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viernes, 3 de marzo de 2017

LA VIDA NEGOCIABLE de Luis Landero.

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Editorial: Tusquets.
Fecha publicación:  enero, 2017
Precio: 19,00 €
Género: Novela.
Nª Páginas: 336
Edición: Rústica con solapas.
ISBN: 978-84-9066-371-4
[Disponible en ePub;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Luis Landero nació en Alburquerque (Badajoz) en 1948. Licenciado en filología hispánica por la Universidad Complutense, ha enseñado literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y fue profesor invitado en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Se dio a conocer con Juegos de la edad tardía en 1989 (Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa 1990), novela a la que siguieron Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1998), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007, XV Premio Arcebispo Juan de San Clemente), Retrato de un hombre inmaduro (2010), Absolución (2012, mejor novela española del año según El País) y El balcón de invierno (2014, Premio Libro del Año de los libreros de Madrid en 2015). Traducido a varias lenguas, Landero es ya uno de los nombres esenciales en la narrativa española.



Sinopsis

Hugo Bayo, peluquero de profesión y genio incomprendido, les cuenta a sus clientes la historia de sus muchas andanzas, desde su adolescencia en un barrio de Madrid hasta el momento actual, ya al filo de los cuarenta, en que sigue buscándole un sentido a la vida. Y así, recordará la relación tormentosa y amoral con su madre, el descubrimiento ambiguo de la amistad y del amor, sus varios oficios y proyectos, sus éxitos y sus fracasos, y su inagotable capacidad para reinventarse y para negociar ventajosamente con su pasado, con su conciencia, con su porvenir, en un intento de encontrar un lugar en el mundo, que lo reconcilie finalmente consigo mismo y con los demás. Tras el éxito de El balcón de invierno, vuelve Luis Landero con un relato hipnótico, una historia inolvidable que recorre todos los géneros y registros de la narración oral.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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De toda la vida, las peluquerías de señora o caballero han tenido una función social que subyace bajo el servicio público y estético que prestan. En las peluquerías se tiende a la tertulia en general, a la puesta al día, al análisis de la actualidad, a la resolución de los conflictos políticos de carácter local, nacional e internacional, al repaso al famoseo y ya puestos al chismorreo común. Por eso, no es de extrañar que La vida negociable, con un peluquero al frente como protagonista, se inicie en los términos en los que lo hace:

«Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles»[pág. 11]

En esta novela, los lectores seremos esos clientes a la espera de ser atendidos y mientras nos toca el turno, formaremos parte del auditorio de una historia, la que Hugo, protagonista y peluquero, narrará en este libro, la historia de su vida, desde que era un adolescente hasta la edad adulta. Me inclino a pensar que son algo más de veinte años los que quedarán retratados en las páginas de La vida negociable, unos años en los que a Hugo le pasará de todo. 

Imagen relacionadaPartiendo de la adolescencia inocente, al amparo de sus padres, acabará en manos de Leo, una camaleónica chica, con un concepto de la vida alto deprimente,  que le abrirá los ojos a la dura realidad. Junto a ella, Hugo soñará con grandes aventuras, con dejar atrás la mediocre vida que le ha tocado en suerte, con sacar a la luz esas cualidades innatas que cree poseer con fe ciega. Y nuestro protagonista irá creciendo, abandonará una zona de confort, un sueño idílico para entender que no es oro todo lo que reluce. "La verdad os hará libre", dice la Biblia pero en el caso de Hugo también lo hace desdichado. La inocencia da paso a la decepción, al engaño, a la humillación en la forma más dolorosa posible. Y es así cuando el personaje sufrirá una transformación aunque sería más correcto decir que padecerá más de una, pero siempre bajo la sombra de la decepción que lo acompaña, bajo la fijación de convertirse en alguien muy distinto, y curiosamente siempre por una mujer. 

Con la edad adulta llegará el matrimonio, el sentar la cabeza y la búsqueda de la estabilidad familiar. Es momento de reconciliarse con el mundo y especialmente consigo mismo pero él se empeña en ir contra corriente, en luchar, en rebelarse contra lo que le viene dado y, aunque la prosperidad asoma, no sabrá gestionarla. Hugo vuelve a transformarse. Esta vez en la lechera del cuento. 

La vida negociable es una novela de evolución, la que sufren los propios personajes, ya sea para bien o para mal, pero también la que sufrirá el lector. No va a resultar nada difícil ver en Hugo a un ser despreciable, que abusa de un poder que le caído del cielo y del que no se demora en sacar tajada. Pero, ¿cuál es la verdadera motivación de Hugo? Terminaremos por contemplar al protagonista bajo diferentes prismas con el avance de la lectura. Comprenderemos que Hugo no es más que un pobre diablo, un tipo que quiere distinguirse, salir de una vida que creyó real pero que no ha sido más que figuración, atrezzo de un teatro. ¿Acaso eso es un delito? Al margen de juzgar sus malos hábitos, llegará un momento en el que tampoco va a resultar difícil compadecerse de él. El protagonista yerra en su percepción de la vida, sueña demasiado, y rehuye de un destino que no está tan mal, de ese camino de tijeras y peine que se le tiene asignado. Tampoco eso es para condenarlo.

En cambio los padres son harina de otro costal. Clara dejará de ser una mujer alegre y cariñosa para convertirse en una mujer triste, apagada y silenciosa. Escudándose en terribles migrañas pasará buena parte de los días encerrada en la penumbra de su dormitorio, encerrada en sí misma. Sin que el autor o el narrador nos den excesivas pistas, el lector intuirá que hay gato encerrado. 

En cuanto al padre, veinte años mayor que la madre, es un hombre que se afana con ahínco. Concienzudo y responsable, infatigable y entregado, se dedica a administrar fincas que visita de aquí para allá arrastrando los muchos kilos que adornan su figura. ¿Quién podría pensar que, siendo un hombre profundamente religioso, obraría de ese modo?

Lo único que justifica el comportamiento del padre y de la madre es el amor, uno de los principales temas de la novela. Por amor todo es válido, una sentencia que veremos que también se cumple en Hugo porque, al fin y al cabo, es digno hijo de sus padres, aunque el comportamiento de ambos llegará a avergonzarlo. En el fondo, siempre será el amor el epicentro de la novela y a su alrededor todo tendrá lugar. El amor del padre por su mujer y su hijo que le "obliga" a actuar de manera poco honrada. El amor de la madre aunque sea un amor oscuro. Y por supuesto, el amor que sentirá Hugo, mucho más de lo que a priori podríamos pensar. No obstante, en esta vida nada es gratis. Incluso el amor exige pagar un peaje pero en ocasiones redimirá al individuo.


jueves, 23 de febrero de 2017

ENTREVISTA a LUIS LANDERO (La vida negociable).

 ©María Antonia LanderoAutor

Luis Landero nació en Alburquerque (Badajoz) en 1948. Licenciado en filología hispánica por la Universidad Complutense, ha enseñado literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y fue profesor invitado en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Se dio a conocer con Juegos de la edad tardía en 1989 (Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa 1990), novela a la que siguieron Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1998), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007, XV Premio Arcebispo Juan de San Clemente), Retrato de un hombre inmaduro (2010), Absolución (2012, mejor novela española del año según El País) y El balcón de invierno (2014, Premio Libro del Año de los libreros de Madrid en 2015). Traducido a varias lenguas, Landero es ya uno de los nombres esenciales en la narrativa española.

Sinopsis

Hugo Bayo, peluquero de profesión y genio incomprendido, les cuenta a sus clientes la historia de sus muchas andanzas, desde su adolescencia en un barrio de Madrid hasta el momento actual, ya al filo de los cuarenta, en que sigue buscándole un sentido a la vida. Y así, recordará la relación tormentosa y amoral con su madre, el descubrimiento ambiguo de la amistad y del amor, sus varios oficios y proyectos, sus éxitos y sus fracasos, y su inagotable capacidad para reinventarse y para negociar ventajosamente con su pasado, con su conciencia, con su porvenir, en un intento de encontrar un lugar en el mundo, que lo reconcilie finalmente consigo mismo y con los demás. Tras el éxito de El balcón de invierno, vuelve Luis Landero con un relato hipnótico, una historia inolvidable que recorre todos los géneros y registros de la narración oral.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Resulta ilusionante saber que vas a tener la oportunidad de conversar con un autor de renombre. Con ello no quisiera menospreciar a los que están empezando pero la realidad es que el gusanillo que se siente en el estómago anda más o menos inquieto según el caso. El encuentro con Luis Landero sacó a la palestra una de mis reflexiones favoritas en cuestiones literarias. Ahora que he subido al escenario de las interviews en bastantes ocasiones no deja de sorprenderme el hecho de encontrarme con autores que tienen en su haber una trayectoria dilatada y que siguen mostrándose como personas afables y cercanas. Podría parecer una sandez lo que estoy diciendo pero no lo es. Todos sabemos y conocemos a algún autor cuyo ego ha ido engordando  de manera exponencial al éxito cosechado. Yo siempre mantendré que entre los lectores la humildad y la sencillez de un autor suman. Todo se vuelve mucho más fácil como sencillo y extremadamente agradable fue mi encuentro con Luis Landero. Agradezco su naturalidad y su disposición. 

Fueron tan solo treinta minutos de conversación, ciento ochenta segundos que se pasaron en un suspiro y que resultaron escasos para desgranar su última novela, La vida negociable. Con semejante título, lo primero que siente el lector es curiosidad por la historia que la novela esconderá entre sus páginas, la historia de Hugo Bayo, cuya vida transitará entre el drama, la comedia, la tragedia y el esperpento. Esto es lo que Luis Landero nos contó.


Marisa G.- Luis yo no me resisto a preguntar a los autores galardonados por la opinión que tienen sobre los premios literarios. Con su anterior novela, El balcón de invierno, usted recibió el Premio Libro del Año de los libreros de Madrid. Bajo su punto de vista, ¿hay premios y premios? Es decir, ¿hay algunos premios que realmente tienen un significado literario real?

Luis L.- No te voy a decir nada que no sepas y que no sepa cualquier persona. Mira, los premios tuvieron su importancia en España, como el Planeta y el Nadal, pero te hablo de los tiempos de Carmen Laforet, de Ferlosio,...Entonces sí que tenían su importancia literaria y sociológica de primer orden. Pero entonces la cultura era pobre y ahora la cultura es rica y claro, en la medida en la que el dinero ha aparecido por medio, todo se vulgariza, se corrompe. Por lo menos esa es la tendencia.

Y qué te voy a decir de premios.

Resultado de imagen de EL BALCÓN DE INVIERNOM.G.- Bueno, usted recibió por su anterior novela que otorga los libreros de Madrid. Es un premio que parece distinto.

L.L.- Sí, claro, ese está totalmente a salvo de sospechas, como todos los que he recibido. Conste que me han ofrecido premios importantes, sobre todo uno muy importante pero no voy a decir cuál. Por supuesto, no acepté. Pero que no te voy a decir cuál es, ¿eh? (Risas).

M.G.- (Risas) No hace falta Luis. Me hago una idea.

L.L.- Bien, bien...

M.G.- Bueno, pues aquella novela, El balcón de invierno, tenía tintes autobiográficos y leyendo una entrevista que se publicó hace tiempo en relación a ese libro, me sorprendió mucho leer que usted decía que se había cansado de la ficción, de la novela. ¿Cómo encaja un escritor entrar en una crisis así?

L.L.-¿Pero de qué no se cansa uno en la vida? Si te cansas incluso de la persona a la que amas. En la vida te cansas de todo, hasta de vivir a veces. Claro que te puedes cansar de escribir novelas, y más en mi caso, que soy un escritor de todos los días. Llega un momento en que se te hace muy pesado. Pero de todos modos, no es la primera vez que me pasa. Ya me ocurrió antes. No es la primera vez que empiezo a preguntarme a dónde me lleva esto. Es como Sísifo con la piedra. Escribes una novela y cuando la acabas empiezas otra. Así siempre y llega un momento en el que te planteas que todo esto es muy absurdo. Son momentos de bajón pero al igual que a veces te cansas de leer y prefieres ver una película, o también te cansas de las películas... Pero luego vuelvo, porque la escritura es el anclaje fundamental de mi vida. Para mí escritura es novela sobre todo, de modo que, cuando me ocurre esto, siempre sé que volveré. Fue una crisis, una pequeña crisis. También es verdad que la exageré un poco en la novela porque ya puestos... (Risas)

M.G.- (Risas) Bueno, pues en La vida negociable se narra la vida de Hugo desde la juventud hasta la edad adulta. El libro se puede considerar una novela testimonial, ¿verdad? No lo digo solamente porque narre la vida de este personaje sino por ese inicio en el que el personaje se dirige a una audiencia, que somos los lectores.


«Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles»[pág. 11]

L.L.- Sí, no puede ser de otra manera. Pero no solo da testimonio de su vida ante los lectores, sino también ante su conciencia. En algún momento tiene que verbalizar, poner orden en su vida y la mejor manera de hacerlo es contándote tu vida. Así que sí, el personaje se cuenta su vida y desde ese punto de vista es un testimonio pero también intenta hacer un examen de conciencia, analizar cómo ha sido su vida, poner las cartas boca arriba. 

M.G.- ¿Cuál es la chispa que da origen a la novela, Luis?

L.L.- Tenía una idea muy antigua, desde hace quince o veinte años. A mí me gusta llevar diarios pero no para luego escribir libros sino simplemente por el gusto de escribir porque si no escribo no entiendo el mundo. En una ocasión apunté una historia que me gustó mucho, la historia de una madre que lleva a su hijo de ocho o diez años a un comercio y lo deja al cuidado de alguien y desaparece. Solamente era eso. Debe ser que esa imagen tocaba algún nervio especial porque se me quedó en la cabeza. Yo veía que, tirando de ese hilo, podía haber novela, además una historia sentida, muy mía. En ese momento me puse con ello y empecé a preguntarme a dónde iría la madre. Así es el trabajo de escritor. Yo soy un narrador, no soy ni un intelectual ni nada de eso... No me muevo con teorías ni con palabras abstractas. Lo mío es lo concreto. Tirando de ese hilo me di cuenta que podía haber algo ahí.

M.G.- Algo oscuro.

L.L.- Eso es, algo oscuro. ¿Y qué puede haber de oscuro en una mujer?

M.G.- Hombre, como haber puede haber muchas cosas pero una puede perfectamente ser la que usted cuenta en el libro (risas).

L.L.- (Risas). Eso una de ellas, en la que piensa todo el mundo. 

M.G.- El personaje protagonista es tan completo y tiene tantos matices que prácticamente se podría. Hugo pasa por muchas facetas. Al principio lo veremos como muy inocente, que ama e idolatra a su madre hasta que le abren los ojos y entonces se convierte en un monstruo. Él se convierte en el portador de unos secretos, aprovecha la situación y se transforma en una persona mezquina, despiadada... Se ha comentado que Hugo es un pícaro del siglo XXI. 

L.L.- Del siglo XXI y de todos los tiempos. Efectivamente a él se le presenta la oportunidad de elegir dos caminos, el bien y el mal. ¿Cuál elige? Pues el mal porque si elige el bien te quedas sin novela.

M.G.- (Risas). Además lo bueno no vende.

L.L.- No, no es que no venda es que no hay historia. Sin conflicto no hay historia. Y sí Hugo es un pícaro pero no es porque yo lo hubiera pensado así, lo que pasa es que luego lo han visto los lectores y algunos críticos y para mi está bien visto así. Además, como tú sabes, la novela es del escritor mientras la escribe. Luego ya pasa a los lectores y si los lectores dicen que Hugo es un pícaro pues lo es porque para eso los lectores son soberanos.

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