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viernes, 7 de febrero de 2020

PARA OLVIDAR QUIÉN FUISTE de Fernando García Calderón

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Editorial: Algaida. 

Fecha publicación: noviembre, 2019. 

Precio: 20,00 € 

Género: Narrativa. 
Nº Páginas: 360 
Encuadernación: Tapa blanda con solapas. 
ISBN: 9788491891529 
[Disponible en ebook]





Autor

Fernando García Calderón nació en Sevilla, aunque reside en Madrid desde los diez años, donde estudió Ingeniería de Caminos. Es autor de nueve novelas y tres volúmenes de relatos. Tras ser galardonado en numerosos certámenes de cuentos como el Gabriel Miró o el Max Aub, en 1997 obtuvo el premio Félix Urabayen por la novela El vuelo de los halcones en la noche y dos años después el Ateneo de Valladolid por El hombre más perseguido.

Desde entonces ha publicado las novelas Lo que sé de ti (2002), La noticia (2006), La judía más hermosa (2006), La resonancia de un disparo (2008), Yo también fui Jack el Destripador (2015), Nadie muere en Zanzíbar (2016) y De lo visible y lo invisible (2018). Durante todo ese tiempo también ha intercalado volúmenes de relatos como El mal de tu ausencia (2000), Sedimentos en un pantano (2005, Eulalia Banda) y Diario de ausencias y acomodos (2016)

Sinopsis

Para olvidar quién fuiste se inicia en 1945, en plena caída de Berlín, construyendo un relato de la Europa de posguerra que nos traslada desde el campo de concentración de Mauthausen hasta la Alemania de los encubridores de criminales del nazismo, el Vaticano, la España preconstitucional y una Lisboa que recibe con júbilo la revolución de los claveles. Un marco irrepetible para la persecución sin cuartel de uno de los muchos médicos tristemente famosos por el trato que concedieron a los prisiones de la contienda mundial.

Para olvidar quién fuiste es una historia de cazadores de nazis, personajes atípicos que dedican su vida a una causa justa que, desgastada por el paso del tiempo, acaba adquiriendo resonancias de venganza. Y es en los personajes, perseguidores y perseguidos, donde se cimienta esta novela. Porque los primeros, personas tan corrientes como extraordinarias, dan vida a una anómala saga familiar, mientras los segundos constituyen el retrato fijo del clan en fuga.

[Información tomada directamente del ejemplar]

Así empieza Para olvidar quién fuiste:




[Lectura de las páginas 15 a 17; 

música: That Kid in Fourth Grade Who Really Liked the Denver Broncos 

de Chris Zabriskie (*)]




Europa. Posguerra. Mauthausen. Alemania. Nazis. Cazanazis. 

Seis ingredientes con los que espero llamar vuestra atención porque Para olvidar quién fuiste es una novela que no te debes perder. Ya lo dije en la entrevista con el autor (que puedes leer aquí). Y ya lo he dicho en varias ocasiones en las que he reseñado novelas o relatos de Fernando García Calderón. Espero que mi insistencia no provoque un efecto rebote porque, en mi ánimo, solo está el daros a conocer a un autor con cuyas novelas siempre disfruto mucho.

Para olvidar quién fuiste narra la historia de una familia por lo que, en este sentido, se podría considerar una saga familiar, es decir, la historia de varios miembros de un mismo clan, entre los que existen secretos inconfesables. Y sí, algún que otro secreto existe en esta familia pero, como bien dice la sinopsis, es una saga familiar anómala, dado que los protagonistas de esta historia tienen una ocupación singular, la de cazanazis.

La figura del cazanazis surge con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Cuando Alemania pierde la contienda frente a los Aliados, se liberaron los campos de concentración y se descubrió una realidad ante la que el mundo no daba crédito. Se habla de millones de víctimas sin que todavía se haya podido precisar una cifra exacta. Mujeres, hombres y niños fueron masacrados, sometidos a terribles torturas, ultrajados, asesinados. Y cuando todo llegaba a su final, los nazis y los miembros de la SS huyeron como las ratas que abandonan los barcos que se hunden. Dejaron atrás su país, se repartieron por el mundo y se escondieron en los lugares más recónditos. No obstante, el daño que habían causado era de tal magnitud que no se podía mirar hacia otro lado. Aunque muchas de las víctimas que sobrevivieron o las familias de los que fallecieron en manos de estos criminales, optaron por continuar con su vida y tratar de olvidar, lo cierto es que, hubo quienes canalizaron su rabia persiguiendo a los que habían cometido semejantes atrocidades. Y así nació la figura del cazador de nazis, hombres o mujeres que recorrieron el planeta, tras la pista de manos manchadas de sangre para hacer justicia y honrar, de algún modo, la memoria de los muertos.

En Para olvidar quién fuiste, el novelista Fernando García Calderón recupera esta figura y construye una novela coral en la que diversos protagonistas van dándose el relevo. La historia comienza con el joven Wilhem Lohaus, un soldado convaleciente que, en 1945, está a punto de ser padre. Procedente de una familia de la burguesía berlinesa, deciden abandonar Alemania en 1943, justo cuando prevén lo que va a ocurrir con Hitler al frente, pero Wilhem se niega a seguir los pasos de sus padres. Arquitecto de profesión, joven y con una prometedora carrera por delante, está tan enamorado de Gretl, su Moira, una criada menor de edad y judía, cuya familia estaba protegida por los Lohaus que decide permanecer a su lado. Alemán y judía se quedan juntos a verlas venir pero Wilhem se reclutado por Gobbels -había que dar algún escarmiento a las familias que abandonaban la patria- y mandado al frente ruso. Herido regresa junto a su joven judía pero algo en su interior se ha roto. El prometedor arquitecto se quiebra en dos y ni siquiera su amor consigue sacarlo del desánimo. 

Cuando su hija Anna (la que trae el bien) está a punto de nacer, tiene que marcharse de nuevo. Se embarcará en una aventura junto a otros miembros de la Werwolf, los hombres lobos, una organización ideada por Himmler para defender Alemania de los aliados, por medio de una guerra de guerrillas. Wilhem y su equipo de sabotaje tienen como misión escamotear los archivos de Mauthausen y dinamitar los barracones. Los aliados no podían ver lo que allí había ocurrido, era del todo necesario que toda aquella información no cayera en manos del otro bando. No obstante, lo que Wilhem encuentra en Mauthausen terminará de hacerle entender la locura en la que ha estado inmerso. Su objetivo cambia de dirección. Lo único que le interesa es ayudar a los prisioneros del campo, y entre ellos, al español Fernando Dieste, un adolescente que se encarga de enseñarle los horrores del campo. Sin embargo, el joven alemán está tan abatido por lo que ha ocurrido, que no encuentra más que una salida. 

"Cargó sobre sus espaldas y su corazón la culpa de toda Alemania, la Alemania de los perversos que se creyeron superiores, la Alemania de los que obedecieron para sacar tajada, la de los que callaron y miraron para otro lado por miedo a las represalias." [Pág. 36]

Pero hablo de Wilhem Lohaus como si él fuera el protagonista absoluto de esta historia y no es así. Como apunté antes, Para olvidar quién fuiste es una novela muy coral, con diversos protagonistas que se van dando el relevo uno a otro. El papel de Wilhem es prácticamente introductorio, el que da paso al grueso de esta novela, que estará protagonizada por Fernando Dieste, el joven prisionero que adoptará una identidad falsa y se unirá a otros personajes en la persecución y captura de los viejos nazis. Y ya, en el último tercio de esta novela, Anna (o Hannah, pues modificará levemente su nombre), la hija de Wilhem y Gretl, será la encargada de soportar el peso de la trama. 

Ellos interactuarán con otros personajes, algunos reales, como Simon Wiesenthal, el famoso cazanazis, fallecido en 2005, el hombre que, tras liberarse el campo de concentración de Mauthausen donde estuvo recluido, prometió dedicar el resto de su vida a hacer justicia, el que en 1947 funda el Centro de Documentación Judía, el que colaboró con el Mossad, y recibió amenazas. 

Así, Fernando y Hannah, con el respaldo de Wiesenthal y la información recopilada en el Centro de Documentación, rastrearán el mundo tras la pista de los nazis, pero también de los deportados españoles o tratarán de localizar igualmente a los kapos de los campos, tan permisivos con las atrocidades. Esta singular pareja, , dedicarán su vida a perseguir a hombres como Adolf Eichmann, Frank Stangl, Leon Degrelle, Josef Menguele, o algún otro que fue cambiando su nombre una y otra vez. Por cierto, hago un inciso, sobre el hijo de Menguele leí un artículo interesantísimo hace muy poco cuya lectura os recomiendo). Y en esa búsqueda, diversos escenarios. En la novela se hace especial hincapié a la colonia nazi en España, afincada en diversas ciudades o puntos estratégicos, como Zahara de los Atunes (Cádiz), donde existe una playa maravillosa que con el tiempo se la empezó a conocer como Playa de los Alemanes y así se la sigue llamando. Imaginaos por qué. 

Pero García Calderón no construye una novela histórica como tal. Aunque aporta datos, fechas e hitos que sobresalen en el caminar del mundo, el autor se centra principalmente en los personajes que tienen que lidiar con el contexto que les toca vivir. Es verdad que, entre estas páginas asomará la caída de Berlín, la revolución de los claveles, o parte de la dictadura argentina, pero si algo sobresale por encima de todo lo demás, son los personajes. El lector se va a encontrar con hombres y mujeres a los que les corre sangre por las venas. El abatimiento de Wilhem Lohaus, el poco valor que Fernando le da a su vida, el sentimiento de culpa que Hannah tiene con respecto a su hija, son emociones que humanizan a los personajes porque estos cazanazis, estos personajes que se mueven entre las sombras, solitarios la mayoría de las veces, reservados y que intentan volverse invisibles para el resto, también tienen otros sentimientos más allá del rencor, la rabia o el deseo de venganza. 

"Si en la guerra hubo colaboracionistas que traicionaron a los suyos, en la paz ha de haber peones que mantengan viva la memoria del horror causado por la sevicia de los que se creyeron superiores y por la cobardía de sus cómplices. Ninguno de los caídos en Mauthausen y en los restantes campos de concentración se merece el olvido" [Pág. 55]


Y si tengo que hablar de personajes, no puedo olvidarme de Bruno. Poco os voy a desvelar de él. Su nombre aparecerá estando muy avanzada la trama. Al principio pensé que era un niño hasta que comprendí quién era realmente y qué papel juega en esta historia. El autor consigue conectar unos personajes con otros de manera brillante. Y este Bruno será el encargado de un giro importante en el argumento. 

Por todo lo que llevo expuesto, Para olvidar quién fuiste es una gran novela, que aporta datos nuevos, menos manidos y más novedosos que los se suelen encontrar en las novelas sobre nazis, el Holocausto y la II Guerra Mundial. Y aunque lo he dicho muchas veces, lo repito. Me gustan los libros que me obligan a parar en la lectura para indagar más sobre lo que acabo de leer, libros que alimentan mi curiosidad, que me instruyen, que aportan un grano de arena en mi conocimiento. En esta novela, el lector se va a encontrar con una amena descripción sobre las rutas que emplearon los nazis para huir, un suceso en el que estuvo muy implicada la Iglesia, Roma y el Vaticano, e incluso algunos organismos que jamás hubiera imaginado. Y si además, esos libros me llevan a otros tantos, o me hablan de viejas películas o documentales, el placer de la lectura se multiplica. 

Con una prosa evocadora, elegante, cautivadora, unas estructuras gramaticales sólidas y bellas, un estilo poético y algo periodístico por momentos, un ritmo tranquilo al que no le falta suspense en las escenas claves, y un narrador que nos conquistará en un desenlace muy visual, Para olvidar quién fuiste es de esas novelas que van a ocupar un lugar predominante en tu estantería. Narrada de manera lineal, aunque con importantes saltos en el tiempo hacia delante, consigue atrapar al lector y no soltarlo hasta un final con frase lapidaria.

Más que recomendable.


Novelas y películas mencionadas en Para olvidar quién fuiste:

- Odessa de Frederick Forsyth (1972)
- El tercer hombre (Carol Reed, 1949)
- Las chicas de la Cruz Roja (Rafael J. Salvia, 1958)
- Una noche en la ópera (Sam Wood, 1935)







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]
(*)That Kid in Fourth Grade Who Really Liked the Denver Broncos de Chris Zabriskie está sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/)
Fuente: http://chriszabriskie.com/uvp/
Artista: http://chriszabriskie.com/]

Puedes adquirirlo aquí:



martes, 28 de enero de 2020

FERNANDO GARCÍA CALDERÓN: 'Para el cazanazi, la muerte en la cama de los criminales de guerra es un completo fracaso'

Hasta la fecha, todo lo que he leído de Fernando García Calderón ha llegado a conquistarme. Comencé con una novela mágica, Yo también fui Jack el Destripador (Ediciones del Viento), que me hizo entender el universo literario que anida en la mente de este autor. A aquella novela, que fabulaba sobre la identidad del asesino de Whitechapel, le siguieron otras tantas -Nadie muere en Zanzíbar, De lo visible y lo invisible (ambas editadas por Algaida) o  o El vuelo de los halcones en la noche (Alfar) - y algún que otro volumen de relatos, como Diario de ausencias y acomodos, editada igualmente por Alfar. No puedo más que alabar la pluma de García Calderón, poseedor de una sensibilidad brutal, capaz de transmitir las emociones más profundas.

Recientemente, el autor de origen sevillano, vuelve a colocar delante del lector una novela llena de grandes historias. Para olvidar quién fuiste (Algaida) hace un barrido por la historia universal desde 1945 hasta un pasado reciente, siguiendo la pista a aquellos criminales de guerra que consiguieron escapar de las garras de la justicia tras la Segunda Guerra Mundial y los horrores del Holocausto. Para contar esta historia, García Calderón ha elegido la figura del cazanazi. De todo ello hablamos hace unos días en su visita a Sevilla. 

Marisa G.- Fernando, siempre haces viajar al lector con tus novelas. Londres, Zanzíbar, Salamanca,... y consigues embarcarnos en historias apasionantes. En esta ocasión, nos a conocer la vida de unos cazanazis. ¿De dónde surge esta idea?

Fernando G.- Ya, con veinte años, me interesé por la idea del cazanazi. Desde entonces, he ido escribiendo fragmentos que luego he incorporado a esta novela. Si no la he escrito hasta ahora es, probablemente, porque me faltaba madurez. 

El concepto de cazanazi siempre me interesó. Después de la Segunda Guerra Mundial, se pretendió pasar página, dejar atrás el dolor y olvidarnos de lo que había ocurrido. Sin embargo, la figura del cazanazi nace para que eso no ocurra. Es una figura persistente, que quiere hacer justicia y no permite el olvido. Esa idea de la memoria, del recuerdo de las víctimas y del desagravio que supone el actuar dentro de los cánones de la justicia, me parecía muy interesante.

M.G.- Al margen del respaldo de alguna institución, ¿sigue existiendo la figura del cazanazi en solitario, a día de hoy?

F.G.- Sí, creo que sí. Aunque es una profesión, por decirlo de algún modo, que tiene fecha de caducidad. Esta cuestión era algo que también me interesaba mostrar. Indefectiblemente, llegará un momento en el que todos los nazis, por muy escondidos que estén, acaben muriendo. Para el cazanazi, la muerte en la cama de los criminales de guerra es un absoluto fracaso. Si el nazi muere en paz, el cazanazi falla en su misión. Con lo cual, también se produce una lucha contra el reloj. Así que sí, creo que todavía existen figuras así, pero las posibilidades de ir encontrando a los criminales son cada vez menores.

M.G.- Buscando en Internet me encontré esta mañana una noticia del año 2018, en la que se hablaba de la búsqueda de ciertos miembros de la SS. Quizá no son altos dignatarios pero sí se siguen buscando a aquellos que, en un escalafón inferior, también fueron responsables. 

F.G.- Los nazis contaminaron prácticamente todo. Consiguieron que algunos sacaran lo peor de su naturaleza humana, desde los mandamases hasta el último mono. Todos se comportaron de una manera totalmente infame. De tal modo que, hay más criminales de guerra de lo que podamos pensar. Así que, si eran jóvenes en aquellos años, es posible que aún se pueda encontrar alguno.

M.G.- Dos cuestiones que me han llamado mucho la atención de tu novela. Por un lado, el papel de la Iglesia en la huída de los nazis y, por otro, el hecho de que utilizaran camiones del ejército americano para poder huir. Me parece todo increíble. 

F.G.- Lo de los americanos es paradójico. Es que no se daban cuenta. Ese momento, después de la Segunda Guerra Mundial, había tal caos en Europa, que ocurrían cosas tan pintorescas como esta. 

En cuanto a la Iglesia, determinados obispos y determinadas personas dentro de la organización de la Iglesia Católica, ayudaron deliberadamente. Sin embargo, otros ni siquiera llegaron a enterarse de que estaban prestando esa ayuda. Es lo que ocurrió, por ejemplo, con la Cruz Roja. De todos modos, la ruta de los monasterios, como se solía llamar, que iba desde Austria a Roma, era conocida por una serie de personas y sabían lo que estaban haciendo. Pero, probablemente muchos no llegaron a tomar conciencia de lo que hacían. Estos nazis se aprovecharon del desconocimiento y del afán de unos cuantos de prestar una mano por ayudar al prójimo. En cualquier caso, tenían el apoyo del gobierno de Franco. Es decir, había una infraestructura bastante más poderosa, que iba más allá de la organización Odessa. 

M.G.- En tu novela he descubierto datos nuevos y me ha gustado reencontrarme con otros asuntos que no suele asomar mucho en libros con este trasfondo. Me refiero a la Werwolf. Háblanos un poco de esta organización. 

F.G.- Al final de la Segunda Guerra Mundial, a algún alemán se le ocurre la posibilidad de establecer un sistema de guerra de guerrillas. Pero el carácter alemán entraba en contradicción con todo eso. Con la Welworlf, se reclutaban hombres a los que, muy al final, y en determinados momentos, se les encargaba alguna misión. Se les llamaba hombres lobo. En la novela, intento darle un toque muy pintoresco y esperpéntico a todo esto para hacer el contrapunto sobre la tragedia que supone el momento. Se habla de varios miles de personas participando en este tipo de misiones. Quise introducir la figura del hombre lobo porque era una buena manera de que uno de los protagonistas, el soldado Wilhem Lohaus, acabara de tomar conciencia de cómo era realmente la Alemania que él conocía parcialmente por su participación en la guerra.

M.G.- Efectivamente el grupo de hombros lobos que tú configuras en la novela no puede ser más pintoresco: un cartero, una jovencita seductora, un crío,... 

F.G.- Quería desdramatizar la situación, y me parecía que era una combinación oportuna porque, efectivamente, el objetivo de esta gente era camuflarse, buscar una fórmula de trabajo que les permitiera pasar desapercibidos. Probablemente haya puesto más de mi imaginación que de realidad, pero me parecía oportuno dentro del contexto en el que se desarrolla la historia.

M.G.- No estamos únicamente ante una novela de cazanazis, sino también de supervivencia física y emocional. Hay muchos personajes que están muy torturados, hasta el punto de cometer suicidio.

F.G.- Sí, lo has dicho muy bien. En realidad, no quería hacer una historia de argumento sino más bien de personajes y por eso creo que he tardado más en culminar esta obra. Me interesaba más que la propia historia, ver cómo evolucionaba cada uno de esos personajes. Probablemente, el personaje de Anna (más tarde se llamará Hannah), que nace justo en el final de la Segunda Guerra Mundial, y se enfrenta a todo el periplo de búsqueda del nazi famoso, sea el que mejor muestre cómo es pasar de la absoluta inocencia al descreimiento o la desilusión.

M.G.- En cuanto al protagonismo, se podría decir que va pasando casi de padres a hijos. El foco de atención va cambiando de un personaje a otro, como si se fueran pasando el relevo unos a otros.

F.G.- Efectivamente. Es una carrera de relevos y es totalmente intencionado. Quizás no es una fórmula excesivamente comercial, pero me parecía interesante porque no quería centrar el foco en un gran protagonista sino en la evolución de varios, cuando se van pasando el testigo.

M.G.- La última parte de esa cadena, la protagoniza Anna, o Hannah cuando cambie su nombre, que es hija de una mujer judía y de un alemán. Esos contrastes me han gustado mucho, como también me ha parecido inverosímil el hecho de que, un personaje, como el profesor... , fuera un judío pronazi. Auténticamente paradójico.

F.G.- Ese personaje es muy curioso y en Madrid tuvo una gran vida. Pero volviendo a lo que tú comentabas, me interesaba el mestizaje, que no solo se produce en las familias sino en los sentimientos. Juego con la combinación de la memoria y el olvido, la justicia y la venganza, la ilusión y la decepción. Todo eso me parece que fundamenta la relación entre personas y he buscado personajes que fueran muy humanos. Eso era lo que realmente me interesaba en la novela, el concepto de humanidad, con todos sus virtudes y defectos. 

M.G.- Y entre todos los personajes, algunos reales. 

F.G.- Sí, cuando escribes una historia de esta naturaleza tratas de darle un contexto. Era inevitable que apareciera Mauthausen, que uso más como un símbolo que como el propio concepto del campo, o personajes reales. El problema está en que, en ocasiones la realidad parece del todo inverosímil. Hay que tener mucho cuidado con estas cosas porque, aunque quería contar una historia de corte realista, la verdad puede llegar a ser tan esperpéntica que nadie se crea lo que estás narrando. 

M.G.- Entre los personajes reales aparece Simon Wiesenthal, el famoso cazanazis. Y luego hay otro personaje, Fernando Dieste, un español que, por diversas circunstancias que no voy a desvelar, adquiere una identidad falsa, la de Peter Behrens. He encontrado a un Peter Behrens real, que fue arquitecto, aunque este murió en 1940. 

F.G.- En este caso, el personaje adopta el apellido de Behrens porque consigue un pasaporte falso. Fernando Dieste que está en el campo de concentración, es un personaje imaginario, pero sí es verdad que, según mi investigación, hubo algún Dieste en los campos de concentración. No hay más que eso. La investigación no pasa de ahí. Fernando Dieste es un personaje inventado dentro del contexto, pero para mí era importante que fuera español por lo que te comentaba antes, el mestizaje. Quería a un personaje que reprodujese todas las situaciones posibles dentro de Europa. Es un español que huye a Francia, que se mezcla con la resistencia francesa, que acaba en un campo de concentración y que, en esa situación extrema, se hace amigo de un soldado alemán. Y luego, convivirá con Simon Wiesethal y se convertirá en cazanazis. Con un personaje así quería mostrar que toda esta locura no era algo local, sino que nos afectaba a todos.

M.G.- Y entre todos los personajes hay uno muy interesante y no solo por quién es sino por cómo es. Me refiero a Bruno, un hombre con síndrome de Asperger y que está muy bien perfilado. Se muestra, muy a las claras, cómo son este tipo de personas.

F.G.- Tenía claro que quería meter un personaje con estas características. Ya tenía esta idea cuando empecé a pensar en esta historia, allá con mis veinte años. Obviamente, por entonces, no tenía muy claro cómo eran este tipo de personas. Pero es curioso porque, con el tiempo, me han llegado a decir que parezco una persona con síndrome de Asperger, que tengo ciertos tics que así lo hacen pensar, porque soy muy metódico, reproduzco mucho las cosas. Bueno, salvando las distancias me puedo sentir identificado con alguien de estas características y todos ellos tienen mi respeto y admiración. Sin duda, el personaje de Bruno me gusta especialmente. 

M.G.- La horquilla temporal abarca desde 1945 hasta una pincelada de 2008. Son muchos años en los que suceden diversos y conocidos hitos históricos.

F.G.- Es algo que no me ha costado especialmente. Son sucesos que, de un modo u otro, afectan al desarrollo de la trama. Me interesaba mostrar la revolución de los claveles en Lisboa, porque era un momento de crisis significativa. En las situaciones de crisis, los nazis que huyen se sienten desprotegidos. Lo mismo ocurre cuando alguno de ellos recala en Cádiz. Llega un momento en el que perciben que se van a producir importantes cambios en España, por lo que van a dejar de sentirse arropados por el gobierno español y las autoridades. Es entonces cuando tienen que salir de su "refugio" de manera precipitada y eso convierte la labor del cazanazi en una lucha contra el reloj.

Mi intención ha sido manejar escenarios y mostrar la evolución de Europa y de los propios personajes con la idea de provocar situaciones especiales, donde la actuación del cazanazi cobrara especial importancia. 

M.G.- Suena todo como un puzle que está milimétricamente encajado.

F.G.- Yo no me pongo a escribir hasta que no tengo la estructura perfectamente hilada en mi cabeza. Al principio, todas mis ideas cuadraban razonablemente y luego, la documentación no me decepcionó, no me desbarató esas ideas. Me empecé a documentar y todo encajó.

M.G.- Lisboa, Buenos Aires, Cádiz,... Son los escenarios de la novela, en algunos casos concretos como en Lisboa y en Buenos Aires, te sumerges mucho en la ciudad, de tal modo que llevas al lector por sus calles.

F.G.- Lisboa es mi ciudad literaria. Sus calles y barrios son literatura en sí mismos y disfruto mucho la ciudad cada vez que la visito. Lisboa me parecía un escenario perfecto para desarrollar parte de esta novela. Entre otras cosas, porque en Lisboa se da la circunstancia de que el nazi siente un cierto desequilibrio. No hay un apoyo decidido por parte de las autoridades. Y tampoco hay un apoyo al cazador del nazi. 

M.G.- Y Sevilla también aparece fugazmente. De hecho aparece este hotel, el Hotel Inglaterra, en el que nos encontramos ahora mismo conversando.

F.G.- Efectivamente. A este hotel le tengo mucho cariño. Forma parte de mi propia historia y de la historia de la ciudad. 

En cuanto a Sevilla, siempre aparece en mis historias de un modo u otro. De todos modos, en este caso concreto, tenemos que tener en cuenta que León Degrelle se refugió en Constantina porque los nazis encontraron también ayuda en Andalucía. Pero como dices, es verdad, tengo tanta afinidad por mi tierra que, tarde o temprano, tienen que salir si veo la ocasión. 

M.G.- Con respecto a Cádiz, ¿quién no conoce la playa de los Alemanes? Parece mentira que un enclave tan bonito encierre una historia tan truculenta.

F.G.- Era un enclave perfecto que conocían muy bien. Toda esa parte de Cádiz era muy propicia porque podían constituirse en núcleos. Si lo pensamos, una de las cosas que tienen los nazis es que son muy gregarios y forman clanes. Por eso los grandes fracasos se han producido cuando actuaban de forma individual. Ellos pensaban que algún día podrían volver a rescatar el concepto de Reich, y para ello necesitaban un cierto poderío económico, que también se aborda en la novela con el tráfico de obras de arte.

M.G.- Ahí quería llegar yo. Si en los primeros bloques de la novela, la trama está más centrada en la persecución de nazis, en la última parte, se aborda el expolio y el robo de grandes obras de arte. Vuelve a aparecer la pintura, elemento muy común en tus novelas.

F.G.- (Risas) Te agradezco el comentario. Como bien sabes, la pintura es una de mis grandes pasiones y creo que hay un magnífico enlace entre pintura y literatura. Y has apuntado algo que a mí me resulta interesante, y me alegra que lo hayas percibido. Si nos fijamos el cazador de nazis que representa Peter Behrens es el anónimo, el que se mueve en la sombra, el que trata de obtener resultados a partir de sus pesquisas. Hannah, en el final de la trayectoria que representa la novela, se parece más al cazanazi oficial, a Simon Wiesenthal, personas que representan el concepto de justicia universal. Hannah tiene que representar un papel y dentro de ese papel, acomoda la situación para la búsqueda de resultados. No es lo mismo que Peter, que si tiene que matar a alguien en una esquina y cree que es la única forma de aplicar justicia, lo va a hacer. Hannah tiene otro tipo de condicionantes.

Y el argumento de las obras de arte, sí fue novedoso para mí. Todos hemos oído hablar del expolio de los nazis y de cómo robaron en tantos sitios, pero no sabía que había adquirido tal dimensión. Estamos hablando de más de medio millón de obras de arte robadas y algunos son robos flagrantes. No les importó convertirse en meros delincuentes.

M.G.- Por último, Fernando. La novela tiene cierto carácter periodístico. Hay fragmentos que se narran en presente como si fuera una noticia.

F.G.- Sí, es verdad. En realidad lo que pretendía era conseguir un narrador que no viviera con absoluta pasión todo lo que está contando. En algún momento de la trama, se dice que hay una serie de cuadernos que valen como documentación. Los personajes también cuentan con el testimonio de la familia, pero yo pretendía que no vivieran los hechos en primera persona, sino que hubiera un distanciamiento, que existiera una o dos generaciones entre los hechos y el narrador. Intentaba evitar que la historia se convirtiera en un melodrama y el distanciamiento también permitía criticar a los personajes porque estos personajes, son personas, no son grandes héroes que están haciendo un trabajo y se convierten en alguien superior. Es uno más de nosotros que se ve envuelto en una situación de crisis. Este narrador, que al final se descubre quien es, reúne todas las posibilidades y cualidades para poder actuar de esa manera. 

M.G.- De acuerdo Fernando, pues tengo que decirte que me ha gustado mucho leer esta novela. Me ha parecido muy interesante. Te agradezco este momento que hemos compartido y espero verte pronto de nuevo.

F.G.- Muchas gracias por tus palabras. Un placer.



Sinopsis: 'Para olvidar quién fuiste' se inicia en 1945, en plena caída de Berlín, construyendo un relato de la Europa de posguerra que nos traslada desde el campo de concentración de Mauthausen hasta la Alemania de los encubridores de criminales del nazismo, el Vaticano, la España preconstitucional y una Lisboa que recibe con júbilo la revolución de los claveles. Un marco irrepetible para la persecución sin cuartel de uno de los muchos médicos tristemente famosos por el trato que concedieron a los prisioneros de la contienda mundial.

Para olvidar quién fuiste es una historia de cazadores de nazis, personajes atípicos que dedican su vida a una causa justa que, desgastada por el paso del tiempo, acaba adquiriendo resonancias de venganza. Y es en los personajes, perseguidores y perseguidos, donde se cimienta esta novela. Porque los primeros, personas tan corrientes como extraordinarias, dan vida a una anómala saga familiar, mientras los segundos constituyen el retrato fijo del clan en fuga.

Será el encuentro casual de sus dos vástagos el percutor que active el desenlace en el mejor escenario posible: la Patagonia, el refugio de los huidos, el remedo de la Europa que éstos añoran.




viernes, 8 de febrero de 2019

EL VUELO DE LOS HALCONES EN LA NOCHE de Fernando García Calderón

Resultado de imagen de el vuelo de los halcones en la noche
Editorial: Ediciones Alfar. 
Fecha publicación: octubre, 2018. 
Precio: 16,00 € 
Género: Narrativa breve. 
Nº Páginas: 136 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa. 
ISBN: 978-84-7898-790-0 
[Disponible en eBook]


Autor

Fernando García Calderón es natural de Sevilla. Ha publicado hasta la fecha tres libros de relatos, todos ellos en Ediciones Alfar, y nueve novelas. 

Sinopsis

El vuelo de los halcones en la noche es la historia de una mujer que ha menguado su nombre hasta reducirlo a una interjección: Jo. La historia de una mujer que, al filo de una madurez insatisfecha, quema sus naves y se arroja en brazos de un amor extemporáneo. La historia de una mujer digna.

Inspirada libremente en cuadros del pintor Edward Hopper, esta novela rinde homenaje a su personal visión del ser humano y a una época que no regresará. 

Fernando García Calderón obtuvo con esta ópera prima el premio de novela corta Félix Urabayen en su edición vigésima tercera.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Fernando García Calderón es un clásico es este espacio. Lo conocí cuando publicó Yo también fui Jack el Destripador (Ediciones del Viento, 2015), una novela fascinante que teorizaba sobre la identidad del asesino de Whitechapel. Tremenda labor de documentación fue la que tuvo que hacer el escritor sevillano para construir una novela con una ambientación magnífica.  De ahí pasamos a  Diario de ausencias y acomodos (Ediciones Alfar, 2016), un volumen de quince relatos que daban a conocer la figura de un lingüista sevillano, Juan Ángel Santacruz Colle, vinculado en cierto modo con su familia, y en el que el gusto por la pintura está muy presente. Y posteriormente volvió a retomar el personaje en Nadie muere en Zanzíbar (Algaida, 2016), una novela aventurera donde conoceremos más en profundidad al lingüista.

Pero Fernando García Calderón se inició en la publicación mucho antes de todo eso. Fue en 1997 cuando gana el premio de novela corta Félix Urabayen, organizado por el Ayuntamiento de Toledo, y se alzó con el premio precisamente cuando galardonaron esta novela, El vuelo de los halcones en la noche, un texto breve que hoy vuelve a ver la luz gracias a una reedición a cargo de la editorial sevillana Alfar, una segunda oportunidad para una novela que bien merece la pena, revisada por su autor para actualizarla después de más de veinte años y que incluye, además, un epílogo donde García Calderón nos habla las claves principales del texto.

El vuelo de los halcones en la noche contiene una historia dentro de otra. A modo de preámbulo conoceremos a un editor anónimo que encuentra en el café Phillies de Nueva York una carpeta negra 'de cartón, de esas que tienen lazos para evitar que los papeles se salgan', depositada sobre una mesa del establecimiento. En su interior un manojo de páginas narra la historia de una mujer, Josephine. Movido por la curiosidad y su formación profesional, se dispone a leer el texto analizándolo con ojo crítico. La narración le parece tan interesante que la editorial decide publicarla de manera anónima. 

Lo que vendrá a continuación es la transcripción de esas páginas, la historia de Josephine, o de Jo, como la llegaremos a conocer más íntimamente, narrada en primera persona. De manera breve y concisa nos hablará de su infancia, su familia, su delicada salud y su forma de encarar la vida a medida que se va haciendo mayor. Ahondará un poco más en el primer amor, tras la aparición de Daniel, un hombre con el que cree tener un futuro, pero la relación no llegará a buen puerto por circunstancias que mejor nos os desvelo. No obstante, y tras una primera frustración, su vida cambiará radicalmente cuando aparezca ante su puerta un joven pintor, el Ícaro que supondrá la metamorfosis de Josephine. Este será el núcleo duro de la historia, un relato que se inicia en verano pero al que lamentablemente le llegará el invierno.

El vuelo de los halcones en la noche es una historia de lucha interior, de transformación, de alegría y de nuevas oportunidades, una moneda que también tiene su cruz, protagonizada por una mujer de provincias, diferente a todas las de su entorno y por supuesto muy distinta a sus hermanas. Es la mayor y el hecho de haber nacido mujer marcó la relación con su padre. Sobre su madre, sobre las relaciones familiares, se abordarán una serie de reflexiones que no me han dejado indiferente. Educada en el temor de Dios, disciplinada y obediente, su carácter, su reserva e incluso su aspecto le acarrearán el apelativo de 'rara', una etiqueta que ha ido arrastrando durante toda su vida, condenándola a una soltería pesada como una roca. No obstante, el destino no puede ser tan cruel (¿o sí?), puede que exista una esperanza para ella, todavía hay tiempo para conocer el amor, la pasión, el deseo,..., aunque para ello tenga que pagar un peaje. Al menos le quedará la dignidad.

Jo es una mujer con sus emociones y sentimientos, absolutamente de carne y hueso, y en su devenir tendrá que hacer frente a momentos de euforia y a caídas hacia el infierno. Como narradora de su propia historia, que le sirve como desahogo íntimo, evaluará lo ocurrido no sin faltarle una pizca de fina ironía. Y yo, como lectora, tengo que confesar que he sentido compasión por Jo. Acostumbrada a la soledad, al rechazo, a la ausencia de afecto, a una vida dedicada a poco más que el trabajo, no la podemos hacer culpable. Necesitaba sentirse viva y aprovechó la oportunidad que le brindaba la vida, a pesar de temer los más terribles presagios en el fondo de su corazón. Pero, ¿quién no hubiera hecho lo mismo? Toda mujer, en sus circunstancias, hubiera obrado igual, en ese sentido Jo es universal. Me ha parecido un personaje sumamente humano, labrado con delicadeza y con el que es fácil empatizar, algo que siempre admiro cuando detrás de la construcción del personaje habita un hombre. Aún así es nítida, cercana, transparente. Entenderemos sus motivaciones, afirmaremos ante cada uno de sus pasos aunque el pellizco que sentiremos en el esternón nos ponga sobre aviso.   

En relación al tiempo y al espacio, no existen grandes referencias,  pero será fácil discernir entre qué décadas estamos. Algunas anotaciones en relación al papel de la mujer y lo que se espera de ella socialmente, unido al uso de algunos utensilios domésticos, nos permiten ubicar la historia en el tiempo.

Prácticamente ocurre lo mismo con los escenarios. La ciudad de Nueva York asomará ante nuestro ojos como una 'ciudad excesiva', 'ombligo del mundo' que termina por cansar al editor pero que encandilará a Jo en su huida hacia el futuro, hacia el amor, hacia la entrega. Pero nuestra protagonista procede originariamente de otro lugar, un ámbito mucho más recóndito, más reducido, al que tan solo llegan los rumores de 'los acontecimientos que modifican la faz de la Tierra'. Ese entorno más rural era suficiente para Jo, que jugaba con cierta resignación las cartas que la vida le repartió, hasta que descubra las maravillas que se alzan al otro lado de sus íntimos límites, engrandecido todo aún más por ese torrente de emociones sobre el que ella cabalga. 

Pero me queda todavía algo importante que destacar de la novela. Decía al inicio de esta entrada, al hacer un repaso a la bibliografía del autor, que la pintura estaba muy vinculada a parte de su obra. Aquí ocurre exactamente igual. Cada capítulo se inicia con una entradilla encorsetada entre dos líneas rectas. Aparentemente no tienen nada que ver con la historia pero en realidad, son el hilo conductor y si te fijas, cada uno de esos pequeños textos tiene cierta conexión con el momento personal que vive la protagonista. En realidad, estas entradillas son la descripción libre que el autor realiza de diversos cuadros de Edward Hopper, algunos tan conocidos como Compartimento C, coche 293 o Sol matutino, títulos que a su vez, encabezarán cada uno de los capítulos que serán el particular homenaje del autor al pintor norteamericano.





Recuerdo que cuando entrevisté a García Calderón por Diario de ausencias y acomodos y le pregunté por su interés por la pintura y respondió

'A mí me gusta mucho la pintura. Durante bastante tiempo asocié el concepto de relato al concepto de una instantánea, pero más que fotográfica, a una instantánea pictórica. Es verdad que hay fotógrafos que he admirado muchísimo pero la pintura me ofrecía una cosa, y es que a través de un desarrollo técnico muy determinado, se generan sentimientos distintos y eso me gusta mucho como concepto de trabajo.'

Pero hablando de pintura, el lector de esta historia se sentirá como un lienzo en blanco en el que el autor dibuja las emociones de Jo, porque su prosa provoca un aluvión de conmociones. Suenan las palabras impresas en el papel como un suave y cálido susurro al oído.  La sensualidad inunda cada página, especialmente al describir los primeros encuentros de Jo con el amor. Hay exuberancia e intensidad en la descripción de los 'demonios' que se apoderan de Jo al conocer al pintor. Impetuosidad, turbación, un alud de sentimientos que nos inundan y los hacemos nuestros. Es una de las características del autor, la calidad de su prosa que no está hecha para una lectura voraz y veloz sino todo lo contrario, para deleitarse por un sendero mullido y luminoso. 

Con un total de veintidós capítulos, más el preámbulo del editor y la despedida por parte del autor, en forma de epílogo, todos ellos de escasa longitud, El vuelo de los halcones en la noche ha supuesto mi reencuentro con un autor al que no pierdo de vista. Nos regala en este texto la historia de una mujer vencida por la pasión, el deseo, el amor,... en un intento de erradicar la insatisfacción que siente. 

Nos pasamos los días y las semanas recomendando libros. Hoy me toca echar el freno con la intención de acercaros esta novela, de acercaros a Jo, una mujer que deja atrás la cobardía y acepta el reto que le proponen hasta las últimas consecuencias. Sinceramente creo que El vuelo de los halcones en la noche solo puede recibir elogios y buenas opiniones, por la historia en sí, llena de emotividad y ternura, por la forma en la que accedemos a ella -a través de un personaje anónimo que nos sirve de introductor-, pero especialmente por su personaje principal femenino. Nada os he comentado sobre el pintor de manera intencionada. 

En definitiva, me ha encantado esta lectura, la he disfrutado página tras página y me ha servido, al mismo tiempo, para asomarme a la pintura de Edward Hopper, y descubrir nuevos óleos con ese estilo tan peculiar que caracteriza al pintor. Lo dicho, una novela extremadamente recomendable. 







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:




martes, 28 de junio de 2016

ENTREVISTA a FERNANDO GARCÍA CALDERÓN (Nadie muere en Zanzíbar).

Autor


Fernando García Calderón nació en Sevilla, aunque reside en Madrid desde los diez años, donde estudió Ingeniería de Caminos. Es autor de ocho novelas y tres volúmenes de relatos. Tras ser galardonado en prestigiosos certámenes de cuentos de nuestra Península, en 1977 obtuvo el premio Félix Urabayen por la novela El vuelo de los halcones en la noche y, dos años después, el Ateneo de Valladolid por El hombre más perseguido.

Desde entonces ha publicado las novelas Lo que sé de ti (2002), La noticia (2006), La judía más hermosa (2006), La resonancia de un disparo (2008) y Yo también fui Jack el Destripador (2015). Durante todo ese tiempo también ha intercalado volúmenes de relatos como El mal de tu ausencia (2000), Sedimentos en un pantano (2004) y Diario de ausencias y acomodos (2016).


Sinopsis

Cuando Fernando García Calderón se tropezó con los diarios africanos de Juan Ángel Santacruz de Colle, ocultos durante años en un arca de filigrana, no sólo halló la autobiografía de un hombre increíble a fuer de excepcional, sino también una prodigiosa aventura para todos sus lectores.

Nacido en Sevilla en 1900, experto en libros antiguos y fundador de la logia de los Calígrafos, Santacruz llegó hasta el sultanato de Zanzíbar perseguido por espías nazis, tras participar en innumerables estafas y encontrarse fugazmente con Walter Benjamin. Allí aprendió un nuevo concepto de civilización, adoptó dos personalidades opuestas - el gibraltareño John Cross y el árabe Jamshid A. bin Said- y se convirtió en un altruista de ideas estrafalarias que causaba admiración por donde pasaba. Su vida se debatió entre dos territorios y dos mujeres; la intrépida Anna Wyatt y la abnegada Aisha. Colaborador en la sombra de Julius Nyerere, fue apreciado tanto por los brujos isleños como por los intelectuales de la nueva Tanganica. Suyo fue el plan que revolucionó la historia de Zanzíbar.

Nadie muere en Zanzíbar es una novela de aventuras personales y colectivas, un relato sobre la epifanía salvadora de un europeo descorazonado y las ansias de libertad de los pueblos de África. Una historia de segundas oportunidades, donde la pasión, la dignidad y la justicia cobran toda la ambigüedad de la que es capaz el ser humano.




[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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Sentarse con Fernando García Calderón es un placer al que difícilmente me resisto. Hay algo en su discurso, en la conexión que establece entre las palabras, aparentemente mundanas, que confiere a la conversación un toque mágico. Tras un hombre de aspecto bondadoso, comedido, humilde y respetuoso se oculta una gran balsa de conocimiento y experiencias que él suele transmitir con una oralidad esponjosa y exquisita, consiguiendo que el oyente se traslade a la tierra de los sueños y los cuentos.

En apenas un par de meses he tenido la oportunidad de sentarme a hablar con él en dos ocasiones distintas y sobre dos libros diferentes, sendos de su autoría, bajo un formato y editorial diferente, pero con un nexo en común, la figura del lingüista sevillano Juan Ángel Santacruz de Colle. Si en la primera ocasión, hablamos de relatos, en esta lo vamos a hacer de novela, una novela llena de aventuras y exotismo que a mí me ha encantado. 

Para que entendáis los términos de la entrevista, quiero dejaros una breve sinopsis adicional a la que aporta la editorial, de ese modo, no os perderéis entre las preguntas y las respuestas.

Juan Ángel Santacruz de Colle fue un hombre con una vida de película. Antes de estallar la Guerra Civil se ennovió con Ana, una tía abuela del autor pero diversas vicisitudes lo apartaron de ella, viajó fuera de España y la familia lo dio por muerto. No fue así, tuvo una vida relativamente larga y fructífera en Zanzíbar, llena de episodios singulares. 

En vida escribió unos diarios de cuya custodia se encargó Mei, un africano que se convirtió casi en su ahijado. Tras su muerte, Mei viaja a Sevilla a hacer entrega de tal legado a Ana pero se encontró que esta había muerto siendo muy joven por lo que la entrega quedó hecha a manos de la hermana, Luisa, la tía abuela del autor. En su lecho de muerte, la tía Luisa encarga a su nieto Fernando García Calderón escribir la historia de Juan Ángel Santacruz y para eso le hace entrega de un arca que contenía diversos cuadernos todos escritos de la mano del lingüista. 

Nadie muere en Zanzíbar es la historia de Juan Ángel Santacruz de Colle, pero también la de Fernando García Calderón y la de su familia, en cuyo seno tiene cabida este episodio y la figura de este lingüista cuya vida no se puede catalogar más que de apasionante. 

Sé que mis entrevistas son muy largas y no os puedo pedir que las leáis de cabo a rabo. Todo se debe a que no me considero quién para acortar o interpretar palabras que no son mías. No obstante, en esta ocasión sí os voy a solicitar que, en la medida de lo posible, leáis este encuentro en profundidad. La historia que esconde Nadie muere en Zanzíbar es espectacular, en el antes y en el durante, y merece ser oída. Palabra de lectora. Esto es lo que nos contó.  


Marisa G.- Fernando, volvemos a vernos para hablar de Juan Ángel Santacruz de Colle. Este hombre ya me pareció enigmático cuando hablamos de él en la entrevista anterior y me lo sigue resultando. Tanto él, allá donde esté, como algún pariente por lejano que sea, debe de estarte muy agradecido por sacar a la luz la figura de este hombre. 

Fernando G.- Bueno, de momento no hemos recibido ningún mensaje en ese sentido. De hecho tuve una entrevista con el Diario León, porque el apellido Colle proviene de allí, y estuvimos hablando sobre sus raíces y orígenes pero la verdad es que he manejado muy poca documentación en ese sentido y desconozco donde pueden andar su familia. Sería interesante, qué duda cabe.

M.G.- Con el libro anterior, usaste la figura de este lingüista para ir hilvanando una serie de relatos, sin embargo, en Nadie muere en Zanzíbar te centras exclusivamente en su vida, en formato de novela, pero Fernando, ¿este libro cómo lo podríamos definir? ¿Estaríamos hablando de una novela de aventuras, una biografía novelada, incluso un ensayo sobre Zanzíbar? ¿Cómo lo ves?

F.G.- Yo lo veo como novela. Se concibió como tal porque tuve que decidir qué instrumento era más idóneo para cumplir la voluntad de mi tía y realmente, si queríamos dar a conocer a este hombre, trabajar en el terreno intelectual no tenía mucho sentido, cuando su vida, además, es casi una novela en sí misma. No, yo lo concebí desde el principio como un proyecto novelístico y así he querido desarrollarlo.

M.G.- En el primer capítulo vemos cómo surge esta historia. En esas líneas, tú mencionas que tu tía abuela Luisa te reclama cuando está a punto de fallecer porque tiene un legado que dejarte, una caja que contiene una serie de documentos que un africano de nombre Mei le entregó tiempo atrás. Unos documentos de Juan Ángel Santacruz de Colle que fue novio de otra tía tuya, de Ana. Hablas de esta mujer con mucho misterio. Dices que incluso murió de pena por amor.

F.G.- Sí, las circunstancias de la Guerra Civil fueron evidentemente duras y en muchas familias ocurrieron acontecimientos que luego fueron más o menos silenciados a lo largo del tiempo. La historia de la tía Ana y mi familia es una historia que no se refleja en imágenes. Prácticamente no hay fotos de la tía Ana pero, sin embargo, tanto mi abuela como la tía Luisa hablaban de ella con un cariño muy especial. Puede afirmarse que es una especie de muerte de pena por amor en un momento muy gris de la historia de nuestro país, donde la alternativa que se le presenta es partir de Sevilla hacia La Roda de Andalucía, quitarse de en medio porque la situación en Sevilla es muy complicada. Y cuando le llega la noticia de que Juan Ángel ha muerto, para ella realmente acaba todo. En realidad no muere de pena sino de unas fiebres pero...

M.G.- Murió muy joven, ¿no?

F.G.- Sí, siendo muy jovencita.

M.G.- Bueno la tía Luisa vivía en Triana. Te lo tengo que preguntar Fernando porque tengo mucha curiosidad. ¿Dónde vivía exactamente la tía Luisa?




F.G.- (Risas) La tía Luisa vivía en el barrio de El Tardón. Allí viví yo también mis primeros años. Hago referencia a Triana porque para mí toda esa extensión es lo mismo. 

M.G.- Y hasta ese barrio de El Tardón llega Mei, el africano, como un ahijado de Juan Ángel Santacruz de Colle, le entrega a la tía Luisa una caja de madera con motivos hindúes y dentro hay un montón de legajos que recogen la vida del lingüista. ¿Conservas esa caja todavía?

F.G.- Yo no la tengo. La caja se guarda en la familia pero no está en mi poder, solo la he consultado. De hecho ni siquiera dejaron que me la llevara. Como es una novela, yo cuento que se me entrega la caja y he dispuesto de ella todo el tiempo pero solo he podido consultar la documentación que había en su interior. 

La historia de la caja y como llega a nuestra familia es como una leyenda, al menos, así lo entendíamos los más jóvenes pero claro, cuando mi tía me cuenta esta historia con pelos y señales, ya empiezo a tener dudas. Al final de toda la historia se reconoce como veraz una historia que parecía ficción.

M.G.- Y esta caja contenía unos cincuenta cuadernos, algunos recogían información sobre la flora y la fauna de Zanzíbar, otros sobre los idiomas de la zona..., pero veintiséis cuadernos que son sus diarios propiamente. Tú al principio, como dices, no te creías nada de esta historia. Pensabas que todo aquello que estabas leyendo era pura ficción.

F.G.- Sí. Lo primero que hice fue leer a saltos y no de corrido y me topé con varios acontecimientos que a mí no me parecían que fueran reales. Pensé que era una ficción de este señor, pero claro, después vas comprobando datos y van cuadrando las cosas. A partir de ahí, llego a reconocer que todo aquello es verdad. Hasta que no reconocí aquellos documentos como ciertos no tuve la misma percepción de la historia, no me sentí tan dentro. Digamos que si él tuvo una epifanía en la montaña sagrada de los masáis, yo la tuve mucho después y en otras circunstancias que no son tan románticas.

M.G.- Fernando tú cuentas en el libro que tu tía te hace el encargo de sacar a la luz esta figura y tú piensas que aquello supondría meses y meses de investigación sin lucro alguno. La propuesta no te parece muy atractiva inicialmente.

F.G.- Claro. Mira, yo me he tirado años con una novela, pero una novela propia con la que, desde el principio conozco la estructura de lo que quiero hacer. En este caso no era así. Además faltaba una parte en esos diarios, el final de la vida de Juan Ángel. Tampoco sabía si iba a poder conseguirlo. Tuve mis reticencias de inicio pero me considero una persona de compromiso y el compromiso familiar puede con todo. No tuve más remedio que ponerme a ello.

M.G.- A mí esta novela me resulta muy interesante por dos vías diferentes. Por un lado, por toda la vida de Juan Ángel, que me parece alucinante todo lo que hizo. Por otro lado, porque tú, una vez que te embarcas en esta aventura, visitas los lugares y hablas con las personas que tuvieron trato con el lingüista. De hecho viajas a Londres a buscar a Mei. ¿Cómo fue aquel encuentro?

F.G.- Fue muy especial. Mi tía abuela lo describió como un caballero casi con armadura. Un señor con una presencia enorme, con una dicción muy tranquila, muy singular, que habla en español, a pesar de que viene de donde viene,... Todo eso a mí me llega a impresionar cuando lo visito porque además este hombre vive muy bien, tiene una gran casa, con mucho reflejo hindú y africano en su interior, pero lo que más llama la atención de él es el aplomo. Luego cuando rascas no es tan así pero la primera percepción es la de un señor con un enorme aplomo que, de repente, se pone a contar una historia que bien podría ser un cuento de hadas. Cuando habla de Juan Ángel es como si hablara de su maestro, de alguien muy muy especial.

M.G.- ¿En qué año le entregó la caja a tu tía abuela?

F.G.- Sobre el año 1981. Bueno, en la novela se habla del año 81 aunque en realidad ocurre antes, lo que pasa es que yo hago una transposición a momentos que me interesan más desde el punto de vista novelístico. 

M.G.- Pero imagino que Mei te recibió con alegría al comprobar que había alguien interesado en la vida de Juan Ángel.

F.G.- Sí. Él también tenía una deuda pendiente y al ver que yo aparezco allí es como si él se hubiera quitado un peso de encima. 

M.G.- Fernando tú eres el narrador de la novela y no solamente te limitas a transmitir lo que encuentras en esos diarios sino que también vas intercalando el resultado de tus pesquisas, algo que está muy bien porque parece que el lector hace el viaje contigo.

F.G.- Eso es lo que yo pretendía desde el principio. A medida que se avanza en la novela, esa sensación se difumina a ratos porque yo tampoco pretendo cansar con el tiempo presente. El proyecto original eran dos novelas en una, una en tiempo presente y otra en pasado, con la vida de Juan Ángel pero resultaba un texto muy voluminoso. Mi idea de partida respecto al tiempo presente no era solo que el lector me acompañara en esas pesquisas sino que viera también cómo se viaja hasta Zanzíbar, casi como una guía turística, salvando las distancias.

M.G.- Juan Ángel tuvo como dos vidas, no solo ya por los lugares en los que residió, Europa y África, sino también por su personalidad. Durante su etapa europea digamos que era un poco díscolo o tarambana, con negocios muy oscuros, falsificando obras de importantes escritores al fundar la logia de los Calígrafos. Luego se marcha a Zanzíbar y allí parece que se redime, cambia su moral y comienza a hacer un montón de obras sociales con la gente de allí.

F.G.- Eso es lo más meritorio en este señor. Su primer periplo es conseguir dinero y fama en Europa, además con un sentido el riesgo muy singular porque se mete en embrollos deliberadamente. Creo que el afán de aventuras lo tenía más desarrollado en Europa que cuando llega a África, donde cambia su forma de pensar. ¿Por qué ocurre eso? Bueno, en la novela se describe. La visita a la montaña sagrada de los masáis es como un momento crucial en su vida, allí siente un momento de inspiración, quiere hacer algo por la gente que lo rodea. Pero, ciertamente, una vez que se produce ese fenómeno, prácticamente olvida su pasado. En sus cuadernos solo refleja pequeñísimas notas de su cultura y las referencias a su novia. No vuelve a hablar ni de su familia, ni siquiera. Creo que deliberadamente él trata de establecer un antes y un después. Al final de su vida es cuando verdaderamente vuelve a hacer recuento, pero mientras tanto se olvida de lo anterior.


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