miércoles, 24 de junio de 2020

#YOVOYALCINE

Tras la recuperación de la actividad y la implantación de la nueva normalidad, los comercios y establecimientos que habían echado el cierre por indicación del gobierno, volvieron a abrir sus puertas. Estamos en un momento en el que tenemos que cuidar lo nuestro, de ahí que se hable mucho de hacer turismo nacional, de comprar en las tierras del barrio, de acudir a los establecimientos de ocio de nuestro entorno, siempre con todas las medidas de seguridad. Es hora de visitar esa librería que siempre ha sido nuestra referencia, cruzar su puerta y desinfectar nuestras manos para manosear todos esos libros que queremos leer. Y, por supuesto, ha llegado también el momento de acudir a los cines, ya sea a las salas convencionales, a los cines de verano o a las auto-cines que tanto se están imponiendo. 

Los distribuidores y los exhibidores han lanzado la campaña #Yovoyalcine, con el objeto de animar a la ciudadanía a acudir a las salas. Elegir esa película que queremos ver y acudir a verla nos va a producir la misma satisfacción que antes de la pandemia, aunque las circunstancias a nuestro alrededor hayan cambiado. De momento, no veremos las salas totalmente llenas sino que habrá que guardar esa distancia social tan necesaria. Por ejemplo, de un total de trescientas setenta y cinco butacas, solo estarán disponibles unas cincuenta y seis. Las entradas habrá que comprarlas siempre vía on-line y la limpieza de la sala será más frecuente y exhaustiva. Todo ello, con el propósito de garantizar una experiencia segura y proteger al espectador.

CINES CINESA · Compra de entradas, cartelera de películas y ...

No todos los cines están ya abiertos. Lo irán haciendo a medida que se vayan adaptando a la nueva normalidad o bien, cuando el aforo les permita una rentabilidad coherente. Así que, dependiendo de la zona, habrá que esperar más o menos.

En cuanto a la cartelera, a muchas películas les pilló el inicio del estado de alarme a punto de estrenar o en pleno estreno. Si abres cualquier web de cine, te encuentras con títulos como Adú, Parásitos o Malasaña 32 y anuncian como próximo estrenos Mulán o Dónde estás Bernadette. Confiemos en que podamos verlas.

    


Pero, hablando de cine, otra cuestión a la que no dejo de darle vueltas es a los rodajes. ¿Cómo lo van a hacer? ¿Cómo van a rodar una fiesta? ¿O una escena de sexo? ¿Estarán los actores y las actrices sometidos a constantes test? En este artículo de El País nos cuentan algunos detalles curiosos. Desde luego, el coronavirus lo ha trastocado todo y solo nos queda adaptarnos a las nuevas circunstancias, mientras los científicos encuentran esa anhelada vacuna.

Sea como fuere, y siempre que las circunstancias lo permitan, hay que ir al cine y dejarnos empapar por la magia del séptimo arte, que tantos buenos momentos nos ha proporcionado. Ahí va el precioso vídeo promocional de la campaña #Yovoyalcine, realizado con fragmentos de un montón de películas. ¿Reconoces alguna?





martes, 23 de junio de 2020

REYES MONFORTE: 'María Mandel fue la responsable de más de medio millón de asesinatos en Auschwitz'

No sabría decir cuántas novelas he leído sobre Auschwitz y el Holocausto. Ese negro episodio de la Historia siempre ha despertado mi curiosidad, a la vez que me ha provocado una absoluta repulsa. Mientras más leo sobre aquellos hechos, menos lo entiendo. La impunidad con la que se perpetró el asesinato de tantos hombres, mujeres y niños no me entrará jamás en la cabeza y, por mucho que lo intente, soy incapaz de imaginarme el horror que aquellos prisioneros tuvieron que soportar. ¿Cómo es posible que alguien consiguiera sobrevivir? ¿De qué pasta estaban hechos para poder superar aquellas aberraciones y torturas? Leo, leo y leo. Y con cada nueva lectura aprendo algo nuevo. No solo descubro nuevas vidas, tan interesantes, tan tristes, tan vitales, tan intensas. Sino que, cada novela me permite asomarme a aquellos campos de exterminio, para enseñarme un nuevo rincón del horror. 

Reyes Monforte acaba de publicar lo que es su octava novela, Postales del Este, "una historia basada en hechos reales, un emocionante relato sobre la memoria, el amor y la esperanza en medio del horror de Auschwitz". En esta novela, la autora narra la historia de Ella, una joven francesa que, gracias a la palabra y a su bonita caligrafía, consiguió salvaguardar la memoria de muchos exterminados. Os dejo con la entrevista.


[© Paco  Navarro]
Marisa G.- Reyes, un placer hablar contigo por teléfono, aunque me hubiera gustado que el coronavirus hubiera permitido que nos viéramos.

Reyes M.- Es verdad. Ahora, tendría que estar en Sevilla y aquí estoy, en Madrid, sin poder moverme. Pero bueno, como nosotras nos conocemos de otras ocasiones, nos hacemos a la idea de que no estamos viendo.

M.G.- Eso sí. Bueno, tengo que reconocerte que, aunque he leído mucho sobre Auschwitz y sobre el Holocausto, he aprendido muchas cosas con tu novela, que desconocía por completo. Y es que, en aquel episodio histórico todavía se puede escarbar, y aún hay mucho que contar.

R.M.- Me alegra que me digas eso. Es lo que me están diciendo muchos lectores. Pensamos que sabemos mucho de Auschwitz porque hemos visto muchas películas o libros ambientados en este campo de exterminio, pero realmente, Auschwitz sigue siendo un gran desconocido que todavía hoy, hay que descubrir día a día. No podemos olvidar lo que pasó allí, que es mucho más de lo que sabemos. 

M.G.- ¿Y cómo llegas a esta historia?

R.M.- Pues en una visita a ese campo de exterminio. Lo he visitado unas diez o doce veces. Y por cierto, recomiendo visitarlo a todo el mundo, por lo menos una vez en la vida. En una de esas visitas, descubrí que habían colocado un panel en una de las paredes, con centenares de fotografías, en las que se veía a los oficiales nazis más poderosos de Auschwitz. Eran todos hombres, con sus uniformes verdes de la SS, menos una mujer, a la que se veía vestida con una blusa blanca. Me acerqué y me fijé en su nombre. María Mandel, ponía. Resulta que fue la mujer más poderosa de Auschwitz, a la que llamaban la Bestia. Y de ahí, empecé a tirar del hilo.

María Mandel era austriaca. Fue jefa del campo en 1942, puesta allí por Hitler. Me parecía sorprendente que, en esos años, en los que el papel de la mujer ya sabemos cuál era, una mujer ocupara aquel cargo tan importante. Además Hitler insistía en que el papel de la mujer siempre debía limitarse a la ecuación de las tres K: Küche, Kinder und Kirche. Es decir, cocina, hijos e iglesia. Incluso en un discurso que dio ante la Asociación de mujeres nacional-socialista, dijo que la mujer debía luchar por la Alemania nazi, pero como mejor podía hacerlo era dando seis o siete hijos al Tercer Reich. Por esto, a mí me resultó llamativo que una mujer, como María Mandel, que ni siquiera tenía treinta años, fuera una de las jefas de Auschwitz.

M.G.- La novela tiene que ver con unas cartas y postales. De ahí, el título. 

R.M.- Sí, ese fue otro descubrimiento. Por las noticias, supe que, a los pocos años de la liberación del campo, levantaron la tierra y descubrieron mensajes, fotografías, planos, objetos personajes. Eran cosas que los prisioneros habían enterrado porque estaban convencidos de que no iban a salir con vida, de que los nazis iban a acabar borrando cualquier huella de lo que hubiera pasado allí. No querían que el mundo desconociera lo que ocurrió en aquel lugar, por eso enterraron fotos, papeles, cualquier cosa en la que pudieran escribir un nombre, o contar alguna cosa de Auschwitz. Eran testimonios que estaban escritos en varios idiomas. Fue una forma de enterrar su memoria. 

M.G.- Esa memoria que mencionas es la que recoge Ella, la protagonista de esta novela. Una joven francesa que acaba en Auschwitz.

R.M.- Ella es un personaje real pero hubo muchas como ella en Auschwitz. No quise usar su nombre real. En su lugar, decidí llamarla Ella, que se escribe como el pronombre personal femenino, en un homenaje a todas las mujeres que pasaron por todos los campos de concentración de la Alemania nazi. 

Ella es una chica francesa, que llega al campo de Auschwitz, en septiembre de 1943. Enseguida llamó la atención, tanto de Joseph Menguele como de María Mandel. Era muy bella, hablaba seis idiomas, tenía una caligrafía perfecta. Los alemanes entienden que todo eso les podía venir muy, para traducir las órdenes a todos los prisioneros que venían de distintos países de Europa. Deciden colocarla en los dos bloques más importantes del campo. En el bloque de la música, donde ensayaba la orquesta de mujeres que creó la propia María Mandel, para copiar las partituras. Y en el bloque Kanada, el almacén donde iban a parar los equipajes de los deportados que llegaban al campo. Allí se encontraba de todo, desde medicinas, comidas, bebidas, libros, instrumentos musicales, oro, dinero, joyas,... Todo lo que los judíos se habían llevado de sus casas cuando tuvieron que abandonarlas, acababan en el Kanada. Todo lo de valor quedaba en manos de los nazis para engrosar las arcas del Tercer Reich. Pero dieron órdenes de quemar y destruir todas las fotografías, las cartas, las postales,... todo lo que fuera personal de los judíos y que no tuviera ningún valor económico. Ella decidió hacerse con algunas de esas fotografías, retratos familiares, postales para ir escribiendo en su reverso el nombre de las personas que iban siendo asesinadas en los crematorios y en las cámaras de gas. Ella tenía la convicción de que escribiendo sus nombres los mantendría con vida. No podía salvarlos pero, al menos, podía salvar su memoria, sus nombres, su identidad, su historia. A través de la palabra, Ella consigue sobrevivir en el campo, porque la palabra fue como su pasaporte a la supervivencia, no solo suya, sino también de todos los exterminados en Auschwitz. 

M.G.- Algo tan sencillo como tener buena caligrafía la ayudó mucho dentro del campo.

R.M.-  Y escribir esas palabras, esos nombres. La escritura estaba prohibida. Mandel llegó a matar a una prisionera, a la que sorprendió escribiendo un poema en un billete de diez zloty. Fíjate el miedo que le tenían los nazis a las palabras. Sin embargo a ella, todo eso le daba fuerzas. Pensaba que tenía un motivo para vivir. Algunos de los prisioneros que se sentían próximos a la muerte y sabían lo que estaba haciendo, acudían a ella para pedirles que escribiera su nombre en aquellas postales. Sabían que iban a acabar en las cámaras de gas, aceptaban su destino pero, al menos, querían dejar constancia de su existencia, querían demostrar de algún modo que no eran la basura que los nazis querían hacer de ellos, que tenían un nombre. Y ese nombre, esa dignidad que nos viene con el nombre, es lo primero que los nazis borraban. Lo cambiaban por un número tatuado en el brazo, que no tenía ningún sentido ni significado. En cuanto uno moría, su número se lo tatuaban a otro.

M.G.- Y no sé si es algo que forma parte de la ficción o es real, pero en la novela leemos que le pedían a los prisioneros escribir postales a sus familiares, para decirles que estaban bien, que comían. Era una trampa para averiguar la dirección de otros judíos.

R.M.- Eso es totalmente real. Les daban postales a los prisioneros que llegaban al campo y les pedían que escribieran solo veinticinco palabras, incluyendo destinatario y dirección. En esas postales tenían que escribir que estaban bien, que los estaban cuidando y que les mandaran paquetes con cosas de valor que pudieran utilizar para canjear. De ese modo, localizaron y deportaron a muchos más judíos. Algunos prisioneros descubrieron el engaño y llamaban a aquellas postales, las mentiras con matasellos. Además, les daban una dirección incorrecta. Auschwitz no aparecía con dirección del remitente porque, al principio, nadie sabía qué era Auschwitz, ni donde estaba.




Si te fijas en las guardas del libro, aparecen esas postales reales. Se ven los sellos con el rostro de Hitler, los nombres de las víctimas, los destinatarios. Porque todo lo que se cuenta en Postales del Este es real, ocurrió de verdad. No me he inventado nada, primero por respeto, y segundo porque Auschwitz es uno de los ejemplos más claros, de que la realidad siempre supera la ficción. Lo que he hecho es novelar un relato, pero no hay nada inventado. La orquesta de mujeres, aquellos niños que escribieron sus nombres con sangre en las paredes de un barracón, porque sabían que iban a morir, los mensajes que Ella u otros prisioneros que trabajaron en el Kanada, encontraron en los forros de los abrigos, en las suelas de los zapatos, escondido entre los sujetadores, pidiendo ayuda,... Todo esto pasó así, y lo sabemos porque lo han contado los supervivientes. Así que no me he inventado nada porque me parece que ficcionar sobre Auschwitz es faltar al respeto. 

M.G.- Reyes, ¿y de María Mandel hay mucho escrito? ¿Has encontrado mucha documentación?

R.M.- He encontrado algo y me ha servido bastante. Pero sobre todo he encontrado información sobre el papel de las mujeres en el exterminio judío. Desconocía que hubiera habido tantas mujeres que fueron oficiales de la SS. Estamos acostumbrados a ver películas o a leer libros, en el que las mujeres tienen el papel de víctima, de prisioneras, o como mucho aparecen como esposas o amantes de oficiales de la SS. Y conocemos mucho a Menguele, a Himmler, a Hoss pero no a muchas mujeres empoderadas en su uniforme y siendo incluso más crueles, como es el caso de María Mandel, que los propios varones. Menguele y Hoss se asombraban un poco de ver su crueldad. María Mandel fue la responsable de más de medio millón de asesinatos en Auschwitz, de mujeres y de niños. Te choca por la época y luego porque normalmente no estamos acostumbradas a ver mujeres malas. Por eso, con este libro quiero subrayar que la maldad y la bondad no entienden de género, como tampoco entienden de raza, de nacionalidad o de religión.

Antes de Auschwitz, María Mandel estuvo en el campo de Ravensbrück. Por allí pasaron más de cuatro mil mujeres, aunque las cifras bailan según la fuente, para ser instruidas en el gobierno de los campos de concentración. Allí conoció a Irma Grese, la que fue su pupila y amiga, a la que llamaban la Bella Bestia. Era más bella que Mandel y también tenía un halo de locura superior. Ambas estuvieron luego en Auschwitz.

M.G.- Hay escenas durísimas. A mí me ha provocado especial repulsa saber hasta qué punto aprovechan los cuerpos de los exterminados. Se sabe que hacían jabón con la grasa de los cuerpos pero también, empleaban el cabello.

R.M.- Sí, sí. La esposa de Rudolf Hoss utilizaba las cenizas de los quemados para abonar los jardines de su casa. Incluso les extraían la sangre para hacer transfusiones a los soldados que estaban en el campo de batalla. Prácticamente llevaban a la muerte a los prisioneros porque se trataba de una extracción no controlada. Y no deja de ser paradójico que ellos defendieran la pureza de la sangre, y que luego utilizaran la sangre judía para salvar a los soldados. Era todo un sinsentido porque a la sinrazón nazi no le puedes buscar ninguna lógica. 

Aunque Auschwitz es una de las páginas más negras de nuestra historia, en Postales del Este intento poner algo de luz, sobre todo al final. La esperanza siempre está presente en la novela. Lógicamente, al estar ambientada en un campo de exterminio, no se pueden esconder cosas, ni se pueden contar de otra manera. Pero a mí me gusta hablar de esta novela como una historia sobre el poder sanador y curativo de las palabras.

M.G.- Entre todos los personajes, aparece la sobrina de Gustav Mahler, Alma Rosé, que tiene mucho protagonismo en la novela.

R.M.- Alma Rosé era ya una violinista famosa cuando fue detenida y deportada a Auschwitz por la Gestapo. Ella era medio judía por su abuela. Entró directamente en el bloque 10, donde se hacían los experimentos de Menguele. Estaba condenada a muerte e iba  ser enviada a la cámara de gas, cuando María Mandel, que era una gran amante de la música clásica, se entera de que Alma Rosé estaba allí. La mandó llamar, la salvó de una muerte segura y la puso al frente de su orquesta de mujeres. Con ella al cargo de la orquesta, esta se volvió casi profesional. La orquesta estaba compuesta por cuarenta y siete mujeres, y Rosé salvó a muchas de ellas, o al menos garantizó su supervivencia durante más tiempo. 

M.G.- Esto de la orquesta de mujeres era una de las cosas que yo desconocía. Pero es muy sorprendente ver a los nazis embelesados con la música, mostrando una gran sensibilidad y luego, tan poca empatía con el ser humano.

R.M.- María Mandel era incapaz de sentir empatía por nadie. A los recién nacidos los estrellaba contra la pared de los barracones. No tenía piedad ni mala conciencia porque ella alegaba que estaba cumpliendo órdenes. Incluso llegaba a la excitación sexual observando cómo Menguele llevaba a cabo los experimentos médicos que, en realidad eran sesiones de tortura. ¿Cómo alguien que hacía estas cosas, podía llegar a emocionarse hasta la lágrima con la música clásica? Ella se emocionaba escuchado un aria del Madame Butterfly de Puccini. Y lo mismo le pasaba a Menguele que solía decir que, Schubert le llegaba al corazón, cuando acababa de mandar a la muerte a mil o dos mil personas. Esa contradicción era algo muy habitual en casi todos los oficiales de la SS.

M.G.- La documentación habrá sido apasionante. 

R.M.- Sí, y extensa porque sobre el Holocausto y Auschwitz hay mucha información. He consultado las actas del juicio contra María Mandel, en el Tribunal de Cracovia, porque son públicas. Hay muchas fuentes y puedes acudir a ellas. En cada una, descubres cosas nuevas porque no todo está contado. Ya te he comentado alguna vez que la documentación es la parte que más disfruto. Me gusta indagar y que una cosa me lleve a otra.

M.G.- El grueso de la novela transcurre en Auschwitz, en el pasado, pero el inicio y el final de la historia tiene lugar en un pasado más reciente, en 1980, con la hija de Ella. 

R.M.- Siempre he entendido que la Historia, y sobre todo con momentos como el Holocausto, manda una postal al presente desde el pasado, para advertirnos de ciertas cosas. Este año se conmemora el 75 aniversario de la liberación de Auchwitz, pero aquello que provocó la construcción de aquel campo sigue en nuestro tejido social. Es decir, el odio, la maldad, la intolerancia, el racismo,... Todo eso no nació en Auschwitz, ni tampoco quedó enterrado allí. Por eso, hay que estar ojo avizor porque puede volver a ocurrir. De ahí que haya elegido una frase de Primo Levi para abrir la novela porque es muy reveladora:


"Ocurrió. En consecuencia puede volver a ocurrir. Esto es la esencia de lo que tenemos que decir. Puede ocurrir, y puede ocurrir en cualquier lugar."

Ese es el peligro que corremos porque pensamos que sabemos mucho de Auschwitz. Sin embargo, cuando escucho que el 30% de los europeos no sabe lo que fue aquel campo de exterminio, o que uno de cada tres jóvenes europeos desconoce lo que fue el Holocausto, me preocupo. Y eso es en Europa. Porque en Estados Unidos las cifras aumentan. Lo más grave es que el 36% de los milenials, es decir, esos jóvenes que van a construir el futuro no tienen ni idea de quien fue Hitler. Y no será porque no hay documentación, películas, libros,.. Por todo esto que hablamos quise que la novela empezará con Bella, la hija de Ella, que, a los 37 años, recibe una caja de postales con fotografías de gente que no conoce, pero sí reconoce la caligrafía de su madre. Leyendo esas postales, Bella descubre el gran secreto que le había ocultado su madre, fallecida recientemente por Alzhéimer. Fíjate qué contradicción. Ella se pasó la vida resguardando la memoria de otros y al final termina sufriendo la enfermedad del olvido.

M.G.- Muy triste. Desde luego, Postales del Este es una historia dura pero también preciosa que hay que leer.

R.M.- Sí, es dura porque se cuenta lo que ocurrió en aquel lugar de horror, pero también está escrita con respeto y recogimiento, para que el lector no tenga que cerrar la novela.

M.G.- Creo que todos los lectores que empiecen a leerla van a sentir muchas ganas de conocer lo que ocurrió con Ella, así que no la cerrarán. 

Reyes, no te quiero robar más tiempo. Te agradezco mucho que me hayas atendido y espero verte en persona con la próxima historia.

R.M.- Sí, porque tengo muchas ganas de estar en contacto con los lectores. 

M.G.- Nos vemos con la próxima, entonces. Muchas gracias.

R.M.- Muchas gracias a ti.


Sinopsis: En septiembre de 1943, la joven Ella llega prisionera al campo de concentración de Auschwitz, desde Francia. La jefa del campo de mujeres, la sanguinaria SS María Mandel, apodada la Bestia, descubre que su caligrafía es perfecta y la incorpora como copista en la Orquesta de Mujeres. Gracias a su conocimiento de idiomas, Ella comienza a trabajar en el Bloque Kanadá donde encuentra numerosas postales y fotografías en los equipajes de los deportados, y decide escribir en ellas sus historias para que nadie olvide quiénes fueron. Mientras forma lazos de amistad con las presas, sobrevive a la maldad de sus captores y evita que descubran su particular resistencia hecha a golpe de palabras, una rebelión se gesta entre los presos que amenaza aún más su vida y la del hombre que ama, Joska.

Casi cuarenta años después, la joven Bella recibe una caja llena de postales. «Son postales que tu madre escribió cuando estuvo en el Este. Así las llamó: Postales del Este. Ella quería que las leyeras a su debido tiempo. Y ese tiempo es ahora.»

Combinando ficción con personajes históricos como Josef Mengele, Heinrich Himmler, Irma Grese, Rudolf Hoss, Ana Frank o Alma Rosé, Reyes Monforte regresa al género que le ha consagrado como autora. Ricamente documentada y escrita con pasión y emotividad, ha firmado su obra más ambiciosa: una historia sobre el poder liberador de las palabras, en el 75 aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz.




lunes, 22 de junio de 2020

ALBERTO CLOSAS. A UN PASO DE LAS ESTRELLAS de Francis Closas y Silvia Farriol

Editorial: Cátedra
Colección Signo e Imagen
Fecha publicación: Junio 2020
Precio: 18,00 €
Nº Páginas:  400
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788437641331

Autor

Francis Closas y Silvia Farriol

Sinopsis

Este libro es algo más que una biografía de Alberto Closas. Pretende, en primer lugar, subsanar la inexistencia de una recopilación exhaustiva de su actividad teatral y cinematográfica, así como aclarar cuál fue su origen, ya que mucha gente le cree nacido en Madrid o incluso en Argentina. En segundo lugar, reivindicar la memoria de su padre, Rafael Closas, comprometido con la causa republicana desde varios puestos de responsabilidad en la Generalitat de Catalunya bajo la presidencia de Francesc Macià, hasta el de Conseller en el último gobierno de Lluís Companys en 1938. Ese fue el detonante que provocó el exilio de toda la familia a Francia, en enero de 1939, y posteriormente el de los dos hermanos mayores a Argentina desde París. Su labor se desarrolló siempre en la sombra, lejos de la notoriedad pública. Y su memoria no debe perderse lentamente entre el olvido y la melancolía. Esta es, pues, también una historia del exilio que padeció una familia que, como tantas otras, sufrió la derrota que, tras la Guerra Civil, dispersó como un vendaval a tantos habitantes de un país dividido y humillado en el que, en realidad, todos perdieron. En este caso, para uno de sus miembros por lo menos, Alberto Closas, el éxito acompañó su deambular y acabó como una historia de triunfos y reconocimientos. La magnitud del archivo familiar ha permitido a los sobrinos Francis y Silvia la reconstrucción de un período histórico de una ciudad y de un país y entresacar lo mejor de las personas y los personajes, dibujando con sus luces, y también con algunas de sus sombras, un retrato lo más exacto posible de un hombre y su circunstancia, particular y común, propia e intransferible, especial y general. Una vida más, ni más ni tampoco menos.


[Información tomada directamente del ejemplar]


Hoy vengo con una propuesta muy diferente. Este lunes dejo de lado la novela, el relato, la poesía o el ensayo, y me centro en la biografía, un género al que me asomo mucho menos de lo que me gustaría. En esta ocasión, a mi interés por conocer más en profundidad a una persona destacada de algún ámbito, se une mi pasión por cine. Me gusta el séptimo arte por todos y cada uno de sus lados. Siento debilidad por las películas antiguas, aquellas en blanco y negro que se hacían con poco presupuesto, y también por las super producciones actuales. Me gusta el cine americano, el británico, el francés, el argentino,... pero también, cómo no, el español. Los thrillers españoles me seducen y las comedias me entretienen. Me gusta incluso aquel cine casposo, machista, retrógrado, en el que todo se reducía a una trama llena de estereotipos. Aquel cine era reflejo de su época, de una forma de vivir, de unos tiempos en los que la mujer quedaba reducida a un papel nimio y cuestionable. Y más aún, si se trataba de películas del destape. José Luis López Vázquez, Florinda Chico, Alfredo Landa, Gracita Morales, Paco Martínez Soria, Mari Carrillo, Tony Leblanc, Josele Román, Antonio Ozores, Rafaela Aparicio han llenado esos días de mi vida en los que todo me salía mal. Os prometo que, en un día gris, películas como Abuelo made in Spain, Recluta con niño o No desearás al vecino del quinto han conseguido sacarme alguna sonrisa y animarme la jornada. Hay largometrajes que me sé de memoria y, aún así, siempre me surten efecto. 

Entre todos esos actores, no podía faltar el galán Alberto Closas, tan alto, tan guapo, con esa sonrisa tan luminosa. Me encantan algunas de sus películas como La familia, bien gracias, La familia y uno más, Muerte de un ciclista o Las viudas. Estas películas son lo que son, pero a mí siempre me han entretenido y con eso me ha bastado. Por eso, y aun alejándome mucho de lo que acostumbro a leer, me apetecía empaparme de su biografía, saber más de aquel actor que protagonizó más de sesenta películas, y compaginó el cine con el teatro y la radio. Así que, a  pesar de que es un libro que gustará a un pequeño grupo de lectores, hoy vengo a hablaros de Alberto Closas. A un paso de las estrellas, escrito por Francis Closas, sobrino del actor, y Silvia Farriol.

Alberto Closas. A un paso de las estrellas, editado por Cátedra, hace un repaso a la vida del actor. Nace en Barcelona, el 30 de octubre de 1921, aunque estudió fuera de España y tuvo que exiliarse con su familia. Para reconstruir su vida, los autores han contado con la colaboración de diversas voces que han aportado sus recuerdos y anécdotas, todas ellas mencionadas en la nota de Agradecimiento, entre las que figuran Julia Gutiérrez Caba y Carlos Hipólito. Pero esta biografía también se compone de fragmentos de entrevistas que el actor concedió a diversas publicaciones de la época, como Semana, y que se transcriben literalmente; o a cartas enviadas a sus padres, o recibidas por ellos, que la familia ha guardado todos estos años. 

Con un prólogo a cargo de Eduardo Mendozaque conoció al actor a través de amistades comunes, el escritor define a Closas como "Un hombre de buena planta, no solo guapo, sino lo que en otra época se llamaba apuesto, de una elegancia fácil y espontánea, simpático y desenvuelto". Siempre fue un actor que brilló por una elegancia y buen gusto exquisito, y eso se percibe en cualquiera de sus películas. Sin embargo, ese porte era algo natural, que veníamos dentro y fuera de la pantalla, como podemos apreciar por las muchísimas fotografías que se incluyen en el texto, instantáneas que muestran al actor desde bien pequeño hasta los 72 años, edad con la que murió a causa de un cáncer de pulmón, en 1994. Hay una foto preciosa, tomada en 1993, en la que se le ve junto a su última pareja, luciendo un pañuelo anudado al cuello, con un estilo muy informal, y sin perder un ápice de clase.




Tras una introducción, el lector se enfrenta a siete grandes capítulos, que engloban toda su existencia, desde 1921 a 1994. Encontraremos un repaso a sus orígenes, el contexto político y social de Barcelona en los tiempos del nacimiento del actor, la relación de su padre, Rafael Closas, con la política, y sus estudios en París. Porque Alberto Closas no vino al mundo en el seno de una familia humilde. Nació en la calle Trafalgar de Barcelona, una vía elegante aunque no ostentosa, sino más bien discreta. Y como llegó a una familia de posibles, lo mandaron a estudiar a París. El estallido de la guerra civil trajo complicaciones a la familia, muy vinculada con la República, por lo que, tras la victoria de las tropas nacionales, los Closa tuvieron que hacer las maletas y marcharse al exilio.

El segundo bloque del libro se centra en los años en los que Alberto Closa pasó entre Chile, Uruguay y Argentina, intentando abrirse camino. Es una etapa del actor que desconocía por completo. No había oído jamás que su carrera como actor se iniciara en Latinoamérica. En Santiago de Chile entró a formar parte de la escuela de arte dramático de Margarita Xirgú, una actriz catalana que montaba obras teatrales basadas en los libretos de Federico García Lorca. Closas consiguió debutar en el cine argentino, consagrándose entre los años 1942 y 1946. 

No fue hasta los años 50 cuando Alberto Closas vuelve a pisar suelo español para afincarse en su país de nacimiento. A partir de aquí, el libro se centra en la vida del actor década a década, destacando no solo las películas y las obras teatrales en las en que participaba, sino todo lo relativo a su vida personal. Se hace repaso a todas las mujeres con las que compartió su vida como Amelia Bence, Marisa Martínez, la única con la que tuvo hijos, o Águeda de la Pisa, a la que se unió cuando ya tenía cierta edad, y que fue su último amor. Y, como no podía ser de otro modo, tratándose de un actor, el último capítulo se titula Abajo el telón, mencionando que, sus últimas apariciones fueron en la famosa serie Farmacia de guardia, junto a Carlos Larrañaga y Concha Cuetos.

Varios anexos culminan este volumen. Por un lado, la opinión que compañeros de profesión y personas vinculadas con el cine, tenían de Alberto Closas, como Emilio Gutiérrez Caba o José Sacristán. Le seguirá la cronología de sus obras, su discografía (sí, yo tampoco sabía que había grabado discos), los premios y distinciones, y otra serie de añadiduras que enriquecen la biografía del actor. 




Como dije antes, sé que Alberto Closas. A un paso de las estrellas no es un libro para todo tipo de lectores. Sé que se aleja mucho de los gustos de los que pasáis por aquí, pero a veces también resulta interesante meterse en otros jardines. A mí me parece un regalo ideal para los amantes del cine, en general, o para esos padres y abuelos que tenían nuestra edad cuando Closas estrenaba sus películas. Como os digo, a mí me ha gustado mucho leer sobre la vida del actor, un rostro que me ha acompañado en muchos momentos sentada frente al televisor, que me ha hecho reír, y cuyas películas me han entretenido muchísimo. Una propuesta diferente para este verano.





[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

viernes, 19 de junio de 2020

EL PACIENTE SIEMPRE LLAMA DOS VECES de Enfermera Saturada

megustaleer - El paciente siempre llama dos veces -  Enfermera Saturada
Editorial: Plaza & Janés
Fecha publicación: Octubre 2018
Precio: 11,90 €
Género: Humor
Edición: ilustrada
Nº Páginas:  128
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 97884401031205
Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]


Autor

Enfermera Saturada se define como una enfermera española que busca hacerse un hueco en la sanidad. Empieza los turnos en planta, baja a la UCI, sube a prematuros y termina en urgencias. Esta enfermera se maneja como pocas en las redes sociales, desde donde a diario decenas de miles de personas ven cómo repasa, con humor y descaro, la actualidad de su hospital y la de cualquier hospital de España.

Sinopsis

¿En serio creías que Satu ya lo había contado todo? Las aventuras de nuestra enfermera favorita continúan. Porque los pacientes siempre llaman dos veces, pero la mujer de la bolsa de empleo solo una, y más te vale estar atenta.

El suero se ha terminado, las bombas han dejado de pitar y a Satu le toca despertar del que había sido el mejor contrato de verano, o no. Porque la vida de una enfermera da más vueltas que un vendaje compresivo, y los caminos del cuidado nunca sabes por dónde te van a llevar.

Bienvenidas una vez más al mundo de la enfermería con humor. Bienvenidas a la aventura de vivir en primera persona la profesión más bonita del mundo.

[Información tomada directamente del ejemplar]



megustaleer - El guardián entre el ibuprofeno -  Enfermera SaturadaEntre mis lecturas de humor se encuentran tres o cuatro autores incondicionales y Enfermera saturada es una de ellas. Hasta la fecha, he leído y reseñado cuatro títulos de toda la colección: La vida es suero, El tiempo entre suturas, Las uvis de la ira y Suero de una noche de verano. Consciente de que aún me quedan dos títulos más y que acaba de publicar El Guardián entre el Ibuprofeno, es hora de ponerse al día con los que están aún pendientes. Así que, hoy vengo con El paciente siempre llama dos veces

Los libros de Enfermera Saturada siempre portan un título en clave de homenaje a la literatura. Desconozco su intencionalidad circunstancia pero, más allá del sentido cómico, quizá sirva como nexo de unión entre el humor y la seriedad de lo que se acostumbra a llamar Literatura (con mayúsculas). Porque, el humor, con lo importante que es, no siempre ocupa el lugar que le corresponde en el universo de los géneros. Y no entiendo muy bien por qué. Siempre he pensado que es mucho más difícil hacer reír, que hacer llorar y, por lo tanto, un libro de humor debe ser reconocido como se merece. En cualquier caso, yo jamás digo no a un libro de Enfermera Saturada. Son de consumo inmediato y de fácil digestión. 

En El paciente siempre llama dos veces, Enfermera Saturada vuelve a cogernos de la mano para adentrarnos en el mundo de la sanidad. Más concretamente, en el de la enfermería, lo que para mí siempre ha sido la guardia de asalto de los médicos. El cuerpo de enfermería está en primera línea de batalla, es el que más contacto tiene con el paciente y al que más ve la persona enferma. Aún a riesgo de parecer pesada, por hablar tantas veces de mi madre en este espacio, quiero contaros algo muy personal. En su último ingreso, cuando la pobre ya no podía más, a primerísima hora de la mañana y tras el cambio de turno, entró en su habitación una enfermera para evaluar cómo se encontraba mi madre. La vio mal. Lo estaba. Me miró y me dijo: "Voy a hablar con el médico. La veo muy mal y no vamos a permitir que sufra". A mí aquello me cayó como un jarro de agua fría. El mundo se me vino abajo. Aquella enfermera me estaba diciendo que ya no había nada más que hacer, a pesar de que el médico me había dicho el día antes, que tal y que cual. A mis palabras, ella respondió: "El médico viene a hacer su visita y está aquí quince minutos, a lo sumo. Pero somos nosotros, las enfermeras y los enfermeros, los que sabemos cómo es su hora a hora, su minuto a minuto, su segundo a segundo. Y yo no voy a dejar que tu madre lo pase mal. Sé que es duro para ti, pero es lo mejor". Y eso hizo, habló con el médico, que volvió a evaluarla, y ella descansó en paz. No he olvidado los ojos de aquella mujer, que me habló con tanta claridad, pero también con tanta ternura. Cada día que recuerdo aquellas palabras, siento que tenía razón. El médico hace la visita, evalúa, da instrucciones y se va. Pero es el cuerpo de enfermería el que está ahí 24 horas al día, al que el familiar acude cada vez que la angustia le roba el oxígeno, el que posibilita un mínimo de dignidad al paciente en la lucha contra su enfermedad.

Pero dejémonos de cosas serias y tristes, y vayamos al libro que está cargadísimo de humor, y también de ternura. De hecho, nada más abrir sus páginas, vamos a encontrar una breve introducción, que no por ser breve es menos hermosa. En ella se habla con mucho cariño de la relación de confianza y reciprocidad que se establece entre el paciente y el enfermero, de cómo los cuidados de uno son pagados con las sonrisas del otro. Son apenas unas líneas, pero evidencian el amor que el autor, en la piel de Satu, siente por su profesión.

A partir de aquí, el libro se estructura en cuatro capítulos donde Satu, nuestra Satu, nos cuenta en primera persona algunas de sus vivencias. Nos hablará de los pacientes escapistas, es decir, de esos que burlan todo tipo de vigilancia y salen por la puerta del hospital porque tienen que atender sus cosas fuera, pero que luego regresan, como si no hubiera pasado nada. También nos contará su experiencia con las estudiantes de enfermería en prácticas, sus meses como enfermera en un colegio, el apoyo que se prestan mutuamente los compañeros, o los contratos tan precarios que tienen. Y es que, nuestra Satu, aún no ha obtenido plaza y es frecuente que la veamos angustiada porque pasa un día y otro día, sin que la llamen de la bolsa de empleo. 

Pero el humor deja, a veces, espacio a reflexiones más serias, como cuando denuncia el favoritismo que se produce en la bolsa, los baremos injustos o las zancadillas que algún compañero puede ponerle. Porque, a pesar de que aquella enfermera que velaba por mi madre era un ángel, también las había que dejaban el tridente y los cuernos en la taquilla, antes de comenzar el turno.  De todo hay en la viña del Señor, como se suele decir. Y, de esas partes más trascendentales, me decanto por ese alegato que Satu hace en favor de las auxiliares de enfermería, apoyo imprescindible para los enfermeros. Me ha parecido un gesto precioso, que deja de lado la estructura jerárquica. Todo el personal sanitario debería conformar una unidad compacta, en el que no primara los estatus jerárquicos y las distintas categorías, especialmente porque ellos tienen entre las manos la salud de una persona.

El paciente siempre llama dos veces cuenta con consejos a los compañeros del sector, con una carta dirigida a una recién graduada (o graduado) y un epílogo en el que se aborda el duro tema de la muerte. La visión de una persona que convive a diario con la dama de negro es sumamente interesante y estoy segura de que tiene una percepción muy distinta a la del resto de personas que no pertenecemos al sector sanitario. En este epílogo, Satu reflexiona sobre cómo el hombre acostumbra a enfrentarse a su final, y defiende el derecho a una muerte digna, con un buen sistema de cuidados paliativos. Sus palabras me han hecho pensar mucho. 

Por último, el libro tiene un anexo final en el que nos regala unas cuantas actividades, como una sopa de letras o un peculiar bingo, recursos simpáticos que ponen un divertido broche final al libro.

Como personajes recurrentes y que asoman un poquito, tenemos las vecinas de Satu, a las que ella llama las EnferMerys, tres residentes de enfermería que viven en el piso de arriba. Y por supuesto, no podía faltar la mujer de la bolsa de empleo, tan parca siempre en palabras y tan seca, que lleva a nuestra Satu por la calle de la amargura pero que, a la vez, le da alguna buena noticia de vez en cuando. 

En el libro podemos encontrar términos propios de la profesión, como "artefactar" y "telemetría", que no te hacen falta saber qué son ni qué significan, porque no afecta a la historia y, en cualquier caso, es fácil de deducir el significado por el contexto. Pero esto no quiere decir que el libro esté únicamente dirigido a trabajadores del sector sanitario. Ya veis que todo tipo de lector puede asomarse a este mudo y pasarlo bien. 

Acercándonos al final de esta reseña, quisiera hacer un aparte para hablaros de las ilustraciones, de las que jamás he mencionado nada en las reseñas anteriores. Craso error, y por ello pido disculpas a Clara Lousa, encargada de dar color a las palabras de Satu desde el primer libro.  Ella es la que pone rostro a esta enfermera tan chisposa. Siempre la ha dibujado como una chica joven, muy moderna y desenfada que se aleja muchísimo de la conocidísima Florence Nightingale, cuya presencia flota siempre entre los libros de Satu. Ilustraciones en tonos pastel, donde destacan el verde menta (en honor a buena parte de la indumentaria sanitaria), junto con el blanco. Solo en la sección de actividades vamos a encontrar una paleta de colores algo  más amplia.

En definitiva, con mucho humor, mucho desparpajo y mucha ternura. Satu vuelve a ponernos un sonrisa en los labios con este nuevo libro. El paciente siempre llama dos veces te lo va a hacer pasar bien, te vas a reír con las ocurrencias de Satu, y te va a dejar un regusto muy dulce. ¿Qué más se puede pedir? Yo seguiré siendo fiel a esta enfermera, y en unos días me lanzo a devorar otro de sus libros, El silencio de los goteros, el último que me falta antes de su última publicación.

Por cierto, si aún no sabéis quién se esconde detrás del seudónimo Enfermera Saturada os contaré que se trata de Héctor Castiñeira, un enfermero gallego que ha ido recogiendo todas sus vivencias en el sector sanitario de la pública. Decidió volcarlas en un blog primero y luego autopublicar en Amazon. Aquello le abrió las puertas de la editorial Plaza & Janés, con la que ha publicado hasta la fecha siete volúmenes. En 2017 tuve la oportunidad de entrevistarlo, cuando publicó Suero de una noche de verano. Te dejo la entrevista aquí, por si te apetece saber más sobre él.




Y añado que es interesante seguirlo en redes sociales porque, en estos tiempos de pandemia, nos ha mantenido informados con veracidad, nos ha dado consejos, y nos ha ofrecido muchas sugerencias, siempre desde su profesionalidad, con criterio y honestidad. 





[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 18 de junio de 2020

NANDO LÓPEZ: 'En esta sociedad, la nostalgia se ha vuelto una moda'.

El martes tuve la oportunidad de conversar con Nando López. Novelista y dramaturgo, López acaba de publicar una nueva novela, para adultos, que lleva por título Hasta pronto, Peter Pan (Espasa). Con una cubierta que recuerda a los cómics de Tintín, el autor construye una novela generacional, con la que pretende hacer un retrato sobre los nacidos en los años ochenta, aunque todo lector podrá verse reflejado en esta historia. 

David, un director de cine con algún traspiés profesional, tendrá que salir de su burbuja y enfrentarse a la realidad que se le presenta. Su novia lo acaba de abandonar después de una década de relación, su hermana Bea sigue asciendo en su trabajo, lo que pone a David en una situación algo incómoda y, además, tendrá que hacerse cargo de su sobrino Unai, un adolescente que calla aunque tiene mucho que contar. 

Con mucho humor pero con la intención de poner sobre la mesa temas tan profundos y actuales, como el bullying o el maltrato, y otros como la nostalgia y el presente, Nando López nos presenta una novela luminosa que nos va a obligar a mirarnos en un espejo. 

Nando.jpgM.G.- Nando, me quedan unas cien páginas para acabar tu libro. Soy más mayor que tus protagonistas. Ya he alcanzado los 50 años, pero me he podido sentir bastante identificada con lo que nos narras. 

Nando L.- Es que, en el fondo, es una historia muy atemporal.

M.G.- Pues sí. Pero antes de meternos de lleno en la novela, me gusta siempre preguntar por la trayectoria del autor. En tu caso, eres una persona muy polifacética, que ha escrito juvenil, adulto, eres dramaturgo, adaptas clásicos, algo que me parece precioso. Claro, con tantos frentes, ¿no te cuesta trabajo cambiar el chip de una vertiente a otra?

N.L.- No, no, al revés. Me divierte mucho meterme en tantos registros. Para mí es un aliciente que me permite afrontar varios retos. Me gusta mucho poder compaginar mi vertiente de novelista con la de dramaturgo. Evidentemente, como novelista trabajo en soledad, pero como dramaturgo trabajo en equipo. Así que, involucrarme en un proyecto teatral es una manera de romper esa soledad del novelista. 

Con respecto a la novela juvenil y adulta, solo varía el tipo de historia, pero no mi forma de escribir.  Suelo prestar mucha atención a la estructura. Mi literatura juvenil es tan compleja como la adulta. No considero que haya que escribir de distinta forma para los adolescentes. Sería como subestimarlos. 

En esta novela he querido mezclar todo lo que soy. Está mi vertiente de novelista, pero también la de dramaturgo. Por eso hay capítulos que son como un guion de cine. Y por otra parte, también hay guiño al mundo juvenil en la figura de Unai, un personaje que tiene mucha importancia en el libro. Al escribir, lo que intento es romper etiquetas, que tenemos muchas, porque la literatura es mucho más libre.

M.G.- Pero háblame de cómo surge este libro. 

N.L.- Quería escribir una historia que hablara de lo importante que es mirar lo pequeño, de valorar el presente. Se podría decir que es una novela carpe diem. En esta sociedad, la nostalgia se ha vuelto una moda. Mi generación, los que nacimos en los setenta u ochenta, somos muy nostálgicos. Con treinta años todavía echábamos de menos la E.G.B. Es algo muy llamativo. Esa nostalgia es muy inmovilista porque te paraliza, que es lo que le ocurre al protagonista al principio de la novela. Pero no debemos olvidar lo importante que es disfrutar el ahora y, sobre todo, afrontar nuevas etapas. No hay que tenerle miedo a seguir creciendo, a seguir experimentando. Y por eso se titula así. Con Hasta nunca, Peter Pan no quiero decir que haya que rechazar a Peter Pan que llevamos dentro. Yo tengo mucho de adolescente y espero tenerlo siempre, pero hay que avanzar y abrirse a los demás. Hay que quererse a uno mismo, pero también es importarte querer a los demás. Peter Pan es un personaje muy egoísta. Solo le interesa él mismo. David parte de ese egoísmo y la vida le va a hacer cambiar con tres situaciones a las que tiene que hacer frente: el abandono de su novia Marta, el cuidado de su sobrino Unai y el trabajo junto a Laura, su nueva jefa. David tendrá que tomar decisiones, tendrá que avanzar, y salir de ese lugar cómodo en el que se ha instalado, y desde donde responsabiliza a los demás de lo que le va mal. 

M.G.- El mundo LGTBI, el maltrato, la infidelidad, el abandono… Esta es una novela que tiene su pizca de humor pero que trata temas muy rotundos.

N.L.- Sí, quería tratar temas serios con una mirada irónica. El humor es un gran recurso para lo serio. Acostumbro a usar el humor en el teatro, pero, en literatura, tiendo a la novela negra, a la novela policíaca, a la intimista. En este caso, quería una novela donde hubiera mucha ironía, mucho humor, donde me riera de mi generación y de mí mismo. Por eso la forma es tan libre, con mezcla de lenguajes. Incluso aparece un narrador que se pelea con su personaje. Todo ello para hacer un pequeño guiño a la novela cervantina porque es un libro que vamos leyendo a la vez que vemos cómo se va escribiendo. 

M.G.- Es que la novela parece un borrador de un producto final que todavía no se ha materializado.

N.L.- Exacto. De alguna manera quería que el lector viviera el proceso de escritura. Antes de escribir un libro, pienso mucho en el cómo. Es importante determinar cómo vas a contar la historia y a mí me gustaba la idea de ir escribiéndola, a la vez que se fuera leyendo. Para ello, David le entrega sus notas al narrador, pero el narrador duda de lo que está escribiendo y, a la vez, el personaje nos entrega páginas de un guion en el que está trabajando pero que no llega a terminar. Todo esto ayuda a que el lector se meta en este mundo y vea las costuras del proceso. Además, quería plantear hasta qué punto recordamos lo que hemos vivido como fue realmente o, si bien, lo único que hacemos es inventarnos los hechos. 

M.G.- Bueno, David quiere contarnos su vida, un poco para decirnos que no estamos solos y que al fin y al cabo, nuestras vidas son similares. Lo hace a través de unos cuadernos de notas, y con la ayuda de un amigo escritor, que se llama Fer, y que será el que se encargue de la redacción. Este Fer tiene mucho parecido contigo, Nando.

N.L.- (Risas) Me ha gustado lo que dices, que David quiere contar esta historia porque cree que es la de mucha gente, y básicamente es el mismo motivo por el que yo he querido escribir esta novela. Al final, es una novela que habla de un tema universal, de la distancia entre lo que soñamos ser y lo que somos. Por eso empleo la metáfora del cine y de la mitología para hablar de ese sueño ideal, en el que queríamos convertir nuestra vida, y que no se parece en nada a la real. Nos obcecamos tanto en lo que hemos soñado, que no somos capaces de valorar lo que hemos conseguido.

Y sí, ese Fer se parece mucho a mí. Ha escrito algunos libros que realmente he escrito yo. Me apetecía mucho entrar en esta novela como un personaje más. Con David comparto generación pero no es mi alter ego. Con este recurso, hago un guiño a la autoficción, un género que está muy en boga. Además, creo mucha ambigüedad. Me han preguntado si David existe y si puedo enseñar sus cuadernos. Me divierte muchísimo porque eso implica que la literatura todavía nos seduce hasta ese punto. [Confieso que yo también lo pensé, pero esto no se lo dije al autor]

M.G.- Pero bueno, también compartes gustos con David. No hay más que ver las fotos de tus redes sociales, en las que te vemos con las maquetas de Lego. 

N.L.- Totalmente. Alguien me ha dicho que es la novela en la que más veces me ha encontrado. Soy muy fan de la gente que colecciona Legos, Playmobil, Funkos,... Pero con David no comparto esa mirada hacia atrás, esa que le hace pensar que lo pasado siempre fue mejor. Yo pienso todo lo contrario, que lo mejor siempre está por venir.

M.G.- Nando, esta novela es prácticamente una guía de cine.

N.L.- Me he divertido muchísimo con los gustos cinéfilos de mis personajes. Hay un debate entre David y su jefa. Él defiende Boyhood y Laura, La gran belleza. Confieso que yo defiendo las dos, pero me ha parecido muy divertido dividirme entre ambos y generar un debate cinematográfico. 

Lógicamente, las referencias de cine que aparecen son las mías. Es más, espero que a mucha gente le apetezca revisionar esas películas o verlas por primera vez.

M.G.- Yo empecé a apuntarlas pero hay tantas que dejé de hacerlo y volveré a repasar el texto cuando acabe la lectura. ¿Cuántas películas mencionas? ¿Lo has llegado a contar?

N.L.- No, no... Pero tengo un lector que se ha molestado en buscar una canción de la banda sonora de cada película, y ha hecho una playlist en Spotify, a modo de banda sonora de la novela. Creo que hay un total de cien canciones, así que debe de haber unas cien películas. 

Ya que David aspira a ser director de cine, me gustaba la idea de que el cine estuviera dentro de la novela. El cine tiene mucho que ver con nuestras expectativas. Nuestra manera de entender el amor está muy conectada con las películas que hemos visto. Como nos hayan contado grandes mentiras, es probable que hayamos sufrido mucho. Solemos buscar los referentes en la gran pantalla. Hay generaciones, como la mía, que hemos vivido nuestra educación emocional con el cine.

M.G.- Yo tengo que ver algunas que mencionas porque me has picado la curiosidad. Las apuntaré todas.

N.L.- Eso es maravilloso. A mí como lector me gustan los libros que me invitan luego a escuchar música, a ver películas. Por eso en mis libros siempre me gusta meter referencias, y siempre de una estética muy pop. Un libro puede ser una ventana a más libros, películas, canciones. Todo esto es importante porque el personaje se define por sus referencias.

M.G.- David se permite el lujo de hacer ciertas críticas al séptimo arte, hablando de esos pésimos actores que están endiosados o de los directores sobre valorados.

N.L.- En este caso es un símbolo. Quería reflexionar sobre el papel de la cultura, que es esencial en nuestra vida. Lo hemos vivido en esta cuarentena, donde nos ha ayudado tanto. Pero, a veces, los creadores nos olvidamos de que no deja de ser un oficio más. Me preocupa mucho el endiosamiento, el hermetismo, el alejarse de la realidad. Es un riesgo que se corre en la cultura porque, el hecho de estar visible y estar de cara al público, puede provocar que nos creamos demasiado lo bueno, y eso puede traer problemas tanto en nuestra forma de ser como en nuestra forma de comportarnos. El endiosamiento no me interesa en absoluto, ni el snobismo. Prefiero una cultura más apegada a la realidad, más comprometida. Es peligroso que nos convirtamos en un sector muy endogámico.



M.G.- Para construir la vida de David, ese narrador que se parece a ti, tiene acceso a la opinión que otros personajes - su exnovia, su hermana, su sobrino- van dando sobre el protagonista. ¿Qué aporta cada uno de ellos a ese retrato que haces de David?

N.L.- Muy buena pregunta. Aportan una dimensión diferente al personaje. En realidad, es una metáfora de todas las aristas que confluyen en nuestra vida. Si nosotros contamos nuestra vida, la contamos desde el "yo", o solo contamos una faceta. Sin embargo, somos mucho más. Somos hijos, hermanos, amigos, parejas, exparejas... Quería que, en esta novela, la vida del protagonista se construyera desde todos las miradas que hay en él. No es lo mismo el David, tío de Unai; que el David, expareja de Marta; que el David que trabaja para Laura. Ese enfoque me ha servido para hablar de cómo somos varias personas en una sola y de cómo no encajamos en la imagen que los demás tienen de nosotros. Nos ven de una manera, y esa visión generalmente no corresponde con lo que creemos que somos. Ese juego de la identidad me interesa mucho y suele aparecer en todo lo que escribo.

Tampoco me gustan los personajes planos. Prefiero esos que tienen contradicciones. David tiene cosas muy egoístas y otras muy nobles.

M.G.- ¿Pero qué le pasa con las mujeres? Con 42 años, ha tenido muchas relaciones y ninguna le cuaja.

N.L.- A David le cuesta mucho comunicarse y sincerarse. Tiene un gran ego. Es lo que le dice Marta, su expareja, que su mundo ahoga el de ella. Él la malinterpreta. Cree que ella se refiere a los objetos de los que se rodea. Pero Marta quiere decirle que su yo pesa demasiado. Él sabe hablar en primera persona del singular, pero no en plural. Por eso, precisamente, era muy importante la llegada del sobrino. Que David tenga que convivir por obligación con Unai le va a obligar a pensar en ese plural, le va a hacer reflexionar y va a provocar que su relación con Laura empiece de otra manera y posiblemente avance. 

M.G.- Se suele decir que las mujeres maduramos antes que los hombres, que somos más maduras. Eso lo pensé en los primeros capítulos con respecto a Marta, pero luego me di cuenta que ni siquiera ella sabe lo que quiere. Desorienta mucho a David.

N.L.- Estoy muy en contra de los estereotipos de género. Tenemos muchos prejuicios todavía, y aunque las tres mujeres de esta novela -Bea, Marta y Laura- son muy fuertes, también tienen derecho a dudar, aunque sean mujeres. El estereotipo de chico perdido y mujer que no lo está es muy limitador, y encima es otro peso más para la mujer, que ni siquiera tiene derecho a estar perdida. Es parte de un discurso machista. 

Marta es un personaje muy generoso. Ella va a permitir que él crea que es David quien rompe, cuando es ella la que lo tiene claro.

M.G.-  Unai es el sobrino de David. Fuiste docente durante mucho tiempo. Sigues estando vinculado con los adolescentes porque das charlas en institutos. Imagino que todo este bagaje te habrá ayudado a construir a Unai.

N.L.- Sí, además tengo la suerte de que me escriben mucho y me cuentan muchas historias. Acabo de ganar el Premio Gran Angular de Literatura Juvenil, con La versión de Eric. Es una novela con personajes muy jóvenes, que está escrita a partir de correos reales que me han escrito adolescentes, quienes me conocieron por mis libros anteriores.

Unai es un personaje que me ha permitido dar visibilidad al LGTBI. Esta generación es mucho más libre. Aunque todavía les queda mucho por hacer, han dando pasos de gigantes con respecto a mi adolescencia. Es algo maravilloso. Y también me ha permitido hablar de temas horribles como el maltrato infantil y el bullying. Aunque, en este caso, desde la perspectiva contraria, desde la visión del que agrede a sus compañeros. Son temas complejos en un personaje como él, al que le cuesta expresarse, pero, a la vez es, muy generoso porque ayuda a crecer a su tío. Es un guiño a todos los adolescentes con los que he trabajado. Es una edad que me interesa porque quiero desmontar prejuicios sobre la adolescencia.

M.G.- Pero Nando, a veces los adultos nos quejamos de que no somos capaces de conectar con los jóvenes. Lo mismo a nuestros padres les pasaba lo mismo con nosotros. ¿Qué hacemos mal los adultos?

N.L.- En primer lugar, hemos idealizado nuestra adolescencia. Nosotros no nos comunicábamos más que ellos ahora. Creo que el problema está en que no creamos canales de escucha adecuados. El adolescente habla cuando quiere hablar, que es lo que le pasa a Unai. Ante nuestras preguntas viven una especie de interrogatorio, aunque no lo pretendamos así. También es importante buscar otros canales de comunicación. La pregunta no es qué tal tu vida o qué te está pasando, sino contarles cosas de la nuestra. Queremos sinceridad unidireccional pero si algo he aprendido trabajando con jóvenes es que ellos valoran mucho la justicia. No prestamos atención a los libros que leen ni a las series que ven. Hay que buscar un lugar más sutil que todas nuestras preguntas. Con esa actitud solo vamos a conseguir que se cierren en banda. En la novela, Unai se abre cuando percibe que su tío también se abre.

M.G.- ¿Y es Unai el personaje que más te ha llegado al corazón?

N.L.- Me han gustado todos. Evidentemente Unai tiene una historia detrás que es imposible que no te llegue, pero confieso que tengo debilidad por Laura y Miguel. Ella, porque es una mujer muy fuerte que oculta una historia muy complicada, y tiene una enorme relevancia en el libro. Y él, porque es el amigo por excelencia. Es la persona que representa la lealtad, sentimiento muy importante y cualidad muy rara. Miguel es el personaje que más páginas me ha robado. Tenía un papel mucho más pequeño pero, conforme lo iba descubriendo me fue ganando.

M.G.- No podemos dejar atrás a los padres de David, esos catedráticos de latín y griego. Me han resultado muy divertidas esas comidas familiares en las que los padres los explican todo echando manos de mitos y leyendas. En este libro, no solo aprendemos de cine sino también de mitología.

N.L.- (Risas) Los padres me dan pie a escenas muy cómicas, pero también ayudan a mostrar lo que pueden pesar las expectativas familiares. Tengas la edad que tengas, sientes que tus padres te van a seguir tratando como a un niño.

Con respecto a la mitología, creo que todas las familias cuentan con su propio lenguaje especial, sus propios códigos, sus propias repeticiones. En la familia de David todo gira alrededor de la mitología. Los padres le acusan de que siempre está con el cine pero en realidad, no se dan cuentan de que ellos están también con la mitología. 

M.G.- Pero tienes un dominio de la mitología bestial. Algunos mitos son muy conocidos pero otros, no tanto.

N.L.- Me doctoré en Filología Hispánica. Me gusta mucho la literatura clásica y la mitología. No quería contar mitos obvios, sino mitos menos conocidos. Pero  también quería explicarlos con humor, a través de las notas de pie de página. Era una manera de compartir algo que a mí me gusta mucho. Me estoy dando cuenta que, en realidad, tengo un poco de todos los personajes. Hasta de los personajes de David (Risas)

M.G.- Pues sí (risas). Y como has comentado, la estructura es algo peculiar. ¿La tenías pensada de antemano?

N.L.-  Lo que tenía pensado era ese juego entre la realidad y la ficción. Que el lector no supiera muy bien si estaba leyendo algo que era verdad o no. Para eso, la siguiente conclusión fue que tenía que mezclar materiales. Y ahí, me fui a Cervantes, mi gran referente. En El Quijote hay de todo. Mezclar fue la clave para generar ese proceso de escritura del que te hablaba antes. Tuve claro, desde el primer momento, que iba a inventarme un libro en el que íbamos a ir viendo las costuras, como te he dicho, cómo se iban a ir cosiendo los capítulos, para que el lector sintiera la veracidad de esta historia. Por otro lado, también tenía muy claro que quería jugar con la ironía. No quería un libro que pareciera trascendente sino que tratara de temas trascendentes y que, al mismo tiempo, fuera ligero. Esta novela es un libro fácil de leer, pero también deja poso e invita a la reflexión. 

M.G.- Como reclamo, la editorial vincula el libro con la serie Friends. ¿Cómo ves esa conexión?

N.L.- Bueno es una serie protagonizada por un grupo de amigos, como le ocurre a la novela. Y también hablaba sobre temas muy importantes como la amistad, la familia, el crecer,... y todo desde el humor. Lo mismo que en este libro, aunque sean dos historias diferentes. 

Friends es la serie de referencia del protagonista, y una serie que a mí me gusta mucho. Así que, esa conexión no me parece mal. 

M.G.- Oye Nando, a pesar de los tiempos que estamos viviendo, tuviste suerte porque te dio lugar a presentar la novela en la Fnac de Madrid, si no me equivoco.

N.L.- Sí, sí... Esta novela ha tenido una vida peculiar. Tuvo la suerte de salir antes del estado de alarma, pero tuvo la mala suerte de quedarse encerrada dos meses en librerías. Eso fue lo más doloroso para mí. Sin embargo, la primera semana llegó a muchos lectores y se vendió muy bien. Mucha gente se ha encontrado con este libro en la cuarentena y se lo ha leído en ese tiempo. He recibido un montón de mensajes muy emotivos de gente que se sentía menos sola al poder leer este libro. Hicimos algo de promoción antes y la hemos retomado ahora, así que, se puede decir que ha nacido dos veces. 

M.G.- Para terminar, ¿en qué momento deja el Nando adulto salir al Nando adolescente?

N.L.- Continuamente porque convivo con él. Mi adolescente está muy vivo. Lo único que no quiero es que eso evite que siga creciendo el Nando adulto. No hay que despedirse del adolescente, no hay que dejarlo de lado, pero sí hay que darle espacio al yo adulto. 

M.G.- Nando, espero que todo vaya muy bien. Cuídate mucho, y muchas gracias por atenderme.

N.L.- A ti. Muchas gracias a ti. 


Sinopsis: David ha llegado a un momento de su vida en el que solo tiene dudas: no sabe si le llena lo que hace, no acaba de entender a su novia y tampoco se siente demasiado cómodo con sus amigos. En realidad, sus problemas son los típicos de cualquier adolescente. Con el pequeño matiz de que él, en vez de quince, tiene cuarenta y dos.

Después de trabajar varios años en la industria del cine con escasa repercusión y menos éxito, ha empezado a darse cuenta de que se le acaban el tiempo para dirigir la gran película con la que siempre ha soñado y las excusas para instalarse definitivamente en la madurez.

Un exilio forzoso de Nunca Jamás que se verá acelerado cuando su hermana Bea, a quien le acaban de ofrecer un trabajo en Japón, le pida que se ocupe durante seis semanas de un completo desconocido: Unai, su sobrino adolescente, un chico tan hermético como problemático con el que David apenas ha tenido contacto y que, dueño de unos cuantos secretos, tampoco tiene ganas de que lo controle ese tío del que Unai sabe muy poco y nada bueno.



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