viernes, 7 de febrero de 2020

PARA OLVIDAR QUIÉN FUISTE de Fernando García Calderón

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Editorial: Algaida. 

Fecha publicación: noviembre, 2019. 

Precio: 20,00 € 

Género: Narrativa. 
Nº Páginas: 360 
Encuadernación: Tapa blanda con solapas. 
ISBN: 9788491891529 
[Disponible en ebook]





Autor

Fernando García Calderón nació en Sevilla, aunque reside en Madrid desde los diez años, donde estudió Ingeniería de Caminos. Es autor de nueve novelas y tres volúmenes de relatos. Tras ser galardonado en numerosos certámenes de cuentos como el Gabriel Miró o el Max Aub, en 1997 obtuvo el premio Félix Urabayen por la novela El vuelo de los halcones en la noche y dos años después el Ateneo de Valladolid por El hombre más perseguido.

Desde entonces ha publicado las novelas Lo que sé de ti (2002), La noticia (2006), La judía más hermosa (2006), La resonancia de un disparo (2008), Yo también fui Jack el Destripador (2015), Nadie muere en Zanzíbar (2016) y De lo visible y lo invisible (2018). Durante todo ese tiempo también ha intercalado volúmenes de relatos como El mal de tu ausencia (2000), Sedimentos en un pantano (2005, Eulalia Banda) y Diario de ausencias y acomodos (2016)

Sinopsis

Para olvidar quién fuiste se inicia en 1945, en plena caída de Berlín, construyendo un relato de la Europa de posguerra que nos traslada desde el campo de concentración de Mauthausen hasta la Alemania de los encubridores de criminales del nazismo, el Vaticano, la España preconstitucional y una Lisboa que recibe con júbilo la revolución de los claveles. Un marco irrepetible para la persecución sin cuartel de uno de los muchos médicos tristemente famosos por el trato que concedieron a los prisiones de la contienda mundial.

Para olvidar quién fuiste es una historia de cazadores de nazis, personajes atípicos que dedican su vida a una causa justa que, desgastada por el paso del tiempo, acaba adquiriendo resonancias de venganza. Y es en los personajes, perseguidores y perseguidos, donde se cimienta esta novela. Porque los primeros, personas tan corrientes como extraordinarias, dan vida a una anómala saga familiar, mientras los segundos constituyen el retrato fijo del clan en fuga.

[Información tomada directamente del ejemplar]

Así empieza Para olvidar quién fuiste:




[Lectura de las páginas 15 a 17; 

música: That Kid in Fourth Grade Who Really Liked the Denver Broncos 

de Chris Zabriskie (*)]




Europa. Posguerra. Mauthausen. Alemania. Nazis. Cazanazis. 

Seis ingredientes con los que espero llamar vuestra atención porque Para olvidar quién fuiste es una novela que no te debes perder. Ya lo dije en la entrevista con el autor (que puedes leer aquí). Y ya lo he dicho en varias ocasiones en las que he reseñado novelas o relatos de Fernando García Calderón. Espero que mi insistencia no provoque un efecto rebote porque, en mi ánimo, solo está el daros a conocer a un autor con cuyas novelas siempre disfruto mucho.

Para olvidar quién fuiste narra la historia de una familia por lo que, en este sentido, se podría considerar una saga familiar, es decir, la historia de varios miembros de un mismo clan, entre los que existen secretos inconfesables. Y sí, algún que otro secreto existe en esta familia pero, como bien dice la sinopsis, es una saga familiar anómala, dado que los protagonistas de esta historia tienen una ocupación singular, la de cazanazis.

La figura del cazanazis surge con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Cuando Alemania pierde la contienda frente a los Aliados, se liberaron los campos de concentración y se descubrió una realidad ante la que el mundo no daba crédito. Se habla de millones de víctimas sin que todavía se haya podido precisar una cifra exacta. Mujeres, hombres y niños fueron masacrados, sometidos a terribles torturas, ultrajados, asesinados. Y cuando todo llegaba a su final, los nazis y los miembros de la SS huyeron como las ratas que abandonan los barcos que se hunden. Dejaron atrás su país, se repartieron por el mundo y se escondieron en los lugares más recónditos. No obstante, el daño que habían causado era de tal magnitud que no se podía mirar hacia otro lado. Aunque muchas de las víctimas que sobrevivieron o las familias de los que fallecieron en manos de estos criminales, optaron por continuar con su vida y tratar de olvidar, lo cierto es que, hubo quienes canalizaron su rabia persiguiendo a los que habían cometido semejantes atrocidades. Y así nació la figura del cazador de nazis, hombres o mujeres que recorrieron el planeta, tras la pista de manos manchadas de sangre para hacer justicia y honrar, de algún modo, la memoria de los muertos.

En Para olvidar quién fuiste, el novelista Fernando García Calderón recupera esta figura y construye una novela coral en la que diversos protagonistas van dándose el relevo. La historia comienza con el joven Wilhem Lohaus, un soldado convaleciente que, en 1945, está a punto de ser padre. Procedente de una familia de la burguesía berlinesa, deciden abandonar Alemania en 1943, justo cuando prevén lo que va a ocurrir con Hitler al frente, pero Wilhem se niega a seguir los pasos de sus padres. Arquitecto de profesión, joven y con una prometedora carrera por delante, está tan enamorado de Gretl, su Moira, una criada menor de edad y judía, cuya familia estaba protegida por los Lohaus que decide permanecer a su lado. Alemán y judía se quedan juntos a verlas venir pero Wilhem se reclutado por Gobbels -había que dar algún escarmiento a las familias que abandonaban la patria- y mandado al frente ruso. Herido regresa junto a su joven judía pero algo en su interior se ha roto. El prometedor arquitecto se quiebra en dos y ni siquiera su amor consigue sacarlo del desánimo. 

Cuando su hija Anna (la que trae el bien) está a punto de nacer, tiene que marcharse de nuevo. Se embarcará en una aventura junto a otros miembros de la Werwolf, los hombres lobos, una organización ideada por Himmler para defender Alemania de los aliados, por medio de una guerra de guerrillas. Wilhem y su equipo de sabotaje tienen como misión escamotear los archivos de Mauthausen y dinamitar los barracones. Los aliados no podían ver lo que allí había ocurrido, era del todo necesario que toda aquella información no cayera en manos del otro bando. No obstante, lo que Wilhem encuentra en Mauthausen terminará de hacerle entender la locura en la que ha estado inmerso. Su objetivo cambia de dirección. Lo único que le interesa es ayudar a los prisioneros del campo, y entre ellos, al español Fernando Dieste, un adolescente que se encarga de enseñarle los horrores del campo. Sin embargo, el joven alemán está tan abatido por lo que ha ocurrido, que no encuentra más que una salida. 

"Cargó sobre sus espaldas y su corazón la culpa de toda Alemania, la Alemania de los perversos que se creyeron superiores, la Alemania de los que obedecieron para sacar tajada, la de los que callaron y miraron para otro lado por miedo a las represalias." [Pág. 36]

Pero hablo de Wilhem Lohaus como si él fuera el protagonista absoluto de esta historia y no es así. Como apunté antes, Para olvidar quién fuiste es una novela muy coral, con diversos protagonistas que se van dando el relevo uno a otro. El papel de Wilhem es prácticamente introductorio, el que da paso al grueso de esta novela, que estará protagonizada por Fernando Dieste, el joven prisionero que adoptará una identidad falsa y se unirá a otros personajes en la persecución y captura de los viejos nazis. Y ya, en el último tercio de esta novela, Anna (o Hannah, pues modificará levemente su nombre), la hija de Wilhem y Gretl, será la encargada de soportar el peso de la trama. 

Ellos interactuarán con otros personajes, algunos reales, como Simon Wiesenthal, el famoso cazanazis, fallecido en 2005, el hombre que, tras liberarse el campo de concentración de Mauthausen donde estuvo recluido, prometió dedicar el resto de su vida a hacer justicia, el que en 1947 funda el Centro de Documentación Judía, el que colaboró con el Mossad, y recibió amenazas. 

Así, Fernando y Hannah, con el respaldo de Wiesenthal y la información recopilada en el Centro de Documentación, rastrearán el mundo tras la pista de los nazis, pero también de los deportados españoles o tratarán de localizar igualmente a los kapos de los campos, tan permisivos con las atrocidades. Esta singular pareja, , dedicarán su vida a perseguir a hombres como Adolf Eichmann, Frank Stangl, Leon Degrelle, Josef Menguele, o algún otro que fue cambiando su nombre una y otra vez. Por cierto, hago un inciso, sobre el hijo de Menguele leí un artículo interesantísimo hace muy poco cuya lectura os recomiendo). Y en esa búsqueda, diversos escenarios. En la novela se hace especial hincapié a la colonia nazi en España, afincada en diversas ciudades o puntos estratégicos, como Zahara de los Atunes (Cádiz), donde existe una playa maravillosa que con el tiempo se la empezó a conocer como Playa de los Alemanes y así se la sigue llamando. Imaginaos por qué. 

Pero García Calderón no construye una novela histórica como tal. Aunque aporta datos, fechas e hitos que sobresalen en el caminar del mundo, el autor se centra principalmente en los personajes que tienen que lidiar con el contexto que les toca vivir. Es verdad que, entre estas páginas asomará la caída de Berlín, la revolución de los claveles, o parte de la dictadura argentina, pero si algo sobresale por encima de todo lo demás, son los personajes. El lector se va a encontrar con hombres y mujeres a los que les corre sangre por las venas. El abatimiento de Wilhem Lohaus, el poco valor que Fernando le da a su vida, el sentimiento de culpa que Hannah tiene con respecto a su hija, son emociones que humanizan a los personajes porque estos cazanazis, estos personajes que se mueven entre las sombras, solitarios la mayoría de las veces, reservados y que intentan volverse invisibles para el resto, también tienen otros sentimientos más allá del rencor, la rabia o el deseo de venganza. 

"Si en la guerra hubo colaboracionistas que traicionaron a los suyos, en la paz ha de haber peones que mantengan viva la memoria del horror causado por la sevicia de los que se creyeron superiores y por la cobardía de sus cómplices. Ninguno de los caídos en Mauthausen y en los restantes campos de concentración se merece el olvido" [Pág. 55]


Y si tengo que hablar de personajes, no puedo olvidarme de Bruno. Poco os voy a desvelar de él. Su nombre aparecerá estando muy avanzada la trama. Al principio pensé que era un niño hasta que comprendí quién era realmente y qué papel juega en esta historia. El autor consigue conectar unos personajes con otros de manera brillante. Y este Bruno será el encargado de un giro importante en el argumento. 

Por todo lo que llevo expuesto, Para olvidar quién fuiste es una gran novela, que aporta datos nuevos, menos manidos y más novedosos que los se suelen encontrar en las novelas sobre nazis, el Holocausto y la II Guerra Mundial. Y aunque lo he dicho muchas veces, lo repito. Me gustan los libros que me obligan a parar en la lectura para indagar más sobre lo que acabo de leer, libros que alimentan mi curiosidad, que me instruyen, que aportan un grano de arena en mi conocimiento. En esta novela, el lector se va a encontrar con una amena descripción sobre las rutas que emplearon los nazis para huir, un suceso en el que estuvo muy implicada la Iglesia, Roma y el Vaticano, e incluso algunos organismos que jamás hubiera imaginado. Y si además, esos libros me llevan a otros tantos, o me hablan de viejas películas o documentales, el placer de la lectura se multiplica. 

Con una prosa evocadora, elegante, cautivadora, unas estructuras gramaticales sólidas y bellas, un estilo poético y algo periodístico por momentos, un ritmo tranquilo al que no le falta suspense en las escenas claves, y un narrador que nos conquistará en un desenlace muy visual, Para olvidar quién fuiste es de esas novelas que van a ocupar un lugar predominante en tu estantería. Narrada de manera lineal, aunque con importantes saltos en el tiempo hacia delante, consigue atrapar al lector y no soltarlo hasta un final con frase lapidaria.

Más que recomendable.


Novelas y películas mencionadas en Para olvidar quién fuiste:

- Odessa de Frederick Forsyth (1972)
- El tercer hombre (Carol Reed, 1949)
- Las chicas de la Cruz Roja (Rafael J. Salvia, 1958)
- Una noche en la ópera (Sam Wood, 1935)







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
(*)That Kid in Fourth Grade Who Really Liked the Denver Broncos de Chris Zabriskie está sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/)
Fuente: http://chriszabriskie.com/uvp/
Artista: http://chriszabriskie.com/]

Puedes adquirirlo aquí:



miércoles, 5 de febrero de 2020

IDENTIDAD BORRADA (DRAMA - 2018)

Resultado de imagen de película identidad robada"Año: 2018

Nacionalidad: EE.UU.

Director: Joel Edgerton.

Reparto: Lucas Hedges, Nicole Kidman, Russell Crowe, Joel Edgerton, Xavier Dolan, Jesse Malinowski, Troye Sivan, Ron Clinton Smith, Emily Hinkler, Jesse LaTourette, Madelyn Cline, Victor McCay, David Joseph Craig, Matt Burke, David Ditmore, William Ngo, Tim Ware, Flea, Randy Havens.

Género: Drama. Homosexualidad

Sinopsis: El hijo de un predicador baptista de una pequeña ciudad norteamericana, se ve obligado a participar en un programa para "curar" su homosexualidad, apoyado por la Iglesia. Cuando a los 19 años, Jared Eamos cuenta a sus padres, Nancy y Marshall Eamons, que es gay, el joven comienza a ser presionado para que asista a un programa de terapia de conversión gay, o de lo contrario será rechazado por su familia, sus amigos y la iglesia. Dentro del programa, Jared entrará en conflicto con el terapeuta jefe Victor Sykes.


[Fuente: Filmaffinity]


Arkansas-Land of Opportunities. Eso reza en la matrícula del coche de los Eamons, una familia norteamericana, bien avenida y feliz. Arkansas - Tierra de oportunidades pero ¿para quién?  

Jared Eamons (Lucas Hedges) fue un hijo querido y amado. En los primeros minutos de la película lo veremos de pequeño, a través de diversos vídeos domésticos. Era un niño feliz, que le gustaba el baloncesto, que quería ser piloto de motos cuando fuera mayor. Y ese niño crece, cobijado por el amor de sus padres, Marshall (Russell Crowe)director de un concesionario de coches y predicador baptista, y Nancy (Nicole Kidman), ama de casa, devota y fiel esposa. Jared entra en la adolescencia, estudia y tiene novia. Sí, los Eamons son felices, de misa los domingos, de ayuda al prójimo, de bondad y vida cristiana, que ruegan a Dios ante cualquier contratiempo. Así que, cuando el demonio llama a la puerta de esta familia, cuando descubren que su hijo es homosexual, saben a quién acudir.  Imploran a Dios y piden consejo a los hombres más sabios de la comunidad. Y ellos aconsejan erradicar el mal, purificar a Jared, ayudarlo a volver al redil. 

Inmediatamente, el joven es ingresado en un centro de "desintoxicación". Será sometido a un programa de terapia durante doce días. Allí, acompañado de otros jóvenes, de otros chicos y chicas homosexuales, será reconducido hacia la senda del Señor, con la ayuda de unos terapeutas, otras personas que ya tuvieron la tentación de apartarse del camino correcto y que, con la ayuda de Dios, han recuperado su verdadera identidad. A Jared no le queda más remedio que pasar por ese trance. Él no quiere disgustar a sus padres. Sabe que su familia lo está pasando mal, que es una vergüenza para la Iglesia, esa en la que su padre pronuncia la palabra de Dios cada semana. ¿Qué van a pensar del pastor Marshall si tiene un hijo maricón? El joven se sentirá tan presionado, se sentirá tan desbordado por la situación, tan confuso y aturdido por sus sentimientos que hará todo lo que sus padres dicten pero, ¿y si ellos están equivocados?

Boy Erased- A Memoir.jpgIdentidad borrada es una película denuncia, que narra la historia real de Garrad Conley, un joven americano, homosexual, conocido activista por los derechos humanos del colectivo LGTBI hoy en día, y autor de la obra Boy Erased: A Memoir, donde recoge sus vivencias. Este largometraje quiere colocar ante los ojos del espectador las barbaridades que se hicieron, que se han hecho y que se siguen haciendo, tratando a los homosexuales como si sufrieran algún tipo de trastorno mental, alguna enfermedad, alguna desviación del alma.  Y es que, según he leído, hasta la propia OMS consideraba la homosexualidad como una enfermedad mental hasta 1990 (leer aquí). Sinceramente, es para echarse las manos a la cabeza. Y lo que es aún peor, en los créditos finales de esta película se denuncia que en 36 estados de Estados Unidos, todavía existen centros donde se ofrecen terapias de conversión, donde, bajo una estricta instrucción religiosa, invaden la intimidad de los ingresados, los humillan públicamente, los flagelan, los someten a una presión psicológica brutal, anulan su voluntad, los manipulan  y los despojan de lo más importante en el ser humano, su dignidad. Hasta incluso celebran una especie de exorcismo. 

Seguimos viviendo en una sociedad en la que todavía hay personas a las que les da vergüenza asumir su verdadera identidad, que sienten pudor y se esconden, que, aunque desean gritar que si a ti te gusta A, a ellos les gusta B, no lo hacen por el qué dirán. Tan hipócritas seguimos siendo, tan crueles, tan despiadados. Ya bastante tendrán con sus dudas, con sus miedos, con sus inseguridades, como para que ahora vengamos los demás a dar lecciones de moral. Y aunque la película establece una conexión entre barbarie y religión, lo cierto es que uno puede ser creyente y dejar vivir. Como dice Nancy Eamons en una escena: Quiero a Dios y Dios me quiere a mí. Pero yo también quiero a mi hijo. O como dice un médico al que la familia consulta en busca de esa pastilla que borre de un plumazo la homosexualidad de Jared: Creo en Dios pero soy mujer de ciencia. Mantener ese equilibrio no es fácil. En realidad, todo es mucho más sencillo de lo que parece. Basta con dejar vivir a cada cual su propia vida. Uno nace alto, bajo, rubio, moreno, de ojos castaños o azules. Y uno también puede nacer dentro de un cuerpo en el que no se siente cómodo o con unos gustos que ni siquiera son distintos (no me gusta emplear esta palabra) sino que son "sus" gustos. ¿Quién eres tú para decir si lo tuyo vale y lo del otro no? ¿Por qué eres tú mejor que otro?

Bueno, después de haber soltado este alegato en favor del "dedícate a tu vida y deja la de los demás, en paz" regreso a la película. Identidad borrada es una película dura, pero necesaria. Podríamos pensar que la acción se desarrolla en la década de los años 70 o los años 80 (eso pensé por el estilismo de Nicole Kidman), pero no. En realidad, al verdadero protagonista de esta historia le ocurrió todo esto en los primeros años del cambio de milenio. A mí me parece todo tan surrealista. Aunque la película se centra principalmente en el tiempo que Jared pasa en el centro de reconversión, conoceremos parte de su pasado reciente a través de diversos flashbacks: el momento en el que empieza a intuir que algo es diferente, cuando empieza a sentir atracción por los chicos, cuando ingresa en la universidad y,... Bueno, este detalle no os lo cuento.

Como digo, la temática de esta película es reflejo de una cruda realidad y sin embargo, al guion le falta algo de gancho, de fuerza narrativa. Los jóvenes que se encuentran ingresados en esos centros lo pasan realmente mal pero el dolor no llega al espectador. Me ha parecido una película algo lenta, que se desarrolla con excesiva parsimonia. Por suerte, el último tercio de la cinta agiliza un poco el ritmo, momento en el que Jared coge el toro por los cuernos.

En cuanto a las interpretaciones, el verdadero protagonista es Lucas Hedges. Lo he visto contenido la mayor parte del metraje. Quiero creer que es la actitud que exigía su papel, la de un joven que se deja llevar, que se deja hacer porque no quiere hacer daño, porque prefiere pensar que tiene un verdadero problema (cuando el problema lo tienen los demás). Sin embargo, hay dos escenas brillantes, de esas que se producen cuando uno dice: Hasta aquí he llegado

Por su parte, un orondo Russell Crowe y una Nicole Kidman de cabello oxigenado y largas uñas, son buenos secundarios. Ambos tienen secuencias que los sitúan en un primer plano, resuelven bien y apoyan la interpretación de Hedges con solidez. Además están bastante bien caracterizados, a juzgar por las imágenes de los verdaderos protagonistas de esta historia, que se muestran en los créditos finales. 

Pero hay un personaje al que no debemos dejar atrás. Victor Sykes, interpretado por el propio director de la película, Joel Edgerton. El cineasta encarna a unos de los terapeutas del centro, uno de esos que ya vivieron una reconversión en su propia carne. No os voy a decir nada sobre el personaje, a mi juicio muy bien interpretado pero, si veis la película, atención a lo que se dice de él en los créditos finales. 

Con una bonita banda sonora y algunas escenas rodadas en penumbra, lo que confiere esa sensación de recogimiento interior, Identidad borrada podía haber dado más de sí. Con un tema tan potente como el que tiene este largometraje, se podría esperar una tensión narrativa más punzante. En cualquier caso, a mí me ha parecido conmovedora, tierna y valiente.  No es una película memorable, pero es interesante verla para despertar conciencias. 

Y cierro diciendo que amo a la gente que no es como yo, que no piensa como yo, que no siente como yo, que tiene otros gustos distintos a los míos, que son valientes, capaces de ser ellos mismos, que van por la vida con la cabeza bien alta, que se sienten orgullosos de lo que son y de cómo son. Y también amo a todos aquellos que todavía no han encontrado el valor de salir de su encierro. Espero que algún día lo consigan. 




Tráiler:

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martes, 4 de febrero de 2020

ÁNGELA QUINTAS: 'En nuestro intestino tenemos unos doscientos millones de neuronas, tantas como las que podemos encontrar en el cerebro de un perro'

La semana pasada nos visitó Ángela Quintas. Licenciada en Ciencias Químicas, enfocó su carrera profesional hacia el mundo de la alimentación y la nutrición, un campo que cada vez tiene más adeptos. "Somos lo que comemos" es una frase que, según cuentan, es achacable a Ludwig Feuerbach, un filósofo y antropólogo alemán. Desconozco si este dato es verídico pero, es innegable que los alimentos que ingerimos afectan y repercuten en nuestro organismo a todos los niveles. Debemos cuidar nuestra alimentación, prestar atención a nuestra dieta y tratar no solo de cuidarnos por fuera, sino también por dentro. 

Con Ángela Quintas hablamos de su último libro, El secreto de la buena digestión, y nos desveló cosas tan curiosas como las que vienen a continuación.

Marisa G.- Ángela eres licenciada en Ciencias Químicas pero ¿en qué momento empiezas a sentir interés por la nutrición? ¿Y por qué?

Ángela Q.- Hice la especialidad de Química orgánica. En aquella época no existía lo que luego fue la diplomatura de dietética y nutrición. Más allá de los endocrinos, no había nadie que divulgara de una manera más cercana. Pensé en adentrarme por ese terreno pero, al hablar con dos profesores de la facultad, me dijeron que no lo hiciera, que era un mundo que no tenía salida y que, mejor, hiciera un máster de aguas. Pero yo seguí con mi idea. Hice un máster en alimentación y luego me doctoré. Poco a poco, me fui metiendo más en este área, que era lo que realmente me interesaba.

M.G.- En la solapa del libro aparece que eres asesora nutricional en películas. ¿Cómo es esto?

A.Q.- Pues eso, que asesoro sobre nutrición en los rodajes. Empecé haciendo la película Gordos, hace ya unos once años. El protagonista, Antonio de la Torre, tuvo que engordar algo más de veinte kilos para desempeñar el papel. Esa fue mi primera película. Luego han ido saliendo otros proyectos en los que han participado otros actores muy conocidos, por ejemplo, Eduard Fernández. En Mientras dure la guerra, este actor tuvo que adelgazar para ponerse ese traje de militar que le quedaba tan estrecho, porque llevaba el brazo izquierdo colocado detrás. También he participado en El fotógrafo de Mauthausen, con Mario Casas. Como hacía de refugiado en un campo de concentración, tenía que tener un físico acorde a su papel.

M.G.- ¡Qué curioso! Cuando hablamos de cine, o vemos una película, jamás nos ponemos a pensar en que hay una persona encargada de la alimentación de los actores, sometidos a un proceso de adelgazamiento o engorde, por exigencias del guion. 

A.Q.- Claro, ahí estoy yo. Además no es un proceso fácil porque tienen que adelgazar o subir de peso, pero sin que sus analíticas se vean afectadas. Así que, cuando a un actor le dicen que tiene que engordar veinticinco o treinta kilos, enseguida piensa que se va a poner morados de tanto comer. Luego se llevan una decepción porque tienen que engordar comiendo comida sana.

M.G.- (Risas) ¡Qué chasco! De todos modos, Ángela, ahora hay muchos libros sobre nutrición. ¿Eso significa que hay más interés por cuidar nuestra alimentación o es justo lo contrario, por haber más libros a nuestro alcance, estamos más interesados en este tema?

A.Q.- No sabría decirte. Desde luego, cada vez se habla más sobre alimentación y nutrición en los medios de comunicación. Hay muy buenos divulgadores  hablando sobre nutrición y eso ayuda a sensibilizar a la población. Cada vez nos preocupamos más por lo que comemos. 

M.G.- Has publicado un par de libros más, Adelgaza para siempre y Las recetas de adelgaza para siempre. Ahora nos hablas de la digestión. ¿Qué vamos a encontrar en este libro exactamente?

A.Q.- Pues intento explicar cómo hacemos la digestión, hablar de forma sencilla sobre este proceso tan complicado, lleno de reacciones químicas, enzimas,... Pongo ejemplos y anécdotas. Me costó mucho encontrar el tono porque mi idea era que, abrieras el libro por donde lo abrieras, te apeteciera seguir leyendo. Luego también incorporo términos nuevos como microbiota, probióticos, prebióticos. Son términos que se utilizan ahora pero que no se sabe muy bien qué son. Así que lo que he pretendido es divulgar, con un fundamento científico detrás, pero de tal manera que la gente entendiera con palabras sencillas, qué es lo que pasa dentro de nuestro cuerpo.

M.G.-  Digamos que el libro nos permite hacer un recorrido desde que nos metemos el alimento en la boca hasta que eliminamos los desechos.

A.Q.- Sí, exacto. El primer capítulo del libro se centra en eso, en hacer ese recorrido desde que elegimos el alimento, lo masticamos, y llega al estómago. Luego, el segundo capítulo lo he querido dedicar a las cacas. Me parecía un tema importante, muy tabú, del que nadie habla pero que todo el mundo hace. La caca nos puede dar mucha información. Antes, cuando no se tenían las analíticas que tenemos ahora, examinar la caca era una manera de averiguar nuestro estado de salud. Más allá de todo esto, me centro también en la microbiota, lo que antes se llamaba flora intestinal, y mirar qué es lo que está pasando con esos bichitos que tenemos dentro, mirar qué patologías se pueden producir cuando esa microbiota se encuentra alterada. Y además, también hablo sobre el momento del parto, tan importante, donde el bebé se empieza a infectar de esos bichitos que tiene la madre en la vagina. Es un momento crucial. 

M.G.- ¿Pero también tocas la digestión de los bebés? He leído en alguna sección que mencionas el reflujo. Tengo muchas amigas cuyos hijos han sufrido de reflujo y lo pasan verdaderamente mal.

A.Q.- Sí que lo pasan mal. Hablo de eso, y del meconio, la primera caca del bebé, o por qué un bebé puede mamar y respirar a la vez. Pero una cuestión que siempre ha interesado mucho es por qué los bebes regurgitan todo el tiempo la comida. Esto se debe a un problema físico que cuento en el libro. He ido tocando todos los campos y cómo a lo largo de la historia hemos llegado a donde estamos ahora. Hoy conocemos muy bien el funcionamiento de nuestro aparato digestivo, pero hace unos años, te hablo de 1800, no teníamos ni idea de lo que pasaba ahí adentro. Solamente a través de ciertos experimentos que hoy son del todo impensables, se averiguó que en nuestro cuerpo había ciertos químicos que descomponían los alimentos. Y también, cuando se descubrieron los rayos X, se pudo ver el recorrido que hacían los alimentos a través de nuestro interior. Para ello, se usaban animales a los que se les daba alimentos impregnados en sales de bismuto. Se colocaba al animal detrás de una pantalla y se veía cómo ese alimento iba recorriendo una cadena zigzagueante, el intestino. 


M.G.- Cuando hablamos de ciertas dolencias estomacales, es normal que lo relacionemos con el aparato digestivo. Sin embargo, dices algo muy llamativo, la depresión y la migraña pueden deberse a problemas alimenticios y de digestión. 

A.Q.- En nuestro intestino tenemos unos doscientos millones de neuronas, tantas como las que podemos encontrar en el cerebro de un perro. Por poner un ejemplo, se ha detectado en diversos estudios sobre ansiedad, depresión, Alzheimer, o esclerosis múltiple, que los pacientes que presentan estas patologías tienen una alteración en su microbiota. Pero es algo que se está empezando a estudiar. No sabemos si es la enfermedad la que produce la alteración en la microbiota, o si a raíz de esa alteración, aparece la enfermedad. 

Otro detalle importante tiene que ver con la serotonina. Este neurotransmisor, causante de la felicidad y el placer, se fabrica en un 90% en nuestro intestino. Si nuestro intestino está alterado, produciremos menos serotonina, con lo que nos sentiremos tristes por la tarde, tendremos ganas de llorar y nos apetecerá comer dulces. Y también dormiremos peor porque la serotonina se tiene que convertir en melatonina. 

M.G.- ¿Cuáles son las falsas creencias que giran alrededor de la alimentación y la nutrición?

A.Q.- Lo más típico, que no te puedes bañar después de comer. Desde que se ingiere el alimento hasta que el alimento sale en forma de heces pueden llegar a pasar entre treinta y una y treinta y cinco horas. Es un camino muy largo. Es verdad que, dependiendo de lo que yo coma, ese alimento va a pasar más o menos tiempo en mi estómago, mezclándose con los jugos gástricos.

Otro tema es el estreñimiento. La gente acaba tomando laxantes aunque no haya necesidad. Se considera normal ir al baño una o dos veces al día, pero también se considera normal hasta tres veces por semana. En el libro cuento una anécdota que me llamó mucho la atención. Una chica se fue a vivir con su pareja y veía que él iba al baño todos los días. Pensó que ella estaba estreñida y empezó a tomar laxantes. Pero antes de tomar ningún medicamento, es necesario revisar si estamos ingiriendo suficiente fibra, agua. Y luego, si es necesario, mirar la microbiota. Pero sí tú usas laxantes para ir al baño, lo que estás haciendo es impedir que se asimilen ciertas sustancias como el calcio, el hierro, o algunas vitaminas liposolubles

M.G.- No da lugar a que se asimilen, ¿no?

A.Q.- Exacto. Luego tuvimos otro caso en consulta. Vino una madre con su niña de cuatro o cinco años. La madre iba al baño todos los días y pretendía que la niña hiciera lo mismo. La pequeña, en cuanto se dio cuenta de que hablábamos de eso, se puso muy nerviosa. Y es que la madre, cada vez que la niña regresaba del colegio, la sentaba en el baño y la pobre, con tanta presión, no hacía nada. Al final terminaba por ponerle un enema o un supositorio. De este modo, la niña jamás tenía ganas de ir al baño por sí misma, porque la madre la vaciaba cada día. Era un bucle. Tuvimos que hablar con la madre porque estaba traumatizando a la niña. 

M.G.- El libro está plagado de experiencias reales. ¿Son vivencias de los pacientes que acuden a tu consulta?

A.Q.- Sí, he ido cogiendo aquellos casos que son más llamativos o que me han servido para ir tejiendo el hilo del libro. He incluido anécdotas para que la gente se sienta identificada.

M.G.- ¿Cuáles son las consultas más comunes? ¿Por qué acude la gente a tu consulta?

A.Q.- Tengo un equipo multidisciplinar. Hay nutricionistas que colaboran con psicólogos,... Tenemos dos tipos de consultas. Unas que son para adelgazar o engordar, más lo primero que lo segundo. Y luego hay otro tipo de consulta donde hacemos reparación intestinal.

Me fui a Francia para formarme sobre prebióticos, probióticos, cómo podemos utilizarlos para mejorar la microbiota. Es algo que está en los inicios, estamos trabajando todavía con muy pocas cepas, pero en determinadas ocasiones dan muy buenos resultados.

M.G.- Ángela, hoy en día encontramos a lo que se llama "influencers" que hablan de todo, incluido de hábitos alimenticios. ¿Cómo ves este tema?

A.Q.- Tenemos que ver de dónde procede la información que recibimos. Hay gente muy buena y muy preparada que está divulgando muy bien. Pero luego hay información con la que hay que tener cuidado. En el libro hablo de la moda del agua con limón. He llegado a leer que es un quema grasas, pero no hay ninguna evidencia científica que le otorgue al agua con limón alguna propiedad adelgazante o detox. Es una bebida muy ácida, tanto como lo es el vómito, y puede llegar a dañar tu placa dental e incluso tu dentina. De hecho, los dentistas están poniendo la voz de alarma y aconsejan beber este líquido con pajita, para que no toque tus dientes.

M.G.- Te confieso que yo estuve bebiéndola un tiempo.

A.Q.- Mucha gente, pero no es un quema grasas. No hay nada probado.

M.G.- Antes has mencionado una de las cuestiones más tabús cuando hablamos de alimentación, la caca. No nos gusta hablar de esto pero como bien dices, tiene mucha información sobre nuestra salud.

A.Q.- Sí, así es. Cuando los niños pequeños entran en tu vida, te das cuenta que tienes que lidiar con la caca todos los días. Estás pendiente de si tu hijo hace una caca blanda, dura, más grande, más pequeña. Incluso desde la guardería nos llega esa información. Y no pasa nada. Luego nos hacemos mayores y nadie habla más sobre la caca. El color, la forma, la textura... son datos que nos pueden ayudar a entender cómo estamos por dentro. En el libro cuento una historia que me llamó mucho la atención. Antiguamente, los reyes tenían una persona que se encargaban de mirar las heces reales todos los días. Hoy nos parecería un trabajo que nadie querría y, sin embargo, en aquella época era un trabajo muy bien considerado. Estabas cerca del rey y, a la larga, terminabas por conseguir un buen puesto dentro del reino.

Hoy en día, el váter que tenemos, de estilo francés, no ayuda para nada a controlar nuestras heces. El agujero está en la parte posterior y aquello se va rápidamente. Muchos cánceres de colon se han detectado en un estado muy temprano porque la persona ha detectado sangre en las heces. Aunque no siempre que encontremos sangre en las heces quiere decir que tengamos cáncer de colon, no nos asustemos. Pero sí es verdad que si miramos nuestras heces y detectamos algo anormal, podemos evitar un daño mayor. Eso es muy importante. Hay que mirarlas y no  pasa nada.

M.G.- A mí me ha parecido un capítulo muy interesante donde hablas también sobre la escala de Bristol. ¿Qué es esto?

A.Q.- La escala de Bristol se llama así porque surgió en la Universidad de Bristol, hace muy poco, en 1997. Es algo muy útil. Cuando alguien viene a consulta y le preguntamos cómo son sus heces, no sabe qué decir. Entonces, para romper el hielo, le digo que le voy a enseñar unas fotos y claro, se descomponen. En realidad son unos dibujos que muestran distintos tipos de heces. Según cómo sea, obtenemos una información u otra sobre si el paciente  toma suficiente fibra, el tránsito está siendo muy ligero, o si hace suficiente ejercicio. Debemos de normalizar el tema cacas de una vez.

M.G.- Explicas otra cosa muy curiosa. La posición con la que hacemos caca no es la más idónea.

A.Q.- Pues no. La que tenemos ahora no funciona. Los niños pequeños que usan pañales, cuando están haciendo caca, se ponen en cuclillas. Esa es la posición natural para hacer caca. Hay un músculo, el puborectal, que lo que hace es que, a nivel de lazada, se encuentra rodeando la parte final del intestino grueso. Cuando nos sentamos en el váter, en la posición normal, ese músculo está tirando  hacia atrás del intestino y se forma una curva. Sin embargo, si elevo los pies, los pongo encima de un banquito o de una cajita, o me pongo tacones -si quiero darle glamur a todo esto, (risas)-, ese músculo deja de tirar, de tal manera que consigo la verticalidad perfecta. Es mucho más fácil.

M.G.- Ángela, no dejas de contarnos cosas interesantes. Pero unido a la caca, otro tema son los pedos. De lo que tampoco hablamos.

A.Q.- Pues es otra cosa que da mucha información, porque los gases se producen por las bacterias que tenemos en el colon. Todo el mundo tiene gases y se tira pedos. Hasta hace poco no se conocía ni la composición. En el libro cuento la anécdota de cómo se supo la composición de un pedo, a través de un pantalón al que le pusieron un filtro. Así se pudo recoger un pedo y analizarlo. 

Y profundizando en el tema, empezamos a investigar cómo lo hacían los astronautas. ¿Cómo se las apañan? Pues resultan que llevan un filtro en la parte de abajo para que se absorban esos gases. 

M.G.- Hablemos ahora de las intolerancias y las alergias.

A.Q.- Hay que diferenciar entre alergia e intolerancia. En las alergias hay un factor genético y tu sistema inmune entra en juego. En el caso de las intolerancias no es así. Puede aparecer por una alteración de nuestra microbiota. 

Existen varias teorías en cuanto al aumento de las intolerancias. Una de ellas tiene que ver con las cesáreas. En España, el 25% de los partos es por cesárea, cuando las recomendaciones giran entre un 10% y un 15%. Hay países peores como Brasil, o incluso Egipto que están llegando al 40%. ¿Por qué decimos lo de las cesáreas? Porque en el momento del parto, tan crucial, el bebé se infecta de las bacterias de la madre a través del canal de parto y ahí empieza a ser colonizado con su propia microbiota. Pero claro, con las cesáreas, esto no ocurre. Y luego viene la lactancia, a través de la cual la madre también le pasa al bebé su microbiota. Pero vivimos en un mundo en el que estamos obsesionados por la limpieza. Las mamás llevan distintos tipos de toallitas en el bolso, no dejan que el niño se ensucie, que juegue, que tenga mascotas. Por supuesto, también tiene que ver los aditivos y el tipo de alimentación que tenemos ahora, pero esto que te he contado, también es importante.

M.G.- Ángela, muy interesante todo lo que nos has contado. Confío en que el libro funcione muy bien y todos aprendamos mucho.

A.Q.- Esa es la idea.

M.G.- Muchas gracias por este momento.

A.Q.- Gracias a ti.


Sinopsis: Nos sentamos a la mesa, pinchamos con el tenedor un trozo de comida, nos la llevamos a la boca, la masticamos, la deglutimos… ¿Y luego qué?

Comemos al menos tres veces al día durante toda nuestra vida, pero no sabemos casi nada de lo que ocurre dentro de nosotros cuando ingerimos un alimento. Como consecuencia, a menudo tampoco entendemos el modo en que nuestro cuerpo reacciona frente a lo que hemos comido. ¿Por qué hay cosas que nos sientan bien y otras que no? ¿Qué relación hay entre lo que comemos y las enfermedades que desarrollamos a lo largo de la vida? ¿Qué nos dice el estómago cuando hace ruido? El mal aliento, las migrañas, las hinchazones abdominales, las alergias, la obesidad y hasta las depresiones pueden tener su origen en una mala digestión.

Este libro, lleno de curiosidades, toca cada aspecto relevante de nuestro proceso digestivo, incluso hasta llegar a esa gran desconocida: la caca, que tanto puede contarnos sobre nuestra salud. Entender de manera sencilla la complejidad del intestino nos hará más conscientes a la hora de decidir qué vamos a comer mañana para sentirnos mejor.

lunes, 3 de febrero de 2020

LAS HERMANAS de Stefan Zweig

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Editorial: Acantilado.

Fecha publicación: septiembre, 2011.
Precio: 11,00 € 
Género: Narrativa breve. 
Nº Páginas: 64 
Encuadernación: Tapa blanda con solapas. 
ISBN: 9788415277347
[Puedes empezar a leer aquí]

Autor

Stefan Zweig (Viena, 1881- Petrópolis, Brasil, 1942). Acantilado ha publicado la mayor parte de su obra narrativa y ensayística.

Sinopsis

En esta historia, tan pícara como moral, a pesar de la advertencia del autor, nos habla Zweig de la idea del doble, en este caso representado por dos hermanas: Sophia (la razón) y Helena (la pasión). Ambas compiten por recuperar, cada una a su manera, el esplendor perdido de su familia. Una, a través de la virtud, la otra, a través de la pasión. Pero, ¡cuán delgada es la línea que separa la templanza de la voluptuosidad! Precisamente esto es lo que Helena pretende averiguar cuando pone a prueba a su hermana, sin sospechar el sorprendente final que el destino le depara.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Stephan Zweig vuelve a aparecer por aquí, como ya ocurrió con las reseñas de Miedo, Mendel, el de los libros o Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Poco a poco, voy adquiriendo todas sus obras y, hasta la fecha, solo me ha dado grandes lecturas. Este autor tiene una habilidad prodigiosa a la hora de analizar lo más íntimo del ser humano, construyendo personajes sumamente emotivos e historias conmovedoras e intimistas. Sin embargo, en esta ocasión, me he topado con una pieza bien distinta, una obra que dista mucho de lo que había leído de Zweig hasta ahora, y no lo digo por su prosa, que sigue siendo igual de deliciosa, sino por el tono de la historia. Hoy os hablo de Las hermanas

Las hermanas se inicia con un pasaje introductorio, cuyas primeras líneas me han recordado al comienzo de El Quijote, haciendo mención a un lugar indeterminado, del que no se desea dar más pistas. En estas primeras páginas, el narrador hace referencia al hallazgo de un edificio soberbio, con aspecto monacal aunque de construcción profana, que llegó a sorprenderle por su solemnidad y por las dos torres que lo flanqueaban. Aguijoneado por la curiosidad, decide preguntar a un lugareño y será el relato de este ciudadano el que constituya la trama principal de esta pequeña novela, sin que tengamos la certeza de si la historia es real o simple leyenda.

Las dos hermanas narra la historia de Sophie y de Helena, dos hermanas gemelas, hijas de Herilunt, un capitán de la caballería, a las órdenes del rey Teodosio, y de una tendera, una mujer pobre y humilde, vendedora de especias y panes de miel. A pesar de formar parte de distintos estamentos sociales, el capitán se enamora tan profundamente de la joven, que no duda un instante en casarse con ella y colmarla de lujos. Después de un tiempo, entregados a la pasión, Herilunt tiene que regresar a la batalla y pronto se alza con grandes victorias por las que el rey Teodosio lo recompensa. Sin embargo, el joven guerrero es ambicioso y pretende hacerse con el reinado. Su ambición lo conduce a la muerte. 

Mientras todo esto ocurre, y sin que ella sepa nada sobre la suerte que ha corrido su marido, la esposa da a luz a dos niñas exactamente iguales, dos gotas de agua, tan parecidas que, ni siquiera la madre las puede distinguir. Pero la alegría del nacimiento pronto se nubla cuando la joven madre descubre que su marido ha muerto y el rey Teodosio la despoja de sus bienes, a causa de la traición del marido. La madre, con sus hijas recién nacidas, tendrá que regresar a su casa, en los barrios bajos de la ciudad, para volver a vender especias y panes de miel.

Sophie y Helena, -nombres cargados de significado-,  heredarán la belleza de su madre pero también la ambición de su padre. A medida que van creciendo, se vuelven más egoístas y repelen su condición humilde. Ellas quieren deslumbrar, ser las mejores en todo, y no solo con respecto a las demás niñas, sino también entre ellas. Los años irán pasando, y mientras más hermosas, más ambiciosas también. Tanto es así que Helena pone en marcha un plan. Convertirse en la mujer más deseada, en un objeto de pasión, a cuyos pies caigan rendidos todos los hombres del lugar. Su meta es desplumar a todos los amantes que caiga en sus redes, cosechando una gran fortuna. Por su parte, Sophie busca la manera de superar a su hermana y procurará hacerlo a través de la virtud. De este modo, se inicia una competición entre ambas, cada una en un papel opuesto: Helena, como la prostituta más codiciada, y Sophie, como la novicia más pura. Pero mejor no os desvelo ningún detalle más. Solo os diré que, Las hermanas es un cuento enorme en pequeño formato. Como siempre, Zweig muestra una habilidad sorprendente para escarbar en la naturaleza humana y mostrar al hombre (o la mujer, en este caso), tal y como es. 

Este cuento de Zweig lleva por subtítulo "Conte drolatique", es decir, cuento humorístico y es que la comedia está muy presente en esta breve historia. Es la primera vez que leo una obra del autor austriaco de corte humorístico, pero debo admitir que su humor es fino y elegante. La ambición de las hermanas por ser mejor que la otra, llega a tal extremo que ponen en práctica un plan descabellado, con el que el lector no dejará de sonreír. En cada línea nos vamos regodeando más y más, hasta llegar a un desenlace con moraleja.

Las hermanas es un cuento lleno de simbolismo y dualidades, poniendo sobre la mesa la pugna más sobresaliente, el honor y la virtud, el escándalo y el recogimiento. En definitiva, las dos caras de una misma moneda porque, como veremos, incluso en la pureza del individuo tiene cabida la tentación.

De los dos personajes me ha gustado más Helena. Definitivamente es ella la que maneja los hilos de este teatro de títeres y la que más sonrisas arrancará al lector. Ambas hermanas son muy inteligentes pero Helena es, además, astuta, pícara, ladina,... Siempre va por un paso delante. Algo que entenderéis cuando leáis la obra. En cualquier caso, Zweig acostumbra a perfilar muy bien a sus personajes. En ningún momento te vas a encontrar con uno que te resulte plano, con el que no conectes de un modo u otro.

Con largos párrafos, llenos de subordinadas, y unas descripciones ricas en matices, Zweig vuelve a sorprenderme. No sabría decir qué tienen sus obras pero hay algo de mágico en sus palabras, tiene una prosa que embelesa y te atrapa. Tanto es así que, este cuento, tan breve, te deja con tan buen sabor de boca que la he leído por segunda vez. Es como si, la primera lectura me sirviera únicamente como toma de contacto, para conocer la trama y a los personajes a grandes rasgos. Luego, en la segunda lectura es cuando me paro en los detalles, en la manera que tiene de describir, de revestir psicológicamente a los personajes. Me ha pasado más de una vez, sentir esa necesidad de hacer una segunda lectura. Es como más se disfruta de Las hermanas.

Dicho lo cual, estamos ante Zweig. ¿Quién puede resistirse? Además, es una nouvelle tan brevísima, con su toque de humor tan ácido, tan llena de psicología humana, tan magistralmente urdida, que hará las delicias de cualquier lector. Aunque la lea una única vez. 








 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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