Autor
Escritor estadounidense, Herman Melville está considerado como uno de los grandes autores de la literatura universal.
Con apenas veinte años, Melville comenzó una serie de viajes por todo el mundo que más adelante le servirían como base e inspiración para varias de sus novelas, incluyendo varios años trabajando como ballenero y pasando varias aventuras en las islas del Pacífico.
El mar y su mundo son fundamentales en la obra de Melville, como ya se aprecia en Mardi (1849) o Taipi (1846). Dichas obras se convirtieron en un éxito de público aunque la crítica nunca acompañó su carrera.
Su obra más conocida en la actualidad es, sin duda, Moby Dick (1851), adaptada al cine y la televisión en numerosas ocasiones, pero que en su época pasó completamente desapercibida. Pese a todo, Melville continuó escribiendo hasta lograr grandes cuentos como Benito Cereno o Bartleby el escribiente.
Herman Melville murió en 1891 y no fue hasta la década de 1920 que la crítica recuperó su obra para situarla como una de las más influyentes de todo el siglo XIX.[Lecturalia]
Sinopsis
Bartleby, el escribiente es una de las narraciones más originales y conmovedoras de la historia de la literatura. Melville escribió este relato a mediados del siglo XIX, pero por él no parece haber pasado el tiempo. Nos cuenta la historia de un peculiar copista que trabaja en una oficina de Wall Street. Un día, de repente, deja de escribir amparándose en su famosa fórmula: «Preferiría no hacerlo».
Nadie sabe de dónde viene este escribiente, preferiría no decirlo, y su futuro es incierto pues preferiría no hacer nada que altere su situación. El abogado, que es el narrador, no sabe cómo actuar ante esta rebeldía, pero al mismo tiempo se siente atraído por tan misteriosa actitud. Su compasión hacia el escribiente, un empleado que no cumple ninguna de sus órdenes, hace de este personaje un ser tan extraño como el mismo Bartleby.
Soy consciente de que con esta reseña voy a quedar como una completa ignorante, pero si ya está mal ser hipócrita con los demás, peor aún serlo con una misma.
Melville y yo no nos llevamos bien. Nuestra relación comenzó con mal pie cuando en el año 1993 mi profesor de Literatura Norteamericana me obligó a leer Moby-Dick en una edición de Penguin con sus 1.110 páginas de letra minúscula que le harían la pascua a cualquier miope. Recuerdo el año, porque cuando he echado mano al "bicho" había dentro un calendario y junto a él, unas hojas con anotaciones mías en las que, al parecer, intentaba demostrar que el Capitán Ahab representaba todo lo bueno en contraposición a la ballena que englobaba la maldad del mundo. No consigo imaginar qué saldría de todo aquello.
Escritor estadounidense, Herman Melville está considerado como uno de los grandes autores de la literatura universal.
Con apenas veinte años, Melville comenzó una serie de viajes por todo el mundo que más adelante le servirían como base e inspiración para varias de sus novelas, incluyendo varios años trabajando como ballenero y pasando varias aventuras en las islas del Pacífico.
El mar y su mundo son fundamentales en la obra de Melville, como ya se aprecia en Mardi (1849) o Taipi (1846). Dichas obras se convirtieron en un éxito de público aunque la crítica nunca acompañó su carrera.
Su obra más conocida en la actualidad es, sin duda, Moby Dick (1851), adaptada al cine y la televisión en numerosas ocasiones, pero que en su época pasó completamente desapercibida. Pese a todo, Melville continuó escribiendo hasta lograr grandes cuentos como Benito Cereno o Bartleby el escribiente.
Herman Melville murió en 1891 y no fue hasta la década de 1920 que la crítica recuperó su obra para situarla como una de las más influyentes de todo el siglo XIX.[Lecturalia]
Sinopsis
Bartleby, el escribiente es una de las narraciones más originales y conmovedoras de la historia de la literatura. Melville escribió este relato a mediados del siglo XIX, pero por él no parece haber pasado el tiempo. Nos cuenta la historia de un peculiar copista que trabaja en una oficina de Wall Street. Un día, de repente, deja de escribir amparándose en su famosa fórmula: «Preferiría no hacerlo».
Nadie sabe de dónde viene este escribiente, preferiría no decirlo, y su futuro es incierto pues preferiría no hacer nada que altere su situación. El abogado, que es el narrador, no sabe cómo actuar ante esta rebeldía, pero al mismo tiempo se siente atraído por tan misteriosa actitud. Su compasión hacia el escribiente, un empleado que no cumple ninguna de sus órdenes, hace de este personaje un ser tan extraño como el mismo Bartleby.
Soy consciente de que con esta reseña voy a quedar como una completa ignorante, pero si ya está mal ser hipócrita con los demás, peor aún serlo con una misma.
Melville y yo no nos llevamos bien. Nuestra relación comenzó con mal pie cuando en el año 1993 mi profesor de Literatura Norteamericana me obligó a leer Moby-Dick en una edición de Penguin con sus 1.110 páginas de letra minúscula que le harían la pascua a cualquier miope. Recuerdo el año, porque cuando he echado mano al "bicho" había dentro un calendario y junto a él, unas hojas con anotaciones mías en las que, al parecer, intentaba demostrar que el Capitán Ahab representaba todo lo bueno en contraposición a la ballena que englobaba la maldad del mundo. No consigo imaginar qué saldría de todo aquello.












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