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lunes, 2 de diciembre de 2024

LAS QUE NO DUERMEN. NASH de Dolores Redondo

Editorial: Destino
Fecha publicación: noviembre, 2024
Precio:  23,90 €
Género: novela negra
Nº Páginas: 608
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubiertas
ISBN: 978-84-233-6648-4
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autora

Dolores Redondo (Donostia-San Sebastián, 1969) es la autora de la «Trilogía del Baztán», el fenómeno literario en castellano más importante de los últimos años, que inauguró un género propio, el mystic noir: El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta; adaptadas al cine con gran éxito entre 2017 y 2020, y actualmente disponibles en Netflix. A la trilogía le siguió Todo esto te daré (2016), uno de los premios Planeta más vendidos, y adaptado como serie de la televisión pública francesa con gran acogida. En 2019 regresó al universo del Baztán con La cara norte del corazón, que está en desarrollo como serie televisiva en Hollywood: un hito de la ficción española contemporánea. En 2021 se reeditó Los privilegios del ángel, su primera novela. Con Esperando al diluvio (2022) entusiasmó de nuevo a lectores y crítica, además de motivar una nueva adaptación audiovisual. Hoy son ya 38 los idiomas a los que se han traducido sus obras, que cuentan con millones de lectores en todo el mundo.

Sinopsis

En los Valles Tranquilos no gusta desenterrar secretos ni revelar verdades. Prepárate para la noche más larga. 

La psicóloga forense Nash Elizondo documenta el origen de una leyenda sobre brujería en la sima de Legarrea, en uno de los Valles Tranquilos de Navarra, pero cuando desciende a la sima lo que haya es el cadáver de una joven desaparecida tres años atrás, Andrea Dancur; un caso que conmocionó al país entero, y por cuyo crimen una mujer cumple prisión. Estamos en marzo de 2020, y el hallazgo y las nuevas pistas obligan a reabrir una investigación que esta vez se desarrollará en dos planos distintos: por una parte, a través del método científico, y por otra, mediante la profundización en la psicología de los implicados y el conocimiento de los misterios ancestrales.

Nash Elizondo, que se adentra en un territorio mítico y por momentos hostil, contará con ayudas inesperadas, y se pondrá al frente de una estirpe de mujeres que no se doblegan ni siquiera cuando son las víctimas.

Los acontecimientos se suceden vertiginosamente en un relato que leemos con el corazón en un puño, sin tregua, de la mano maestra de Dolores Redondo. Con unos secundarios inolvidables, asomándonos al abismo de la crueldad y en una atmósfera de presagios e intuiciones, parte esencial de su envolvente mundo literario.

[Información tomada directamente del ejemplar]

He leído poco a Dolores Redondo, a pesar de que en casa descansan casi todas sus novelas. Y no porque no me atraigan sus historias sino más bien porque todos sabemos que es muy complicado leer todo aquello que nos atrae y nos apetece. Sin embargo, en esta ocasión, he querido hacerle hueco, aunque decir que he leído su última novela, Las que no duermen. NASH (Destino), no es hablar con propiedad. Lo correcto sería decir he audio-leído su último libro. Sí, audio-leído. Y es que, yo que renegaba tantísimo de los audiolibros, que echaba espuma por la boca cada vez que alguien me comentaba que escuchaba libros en vez de leerlo, he caído en la tentación. Se me ocurrió probar la experiencia a través de la prueba gratuita que te ofrece Audible y tengo que reconocer, y aquí hago acto de contrición, que el resultado ha sido más que satisfactorio. En realidad, no sólo he escuchado sino que, al mismo tiempo que lo escuchaba, lo iba leyendo, pero sin forzar la vista, y me ha parecido una experiencia totalmente envolvente. Además, está impecablemente narrado -salvando algún salto en la audición-, y lo he disfrutado mucho. Tanto, que me estoy planteando suscribirme. Pero bueno, a lo que voy, os cuento mis sensaciones tras la lectura de Las que no duermen. NASH, segunda parte de la tetralogía que se inició con Esperando al diluvio.

¿De qué trata esta novela?

La respuesta correcta sería de muchas cosas porque el lector se va a topar con varios frentes abiertos. Dolores Redondo nos lleva nuevamente al valle del Baztán, uno de los valles que, junto con el valle de Bortziriak y el valle de Malerreka, conforman los Valles Tranquilos. Un dibujo en las páginas iniciales de la novela nos muestra la zona por la que transcurrirá la acción, centrándose los hechos en dos localidades, Elbete y Elizondo. 




La novela se inicia con un capítulo introductorio, que tendrá sentido posteriormente. Nuestro primer contacto como lector será con la muerte, la de una que se precipita al vacío, cayendo por el interior de una gruta, y lanzando una maldición a los cielos. A partir de ahí, los hechos arrancan en febrero de 2020 (ojo a esta fecha), momento en el que conoceremos a Nash Elizondo -más tarde hablaremos brevemente de este curioso nombre-, profesora de Psicología Forense en la Universidad del País Vasco y espeleóloga. Nash y su equipo formado por Gabriel, Mikel, Julio y Xavier, forman el grupo Kondairak, una agrupación de espeleólogos y antropólogos que se adentran en cuevas y grietas «buscando huellas de asentamientos humanos», aunque lo que realmente hacen es desentrañar «la raíz antropológica y social» que se esconde tras los mitos y leyendas de la zona. Así, en una de estas salidas, el grupo de espeleólogos deciden investigar la sima de Legarrea, cerca de Gaztelu, «una de tantas sorginkobak», cueva de brujas que se dispersan a lo largo de todo el País Vasco, Navarra y parte de los Pirineos catalanes. Nash y su compañero Gabriel bajan al fondo de la gruta y, al margen de encontrar basura de todo tipo, hallan el cadáver de una joven.


«Las deportivas eran blancas, y los vaqueros le habían quedado ajustados antes de que los músculos de las piernas se resecasen en su interior. Una sudadera blanca adornada en cada manga con una gruesa liana verde con hojas del mismo color. El cabello oscuro y largo, extendido como una corona flamígena alrededor del cráneo, estaba en parte sobre el rostro, cubriéndolo como un velo ligero. Un atisbo en la mandíbula dibujaba una línea suave. Los brazos aparecían cruzados sobre el cuerpo, casi como si tuviera frío y hubiera muerto intentando procurarse algo de calor. Los únicos huesos visibles eran los de las manos: secos, esqueléticos y amarronados. Entre los dedos de la mano derecha sujetaba un trozo alargado de papel sucio». [pág. 29-30]


¿Quién es esta chica? Nash inmediatamente reconoce los dibujos de la sudadera que arropa los huesos del cadáver. Se trata de Andrea Dancur, una adolescente desaparecida hace tres años. A la joven se la dio por muerta y tras la investigación que se llevó a cabo en su momento, se arrestó a Salomé Aduriz, la novia de la madre de la joven, y por cuyo crimen fue condenada a quince años de prisión.

El hallazgo de los restos de la joven reabre el caso porque, más allá de descartar que pudo ser una muerte accidental, lo que se ha encontrado junto al cadáver y sujeto entre los huesos de los dedos de Andrea pone de manifiesto que Salomé Aduriz no pudo ser la asesina. Por lo tanto, la dejarán en libertad y se iniciará una nueva investigación, que dará pie a todo un entramado de secretos familiares, relaciones tormentosas, que pondrán el foco de atención sobre un buen número de personajes. Todos pueden ser los asesinado de Andrea, pues todos, de un modo u otro, parecen tener motivos para haber matado a la niña. 

Pero, de forma paralela a la investigación por la muerte de Andrea, se abrirán nuevas líneas narrativas que conectan directamente con esas leyendas sobre brujas que circulan por estos pueblos. Y es que, Nash y los componentes de Kondairak encontrarán algo más en el fondo de esa gruta. 

Así pues, se podría decir que la trama de Las que no duermen. NASH se sustenta sobre varios hilos narrativos. Por un lado vamos a tener todo el misterio que se cierne en torno al cadáver de Andrea Dancur. En la investigación, jugará un papel muy importante Nash, encargada de «interrogar», y lo pongo entre comillas, a todos los que, de un modo u otro tuvieron relación con la joven. Su misión será integrarse en el pequeño ecosistema del lugar, conocer a los vecinos, hablar con ellos, y dilucidar quién de todos ellos puede haber sido el ejecutor del crimen. En esta investigación, Nash no estará sola, sino que una vieja conocida de los lectores de las novelas de Dolores Redondo, la inspectora Amaia Salazar, acompañará a la psicóloga forense en la investigación, aunque ocupando más bien, un discreto segundo plano.

Por otro lado, la esfera personal de Nash tendrá bastante relevancia pues, con el avance de la lectura, iremos descubriendo que, sobre su pasado, también queda en el aire alguna incógnita.

A todo ello se añade que estamos en la primera mitad del año 2020 y rumores de un virus chino que está haciendo estragos en Italia se irá colando en la trama, hasta el momento en el que llega a España y se declara el estado de alarma y el confinamiento. Al respecto, hay algunos pasajes, y concretamente un capitulo que me dejó al borde de la lágrima pero no porque la autora recurra a la emoción fácil, sino porque, lo que se cuenta en esas páginas tiene cierta relación con mi experiencia vital.

Qué me ha gustado de la novela

Las que no duermen. Nash ha sido una de esas lecturas apetecibles, en las que piensas cuando estás en el trabajo, deseando encontrar ese momento en el que sólo existe tú y el libro. La trama es interesante porque, al margen de la investigación propia de un crimen -nada nuevo en las novelas negras, thrillers, policíacas-, cuenta también con un componente mitológico que tanto me gusta. ¿A quién no le llama la atención las leyendas sobre brujas? A mí, particularmente, es algo que me fascina. Siempre me ha interesado aprender más sobre mitos y leyendas. Y, aunque realmente esta parte de la historia es más secundaria, los momentos en los que se habla de las sorgiñas me han encandilado.

Por otra parte, me gusta leer novelas en las que la pandemia es una realidad. Creo que la tensión, la angustia, el dolor y el sufrimiento que se vivió y se vio durante la etapa más complicada de los últimos años, suponen un plus en una novela cuya trama está llena de misterio, de pesadumbre, de incógnitas y de tormentos. Inicialmente, se tiene la sensación de que la pandemia y el confinamiento será algo puramente anecdótico. Sin embargo, y sin que tampoco adquiriera un importante significado, irá ganando fuerza con el avance de los hechos, especialmente porque el lector sabe lo que va a ocurrir, que se va a decretar un encierro para la población, con todo lo que eso implica. Y, como dije antes, hubo algún pasaje y capítulo especialmente emotivo para mí. 

También me ha parecido digno de admirar el dominio que Dolores Redondo posee de ciertas cuestiones relacionadas con la anatomía y patología forense. Entiendo que, después de escribir un puñado de novelas en las que los  muertos, asesinatos y crímenes se suceden uno tras otro, Dolores Redondo habrá investigado lo suyo y habrá adquirido un conocimiento científico interesante. No obstante, y a pesar de ello, a mí me ha sorprendido mucho, y gratamente, la cantidad de información que nos ofrece sobre los procesos por los que pasa un cadáver, los elementos que intervienen en la descomposición de los tejidos, las técnicas analíticas en los laboratorios forenses,... Son conocimientos y datos que encajan perfectamente en el desarrollo de la trama, colocados en el lugar y momento justo, y sin que me hayan resultado aburridos o metidos con calzador. 

A su vez, y casi como un personaje más en sus novelas, la ambientación juega un papel predominante. La autora coloca al lector en esos reductos pequeños, compuestos por un puñado de casas y un par de puentes que permiten cruzar el río Baztán. La niebla, la lluvia y el silencio frente al furor del agua a su paso por Elbete y Elizondo, espacios retratados como lugares por los que el paso del tiempo ha dejado su huella, escenarios llenos de leyendas, donde la gente prefiere no evitar mencionar ciertos sucesos o, si acaso, nombrarlos en un susurro suave. 


«Dicen que en los valles navarros no se chismorrea, como si obedeciesen a un antiguo decreto: están prohibidos los corrillos de comadreo, los cotilleos y las habladurías. Todo lo que debe saberse, se sabe; todo lo que debe contarse, se cuenta; pero las noticias no se transmiten de un modo sereno, cómplice y susurrado, con aire de confidencia obligada, como si no quedase más remedio. Ellos lo llaman ttuku-ttuku, una suerte de murmuración que se hace casi de modo quirúrgico, en voz baja, sin dejar traslucir el juicio ni la opinión y, por supuesto, sin dar muestras de que hacerlo agrade lo más mínimo, como si asumiesen de modo tácito que es hace porque debe hacerse, aunque no sea agradable, como arrancar una tirita». [pág. 113]

 

En cuanto a los personajes, de los que paso a contaros con más detalle un poco más abajo, me atrevería a decir que el más sobresaliente es el que menos me ha impactado. 

En definitiva, una novela con investigación criminal, engaños, mentiras, traiciones, amores imposibles, relaciones clandestinas, cruces de acusaciones y otras cuestiones espinosas de las que prefiero no mencionar nada.  Todo ello junto a leyendas, mitos, cuentos sobre brujas e inquisidores del País Vasco, conforman una trama, sencilla en apariencia -la investigación de la muerte de Andrea Dancur-, pero que nos depara más de una sorpresa.

Qué no me ha convencido 

Dicho los pros, ahora toca hablar de los contra. 

Sinceramente, creo que esta novela merece un recorte de páginas. Seiscientas son demasiadas para la historia. A lo largo de la lectura no ha dejado de rondarme por la cabeza la idea de que había escenas innecesarias. La sensación se incrementaba al encontrarme con ciertos diálogos, bastante largos, que no me aportaban gran cosa. A eso se añade que Dolores Redondo tiene un gesto consigo misma, se hace un guiño y, a través de las conversaciones de algunos personajes, se hablará de las novelas que ha escrito, de su personaje Amaia Salazar, a la que se le atribuye una existencia real pero que vuelve a ser personaje de esta novela. Tendremos referencias al caso Basajaun, a las sectas que poblaban estas tierras, llevando a cabo rituales y matando niños pequeños, ideas que planearán ocasionalmente por la muerte de Andrea Dancur. Pero ese pequeño homenaje se reitera y lo que, al principio parece un guiño simpático, más adelante resulta excesivo. Ojo que esta es mi opinión. Dolores Redondo, como autora de esta novela, se puede hacer todos los homenajes que quiera pero a mí, como lectora, las referencias a su trabajo como escritora y a sus novelas previas sobran, más allá de la primera mención

Por otra parte, y vuelvo a decir que, en algún momento, encuentro reiteración, en ideas, en escenas y en recuerdos. Por ejemplo, el lector va a conocer de dónde viene el apelativo de Nash en el primer cuarto de la novela pero, muchas páginas más adelante, la propia Nash lo contará de nuevo a otros personajes. Bajo mi punto de vista, es algo totalmente innecesario. Si el lector ya conoce de dónde procede su nombre, ¿qué sentido tiene que lo vuelva a contar de nuevo con tanto detalle? Y otro ejemplo, hay un diálogo entre Nash y las Mitxelena, -las dueñas de la funeraria de Elizondo que luego os presentaré-, en el que la psicóloga forense detalle con pelos y señales a estas mujeres algunos datos del caso que el lector ya conoce con precisión, con lo que, volver a leer toda esa parte resulta aburrido. Una elipsis narrativa hubiera estado bien o un resumen algo más escueto de toda la información. Me parece a mí. 

También encuentro algo forzado que los vecinos de Elbete y Elizondo le cuenten a Nash todo tipo de intimidades, sin apenas conocerla. Y no es que ella esté oficialmente al frente de la investigación. En realidad es como un ardid, una táctica para dar confianza a los vecinos y que se explayen, única vía posible para que el puzle, al que le faltan muchísimas piezas, se vaya recomponiendo.

Personajes

Las que no duermen es una novela muy coral. El peso de la trama los sustentará Nash sobre sus hombros pero a su alrededor orbitarán otros tantos personajes masculinos y femeninos que la complementan y que, en cierto momento, adquirirán bastante relevancia. Hablemos de algunos.

* Nash

A Nash la vamos a conocer tanto en el terreno personal como en el profesional. En la esfera más íntima, dos serán las cuestiones que se aborden. Por un lado, la relación que mantiene con su madre, la doctora Elizondo, psiquiatra de profesión. La madre sufrió un ictus hace varios meses y actualmente vive en la residencia Ametz, donde recibe los cuidados que necesita. El ictus le ha provocado afasia, es decir, no habla, pero Nash sí la escucha. La voz de la psiquiatra se colará entre los pensamientos de su hija para darle algún consejo, o para convertirse en la voz de su conciencia, algo que me ha parecido especialmente enternecedor. 

La parte personal de Nash irá ganando terreno, a través de otro asunto más supondrá una vuelta de tuerca en su vida, una cuestión en la que Enriqueta, la vecina del inmueble de la doctora Elizondo, fiel guardiana de los secretos de la madre, contribuirá a un hallazgo por parte de la psicóloga que la dejará muy tocada. 

Nash me ha parecido un personaje bastante solitario y necesitado de cariño. Tengo la impresión de que la infancia de nuestra protagonista no resultó fácil, no fue la de una niña normal, sino la de alguien que tuvo una madre volcada en su trabajo, muy reconocida en su profesión, y en cuya vida la figura paterna brillaba por su ausencia. Probablemente esa falta de amor redunde en sus relaciones amorosas. En el momento de la novela, la protagonista vive el deterioro de una relación sentimental que interferirá levemente en su labor de investigadora. La veremos tambalearse sobre el alambre, tratando de no caer en la tentación, y buscando fuerzas.

En cuanto a lo profesional, llegará a entablar algo más que una relación de trabajo con algunos personajes, como Amaia Salazar o las Mitxelena - Susana, y sus hijas Eva y Beth-. Diría que estas cuatro mujeres suplirán esa carencia de amistades que tiene Nash porque, más allá de los miembros del equipo Kondairak, con los que tampoco tiene una relación muy cercana, no vamos a conocer a ni una sola amiga de la protagonista, con la que ella pueda hacer confidencias o desahogarse puntualmente.

Elizondo y Elbete son dos localidades pequeñas por las que Nash se tendrá que mover, hablando con unos y con otros. Tendrá trato directo con la familia y los amigos de Andrea. A este elenco de personajes se unirán otros tantos, incluido la dueña del hostal en el que se aloja Nash, que no deja de ser una mujer bastante inquietante. Os cuento en el siguiente apartado.

* Otros personajes

La novela nos va a permitir conocer a otros actores y actrices que, en mayor o menor medida, tendrán un papel relevante. Por un lado, conoceremos a Laurent Herzog, «prestigioso forense» y «reputado antropólogo», un tipo con el que he tenido una sensación de amor-odio. Dolores Redondo perfila a un individuo magnético y atractivo, que ejercerá ese poder de seducción sobre Nash, pero, a la vez, resulta repulsivo. Manipulador y sin escrúpulos, Laurent Herzog y su presencia en la vida de Nash tiene un efecto desestabilizador.

Lisardo Murrieta, abuelo de Andrea Dancur. Es un empresario de éxito, conservador, y con muchos contactos. Es de esos hombres influyentes que saben lo que ocurre más allá de las paredes de su casa, aunque no ponga un pie en la calle. Y luego está Helena Murrieta, la madre de Andrea, que tiene graves problemas mentales. La familia Murrieta parece haber sido tocada por el dedo de la adversidad. Arrastran tras de sí una serie de infortunios, que ha ido lastrando, poco a poco, a las mujeres de la familia.

Más personajes:

    - Pascal Dancur, padre de Andrea. Un pelele que ahoga su pusilanimidad y su destino en litros de alcohol.

    - Jaime Arjona, el nuevo marido de Helena, que tampoco desarrollará un papel imprescindible.

    - Santy, el novio de Andrea. La persona en la que más confiaba la joven.

    - Zuriñe, la mejor amiga de la joven. Según parece, 

   - Ederne Hidalgo, la enfermera (y algo más) de Lisardo Murrieta, cuya aparición pone los vellos de punta.

Todos ellos, de un modo u otro, resultan sospechosos de la muerte de Andrea.

* Andrea

A la que vamos a conocer de manera indirecta, a través de lo que los demás piensan de ella, a través de algún mensaje de audio, o de la propia investigación. Andrea tenía una vida normal. Residiendo en un pueblo pequeño, es cierto que sus padres estaban separados y que su madre tenía nueva pareja, pero nada raro en la vida de una joven de hoy día. Su madre se mostraba controladora y sobre protectora pero, ¿qué madre no lo es? y luego estaba su abuelo, y su novio Santy, y su amiga Zuriñe, tres refugios a los que acudir cuando las cosas se complicaban. Pero cualquier vida apacible, de repente, se torna en una tortura, y Andrea descubrirá los secretos mejor guardados de aquellos en los que ella siempre confió, y eso desatará una tormenta de dimensiones colosales.

Hechos reales que inspiran la ficción.

En las páginas finales de la novela, Dolores Redondo dice: «...habrás hallado en estas páginas ecos de algunos crímenes de la historia reciente, pero no se trata de ninguno en concreto, de ninguna historia en particular,...». Siguiendo la lectura de esa Nota, la autora desvela algún dato más que ha inspirado la escritura de esta novela. No voy a desvelaros nada porque esas páginas suponen un buen epílogo para la historia. Pero, lo que sí te contaré es que yo, al empezar a leer Las que no duermen. NASH -por cierto, el título cobrará sentido con la lectura-, no pude dejar de pensar en el caso Rocío Wanninkhof, aquel suceso que tuvo, hasta no hace mucho, tantísima repercusión. Por el asesinato de la joven malagueña acabó entre rejas Dolores Vázquez, la pareja de la madre de Rocío, a raíz de una investigación errónea y de una sentencia judicial totalmente equivocada. Lo que pone de manifiesto la imperfección del proceso policial y judicial. Y cuando, a raíz de otro crimen y otra investigación se demostró que Vázquez no era la asesina, se la liberó, pero los 519 días que pasó en la cárcel se los tragó ella solita y, como anunció en rueda de prensa, ni siquiera le habían pedido perdón. De hecho, pidió una indemnización que ha sido desestimada. En fin, que la novela de Dolores Redondo, entiendo, que bebe también de este caso.

Estructura y estilo

En cuanto a la estructura, la acción se desarrolla entre el 29 de febrero y el 17 de marzo de 2020, contando con un capítulo introductorio y un epílogo. Cada capítulo, que a mí me han parecido bastante extensos, narra los hechos que se suceden a lo largo del día. Es decir, hay un capítulo por día. A su vez, la narración va a predominar sobre el diálogo, y esos últimos me han parecido igualmente largos, larguísimos, tanto es así que, incluso en los pasajes dialogados, la lectura me ha resultado densa. 

Dado que los hechos tienen lugar en Elbete y Elizondo, se intercalan términos en vasco. La mayoría de ellos se entienden perfectamente pues deduces su significado por el contexto. No obstante, otros se me han resistido. No busqué la traducción. Tampoco hubiera hecho falta si, al iniciar la lectura de la novela, hubiera sabido que había un glosario final. No me di cuenta de esta circunstancia hasta que leí el punto y final de la novela. [Nota a editores: ¿no sería conveniente advertir de esta cuestión al lector en las páginas iniciales?]


En definitiva, ¿he disfrutado de esta lectura? Sí, la he disfrutado. Para ser sincera, creo que la he disfrutado más por el hecho de haberla audio-leída. Y es que, insisto, la experiencia ha sido envolvente. Me ha gustado la trama, la ambientación, y todo lo relativo a las leyendas. ¿Es una novela que perdurará en mi memoria por considerarla memorable? Pues no. Pero me ha gustado leerla y recomendaré a los que les guste el género.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí (tapa dura), aquí (Kindle) y aquí (Audiolibro):


viernes, 23 de diciembre de 2022

DOLORES REDONDO: ❝Estoy buscando una manera distinta de contar historias al lector❞

¿No os llaman la atención esos crímenes sin resolver que, aquí y allá, han ido salpicando la historia de la humanidad? ¿No os resulta inquietante saber que conocidísimos asesinos, famosos por el modus operandi o por la crueldad de sus crímenes, han escapado de las manos de la policía? Por ejemplo, a mí me sigue fascinando la historia de Jack, el destripador, sobre el que ha corrido ríos de tinta. Su figura ha cautivado a novelistas, a artistas gráficos, a directores de cine,... Mucho se ha dicho y se ha escrito sobre el asesino de Whitechapel, pero no es el único. Si haces una búsqueda en Internet, descubres que Jack no fue el único criminal que supo burlar a la policía. En el mismo saco podemos encontrar a John Biblia, un individuo que en los años 60, más concretamente en 1969, asesinó a tres mujeres en Glasgow. A las tres mujeres las conoció en el mismo lugar, las tres compartían cualidades -todas tenían la menstruación-, las tres perdieron la vida del mismo modo. Sin embargo, la policía jamás consiguió capturarlo. De un día para otro, parece que dejó de perpetrar crímenes. Al menos, del mismo modo que había empleado con Patricia Docker, Jamima McDonald y Helen Puttock. Se piensa que abandonó Glasgow. ¿Seguiría asesinando en otro país, en otra ciudad? ¿Es posible que todavía esté vivo? Quien sabe.

John Biblia es un enorme misterio en el que se basa Dolores Redondo para escribir su nueva novela. Esperando al diluvio nos regala una nueva trama de suspense, en la que el lector se encontrará cara a cara con el asesino de Glasgow, un personaje real que se moverá, esta vez, por la ciudad de Bilbao, en un momento especialmente complicado. La acción se sitúa en 1983, más concretamente en agosto de ese año, fecha en la que la ciudad sufrió terribles inundaciones que lo arrasaron todo, en la que fallecieron más de cincuenta personas. Así que, si a un asesino real le unimos un escenario dantesco, más un investigador escocés en un momento delicado de salud, el resultado será una lectura adictiva, como viene siendo habitual con las novelas de Dolores Redondo, que ya ha enganchando a los miles de lectores de la autora donostierra.

Dolores Redondo estuvo en Sevilla hace unas semanas. Con la Giralda de testigo, conversamos de crímenes, de asesinos, de Bilbao y de novelas que tardan en escribirse treinta y nueve años. Os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Dolores, un placer conocerte y hablar contigo. Es la primera vez que lo hacemos. Para abrir la entrevista, me gustaría comentarte que tu trayectoria ha sido el sueño de cualquier autor. ¿Lo que estás viviendo ha sido un sueño hecho realidad o tú te propusiste desde primer momento llegar a este punto?

Dolores R.- Evidentemente, si no te sostiene un sueño cuando arrancas en aquello en lo que te vayas a dedicar, vas mal. No creo que nadie abra una tienda o ponga un restaurante, o empiece a pergeñar lo que será un puente sin soñar con cumplir su objetivo. Tiene que haber un sueño detrás. Ahora, también era difícil prever que se pudiera llegar hasta aquí, que pudieran pasar las cosas que me han ido pasando. Pero la literatura tiene esa magia. Tú propones y el lector dispone.

M.G.- Es así. El lector es soberano. 

Alrededor de tu trabajo hay muchas novedades. No solo están las novelas que vas publicando, algunas han pasado incluso a formato gráfico, algo que desconocía por completo. 

D.R.- Sí, sí, casi todas. Se ha publicado el cómic de El guardián, El legado, Ofrenda a la tormenta y Todo esto te daré.

M.G.- No lo sabía. Lo he descubierto al mirar la web de la editorial. Me he llevado una grata sorpresa porque me encanta el género.

D.R.- A mí también. Yo, que no sé dibujar nada, flipo con las adaptaciones. Me parece muy bien. Si están en cine, ¿por qué no en gráfico?

M.G.- Claro. Y al cine viene otra adaptación en camino si no me equivoco, y además tenemos la reedición de tu primera novela, Los privilegios del ángel

Dices que esta novela te ha costado escribirla treinta y nueve años. ¿Cómo es eso?

D.R.- Es un juego, por supuesto. Mira, muchas veces me preguntan de dónde surge la idea de una novela pero no siempre lo tengo claro porque, a veces, es una mezcla de cosas. Sin embargo, con esta novela, sé que la idea del escenario viene de aquel día de agosto que iba en tren y al llegar a Bilbao me encontré el fin del mundo. Tenía catorce años, iba sola, a cargo de otras personas que iban también en el tren. No había teléfono móvil para llamar a mi casa y saber cómo estaba mi familia. El tren se detuvo, y estuvo horas y horas parado. Solo nos llegaban rumores de la gente que trabajaba en las vías, de los obreros que estaban moviendo la tierra, que solo decían que Bilbao estaba destruido, que habían muerto muchísimas personas, que era la ruina total, que había llovido en todas partes, en toda Euskadi, en Burgos, en Cantabria. Allí parados no hacía más que preguntarme por mi casa. Yo conocía Bilbao, aquello era como la Naval de Cádiz, y si me decían que el agua se lo había llevado todo, ¿qué no podía haberle ocurrido a una casita pequeña? Fue terrible. Aquello me impactó tanto que siempre supe que lo escribiría un día. Pero claro, se tienen que ir juntando elementos.

John Biblia, el asesino

La elección de Bilbao como escenario también tiene que ver con el hallazgo de John Biblia, un asesino real que cometió sus crímenes en Glasgow, en 1969, y desapareció. Mató a tres mujeres. A las tres las había conocido en la misma discoteca. Las violó, las estranguló. Las tres tenían la menstruación en el momento de su muerte. Cuando la policía se dio cuenta de que tenían a un gran depredador, desapareció.

Lo que establezco en esta novela es que pudo haber venido a Bilbao porque siempre ha habido una grandísima conexión naviera entre las dos ciudades. Bilbao se parecía mucho a Glasgow en aquel momento, incluso en el modo en el que la ría entra en la ciudad, como ocurre con el río Clyde en Glasgow. La zona industrial que se movía alrededor del río era muy similar. Bilbao contaba además con una vida nocturna extraordinaria, como Glasgow, y ese era el territorio de caza de John. Me parecía que Bilbao era un escenario perfecto. Además, se da la casualidad de que en ese momento, Bilbao tenía un montón de elementos que la hacen muy interesante. Se estaba viviendo la guerra de las banderas, estaba la kale borroca, existía mucha tensión política, y se hablaba de que iba a haber un encuentro del gobierno español con ETA. Leyendo los periódicos de la época, no te explicas cómo no explotara todo por todas partes. Era un hervidero social y económico. Y también empezaron a llegar los primeros efectos, que luego serían terribles, de la reconversión naval, y que afectó a todos los grandes puertos. 

M.G.- A John Biblia llegas a través de un libro. Para mí, una de las mejores maneras de llegar a los sitios.

D.R.- Sí, a través de un libro. Leo a muchísimos autores ingleses y escoceses, porque me gusta mucho cómo escriben. Muchas veces basan sus novelas en hechos reales. De John Biblia supe a través de una novela de Ian Ranking, en la que encontramos un imitador de John Biblia. Cuando llegué al final del libro, yo que siempre me leo los agradecimientos y las explicaciones, él contaba cómo en ese momento se iba a desenterrar el cadáver de un agresor sexual que se creía que era John Biblia. Finalmente, parece que no era él. Sin embargo, aquello me puso tras su pista y me propuse saber más sobre aquel hombre.

John Biblia pasó a la historia como pasó Jack, el destripador, como un asesino convertido en leyenda, precisamente porque nunca lo capturaron. La diferencia es que John Biblia podría estar vivo todavía. Era un hombre muy joven cuando cometió esos delitos y mucha gente le vio. De hecho, la hermana de la tercera víctima estuvo con él durante buena parte de la noche, y lo acompañó durante un tramo del regreso en taxi. Ella dio una descripción para hacer un retrato robot, participó durante años en cientos de ruedas de reconocimiento. Se llevó a cabo un gran trabajo policial porque se llegó a descartar a cinco mil sospechosos. 

Hace unos meses se estrenó en la BBC unos podcasts de una periodista, que lleva un montón de años investigando el caso John Biblia, y un documental. Creó mucha paranoia social. Había tantos pasquines por todos lados con su cara que la gente creía verlo en cualquier sitio. Hubo un momento en que la policía tuvo que extender unos carnets que justificaban que el portador ya había sido descartado como sospechoso, para evitar linchamientos. Hubo gente que estuvo a punto de acabar mal parada. 


[Si prefieres escuchar nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Creo que fue por el testimonio de un testigo, por lo que se le puso el apodo de John Biblia.

D.R.- Sí. Él siempre se presentaba como John. Muchos oyeron decir que se llamaba así. Pero lo de Biblia viene porque algunos dijeron que hacía mención a los salmos, y a pasajes de la Biblia. De ahí, el apodo. 

M.G.- Si uno teclea John Biblia en Google aparece muchísima documentación, muchos artículos sobre aquel asesino. Imagino que toda esa información te habrá ayudado a perfilar al personaje. Sin embargo, tú dices que la labor de documentación para esta novela ha sido mucho más ardua que para las restantes.

D.R.- Sí, por muchas razones. Es una novela histórica, un género al que le tengo mucho respeto. Soy muy amiga de Santiago Posteguillo y lo que hacen los historiadores como él me parece excepcional. Escribir histórica obliga a un cuidado que ahora he visto en primera persona. El momento político y social que se recoge en la novela me ha obligado a entrevistar a la parte policial, a la Ertzaintza que aquel momento sacaba su primer reemplazo policial a la calle; a la policía armada de aquel tiempo, para saber cómo era la tensión que vivían en la calle; a políticos de la época; a los que participaron en los rescates de la riada. Me he tenido que empapar de los periódicos para conocer la atmósfera política, social y económica del momento. Todo no tiene por qué aparecer en la novela pero el escritor lo tiene que conocer. 

Pero además creo que el lector va a disfrutar mucho al ver cómo ha cambiado el tratamiento policial desde 1969 hasta ahora; cómo eran esas primeras teorías que establecían los policías de la época para justificar las agresiones de John Biblia; cómo el asesino podía detectar a las mujeres que tenían la menstruación, qué pulsión lo movía a matar de una manera tan violenta. Las primeras teorías parecen de andar por casa. Parecía que no tenían ningún conocimiento del mundo criminal, ni del mundo de la mujer,... Claro, hay que tener en cuenta que no había ni una sola agente femenina en la policía.  

Por otra parte, el asesino me ha obligado a replantearme algo que la policía de la época no hizo. Es decir, mirar desde el punto de vista de las víctimas. ¿Por qué las eligió a ellas? Había que haber partido de ahí pero claro, la victimología era algo que entonces no conocían. Para ello pedí ayuda a un psicólogo y psiquiatra experto en abusos, al que le pregunté por qué el agresor podría elegir a mujeres con la menstruación. Lo que me sugirió me obligó a tener que cambiar el planteamiento de cómo iba a tratar al agresor en la novela. La posibilidad de que su pulsión pudiera provenir de que él también hubiera sido una víctima me pareció aterradora. No es la primera vez que me ocurre esto. Amaia Salazar también era una víctima, pero en su caso era al revés. Por ser víctima se convierte en paladín defensor de todas las víctimas y no en asesina.

Noah, el personaje

La parte bonita de la novela es Noah, el investigador escocés, que no se llama así por casualidad. Es como el Noé del diluvio, que llega a Bilbao en un barco. Su obsesión no es construir un arca sino capturar a este tipo. Y lo hace en el momento más difícil de su vida porque se está muriendo. Tiene los días contados y ha decidido que va a dar sentido a su vida y a su muerte, culminando la investigación, cazando a este tipo o muriendo en el intento. Pero se le irán complicando mucho las cosas porque el tipo de enfermedad que tiene le va a sumir en un estado físico de lo más miserable. De pronto entenderá que el tiempo se acaba.

Creo que la belleza de la novela, a nivel literario, tiene que ver con el camino personal de alguien que ve que la vida se le termina, dejando muchas cosas en el camino. Tendrá que sobreponerse al dolor, en unas circunstancias miserables, porque su enfermedad lo deja postradísimo, para seguir persiguiendo a un asesino del que no tiene nada seguro. Amo a este personaje. Me ha encantado acompañarle y me tiene fascinada.

M.G.- Has comentando la documentación que has manejado pero, a raíz de la enfermedad de Noah, también has tenido que hablar con gente que te han orientado.

D.R.- Mi documentador es uno de los mejores del mundo, de lo mejorcito de España y de Andalucía. Es el doctor Manuel Anguita, presidente de la Asociación Española de Cardiología, y que ejerce en el Reina Sofía de Córdoba. Es colaborador por segunda vez, y ya se ha convertido en un amigo entrañable y muy querido. Él me ha hecho amar la cardiología. Se ha convertido en mi segunda gran pasión. La evolución que nuestra sociedad ha vivido desde aquellos años ha sido tremenda en muchas cosas. Una de ellas ha sido en el tratamiento de algunas enfermedades pero también en el tratamiento a las personas. Hemos hecho válidas a personas que antes quedaban relegadas como si no valieran para nada.

En la novela hay un personaje que tiene parálisis cerebral y que he querido retratar porque en mi infancia, traté con dos niños que tenían parálisis cerebral. Tuve la suerte de conocerles, y ver cómo se sobreponían a todas las dificultades y aprendían en un tiempo en el que ni siquiera se les escolarizaba. Para ellos, no había nada en este mundo. Pero eran personas que tenían mucho que dar, que dieron y que siguen dando mucho a todos los que los han conocido. Así que, ahí hay un homenaje a estas personas.

Homenaje a la radio

Y luego también hay un gran homenaje a la radio porque tuvo un papel importantísimo en la catástrofe. Hay un momento en la novela en el que, cuando no queda nada, queda la radio. La música de los 80 tiene un papel importantísimo, así como la vida nocturna de Bilbao. Había bares de todas las clases. Se podía escuchar heavy, punky, música disco, rock alternativo,... De todo. La gente se movía de un local a otro y surgían grupos por todas partes. Muchos lectores se van a sentir cercanos. La radio me sirve para tejer una red de comunicación entre los personajes, que se dedican canciones. Yo misma hacía esto. Recuerdo tener catorce años y llamar a la radio para dedicar alguna canción. Siempre le digo a mis hijos que aquellas emisoras locales, a las que llamabas para dedicar canciones, eran como las redes sociales de ahora.  Con esos programas te enterabas de quién era el cumpleaños, dónde trabajaban los que llamaban, a quién le había nacido un hijo, quién se iba a casar,... Lo sabías todo por la radio. De vez en cuando, alguien te dedicaba una canción y volabas.

M.G.- Eso era una maravilla.

Y Dolores, ¿cómo enfocas la narración de esta novela? Son capítulos cortos, imagino que tienen mucho ritmo, y te centras en escenas o personajes concretos. No solo vamos a ver al asesino y al investigador, sino que también hay otros personajes que protagonizan enteramente algún capítulo.

D.R.- Tenía que retratar toda esa sociedad desde la discriminación que sufría Rafa por su parálisis cerebral hasta esos primeros días de la policía autonómica en una situación política y social muy agitada.

En la historia aparece un policía recién salido de la academia, lleno de idealismo y súper orgulloso, que piensa que va a cambiar el mundo y que lo va a hacer todo bien. Y luego también hay una mujer tras la barra de un bar de Bilbao, que encarna un espíritu que yo conocí y que me he encontrado muchas veces. Son esas personas que te encuentras con toda la simpatía del mundo, detrás de la barra de un bar, que te hacen sonreír, que te hacen sentir que formas parte de un lugar al que acabas de llegar. Vas a ese bar, no por el café, sino que vas por la persona que está detrás de la barra. Son personas que te ayudan a sentirte integrado, que según te ven entrar por la puerta, saben ponerte el café como tú lo quieres. Es algo que vale muchísimo. Me encanta ese tipo de personas, así que, ahí está.

M.G.- La climatología está muy presente en tus novelas. Es la primera vez que te escucho decir que te defines como una autora de tormentas, una definición que me ha encantado y que es muy acertada. Esa climatología, en tus historias, es casi un personaje más.

D.R.- Lo es. Además, en esta novela, no me la he tenido que inventar. Sé que en Elizondo no llueve tanto como cuento en la saga pero en Bilbao sí que llovió. Esa parte está tomada de la prensa. En los días previos a la gran gota fría, llovió muchísimo y eso contribuyó a que la tierra estuviera tan anegada que, cuando cayó la gota fría, las colinas que rodeaban Bilbao se vinieron abajo. Hubo un corrimiento de tierras enorme que sepultó parte del centro de la ciudad.

El tipo de tormentas que me gusta, como verás en la novela, no está solo por fuera. No es que solamente llueva mucho, y que se produzca un cataclismo. Es que también está por dentro de los personajes. Ellos están en su noche más oscura, tienen frío, están mojados, están solos, y tienen miedo. Pero también tienen amor. Hay un momento en el que un personaje dice que solo hay dos cosas en la vida: el amor y el miedo. Y las dos las aprendemos en casa. 

M.G.- Ya para terminar, con esta novela se dice que se inicia un nuevo ciclo narrativo. ¿Eso quiere decir que se inicia una saga?

D.R.- Significa justamente lo contrario. Ya he escrito una trilogía, que se convirtió en la saga de Amaia Salazar, y ahora estoy buscando una manera distinta de contar historias al lector. Lo que sí te puedo decir es que es el inicio de algo, es la punta de un iceberg, pero no es una trilogía ni una saga al uso. Es mi trabajo como novelista, intentar contar la historia del mejor modo, intentar contarla de una manera diferente, y llegar al lector de una manera distinta. Espero conseguirlo. Es como una fiesta sorpresa a la que os tengo que llevar con los ojos cerrados. Espero que os guste mucho cuando la veáis.

M.G.- Me dejas con mucha curiosidad.

D.R.- En las siguientes novelas empezaréis a percibir hacia dónde voy, pero lo que quiero es que, al llegar al final, el viaje os haya gustado. 

M.G.- A mí, particularmente, me encanta que me hagas viajar al norte porque soy del sur y soy una enamorada de toda la cornisa cantábrica.

D.R.- Que sepas que cuando voy a Alemania siempre me dicen que les encantan mis novelas en el sur. 

M.G.- Claro, en el sur de Europa (Risas)

D.R.- Soy el norte aquí. Pero en Europa soy el sur.

M.G.- Es otra forma de verlo. Lo dejamos aquí, Dolores. Te agradezco muchísimo que me hayas atendido. Muchas gracias por venir a Sevilla y por esta novela.

D.R.- Gracias a ti y a Sevilla, por este sol. 


Sinopsis: Un salvaje asesino en serie. Una búsqueda hasta el último latido. Una ciudad amenazada por un diluvio.

Entre los años 1968 y 1969, el asesino al que la prensa bautizaría como John Biblia mató a tres mujeres en Glasgow. Nunca fue identificado y el caso todavía sigue abierto hoy en día. En esta novela, a principios de los años ochenta, el investigador de policía escocés Noah Scott Sherrington logra llegar hasta John Biblia, pero un fallo en su corazón en el último momento le impide arrestarlo. A pesar de su frágil estado de salud, y contra los consejos médicos y la negativa de sus superiores para que continúe con la persecución del asesino en serie, Noah sigue una corazonada que lo llevará hasta el Bilbao de 1983. Justo unos días antes de que un verdadero diluvio arrase la ciudad.

Dolores Redondo se autodefine como «una escritora de tormentas» y con esta nueva novela, basada en hechos reales, nos conduce hasta el epicentro de una de las mayores tormentas del siglo pasado a la vez que retrata una época en plena ebullición política y social. Es un homenaje a la cultura del trabajo lleno de nostalgia por un tiempo en el que la radio era una de las pocas ventanas abiertas al mundo y, sobre todo, a la música. Y es también un canto a la camaradería de las cuadrillas y a las historias de amor que nacen de un pálpito.

Una obra deslumbrante con unos personajes que nos llevan de la crueldad más espantosa a la esperanza en el ser humano.

miércoles, 15 de abril de 2020

LEGADO EN LOS HUESOS (THRILLER - 2019)

Año: 2019

Nacionalidad: España

Director: Fernando González de Molina

Reparto: Marta Etura, Leonardo Sbaraglia, Elvira Mínguez, Imanol Arias, Pedro Casablanc, Carlos Librado, Itziar Aizpuru, Colin McFarlane, Susi Sánchez, Miquel Fernández, Francesc Orella, Benn Northover, Ana Wagener, Patricia López Arnaiz, Manolo Solo, Paco Tous, Arlette Torres, Eduardo Rosa, Mark Schardan, Marta Larralde, Alfredo Villa, Ricard Balada, Elisabeth Bonjour, Ohian Lopetegi, Alfonso Desentre

Género: Thriller

Sinopsis: Ha pasado un año desde que Amaia Salazar resolviera los crímenes que aterrorizaron al valle del Baztán. Embarazada y decidida a dejar atrás lo vivido en Elizondo, la vida de la inspectora se ve de nuevo alterada por un suceso inesperado: el suicidio de varios presos que dejan una única palabra escrita en la pared de sus celdas, "Tarttalo". Los peligros que Amaia creía haber dejado atrás regresan con más fuerza que nunca y la inspectora deberá enfrentarse a este nuevo caso en una vertiginosa investigación amenazada por la presencia de su propia madre. Segunda entrega de la 'Trilogía del Baztán', basada en las novelas de Dolores Redondo.

[Fuente: Filmaffinity]


Sigo sin leer nada de Dolores Redondo. No se trata de un boicot contra la autora. No tengo motivos para ello. Es más bien lo de siempre, el tiempo. En casa no tengo ni un solo volumen de la Trilogía del Baztán (aunque mi marido sí se lo has leído con gusto, a través de los préstamos en biblioteca). Sin embargo, sí tengo Todo esto te daré, con el que ganó el Premio Planeta en 2016. Y siguen llegándome buenas opiniones de sus libros, y yo sigo buscando ese momento para estrenarme con Redondo. ¿Será ahora? No lo sé. Últimamente, por engañar a este hartazgo de encierro y a todas esas preocupaciones que circunvalan mi cabeza, me doy paseos, sí, paseos por mis estanterías, repasando con deleite todos esos libros que me acompañan. Me ayuda a pasar el tiempo, a la vez que voy rescatando lecturas que un día dejé aparcadas. 

Pero hoy no vengo a hablar de libros, sino de películas, aunque tengan mucho que ver las obras firmadas por Redondo. Hoy vengo con la adaptación al cine de la segunda entrega de la Trilogía del Baztán, Legado en los huesos. Debo recordar ahora que, El guardián invisible, no me gustó tanto como había imaginado. En la correspondiente reseña, que puedes leer aquí, señalé puntos positivos, como el énfasis en la mitología del norte de España, con la figura del Basajaun como epicentro, la ambientación fabulosa, con todos esos bosques poblados, la estructura sólida de la trama, etc. Sin embargo, apunté también algunos datos negativos que, a mi juicio, restaron interés a la película. Me refiero al extraño ritual que Amaia Salazar realizaba ante el cadáver de las víctimas, su interpretación, especialmente cuando se comunicaba en inglés con su pareja, la superchería de la tía Engrasi, de la que tampoco me gustó su caracterización, excesivamente artificiosa para ser una mujer de pueblo,... Aún así, me pareció una película entretenida pero, y lo digo basándome únicamente en las opiniones que he leído, muy por debajo de la novela.

¿Y qué tal Legado en los huesos? Pues, de entrada, os diré que un poquito mejor que la anterior entrega, aunque también he tenido que colocar algunos puntos sobre ciertas íes. La película comienza con una escena que transporta al espectador a la Navarra de 1611, época en la que muchas mujeres fueron acusadas de brujería y la Inquisición se cruzaba el país en busca de herejes. Muchos eran los sacrificios que se realizaban, algunos de ellos con hijas recién nacidas y sin bautizar, siguiendo ritos ancestrales en los que la población creía con fe ciega. 

Acto seguido, volvemos a la actualidad y veremos a Amaia Salazar, embarazada, en la sala de un juzgado. Uno de los detenidos en la investigación anterior, Jason Medina, va a ser juzgado, pero el detenido solicita ir al baño y allí se corta las venas. En un bolsillo tiene una carta dirigida a la inspectora Salazar y, en su interior, un papel en el que figura una palabra: Tartallo. Pero este episodio es también introductorio ya que, la verdadera trama comienza cuatro meses después. Amaia ya ha dado a luz a un bebé, un niño al que ha puesto por nombre Ibai, y se acaba de incorporar a su puesto de trabajo. Lo ocurrido con Medina será solo el inicio a una serie de muertes relacionadas, de un modo u otro, con mujeres del valle del Baztán y en las que la palabra Tartallo parece perseguir a la inspectora Salazar. Para ello, se trasladará de nuevo a Elizondo y descubrirá que, un fleco suelto de la investigación anterior está íntimamente relacionado con los nuevos asesinatos. Pero ¿qué es Tartallo? Al parecer se trata de un cíclope sanguinario devorador de cristianos. Las leyendas y la mitología de la zona siguen siendo hilo conductor de las tramas. 

A todo ello hay que unir la profanación de alguna iglesia en las que han aparecido huesos humanos sobre el altar. En un primer momento se pensará que son actos vandálicos esporádicos pero la iglesia, representada por el monseñor Landero y por el padre Sarasola (Imanol Arias), psiquiatra y agregado del Vaticano para la defensa de la Fe, prelado del Opus Dei muy influyente en Roma, no está de acuerdo. Consideran que los atentados son fruto de un odio hacia la Iglesia  y están relacionados con unos rituales realizados antaño por los agotes, un pueblo proscrito del Baztán.

El curso de la investigación conducirá hacia la propia familia de Amaia, hacia su propio pasado, descubriendo un asunto insólito que la ha estado atormentando en sueños desde siempre. Y es que el pasado de Amaia, la relación que mantenía con su padre, su madre, todo lo que ocurrió cuando era una niña y que ya conocimos en la película anterior, seguirá teniendo mucha importancia. Pero, si he de ser sincera, a mí no me convence que nuevamente la vida personal de la inspectora tenga tanta repercusión en los acontecimientos que se producen en el valle. En la primera película me pareció un recurso interesante. En la segunda, ya me resulta excesivo porque esta mujer, más que una familia, tiene una maldición. No me extraña que se haya querido alejar de ella pero, como se suele decir, el pasado siempre vuelve. 

La trama de Legado en los huesos no es del todo independiente a la que se desarrollaba en El guardián invisible. Hasta donde puedo apreciar, estas historias no forman parte de una saga en la que, el único nexo en común es la inspectora Salazar sino que, investigaciones y crímenes del pasado están muy relacionados con los que se producen en la actualidad. ¿Qué consecuencias tiene este hecho en el espectador? Pues que, conviene tener muy fresca en la memoria lo que ocurre en El guardián invisible ya que, de otro modo, se te pueden escapar algunos detalles de esta película. Hasta donde cada uno pueda, recomendaría ver las dos películas, una detrás de otra, o bien, revisionar la primera antes de visionar la segunda.

Y ya me pasó lo mismo con la entrega anterior que tenía una trama sólida e interesante pero con ciertas cuestiones que no veía del todo claras. En esta ocasión, vuelvo a torcer el gesto antes diversas situaciones. A saber, hay un médico que, a estas alturas de la película, y es frase hecha, ya debería saber cuántos hijos tiene la paciente que trata. Porque ya hubo un pequeño problema familiar en la historia anterior y vuelve a repetirse un extraño suceso con un familiar de la paciente. No doy más detalles para no desvelar demasiado pero, a mí parecer, la situación es del todo ilógica. Por otro lado, lanzo una pregunta desde mi ignorancia. Cuando la policía investiga unos restos óseos, pregunta número uno, ¿tiende a compararlos con el ADN de sus funcionarios? Y pregunta número dos, ¿la policía tiene una base de datos con el ADN de sus funcionarios? Porque si la respuesta a ambas preguntas es no, me vais a permitir que me mosquee. Y es que un hecho fundamental de la trama está relacionado con esta cuestión que planteo. Desconozco si esta circunstancia se explica en la novela. Lo que es en la película, no, y eso me hace recelar bastante del pulido del guión que, al igual que en la entrega anterior, ha corrido a cargo de Luiso Berdejo.

En cuanto a los personajes, en esta nueva entrega, la vida de Amaia Salazar ha cambiado. Advertimos una transformación exterior e interior. En esta película, ha cambiado una melena corta y oscura por otra larga y bastante más rubia. Parecerá una tontería, pero un detalle así altera mucho la percepción que tenemos del personaje, y se agradece el cambio de look pues, el cabello oscuro endurecía mucho las facciones dulces de esta actriz de piel tan blanca. 

Pero el cambio más importante que se ha producido en su vida tiene que ver con otra cuestión. Ya dije antes que la película empieza con una inspectora embarazada que, a los pocos minutos de metraje, dará a luz a un hijo. La maternidad era un asunto que ya perseguía a la joven desde la película anterior y ahora, por fin, ha logrado su sueño. Eso implica que vamos a ver al personaje, no solo en su esfera profesional, sino también en la personal, mostrando cómo un ámbito repercute en el otro, cómo su relación de pareja sufre algún desacuerdo. Y es que, el affair entre Amaia y James me parecía buen asunto en El guardián..., pero ahora me resulta algo cansino. No me resulta una relación creíble, no noto sus diálogos naturales -ya comenté en la reseña anterior que los notaba artificiosos-, así que me ha aportado poco y cuando salen juntos, desconecto. 

Por otra parte, si en la película anterior la inspectora tenía muy mala relación con la mayor parte de su familia, parece que las aguas han vuelto a su cauce, especialmente con Flora (Elvira Mínguez), a la que la vida también le ha cambiado bastante. Pero no entro en más detalles.

Lo que sí me gustaría puntualizar, porque es de recibo, es mi nueva impresión sobre la tía Engrasi, que ahora me resulta muchísimo más natural que en El guardián... Ya no aparece tan repeinada ni con esas gafas degradadas que le daban un aire siniestro. Ahora sí me parece una mujer de pueblo, sí resulta un personaje más creíble, en cuanto al físico se refiere. Porque, todo el esoterismo y el tarot al que acostumbra me sigue sin convencer.

Y un nuevo caso, implica también la aparición de nuevos personajes. Ya mencioné antes a Imanol Arias, al que le toca vestir sotana. Tanto su personaje como su interpretación cumplen en lo justo. Por otra parte, encontraremos al juez Javier Markina (Leonardo Sbaraglia). No sé muy bien si la elección de un actor argentino, con su acento propio, ha sido lo más indicado para interpretar a un juez en Navarra. Que no digo que no sea factible tal circunstancia pero, salvo que en el libro figure así, que creo que no, me parece algo arriesgado. La relación entre él y Amaia traspasa ligeramente lo estrictamente profesional. Quiero decir que al juez se le ve el plumero, aunque la cosa se queda en nada. Perdonadme si desvelo este punto (tampoco es tan importante como para estropear alguna sorpresa) pero si lo hago es porque quiero entender que esta "relación" tendrá algún efecto en la tercera parte. De otro modo, me parece del todo insustancial. 

En cuanto a lo demás, la dirección, que vuelve a recaer en Fernando González Molina, me parece correcta. La banda sonora, a cargo de Fernando Velázquez igualmente, me gusta más en esta ocasión. La ambientación es tan buena como en la anterior, y permitidme que me cite a mí misma porque aquellas palabras encajan igual de bien en esta película:  "Esos bosques donde el verdor se desdibuja y se vuelve gris por la escasez de luz solar, esos valles brumosos, donde la humedad es casi pegajosa y esa lluvia insistente que empapa hasta el ánimo contribuyen favorablemente al viaje que el espectador realiza a esas tierras". Eso sí, viajar al Baztán es para pensárselo porque allí no ocurre nada bueno. Como dice uno de los personajes en un momento dado: "Este valle está lleno de maldad desde hace siglos"

Voy terminando. Comparando mis impresiones de esta película con las anteriores no acierto muy bien a saber por qué he dicho que este largometraje me ha gustado un poco más que su predecesora. En realidad, me inclino a pensar que todo se reduce a las expectativas. Con El guardián invisible me esperaba una película de buena factura, coherente y sin "desvaríos", pero me encontré algo distinto que no me satisfizo por completo. Así que ahora, me he enfrentado a Legado en los huesos con miras muy inferiores, de ahí que el resultado me haya parecido algo mejor. Para ser justos, el mérito no radica en la película sino en mi actitud. 

En cualquier caso, Legado en los huesos es una película entretenida. La trama es interesante, al menos a mí me lo resulta en lo relativo a la mitología, que ya señalé como punto a favor en la entrega anterior, pero sin dejar de lado esas puntualizaciones que me han chirriado. 

Por cierto, que esta película se ha rodado simultáneamente a Ofrenda a la tormenta. Lo cuentan todo aquí. No sé cuándo se estrenará la tercera y última entrega, pero no creo que tarden mucho si ya está rodada. Eso sí, tendremos que esperar a que el coronavirus nos permita abrir las salas de cine. Y roguemos porque sea pronto.




Tráiler:   

Puedes adquirirla aquí:




jueves, 15 de diciembre de 2016

PRESENTACIÓN de los PREMIOS PLANETA 2016 en Sevilla.

A mediados de noviembre tuvimos la suerte de contar en Sevilla con Dolores Redondo, ganadora del Premio Planeta 2016 con Todo esto te daré, y Marcos Chicot, finalista con El asesinato de Sócrates.

Resultado de imagen de Todo esto te daré     
[Pinchar en las cubiertas para leer la sinopsis]

El acto, que tuvo lugar en la Biblioteca Infanta Elena, fue conducido por la periodista Amalia Bulnes, que fue destacando alternativamente distintos aspectos de ambas de novelas.

Quiso la periodista iniciar esta presentación comentando que las novelas de Dolores Redondo tienen un poder sensorial y de sugestión en el que cobran gran protagonismo los paisajes duros y poco amables por las condiciones adversas que presentan. Ya ocurría así en la Trilogía del Batzán y de nuevo vuelve a aparecer un entorno singular en esta nueva novela como es Ribeira Sacra, donde se desarrolla una trama anclada en el presente más inmediato. Por su parte, Marcos Chicot traslada al lector al mundo clásico, a la época de Atenas y Esparta. Pero, a pesar de que son dos novelas con unas coordenadas temporales muy distantes, lo que ambas comparten es su naturaleza de novela page-turner, una novela que el lector devora sin resuello, con una arquitectura narrativa sólida y unos personajes muy creíbles. «La novela negra o de misterio no está reñida con el estilo más intimista de Dolores Redondo ni con el rigor histórico de Marcos Chicot».



Centrándose en Todo esto te daré, destacó Amalia Bulnés que la novela avanza hacia un «estilo literario más elegante, una prosa más reflexiva, cuajada de figuras literarias», con personajes muy bien perfilados al servicio de la acción. En pocas palabras resumió el argumento del libro y enfatizó el escenario en el que la acción transcurre, un lugar de fuerte personalidad, hostil pero irresistible.

La Ribeira Sacra es conocida por su riqueza patrimonial y por contar con muchas leyendas y tradiciones celtas que convierten el lugar en un paraje mágico. Además, la periodista consideró que la novela incluye cierta crítica social pues asoman entre sus páginas temas como los problemas de género, la corrupción o la impunidad judicial. Y enlazando aquí con El asesinato de Sócrates, apuntó que se trata de una novela de la que también vamos a extraer un importante aprendizaje para los tiempos convulsos que vivimos pues se pone el foco de atención sobre aspectos tan imprescindibles como la educación en valores. 

La nueva novela de Marcos Chicot fue definida por uno de los miembros del jurado, Juan Eslava Galán, como una auténtica filigrana y eso mismo es lo que pensaba la periodista pues nos señaló que El asesinato de Sócrates cuenta con una complejísima estructura «pero a la vez muy entretenida y trepidante». Destacó la obsesión del autor por el rigor histórico, sin que se pierda la tensión que nos ofrece la ficción. 

Marcos Chicot muestra en esta novela la época de esplendor de Atenas pero desde una óptica realista y nada edulcorada en la que la figura de Sócrates nos permite conocer la cruenta guerra entre Atenas y Esparta, el ostracismo al que eran condenadas muchas mujeres brillantes o la valía de hombres con una espectacular trayectoria  humana e intelectual. 

Aprovechó Amalia para felicitar a los dos autores y para iniciar la ronda de preguntas interrogando en primer lugar a los autores sobre sus impresiones acerca de la gira de promoción. 

Dolores Redondo:



Marcos Chicot:


Amalia Bulnes puntualizó que los títulos de ambas novelas tienen su importancia. En el caso de la novela de Marcos Chicot, se podría decir que es casi una paradoja pues el autor, más que asesinar a insignes figuras de la Historia, lo que hace es resucitarlos. Por su lado, Todo esto te daré corresponde al versículo 9 del capítulo 4 del Evangelio de San Mateo.

«Todo esto te daré si postrándote me adoras»

La autora afirmó que el título viene a reflejar la tentación de la codicia, el hilo conductor de la novela en la que habrá personajes a los que no le importará postrarse frente a todo lo que trae el poder o el dinero, negándose a sí mismo y viviendo una vida de disimulo para obtener lo que desean. Por ello pagarán un precio muy alto y eso lo veremos en la novela, nos dijo. 

Nos comentó que la novela se inicia con la llegada de Manuel a Ribeira Sacra en el peor momento de su vida, cuando le comunican que Álvaro, su marido ha muerto. Manuel será un personaje que estará acompañado a lo largo de la novela por otros dos personajes. Por un lado, Nogueira, un teniente de la Guardia Civil a punto de jubilarse y que supone la parte más furiosa de la novela, el que investiga la muerte de Álvaro. Por otro lado, Lucas, un sacerdote católico, fiel amigo de Álvaro.

Dado que planea la duda de que Álvaro ha muerto asesinado y no por un accidente, la investigación que desarrolla Nogueira será de carácter civil pues él ya está jubilado. Además se pretende esclarecer los secretos familiares, las pequeñas y grandes mentiras forjadas con el paso de los años en el seno familiar para mantener su posición de poder.

Bulnés preguntó a Dolores cómo fue el giro de pasar de personajes femeninos en la trilogía a adentrarse en la piel de los personajes masculinos de Todo esto te daré. La autora respondió que el proyecto ya existía cuando abordó El guardián de lo invisible pero sabía que no era el momento de esta novela, que necesitaba tiempo para meterse en la piel de un homosexual y abordar temas tan potentes como el escándalo en el seno de la Iglesias. «He pasado del matriarcado al patriarcado con una gran diferencia. Con el matriarcado no necesitaba tanto de hombres, personajes secundarios en la trilogía y que podían haber sido sustituidos por mujeres en la mayoría de los casos. Sin embargo, el patriarcado necesita más de la mujer. Al componer una novela con personajes masculinos, los femeninos tienen mucha más importancia porque son vitales para que ellos puedan componer su vida»

Aseguró que no le resultó especialmente complicado hablar a través de la voz de un hombre pero sí hacerlo desde la emoción de los hombres y desde el análisis de su propio interior. «Estos hombres se unen para recomponer la vida de Álvaro. Lucas lo hará desde la lealtad, Manuel desde las dudas y Nogueira cree que tiene la obligación de sacar la luz la verdad. Pero, a la vez, ellos mismos tiene que hacer un viaje al centro de su propio corazón, la mayor aventura de un ser humano e incluso hasta peligroso».

Con respecto a Marcos, Amalia comentó que en su novela desfilan hombres de distinta naturaleza pero el autor ha querido dar voz también a la mujer, a través de personajes como Casandra, la ateniense o Deyanira, la espartana, mujeres que han tenido mucha relevancia en un mundo masculino. Contestó Marcos que a él siempre le ha interesado acercarse a los personajes que más sufren, a los más débiles y en aquella época, e incluso hoy -señaló-, las mujeres son las que están en el punto de mira. En aquella época estaban sometidas a matrimonios de conveniencia con el único objetivo de engendrar hijos y parirlos, siempre bajo la tutela de sus padres, hermanos o maridos, sin tener ningún tipo de derechos. «Con esta novela he querido mostrar realidades, las luces y las sombras, y no solo lo bonito y en este sentido, Atenas tenía muchas sombras, especialmente en lo que se refiere a las mujeres, mientras que las espartanas tenían  más libertad y más formación». 

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