lunes, 6 de junio de 2016

EL COLLADO DE LA MARQUESITA de Miguel de León.


Editorial: Plaza & Janés.
Fecha publicación: abril, 2016.
Precio: 0,99 €
Género: Narrativa. 
Edición: DIgital.
ISBN: 9788401017711
[Puedes leer el primer capítulo aquí]


Autor
Miguel de León nació a finales de 1956 en La Laguna, Tenerife. Se crió en el seno de una familia muy humilde, en Valle de Guerra, una zona rural del municipio de La Laguna, a cuya ciudad se trasladó a vivir con diez años, cuando comenzó la enseñanza secundaria. Mayor de seis hermanos, tuvo que ayudar desde niño a sacar a los pequeños adelante. Repartió periódicos, trabajó en una procuraduría y fue aprendiz administrativo en unas oficinas mientras estudiaba el bachiller con los adultos del turno de noche. Con quince años, sin haber terminado del todo el último curso de bachillerato, tuvo que desistir de la asistencia a las clases. Fue peón albañil, freganchín y pinche de cocina, camarero, ferrallista, operador de guillotina y foto montador en una litografía y, por último, administrativo en una empresa importadora, hasta el ingreso en el servicio militar. A su término, fue vigilante jurado y se hizo programador informático estudiando por su cuenta. Trabajó como programador y analista informático y fue gestor comercial en una importante empresa nacional de la que salió en 1991 para establecer una pequeña empresa de la que ha vivido hasta hoy.


Sinopsis

En un pueblo imaginario al norte de la isla de Tenerife, en una casa emblemática para los habitantes, aparecieron hace más de veinte años el cadáver de un hombre y de su hija. Él es el heredero del título de marqués que da nombre al lugar. No es rico sin llegar a ser pobre. Todo apunta a que, atormentado por la reciente separación de su mujer, mató a la niña y se suicidó.

Los cadáveres están enterrados en la cripta familiar, en la propia casa, donde acude la madre de la niña cada domingo para visitar la tumba de su hija.

Damián, el vigilante de la casa, descubre un día una misteriosa mancha en la losa sobre la cripta, que recuerda mucho a un dibujo que había hecho la niña en vida y trata de limpiarla, sin conseguirlo, porque reaparece con más fuerza. El misterio no se desvelará hasta el día en que Damián encuentra algo que debe entregar a la madre de la niña.

¿Cúal es ese misterio? ¿Qué significa la mancha imborrable en la losa? Y, sobre todo, ¿qué oscuro relato esconden las muertes del padre y la hija?

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Miguel de León ha llegado a la vida de los lectores por suerte para cada uno de nosotros. No hace mucho os hablé de su primera novela publicada, Los amores perdidos, un debut del que solamente podía decir bondades (puedes leer la reseña aquí) y no fui la única que se derritió, casi literalmente, con aquella historia enclavada en las Islas Canarias y desarrollada a lo largo de setenta años, sin que contexto geográfico y temporal fueran diseccionados al milímetro porque aquella historia, como bien me dijo el autor, podía ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar.

Hace unas semanas Miguel de León volvió a hacerme otro regalo, enviándome un relato breve que Plaza & Janés solo ha publicado en formato digital. Y sé que por estos rincones habré dicho hasta la saciedad que no soy lectora de formato digital pero hay excepciones. Ruego me disculpen los que me tengan que disculpar. Hay excepciones sí, cuando se trata de una autoría que supone una garantía para mí y cuando la historia es de corta extensión, no más de cuarenta y pocas páginas. Pues bien, paso a contaros.

El Collado de la Marquesita es un caserón venido a menos pues tuvo tiempos mejores cuando la alegría y la felicidad eran la savia de aquellas paredes. La vida renació con un amor que surge como surgen los buenos amores, sin buscarlos, y que dio como fruto una pequeña niña a la que todos adoraban. Tiempos de los que ya solo se acuerdan unos pocos pues un trágico suceso, provocado por diversas circunstancias, siendo unas motivos y otras consecuencias, sumió a la casona en un niebla lúgubre y tenebrosa veinte años atrás y a su alrededor terminó por tejerse una leyenda propia de las mentes más fantasiosas. ¿Realmente los vecinos veían lo que decían ver? Dicen que cuando alguien muere en trágicas circunstancias no abandona este mundo totalmente. Y en la casona hubo tragedia y muertes.

Para Damián, el único residente en el Collado, encargado de mantener la casa en las mejores condiciones posibles todo son fantasías de gente de pueblo. En su profunda soledad, Damián solo cree en lo empírico y echa mano de los recuerdos como únicos compañeros. También los libros le harán compañía y en él será fácil que muchos lectores, los que acudimos a la Literatura como bálsamo reparador, nos sintamos identificados.

Un narrador en tercera persona nos pondrá al día sobre la historia de Damián, cómo acabó él trabajando para el marqués, cómo vivió el trágico suceso ocurrido en la finca, así como la vida de sus dueños, la del marqués casado con una joven de la que se enamoró al instante y esa niña, tan pequeña, tan llena de futuro, tan bella,...  

No os quiero contar mucho más porque la sinopsis ya aporta lo más fundamental de la historia. Solo os diré que la alegría y la felicidad terminará por tornarse en corazones rotos, resignación, abatimientos, decisiones dolorosas y una tesitura muy complicada, elementos que el lector puede encontrar en este breve relato con un desenlace humedecido por las lágrimas de sus protagonistas tras el hallazgo de una carta reveladora. 

En esta historia, vuelve a ser poco importante el lugar y el tiempo pues en la narrativa de Miguel de León lo que prima por encima de todas las cosas son las emociones, los recuerdos, los dolores del pasado y los dictados del corazón, por eso sus personajes son tan humanos y cercanos, por eso nos llenan tanto y resultan difíciles de olvidar.

Por otra parte, la prosa de Miguel de León es mágica. Tiene la habilidad de dejar al lector enganchado a una frase que por bella, resulta casi obligatorio volverla a leer hasta casi memorizarla, consigue abstraernos, introducirnos plenamente en la trama. Y por todo ello, he vuelto a disfrutar muchísimo de esta breve historia, conmovedora y tierna que os recomiendo muchísimo.



[Ilustraciones e imágenes tomadas de Google]

Retos:

- 25 españoles
100 libros


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viernes, 3 de junio de 2016

EL TEATRO DE LOS ÁLVAREZ QUINTERO.

Si hablamos de teatro hecho en Sevilla resulta inevitable acordarse de los Álvarez Quintero. Los hermanos Joaquín y Serafín, que tan bien conocieron su tierra y sus vecinos, hicieron de nuestra particular idiosincrasia la bandera que ondeaban sobre el escenario en sus obras y entremeses.



Joaquín y Serafín Álvarez Quintero, naturales de Utrera, un pueblo aledaño a Sevilla, nacieron cuando estaba a punto de cumplirse tres cuartas partes del siglo XIX. Serafín nace en 1871 y su hermano, dos años después y parece que no volvieron a separarse hasta el momento de su muerte.

De entre los escritos de los hermanos resaltan sus obras de teatro, pequeñas piezas populares de carácter costumbrista, siendo reconocidos no solamente en su tierra sino también en la capital del reino, donde fallecieron con pocos años de diferencia. Serafín lo haría en 1938 y Joaquín en 1944. Tras la muerte del hermano mayor, Joaquín siguió firmando las obras como si su hermano siguiera entre nosotros, tal era la unión entre ambos.

Más de dos centenares de obras llegaron a escribir, siendo los sainetes los más aplaudidos aunque también se atrevieron con el drama y la zarzuela. Su primera obra, Esgrima y amor, la estrenaron en Sevilla, en el año 1888, siendo aún unos adolescentes, pero los grandes éxitos empezaron  a llegar, residiendo ya en Madrid, allá por el año 1897.

Hay mucha información en internet si queréis saber más sobre estos autores tan queridos en estas latitudes. Mucho se ha escrito sobre sus vidas, sus obras y sus éxitos, pero no todo fue miel sobre hojuelas porque también tuvieron sus detractores, ya sabemos que la envidia es muy mala. La cuestión es que a día de hoy, después de más de setenta años tras la muerte de Joaquín, son considerados sevillanos ilustres y se podría decir que exponentes de un teatro de género que ellos hicieron inolvidable.

Pues bien, si me acuerdo de los hermanos Álvarez Quintero, resulta también inevitable acordarme de Teresa y Antonio que no eran hermanos sino compañeros de pupitre. A través de ellos dos asistí por primera vez a una representación teatral y tengo grabadas en la memoria diversas escenas, contemplándome desde la edad adulta, sentada en aquel patio de butacas, con los ojos como platos como si todo un mundo de fantasía se estuviera desplegando ante mí.


Colegio Pio XI
Corría el año 1982, contando con doce años de edad, cuando descubrí que el teatro me fascinaba. En mi colegio, hoy desaparecido, al margen de llevar a rajatabla una disciplina casi militar, se estimulaba a los alumnos con diversas actividades extraescolares. Recuerdo que los viernes había cine, pero en plan sala de butacas con pantalla gigante, y en las mismas dependencias, se representaban ocasionalmente algunas obras de teatro por parte del alumnado. Pues bien, Teresa y Antonio dieron vida a Candelita y Santiago, los personajes protagonistas del entremés Sangregorda. Ella, puro nervio (aún lo sigue siendo). Él, con una pachona encima que no podía con ella. Los profesores no pudieron elegir a mejores actores.

Me acuerdo de ellos con mucha frecuencia, especialmente porque, con esto de Facebook, hemos podido recuperar aquellas amistades de los años escolares. Y pensando, pensando, me dije que jamás había hablado del teatro como género literario, así que aquí me tenéis, haciendo homenaje a los Álvarez Quintero con el libro que os traigo hoy porque, entre tanta novedad literaria, tanta novela histórica, thriller, novela policíaca, sagas familiares, landscape o terror, resulta muy gratificante regresar al teatro, al que se hacía entonces y compartir unas horas con unos personajes que fueron creados hace tantos años. 


Sinopsis
En estos cuatro entremeses salen a escena toda la gracia, toda la chispa, todo el humor que los hermanos Álvarez Quintero ofrecieron en sus piezas breves, sin duda las que mayor éxito les han deparado. Sangregorda, El Agua Milagrosa, Mañana de Sol y La Media Naranja, son, indudablemente, algunos de los mejores ejemplos de estas obras cortas, en las que sale a relucir constantemente un diálogo endiabladamente ágil y divertido, que va configurando unos cuadros rápidos, graciosos y llenos de vida. De esta forma Joaquín y Serafín van componiendo un retrato fiel de las costumbres andaluzas -y también de las nacionales, ya que algunas de estas obras se sitúan en otras capitales españolas-, en las que el humor quinteriano, siempre sano y bien intencionado, está permanentemente presente.

La cubierta no puede ser más apropiada para este volumen que contiene uno de los cuatro entremeses que Teresa y Antonio representaron en aquel escenario de colegio. 

Abre el volumen un prólogo de Salvador de Quinta en el que se dice cosas tan acertadas como esta:


Un teatro, además que será irrepetible. No sólo porque retrata con toda fidelidad una época y una Sevilla que no volverán, sino por su gracejo, su hondura y, sobre todo, por su naturalidad.

Efectivamente el teatro de los Álvarez Quintero se caracteriza por ser reflejo de una realidad que para nada resulta bochornosa o motivo de mofa. En Sangregorda llama poderosamente la atención la manera en la que los personajes se expresan:





Santiago y Candelita son jóvenes andaluces, de ahí esa manera de hablar en otros tiempos. Llevan dos años de, según parece, noviazgo aunque Candelita no lo tiene muy claro. Le hervirá la sangre comprobar que el hombre del que está enamorada lleva horchata en sus venas y entre celos y medio enfados conseguirá que, por fin, Santiago le declare su amor.

El humor es un ingrediente más de estas piezas cortas que apenas se extienden unas páginas y con poquísimos personajes. Y si en Sangregorda destaca la particular manera de hablar de los protagonistas, no ocurrirá así con el resto, al fin y al cabo, ellos escribían para todo el mundo y sus éxitos llegaron estando ya en Madrid.

El Agua Milagrosa transcurre en un pueblo de Castilla, y como digo, cambia radicalmente la forma de expresarse de sus personajes pero no así el humor que siempre estará presente cuando Florentina, una señora de mucho postín que habla hasta por los codos, recurra al padre Juan en busca de remedio para su fertilidad.

En cuanto a Mañana de Sol la ironía transita libremente en el diálogo de Doña Laura y Don Gonzalo, dos ancianos muy reticentes a compartir un banco en el parque y entre remilgos descubriran que ese encuentro aguarda más de una sorpresa inesperada.

La Media Naranja será el más largo por lo que se divide en varias escenas y cuenta con un mayor número de personajes. No quiero alargarme mucho más pues entiendo que el teatro no es plato de buen gusto para todos. Además, esta entrada solo pretende refrescarnos la memoria y traer a la actualidad a aquellos dos narradores, poetas, periodistas o comediógrafos que me han hecho disfrutar en más de una ocasión. Sus obras se han representado en diversos teatros, de toda índole y condición. Aquí un ejemplo, una muy buena representación de Sangregorda. No os la perdáis porque son apenas media hora. 




 Y aquí, un estudio estupendo de la Revista Literaria Gibralfaro, por si queréis profundizar más.

Me siento obligada a recomendar las obras de los Álvarez Quintero, especialmente si eres sevillano o andaluz, aunque creo sinceramente que todo el mundo puede disfrutar por igual. Son muy amenas, muy divertidas, no hay grandes argumentos pero se puede encontrar tanto ingenio en estas piezas que sin duda supondrán una manera estupenda de acercarnos al teatro porque, lanzo la siguiente pregunta:

¿Cuándo fue la última vez que leíste una obra de teatro?



[Imágenes e ilustraciones tomadas de Google]

jueves, 2 de junio de 2016

ENTREVISTA a PERE ESTUPINYÁ (El ladrón de cerebros. Comer cerezas con los ojos cerrados).

megustaleer - Pere EstupinyàAutor

Pere Estupinyà es un consumidor omnívoro de ciencia que tras estudiar química y bioquímica abandonó su doctorado en genética para dedicarse a la difusión del conocimiento científico. Ha sido Knight Science Journalism Fellow en el MIT y ha trabajado en los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos, y como editor del programa Redes de TVE. También ha sido consultor en la Organización de Estados Americanos y el Banco Interamericano de Desarrollo, y ha escrito en diferentes medios de comunicación. Actualmente reside en Nueva York. No pierde ocasión de robar cerebros científicos con el objetivo de difundir su preciado contenido, buena prueba de ello son El ladrón de cerebros (Debate, 2010), S=EX2 (Debate, 2013) o Comer cerezas con los ojos cerrados (Debate, 2016).


megustaleer - El ladrón de cerebros. Comer cerezas con los ojos cerrados - Pere EstupinyàSinopsis

Los avances científicos se suceden a un ritmo vertiginoso, y cada vez son más las personas interesadas en conocer y entender cómo funciona el mundo, conscientes de que el conocimiento científico nos ayuda a vivir mejor y a tomar mejores decisiones en nuestro día a día.

Pere Estupinyà, el ladrón de cerebros, ataca de nuevo y busca las mentes más brillantes para poner sus conocimientos a disposición de todos. Nos interesa saber de dónde venimos y cuál es nuestro lugar en el universo, pero también queremos entender hacia dónde vamos.

El ladrón de cerebros nos recuerda que una predisposición a aprender, a reflexionar y a absorber nuevas ideas nos hace más inteligentes como sociedad y como individuos: el pensamiento crítico es fundamental para nuestras vidas y la ciencia, su mejor expresión.
[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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De la narrativa es difícil que salga. Me refiero a que novela, relatos, incluso algo de poesía o teatro son mis paraísos pero no acostumbro a acercarme a ensayos ni a libros de divulgación cientifica como los libros de Pere Estupinyá. En el fondo no son más que prejuicios como muchas de las cosas que nos ocurren en la vida porque, si no pruebas algo, ¿cómo saber si te gusta?

La cuestión es que llegó a mis manos El ladrón de cerebros. Comer cerezas con los ojos cerrados y, a priori, no lo percibí como una lectura para mí. En cualquier caso decidí darle una oportunidad y su primer capítulo me gustó muchísimo. Posteriormente fui saltando de un capítulo a otro y percibí que, si bien no era capaz de entender todo lo que en estas páginas se explicaba, sí había información bastante interesante y que me hacía pensar. Para mí, esto es lo fundamental en un libro, que me haga pensar. 

Sin saber muy bien cómo afrontar la entrevista con Pere Estupinyá, de repente mi cerebro, al que seguro que hay poco que robar, comenzó a revolverse y empezaron a surgirme dudas, curiosidades, cosas que quería saber. Llegado el momento, me encontré a un apasionado de la ciencia, que se toma su tiempo para responder con la clara intención de comunicar con nitidez y precisión. Me lo pasé realmente bien charlando con Pere Estupinyá. Esto es lo que nos contó.



Marisa G.- Pere, yo no te conocía. No conocía tus libros anteriores, no sabía nada de ti. Entonces leyendo la biografía que figura en la solapa del libro, me doy cuenta que has hecho un montón de cosas. Pero, aparte de todas esas cosas fascinantes que figuran ahí relacionadas, me gustaría que miraras en tu interior y me dijeras quién eres realmente.

Pere E.- Soy un tío con una afición no muy habitual que la ha convertido en su profesión, un tío que se ha dado cuenta de la importancia que tiene la ciencia para la sociedad. Por otro lado, me comporto como un tipo de Tortosa que hasta los 17 años no salió de su pueblo, que empezó a estudiar Química Bioquímica y que en un momento dado decide dejar un doctorado porque quiere ser científico, le gusta mucho la ciencia pero no tiene la paciencia para estar investigando en un laboratorio. Cuando dicen que la paciencia en la madre de la ciencia es real. Para ser científico necesitas tener mucha paciencia, hacer muchas repeticiones de resultado, es un camino muy largo para conseguir un fruto que al final no sabes si lo obtendrás. Yo no quería ir por ese camino, así que decidí ir por el camino de la comunicación científica, de una manera muy convencida. 

Además soy un poco nómada, tanto a nivel personal como a nivel profesional. Me muevo un poco por pasiones. Me fui a Estados Unidos por unos motivos, después cambio de ciudad por otros, escribo un libro porque me apasiona, hago turismo científico. Me encanta realizar visitas a laboratorios pagándomelo de mi bolsillo sin que al final tenga que escribir sobre ello, simplemente porque me interesa. Igual que alguien le gusta la pintura y se va a visitar museos. Lo que pasa es que yo intento vivir de esto pero ... 

M.G.- En realidad eres un afortunado porque has hecho de tu pasión tu modo de vida.

P.E.- Mucha gente no se atreve a intentarlo tampoco. A mí me han ofrecido trabajos muchas veces, más remunerados, más estables, pero no era mi sueño. Es duro rechazarlos porque cabe la opción del arrepentimiento. Fíjate que cuando estaba escribiendo mi primer libro en un cuchitril en Washington D.C. me puse a pensar que se me estaba acabando el  dinero y no tenía ni idea de si el libro lo iba a leer alguien o no. En lo que haces hay una parte de emprendimiento, de vocación, de esfuerzo  y también un parte de suerte que hay que aprovecharla. La oportunidad te llega por suerte pero aprovecharla depende de ti.

M.G.- Lo que está claro es que eres una persona multifacética, que has hecho muchas cosas. Has tocado incluso la tele y vas a volver a ella de nuevo. Estuviste en Redes con Eduard Punset y ahora vas a tener tu propio programa en La 2. ¿En qué proceso está el proyecto?

P.E.- Pues está híper avanzado a nivel de producción y en principio si todo sale bien, después de verano se emitiría. Son trece programas de temáticas diferentes en el ámbito de la documentación científica y es muy bonito. En teoría no puedo hablar mucho del programa.

M.G.- Pero, ¿va a ser del estilo a Redes?

P.E.- Sí, va a ser del estilo a Redes pero más dinámico y más diverso de lo que era Redes en la última etapa, con un tono y un ritmo diferente.

M.G.- Según he leído hay trece programas que se emitieron en Ecuador.

P.E.- Sí, pero eso era otra producción.

M.G.- ¿Y por qué en Ecuador exactamente?

P.E.- Yo tengo mucho contacto con América Latina por mi trabajo en Washington. En Ecuador están invirtiendo mucho en ciencia y en educación. No tenían nada de divulgación científica y se interesaron para preparar algo para la televisión. Salió la opción, se habló y se hizo. De hecho estoy hablando con gente de Chile, de México,... para hacer algo similar, llevar allí a este personaje que he llamado El ladrón de cerebros y que va robando conocimiento de todos lados. Esta es la idea.

M.G.- Lo que tú pretendes es acercar la ciencia a la gente de la calle, ¿verdad?

P.E.- Sí, este es uno de los objetivos, que a la gente que no le interesa para nada la ciencia empiece a interesarle. Queremos despertar el interés pero que aprendan cosas es casi un extra. Si piensan que la ciencia es positiva y que los gobiernos deben invertir en ciencia sería maravilloso. El que aprendan que los átomos están  hechos de bosones y electrones no me importa tanto. Lo explico en el libro pero yo no pretendo educar a nadie en el sentido de aprender por aprender. La misión es convencer a los que toman decisiones, los que invierten. Hay que apostar más por la ciencia porque la ciencia no es para países ricos sino para los que quieren serlo. Tiene  un retorno económico enorme y también lo tiene en bienestar social. 

M.G.- Pero cuando tú hablas de robar cerebros te refieres a gente muy inteligente o muy eruditas, gente con una mente muy privilegiada. A mi cerebro no creo que le puedas robar mucho...

E.P.- Yo busco gente que tenga ideas que destaquen y que sean mayoritariamente proveniente del mundo científico. No suelo hablar con cerebros de otros ámbitos como por ejemplo, no sé, cocineros. 

M.G.- Bueno, en la cocina se aplica también mucho la ciencia.

E.P.- Sí, sí,... pero me interesa más el científico que habla de la cocina que no el cocinero. A mí me interesa lo que es científico.

M.G.- ¿Matemáticos, físicos, químicos?

E.P.- No, no,... un economista puede basar sus afirmaciones en datos empíricos o no. A mí el economista, o el político, o el abogado, o el que sea, viene y me dice que va a invertir aquí por intuición y luego viene otro y me dice lo contrario, ¿de quién me fío? Eso a mí no me sirve. Yo no me puedo fiar de alguien que trabaja por intuición. Yo me fio de los datos. Si un economista hace un estudio y analiza una determinada situación y saca unas conclusiones basadas en datos empíricos, estupendo. No es que sea ciencia dura es ciencia rigurosa, la que a mí me interesa.

M.G.- Y Pere has publicado libros anteriores, dos concretamente: El ladrón de cerebros y S=EX2. Este también los has titulado El ladrón de cerebros pero lleva por subtitulo Comer cerezas con los ojos cerrados. ¿Por qué?

E.P.- En ciencia hay una cosa que se llama cherry picking. Se traduce por seleccionar cerezas. Se refiere a que cuando un científico, o bueno otra persona, selecciona los datos que le conviene para defender su teoría, está seleccionando las cerezas, está haciendo cherry picking, está haciendo trampa. Lo que es científico es coger los datos con los ojos cerrados. Es una supuesta objetividad a la hora de interpretar los datos científicos. A mí me parece que es un mensaje que es dificil de entender al principio pero que si lo pensamos bien, a nivel de sociedad o a nivel individual cuando defendemos ideas, estamos haciendo constantentemente cherry picking. Si te fijas en las discusiones que mantienen los políticos, hacen trampa constantemente. Me indigan que sean tan dogmáticos en lugar de científicos. No hemos avanzado nada. Tenemos la evidencia de que la ciencia es la mejor forma de conocimiento que tenemos y no se utiliza porque se discute en plan primate, dando unos argumentos distorcianos. En la sociedad estamos constantemente tergiversando la verdad.

M.G.- Claro pero es muy difícil perder la subjetividad.

E.P.- Pero tú puedes ser subjetivo en algún momento. Por ejemplo, cuando una abuela dice que su nieto es el más guapo del mundo. Ahí no pasa nada, incluso está bien serlo. Pero hay otros momentos en los que no se puede ser subjetivo. El mundo mejor iría mejor si fuéramos más objetivos y nosotros tomaríamos mejores decisiones y seríamos más amables con otras personas si lo fuerámos. Cuando dos personas están peleadas y enfadadas, están constantemente criticándose y solo ven lo negativo, no ven lo positivo. 

M.G.-¿Y qué tipo de perfil deben cumplir los lectores de tu libro?

E.P.- El único pre-requisito es tener curiosidad y cierto interés por la ciencia, no mucho tampoco, pero sí curiosidad para tener ganas de ponerse al día. Si tú ya eres científico, en este libro vas a encontrar cosas que te van a a gustar. Esas mismas cosas, para un lector que no sepa nada de ciencia, igual ni las percibe pero no pasa nada porque hay otras. Es como ir de tapas. El lugar de ir a comer un único plato, te ofrezco varias tapas.

La curiosidad es necesaria para acercarse a este libro, sin duda.

M.G.- Yo he estado leyendo partes de tu libro. El primer capítulo me pareció muy llamativo porque en él describes cómo el cuerpo humano digiere los nutrientes de una manzana. Y no solo me gusta lo que cuentas sino cómo lo cuentas. Lo describes como si fuera un truco de magia.

E.P.- Es que parece un truco de magia de tan complejo que es. El cuerpo no ha sido diseñado por nadie, es fruto de la evolución, pero que se llegue a tal nivel de complejidad sí parece mágico. Pero no hay nada de magia. Hay una explicación para ello y se sabe lo que ocurre. El ciclo de Krebs, el metabolismo de las proteínas, los lípidos, los carbohidratos,... Todo eso se conoce pero no deja de ser fascinante. 

Ese capítulo que mencionas es de los menos novedosos. Más adelante explico cosas que son más nuevas. 

M.G.- Y hablas también de la inteligencia más como una actitud que como una capacidad. Yo siempre he pensado que una persona nace con una capacidad intelectual que mantiene a lo largo de su vida y punto. Pero según lo que dices en el libro, podemos alimentar nuestra inteligencia. La típica frase de «Esta persona no da más de sí» no tiene cabida, es absurda.

E.P.- Absolutamente. Y yo no solo me refiero a aprender más sino a la manera de pensar. Por ejemplo, tener un pensamiento crítico, el dudar de las cosas, te hace más inteligente. Si tú te crees todo lo que te dicen no estás siendo inteligente. Puedes tener un cerebro muy poderoso y absorber todo lo que te digan pero no estás ejerciendo un pensamiento crítico. El dudar es positivo, el escuchar otras opciones y el estar predispuesto a cambiar de opinión,... eso es ser inteligente.

miércoles, 1 de junio de 2016

MUERTE DE UN CICLISTA (DRAMA - 1955).


Año: 1955.

Nacionalidad: Española.

Director: Juan Antonio Bardem.

Reparto: Lucía Bosé, Alberto Closas, Bruna Corrá, Carlos Casaravilla, Otello Toso, Alicia Romay, Julia Delgado Caro, Matilde Muñoz Sampedro, Mercedes Albert, José Sepúlveda, José Prada, Fernando Sancho, Manuel Alexandre, Jacinto San Emeterio, Manuel Arbó, Emilio Alonso, Margarita Espinosa, Rufino Inglés, Antonio Casas, Manuel Guitián, Elisa Méndez, José María Rodríguez, Carmen Castellanos, José María Gavilán, José Navarro, Gracita Morales.

Premio: Premio de la Crítica del Festival de Cannes 1955.

Sinopsis: Un profesor de universidad y su amante, una mujer casada de la alta burguesía, atropellan accidentalmente a un ciclista. Temerorosos de que se descubra el adulterio, deciden ocultar el trágico accidente.



[Información facilitada por Filmaffinity]


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No hay nada que me guste más que las recomendaciones, especialmente si son tan buenas como la de hoy.

Ayer publicaba la entrevista a Andrés Pérez Domínguez en relación a su novela Los dioses cansados. A lo largo de la  misma se hace referencia a la película de la que quiero hablaros hoy, Muerte de un ciclista. Nos decía Andrés que esta película fue la que inspiró parte del argumento de su nueva novela y a mí me pareció motivo más que suficiente para verla. El largometraje me sonaba ligeramente pero hasta la fecha no la había visto, quizá porque el título no me parecía suficientemente sugerente. No obstante, la vi anoche y ahora solo puedo decir que es un peliculón, altamente recomendable.

Dirigida por Juan Antonio Bardem, un apellido muy vinculado al cine español, la película está magníficamente rodada desde el primer al último plano. Muerte de un ciclista comienza sin preámbulo alguno. Con los créditos todavía sobreimpresos en la pantalla veremos a un ciclista pedalear por lo que parece un camino rural. Nada hace presagiar lo que va a ocurrir, si no fuera porque estamos más que advertidos por el título de la película. Máxime cuando la música, alegre y casi festiva, se demora hasta el último segundo en aportar suspense. Pero efectivamente el drama llega, y lo hace cuando el ciclista ha salido de nuestro campo de visión tras tomar una pendiente. Es entonces cuando tiene lugar el fatal desenlace. Un vehículo que circula en dirección contraria bandea de un lado a otro tras haber colisionado con el ciclista. A bordo, Juan (Alberto Closas) y María José (Lucía Bosé). Conduce ella. Atónitos no saben muy bien qué hacer. ¿Auxiliar al accidentado? En su lugar prefieren darse a la fuga. ¿Por qué? ¿Es que tienen algo que ocultar? Pues sí, Juan y María José mantienen una relación clandestina que puede acarrear muchísimas complicaciones en caso de salir a la luz pública. ¿Los ha visto alguien? El planteamiento de la trama, así como sus consecuencias no se hacen esperar. La tortura no ha hecho más que empezar y conducirá a un desenlace apoteósico.



El suspense hace acto de presencia desde los primeros compases. Siempre flotará la duda en el ambiente, algo que inquieta muchísimo a los protagonistas porque ya se sabe que lo peor es la incertidumbre y el miedo comienza a convivir entre los dos. Se hace tan poderoso que todo es amor idílico se reseca y se cuartea.

El guion recala brevemente en el contexto político en un momento en el que el franquismo está muy presente, haciendo leves alusiones a la Guerra Civil y en el vacío que provocó que muchos hombres. A su vez, muestra diferentes planos de la sociedad de la época, muy enfatizado por los hombres que circulan en bicicleta y aquellos que lo hacen en vehículos de lujo. Por un lado, nos asomamos a los barrios más humildes donde residía el difunto. Calles embarradas donde los niños juegan a la pelota, vecinos que conviven en corralas, gritos y desplazamientos hasta una fuente para hacer acopio de agua.

En una escala intermedia tendríamos a Juan, un profesor universitario adjunto que debe su puesto en la facultad a un favor familiar. Creo que Juan se siente un pobre diablo, un hombre desanimado que no tiene más que un trabajo poco motivador, siendo María José el verdadero motor de su vida. Pero la relación, especialmente después del accidente, comienza a asfixiarle. ¿Cuánto tiempo está dispuesto a seguir así? Sabremos de sus emociones, de sus sinsabores y de su pasado.

En un último puesto, y más elevado en la escala social, tenemos a María José, esposa de un hombre adinerado cuya única preocupación es mantener en secreto su relación con Juan mientras participa en actos caritativos sean del tipo que sean. No importa si su donativo lo recibe tal o cual pobre, lo importante es la imagen a proyectar. 

Yo le he cogido ojeriza a María José. Me ha parecido una mujer enamorada sí pero, ¿de quién realmente? Acostumbrada a vivir muy bien, con lujos y fiestas, el accidente con el ciclista la coloca en una situación incómoda. ¿Qué está dispuesta a hacer por amor? ¿O qué está dispuesta a hacer por no perder su posición?

Y otros dos personajes más compartirán protagonismo. Por un lado, Miguel (Otello Tosso), el marido de María José y por otro Rafa (Carlos Casaravilla), un amigo común que tiene un papel determinante. De este tándem es Rafa quien se lleva el gato al agua. Magistral su interpretación de un miserable, un tipo sin escrúpulos que sabe aprovechar la ocasión cuando se presenta, siempre con un gesto algo repulsivo, fiel reflejo de la burla.

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