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lunes, 29 de noviembre de 2021

NADIE CONTRA NADIE de Juan Bonilla

Editorial: Seix Barral
Fecha publicación: septiembre, 202
Precio: 19,50 €
Género: narrativa
Nº Páginas:328
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788432239229
[Disponsible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Juan Bonilla nació en Jerez, en 1966. Es autor de las novelas Los príncipes nubios (2003), con la que ganó el Premio Biblioteca Breve, Prohibido entrar sin pantalones (2013), galardonada con el Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, La novela del buscador de libros (2018), Totalidad sexual del cosmos (2019), que mereció el Premio Nacional de Narrativa, y Nadie contra nadie (2021). Entre sus libros de relatos destacan El Estadio de Mármol (2005), Tanta gente sola (2009) y Una manada de ñus (2014). Su poesía está recogida en los volúmenes Horizonte de sucesos (2001), Hecho en falta (2014) y Poemas pequeñoburgueses (2016). Dirige la revista Calle del Aire y escribe en Jot Down.

Sinopsis

El remake de la novela que marcó a toda una generación y que inspiró la película de Mateo Gil. Premio Nacional de Narrativa 2020.

Simón Cárdenas, eterno doctorando en Filosofía, sobrevive mal que bien en Sevilla diseñando la página de crucigramas para un diario local mientras trata de sacar adelante su tesis sobre el llamado “Síndrome de Alonso Quijano”. Un día, en vísperas de la fiesta grande de la ciudad –la Semana Santa–, recibe una extraña llamada conminándole a introducir, en su próximo crucigrama dominical, una palabra que parece responder a un mensaje en clave. Y todo apunta a que, lo que en principio parece una broma, está conectado con una serie de actos organizados por toda la ciudad con el objetivo de sabotear las fiestas y sembrar la histeria en las calles en plena madrugá. Con ayuda de María se embarcará en una serie de pesquisas para averiguar quién está detrás.

Veinticinco años después de la publicación de Nadie conoce a nadie, Juan Bonilla ha escrito Nadie contra nadie desde cero con el objetivo de dar a los lectores la versión definitiva de aquella historia que marcó a toda una generación y que lo catapultó como una de las grandes promesas de la ficción contemporánea. El resultado es una novela completamente nueva de un escritor en el mejor momento de su carrera, tras ganar el Premio Nacional de Narrativa, repleta de humor y que sabe parodiar desde los códigos más populares (las novelas de detectives, el thriller de blockbuster…) a la alta cultura (metaficción).

[Información tomada directamente de la web de la editorial]



Me sorprendió descubrir la publicación de esta novela, Nadie contra nadie, de Juan Bonilla (Seix Barral). Me sorprendió porque, inevitablemente, me hacía recordar aquella otra del mismo autor y título similar, Nadie conoce a nadie, que Bonilla publicó en 1996, y que el cineasta Mateo Gil llevó a la gran pantalla en 1999, interpretada por Eduardo Noriega y Jordi Mollá. Ya os hablé hace unos días del formato cinematográfico. Pero, ¿qué pretendía el autor con esta nueva novela? ¿Se trataba de una segunda parte de aquella otra? Empecé a leer y descubrí que el tiempo no había pasado, que los personajes de aquella historia -Simón Cárdenas y Sapo-, seguían teniendo la misma edad que entonces. ¿Estaba ante una reescritura? La respuesta la encontramos en la propia sinopsis de la obra. La editorial habla de «remake», también lo hace el autor en la entrevista que nos concedió (puedes leerla aquí) y añade:

«Esta novela es un experimento que me propuse para jugar y divertirme. Cuando escribí Nadie conoce a nadie en 1996 tenía 28 años. Con aquella novela cometí una serie de errores narrativos que ahora no me convencen. Me pregunté qué pasaría si volvía a escribir la misma historia pero desde el que soy ahora. Así que, en 2016, como no estaba ocupado con otras cosas, y conociendo la historia, los personajes y la trama, escribí la novela desde la primera a la última página, dejándome llevar únicamente por los pequeños matices que yo recordaba de la versión original».

Es decir, Juan Bonilla vuelve a escribir la misma historia que, veinticinco años después, y desde un ángulo de madurez, se convierte en un relato diferente. Eso sí, los personajes seguirán siendo los mismos, pero la narración, si bien parte de los mismos mimbres, se vertebra en un producto distinto. Os cuento.

La trama

Simón Cárdenas trabaja de crucigramista para el Diario de Sevilla. Es licenciado en Filosofía y actualmente está preparando su tesis doctoral, pero no encuentra un tema apropiado. Comparte piso con Sapo, un tipo peculiar que se gana la vida dando clases de inglés y español. Ambos sobreviven como pueden y sus vidas transitan tranquilas, sin grandes sobresaltos. Sin embargo, el reposo de sus días se rompe cuando Simón recibe el siguiente mensaje de voz: 

«En el crucigrama que saldrá publicado este domingo, la respuesta para 6 horizontal será ARLEQUINES. Sabemos dónde vive, avenida de Cádiz, 21, 3º, Jerez, sabemos dónde vive su madre, Pago de la Serrana, 13, Jerez, sabemos la fecha de cumpleaños de su sobrinito Joaquín, 11 de septiembre. No es ninguna broma. 6 horizontal. Arlequines. Próximo domingo 16. no informe de esta llamada a nadie». [pág. 19]

Aunque no deja de ser algo inquietante, decide no darle importancia y considerarlo una estúpida broma. Sapo opina igual. Pero la cosa empieza a ponerse fea cuando aparece un gato muerto dentro del apartamento. El pobre felino luce un postit amarillo en la boca, en el que se puede leer: «Arlequines, seis horizontal». A ello se suma otro mensaje más en el contestador. ¿Qué clase de tarado está detrás de todo esto? Simón ya no está tranquilo. Cree que la cosa va en serio y se siente responsable de lo que vaya a ocurrir. Decide desahogarse con María, una compañera del periódico, con la que la cosa llegará lejos. Juntos emprenderán una investigación, en la que todo aquel que rodea a Simón será sospechoso, incluso el propio Sapo. Y así, ciertos sucesos polémicos y escandalosos tendrán lugar en momentos clave de la vida social de Sevilla. ¿Quién es el artífice de semejante locura?

La respuesta a esa pregunta la encontraréis con la lectura de esta novela, cuyo argumento entronca con los sucesos de la Madrugá del año 2000, de la que ya os he hablado en post anteriores, y con el mundo de los juegos de rol, sobre los que Juan Bonilla hace un profundo análisis, remontándose al siglo XIX, cuando «se pusieron de moda los juegos de tablero y de salón, como uno llamado Jurado en el que los participantes tenían que interpretar distintos roles, Fiscal, Defensor, Juez, sobre unos hechos determinados».

¿Qué me ha gustado de esta novela?

Para empezar, habría que señalar que la trama está llena de suspense. Lo que ocurre durante los días en los que transcurre la acción -previos a la Semana Santa-, sumirá al lector en un laberinto de intriga, a la espera de que la resolución nos desvele el misterio. Juan Bonilla, en un intento de aclarar los motivos que dieron pie a aquella famosa madrugá, se aventura a dar su propia teoría, pues la que esgrimieron los Cuerpos de Seguridad y las autoridades eran del todo inverosímiles, un parche para tapar lo sucedido y tratar de que el tiempo cubriera aquellos acontecimientos con el olvido.

Pero hay otros asuntos que enriquecen la historia y que me han aportado un plus en la lectura. No cabe duda de que, siendo Sevilla el escenario, esta novela la he disfrutado el doble. El autor hace un bosquejo de esta ciudad, para retratar lo bueno, lo malo y lo regular pero, de todo eso, os hablo más adelante.

Y aunque es una novela con sus secretos y misterios, a la narración no le falta el humor. Por emplear una expresión muy típica de estas latitudes, diría que la novela tiene mucha guasa. Bonilla saca punta a su lápiz para disparar pullas aquí y allá. Me he tenido que reír en más de una ocasión como, por ejemplo, cuando Simón Cárdenas arremete contra los profesores de filosofíaesa mafia, a la que el personaje aspira pertenecer, «con su tribunita mal aparcada en las páginas de opinión de los periódicos y sus conferencias de vez en cuando sobre cosas que tanto nos interesan a todos como la influencia de Heidegger en el pensamiento de la posmodernidad»O con las referencias a Juan Goytisolo, en relación a su reacción frente al Premio Cervantes. O con todo lo relativo al pregón de la Semana Santa sevillana, que tiene lugar el domingo anterior al Domingo de Ramos, un acto muy pomposo y protocolario, con un personaje -Perramón-, que resulta una delicia. Pero qué agudeza la del autor al definir este pilar de la sociedad sevillana de esta manera tan elegante:


«—¿No se dan cuenta de qué? —pregunté yo.
—De que para hacer un gran pregón hay que cumplir solo dos requisitos y ninguno de ellos exige ser un capillita o un hermano de ninguna cofradía.
—Y esos requisitos son...
—Ser poeta y haber sido niño en Sevilla».


Pero, sin duda, lo más divertido ha sido ver a los personajes exigir el uso de guiones en vez del estilo indirecto en sus intervenciones«Haga el favor de colocarme guiones cuando intervengo, no hay nada que deteste más que el discurso indirecto», reclamará uno de los personajes. Todo esto responde a la naturaleza de la propia novela, a ese aire de juego que Bonilla ha querido imprimir al texto. Pero ver a los diferentes personajes reivindicar su derecho a manifestarse en primera persona me ha resultado divertidísimo. Al igual que el lamento de ese narrador que, para no traicionar el curso de los acontecimientos, tiene que reservarse información vital y aguantarse las ganas de compartirla antes de tiempo.
 
Los personajes

Decía Juan Bonilla en la entrevista que, en esta nueva novela ha optado por dar más protagonismo a otros personajes que quedaron relegados a un segundo plano en Nadie conoce a nadie. En cualquier caso, el peso de la trama recaerá sobre los dos compañeros de piso. 

Simón y Sapo serán el tándem de esta historia. De los dos, Sapo es el más llamativo. Al menos, para mí. Creo que el autor se esmera en el retrato de este personaje algo más que en Simón, que me resulta un tipo más insulso, con menos personalidad, a juzgar por su comportamiento con María. De entrada, a Sapo le atribuye una curiosa peculiaridad. El personaje se caracteriza por el extraño sonido que emerge ocasionalmente de su garganta, como si croara, y de ahí su apodo. Hasta ahora, pensar en Sapo era pensar en Jordi Mollá, un actor que no me gusta, pero las descripciones que se recogen sobre el personaje  en la novela me han permitido, por fin, desligar a Sapo de Mollá. 

Habrá más personajes en la historia. Unos de ficción y otros tan de carne y hueso como tú, lector. Me ha encantado ver pasear entre estas páginas a nombres propios conocidos dentro y fuera de Sevilla. Algunos serán fácilmente reconocibles para cualquier lector. Otros, quedan relegados a la esfera más íntima del autor. 

Sevilla como escenario

¿Hay algo que guste más a un lector que encontrarse a los personajes de una novela pateando las calles de su ciudad? A mí me encanta. En Nadie contra nadie no faltan las referencias a los enclaves más conocidos de Sevilla. Entre los establecimientos de ocio figurará La Carbonería, que todavía hoy reviste los envites de las crisis económicas, un bar enorme, multicultural y multilingüístico, donde los de aquí y los de allá se reúnen para debatir de lo humano y lo divino, mientras las cervezas van descendiendo garganta abajo. Los pasajes que transcurren en este bar han conseguido retrotraerme a mi juventud, cuando cada viernes quedaba allí con mis amigos para tomar unas cervezas y echar una partidas de billar. Ya ha llovido desde entonces.

Pero en Nadie contra nadie, Juan Bonilla hace un certero retrato de la ciudad y su esencia, basado en la objetividad y en la honestidad. Sevilla es una hermosa ciudad pero no todo brilla bajo la cúpula de su cielo azul. Como las cosas hay que llamarlas por su nombre, en esta novela veremos una ciudad que mezcla lo popular con lo elitista, aunque quizá sea esa singularidad la que la convierte en un lugar especial. 

Este libro desprende tanta crítica como amor por ciudad de la Giralda, en la que encontramos sevillanos de toda índole y condición, los que en realidad no dejan de ser unos pobres provincianos hasta esos otros que llevan la ciudad por dentro, sin que los demás nos enteremos. Bellos son los pasajes en los que se habla de nuestra primavera «corta, relampagueante, de una intensidad sobrecogedora», o la sin igual sensación en la que se sumerge la urbe en los días previos a la Semana Santa. Sevilla es esa ciudad que se ríe de lo cómico pero que también le pone humor a lo trágico.

«Es casi imposible que suceda nada en la ciudad que al paso de unas horas no se vuelva escena cómica». [pág. 210]

Estructura y estilo

El autor despliega una narrativa poderosa, en la que la narración predomina sobre el diálogo. Ya en las primeras páginas, y jugando con la concatenación de subordinadas, e introduciendo alguna acotación, el lector se va a deslizar por un párrafo de larguísima extensión, bien tejido, y sin abrumar. Y lucirá una prosa elegante, vibrante y luminosa cuando centre la atención sobre la ciudad.   

Estructurada en treinta capítulos, la sección Notas y Agradecimientos no debe quedar relegada al olvido. La lectura de este anexo ayuda a entender la intencionalidad del autor a la hora de escribir esta novela, el porqué ha querido reencontrarse con aquellos personajes. Me ha parecido una lectura tan interesante como la propia novela en sí.

Poco más os puedo contar. Nadie contra nadie ha sido una lectura muy gratificante. Me ha descubierto cosas que no sabía de mi ciudad. Me he divertido a ratos, me ha empujado a indagar más sobre ciertas cuestiones expuestas, y me ha permitido dar un paseo extraordinario por Sevilla. Sé que, a tenor de lo aquí dicho, puedes pensar que estamos ante una novela más idónea para los sevillanos. No te diré que no. Pero también te puedo decir que cualquier lector va a poder disfrutar del suspense y la intriga que contiene esta historia sin haber puesto nunca un pie en esta tierra. 

No la dejes escapar.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



miércoles, 10 de noviembre de 2021

NADIE CONOCE A NADIE (THRILLER - 1999)

Año: 1999

Nacionalidad: España.

Director: Mateo Gil

Reparto: Eduardo Noriega, Jordi Mollà, Natalia Verbeke, Paz Vega, Críspulo Cabezas, Manuel Morón, Pedro Álvarez-Ossorio, Mauro Rivera, Jesús Olmedo, Joserra Cadiñanos, José Manuel Seda, Richard Henderson, José Cantero, Lucio Romero

Sinopsis: Simón, un joven aspirante a escritor, se gana la vida diseñando crucigramas para un periódico sevillano, mientras que Sapo, su compañero de piso, sobrevive como profesor particular de inglés. Un día Simón recibe en el contestador un amenazador mensaje que lo conmina a incluir la palabra "adversario" en su próximo crucigrama, el del Domingo de Ramos. Todo parece una broma de pésimo gusto, pero Simón cede ante la amenaza sin saber muy bien por qué. El resultado es una serie de atentados en vísperas de la última Semana Santa del milenio. Aterrado por las consecuencias de su decisión, decide investigar los hechos con la ayuda de María, una compañera del periódico a la que le han asignado el caso. Poco a poco, descubrirá horrorizado cómo una serie de circunstancias casuales lo van inculpando.

[Fuente: Filmaffinity]


El otro día publicaba la entrevista con Juan Bonilla (puedes leerla aquí), a raíz de que la editorial Seix Barral editara y pusiera a la venta la última novela del autor jerezano, Nadie contra nadie, título muy similar a aquel otro del libro que publicó en 1996, Nadie conoce a nadie. Cuenta Bonilla en esa entrevista que:


«Esta novela (Nadie contra nadie) es un experimento que me propuse para jugar y divertirme. Cuando escribí Nadie conoce a nadie en 1996 tenía 28 años. Con aquella novela cometí una serie de errores narrativos que ahora no me convencen. Me pregunté qué pasaría si volvía a escribir la misma historia pero desde el que soy ahora. Así que, en 2016, como no estaba ocupado con otras cosas, y conociendo la historia, los personajes y la trama, escribí la novela desde la primera a la última página, dejándome llevar únicamente por los pequeños matices que yo recordaba de la versión original. [...] Podríamos decir que, en términos cinematográficos, esta novela es un remake y, por tanto, como suele ocurrir, el resultado es totalmente distinto».


Pues de aquella novela, Nadie conoce a nadie, publicada en 1996, el director Mateo Gil hizo una adaptación cinematográfica que se estrenó en el año 1999. Bajo título homónimo, la película narra una serie de crímenes y sucesos dramáticos que tienen lugar durante la Semana Santa sevillana del año 2000. Os cuento un poco.

Simón Cárdenas (Eduardo Noriega) es un joven madrileño que recala en Sevilla por motivos de trabajo. Es un periodista menor, que se encarga de confeccionar los crucigramas que La Gaceta de Sevilla publica cada día. Sin embargo, su verdadero sueño es escribir una novela, actividad que compagina con la elaboración de los crucigramas sin que consiga hilvanar una narración decente que termine en las librerías del país. Como compañero de piso tiene a Sapo (Jordi Mollá), otro joven de su edad, también foráneo, estrafalario y crítico con la ciudad que lo ha acogido, y que se gana la vida dando clases particulares de inglés. 

La acción arranca en los días previos a la Semana Santa del año 2000. Simón recibe una llamada de teléfono, que queda registrada en el contestador. Una voz robótica le insta a confeccionar un crucigrama concreto. Las instrucciones consisten en publicar un crucigrama el Domingo de Ramos, cuya solución a la definición de la cuadrícula H6 sea la palabra Adversario. Con el aviso de que no puede ponerse en contacto con la policía, la voz anónima le advierte que, en caso de no seguir las instrucciones, tanto su familia como su compañero de piso estarán en peligroSimón queda aturdido. Sin saber qué hacer le comenta la situación a Sapo y este le resta importancia. Probablemente sea tan solo una broma de mal gusto. Sin embargo, las muertes y los crímenes comienzan a sucederse a lo largo de la semana grande de la ciudad. ¿Quién está detrás de estos hechos luctuosos? ¿Qué pretende? ¿Está en riesgo la Semana Santa de Sevilla?

Bueno pues estos son los mimbres de esta película. El punto de partida siempre me pareció original. Alguien quiere boicotear la Semana Santa de Sevilla, y para ello pone en marcha una maquinaria de destrucción y muerte. El objetivo del criminal serán las hermandades, los curas, la Iglesia en general como institución y siempre con el público como víctima colateral. Simón se verá envuelto en una trama negra y tendrá que averiguar quién es el causante de todos estos sucesos. Con ayuda de María (Natalia Verbeke), compañera del periódico, buscarán las claves que los lleve a desvelar el misterio. Simón terminará descubriendo que no se puede fiar de nadie, y de ahí el título de la cinta, Nadie conoce a nadie. En esa desconfianza generalizada, varios elementos sospechosos, una secta, un manuscrito que describe una situación de maltrato, un parricidio, una clave numérica, una signatura y un antiguo grabado.

¿Qué me ha gustado de esta película?

De entrada, las imágenes aéreas que se ofrecen de la ciudad. El espectador vuela sobre las calles y los monumentos más significativos de Sevilla, de día y de noche. Y si recorrer esta capital a pie supone un paseo delicioso, al verla desde el aire cobra aún más belleza. 

Por otra parte, para un espectador sevillano resulta doblemente interesante ver rincones, calles, monumentos y lugares que conoce bien. Resulta inevitable fijarse en el entorno que rodea a los personajes.

Pero, más allá del escenario, lo que me ha gustado de este largometraje es la originalidad del inicio que plantea, como ya he comentado. Atacar una fiesta tan significativa con la Semana Santa no me parece moco de pavo. 

¿Qué es lo que no me ha gustado de esta película?

Hay que ser flexibles, sí. Sabemos que, tanto en cine como en literatura es habitual el uso de licencias, ya sean temporales, geográficas, históricas,... A eso estamos acostumbrados y, tanto lectores como espectadores, hacemos la vista gorda. En esta película, el espectador sevillano tiene que ser flexible, pero hasta cierto punto.

Se supone que Simón y Cárdenas viven de alquiler y tienen una economía precaria. Al menos, eso es lo que parece. No obstante viven en un edificio en todo el centro de la ciudad, a un palmo del Ayuntamiento y a escasos metros de la catedral y la Giralda. No pasa nada, lo pasamos igualmente por alto.

No obstante, resulta que toda la trama transcurre durante la Semana Santa. Precisamente, Simón y Sapo viven en la Plaza de San Francisco, epicentro de la carrera oficial, es decir, lugar por donde pasan todas y cada una de las hermandades, espacio en el que se colocan sillas de alquiler, y palcos para autoridades. En definitiva, un punto de la ciudad que se convierte en un  tapón de gente, que se mueven de aquí para allá durante esa semana. Entiendo que no van a montar toda una parafernalia logística de tal envergadura para rodar un par de secuencias pero es que, en un día normal, esa calle Granada a la que Simón se asoma de vez en cuando desde su casa, no luce la soledad que vemos en la película ni a las cuatro de la madrugada. Esa calle es un hervidero de personas en un día normal, y a cualquier hora, y resulta paradójico ver a Simón contemplando una calle casi desierta, y digo casi porque la única persona que ocupa la vía es Ariadna. Pero bueno, no seamos tan exquisitos.

Ahora bien, lo que sí me parece totalmente irrisorio son las escenas que muestran el paso de alguna cofradía. Os garantizo que aquí, y eso lo sabréis bien los que vivís aquí o los que habéis visitado la ciudad entre el Domingo de Ramos y el Sábado Santo, el que se coloca cerca de un cortejo procesional queda encajonado por el resto de público. Para empezar, llegar a la primera fila una vez que la cofradía está pasando es misión imposible, pero Simón se mueve de aquí para allá sin problemas porque, aunque hay gente viendo las procesiones, son cuatro gatos. De hecho, hay una escena rodada en la Plaza del Salvador desde donde sale una de las cofradías más esperadas del Domingo de Ramos. Esa plaza, mucho antes de la hora de salida de la procesión, se llena de gente hasta tal punto que no cabe ni un alfiler -al menos, antes de la pandemia-, pero Simón accede a la plaza sin problema. Es más, se coloca justo delante de la puerta de la iglesia con total tranquilidad. Por eso digo que, a ojos de los sevillanos, esta película hay que ser muy benévolo. 

Pero lo que menos me ha gustado es el desenlace. Con todos mis respetos, el guion sufre de una ida de olla, total. Me parece muy esperpéntico cómo se desarrolla el final de la película. No se trata de ese elemento religioso y cofrade, especialmente sensible, que puede verse salpicado sino de la imposibilidad material de que los hechos se produzcan del modo que cuenta la película y de lo grotesco de esas escenas finales. Por eso creo que Nadie conoce a nadie empieza bien, partiendo de un punto interesante pero, a medida que vamos avanzando en la historia, el guion comienza a adentrarse en tierras pantanosas hasta ese desenlace que me ha parecido un total despropósito. Es lo que más recordaba de la película. Me dejó tan atónita la primera vez que la vi, que no he podido quitarme esa imagen de la cabeza. 

¿Para cofrades sensibles?

Pues me parece que no. Estoy convencida que hubo gente que se molestó por algunas imágenes. A mí particularmente me han sorprendido algunas secuencias, en las que figuran imágenes reales de nuestra Semana Santa, y otras escenas de índole criminal, en la que se imita la disposición de algunas figuras procesionales. Impactan pero tampoco es para rasgarse las vestiduras. No es más que ficción, una película, y como tal hay que tomársela. Además, la mayoría de las referencias están camufladas. Se habla de la Iglesia de la Salvación, en vez de la Iglesia del Salvador. Y como eso, todo.

Curiosidades

Cuentan que la película inspiró los hechos reales ocurridos en la Madrugá del año 2000. Mucho os estoy hablando últimamente de aquellos sucesos, a raíz de lecturas tales como Soleá, dame la mano de Alberto Álvarez Campos, y la misma Nadie contra nadie de Juan Bonilla. Y sois muchos los que me decís que no recordáis o no sabéis que ocurrió aquel año. Os lo resumo brevemente en la Nota aclaratoria.  

¿Y estamos ante una adaptación fiel al libro? Pues no lo sé porque el libro no lo he leído. Sin embargo, el propio Juan Bonilla me contó en la entrevista lo siguiente:


«El largometraje no tiene mucho que ver con lo que se contaba en la novela original».


Seguramente, el libro esté mucho mejor. 

Personajes e interpretaciones

Me he llevado una sorpresa porque no recordaba ni a Paz Vega ni a Natalia Verbeke. La primera hace un papel menor, pero Natalia sí tiene un rol principal en la trama y, sin embargo, se me había desdibujado por completo. Paz Vega da vida a Ariadna, una joven camarera que mantiene una relación sentimental con Simón. El perfil del personaje encaja con el de una joven sevillana a la que intuimos creyente, pues lleva una cruz colgando de su cuello. Por ende, tiene su punto cofrade y se muestra como devota de su hermandad, cuya salida procesional no se pierde ni un solo año. Su relación con Simón no es todo lo que ella esperaba. 

Paz Vega está muy joven, igual que los demás. Hasta ese momento había hecho televisión y algún papel pequeño en alguna película. En Nadie conoce a nadie se la ve inexperta, inmadura, ingenua, y su interpretación es poco lucida. Aunque no es una actriz que me entusiasme, hoy día sí se le nota la evolución y las tablas. 

En cuanto a Natalia Verbeke, será la encargada de interpretar a María, la compañera de Simón. Al principio la periodista se mostrará un tanto incrédula con todo lo que el joven le cuenta pero, poco a poco, y movida por la atracción que siente por Simón, se adentrará más en esa trama de suspense y misterio. La interpretación de Verbeke tampoco es que sea digna de mención. Ni siquiera en los momentos más comprometidos. 

Pero los dos grandes protagonistas de esta historia serán Simón y Sapo. El crucigramista es un joven frustrado. Está lejos de su ciudad, tiene un trabajo mediocre que únicamente le sirve para subsistir, pero que ni le apasiona ni le motiva. A eso se une que no consigue escribir ni una sola línea decente de esa novela que tiene en mente. Y cuando más agobiado está, recibe esa llamada que lo pone en una situación delicada. Simón se siente culpable, culpable de todos los hechos que están ocurriendo en la ciudad, culpable de las muertes, del horror, del pánico que sienten los ciudadanos, y eso lo convierte en un joven nervioso y algo violento. 

Por su parte, Sapo es una vida la vida. Caracterizado por el sonido gutural que emite a modo de tic -de ahí su apodo-, es un joven al que parece que todo le trae al pairo. Se centra en sus clases particulares de inglés, a través de las cuales conoce a chicas que le sirven para sus escarceos sexuales. No le pide más a la vida. Va a su bola, aunque sí se considera un buen amigo de Simón, al que trata de ayudar en esta situación con sus consejos.

Eduardo Noriega y Jordi Mollá se encargarán de interpretar a estos personajes. Jamás me ha gustado Mollá. Nunca he podido conectar con él. Siempre me ha parecido un actor gélido y además, en esta película me da hasta repelús con ese color de pelo, entre rubio y pelirrojo, con el que lo han caracterizado. 

En cuanto a Noriega, no diría que su actuación es estelar. Es verdad que, en algún momento breve, nos convence de la situación angustiosa por la que pasa pero, la película no brilla por unas interpretaciones inolvidables.

Banda sonora y efectos especiales

También ha sido una sorpresa recordar que la banda sonora corre a cargo de Alejandro Amenábar. Empieza potente y resulta llamativa. 

Nadie conoce a nadie estuvo nominada como Mejores Efectos Especiales en los Goya de aquel año, y es que, a mi particular, hay una secuencia que recrea una explosión (imposible de que fuera real) que está muy bien conseguida.


En definitiva, Nadie conoce a nadie, como experimento cinematográfico se deja ver. Para los espectadores de otras latitudes no tendrán importancia ciertos detalles pero para los sevillanos es un poco complicado digerir ciertas cuestiones. En realidad, la película funciona bien como thriller pero el último trecho, dirección al desenlace, desmerece mucho el resto. Me da rabia porque, ya digo que parte de un punto bastante original. 

Y ahora sí, la nota aclaratoria. Como os dije antes, últimamente os estoy hablando mucho de aquellos sucesos ocurridos en Semana Santa del año 2000, con motivo de la lectura de diversas novelas que hacen referencia a aquellos hechos -Soleá, dame la mano y Nadie contra nadie-. Algunos me estáis diciendo que no recordáis lo que sucedió. Os cuento por encima. Aquella madrugada, mientras procesionaban las seis hermandades que hacen estación de penitencia en Sevilla -El Silencio, La Macarena, La Esperanza de Triana, El Calvario y Los Gitanos-, se produjeron gravísimos y simultáneos altercados en diferentes puntos de la ciudad. De repente, se empezaron a escuchar ruidos, voces, gritos y la gente que veía las procesiones entraron en pánico colectivo y comenzaron a correr, derribando a su paso todo tipo de objetos y personas que encontraban a su paso. Incluso los mismos nazarenos, aturdidos por el tumulto que ocasionaba un ruido ensordecedor abandonaros su sito en el cortejo y trataron de refugiarse donde pudieron. Nadie sabe qué ocurrió exactamente. Al menos, la ciudadanía no lo sabe. Se barajaron varias teorías: un escape de gas, un toro que se había escapado de la Maestranza, un hombre con un cuchillo y unos niñatos de familia bien, que quisieron divertirse un rato. Lo cierto es que hubo gente que tuvo que ser atendida por los servicios sanitarios, por ataques de ansiedad, contusiones, golpes, heridas,... Y aquello marcó un antes y un después en la Madrugá sevillana. 

Si quieres saber un poco más sobre aquellos sucesos puedes leer aquí. Si buscas en YouTube también puedes ver algunos vídeos de las retransmisiones de aquel año, en la que se ven a los nazarenos correr y abandonar cirios e insignias, dejando a los pasos solos en mitad de la calle. 

 


Tráiler:                                                                 Puedes adquirirla aquí:

  





jueves, 4 de noviembre de 2021

JUAN BONILLA: ❝Esta novela es un experimento que me propuse para jugar y divertirme❞

Nadie conoce a nadie. Con este título, Juan Bonilla publicó novela en 1996. Narraba aquel libro una historia ubicada en Sevilla, en la que conoceríamos a Simón Cárdenas, el crucigramista de un rotativo hispalense, y a Sapo, su singular compañero de piso. Ambos quedarían envueltos en una suerte de trama conspiranoica que se desarrollaba durante la Semana Santa sevillana. Posteriormente, en 1999, el cineasta Mateo Gil quiso adaptar esa novela a la gran pantalla, valiéndose de las interpretaciones de Eduardo Noriega y Jordi Mollá. Pero, ¿qué ocurre con una novela una vez que el escritor pone punto y final, y la editorial la publica? Se acostumbra a decir que la novela deja de ser del autor para pasar a pertenecer a los lectores. Aun así, ¿el autor no vuelve a pensar en ella? ¿No retorna a lo que un día escribió? Pasado el tiempo, ¿no mira con recelo aquello a lo que le puso firma tiempo atrás? Cada novelista tendrá un proceder distinto. Por su parte, Juan Bonilla ha vuelto a reencontrarse con Cárdenas y Sapo. No ha querido el autor jerezano retomar las vidas de estos personajes en el punto en el que quedaron suspendidas cuando cerró Nadie conoce a nadie. Tampoco se ha valido de los saltos en el tiempo para contar cómo son sus vidas en la actualidad. Lo que Juan Bonilla ha hecho es reescribir aquella novela pero desde el autor que es hoy, para corregir lo que ya no le parece literario. De ahí que, aquella Nadie conoce a nadie, se haya convertido en Nadie contra nadie y de este experimento narrativo estuvimos hablando hace unos días. Os dejo con nuestra conversación.

[Fuente: Web editorial
©Yolanda Morató]

M.G.- Juan, me gustaría saber si este libro es una reescritura de aquella novela, es un reflejo de aquella trama, es la trama mejorada. Cuéntame qué es exactamente este libro.

Juan B.- Esta novela es un experimento que me propuse para jugar y divertirme. Cuando escribí Nadie conoce a nadie en 1996 tenía 28 años. Con aquella novela cometí una serie de errores narrativos que ahora no me convencen. Me pregunté qué pasaría si volvía a escribir la misma historia pero desde el que soy ahora. Así que, en 2016, como no estaba ocupado con otras cosas, y conociendo la historia, los personajes y la trama, escribí la novela desde la primera a la última página, dejándome llevar únicamente por los pequeños matices que yo recordaba de la versión original. A lo mejor, en alguna descripción de algún crucigrama coincide lo que puse entonces pero porque me acordaba perfectamente de las ocurrencias que había tenido. Podríamos decir que, en términos cinematográficos, esta novela es un remake y, por tanto, como suele ocurrir, el resultado es totalmente distinto. 

M.G.- Aunque esta novela haya tomado otros derroteros distintos a los de 1996, es evidente que los personajes son los mismos. Tenemos a Simón Cárdenas, el crucigramista, y a Sapo, su compañero de piso. Tú, como persona, habrás evolucionado pero te has tenido que reencontrar con unos personajes que ya tenían un perfil. ¿Cómo ha sido ese reencuentro?

J.B.- Me dejé llevar por la memoria, por lo que recordaba de ellos. Dado que la novela se convirtió en película, la memoria se mediatiza de alguna manera. A lo que recordaba de mis propios personajes se le agrega la versión cinematográfica. Cuando a veces pensaba en Simón Cárdenas, veía a Eduardo Noriega y eso no podía ser. Por eso, lo que decidí fue atenerme a las ideas que más o menos recordaba del personaje original, es decir, Simón Cárdenas como alguien curioso pero apocado, sin saber muy bien lo que se le viene encima, y Sapo como alguien muy estrafalario. Luego, quise dar más presencia a otros personajes como al inspector y a María, la periodista. 

M.G.- La acción transcurre en Sevilla, con una trama un tanto desquiciante, que entroncas con lo que ocurrió en aquella famosa Madrugá del año 2000. En esta novela te atreves a dar una teoría sobre el origen de aquel tumulto que vivimos. 

J.B.- Sí, sí,... Ya que aquellos sucesos se vincularon más con la película que con mi novela, porque el libro no tiene suficiente fuerza como para provocar hechos como aquellos, me pareció interesante incluir aquel acontecimiento dentro de la nueva escritura. Y además, incorporar una versión de lo que realmente sucedió porque la versión que se nos dio, basándose en hechos azarosos y fruto de la casualidad, no hay quien se la crea. Por eso, en este nuevo libro he añadido una versión más o menos cerrada de lo que pudo provocar aquel tumulto de la Madrugá, unos hechos que ya se recogían en la novela anterior pero que salían reflejados de otra manera en la película. El largometraje no tiene mucho que ver con lo que se contaba en la novela original porque ni nadie saca una pistola, ni se suben a un paso de palio, ni tampoco explota un edificio de la Expo'92.

M.G.- Y en esa versión que manejas tiene mucho que ver esos juegos de rol que se llevan a la calle. En la novela este tipo de entretenimiento va a tener mucha importancia y permíteme que te diga que he alucinado con toda la información que nos ofreces sobre los juegos de rol. Has hecho una profunda inmersión en esta temática.

J.B.- Sí. El colectivo de jugadores de rol atacó mucho la novela porque sufrimos una especie de mal endémico a la hora de leer. Solemos pensar que si un novelista saca a un periodista corrupto, lo que está queriendo decir es que todo el periodismo es corrupción. No es así. Las novelas muestran individuos y si yo saco unos jugadores de rol que son peligrosos y tarados no significa que piense eso de todos los jugadores de rol. Simplemente se trata de que mis (enfatiza) jugadores de rol son así. No tiene por qué haber una identificación con los demás. Sin embargo, parece que se lee de ese modo, como si generalizáramos, y es un verdadero error. 

En cualquier caso, sí que hice una interesante y profunda indagación de los juegos de rol porque, al ser Simón un tesinando de filosofía, quise analizar la propia filosofía del juego. El juego es algo esencial. Necesitamos jugar, convirtiéndose en una necesidad tan vital como comer. Me pareció interesante hacer una indagación en un tipo de juego tan particular como los juegos de rol que tienen la peculiaridad de que, a veces, pueden saltar a la vida real.

M.G.- Podemos pensar que la trama es muy negra y oscura pero lo cierto es que es una novela cargada de humor. Uno se divierte mucho con las ocurrencias de los personajes. Por ejemplo, hay una rebelión contra el estilo indirecto y tenemos a un narrador que se queja de su papel. 

J.B.- Sí, me lo propuse así porque la idea fundamental es la del juego y quería darle ese tono a la novela. Y dentro del juego, era sustancial que la propia novela no dejara de recordar constantemente que es una novela, un texto. Por eso, efectivamente, los personajes se rebelan contra el estilo indirecto. Se hace referencia al propio artefacto del libro, y los personajes se sienten orgullosos de ser personajes literarios.




M.G.- Bueno, también hay crítica. Como digo, la acción transcurre en Sevilla y estoy muy de acuerdo con esas opiniones que lanzan los personajes. Por ejemplo, se habla de ese populismo elitista de Sevilla, que creo que es la mejor forma de definirla. Pero hay tanta crítica como amor por la ciudad. A Sevilla hay que echarle en cara ciertas cosas pero también hay que alabarle otras.

J.B.- Totalmente de acuerdo. Dada la profesión a la que me dedico, podría vivir en cualquier otra ciudad. Sin embargo, la ciudad a la que siempre he vuelto es Sevilla porque me encanta. Pero que me encante no evita que tenga cosas que me parecen de risa, a las que se les puede sacar mucha punta. Sin embargo, la ciudad tiene otras muchas cosas que enamoran y casi te convencen de que no hay un sitio mejor para estar. Todo eso quería que quedara reflejado en la novela. En un momento dado, y es un pensamiento también del autor, Simón Cárdenas dice que no viviría en otra ciudad. 

M.G.- Incluso se llega a decir que Jerez, y tú naciste allí, es un barrio de Sevilla. 

J.B.- (Risas) Eso es lo que se suele decir. Como Jerez tiene esa guerra tan particular con Cádiz, es algo que siempre he escuchado desde niño.

M.G.- Siempre he creído que conozco perfectamente la ciudad en la que nací y en la que he vivido desde siempre. Sin embargo, hay novelas, como la tuya, que me hacen entender lo contrario. Con tu libro he descubierto una Sevilla desconocida, la de aquel Teatro Real en la Alameda de Hércules que no conocía en absoluto.

J.B.- El Teatro Real fue mítico en Sevilla. En los años 70 hacían unas performances muy peculiares. Cuando llegaba la Semana Santa, ponían una virgen que, en realidad, era un travesti con barba. Era todo muy underground. Sevilla, teniendo ese punto populista y elitista, es también un gran campo de heterodoxia. Sevilla es la del color especial pero también es la de Pata Negra o Kiko Veneno. Ambas facetas conviven y eso es lo que hace fascinante a esta ciudad. 

M.G.- Hablamos de Sevilla, hablamos de Semana Santa. Habría que hablar igualmente del pregón, porque también aparece en la novela. Me he reído mucho con el personaje-pregonero, con Perramón. He intentado dilucidar a quién tenías en mente cuando creaste al personaje. Es maravilloso. Es un personaje digno de un acto tan protocolario y pomposo como es el pregón de la Semana Santa sevillana.

J.B.- Espero que no hayas descubierto en quién pensaba... (Risas)

M.G.- No, no, pero me puedo hacer una idea. (Risas)

J.B.- Bueno, bueno,... A Perramón lo construí pensando en alguien muy concreto, sí, pero no pienso decir su nombre. (Risas)

M.G.- Vale, vale,... Lo dejamos en suspense. En cualquier caso, sí aparecen personas reales en el texto. Hay referencias a Juan Goytisolo, aparece Gonzalo García-Pelayo o Juanmi Vega, e incluso tenemos a un Ignacio Garmendía (pero con acento en la í). En esa dinámica del juego de la que venimos hablando, la aparición de estas personas reales es parte de ese mismo juego.

J.B.- Sí, sí,... un juego de nostalgia. La novela la escribí en León, donde pasé muchísimo frío. Me acordaba mucho de Sevilla, la de los 90, la que viví cuando yo era joven. Y he tirado de muchos amigos reales como los que nombras u otros como Antonio Molina Flores, que hace de director de la tesis de Simón; Jesús Quintero con su cafetería de la calle Placentines; Pepe, el librero de La Roldana; o el poeta Rafa Téllez, al que conocí cuando era camarero de La Carbonería. Son nombres que fui incluyendo por pura nostalgia.

M.G.- Juan, mientras leía tu libro no me podía quitar de la mente a Ramón J. Sender y su magnífico libro La tesis de Nancy. Me llevé una sorpresa grandísima cuando tú mismo lo mencionas en las páginas finales. Me ha gustado mucho coincidir en sensaciones.

J.B.- Sender me parece un escritor injustamente olvidado, a pesar de tener libros maravillosos. No sé si llega a ser influencia o no pero, sin duda, sí hay homenaje en este libro.

M.G.- Ya para terminar, quiero preguntarte por un texto que se incorpora en la novela, el comunicado que emitió la Hermandad del Gran Poder sobre los sucesos vividos aquella madrugá. Ese texto, ¿se hizo público o has tenido acceso a él por otras vías?

J.B.- Ese texto es buenísimo, pero lo encontré cuando empecé a escribir la novela e investigué un poco sobre las versiones oficiales de aquella noche. Juraría que lo encontré sin mucha dificultad. O lo mismo fue a través de los reportajes que hizo Juanmi Vega para El Mundo, o supe de ese texto por el libro que escribió Garrido Bustamante sobre los sucesos de aquella noche. Quizá uno u otro citaron ese texto. No lo sé, la verdad. No lo recuerdo bien. 

M.G.- En cualquier caso, es digno de estudio. Bueno, Juan, no te quiero robar más tiempo. Te agradezco muchísimo que me hayas atendido. 

J.B.- Muchísimas gracias a ti. Un saludo.

Sinopsis: El remake de la novela que marcó a toda una generación y que inspiró la película de Mateo Gil. Premio Nacional de Narrativa 2020.

Simón Cárdenas, eterno doctorando en Filosofía, sobrevive mal que bien en Sevilla diseñando la página de crucigramas para un diario local mientras trata de sacar adelante su tesis sobre el llamado “Síndrome de Alonso Quijano”. Un día, en vísperas de la fiesta grande de la ciudad –la Semana Santa–, recibe una extraña llamada conminándole a introducir, en su próximo crucigrama dominical, una palabra que parece responder a un mensaje en clave. Y todo apunta a que, lo que en principio parece una broma, está conectado con una serie de actos organizados por toda la ciudad con el objetivo de sabotear las fiestas y sembrar la histeria en las calles en plena madrugá. Con ayuda de María se embarcará en una serie de pesquisas para averiguar quién está detrás.

Veinticinco años después de la publicación de Nadie conoce a nadie, Juan Bonilla ha escrito Nadie contra nadie desde cero con el objetivo de dar a los lectores la versión definitiva de aquella historia que marcó a toda una generación y que lo catapultó como una de las grandes promesas de la ficción contemporánea. El resultado es una novela completamente nueva de un escritor en el mejor momento de su carrera, tras ganar el Premio Nacional de Narrativa, repleta de humor y que sabe parodiar desde los códigos más populares (las novelas de detectives, el thriller de blockbuster…) a la alta cultura (metaficción).

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