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martes, 18 de noviembre de 2025

ROBERTO SANTIAGO: ❝Los acosadores son culpables pero, además de castigarlos, hay que tratarlos❞

Sandra Peña tenía catorce años. Catorce. El día 14 de octubre decidió poner fin al calvario que estaba sufriendo. No aguantó más y dijo ¡basta! Abrió la ventana y se lanzó al vacío. Insisto. Tenía sólo catorce años y toda una vida por delante. ¿Qué no habría sufrido esa chiquilla para tomar una decisión tan terrible? ¿Os lo podéis imaginar? Yo soy incapaz. Aquel día, la noticia sumió a Sevilla bajo un espeso manto de desolación. Al país entero. Su foto empezó a circular por redes sociales. Tan bonita. En algunas se la veía feliz, sonriendo a cámara, vistiendo la camiseta de su equipo favorito, el Real Betis Balompié. ¿Qué te hicieron Sandra? Si alzaste la voz, ¿por qué no paró lo que te estaban haciendo? 

El acoso escolar ha existido siempre. Ahora lo llamamos bullying porque parece que, si no le ponemos una etiqueta en inglés, es como si fuera menos serio. El caso de Sandra ha venido precedido por otros tantos.  Otros jóvenes tomaron la misma decisión que la joven sevillana. Otros tuvieron sus propios acosadores. E igualmente, otros prefirieron acabar con su vida antes que seguir sufriendo. Nos asomamos a estas noticias con estupor, nos sentimos sobrecogidos durante unos días, esos posteriores al suceso en el que los periódicos se llenan de titulares escalofriantes. Pero pasado ese revuelo inicial, seguimos a lo nuestro. Salvo las familias de esos jóvenes, claro. A sus padres,  hermanos, tíos, abuelos, primos,… les costará salir del agujero negro. Quizá mañana, o la semana que viene, o el mes que viene volveremos a levantarnos con una noticia igual. ¿Cómo parar esto? ¿Qué debemos hacer? Por lo pronto, dar visibilidad. Concienciar a la población. Estar atento a cualquier señal de alarma. Habrá que acabar con esto algún día, ¿no? Habrá que tomar medidas, buscar el origen de estos comportamientos terribles. ¿Por qué un niño acosa a otro? ¿Por qué un joven cree que es divertido mofarse de un compañero de clase? ¿Por qué otros se unen al cruel en este teatrillo de la humillación, la burla y la vejación? ¿Por qué formar parte de un círculo que machaca a otro?

Y sobre círculos terribles quiero hablaros hoy. Un mes antes de la muerte de Sandra Peña, Roberto Santiago publicó El círculo (Destino). En este libro se narra un caso de acoso escolar. No es un caso real concreto aunque está inspirado en todos los que conocemos hasta el día de hoy. De hecho, este libro nace de la experiencia personal de su autor cuando, siendo un adolescente, fue testigo de un caso de bullying. Aún le estremece la imagen terrible de ver cómo unos compañeros sostenían a otro, de los tobillos y boca abajo, colgando por fuera de una ventana. Esa escena es la que abre el libro.

La semana pasada conversé telefónicamente con Roberto Santiago. Hablamos de Sandra Peña, por supuesto. Y también sobre el perfil psicológico de los acosadores, de las responsabilidades penales que se les puede exigir a los jóvenes, de la importancia de hablar del tema y romper el silencio. Disculpadme esta introducción tan larguísima pero la rabia me consume por dentro al saber cómo el comportamiento irracional de unos niñat@s sesga la vida de un joven o una joven.

Os dejo con la entrevista.

© Álvaro Serrano Sierra
M.G.- Roberto, nos conocimos en 2023, cuando viniste a Sevilla para la promo de La rebelión de los buenos. Aquella novela era para adultos y ahora pasas a la novela juvenil. Aunque tú nunca has perdido de vista a los lectores más jóvenes.

Roberto S.- No. La mayor parte de las novelas que he escrito son para niños. Las novelas negras para adultos son Ana Tramel y La rebelión de los buenos. Todas las demás están más dirigidas a un público más joven. El círculo se considera juvenil pero espero que la lean otros lectores más mayores.

M.G.- Sí porque en esta novela hablas de bullying y efectivamente, aunque está dirigida a los jóvenes, entiendo que también es muy necesaria que la lean los adultos, los padres, los profesores,…

R.S.- Exactamente. Mira me está ocurriendo algo muy bonito. Están recomendado la lectura de El círculo en muchos institutos. Me están escribiendo muchos docentes que hacen una labor extraordinaria. Y luego, en las presentaciones y en las firmas, e incluso a través de las redes sociales, se me están acercando, no sólo adolescentes, sino muchos padres y madres, y me están diciendo que están leyendo el libro y que lo están compartiendo con sus hijos. Se puede decir que es una lectura familiar, para que se abra debate sobre este tema.

M.G.- Pues sí, es necesario. En este libro cuentas un caso de acoso escolar que se produce en un instituto. Has comentado varias veces que no está basado en unos hechos concretos pero sí en todos los que han existido. Los casos de bullying, ¿son todos iguales? ¿hay matices que distinguen unos de otros? ¿Hay patrones similares?

R.S.- Claro, hay patrones que se pueden encontrar en todos los casos de bullying. He intentado ser muy respetuoso y muy riguroso pero esto es novela, es ficción. Eso me gustaría dejarlo clarísimo. Sin embargo, de los tres años y medio que he convivido con la novela, más que escribir, el 80% lo he dedicado a investigar. Me he dedicado a hablar con víctimas de bullying y con sus familiares, que han sido personas muy generosas. Y luego, he tenido la suerte de que la Policía Nacional, la Unidad de Bullying, me ha permitido acceder a muchos casos, y leer muchos informes. Es terrible todo. El círculo es ficción, pero todos los casos que cuento en el libro, desde los más leves a los más gordos, están basados en hechos reales que he conocido.

M.G.- Sevilla se ha visto totalmente conmocionada en el último mes por el caso de Sandra Peña. Hemos sufrido muchísimo con este caso. ¿Cómo viviste tú este caso con el libro recién publicado?

R.S.- Fíjate la terrible casualidad. Publico el libro en el que se habla de jóvenes que intentan quitarse la vida y, de repente, surge el caso de Sandra Peña. Es devastador todo esto. Por ser mínimamente optimista, quiero pensar que toda la movilización que se ha producido a raíz de este caso va a permitir que este tema se visibilice mucho más y se va a poner el foco sobre este asunto. Te digo de verdad que uno de los grandes problemas que tenemos en la sociedad es este. No se le da la suficiente importancia, no existen los recursos suficientes. Tienen que pasar casos como el de Sandra para que la gente y las instituciones se conciencien. 

M.G.- Sobre el caso de Sandra Peña te preguntaré algo más en un momento porque me interesa tu punto de vista.

Dicen que el bullying ha existido toda la vida, lo que pasa es que ahora le ponemos nombre. Tengo que confesarte que no recuerdo ningún caso de acoso en el colegio o en el instituto en el que estudié. O quizá sí, pero se me pasó por alto, no lo sé. Lo cierto es que, por suerte, no he sido víctima de bullying. Sin embargo, tú has comentado que este libro nace a raíz de algo que tú viviste cuando eras más joven. Experimentaste un caso de bullying cerca y lo viviste en primera persona.

R.S.- Yo tampoco fui víctima de bullying pero sí que fui testigo en primerísima persona de varios casos. Hay uno en especial que me marcó porque duró muchos meses y fue terrible. Tenía un compañero al que unos chicos no sólo el quitaban las cosas, la merienda, o le golpeaban por las escaleras, sino que un día llegaron al colgarlo boca abajo por fuera de una ventana. Y eso lo vi yo. El miedo me paralizó. Muchas veces he pensado que por qué no intenté impedir aquello pero yo tenía tanto miedo de que me lo hicieran a mí. Creo que eso mismo sentían otros compañeros. No nos atrevimos a frenar a estos acosadores. Es la ley del silencio que imponen los acosadores. Te callas por temor. Los testigos de un caso de bullying, cuando es muy fuerte, también sufrimos. Y esa es una de las primeras escenas de libro. Cuando Víctor llega al instituto y se encuentra a un compañero colgado por la ventana. 

M.G.- Roberto, ¿tú crees que los niños y jóvenes de ahora son más irrespetuosos, más violentos, menos empáticos que los niños que nacimos en los 70, en los 80, en los 90? 

R.S.- Es difícil generalizar pero sí que es verdad que, según las estadísticas, cada vez hay más casos de acoso escolar. Y los datos dicen que los casos son cada vez más crueles, con muchas connotaciones sexuales. Algo tenemos que estar  haciendo mal en la sociedad para que pasen estas cosas. Siempre recalco que yo no soy un psicólogo, ni un experto en bullying. Yo sólo soy un escritor que se ha documentado, que ha trabajado y que ha mirado la realidad que vivimos para escribir esta historia. Lo que yo he descubierto es que cada vez hay más casos y cada vez son más crueles, y eso me lleva a pensar que algo estamos haciendo muy mal. Yo tengo mis propias conclusiones y cada uno sabrá. Pero lo primero que hay que hacer es hablar de ello y visibilizarlo. Es lo primero que hay que hacer para impedir que esto siga ocurriendo. 

M.G.- Algo estamos haciendo mal dentro de la sociedad, y dentro de las familias. No tengo hijos y quizá por eso tengo una mirada más objetiva. Los padres, al fin y al cabo, están muy condicionados por ese vínculo que tienen con sus propios hijos. Y no sé lo que pensarás tú pero, por lo que veo, ¿no crees que los padres tienen una mala concepción de lo que es la educación? ¿Muchos padres no piensan que sus hijos tienen que ser educados en el colegio, cuando la verdadera educación en valores tiene que empezar en casa? 

R.S.- Evidentemente si dejamos la educación de los adolescentes sólo en manos de los colegios y de los institutos vamos mal. La base de la educación está en las familias. La familia es lo más importante que te pasa en la vida, para bien o para mal, según te toque. Es lo que conforma tu carácter y tu personalidad. Nadie, absolutamente nadie, nace siendo acosador, igual que nadie nace siendo víctima. Eso depende de tus condicionantes. Y el primero, y el que más te marca es la familia. Por lo tanto, no creo en eso de echar balones fuera y que la culpa recaiga en los centros educativos. No. Los centros educativos tienen su responsabilidad pero la mayor responsabilidad la tiene la familia. Es verdad que lo que tenemos que hacer todos es examen de conciencia. Como sociedad hemos avanzado muchísimo en muchísimas cosas pero cada vez tenemos menos tiempo, cada vez corremos más y cada vez delegamos más la educación de nuestros hijos. 

M.G.- Yo es que he sido testigo de muchas situaciones en las que ves que un niño, un joven, se está portando mal. Un adulto lo recrimina pero el padre y la madre, que están delante, se enfrentan a ese adulto. No sé, creo que los padres están super protegiendo a los hijos y que muchas veces no son conscientes de que sus hijos cometen errores y hacen trastadas como todos los demás. 

R.S.- Claro. Igual que hay que denunciar cuando los padres son excesivamente severos y duros con sus hijos pues igual habría que denunciar esa super protección mal entendida. Porque luego esos niños van a tener problemas cuando se enfrenten a la vida real. En estos casos, los jóvenes y adolescentes son víctimas de una educación errónea. 

M.G.- Sí. Y dices que, en realidad, los acosadores también son víctimas de su entorno. 

R.S.- A ver, esto es un tema muy delicado. Los acosadores, para empezar, son culpables pero, además de castigarlos, hay que tratarlos. Hay que tratar de entender por qué han llegado a ser acosadores. Hay que averiguar qué ha pasado, qué ha ocurrido en la familia o en el centro educativo para que un chaval o una chavala, de trece, catorce o quince años, se dedique a hacer la vida imposible a un compañero. Algo ha fallado. Además de castigar tenemos que tratar de entender qué ha fallado para corregirlo porque hay muchos casos de niños y jóvenes acosadores que luego vuelven a reincidir. Si eso es así, es porque el caso no se ha tratado bien, porque no se ha hecho un trabajo de reeducación correcta. Es un tema muy complejo al que hay que darle más tiempo y más recursos.

 M.G.- Sí, desde luego.

Roberto, el otro día, hablaba de tu libro con una compañera de trabajo. Ella es madre de una adolescente y me decía algo que me pareció muy interesante. Me comentaba que, el estilo de vida que tienen los padres actualmente, en el que tanto padre y madre, o las dos madres o los dos padres, tienen que trabajar fuera de casa porque es un imperativo, hacen que esos padres no pasen tiempo con sus hijos hasta tal punto de que, a veces, esos hijos son unos completos desconocidos. Me dejó muy impactada esta opinión. 

R.S.- No puedo estar más de acuerdo. Como comentaba antes, la sociedad ha avanzado en muchas cosas de manera muy positiva pero también ha traído problemas. Uno es precisamente este. Tú no puedes llevar una vida laboral plena y, a la vez, dedicarles a tus hijos todo el tiempo que ellos necesitan. Es que no hay tiempo físico ni material. Entonces delegan esa parte de la educación de sus hijos a quien pueden. Si tienen recursos, contratan a alguien y si no, pues van apañándose con la familia, con los abuelos, con quien sea… Vas delegando, y delegando, y delegando. Es un error muy grave porque tu hijo se está forjando en esa edad y necesita tiempo y atención. 

Uno de los datos que más me ha impactado en la fase de documentación de El círculo fue cuando la policía me dijo que en el 90% de los casos, cuando van a hablar con la familia, estos no tienen ni idea. No sospechaban en absoluto que el hijo o la hija era víctima de bullying ni, en el otro caso, que su hijo o hija fuera un acosador o acosadora. No sospechaban nada de nada. Primero lo niegan pero cuando la policía les muestra las evidencias, se quedan en shock. ¿Qué significa eso? Pues que no conocemos a nuestros hijos, a nuestras hijas. No sabemos lo que hacen. Es terrible. 

M.G.- Y tú que te has documentado tanto, que has hablado con la policía, y refiriéndome al caso de Sandra Peña, ¿qué ocurre con sus acosadoras, desde un punto de vista jurídico, penal? ¿Qué responsabilidades se les puede pedir a estas jóvenes o a sus padres? 

R.S.- Este es un gran debate, muy delicado. Además de una responsabilidad ética y moral, o del expediente académico que le puedan abrir o no, hay una responsabilidad a partir de los catorce años. No hablamos de cárcel pero sí de penas y castigos. Y por otro lado, aunque yo no soy abogado, los tutores, los padres, tienen una responsabilidad sobre los actos que hayan hecho sus hijos. Legalmente, eso es así. Por lo tanto, no se puede escurrir el bulto. Si no hay una parte de castigo, se produce un desequilibrio social. 

M.G.- Hablando propiamente del libro y de los personajes. Tenemos a Víctor Vargas, al que todo el mundo llama Uve. Este será el joven que llega como nuevo alumno al instituto Ernest Hemingway y se encuentra con esa escena que describías antes, con esos compañeros que tienen a otro colgado por los pies y por fuera de una ventana. Y luego está Alba, una chica muy diferente a todas las demás. Ellos forman un tándem. Háblame de Uve y de Alba. ¿Se podría decir que son los héroes de esta historia?

 R.S.- Alba es un personaje que me encanta. Aparentemente es una chica fuerte, que ejerce cierto liderazgo. Cuando Uve llega nuevo al instituto, de alguna manera ella lo protege. Víctor se enamora inmediatamente de Alba, de esa manera adolescente, en la que el amor es el principio y el fin del mundo. Sin embargo, a medida que vamos avanzando en la historia descubriremos que Alba ni es tan fuerte ni tan dura. Es una chica que también lo ha pasado mal y que tiene sus heridas. Me gusta mucho este personaje. 

En la novela, he intentado que los personajes buenos no sean tan buenos, ni los malos tan terribles. Como escritor, me siento en la obligación de comprender a cada uno de los personajes.

M.G.- Es una historia de dolor, de sufrimiento, de acoso pero el amor cura heridas. 

R.S.- Por suerte. ¿Qué sería de nosotros sin amor, entendido en el sentido más amplio? Está el amor de pareja, el amor de la familia, de la amistad,… Cuando hablamos de algo tan terrible como el acoso escolar, el amor es lo único que nos puede salvar. El círculo es un thriller duro pero también habla de amor.

M.G.- Has comentado antes que a los casos de bullying hay que darles visibilidad, hay que hablar de ellos pero algo que me llama mucho la atención últimamente es que también se está hablando cada vez más del suicidio. Antes era un tema tabú. Ni siquiera los medios de comunicación lo mencionaban por evitar el efecto dominó. Sin embargo, ahora sí se está hablando más de este asunto. 

R.S.- Sobre esto también hay y ha habido mucho debate. Cuando se han producido casos de suicidio y especialmente entre adolescentes, los expertos siempre han dicho que hay que tener mucho cuidado con darle visibilidad a estos casos, por el efecto llamada que se dice. Sin embargo, con lo que ha ocurrido con Sandra Peña, se ha producido una movilización, la gente ha salido a la calle, se han producido protestas. Es muy delicado fijar dónde está el límite. Por desgracia, hay muchísimos intentos de suicidios en España, todas las semanas, entre los adolescentes y por temas de bullying. Algunos se consuman y otros se quedan en intentos. Yo no sé dónde está el límite y no sé cuánta visibilidad hay que darle a todos esos casos. Pero lo que sí sé es que meterlos debajo de la alfombra no va a solucionar el problema. Es algo real que está sucediendo a nuestro alrededor. 

M.G.- Exacto. Roberto, el libro tiene un estilo muy directo y muy claro, con un fraseo muy corto y muchísimo diálogo. 

R.S.- Sí. He escrito ya muchos libros y novelas, y el estilo debe ajustarse al tema que se trata. En este caso, me tenía que meter en la piel de Víctor,  un joven de dieciséis años, y me ha salido un estilo muy directo. Como escritor, y cuando hablas de un tema como este, tienes que llegar al lector, crear debate y, por supuesto, engancharlo. Si no, no hay nada.

M.G.- Has comentado también que te has llevado tres años y medio con este libro. Te he leído decir que lo has reescrito muchísimas veces. ¿Por qué?

R.S.- Sí, porque yo no hago una escaleta ni sé lo que va a ocurrir en la historia hasta que la escribo pero eso hace que, cuando llego al final, reescriba. Siempre reescribo mucho mis libros pero en este caso, mucho más, porque sentía que tenía una responsabilidad importante, a la hora de hablar de un tema tan delicado como este. He reescrito muchas veces, sobre todo las escenas más duras. Aunque he intentado no esconder la dureza, tampoco he querido crear morbo. He procurado buscar un equilibrio que no me ha resultado fácil. Se habla del acoso en muchas vertientes, del acoso sexual a través de las redes, de cuestiones muy delicadas. Le he dado muchas vueltas a este libro. 

M.G.- ¿Qué mensaje quieres que tu novela transmita a los jóvenes?

R.S.- Es muy difícil. Si me tuviera que quedar con alguno diría que hay que romper el silencio. Los acosadores imponen una ley del silencio, hacen sentir miedo, vergüenza e incluso culpabilidad. Y aunque romper el silencio es muy difícil, es el primer paso fundamental para acabar con el acoso. Tanto para las víctimas como para los testigos. Hay que contarlo, hablar con la persona que tengas cerca, preferiblemente con tu profesor, tu madre, tu padre,… Y nunca hay que culpabilizar a una víctima o a un testigo si no lo cuenta. Si no lo cuenta es porque no puede, porque no es capaz. Hay que darles las herramientas para que se sientan en un espacio de seguridad. 

M.G.- Para terminar, ¿podremos ver una futura serie sobre este libro? 

R.S.- Ojalá. Antes de publicarse la novela, Warner supo que había escrito este libro y me contactó. Me han comprado los derechos para hacer una serie de televisión. Me han encargado el guion. Sería una serie de cuatro capítulos que corresponden a las cuatro partes en las que se divide el libro y estamos en ello. El audiovisual es complicado, son procesos lentos, pero ya veremos. El primer paso está dado. 

M.G.- Pues confío en que veamos esa serie. Por mi parte, te agradezco muchísimo que hayas escrito este libro. Creo que es muy importante. Espero que la historia de Uve y de Alba rompa esos silencios y sirva para luchar contra esa lacra social. Darte las gracias por haberme atendido esta tarde y espero poder verte por Sevilla en el futuro.

R.S.- Segurísimo que nos veremos. Muchas gracias.

Sinopsis: En el instituto Ernest Hemingway nada es lo que parece a primera vista.

Cuando Uve llega a mitad de curso se encuentra con un misterioso grupo de alumnos que se dedica a acosar a sus compañeros.

Tienen un nombre secreto: El círculo.

Uve se adentrará en una oscura trama de poder y abusos dentro del instituto. El acoso escolar sistemático se convierte en un peligroso instrumento para intimidar y aterrorizar a los más débiles.

Al mismo tiempo, Uve conocerá a Alba, que pondrá todo su mundo patas arriba.

Esta es una historia de intriga, de superación personal y también de amor. Con el bullying como gran tema de fondo. Un thriller social que nos atrapa y nos hace reflexionar sobre la sociedad que estamos construyendo.

 


jueves, 15 de junio de 2023

BLUE JEANS: ❝No ha sido fácil cambiar de novelas de corazones a novelas de asesinatos❞

Justo antes de marcharme a hacer el Camino de Santiago, tuve la oportunidad de sentarme a conversar con Francisco de Paula, más conocido como Blue Jeans. El autor sevillano tiene tablas en el mundo literario. Lleva quince años escribiendo y publica una novela al año. Los que acostumbramos a visitar ferias del libro ya no nos extraña ver las largas colas frente a las casetas en las que el autor firma. Sus lectores se cuentan por miles, y no solo en España, sino también en otras latitudes. Debo admitir que yo lo he leído en muy contadas ocasiones. La etiqueta de novela juvenil está muy apegada a sus libros pero como él dice, sus novelas pueden ser leídas por público adulto igualmente. Yo misma me he zambullido alguna vez en alguna historia de corte juvenil y la he disfrutado, máxime si, como viene haciendo el autor en sus últimas publicaciones, el argumento aleja un poco el romance para dar más protagonismo al suspense y la intriga.

La última melodía de Chopin es el cierre de la bilogía que se inició con Los crímenes de Chopin. La desaparición de la detective Celia Mayo tiene en jaque a la ciudad de Sevilla. Su hija Triana, junto a su novio Niko, más la periodista Blanca, serán los encargados de averiguar qué pasó con Celia. Todo ello en una ciudad que cobra su protagonismo y con un argumento que, como viene siendo habitual en los libros de Blue Jeans, toca temas de enjundia.

Os dejo con la entrevista. 

Marisa G.- Francisco, un placer tenerte en Sevilla, que es tu casa.

Blue J.- Muchas gracias. 
M.G.- Es la primera vez que hablamos, pero sigo tu trayectoria, y veo todas las cosas fantásticas que te ocurren. Llevas quince años en esto de la literatura y, si no me equivoco, son dieciséis las novelas publicadas.
B.J.- Sí. El 3 de junio de 2008 empecé con Fotolog, aquella red social en la que puse la primera palabra de Canciones para Paula y, quince años más tarde, llevo dieciséis novelas publicadas.
M.G.- Dieciséis novelas, traducciones, adaptaciones al formato audiovisual,...Al margen del trabajo que todo esto supone, que es mucho, ¿cuál crees que es el secreto de tu éxito?

B.J.- Es complicado saber qué tecla pulsa uno para que las cosas funcionen. Creo que tengo cierta dinámica. Más o menos, sé cómo funciona el tema de los libros, el mundo de la literatura, de las editoriales, y de los lectores. Creo que lo importante es la constancia y buscar siempre historias actuales que puedan interesar y gustar a los jóvenes. La primera novela, si funciona, puede ser casualidad pero, después de dieciséis novelas, el trabajo previo que hago para buscar la historia que pueda interesar al lector, y que también me divierta a mí, ese trabajo previo que hago con Esther, mi pareja, es muy importante. Nada es casualidad. Todo está muy planificado. 

M.G.- Bueno, hay un factor suerte pero es mínimo.

B.J.- Por supuesto. Hay que reconocer que somos muchos los que escribimos y en España, por desgracia, muy poca gente puede dedicarse en exclusiva a escribir. Si no tienes suerte, es imposible. En mi caso, la primera persona que apostó por mí es una persona de una editorial a la que sus jefes les decían que no, que aquel chico no había que publicarlo, y ella insistía que sí, que vieran lo que estaba haciendo en Internet. Si esa chica no hubiera insistido, yo posiblemente hoy no estaría aquí.

M.G.- Recientemente has cambiado el rumbo. Sin dejar de hacer novelas juveniles, antes te centrabas más en el romance y ahora tiras más para el suspense y el thriller. ¿Por qué ese cambio?

B.J.- Yo siempre he tenido la etiqueta de autor de juvenil romántica, aunque luego en los libros pasaban muchas cosas. He tratado temas como los trastornos en la conducta alimentaria, el bullying, la identidad sexual, Internet... Pero empecé a notar que necesitaba salir de esa zona de confort para que el lector no se cansara de mí, para que la editorial no se cansara de mí, y para que yo mismo no me cansara. Y bueno, me gusta leer novelas de misterio desde siempre y, hablando con la editorial, les propuse hacer una novela de misterio pero con jóvenes. A Planeta le gustó mucho la idea y empecé a escribir La chica invisible. Me divertí muchísimo. Así que, creo que he encontrado otro camino. No ha sido fácil cambiar de novelas de corazones a novelas de asesinatos, pero me lo paso muy bien. Creo que estos libros, aparte de que me he divertido mucho, están incluso más trabajados que los anteriores porque cambia el proceso y la manera de trabajar. Estoy muy contento con estas novelas. 

M.G.-  Es un género agradecido. El suspense y el thriller nos encanta a todos. Independientemente de que la novela sea juvenil o esté protagonizada por jóvenes.

B.J.- Sí. Y durante estos quince años es algo que llevo peleando. La novela juvenil no es solo para jóvenes. Es verdad que es juvenil. Yo soy el primero que le dice a la editorial que va a escribir una novela juvenil y que quiero que mi novela esté en el sector para jóvenes de la librería. Pero también voy diciendo que un adulto puede leer perfectamente una novela juvenil. Le gustará más o menos mi forma de escribir, o la manera en la que trato a los personajes, pero una novela juvenil la puede leer todo el mundo.

M.G.- Bueno, La última melodía de Chopin, el libro por el que estamos hablando hoy, es el final de una bilogía que se inició con Los crímenes de Chopin. Entiendo que para leer esta novela es obligatorio leer la anterior, ¿no?

B.J.- Convendría. A ver, yo voy haciendo recordatorios de lo que ocurre en el primer libro porque pasa un año desde un libro a otro, y hay lectores que han leído muchísimo por el camino, y se les ha podido olvidar lo que pasó en el primero. O igual, hay lectores que leen el primero y luego pasan tres años hasta que leen el segundo. Así que voy haciendo recordatorios. Pero es conveniente leer el primero porque son libros continuistas. Es decir, lo que encuentras en las primeras páginas del segundo son las respuestas que quedaron pendientes en el primer libro. Por eso ha sido muy difícil hacer una sinopsis porque tienes que desvelar sí o sí lo que pasa al final del primer libro. Así que sí, es conveniente leer el primero antes del segundo. Aunque también te digo que hay gente que lee el segundo sin haber leído el primero y se mete en la historia, porque te lo voy recordando.

M.G.- Has empezado a hacer promoción incluso antes de que la novela salga a la venta. Es la primera vez que me encuentro algo así, que el autor inicie la gira de promoción antes de que los lectores puedan tener el libro en sus manos.

B.J.- Yo llevo de promoción... Incluso me he subido a un helicóptero para hacer vídeos y tal.

M.G.- Sí, lo sé. 

B.J.- Antes, el escritor, cuando escribía el libro, lo mandaba a su editorial y se olvidaba del libro hasta que salía. Si acaso, luego tenía alguna firma. Pero hoy en día, estás los 365 días del año pendiente de tu libro. Haces muchísimas más firmas, muchísimos eventos, y tienes las redes sociales.

Yo llevo promocionando esta novela antes de terminar de escribirla, porque he ido poniendo frases en mis redes sociales, porque voy intentando calentar el libro, hacer hype, hablar de los personajes sin contar nada, ir hablando con los lectores. Tienes que ir alimentando. Y el último mes, antes de la publicación, ya tenemos mucho contenido. Por ejemplo, hemos mostrado cómo se hace el libro en la imprenta y, como te digo, me han subido a un helicóptero para promocionarlo.

M.G.- Por primera vez te subes en un helicóptero.

B.J.- Por primera vez, y me lo pasé muy bien. Disfruté mucho. Pensaba que me iba a dar miedo pero peor lo pasaron los que venían conmigo. La periodista lo pasó peor, pero yo disfruté mucho. Así que, bueno, esta es la nueva manera de trabajar y tienes que estar un mes antes calentando el libro hasta el día de la publicación.

M.G.- Respecto a la novela anterior, te leí en una entrevista decir que ese libro surgió una noche de insomnio. Quería preguntarte si tu mente funciona así, si tus novelas surgen a base de impulsos.

B.J.- Como te he dicho antes, cada novela tiene un trabajo previo, que a lo mejor no se puede llamar trabajo, pero sí una fase previa en la que nacen las ideas, las primeras ideas. Esas ideas nacen muchas veces de charlas con mi pareja, con Esther. ¿De qué voy a escribir el próximo libro? Surge como una tormenta de ideas y vamos soltando cosas, vamos soltando títulos. Es una parte bonita porque además es con tu pareja. 

Una idea puede salir en cualquier momento, como salió con Los crímenes de Chopin. Estaba escuchando música clásica. Bueno, ni siquiera recuerdo si era clásica, y me vino la frase a la cabeza. Esther ya estaba dormida pero le fui mandando mensajes de WhatsApp para que los viera al día siguiente, con los detalles de la historia que me iba viniendo a la cabeza.

Otras veces nace de forma distinta. De una canción, del título de una película. Por ejemplo, Buenos días, princesa es una frase de la película La vida es bella. Las ideas van saliendo, no de una manera mecánica, sino de la exposición a un montón de cosas y sobre todo de esas charlas con Esther. Esas charlas son fundamentales porque cuando tenemos una novela entre manos, pues me gusta hablarlo mucho con ella y ahí nacen muchas ideas.

M.G.- Total que Esther es casi como una co-autora.

B.J.-Se puede decir que es la mitad de todo lo que hago, aunque el libro lo escribo yo, evidentemente. Ella es muy inteligente, muy lista, y aparte es capaz de ver cosas que a lo mejor yo no veo. Hay un montón de cosas por las que hemos discutido. Claro, yo me llevo ocho horas escribiendo, llega ella, le cuento lo que he escrito y me dice que no lo ve. El primer pronto es preguntarle que por qué me dice eso, que llevo trabajando todo el día. Luego, le das una vuelta, ya en frío, y terminas por darle la razón. 

M.G.- Las mujeres somos muy listas, ¿eh?

B.J.- En general, ella lo hace porque, al igual que yo, quiere lo mejor para el libro. Y al igual que hablo con Esther, también hablo con mis editoras. Hacen un buen trabajo conmigo y hay plena confianza para que me digan si algo lo ven bien o no.

M.G.- Bueno, como hemos dicho, este libro es el cierre de la bilogía. En la anterior, narrabas la desaparición de la detective Celia Mayo. Imagino que en esta novela todos los misterios quedan resueltos, ¿o hay opción a que quede una puerta abierta?

B.J.- El lector ya sabe cómo son mis finales. No puedo prometer nada. Lo único que puedo prometer es que va a encontrar las respuestas de muchas cosas que quedaron pendientes en el primer libro. Pero que lean este libro porque hay muchas sorpresas, muchas muertes inesperadas y muchos giros. Eso es lo fundamental en una novela de misterio, en un thriller. Es necesario que haya giros inesperados. Si el lector intuye lo que va a ocurrir, llega al final, y ocurre lo que ha pensado... Siempre me guardo alguna carta. En este libro me guardo varias para el final. 



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M.G.- Al hilo de lo que estás comentando, hay que aclarar que esta bilogía no solo trata de la desaparición de Celia Mayo, sino que ocurren muchas más cosas. Por ejemplo, hay hijos que tienen que sobrellevar el asesinato de un padre, personajes que se enfrentan al suicidio de un amante, atentados contra políticos, personajes que tratan de suicidarse como vía de escape,... Es decir, que la novela abarca un montón de temas y vamos a encontrar personajes con mucho mundo interior.

B.J.- Creo que mis libros son muy de personajes. Además, intento que no sean un cliché, sino personajes contradictorios, que no piensen siempre lo mismo. Creo que las personas vamos cambiando y las experiencias que vamos viviendo nos condicionan. Una persona que pierde a su padre, o a la que le desaparece su madre, no puede ser una persona extrovertida, súper contenta de la vida y tal. Ese sufrimiento lo tienes que ver en su comportamiento, como pasa con Triana. En este libro, Triana tiene comportamientos que, en el caso de que su madre o su padre estuvieran vivos, posiblemente no tendría. Sus circunstancias afecta a su relación con Niko. Una persona, como Triana, a la que le está pasando lo que le pasa a ella, no puede estar bien con su pareja, por mucho que su pareja la apoye. Tiene que tener subidas y bajadas. A Niko también le afecta todo lo que le está ocurriendo a su pareja. Así que se trata de una cadena que va uniendo a los personajes. Es fundamental que los comportamientos de los personajes sean creíbles y reales. Es lo que intento trabajar mucho porque creo que es importante que la historia sea creíble. Es lo fundamental. Luego pueden pasar muchas cosas. Se puede estrellar un helicóptero contra la Giralda.

M.G.- Eso me dio mucho miedo. 

B.J.- Pues imagínate, que me subieron a uno. Pero como te digo, pueden pasar muchas cosas, incluso algunas fantásticas,... pero la situación de los personajes, el entendimiento de la vida, el comportamiento,... Todo eso tiene que ser muy creíble. Y eso creo que es lo que más trabajo.

M.G.- Las emociones, ¿no?

B.J.- Exacto. Y luego cada personaje tiene su desarrollo, tiene sus circunstancias, tiene su vida personal, que forma parte de las historias paralelas que se van conformando, a medida que se va desarrollando la investigación. 

M.G.- En la desaparición de Celia, juega un papel importante una periodista de nombre Blanca, a la que ya vimos en la novela anterior. Por otro lado, también estás hablando de Triana, hija de Celia, y de Niko que van a hacer sus averiguaciones. Entonces, Francisco, ¿en esta investigación no interviene la policía?

B.J.- Sí, la policía está pendiente. Esa es la otra parte de esta novela que, aunque juvenil, el tema policial tiene que quedar muy claro. Tienes que saber a qué se dedica un policía nacional, qué es un comisario, cómo trabaja una comisaría, cómo trabaja un investigador. 

Tengo la suerte de que mi padre era procurador de los tribunales. Ahora está jubilado pero todo el tema policial, judicial, forense,... todo eso se lo consulto a él y él me va indicando. Ahí no puedes meter la pata porque la gente que sabe del tema se da cuenta si estás preparado o no estás preparado. En mi caso, intento trabajar esa parte también. Y la policía sí, la policía está investigando la desaparición de Celia, lo que pasa es que haces lo posible para que los protagonistas se enfaden con la policía, porque piensan que no están haciendo bien su trabajo. La policía de vez en cuando le dice a los protagonistas que sí, que están trabajando, lo que pasa es que no pueden decir nada. Al final, todo esto es un tejemaneje entre los protagonistas. Sobre todo con Niko porque este personaje es un delincuente y es normal que no confíe en la policía. Es normal que no le caiga bien el comisario, que piense que están ocultando información, que incluso puede que la misma policía esté metida en el ajo. Y ese desencuentro entre ellos y la policía es también parte importante de la historia.

M.G.- Hay que decir que esta novela es muy coral y, ahora que has mencionado a Niko, tengo que decirte que es un personaje que ha llamado mi atención. A él se le conoce como Chopin, de ahí el título de la novela. Y le has construido una vida súper complicada. El  pasado de este personaje es tremendo.

B.J.- Niko es una persona que se dedica a robar, como pasa en el primer libro. Se le conoce como Chopin porque deja una partitura del músico como firma. Es polaco. Vino de Polonia con su abuelo, cuando murieron sus padres. Su abuelo también es un personaje complicado, es un ladrón que además se mete en muchos follones. Cuando este muere, Niko, en vez de optar por dedicarse a otra cosa, sigue delinquiendo porque es lo que ha aprendido y lo que sabe. Solo cuando se encuentra con Triana, es cuando parece que va encauzando un poco su vida. Para colmo, van apareciendo personajes de su vida pasada que le complican aún más las cosas. En fin que, cuando parecía que estaba bien todo, pasa lo de la detective Mayo, madre de su pareja. 

Niko es un personaje que irá evolucionando. El Niko del primer libro no se parece al Niko del segundo pero no se olvida tampoco de quién era. Es imposible que una persona que se ha dedicado a robar, y que ha vivido esa vida sin padres, o con un abuelo que incluso lo maltrataba, pase de todo eso de la noche a la mañana. Niko tiene su cosita interior que iremos viendo en el libro porque él no es una persona inocente, es una persona que tiene sus mecanismos de defensa, y que ha aprendido de manera no muy ilícita.

M.G.- Has comentado antes que en tus novelas tratas temas de actualidad. En este caso, por ejemplo, se habla de suicidio, una cuestión que hoy en día hay que manejar con mucha delicadeza porque estamos viendo suicidios entre gente muy joven. ¿Cómo has abordado un tema como este, tan complicado, en un libro que lee tanta gente joven?

B.J.- Son temas que llevo tratando muchos años. Recuerdo que empecé un libro, no me acuerdo cuál, quizá Algo tan sencillo, en cuyo prólogo aparecía una chica lanzándose por una ventana. Era una chica adoptada que no soportaba lo que le decían los demás y ya no podía más. En todos estos temas que trato, como por ejemplo las auto-lesiones, intento huir del morbo y del amarillismo. Intento que sean escenas que no funden a negro pero que trato con mucho respeto y mucho cuidado. Cuando tratas este tipo de cosas, creo que es fundamental saber que hay personas que te están leyendo, que a lo mejor han pensado o están pasando por lo mismo. De momento, sobre todo las lectoras más jóvenes, que pueden ser las que más me leen, creo que se sienten bien al leer que hay personajes que le está pasando lo mismo que a ellas. Hay mucha gente que me ha venido a dar las gracias, que me escribe, incluso en las firmas, que vienen con las vendas de la auto-lesión porque La chica invisible trató ese tema. Vienen y me cuentan que han superado alguna situación difícil. 

No hace mucho me vino una chica y me contó que llevaba un año sin cortarse y que los libros la habían ayudado mucho. Cuando una persona viene y te dice eso, y te da las gracias, para mí es un orgullo. Yo siempre les digo que tienen que afrontar el problema, que lo tienen que contar, que lo hablen con su entorno, con su familia, con alguien con quien tengan confianza porque la energía que te da un libro dura un rato, una semana o dos semanas, pero es en el día a día donde tienen que encontrar a esa persona que los ayude.

El tema del bullying también lo trato mucho en los libros. He conocido a gente que se ha cambiado de colegio porque lo acosaban. Son temas muy complicados pero están ahí, hay que tratarlos, y hacerlo de forma realista. Si no lo cuentas de manera real, no queda natural. Lo que pasa es que tienes que saber dónde cortar a tiempo, dónde poner el punto y final, o el punto y aparte, porque hay gente que está pasando por eso.

M.G.- Qué responsabilidad. Escribir un libro no es algo tan sencillo como desarrollar una historia porque todos estos temas que se tocan pueden afectar a los demás.

B.J.- Sí, y más cuando vas conociendo a personas que están viviendo por lo mismo. Lo bueno que también tiene esto es que yo sigo en la misma línea que los lectores. Yo no estoy por encima del bien y del mal, ni por encima de ellos. Todos formamos parte de la misma aventura y cuando me han hablado, yo he contestado. Es decir, yo contesto en mis redes sociales. Intento contestar a todo el mundo cuando tengo un rato. Me cuentan estos problemas, porque piensan que, si yo los trato en un libro, es porque yo soy especialista o tal. Es complicado. 

Tengo una hermana psicóloga con la que hablo algún tema de estos. Le he preguntado a ella y a la editorial en varias ocasiones. Si quiero describir alguna escena le consulto si me estoy pasando o me estoy quedando corto. Y trabajamos para que la escena no quede morbosa, que es lo principal. A veces se busca el morbo en las ventas. Es como ocurre también con el sexo. En mis libros, hay sexo, y no hay fundido a negro. Pero tampoco es un sexo explícito. Creo que todas las escenas de sexo son naturales. No es sexo por sexo. Si una pareja de chavales de dieciocho años están juntos, lo normal es que tengan sexo. Hay que contarlo pero sin morbo y sin recrearse en una escena. Contarlo porque tienes que contarlo y porque es lo que el libro necesita en ese momento.

M.G.- Bueno, la acción de la novela y de la anterior se desarrolla en Sevilla. ¿Qué protagonismo tiene la ciudad? Creo que haces que los personajes se muevan bien por estas calles. 

B.J.- Sí, sí. No me leen solo sevillanos ni me leen solo gente de España, sino me lee gente también de Latinoamérica. Cuando decidí que esta historia iba a ser en Sevilla, pensé que si alguien de Latinoamérica leía la novela, tenía que sentir ganas de venir a Sevilla. Claro, lo que muestro es una Sevilla a través de los ojos de un chaval. Yo soy de Carmona y mis abuelos vivían en Sevilla. Me venía todos los fines de semana. Tengo el recuerdo de mi padre yendo a la Plaza del Cabildo a los sellos, o yendo a comprar dulces a los conventos. Mis abuelos vivían en la calle Jesús del Gran Poder, en la zona centro, y mis otros abuelos vivían en Triana. Muy sevillanos, ¿no? Mis padres son muy sevillanos y mis abuelos eran muy sevillanos. Pues eso es lo que yo intento transmitir en esta novela, hablar del barrio de Santa Cruz, de callecitas, de placitas y de dulces.

M.G.- De los patios,...

B.J.- De los patios, de todo. Es decir, intento que se vea una Sevilla bonita. Una Sevilla bonita dentro de un clima de asesinatos, de muertes y de crímenes (ríe). Pero porque Sevilla tiene también ese misterio de las calles con esa luz tenue por las noches, del barrio de Santa Cruz, o de alguna placita. Y luego también aparece la parte de fuera, de Amate o del Polígono. Todo eso lo he querido recoger y que se vea esa Sevilla en la que yo viví y la Sevilla de ahora, también. Es, como tú has dicho, un personaje más, un protagonista más de la novela.

M.G.- Y teniendo en cuenta el título, la música también tiene su valor en este libro, ¿no? Aunque sean novelas que pueda leer un adulto, la música que aparece es la propia de gente joven.

B.J.-  Sí, hay una playlist. Al final del libro tenemos un código QR que lleva a la lista de Spotify con todas las canciones que aparecen en el libro. La música aparece desde mi primer libro, desde Canciones para Paula, que ya tenía su lista de canciones. Me gusta porque ambientan. Al igual que en una serie, suenan canciones, también me gusta que suenen cuando estás leyendo. Porque, además, si a la persona que está leyendo le gusta la canción, se lleva una alegría. Yo, por ejemplo, si estoy leyendo y aparece una canción de los Beatles, me voy corriendo a escucharla. Intento hacer lo mismo con mis libros. La música aparece, la que me gusta o la que creo que, aunque no sea de mi agrado, puede venir bien y debe estar. Y música actual porque me lee mucha gente joven pero también me permito a veces meter un REM o a los Beatles, el Barrio, cosas así, que es lo que yo escucho. 

Este libro empieza con una canción de Fondo Flamenco. Seguro que a muchos les encanta que haya metido una canción de este grupo que se han puesto de moda otra vez. Todo esto hace que el lector se meta más en el libro. La música, las series que se mencionan, las palabras, las redes sociales,... De todo eso tengo que saber. Tengo que saber cómo funciona TikTok, qué series ven los jóvenes, si hay un grupo japonés o coreano que se pone de moda. Todo eso aparece en el libro y es un trabajo de documentación para mí.

M.G.- Por ir terminando, Francisco. Cuando hay una feria del libro y estás tú, hay un totum revolotum que no sé muy bien cómo gestionas esa avalancha de lectores porque, te voy a decir algo, no todos los autores lo llevan bien.

B.J.- No, no, no. Tengo amigos que no, que no lo llevan, o que lo llevan regular. Yo lo llevo muy bien, la verdad es que es como recoger las notas del cole, ¿no? Además, con el paso de los años, siempre piensas que ese año no va a venir nadie porque a veces voy a las ferias del libro sin novedad, aunque salga un libro al año. Y, sin embargo, siempre viene gente.

Aquí en Sevilla, llevo como doce o trece ferias del libro y siempre ha venido muchísima gente. Yo siempre intento estar a la altura de los lectores. Ellos vienen incluso dos horas antes. Se han comprado todos tus libros. A lo mejor son adolescentes y solo tienen veinte euros para comprarse un libro. O han movilizado a su familia porque tienen cuatro libros y solo firmo dos por persona. Ves al padre o a la madre haciendo cola con más libros. Vienen de La Rinconada, de Brenes, de Carmona,... Tienes que estar a la altura. Tienes que estar uno con uno, y siendo diez de diez. No puedes no sonreír, no ser simpático, no ser agradable y no rellenarles una página, o no estar diez segundos con cada uno. No te da tiempo a más pero intento estar un momento con todos, que no se vayan sin la foto, sin el selfie, sin mandar un audio para la prima que no ha podido venir, o un vídeo para alguien que está en Perú. Intento cumplir con todo eso. Durante las cuatro o las cinco horas que dura la firma tienes que estar ahí al máximo. Y cuando acabas, la energía se te baja a cero y tienes que recuperar para el día siguiente porque lo mismo tienes más firmas en Huelva o en Cádiz. Y tienes que volver a hacer lo mismo. Pero bueno, para mí es una alegría. Este año tenemos una gira de dieciocho ciudades en dos meses y me alegro muchísimo que sigan permitiéndome poder encontrarme con los lectores tantos años después. 

M.G.- No te quiero robar más tiempo pero antes de despedirnos, te comento que he visto la serie La chica invisible. Me gustaría saber si estás satisfecho con el guion, con las interpretaciones. ¿Cómo te sentiste?

B.J.- Es muy complicado hacer una serie de un libro. En una serie intervienen guionistas y, en nuestro caso, han sido cinco guionistas, dos directores, más el productor y los actores. Cada uno tiene su interpretación. A mí me dejaron claro desde el principio que la serie estaba inspirada en el libro. Ya lo viví con El club de los incomprendidos. Sabía por dónde iban los tiros. Lo bueno de esto es que Morena Films siempre ha contado conmigo para todo, para informarme de todo. Yo he estado, y cuando algo no me ha gustado, lo he dicho, y hemos debatido, y he hablado con los guionistas, he hablado con el director, he podido ir al rodaje varias veces. Al final tienes que confiar en la gente que sabe. ¿Que la serie podía haber sido de otra manera o podía haber sido más parecido o menos parecido? Bueno, eso es una cuestión de la productora. Y aquí te tienes que poner la camiseta de la productora y defender a muerte lo que han hecho, que es lo que he hecho yo. Oye, vosotros que sabéis más que yo de esto, habéis decidido que esto es lo que hay que hacer,  pues a muerte con vosotros. Yo vi la serie, a mí me gustó, y me gustó el casting. Creo que fue un acierto el que los actores fueran andaluces, quitando a Zoe Stein, la protagonista, y a Daniel Grao, el resto son actores andaluces, elegidos en la escuela de actores de aquí de Andalucía, de Málaga, de Sevilla. Y aparte, gente desconocida, gente que a lo mejor, su primer papel ha sido en La chica invisible. Entonces, sumando todo eso, pues creo que ha sido una experiencia muy positiva. Y bueno, ahora depende de Disney si hacemos una segunda temporada. Acaba de salir la serie en Estados Unidos, y también la tenemos en Latinoamérica. Para mí ha sido una experiencia muy positiva y además, a los libros le favorece. Cada vez que se hace una serie, nos viene muy bien a todos.

M.G.- Me gustó. Aparte del guion, me gustaron mucho las localizaciones. Y esa escena rodada en el cementerio de Gerena, donde mis padres están enterrados.

B.J.- Ah, sí... Se rodó entre Carmona, El Viso, Gerena,... Yo me llevé una sorpresa porque no estaba planeado el rodaje en Carmona pero cuando el productor me dijo que se iba a grabar allí porque tenía todos los ingredientes, me alegré. Se han llevado tres meses allí. Que Carmona se vea así, me parece muy bien. Además también hicimos la premier allí, en el Teatro Cerezo. 

M.G.- Bueno, Francisco, lo dejamos aquí ya. Muchas gracias por atenderte. No sé si desearte suerte porque parece que la llevas de fábrica...

B.J.- Siempre hay que tener suerte. Gracias a ti.

M.G.- A ti. Espero verte en la próxima.

Sinopsis: 
La detective Celia Mayo ha desaparecido. Triana y Niko todavía tienen esperanza de encontrarla, aunque saben que las posibilidades son cada vez más escasas. Un día, los jóvenes reciben una llamada anónima que les asegura que está viva. ¿Será esta vez cierto o se trata de una broma de mal gusto?

Mientras tanto, Blanca se recupera de las lesiones que sufrió tras el accidente de helicóptero. Su compañera periodista Luna González está investigando y no parará hasta descubrir lo que ocurrió, aunque eso la ponga en riesgo.

Sevilla se ha convertido en una ciudad peligrosa en la que nadie parece a salvo. Los misterios y las muertes sospechosas se van produciendo y la policía no logra encontrar a los culpables.

¿Conseguirán averiguar la verdad de esos sucesos?

 

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