martes, 27 de enero de 2026

DANI GARCÍA: ❝La cocina de nuestras madres y abuelas está a años luz de la que hacemos hoy❞

Soy muy aficionada a los programas culinarios. Me encanta ver cómo otros son capaces de hacer grandes platos con dos pimientos, un ajo, un tomate y un trozo de pan. Me entran muchas ganas de levantarme del asiento y de preparar comida para un regimiento. Prueba de ello es la cantidad de libros de recetas que tengo en casa, desde aquel mítico 1080 recetas de Simone Ortega. Pero la realidad es que luego no tengo mucha paciencia y, como decía mi madre (raro es que no la mencionara) la cocina es amor y (generalmente) tiempo

Lo que es indiscutible es que este país cuenta con grandes cocineros y cocineras. La gastronomía española, dentro y fuera de la alta cocina, así como sus profesionales siempre dan la talla. El mundo se queda corto para algunos de ellos, por ejemplo, para Dani García, chef andaluz, con tres estrellas Michelin y que cuenta con un buen número de restaurantes a lo largo y ancho del planeta. Hace unas semanas, Dani visitó Sevilla para promocionar su nuevo libro Cocina como en casa con Dani (Espasa) y sobre su afición a la cocina, su trayectoria y su nuevo recetario estuvimos hablando un rato. Os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Dani, un placer tenerte en Sevilla y un placer conocerte en persona. Sólo te conozco por los medios de comunicación y por redes. Si te parece, vamos a hablar de este libro, Cocina en casa como Dani. Por romper un poco el hielo, tú que tienes varias estrellas Michelin, y muchos restaurantes, ¿cómo se gestiona todo un negocio de estas magnitudes? Porque no podrás estar en todo.

Dani G.- Pues con un buen equipo. Al final, uno tiene que ser sensato y consciente de que tú no puedes llegar a todos lados. El único secreto en situaciones de éxito es rodearte de gente que es incluso mejor que tú. Y eso es lo que hago. Y sólo se gestiona de esa manera, con un buen equipo y con mucha gente detrás.

M.G.- Acabas de publicar este nuevo libro. ¿Es el primero o hay otros anteriores?

D.G.- No, hemos hecho un montón. Hice uno con Espasa cuando estuve en la tele. Es verdad que hacía mucho tiempo que no hacíamos un libro porque he estado muy liado. Para un libro tienes que tener un poco más de tiempo.

M.G.- Corrígeme si me equivoco. Este libro se enfoca en la cocina de antaño pero sin renunciar a la innovación. ¿Es así?

D.G.- Sí, exactamente. En el fondo, el título lo dice todo: Cocina en casa como Dani. Hay muchos Dani de la cocina. Está el Dani García de la alta cocina, de los restaurantes con estrella Michelin, el Dani de la cocina casual, mucho más desenfadada y sin tanto estiramiento, por llamarlo de alguna manera. Y luego está el Dani García de la industria alimentaria. 

Es la primera vez que hago un libro así. Hice uno con mi madre. Ese es el Dani García en su casa, pura y dura, con su familia, cocinando cosas que aprendí de mi madre y de mi padre, aunque a mi manera y visto también desde el tipo de vida que han tenido mis hijas, que tanto han viajado conmigo. Una ya vive en Dubái y la otra estudia en Boston. Son niñas muy viajadas. Este libro aborda el tipo de cocina que yo hago en casa.

M.G.- Pero en la introducción del libro sí hablas de tu madre y de tu abuela. 

D.G.- Sí, porque ese ADN es indisoluble. Haga lo que haga, haga el tipo de cocina que haga, siempre estarán ahí mis cimientos y la base que aprendí con mi madre y mi abuela.

M.G.- El legado que ellas te dejaron.

D.G.- Sí. Por ejemplo, en el libro hay una receta de unas albóndigas con tomate pero yo le añado un poco de kimchi, o le pongo una ensalada de col y pepino. Son recetas que están más al día.

M.G.- Eres andaluz, malagueño. Nuestra gastronomía es muy rica y entiendo que, en cierto modo, será un puntal importante en tu cocina.

D.G.- Sí, como pasa con mi madre y mi abuela. Creo que el sitio en el que naces y en el que cocinas, con los productos de tu entorno, está en tu ADN y eso es muy difícil de sacar. Aunque quisiera, sería muy difícil. Además, me sale de manera natural, por lo tanto, Andalucía siempre está presente en mi cocina.

M.G.- Los cocineros, como tú en tu caso, no renunciáis a publicar libros de recetas, aunque Internet nos abre las puertas a ese mundo. Incluso, vosotros mismos compartís recetas por redes sociales. ¿Resulta rentable, interesante para los lectores, publicar un libro de receta?

D.G.- No lo hago por una cuestión de rentabilidad, ni de negocio. Para eso me gano la vida haciendo mil millones de otras cosas y no me puedo quejar. Pero siempre he tenido un poco esa sensación de acercamiento a la gente, al público. A un público más normal, de la calle, digamos. Mi vida empezó, sobre todo en lo que es alta cocina, en los restaurantes de tres estrellas y, lamentablemente, no todo el mundo puede ir porque son caros. Pero siempre he tenido un poco ese puntito de querer acercarme a un público mucho más normal y devolver a mucha gente lo que he aprendido por el camino. Lo hago por eso, por estar mucho más cerca de la gente y por ayudarlos a cocinar en casa. Evidentemente, esto no es un business como tal.

M.G.- Si revisamos las recetas del libro, vamos a encontrar frituras o grasas. No es un libro healthy, como busca mucha gente.

D.G.- También hay ensaladas o verduras a la parrilla. Honestamente, no es un libro enfocado al mundo healthy. Hay una receta de un mac and cheese, que no es precisamente el plato menos calórico del mundo. No, no es un libro así. El día que me sienta y me diga: Oye, voy a hacer un libro de 80 recetas, pero realmente que todas sean healthy, pues lo haré. Pero ahora mismo no es la intención. Aunque, como te digo, sí puedes encontrar ciertas recetas, bastantes, que te van a dar ese punto healthy.

M.G.- ¿Y qué ingredientes son necesarios? He leído una receta en la que hace falta yuzu kosho, que no sé qué es.

D.G.- Hay kimchi, o yuzu kosho, cosas que son un poco más complejas de conseguir. Pero no hay muchos ingredientes así. Me propuse no usar tecnología porque no todo el mundo tiene una Thermomix en casa. Sí es más fácil que tengan un microondas, así que cocinemos con microondas.

Pero con respecto a los ingredientes, sí hay algunos que son más difíciles de conseguir pero hoy día, nada es difícil realmente. Te metes en Amazon, pides yuzu kosho y al día siguiente lo tienes en tu casa. 


[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]


M.G.- Volviendo a la introducción, dices: "he vuelto a ese lugar, la cocina de casa, porque ahí es donde empezó todo, donde se come de verdad". Y me voy a quedar con esa frase donde se come de verdad.

D.G.- Vivimos en una época de redes sociales, en un mundo un poco fake, en el que todo se ha ido distorsionando. Y la comida, también. Hoy día, la comida se ha ido desdibujando y no es comparable a la que yo viví con mi madre. La que conocimos cocinando con las madres y las abuelas está a años luz de la que se hace hoy. La vida nos ha llevado a una situación en las que estamos un poco más estresados, tenemos más prisa, menos ganas de meternos en la cocina y de pringarnos. Este libro también refleja un poco la situación que vivimos actualmente. Lo que intento decirte es que se pueden hacer cosas buenas, rápido y bien, y sin quince ingredientes. Quiero que te quites ingredientes y que te quites pasos. Es la parte más importante del libro. 

M.G.- Tú que tienes restaurantes en varios lugares del mundo, en concreto, en Emiratos Árabes, ¿cómo se entiende la gastronomía allí, en comparación con la que entendemos aquí?

D.G.- Dubái es uno de los sitios del mundo en el que están todas las cocinas y todos los conceptos del mundo. En Qatar, igual. Tengo restaurante en Dubái y en Doha. Son ciudades mucho más alucinantes de lo que pensamos. Dubái es cuatro veces Londres. Me refiero a que te puedes encontrar los restaurantes que quieras y comer lo que quieras. En Madrid, por ejemplo, lo que no puedas encontrar lo encuentras seguro en Dubái. Allí están los mejores cocineros del mundo, están las mejores marcas del mundo y te puedes encontrar todo tipo de cocina porque hay mucha gente de todo el mundo. Vas a encontrar grandísimos indios, grandísimos libaneses, grandísimos restaurantes de todo tipo. Son sitios en los que la gente, a nivel de gastronomía, tiene la mente mucho más abierta. Otra cosa es la cocina local. Es decir, la cocina local de allí es la que es, que está muy buena también, ojo, está muy rica, pero también es incomparable, evidentemente, a la nuestra.

También debemos ser conscientes de que, en España y en Andalucía, en particular, tenemos una serie de cosas que solo es similar a Japón. Japón tiene un producto alucinante y una cultura gastronómica alucinante. Nosotros también y no podemos encontrar eso en todos lados porque no lo hay. Te vas a Inglaterra, a Escocia, a Irlanda, ¿cuál es la cocina tradicional de esos países comparada con la nuestra? O Estados Unidos. Hay sitios donde hay grandes productos, como en Los Ángeles, donde hemos abierto un restaurante nuevo hace poco. Te da la sensación de que no hay nada pero tienen grandísimos productos, pero no tienen el bagaje cultural y gastronómico que nosotros tenemos.

M.G.- Y las cartas de los restaurantes de Dubái y Doha, ¿los tienes que adaptar a su paladar o podemos encontrar los mismos platos de un restaurante español?

D.G.- No, pero eso te pasaría en Marbella, en Madrid o Barcelona. No hace falta irte tan lejos. La carta de Leña en Barcelona tiene una serie de connotaciones diferentes a las que encuentras en la carta de Madrid o Marbella, que es una carta enfocada al público local, y utilizamos gamba roja u ofrecemos unos canelones, que son un plato tradicional de allí, o espardeñas. Son platos que no tenemos en Leña. En cada ciudad donde abrimos un restaurante, la carta es muy concreta. En Hungría, pues ofrecemos sabores más húngaros. Es también más divertido para mí. Primero porque aprendo mucho y segundo porque no tengo que hacer siempre lo mismo, ni un corta y pega constante.

M.G.- El libro está dividido en varias secciones. Encontramos desayunos, almuerzos, cenas, ensaladas, salsas. Hay una sección que me encanta, Antojos y picoteos. Me gusta porque lo del hambre emocional lo llevo fatal, pero es que en esa sección propones, desde unos nachos hasta una tarta. Eso es tener mucha hambre emocional.

D.G.- Es una tarta en el microondas, creo recordar. Pero también está el tartar de salchichón. Son cosas de muy picotear, de antojos. Los malagueños estamos muy apegados al salchichón de Málaga. 

Todas las secciones del libro están muy enfocadas a las situaciones que vivo en mi casa, desde desayunos a postres. Pero luego, hay días en los que tienes un antojo, o tienes más tiempo, o es un sábado especial y ahí te propongo hacer alta cocina pero sin dramas. Recojo todas las posibilidades. Voy a hacer la comida y me siento a ver una peli, no quiero estar cocinando mientras los demás están viendo la película. Luego está la sección de los platos que más han triunfado en redes sociales, como la tortilla. 

Tenía claro que no quería un índice con entradas frías, calientes, sopas, pescados, carnes,... 

M.G.- No un índice aburrido.

D.G.- Exacto, sino algo más real. Creo que mucha gente se va a sentir identificado con las diferentes secciones.

M.G.- Mencionas la tortilla y este libro recoge  una receta de tortilla a la que le añades una cucharada de mayonesa, pero no al lado, sino dentro. ¿Qué se consigue con eso?

D.G.- Se consiguen dos cosas. Una de ellas es la cremosidad y la otra es el sabor a aceite de oliva puro, único. Habitualmente, si vas bien de pasta, fríes la patata en aceite de oliva pero no todo el mundo puede hacerlo. Con esta receta te doy la posibilidad de no tener que freír la patata en aceite de oliva, porque te va a salir mucho más barato. Haces una mayonesa con bastante menos aceite de oliva del que necesitas para freír que le añades a la masa de la tortilla, una vez que haya reposado un poco. Añadida la mayonesa, la masa se blanquea y sólo te queda cuajarla un poquito. Eso te da un sabor a aceite de oliva puro y fresco. Brutal.

M.G.- Lo probaré. 

D.G.- Y luego encima la cuajo con mantequilla. Sé que es un poco polémico, entre comillas, pero también te digo, honestamente, que el cuajado con mantequilla lo hago porque quiero que se quede blanquita. No quiero que tueste porque no me gusta el sabor del huevo tostado en esta pureza de tortilla.

M.G.- Debo confesarte que me noqueó una receta de algo tan simple como freír patatas. ¿Qué tiene de especial tu receta?

D.G.- Bueno, es que, la primera inercia de cualquier persona es freír las patatas con el aceite a toda leche y ese es el primer error garrafal. Diría que, primero, la patata la tienes que prefreír a 150 grados. Necesitas que se cocine primeramente por dentro y que suelte todo el agua. Si las echas al aceite a toda leche, lo que consigues es que la patata de queme por fuera y se quede semicruda por dentro. Hay muchos trucos para freír patatas bien. La patata la tienes que limpiar bien y secarla todo lo posible, para que tenga el menor agua posible. No hace falta echarle sal porque, al final, la sal sólo consigue que suelte más líquido y ese líquido es el que precisamente necesitas que desaparezca del aceite. Luego, cuando las echas al aceite para que empiece a cocinarse, verás que se forma una burbuja más grande. Necesitas que la patata empiece a cocinarse y vaya perdiendo toda su agua. Irás notando que, poco a poco, la patata empieza a flotar, el sonido se suaviza, y ahí es cuando hay que darle el toque fuerte, para que se fría de verdad. Es que hay una mala tendencia, sobre todo en los amateurs. Cuando la gente escucha la palabra freír piensa que tienen que poner el aceite a 180 grados y no es así. 

M.G.- Te entiendo. Dani, habitualmente los libros de recetas incorporan, no sólo los ingredientes, y el paso a paso, sino también, a veces, los tiempos de preparación o de cocción. Son datos que no encontramos en tus recetas. ¿No los considerabas importantes?

D.G.- Bueno, te puedo decir que, por ejemplo, para cocinar una alcachofa en el microondas necesitas cuatro minutos pero si empleas una alcachofa que es la mitad de la mía, pues en vez de cuatro minutos necesitarás dos. O si es el doble de grande pues necesitarás el doble de tiempo. Es todo más complejo.  Lo importante es la didáctica, la forma en la que expliques la receta y luego los truquitos que te pueden ayudar.

M.G.- Hablando de postres. Recoges en el libro una receta de gofres de plátanos exprés. En Internet encontramos muchas recetas dulces en las que se sustituye la harina por manzana o plátano triturado. No lo he probado y tiene un aspecto muy apetecible pero, ¿el sabor es equiparable a cocinar de la forma tradicional?

D.G.- Lo que es natural es natural y si lo cambias no es igual. Es como la barra de pan sin gluten. Te la puedes comer, sí, pero no es equiparable a una barra de pan con gluten. Esa es la realidad. Nunca va a saber exactamente igual. No es lo mismo un hamburguesa de carne que una hamburguesa vegana, aunque físicamente parezcan lo mismo. Yo soy de los que apuestan por las cosas tal como son porque, al final, son muy difíciles de mejorar. Se puede, sí, porque mi mujer lo hace. Para hacer un gofre se necesita una máquina que da calor y ella hace algún tipo de puré, sin meterle gluten ni harina y te hace un gofre decente. Y puede estar bueno pero cuando hace la recta de gofres, de verdad, tradicional, tienes que hacerla como es. No hay tu tía. 

M.G.- Y al renunciar a los azúcares, las harinas, la nata,.. ¿no estamos boicoteando demasiado el mundo de la cocina?

D.G.- Bueno, estamos intentando cuidarnos mucho más. Esa es la realidad. Te propongo muchas recetas pero no te diría que comieras mac and cheese cada día. Son muchas calorías. Lo que pasa es que tenemos que tener un equilibrio porque también hay que vivir.

M.G.- Disfrutar de la comida.

D.G.- Claro. Por ejemplo, no bebo alcohol ni fumo pero sí tengo adicción a ciertas cosas gastronómicas que me gustan. ¿Cómo voy a dejar de comer jamón? ¿Por que tenga grasa? No. Y hay un montón de cosas así que me gustan. Intento no beber lactosa porque me sienta mal pero si un día voy a un restaurante francés, sé que me voy a atiborrar de mantequilla y nata. Bueno, un día puedo hacerlo.

M.G.- Y para eso también están las pastillas. 

D.G.- También.

M.G.- Dani, para ir terminando, en tu casa, ¿existe el arroz de los domingos? Y cambia arroz por otro alimento, por cordero, no sé... ¿Hay alguna preferencia en ese día?

D.G.Hay uno de chuletas, que me gustan los domingos. Pero es verdad que, como he estado toda mi vida metido dentro de una cocina, lo que me gustaba hacer los domingos era salir a comer fuera. Somos mucho más de ir los domingos a comer a restaurantes que de cocinar en casa. Eso sí, días como los que hemos tenido en Navidades, que ha llovido tanto, me encanta quedarme en casa y cocinar. Y sí, en muchas ocasiones, lo que es cae es un arroz.

M.G.- El libro cuenta con fotografías. Te vemos con tus hijas. ¿Alguna de ellas seguirá tus pasos?

D.G.- No. Como te digo, una vive y trabaja en Dubái. Estudió cinco años de moda en Londres y lleva trabajando en la central de Dolce Gabbana. Y la pequeña estudia Business Analytics en Boston.

M.G.- No te han salido cocineras...

D.G.- Y el niño que aparece en las fotos, es el hijo de mi mujer pero se ha criado conmigo toda la vida. Es más cocinillas pero ni lo veo, ni quiero que lo haga. Va para ingeniero.

M.G.- Muy bien, Dani. Pues un placer conversar contigo.

D.G.- Muchas gracias.


Sinopsis: Recetas del día a día con todo el sabor de Dani García.

Este no es un libro para cocinar como un chef… es para hacerlo como Dani García, que cuando llega a casa, se pone el delantal y cocina para sus hijos. Como hacían su madre y su abuela, siempre con amor y diversión.

Cocina en casa como Dani reúne recetas sinceras, sabrosas y alcanzables: desayunos para arrancar el día con ganas, platos con flow, trucos virales y postres que parecen de restaurante. Sin dramas ni postureo, solo comida rica, con todo el sabor y de una vida entre fogones.

Un viaje de vuelta a lo esencial: cocinar, compartir y vivir alrededor de la mesa.

 

sábado, 24 de enero de 2026

SIGO AQUI...

 


...aunque parezca mentira. Casi dos meses he estado ausente de este espacio. ¿Por qué? Por un cúmulo de circunstancias. Se juntó la falta de tiempo, con mi manía de exigirme llegar a todo, asuntos familiares de salud, y un profundo desánimo por la lectura. Sobre esta última cuestión, caí en picado. Lo contaba no hace mucho por redes sociales, que hay días en los que, como no tengo ganas de hacer nada, me doy el capricho de seguir los deseos de mi cuerpo. Y es que estamos tan acostumbrados a ser productivos las 24 horas del día, que no sé vosotros, pero yo, si no estoy haciendo algo provechoso, es como si estuviera cometiendo un pecado capital. Y no, también es importante no hacer nada. Basta con simplemente estar.

A lo que voy, que este blog es parte de mi vida. Lo ha sido durante los últimos catorce años y no me resisto a darle cerrojazo. Si bien ahora no le puedo dedicar todo el tiempo que me gustaría, ya cambiará algún día las tornas (cuando me toque la lotería de Navida, ja!). Así que, sigo aquí, poco, pero sigo. Y mi intención es aparecer y asomar la patita de vez en cuando, con alguna reseña, con alguna entrevista, con lo que sea. 

También tengo las redes un tanto abandonadas en lo que a literatura se refiere pero tengo mucho que enseñaros. Y os debo alguna visita a vuestros espacios correspondientes.  Dicho lo cual, ¿qué os parece si nos volvemos a encontrar?

Os mando un abrazo enorme.

 

martes, 18 de noviembre de 2025

ROBERTO SANTIAGO: ❝Los acosadores son culpables pero, además de castigarlos, hay que tratarlos❞

Sandra Peña tenía catorce años. Catorce. El día 14 de octubre decidió poner fin al calvario que estaba sufriendo. No aguantó más y dijo ¡basta! Abrió la ventana y se lanzó al vacío. Insisto. Tenía sólo catorce años y toda una vida por delante. ¿Qué no habría sufrido esa chiquilla para tomar una decisión tan terrible? ¿Os lo podéis imaginar? Yo soy incapaz. Aquel día, la noticia sumió a Sevilla bajo un espeso manto de desolación. Al país entero. Su foto empezó a circular por redes sociales. Tan bonita. En algunas se la veía feliz, sonriendo a cámara, vistiendo la camiseta de su equipo favorito, el Real Betis Balompié. ¿Qué te hicieron Sandra? Si alzaste la voz, ¿por qué no paró lo que te estaban haciendo? 

El acoso escolar ha existido siempre. Ahora lo llamamos bullying porque parece que, si no le ponemos una etiqueta en inglés, es como si fuera menos serio. El caso de Sandra ha venido precedido por otros tantos.  Otros jóvenes tomaron la misma decisión que la joven sevillana. Otros tuvieron sus propios acosadores. E igualmente, otros prefirieron acabar con su vida antes que seguir sufriendo. Nos asomamos a estas noticias con estupor, nos sentimos sobrecogidos durante unos días, esos posteriores al suceso en el que los periódicos se llenan de titulares escalofriantes. Pero pasado ese revuelo inicial, seguimos a lo nuestro. Salvo las familias de esos jóvenes, claro. A sus padres,  hermanos, tíos, abuelos, primos,… les costará salir del agujero negro. Quizá mañana, o la semana que viene, o el mes que viene volveremos a levantarnos con una noticia igual. ¿Cómo parar esto? ¿Qué debemos hacer? Por lo pronto, dar visibilidad. Concienciar a la población. Estar atento a cualquier señal de alarma. Habrá que acabar con esto algún día, ¿no? Habrá que tomar medidas, buscar el origen de estos comportamientos terribles. ¿Por qué un niño acosa a otro? ¿Por qué un joven cree que es divertido mofarse de un compañero de clase? ¿Por qué otros se unen al cruel en este teatrillo de la humillación, la burla y la vejación? ¿Por qué formar parte de un círculo que machaca a otro?

Y sobre círculos terribles quiero hablaros hoy. Un mes antes de la muerte de Sandra Peña, Roberto Santiago publicó El círculo (Destino). En este libro se narra un caso de acoso escolar. No es un caso real concreto aunque está inspirado en todos los que conocemos hasta el día de hoy. De hecho, este libro nace de la experiencia personal de su autor cuando, siendo un adolescente, fue testigo de un caso de bullying. Aún le estremece la imagen terrible de ver cómo unos compañeros sostenían a otro, de los tobillos y boca abajo, colgando por fuera de una ventana. Esa escena es la que abre el libro.

La semana pasada conversé telefónicamente con Roberto Santiago. Hablamos de Sandra Peña, por supuesto. Y también sobre el perfil psicológico de los acosadores, de las responsabilidades penales que se les puede exigir a los jóvenes, de la importancia de hablar del tema y romper el silencio. Disculpadme esta introducción tan larguísima pero la rabia me consume por dentro al saber cómo el comportamiento irracional de unos niñat@s sesga la vida de un joven o una joven.

Os dejo con la entrevista.

© Álvaro Serrano Sierra
M.G.- Roberto, nos conocimos en 2023, cuando viniste a Sevilla para la promo de La rebelión de los buenos. Aquella novela era para adultos y ahora pasas a la novela juvenil. Aunque tú nunca has perdido de vista a los lectores más jóvenes.

Roberto S.- No. La mayor parte de las novelas que he escrito son para niños. Las novelas negras para adultos son Ana Tramel y La rebelión de los buenos. Todas las demás están más dirigidas a un público más joven. El círculo se considera juvenil pero espero que la lean otros lectores más mayores.

M.G.- Sí porque en esta novela hablas de bullying y efectivamente, aunque está dirigida a los jóvenes, entiendo que también es muy necesaria que la lean los adultos, los padres, los profesores,…

R.S.- Exactamente. Mira me está ocurriendo algo muy bonito. Están recomendado la lectura de El círculo en muchos institutos. Me están escribiendo muchos docentes que hacen una labor extraordinaria. Y luego, en las presentaciones y en las firmas, e incluso a través de las redes sociales, se me están acercando, no sólo adolescentes, sino muchos padres y madres, y me están diciendo que están leyendo el libro y que lo están compartiendo con sus hijos. Se puede decir que es una lectura familiar, para que se abra debate sobre este tema.

M.G.- Pues sí, es necesario. En este libro cuentas un caso de acoso escolar que se produce en un instituto. Has comentado varias veces que no está basado en unos hechos concretos pero sí en todos los que han existido. Los casos de bullying, ¿son todos iguales? ¿hay matices que distinguen unos de otros? ¿Hay patrones similares?

R.S.- Claro, hay patrones que se pueden encontrar en todos los casos de bullying. He intentado ser muy respetuoso y muy riguroso pero esto es novela, es ficción. Eso me gustaría dejarlo clarísimo. Sin embargo, de los tres años y medio que he convivido con la novela, más que escribir, el 80% lo he dedicado a investigar. Me he dedicado a hablar con víctimas de bullying y con sus familiares, que han sido personas muy generosas. Y luego, he tenido la suerte de que la Policía Nacional, la Unidad de Bullying, me ha permitido acceder a muchos casos, y leer muchos informes. Es terrible todo. El círculo es ficción, pero todos los casos que cuento en el libro, desde los más leves a los más gordos, están basados en hechos reales que he conocido.

M.G.- Sevilla se ha visto totalmente conmocionada en el último mes por el caso de Sandra Peña. Hemos sufrido muchísimo con este caso. ¿Cómo viviste tú este caso con el libro recién publicado?

R.S.- Fíjate la terrible casualidad. Publico el libro en el que se habla de jóvenes que intentan quitarse la vida y, de repente, surge el caso de Sandra Peña. Es devastador todo esto. Por ser mínimamente optimista, quiero pensar que toda la movilización que se ha producido a raíz de este caso va a permitir que este tema se visibilice mucho más y se va a poner el foco sobre este asunto. Te digo de verdad que uno de los grandes problemas que tenemos en la sociedad es este. No se le da la suficiente importancia, no existen los recursos suficientes. Tienen que pasar casos como el de Sandra para que la gente y las instituciones se conciencien. 

M.G.- Sobre el caso de Sandra Peña te preguntaré algo más en un momento porque me interesa tu punto de vista.

Dicen que el bullying ha existido toda la vida, lo que pasa es que ahora le ponemos nombre. Tengo que confesarte que no recuerdo ningún caso de acoso en el colegio o en el instituto en el que estudié. O quizá sí, pero se me pasó por alto, no lo sé. Lo cierto es que, por suerte, no he sido víctima de bullying. Sin embargo, tú has comentado que este libro nace a raíz de algo que tú viviste cuando eras más joven. Experimentaste un caso de bullying cerca y lo viviste en primera persona.

R.S.- Yo tampoco fui víctima de bullying pero sí que fui testigo en primerísima persona de varios casos. Hay uno en especial que me marcó porque duró muchos meses y fue terrible. Tenía un compañero al que unos chicos no sólo el quitaban las cosas, la merienda, o le golpeaban por las escaleras, sino que un día llegaron al colgarlo boca abajo por fuera de una ventana. Y eso lo vi yo. El miedo me paralizó. Muchas veces he pensado que por qué no intenté impedir aquello pero yo tenía tanto miedo de que me lo hicieran a mí. Creo que eso mismo sentían otros compañeros. No nos atrevimos a frenar a estos acosadores. Es la ley del silencio que imponen los acosadores. Te callas por temor. Los testigos de un caso de bullying, cuando es muy fuerte, también sufrimos. Y esa es una de las primeras escenas de libro. Cuando Víctor llega al instituto y se encuentra a un compañero colgado por la ventana. 

M.G.- Roberto, ¿tú crees que los niños y jóvenes de ahora son más irrespetuosos, más violentos, menos empáticos que los niños que nacimos en los 70, en los 80, en los 90? 

R.S.- Es difícil generalizar pero sí que es verdad que, según las estadísticas, cada vez hay más casos de acoso escolar. Y los datos dicen que los casos son cada vez más crueles, con muchas connotaciones sexuales. Algo tenemos que estar  haciendo mal en la sociedad para que pasen estas cosas. Siempre recalco que yo no soy un psicólogo, ni un experto en bullying. Yo sólo soy un escritor que se ha documentado, que ha trabajado y que ha mirado la realidad que vivimos para escribir esta historia. Lo que yo he descubierto es que cada vez hay más casos y cada vez son más crueles, y eso me lleva a pensar que algo estamos haciendo muy mal. Yo tengo mis propias conclusiones y cada uno sabrá. Pero lo primero que hay que hacer es hablar de ello y visibilizarlo. Es lo primero que hay que hacer para impedir que esto siga ocurriendo. 

M.G.- Algo estamos haciendo mal dentro de la sociedad, y dentro de las familias. No tengo hijos y quizá por eso tengo una mirada más objetiva. Los padres, al fin y al cabo, están muy condicionados por ese vínculo que tienen con sus propios hijos. Y no sé lo que pensarás tú pero, por lo que veo, ¿no crees que los padres tienen una mala concepción de lo que es la educación? ¿Muchos padres no piensan que sus hijos tienen que ser educados en el colegio, cuando la verdadera educación en valores tiene que empezar en casa? 

R.S.- Evidentemente si dejamos la educación de los adolescentes sólo en manos de los colegios y de los institutos vamos mal. La base de la educación está en las familias. La familia es lo más importante que te pasa en la vida, para bien o para mal, según te toque. Es lo que conforma tu carácter y tu personalidad. Nadie, absolutamente nadie, nace siendo acosador, igual que nadie nace siendo víctima. Eso depende de tus condicionantes. Y el primero, y el que más te marca es la familia. Por lo tanto, no creo en eso de echar balones fuera y que la culpa recaiga en los centros educativos. No. Los centros educativos tienen su responsabilidad pero la mayor responsabilidad la tiene la familia. Es verdad que lo que tenemos que hacer todos es examen de conciencia. Como sociedad hemos avanzado muchísimo en muchísimas cosas pero cada vez tenemos menos tiempo, cada vez corremos más y cada vez delegamos más la educación de nuestros hijos. 

M.G.- Yo es que he sido testigo de muchas situaciones en las que ves que un niño, un joven, se está portando mal. Un adulto lo recrimina pero el padre y la madre, que están delante, se enfrentan a ese adulto. No sé, creo que los padres están super protegiendo a los hijos y que muchas veces no son conscientes de que sus hijos cometen errores y hacen trastadas como todos los demás. 

R.S.- Claro. Igual que hay que denunciar cuando los padres son excesivamente severos y duros con sus hijos pues igual habría que denunciar esa super protección mal entendida. Porque luego esos niños van a tener problemas cuando se enfrenten a la vida real. En estos casos, los jóvenes y adolescentes son víctimas de una educación errónea. 

M.G.- Sí. Y dices que, en realidad, los acosadores también son víctimas de su entorno. 

R.S.- A ver, esto es un tema muy delicado. Los acosadores, para empezar, son culpables pero, además de castigarlos, hay que tratarlos. Hay que tratar de entender por qué han llegado a ser acosadores. Hay que averiguar qué ha pasado, qué ha ocurrido en la familia o en el centro educativo para que un chaval o una chavala, de trece, catorce o quince años, se dedique a hacer la vida imposible a un compañero. Algo ha fallado. Además de castigar tenemos que tratar de entender qué ha fallado para corregirlo porque hay muchos casos de niños y jóvenes acosadores que luego vuelven a reincidir. Si eso es así, es porque el caso no se ha tratado bien, porque no se ha hecho un trabajo de reeducación correcta. Es un tema muy complejo al que hay que darle más tiempo y más recursos.

 M.G.- Sí, desde luego.

Roberto, el otro día, hablaba de tu libro con una compañera de trabajo. Ella es madre de una adolescente y me decía algo que me pareció muy interesante. Me comentaba que, el estilo de vida que tienen los padres actualmente, en el que tanto padre y madre, o las dos madres o los dos padres, tienen que trabajar fuera de casa porque es un imperativo, hacen que esos padres no pasen tiempo con sus hijos hasta tal punto de que, a veces, esos hijos son unos completos desconocidos. Me dejó muy impactada esta opinión. 

R.S.- No puedo estar más de acuerdo. Como comentaba antes, la sociedad ha avanzado en muchas cosas de manera muy positiva pero también ha traído problemas. Uno es precisamente este. Tú no puedes llevar una vida laboral plena y, a la vez, dedicarles a tus hijos todo el tiempo que ellos necesitan. Es que no hay tiempo físico ni material. Entonces delegan esa parte de la educación de sus hijos a quien pueden. Si tienen recursos, contratan a alguien y si no, pues van apañándose con la familia, con los abuelos, con quien sea… Vas delegando, y delegando, y delegando. Es un error muy grave porque tu hijo se está forjando en esa edad y necesita tiempo y atención. 

Uno de los datos que más me ha impactado en la fase de documentación de El círculo fue cuando la policía me dijo que en el 90% de los casos, cuando van a hablar con la familia, estos no tienen ni idea. No sospechaban en absoluto que el hijo o la hija era víctima de bullying ni, en el otro caso, que su hijo o hija fuera un acosador o acosadora. No sospechaban nada de nada. Primero lo niegan pero cuando la policía les muestra las evidencias, se quedan en shock. ¿Qué significa eso? Pues que no conocemos a nuestros hijos, a nuestras hijas. No sabemos lo que hacen. Es terrible. 

M.G.- Y tú que te has documentado tanto, que has hablado con la policía, y refiriéndome al caso de Sandra Peña, ¿qué ocurre con sus acosadoras, desde un punto de vista jurídico, penal? ¿Qué responsabilidades se les puede pedir a estas jóvenes o a sus padres? 

R.S.- Este es un gran debate, muy delicado. Además de una responsabilidad ética y moral, o del expediente académico que le puedan abrir o no, hay una responsabilidad a partir de los catorce años. No hablamos de cárcel pero sí de penas y castigos. Y por otro lado, aunque yo no soy abogado, los tutores, los padres, tienen una responsabilidad sobre los actos que hayan hecho sus hijos. Legalmente, eso es así. Por lo tanto, no se puede escurrir el bulto. Si no hay una parte de castigo, se produce un desequilibrio social. 

M.G.- Hablando propiamente del libro y de los personajes. Tenemos a Víctor Vargas, al que todo el mundo llama Uve. Este será el joven que llega como nuevo alumno al instituto Ernest Hemingway y se encuentra con esa escena que describías antes, con esos compañeros que tienen a otro colgado por los pies y por fuera de una ventana. Y luego está Alba, una chica muy diferente a todas las demás. Ellos forman un tándem. Háblame de Uve y de Alba. ¿Se podría decir que son los héroes de esta historia?

 R.S.- Alba es un personaje que me encanta. Aparentemente es una chica fuerte, que ejerce cierto liderazgo. Cuando Uve llega nuevo al instituto, de alguna manera ella lo protege. Víctor se enamora inmediatamente de Alba, de esa manera adolescente, en la que el amor es el principio y el fin del mundo. Sin embargo, a medida que vamos avanzando en la historia descubriremos que Alba ni es tan fuerte ni tan dura. Es una chica que también lo ha pasado mal y que tiene sus heridas. Me gusta mucho este personaje. 

En la novela, he intentado que los personajes buenos no sean tan buenos, ni los malos tan terribles. Como escritor, me siento en la obligación de comprender a cada uno de los personajes.

M.G.- Es una historia de dolor, de sufrimiento, de acoso pero el amor cura heridas. 

R.S.- Por suerte. ¿Qué sería de nosotros sin amor, entendido en el sentido más amplio? Está el amor de pareja, el amor de la familia, de la amistad,… Cuando hablamos de algo tan terrible como el acoso escolar, el amor es lo único que nos puede salvar. El círculo es un thriller duro pero también habla de amor.

M.G.- Has comentado antes que a los casos de bullying hay que darles visibilidad, hay que hablar de ellos pero algo que me llama mucho la atención últimamente es que también se está hablando cada vez más del suicidio. Antes era un tema tabú. Ni siquiera los medios de comunicación lo mencionaban por evitar el efecto dominó. Sin embargo, ahora sí se está hablando más de este asunto. 

R.S.- Sobre esto también hay y ha habido mucho debate. Cuando se han producido casos de suicidio y especialmente entre adolescentes, los expertos siempre han dicho que hay que tener mucho cuidado con darle visibilidad a estos casos, por el efecto llamada que se dice. Sin embargo, con lo que ha ocurrido con Sandra Peña, se ha producido una movilización, la gente ha salido a la calle, se han producido protestas. Es muy delicado fijar dónde está el límite. Por desgracia, hay muchísimos intentos de suicidios en España, todas las semanas, entre los adolescentes y por temas de bullying. Algunos se consuman y otros se quedan en intentos. Yo no sé dónde está el límite y no sé cuánta visibilidad hay que darle a todos esos casos. Pero lo que sí sé es que meterlos debajo de la alfombra no va a solucionar el problema. Es algo real que está sucediendo a nuestro alrededor. 

M.G.- Exacto. Roberto, el libro tiene un estilo muy directo y muy claro, con un fraseo muy corto y muchísimo diálogo. 

R.S.- Sí. He escrito ya muchos libros y novelas, y el estilo debe ajustarse al tema que se trata. En este caso, me tenía que meter en la piel de Víctor,  un joven de dieciséis años, y me ha salido un estilo muy directo. Como escritor, y cuando hablas de un tema como este, tienes que llegar al lector, crear debate y, por supuesto, engancharlo. Si no, no hay nada.

M.G.- Has comentado también que te has llevado tres años y medio con este libro. Te he leído decir que lo has reescrito muchísimas veces. ¿Por qué?

R.S.- Sí, porque yo no hago una escaleta ni sé lo que va a ocurrir en la historia hasta que la escribo pero eso hace que, cuando llego al final, reescriba. Siempre reescribo mucho mis libros pero en este caso, mucho más, porque sentía que tenía una responsabilidad importante, a la hora de hablar de un tema tan delicado como este. He reescrito muchas veces, sobre todo las escenas más duras. Aunque he intentado no esconder la dureza, tampoco he querido crear morbo. He procurado buscar un equilibrio que no me ha resultado fácil. Se habla del acoso en muchas vertientes, del acoso sexual a través de las redes, de cuestiones muy delicadas. Le he dado muchas vueltas a este libro. 

M.G.- ¿Qué mensaje quieres que tu novela transmita a los jóvenes?

R.S.- Es muy difícil. Si me tuviera que quedar con alguno diría que hay que romper el silencio. Los acosadores imponen una ley del silencio, hacen sentir miedo, vergüenza e incluso culpabilidad. Y aunque romper el silencio es muy difícil, es el primer paso fundamental para acabar con el acoso. Tanto para las víctimas como para los testigos. Hay que contarlo, hablar con la persona que tengas cerca, preferiblemente con tu profesor, tu madre, tu padre,… Y nunca hay que culpabilizar a una víctima o a un testigo si no lo cuenta. Si no lo cuenta es porque no puede, porque no es capaz. Hay que darles las herramientas para que se sientan en un espacio de seguridad. 

M.G.- Para terminar, ¿podremos ver una futura serie sobre este libro? 

R.S.- Ojalá. Antes de publicarse la novela, Warner supo que había escrito este libro y me contactó. Me han comprado los derechos para hacer una serie de televisión. Me han encargado el guion. Sería una serie de cuatro capítulos que corresponden a las cuatro partes en las que se divide el libro y estamos en ello. El audiovisual es complicado, son procesos lentos, pero ya veremos. El primer paso está dado. 

M.G.- Pues confío en que veamos esa serie. Por mi parte, te agradezco muchísimo que hayas escrito este libro. Creo que es muy importante. Espero que la historia de Uve y de Alba rompa esos silencios y sirva para luchar contra esa lacra social. Darte las gracias por haberme atendido esta tarde y espero poder verte por Sevilla en el futuro.

R.S.- Segurísimo que nos veremos. Muchas gracias.

Sinopsis: En el instituto Ernest Hemingway nada es lo que parece a primera vista.

Cuando Uve llega a mitad de curso se encuentra con un misterioso grupo de alumnos que se dedica a acosar a sus compañeros.

Tienen un nombre secreto: El círculo.

Uve se adentrará en una oscura trama de poder y abusos dentro del instituto. El acoso escolar sistemático se convierte en un peligroso instrumento para intimidar y aterrorizar a los más débiles.

Al mismo tiempo, Uve conocerá a Alba, que pondrá todo su mundo patas arriba.

Esta es una historia de intriga, de superación personal y también de amor. Con el bullying como gran tema de fondo. Un thriller social que nos atrapa y nos hace reflexionar sobre la sociedad que estamos construyendo.

 


miércoles, 22 de octubre de 2025

FRANCISCO PINIELLA: ❝He transmitido parte de las historias de mi familia, esos silencios que siempre hubo❞

La guerra civil dejó tras de sí un inmenso reguero de desgracias. Como todas las guerras. Las familias se quebraron como ramas secas. Padres, hermanos, tíos, novios, perecieron bajo el fuego de uno u otro bando. Algunos huyeron monte a través, acabaron en otros países, forjaron nuevos vínculos en su tierra de acogida. De otros, nunca más se supo. Francisco Piniella y su familia sabe mucho de ausencias, de esas que, a pesar del paso del tiempo, se hacen densas y pesadas. Francisco, o Paco, ha tardado mucho tiempo en escribir su historia, esa que se sustenta sobre pilares familiares, esa que ofreció a una escritora y a otra de afamado nombre. Paco sabía de escritura, pero nunca se había adentrado en la ficción, y no sabía si su estilo y su pluma estaría a la altura de una historia como esta. Paco ha esperado a que se cumplieran dos premisas para atreverse a poner negro sobre blanco. Primero, la muerte de su padre. Segundo, su jubilación como docente y rector en la Universidad de Cádiz. En Las líneas del silencio cuenta la historia de un hombre, un marino mercante, embarcado en el buque Cabo San Agustín, un 11 de julio de 1936. Precisamente su propio abuelo embarcó aquel mismo día en aquel mismo buque. Su esposa Isabel no volvió a verlo, como tampoco lo volvió a ver su hijo. Esta historia es la historia de muchos hombres y de muchas mujeres que, durante aquellos años, fueron testigos del rumbo inesperado que tomaron sus vidas. 

Os dejo con la entrevista. 

Marisa G.- Paco, un placer tenerte en Sevilla, aunque tú vienes de buena tierra también. Vamos a empezar a hablar de este libro, de Las líneas del silencio. Cuando tengo un libro en mis manos, a mí me gusta leerlo de cabo a rabo. Me fijo mucho en la biografía de los autores. Claro, leo la solapa de la novela y veo que de piloto de marina mercante llegaste a ser rector de la Universidad de Cádiz. ¿Cómo es posible esta carambola?

P.P.- Bueno, pues porque de jovencito siempre quise ver mucho. Además tenía raíces familiares. Mi abuelo, como el protagonista de la novela, había sido marino. Yo estudié náutica,  una de las carreras que se pueden estudiar en Cádiz, y en el año 82 me embarqué como alumno. Estuve navegando hasta el año 91. Cuando nació mi primer hijo me planteé dejar de navegar. Salió una plaza de docente en la facultad de náutica, donde yo había estudiado y bueno, me saqué la plaza. Luego hice el doctorado en Historia de América. Venía aquí, al Archivo de Indias todas las mañanas para investigar sobre los correos marítimos entre Cádiz y La Habana. Esa fue mi tesis. Luego saqué la plaza de catedrático y, al final de mi vida universitaria, me lié la manta a la cabeza, me presenté como rector y estuve ejerciendo durante cuatro años, con Covid por medio, incluso. Tuve que hacer cambios en la universidad y fue bastante duro. Cuando terminaron esos cuatro años decidí jubilarme y dedicarme a la escritura.

Por entonces, esta historia la tenía muy avanzada. Hay mucho de historias familiares y, aunque la novela es de ficción, también es una novela intergeneracional, porque vamos a ver a tres generaciones que irán heredando tristezas, guerras,... 

M.G.- Tu vida siempre girando alrededor de ¿el mar o la mar? ¿Cómo la defines?

P.P.- Pues cuando hablo con mis compañeros de náutica digo la mar. Si no, el mar. Pero es bisexual, como digo yo.

M.G.- Las líneas del silencio es tu primera novela pero sé que hay un ensayo previo, La memoria del árbol. Se dice que ese ensayo es la génesis de esta novela. ¿El ensayo se te quedó corto? ¿Te pareció un género que no se ajustaba a lo que querías contar y por eso te adentras ahora en la ficción?

P.P.- Bueno, el ensayo es un ensayo histórico. En cierto modo, recoge el inicio de la documentación con la que posteriormente he ficcionado la novela. Contiene datos y la historia del barco Cabo San Agustín,  de la naviera Ybarra, que es un poco el eje central de la novela. Ese barco, durante la guerra civil, se dedicó a llevar armamento desde el Mar Negro, desde Odessa fundamentalmente, a la base naval de Cartagena. Posteriormente, y antes de que termine la guerra, ese barco se queda varado en la URSS o custodiado por la Unión Soviética. El barco y toda la tripulación se queda allí. Esa es un poco la historia que se recoge en la novela. Es un relato que se inicia en el siglo XX pero que llega incluso hasta la invasión de Ucrania.


[Si quieres oír la conversación, clic en el vídeo]


M.G.- Eres ensayista, autor de libros técnicos y articulista. La narrativa, el hecho de escribir una historia de ficción, ¿exige mucho más esfuerzo que el resto de los géneros que has tocado?

P.P.- Muchísimo más. Mira, tengo unos siete u ocho libros técnicos, artículos, entrevistas científicas en inglés, todas las que quieras y más, y aunque hubo tiene ya una metodología, esta novela para mí fue un verdadero reto, con el que he disfrutado mucho. He desnudado mis sentimientos y he transmitido parte de las historias de mi familia, de esos silencios que siempre hubo. En la novela, «de esto no se habla» es una frase que se repite mucho. Siempre callando, siempre en silencio, pero he querido sacar a la luz todas esas historias y lo he disfrutado mucho.

M.G.- Y es que, en esta novela, tú cuentas realmente la historia de tu abuelo paterno y de cómo tu abuela paterna se despidió de su marido que embarcaba en el Cabo San Agustín, un 11 de julio de 1936. Pocos días antes del alzamiento. 

P.P.- Claro, esa es la clave, cómo el 18 de julio de 1936 cambia la historia de toda una familia y de todo un país. Esa fecha supuso ausencia y falta de información porque mi familia no sabía que es lo que ocurría, pero no quiero hacer spoilers. Cuando acabes de leer el libro ya verás cómo surgen nuevas familias y nuevas conexiones.

M.G.- Esas nuevas familias que mencionas se pueden intuir un poco por el árbol genealógico que se incorpora al final del libro.

P.P.- Sí, lo pusimos al final porque, en cierto modo, es un spoiler, ¿no? Si miras el árbol genealógico terminas entiendo cómo va la película.

M.G.- Es una novela de dos familias y hay un importante nexo de unión entre ellas.

P.P.- Exactamente. Recuerdo que cuando leí Cien años de soledad, me hice mi propio árbol genealógico, a medida que iba leyendo porque si no, me perdía. En mi novela he querido facilitarle la tarea al lector, pero le pedí a la editorial que el árbol genealógico lo incorporara al final.

M.G.- Sin hacer demasiado spoiler, es cierto que tu abuelo paterno juega un papel fundamental en la trama de esta historia. Creo que no llegaste a conocerlo pero, ¿cómo llegas a su vida? ¿Cuál es la imagen que tienes de tu abuelo?

P.P.- Bueno, para empezar, en la novela no está mi abuelo. Hay un personaje que intenta ficcionar su vida. Y no, no lo conocí. Ni siquiera mi padre volvió a verlo después de aquel 11 de julio de 1936, cuando se embarca en el Cabo San Agustín. Y como cuento en la novela, y eso no es ficción, fuimos a Ucrania, antes de que mi padre muriera, para que el viera la tumba de mi abuelo. Y bueno, nos pusimos en contacto con sus hijos, los conocimos, estuvimos en su casa, ver cómo vivían, que nos contaran historias. Todo eso lo iba apuntando en una libretita porque ya tenía en mente escribir este libro.

Creo que si mi padre no hubiera muerto, no hubiera escrito este libro. Mi padre, en cierto modo, seguía teniendo miedo, seguía diciendo de esto no se habla, es mejor que nadie sepa esto. Después de muerto, me he sentido más libre para poder escribir. Lo que mi padre sí hacía era escribir un diario. Tenía muchas cosas anotadas que yo he utilizado para la novela, como las cartas. Toda la correspondencia que él mantuvo. 

M.G.- Dices que los personajes de esta novela representan a personas reales. A todos le cambias el nombre menos a tu abuela Isabel. ¿Por qué?

P.P.- Porque se merece que mantenga su nombre. No te voy a decir que es el personaje más importante, pero sí el que más sufre. Ella no es sólo Isabel González, mi abuela, sino que ella es todas esas mujeres que, después de la guerra civil, ya fuese en un bando o en otro, se quedaron viudas, que tuvieron que sacar adelante a sus hijos. Mi abuela Isabel, con una Singer y pedaleando, sacó adelante a su familia y decía que era viuda pero, en realidad, no lo era.  Aunque el personaje central es Juanín Pellegrini, mi abuela es una heroína para mí y he querido honrarla sin cambiar su nombre.

M.G.- Y entre los personajes masculinos, el nombre de Juan se reitera. Es como un estigma.

P.P.- Sí, sí. Está hecho adrede. Se dice en los últimos capítulos, que de una generación a otra se van transmitiendo las tristezas, porque la historia se repite. Por eso he extendido la línea temporal hasta la invasión de Ucrania, para que veamos que, incluso ahora, con esta nueva guerra, vuelve de nuevo el exilio, los crímenes,... 

M.G.- Todo se repite, sí.

Y hablas de Isabel como una heroína, pero también hay otros personajes femeninos que son de armas tomar.

P.P.- Sí, bueno, la madre de Isabel. Es una mujer española de los años 20, de principios del siglo XX, cuya libertad se viene abajo después de la guerra civil. Pasamos de una Carmen, que es todo poderío y se come el mundo, a pesar de ser viuda, a una Isabel González que se ve en una posguerra, en una sociedad totalmente conservadora, todo el día metida en la iglesia. He querido mostrar cómo cambia el papel de la mujer y por eso puse a esos dos tipos de mujeres.

M.G.- Y dices que la novela ha supuesto un reto para ti. Confiabas muy poco en ti para traspasar esta historia familiar al papel porque sé que se la ofreciste a dos escritoras.

P.P.- Bueno, es que yo nunca había escrito ficción. Te puedo hablar de contaminación marina, de supervivencia en la mar, de todo ese tipo de cosas, pero escribir una novela no es lo mismo.

M.G.- Pues es un reto que has superado.

P.P.- Yo lo que quería es que esta historia viera la luz. Tuve la suerte de poder cenar con Almudena Grande, y poder tener después una correspondencia con ella. Le ofrecí la historia a ella pero me dijo que la tenía que escribir yo. Y luego ella falleció.

Y luego, con María Dueñas, pues la conocía desde hacía mucho tiempo. También se la ofrecí a ella y María fue muy clara. Me dijo que el que siente la historia es el que tiene que escribirla. 

M.G.- Había muchos vínculos familiares.

P.P.- Claro. Así que me lancé y le di muchas vueltas al manuscrito. Tengo en mi casa una torre de manuscritos anillados. 

M.G.- Todas las correcciones.

P.P.- Sí. Luego la editorial hizo la típica corrección ortotipográfica. Y eso es otra cosa que quiero agradecer, la acogida que tuve en Libros de la Herida. David Eloy o José María me han tratado estupendamente. La edición del libro está muy bien y la portada muy trabajada.

M.G.-  Por la ilustración de la cubierta quería preguntarte. Muy alegórica, ¿no?

P.P.- Sí. La ilustración está hecha por una agencia de diseño de Cádiz, que se llama Rebombo. Fíjate que se compone de diversas imágenes pues luego ellos me mandaron una especie de carpetilla en la venía cada imagen y explicando qué simbología quería transmitir. ¿Ves? El marino, la viuda, el barco,...




M.G.- Las cartas...

P.P.- Sí, y el reloj.

M.G.- La novela toca muchos temas. La supervivencia es uno de ellos y te centras en esos republicanos que acabaron en la URSS. ¿Del exilio de los españoles en la Unión Soviética se sabe menos que del exilio a Argentina o México? ¿Es un tema poco tratado?

P.P.- Muy poco. Es parte de nuestra memoria histórica que no se ha trabajado. Hay algunos estudios de historiadores que han tratado a estos colectivos, a los marinos mercantes porque fueron muchos los barcos que se dedicaron a llevar armamento hasta que los submarinos italianos y la propia armada del bando nacional bombardean esos barcos, y la Unión Soviética decide que esa línea de navegación no es de fiar.

Pero luego hay otros tantos colectivos, como el de los aviadores que también se queda en la Unión Soviética. Había una escuela en Kirovabad, donde se formaban los aviadores que luego venían a la República para llevar los aviones de combate. Cuando termina la guerra civil, hay una promoción que se queda allí. Y luego están los niños de la guerra y los políticos. Muchos acabaron en los campos de concentración de la Unión Soviética.

M.G.- En los gulag.

P.P.- Sí. El libro refleja muy bien cómo se viene abajo lo que fue el paraíso del proletariado, cómo se viene abajo la utopía y te das cuenta de que aquello era tan dictadura como la de Franco o como la de Hitler.

M.G.- Esta historia mueve a los personajes por muchísimos escenarios, desde Cádiz, Barcelona, pasando por Cartagena, Kiev. Sé que has viajado mucho, por aquello de que fuiste piloto de la marina mercante, pero manejar tantísimos escenarios y tan lejanos unos de otros, habrá sido una dificultad añadida.

P.P.- He estado en la mayoría de esos escenarios, aunque, por ejemplo, no he visitado Kazajstan. Es algo que tengo pendiente. Pero hoy día te puedes permitir meterte en Google Maps e ir por las calles, saber dónde está la mezquita que hace falta para una escena.

M.G.- En tiempos actuales es muy útil pero si la trama transcurre en el pasado...

P.P.- Claro es más difícil pero los edificios históricos están ahí.

Luego he tenido que manejar mucha documentación histórica.

M.G.- Sobre eso también te quería preguntar. Habrá tenido que ser compleja también.

P.P.- Sí. Una cosa es hablar de un diálogo ficticio y otra cosa es meterse dentro de un personaje histórico o meterse en el barco Cabo San Agustín, que existió realmente. He tenido que buscar los viajes que hizo el barco, el día que salió o llegó a puerto, o leer los partes de salida. Ha sido una investigación histórica.

M.G.- Y el título, Las líneas del silencio, parece, de por sí, un título con mucho peso. ¿Qué intención hay detrás de ese título?

P.P.- Es un título que la editorial me respetó. Sabes que algunas editoriales intentan cambiar el título a última hora. Es un título que me gustó porque, en cierto modo, la palabra línea conlleva la idea de unión, de distintas generaciones, de distintas situaciones. Y la palabra silencio es muy significativa porque evidentemente hay mucho silencio detrás de todo lo que ocurre en la novela. Hace alusión a lo que te decía antes, a la idea de no hablar de ciertos temas. De hecho, a mi abuela era dificilísimo sacarle cualquier historia del pasado. 

M.G.- Tenía miedo o no quería recordar.

P.P.- Sí, o no quería recordar porque todo aquello le dolía. Ten en cuenta que una persona, en el año 36, cree que está viuda. Vive toda su vida pensando que es viuda y en el año 75 se entera de que su marido ha vivido hasta el año 73, de que hasta esa fecha, no era viuda.

M.G.- Le cambia el estado civil por completo.

P.P.- Sí. En el año 54, una especie de decreto del gobierno de Franco, como para uniformar o lo que fuera, da por muerta a toda persona desaparecida y ella empieza a tener el estatus de viuda sin serlo porque él no estaba muerto. Y entonces no es como hoy, que rehaces tu vida. La gente se casa más de una vez, cambia de pareja,... En aquella época, no. Si te ha tocado esto, eres viuda para siempre. 

M.G.- No te voy a preguntar cómo se entera tu abuela de que no era viuda. Imagino que lo contarás en el libro. Siento mucha curiosidad.

P.P.- Creo que he contado muchas cosas que son spoilers. 

M.G.- No, no te preocupes. Está todo bien.

Por ir terminado, Paco. Tu abuelo fue marino mercante, tú fuiste piloto de la marina mercante. ¿La mar es algo que os dejáis en herencia en la familia? Aunque creo que tu padre se dedicó a otra cosa. 

P.P.- Mi padre fue sastre.

M.G.- Entonces no es algo que os dejáis en herencia.

P.P.- En mi caso, está la referencia de mi abuelo. Y se junta que me gusta mucho viajar. El ser marino te hace ver mundo.

M.G.- La novela se publicó en mayo. ¿Cuál ha sido el feedback que has recibido de los lectores?

P.P.- Muy bueno, la verdad. La difusión que se ha hecho hasta ahora ha sido a nivel de Cádiz. Ahora se va a presentar en la Feria del Libro de Sevilla. Me va a presentar Paco Oliva, rector de la Universidad Pablo de Olavide. He recibido muchos Whatsapp y correos electrónicos, en los que me dicen que la novela les ha encantado. Mucha gente me ha comentado también que se ve reflejada. El otro día me paró por la calle un compañero de la universidad, que me comentó que se había leído la novela y le había recordado a su tío y es que en las familias quedan muchas historias. 

M.G.- En aquella época, ¿qué familia no salió salpicada?

P.P.- Claro, claro.

M.G.- Bueno, voy a cerrar la entrevista con las últimas palabras que escribes en el libro. Dices: «no puedo terminar sin pedir la paz en Ucrania y en todas las guerras que azotan al mundo y el respeto a la dignidad de los pueblos y a su derecho a elegir su destino en libertad». Me parece un cierre precioso, Paco. Felicidades por el libro. Tiene una pinta excepcional. Las historias familiares son siempre muy atractivas para los lectores. Te agradezco mucho que me hayas atendido.

P.P.- Al contrario, muchas gracias a ti.

Sinopsis: Isabel González despide en el puerto de Cádiz a su marido, Juan Pellegrini, marinero del Cabo San Agustín, un gran barco que mantiene línea regular con varios puertos americanos. Es el sábado 11 de julio de 1936. El viaje que Juan emprende cambiará su vida y la de los suyos para siempre. Las líneas del silencio relata una odisea que transcurre en diferentes países a través de varias generaciones de dos familias. Sus protagonistas enfrentan multitud de peripecias, de peligros, retos y tentaciones, hallan refugios inesperados y deben tomar decisiones difíciles en su incansable lucha por la supervivencia y la dignidad. Guerras y exilios, utopías y decepciones, amores y pérdidas en una novela sorprendente basada en hechos reales que recorre la historia del siglo XX y cuyos ecos llegan hasta nuestros días.

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