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viernes, 17 de abril de 2020

EL BALCÓN EN INVIERNO de Luis Landero

Editorial: Tusquets Editores
Fecha publicación: septiembre, 2014
Precio: 17,00 € 
Género: Narrativa
Nº Páginas: 248
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788483839294
[Disponible en eBook y en bolsillo]
Autor

Luis Landero nació en Alburquerque (Badajoz) en 1948. Licenciado en filología hispánica por la Universidad Complutense, ha enseñado literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y fue profesor invitado en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Se dio a conocer con Juegos de la edad tardía en 1989 (Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa 1990), novela a la que siguieron Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1998), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007, XV Premio Arcebispo Juan de San Clemente), Retrato de un hombre inmaduro (2010) y Absolución (2012), elegida como la mejor novela española del año por los críticos de El País. Traducido a varias lenguas, Landero es ya uno de los nombres esenciales de la narrativa española. Ha escrito además un inspirado ensayo literario, Entre líneas: el cuento o la vida (2000), y ha agrupado sus piezas cortas en ¿Cómo le corto el pelo, caballero? (2004).

Sinopsis

Este libro es la narración emocionante de una infancia en una familia de labradores en Alburquerque (Extremadura), y una adolescencia en el madrileño barrio de la Prosperidad. Es también el relato -sincero, humorístico, siempre bellísimo- de por qué oscuros designios del azar un chico de una familia donde apenas había un libro logra encontrarse con la literatura y ser escritor. Y de sus vicisitudes laborales en comercios, talleres y oficinas, mientras estudiaba en academias nocturnas, empeñado en ser un hombre de provecho, tal como le prometió a su padre, pero dispuesto a tirarlo todo por la borda y vivir como artista de la guitarra. Y en ese universo familiar de los descendientes de hojalateros, entre la sombra ominosa del padre exigente y el apoyo de una madre comprensiva, entre los cuentos orales de la abuela Francisca y los ingeniosos proyectos del primo Paco, surge un divertidísimo caudal de historias y anécdotas en el que se reconoce nuestro pasado reciente. 


[Información tomada directamente del ejemplar]



Qué importancia han cobrado los balcones en estos días. Parece mentira que esos reductos, a los que, por lo general, hemos prestado poca atención, se hayan convertido ahora en espacios de libertad, en lugares donde respirar y reencontrarnos con el prójimo, en una burda imitación de la vida social. Que el título de esta novela incluyera el término "balcón", que además viniera precedida de tantas buenas críticas profesionales y recomendaciones, y que, encima, se la hubiera sustraído (por no emplear otro término) a un amigo de su biblioteca hace unos años, fueron alicientes más que suficientes para abordar, por fin, esta lectura.

El balcón en invierno tiene una importante carga autobiográfica.  Usando como hilo conductor una conversación que el autor mantuvo con su madre una noche de verano de 1964, Landero va intercalando sus respuestas a las diversas preguntas del hijo, componiendo un telar de recuerdos y anécdotas del autor. 

Dice Luis Landero en la entrevista que concedió en Página Dos, que esta novela surgió por el hastío. Cansado de tejer historias de ficción, de fabular, de inventar, opta por el camino de la realidad para permitir al lector asomarse a su infancia y adolescencia, compartir con nosotros momentos seleccionados de su intimidad. En realidad, es así como comienza la novela, con una profunda reflexión sobre el proceso creativo, la escritura y la profesión de escritor. Una línea, "Ayer comencé a escribir mi nueva novela", da pie a un terrible desencuentro entre escritor y escritura, cuando la narración no fluye, cuando no hay sintonía entre ejecutor y ejecución. Y es que la profesión, cargada siempre de un halo bucólico y mágico,  no siempre resulta tentadora:
"Y por otro lado, de pronto, se me representó con total y desolada nitidez lo que habrá de ser mi vida en los próximos años. Dos, tres, cuatro, quizá hasta cinco años, sentado en esta mesa, ante este atril -las cervicales-, rodeado de plumas y lápices, de cuadernos, agendas, cartulinas, folios para sucio, papelitos con notas tomadas al vuelo, latas aplastadas de Mahou, rachas de júbilo y momentos de angustia [...] Eso es todo, ese es el panorama que llevo viendo durante años desde mi puesto de trabajo." [pág. 17-18]

Dicho así resulta la profesión más aburrida del mundo. Pero no debe serlo tanto cuando Landero, que comenzó escribiendo poemillas de amor no correspondido en la adolescencia, no ha dejado de escribir hasta ahora. Algo debe tener esta profesión que lo hace seguir la senda de la pluma, en algún momento se debe producir el milagro, ese que te conduce al éxito cuando sabes qué tecla pulsar. Si la historia de un mustio jubilado no satisface, proveemos a entregarnos al lector, a componer una obra llena de memorias y fragmentos de nuestra propia vida.
"Pero el caso es que comencé a escribir y, la verdad, no hay tarea más gratificante que esta cuando las cosas salen bien, cuando la mente se te llena con la música del lenguaje, y las palabras y las imágenes acuden solícitas al reclamo de la frase y las frases huyen sin tropiezo, una le pasa el testigo a la otra, como los corredores por equipos, o como futbolistas que combinan entre ellos amasando la jugada y madurando la ocasión de gol, dame, toma, suéltala, deja ya de chupar, desmárcate, ofrécete, abriendo a la banda..."  [pág. 23]

Y es ahí cuando surge la novela de verdad, la que tenemos en nuestras manos, oteando el horizonte desde un balcón que divide el exterior del interior, el pasado y el presente. Landero se remonta a aquella noche de verano de 1964 y lo hace desde el mes de septiembre de 2013. Junto a él, y en compañía de su madre, recorreremos su infancia y adolescencia. Para ello nos presentará a su familia, gente de campo pero con capital, que un buen día abandonaron sus raíces extremeñas para mudarse al extrarradio de Madrid, al barrio de la Prosperidad, donde falleció su padre siendo aún muy joven, donde su madre y sus tres hermanas montaron un taller de costura, con una tricotosa que prácticamente era un miembro más de la familia.

De Landero sabremos que era algo pendenciero, mal estudiante, proclive a la invención y a la mentira, que tuvo que arrimar el hombro trabajando como chico para todo de un comercio, como administrativo en una industria láctea, que se dejó embaucar por su primo Paco para convertirse en artista. ¿Y cómo llegó a la escritura? También nos lo contará. Lo curioso es que pasó muchos años antes de que él se lanzara a la lectura voraz, mucho tiempo antes de que comenzara a estar rodeado de libros, pues la gente de campo no solía gastar en papel y tinta.





Buena parte de la familia pasará por estas páginas. Su madre, sus hermanas, su tío Luis, la abuela Francisca, su primo Paco, pero será su padre el que más presencia tenga en el texto, porque esta novela tiene cierto carácter confesional que no solo sirve para quedar en paz con los demás sino con uno mismo. En esta narración es fundamental el retrato que Landero hace de su relación con su padre. Fue un hombre exigente, algo gris, que muy rara vez se permitió el lujo de alguna alegría. El único afán de aquel hombre era hacer de su hijo un hombre de provecho y creo imaginar que convertirse en escritor no era lo que él tenía en mente. Dice Landero que defraudó a su padre. Me pregunto si en esa decepción provocada radica la definición que hace de sí mismo:
"Por lo demás, yo siempre he sido, y esto no parece que tenga ya remedio, un tipo inseguro, que descree de sus cualidades y tiende a pensar que sus éxitos (un notable en la escuela,  una muchacha que lo quiere, un premio literario) son solo un equívoco, y que ya aparecerá alguien que lo desenmascare y lo muestre ante el público como lo que es: un impostor." [pág. 21-22]  

En definitiva, la trama de la novela la define perfectamente bien el propio Landero en el capítulo inicial y final. Pero os dejo solo el fragmento de las primeras páginas para no estropearos la sorpresa del desenlace.

"Porque, si abandonas la novela, me dije, ¿qué haces? Es decir, ¿qué escribes? Porque no sabes vivir sin escribir. No sabes. ¿Algo de tu vida, quizá de cómo la fantasía y el lenguaje fueron arraigando en tu alma hasta que, casi sin darte cuenta, te convertiste en poeta, allá en la adolescencia? Pero eso, ¿será más fuerte y auténtico que la pura ficción?"  [pág. 28]

De El balcón en invierno me quedo con esas conversaciones, casi a media voz -o así me lo imagino-, con su madre, con las anécdotas de la niñez y la juventud, pero también con ese proceso ensayístico al que somete la literatura, recreando no solo lo que un libro puede provocar en el autor, sino en el lector:
"Y entretanto el lector, como los personajes en el seguro de una cueva o de un cerco de estacas, encuentra su refugio en el libro. Esconderte en un libro, en el cálido cubil de las palabras, eso es lo que has hecho tantas veces, como de niño en los desvanes". [pág. 223]

El balcón en invierno es de esos libros para leer con calma, analizando cada frase con absoluta conciencia, porque ni una sola de las palabras ha sido elegida al azar. Seguro que pensáis que me he pasado con tanto fragmento. No acostumbro a incorporar tanta porción de libro pero es que, en este caso, cada reflexión, cada recuerdo, cada emoción está ahí para ser saboreada, paladeada, mientras, esgrimiendo un lápiz en alto, te dedicas a subrayar ese pensamiento profundo que te ha calado hondo, aunque seas lector como yo, al que cualquier trazo sobre la página, por fino que sea, le resulta un sacrilegio.

No sé qué tiene Landero en su forma de escribir. Sus historias podrán gustarte más o menos, pero no me cabe duda que su estilo invita a la evocación de los sentidos. Especialmente enumerativo en esta ocasión, siguiendo un patrón estructural que recrea el vaivén de los recuerdos, El balcón en invierno despierta sensaciones dormidas, nos obliga a rescatar nuestros propios recuerdos de la memoria, a repasar nuestra vida que un día comenzó y que, probablemente, se haya decantado por unos caminos que no imaginábamos. 

Me ha gustado El balcón en invierno. Leer esta novela es entender en parte todas las que le precedieron y las que le sucedieron después. Poco más puedo añadir. Siento que no soy capaz de transmitir la belleza de este libro, así que, y os pido perdón por ello, voy a poner fin con un nuevo fragmento, en el que seguro te ves identificado:

"En los libros leídos está la sombra, el rastro de lo que fuimos, los diversos bocetos de nuestro aprendizaje estéticos y de nuestra evolución vital, los vestigios de ciertos afanes que un día nos conmovieron y que luego, tras ser devastados por el tiempo, con los materiales de sus ruinas construimos nuestro modo de ser y de sentir, y lo más valioso y secreto de nuestro bagaje cultural". [pág. 115]

Títulos mencionados en El balcón en invierno:

- El calvario de una obrera o Los mártires del amor de León Montenegro. 
- Las mil mejores poesías de lengua castellana
- Madame Bovary de Gustave Flaubert. 
- Sinuhé, el egipcio de Mika Waltary.
- Qué verde era mi valle de Richard Llewellyn.
- Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer.
- Los versos del Capitán de Pablo Neruda.
- Romancero gitano de Federico García Lorca.
- El criterio. Seguido de la Historia de la Filosofía de Balmes.
- El gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald.
- La flecha negra de Robert L. Stevenson.  
...




[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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viernes, 26 de abril de 2019

LLUVIA FINA de Luis Landero

Resultado de imagen de lluvia fina
Editorial: Tusquets.
Fecha publicación: marzo, 2019.
Precio: 19,00 €
Género: Narrativa.
Nº Páginas: 272 
Encuadernación: Rústica con solapas.
ISBN: 978-84-9066-656-2
[Disponible en eBook 
y en audiolibro;
puedes empezar a leer aquí]

Autor

Luis Landero nació en Alburquerque (Badajoz) en 1948. Licenciado en filología hispánica por la Universidad Complutense, ha enseñado literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y fue profesor invitado en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Se dio a conocer con Juegos de la edad tardía en 1989 (Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa 1990), novela a la que siguieron Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1998), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007, XV Premio Arcebispo Juan de San Clemente), Retrato de un hombre inmaduro (2010), Absolución (2012), elegida la mejor novela española del año por los críticos de El País, El balcón de invierno (2014, Premio Libro del Año del Gremio de Libreros de Madrid y Premio Dulce Chacón 2015) y La vida negociable (2017). Traducido a varias lenguas, Landero es ya uno de los nombres esenciales de la narrativa española. Ha escrito además un inspirado ensayo literario, Entre líneas: el cuento o la vida (2000) y ha agrupado sus piezas cortas en ¿Cómo le corto el pelo, caballero? (2004)

Sinopsis

Tras mucho tiempo sin apenas verse, Gabriel decide llamar a sus hermanas y reunir a toda la familia para celebrar el ochenta cumpleaños de la madre y tratar así de reparar los viejos rencores que cada cual guarda en su corazón y que los han distanciado durante tantos años. Aurora, dulce y ecuánime, la confidente de todos y la única que sabe hasta qué punto los demonios del pasado siguen vivos, trata de disuadirlo, porque teme que el intento de reconciliación agrave fatalmente los conflictos hasta ahora reprimidos. Y, en efecto, la primera llamada de teléfono desata otras llamadas y conversaciones, inocentes al principio y cada vez más enconadas, y de ese modo conocemos las vidas de Sonia, de Andrea, de Horacio, de Aurora, del propio Gabriel y de la madre, y con ellas la historia familiar, desde la infancia de los hijos hasta la actualidad. Tal como temía Aurora, las antiguas querellas van reapareciendo como una lluvia fina que amenaza con formar un poderoso cauce a punto de desbordarse. Lluvia fina es la novela más emotiva e inolvidable de Luis Landero, con la fuerza y la determinación de las obras llamadas a convertirse en clásicos.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Así empieza Lluvia fina:


[Lectura de las páginas 11 a 14,
música: Passing Time (Biblioteca Audio Youtube)]

Hay autores que cuentan buenas historias y autores que, además, saben transmitirlas magistralmente. Ese es Luis Landero.

La lectura de su anterior trabajo, La vida negociable, me pareció fabulosa,una novela llena de contrastes con un desenlace inesperado y sorpredente. Y anoche mismo terminé de leer Lluvia fina. No he querido dejar pasar ni un segundo para contaros mis impresiones, no he querido dejarla reposar, como es necesario con otras lecturas, porque Lluvia fina te arrebata por completo y es ahora, con las ideas frescas, como mejor voy a contaros mis sensaciones. 

No voy a resumiros su argumento. La sinopsis aportada por la editorial es lo suficientemente reveladora como para que os podáis hacer una idea. A grandes rasgos os diré que Lluvia fina narra la historia de una familia, una madre viuda y sus tres hijos, Sonia, Andrea y Gabriel -nacidos en este orden-, y la mujer de este último, Aurora. Es una familia, como la tuya o la mía, en la que algunos miembros se llevan bien y otros no tanto, en la que se han ido acumulando rencillas, roces, disputas, discordias que, tarde o temprano salen a la luz. Dice la sinopsis que esas querellas son como una lluvia fina, como el típico calabobos que parece que no moja pero al final termina empapando. Y efectivamente es así, esas inquinas que se van generando con el paso de los años son lluvia fina que, por menudencias que parezcan, terminan por horadar nuestra alma, provocando una herida ulcerosa que no termina de cerrar nunca. Son gestos, muecas, aspavientos, ademanes o señas pero sobre todo son palabras porque, como se recoge en la novela, es incierto eso de que las palabras se las lleva el viento. Lluvia fina hace mucho hincapié en este asunto, en el valor de las palabras. Lo que a veces decimos en un momento de arrebato y furia permanece latente en nuestro interior para siempre. Habrá perdón pero no olvido. El viento se podrá llevar las palabras pero la huella que han dejado en nosotros permanece indeleble. Seguro que os ha pasado muchas veces, discutir y que vuestro interlocutor suelte a bocajarro lo primero que se le viene a la boca, sin reparar en la veracidad de sus palabras o en el daño que pudiera causar. Eso queda ahí, aunque semanas después vuelvas a estar frente a ese interlocutor que parece haber olvidado vuestro anterior encuentro, como si nada hubiera ocurrido. No sé a vosotros pero a mí esas situaciones me sobrepasan y a la menor alusión recibes por respuesta un '¡Ah!, no me eches cuenta. Es que tuve un mal día'. Inconcebible. No. Las palabras no se las lleva el viento. Y no es cuestión de dignidad sino de amor propio.

Lluvia fina habla de familias y en cierto modo alude a ese refrán tan nuestro que dice 'De la familia y del doctor, cuanto más lejos mejor'. Tiene gracia, hay que confesarlo, pero a poco que lo pienses un poco, es un dicho que encierra una gran tristeza. Pero es que hay familias, muchas, cuyos miembros es mejor que mantengan una sana distancia porque las mejores familias, a veces, son aquellas que apenas tienen contacto. Y es que puede ocurrir que tener una familia es transitar por un camino lleno de piedrecitas que uno se va guardando en el bolsillo, que nos lastran y que terminamos por lanzar contra el otro a la menor oportunidad. 

Lluvia fina habla de esto, de la mentira, de esos pequeños embustes que nos decimos todos porque no siempre es conveniente decir la verdad y ser sincero, de la manía del ser humano por complicarlo todo, de tergiversarlo todo, de ponérselo difícil al contrario, de la memoria y del recuerdo, de cómo lo manipulamos a demanda, como nos guste, como mejor nos agrade, y de los silencios cargados de significado, más que si estuvieran llenos de insultos y reproches. Y lo hace a través de las vivencias de esta familia y de un personaje más principal que otro, de Aurora, la esposa de Gabriel, que seis días después de que se desataran los acontecimientos, retrocede en la soledad del aula en la que imparte clase, para revivir lo acontecido y para, de paso, indagar en el pasado de todos los personajes, en el matrimonio de su suegra, en la relación de los hijos con la madre, en la relación entre hermanos y por supuesto, en su relación con Gabriel. 


Lluvia fina es poliédrica gracias a unos personajes quea pesar de corresponder a un perfil muy concreto y de fácil hallazgo en todas las familias, no están en absoluto estereotipados. Todos, desde la madre hasta la cuñada están llenos de matices. Son personajes profundos y densos, difíciles de esquivar, de ignorar, y entre los que sobresale Aurora como hilo conductor de esta trama. Aurora, la esposa de Gabriel, es la amapola en medio de un campo de cardos. Ella es el hombro en el que todos lloran, a la que todos le cuentan sus penas y a la que hacen mil y una confidencias porque Aurora es 'de aire apacible y un poco melancólica', 'de carácter indulgente y acogedor'. Aurorita, como todos la llaman cariñosamente después de haber descargado sus cuitas sobre ella, es el tamiz a través del cual todos miran a todos. Sinceramente, me ha parecido un personaje fabuloso, un personaje con el que el lector se siente acompañado, y a la que mira resignada porque yo creo que Aurora, a pesar de que no le importa que todo el mundo le cuente sus desdichas y sus interpretaciones, está cansada y hastiada de todos desde el mismo momento en el que Landero escribe la primera palabra del texto. Aurorita es la que mejor conoce al resto de personajes, la que realmente tiene las cifras y los datos, las idas y venidas de todos ellos con lo que es la más capacitada para valorar la auténtica realidad familiar. Es la que, además, nos anticipa desde las primeras páginas, que esta historia va a acabar más mal que bien. Y así lo intuye el lector, que se remueve inquieto en su asiento presintiendo que los mazazos que se dan unos personajes a otros no son nada buenos para el futuro familiar y avanzamos en la lectura, esperando ese momento de gloria en el que todo termine por explotar. Pero ¿qué pasa con Aurora? ¿A quién le cuenta ella sus penas? Porque también las tiene. Sin ir más lejos, tiene mucho que decir sobre su matrimonio y sobre Gabriel, ese personaje anguloso. Gabriel siempre ha sido el predilecto de su madre y eso, inevitablemente levanta muchas ampollas. Por eso, y por otras muchas cuestiones más que dejo en el aire, la relación con sus hermanas está llena de cristales rotos. Es un personaje que se vuelve desconcertante capítulo a capítulo, es casi bipolar, un individuo que pasa rápido del blanco al negro y que, como descubrirá Aurora, está lleno de dobleces.

Y tendremos a Andrea, el típico perro del hortelano que ni come ni deja comer, que si las cosas le van bien, mal y si le van mal, peor. Andrea es una mujer llena de amarguras, siempre dispuesta a culpar a los demás de sus desdichas porque el mundo ha confabulado contra ella para hacerla desgraciada. Andrea es huraña, esquiva, rebelde, dominante, condenada a un ostracismo auto-impuesto, sin vida social, ni amistades, muy melodramática y muy teatrera.  No se lleva bien con Gabriel, ni tampoco con Sonia, tan distintas la una de la otra pero al menos, con ella comparte esa herencia social tan apegada al género, ese 'los hombres nunca se enteran de los problemas de las mujeres' que, en cierto modo, las une porque los hombres no tienen una visión nítida de los asuntos domésticos, pero, a la vez, hay un abismo entre ambas porque Sonia es la niña buena, la niña aplicada, tan alegre y buena estudiante, la que a la vida le sonrió. ¿De verdad? 

Ninguna de las dos lo ha pasado bien, ninguna se ha sentido querida por una madre fría que desde el momento en el que fallece el marido -un hombre alegre y luminoso-  cubre la existencia de la familia con un velo opaco. Pesimista, hermética, agorera y de espíritu fatalista, la madre cree realmente que el mundo es un valle de lágrimas y aquí hemos venido a sufrir porque toda dicha vendrá aparejada a un castigo posterior inevitable.

Y por último, estará Horacio, el ex marido de Sonia, pero de este personaje no suelto prenda porque es la guinda perfecta para un desenlace que a mí me ha parecido brillante y colosal. Solo añadiré que en la construcción de personajes, Landero es un cirujano que, en plena operación, va apartando los órganos sanos a un lado para llegar hasta la negra bilis. Y es que teje una maraña de luces y sombras, es el creador de una familia literaria que tiene un reflejo real en muchas familias auténticas. Hay pasajes en los que la atmósfera que recrea es tan asfixiante como la que se pueda sentir en las reuniones familiares de Navidad. Maravilla su elección del léxico, su certero lenguaje y su capacidad para decir lo que realmente quiere decir con absoluta naturalidad. Lluvia fina, como ya ha demostrado con sus restantes novelas, tiene una calidad literaria brutal. Da gusto leer párrafos enteros una y otra vez, perderse entre las sentencias, circunvalar esas palabras tan hermosas que emplea y que denotan la riqueza lingüística de nuestro idioma. Pero si hay algo que encandila en cuanto a estilo en esta novela es su habilidad para trenzar diálogos paralelos, para enredar unos discursos con otros de tal modo que la historia en sí queda integrada en un solo plano aunque se haya desarrollado en niveles distintos. 

El mundo de las familias no tiene límites. Bien se demuestra en Lluvia fina. Como dice Aurora 'En tu familia hay que tener cuidado con las palabras' y es verdad. En esta familia literaria de Landero todos tienen que tener cuidado con las palabras. Por desgracia, en muchas familias reales también porque a veces no medimos el alcance de nuestras palabras, y si acaso algo te salpica, casi que es mejor callar, obviar la cuestión, compartir con los tuyos fruslerías, ser políticamente correcto y poco más. Porque no es verdad que las palabras se las lleve el viento. No es verdad.

Si has leído hasta aquí, te será fácil entender lo mucho que me ha gustado Lluvia fina. Con cada página me he ido adentrando en esta familia, observando desde la distancia los reproches de unos y otros, examinando desde la objetividad lo que acontecía sin posicionarme de un lado o de otro, si acaso, del lado de Aurora, Aurorita, la buena de Aurora. Así que, no me queda más remedio que recomendar esta novela hasta el hartazgo.  Será una de mis mejores lecturas del año.

Fabulosa.







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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martes, 16 de abril de 2019

Presentación LLUVIA FINA de Luis Landero

El pasado 19 de marzo tuvimos la suerte de contar en Sevilla con la presencia del autor Luis Landero para presentar su última novela Lluvia Fina (Tusquets). El acto tuvo lugar en la Biblioteca Infanta Elena donde se reunió un buen número de lectores. La directora del centro, Anabel Fernández, agradeció la visita del autor y comentó que cada dos años Landero nos regala una nueva novela que viene a presentar a esta biblioteca. Concretamente, sobre Lluvia fina se ha dicho que es una 'obra extraordinaria que ningún amante de la literatura debe perderse' y mencionó que en la obra resuenan los ecos de 'la prosa cervantina, la perspicacia y la hondura de las novelas de Unamuno o la voz de Faulkner'.

La presentación estuvo conducida por el también autor Daniel Ruiz (Maleza, 2018) quién aseguró que con Lluvia fina 'el lector se siente implicado de principio a fin porque no vemos las cosas como son realmente sino como nosotros somos'. Ruiz considera que Luis Landero es una de las figuras claves de la literatura actual en castellano y que Lluvia fina es 'una novela magnífica y el acercamiento más potente que se ha hecho a la familia como institución pero también como drama.' Recalcó también que en la obra existen muchos ecos literarios y cinematográficos siendo el más obvio el relativo al Ana Karenina de Tolstoi, 'por ese comienzo célebre de considerar que las familias infelices lo son cada una a su manera'. Estamos ante una novela en la que sus personajes podrían ser miembros de nuestra propia familia, en la que se habla mucho de secretos y mentiras, en la que existen muchos silencios y sobreentendidos, que profundiza en la familia, hurga en  sus intestinos provocando un intenso dolor y todo ello articulado a través del diálogo que permite conocer la verdadera relación que existen entre los personajes, 'una verdad que se abre ante los ojos del lector', aseguró Ruiz. 

Tras esta introducción, Ruiz inició un diálogo con Luis Landero quien, tras dar los agradecimientos oportunos, nos explicó el origen de la novela pues, según apuntó el presentador, la novela gira en torno a la idea del hijo pequeño de una familia de tres hermanos de organizar una fiesta para celebrar el ochenta aniversario de la madre. 'Cada uno de ellos tiene una circunstancia personal, hay muy ruido en las relaciones entre ellos y al final la fiesta se convierte en una oportunidad para abrir la caja de los truenos. Al final, todo termina explotando en un ejercicio de sinceridad'. Sin embargo, comentó también que la crítica ha visto en Lluvia fina un trasfondo político como si este asunto doméstico pudiera ser trasladable al mundo de la política. Landero contestó que, efectivamente, le habían preguntado si existía algún tipo de intencionalidad, de metáfora o simbolismo pero él aseguró que solo había querido escribir una novela sobre una familia. Lo explica en el siguiente vídeo.




Destacó Daniel Ruiz, como otra baza importante de la novela, la habilidad narrativa de Luis Landero, asegurando que 'los diálogos se construyen en base a las matriuskas rusas, donde unos están incrustados en otros y estos en otros'. Una estructura de este tipo puede hacer pensar al lector que estamos ante una novela enrevesada pero, por paradójico que parezca, 'es todo lo contrario', afirmó el presentador, 'ya que la forma de escribir es totalmente rítmica y diáfana, muy transparente, como si no se hubiera necesitado la mano del narrador'. Precisamente sobre la estructura, el estilo narrativo, el narrador y sus voces, Luis Landero nos explicó cómo se enfrenta al proceso creativo.




Añadió Landero que en el proceso de escritura es donde el autor se la juega de verdad. 'Uno puede tener una idea muy buena en la cabeza pero lo difícil realmente es escribirla porque con grandes argumentos se han escrito muy malas novelas, y al revés'. Al margen de la idea de partida, también comentó que en la escritura interviene la invención menuda de cada frase, de cada página, 'escenas pequeñas que son como unidades narrativas y que no se pueden planear de ninguna manera'. Confesó que él trabaja con un esquema porque de otro modo se pierde y que además tiene la suerte de contar con una inventiva febril que a veces tiene que refrenar.  'Suelo escribir un folio al día, casi todos los días, pero esta novela ha cobrado vida y ha tirado de mí, hasta el punto de escribir hasta diez o doce folios diarios y porque he parado'. Asegura que la inmersión ha sido absoluta. 


Sobre esos personajes que bien podrían ser parte de nuestra familia, se comentó que poseen una importante educación sentimental, íntimamente relacionada con la familia. Decía Landero que hay personajes como Andrea y Gabriel que sienten un enorme rechazo a abandonar la infancia porque es la época en la que más felices hemos sido, en la que poseemos una enorme capacidad de asombro, un tiempo en el que no conocemos la muerte ni tampoco tenemos constancia del argumento de la vida. El autor confesó que solía animar a sus alumnos a no dejar morir el niño que un día fuimos 'porque nos va a ayudar mucho en nuestro desarrollo intelectual. El asombro es la antesala del conocimiento'. Sin embargo, también advirtió que existe un modo enfermizo de prologar la infancia, que tiene que ver con el fracaso vital, con todos esos proyectos que un día urdimos en nuestra cabeza y que no hemos cumplido, o bien, los hemos cumplido a medias. 'Todo esto genera una gran frustración que solemos proyectar en nuestras relaciones sociales y surge inmediatamente el victimismo. En esta novela, hay personajes que son unos fracasados, como Andrea y Gabriel, que no han cumplido sus sueños y que intentan justificarse constantemente'.

También habló de otro personaje, de Aurora, mujer de Gabriel, 'donde el narrador delega', señaló Landero. Es un personaje al que todos los miembros de la familia cuentan sus secretos. 'Aurora es la clave de la novela porque ella es donde va a desembocar todos los relatos personales de la familia y por eso no quiere que se celebre la fiesta. Tiene miedo de que todos los secretos salgan a la luz'. Según el autor, es el personaje más noble y puro de la novela, 'muy hospitalaria y acogedora, que sabe escuchar y comprender sin juzgar', convirtiéndose en un personaje central en la trama. 

Tal y como el presentador comentó al principio, en Lluvia fina hay muchos silencios, muchas mentiras y muchos secretos. Quiso saber Daniel Ruiz si existe siempre un posicionamiento de la moral en relación con la mentira y cómo el ser humano se relaciona con ella. Luis Landero se pronunció al respecto comentando que la mentira, salvo si es fruto de la cobardía u oculta algún perjuicio severo, es estrictamente necesaria para que podemos medio convivir.




Para cerrar el acto, y también este post, quisiera compartir con vosotros una anécdota muy cálida que me puso los vellos de punta. Entre el público figuraba un señor mayor, sentado bajo un altavoz porque tenía problemas de audición. Fue la primera persona que tomó la palabra tras la intervención de los autores y quiso compartir con los asistentes su experiencia con la literatura de Luis Landero. Con timidez y humildad, comentó que, a su edad, había leído mucho en la vida, que generalmente leía los libros una sola vez; en alguna ocasión, había leído algún título dos veces pero tan solo un libro lo ha leído tres veces, precisamente uno de Luis Landero, El balcón de invierno. 'Es uno de los libros más bellos que he leído en mi vida y que no dejo de recomendar a todo el mundo'. Dijo tener la costumbre de anotar en los libros la fecha en que los lee y en la primera página de El balcón de invierno figuran las fechas 2015, 2016 y 2018. 'En cuanto termine un par de libros más que tengo pendiente, volveré a leerlo y por supuesto, también leeré "Lluvia fina". A mí me pareció uno de los elogios más bonitos que un autor puede recibir de un lector. Y tras, algunas intervenciones y preguntas más, se concluyó el acto. Fue un encuentro muy ameno, distendido porque Luis Landero es una persona muy cercana y divertida.





Ficha libro

Editorial: Tusquets.
Encuadernación: Rústica con solapas.
Nº Páginas: 272
Publicación: febrero, 2019
Precio: 19,00 €
ISBN: 978-84-9066-656-2
Disponible en e-Book y Audiolibro.
Puedes empezar a leer aquí.
Ficha completa aquí.





viernes, 3 de marzo de 2017

LA VIDA NEGOCIABLE de Luis Landero.

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Editorial: Tusquets.
Fecha publicación:  enero, 2017
Precio: 19,00 €
Género: Novela.
Nª Páginas: 336
Edición: Rústica con solapas.
ISBN: 978-84-9066-371-4
[Disponible en ePub;
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Autor

Luis Landero nació en Alburquerque (Badajoz) en 1948. Licenciado en filología hispánica por la Universidad Complutense, ha enseñado literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y fue profesor invitado en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Se dio a conocer con Juegos de la edad tardía en 1989 (Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa 1990), novela a la que siguieron Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1998), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007, XV Premio Arcebispo Juan de San Clemente), Retrato de un hombre inmaduro (2010), Absolución (2012, mejor novela española del año según El País) y El balcón de invierno (2014, Premio Libro del Año de los libreros de Madrid en 2015). Traducido a varias lenguas, Landero es ya uno de los nombres esenciales en la narrativa española.



Sinopsis

Hugo Bayo, peluquero de profesión y genio incomprendido, les cuenta a sus clientes la historia de sus muchas andanzas, desde su adolescencia en un barrio de Madrid hasta el momento actual, ya al filo de los cuarenta, en que sigue buscándole un sentido a la vida. Y así, recordará la relación tormentosa y amoral con su madre, el descubrimiento ambiguo de la amistad y del amor, sus varios oficios y proyectos, sus éxitos y sus fracasos, y su inagotable capacidad para reinventarse y para negociar ventajosamente con su pasado, con su conciencia, con su porvenir, en un intento de encontrar un lugar en el mundo, que lo reconcilie finalmente consigo mismo y con los demás. Tras el éxito de El balcón de invierno, vuelve Luis Landero con un relato hipnótico, una historia inolvidable que recorre todos los géneros y registros de la narración oral.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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De toda la vida, las peluquerías de señora o caballero han tenido una función social que subyace bajo el servicio público y estético que prestan. En las peluquerías se tiende a la tertulia en general, a la puesta al día, al análisis de la actualidad, a la resolución de los conflictos políticos de carácter local, nacional e internacional, al repaso al famoseo y ya puestos al chismorreo común. Por eso, no es de extrañar que La vida negociable, con un peluquero al frente como protagonista, se inicie en los términos en los que lo hace:

«Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles»[pág. 11]

En esta novela, los lectores seremos esos clientes a la espera de ser atendidos y mientras nos toca el turno, formaremos parte del auditorio de una historia, la que Hugo, protagonista y peluquero, narrará en este libro, la historia de su vida, desde que era un adolescente hasta la edad adulta. Me inclino a pensar que son algo más de veinte años los que quedarán retratados en las páginas de La vida negociable, unos años en los que a Hugo le pasará de todo. 

Imagen relacionadaPartiendo de la adolescencia inocente, al amparo de sus padres, acabará en manos de Leo, una camaleónica chica, con un concepto de la vida alto deprimente,  que le abrirá los ojos a la dura realidad. Junto a ella, Hugo soñará con grandes aventuras, con dejar atrás la mediocre vida que le ha tocado en suerte, con sacar a la luz esas cualidades innatas que cree poseer con fe ciega. Y nuestro protagonista irá creciendo, abandonará una zona de confort, un sueño idílico para entender que no es oro todo lo que reluce. "La verdad os hará libre", dice la Biblia pero en el caso de Hugo también lo hace desdichado. La inocencia da paso a la decepción, al engaño, a la humillación en la forma más dolorosa posible. Y es así cuando el personaje sufrirá una transformación aunque sería más correcto decir que padecerá más de una, pero siempre bajo la sombra de la decepción que lo acompaña, bajo la fijación de convertirse en alguien muy distinto, y curiosamente siempre por una mujer. 

Con la edad adulta llegará el matrimonio, el sentar la cabeza y la búsqueda de la estabilidad familiar. Es momento de reconciliarse con el mundo y especialmente consigo mismo pero él se empeña en ir contra corriente, en luchar, en rebelarse contra lo que le viene dado y, aunque la prosperidad asoma, no sabrá gestionarla. Hugo vuelve a transformarse. Esta vez en la lechera del cuento. 

La vida negociable es una novela de evolución, la que sufren los propios personajes, ya sea para bien o para mal, pero también la que sufrirá el lector. No va a resultar nada difícil ver en Hugo a un ser despreciable, que abusa de un poder que le caído del cielo y del que no se demora en sacar tajada. Pero, ¿cuál es la verdadera motivación de Hugo? Terminaremos por contemplar al protagonista bajo diferentes prismas con el avance de la lectura. Comprenderemos que Hugo no es más que un pobre diablo, un tipo que quiere distinguirse, salir de una vida que creyó real pero que no ha sido más que figuración, atrezzo de un teatro. ¿Acaso eso es un delito? Al margen de juzgar sus malos hábitos, llegará un momento en el que tampoco va a resultar difícil compadecerse de él. El protagonista yerra en su percepción de la vida, sueña demasiado, y rehuye de un destino que no está tan mal, de ese camino de tijeras y peine que se le tiene asignado. Tampoco eso es para condenarlo.

En cambio los padres son harina de otro costal. Clara dejará de ser una mujer alegre y cariñosa para convertirse en una mujer triste, apagada y silenciosa. Escudándose en terribles migrañas pasará buena parte de los días encerrada en la penumbra de su dormitorio, encerrada en sí misma. Sin que el autor o el narrador nos den excesivas pistas, el lector intuirá que hay gato encerrado. 

En cuanto al padre, veinte años mayor que la madre, es un hombre que se afana con ahínco. Concienzudo y responsable, infatigable y entregado, se dedica a administrar fincas que visita de aquí para allá arrastrando los muchos kilos que adornan su figura. ¿Quién podría pensar que, siendo un hombre profundamente religioso, obraría de ese modo?

Lo único que justifica el comportamiento del padre y de la madre es el amor, uno de los principales temas de la novela. Por amor todo es válido, una sentencia que veremos que también se cumple en Hugo porque, al fin y al cabo, es digno hijo de sus padres, aunque el comportamiento de ambos llegará a avergonzarlo. En el fondo, siempre será el amor el epicentro de la novela y a su alrededor todo tendrá lugar. El amor del padre por su mujer y su hijo que le "obliga" a actuar de manera poco honrada. El amor de la madre aunque sea un amor oscuro. Y por supuesto, el amor que sentirá Hugo, mucho más de lo que a priori podríamos pensar. No obstante, en esta vida nada es gratis. Incluso el amor exige pagar un peaje pero en ocasiones redimirá al individuo.


jueves, 23 de febrero de 2017

ENTREVISTA a LUIS LANDERO (La vida negociable).

 ©María Antonia LanderoAutor

Luis Landero nació en Alburquerque (Badajoz) en 1948. Licenciado en filología hispánica por la Universidad Complutense, ha enseñado literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y fue profesor invitado en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Se dio a conocer con Juegos de la edad tardía en 1989 (Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa 1990), novela a la que siguieron Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1998), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007, XV Premio Arcebispo Juan de San Clemente), Retrato de un hombre inmaduro (2010), Absolución (2012, mejor novela española del año según El País) y El balcón de invierno (2014, Premio Libro del Año de los libreros de Madrid en 2015). Traducido a varias lenguas, Landero es ya uno de los nombres esenciales en la narrativa española.

Sinopsis

Hugo Bayo, peluquero de profesión y genio incomprendido, les cuenta a sus clientes la historia de sus muchas andanzas, desde su adolescencia en un barrio de Madrid hasta el momento actual, ya al filo de los cuarenta, en que sigue buscándole un sentido a la vida. Y así, recordará la relación tormentosa y amoral con su madre, el descubrimiento ambiguo de la amistad y del amor, sus varios oficios y proyectos, sus éxitos y sus fracasos, y su inagotable capacidad para reinventarse y para negociar ventajosamente con su pasado, con su conciencia, con su porvenir, en un intento de encontrar un lugar en el mundo, que lo reconcilie finalmente consigo mismo y con los demás. Tras el éxito de El balcón de invierno, vuelve Luis Landero con un relato hipnótico, una historia inolvidable que recorre todos los géneros y registros de la narración oral.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Resulta ilusionante saber que vas a tener la oportunidad de conversar con un autor de renombre. Con ello no quisiera menospreciar a los que están empezando pero la realidad es que el gusanillo que se siente en el estómago anda más o menos inquieto según el caso. El encuentro con Luis Landero sacó a la palestra una de mis reflexiones favoritas en cuestiones literarias. Ahora que he subido al escenario de las interviews en bastantes ocasiones no deja de sorprenderme el hecho de encontrarme con autores que tienen en su haber una trayectoria dilatada y que siguen mostrándose como personas afables y cercanas. Podría parecer una sandez lo que estoy diciendo pero no lo es. Todos sabemos y conocemos a algún autor cuyo ego ha ido engordando  de manera exponencial al éxito cosechado. Yo siempre mantendré que entre los lectores la humildad y la sencillez de un autor suman. Todo se vuelve mucho más fácil como sencillo y extremadamente agradable fue mi encuentro con Luis Landero. Agradezco su naturalidad y su disposición. 

Fueron tan solo treinta minutos de conversación, ciento ochenta segundos que se pasaron en un suspiro y que resultaron escasos para desgranar su última novela, La vida negociable. Con semejante título, lo primero que siente el lector es curiosidad por la historia que la novela esconderá entre sus páginas, la historia de Hugo Bayo, cuya vida transitará entre el drama, la comedia, la tragedia y el esperpento. Esto es lo que Luis Landero nos contó.


Marisa G.- Luis yo no me resisto a preguntar a los autores galardonados por la opinión que tienen sobre los premios literarios. Con su anterior novela, El balcón de invierno, usted recibió el Premio Libro del Año de los libreros de Madrid. Bajo su punto de vista, ¿hay premios y premios? Es decir, ¿hay algunos premios que realmente tienen un significado literario real?

Luis L.- No te voy a decir nada que no sepas y que no sepa cualquier persona. Mira, los premios tuvieron su importancia en España, como el Planeta y el Nadal, pero te hablo de los tiempos de Carmen Laforet, de Ferlosio,...Entonces sí que tenían su importancia literaria y sociológica de primer orden. Pero entonces la cultura era pobre y ahora la cultura es rica y claro, en la medida en la que el dinero ha aparecido por medio, todo se vulgariza, se corrompe. Por lo menos esa es la tendencia.

Y qué te voy a decir de premios.

Resultado de imagen de EL BALCÓN DE INVIERNOM.G.- Bueno, usted recibió por su anterior novela que otorga los libreros de Madrid. Es un premio que parece distinto.

L.L.- Sí, claro, ese está totalmente a salvo de sospechas, como todos los que he recibido. Conste que me han ofrecido premios importantes, sobre todo uno muy importante pero no voy a decir cuál. Por supuesto, no acepté. Pero que no te voy a decir cuál es, ¿eh? (Risas).

M.G.- (Risas) No hace falta Luis. Me hago una idea.

L.L.- Bien, bien...

M.G.- Bueno, pues aquella novela, El balcón de invierno, tenía tintes autobiográficos y leyendo una entrevista que se publicó hace tiempo en relación a ese libro, me sorprendió mucho leer que usted decía que se había cansado de la ficción, de la novela. ¿Cómo encaja un escritor entrar en una crisis así?

L.L.-¿Pero de qué no se cansa uno en la vida? Si te cansas incluso de la persona a la que amas. En la vida te cansas de todo, hasta de vivir a veces. Claro que te puedes cansar de escribir novelas, y más en mi caso, que soy un escritor de todos los días. Llega un momento en que se te hace muy pesado. Pero de todos modos, no es la primera vez que me pasa. Ya me ocurrió antes. No es la primera vez que empiezo a preguntarme a dónde me lleva esto. Es como Sísifo con la piedra. Escribes una novela y cuando la acabas empiezas otra. Así siempre y llega un momento en el que te planteas que todo esto es muy absurdo. Son momentos de bajón pero al igual que a veces te cansas de leer y prefieres ver una película, o también te cansas de las películas... Pero luego vuelvo, porque la escritura es el anclaje fundamental de mi vida. Para mí escritura es novela sobre todo, de modo que, cuando me ocurre esto, siempre sé que volveré. Fue una crisis, una pequeña crisis. También es verdad que la exageré un poco en la novela porque ya puestos... (Risas)

M.G.- (Risas) Bueno, pues en La vida negociable se narra la vida de Hugo desde la juventud hasta la edad adulta. El libro se puede considerar una novela testimonial, ¿verdad? No lo digo solamente porque narre la vida de este personaje sino por ese inicio en el que el personaje se dirige a una audiencia, que somos los lectores.


«Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles»[pág. 11]

L.L.- Sí, no puede ser de otra manera. Pero no solo da testimonio de su vida ante los lectores, sino también ante su conciencia. En algún momento tiene que verbalizar, poner orden en su vida y la mejor manera de hacerlo es contándote tu vida. Así que sí, el personaje se cuenta su vida y desde ese punto de vista es un testimonio pero también intenta hacer un examen de conciencia, analizar cómo ha sido su vida, poner las cartas boca arriba. 

M.G.- ¿Cuál es la chispa que da origen a la novela, Luis?

L.L.- Tenía una idea muy antigua, desde hace quince o veinte años. A mí me gusta llevar diarios pero no para luego escribir libros sino simplemente por el gusto de escribir porque si no escribo no entiendo el mundo. En una ocasión apunté una historia que me gustó mucho, la historia de una madre que lleva a su hijo de ocho o diez años a un comercio y lo deja al cuidado de alguien y desaparece. Solamente era eso. Debe ser que esa imagen tocaba algún nervio especial porque se me quedó en la cabeza. Yo veía que, tirando de ese hilo, podía haber novela, además una historia sentida, muy mía. En ese momento me puse con ello y empecé a preguntarme a dónde iría la madre. Así es el trabajo de escritor. Yo soy un narrador, no soy ni un intelectual ni nada de eso... No me muevo con teorías ni con palabras abstractas. Lo mío es lo concreto. Tirando de ese hilo me di cuenta que podía haber algo ahí.

M.G.- Algo oscuro.

L.L.- Eso es, algo oscuro. ¿Y qué puede haber de oscuro en una mujer?

M.G.- Hombre, como haber puede haber muchas cosas pero una puede perfectamente ser la que usted cuenta en el libro (risas).

L.L.- (Risas). Eso una de ellas, en la que piensa todo el mundo. 

M.G.- El personaje protagonista es tan completo y tiene tantos matices que prácticamente se podría. Hugo pasa por muchas facetas. Al principio lo veremos como muy inocente, que ama e idolatra a su madre hasta que le abren los ojos y entonces se convierte en un monstruo. Él se convierte en el portador de unos secretos, aprovecha la situación y se transforma en una persona mezquina, despiadada... Se ha comentado que Hugo es un pícaro del siglo XXI. 

L.L.- Del siglo XXI y de todos los tiempos. Efectivamente a él se le presenta la oportunidad de elegir dos caminos, el bien y el mal. ¿Cuál elige? Pues el mal porque si elige el bien te quedas sin novela.

M.G.- (Risas). Además lo bueno no vende.

L.L.- No, no es que no venda es que no hay historia. Sin conflicto no hay historia. Y sí Hugo es un pícaro pero no es porque yo lo hubiera pensado así, lo que pasa es que luego lo han visto los lectores y algunos críticos y para mi está bien visto así. Además, como tú sabes, la novela es del escritor mientras la escribe. Luego ya pasa a los lectores y si los lectores dicen que Hugo es un pícaro pues lo es porque para eso los lectores son soberanos.

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