lunes, 6 de marzo de 2017

TOCAR LOS LIBROS de Jesús Marchamalo.

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Editorial: Fórcola.
Fecha publicación: 2010
Precio: 9,50 €
Género: --.
Nª Páginas: 78
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 9788495632199
 
Autor

Jesús Marchamalo (Madrid, 1960), periodista, ha desarrollado gran parte de su carrera en Radio Nacional y Televisión Española, y ha obtenido los premios Ícaro, Montecarlo y Nacional de periodismo Miguel Delibes, entre otros. Colabora habitualmente en el suplemento literario de ABC, en Muy Interesante, donde tiene una página dedicada al lenguaje, y en el Instituto Cervantes. Entre sus libros destacan La tienda de palabras (1999), 39 escritores y medio (2006), Las bibliotecas perdidas (2008) y 44 escritores de la literatura universal (2009). 

Sinopsis

Todos los libros tienen una peripecia, una historia que contar. Los libros hablan del carácter, los intereses y la personalidad de sus propietarios, y también la forma de ordenarlos en nuestras personales bibliotecas aporta datos significativos. Hay quien dice que las bibliotecas definen a sus dueños, y estoy seguro de que es cierto. Como en los estratos geológicos de un yacimiento arqueológico, los libros permiten ir desenterrando los restos de todos nuestros particulares naufragios.

Pero, sobre todo, hay que reconocer a los libros una sorprendente capacidad colonizadora: se extienden por los sofás, toman las repisas, los cabeceros de las camas, las mesillas... Como un ejército victorioso ganan los altillos, los aparadores, las cestas de mimbre donde duermen los gatos. Hay libros indispensables que nos obligan a poseerlos, a conservarlos para hojearlos de vez en cuando, tocarlos, apretarlos bajo el brazo. Libros de los que es imposible desprenderse porque contienen fragmentos del mapa del tesoro.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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Antes de nada me gustaría dar las gracias a la blogosfera literaria, así en general, a todos los que la componéis, a los que cada día colgáis las opiniones de vuestras lecturas y a todos los que lanzáis estupendas recomendaciones a diario, porque si no fuera por este mundo yo no hubiera llegado jamás a este autor - Jesús Marchamalo-, del que Meg nos habló en Cazando Estrellas, ni a este libro -Tocar los libros-, del que ya nos habló Marga en Libros, Exposiciones y Excursiones. Me resultaron tan interesantes las publicaciones de este periodista que no tardé mucho en salir disparada a la biblioteca y sacar todo lo que allí pude encontrar de su autoría.




De momento he leído el volumen de menos extensión y del que quiero hablaros hoy, Tocar los libros. Desconozco si me dará lugar a leer los restantes antes de tener que devolverlos, pero lo intentaré porque, tras esta lectura, me he quedado con ganas de más. En caso contrario, por lo menos no me quedaré con el gusto de haberlos podía hojear.
 
Doy paso a la reseña, anunciando que esta será muy distinta a las anteriores, porque leyendo este libro, poco a poco me fueron surgiendo cuestiones interesantes y se me ocurrió que sería original plantear una batería de preguntas que vosotros, los lectores del blog, pudierais responder en los comentarios. Esto nos permitirá conocernos más, cotillear un poco en los hábitos que tenemos y establecer qué tipo de relación guardamos con los libros. ¿Os animáis a dejarme vuestras respuestas en los comentarios?

Allá voy con las preguntas. 

1. ¿Qué número exacto de volúmenes componen tu biblioteca?

2. ¿Qué libros obran en tu poder de difícil justificación? Me refiero a libros cuya temática sean diferentes a la narrativa, al teatro o la poesía, que verse, por ejemplo, sobre la cría del champiñón en las Urdes.

3. ¿Cómo los ordenas?

4. ¿Te deshaces o te has deshecho alguna vez de algún libro? ¿Cómo lo haces?

5. ¿Lees todos los libros hasta el final aunque lo consideres un aburrimiento?

6. ¿Consideras que hay libros necesarios?

7. ¿Tienes alguna manía a la hora de leer? (Lugar, luz, espacio)

8. ¿Sueles prestar libros o por el contrario te cuesta la misma vida?

9. En caso de haber leído un libro que no fuera tuyo, ¿qué es lo más raro que has encontrado dentro de un libro?


Para romper el hielo, y al mismo tiempo que os comento mis impresiones sobre Tocar los libros, seré yo misma la que abra fuego y conteste en primer lugar. Empiezo. 

En respuesta a la primera pregunta diría que, repartidos entre las distintas habitaciones de mi casa -sin incluir los baños (todavía)- conviven conmigo y mi pareja, a modo de gran familia, un total de 1100 volúmenes, libro arriba libro abajo. Para algunos les parecerá una barbaridad pero estoy convencida de que vosotros también rondáis esa cifra o más. En cualquier caso, a mí no me parecen suficientes y a pesar de que ya no sé dónde colocarlos, no dejo de adquirir más y más libros.

En Tocar los libros, Jesús Marchamalo nos comenta cuántos libros posee, un cálculo que realizó una noche de insomnio pero, en vez de contarlos uno a uno, estableció una regla matemática para aproximarse a la cifra exacta. Indaga el periodista también en las bibliotecas de conocidos escritores, como Azorín del que se decía que tenía doce mil ejemplares. Pero de todos los que menciona, me deja ojiplática la anécdota sobre Gastón Baquero en cuya casa había «libros por todas partes; amontonados en el pasillo, sobre los muebles, en las sillas, apoyados en pilas en las paredes. Había libros hasta en el cuarto de baño;...» y para muestra esta fotografía.





Entiendo que Baquero no pretendió en ningún momento buscar algún libro concreto porque con tal caos sería imposible encontrarlo. Lo que me lleva a la segunda pregunta: ¿Cómo los ordeno? En mi caso, os contaré que llevo una base de datos por orden alfabético usando la inicial del apellido del autor como referencia. Es el sistema más lógico que se me ha ocurrido pero cuando lo adopté nunca me planteé lo que comenta Marchamalo en el libro.  

«... poner a Sabato al lado del marqués de Sade sólo porque comparten la misma inicial es como sentar juntos en una comida a Zapatero y Zaplana por idéntico motivo» [pág. 35]

Visto así, y después de echar una ojeada a mis estantes, me tendría que replantear mi sistema porque, y aquí aprovecho para responder a la segunda pregunta, tengo a Joanne Harris, autora de Chocolate, colindando con un libro bastante hortera. Sí, yo también tengo libros que me harían sonrojar si alguien me preguntara por ellos. Concretamente tengo el honor de poseer el Manual Práctico de la Mujer Liberada de Anthony Hamilton, editado por Edicomunicación, S.A. Un tratado que llegó a mis manos hace muchos años, gracias a un amigo, a un buen amigo -aunque no lo parezca-, como regalo de cumpleaños con el que pretendía gastarme una broma. No me preguntéis de qué va porque no lo he leído jamás. Nada más que el título y la ilustración de la cubierta, como podéis ver, me basta para saber lo que contiene en su interior. Imaginad lo que puede pensar Joanne Harris si sabe que comparte «piel con piel» con esa mujer liberada. Yo creo que se horrorizaría. O no, ¿quién sabe? Pero, ¿entendéis cómo el asunto del orden no es una cuestión baladí?




Pero sigamos avanzando con las preguntas. Sobre la cuestión del orden, apunta Marchamalo algunas curiosidades. Por ejemplo, nos recuerda que antiguamente las bibliotecas públicas, con objeto de aprovechar al máximo el espacio, ordenaban los libros por tamaño. Es por eso que, en aquellas fichas amarillentas que consultábamos antaño, antes de que los fondos estuvieran informatizados, figuraban las medidas de los ejemplares. ¿No os acordáis? Yo sí he visto fichas que incluían ese dato, aunque nunca me planteé el porqué. Nunca me acostaré sin aprender algo nuevo.

Y hablando de espacio, ese otro gran problema que tenemos, el autor de Tocar los libros hace un repaso a esta cuestión comentando las prácticas de algunos autores a la hora de luchar contra «la capacidad colonizadora de los libros». Sobre Herman Hesse señala que el autor se limitaba a conservar un número concreto de ejemplares. Si entraba un libro nuevo en su biblioteca, a la fuerza tenía que salir otro, mientras que otros escritores, ni cortos ni perezosos, se dedicaban a arrancar las páginas más aburridas de los libros, de tal modo que, una novela de cuatrocientas páginas bien podía quedarse, después del expurgo, en ciento cincuenta como mucho, con lo que se reducía considerablemente el espacio que ocupaba. Me resulta una medida un tanto drástica pero no deja de ser curiosa.

Yo soy incapaz de profanar un libro de esta manera. Es más, salvo excepciones muy concretas, soy incapaz de deshacerme de un libro, ni siquiera del Manual de la Mujer Liberada que solo lo conservo por su valor sentimental. Antes muero sepultada por un alud literario que desprenderme de libros a los que les tengo verdadero cariño. No importa si ya los he leído. No importa si sé que no los volveré a leer. Me encanta pasar la vista por las estanterías, tocar los lomos, o rememorar las lecturas. Soy una romántica, no lo puedo evitar. En mi casa los libros tienen vida. Nunca fueron objetos decorativos y esto me lleva a referiros ahora la anécdota que Marchamalo cuenta en Tocar los libros sobre esos libros que solo servían para dar un toque de distinción en algunas casas porque «los libros denotan cierta autoridad cultural». Sin embargo, en Rusia, en la época de Catalina la Grande, los libros no eran lo único que constituía un falso decorado. La cosa llegaba mucho más lejos pero os animo a que lo descubráis vosotros mismos con esta lectura. 

viernes, 3 de marzo de 2017

LA VIDA NEGOCIABLE de Luis Landero.

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Editorial: Tusquets.
Fecha publicación:  enero, 2017
Precio: 19,00 €
Género: Novela.
Nª Páginas: 336
Edición: Rústica con solapas.
ISBN: 978-84-9066-371-4
[Disponible en ePub;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Luis Landero nació en Alburquerque (Badajoz) en 1948. Licenciado en filología hispánica por la Universidad Complutense, ha enseñado literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y fue profesor invitado en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Se dio a conocer con Juegos de la edad tardía en 1989 (Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa 1990), novela a la que siguieron Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1998), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007, XV Premio Arcebispo Juan de San Clemente), Retrato de un hombre inmaduro (2010), Absolución (2012, mejor novela española del año según El País) y El balcón de invierno (2014, Premio Libro del Año de los libreros de Madrid en 2015). Traducido a varias lenguas, Landero es ya uno de los nombres esenciales en la narrativa española.



Sinopsis

Hugo Bayo, peluquero de profesión y genio incomprendido, les cuenta a sus clientes la historia de sus muchas andanzas, desde su adolescencia en un barrio de Madrid hasta el momento actual, ya al filo de los cuarenta, en que sigue buscándole un sentido a la vida. Y así, recordará la relación tormentosa y amoral con su madre, el descubrimiento ambiguo de la amistad y del amor, sus varios oficios y proyectos, sus éxitos y sus fracasos, y su inagotable capacidad para reinventarse y para negociar ventajosamente con su pasado, con su conciencia, con su porvenir, en un intento de encontrar un lugar en el mundo, que lo reconcilie finalmente consigo mismo y con los demás. Tras el éxito de El balcón de invierno, vuelve Luis Landero con un relato hipnótico, una historia inolvidable que recorre todos los géneros y registros de la narración oral.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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De toda la vida, las peluquerías de señora o caballero han tenido una función social que subyace bajo el servicio público y estético que prestan. En las peluquerías se tiende a la tertulia en general, a la puesta al día, al análisis de la actualidad, a la resolución de los conflictos políticos de carácter local, nacional e internacional, al repaso al famoseo y ya puestos al chismorreo común. Por eso, no es de extrañar que La vida negociable, con un peluquero al frente como protagonista, se inicie en los términos en los que lo hace:

«Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles»[pág. 11]

En esta novela, los lectores seremos esos clientes a la espera de ser atendidos y mientras nos toca el turno, formaremos parte del auditorio de una historia, la que Hugo, protagonista y peluquero, narrará en este libro, la historia de su vida, desde que era un adolescente hasta la edad adulta. Me inclino a pensar que son algo más de veinte años los que quedarán retratados en las páginas de La vida negociable, unos años en los que a Hugo le pasará de todo. 

Imagen relacionadaPartiendo de la adolescencia inocente, al amparo de sus padres, acabará en manos de Leo, una camaleónica chica, con un concepto de la vida alto deprimente,  que le abrirá los ojos a la dura realidad. Junto a ella, Hugo soñará con grandes aventuras, con dejar atrás la mediocre vida que le ha tocado en suerte, con sacar a la luz esas cualidades innatas que cree poseer con fe ciega. Y nuestro protagonista irá creciendo, abandonará una zona de confort, un sueño idílico para entender que no es oro todo lo que reluce. "La verdad os hará libre", dice la Biblia pero en el caso de Hugo también lo hace desdichado. La inocencia da paso a la decepción, al engaño, a la humillación en la forma más dolorosa posible. Y es así cuando el personaje sufrirá una transformación aunque sería más correcto decir que padecerá más de una, pero siempre bajo la sombra de la decepción que lo acompaña, bajo la fijación de convertirse en alguien muy distinto, y curiosamente siempre por una mujer. 

Con la edad adulta llegará el matrimonio, el sentar la cabeza y la búsqueda de la estabilidad familiar. Es momento de reconciliarse con el mundo y especialmente consigo mismo pero él se empeña en ir contra corriente, en luchar, en rebelarse contra lo que le viene dado y, aunque la prosperidad asoma, no sabrá gestionarla. Hugo vuelve a transformarse. Esta vez en la lechera del cuento. 

La vida negociable es una novela de evolución, la que sufren los propios personajes, ya sea para bien o para mal, pero también la que sufrirá el lector. No va a resultar nada difícil ver en Hugo a un ser despreciable, que abusa de un poder que le caído del cielo y del que no se demora en sacar tajada. Pero, ¿cuál es la verdadera motivación de Hugo? Terminaremos por contemplar al protagonista bajo diferentes prismas con el avance de la lectura. Comprenderemos que Hugo no es más que un pobre diablo, un tipo que quiere distinguirse, salir de una vida que creyó real pero que no ha sido más que figuración, atrezzo de un teatro. ¿Acaso eso es un delito? Al margen de juzgar sus malos hábitos, llegará un momento en el que tampoco va a resultar difícil compadecerse de él. El protagonista yerra en su percepción de la vida, sueña demasiado, y rehuye de un destino que no está tan mal, de ese camino de tijeras y peine que se le tiene asignado. Tampoco eso es para condenarlo.

En cambio los padres son harina de otro costal. Clara dejará de ser una mujer alegre y cariñosa para convertirse en una mujer triste, apagada y silenciosa. Escudándose en terribles migrañas pasará buena parte de los días encerrada en la penumbra de su dormitorio, encerrada en sí misma. Sin que el autor o el narrador nos den excesivas pistas, el lector intuirá que hay gato encerrado. 

En cuanto al padre, veinte años mayor que la madre, es un hombre que se afana con ahínco. Concienzudo y responsable, infatigable y entregado, se dedica a administrar fincas que visita de aquí para allá arrastrando los muchos kilos que adornan su figura. ¿Quién podría pensar que, siendo un hombre profundamente religioso, obraría de ese modo?

Lo único que justifica el comportamiento del padre y de la madre es el amor, uno de los principales temas de la novela. Por amor todo es válido, una sentencia que veremos que también se cumple en Hugo porque, al fin y al cabo, es digno hijo de sus padres, aunque el comportamiento de ambos llegará a avergonzarlo. En el fondo, siempre será el amor el epicentro de la novela y a su alrededor todo tendrá lugar. El amor del padre por su mujer y su hijo que le "obliga" a actuar de manera poco honrada. El amor de la madre aunque sea un amor oscuro. Y por supuesto, el amor que sentirá Hugo, mucho más de lo que a priori podríamos pensar. No obstante, en esta vida nada es gratis. Incluso el amor exige pagar un peaje pero en ocasiones redimirá al individuo.


jueves, 2 de marzo de 2017

Presentación A MENOS DE CINCO CENTÍMETROS de Marta Robles.LES.

La semana pasada nos visitó la periodista y escritora Marta Robles con motivo de la publicación de su última novela, A menos de cinco centímetros (Ed. Espasa). El acto tuvo lugar en la Cámara de Comercio de Sevilla y estuvo presentado por el también periodista Jesús Vigorra, cuyas palabras iniciales fueron de agradecimiento a los asistentes. 







Vigorra inició el acto con la lectura de un fragmento de la novela en la que se habla de Sevilla, una ciudad donde tendrá lugar un encuentro entre los dos protagonistas de la novela, Misia Rothman y Armando Artigas. ¿Por qué Sevilla? 








Continuó Vigorra desvelando la historia central de la novela, «un libro con una hermosa cubierta y que contiene una historia muy sensual». Sobre el argumento comentó que a grandes rasgos trata sobre Armando Artigas, un escritor de éxito, de 45 años de edad, muy atractivo y seductor que mantiene una relación con Misia, una mujer casada con un empresario importante. A esto apuntó Marta Robles que la novela va mucho más allá, comenzando sin lujo de ningún tipo sino en un pequeño piso de un barrio muy humilde de Madrid, Malasaña, donde Tony Roures, un ex corresponsal de guerra metido a detective de infidelidades, acaba de mudarse tras ser abandonado por su mujer. En medio de lo que parece un naufragio, Roures recibirá la llamada de un amigo policía para encargarle un caso de cuernos y asesinato en el que Artigas parece ser el verdugo.

Entre los temas de esta novela negra, el periodista destacó que, al margen de la trama central, se hace una importante reflexión sobre el periodismo de guerra y las vivencias por las que los corresponsales tienen que pasar para desempeñar su trabajo. En este punto, Marta Robles desveló que no todas las escenas y situaciones que se describen al respecto tienen un trasfondo real. «Algunas sí me han sido descritas por compañeros periodistas que han estado en primera línea, como Jon Sistiaga». Vigorra añadió también que otro tema duro que veremos en la novela será la trata de blancas, concretamente una red de prostitución a gran escala entre Argentina y España, un problema que, según nos confirmó Robles, genera más dinero y se ha colocado por delante del mundo de la droga. «Al fin y al cabo las personas se pueden reutilizar una y otra vez. Basta con el aseo personal para estar listos de nuevo».


Jesús Vigorra cuestionó la situación actual de la novela negra que, a juicio de Marta Robles, resulta un género muy atractivo. «En primer lugar es un género muy visual, que admite un tipo de lenguaje mucho más puesto al servicio de la historia por lo que el desarrollo del relato será más ágil y adictivo». Además, señaló, «el hecho de narrar un universo compuesto por personas del día a día, hace posible que la denuncia social sea más creíble». Quiso aprovechar este momento del coloquio para establecer las diferencias que existen entre la novela policíaca y la novela negra. Afirmó que las primeras son aquellas de Agatha Christie o de Arthur Conan Doyle en las que el enigma y sobre todo cómo resolverlo es lo importante, contando siempre con un final que pille totalmente por sorpresa al lector. Sin embargo, en el caso de las novelas negra, «no se trata de llegar a un final sorprendente, aunque por supuesto también puede serlo pero lo que se persigue es que el propio lector vea a través de los ojos del detective, vaya haciendo avances en la investigación, empiece a sospechar de unos y otros, y de alguna manera, reconozca a las personas que pasan por la novela; es decir que esos personajes se vuelvan personas para el lector gracias a que los perfiles psicológicos están muy trabajados. En este tipo de novelas las conclusiones generalmente las saca el lector».


Además, siguió comentando que la novela negra requiere una estructura muy sólida y muy compacta con la que no se defraude al lector, que permita desarrollar varias subtramas «donde lo más importante de todo, como digo, es el perfil psicológico de todos los personajes que van apareciendo».


En cuanto a los personajes, se comentó que en esta novela las mujeres son muy femeninas y los hombres muy masculinos. «He querido que los hombres y las mujeres se reconozcan en todo momento, pero especialmente en las escenas de sexo» porque muchas veces parecen que están escritas o bien para hombres o bien para mujeres. «Mis mujeres son poderosas, son femeninas y sin embargo, todas son completamente distintas». 

En relación a las protagonistas femeninas, Vigorra puntualizó que las mujeres de la novela, incluso las asesinadas, son muy singulares. «Creo que no es muy habitual que la presencia femenina sea tan poderosa en una novela negra». Marta Robles respondió que generalmente las mujeres en este género literario son más un florero que otra cosa y en el caso de ser mujeres fatales, utilizan sus encantos para hacer daño a los hombres «y este no es el caso de Misia. Ella tiene un atractivo natural pero en ningún momento quiere hacer uso de él».


miércoles, 1 de marzo de 2017

FLORENCE FOSTER JENKINS (DRAMA/COMEDIA - 2016)


Año: 2016

Nacionalidad: Reino Unido.

Director: Stephen Frears.

Reparto: Meryl Streep, Hugh Grant, Simon Helberg, Nina Arianda, Rebecca Ferguson, Neve Gachev, Dilyana Bouklieva, John Kavanagh, Jorge Leon Martinez, Danny Mahoney, Paola Donisotti, David Menkin, Tony Paul West, Philip Rosch, Sid Phoenix.

Género: Drama. Comedia.

Sinopsis: Narra la historia real de Florence Foster Jenkins, una mujer que, al heredar la fortuna de su padre, pudo cumplir su sueño de estudiar para ser soprano. El problema era que carecía de talento, pero la gente acudía a sus recitales para comprobar si de verdad era tan mala como decían los críticos.

[Información facilitada por Filmaffinity]



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Atraída por el reparto con Meryl Streep y Hugh Grant al frente, me dispuse a ver esta película, basada en hechos reales, cuyo argumento empezó a sonarme desde los primeros minutos. ¿Había visto ya esta película? La verdad es que la historia me parecía sospechosamente similar y me recordaba mucho a otra película que había visto hacía un tiempo. Estuve intentando hacer memoria y recordé que se llamaba Madame Marguerite, un largometraje de origen francés, estrenada en 2015, sin embargo no me cuadraban algunos detalles. Busqué en Filmaffinity si esta Margarita tenía que ver con la Florence de la película de hoy y apenas encontré un apunte. Sin embargo, seguía pensando que se trataba de la misma película y efectivamente, Madame Marguerite también retrata la vida de Florence pero cuenta con diferencias notables. Por un lado, la historia se desarrolla en Francia y por otro, adelantan los acontecimientos a 1920, cuando Florence nació en Estados Unidos y los conciertos que se reflejan en la película tuvieron lugar en los años 40. 

Florence Foster Jenkins fue una mujer amante de la música. Nacida en 1868, en el seno de una familia adinerada. Sus inquietudes artísticas siempre supusieron un problema para su padre que le prohibió dedicarse a la carrera de pianista y canto. Sin embargo, Florence se reveló contra su destino y se fugó con el que fue su primer marido, el doctor Frank Thornton Jenkins, del que posteriormente se divorciaría. A la muerte de su padre, Florence recibe una suntuosa herencia que le permite vivir a capricho y poner en marcha todos sus proyectos musicales, entre los que figuraba El Club Verdi, las lecciones de canto y la organización de conciertos en la que era la intérprete principal. A pesar de que jamás fue una cantante de prestigio, de no tener sentido del oído, del ritmo, ni capacidad pulmonar, ni buena voz, fue una mujer de gran éxito, que llenaba las salas de conciertos, principalmente con la asistencia de su selecto club de amistades que la arropaba en todo momento pero también acudía otro tipo de público movido por la diversión y por la comicidad del espectáculo más que por la calidad musical de la intérprete. Parece ser que nunca prestó atención a las críticas que consideraba resultado de la envidia que su portentosa voz levantaba. Falleció un mes después de ofrecer su concierto más numeroso en el Carnegie Hall de Nueva York, el 25 de octubre de 1944.



Pues bien, Florence Foster Jenkins narra prácticamente el último año de la vida de esta mujer. La película se inicia con un espectáculo en El Club Verdi donde St. Clair, su supuesto segundo marido hace las veces de maestro de ceremonias de simples piezas teatrales en las que Florence intepretaba pequeños papeles. Tras la asistencia a un concierto, ilusionada por plantarse delante de un auditorio complacido por oírla cantar, comienza a soñar con volver a tomar clases de canto y ofrecer conciertos. Es así como entrará en su vida el maestro Carlo Edwards  y el pianista Cosmé McMoon, que realmente fue su compañero de escenario durante esos años. No contenta con ello, tomará otro tipo de decisiones que la pondrán en evidencia,  pero aumentando su fama hasta acabar en el Carnegie Hall, ante tres mil personas, en octubre de 1944.


La comedia y la tragedia se fusionan totalmente en esta película. Nos hará reír a carcajadas pero también nos conmoverá en algún momento. Las escenas más divertidas comenzarán con las clases de canto a las que  McMoon asiste como pianista sin dar crédito a lo que está escuchando. Divertidísimas las expresiones y gestos de este personaje que no da crédito a su suerte -Florence le ofrecerá un generoso sueldo para ser un pianista común- pero que también vive con asombro las esperpénticas escenas. A pesar de temer las posibles consecuencias que su carrera sufra por asistir como pianista a Florence, su personaje terminará por encariñarse con esta mujer que, voz en grito, destroza toda pieza de canto que pongan en sus manos. 

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