AutorPere Estupinyà es un consumidor omnívoro de ciencia que tras estudiar química y bioquímica abandonó su doctorado en genética para dedicarse a la difusión del conocimiento científico. Ha sido Knight Science Journalism Fellow en el MIT y ha trabajado en los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos, y como editor del programa Redes de TVE. También ha sido consultor en la Organización de Estados Americanos y el Banco Interamericano de Desarrollo, y ha escrito en diferentes medios de comunicación. Actualmente reside en Nueva York. No pierde ocasión de robar cerebros científicos con el objetivo de difundir su preciado contenido, buena prueba de ello son El ladrón de cerebros (Debate, 2010), S=EX2 (Debate, 2013) o Comer cerezas con los ojos cerrados (Debate, 2016).
SinopsisLos avances científicos se suceden a un ritmo vertiginoso, y cada vez son más las personas interesadas en conocer y entender cómo funciona el mundo, conscientes de que el conocimiento científico nos ayuda a vivir mejor y a tomar mejores decisiones en nuestro día a día.
Pere Estupinyà, el ladrón de cerebros, ataca de nuevo y busca las mentes más brillantes para poner sus conocimientos a disposición de todos. Nos interesa saber de dónde venimos y cuál es nuestro lugar en el universo, pero también queremos entender hacia dónde vamos.
El ladrón de cerebros nos recuerda que una predisposición a aprender, a reflexionar y a absorber nuevas ideas nos hace más inteligentes como sociedad y como individuos: el pensamiento crítico es fundamental para nuestras vidas y la ciencia, su mejor expresión.
[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]
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De la narrativa es difícil que salga. Me refiero a que novela, relatos, incluso algo de poesía o teatro son mis paraísos pero no acostumbro a acercarme a ensayos ni a libros de divulgación cientifica como los libros de Pere Estupinyá. En el fondo no son más que prejuicios como muchas de las cosas que nos ocurren en la vida porque, si no pruebas algo, ¿cómo saber si te gusta?
La cuestión es que llegó a mis manos El ladrón de cerebros. Comer cerezas con los ojos cerrados y, a priori, no lo percibí como una lectura para mí. En cualquier caso decidí darle una oportunidad y su primer capítulo me gustó muchísimo. Posteriormente fui saltando de un capítulo a otro y percibí que, si bien no era capaz de entender todo lo que en estas páginas se explicaba, sí había información bastante interesante y que me hacía pensar. Para mí, esto es lo fundamental en un libro, que me haga pensar.
Sin saber muy bien cómo afrontar la entrevista con Pere Estupinyá, de repente mi cerebro, al que seguro que hay poco que robar, comenzó a revolverse y empezaron a surgirme dudas, curiosidades, cosas que quería saber. Llegado el momento, me encontré a un apasionado de la ciencia, que se toma su tiempo para responder con la clara intención de comunicar con nitidez y precisión. Me lo pasé realmente bien charlando con Pere Estupinyá. Esto es lo que nos contó.
Marisa G.- Pere, yo no te conocía. No conocía tus libros anteriores, no sabía nada de ti. Entonces leyendo la biografía que figura en la solapa del libro, me doy cuenta que has hecho un montón de cosas. Pero, aparte de todas esas cosas fascinantes que figuran ahí relacionadas, me gustaría que miraras en tu interior y me dijeras quién eres realmente.
Pere E.- Soy un tío con una afición no muy habitual que la ha convertido en su profesión, un tío que se ha dado cuenta de la importancia que tiene la ciencia para la sociedad. Por otro lado, me comporto como un tipo de Tortosa que hasta los 17 años no salió de su pueblo, que empezó a estudiar Química Bioquímica y que en un momento dado decide dejar un doctorado porque quiere ser científico, le gusta mucho la ciencia pero no tiene la paciencia para estar investigando en un laboratorio. Cuando dicen que la paciencia en la madre de la ciencia es real. Para ser científico necesitas tener mucha paciencia, hacer muchas repeticiones de resultado, es un camino muy largo para conseguir un fruto que al final no sabes si lo obtendrás. Yo no quería ir por ese camino, así que decidí ir por el camino de la comunicación científica, de una manera muy convencida.
Además soy un poco nómada, tanto a nivel personal como a nivel profesional. Me muevo un poco por pasiones. Me fui a Estados Unidos por unos motivos, después cambio de ciudad por otros, escribo un libro porque me apasiona, hago turismo científico. Me encanta realizar visitas a laboratorios pagándomelo de mi bolsillo sin que al final tenga que escribir sobre ello, simplemente porque me interesa. Igual que alguien le gusta la pintura y se va a visitar museos. Lo que pasa es que yo intento vivir de esto pero ...
M.G.- En realidad eres un afortunado porque has hecho de tu pasión tu modo de vida.
P.E.- Mucha gente no se atreve a intentarlo tampoco. A mí me han ofrecido trabajos muchas veces, más remunerados, más estables, pero no era mi sueño. Es duro rechazarlos porque cabe la opción del arrepentimiento. Fíjate que cuando estaba escribiendo mi primer libro en un cuchitril en Washington D.C. me puse a pensar que se me estaba acabando el dinero y no tenía ni idea de si el libro lo iba a leer alguien o no. En lo que haces hay una parte de emprendimiento, de vocación, de esfuerzo y también un parte de suerte que hay que aprovecharla. La oportunidad te llega por suerte pero aprovecharla depende de ti.
M.G.- Lo que está claro es que eres una persona multifacética, que has hecho muchas cosas. Has tocado incluso la tele y vas a volver a ella de nuevo. Estuviste en Redes con Eduard Punset y ahora vas a tener tu propio programa en La 2. ¿En qué proceso está el proyecto?
P.E.- Pues está híper avanzado a nivel de producción y en principio si todo sale bien, después de verano se emitiría. Son trece programas de temáticas diferentes en el ámbito de la documentación científica y es muy bonito. En teoría no puedo hablar mucho del programa.
M.G.- Pero, ¿va a ser del estilo a Redes?
P.E.- Sí, va a ser del estilo a Redes pero más dinámico y más diverso de lo que era Redes en la última etapa, con un tono y un ritmo diferente.
M.G.- Según he leído hay trece programas que se emitieron en Ecuador.
P.E.- Sí, pero eso era otra producción.
M.G.- ¿Y por qué en Ecuador exactamente?
P.E.- Yo tengo mucho contacto con América Latina por mi trabajo en Washington. En Ecuador están invirtiendo mucho en ciencia y en educación. No tenían nada de divulgación científica y se interesaron para preparar algo para la televisión. Salió la opción, se habló y se hizo. De hecho estoy hablando con gente de Chile, de México,... para hacer algo similar, llevar allí a este personaje que he llamado El ladrón de cerebros y que va robando conocimiento de todos lados. Esta es la idea.
M.G.- Lo que tú pretendes es acercar la ciencia a la gente de la calle, ¿verdad?
P.E.- Sí, este es uno de los objetivos, que a la gente que no le interesa para nada la ciencia empiece a interesarle. Queremos despertar el interés pero que aprendan cosas es casi un extra. Si piensan que la ciencia es positiva y que los gobiernos deben invertir en ciencia sería maravilloso. El que aprendan que los átomos están hechos de bosones y electrones no me importa tanto. Lo explico en el libro pero yo no pretendo educar a nadie en el sentido de aprender por aprender. La misión es convencer a los que toman decisiones, los que invierten. Hay que apostar más por la ciencia porque la ciencia no es para países ricos sino para los que quieren serlo. Tiene un retorno económico enorme y también lo tiene en bienestar social.
M.G.- Pero cuando tú hablas de robar cerebros te refieres a gente muy inteligente o muy eruditas, gente con una mente muy privilegiada. A mi cerebro no creo que le puedas robar mucho...
E.P.- Yo busco gente que tenga ideas que destaquen y que sean mayoritariamente proveniente del mundo científico. No suelo hablar con cerebros de otros ámbitos como por ejemplo, no sé, cocineros.
M.G.- Bueno, en la cocina se aplica también mucho la ciencia.
E.P.- Sí, sí,... pero me interesa más el científico que habla de la cocina que no el cocinero. A mí me interesa lo que es científico.
M.G.- ¿Matemáticos, físicos, químicos?
E.P.- No, no,... un economista puede basar sus afirmaciones en datos empíricos o no. A mí el economista, o el político, o el abogado, o el que sea, viene y me dice que va a invertir aquí por intuición y luego viene otro y me dice lo contrario, ¿de quién me fío? Eso a mí no me sirve. Yo no me puedo fiar de alguien que trabaja por intuición. Yo me fio de los datos. Si un economista hace un estudio y analiza una determinada situación y saca unas conclusiones basadas en datos empíricos, estupendo. No es que sea ciencia dura es ciencia rigurosa, la que a mí me interesa.
M.G.- Y Pere has publicado libros anteriores, dos concretamente: El ladrón de cerebros y S=EX2. Este también los has titulado El ladrón de cerebros pero lleva por subtitulo Comer cerezas con los ojos cerrados. ¿Por qué?
E.P.- En ciencia hay una cosa que se llama cherry picking. Se traduce por seleccionar cerezas. Se refiere a que cuando un científico, o bueno otra persona, selecciona los datos que le conviene para defender su teoría, está seleccionando las cerezas, está haciendo cherry picking, está haciendo trampa. Lo que es científico es coger los datos con los ojos cerrados. Es una supuesta objetividad a la hora de interpretar los datos científicos. A mí me parece que es un mensaje que es dificil de entender al principio pero que si lo pensamos bien, a nivel de sociedad o a nivel individual cuando defendemos ideas, estamos haciendo constantentemente cherry picking. Si te fijas en las discusiones que mantienen los políticos, hacen trampa constantemente. Me indigan que sean tan dogmáticos en lugar de científicos. No hemos avanzado nada. Tenemos la evidencia de que la ciencia es la mejor forma de conocimiento que tenemos y no se utiliza porque se discute en plan primate, dando unos argumentos distorcianos. En la sociedad estamos constantemente tergiversando la verdad.
M.G.- Claro pero es muy difícil perder la subjetividad.
E.P.- Pero tú puedes ser subjetivo en algún momento. Por ejemplo, cuando una abuela dice que su nieto es el más guapo del mundo. Ahí no pasa nada, incluso está bien serlo. Pero hay otros momentos en los que no se puede ser subjetivo. El mundo mejor iría mejor si fuéramos más objetivos y nosotros tomaríamos mejores decisiones y seríamos más amables con otras personas si lo fuerámos. Cuando dos personas están peleadas y enfadadas, están constantemente criticándose y solo ven lo negativo, no ven lo positivo.
M.G.-¿Y qué tipo de perfil deben cumplir los lectores de tu libro?
E.P.- El único pre-requisito es tener curiosidad y cierto interés por la ciencia, no mucho tampoco, pero sí curiosidad para tener ganas de ponerse al día. Si tú ya eres científico, en este libro vas a encontrar cosas que te van a a gustar. Esas mismas cosas, para un lector que no sepa nada de ciencia, igual ni las percibe pero no pasa nada porque hay otras. Es como ir de tapas. El lugar de ir a comer un único plato, te ofrezco varias tapas.
La curiosidad es necesaria para acercarse a este libro, sin duda.
M.G.- Yo he estado leyendo partes de tu libro. El primer capítulo me pareció muy llamativo porque en él describes cómo el cuerpo humano digiere los nutrientes de una manzana. Y no solo me gusta lo que cuentas sino cómo lo cuentas. Lo describes como si fuera un truco de magia.
E.P.- Es que parece un truco de magia de tan complejo que es. El cuerpo no ha sido diseñado por nadie, es fruto de la evolución, pero que se llegue a tal nivel de complejidad sí parece mágico. Pero no hay nada de magia. Hay una explicación para ello y se sabe lo que ocurre. El ciclo de Krebs, el metabolismo de las proteínas, los lípidos, los carbohidratos,... Todo eso se conoce pero no deja de ser fascinante.
Ese capítulo que mencionas es de los menos novedosos. Más adelante explico cosas que son más nuevas.
M.G.- Y hablas también de la inteligencia más como una actitud que como una capacidad. Yo siempre he pensado que una persona nace con una capacidad intelectual que mantiene a lo largo de su vida y punto. Pero según lo que dices en el libro, podemos alimentar nuestra inteligencia. La típica frase de «Esta persona no da más de sí» no tiene cabida, es absurda.
E.P.- Absolutamente. Y yo no solo me refiero a aprender más sino a la manera de pensar. Por ejemplo, tener un pensamiento crítico, el dudar de las cosas, te hace más inteligente. Si tú te crees todo lo que te dicen no estás siendo inteligente. Puedes tener un cerebro muy poderoso y absorber todo lo que te digan pero no estás ejerciendo un pensamiento crítico. El dudar es positivo, el escuchar otras opciones y el estar predispuesto a cambiar de opinión,... eso es ser inteligente.
E.P.- El único pre-requisito es tener curiosidad y cierto interés por la ciencia, no mucho tampoco, pero sí curiosidad para tener ganas de ponerse al día. Si tú ya eres científico, en este libro vas a encontrar cosas que te van a a gustar. Esas mismas cosas, para un lector que no sepa nada de ciencia, igual ni las percibe pero no pasa nada porque hay otras. Es como ir de tapas. El lugar de ir a comer un único plato, te ofrezco varias tapas.
La curiosidad es necesaria para acercarse a este libro, sin duda.
M.G.- Yo he estado leyendo partes de tu libro. El primer capítulo me pareció muy llamativo porque en él describes cómo el cuerpo humano digiere los nutrientes de una manzana. Y no solo me gusta lo que cuentas sino cómo lo cuentas. Lo describes como si fuera un truco de magia.
E.P.- Es que parece un truco de magia de tan complejo que es. El cuerpo no ha sido diseñado por nadie, es fruto de la evolución, pero que se llegue a tal nivel de complejidad sí parece mágico. Pero no hay nada de magia. Hay una explicación para ello y se sabe lo que ocurre. El ciclo de Krebs, el metabolismo de las proteínas, los lípidos, los carbohidratos,... Todo eso se conoce pero no deja de ser fascinante.
Ese capítulo que mencionas es de los menos novedosos. Más adelante explico cosas que son más nuevas.
M.G.- Y hablas también de la inteligencia más como una actitud que como una capacidad. Yo siempre he pensado que una persona nace con una capacidad intelectual que mantiene a lo largo de su vida y punto. Pero según lo que dices en el libro, podemos alimentar nuestra inteligencia. La típica frase de «Esta persona no da más de sí» no tiene cabida, es absurda.
E.P.- Absolutamente. Y yo no solo me refiero a aprender más sino a la manera de pensar. Por ejemplo, tener un pensamiento crítico, el dudar de las cosas, te hace más inteligente. Si tú te crees todo lo que te dicen no estás siendo inteligente. Puedes tener un cerebro muy poderoso y absorber todo lo que te digan pero no estás ejerciendo un pensamiento crítico. El dudar es positivo, el escuchar otras opciones y el estar predispuesto a cambiar de opinión,... eso es ser inteligente.

