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lunes, 11 de septiembre de 2023

ALMAS EN EL PÁRAMO de Miguel de León

Editorial: Plaza y Janés
Fecha publicación: junio, 2023
Precio: 21,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 464
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788401031359
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Miguel de León nació a finales de 1956 en La Laguna, Tenerife. Se crio en el seno de una familia muy humilde, en Valle de Guerra, una zona rural del municipio de La Laguna, a cuya ciudad se trasladó con diez años cuando comenzó la enseñanza secundaria. Desempeñó desde niño múltiples trabajos hasta su ingreso en el servicio militar. A su término, fue vigilante jurado y se formó de modo autónomo como programador informático. Trabajó como programador y analista informático y fue gestor comercial en una importante empresa nacional que abandonó en 1991 para establecer una pequeña empresa en la que ha trabajado hasta hoy. En 2016 publicó en Plaza y Janés con gran éxito de crítica y público su primera novela, Los amores perdidos.

Sinopsis

La familia Altaterra acoge en su seno a un enigmático joven sin nombre, pero tiempo después lo repudia misteriosamente. El expulsado se ve obligado a vagar durante treinta años. Cuando regresa, pasado y presente se confunden, y los amores secretos y las venganzas por saldar se entremezclan con una serie de crímenes cuyo desenlace estará íntimamente ligado al destino de la familia.

La nueva novela de Miguel de León, autor de Los amores perdidos, es una épica historia llena de pasión, morbo, odio, venganza, amor y tragedia, en la línea de las grandes sagas familiares de la literatura.

[Información tomada de la web de la editorial]



Arranco la actividad del blog en este mes de septiembre por la puerta grande, hablándoos de una novela de la que esperaba mucho y que me ha ofrecido incluso más de lo esperado. Mis días de vacaciones y buena parte del mes de agosto los he invertido en la lectura de Almas en el páramo, la que es la segunda novela del autor tinerfeño, Miguel de León, una novela extraordinaria, de una envergadura tremenda, que engulle al lector en una trama muy trabajada, con múltiples líneas y recovecos. 

No sé a vosotros, pero cuando me topo con una historia que sobrepasa los límites más básicos de la narración, protagonizada por múltiples personajes, todos ellos con una personalidad abrumadora, complejos, y llenos de luces y sombras, no sé muy bien por dónde empezar a contaros. Quizá, lo más sencillo sería comenzar por el dónde. ¿Dónde tienen lugar los hechos que se narran en esta novela? Y a esta pregunta podemos responder con tan solo leer la primera página del libro. En las líneas iniciales, el mismo Miguel de León nos aclara que la acción se desarrolla en Antiquauna localidad que nace de la imaginación del autor.


«Antiqua es una ciudad imaginaria. Su aire un tanto irreal es intencionado para ambientar el tema de la obra: las almas son ajenas al tiempo y el espacio, son de siempre y de cualquier parte donde haya vida».


Y ciertamente sobre Antiqua flota una bruma de irrealidad, una densa neblina que envuelve a los personajes, casi definiendo la frontera entre este mundo y algún otro en el que los sucesos adquieren otra magnitud; un lugar lleno de símbolos y alegorías. En «la invicta, altiva y misteriosa ciudad de Antiqua» residen familias de prestigio, como los Altaterra; hay barrios privilegiados, como La Umbria; y una casa, La Bella, sobre la que recae una temible leyenda.


«El símbolo más genuino y afín con el temperamento de Antiqua es una casa que se conoce por el nombre de La Bella. Construida a principios del siglo XX en la mejor parcela de La Umbria, el barrio más caro y privilegiado, La Bella había permanecido deshabitada la práctica totalidad de su siglo de vida, perseguida por la leyenda de que había vuelto locos a los que cometieron la osadía de ocuparla. Un cronista de la ciudad hizo más sobrecogedor el misterio cuando cayó en la cuenta de que La Bella había respetado a las mujeres, y que los casos de locura fueron todos de ocupantes varones». [pág. 13]


La Bella parece tener vida propia. Hay noches en las que pareciera como si suspirara, emitiendo aullidos que espantan a los vecinos y que presagian sucesos trágicos, como el que vendrá precedido por una terrible pestilencia que azota la ciudad de Antiqua una mañana de agosto. La aparición del cadáver de una mujer en las inmediaciones de La Bella desatará un misterio que vendrá seguido por otras muertes, siempre mujeres, y que mantendrá en vilo al lector, en una lectura que requiere de cierta parsimonia, que se desgrana con lentitud, y que permite ir desmadejando la historia de los habitantes de Antiqua.

Las primeras pesquisas conducen a un supuesto culpable, a un tipo de aspecto desaliñado, un mendigo al que muchos conocen por el sobrenombre de Doctor. En realidad es Elisario Calante, un hombre que, a pesar de rozar tan solo la cincuentena, está cansado de vivir. Un hombre que amó profundamente y que fue amado en el pasado, pero al que parece que solo le persiguen las desdichas. De ahí que quiera acabar con su sufrimiento, pero de la nada surgirá Lobo, un perro vagabundo que tampoco ha tenido una vida fácil. Hombre y animal cruzan sus caminos. Serán dos almas gemelas que se hacen compañía. 

Quizá, Elisario sea el centro de esta historia, el vértice de una pirámide por la que escalan multitud de personajes, que aparecen y reaparecen tiempo después, construyéndose así un estudiado entramado de relaciones que unen y desunen a los personajes. Así conoceremos a los Altaterra, una familia de abolengo en Antiqua, cuyo cabeza de familia será Diego de Altaterra. Viudo tras la muerte de su esposa, como hombre justo educará a sus hijos Gabriel, Eulalia y Fernando bajo los más nobles principios y, sin embargo, unos y otros serán bien distintos. Diego tiene un hijo predilecto. Fernando es el estudiante brillante, el vástago que cada padre quisiera tener, el que pone sus miras en el seno eclesiástico, y al que parece que le espera un futuro prometedor. Pero la vida gira y gira. A veces, se toman decisiones equivocadas. Otras, nuestras propias pulsiones nos condenan para siempre. Mientras tanto, Gabriel será el gestor del patrimonio familiar, cuya vida tampoco estará exenta de contratiempos, y Eulalia, tan enigmática, parecerá un personaje secundario, pero no nos engañemos. De ella, mejor no contar demasiado. 

A las puertas de la casa de los Altaterra llegará un chaval que parece solo en el mundo y cuyo origen es un misterio. Sobre el mismo se dice:


«Por el vocabulario, la perfecta caligrafía o alusiones a la cultura general, en las que no erraba, Fernando de Altaterra y Lucila de Mirando creían que provenía de un ambiente de clase media alta. Sin embargo, habían tenido que explicarle hasta los usos más elementales de la rutina social y era de una candidez enternecedora en los asuntos del mundo. Desconocía el precio de las cosas y el valor del dinero, nunca había entrado en un cine y trataba de usted incluso a los de su edad». [pág. 102]


Tan desvalido parece Rafael que los Altaterra lo acogerán como si fuera uno más de la familia, cediéndoles incluso el apellido familiar. Rafael de Altaterra quedará al cargo de Servando, el carpintero de la familia, y el encargado de enseñarle un oficio, el de lutier. Rodeado de instrumentos, el joven demostrará un extraordinario sentido musical, una cualidad nata para la música, lo que le reportará más desdichas que dichas. Su vida se volverá tan desafortunada como la de la Clavelina, la guitarra que Servando le regala.

Almas en el páramo es una historia en la que el tiempo no importa. Hay referencias que nos acercan a nuestra actualidad pero, a la vez, el tono y la esencia de la narración nos trasladan a épocas remotas, donde la vida discurría a otro ritmo. Consigue Miguel de León descontextualizar temporalmente la historia, convirtiéndola en un relato atemporal, con una importante fluctuación entre el presente de la novela y el pasado de los personajes.

Y a pesar de ese discurrir lento al que me referí antes, esta novela no está exenta de giros que nos dejarán con la boca abierta. Te sorprenderás con los sucesos inesperados y trágicos, con las reacciones extremas de sus personajes, con los reencuentros que jamás hubieras imaginado. Son elementos todos ellos que consiguen atrapar al lector y mantener su atención a lo largo de sus casi quinientas páginas. Asesinatos, atropellos, desapariciones, secuestros, pasiones, engaños, venganzas y traiciones te esperan en el nuevo libro de Miguel de León, una novela de factura impecable, en la que la Iglesia y ciertas instituciones nacidas a la sombra estarán muy presentes, girando siempre alrededor de los círculos de poder, pero también en torno a la fuerza del amor. ¿Y dónde queda el alma? Ahora te lo cuento.

Temas

Y aprovecha Miguel de León para sacar a la palestra cuestiones de enjundia. Dado que algún personaje está vinculado al mundo eclesiástico, la religión, la fe y las creencias serán temas de conversación entre los personajes. Se debatirá sobre la existencia de Jesús de Nazaret y, por ende, de la de Dios. Lo que enlaza con un debate sobre la creación de la vida, que enfrenta la teoría científica con la religiosa, dándose así pie al título de la novela, el cual ostenta un significado mucho más extenso. Si algo hay en esta novela, son almas perdidas, errantes, y en el páramo. 


«Si somos algo más que materia, si tenemos alma, somos almas en el páramo; almas errantes. En todo caso, no somos sino polvo estelar». [pág. 159]


En paralelo a las cuestiones religiosas, el lector podrá ahondar en el interior de ciertas hermandades que camuflan sus verdaderas intenciones. Fraternidades, sectas, o sociedades que manipulan a sus miembros, los ciegan, los embaucan, y los alejan del amor de sus familias. Esa visión de estas asociaciones, dirigidas por individuos carentes de escrúpulos, me ha resultado muy interesante.


«Una vez entre nosotros, nada le quedaba que decir a esa chica ni albergar sentimiento fuera de nuestra hermandad, ni siquiera con su padre o sus hermanos. Su única familia somos nosotros». [pág. 205]


Pero no serán los únicos temas que se aborden en la novela. Por supuesto, y en un lado de la moneda, el amor y la importancia de la familia serán pilares fundamentales. En el otro lado, las mentes más mezquinas enredadas en los negocios más turbios, que iremos descubriendo poco a poco. Ahí lo dejo. 

Personajes

Almas en páramo es una novela muy coral, en la que intervienen multitud de personajes, de distinto estatus y condición. Miguel de León construye la sociedad antiqueña, mostrando buena parte de su vecindario. Así, Y más allá de Elisario Calante y los Altaterra, conoceremos en primer lugar a Marcelo Cato, el alcalde de Antigua, y a su mujer. La autoridad antiqueña viene representada por Claudio Prego, el comisario, y Máximo Devero, policía de menor graduación, y el que ayuda a descubrir el cadáver con el que arranca la acción. La mano derecha de Marcelo será Darío Vicaria, personaje meticuloso y maniático, al que no amilana la leyenda negra sobre La Bella. Livia Reiner es la viuda del abogado Aurelio Codino, con quien tuvo dos hijos -Aurelio y Valeria-. Junto con los Altaterra, los Reiner también será una familia importante en la trama. Katia Romano y su hermano Nicolás, dos artistas que aparecerán, desaparecerán y volverán a aparecer en la historia. Amalia Nocron es la ahijada de las hermanas de Diego de Altaterra, una mujer que, a pesar de conocer su destino, no quiere renunciar a la pasión. Y Loco, personaje casi fantasma hasta que, al final de la novela, se explica su origen.

Pero serán muchos más los personajes que asomen a estas páginas. Muchos de ellos serán hombres y mujeres flagelados por la desdicha. Algunos parecerán que no tienen mayor trascendencia, pero hay que dejar margen a la narración, dejar espacio a los acontecimientos, para volver a reencontrarnos con ellos. Miguel de León los acoge o los abandona en función de los sucesos que vaya narrándonos, pero ten por seguro que, si un personaje asoma en este relato, será por algo.

Estructura y estilo

Almas en el páramo cuenta con un total de treinta y un capítulo más un epílogo, que se distribuyen a lo largo de tres bloques, en los que, como dije antes, el tiempo avanza y/o retrocede, sin seguir un patrón concreto. 

El autor sabe atrapar al lector con su prosa. Su pluma se desliza con elegancia y belleza, denotando el cuidado extremo en la elección de las palabras. Es un placer deslizar la vista por lo escrito, sentirse acunado por un lenguaje que hace justicia al castellano, idioma rico y exquisito, al que acostumbramos a pisotear y vulgarizar.

Me ha encantado la composición del relato, la forma en la que Miguel de León descoloca las piezas de este puzle, animando al lector a trenzar el tapiz que el autor coloca ante nosotrosAlguna vez me he preguntando hacia dónde me quería llevar el autor, o de qué manera pretendía cerrar la historia de manera solvente si, quedando escasos capítulos, seguía presentando nuevos personajes. Pero no temáis porque todo queda bien atado.


Por ir terminando, os parecerá raro pero esta lectura me ha conducido a evocaciones muy dispares. Leyendo sobre los Altaterra se me vino a la mente la fábula del hijo pródigo. Y, a medida que iba sabiendo más sobre la vida de Elisario Calante, mi mente empezó a tararear la canción de Un hombre al piano, que tan bien entona Ana Belén. Conexiones extrañas que hace la mente, pero siempre digo que ahí radica la magia de la literatura, en la capacidad que tiene una historia para enlazarla con otras, con recuerdos, con ideas, con reflexiones. En ese sentido, Almas en el páramo ha superado todas mis expectativas.

Cocida a fuego lento, estamos ante una novela descomunal, con multitud de personajes perfectamente definidos, una trama bien urdida, un buen drama que nos habla de familias, pero al que no le falta el suspense, que cuenta con varios elementos del thriller, pero traspasando los límites del género. Y siempre de fondo, La Bella, a la que volveremos en las páginas finales, donde se aclaran todas las incógnitas que nos han ido surgiendo a lo largo de la lectura. 

En definitiva, y para resumir, todo un novelón.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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lunes, 6 de junio de 2016

EL COLLADO DE LA MARQUESITA de Miguel de León.


Editorial: Plaza & Janés.
Fecha publicación: abril, 2016.
Precio: 0,99 €
Género: Narrativa. 
Edición: DIgital.
ISBN: 9788401017711
[Puedes leer el primer capítulo aquí]


Autor
Miguel de León nació a finales de 1956 en La Laguna, Tenerife. Se crió en el seno de una familia muy humilde, en Valle de Guerra, una zona rural del municipio de La Laguna, a cuya ciudad se trasladó a vivir con diez años, cuando comenzó la enseñanza secundaria. Mayor de seis hermanos, tuvo que ayudar desde niño a sacar a los pequeños adelante. Repartió periódicos, trabajó en una procuraduría y fue aprendiz administrativo en unas oficinas mientras estudiaba el bachiller con los adultos del turno de noche. Con quince años, sin haber terminado del todo el último curso de bachillerato, tuvo que desistir de la asistencia a las clases. Fue peón albañil, freganchín y pinche de cocina, camarero, ferrallista, operador de guillotina y foto montador en una litografía y, por último, administrativo en una empresa importadora, hasta el ingreso en el servicio militar. A su término, fue vigilante jurado y se hizo programador informático estudiando por su cuenta. Trabajó como programador y analista informático y fue gestor comercial en una importante empresa nacional de la que salió en 1991 para establecer una pequeña empresa de la que ha vivido hasta hoy.


Sinopsis

En un pueblo imaginario al norte de la isla de Tenerife, en una casa emblemática para los habitantes, aparecieron hace más de veinte años el cadáver de un hombre y de su hija. Él es el heredero del título de marqués que da nombre al lugar. No es rico sin llegar a ser pobre. Todo apunta a que, atormentado por la reciente separación de su mujer, mató a la niña y se suicidó.

Los cadáveres están enterrados en la cripta familiar, en la propia casa, donde acude la madre de la niña cada domingo para visitar la tumba de su hija.

Damián, el vigilante de la casa, descubre un día una misteriosa mancha en la losa sobre la cripta, que recuerda mucho a un dibujo que había hecho la niña en vida y trata de limpiarla, sin conseguirlo, porque reaparece con más fuerza. El misterio no se desvelará hasta el día en que Damián encuentra algo que debe entregar a la madre de la niña.

¿Cúal es ese misterio? ¿Qué significa la mancha imborrable en la losa? Y, sobre todo, ¿qué oscuro relato esconden las muertes del padre y la hija?

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Miguel de León ha llegado a la vida de los lectores por suerte para cada uno de nosotros. No hace mucho os hablé de su primera novela publicada, Los amores perdidos, un debut del que solamente podía decir bondades (puedes leer la reseña aquí) y no fui la única que se derritió, casi literalmente, con aquella historia enclavada en las Islas Canarias y desarrollada a lo largo de setenta años, sin que contexto geográfico y temporal fueran diseccionados al milímetro porque aquella historia, como bien me dijo el autor, podía ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar.

Hace unas semanas Miguel de León volvió a hacerme otro regalo, enviándome un relato breve que Plaza & Janés solo ha publicado en formato digital. Y sé que por estos rincones habré dicho hasta la saciedad que no soy lectora de formato digital pero hay excepciones. Ruego me disculpen los que me tengan que disculpar. Hay excepciones sí, cuando se trata de una autoría que supone una garantía para mí y cuando la historia es de corta extensión, no más de cuarenta y pocas páginas. Pues bien, paso a contaros.

El Collado de la Marquesita es un caserón venido a menos pues tuvo tiempos mejores cuando la alegría y la felicidad eran la savia de aquellas paredes. La vida renació con un amor que surge como surgen los buenos amores, sin buscarlos, y que dio como fruto una pequeña niña a la que todos adoraban. Tiempos de los que ya solo se acuerdan unos pocos pues un trágico suceso, provocado por diversas circunstancias, siendo unas motivos y otras consecuencias, sumió a la casona en un niebla lúgubre y tenebrosa veinte años atrás y a su alrededor terminó por tejerse una leyenda propia de las mentes más fantasiosas. ¿Realmente los vecinos veían lo que decían ver? Dicen que cuando alguien muere en trágicas circunstancias no abandona este mundo totalmente. Y en la casona hubo tragedia y muertes.

Para Damián, el único residente en el Collado, encargado de mantener la casa en las mejores condiciones posibles todo son fantasías de gente de pueblo. En su profunda soledad, Damián solo cree en lo empírico y echa mano de los recuerdos como únicos compañeros. También los libros le harán compañía y en él será fácil que muchos lectores, los que acudimos a la Literatura como bálsamo reparador, nos sintamos identificados.

Un narrador en tercera persona nos pondrá al día sobre la historia de Damián, cómo acabó él trabajando para el marqués, cómo vivió el trágico suceso ocurrido en la finca, así como la vida de sus dueños, la del marqués casado con una joven de la que se enamoró al instante y esa niña, tan pequeña, tan llena de futuro, tan bella,...  

No os quiero contar mucho más porque la sinopsis ya aporta lo más fundamental de la historia. Solo os diré que la alegría y la felicidad terminará por tornarse en corazones rotos, resignación, abatimientos, decisiones dolorosas y una tesitura muy complicada, elementos que el lector puede encontrar en este breve relato con un desenlace humedecido por las lágrimas de sus protagonistas tras el hallazgo de una carta reveladora. 

En esta historia, vuelve a ser poco importante el lugar y el tiempo pues en la narrativa de Miguel de León lo que prima por encima de todas las cosas son las emociones, los recuerdos, los dolores del pasado y los dictados del corazón, por eso sus personajes son tan humanos y cercanos, por eso nos llenan tanto y resultan difíciles de olvidar.

Por otra parte, la prosa de Miguel de León es mágica. Tiene la habilidad de dejar al lector enganchado a una frase que por bella, resulta casi obligatorio volverla a leer hasta casi memorizarla, consigue abstraernos, introducirnos plenamente en la trama. Y por todo ello, he vuelto a disfrutar muchísimo de esta breve historia, conmovedora y tierna que os recomiendo muchísimo.



[Ilustraciones e imágenes tomadas de Google]

Retos:

- 25 españoles
100 libros


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viernes, 8 de abril de 2016

LOS AMORES PERDIDOS de Miguel de León.



Editorial: Plaza Y Janés.
Fecha publicación: enero, 2016.
Nº Páginas: 608
Precio: 18,90 €
Género: Narrativa.
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 97884401017278
[Empieza a leer aquí]

Autor


No puedo aportar como currículo más que la rebeldía de un niño que no quiso dejarse abatir por la adversidad. Nací a finales de 1986 en La Laguna, Tenerife, y me crié en el seno de una familia muy humilde en Valle de Guerra, una zona rural de la costa norte de la isla. Con once años empecé a trabajar para ayudar en casa con mis hermanos pequeños: repartí periódicos, colaboré en una procuraduría y fui aprendiz administrativo en unas oficinas mientras estudiaba con los adultos del turno de noche. Cuando tenía quince años, sin haber terminado del todo el último curso de bachillerato, tuve que desistir de la asistencia a las clases. Fui peón albañil, freganchín, pinche de cocina, camarero, ferrallista, operador de guillotina, fotomontador en una litografía y, por último, administrativo en una empresa importadora, hasta el ingreso en el servicio militar. A su término, ejercí de vigilante jurado y me hice programador informático estudiando por mi cuenta. Trabajé como ejecutivo comercial de una importante firma nacional hasta que en 1992 establecí una pequeña empresa, que ha sido mi sustento hasta hoy.




Durante ese largo camino, me acompañó aquel niño enfurruñado que quería escribir, resuelto a forcejear en cada decisión que yo tomaba si a él lo alejaba en su empeño. En la soledad de muchas tardes y en muchas madrugadas insomnes, dejé que me ganara algunas partidas. Pero llegó el día en que tuve la noticia de que Plaza & Janés publicaría mi primera novela, resultado de aquellas vigilias. Quedé tan aturdido que necesité refrescarme la cara. Al levantar la cabeza, encontré a ese niño en el espejo, sonriéndome con malicia. «¿Lo ves?», me dijo, no has hecho sino dar tumbos para llegar renqueando hasta aquí, donde yo te había dicho que estaba tu sitio. Me había ganado la batalla final. «No me lo reproches», le repliqué, «mientras daba esos tumbos te he ido llenando las alforjas de historias para contar». Aceptó la respuesta. Hemos vuelto a ser una sola persona. Tal vez nos alcance el tiempo para escribir otra bonita historia más.


Sinopsis


Los amores perdidos es la historia de los jóvenes Arturo Quíner y Alejandra Minéo, de su relación imposible y de lo que tuvieron que sacrificar por ella. Y de dos familias, los Quíner y los Bernal, enemigas eternas. Y es también la historia de un pueblo canario, El Terrero, de héroes anónimos y caciques ambiciosos, donde las pasiones son arrebatadas, los secretos se desvelan entre susurros y las venganzas se cobran con sangre. 



Los amores perdidos es el poderío de Dolores Bernal, la matriarca despótica que controla el pueblo con mano de hierro; la bondad de Alfonso Santos, el honorable y firme médico que conoce el punto débil de todos sus vecinos; el valor de Rita Cortés, la chica rebelde y excesiva, que huye a la Península para encontrar algo muy diferente a lo que esperaba; o la tenacidad de Ismael Quíner, el noble enamorado que lo ofrecerá todo por la supervivencia de su estirpe. 



Los amores perdidos es un épico y colosal tapiz tejido con estas y otras muchas historias, que afectarán a la pasión de Arturo y Alejandra a lo largo de los años y que les llevará del Terrero a Nueva York, del enamoramiento al desencanto, de la separación al reencuentro para finalmente enfrentarse a un destino incierto.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Permitidme que empiece esta reseña con un texto que no es mío:

«Los amores perdidos es una novela que llegó a las manos de su editor de una manera muy peculiar que merece ser contada. Miguel de León ha sido un lector empedernido desde su infancia, a pesar de las dificultades de su vida. Cuenta que para entretenerse leía cualquier cosa que cayera en sus manos, que siente pasión por las historia y que lo único que le pide a un autor es que no le aburra.

Su pasión por la lectura le llevó a leer libros de segunda mano y en cualquier estado, hasta que llegó uno de Gabriel García Márquez por casualidad. Era un libro si cubiertas, del que no podía saber quién era el autor, pero que le dejó marcado para siempre. Años después, cayó en sus manos El coronel no tiene quien le escriba, y tuvo la certidumbre de que tenía origen en la misma mente genial que el ejemplar sin tapas que había llegado desde un lugar ignoto del mundo. Un año después leyó Cien años de soledad, novela que después ha leído más de treinta veces. Desde entonces, Miguel de León se convirtió en un perseguidor sin condiciones de todo cuanto llevara el nombre de Gabriel García Márquez hasta el punto de existir para él en la literatura dos hemisferios, uno habitado por todos los escritores y el otro, por Gabriel García Márquez. Después de muchos años pudo saber al fin el título de aquel libro que conserva sin sus tapas: La hojarasca. 

Miguel de León escribió entonces una novela. Después de buscar editorial y agente y no recibir ninguna respuesta buscó en internet la editorial de Gabriel García Márquez en España. Llamó a Penguin Random House y envió su libro sin agentes ni padrinos. Todas las personas que leyeron el manuscrito quedaron prendadas, hasta conquistar a toda la editorial. 


El final de la historia de Miguel de León es este libro, Los amores perdidos,...»


El texto que acabáis de leer forma parte de la carta de presentación con la que la novela Los amores perdidos llega a los medios de comunicación y a los blogueros. He querido empezar la reseña de este modo porque, sin duda, y tal como se menciona, es una historia que merece ser contada, que no debe quedar únicamente al alcance de unos cuantos, sino que ha de ser conocida por toda la comunidad lectora.

Quizá las palabras de la editorial os parezcan tan solo un artificio publicitario para hurgar en la parte más sensible de los lectores, en esa concepción romántica que tenemos sobre la literatura pero os diré, y creo que algunos de los que pasan por aquí lo pueden corroborar, que basta con leer Los amores perdidos para entender hasta qué punto pasión y literatura conviven en el corazón de Miguel de León. Si además de leer la novela, has tenido la oportunidad de conocer al autor, sentirás que las palabras de la editorial se quedan cortas.

Escribir esta reseña va a resultar muy fácil pero a la vez tremendamente complicado. Fácil porque Los amores perdidos posiblemente es una de las novelas que más me ha gustado de los últimos meses, con esa historia coral y familiar que me ha tenido con el alma en vilo durante unas semanas. Pero será a la vez muy difícil porque dudo mucho que pueda devolver con esta reseña todo lo bueno que la novela me ha dado.

¿Por dónde empezar? Haceros un resumen de la sinopsis no es tarea simple. Los amores perdidos no cuenta con un argumento sencillo en el que todos los personajes y todos los hechos emprenden un breve recorrido lineal de un punto a otro. He llegado a pensar que en este debut de Miguel de León podemos encontrar varias novelas en una. Cierto es que hay un núcleo, un corazón que palpita con ímpetu, un eje que mantiene toda esta fastuosa estructura que el autor ha construido con absoluta maestría, una historia de amor entre un hombre y una mujer, como no has leído otra, un amor puro, honesto, sincero entre Arturo Quíner y Alejandra Minéo.

Los amores perdidos se inicia con dolor, con una carta de ruptura que Arturo recibe desde Nueva York. Es curioso cómo una carta triste llena de líneas oscuras puede contener tanto amor y será así, con la resignación y la pena de un hombre que sabe renunciar por amor y con un acontecimiento que inmediatamente despertará nuestra curiosidad, como el lector se embarca en una preciosa historia que no olvidará jamás.

Juega Miguel de León a dibujar una elipsis en el tiempo, a colocar al lector en el presente con esa carta, punto de inflexión para los amantes, para luego hacernos retroceder a unos años en los que ni Arturo ni Alejandra habían todavía visto la luz. La historia de ambos, su unión, su alegría y su desdicha tendrá mucho que ver con sus ancestros y por eso el autor aprovechará el primer bloque de la novela para establecer los cimientos de lo que será la trama principal, la de Arturo y Alejandra, relación que llegará a su culmen en la segunda parte, antesala de un desenlace maravilloso en el bloque final. Un total de treinta y siete capítulos nos permitirán recorrer sesenta años sin que apenas haya referencias cronológicas. En cualquier caso, el lector tendrá siempre la suficiente información a través de las convicciones sociales o de las actitudes y pensamientos de los personajes, para entender en qué momento de la línea temporal nos encontramos. 

¿Y qué más vamos a encontrar en Los amores perdidos? Pues algo que ha sido muy común en esta España, el enfrentamiento entre dos familias que salpica a diversas generaciones, especialmente en entornos rurales en los que las rencillas por cuestiones de tierras están tan al día. Porque no lo he dicho aún, pero sabed que Los amores perdidos transcurre en un pequeño pueblo canario, El Terrero, que, aunque no existe, perfectamente podría representar cualquier pequeña población no solo ya de las Islas Canarias, sino de cualquier punto de la península. Pues bien, las dos familias serán los Quíner y los Bernal, una familia humilde, honesta y trabajadora frente a otra que abusa del poder, que se vale de su posición para conseguir ampliar su territorio, que maneja los hilos de todos y cada uno de los habitantes del pueblo. Pero el abuso de poder nunca fue buena cosa pues puede ocurrir que venga otro con mayor autoridad y perdamos nuestra posición privilegiada. Y como consecuencia, asesinatos, violaciones, persecuciones, huidas, muerte y desolación. 

jueves, 25 de febrero de 2016

ENTREVISTA a MIGUEL DE LEÓN (Los amores perdidos).

Autor

No puedo aportar como currículo más que la rebeldía de un niño que no quiso dejarse abatir por la adversidad. Nací a finales de 1986 en La Laguna, Tenerife, y me crié en el seno de una familia muy humilde en Valle de Guerra, una zona rural de la costa norte de la isla. Con once años empecé a trabajar para ayudar en casa con mis hermanos pequeños: repartí periódicos, colaboré en una procuraduría y fui aprendiz administrativo en unas oficinas mientras estudiaba con los adultos del turno de noche. Cuando tenía quince años, sin haber terminado del todo el último curso de bachillerato, tuve que desistir de la asistencia a las clases. Fui peón albañil, freganchín, pinche de cocina, camarero, ferrallista, operador de guillotina, fotomontador en una litografía y, por último, administrativo en una empresa importadora, hasta el ingreso en el servicio militar. A su término, ejercí de vigilante jurado y me hice programador informático estudiando por mi cuenta. Trabajé como ejecutivo comercial de una importante firma nacional hasta que en 1992 establecí una pequeña empresa, que ha sido mi sustento hasta hoy.

Durante ese largo camino, me acompañó aquel niño enfurruñado que quería escribir, resuelto a forcejear en cada decisión que yo tomaba si a él lo alejaba en su empeño. En la soledad de muchas tardes y en muchas madrugadas insomnes, dejé que me ganara algunas partidas. Pero llegó el día en que tuve la noticia de que Plaza & Janés publicaría mi primera novela, resultado de aquellas vigilias. Quedé tan aturdido que necesité refrescarme la cara. Al levantar la cabeza, encontré a ese niño en el espejo, sonriéndome con malicia. «¿Lo ves?», me dijo, no has hecho sino dar tumbos para llegar renqueando hasta aquí, donde yo te había dicho que estaba tu sitio. Me había ganado la batalla final. «No me lo reproches», le repliqué, «mientras daba esos tumbos te he ido llenando las alforjas de historias para contar». Aceptó la respuesta. Hemos vuelto a ser una sola persona. Tal vez nos alcance el tiempo para escribir otra bonita historia más.



Sinopsis


Los amores perdidos es la historia de los jóvenes Arturo Quíner y Alejandra Minéo, de su relación imposible y de lo que tuvieron que sacrificar por ella. Y de dos familias, los Quíner y los Bernal, enemigas eternas. Y es también la historia de un pueblo canario, El Terrero, de héroes anónimos y caciques ambiciosos, donde las pasiones son arrebatadas, los secretos se desvelan entre susurros y las venganzas se cobran con sangre.

Los amores perdidos es el poderío de Dolores Bernal, la matriarca despótica que controla el pueblo con mano de hierro; la bondad de Alfonso Santos, el honorable y firme médico que conoce el punto débil de todos sus vecinos; el valor de Rita Cortés, la chica rebelde y excesiva, que huye a la Península para encontrar algo muy diferente a lo que esperaba; o la tenacidad de Ismael Quíner, el noble enamorado que lo ofrecerá todo por la supervivencia de su estirpe.

Los amores perdidos es un épico y colosal tapiz tejido con estas y otras muchas historias, que afectarán a la pasión de Arturo y Alejandra a lo largo de los años y que les llevará del Terrero a Nueva York, del enamoramiento al desencanto, de la separación al reencuentro para finalmente enfrentarse a un destino incierto.

 
[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]




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A Miguel de León le rebosa alma por los ojos. Si las emociones tuvieran color, en las fotografías que se tomaron durante el encuentro podríamos distinguir con absoluta claridad un halo de distintas tonalidades flotando sobre entrevistadora y entrevistado porque si algo hubo en esa entrevista, fue emoción, y en algunos momentos, muy contenida.

Desprende la biografía del autor la certeza de haber sido un hombre ávido por aprender aunque la vida no se lo pusiera fácil. Autodidacta y hecho amismo, nunca dejó de ser aquel niño que soñaba con convertirse en escritor. 

De Miguel de León te gana su honestidad y sinceridad, su mirada franca y limpia, su humildad y su modestia, cualidades que ha sabido transmitir a algunos personajes de esta novela, de estos amores perdidos que lleva días cautivándome y de la que os daré debida cuenta cuando llegue a su fin. Permitidme que me demore, para que pueda prolongar el disfrute del camino. De momento, os dejo con la entrevista. Esto es lo que Miguel de León nos contó.

 


Marisa G.- Miguel, Los amores perdidos encierra una historia preciosa pero sé, por la nota de prensa que nos ha hecho llegar la editorial, que este libro también tiene una bella historia detrás que nos habla de cómo usted comenzó a escribir, de su pasión por la lectura, de cómo encontró editorial. Cuéntenos un poco.

Miguel de L.- Siempre quise escribir, desde que era un adolescente con quince años. Me gustaba mucho leer porque además, tampoco tenía posibilidad de otras cosas. No había televisión, no tenía dinero para el cine,... Mi único entretenimiento era leer y leí sobre ciencia, filosofía y política. Sé un poco de todo eso gracias a la lectura. Precisamente lo que menos leí entonces fue literatura, algo que me hubiera gustado mucho. Pero yo tenía que trabajar porque mi situación familiar era muy complicada. Era el mayor de cinco hermanos y tuve que abandonar los estudios, bueno, abandonarlos no, simplemente dejé de ir a clase. Me busqué trabajo de lo que fuera. Por eso en la biografía que aparece en el libro figura que he hecho tantas cosas.

M.G.- Muchísimas Miguel.

M.L.- Sí, todas esas cosas fueron de niño. Luego de mayor, tras el servicio militar, me hice informático pero estudiando por mi cuenta, y conseguí trabajo. Estuve una temporada haciendo programación, luego empecé a trabajar para El Corte Inglés, pero vendedor de calle, a puerta fría... Todo esto transcurrió en Gran Canarias. Luego nos mudamos a Tenerife, monté una empresa, me fue muy bien durante muchos años pero llegó la crisis y todo se vino abajo. En aquel desánimo comencé a recuperar las antiguas  historias que tenía, entre ellas un esbozo de novela, que decidí acabar, darle forma y aquí está.

M.G.- Siendo usted un escritor novel, ¿soñó alguna vez con que una editorial importante lo respaldara en su primera novela?

M.L.- No. Nunca llegué a soñar eso. Yo lo suelo decir de broma pero es verdad, para mí es esto ha sido como tocar en la puerta del cielo y que salga a recibirme San Pedro. Plaza & Janés de Penguin Random House,... algo inimaginable. Llevo tocando el cielo desde hace dos años. 

M.G.- Miguel, yo soy de las que leen los libros desde el principio hasta el final, desde la biografía del autor hasta los agradecimientos.

M.L.- Todo es novela.

M.G.- Sí, y siempre hay detalles interesantes. En su novela, al margen del argumento, hay dos cuestiones que me han resultado sumamente curiosas. Por un lado, la nota de prensa comenta que su autor de cabecera es Gabriel García Márquez. No sé si usted estará de acuerdo conmigo en que se puede notar esa influencia de Gabo en Los amores perdidos.

M.L.- Claro, claro y además no renuncio a ello, no me ofende para nada. Estuve veinte años aprendiendo a escribir con, y no como, el maestro y ahora llevo otros veinte años intentando que no se me note pero bueno...

M.G.- Se le nota un poquito (risas), pero es muy bonito. 

M.L.- Pero no me importa. Si me parezco un poquito al maestro, bien, ya está, no pasa nada, está todo dicho.

M.G.- No, no, claro que no pasa nada, a mí me ha gustado mucho encontrar ese rastro. Y por otro lado, en la biografía que figura en el libro aparece una frase preciosa que dice así:


«Durante este largo camino, me acompañó aquel niñeo enfurruñado que quería escribir, resuelto a forcejear en cada decisión que yo tomaba si a él lo alejaba de su empeño».

¿Se podría decir que hoy podemos leer Los amores perdidos gracias a aquel niño en lugar de dar las gracias al adulto?

M.L.- Sí, es indudable. Él fue el que venció. El adulto se topó en su camino con una crisis tremenda, que lo obligó a cerrar su empresa. Todo se vino abajo pero, por suerte, se cerraba una puerta para abrirse otra. En un momento muy duro para mí, recibí la llamada de la editorial para confirmarme que publicarían mi novela y entonces me acordé de aquel niño, de aquel niño de dieciséis años del que se reían todos cuando decía que quería ser escritor.

M.G.- Algunos sueños se cumplen. Usted lo ha conseguido.

M.L.- Sí, se me ha cumplido un sueño.

M.G.- Pues entremos en materia. La sinopsis que aporta la editorial permite al lector hacerse una idea del argumento pero me gustaría que fuera usted mismo, con sus palabras, el que nos explicara qué nos vamos a encontrar en Los amores perdidos.

M.L.-  Yo espero que los lectores se encuentren con una novela llena de momentos de emoción. Sé que es muy arriesgado, que soy como un funambulista sobre un cable y que, en cualquier momento, me pudo caer pero prefiero vivir el riesgo, correr el riesgo de intentar emocionar. Si consigo emocionar a dos o tres personas, me va a dar igual que luego venga un crítico y me diga que soy un desastre de escritor. Si consigo emocionar a un lector, habré alcanzado mi objetivo. Yo disfruto con un libro que me emociona y me gustaría que mi libro emocionara a los lectores. ¿Cómo creo que se consigue eso? Pues escribiendo sobre personas que te las podrías encontrar cuando vas a comprar el pan, escribiendo sobre aquellas cosas que nos hacen ser lo que somos, humanos, hablar de las emociones del corazón,... Creo que eso es lo que hacía García Márquez también. Es lo que yo intento.

De los sesenta o setenta personajes que aparecen, hay como veinte que son muy rotundos e inequívocos, con un extenso desarrollo, y tienen mucho de psicología. Es muy trabajoso pero el resultado merece la pena.

M.G.- ¿Pero cómo se maneja a tanto personaje? 

M.L.- Intento trabajar la psicología de los personajes, aunque realmente no tengo una técnica. Digamos que cobran cuerpo delante de mí. Algunos se dejan llevar con docilidad y otros se oponen totalmente a lo que yo pretendo de ellos y, al final, terminan ganándome la partida.

M.G.- Adquieren vida propia.

M.L.- Sí. Mira, Rita Cortés es un personaje que asume su libertad de tal manera que no nos esperamos nunca que sea como es. Ella parece una mujer muy contradictoria. Por un lado está lo que persigue y por otro lo que desea. El lector quizá no entienda por qué actúa así pero ella tiene una razón que además es contundente.

Cuando creé el personaje de Rita quise hacerla de un modo y es como si ella se hubiera negado al papel que le tenía preparado. Al final, hizo lo que quiso.

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