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martes, 18 de noviembre de 2025

ROBERTO SANTIAGO: ❝Los acosadores son culpables pero, además de castigarlos, hay que tratarlos❞

Sandra Peña tenía catorce años. Catorce. El día 14 de octubre decidió poner fin al calvario que estaba sufriendo. No aguantó más y dijo ¡basta! Abrió la ventana y se lanzó al vacío. Insisto. Tenía sólo catorce años y toda una vida por delante. ¿Qué no habría sufrido esa chiquilla para tomar una decisión tan terrible? ¿Os lo podéis imaginar? Yo soy incapaz. Aquel día, la noticia sumió a Sevilla bajo un espeso manto de desolación. Al país entero. Su foto empezó a circular por redes sociales. Tan bonita. En algunas se la veía feliz, sonriendo a cámara, vistiendo la camiseta de su equipo favorito, el Real Betis Balompié. ¿Qué te hicieron Sandra? Si alzaste la voz, ¿por qué no paró lo que te estaban haciendo? 

El acoso escolar ha existido siempre. Ahora lo llamamos bullying porque parece que, si no le ponemos una etiqueta en inglés, es como si fuera menos serio. El caso de Sandra ha venido precedido por otros tantos.  Otros jóvenes tomaron la misma decisión que la joven sevillana. Otros tuvieron sus propios acosadores. E igualmente, otros prefirieron acabar con su vida antes que seguir sufriendo. Nos asomamos a estas noticias con estupor, nos sentimos sobrecogidos durante unos días, esos posteriores al suceso en el que los periódicos se llenan de titulares escalofriantes. Pero pasado ese revuelo inicial, seguimos a lo nuestro. Salvo las familias de esos jóvenes, claro. A sus padres,  hermanos, tíos, abuelos, primos,… les costará salir del agujero negro. Quizá mañana, o la semana que viene, o el mes que viene volveremos a levantarnos con una noticia igual. ¿Cómo parar esto? ¿Qué debemos hacer? Por lo pronto, dar visibilidad. Concienciar a la población. Estar atento a cualquier señal de alarma. Habrá que acabar con esto algún día, ¿no? Habrá que tomar medidas, buscar el origen de estos comportamientos terribles. ¿Por qué un niño acosa a otro? ¿Por qué un joven cree que es divertido mofarse de un compañero de clase? ¿Por qué otros se unen al cruel en este teatrillo de la humillación, la burla y la vejación? ¿Por qué formar parte de un círculo que machaca a otro?

Y sobre círculos terribles quiero hablaros hoy. Un mes antes de la muerte de Sandra Peña, Roberto Santiago publicó El círculo (Destino). En este libro se narra un caso de acoso escolar. No es un caso real concreto aunque está inspirado en todos los que conocemos hasta el día de hoy. De hecho, este libro nace de la experiencia personal de su autor cuando, siendo un adolescente, fue testigo de un caso de bullying. Aún le estremece la imagen terrible de ver cómo unos compañeros sostenían a otro, de los tobillos y boca abajo, colgando por fuera de una ventana. Esa escena es la que abre el libro.

La semana pasada conversé telefónicamente con Roberto Santiago. Hablamos de Sandra Peña, por supuesto. Y también sobre el perfil psicológico de los acosadores, de las responsabilidades penales que se les puede exigir a los jóvenes, de la importancia de hablar del tema y romper el silencio. Disculpadme esta introducción tan larguísima pero la rabia me consume por dentro al saber cómo el comportamiento irracional de unos niñat@s sesga la vida de un joven o una joven.

Os dejo con la entrevista.

© Álvaro Serrano Sierra
M.G.- Roberto, nos conocimos en 2023, cuando viniste a Sevilla para la promo de La rebelión de los buenos. Aquella novela era para adultos y ahora pasas a la novela juvenil. Aunque tú nunca has perdido de vista a los lectores más jóvenes.

Roberto S.- No. La mayor parte de las novelas que he escrito son para niños. Las novelas negras para adultos son Ana Tramel y La rebelión de los buenos. Todas las demás están más dirigidas a un público más joven. El círculo se considera juvenil pero espero que la lean otros lectores más mayores.

M.G.- Sí porque en esta novela hablas de bullying y efectivamente, aunque está dirigida a los jóvenes, entiendo que también es muy necesaria que la lean los adultos, los padres, los profesores,…

R.S.- Exactamente. Mira me está ocurriendo algo muy bonito. Están recomendado la lectura de El círculo en muchos institutos. Me están escribiendo muchos docentes que hacen una labor extraordinaria. Y luego, en las presentaciones y en las firmas, e incluso a través de las redes sociales, se me están acercando, no sólo adolescentes, sino muchos padres y madres, y me están diciendo que están leyendo el libro y que lo están compartiendo con sus hijos. Se puede decir que es una lectura familiar, para que se abra debate sobre este tema.

M.G.- Pues sí, es necesario. En este libro cuentas un caso de acoso escolar que se produce en un instituto. Has comentado varias veces que no está basado en unos hechos concretos pero sí en todos los que han existido. Los casos de bullying, ¿son todos iguales? ¿hay matices que distinguen unos de otros? ¿Hay patrones similares?

R.S.- Claro, hay patrones que se pueden encontrar en todos los casos de bullying. He intentado ser muy respetuoso y muy riguroso pero esto es novela, es ficción. Eso me gustaría dejarlo clarísimo. Sin embargo, de los tres años y medio que he convivido con la novela, más que escribir, el 80% lo he dedicado a investigar. Me he dedicado a hablar con víctimas de bullying y con sus familiares, que han sido personas muy generosas. Y luego, he tenido la suerte de que la Policía Nacional, la Unidad de Bullying, me ha permitido acceder a muchos casos, y leer muchos informes. Es terrible todo. El círculo es ficción, pero todos los casos que cuento en el libro, desde los más leves a los más gordos, están basados en hechos reales que he conocido.

M.G.- Sevilla se ha visto totalmente conmocionada en el último mes por el caso de Sandra Peña. Hemos sufrido muchísimo con este caso. ¿Cómo viviste tú este caso con el libro recién publicado?

R.S.- Fíjate la terrible casualidad. Publico el libro en el que se habla de jóvenes que intentan quitarse la vida y, de repente, surge el caso de Sandra Peña. Es devastador todo esto. Por ser mínimamente optimista, quiero pensar que toda la movilización que se ha producido a raíz de este caso va a permitir que este tema se visibilice mucho más y se va a poner el foco sobre este asunto. Te digo de verdad que uno de los grandes problemas que tenemos en la sociedad es este. No se le da la suficiente importancia, no existen los recursos suficientes. Tienen que pasar casos como el de Sandra para que la gente y las instituciones se conciencien. 

M.G.- Sobre el caso de Sandra Peña te preguntaré algo más en un momento porque me interesa tu punto de vista.

Dicen que el bullying ha existido toda la vida, lo que pasa es que ahora le ponemos nombre. Tengo que confesarte que no recuerdo ningún caso de acoso en el colegio o en el instituto en el que estudié. O quizá sí, pero se me pasó por alto, no lo sé. Lo cierto es que, por suerte, no he sido víctima de bullying. Sin embargo, tú has comentado que este libro nace a raíz de algo que tú viviste cuando eras más joven. Experimentaste un caso de bullying cerca y lo viviste en primera persona.

R.S.- Yo tampoco fui víctima de bullying pero sí que fui testigo en primerísima persona de varios casos. Hay uno en especial que me marcó porque duró muchos meses y fue terrible. Tenía un compañero al que unos chicos no sólo el quitaban las cosas, la merienda, o le golpeaban por las escaleras, sino que un día llegaron al colgarlo boca abajo por fuera de una ventana. Y eso lo vi yo. El miedo me paralizó. Muchas veces he pensado que por qué no intenté impedir aquello pero yo tenía tanto miedo de que me lo hicieran a mí. Creo que eso mismo sentían otros compañeros. No nos atrevimos a frenar a estos acosadores. Es la ley del silencio que imponen los acosadores. Te callas por temor. Los testigos de un caso de bullying, cuando es muy fuerte, también sufrimos. Y esa es una de las primeras escenas de libro. Cuando Víctor llega al instituto y se encuentra a un compañero colgado por la ventana. 

M.G.- Roberto, ¿tú crees que los niños y jóvenes de ahora son más irrespetuosos, más violentos, menos empáticos que los niños que nacimos en los 70, en los 80, en los 90? 

R.S.- Es difícil generalizar pero sí que es verdad que, según las estadísticas, cada vez hay más casos de acoso escolar. Y los datos dicen que los casos son cada vez más crueles, con muchas connotaciones sexuales. Algo tenemos que estar  haciendo mal en la sociedad para que pasen estas cosas. Siempre recalco que yo no soy un psicólogo, ni un experto en bullying. Yo sólo soy un escritor que se ha documentado, que ha trabajado y que ha mirado la realidad que vivimos para escribir esta historia. Lo que yo he descubierto es que cada vez hay más casos y cada vez son más crueles, y eso me lleva a pensar que algo estamos haciendo muy mal. Yo tengo mis propias conclusiones y cada uno sabrá. Pero lo primero que hay que hacer es hablar de ello y visibilizarlo. Es lo primero que hay que hacer para impedir que esto siga ocurriendo. 

M.G.- Algo estamos haciendo mal dentro de la sociedad, y dentro de las familias. No tengo hijos y quizá por eso tengo una mirada más objetiva. Los padres, al fin y al cabo, están muy condicionados por ese vínculo que tienen con sus propios hijos. Y no sé lo que pensarás tú pero, por lo que veo, ¿no crees que los padres tienen una mala concepción de lo que es la educación? ¿Muchos padres no piensan que sus hijos tienen que ser educados en el colegio, cuando la verdadera educación en valores tiene que empezar en casa? 

R.S.- Evidentemente si dejamos la educación de los adolescentes sólo en manos de los colegios y de los institutos vamos mal. La base de la educación está en las familias. La familia es lo más importante que te pasa en la vida, para bien o para mal, según te toque. Es lo que conforma tu carácter y tu personalidad. Nadie, absolutamente nadie, nace siendo acosador, igual que nadie nace siendo víctima. Eso depende de tus condicionantes. Y el primero, y el que más te marca es la familia. Por lo tanto, no creo en eso de echar balones fuera y que la culpa recaiga en los centros educativos. No. Los centros educativos tienen su responsabilidad pero la mayor responsabilidad la tiene la familia. Es verdad que lo que tenemos que hacer todos es examen de conciencia. Como sociedad hemos avanzado muchísimo en muchísimas cosas pero cada vez tenemos menos tiempo, cada vez corremos más y cada vez delegamos más la educación de nuestros hijos. 

M.G.- Yo es que he sido testigo de muchas situaciones en las que ves que un niño, un joven, se está portando mal. Un adulto lo recrimina pero el padre y la madre, que están delante, se enfrentan a ese adulto. No sé, creo que los padres están super protegiendo a los hijos y que muchas veces no son conscientes de que sus hijos cometen errores y hacen trastadas como todos los demás. 

R.S.- Claro. Igual que hay que denunciar cuando los padres son excesivamente severos y duros con sus hijos pues igual habría que denunciar esa super protección mal entendida. Porque luego esos niños van a tener problemas cuando se enfrenten a la vida real. En estos casos, los jóvenes y adolescentes son víctimas de una educación errónea. 

M.G.- Sí. Y dices que, en realidad, los acosadores también son víctimas de su entorno. 

R.S.- A ver, esto es un tema muy delicado. Los acosadores, para empezar, son culpables pero, además de castigarlos, hay que tratarlos. Hay que tratar de entender por qué han llegado a ser acosadores. Hay que averiguar qué ha pasado, qué ha ocurrido en la familia o en el centro educativo para que un chaval o una chavala, de trece, catorce o quince años, se dedique a hacer la vida imposible a un compañero. Algo ha fallado. Además de castigar tenemos que tratar de entender qué ha fallado para corregirlo porque hay muchos casos de niños y jóvenes acosadores que luego vuelven a reincidir. Si eso es así, es porque el caso no se ha tratado bien, porque no se ha hecho un trabajo de reeducación correcta. Es un tema muy complejo al que hay que darle más tiempo y más recursos.

 M.G.- Sí, desde luego.

Roberto, el otro día, hablaba de tu libro con una compañera de trabajo. Ella es madre de una adolescente y me decía algo que me pareció muy interesante. Me comentaba que, el estilo de vida que tienen los padres actualmente, en el que tanto padre y madre, o las dos madres o los dos padres, tienen que trabajar fuera de casa porque es un imperativo, hacen que esos padres no pasen tiempo con sus hijos hasta tal punto de que, a veces, esos hijos son unos completos desconocidos. Me dejó muy impactada esta opinión. 

R.S.- No puedo estar más de acuerdo. Como comentaba antes, la sociedad ha avanzado en muchas cosas de manera muy positiva pero también ha traído problemas. Uno es precisamente este. Tú no puedes llevar una vida laboral plena y, a la vez, dedicarles a tus hijos todo el tiempo que ellos necesitan. Es que no hay tiempo físico ni material. Entonces delegan esa parte de la educación de sus hijos a quien pueden. Si tienen recursos, contratan a alguien y si no, pues van apañándose con la familia, con los abuelos, con quien sea… Vas delegando, y delegando, y delegando. Es un error muy grave porque tu hijo se está forjando en esa edad y necesita tiempo y atención. 

Uno de los datos que más me ha impactado en la fase de documentación de El círculo fue cuando la policía me dijo que en el 90% de los casos, cuando van a hablar con la familia, estos no tienen ni idea. No sospechaban en absoluto que el hijo o la hija era víctima de bullying ni, en el otro caso, que su hijo o hija fuera un acosador o acosadora. No sospechaban nada de nada. Primero lo niegan pero cuando la policía les muestra las evidencias, se quedan en shock. ¿Qué significa eso? Pues que no conocemos a nuestros hijos, a nuestras hijas. No sabemos lo que hacen. Es terrible. 

M.G.- Y tú que te has documentado tanto, que has hablado con la policía, y refiriéndome al caso de Sandra Peña, ¿qué ocurre con sus acosadoras, desde un punto de vista jurídico, penal? ¿Qué responsabilidades se les puede pedir a estas jóvenes o a sus padres? 

R.S.- Este es un gran debate, muy delicado. Además de una responsabilidad ética y moral, o del expediente académico que le puedan abrir o no, hay una responsabilidad a partir de los catorce años. No hablamos de cárcel pero sí de penas y castigos. Y por otro lado, aunque yo no soy abogado, los tutores, los padres, tienen una responsabilidad sobre los actos que hayan hecho sus hijos. Legalmente, eso es así. Por lo tanto, no se puede escurrir el bulto. Si no hay una parte de castigo, se produce un desequilibrio social. 

M.G.- Hablando propiamente del libro y de los personajes. Tenemos a Víctor Vargas, al que todo el mundo llama Uve. Este será el joven que llega como nuevo alumno al instituto Ernest Hemingway y se encuentra con esa escena que describías antes, con esos compañeros que tienen a otro colgado por los pies y por fuera de una ventana. Y luego está Alba, una chica muy diferente a todas las demás. Ellos forman un tándem. Háblame de Uve y de Alba. ¿Se podría decir que son los héroes de esta historia?

 R.S.- Alba es un personaje que me encanta. Aparentemente es una chica fuerte, que ejerce cierto liderazgo. Cuando Uve llega nuevo al instituto, de alguna manera ella lo protege. Víctor se enamora inmediatamente de Alba, de esa manera adolescente, en la que el amor es el principio y el fin del mundo. Sin embargo, a medida que vamos avanzando en la historia descubriremos que Alba ni es tan fuerte ni tan dura. Es una chica que también lo ha pasado mal y que tiene sus heridas. Me gusta mucho este personaje. 

En la novela, he intentado que los personajes buenos no sean tan buenos, ni los malos tan terribles. Como escritor, me siento en la obligación de comprender a cada uno de los personajes.

M.G.- Es una historia de dolor, de sufrimiento, de acoso pero el amor cura heridas. 

R.S.- Por suerte. ¿Qué sería de nosotros sin amor, entendido en el sentido más amplio? Está el amor de pareja, el amor de la familia, de la amistad,… Cuando hablamos de algo tan terrible como el acoso escolar, el amor es lo único que nos puede salvar. El círculo es un thriller duro pero también habla de amor.

M.G.- Has comentado antes que a los casos de bullying hay que darles visibilidad, hay que hablar de ellos pero algo que me llama mucho la atención últimamente es que también se está hablando cada vez más del suicidio. Antes era un tema tabú. Ni siquiera los medios de comunicación lo mencionaban por evitar el efecto dominó. Sin embargo, ahora sí se está hablando más de este asunto. 

R.S.- Sobre esto también hay y ha habido mucho debate. Cuando se han producido casos de suicidio y especialmente entre adolescentes, los expertos siempre han dicho que hay que tener mucho cuidado con darle visibilidad a estos casos, por el efecto llamada que se dice. Sin embargo, con lo que ha ocurrido con Sandra Peña, se ha producido una movilización, la gente ha salido a la calle, se han producido protestas. Es muy delicado fijar dónde está el límite. Por desgracia, hay muchísimos intentos de suicidios en España, todas las semanas, entre los adolescentes y por temas de bullying. Algunos se consuman y otros se quedan en intentos. Yo no sé dónde está el límite y no sé cuánta visibilidad hay que darle a todos esos casos. Pero lo que sí sé es que meterlos debajo de la alfombra no va a solucionar el problema. Es algo real que está sucediendo a nuestro alrededor. 

M.G.- Exacto. Roberto, el libro tiene un estilo muy directo y muy claro, con un fraseo muy corto y muchísimo diálogo. 

R.S.- Sí. He escrito ya muchos libros y novelas, y el estilo debe ajustarse al tema que se trata. En este caso, me tenía que meter en la piel de Víctor,  un joven de dieciséis años, y me ha salido un estilo muy directo. Como escritor, y cuando hablas de un tema como este, tienes que llegar al lector, crear debate y, por supuesto, engancharlo. Si no, no hay nada.

M.G.- Has comentado también que te has llevado tres años y medio con este libro. Te he leído decir que lo has reescrito muchísimas veces. ¿Por qué?

R.S.- Sí, porque yo no hago una escaleta ni sé lo que va a ocurrir en la historia hasta que la escribo pero eso hace que, cuando llego al final, reescriba. Siempre reescribo mucho mis libros pero en este caso, mucho más, porque sentía que tenía una responsabilidad importante, a la hora de hablar de un tema tan delicado como este. He reescrito muchas veces, sobre todo las escenas más duras. Aunque he intentado no esconder la dureza, tampoco he querido crear morbo. He procurado buscar un equilibrio que no me ha resultado fácil. Se habla del acoso en muchas vertientes, del acoso sexual a través de las redes, de cuestiones muy delicadas. Le he dado muchas vueltas a este libro. 

M.G.- ¿Qué mensaje quieres que tu novela transmita a los jóvenes?

R.S.- Es muy difícil. Si me tuviera que quedar con alguno diría que hay que romper el silencio. Los acosadores imponen una ley del silencio, hacen sentir miedo, vergüenza e incluso culpabilidad. Y aunque romper el silencio es muy difícil, es el primer paso fundamental para acabar con el acoso. Tanto para las víctimas como para los testigos. Hay que contarlo, hablar con la persona que tengas cerca, preferiblemente con tu profesor, tu madre, tu padre,… Y nunca hay que culpabilizar a una víctima o a un testigo si no lo cuenta. Si no lo cuenta es porque no puede, porque no es capaz. Hay que darles las herramientas para que se sientan en un espacio de seguridad. 

M.G.- Para terminar, ¿podremos ver una futura serie sobre este libro? 

R.S.- Ojalá. Antes de publicarse la novela, Warner supo que había escrito este libro y me contactó. Me han comprado los derechos para hacer una serie de televisión. Me han encargado el guion. Sería una serie de cuatro capítulos que corresponden a las cuatro partes en las que se divide el libro y estamos en ello. El audiovisual es complicado, son procesos lentos, pero ya veremos. El primer paso está dado. 

M.G.- Pues confío en que veamos esa serie. Por mi parte, te agradezco muchísimo que hayas escrito este libro. Creo que es muy importante. Espero que la historia de Uve y de Alba rompa esos silencios y sirva para luchar contra esa lacra social. Darte las gracias por haberme atendido esta tarde y espero poder verte por Sevilla en el futuro.

R.S.- Segurísimo que nos veremos. Muchas gracias.

Sinopsis: En el instituto Ernest Hemingway nada es lo que parece a primera vista.

Cuando Uve llega a mitad de curso se encuentra con un misterioso grupo de alumnos que se dedica a acosar a sus compañeros.

Tienen un nombre secreto: El círculo.

Uve se adentrará en una oscura trama de poder y abusos dentro del instituto. El acoso escolar sistemático se convierte en un peligroso instrumento para intimidar y aterrorizar a los más débiles.

Al mismo tiempo, Uve conocerá a Alba, que pondrá todo su mundo patas arriba.

Esta es una historia de intriga, de superación personal y también de amor. Con el bullying como gran tema de fondo. Un thriller social que nos atrapa y nos hace reflexionar sobre la sociedad que estamos construyendo.

 


martes, 25 de julio de 2023

ROBERTO SANTIAGO: ❝La rebelión de los buenos es 100% ficción, pero tiene una base muy sólida de realidad❞

En el mes de mayo se falló el Premio de Novela Fernando Lara 2023, recayendo en la novela Ahora sé por qué lloráis de Marcelino Havertz  (pseudónimo). Tras abrir la plica se desveló que el novelista ganador era el autor Roberto Santiago, por su novela La rebelión de los buenos 




Meses después de ese momento, tocaba hacer ronda por las distintas ciudades para promocionar el libro. Y, por supuesto, no podía faltar Sevilla, la ciudad donde le dieron tan buena noticia. 

La rebelión de los buenos gira alrededor de los turbios negocios de las farmacéuticas. Fátima Montero, co-propietaria de uno de estos monstruos que, supuestamente, velan por nuestra salud, acaba de saber que su marido le es infiel y decide emprender acciones para divorciarse. Para ello, y siendo una mujer de holgados recursos, paradójicamente contrata a un bufete de abogados de poca monta, que se mantiene difícilmente en el sector. ¿Por qué decide contratar a Jeremías Abi en vez de a un abogado de mayor prestigio? ¿Qué papel jugarán las farmacéuticas en toda esta historia? No te queda otra más que leer la novela pero, como aperitivo, ahí va la conversación que mantuve con Roberto Santiago.

Marisa G.- Roberto Santiago, un placer tenerte en Sevilla. Es la primera vez que nos vemos. 

Roberto S.- Sí, es la primera vez que nos vemos cara a cara.

M.G.- Bueno, por empezar a preguntarte antes de meternos de lleno en la novela. Te conocimos con literatura infantil y juvenil, y el hecho de que estemos ante una segunda novela para adultos, ¿implica que a partir de ahora dejas esa otra parte al margen y te vas a centrar en lo adulto?

R.S.- No, rotundamente no. Voy a seguir alternando distintos géneros, distintos formatos, porque es lo que llevo haciendo siempre, en realidad. A la novela negra le tengo tanto respeto que por eso me ha costado más atreverme como escritor a hacer mis propias novelas negras. He leído tanta novela negra y me ha cambiado tanto mi vida que me ha costado llegar. Pienso seguir escribiendo este género y tengo ya un germen de otra posible novela negra. Pero eso no significa que abandone la literatura infantil y juvenil, en absoluto. De hecho, acabo de terminar mi siguiente novela infantil y pienso seguir escribiendo para los chavales. Me encanta y lo disfruto mucho. Es muy emocionante tener lectores para los que son sus primeras lecturas. Eso les marca para toda la vida. Y eso no lo pienso abandonar en absoluto.

M.G.- ¿Pero es más difícil escribir para el público joven que para los adultos?

R.S.- No lo sé. No sé si es más difícil. En cualquier caso, creo que es un reto que tiene otras connotaciones. Los niños tienen una exigencia muy alta. Ellos no son como nosotros, que intentamos quedar bien. Te lo dicen todo. Lo bueno, lo malo, lo absolutamente malo. Si algo les gusta son más apasionados que nadie y quieren más, más, más. Pero si algo no les interesa abandonan el libro a la segunda página y te lo dicen. Me encanta que sean tan directos. 

M.G.- La sinceridad ante todo. Bueno, La rebelión de los buenos gana el premio Fernando Lara 2023. No es tu primer premio. Sabemos que has recibido otros premios, también en lo teatral. Pero, aparte de lo económico, que es un gran alivio, ¿qué te ha supuesto este galardón?

R.S.- Pues muchas cosas. Es una de las cosas más emocionantes y mejores que me ha pasado en mi vida, y desde luego en mi carrera como escritor. 

Decido presentarme al premio Fernando Lara, en gran medida, por esa lista de escritores que ya han ganado este premio. En mi época de universidad, estaba obsesionado con Francisco Umbral. Leía sus columnas y sus novelas. También están en esa lista Terenci Moix o Zoé Valdés. Y ya el año pasado me gustó mucho la novela de Máximo Huerta. Es decir, me presento porque creo en el prestigio del premio, que lo dan todas esas personas que lo han ganado. Formar parte de esa lista era un sueño que ya se ha cumplido. Soy el último de la lista pero ahí estoy, muy orgulloso. 

Y además de eso, tengo la ambición, lo digo claramente, de llegar a muchos lectores. Este premio es un escaparate para llegar a más lectores. Así que, muy feliz con este premio. 

M.G.- En esta novela tenemos a ese bufete de abogados y a Fátima Montero, una mujer muy poderosa que contrata a Jeremías Abi, para que le lleve el divorcio. Pasarán un montón de cosas a partir de ese punto pero hay un contraste muy potente entre dos mundos, entre ese bufete situado en Carabanchel Bajo, muy humilde, y Fátima Montero, propietaria de la segunda fortuna más importante. ¿Estamos frente a David contra Goliat?

R.S.- Claro, las historias de David contra Goliat son un clásico en la literatura. También en el cine y en el teatro, pero en literatura han conformado grandes epopeyas desde siempre. Creo que eso propicia que el lector se pueda identificar. Cuando hay una lucha tan desigual nos ponemos de parte del débil. Y este bufete de abogados y detectives es muy humilde. Es un negocio pequeñito, ubicado en un barrio como Carabanchel, un barrio obrero, humilde, dentro de Madrid. Es mi barrio, donde nací, y lo conozco bien. Ellos terminan enfrentándose a una corporación multinacional tan grande, tan grande, tan grande, que ni siquiera se sabe cuánto poder y cuánto dinero tienen. Y sí, hay una enorme y desigual lucha de David contra Goliat, en la que ninguno va a ganar del todo, porque cuando hay una lucha tan encarnizada, siempre hay heridas, y todos salen perdiendo de alguna forma.

M.G.- Los negocios farmacéuticos son el eje alrededor del cual gira la trama. Te leí decir en una entrevista que tú llegas a la idea para esta novela a través de un informe que te hicieron llegar. 

R.S.- Sí, a través de un amigo periodista, que me dejó leer un informe.


[Si prefieres oír nuestra conversación, dale al play]


M.G.- ¿Y qué se decía en ese informe?

R.S.- Bueno, básicamente era un informe sobre las demandas y querellas, la cantidad enorme y creciente de demandas y querellas, que hay contra la industria farmacéutica en Europa. A todos nos suena que Estados Unidos es el país de las demandas pero yo desconocía que aquí, en Europa, fuera algo tan creciente. Lo que más me llamaba la atención de ese informe era que se decía que la mayoría, la inmensa, pero inmensísima mayoría de estas demandas y querellas, no llegaban a sentencia firme por dos razones. Una, por acuerdos extrajudiciales. Dos, porque cuando llegaba a haber una sentencia, incluso ya firmada por el juez, había tal cantidad de recursos y contrarrecursos que durante años enterraban el proceso en distintas instancias, distintos tribunales, para desesperación de los demandantes. Y dices bueno, cuando ocurre una vez u ocurre diez veces, pues vale, pero cuando ocurre cientos de veces, ahí me dije que, como escritor, había algo de lo que me interesaba saber más. Hace diez años jamás me hubiera imaginado que iba a escribir sobre el mundo de las farmacias. Pero, claro, después de un trabajo de documentación e investigación tan largo, en el que hay que leer mucho, y tener entrevistas personales con gente que trabaja dentro de la industria, o con personas que han demandado a farmacéuticas,... Bueno, se te ponen los pelos de punta cuando vas viendo más cosas. Así que, La rebelión de los buenos es 100% ficción, pero tiene una base muy sólida de realidad.

M.G.- Esas personas afectadas por los negocios farmacéuticos te habrán dado una visión negativa pero ¿y las farmacéuticas? ¿Qué te han dicho?

R.S.- El asunto no es tanto las farmacéuticas  porque con ellos no he hablado de manera oficial, pero sí  he hablado con personas que trabajan o han trabajado, una de dos, dentro de la industria de la farmacéutica.

No soy periodista. Mis fuentes, no es que sean anónimas, es que son totalmente anónimas porque yo no voy a escribir un reportaje periodístico, ni voy a escribir un ensayo. Lo que yo voy a escribir es una obra de ficción. Estas personas, en muchos de los casos, y para mi sorpresa, se han abierto, y me han contado muchas de las prácticas que tenían dentro de la farmacéutica. 

Al final, sin llegar a investigar mucho, todos podemos entender que, si un negocio multinacional consiste en que cuanto peor está nuestra salud, cuanto más enfermos estamos, y cuanto más medicación tomamos, más negocio hacen ellos, pues algo hay ahí que no va a salir bien seguro. El problema no son las farmacéuticas. El problema es el sistema que permite que eso ocurra.

M.G.- Pero no solamente cuanto más enfermos estemos, sino cuanto más enfermos nos hacen creer que estamos. Hace muy poco leí un reportaje en el que se decía que, hace muchos años, el límite del colesterol estaba en 290 pero ahora, como te pases un poco de 220, ya te están dando una pastilla. Es algo para pensarlo.

R.S.- He leído sobre ese asunto del colesterol y también es muy significativo. ¿Quién pone la línea aquí o allí? Parece que el poder que tienen estas farmacéuticas es tan grande que pueden influir en las decisiones de los organismos de salud nacionales e internacionales, en los baremos del colesterol y de otras muchas enfermedades. Y claro que la medicación es necesaria en muchas enfermedades. Claro que las farmacéuticas han hecho cosas estupendas por la sociedad. Pero hay prácticas ahí que son muy poco éticas.

M.G.- Hay mucho dinero de por  medio.

R.S.- Mucho. Muchísimo.

M.G.- Bueno, por empezar a hablar de los personajes, tenemos a Fátima Montero. Ella es co-propietaria de la farmacéutica, junto con el marido del que pretende divorciarse. ¿No hay nada peor que una mujer despechada? Esta es la mala, malísima de esta historia.

R.S.- Podríamos decir que es la villana de La rebelión de los buenos. De todas maneras, y creo que es lo interesante en toda novela, en La rebelión de los buenos vamos a ir descubriendo que Fátima también tiene dolor, heridas y un hijo al que quiere mucho. Es decir, es una persona humana. No es una malvada caricaturizada, en absoluto. Es un personaje al que he intentado entender, comprender qué le pasa. Lo que ocurre también es que, por mucho que la he intentado entender, tiene una parte muy poco moral a veces. Con tal de salirse con la suya es capaz de... Bueno, esto de que el fin justifica los medios. A ella se le podría aplicar esa frase. Y, además, tiene otra cosa, y es que es una persona que, de nacimiento, está acostumbrada a moverse entre los privilegios, en una familia de muchísimo, muchísimo dinero. Eso conforma un carácter en el que estás acostumbrado a salirte con la tuya. 

M.G.- En esa intención de que sean creíbles y lo más verosímiles posibles, todos tienen sus luces y sombras. Por ejemplo, Jeremías es un personaje peculiar. Es un buen abogado pero no tiene escrúpulos. Es muy controvertido.

R.S.- Eso es lo interesante, que sean personajes complejos e incluso contradictorios. Es que los seres humanos somos todos contradictorios. Hacemos una cosa y al día siguiente podemos hacer casi la contraria. Creo que todos tenemos una parte que, depende de qué circunstancia, podría ser un poquito oscura. Y un héroe como Jeremías, o más bien un antihéroe como Jeremías, por supuesto que tiene partes de las que dirías madre mía, madre mía. Al final, eso es lo que lo hace humano. Cuando yo veo un personaje con esas dificultades y esos defectos, los entiendo todavía más.

M.G.- Jeremías se meterá en un buen jardín porque, no solamente va a tener el entramado del divorcio de Fátima y la farmacéutica, sino que cuando tú metes a alguien en la cárcel es muy normal que ese alguien desarrolle un deseo de venganza.

R.S.- Y tanto, claro. Jeremías, como abogado y detective, ha pasado por muchos casos a lo largo de su vida y hay uno que reaparece. Los fantasmas del pasado vuelven a aparecer. En este caso,  reaparece Fajardo, un traficante de armas que vuelve del pasado y vuelve para reclamar, de alguna manera, venganza. Vuelve para pedir un cierto ajuste de cuentas. Curiosamente, Fajardo es un personaje pequeño dentro de la novela pero, cuando aparece, que son muy poquitas veces, detona cosas muy importantes en la historia.

M.G.- Hay muchos más personajes como Trinidad Bardo, que forma parte del equipo de Jeremías. Se dice de ella que es como la Lisbeth Salander española. Además, tiene un pasado bastante peculiar porque es expresidiaria. En fin, que es una mujer que tiene que tener un trasfondo interesante.

R.S.- Es una mujer hecha a sí misma, sin duda. Es una persona que viene de una familia muy desestructurada. En su adolescencia y juventud pasó tiempo entre rejas. Ella dice que se ha sacado el título de Derecho en defensa propia. Es una mujer muy luchadora y una guerrera incansable. Pero también, a veces, es tan cabezota que es capaz de llevarse por delante a quien haga falta, con tal de que se haga justicia. Es una mujer de situaciones límites. Demasiado visceral, a veces. 

M.G.- Te voy a hacer una pregunta que a veces hago a los escritores. Sobre todo, si estamos hablando de novelas en las que hay muchos personajes complejos, complicados,... ¿Tú estás de acuerdo con esa teoría de muchos autores que dicen que los personajes tiran del autor? A mí me cuesta un poco creer que los personajes sean los que vayan dictaminando por dónde va su camino.

R.S.- De esto te podría estar hablando hora y media porque me encanta.

M.G.- Expláyate.

R.S.- Cada escritor tiene su manera de escribir, y no hay mejores ni peores maneras. Cada uno tiene la suya. Yo puedo hablar de la mía. Y, en mi caso, nunca sé lo que va a ocurrir en la historia hasta que lo escribo. Sin embargo, sí tengo mucho trabajo previo antes de ponerme a escribir sobre los personajes. ¿Y qué significa trabajo previo? Pues que voy descubriéndoles. Voy poniendo cada personaje en mi pizarra, y a cada uno le voy asignando algo que se me ocurre, algo que veo, o incluso una noticia. Me voy diciendo lo que tiene que ver con cada personaje, esto con esto, y esto otro con este otro. Voy poniéndoles capas. Así, los personajes van creciendo, van convirtiéndose en personajes contradictorios o complejos, como decíamos antes. 

Yo no sé si los personajes tiran del autor, de la historia, o cómo es. Lo que sí sé es que, durante el proceso de escritura, para mí son como si fueran personas reales. Convivo con ellos, con Trinidad, con Jeremías, con Ana María, con Dolores. Para mí, durante mucho tiempo han sido personas reales. Y no te hablo de algo metafísico, no, no, te hablo de que de verdad yo estaba convencido de que Trinidad estaba ahí, y cuando le pasa algo que estoy escribiendo y descubro que le pasa algo malo, yo sufro y me sorprendo. Lo vivo así, absolutamente. Te lo prometo. Entonces, esos giros que hay en la novela no salen de la trama, salen de los personajes, sin duda. Para mí es así. No tengo ninguna otra manera de entender la escritura. 

Al final, como autor, tomas tus decisiones, pero es que para que funcione, por lo menos en mi caso, tengo que sentir que esos personajes son de verdad, absolutamente. Y de hecho, por eso cuando acabo, hay como un duelo. ¿Y ahora dónde está mi Trinidad? Sí, sí, vamos, sin duda para mí es lo más importante de la novela, los personajes.

M.G.- Es una novela con muchos giros, con ritmo frenético. ¿Qué claves debe tener una novela para mantener el interés del lector? ¿Cómo se consigue que ese ritmo no decaiga?

R.S.- Bueno, lo primero es tomar la decisión de que no quieres que decaiga. Sobre esto hay muchas teorías. La mía es que, en una buena novela, da igual que sea novela negra como La rebelión de los buenos, la acción interna no debe parar nunca. Siempre debe avanzar. Da igual que sea un capítulo de una conversación, da igual que sea una persecución de un coche, da igual que sea... No hay momentos de transición, siempre la acción interna debe avanzar. Esa es mi propia teoría. Esto ya te digo que hablo de mi manera de escribir. Y luego, claro, ¿cómo hacer que avance todo el tiempo? Pues es que, como yo no sé lo que va a ocurrir  porque no tengo un mapa, ni tengo una escaleta, ni tengo nada, sino que voy a pecho descubierto, pues voy encontrándome la historia y yo mismo me voy sorprendiendo. Y si yo me sorprendo, pues luego también se sorprende el lector con esos giros que para mí son reales porque son de verdad, porque los he vivido como reales.

M.G.- Antes has comentado que has hablado con personas que han trabajado en farmacéuticas para documentarte, con personas afectadas por los negocios de las farmacéuticas. Pero también ésta es una novela en la que hay un entramado judicial, y por eso también te has visto obligado a hablar con mucha gente.

R.S.- Sí, es verdad. En los agradecimientos menciono a algunas de las personas que más me han ayudado, pero hay muchas otras. Hay personas que me han abierto su corazón y que me han contado muchas cosas, que me han permitido por ejemplo, asistir a muchos juicios, especialmente a la Audiencia Provincial de Madrid y la Audiencia Nacional. He visto juicios, los he grabado, aunque a veces no está permitido, pero como no soy periodista y no voy a usar esos datos exactos,... Esa parte ha sido esencial. 

Es verdad que yo venía de Ana. En Ana ya había un proceso judicial, había una abogada, y ahora he vuelto a los abogados pero claro, este juicio es muy distinto. Ahí hay otra temática y otro planteamiento distinto. He vuelto a hacer ese viaje que me apasiona, que me encanta. Lo he dicho algunas veces pero es que me encanta ir a un juicio. Ya no solo para documentarme, sino como espectador.

M.G.- No he ido nunca a un juicio pero me encantaría. Siento curiosidad

R.S.- Debes ir porque la mayoría de los juicios son en audiencia pública y se puede entrar. La gente no lo sabe. Y ya si es un juicio con jurado, te digo que no te lo pierdas. No te pierdas la posibilidad, porque es que es más interesante en mi opinión, que ir al cine o al teatro. Es algo apasionante. No hay muchos juicios con jurados, pero los hay. Tú vas a la Audiencia Provincial, a donde sea, allí preguntas por los juicios con jurados y vas porque puedes entrar. Hay una parte del juicio en la que el juez te obliga a salir pero la mayor parte del tiempo puedes ver el juicio en directo.

M.G.- Tengo que ir. 

Bueno, la novela se abre con una cita de Edmund Burke. Te han preguntado mucho por ella pero es que es muy buena. Esa cita hace preguntarme cuándo los buenos nos vamos a revelar porque vivimos en una sociedad en la que siempre estamos callados.

R.S.- La cita de Edmund Burke alude justamente a eso, algo que recorre toda la novela. ¿Por qué no presentamos batalla? ¿Por qué no nos rebelamos? ¿Por qué nos conformamos con todo? Bueno, yo no tengo la respuesta pero sí intuyo que tiene que ver con esta cosa de ir resolviendo lo urgente. Llegar a final de mes, ayudar a nuestra familia, pagar la luz,... Vamos poniendo parches, sobreviviendo de alguna manera, cada uno con lo suyo. No nos paramos. No tenemos tiempo. Ni fuerza para dedicarnos, precisamente, a eso, a rebelarnos, a mejorar el sistema, a mejorar la sociedad. Pero es necesario que paremos porque el sistema no es un ente que está allí en el fondo. No. El sistema somos tú y yo, somos nosotros. Y si no hacemos nada, pues no va a mejorar. Es imposible que mejore.

Fíjate ahora que estamos en campaña, o en precampaña, o en lo que sea, ¿qué decimos de esta clase política que tenemos, en general? [la entrevista tuvo lugar antes de las elecciones del 23J] Bueno pues, a lo mejor, es que es un reflejo de una sociedad que no está muy movilizada y que no tiene ganas de...  Oye, vamos a mirarnos al espejo. Cada uno en su sitio. Yo hago ficción, hago novela, y desde ahí intento lanzar estas preguntas e invito a revelarnos.  

M.G.- Es que solo nos quejamos pero después no nos movemos.

Bueno, última pregunta, Roberto. Futbolísimos fue llevado a la televisión y Ana también. ¿Qué sensación tiene uno cuando, después de escribir una novela, se asienta delante de la tele y ve su historia en formato audiovisual?

R.S.- Una sensación contradictoria. Siempre, siempre hay algunas cosas que dices esto no es lo que había escrito. Y es imposible que lo sea porque el lenguaje es muy distinto. He hecho mucho cine pero perdóname que te diga que, donde llega una buena novela, jamás va a llegar el cine ni la televisión. Es imposible porque la novela pide al lector una implicación, que tú pongas de tu parte, que te imagines a los personajes, el sitio,... En televisión y en el cine, eso ya te lo han dado hecho. 

Más allá de eso, yo estoy contento con mis adaptaciones. Por ejemplo, con Ana, a mí me encanta el trabajo que hace Maribel Verdú. Me la imagino como Ana Tramel perfectísimamente y me encanta. Pero es normal que sean dos lenguajes tan distintos que siempre, cuando tú has vivido como yo vivo mis novelas de manera muy personal e intensa, pues siempre se te queda una cosa por decir. Pero creo que eso le ocurre a cualquier autor que escriba desde algo personal. Y no estoy protestando con mis adaptaciones, porque ya te digo que, en general, creo que han sido bastante buenas, pero es que es otra cosa.

M.G.- Es que es muy difícil compactar una novela, en la que ocurren tantísimas cosas, en un producto de hora y media, o en una serie de x capítulos.

R.S.- Efectivamente. Sé que mucha gente no estará de acuerdo conmigo pero una buena novela siempre va a ser mejor que la adaptación audiovisual. Me da igual que sea de García Márquez, que sea de Arturo Pérez- Reverte, de quien sea. Una buena novela siempre va a ser mejor que la adaptación. Siempre.

M.G.- En cualquier caso, si te dicen vamos a llevar La rebelión de los buenos a la tele, al cine, ¿la respuesta sería sí?

R.S.- Sería sí, depende cómo. Sería sí, pero vamos a ver cómo. A veces veo a algunos autores diciendo que lo mejor que le ha pasado en su vida es que le hayan comprado la novela para hacer... Oye, pues no, perdona. A mí, lo mejor que me ha pasado en la vida es escribir una novela que llega a los lectores, que ha emocionado a los lectores. Si luego tengo una adaptación audiovisual, esa es otra parte del viaje que puede ser muy bueno pero no es lo mejor que le puede pasar a una novela. En eso, no estoy de acuerdo. Te lo digo de verdad.

M.G.- Bueno, Roberto, muchas gracias por atenderme. Ha sido un placer tenerte y charlar contigo, conocerte. Y esperemos que nos veamos en los próximos encuentros.

R.S.- Espero que sí. Además, Sevilla para mí..., después del Fernando Lara, ya lo es todo. (Ríe)

M.G.- Tienes que volver. Muchas gracias.

R.S.- Gracias a ti.

Sinopsis: Roberto Santiago reinventa la novela negra con una trama absorbente que desafía el poder de los amos del mundo.

La rebelión de los buenos, Premio de Novela Fernando Lara 2023.

Fátima Montero, propietaria de uno de los imperios farmacéuticos más poderosos del mundo, contrata al irreverente abogado Jeremías Abi para que se encargue de su multimillonario divorcio. Herida en su orgullo después de saber que su marido y socio tiene una relación amorosa con una menor, solo desea destruirle, pero algo muy turbio se esconde bajo ese encargo.

Abi, que también ha sido engañado por su exmujer y vive entre amenazas, descubre terribles ilegalidades en los métodos de la farmacéutica: ensayos con cobayas humanas, extorsiones, chantajes y estafas.

Él y su bufete rozan la quiebra, pero su afán de justicia sobrepasa cualquier límite: se disponen a enfrentarse a una multinacional con largos tentáculos, aunque eso exija mirar directamente a los ojos del mal.


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