viernes, 14 de junio de 2019

MARTA SANZ: 'No uso el humor como algo amable y tranquilizante sino como una sustancia vitriólica'

Retablo es uno de esos volúmenes que el lector suele mirar con ojos entusiastas en una librería. El mimo que Páginas de Espuma ha puesto a esta edición llena de matices, encandila en la primera ojeada, pero el enamoramiento se vuelve fervor cuando nos adentramos en su lectura. Bellamente ilustrado por Fernando Vicente, Retablo contiene dos cuentos de agradable, edificante y reflexiva lectura, que han salido de la pluma de Marta Sanz, una escritora de discurso luminoso, diáfano y bien estructurado. 

En Extraños en un tren (versión amarilla) y Jaboncillos Dos de Mayo, los títulos internos del volumen, vamos a encontrar dos buenas historias que nos van a hacer disfrutar de lo lindo. El primero hace un homenaje a la novela de Patricia Highsmith, presentándonos dos ancianas que se toman la justicia por su mano. El segundo, muestra la lucha de lo antiguo frente a lo más moderno, de lo más rancio frente a las nuevas tribus urbanas que nos colonizan. Sin embargo, resumir estas dos historias de una manera tan simplista me parece un grave pecado. Así que os invito a acercaros a este volumen, del que os daré más detalles en breve, para que lo descubráis vosotros mismos. Mientras tanto, y como adelanto, os dejo la entrevista con Marta Sanz.

Marisa G.- Marta, siento admiración por todos los autores que sois capaces de escribir de todo, desde novela, cuento, ensayo,... ¿Cómo se hace para manejar tantos registros con soltura?

Marta S.- Soy escritora, mi oficio es escribir, y como escritora soy consciente de que tengo a mi disposición diferentes géneros. La poesía, el relato, la novela, la columna periodística,... todo eso es la materia prima de mi oficio. En función de la pregunta, de la inquietud, del sentimiento o la emoción que quiero compartir en la conversación literaria con el espacio de recepción, elijo un género u otro. Forma parte de las habilidades que se van adquiriendo con el deseo de perfeccionarte en tu oficio. Creo que los que nos dedicamos a esto, más allá de que tengamos una serie de actitudes relacionadas con la capacidad del lenguaje, también tenemos la obligación de ir aprendiendo e ir mejorando. Ese tránsito por los distintos géneros o por los descubrimientos creativos que se producen cuando mezclas géneros distintos, forman parte de mi trabajo.

M.G.- ¿Pero te sientes más cómoda en un género u otro?

M.S.- No. Lo importante es que cada pulsión encuentre el género que necesita. Tienes que dar con el género adecuado y es la elección correcta la que otorga comodidad.  

M.G.- Ya te entiendo. Bueno, pues este 'Retablo' es un volumen ilustrado con dos cuentos. El primero, 'Extraños en un tren (versión amarilla)' es más afín al género negro. El segundo, 'Jaboncillos Dos de Mayo' está más vinculado al terror. Sin embargo, en ninguno de los dos falta el humor. ¿Qué resortes se deben tocar en literatura para arrancarle al lector una carcajada?

M.S.- El humor tiene mucho que ver con el reconocimiento de una realidad que no has visto de esa manera. Se produce cuando alguien te está mostrando dicha realidad a través de ese reverso humorístico que tienen todas las cosas y que tú no habías advertido. Se trata de juntar lo familiar con lo sorprendente para ver las cosas con otra luz y provocar así esa carcajada. No uso el humor como algo amable y tranquilizante sino como una sustancia vitriólica. Reírte te reirás pero la sonrisa se te queda un tanto congelada porque lo que te están contando tiene gracia solo relativamente. El humor es la sustancia que te permite meter el dedo en la llaga hasta el final para llegar a la raíz más oscura de las cosas, así que me siento muy identificada con el humor negro y con el tipo de cine que hacía Berlanga, o Forqué en 'Atraco a las tres'. Creo que son referentes bastante reconocibles en estos relatos. 

M.G.- A grandes rasgos, ¿cómo surge la idea de escribir estas dos historias?

M.S.- Surgen de la observación. Soy una escritora que tengo mucha conexión con la calle. Escribo con las ventanas abiertas, con las puertas abiertas, estoy atenta a los ruidos de mi escalera,... Una de las cualidades fundamentales que deben tener los que nos dedicamos a escribir es la observación, que posteriormente hay que reconvertir en lenguaje. Con estos cuentos, bastaba con abrir las ventanas de mi casa y mirar la calle. Me encontraba con los personajes que aparecen en 'Retablo'. De hecho, muchos de los personajes de estos dos cuentos existen realmente, se han reconocido y me han dado su visto bueno. 

Estos cuentos surgen también de la inquietud ante un mundo que está cambiando de una manera muy vertiginosa. La globalización económica ha propiciado una serie de conflictos en el ámbito urbano que yo pretendo retratar aquí. Lo que creo que podemos hacer desde la literatura es reflejar esos conflictos a través de historias, de personajes, de tramas,... y hacerlo de una manera que al lector le permita captar toda su complejidad, porque no se trata de simplificar las cosas. Con estos temas se puede hacer mucha demagogia y  pensar que todos los hípsters son unos demonios o que las raíces patrias son maravillosas. No es eso. Yo no quiero hacer apología de un casticismo casposo ni quiero demonizar a toda la invasión extraterrestre de los hípsters como se dice en el segundo relato. Sin embargo, sí quiero que los lectores se den cuenta de que estamos viviendo un movimiento extraordinariamente complejo y pretendo conseguirlo a través de historias paródicas, agridulces y llenas de humor negro, en el que hay un sector de la población más vulnerable que otro. Por ejemplo, las ancianas del primer relato reflejan a esas mujeres que viven solas en el centro de las ciudades y a veces son expulsadas de su barrio porque su economía no les llega ahora para vivir donde han vivido toda la vida. Este fenómeno es para mí un centro de interés y de mucha empatía.

M.G.- Sabemos por nota de prensa que las historias están ubicadas en Malasaña pero, por lo que cuentas, podrían ocurrir en cualquier barrio de cualquier ciudad.

M.S.- Perfectamente y además me gusta mucho que hagas esta observación porque parece ser que ahora en literatura, si una habla de su barrio, inmediatamente quedan excluidos los lectores de otros planetas, de otros países, de otras ciudades y de otros barrios. Tenemos un concepto de lo universal que únicamente se identifica con lo estadounidense y no es así. Creo que tú puedes hacer un relato universal, y que concierna a muchos lectores de muchos lugares, hablando del centro de Sevilla, o del centro de Vallecas, o del barrio de San Lorenzo en Roma. Lo que pasa es que últimamente la idea de barrios gentrificados camina en paralelo a la idea de estilo literario gentrificado, homogéneo, igual, traducible, con los mismos referentes sentimentales, con los mismos hábitos retóricos. Creo que, por una parte, 'Retablo' es una reflexión sobre esos cambios de la sociedad pero también pretende ser una reflexión sobre lo que consideramos universal, lo que consideramos particular, típico y sobre la gentrificación de los estilos literarios, esa idea de que todos los géneros terminan siendo el mismo. Las ciudades son descoloridas y los géneros literarios cada vez más, también.

M.G.- En 'Extraños en un tren' extrapolas el argumento de la novela de Patricia Highsmith y la llevas a ese barrio madrileño que hemos mencionado. Sustituyes a los protagonistas por dos ancianitas a las que describes a través del contenido de su botiquín, de su nevera y de su buzón. Dos mujeres que a mí me han producido ternura y tristeza a la vez. 

M.S.- Claro. Son dos mujeres que por una parte producen mucha empatía, compasión y ternura, pero luego no hay que olvidar que son dos especímenes muy resistentes, que saben crear vínculos fuertes y vínculos de carne entre ellas para solucionar sus problemas como antes se solucionaban los problemas, no a través de la virtualidad sino de una asociación muy íntima y muy carnal. Son personajes que he creado, como te decía antes, abriendo mi ventana y mirando a la vecina de enfrente. No tiene más misterio. 

Por otra parte, estoy muy contenta con el ilustrador. Fernando Vicente ha sabido, no solamente interpretar muy bien el texto que he escrito, sino dar su propio punto de vista, añadir su propia sensibilidad y enriquecer la historia. Te pongo un ejemplo clarísimo. Como muy bien has dicho a Ana Mari y a Matilde, se las describe por lo que contienen su nevera, su buzón y su botiquín, pero jamás se las describe físicamente. Sin embargo, Fernando las dibuja y les da una apariencia física concreta y a mí me parece que estos personajes no podrían tener otra mejor. 

M.G.- Pues hablando de las ilustraciones, en ese primer cuento, algunas imágenes son dobles. ¿A qué se debe este propósito?




M.S.- Te lo cuento como si Fernando Vicente me hubiera abducido porque es algo que se le ocurrió a él. Mira, al igual que yo hago un homenaje a la novela de Patricia Highsmith, él decidió hacer un homenaje a la adaptación cinematográfica de Hitchcock. Decidió emular el procedimiento que el director usaba para la televisión en los años 60, donde la pantalla se dividía en dos, a través de una línea diagonal, lo que permitía presentar dos escenas diferentes. A Fernando, esto le permitió completar todos los detalles del ambiente que forman parte de este relato.

M.G.- Qué curioso. Pues Marta, fíjate que este relato lo he leído casi como si se tratara de una obra de teatro. Para mí cada capítulo era como un acto. Además que me parece muy visual.

M.S.- En general, son dos textos muy sensoriales. 'Jaboncillos Dos de Mayo' es un texto que huele. Desde un punto de vista metafórico, todo esto lo que viene a representar es esa necesidad de recuperar los vínculos fuertes en nuestra sociedad frente a la supremacía de lo lejano, de lo fantasmagórico, de lo ausente,... Quiero las cosas que huelen, que saben, que se tocan y creo que esa es la atmósfera que prevalece en estos relatos.

Luego, respecto a lo que comentas de lo teatral, seguramente es verdad porque  también hay cierto intento de que un oído fino recoja las maneras de hablar, bastante marcadas, muy idiosincráticas, que en nada tienen que ver con esa especie de lengua que nos rodea, que parece que todos hablamos inglés aunque no hablemos ni una palabra.

M.G.- Sobre el inglés te haré un apunte más tarde. Sigo ahondando en el primer cuento que finaliza con una moraleja muy divertida pero a la vez muy crítica. En ella haces referencia a los grandes baches sociales a los que nos enfrentamos.

M.S.- Tienes razón. En esa moraleja saco a la luz preocupaciones importantes en este comienzo del siglo XXI y al mismo tiempo hago una sátira del origen didáctico del cuento como género literario. Antes era muy familiar que los cuentos tuvieran moraleja, esos apólogos. De hecho se escribían relatos para transmitir enseñanzas. Últimamente tenemos una visión del cuento que se ha separado de esa idea tradicional y que deja mucho más espacio de reflexión a los lectores. Quería jugar con la parodia de esa parte didáctica para suscitar muchas preguntas.

M.G.- Pasemos ahora al segundo cuento. 'Jaboncillos Dos de Mayo' es un cuento con muchos contrastes, con muchas comparaciones. Sin embargo, no es un cuento con el que se quiera atrapar al lector en un viaje nostálgico hacia el pasado.

M.S.- No, no. Es lo que te comentaba antes. No he querido hacer una reivindicación castiza de las esencias patrias nacionales. He querido constatar cómo nuestro espacio urbano está cambiando de manera muy rápida y eso hace que haya muchas generaciones que han perdido los referentes y las posibilidades de construir nuestra memoria y de construirnos incluso a nosotros como individuos. A veces, las transformaciones de nuestro espacio urbano nos producen un desconcierto y una inquietud que es natural y creo que, de la misma manera que no quiero incidir en la belleza del pasado, también me parecería muy absurdo asumir todas las transformaciones que estamos viviendo en los últimos años desde una perspectiva acrítica. Las nuevas tecnologías son maravillosas porque permiten la comunicación y con ellas a nuestro alcance, se habla de democracia y de libertad, pero las nuevas tecnologías también tienen un lado oscuro porque nos encapsulan cada día más y se generan comportamientos de extrema vigilancia y enormemente demagógicos. 

M.G.- Retomando la cuestión de los anglicismos, que figuran muchos en este segundo cuento, con lo rico que es el castellano, ¿por qué adoptamos tanta palabra inglesa?

M.S.- Clarísimamente forma parte de una estrategia publicitaria que al mismo tiempo se ha convertido en un elemento de manipulación ideológica. No importa lo que signifiquen las palabras, lo que importa es saber quién es el que manda. Eso es todo. Creo que estamos colonizados por un imperio que tiene la prevalencia en lo comercial, en lo económico, en lo político, el que dirige muchas veces el sesgo de las noticias que leemos en los periódicos y el que nos invita a comer 'cupcakes' en lugar de magdalenas. Hay una invasión del territorio que tiene que ver con la necesidad de dominio ideológico a través del lenguaje y a través de la publicidad.

M.G.- Y con respecto a las tribus urbanas, estas han existido desde siempre, van pasando una tras otra pero parece que todo el mundo tiene que ser tal o cual. ¿Uno no puede tener su propia identidad?

M.S.- Es todo muy paradójico. Tenemos  que formar parte de un grupo que nos haga sentir calorcito pero desde el punto de vista de lo que compramos, de lo que vendemos, de lo que aparentamos, de lo que nos ponemos encima, como si nos compráramos una personalidad a cuenta de los complementos que elegimos. Y sin embargo, cada vez somos más reacios a cualquier tipo de asociación partidista y reivindicamos nuestra individualidad como si el 'yo' fuera algo que estuviera más allá del 'nosotros'. Estos temas se abordan desde una perspectiva muy simplista y tendríamos que reflexionar sobre estas paradojas tan tremendas.

M.G.- Sí que son curiosas. Pero Marta, reflexionemos también sobre otra cuestión, la gentrificación, tema que abordas en este segundo cuento. ¿Siempre tiene consecuencias tan negativas?

M.S.- No. Sin querer simplificar el asunto, el proceso de gentrificación a veces tiene consecuencias muy negativas porque expulsa del centro, de los barrios, a las capas más desfavorecidas. Todo se encarece, los alquileres de las viviendas, los locales comerciales, hacer la compra es más caro.  Eso provoca que mucha gente tenga que abandonar el espacio en el que ha vivido siempre y en ese sentido, la gentrificación es muy negativa. Ahora bien, no lo es tanto cuando nos fijamos en los lavados de cara de ciertos espacios urbanos que estaban en la ruina y en la desolación. En Madrid, el barrio de Chueca es ahora un barrio 'gayfriendly' -usemos el anglicismo ya que estamos rodeados de ellos-, lleno de boutiques maravillosas, de vermuterías y restaurantes divinos. En cambio, ese mismo barrio era el núcleo de la drogadicción y el trapicheo de Madrid en los años 80. Los vecinos agradecieron ese proceso de gentrificación pero cada caso tiene sus peculiaridades.

Y podemos seguir reflexionando sobre más cuestiones. Hay centros de grandes ciudades que se convierten en parques temáticos y pierden su valor como barrios, donde la gente vive, disfruta de un centro cultural, de un parque, o del pequeño comercio de toda la vida. Claro, también tenemos que ser muy conscientes de lo que nos da de comer.

M.G.- Es verdad. Todo es según cómo se mire. 

Marta, 'Retablo' coincide en el tiempo con la publicación de un ensayo sobre el feminismo, titulado 'Monstruas y centauras'. ¿Qué opinión te merece lo que se ha hecho hasta ahora?

M.S.- Quiero mirar esto con mucho optimismo. Creo que nos quedan muchos espacios que conquistar desde el punto de vista de la igualdad. Siempre, siempre hay que aclarar que el machismo no es lo contrario del feminismo ni el feminismo lo contrario del machismo. El machismo es una enfermedad y el feminismo es un discurso corrector de esa lacra histórica, económica y social que llevamos padeciendo hace muchísimos años. Si lo miro con esa perspectiva tan optimista es porque creo que ha calado muy fuerte en la sociedad. Lo veo en las chicas jóvenes, lo veo en las chicas de mi generación que están ahora revisando las vidas de sus madres y abuelas, con unos ojos muy diferentes, y lo veo en que se están 'resignificando' el sentido de ciertas palabras como abuso, agresión, precariedad, discriminación laboral, techos de cristal.... . También soy optimista porque creo que ha calado hasta el punto de hacer mucho daño en personas que consideran que el feminismo y el discurso de la memoria son las dos bestias negras de este país. Eso significa que vamos por buen camino.

M.G.- Hay que seguir avanzando, sí. Marta, un placer conversar contigo. Muchas gracias por este retablo que tan buen rato me ha hecho pasar.

M.S.- Muchas gracias a ti. Un placer. 

Un volumen ilustrado y con dos historias maravillosas, nada simples sino más bien llenas de aristas, esto es lo que vais a encontrar en Retablo de Marta Sanz.



Ficha volumen

Editorial: Páginas de Espuma.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Ilustrado.
Nº Páginas: 96
Publicación:  Mayo, 2019
Precio: 17,00 €
ISBN: 978-84-8393-260-5
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.





jueves, 13 de junio de 2019

Presentación LOS COMETAS DE MIRIAM de Miriam Fernández

Durante la pasada Feria del Libro de Sevilla tuve la oportunidad de acompañar a Miriam Fernández en la presentación de su libro Los cometas de Miriam. La importancia de creer en ti, editada por Oberon Libros. Miriam es una joven a la que se le diagnosticó parálisis cerebral cuando era un bebé pero que ha conseguido cumplir muchos sueños como ser campeona de natación, cantar, grabar un disco, ganar algunos talent shows, impartir conferencias y charlas motivacionales y convertirse en actriz en la compañía de teatro de Blanca Marsillach. 

El acto se inició con su preciosa voz, entonando a capella un tema de Zahara y que lleva por título Con las ganas, canción que ya interpretó en las audiciones a ciegas de La Voz (edición 2019) y con la que consiguió ser seleccionada. Podéis ver y escuchar un fragmento de la canción en el siguiente vídeo.



Conocer a Miriam fue uno de los momentos más bonitos que viví durante la celebración de la feria porque me encontré cara a cara con una mujer joven, llena de vitalidad y de ganas de vivir, que jamás admite un 'no' por respuesta.  A pesar de que el diagnóstico médico no pudo ser más funesto, - 'Los médicos me dijeron que jamás podría caminar y que lo máximo que conseguiría sería arrastrarme por el suelo usando los codos para poder desplazarse'-, esta joven es el vivo ejemplo de la superación y el esfuerzo, luchando siempre por conseguir sus metas a pesar de los obstáculos que ha encontrado en el camino. Miriam nunca tira la toalla y asegura que los reveses del destino hay que afrontarlos con una sonrisa. No cabe duda que el mundo está plagado de personas con una fortaleza impresionante y que nos dan grandes lecciones de vida. Así es Miriam Fernández, a la que podemos conocer a través de este libro que acaba de publicar y cuyo título esconde una metáfora. 'Los cometas están compuestos de polvo, roca e hielo pero cuando todo eso se junta surgen las luces más bonitas del universo', manifestó esta joven que se desplaza acompañada de un andador al que ella llama cariñosamente 'mi descapotable'. 'Creo que la vida es un aprendizaje, una enseñanza diaria. He querido compartir mi historia con todos los lectores por si a alguien le sirve de motivación o le ilumina de alguna manera' - señaló ante una carpa en la que el público se quedó primero embelesado por su voz y después por su historia personal. Estamos ante un libro para todo tipo de público pero quiere hacer especial hincapié en la juventud a los que pretende enseñar que se debe valorar lo que se tiene hoy sin que tengan que ocurrir situaciones trágicas que nos abran los ojos.

Y cuando digo que Miriam no ha tenido una vida fácil, lo digo con fundamento. Desde el minuto cero todo se puso en su contra y aún así ha sabido salir victoriosa. Miriam nace del amor entre una pareja muy joven - 19 años ella y 21 años él-, sin apenas recursos pero que decidieron salir adelante con aquella vida que tenían entre las manos. Sin embargo, tras el parto se encontraron con la dura realidad. No tenían medios para hacer frente a la crianza del bebé y enseguida aparecieron los servicios sociales para hacerse cargo de la pequeña. No obstante, sus padres optaron por esquivar la burocracia y entregar su bebé a otra familia consolidada, los Fernández, un matrimonio que ya tenía siete hijos más, siendo el más pequeño un adolescente, y que no dudaron a la hora de acogerla y proporcionarle una vida. Ellos se han encargado de cuidarla, de educarla, y de apoyarla. 'Mi familia adoptiva se esforzó por estimularme, por motivarme para que luchara contra mi propio cuerpo. Con cuatro años rompí aquel diagnóstico porque di mi primer paso y a partir de ese momento todo empezó a ir hacia arriba'. Tras aquel logro vino la rehabilitación. 'Tenía una fisioterapeuta que me enseñó a caer con mucho estilo pero con la que aprendí también que la única forma de avanzar en la vida es levantándote cada vez que te caes'. Y si la fisioterapeuta le enseñó a caer sin hacerse daño su madre le enseñó a levantarse sola del suelo. 'Cada vez que me caía en casa, mi madre impedía que mis hermanos me ayudaran. Me obligaba a buscar la manera de levantarme yo sola sin ayuda de nadie'. Un declaración de este tipo obligaba a hablar sobre super protección, una actitud que no beneficia en nada al protegido. 'Hay que enseñar a las personas a valerse por sí mismas, independientemente de tener una discapacidad o no. La parálisis cerebral más terrible no es la que yo tengo sino el miedo y eso nos afecta a todos', afirmó. 


[Imagen cedida por Javier Mata]

Más allá de todo esto, Miriam nos cuenta en su libro muchos otros episodios, momentos complicados y difíciles de los que se puede siempre extraer algo positivo. Sufrió acoso escolar de pequeña, llegó a reencontrarse con su madre biológica pero aseguró que el momento más duro que le ha tocado narrar fue el fallecimiento de su padre adoptivo. 'Mi padre murió cuando yo tenía dieciocho años y para mí fue un golpe tremendo', confesó. Comentó también que aquella pérdida le enseñó otra gran lección, a valorar lo que tiene hoy y no acostarse nunca sin decirle a su madre que la quiere o sin intentar hacer lo posible para hacerla feliz a sus ochenta años.

Compartió también con los asistentes un secreto a voces, su pasión por la música, en la que se ha refugiado en los momentos más grises. Recordó sin rencor que, cuando llegaba del colegio después de un día en el que se habían burlado de ella, se encerraba en su habitación, ponía todos los peluches encima de la cama como si fueran el público y se ponía cantar. 'La música ha sido mi motivo para sonreír, mi manera de expresarme, mi lenguaje ante el mundo', confesó esta joven de voz dulce que ya publicó un trabajo discográfico titulado Bailando bajo la lluvia, un disco que nació fruto de su paso por el programa Tú sí que vales del que resultó ganadora en la edición de 2008. Ahora está en plena preparación de su segundo disco del que ya podemos disfrutar de algún tema en Youtube.




A pesar de contener algunos capítulos algo tristes, Los cometas de Miriam es un libro lleno de optimismo y esperanza que nos enseña a mirar la realidad desde un ángulo mucho más positivo. 'Lo primero que hay que hacer es quererse mucho. Y quiero que cada persona que se asome al libro sienta que le estoy hablando como si fuera mi gran amigo, esa persona a la que se le cuenta todo, mis amores, mis circunstancias más personales'. Para ello utiliza un lenguaje cercano y sencillo y también el humor como arma para quitarle hierro a lo más complicado. 'En el libro también os cuento las ventajas que tiene ser coja, que las hay, o lo práctico que es mi andador porque tiene muchos más usos que los que uno puede pensar. Me sirve hasta de porta-cubatas', aseguró entre risas esta joven que tiene luz propia.

En cuanto al teatro, confesó que siempre ha querido ser actriz y que todo el mundo le decía que solo conseguiría papeles de 'chica de hospital'. De hecho, hace un cameo en la serie Vergüenza con Javier Gutiérrez, interpretando el papel de chica discapacitada. Pero por suerte se topó con Blanca Marsillach. 'Me becaron para hacer un curso de interpretación. A la representación de final de curso acudió Blanca y se fijó en mí. Tras un periodo de prueba en el que representamos la obra de su padre "Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?", me quedé fija en la compañía y ahora represento dos obras por año'. 

Y esta es Miriam Fernández, así es ella, una joven que asegura que en su diagnóstico médico solo se tuvo en cuenta la parte científica, 'la manchita negra de mi cerebro que detectó el escáner, mi capacidad física y la forma de mis pies', pero en el que obviaron todo lo que se podía conseguir con esfuerzo, entrega y sobre todo amor. 'Me produce mucha tristeza encontrarme con chicos o chicas con discapacidad, cuyos padres se sienten vencidos por una opinión médica y no hacen nada por cambiar la realidad', confesó.

Los cometas de Miriam puede considerarse una prolongación de las conferencias y charlas que ella ofrece. En este enlace podéis ver la que impartió en Sevilla dentro del marco de las charlas TEXd. Ya veis que es una mujer que no se frena con nada, un ejemplo a seguir y una fuente de valiosas enseñanzas. Así que, desde aquí, os invito a conocerla, a aprender de sus experiencias y a leer su libro lleno de cometas, tan brillantes como las propias estrellas.




Ficha libro

Editorial: Oberon.
Colección: Libros singulares
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 232
Publicación: Marzo, 2019
Precio: 17,95 €
ISBN: 978-84-415-4123-8
Ficha completa aquí.








miércoles, 12 de junio de 2019

OLA DE CRÍMENES (COMEDIA - 2018)

Año: 2018

Nacionalidad: Española.

Director: Gracia Querejeta.

Reparto: Maribel Verdú, Juana Acosta, Paula Echevarría, Antonio Resines, Asier Rikarte, Miguel Bernardeu, Raúl Peña, Nora Navas, Teresa Lozano, Montse Pla, Roberto Bonacini, Luis Tosar, Javier Perdiguero, Mikel Tello, Jon Bermúdez, Ignacio Herráez, Francisca Horcajo, Jazmín Abuín, Javier Cámara, Txema Blasco.

Género: Comedia

Sinopsis: El hijo adolescente de Leyre, un ama de casa acomodadamente divorciada, mata a su padre en un arrebato. Ella decide hacer lo imposible por ocultarlo, desatando a su pesar una caótica ola de crímenes en la ciudad de Bilbao. Mientras, la nueva esposa del difunto y su implacable abogada tratan de ocultar la jugosa trama de corrupción en la que se movían. Pero no habían contado con la perseverancia de la pareja de inspectores de la Ertzaintza encargados del caso.

[Fuente: Filmaffinity]



Me sorprende lo poco que me sonaba esta película y más teniendo en cuenta que Mediaset está detrás y ya sabemos lo que eso significa, campañas de publicidad bastante invasivas pero sinceramente no recuerdo ningún anuncio. Aunque, por otra parte, esa falta de información también puede venir a demostrar que veo poca televisión y mucho menos, Tele 5. Sin embargo, me resisto mucho menos a las plataformas donde elijo lo que quiero y cuando quiero y fue así, mirando en Movistar+, como me topé con Ola de crímenes. La verdad es que, a primera vista, no me pareció una cinta española. Al ver la cartelera pensé por un momento que se trataba de una comedia americana, tontorrona e infumable, que solo sirve para tenerla de música de fondo mientras miras el móvil, pero al darle a información me llevé una sorpresa. Comedia española, dirigida por Gracia Querejeta y protagonizada por Maribel Verdú acompañada de un montón de nombres bien conocidos en nuestro cine. 'Venga, vamos a verla', pensé. Y a ello me puse hace unos días.

Ola de crímenes narra la historia de Leyre (Maribel Verdú), una mujer divorciada de Cosme (Luis Tosar) y madre de Asier, un hijo un tanto especial. Cosme está casado actualmente con Vanesa (Paula Echevarría) pero mantiene alguna relación esporádica con Leyre, lo que le viene bien porque ella vive en una suntuosa casa de una zona residencial, no tiene trabajo y la pensión que le pasa Cosme es escasa para mantener su nivel de vida. Así que, entre revolcón y revolcón, pueden caer un par de zapatos bonitos o el abono de alguna factura. Sin embargo, todo se complica cuando su ex marido se aburre de ese plan extramarital, opta por romper definitivamente con ella y vender la casa en la que Leyre vive con su hijo, al que por cierto su padre no soporta. La decisión acaba con el asesinato de Cosme en manos de Asier y a partir de ahí se inicia una particular bajada a los infiernos.

Leyre intentará encubrir a su hijo en todo momento, buscando la manera de salir del entuerto y endosarle el muerto a otro, nunca mejor dicho. A todo ello hay que sumarle que Cosme no era trigo limpio sino un promotor inmobiliario con negocios más negros que el carbón en el que están involucrados Vanesa y Susana (Juana Acosta), su abogada. La investigación por asesinato puede levantar la liebre y destapar toda una red de desfalco y para que eso no ocurra, es fundamental controlar el móvil de Cosme, dispositivo que está desaparecido desde el momento de la muerte. 

Y por si Leyre no tuviera suficientes problemas, Julen, el único amigo de su hijo, está locamente enamorado de ella, lo que lo complica todo aún más. 

La investigación correrá a cargo del inspector Andoni Galarza (Antonio Resines) y su compañero Juantxu. El primero es un policía a punto de jubilarse que no tiene más vida que el trabajo y cuidar de un padre enfermo y muy anciano. Divorciado, sin dinero y con una vida gris, la tentación llamará a su puerta. El segundo es un policía de la nueva escuela, fiel a los principios de su profesión pero poco dado al protocolo.

Pues bien, si mezclamos todo esto en una coctelera nos sale un largometraje que nos habla de los celos, la venganza, el amor por los hijos, la corrupción y el sexo. Una cinta que intenta pasar por comedia pero que difícilmente arranca una ligera sonrisa. Más allá de alguna escena algo simpática y de la histriónica interpretación de Maribel Verdú, no hay mucho que se pueda salvar en esta película. Es más, hay algunas partes que me sobran como la recreación de la mente calenturienta de Julen o las escenas de cama con Leye. Tengo la impresión que Ola de crímenes aspiraba a más de lo que al final ha conseguido porque no convence en ningún momento y el único punto fuerte de la cinta es su reparto.  

Los papeles principales están interpretados por nombres más que conocidos y que poseen bastante solvencia, algunos más que otros. Paula Echevarría no termina de encajar en un papel que no resulta convincente. Maribel Verdú está bastante correcta. Sobre ella se sustenta prácticamente toda la película mostrando una actitud de nerviosismo y torpeza extrema. Frente a ella, y en esta ocasión, me quedo con el trabajo de Juana Acosta. Su personaje pisa con fuerza, se mueve con soltura y le otorga mucha vivacidad a su texto. Ahora bien, tengo que decirlo porque si no reviento. Los tres personajes representan a tres mujeres con carácter pero se ve que para ello, es necesario estar todo el día subidas a unos vertiginosos zapatos de tacón de aguja y mostrar un escote generoso al que asoman senos voluptuosos. Me ha resultado llamativo que las tres compartan tales características como si solo por ello una se convirtiera en femme fatale, cuando resulta que, para hacer lo que estas mujeres hacen, hay que echar mano de la inteligencia y la astucia y no es necesario recurrir a los 18 cm de tacón ni a un balconette. Lo que digo, se percibe incluso desde la cartelería.

Pero sigamos con el reparto. A los nombres femeninos se unen otros tantos masculinos. Raúl Arévalo interpreta a un taxista implicado en un asunto del que él no sabe nada y al que todo le coge por sorpresa. Me gusta mucho este actor en sus papeles cómicos. Tengo la sensación de que un actor, para sentirse verdaderamente como tal, cree necesario interpretar papeles dramáticos pero a mí no me lo parece. Si pienso en los trabajos de Arévalo, me vienen a la mente con más potencia aquellos en los que ha sacado su vis más cómica. 

En paralelo tenemos a Antonio Resines en su papel de Andoni, un ertzaintza que no pasa un buen momento y que aportará la parte más dramática de la película. A él le pasa justo lo contrario que a Arévalo, que en esta ocasión su papel se envuelve de una seriedad tremenda. Su interpretación es tan correcta como la de Verdú.

Por otra parte, tenemos unos cuantos cameos. Luis Tosar ostenta un papel diminuto, una lástima porque es un grandísimo actor. Y lo mismo le ocurre a Javier Cámara, el responsable de que podamos lanzar alguna que otra sonrisa en el visionado.

En cuanto a la estructura, la historia comienza cuando el crimen y todos los acontecimientos posteriores han tenido lugar. Leyre quiere confesar sus crímenes y para ello acude a una iglesia para retroceder en el tiempo una vez está dentro del confesionario, con alguna vuelta al presente justo a mediados de la película, toda la historia está narrada en flashback.

En definitiva, Ola de crímenes es un largometraje que se deja ver (simplemente). Funciona muy bien para un viernes o un sábado por la noche cuando el resto de la programación resulta aún más infumable. Es una película que entretiene sin más, con buenos actores y unas interpretaciones que bueno, tampoco van a dejar un gran recuerdo. Poco más puedo deciros de esta cinta que se ve tan rápido como se olvida.






Tráiler:

Puedes adquirirla aquí:

                                    


martes, 11 de junio de 2019

ANDRÉS PÉREZ DOMÍNGUEZ: 'Me siento más escritor cuando escribo cuentos'

Hace unas semanas publicaba la reseña de La letra pequeña, una colección de cuentos escritos por Andrés Pérez Domínguez, autor que ya ha pasado por este espacio en calidad de novelista con obras como La clave Pinner, Los perros siempre ladran al anochecer y Los dioses cansados. Sin embargo, nunca me había acercado a él como cuentista, un género con el que precisamente se inició en la profesión. 

La letra pequeña es un volumen que contiene diez historias. De aquella lectura dije en su momento que poseía una carga intimista importante donde abundaba el monólogo interior y que estaban narrados de manera muy visual. Ha sido justo después cuando he podido conversar con el autor, cuando hemos podido sentarnos a desgranar estas historias que nacieron hace bastante tiempo, en algunos casos, y por las que el autor ha sido galardonado en algunos certámenes de relato corto. 



Marisa G.- Andrés, entre 'La letra pequeña' y el anterior volumen de cuentos han transcurrido diez años. Muchísimo tiempo.

Andrés P.- Sí, pero son diez años en los que no he dejado de escribir, ni de publicar. Después del anterior volumen de cuentos han salido a la luz varias novelas y entre una y otra no me ha dado lugar a publicar otro género. Prefiero espaciar las publicaciones pero claro, tiene el inconveniente de que se me va acumulando mucho material.

Por otro lado, los libros de cuentos tienen una complicación añadida con respecto a las novelas y es que los editores que generalmente me publican novelas no suelen estar tan predispuestos a publicarme los cuentos. Es algo que entiendo perfectamente porque los libros de cuentos tienen menos lectores, es un género minoritario, dentro de que la literatura es algo minoritario de por sí. Sé que hay muchos lectores a los que les cuesta verme en este registro, sin embargo, los que me llevan leyendo desde el principio me consideran un cuentista que a veces escribe novelas. Y aunque publique cuentos con poca frecuencia, es un género que adoro y que no dejo de practicar. 

M.G.- Pero, precisamente por ser un género minoritario, se debería fomentar más a través de las editoriales y los autores, ¿no?

A.P.- Sí, pero las editoriales quieren ganar dinero. Lo veo totalmente respetable y entendible. Quitando alguna editorial que se dedica únicamente al cuento y al ensayo, muy pocas se atreven a publicar cuentos. Es normal que los editores quieran novelas porque es la reina del mercado. Es así de sencillo.

El género del cuento sobrevive gracias a la generosidad entre comillas de quienes escribimos cuentos porque nos gusta y gracias también a tantos certámenes convocados por diputaciones, ayuntamientos y diversas entidades a lo largo y ancho de España, a los que siempre estaré muy agradecido porque empecé escribiendo narrativa breve y tuve la suerte de ganar muchos certámenes de este tipo. 

M.G.- Los cuentos requieren unas técnicas narrativas distintas a la novela. Quería preguntarte si cambia mucho tu manera de enfrentarte a un texto en función de si es un cuento o no.

A.P.- Sí y no. Siempre digo que un cuento es como correr los cien metros lisos y una novela, una maratón. Aunque en definitiva se trata de correr, en ambos casos se trata de llegar a la meta corriendo pero requiere una forma de correr diferente y una musculatura distinta. A la hora de escribir es necesario saber lo que no sirve en un cuento. En una novela puedes meter casi de todo porque es casi infinita, dentro de los parámetros que te impongas al escribir, pero en un cuento no. Un cuento es un mecanismo de precisión en el que no debe faltar nada pero sobre todo no puede sobrar nada. 

Chejov decía que si en un cuento aparece una pared con un clavo, el protagonista tiene que colgarse de ese clavo porque, de otro modo, no tiene sentido que aparezca. Un cuento es mucho más intenso, es como un frasco de perfume concentrado. El reto en el cuento es contar mucho con muy pocas cosas y además contar el momento preciso e interesante de la vida de un personaje, ese momento que es crucial aunque el propio personaje no lo sepa.

M.G.- Tengo que hacer una breve alusión a la cita que abre el volumen, esas palabras de Raymond Carver tan certeras y que cobran más sentido aún, cuando has terminado de leer el volumen.

A.P.- Me gusta mucho ese poema de Carver. Para hablar de Carver, de Cheever o de Cortázar, casi nos tenemos que poner de rodillas. Aprovecho ahora para decirte que se tiende a relacionar la palabra cuento con el mundo infantil y por supuesto, esto no es así. No es lo mismo 'Caperucita Roja' que 'El nadador' de Cheever, una de las obras maestras que inspiró la película del mismo nombre y que interpretó Burt Lancaster. En principio, la historia que narra ese cuento parece una tontería y sin embargo es algo mucho más profundo, mucho más duro, que te deja hecho polvo a final. Y es que lo que Cheever te está contando es mucho más que lo que contiene esas páginas. Esa es la magia de la literatura en general y de la narrativa breve, en particular.

M.G.- Sí, porque los cuentos no cuentan lo que leemos si no lo que está debajo.

A.P.- Efectivamente. En la brevedad de un cuento reside una metáfora, una alegoría. Por ejemplo, en el volumen hay un cuento titulado 'La mesa coja'. Narra la historia de una pareja en crisis que van a cenar al mismo restaurante en el que él le pidió matrimonio a su mujer. El hombre quiere la misma mesa en la que le hizo en su día la propuesta pero la mesa está coja. Le proponen cambiarse a otra y él no quiere. El tipo está empeñado en esa misma mesa e insiste en arreglarla para que deje de cojear porque en el fondo la mesa es una metáfora de su propio matrimonio, de su vida que se va a pique porque sabe que su mujer tiene un amante y pretende abandonarlo. Desconocemos si ella tiene motivos o no para dejarlo, eso no nos importa. Lo único que importa es que el marido quiere arreglar esa mesa por lo que significa.

M.G.- En estos textos se habla mucho de relaciones de pareja, de desamor, de infidelidades... ¿Podemos decir que todos tienen un hilo conductor?

A.P.- La infidelidad es lo que planea sobre todos los cuentos pero hurgando un poquito me di cuenta que el concepto 'letra pequeña' era aún más profundo y más interesante. Dentro de esa letra pequeña está la infidelidad pero también está el desengaño, la rutina, el tedio de la vida, el aburrimiento, la amargura,... y sin embargo, también tiene cabida la esperanza. El concepto 'letra pequeña' aparece en el primer cuento y en el último, y engloba también esa frase que tú mencionaste en la reseña, aquello de que en la vida y en el amor uno debe dejarse engañar si no quiere estar todo el tiempo enfadado.

M.G.- Una frase que a mí me dejó noqueada.

A.P.- Pero es totalmente cierta. Si tú eres muy exigente con tu pareja, con tus amigos, con tu familia porque tú quieres que ellos sean como tú quieres y no como son en realidad, al final te quedas solo. Te tienes que dejar engañar, incluso con gente cercana, pero te engañan para que no te enfades, para no hacerte daño. 

M.G.- Pero Andrés, el hecho de que todos tengan un hilo conductor invita a pensar a una escritura de golpe y porrazo, uno detrás de otro, para abordar todos estos temas de los que estamos hablando. ¿Esto es así?

A.P.- No, no. Hay cuentos muy antiguos. Algunos tienen hasta veinte años. Son cuentos que tenía por ahí. Si los agrupé fue porque tenían cierta unidad, aunque en realidad no es más que mi forma de ver el mundo. Contra eso uno no puede luchar. Tú que ya has leído varias novelas mías, podrás apreciar que en hay mucho de estos cuentos en 'Los dioses cansados' o en 'La clave Pinner', con ese protagonista que arrastra tanta amargura.

M.G.- Entre otras muchas cosas, tus historias me han hecho pensar en algo que tengo claro hace mucho tiempo. Una pareja no son siempre dos. Y no lo digo porque puedan surgir terceras personas sino porque cada miembro de la pareja aporta, a su vez, a mucha más gente a la relación, gente que influye y condiciona.

A.P.- Todos traemos una mochila que pesa más a medida que vas cumpliendo años pero en estos cuentos hay muchos triángulos. 

Por ejemplo, en 'Ojos tristes', el cuento más antiguo de la colección y que reúne buena parte de los elementos que luego estarían presente en mis novelas, hay un triángulo amoroso, pero también hay diferentes puntos de vista, la historia está narrada desde diferentes ángulos, no es una narración lineal sino que hay saltos en el tiempo,... Todo eso se puede encontrar con facilidad en mis escritos posteriores.

M.G.- Digamos que en ese cuento estabas definiendo tu estilo.

A.P.- Sí, pero hay algo más de lo que no me había percatado. He descubierto que todos mis libros son todos muy introspectivos, muy intimistas. Una amiga escritora me decía que mis novelas son thrillers intimistas y me gustó mucho esa definición. Está muy bien todo lo que le pasa al personaje por fuera pero a mí lo que realmente me importa es lo que le pasa por dentro.

M.G.- Lo que piensa por ejemplo la mujer del primer cuento 'Dibujos animados'. Me gustó muchísimo esa historia en la que vemos a una mujer furibunda y colérica que quiere abandonar el domicilio conyugal. ¿Cómo lo haces para que sea tan visual? Me ha parecido maravillosa esa voz narrativa y la realidad que se narra.

A.P.- Es un cuento tan real y tan triste al mismo tiempo. En ese breve cuento, cabe de todo, la situación de la mujer, la situación de los ancianos que viven con la gente joven, la situación de un niño, el adulterio,... Ella es la heroína del cuento. Me interesa mucho cómo se desarrolla todo cuando me travisto literariamente, cuando me meto en la piel de una mujer. 

M.G.- ¿Pero te cuesta más que hablar por voz de un hombre?

A.P.- No, no me cuesta más. Como todos somos personas, en definitiva sentimos más o menos igual. A mí me gusta mucho observar y escuchar. Hablo con muchas personas, con muchas mujeres y me voy nutriendo.

Fíjate que ese cuento que mencionas surge de algo que me contó mi madre una vez. Mi abuelo paterno vivía con nosotros y solía ayudar a mi madre a doblar las sábanas. Hace muchos años mi madre me dijo que mi abuelo le contó una vez una historia tan triste que tuvo que pedirle que parara porque se le saltaban las lágrimas. Ella no pone en pie de qué se trataba pero a mí todo aquello se me quedó grabado y lo usé para este cuento. 

Los escritores tenemos la ventaja de convertir en literatura lo que nos pasa y lo que nos cuentan aunque no sea necesariamente tal y como es porque no somos notarios y no tenemos que levantar acta de la realidad.




M.G.- ¿Y algún otro cuento que haya nacido de una historia real?

A.P. - Sí, 'El cumpleaños'. Hace muchos años, una anciana me estuvo llamando durante dos o tres semanas. Era una época en la que todavía no había identificación de llamada. La mujer llamaba a su hijo y me dejaba mensajes en el contestador, recriminándome que no la llamaba nunca. Si alguna vez llamaba y estaba yo en casa, al contestar, la mujer colgaba inmediatamente. No me daba lugar a decirle que no era su hijo. Nunca pude devolverle la llamada y así estuvo un tiempo.

M.G.- Pobrecilla... Y volviendo a 'La mesa coja'. Ese cuento me gusta especialmente no solo por la metáfora que encierra sino también por el juego con las voces narrativa. 

A.P.- Sí, es un cuento en el que vamos a poder leer el pensamiento de ella y el de él. Es más divertido jugar con las voces a la hora de escribir. 

M.G.- Pero será también más complejo.

A.P.- Sí, pero no difícil desde el momento en el que eres capaz de mirar hacia dentro y sacar lo que tienes en el interior. Cuando escribí 'La mesa coja' tenía que ponerme en la piel de él y de ella. Intentaba imaginar cómo me comportaría yo como hombre en esa situación y cómo me comportaría si fuera mujer. Me divierte mucho meterme en la piel de una mujer. Por ejemplo, cuando escribí 'El factor Einstein', la mala era una mujer. Las partes más divertidas a la hora de escribir eran aquellas que se apoyaban en ese personaje femenino. Me lo pasó muy bien haciéndolo. 

M.G.- ¿Es más experimental?

A.P.- Sí y resulta interesante cambiar el registro, analizar un punto de vista u otro. Me aporta muchas cosas, no ya como escritor sino como persona. Para poder escribir sobre algo tienes que intentar entenderlo. Para ser escritor tienes que tener mucha empatía y a la vez ser escritor te vuelve más empático. 

M.G.- Hablemos ahora de 'Duarte', otro de los cuentos. Una historia fabulosa que viene a ratificar la existencia de la justicia poética.

A.P.- En 'Duarte' hay dos personajes, el narrador y el propio Duarte. Es un cuento muy interesante en el que vamos a ver a un narrador que es un auténtico cabrón pero también da pena. El lector va a empatizar con el personaje en un momento de dado aunque no tiene que caerle bien porque el tipo es un cerdo. Sin embargo, ese cuento también encierra una metáfora, una lección. Si no te portas bien con los demás, a la larga, todo se vuelve en tu contra. Volvemos a lo que te decía de la letra pequeña, que termina por pasarte factura. 

M.G.- El propio personaje de Duarte es sumamente enigmático. Atrapa al lector y lo llena de curiosidad.

A.P.- Duarte es la encarnación de todos los miedos del narrador. Es un personaje que provoca duda en el lector. ¿Existe realmente o es una paranoia del protagonista?

M.G.- Bueno, yo interpreto que existe realmente.

A.P.- Cada lector lo verá de un modo distinto. Lo que te decía antes de la magia de la literatura. 

M.G.- Pues sí. Bueno Andrés, ahora quiero abordar una cuestión de la que ya estuvimos hablando cuando publicaste 'Los perros siempre ladran al anochecer'. Hablemos de nuevo de los finales abiertos que también aparecen en estos cuentos.  

A.P.- Retomemos el tema, claro. Mira, el lector debe entender que un final abierto no implica que el autor no sepa cómo terminar una historia. Cuando yo cierro un relato con un final abierto, sé perfectamente cómo acabarlo, lo que pasa es que no quiero que mi opinión prevalezca sobre la de ningún lector porque la suya es tan válida como la mía. Por otra parte, y esa es una de las dificultades del cuento, hay que saber cuándo poner el punto y final. A veces ocurre que, si alargamos una historia, el resultado final no es el mismo. Algo se rompe.

M.G.- Se pierde la magia.

A.P.- Claro. Sé que al adoptar esa decisión gano por un lado pero pierdo por otro. Aun así, lo que quiero es ofrecer al lector un puñetazo en el estómago y me acojo a lo que decía Cortázar, que en un cuento se gana por KO y en las novelas se gana por puntos, como si fuera un combate de boxeo. Y estoy muy de acuerdo. Los cuentos deben dejar ese bienestar amargo, aunque suene contradictorio.

Me siento más escritor cuando escribo cuentos, cuando estoy contando mi visión real del mundo, como yo veo las cosas.

M.G.- Yo te vuelvo a decir que a mí jamás me han importado los finales abiertos. Además es algo, en cierto modo, muy común en el género.

A.P.- Sé que hay muchos lectores a los que no les gustan los cuentos. Por supuesto, todos los gustos son muy respetables pero me atrevería a decir que se trata de un género que requiere a un lector que ya tenga muchas lecturas acumuladas y quiera probar cosas nuevas. 

M.G.- En cualquier caso, y para dejar esta cuestión clara, no todos los cuentos del volumen tienen un final abierto. Los hay con un cierre que impacta, que pilla por sorpresa.

A.P.- Sí, 'Flores para Amanda' termina de una manera muy drástica y sorprendente. Es un final que el lector no espera pero en esto de los desenlaces cada historia requiere un tipo de final. Además es decisión del autor y a veces acertará o otras veces, no. Lamentablemente, no se trata de una elección democrática y encima, por cada lector, habrá un posible y diferente final. 

M.G.- Por cierto, la editorial ha hecho un trabajo bárbaro con la edición. La cubierta es una preciosidad.

A.P.- Verónica Navarro es la diseñadora de la cubierta, la misma que ha hecho la de 'Falcó' para Reverte. 

M.G.- Es una imagen que resume perfectamente el contenido de esta colección.

A.P.- Es preciosa. Me hicieron varias propuestas y esta es la que más me gustó. Me parece que el libro está muy bien editado. La editorial lo ha mimado mucho. 

M.G.- Pues no me queda mucho más que preguntarte sobre el libro pero sí quería retomar algo que me comentaste una vez. Recuerdo que hace tiempo me hablaste de una propuesta de cine para una de tus novelas. 

A.P.- Sí, hace un par de años se puso en contacto conmigo un guionista diciendo que le gustaba mucho 'El silencio de tu nombre' para hacer una serie. Nos llegó una propuesta a través de mi agente. Escribieron un episodio piloto maravilloso y ahí estamos. Sé que el guionista se está moviendo con varias productoras. La idea original era hacer una serie de ocho episodios pero me dijeron que cada uno saldría por un millón de euros, tirando por lo bajo, así que no sé qué pasará al final.

No es la primera vez que me sucede. 'La clave Pinner' estuvo muy cerca de llevarse al cine y 'El violinista de Mauthausen' tuvo un par de intentos que no cuajaron.

En cualquier caso, lo más sangrante es lo del plagio.

M.G.- ¿Qué plagio?

A.P.- Te cuento. En 2017 se puso en contacto conmigo uno de los guionistas de 'El fotógrafo de Mauthausen', la película que ha protagonizado recientemente Mario Casas. Me dijeron que les gustaba mucho mi novela y me pedían permiso para usar un pasaje para la película. Se trataba de una escena en la que se narra la fiesta de cumpleaños de un niño en la que los camareros eran presos judíos y tal. Total que en un momento dado, el niño dispara a un camarero. Me pasaron las páginas del guion donde se narraba esa escena concreta, yo lo remití a mi agente y le pedí que respondiera denegando mi autorización para usar ese pasaje de la novela. Pues nada, ni caso. Lo han metido en la película. Así que ahora mismo el asunto está en manos del abogado que lleva los temas audiovisuales de mi agente. Hemos pedido una indemnización y no sé lo que pasará. 

M.G.- ¿Y para qué se meten en ese lío?

A.P.- No lo sé. Además de una manera tan tonta porque si no me lo dicen, lo mismo ni me entero o pienso que es pura casualidad pero me lo piden, pasan las páginas, les digo que no y encima lo ponen.

M.G.- Pues qué listos. A ver en qué queda todo. Bueno Andrés, no te robo más tiempo. Como siempre un placer conversar contigo.

A.P.- Lo mismo digo. Muchas gracias a ti.

Hasta aquí el encuentro con Andrés Pérez Domínguez. Aprovecho la coyuntura para volver a recomendaros la lectura de La letra pequeña, cuentos llenos de simbolismo, con un toque de suspense, bien narrados y con algún personaje inquietante.





Ficha libro

Editorial: Triskel.
Encuadernación: Rústica.
Nº Páginas: 136
Publicación: Mayo, 2019
Precio: 15,00 €
ISBN: 9788412033700
Disponible en e-Book
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.







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