuesto una buena lectura negra. No le falta la intriga ni el suspense. Esto último no se circunscribe únicamente a la investigación criminal sino que, el mismo hilo que protagoniza Madrazo esconde una buena dosis de misterio. ¿A quién quiere localizar el inspector y por qué? Mi estreno con la narrativa de Ibon Martín ha sido muy satisfactorio. Me ha gustado mucho andar literariamente por el norte, conocer a Ane y a Julia, y perderme por esas tierras tan hermosas, pero que también tienen cosas que ocultar. Sin duda, esperaré un nuevo encuentro con los miembros de la UHI.
[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]